Crisis 15

CRISIS UNIVERSAL

por Acuario Káiser

CAPÍTULO XV

SOLUCIÓN FINAL

       Tierra-574,322
       Santuario de Atenea, Grecia

       Karin de Escorpión y Yune de Géminis se veían completamente desconcertadas; sus rostros, antes serenos e indiferentes, ahora eran mosaicos desencajados que mostraban dudas e indecisión. Parecía como si estuviesen despertando a una extraña realidad que les resultaba totalmente incomprensible. Yune se tomó la frente mientras trataba de ordenar sus pensamientos. Ella era una Guerrera Sagrada de Oro y había pasado los últimos años imponiendo al mundo la justicia de ¿Atenea? No, eso no era verdad. Había sido engañada, manipulada junto a sus demás compañeras por alguien que se había hecho pasar por la diosa de la sabiduría y la guerra justa durante mucho tiempo. ¿Cómo había sido eso posible? ¿Qué es lo que había estado pasando en el Santuario durante todo ese tiempo? ¿Dónde estaban la verdadera diosa Atenea y la Gran Maestra Bharani de Aries? ¿Quiénes eran Arlakk y las dos Hermanas Nightmare y por qué estaban ahí?

       Con el presentimiento de que lo más difícil estaba todavía por venir, Bael apuntó la cabeza de carnero que coronaba su bastón negro hacia Arlakk y entonces lo escudriñó de arriba abajo con la mirada. Como un buen practicante de la magia, el Duque del Infierno sabía reconocer a un hechicero en cualquier parte y sin importar el atuendo que utilizase o la actitud que adoptara. Tan sólo necesitaba sentir vagamente las energías que rodeaban a las personas en cuestión para determinar si éstas podían o no emplear la magia y le hechicería.

       —Tú prácticas la Nigromancia —murmuró el Duque del Infierno, contemplado la siniestra figura de Arlakk rodeada por aquellas bestias—. Eres un hechicero, pero no como esas dos chicas que te acompañan.

       —¿La qué? —Dina volvió el rostro hacia su aliado—. ¿De qué hablas, Baelcito?

       —La Nigromancia —precisó Bael—, es una rama de la magia considerada generalmente negra por los humanos. Básicamente, consiste en el uso de habilidades sobrenaturales mediante la consulta de los muertos y sus espíritus o cadáveres, aunque también se dice que los nigromantes estudian las artes prohibidas para intentar escapar de la muerte.

       —Y se te olvida mencionar algo —anunció Shoryuki, poniéndose de pie con algo de lentitud—. Esos hechiceros son extremadamente peligrosos porque poseen un profundo conocimiento sobre la magia y esto les permite controlar a los No Muertos, comunicarse con los espíritus o animar sus cadáveres para servirle. Son evitados u odiados por la sociedad y generalmente se trata de personas dementes y morbosas.

       —Me complace bastante saber que hicieron su tarea —dijo Arlakk, que los miraba sombríamente y sin delatar emoción alguna en su rostro—. Tienes razón, Bael, y tú también, Shoryuki, ¿o debo llamarte Minerva Ravencroft?

       Pero está vez la Guerrera Dragón ni siquiera se inmutó al escuchar su nombre. Al igual que Sue, aquel hechicero también parecía conocer las identidades de todos los que habían llegado al Santuario. ¿Por qué conocían sus nombres? Era imposible que compartieran un enemigo porque cada uno venía de un universo distinto, pero una cosa era segura: Arlakk y las Hermanas Nightmate estaban detrás de la destrucción que consumía a todo el Multiverso. ¿Pero por qué? ¿Qué motivos tenían? ¿Había más personas implicadas en aquel funesto Apocalipsis planificado o sólo ellos eran los únicos culpables? Un millón de preguntas rondaban la cabeza de Minerva, pero supo mantener la calma y le dirigió a Arlakk una mirada de pura indiferencia.

       —No estoy impresionada.

       —¿Minerva Ravencroft? —inquirió Dina, curiosa y extrañada—. ¿Por qué te llama de esa manera? Ahora que recuerdo, la chica que se hizo pasar por la Gran Maestra del Santuario también te llamó así.

       —Ese es mi verdadero nombre —asintió Shoryuki—. No tengo idea cómo lo descubrieron, pero pareciera que por alguna extraña razón saben ciertas cosas de nosotros. Lo que si puedo decirles es que no obtuvieron esa información leyendo nuestras mentes porque lo sabría.

       Dash volvió el rostro hacia la Guerrera Dragón para hacerle una pregunta.

       —¿Por qué estás tan segura que no han leído nuestras mentes?

       —Porque ella usa la telepatía —puntualizó Mary—. Shoryuki posee un alto nivel de habilidad psíquica y sabría sí alguien hubiera intentando entrar en sus pensamientos, ¿verdad? Debo añadir que Bael también posee dichas habilidades y está al mando de 66 legiones.

       —Esto no puede ser posible —renegó Bael, todavía escéptico—. ¿Cómo podrían conocernos si ninguno de nosotros pertenece a este universo? Es posible que estos miserables hechiceros hayan tramado alguna clase de truco para engañarnos como hicieron con las Guerreras Doradas de este mundo.

       —Te equivocas en eso, mi estimado y tonto amigo —aseguró Arlakk, dirigiendo una rápida mirada de complicidad hacia la más seria de las Hermanas Nightmare—. En realidad, estamos bien informados acerca de ustedes, así como de los diferentes universos de los que son originarios y también de esa mujer llamada Calíope, la cual se encargó de reunirlos a todos.

