Leyenda 034

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO XXXIV

EL VERDADERO PODER ESTÁ EN NUESTRO CORAZÓN

       Tokio, Japón
       Distrito Juuban (Museo de Historia)

       Andrea alzó la vista lentamente y parpadeó varias veces con asombro. ¿Acaso estaba alucinando a consecuencia de la debilidad que sentía o, quizás, estaba soñando debido a que había caído en la inconsciencia? Sin embargo, aunque no podía creer plenamente en sus sentidos, estaba segura de que el sujeto que estaba de pie frente a los guerreros del Imperio de Abbadón era nada más y nada menos que su amigo Asiont. Por unos instantes, le pareció ver un resplandor muy intenso alrededor de él. Incrédula, se frotó los ojos y volvió a mirar. El resplandor ya no estaba.

       —No puedo creer en mi suerte —murmuró Sepultura con una sonrisa de oreja a oreja—. Ese inútil de Asiont ha venido personalmente hasta este universo para que lo aplaste como a un gusano. Es una grata sorpresa.

       Asiont le lanzó una mirada impasible en completo silencio, recordando la expresión del Khan de la Muerte durante la batalla en el planeta Noat. Aunque se había jurado a sí mismo que trataría de apartar los deseos de venganza que sentía su corazón, el simple hecho de volver a Sepultura lo hizo olvidar completamente sus intenciones.

       Jesús Ferrer escudriñó al Celestial de arriba abajo con cuidado. A simple vista no parecía ser un guerrero extraordinario. ¿En verdad era el mismo Asiont que José Zeiva, Sigma y Sepultura habían vencido fácilmente en el planeta Noat o se trataba de otro guerrero con el mismo nombre?

       Las Sailors Senshi, por otro lado, se sentían intrigadas sobre la identidad y posibles intenciones de aquel joven misterioso que acababa de salvar a una de sus compañeras de la muerte. Como aún desconocían sus verdaderas intenciones algunas de ellas comenzaron a cuchichear entre sí, especulando los motivos de su repentina aparición.

       —Oye, Usagi, ¿quién es ese joven que rescató a Ami? —le preguntó Sailor Mars a Sailor Moon en un susurró apenas audible—. ¿Crees qué sea un nuevo enemigo?

       Sailor Moon se volvió hacia su amiga por un momento y se encogió de hombros.

       —No tengo idea, pero parece que ellos ya se conocen por algún motivo.

       Eneri clavó la mirada en Asiont y empezó a caminar a su alrededor, llamando su atención.

       —Es un honor volver a verte, estimado Asiont —comenzó a decir tranquilamente—. Cuando te dejé de ver hace ciclos estelares sólo eras un pobre enclenque. Me alegra ver que has crecido bastante.

       Suzú se llevó la mano a la boca y dejó escapar una risita burlona.

       Asiont se limitó a mirar a las Khans en silencio. Echó una rápida mirada a su costado y descubrió el cuerpo sin vida de Sailor Star Figther; miró hacia el extremo opuesto para encontrar a Azrael, Azmoudez, Andrea y a las otras Sailors lastimadas. Cerró un puño mientras sentía que la furia recorría sus venas.

       —Que miserables son —susurró firmemente—. ¿Por qué hicieron esto? No había necesidad de lastimar a nadie. Con sus poderes hubieran podido quitar de su camino a estas chicas fácilmente, pero supongo que es imposible razonar con ustedes. No permitiré que maten a nadie más.

       Sepultura dejó escapar una leve sonrisa burlona y accionó su escáner visual. Asiont tenía sólo 77,000 unidades de nivel de combate de acuerdo con el aparato. No era un obstáculo para ninguno de ellos. Incluso un guerrero meganiano podría derrotarlo sin demasiado trabajo.

       —¡Ja! —rió el Khan confiadamente—. Si que eres un tonto para atreverte a desafiarnos con ese poder tan patético que tienes. Aumentaste tus fuerzas un poco sí te comparamos con la última vez, pero necesitarás más que eso para pelear con nosotros.

       —No seas estúpido —le reprendió Eneri—. Mira la capacidad que posee para soportar energía en su cuerpo, es mucho más elevada que su nivel de combate. Te esta engañando con un simple truco, idiota.

       El Khan de la Muerte enarcó una ceja con incertidumbre y luego se giró hacia la Khan del Cancerbero.

       —¿Qué es lo que dices?

       Eneri se cruzó de brazos y continuó.

       —Puedo sentir algo de la presencia del aureus en Asiont. A simple vista su verdadero poder debe rebasar las 900,000 unidades. Aunque parezca absurdo, ha aprendido a aumentar el nivel del aura manipulando las fuerzas del aureus.

       Jesús Ferrer desvió la mirada hacia la Khan del Cerbero. ¿Había dicho aureus? Era la segunda vez que escuchaba esa palabra desde que se había aliado a N´astarith. De pronto un ruido en las alturas llamó la atención de todos. Algunos soldados meganianos y abbadonitas armados con fusiles descendieron en lo que quedaba del auditorio para rodear a Asiont.

