Leyenda 138

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO CXXXVIII

EL MAL DESATADO

          Sistema Adur.

          Las torretas de armas rail en todas las naves terrícolas disparaban sus proyectiles, rugiendo desde todos los rincones. Cientos de cañones escupían brillantes fogonazos de fuego que iluminaban el espacio, desgarrándolo con una letal lluvia de proyectiles en dirección a la Churubusco y demás naves de la flota de la Alianza Estelar. Cientos de cazas terrestres FS-35FS-22 RaptorFS-18 HornetFS-15 EagleFS-117 Black NightFS-16 FalconHarrier GR7A, MiG-129MiG-131Su-147Tornado GR4A, EF-2000 TyphoonRafaleJAS 390 Gripen,Mirage 3000CJaguar Z y cazas drones X-45K comenzaron a disparar sus mísiles contra las naves aliadas. Los primeros proyectiles y ráfagas de arma rail le dieron de lleno al destructor lerasino Estrella Amarilla con sus escudos apagados. La nave recibió graves daños en sus motores y finalmente estalló en mil pedazos cuando una segunda tanda de mísiles causó múltiples explosiones que perforaron su coraza y dañaron el reactor principal.

          Siguiendo las ordenes de la almirante Misa Ichijo, todos los VF-4 Lightnings III y VF-14 Vampires que estaban a bordo de la Megarod y demás naves que la acompañaban salieron al espacio para hacer frente a los atacantes. Los escuadrones se dividieron en varios grupos, zumbando en diferentes direcciones con la intención de acercarse lo más posible a los súper acorazados. Cuando los pilotos entraron al rango óptimo de fuego, los líderes de escuadrón dieron la orden de ataque.

          Cada avión disparó cuatro mísiles LRM teleridigidos, que dejaron una estela de combustible sólido en la negrura del vacío. En total, los escuadrones de la UN Spacy habían lanzado trescientos veinte proyectiles. Los cazas enemigos realizaron maniobras evasivas y al menos la mitad de los mísiles erraron su objetivo. Sólo ciento sesenta y dos de ellos lograron impactar sobre los súper acorazados terrícolas o derribar un caza enemigo. Los pilotos de la Federación Terrestre se dispersaron en distintas direcciones para perseguir a las fuerzas del Megaroad.

          Algunos de los contendientes elevaron sus aviones por encima de las naves de la Federación Terrestre, mientras que otros pasaron por abajo. En pocos segundos se dispararon cientos de proyectiles Siderwinders, Sparrow, AMRAAM, Sky Flash, Meteor, Archer, Aspid, Amos, Tomahawks, Exocet, MRM y SRM. Todos los mísiles se dirigieron hacia sus objetivos, persiguiéndolos y derribándolos o golpeando la superficie de alguna nave de gran tamaño. El fuego de las armas rail estaba por todas partes. Las torretas arrojaban sus proyectiles a velocidades cercanas a la de la luz rasgando el espacio cada cuatro segundos. Cinco Lightnings iniciaron un rápido ataque sobre el crucero CG 59 Normandy disparando varios mísiles que dieron con su objetivo y detonaron una serie de fuertes explosiones en la nave norteamericana. Dos de los Lightnings resultaron abatidos por ráfagas rail. Todos los demás lograron escapar. El Normandycomenzó a incendiarse rápidamente y tras unos instantes estalló por completo. A la vez, los cañones de la Megaroad castigaron al destructor SSN 72 Pasadena y lo destruyeron.

          En ese momento, Alessandra Gakelu envidiaba a los pilotos americanos de FS-22 Raptor y a los drones X-45K. Los estadounidenses al menos disfrutaban de capacidad stealth que les permitía escabullirse de los mísiles teleridigidos hasta cierto punto mientras que los X-45K eran robots carentes de emociones.

          —Líder Halcón —dijo por el comunicador—. ¿Me escucha?

          Los altavoces de la carlinga del Mirage 3000C egipcio crujieron.

          —Adelante, líder Chacal. Te escucho fuerte y claro.

          —Líder Halcón, tengo ordenes de atacar la nave Artemisa, pero hay un grupo de cazas enemigos que tratan de interceptar mi escuadrón. Ya han derribados a dos de mis compañeras y siguen tras nosotras. Necesito que se hagan cargo de ellos, ¿pueden hacerlo?

          —Puedo hacer muchas cosas, líder Chacal —murmuró el teniente Jorge Chávez, iniciando un descenso con el que pudo eludir una veloz andanada de mísiles SRM por escaso margen—. Los Halcones Azules estamos listos para la acción, señorita. Sólo fíjate como haré que esos tipos caigan.

          Alessandra esperaba que Jorge empezara a tomar las cosas con más cuidado luego de haber sido degradado, pero éste no tenía ninguna intención de cambiar su manera de ser pese a que en ocasiones solía arriesgarse más allá de lo necesario con tal de lograr su objetivo.

          —Jorge, por favor no hagas nada estúpido.

          —Hacer estupideces es mi especialidad —Jorge hizo que su avión Su-122 realizara un rizo lateral a la vez que disparaba sus cañones NR-30 contra un VF-4 hasta que éste comenzó a incendiarse y luego explotó—. Sólo preocúpate por alcanzar tu objetivo, Gakelu. Yo solo me haré cargo de los cazas.

