Leyenda 031

LA LEYENDA

por Asiant Uriel

CAPITULO XXXI

LA CASCADA DEL DESTINO

       Planeta Caelum (Santuario Celestial)

       Gracias a los consejos y enseñanzas de Tyria y Aristeo, Asiont había aprendido a aquietar su aura y eso le permitía empezar a sentir la existencia del aureus. Aún no podía dominarlo tan bien como hacía con su propia aura, pero al menos podía percibirlo y esto le facilitaría manipularlo para aumentar sus poderes. Ahora entendía perfectamente el por qué no había podido captar la presencia de su maestro, ni la de Tyria el día que había llegado al planeta.

       El poder de su Maestro pertenecía a un tipo de fuerza diferente al aura. Para sentir ese tipo de poder era necesario aquietar la mente y recibir la ayuda de alguien que también pudiera percibirlo. Asiont estaba meditando en el desierto cuando la misma premonición sobre el destino de Andrea invadió su mente por segunda ocasión. Lleno de temor, abrió los ojos y se levantó de golpe.

       —Andrea se encuentra en peligro, tengo que ayudarla. —Guardó silencio y pudo percibir la presencia de Tyria a sus espaldas—. Tyria… .

       —Veo que al fin puedes sentir mi presencia, Asiont. Tus habilidades siguen progresando.

       Asiont se volvió hacia la chica y asintió con una sonrisa.

       —Fue gracias a tu apoyo y a los consejos de Aristeo. Con su ayuda he podido aprender más acerca del poder del aureus. Lamentablemente, el tiempo para entrenar se me termina. Debo ir a ayudar a Andrea cuanto antes. Ella podría morir… .

       —Eso no lo sabes todavía —la súbita presencia de Aristeo los pilló por sorpresa—. Ni siquiera yo puedo ver el destino que le aguarda a ella y a tus amigos.

       Asiont pasó por un costado de Tyria y se plantó frente al Maestro Celestial.

       —Tengo que ayudarlos —le dijo con vehemencia—. He podido sentir el aureus.

       Aristeo lo miró fijamente.

       —Pero no puedes controlarlo todavía —lo riñó con afabilidad—. Será peligroso si te enfrentas contra  los guerreros de N´astarith. Podrías ser seducido por tus deseos de venganza y sucumbir al mal.

       —Eso es imposible, Maestro —replicó Asiont, sosteniéndole la mirada—. No puedo creer que alguien que use el aureus pueda sucumbir ante el mal. Sí uno llega a tal estado de perfección es imposible que ceda ante la maldad.

       Aristeo entornó los ojos ligeramente.

       —¿Eso es lo que piensas? Cada quien encuentra dentro de uno mismo lo que busca. Sí alguien se sumerge en su interior con el único fin de obtener poder para hacer el mal regresará convertido en un agente de la oscuridad.

       Asiont negó con la cabeza y volvió la mirada hacia Tyria en busca de apoyo.

       —Escucha a Aristeo —le recomendó ella—. Recuerda el encuentro que tuviste contra tu oscuridad en la caverna. Sólo un Celestial bien adiestrado en el conocimiento del aureus puede hacer frente a N´astarith y a sus guerreros. No debes truncar tu entrenamiento nuevamente.

       —¿Y para ello debo sacrificar a mis amigos? —exclamó irritado—. Eso es injusto… .

       Aristeo bajó la cabeza y asintió.

       —A veces es necesario hacer sacrificios para alcanzar la victoria. Si te enfrentas a los Khans lo harás solo, yo no puedo acompañarte.

       —Yo tampoco puedo hacerlo —dijo Tyria al cabo de un instante—. Mi deber es cuidar de este santuario y de Aristeo. No debes irte hasta que no completes tu entrenamiento.

       Asiont bajó la mirada como si no supiera qué hacer. Sí abandonaba el entrenamiento nuevamente se exponía a que los guerreros de Abbadón lo mataran en una batalla. Ciertamente, había aprendido bastante desde que su llegada a Caelum, pero aún le faltaba mucho por aprender para ser considerado un autentico Caballero Celestial.

       —Lo sé —murmuró al fin—. Pero aun así iré.

       El Maestro Celestial miró a Asiont con preocupación. Por lo que podía observar en la mirada de su pupilo, no había ninguna manera de hacerlo cambiar de opinión en cuanto a su decisión. Ahora sólo le quedaba brindarle su apoyo para que pudiera regresar con bien.

       —Algunos de los Khans han aprendido a utilizar muchas de las habilidades del aureus, ten cuidado ya que son muy poderosos.

       —Recuerda lo que has aprendido —le aconsejó Tyria para darle ánimo—. Una persona que actúa movida por la venganza mantiene abiertas sus heridas.

       —Lo recordaré y volveré… lo prometo, Maestro.

       En ese instante, Aristeo se acercó a Asiont y lo miró directo a los ojos.

       —Ya que has decidido partir, necesitarás ropajes apropiados —hizo una pausa y extendió una mano por encima de la cabeza de Asiont. Un estela de energía mística envolvió por completo el cuerpo del joven y, en una fracción de segundo, sus desgastadas  ropas le fueron remplazadas por unas nuevas—. Estos pueden soportar algunos ataques.