       Nadia Zeta se quedó boquiabierta. Después contempló a Sue y a la sonriente Mary sin comprender cómo es que sabían tantas cosas al respecto.

       —Si saben de donde hemos venido, entonces también deben estar enterados de la destrucción que nos amenaza… .

       —¡Eso puede esperar! —irrumpió Yune de Géminis, haciendo a un lado a Nadia Zeta—. ¿Quiénes son todos ustedes y por qué están en el Santuario? Será mejor que me digan qué le hicieron a la diosa Atenea o les juro por todos los dioses que yo misma los mataré.

       —Creo que eso tendrán que averiguarlo por ustedes mismos, preciosas —repuso Arlakk totalmente divertido—. Ahora veamos cómo se defienden contra estos Saqueadores de Asalto y algunos Súper Drones clase Omega —Chaqueó los dedos.

       Al escuchar ese peculiar sonido, las criaturas con rostro de gato levantaron sus garras y se lanzaron todas al ataque rugiendo ferozmente. Casi al mismo tiempo, diez Súper Drones clase Omega entraron marchando por el pasillo detrás del trono y comenzaron a disparar desde los cañones incorporados en sus brazos. El caos se extendió por todas partes. Mientras las ráfagas volaban de un lado a otro y las criaturas daban gruñidos, Dash, Nadia Zeta y Shoryuki se disgregaron en distintas direcciones para responder al ataque. Las Sagradas Guerreras de Oro, ansiosas por tomar venganza, se mantuvieron en su sitio, con la mirada fija en el enemigo y desplegando la fuerza de sus respectivos Cosmos.

       —¡Cuidado con los drones! —advirtió Dash con un grito, hiriendo con sus garras el pecho de una de las criaturas y pateando a otra para apartarla de su camino—. No permitan que los toquen con sus lanzas o quedarán inmovilizados.

       —¡Utilicen todos sus recursos para destruirlos! —ordenó Mary Nigthmare a los Súper Drones que atacaban sin aminorar su avance—. ¡No permitan que huyan!

       Bael, por su parte, liquidó a dos Saqueadores de Asalto que le saltaron encima usando únicamente la potente fuerza de su Cosmos. No estaba interesado en perder el tiempo con aquellas criaturas o con aquellos drones de aspecto extraño; lo que tenía en mente era descubrir los verdaderos propósitos de Arlakk y las Hermanas Nightmare en aquel universo. Caminó hacia el Nigromante con calma, pero todavía debió enfrentar a más enemigos.

       En tanto, Shoryuki generó una bola fuego entre sus manos y la usó para quemar a una de aquellas horrendas bestias con aspecto felino. Nicole, por su parte, extendió su puño al frente, liberando una corriente de aire congelante que impactó el cuerpo acorazado de uno de los Súper Drones y lo hizo salir volando contra una de las paredes. El tiroteo se fue intensificando. Un segundo dron se adelantó corriendo para tomar ventaja sobre la Guerrera Dragón de la Tierra y abrió una mano.

       —Designación de criatura: Minerva Ravencroft, alías Shoryuki. Clasificación: Amenaza nivel 17. Fuentes de poderes sobrehumanos: Bioenergía etérea, habilidad telepática y telequinesia. Terminación autorizada.

       —No por mí —Shoryuki extendió su mano derecha y con la izquierda se agarró la muñeca, descargando una ráfaga escarlata sobre la cara del dron antes de que éste pudiera hacer un disparo—. ¡Resplandor Rojo!

       El ataque de la Guerrera Dragón provocó que su enemigo se pusiese al rojo vivo, derritiéndose como si fuera mantequilla. Todavía no había terminado de usar el Resplandor Rojo cuando el dron XF-557 la golpeó velozmente por la espalda con su electropica, haciéndole arquearse hacia atrás y ahogando su grito.

       —La bioenergía etérea de Shoryuki se incrementa para traducirse en un aumento extremo de temperatura. Bloqueo de poder realizado parcialmente. Iniciando protocolo de adaptabilidad —murmuró XF-557 de forma impasible, acercándose a la Guerra Dragón caída—. Aumentando resistencia estructural para compensar… .

       Un diminuto cristal de hielo voló por el aire. La mano mecánica de XF-557 comenzó a congelarse y luego ocurrió lo mismo con su antebrazo, hombro y buena parte del pecho. Cuando volvió los ojos hacia su costado izquierdo descubrió a Nicole de Acuario, quien extendió rápidamente su puño para descargar el Cero Absoluto a través de un chorro de aire congelante. En cuestión de segundos, XF-557 quedó atrapado en el interior de un bloque de hielo sólido y reluciente. Una vez hecho esto, la Guerrera de Acuario se aproximó a Shoryuki con la intención de auxiliarla.

       —¿Estás bien?

       La Guerrera Dragón de la Tierra se levantó con movimientos torpes.

       —Siento un hormigueo por todo el cuerpo —murmuró, mientras se miraba la mano derecha e intentaba crear una esfera de fuego en su palma. Sin embargo, sólo consiguió producir un chasquido apagado seguido por un poco de humo—. Algo me sucede. No puedo usar mis poderes ¡No puedo usar mis poderes!

       Entretanto, al frente de ambas, el dron XF-557 que permanecía congelado empezó a expeler múltiples rayos de luz. La capa de hielo que lo envolvía comenzó a caerse a pedazos y finalmente estalló. XF-557 levantó una de sus manos a la altura del hombro y dirigió su inexpresivo rostro hacia Nicole y Shoryuki.