          —Jorge… .

          —Está bien, está bien, los repartiré con mi escuadrón.

          Emily transmitió instrucciones a los combatientes para que protegiera a toda costa la Churubusco de los ataques enemigos. Gracias a los sensores de la Megaroad, Misa y los demás oficiales a bordo estaban al tanto de que la nave insignia de la flota aliada no estaba respondiendo el fuego enemigo por alguna razón. El resto de las naves de la Alianza Estelar habían recibido averías importantes durante los primeros instantes del ataque, pero ahora habían empezado a enviar cazas y estaban defendiéndose.

          —Joseph, necesitamos que defiendas el octavo cuadrante —le solicitó Emily desde la Megaroad—. El enemigo está empleando mísiles de gran poder destructivo. Es prioritario que los mantengas alejados hasta saber qué ocurre en la Churubusco y reestablecer las comunicaciones.

          —Afirmativo —Black ladeó su avión pasando junto a la estructura del súper acorazado inglés HMS Ark Royal evadiendo sus disparos rail—. No sé qué clase de armas emplean, pero parecen muy poderosas.

          Emily descubrió que le estaban sudando las manos.

          —Cuídate mucho, por favor.

          Joseph Black condujo a su escuadrón a través de los fogonazos de armas rail que los cruceros de combate de la Federación Terrestre disparaban y se situó detrás y por encima de las naves del escuadrón egipcio Chacal. Sabía que esos cazas seguían tratando de escabullirse con la intención de ir hacia las naves grandes. Black fijó la retícula sobre uno de aquellos aviones con ala en forma de delta y se preparó para lanzar un SRM. Entonces, de repente, uno de los VF-4 que volaba a unos centenares de metros a su derecha fue alcanzado inesperadamente por un misil disparado por un Su-122 de los Halcones Azules y explotó en mil pedazos. El estallido sacudió la nave de Black antes de que pudiera disparar.

          —¡Maldita sea! ¡Wolf-2! Ten cuidado.

          —Enterado —contestó el piloto, realizando maniobras evasivas.

          —Dos grupos, muchachos —ordenó Black—. La mitad venga conmigo. Nos ocuparemos de alejar a los que nos persigan. El resto háganse cargo de las naves que van hacia el Artemisa.

          Los miembros del escuadrón Wolf comenzaron a separarse, pero los disparos de los cañones NR-30 de los Halcones Azules atravesaban el espacio con más velocidad que la que podían generar los VF-4 y uno de ellos fue destruido. Black contuvo el aliento mientras sorteaba los disparos enemigos. Cuando puedo alejarse lo suficiente supo que al fin podría respirar con tranquilidad… por el momento.

          —No existe enemigo que pueda derribarte —El rostro de Hiroshi apareció en una de las pantallas—. ¿Necesitas ayuda o puedes hacerte cargo tú solo?

          —¿Tú qué crees? —le respondió Black con seriedad. Miró por el costado izquierdo de su carlinga transparente y se encontró con su amigo volando a corta distancia, siguiendo su vuelo—. ¿Podemos hacer la maniobra uno-dos?

          —Estaba pensando lo mismo.

          —Hagámoslo. Gira a la derecha, yo iré a la izquierda —Black aumentó la velocidad de su nave y se alejó de Hiroshi. La consola de mando tintineó una alarma de aproximación: dos de los Halcones Azules los habían centrado en sus radares. Otros dos se acercaban por un extremo diferente—. En la academia solían decir que estaba loco cuando practicaba estos giros, pero espero que funcione.

          Planeta Adur.

          Los gnomulones inorgánicos salieron de todas partes y comenzaron a rodear rápidamente a Shun. La cadena de Andrómeda se desplegó rápidamente por el suelo y formó una serie de círculos concéntricos que se extendían desde los pies de su dueño cubriendo varios metros. Algunos soldados de las sombras observaron la cadena con recelo y después levantaron sus espadas en forma amenazante.

          Shun lo miró con serenidad.

          —No deseo lastimar a ningún ser viviente, pero tampoco dejare que nos hagan daño.

          Bórax estaba harto de escuchar tales sandeces y dio la orden de ataque. El líder de los inorgánicos se lanzó contra Shun seguido por otros diez gnomulones y los soldados del batallón de las sombras. La estrategia de los inorgánicos era petrificar al santo de Andrómeda antes de que tuviera tiempo de hacer algo y por lo mismo todos se lanzaron al mismo tiempo para atacarlo por diferentes direcciones.

          —¡Ni creas que nos asustas con tus cadenas de juguete! —exclamó uno de los gnomulones mientras corría rápidamente hacia donde estaba Shun—. ¡Te convertiremos en piedra, miserable cobarde!

          —Nebula Chain!!! (Cadenas Nebular)

          Expeliendo la energía de su cosmos interno a través de todo el cuerpo, Shun agitó la cadena de Andrómeda por los aires con la intención de frenar la feroz acometida de los gnomulones y soldados de las sombras que lo atacaban. Lo que al principio era una sola cadena se convirtió en cientos de ellas. Como sí fuese una lluvia mortal de estrellas fugaces, las cadenas embistieron con fuerza a cada enemigo, derribándolo y destrozándolo en cuestión de segundos. Todos los soldados de las sombras fueron aniquilados. Bórax apenas consiguió teletransportarse a una distancia segura antes de que la cadena de Shun pudiera alcanzarlo, pero lo que ignoraba era que todavía no estaba totalmente a salvo.