       Una sonrisa le iluminó el rostro a Asiont.

       —Es genial, Maestro —murmuró mientras echaba un rápido vistazo a sus nuevos ropajes. Eran exactamente iguales a los anteriores. La única diferencia estribaba en que ahora llevaba la imagen del sagrado triángulo dorado “Alef ” en su espalda, el símbolo por excelencia de la Orden de los Caballeros Celestiales—. Gracias, Maestro, le aseguró que los usaré con honor.

       Aristeo asintió con la cabeza y luego llevó su mirada hacia Tyria.

       —Llévalo a la Cascada del Destino —ordenó.

       Asiont enarcó una ceja.

       Tyria asintió, tomó la mano de Asiont y lo condujo hasta la puerta de salida del desierto. En cuanto ambos se marcharon, Aristeo alzó la mirada para contemplar el cielo azul bañado por el ardiente sol por un instante y luego bajó la cabeza.

       —La hora de mi ocaso está muy cerca —murmuró tristemente—. Ten cuidado, Asiont, tú mayor reto será buscar la unidad de todos en esta lucha tan difícil.

       Una nueva puerta dimensional apareció enfrente del Devastador Estelar Tammuz. Una vez que divisaron la abertura espacio-tiempo, los Khans se acercaron a la ventana frontal para admirarla. 

       —Que hermoso vista —susurró Liria—. Parece como sí estuviera hecha de agua.

       —Deja de decir esa clase de tonterías —le reprendió Eneri con su acostumbrado tono golpeado—. Espero que encontremos un buen oponente en el próximo universo.

       —Ay, Eneri —se quejó Suzú—. Tú siempre tan impulsiva, la verdad es que segregas mucha vibra negativa.

       ¿Vibra negativa? Jesús y Galford se miraron entre sí con una expresión de hastío en sus rostros. ¿De donde demonios habían sacado a esa mujer?

       Lentamente, la inmensa nave penetró directamente por el haz de la puerta hasta desaparecer dentro de ella iniciando el vieja dimensional.

       Lejos de ahí, el Águila Real 5 volaba a toda velocidad surcando el espacio. La nave apenas había dejado la frontera del espacio Adur cuando los técnicos de navegación obtuvieron las coordenadas de la última puerta dimensional. Luego de cotejar los datos con la información proporcionada por Eclipse, los pilotos estaban listos para iniciar el viaje dimensional.

       —Todo en orden, señor —anunció el capitán de la nave, dirigiéndose a Azmaudez—. Las coordenadas están listas para iniciar el viaje dimensional.

       El general unixiano sonrió confiadamente. Estaba a punto de dar la orden cuando Andrea se le adelantó.

       —Proceda, capitán —ordenó la reina.

       —Le recuerdo que yo estoy al mando —repuso Azmaudez tranquilamente—. Esta es mi misión, majestad, así que le sugiero que me deje dar las ordenes.

       Andrea hizo un gesto de niña rebelde y le sonrió de buena gana.

       —Usted estará al mando, pero debo compensar su inexperiencia en misiones como esta, general. Hasta ahora su pasatiempo consistía en rescatar civiles en desgracia, no involucrarse en acciones militares.

       Azmaudez frunció el ceño ante la crítica. La actitud de Andrea le irritaba enormemente, pero debía aprender a tolerarla ya que de lo contrario todo el camino se convertiría en un feroz campo de batalla de intercambios verbales.

       —Tal vez —replicó él de la misma forma—. Pero en mi mundo he entrenado bastante y… .

       Andrea miró a Azmaudez de arriba abajo con aburrimiento.

       —Disculpe, pero aquí no estamos en su mundo —le irrumpió con un tono áspero—. Si desea impresionarme con sus juegos de video pierde el tiempo. Lo mejor será que me vaya a descansar un rato —hizo una pausa y se volvió hacia su primo—. ¿Me acompañas?

       Rodrigo asintió con la cabeza y luego siguió a su prima hacia la salida. Antes de abandonar el puente de mano, Andrea se volvió hacia Azmaudez y luego de sonreírle con vehemencia le dijo:

       —Avíseme cuando lleguemos. Creo que hasta usted puede guiar una nave sin estrellarla.

       Antes de que Azmaudez pudiera decir algo más, Andrea dejó el puente de mando. En cuanto la puerta de acceso se cerró tras ella, el general unixiano se volvió hacia el capitán de la nave.

       —Mujeres —murmuró entre dientes—. Denles una corona y se creen las amas del universo.

       El capitán de la nave no dijo nada y llevó la mirada hacia la ventana frontal para ver cómo un pequeño túnel de luz se formaba delante de la nave. Instantes después, el Águila Real 5 se internó dentro de él.

       El profesor Ochanomizu dio otro sorbo a su taza de café. Había pasado las últimas dos horas escuchando atentamente las palabras de Cadmio. Ciertamente aquel relato de N´astarith y las doce gemas estelares superaba el más elaborado guión de cualquier filme de ciencia ficción que hubiera podido oír en toda su vida.