       —Protocolo de adaptabilidad completado —canturreó XF-557 al tiempo que XF-560 y XF-567 se aproximaban desde atrás—. Temperatura del Cero Absoluta contrarrestada mediante un incremento gradual de energía en la cubierta exterior. Aumentando rapidez para compensar velocidad de la luz.

       Antes de que XF-557 pudiera usar su electropica de nuevo, Nicole lanzó un rápido puñetazo a la velocidad de la luz contra el pecho del dron, haciéndolo retroceder hacia atrás. Intentó golpearlo de nuevo está vez en la cara, pero XF-557 atrapó el puño con la mano y luego respondió disparándole a Nicole una ráfaga carmesí que la derribó tan bruscamente que perdió su corona. Los Súper Drones XF-560 y XF-567 levantaron sus electrolanzas en lo alto y se dispusieron a hincarlas en Shoryuki para someterla, pero un súbito resplandor dorado los iluminó por la espalda y eso los hizo detenerse. Antes de que alguno pudiera computar lo que sucedía, una ola de destrucción contenida en una violenta Galaxian Destruction de Yune de Géminis embistió a los tres enemigos y acabó con ellos.

       —¿Yune? —preguntó Nicole sorprendida.

       —Todavía quedan muchos adversarios por derrotar, Nicole —La Guerrera de Oro se giró hacia otro par de Súper Drones que avanzaban hacia ellas y levantó una mano para generar la puerta hacia una dimensión de vacío y caos—. Tú tenías razón, pero mi mente estaba confundida. Debemos vencerlos a todos. ¡¡Twilight Zone!!

       —Magnetizando pies y piernas para compensar —repuso uno de los drones y luego levantó los brazos para mostrar las palmas—. Yune de Géminis, tu estrategia resultó errada. La técnica identificada como Twilight Zone ha sido analizada. No seremos absorbidos a la Otra Dimensión en tanto podamos fijarnos al suelo.

       —Eso lo veremos cuando hayan perdido sus cinco sentidos —Yune apretó el puño derecho y lo extendió al frente, disparando un cegador rayo de luz dorada que atravesó a los drones y les hizo bambolearse un par de segundos—. ¡El sentido de la vista!

       Los drones permanecieron estáticos. La Sagrada Guerrera de Oro volvió a utilizar el mismo ataque contra sus enemigos, que recibieron la descarga nuevamente sin hacer nada. No obstante, Nicole tuvo la sensación de que algo andaba mal. En teoría, los Súper Drones debían haber sido despojados de sus sentidos de la vista y el oído, pero, aun así, levantaron los brazos y varias descargas carmesí atravesaron el Cloth y el cuerpo de Yune de Géminis a la velocidad de la luz. Murió en unos instantes.

       —¡No! —exclamó Nicole. Al escuchar los gritos de Karin de Escorpión, se volvió y contempló impotente como la otra Guerrera de Oro recibía tres profundas heridas de parte de las Hermanas Nightmare para después caer al suelo con su Cloth destrozado.

       Shoyuki frunció el entrecejo con furia. Tal vez no podía utilizar sus poderes de fuego, pero sin duda su telequinesia bien podría detener a ese par de drones y arrojarlos lejos de ahí. Sin embargo, por más esfuerzos que hizo por concentrarse, nada sucedía. ¿Acaso sus poderes psíquicos habían dejado de funcionar también? No, no era eso. Aún podía usar su telepatía para leer la mente de Nicole, pero no le servía contra los Súper Drones por alguna razón. La Guerrera Dragón de la Tierra no podía defenderse o atacar de ninguno modo y eso causó que se sintiera totalmente indefensa. Los drones extendieron sus manos con la intención de matarla junto a Nicole, pero ésta la empujo a lo lejos para apartarla de la línea de fuego, luego junto ambas manos como si estuviese realizando una plegaria y por último las elevó por encima de su cabeza.

       —Sí hay algo que no puedo dejar sin perdón es la muerte de una compañera —Cuando los drones dispararon, la Guerrera de Acuario descargó el poder congelante de la más grande técnica que había aprendido en su vida—. ¡¡Aurora Boreal!!

       Los ataques chocaron entre sí, desatando una lucha de poderes que parecía estar equilibrada. No obstante, aquello era sólo aparente porque los rayos de los drones comenzaron a empujar el aire frío de Nicole hacia atrás lentamente. La Guerrera de Acuario no podía creer que su aire frío estuviese siendo rechazado e intentó darle más fuerzas a su ataque incrementando su Cosmos. Sí la situación continuaba como hasta el momento recibiría las descargas con lo que todo terminaría para ella.

       Una electropica hendió el aire y perforó la cabeza de uno de los dos Súper Drones que atacaban, dejándolo fuera de combate. Cuando el otro giró la cabeza para ver quién los había atacado descubrió a Minerva empuñando una segunda electrolanza que usó para dañarle un brazo. Tal vez no podía usar sus poderes, pero al menos caería luchando hasta el final. El dron dejó caer una mano con lo que no pudo mantener el ataque por más tiempo y el aire de Nicole lo envolvió por completo, transformándolo en una estatura de hielo que se resquebrajó por completo en un instante y se partió en miles de astillas diminutas.