          —Aunque desaparezcas tu presencia no podrás escapar de mí —anunció Shun mientras la cadena de Andrómeda salía despedida hacia los cielos con una rapidez alucinante—. Mi cadena tiene la habilidad para encontrar al enemigo aunque se encuentre a millones de años luz… ¡Ataca, cadena!

          Boráx se hallaba escondido detrás de un pilar sin emitir ningún sonido y totalmente quieto. Creía que Shun estaba fanfarroneando con eso de que la cadena lograría hallarlo, pero cuando miró hacia su derecha sintió un escalofrío al darse cuenta de que todo era cierto. La cadena de Andrómeda se abalanzó sobre el gnomulón y lo ató fuertemente por todo el cuerpo para luego llevarlo hasta los pies de Shun. El santo miró a la indefensa criatura y descubrió que estaba aterrorizada. Seguramente pensaba que iban a liquidarlo ahí mismo.

          —¡No me mates! —suplicó Bórax.

          —Descuida que no tengo intenciones de hacerlo —le dijo Shun.

          El gnomulón lo miró con desconcierto. ¿De verdad no pensaba hacerle daño o simplemente lo estaba engañando con algún propósito? Tal vez estaba mintiendo, pero si de verdad no pretendía asesinarlo, entonces sólo había una explicación: el santo de bronce debía seguir las mismas ideas que los Guerreros Kundalini. En su interior, Bórax sonrió malévolamente.

          —¿En verdad me dejarás vivir?

          —Por supuesto que lo haré —respondió Shun—. Siempre he pensado que toda vida es preciosa y sí lucho, es para defender la paz sobre la Tierra y por Atena. Estas cadenas te mantendrán prisionero, pero no te harán daño.

          —Eres tan compasivo, Andrómeda —dijo una voz femenina en tono burlón a espaldas de Shun.

          —¿Qué? —musitó el santo de bronce, pero antes de que pudiera volver la mirada por encima del hombro y descubrir quién estaba hablando, unos aros brillantes de luz lo sujetaron velozmente de pies a cabeza y le dieron una tremenda descarga de energía que lo dejaron sin fuerza en el suelo. Los aros luminosos se desvanecieron paulatinamente liberando a Shun del sufrimiento que lo aquejaba y eso le permitió abrir los ojos para ver el rostro de su atacante—. ¿Quién hizo esto?

          —Sólo fue una pequeña muestra de mi gran poder —A pocos metros de distancia, una mujer rolliza con un casco en forma de cabeza de serpiente con el hocico abierto sonrió mientras lo miraba. Estaba cubierta por una capa negra hecha de sintoseda que caía desde sus hombros y llegaba hasta los tobillos. Debajo de aquel manto de oscuridad llevaba una reluciente y poderosa armadura negra—. Soy Cyntial de Serpiente de Mar y la encargada de enviarte directo al infierno, miserable santo de Atena.

          Shun hizo un esfuerzo por incorporarse de nuevo, pero sólo consiguió levantar una rodilla y apoyar un pie en el suelo. El ataque había le había entumecido todo el cuerpo al grado de que incluso hablar le causaba una enorme dificultad.

          —Lucharé contigo sin importarme nada.

          —Será completamente inútil, Andrómeda —replicó Cyntial—. Hace un momento escuché lo que le dijiste a ese patético gnomulón y no puedo creer que alguien que se digne de ser un guerrero pueda creer tales ridiculeces. Ningún cobarde que le tiemble la mano para terminar con sus enemigos podría derrotarme.

          —Cyntial, que bueno que llegaste —dijo Bórax con alivio—. Quítame estas malditas cadenas inmediatamente y luego mata a este miserable. ¡Vamos! No te quedes parada sin hacer nada como una tonta y haz lo que te digo.

          La Khan caminó hasta el lugar donde se hallaba tirado el líder los gnomulones inorgánicos todavía sujeto por las cadenas. Cyntial esbozó una sonrisa mientras lo contemplaba desde arriba. Bórax era un ser patético, pero al menos le había servido para observar parte de las habilidades del Santo de Andrómeda.

          —¿Acaso no escuchaste lo que dije? —inquirió Bórax—. ¡Libérame!

          —No me molestes, enano horripilante —espetó la Khan y acto seguido le propinó al gnomulón una fuerte patada que lo arrojó hacia el bosque cercano como si fuese un desperdicio inservible. Bórax alcanzó a ladrar algunas cuantas maldiciones antes de perderse en la espesura de los árboles—. A mí nadie me da ordenes fuera del emperador, gusano insolente.

          El santo de Andrómeda permaneció boquiabierto por unos instantes. No podía entender por qué razón Cyntial había preferido golpear a Bórax en vez de liberarlo como éste se lo pedía. Lo que acababa de ocurrir le había servido de ejemplo para darse cuenta que esa mujer era cruel y no tenía el menor escrúpulo.

          —¿Cómo pudiste hacer eso? —le preguntó Shun mientras se incorporaba lentamente con dificultad—. ¿Acaso no te importa la suerte de tus camaradas?