       —No puedo creerlo —murmuró mientras llevaba su mirada hacia Hyunkel—. Eso significa que ustedes son algo así como extraterrestres, ¿no?

       —Preferiría viajeros de otro universo —le corrigió Cadmio sutilmente—. Como le dije, profesor, su mundo se encuentra en un grave peligro. Una vez que N´astarith termine la conquista de nuestra galaxia no dudara en invadir otras realidades.

       Ochanomizu alzó ambas cejas, angustiado.

       —¡Santo Cielo! No debemos permitir eso. ¿Qué podemos hacer para ayudarlos?

       Cadmio se levantó de su asiento y caminó hacia una ventana que ofrecía una excelente vista del jardín.

       —Pude darme cuenta que, a diferencia de otros universos en los que hemos estado, en esta Tierra la tecnología está bastante más desarrollada —hizo una pausa y se volvió hacia Ochanomizu—. Debemos convencer a los gobiernos de este planeta de enviar fuerzas de ataque para apoyar a nuestra armada.

       Ochanomizu frunció el ceño y dejó su taza de café sobre una pequeña mesa.

       —Humm, lo que me propones es algo muy ambicioso —guardó silencio y cerró sus ojos mientras pensaba—. Tengo ciertos contactos en el gobierno, pero no sé si pueda convencerlos de prestar fuerzas para su causa… .

       —Vamos, profesor Ochanomizu —dijo Astroboy, sumándose a la conversación en apoyo a la idea de Cadmio—No es la primera vez que nos enfrentamos a una invasión extraterrestre.

       —Ya lo sé, Astro —replicó el profesor—. Pero convencer a la mayoría de los líderes de la Tierra de todo esto no será nada fácil… —hizo una pausa y miró los rostros esperanzados de Ranma y Dai—, pero voy a hacer todo lo posible.

       —Gracias, profesor —le dijo Cadmio sinceramente—. A nombre de toda la Alianza Estelar le doy las gracias. Sí lo requiere iré con usted.

       Astroboy, Dai, Poppu y Ranma se miraron entre sí y sonrieron de buena gana. Al fin una buena noticia.

       Ochanomizu se levantó de su asiento y se dirigió al teléfono. En cuanto el profesor se dio la media vuelta, Cadmio se volvió hacia Hyunkel.

       —Esto no va a ser nada sencillo —comentó mientras Ochanomizu se llevaba el auricular a la oreja—. Pero sí logramos el apoyo de este mundo, tendremos más naves para su flota.

       —Aún hay una cosa que no entiendo a la perfección —murmuró Hyunkel, llevándose la mano a la barbilla—. ¿Adónde se fueron los guerreros del imperio?

       Cadmio se cruzó de brazos y se encogió de hombros despreocupadamente.

       —Para este momento ya deben estar de regreso. Hace poco me comuniqué con nuestra nave y me dijeron que un Devastador Estelar abandonó el planeta hace poco tiempo.

       El profesor Ochanomizu colgó el teléfono.

       —He conseguido una audiencia con el ministro de defensa —hizo una pausa y esperó a que Cadmio y los otros lo miraran—. Nos espera en su oficina en veinte minutos.

       —Es perfecto —dijo Cadmio caminado hasta el profesor—. Yo lo acompañaré.

       Ochanomizu asintió y luego llevó el rostro hacia Astroboy para darle algunas indicaciones.

       —El joven Cadmio y yo volveremos en un momento, Astro. Hazte cargo de nuestros invitados.

       —Puede contar conmigo, profesor —respondió el pequeño robot con una enorme sonrisa de oreja a oreja.

       Sin perder tiempo, Cadmio y Ochanomizu se dirigieron a la puerta. Antes de salir, el guerrero Celestial se volvió hacia todos sus aliados por última vez.

       —Escuchen: volveré en un momento —hizo una pausa y le dedicó una mirada hostil a Poppu, Ranma y Ryoga—. Para evitar problemas será mejor que permanezcan en este lugar.

       Ranma, Ryoga, Moose y Poppu asintieron con la cabeza.

       —Vamos, tranquilízate, Cadmio —dijo Poppu, esbozando una gran sonrisa—. No te preocupes por nada.

       El Celestial lo fulminó con la mirada. Sólo podía confiar en que Hyunkel los mantuviera bajo control y rezar para que todo saliera bien. Jamás tendré hijos, pensó.

       —Eso esperó, Poppu —murmuró finalmente—, eso espero..

       El inmenso Devastador Estelar Tammuz reapareció parte por parte. La torre negra fue lo primero que apareció. Luego se materializó la gigantesca cúpula.

       —El viaje fue casi inmediato —murmuró Jesús verdaderamente impresionado—. Es algo realmente asombroso. Hasta la fecha no conocía ninguna manera de trasladarse tan rápido fuera de nuestro propio universo

       Tanto Jesús Ferrer como los Khans sabían que los viajes entre universos tomaban cierto tiempo dependiendo del tamaño del objeto transportado. Pero el Portal Estelar permitía trasladar objetos de gran tamaño al instante.

       Sepultura miró a Jesús fijamente y sonrió.

       —El gran N´astarith sólo trabaja con lo mejor.