       Dash esperó a que las fieras lo rodearan y entonces derribó a una de ellas de un violento puñetazo. Acto seguido se deshizo de otra que tenía en la retaguardia girando para golpearla con el codo y por último se agachó para eludir el zarpazo de un tercer Saqueador de Asalto y respondió lanzando una veloz patada contra las corvas de la fiera, que azotó en el suelo de espaldas. Uno de los monstruos corrió directamente hacia el Caballero Dragón a cuatro patas, dio un brinco en el aire y le soltó a Dash una rápida zarpada en plena cara que lo hizo trastabillar. Aprovechando esto, la fiera tomó algo de vuelo para caerle encima. Sin embargo, Dash se inclinó hacia delante para sacudírsela y la envió directamente contra unos de los pilares en donde se estrelló de espaldas con fuerza.

       —Hummm, hemos perdido nuestra influencia sobre las Guerreras del Santuario —meditó Arlakk, mientras se acariciaba la barbilla y examinaba la batalla con atención—. Toda nuestras operaciones en este mundo se hallan seriamente comprometidas. Lo mejor será iniciar el protocolo Solución Final y marcharnos.

       —Podríamos traer más Súper Drones y aplacar la resistencia —sugirió Sue Nigthmare.

       Pero Arlakk meneaba con la cabeza, contemplando las escenas de combate.

       —No tiene caso mantener esta posición si hemos sido descubiertos.

       —Al menos déjanos jugar un poco, Arlakk —dijo Mary Nightmare, alzando su mano para juntar su pulgar y su índice y producir una potente chispa eléctrica—. Vamos a practicar nuestro baile, Sue.

       Las Hermanas Nightmare llegaron a donde Dash, quien estaba tan ocupado con los Salteadores de Asalto que no las vio acercarse. Mary le hincó las uñas en el pecho, electrocutándole para que no pudiera moverse, menos aún defenderse. Sue Nightmare se movió por un costado del Caballero Dragón, haciendo una voltereta con las manos en el piso y observó que Mary retiraba su mano. Dash, que trataba de aunar fuerzas para recuperarse, pudo observar a Sue dando un rápido giro sobre sí misma como sí fuese una bailarina de ballet, pero con la diferencia de que al final de la vuelta levantó una pierna y le acomodó una certera patada giratoria en pleno rostro, partiéndole el labio. El impacto hizo que Dash se diese la vuelta y se inclinara hacia abajo, apoyando las manos en el suelo para no desplomarse. Fue por ello que no se dio cuenta que Mary estaba frente a él, haciendo giros como sí interpretara una danza. La electricidad con la que lo habían atacado y las patadas le habían causado un aturdimiento que le impedía reaccionar adecuadamente.

       La punta de la bota de Mary golpeó con fuerza la quijada de Dash, quien reculó trastabillando y resbalando en forma errática. Sue Nightmare lo recibió con una nueva patada que le dio en el cuello y lo hizo dar un giro en el aire antes de caer de cabeza y rodar por el piso como si fuera un simple muñeco de trapo. Más que combatir parecía que Sue y Mary estaban bailando.

       Y a juzgar por sus rostros, era notorio que lo estaban disfrutando.

       —Oigan —les reclamó Dina en la distancia—. ¡Dejen en paz a Dashi-boy!

       —Tú cállate, cara de payasa —replicó Mary, causando que una vena se hinchara en la frente de la Kaioh-shin—. Nos haremos cargo de ti una vez que hayamos terminado con tu amigo.

       —Ja, deberías verte en un espejo, chicuela ridícula —respondió Dina y luego le mostró la lengua.

       Afortunadamente para Dash, la intervención de Dina distrajo a las Hermanas Nightmare lo suficiente para que él pudiera sobreponerse a los golpes. Con un rápido movimiento, atrapó el pie de Sue cuando ésta intentaba patearlo de nuevo y la lanzó directamente contra su hermana Mary. Estaba por realizar un ataque contra ellas dos cuando algo alteró el campo de batalla.

       —Gravedad revertida —declaró Arlakk, mientras presionaba las palmas de sus dos manos contra el piso y usaba su magia—. Vayan hacia el Templo de Atenea, yo me haré cargo de distraerlos.

       —Ay, si, la Solución Final —Mary Nigthmare, haciendo un saludo militar y luego sonrió.

       En un abrir y cerrar de ojos, Bael, Dash, Dina y Shoryuki salieron volando hacia el techo con fuerza, seguidos por Nadia Zeta, Nicole de Acuario, cadáveres de Saqueadores de Asalto, drones, pedazos de roca y todo aquello que no estuviese sujeto al suelo. Sue y Mary se despidieron de sus enemigos y desaparecieron por la puerta trasera como dos niñas traviesas, dejando solo a Arlakk para hacer frente a todos.

       Bael no estaba dispuesto a permitir que un truco tan simple como ese lo detuviera. Cerró los ojos y recitó unas cuantas palabras en un lenguaje antiguo que resultó incomprensible para los demás. De pronto, la gravedad regresó a la normalidad y todos descendieron al piso lentamente como si una fuerza invisible se encargara de protegerlos de una caída abrupta. El Duque del Infierno descubrió que aún quedaban vivos un par de Saqueadores de Asalto y los fulminó rápidamente usando un Trueno de Penitencia. Dina murmuró un “Guau” debido a la impresión mientras que Nicole se apresuró a socorrer a Karin.

       —Así como tú, yo también puedo usar la magia —dijo Bael con una expresión desafiante—. Pero estoy seguro de que eso también lo sabías, ¿no es verdad, nigromante? Ahora, ¿por qué no nos dices qué relación tienes con la destrucción que se cierne sobre mi Tierra y el resto del Multiverso? Sí lo que me dices resulta valioso puede que te conceda una muerte sin dolor.