          —Ese enano inútil no es mi camarada —afirmó Cyntial, volviéndose hacia el santo de bronce—. Me doy cuenta por tus palabras que no comprendes que el porvenir es de los fuertes mientras que los débiles son inferiores. Es por creer en semejantes tonterías que serás derrotado.

          Shun sintió que la mirada se le nublaba por un instante.

          —Esos pensamientos no pueden estar bien. El poder no debe ser utilizado para esclavizar a los más débiles o satisfacer deseos egoístas. Debe usarse para servir y proteger a los menos afortunados.

          —Pero cuantas tonterías estás diciendo —bufó Cyntial—. En cualquier lugar, o época sí lo prefieres, los débiles son individuos despreciables, inferiores y mezquinos que necesitan de un líder que les diga que hacer y que pensar. ¿Cómo se te ocurre imaginar que un montón de criaturas patéticas podría tener importancia para gente como nosotros que controlamos una galaxia y sabemos lo que es la libertad? El poder únicamente lo tienen los seres privilegiados, que son los más indicados para gobernar mientras que los débiles son útiles en tanto hagan lo que se les ordena. Por esto el gran N´astarith ha logrado salir victorioso siempre.

          —Claro que no —dijo Shun—. Por más poderosa que resulte una persona, eso no lo hace mejor que los demás y tampoco le da el derecho para hacer lo que desee con los débiles. No importa si se trata de dioses o de simples mortales. Los humanos no son juguetes para que gente como N´astarith los manipulen como mejor les parezca.

          Cyntial soltó una carcajada.

          —Claro, claro, sigue diciendo esas tonterías, Andrómeda, pero la batalla se decidió mucho antes de comenzar. Tus patéticas palabras me indican que tu problema es que no ves la realidad, pero descuida que voy a darte una lección antes de matarte.

          —Entonces estás lista —Shun lanzó sus cadenas por el aire, atacando con la misma velocidad que un relámpago—. Nebula Chain!! (Cadena Nebular)

          La única réplica de Cyntial fue levantar la mano derecha con la palma vuelta hacia delante para formar un disco enorme y transparente hecho de luz. La Cadena de Andrómeda chocó contra la barrera causando un fuerte estruendo y arrojando rayos quebrados en distintas direcciones, aunque al final no logró atravesarla.

          —¡No puede ser! —exclamó Shun.

          —Te advertí que tus ataques no servirían de nada. Ahora será mi turno.

          Un instante después, el poder fluyó por las manos de Cyntial convirtiéndose en anillos de luz que se precipitaron velozmente hacia Shun mientras emitían un sonido chirriante y estridente. El santo de bronce, sin embargo, hizo girar sus cadenas rápidamente a su alrededor en un intento por protegerse del ataque de la Khan de Serpiente de Mar.

          —De nada te servirá resistir… Snake´s Embrance!!

          —Rolling Defense!! (Defensa Rodante)

          La velocidad con la que la Cadena de Andrómeda daba vueltas se convirtió en algo irrelevante cuando los anillos de luz la tocaron. El rostro de Shun compuso una expresión de horror y asombro en el instante en que la cadena se desplomó en el suelo quedando totalmente inmóvil. Los aros de luz sujetaron el cuerpo del santo de bronce de pies a cabeza y comenzaron a estrujarlo con tal fuerza que parecían capaces de quebrarlo como sí fuese un guiñapo humano. El dolor resultaba insoportable.

          Cyntial lo miro con indiferencia.

          —Ahora comprobarás que lo que dijiste hace instantes eran simples necedades, inventos producto de la locura y el miedo. La victoria le pertenece a los seres poderosos y justos como el gran N´astarith. Él no podrá ser derrotado jamás. ¿Cómo pudieron pensar que lograrían hacerle frente? Él ha conquistado una galaxia completa y ha eliminado a miles de guerreros más fuertes que ustedes.

          Aunque Shun trataba de resistir no paraba de gritar de dolor. La Khan lo miraba con tranquilidad, como sí lo que tuviera delante de ella no fuese un ser humano sino un animal moribundo y lastimoso. La oleada de sufrimiento comenzó a disminuir lo suficiente para que Shun pudiera hablar.

          —Derrotaremos… a N´astarith de alguna forma —musitó débilmente.

          —No, Andrómeda, eso es una fantasía —dijo Aicila de Arpía, acercándose junto con Bal de Gárgola y otra guerrera que llevaba una armadura gris oscuro con enormes alas en la espalda—. Te has engañado a ti mismo pensando que podrían ganar, pero sólo porque no conocen el poder de la oscuridad. Podrán ganar alguna pelea sin sentido, pero al final perderán la guerra.

          —Esta… batalla todavía no termina… .

          Cyntial esbozó una sonrisa y luego comenzó a patear a Shun con saña y brutalidad.

          —¡Estúpido! ¡Cobarde! ¿Crees que eres mejor que nosotros? Sólo es un miserable despojo, un simple gusano que se arrastra. —hizo una pausa y levantó un puño envuelto en energía hasta la altura del hombro. Shun sintió una punzada de dolor que le recorrió el cuerpo y lo hizo gritar con todas sus fuerzas—. Voy a hacer que me supliques que termine con tu vida.