       Eneri y Suzú le rieron la broma. Liria, por su parte, observaba las estrellas con la mirada perdida en la inmensidad del espacio sin atender las palabras de sus compañeras. Había una luna que brillaba intensamente y ello le pareció algo muy hermoso.

       —Miren, hay una luna —exclamó llamando la atención de todos—. Que bella, ¿no?

       Eneri llevó su mirada hacia la esfera blanca que flotaba en las tinieblas del espacio para luego dirigirla hacia un planeta de color azul que aguardaba a un costado

       —Ese planeta es muy similar al planeta azul que conocemos —murmuró y luego se giró hacia los técnicos de navegación del puente—. ¿Han encontrado la gema estelar?

       El capitán de la nave asintió con la cabeza.

       —Eso creemos, lady Eneri. Esto es increíble, pero de alguna manera el Portal Estelar nos transportó cerca de donde se encuentra la gema en este universo.

       —¿Qué has dicho? —le inquirió Galford interesado—. Eso es imposible. ¿Estás diciendo que el Portal Estelar nos conduce a través de los diferentes universos para llegar a las gemas?

       —De cierta forma así es —repuso Sepultura, atrayendo la atención del Guerrero de la Justicia—. No olvides que ese Portal Estelar es una máquina muy avanzada. La tecnología con la que está hecho es verdaderamente avanzada.

       El guerrero meganiano enarcó una ceja.

       —¿Dónde está la gema? —preguntó Jesús en un tono carente de emoción.

       El capitán del Tammuz respondió de inmediato.

       —Se encuentra a 375 mil kilómetros de nuestra posición. Tal parece que está en ese planeta de color azul.

       Jesús y Suzú clavaron la vista en aquel planeta azul casi al unísono.  Su parecido con el planeta Tierra que ellos conocían era asombroso.

       —En ese caso, no perdamos el tiempo —murmuró Eneri impaciente como siempre—. Fijen el rumbo hacia ese planeta de inmediato.

       Josh observó a su señor por un momento, luego desvió la mirada hacia la nueva Tierra que se encontraba frente a ellos. Esto está llegando demasiado lejos, pensó.

       Santuario Celestial.

       Tyria abrió una puerta e introdujo a Asiont en una gigantesca habitación donde había una una cascada de agua que salía de una especie de río que brotaba de la pared. La corriente de agua desembocaba en un pequeño estanque hecho de piedra blanca. A su alrededor habían algunas plantas y árboles.

       —Tyria, ¿qué lugar es este? —preguntó Asiont, maravillado con todo lo que había ante sus ojos—. En una habitación existe un desierto y aquí una especie de manantial —hizo una pausa y se volvió hacia su amiga—. No me imaginaba que hubiera un lugar como este templo. Pareciera que hay todo un mundo dentro de él.

       Tyria sonrió con dulzura, caminó hasta el manantial y metió una mano en la caída de agua.

       —A través de esta cascada podrás llegar a donde tu mente y tu espíritu te permitan llegar —Tyria miró a Asiont nuevamente—. Primero debes aquietar tu mente y tu corazón para permitir que el aureus guíe tus pasos a través del tiempo y el espacio. Sólo quien conoce el aureus puede viajar por estas aguas sagradas. Esta es la Cascada del destino, Asiont.

       Asiont alzó ambas cejas con evidente sorpresa. Esas palabras resonaron en su mente por algunos segundos. Por alguna razón imaginó que ya había escuchado acerca de ese lugar en alguna parte, pero no podía recordar el momento exacto.

       —¿Estás diciendo que esta cascada me llevará a donde yo quiera?

       La Celestial sacó la mano del agua, luego se volvió hacia él y finalmente asintió.

       —Así es, pero para lograrlo debes sentir el aureus fluir a través de ti. Deja que él sea quien te guíe en tu viaje por el Multiverso.

       Asiont la miró. Aquello era totalmente increíble, las maravillas que había en ese templo extraño superaban sus más alocadas fantasías infantiles. Sin pensarlo un momento más, caminó hacia la cascada decidido a encontrar a Andrea y a cambiar el futuro sí era necesario. Antes de entrar bajó sus aguas se volvió hacia Tyria por encima del hombro.

       —Gracias por todo —le dijo con sinceridad—. Te prometo que regresaré para terminar lo que he empezado.

       La Celestial sonrió con su acostumbrada dulzura, pero no dijo nada más.

       Asiont dio la media vuelta, después se introdujo en la cascada y a continuación desapareció bajó sus aguas. Una vez que se hubo ido, Tyria bajó la cabeza y dejó escapar un suspiro.

       —Buena suerte, Asiont.

       Tokio, Japón
       Distrito Juuban (Fuente de Sodas Crown’s)

       —Usagi ya se retrasó otra vez.

       Minako y Makoto levantaron la mirada de los platos y sonrieron con complicidad.

       —No te preocupes por eso, Ami —comentó Makoto de buena gana—. Estoy segura que llegará en cualquier momento. No hay porque alarmarse de más, ¿no crees?