       Arlakk miró los restos de los Saqueadores de Asalto con gesto despectivo. Desde el comienzo de la batalla sabía que aquellas lastimosas criaturas no estarían a la altura de tan formidables adversarios, pero todo era parte de su plan. Tan sólo necesitaba conseguir el tiempo necesario para echar a andar el protocolo de la Solución Final y evitar que los Campeones de Calíope descubrieran todo. En su mente sentía a las Guerreras Sagradas de Oro luchando contra los drones por todas partes en el Santuario y avanzando por las Doce Casas para llegar a ese templo.

       —Ustedes ni siquiera tienen la capacidad para comprender lo que sucede —dijo Arlakk con una leve sonrisa macabra—. ¿Saben a cuantos hemos enfrentado y destruido antes ? Casi siento pena por ustedes porque esa mujer de nombre Calíope los envió a morir inútilmente. Hubiera sido mejor que acabaran como todos los demás que han perecido, pero ahora morirán con el conocimiento de que sus mundos desaparecerán cuando la antimateria llegue a ellos.

       A pesar de aquellas palabras, Bael nunca dejó de mirarlo con frialdad.

       —Todavía no me has dicho algo que no sepa. Está claro que no han usado la telepatía para entrar en nuestras mentes y leer nuestros pensamientos. Eso sólo nos deja la magia como única opción para que sepas algunas cosas acerca de nosotros. ¿Es fue lo que hiciste?

       Arlakk no respondió. Sólo bajó la cabeza y habló en un lenguaje arcano mientras movía sus manos en una forma por demás extraña. Bael supuso que estaba a punto de invocar algún hechizo para atacarlos, pero se dio cuenta que los cuerpos muertos de los Saqueadores de Asalto se estaban levantando como si alguna fuerza demoníaca se hiciera cargo de reanimarlos. Las fieras se movieron con torpeza, pero empezaron a caminar hacia Nadia Zeta, Dina y los otros. El Duque del Infierno se giró inmediatamente hacia Arlakk, quien abrió las manos en un acto de provocación.

       —Nigromante al fin y al cabo —sonrió Arlakk.

       —¡Explosión de Galaxias! —El ataque de Dash fue directo hacia todos los Saqueadores de Asalto revividos y los hizo saltar por los aires en medio de múltiples estallidos, pero luego de un instante todos volvieron a ponerse de pie como si nada les hubiera pasado—. ¿Qué demonios sucede?

       —No podremos vencerlos de esa forma —murmuró Nadia Zeta—. Esas criaturas están siendo manipuladas por la magia negra. Tenemos que destruirlas por completo.

       Dash sacó las garras retractiles de sus brazales y sonrió desquiciado.

       —Lo haremos a la vieja usanza entonces.

       En la cima del Santuario, se hallaba el sitio más sagrado de todos: El Templo de Atenea. Por desgracia, ese lugar que debía servir como sitio de oración para la diosa de la guerra justa y la sabiduría había sido alterado a un punto que cualquiera que lo viera pensaría que aquel no podía ser un templo. En el sitio donde se suponía debía estar la estatua de Atenea había una torre metálica de varios metros de altitud que desafiaba el firmamento como si se tratara de una versión moderna de la legendaria Torre de Babel. Era una réplica exacta de la máquina color platino que Ryu, Casiopea, Ankiseth y los otros había encontrado en el planeta Lambda del otro universo.

       Tan pronto como llegaron a la base de la torre, Mary apretó un botón y unas compuertas se abrieron automáticamente para dejar al descubierto un panel de control que contenía varias pantallas además de un teclado y algunas cuantas palancas. Sue puso su mano sobre una placa y dejó que los ordenadores reconocieran su identidad.

       —Usuaria identificada como Sue Nightmare —dijo una voz desde los controles.

       —¿Y qué tenemos detrás de la puerta número uno? —preguntó la más sonriente de las Hermanas Nightmare con un tono socarrón.

       Sue, que estaba tecleando una serie de códigos, tomó un momento para mirar a su hermana y responderle.

       —El fin del mundo desde luego.

       “Diamond Powder“, gritaba Nicole de Acuario a la vez que su aire frío congelaba a los Saqueadores de Asalto que habían sido reanimados gracias a la magia negra de Arlakk. Tan pronto como juzgó que Nicole se apartó del camino, y aprovechando que la congelación volvía los cuerpos de aquellos monstruos extremadamente frágiles, Shoryuki empleó su telequinesia para destruir a los Saqueadores de Asalto que permanecían presos dentro del hielo, en una hábil y eficaz maniobra que incluso Dina encontró asombrosa. Era la única forma de prevenir que Arlakk pudiese usar esos cadáveres de nuevo.

       Dash, atrapado entre un Saqueador de Asalto reanimado y un Súper Dron clase Omega, se movió a un costado para dejar que las descargas del dron golpease a la horrenda bestia y descargó con sus garras un golpe tan contundente que abrió en canal a los dos; avanzó hacia Arlakk con la intención de hacerle frente, pero Bael extendió una mano para bloquearle el paso. El Duque del Infierno usó su Trueno de Penitencia para destruir a un dron que intentaba dañar a Nadia Zeta, pero el enemigo respondió volviéndose y absorbió la descarga con las palmas.

       —Iniciando extracción de poder bioetéreo —murmuró XF-558 con los brazos todavía levantados. Sus ojos rojos se iluminaron por unos instantes y luego comenzó a succionar todo el Cosmos de Bael—. Iniciando protocolos de adaptabilidad para compensar técnica identificada como Trueno de Penitencia.