          Aicila rió discretamente mientras contemplaba la escena.

          —¡Shun! —exclamó Seiya, corriendo hacia su amigo—. Miserables, yo me ocuparé de todos ustedes.

          —Ah, tú debes ser el famoso Santo de Pegaso —dijo Bal de Gárgola, volviendo el rostro hacia el enfurecido Seiya—. Tengo que confesar que tú eres de los pocos que han enfrentado a Tiamat y han sobrevivido. Eso significa que sí te eliminó haré algo que Tiamat no pudo hacer.

          Seiya lo atacó con sus meteoros.

          Aicila agitó una mano y liberó cientos de plumas negras.

          El teniente Jorge Chávez había despachado a varios de sus mejores hombres para destruir a los Lightnings que habían intentado derribar al grupo de Alessandra, pero ahora se habían separado en distintas direcciones y eso complicaba las cosas. Uno de los Halcones Azules, un piloto llamado Carlos Villacruz, estaba a poca distancia de uno de los VF-4 y comenzó a disparar empleando su cañón NR-30. Joseph se balanceó y zigzagueó para evadir la mortal ráfaga de proyectiles, pero su atacante no estaba dispuesto a dejarlo escapar e incrementó la velocidad. Una escuadrilla de drones X-45K se unieron a la persecución poniendo más presión sobre el VF-4. Joseph sabía que sería complicado escapar de tantos enemigos a la vez, de modo que tiró de una palanca con lo que su nave cambió de modalidad.

          Carlos quedó sorprendido ante lo que estaba sucediendo. La nave a la que estaba persiguiendo había empezado a transformarse en alguna clase de robot. ¿Acaso todos los cazas con los que combatían podían hacer eso? En los informes de inteligencia que les habían proporcionado antes del ataque no se mencionaba que alguna nave de la Alianza Estelar tuviera la capacidad de ejecutar una transformación de ese tipo. Una vez finalizado el cambio, Joseph hizo que su Battroid diera un giró de ciento ochenta grados que lo colocó frente a las naves enemigas, apuntó con su arma y disparó varias veces hasta que vaporizó primero al Su-122 y después a los tres drones X-45K.

          —¡Miserables! —exclamó el teniente Chávez—. ¡Pagarán caro esto! ¡Los haré pagar por la sangre de mi camarada! ¡Iré por ese infeliz!

          —No se precipite, señor, espere, por favor —le dijo una piloto del escuadrón llamada Karina—. Sergio y Saúl están detrás de esos dos y puede estar seguro que lograrán derribarlos en cualquier momento. El general Scott ha dado órdenes para que ataquemos el súper acorazado Aurora.

          —Después —la cortó Jorge de mal modo—. Primero nos ocuparemos de los que asesinaron a Carlos y después atacaremos esa nave.

          —Pero, señor, fue una orden directa.

          —No me interesa sí la orden la dio el mismo Canciller —repuso Jorge mientras tiraba de los mandos para aumentar la velocidad de su nave—. Vamos a vengar la muerte de nuestro camarada. Sígueme de cerca, Karina, y no te alejes.

          Los potentes motores de los Su-122 aceleraron cuando sus pilotos pulsaron el mando de los controles. Salieron propulsados a toda velocidad, en dirección hacia donde se encontraban combatiendo los Lightnings del escuadrón Wolf y el escuadrón Time. Mientras avanzaban, Jorge vislumbró un súbito relámpago que lo hizo enfurecerse. El mismo Battroid que había conseguido destruir la nave de Carlos acababa de derribar a Sergio antes de volver a transformarse en avión. 

          Planeta Adur.

          A medio kilómetro de donde Piccolo, Son Gohan Trunks, Kuririn, Ten-Shin-Han, Yamcha, No.18, Casiopea, Shaina, Marin, Uller, Zaboot, Astroboy, Sailor Galaxia, Shiryu, Hyoga, Dohko y Milo se hallaban convirtiendo a los sofisticados androides imperiales de batalla en chatarra humeante, se pudo observar cómo una diminuta figura lanzaba dos esferas de energía por los aires en dirección hacia los Guerreros Zeta que estaban volando. Piccolo y Kurinrin lograron hacerse a un lado para evadir los ataques e inmediatamente después volvieron la mirada hacia el misterioso atacante para descubrir su identidad. Se trataba nada más y nada menos que de… .

          —¡Garlick! —exclamó Kurinrin con los ojos abiertos de par en par.

          —Vaya, está sí que es una sorpresa —murmuró Piccolo—. N´astarith deber estar realmente desesperado por acabar con nosotros sí requiere del apoyo de un miserable enano como ése.

          Garlick montó en cólera.

          —¡Cállate! Piccolo, por culpa tuya y del hijo de Gokuh quedé atrapado en la Zona de la Muerte durante muchos años. Está vez me encargaré de hacerte pedazos con mis propias manos y nadie podrá salvarte.

          Trunks y No.18 se miraron el uno al otro sin saber de que estaba hablando aquel pequeño alienígena de piel azul. De igual manera, los santos, Casiopea y Astroboy hicieron una breve pausa en la batalla para observar a Garlick. Dohko de Libra no necesitaba más que sentir la poderosa energía maligna que despedía aquel desconocido para percatarse de su peligrosidad.