       Ami Mizuno era una adolescente de diecisiete años. Esbelta y no muy alta, llevaba el cabello corto y poseía un rostro angelical. Vestía una blusa amarilla y una minifalda de color azul. De su cuello colgaba una delgada corbata roja que le confería un aspecto intelectual. Por otro lado, Makoto era una chica atractiva, guapa, joven y tenía un carácter fuerte. Estaba vestida con una blusa blanca y una falda color marrón. Calzaba unos zapatos cómodos e iba perfectamente peinada.

       —Tienes razón, Makoto —asintió Ami finalmente, haciendo un ligero encogimiento de hombros y sonriendo levemente—. Seguramente Usagi llegará en cualquier momento. Lo que pasa es que me preocupa llegar a tiempo a la exhibición.

       —Claro que Usagi vendrá, Ami —les aseguró Minako, interviniendo de pronto—. Desde hace tiempo hay un dicho que dice: “más vale tarde que noche”.

       Makoto la miró con los ojos ligeramente entornados, experimentando algo de pena ajena. Aunque conocía a Minako desde hace mucho tiempo, aún no podía entender cómo es que nunca podía citar un refrán correctamente. Sin embargo, a pesar de todo, había que admitir que la forma en que se equivocaba a la hora de citarlos resultaba bastante graciosa.

       —No es “Más vale tarde que noche” sino “Más tarde que nunca” —le corrigió con sutileza.

       Minako juntó ambos ojos y se sonrojó ligeramente.

       —Eh, sí, también se puede decir así —murmuró nerviosamente.

       En ese momento, una pequeña gata de color negro saltó encima de la mesa donde las tres chicas estaban comiendo pastel y bebiendo malteadas. Makoto soltó el tenedor algo sorprendida.

       —No sé que voy a hacer con Usagi —murmuró la gata con evidente malestar, meneando su cola de un lado para otro lentamente—. Ya está a punto de salir de la preparatoria y aún no puedo conseguir que sea puntual.

       —Ah, eso no es nada, Luna —suspiró un segundo gato blanco que emergió del bolso de Minako en ese instante—. Si vieras lo que tengo que hacer para que Minako se levante a tiempo y… .

       Minako frunció la mirada bastante molesta con ese comentario. No le agradaba para nada que Artemis comentara así nada más sus defectos frente a sus amigas. Sin disimularlo ni siquiera un poco, llevó su mano frente al rostro del felino y lo golpeó levemente en la nariz con el dedo cordial

       —Artemis, pero que cosas dices —Sonrió como si no supiera de que estaba hablando el gato—. Mejor charlemos de otra cosa, ji, ji, ji.

       Con sus diecisiete años, Minako Aino era una chica de cabello rubio, ojos azules y rostro angelical. Sin embargo, a pesar de ser una chica bastante alegre y simpática, también compartía un terrible defecto con Usagi: ser descuidada en sus estudios y demás deberes.

       Makoto trató de fingir una sonrisa y se volvió hacia Ami en un intento por cambiar de tema.

       —Y dinos, Ami, ¿ya enviaste solicitud a alguna universidad? —inquirió mientras partía otra rebanada de pastel—. Sí no la envías en estas fechas perderás tu oportunidad de ingresar a la universidad.

       Ami se encogió de hombros ligeramente. Makoto había tocado precisamente el tema en el que había estado pensando durante las últimas semanas con insistencia. Para nadie era un secreto que, debido a sus calificaciones, Ami podría escoger fácilmente la universidad que quisiera.

       —Bueno, Makoto, la verdad… —titubeó con las manos entrelazadas frente a ella—, es que ya recibí noticias de la Universidad Tokio.

       Makoto, Minako, Luna y Artemis clavaron la mirada en la chica al mismo tiempo. Aquella era una buena noticia que esperaban oír desde hace tiempo.

       —¿Y? —le inquirió Makoto ansiosamente.

       —Dinos que te aceptaron —la secundó Minako—. Vamos, Ami, dilo o calla para siempre.

       —Bueno, parecer ser que… —continuó Ami—. He sido admitida en la Facultad de Medicina.

       —Pero, Ami, que buena noticia —festejó Makoto con una enorme sonrisa de oreja a oreja, levantando el tenedor en lo alto—. Pero, ¿por qué no nos habías dicho nada?

       —Oh, Ami, eso quiere decir que estás a un paso de cumplir tu sueño —añadió Minako alegremente, agitando su largo cabello rubio—. Me alegro mucho por ti, siempre has sido la más inteligente y lista del grupo.

       Ami les sonrió afablemente.

       —Es que quería darles la noticia hasta después de la boda de Usagi y Mamoru.

       Minako se llevó otro pedazo de pastel a la boca con rapidez.

       —Esto está exquisito —murmuró mientras saboreaba el postre—. Vamos, Ami, querías darle la sorpresa a Usagi y a Mamoru, ¿verdad?

       —Bueno, si, así es.

        Luna alzó la cabeza para mirar a Ami. Sus ojos destellaron con admiración. El ver que una de sus chicas estuviera en camino de cumplir su mayor anhelo, la llenaba de felicidad. Después de haber convivido con las chicas durante tres años ya les había tomado bastante cariño como para emocionarse con sus logros.