       Bael reparó en que su energía interna estaba dejando su cuerpo a través de una estela de luz que lo conectaba con las manos de XF-558. A medida que el tiempo transcurría, Bael sintió que su poder iba menguando rápidamente. Dash decidió intervenir en un intento por respaldar a su aliado, pero el dron le apuntó con la mano derecha y también comenzó a extraerle la energía. Bael supo enseguida que tendrían que recurrir a otro método para salir del problema. De nada serviría usar otra vez el Trueno de Penitencia o la Explosión de Galaxias porque el dron estaba mostrando una forma eficaz de contrarrestar los ataques de energía. Sólo había una manera de sorprender a ese armatoste.

       —Nivel de energía de Bael cayendo al 71% —anunció XF-558 con una voz metálica—. Nivel de energía de Dash cayendo al 89%.

       —¡Me roba mi energía! —exclamó Dash.

       El Duque del Infierno recitó un conjuro y se abrió paso derrotando al Súper Dron con una llamarada mágica que brotó desde la cabeza de carnero del cetro e incineró el cuerpo de XF-558 antes de que éste pudiera diagnosticar lo que ocurría. Acto seguido, Bael se aproximó al oscuro nigromante.

       —Será mejor que pelees tú directamente. Esos ridículos monstruos que reviviste son inútiles y no quedan más drones para protegerte.

       —En eso tienes razón, Bael —asintió Arlakk—. Los Saqueadores de Asalto y los drones eran una mera distracción para mantenerlos ocupados. Mientras ustedes luchaban, mis no apreciadas compañeras preparan nuestro escape.

       —¿Escape has dicho? —inquirió Nadia Zeta.

       —¿Acaso la pelea te ha causado alguna clase de sordera, Golden Warrior? —se burló el nigromante en forma socarrona—. Lamentablemente, no podrán disfrutar mucho de su pequeña victoria. Dentro de poco tiempo este mundo y todos aquellos que lo habitan desaparecerán en una gran explosión.

       —¡Eres un demente! —vociferó Nicole.

       —¡No te dejaremos escapar! —amenazó Bael, blandiendo su báculo como si fuese una lanza. Por fortuna, el dron no le había robado demasiada energía—. ¿De verdad crees que permitiremos que huyan?

       Arlakk esbozó una sonrisa y se encogió de hombros.

       —La pregunta sería: ¿De verdad crees que pueden hacer algo para impedirlo?

       Sin molestarse en responder, Bael atacó con un Trueno de Penitencia que voló hacia su enemigo a la velocidad de las estrellas. Cuando el ataque estaba a unos centímetros de su blanco, el nigromante desapareció en el aire, dejando que la ráfaga pasara de largo y convirtió el trono de la Gran Maestra en una bola de fuego y restos chamuscados. Bael frunció el entrecejo con desconcierto luego de ver lo ocurrido. No se suponía que una persona como Arlakk pudiera escapar de un ataque a la velocidad de la luz considerando su nivel tan bajo de energía aúrica.

       —¡Está por ese lado! —advirtió Dina con un grito—. ¡Maldito brujo!

       El Duque del Infierno se volvió hacia su costado izquierdo.

       —Sorprendido, ¿no es cierto? Se trata de un pequeño hechizo de contingencia que coloque sobre mí propia persona —explicó Arlakk—. Cuando me encuentro en peligro un conjuro me teletransporta a otra parte a segundos de ser golpeado. No importa la velocidad o la intensidad que tenga el ataque.

       Dash se acercó sigilosamente a la espalda del hechicero con las garras listas.

       —Veremos que tan efectivo es tu maldito hechizo cuando te ataquemos todos a la vez. Bael, tú atácalo por el frente mientras Dina cubre la derecha y Shoryuki la izquierda. Nicole, asegúrate de congelarlo si se teletransporta al techo.

       —Una maniobra interesante, pero ineficaz —repuso el nigromante antes de desaparecer.

       —¿A dónde se fue ahora? —exclamó Nadia Zeta—. No lo veo por ninguna parte.

       Tanto Bael como Dina supusieron que Arlakk había decidido teletransporse a otra parte de la habitación, buscando una manera de sorprenderlos. Sin embargo, al paso de unos cuantos segundos, todos se dieron cuenta que en realidad el nigromante había dejado el Salón de la Gran Maestra. El Duque del Infierno, Dash, Dina Kaionshin, Nicole de Acuario y Shoryuki, cada uno por su parte, se concentraron para buscar con sus mentes la siniestra presencia de Arlakk. No podían dejarlo escapar hasta saber qué papel jugaba en la destrucción del Multiverso.

       —¡Está en el Templo de Atena! —anunció Dash.

       —¿Cómo sabes del Templo de Atenea? —inquirió una desconcertada Nicole.

       A Dash le hubiera gustado contarle que él venía de una Tierra donde también existía un Santuario de Atena idéntico al del universo donde ahora se hallaban en ese momento, pero no tenían tiempo que perder. Sin volver la mirada hacia las Guerreras de Acuario y Escorpión, Dash y Dina Kaiohshin echaron a correr a toda velocidad por el pasillo que salía del recinto y conducía hasta el templo de Atenea.

       En la cima del Santuario, Arlakk contemplaba la gigantesca torre mecánica con una expresión de total indiferencia. Todo lo que tuviera que ver con tecnología en algún sentido le provocaba dolores de cabeza, pero afortunadamente las Hermanas Nigthmare estaban ahí para hacerse cargo de aquella enorme máquina y ya casi habían concluido con los preparativos para implementar el protocolo Solución Final. Una vez que Sue y Mary terminaran, todos podrían irse sabiendo que sus enemigos morirían.