          —Siento un Cosmos maligno que sale de él —señaló Shiryu.

          —¿Quién es ese enano tan extraño y desagradable? —inquirió No.18, dirigiéndose a Kurinrin—. ¿Acaso ustedes lo conocen?

          —¿Eh? —Kunrinrin parecía salir de una especie de trance—. Si, él es Garlick Junior y proviene de nuestro universo. En una ocasión por poco consigue destruir la Tierra cuando se apoderó del templo de Kami-Sama y liberó el Aquamist, una niebla que volvía maligno a quien tocaba. Sin embargo, Piccolo, Gohan y yo logramos rescatar a Kami-Sama para que él y Mister Popo salvaran a la gente mientras que nosotros enfrentábamos a Garlick y a sus sirvientes. Luego nos enteramos de que la cercanía del planeta Makyosei aumentaba los poderes de Garlick, pero afortunadamente Gohan logró destruir el planeta maligno y eso ocasionó que Garlick perdiera sus poderes y fuera arrastrado a la Zona de la Muerte que él mismo había creado para destruir el Templo Sagrado de Kami-sama.

          —En pocas palabras es otro villano de poca monta —murmuró Uller.

          Garlick dejó escapar una risita malévola.

          —Me siento complacido de saber que lo recuerdan todo. Está vez he incrementado mis poderes con ayuda de las energías malignas que me ha proporcionado N´astarith y soy más poderoso de lo que se puedan imaginar. Ninguno de ustedes podrá derrotarme. ¡Soy invencible!

          —Pero, ¿cómo escapaste de la Zona de la Muerte? —le preguntó Gohan.

          —Es muy simple, niño —repuso Garlick—. Yo había permanecido por años en esa dimensión hasta que una mujer que llegó a la Tierra percibió mi presencia y decidió liberarme. Esa mujer formaba parte de los guerreros de N´astarith y me ofreció poder y la posibilidad de vengarme de ustedes.

          Piccolo sonrió ligeramente.

          —Así que el poderoso Garlick decidió convertirse en un perro faldero de N´astarith. Tengo que admitir que ese papel es perfecto para ti, enano. Lo que no comprendo es por qué N´astarith decidió liberar a un inepto como tú que cayó en su propia trampa en dos ocasiones.

          —¿Qué? —gruñó Garlick—. ¿Cómo te atreves a decir eso de mí? Vas a tragarte tus palabras, maldito.

          Entonces, de repente, el pequeño Garlick comenzó a sufrir una metamorfosis en la que su pequeño cuerpo incrementó su masa muscular y estatura. En tan solo unos instantes, el diminuto alienígena se convirtió en un musculoso gigante de tres metros de altura y piel oscura. Pero no sólo su apariencia físico había cambiado, sino que su energía interna también había dado un salto descomunal y ahora era por lo menos diez veces mayor. El poder de la oscuridad se acumuló alrededor del gigante y aumentó sus poderes todavía más.

          —Disculpen por hacerlos esperar —murmuró Garlick sin poder ocultar la fascinación que le proporcionaba sentir el poder que recorría su cuerpo—. Ahora voy a hacerlos pedazos a todos.

          —Eso está por verse —dijo Hyoga, desafiante.

          Garlick no esperó ni un segundo más. Caminó directamente hacia los guerreros y apartó de su camino a un androide de batalla dañado con un golpe. Los primeros en atacarlo fueron Piccolo y Kurinrin, pero Garlick bloqueó los golpes empleando sus poderosos antebrazos y luego lanzó un fuerte puñetazo contra el rostro de Piccolo, enviándolo a volar por los aires sin control hasta hacerlo estrellarse con unas ruinas causando un fuerte estruendo. No.18, Kurinrin, Trunks, Ten-Shin-Han y Dohko reaccionaron con sorpresa.

          —¡Sí! ¡Sí! —dijo Garlick, regodeándose de su fuerza—. Esto es mejor de lo que hubiera imaginado. El poder que me proporcionaba el planeta Makyosei no es nada comparado con las energías oscuras.

          —¡Señor Piccolo! —gritó Gohan y luego se volvió furioso hacia Garlick—. Eres un… miserable.

          Llamó al poder del súper saiya-jin, acumulándolo en su interior. Respiró en él y lo mantuvo arremolinado en su cuerpo, aferrándose a él hasta sentir el poder del guerrero que habitaba en su interior. Acumuló más poder hasta que finalmente lo expulsó de su cuerpo por medio de una resplandeciente aura dorada de energía que hizo que el color de su cabello erizado y ojos cambiaran. Antes de que Garlick pudiera salir de su estupor, Son Gohan le atacó con una poderosa ráfaga de energía que salió disparada desde sus manos.

          —¡¡Masenko!!

          El gigantesco Garlick sólo contó apenas con una fracción de segundo para levantar las manos y detener con sus palmas desnudas el rayo de luz. Mientras contenía la fuerza del Masenkopensó un instante en su anterior batalla con Son Gohan y recordó que éste no era tan poderoso como ahora. Incluso con el poder que le daban las energías oscuras no era sencillo detener aquella ráfaga mortal. Cuando el Masenko perdió fuerza y se extinguió, Garlick aún permanecía de pie para sorpresa de todos. Ese ataque debería haberle causado más daño, pero no fue así. Solamente sus manos habían resultado lastimadas, pero esto no había mermado en absoluto sus energías.