       —Bien hecho, Ami, estoy muy orgullosa de ti —le dijo alegremente—. Claro que no podíamos esperar menos de la chica genio del grupo —hizo una pausa y añadió con la voz entrecortada—: A diferencia de cierta niña que nunca llega a tiempo.

       —Es verdad, realmente estamos muy contentas por ti —dijo Makoto—. Espero que todas podamos cumplir con nuestros sueños tal como tú lo estás haciendo. Ah, mi sueño es tener una florería y ser una buena esposa.

       Ami sonrió y miró a sus amigas con ternura. Les debía mucho; gracias a ellas había encontrado el valor suficiente para dejar atrás su inseguridad, y aunque aún no se había desecho del todo de ella, ahora sentía que era diferente a la Ami de antes.

       —Gracias, pero ahora me preocupa hacer un buen papel en la universidad, además de que… .

       Minako sonrió y devoró otro bocado con rapidez; realmente la chica estaba comiendo como una sí tuviera días sin comer. Luna no pudo evitar mirarla con pena.

       —Vamos, todas sabemos que eres genial para esto del estudio —murmuró Minako con una sonrisa en los labios—. Eso de leer tantos libros me parece algo extraordinario… .

       —Podrías aprender algo de Ami —murmuró Artemis lo suficientemente alto para que Minako lo escuchara—. Sí te pusieras a leer un libro de vez en cuando en lugar de estar perdiendo el tiempo con esos ridículas mangas de Sailor V… .

       Otro golpecito cayó sobre la nariz del pobre Artemis, quien se la cogió rápidamente con sus diminutas patas. Luna reprimió una sonrisa y volvió la mirada en otra dirección para que Artemis no la mirara.

       —Como te decía, Ami —continuó Minako, riendo nerviosamente—. Eres realmente un ejemplo a seguir.

       Makoto comió la última rebanada de su plato y lo saboreó hasta el final.

       —En eso tienes toda la razón, Minako —dijo con la boca llena—. Realmente sabes muy bien lo que dices.

       —¿En lo de que Ami es genial? —le inquirió Luna—. ¿Verdad?

       —¿Eh, eh? En realidad me refería al pastel —respondió Makoto algo apenada—. Lo siento, Luna.

       La pobre gata negra bajó la cabeza y dejó escapar un suspiro de resignación.

       —Ya me lo imaginaba —musitó Luna.

       De pronto, todos, con excepción de Luna y Artemis, rieron con hilaridad por la confusión.

       Las chicas estaban riendo todavía cuando una linda joven de larga cabellera oscura y vestida con un traje rojo muy elegante apareció por el umbral de la puerta, agitando una mano.

       —Hola, chicas —las saludó Rei Hino con gusto—. Veo que no pudieron esperar a que llegara para empezar a comer postres.

       —¡Rei! —exclamaron Minako y Ami al unísono.

       Rei recorrió los distintos rostros de sus amigas con la mirada y cuando finalmente descubrió que Usagi todavía no había llegado al lugar, se llevó una mano a la frente y exclamó:

       —¡No puedo creerlo! ¡Usagi no ha llegado! ¡No tiene remedio!

       Minako se encogió de hombros e intentando justificar a su amiga dijo:

       —Quizás se topó con algún problema que la detuvo.

       Todas se miraron entre sí y enseguida bajaron la cabeza. ¿Algún problema? No, realmente ninguna creía semejante cosa.

       Al mismo tiempo, a diez cuadras de distancia de la fuente de sodas, Usagi Tsukino corría a toda prisa por la calle, abriéndose pase entre los cientos de transeúntes que había por todos lados y sorteando los diferentes obstáculos que encontraba. Algunos curiosos no podían evitar mirarla con curiosidad.

       —¡Ah! Sí no me hubiera desvelado anoche —exclamó a todo pulmón mientras atravesaba una calle—. No me habría quedado dormida.

       Usagi iba tan rápida que no vio por donde corría y acabó estrellándose contra un joven al doblar la esquina.

       —¡Oye! ¿Por qué no te fijas por donde vas? —le azuzó violentamente mientras se tomaba la frente.

       —¿Te sientes bien, cabeza de bombón? —le preguntó una voz gentil que extrañamente le resultó bastante familiar.

       Tras alzar la vista, Usagi abrió los ojos enormemente por la sorpresa. No podía ser verdad.

       —¿Seiya? ¿Realmente eres tú? —preguntó.

       Un joven alto y bien parecido le extendió la mano. Llevaba el cabello largo sujetado en la nuca con una cinta y vestía informalmente.

       —Así es, cabeza de bombón —sonrió galantemente—. He vuelto.

       Una cuantas lágrimas escurrieron por los ojos de Usagi. Había pasado un año desde la última vez que se habían visto, pero ella sentía como sí hubiera sido una eternidad.

       —Seiya, que bueno verte de nuevo —le dijo, juntando sus manos—. Pero ¿qué estás haciendo aquí? ¿acaso tú mundo se encuentra en peligro?

       El joven negó con la cabeza y sonrió.

       —Pero que cosas dices, bombón. La verdad es que Taiki y Yaten volvimos para visitarlas una vez más. La princesa también se encuentra aquí, pero no les cuentes nada a tus amigas —guiñó un ojo—. Queremos que sea una sorpresa.