       Las siete púas arqueadas que rodeaban la esfera situada a cuarenta metros de altitud sobre la punta de la torre comenzaron a girar rápidamente, generando un potente destello de luz blanca que iluminó toda la montaña e incluso más allá de las aldeas aledañas al Santuario. Muchos de los turistas que se hallaban en las playas del mar Egeo también pudieron observar el extraño fenómeno sin saber qué ocurría.

       Entonces la luz aumentó de intensidad notablemente. Se volvió extremadamente brillante, demasiado para verla directamente. Las Guerreras Doradas que luchaban encarnizadamente para destruir a todos los drones en las Doce Casas levantaron sus miradas casi a la vez, pero no pudieron continuar observando y ocultaron sus caras con los brazos. Empezó a oírse un sonido hueco y agudo como el de una turbina, aumentando cada vez más de volumen hasta que se convirtió en un estruendo insoportable. En los cielos, enorme nubes negras se fueron arremolinando sobre la cima de la torre y dejaron caer algunos relámpagos en medio de una cortina de vientos huracanados que golpeaban toda la montaña. Parecía el escenario perfecto para el Fin del Mundo.

       —La potencia se halla cerca de los límites —anunció Mary Nightmare, elevando su voz para que pudieran oírle—. Entrará en el punto crítico en cualquier momento. Cuando la torre haga explosión, se liberará una energía suficiente para hacer pedazos medio Sistema Solar, ¿o eran las tres cuartas partes? La verdad no tengo idea de cuanta energía se liberará, aunque podría ser menos.

       —Nuestro momento para irnos ha llegado entonces —repuso Arlakk, cuidando que el viento no le arrebatara su sombrero—. Sue, haz los honores, por favor.

       La Hermana Nightmare terminó de introducir un último código en los ordenadores sobre los que estaba trabajando y la consola de control empezó a cerrarse rápidamente para retraerse hacia la base de la torre. Tan pronto como esto sucedió, Sue sacó de su cinturón un pequeño aparato de forma circular que proyectó un enorme umbral que conducía a un túnel de luz.

       —En marcha —dijo Arlakk con calma.

       Pero su expresión cambió, aunque sólo fue por un instante, cuando escuchó un zumbido familiar atrás de él. Miró rápidamente hacia su derecha para ver una rápida Explosión de Galaxiasprecipitarse hacia ellos, pero Sue y Mary lograron extender sus manos a tiempo para generar un escudo que los protegió del ataque. Cuando la explosión de llamas de luz finalmente se disipó, las Hermanas Nightmare bajaron los brazos y la barrera desapareció.

       —Ese tipo Dash es muy fuerte —reconoció Mary cansadamente.

       —No me extraña —murmuró Sue, observando la fría mirada de Dash con cierta admiración—. Por algo sobrevivió a una batalla mortal que decidió el destino de tres universos. El amo nos previno que tuviéramos especial cuidado con él.

       —Bael —dijo Arlakk al observar a sus enemigos aparecer—. Llegas a tiempo para presenciar el final de este planeta. Hubiera querido comprobar cual de los dos posee un mejor conocimiento de la magia, pero no tenemos tiempo que perder.

       —No irán a ninguna parte —replicó el Duque del Infierno con frialdad—. Esto se terminará aquí y ahora de cualquier modo. No dejaremos que continúen destruyendo más universos.

       Tras reflexionar unos momentos, Arlakk se volvió para darles la espalda.

       —¿Acaso crees que sólo yo y las Hermanas Nightmare somos los causantes de lo que sucede por todo el Multiverso? No seas ingenuo, nosotros apenas vendríamos a ser la punta del iceberg. Realmente esperaba un poco más de alguien que se hace llamar a sí mismo Duque del Infierno.

       —Desde luego que ustedes no actúan solos —afirmó Bael—. Pero, como seguramente habrás de recordar, te hice un ofrecimiento bastante generoso. Dime quién es el verdadero causante de la amenaza que se cierne sobre mi mundo, apaga esa maldita máquina y te concederé una muerte sin dolor.

       —Para eso tendrías que continuar con vida y no creo que sea el caso —Arlakk comenzó a caminar y se introdujo dentro del umbral de luz. Las Hermanas Nigthmare retrocedieron hasta colocarse a ambos costados del nigromante, quien confiado añadió—: En tan sólo unos segundos, este mundo desaparecerá cuando la torre haga explosión con un poder que jamás has visto. Puedes desperdiciar tus últimos instantes de vida tratando de detenernos o buscando una forma de huir. Tú eliges.

       Lo había calculado demasiado bien. Mientras Arlakk exclamaba “Victoria a nuestra causa”, el umbral se cerró con los tres hechiceros en su interior. En tanto, Shoryuki, Nadia Zeta y Nicole de Acuario se aproximaron a la gigantesca base de la torre para inspeccionarla, pero no había mucho que pudieran hacer. Era algo que se mirara por donde se mirara estaba fuera de toda comprensión humana. Nadie tenía idea de cómo funcionaba esa cosa y mucho menos sí existía alguna forma de apagarla.

       —¿Qué diablos es este armatoste? —le preguntó Dina Kaiohshin a Nicole—. ¿Cómo se maneja?

       —No sé nada de eso —contestó Nicole, causándole horrendos escalofríos a la Kaiohshin—. La Gran Maestra, quiero decir, la impostora que se hizo pasar por la Matriarca nos dijo que era un monumento. No tenía idea de que fuera una máquina.