          —Maldito, no tenía idea de que te habías vuelto tan fuerte —espetó Garlick mientras contemplaba a Gohan con odio—. Sin embargo, no importa lo poderoso que seas porque nunca podrás ganar y lo sabes. Te recuerdo que yo poseo la vida eterna y por eso puedo soportar todos tus ataques.

          —¿Qué cosa? —inquirió Hyoga.

          —Eso está por verse —dijo Casiopea y a continuación extendió sus manos para formar un torbellino de vientos que se dirigieron hacia Garlick—. ¡¡Tormenta de Vientos!!

          Las corrientes de aire cobraron vida, envolviendo a Garlick y encerrándolo dentro de un remolino giratorio de alta velocidad. El gigante sintió que una ráfaga de aire rasguñaba su rostro, haciéndolo sangrar y enfurecer al mismo tiempo. Garlick llamó a su energía interna y desató una violenta explosión de poder que deshicieron el remolino en un abrir y cerrar de ojos. Entonces se lanzó por el aire y derribó a Kurinrin de un puñetazo, pero no así a Trunks, que tras convertirse en Súper Saiya-jin logró detener el rápido puño de Garlick con las manos. No.18 se colocó velozmente tras Garlick y bombardeó su espalda con múltiples esferas de luz que estallaban al golpear su objetivo.

          Zacek advirtió que sí no luchaban todos juntos no podrían ganar, de modo que repitió la oración del Kalpe-OM y se transformó en Karmatrón para luego crecer a la altura de Garlick. Mientras Trunks hacía lo posible por defenderse de los continuos ataques de su adversario y No.18 hacía lo propio arrojándole rayos, Karmatrón se lanzó en una patada contra el abdomen de Garlick con tal fuerza que primero lo hizo doblarse hacia delante y después lo arrojó varios metros hacia arriba donde lo esperaba un ansioso Son Gohan. El Súper Saiya-jin hizo acopio de sus fuerzas y le descargó un potente golpe en la cabeza que lo hizo precipitarse directamente sobre el sitio donde estaban Saboera y algunos de sus hechiceros del Ejército del Mal.

          Los ojos de Saboera se abrieron de forma tal que parecían estar a punto de salirse de su lugar. Sin perder tiempo, se abrió pasó corriendo entre sus magos, gnomulones y soldados de las Sombras que también trataban de escapar. El enorme cuerpo de Garlick se estrelló con tanta fuerza que se produjo una potente onda de choque que lanzó a Saboera por los aires. El líder del Batallón de los Magos acabó estrellándose de cabeza contra un frondoso árbol donde más tarde lo aplastaría uno de sus propios magos que también había salido despedido.

          —Muchas gracias, Zacek —le dijo Trunks.

          Karmatrón asintió.

          —Descuida, no fue nada, pero lo que realmente me preocupa es que no hemos podido hacerle ningún daño a ese tipo. A pesar de que lo golpeamos varias veces, nada parece herirlo.

          —Tal vez podamos vencerlo empleando otra táctica —dijo Hyoga y luego comenzó a mover sus brazos, invocando el poder de su propio cosmos con el que hizo descender la temperatura del aire—. Usaré el poder del Diamond Dust y ustedes deberán atacarlo cuando lo haya inmovilizado.

          —¿Crees que podrás lograrlo? —le preguntó Milo de Escorpión.

          —Tenemos que intentarlo —repuso Hyoga.

          Cuando Garlick se puso de pie de nuevo su furia había crecido por encima de sus propias poderes. Ahora más que nunca hervía en deseos de aniquilar a todos los enemigos que tenía delante. Se acercó a donde estaba Karmatrón, Trunks, Hyoga y Milo y bajó la cabeza como un acechador de las nieves furioso, clavando sus oscuros ojos en sus adversarios mientras en su mente barajaba diferentes formas de matarlos.

          —¿Es que no lo comprenden? —murmuró—. Les recuerdo que yo poseo la vida eterna. Nunca podrán vencerme por mucho que lo intenten.

          Hyoga se elevó rápidamente en el aire y atrajo la atención de Garlick. El gigante alargó un brazo para golpear al santo de bronce, pero éste se dejó caer al suelo y aprovechó la ocasión para sujetar los tobillos de Garlick. Un estallido de cosmos le permitió congelar las piernas del enemigo e inmovilizarlo.

          —Diamond Dust!!

          Garlick sintió que un horrible frío pasaba a través de la piel de sus piernas y dio un grito de dolor y furia. Entonces comprendió lo que había sucedido y comenzó a golpear salvajemente a Hyoga una y otra vez aprovechando que no podría defenderse, mucho menos escapar. Pero eso lo dejaba expuesto a que los demás le atacaran.

          —¡Ahora! —gritó el Santo del Cisne.