       —Que maravillosa noticia —suspiró Usagi—. Eso significa que podrán estar para el día de mi boda.

       ¿Boda? Seiya frunció el ceño de forma inquisitiva.

       —Bombón, ¿vas a casarte? —le preguntó intentando ocultar su malestar.

       —¡Si! —respondió Usagi en voz alta—. Al fin mi querido Mamoru y yo nos casaremos, ¿no te da gusto?

       Seiya forzó una sonrisa sin mucho éxito y metió las manos en los bolsos del pantalón.

       —Si, claro —murmuró sin darle mucha importancia al asunto—. ¿Y a donde te dirigías? —le preguntó, intentando cambiar de tema.

       Usagi abrió los ojos enormemente.

       —Es verdad, voy a reunirme con las chicas. El día de hoy vamos a ir todas juntasa una exhibición de reliquias de China —hizo una pausa y echó un vistazo a su reloj de pulso—. Cielos, ya es muy tarde. Lo mejor será que ya me vaya.

       —¿Una exhibición? —repitió Seiya, extrañado—, ¿desde cuando te interesan ese tipo de cosas a ti?

       —Lo que sucede es que Ami y Rei están muy interesadas en las reliquias antiguas —respondió Usagi con naturalidad—. Luego de eso nos reuniremos en el templo de Rei para discutir los detalles de mi boda.

       ¿Otra vez la boda? Vaya, Seiya parecía estarse cansando del tema.

       —Bueno, en ese caso, ¿qué te parece si nos vemos en el templo de Rei?

       —¡Claro! —gritó Usagi con una enorme sonrisa de oreja a oreja—. Mamoru también estará feliz de verlos.

       —¿Tu novio? Pero, bombón… —murmuró Seiya desconcertado, pero ya era tarde. Sin darle oportunidad para decir algo más, Usagi se dirigió a la siguiente esquina.

       —¡No lo olvides, Seiya! —alcanzó a gritarle antes de desaparecer entre la multitud—. Nos reuniremos a la seis en punto.

       Seiya no pudo ocultar una sonrisa. “A pesar del tiempo, bombón no ha cambiado nada”, pensó.

       Sin molestarse en ocultar su presencia a los habitantes de aquel planeta, el imponente Devastador estelar atravesó la atmósfera de la Tierra rápidamente. Luego de que los visores de la nave hubieron confirmado la presencia de la gema sagrada en ese mundo, Jesús Ferrer, Josh y los Khans estaban listos para lanzarse al ataque.

       —Bien, Josh y yo iremos —dijo Jesús volviéndose hacia Galford—. Tú espera aquí.

       El guerrero de la Justicia asintió con la cabeza.

       Sepultura desvió la mirada hacia Galford y le sonrió burlonamente.

       —Eres una basura —murmuró antes de salir del puente.

       Eneri, Suzú y Liria se colocaron sus escáneres visuales y se dirigieron hacia la salida del puente. Cuando las guerreras Khans entraron al hangar y se fijaron en la presencia de Josh, las tres rieron maliciosamente.

       —Vaya, pero miren nada más —se burló Eneri—. Jesús trajo a su mascota.

       El príncipe meganiano le dedicó la más asesina de sus miradas, pero Eneri fingió no verlo. Desplegando el poder de sus auras, los seis se lanzaron por los aires volando en la misma dirección.

       Ami terminó de comer el pastel y consultó su reloj por quinta vez desde que habían llegado a Crown’s. Aun faltaban cuarenta minutos para que abrieran la exhibición, pero ya se sentí impaciente. Movida por la ansiedad, empezó a revisar las cosas que había traído, empezando por su boleto y terminando por sus anteojos. De pronto cayó en cuenta de que su cámara fotográfica no estaba por ninguna parte, evidentemente la había dejado olvidada en su departamento antes de salir.

       —Oh, no puede ser. No es cierto —exclamó preocupada mientras esculcaba su bolsa continuamente—. No la traje conmigo… .

       —¿Qué sucede, Ami? —le preguntó Rei desconcertada—. ¿Qué fue lo que no trajiste? ¿Algo importante?

       —Cielos, chicas, olvidé traer mi cámara —Se levantó rápidamente y consultó su reloj otra vez—. Aún me queda tiempo para ir por ella y traerla. Volveré en unos momentos.

       —Vamos, Ami-chan, no es necesario —le dijo Minako, tratando de restarle importancia al asunto—. Es sólo una exhibición.

       —¿Qué dices, Minako? Son reliquias de hace más de cinco mil años de antigüedad —replicó Ami, colgándose rápidamente su bolso—. Iré por ella a mi casa y luego nos veremos todas juntas en el museo, ¿de acuerdo?

       Sin decir nada más, Ami salió de la fuente de sodas y se dirigió hacia su casa corriendo mientras sus amigas la seguían con la mirada. Una vez que la chica se perdió entre la multitud, todas se miraron entre sí.

       —Parece que Ami nunca cambiará, chicas —comentó Minako mientras jugueteaba con el tenedor—. Sólo esperó que en esa exhibición haya chicos guapos.

       Luna y Artemis bajaron la cabeza con resignación.