       —Somos como cavernícolas ante una computadora —murmuró Shoryuki, posando una mano sobre la superficie metálica de la torre. En las alturas, las enormes púas curvas continuaban girando más y más rápido y los relámpagos seguían cayendo uno tras otro como si se hubiera desatado una tormenta—. Sí al menos tuviera mis poderes de fuego podría intentar derretirla o descomponerla.

       Con un repentino estallido de poder, Bael se elevó por los aire, capturó varios de los relámpagos en su báculo y los arrojó como lanzas contra la torre causando un estruendo luminoso que se escuchó en todas partes… no obstante, la torre permaneció indemne. A continuación, Nicole de Acuario usó su Aurora Boreal para tratar de congelarla, pero la energía que la máquina generaba evaporó el aire frío de manera casi instantánea. Dash, por su parte, comenzó a golpear la base con sus garras en un intento por abrir una fisura, pero no logró causar el menor rasguño a la superficie. Parecía estar hecha de algún material bastante resistente.

       —Es el fin —dijo Nadia Zeta con resignación—. Debemos huir.

       —Me parece lo más sensato —convino Dina, mirando la cima de la torre—. Todos acérquense. Usaré la teletransportación para huir a otro planeta.

       —¿Y adónde nos llevarías? —le preguntó Shoryuki. A espaldas de ella, Nicole continuaba golpeando la máquina con su puño de hielo, pero sin lograr ningún resultado—. No sabemos nada sobre este universo y sus planetas. Podrías llevarnos a un mundo en el que no hubiera oxígeno y moriríamos de todos modos.

       Dina entornó la mirada.

       —Gracias por el optimismo —fue la respuesta sarcástica de la Kaioh-shin.

       —¿Acaso Calíope nos envió a morir? —se peguntó Nadia Zeta, pero nadie se aventuró a responder.

       La esperanza se había perdido por completo. Todos parecían resignados a morir en ese lugar, pero lo que más les pesaba era que habían fallado. No sólo no habían logrado salvar ese mundo, sino que tampoco habían logrado proteger sus propias Tierras. Era como si la oscuridad que los rodeara fuera el epitafio final de cualquier esperanza que alguno de ellos hubiera podido albergar. Era el fin. Shoryuki dejó escapar una pequeña lágrima mientras pensaba en sus amigos y familiares a quienes no volvería a ver jamás.

       “¿Por qué Calíope nos eligió?”, pensaba Minerva, mirándose los pies. “Es curioso. Siempre he considerado la idea de morir, pero no imagine que llegaría de repente. León, Musashi, Rei, perdónenme por fallarles”.

       Sin embargo, la esperanza llegó de quien menos pensaban.

       —Despejen el área, conjunto de inútiles. Tengo trabajo que hacer —dijo Bael, aterrizando a un costado de la maldita torre color platino. El Duque del Infierno cerró sus ojos para concentrarse mejor. Tenía que reunir todo su poder físico, mental y espiritual—. Sólo hay una oportunidad. Usaré mi poder para crear un portal dimensional y mandar esta cosa lejos de aquí.

       —¿Qué cosa? —preguntó Dash.

       —¿Un portal? ¿De ese tamaño? —Dina abrió los ojos completamente—. Baelecito, sería como introducir una sandia por un agujero del tamaño de un chícharo. ¡Estás loco! ¡No lo lograrás!

       No hubo respuesta por parte del Duque del Infierno. De pronto, un gigantesco orificio oscuro empezó a formarse debajo de aquella construcción de tecnología y muerte y eso causó que toda la montaña comenzase a temblar con una fuerza indescriptible. Bael, inseguro aún de sus propias energías, apretó los parpados, concentrando hasta la última gota de su fuerza y su concentración hacia el portal dimensional. La torre mecánica comenzó a descender lentamente como si se la estuviese tragando el piso, pero de pronto todo se detuvo. No era suficiente.

       —Más poder… —murmuró Bael con el sudor mojando su rostro—. Necesito más poder… . Es muy grande… .

       —Te ayudaremos —dijo Dina.

       Dash, Nadia Zeta, Dina Kaiohshin y Nicole de Acuario extendieron sus manos hacia Bael y se unieron a él por medio de múltiples estelas de energía de diversos colores. Sólo Shoryuki se quedó sin contribuir debido a que todavía no podía emplear su Chi, pero su esperanza siempre estuvo con todos sus compañeros. El Duque del Infierno cayó con una rodilla en el suelo, pero al final se irguió, liberando un fuerte Cosmos que incluso lo sorprendió a él mismo debido a su gran intensidad y poder.

       “Jamás había experimentado una energía así. ¿Será posible que la unión de todos nuestros poderes pueda lograr esto? No puedo creerlo”, pensaba Bael mientras la torre era engullida y transportada más allá de los límites del Sistema Solar, hacía algún remoto lugar del cosmos. “Esperen un momento. ¿De quién es este poderoso Cosmos que estoy sintiendo junto al de los demás? No parece provenir de ninguna de las Guerreras de Oro? ¿Atena? ¡Este es el Cosmos de la diosa Atena!”.

       Algo apareció en el cielo. Era un destello más poderoso que el mismo sol. Durante unos instantes, la noche oscura pareció convertirse en día. Dina comenzó a brincar de alegría y luego abrazó a Shoryuki con tanta efusividad que casi la derribó. Habían conseguido sobrevivir. Las nubes negras se habían ido.

       Y la desesperanza también.

       Continuará… .

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