          Milo hizo que la uña del dedo índice de su mano derecha creciera y se tornara en rojo carmesí. Atacando con la velocidad de la luz, el santo dorado lanzó su ataque más letal contra el cuerpo de Garlick. Simultáneamente desde todas las direcciones, Shiryu, Gohan, Trunks, Yamcha, Karmatrón y Casiopea descargaron sus ataques. Garlick lanzó un quejido que se asemejaba por mucho al grito de furia de una bestia malherida cuando las descargas castigaron su cuerpo. Pero a los pocos segundos, pronto todos se dieron cuenta de que Garlick aún continuaba de pie a pesar del daño recibido. Ni siquiera la Scarlet Needle de Milo había funcionado. Una nueva explosión de poder oscuro le permitió al gigante liberar sus dos piernas y fue tanta su rabia cuando quedó libre que le dio a Hyoga una fuerte patada que lo hizo estrellarse contra una columna. Los ojos de Garlick fueron de un rostro a otro en busca de quien sería su primera víctima. 

          —No… —murmuró Zaboot—. No puede ser cierto.

          La tierra se estremeció y N´astarith se permitió sonreír cuando observó a Garlick arrojarse sobre sus enemigos para atacarlos con ferocidad. Casiopea y No.18 le dispararon ráfagas de energía, pero el gigante logró seguir adelante, sujetó a la Celestial por una pierna y la usó para golpear a la androide y así deshacerse de ambas. Hyoga alzó la vista a tiempo para ver el puño gigante caer sobre su cara. Shiryu llamó al poder del Rozan Kou Ryuu Ha con el que logró enviar a Garlick varios metros hacia atrás, aunque luego se levantó como si nada y volvió a la carga. Algunos de los gnomulones inorgánicos vieron el caos como una buena oportunidad para tratar de petrificar a los guerreros, pero Tuxedo Kamen, Sailor Moon, Ranma, Ryoga, Shampoo y Moose les salieron al frente y comenzaron a pelear con ellos.

          Lance estaba tan ocupado manteniendo a raya a los Shadow Troopers que no podía apoyar a los demás a enfrentar a Garlick. Tampoco sabía en donde estaban Cadmio, Saulo, Asiont y Areth y mucho menos podía comunicarse con alguien en todo el planeta o en la Churubusco. Cuando Sailor Moon y los demás empezaron a luchar con los gnmulones y aliviaron un poco la presión, Lance activó su comunicador audiovisual para hablar con Eclipse y Mariana.

          —¿Dónde demonios están? —le preguntó—. Traigan la nave y apóyenos o avisen a los Hombres de Oscuro de lo que está ocurriendo.

          —Eh, hemos estado un poco ocupados. De hecho, tengo malas y buenas noticias.

          —Genial, no me digas —murmuró Lance y luego disparó contra un shadow trooper, eliminándolo en el acto—. ¿Cuál es la buena?

          —La buena es que ya no debemos preocuparnos por esos asquerosos Hombres de Oscuro.

           —¿Y las malas?

          —Que se cambiaron de bando —Eclipse sintió como la nave se estremecía. Afuera, la nave de los Hombres de Oscuro lanzaba mísiles contra el transbordador espacial estacionado en tierra—. No sabemos cuanto tiempo lograrán soportar los escudos.

          —¿A mí qué me dices? —replicó Lance—. Acá estamos lidiando con un tipo que es inmortal.

          —Pues córtenle la cabeza —sugirió Eclipse. Cuando advirtió que Lance lo miraba con ganas de estrangularlo, añadió—. Bueno, todo inmortal cae así, ¿no lo sabían?

          Karmatrón aprovechó que Trunks y Garlick intercambiaban golpes y contragolpes para ir hasta donde estaba Piccolo. El guerrero nameku había logrado salir de los escombros a tiempo para ver cómo todos atacaban a Garlick luego de que Hyoga le hubiera congelado las piernas. Piccolo frunció el entrecejo mientras se frotaba el cuello y la nuca. Estaba molesto con la situación y nada le desagradaba más que lidiar con el fastidioso de Garlick.

          —Es inútil, no hay nada que podamos hacer —le dijo Karmatrón—. De verdad posee la vida eterna y no importa lo que hagamos, nada podrá detenerlo.

          —Tienes razón —aceptó Piccolo—. La única manera de vencerlo es enviándolo a la Zona de la Muerte, pero sí N´astarith pudo sacarlo de ahí nada le impide traerlo de vuelta otra vez.

          —¿Cómo fue que se volvió inmortal ese monstruo?

          —Fue gracias a las esferas del dragón —explicó Piccolo—. No sólo tienen el poder de revivir a las personas, sino que también conceden la vida eterna a quien lo pida. Sí no fuera por eso habríamos eliminado a Garlick la primera vez que lo enfrentamos.

          —Quizá yo pueda ayudar un poco —dijo el anciano Shilbalam, acercándose.

          —Maestro —musitó Karmatrón.

          Shilbalam alzó la mirada para observar a Piccolo.

          —Dime, esas esferas son mágicas, ¿cierto?

          —Sí, son mágicas, pero no comprendo por qué me preguntas eso.

          El brujo blanco se volvió hacia donde estaba Garlick sin decir nada más y cerró sus cansados ojos. Tanto Karmatrón como Piccolo pudieron percibir el gran poder que Shilbalam estaba concentrado dentro de sí. ¿Acaso pensaba enfrentar a Garlick él solo? ¿Por qué le interesaba saber sí el poder de las esferas del dragón era mágico o no? Entonces, calmadamente, con las manos en la espalda y silbando, se encaminó al lugar de la pelea.

         Continuará… .

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