       —Mmmmm, yo conozco a otra que nunca cambiará —murmuró Artemis en un susurro apenas perceptible.

       Parque Tenth Hill.

       Unos turistas se detuvieron al pie de un pequeño lago para tomar la fotografía de unos botes que flotaban en un pequeño muelle. Era la primera vez que visitaban Tokio y no querían irse sin un buen recuerdo del parque Tenth Hill.

       —¿Desde que ángulo crees que debo tomar la foto, querida? —preguntó un hombre de enormes anteojos.

       Una mujer regordeta y ya entrada en años miró los botes con detenimiento. Demasiado cerca no, pensó.

       —Déjame pensarlo un poco y… .

       De pronto un misterioso joven emergió de las profundidades del lago súbitamente. La mujer gorda dio un agudo grito llamando la atención de todos los curiosos.

       —¡Gran Creador! —exclamó Asiont con desesperación mientras trataba de jalar aire—. ¿Por qué razón Tyria no me dijo que iba a aparecer en un lugar donde hubiera agua? —hizo una pausa y alzó la mirada para contemplar los alrededores. Un pato se posó sobre su cabeza de pronto—. Por cierto, ¿en qué lugar del universo me encuentro?

       Volando a la misma velocidad del rayo, Jesús, Josh y los Khans llegaron hasta los cielos de la enorme ciudad Tokio en tan sólo unos segundos. Cuando el grupo de guerreros finalmente se detuvo en el firmamento para observar el lugar, todos desparecieron sus auras.

       —Miren, una ciudad —advirtió Josh.

       Sepultura desvió la mirada hacia el chico. Lo observó con aburrimiento por un momento y luego volvió el rostro hacia abajo.

       —No, es un plátano apachurrado, torpe —le dijo burlonamente. Sin prestar la menor atención a la cara del chico llevó una mano hacia su escáner visual—. Veamos que encontramos por estos lares.

       Jesús bajó la mirada. Su percepción le indicaba que la mayoría de los seres que habitaban ese planeta tenían un aura normal. De pronto una poderosa presencia llamó su atención. ¿Qué era eso? ¿Acaso algún miembro de la Alianza Estelar se les había adelantado?

       —¿Qué es esto? —inquirió sin dirigirse a nadie en concreto—. Siento una gran energía cerca de esta área.

       Al mismo tiempo que Jesús pronunciaba aquellas palabras, unos extraños caracteres aparecían continuamente en el visor del escáner de Sepultura confirmando su observación.

       —Esto no puede ser —murmuró desconcertado—. Captó un nivel de combate bastante elevado en este planeta. Al parecer existe un guerrero poderoso.

       Eneri enarcó una ceja, extrañada con la noticia. Las palabras de Sepultura no tenían sentido. Setecientas mil unidades eran un nivel bastante alto, incluso para un Caballero Celestial. Sin prestar atención a las palabras de Jesús y Sepultura, la Khan del Cancerbero bajó la cabeza y examinó la ciudad con detenimiento.

       —Mmmmmm, es verdad. Puedo captar un nivel muy alto —hizo una pausa y se volvió a sus compañeras—. No le presten atención a los escáneres, quienquiera que tenga ese nivel no es un sujeto ordinario.

       Suzú y Liria asintieron con la cabeza casi al mismo tiempo.

       —Esa aura me parece conocida —siseó Suzú con suspicacia—. Es una presencia que no había sentido en mucho tiempo. Lo mejor que podemos hacer es dividirnos para buscar a ese guerrero. Una vez que lo encontremos iremos por la gema.

       Jesús llevó la mirada de los Khans a Josh. El viento agitó su capa azul por unos instantes.

       —Nosotros también iremos.

       Sepultura miró a Jesús y le sonrió burlonamente.

       —Haz lo que quieras, Ferrer —hizo una pausa y bajó la mirada—. En cuanto encontremos la gema sagrada de “Iod”, tengo pensado matar a todos los habitantes de este planeta para luego absorber sus almas. Así podré aumentar mis poderes.

       Un rictus de terror se apoderó completamente del rostro de Josh.

       “No puedo permitir eso”, pensó. “Debo convencer al señor Jesús de que lo evite”.

       Sin añadir otra palabra a la conversación, los seis desplegaron sus auras simultáneamente y descendieron en diferentes punto de la enorme ciudad capital de Tokio. Sepultura, por su parte, no podía dejar de reír mientras imaginaba la fuerza que adquiriría al matar a todos los humanos de ese planeta.

       Parque Tenth Hill.

       Asiont salió del lago y empezó a sacudirse las ropas mientras algunas personas lo miraban con curiosidad.

       —Pero que lugar tan extraño —murmuró mientras contemplaba los distintos árboles a su alrededor—. Me recuerda los jardines del palacio de… 

        No terminó la frase. Algo más había llamado su atención. Era como una sensación de peligro que lo rodeaba. Sin perder más tiempo alzó la vista hacia arriba

        —Captó seis presencias poderosas cerca de aquí. Lo mejor que puedo hacer por el momento es desaparecer mi aura hasta que encuentre a Andrea y a los otros.

       Continuará… .

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