       —¡Oh no! —exclamó Sailor Jupiter desesperada—. Están llegando más enemigos.

       Jesús Ferrer se volvió hacia los soldados inmediatamente.

       —¿Qué hacen aquí? —les preguntó—. No les pedimos que vinieran

       Uno de los meganianos saludó a su príncipe con respeto.

       —Mi señor, como tardaban en regresar el señor Galford nos envío a buscarlos —hizo una pausa y giró para encarar a Asiont—. Nosotros nos encargaremos de este intruso, no se preocupe por nada.

       El Caballero Celestial miró de reojo a los soldados que lo flanqueaban, pero no hizo ni el menor movimiento.

       —Será mejor que se vayan de aquí —les dijo con severidad—. No tengo intenciones de matarlos, pero sí meten en mi camino van a salir lastimados.

       Uno de los abbonitas levantó su fúsil de iones y cortó cartucho.

       —¿Ah? ¿Te sientes muy poderoso? —preguntó mientras apuntaba a la cabeza del Celestial—. Quizás quieras que te matemos, maldito endoriano hijo de… .

       Sailor Mercury, por su parte, abrió los ojos desmesuradamente mientras sentía como la angustia la invadía.

       —No puede ser —murmuró preocupada—. No podrá contra todos. Son demasiados

       Pero Asiont ni siquiera se había inmutado ante la presencia de los soldados imperiales. Lejos de eso, experimentaba una gran seguridad en sí mismo que reflejaba en su rostro. Algunos de los meganianos sonrieron confiadamente creyendo equivocadamente que sólo estaba fanfarroneando.

       —Se los digo por última vez —advirtió—. Váyanse de aquí. No se metan en esta pelea. El problema es con los Khans.

       El soldado meganiano sonrió con burla y tiró del gatillo. Un haz de iones avanzó directamente hacia el Celestial con un estridente zumbido. Asiont sólo levantó la mano. La descarga golpeó su palma y rebotó contra la pared que había detrás de él, que se derrumbó al instante.

       —¡No, no puede ser! —chilló el soldado horrorizado sin poder creer lo que veía—. ¡Es un demonio!

       Otro de los meganianos empuñó fuertemente su arma y avanzó algunos pasos.

       —¡Vamos, ataquemos todos juntos! —les instó a sus camaradas—. ¡Su nivel de combate es bajo!

       Como si fueran uno solo hombre, todos los soldados imperiales se lanzaron sobre Asiont con sus armas activadas.

       —¡Mátenlo! —ordenó Suzú.

       Pero el Celestial únicamente desplegó su aura brevemente. Antes de que los soldados pudieran darse cuenta de lo que pasaba, la energía de Asiont los golpeó fuertemente, arrojándolos por los aires como si fueran muñecos de trapo, y cayeron en el suelo. Suzú bajó la vista para examinar a sus hombres. Parte de las armaduras de batalla estaban quebradas, pero había otro detalle que llamaba la atención. Los cuerpos de los soldados estaban cubiertos por una delgada, aunque visible, capa de hielo.

       Jesús Ferrer frunció el ceño. ¿Cómo había logrado Asiont hacer eso? Probablemente su aura había bajado la temperatura del aire a su alrededor en una fracción de segundo. Sailor Venus no podía creerlo. Sin mover un solo dedo, aquel misterioso joven había dejado a todos los soldados imperiales fuera de combate.

       —Es imposible —farfulló la Inner Senshi—. Ni, ni siquiera se movió… .

       Sepultura frunció la mirada con evidente malestar. Gracias al escáner visual, el Khan de la Muerte se había dado cuenta de que los soldados todavía estaban con vida. “Cobarde”, pensó. “Sí dejó a esos gusanos con vida, entonces no tiene el suficiente valor para ser un buen guerrero”.

       —Dejen que me encargue de este estúpido —anunció Spultura confiadamente—. Así podré vengar la muerte de Lilith y de paso reunirlo en el más allá con su amiga Astrea. No me tomará ni cinco ciclos hacerlo picadillo.

       Suzú y Liria se volvieron hacia Eneri para escuchar su parecer.

       —Está bien, Sepultura —aceptó la Khan del Cancerbero, sonriendo—. Pelea con él, dale un buen golpe… gánale.

       —Claro, de eso puedes estar segura —le aseguró Sepultura, mientras caminaba hacia el Celestial—. Esto lo voy a disfrutar como no tienen idea. Será un momento memorable.

       En ese momento, Sailor Mars, Sailor Healer y Sailor Maker le salieron al paso con la firme intención de ayudar a Asiont a pelear con el Khan de la Muerte.

       —No te preocupes, te ayudaremos —murmuró Healer, dirigiéndose a Asiont—. No permitiremos que pelees solo con este sujeto. Entre todos lo venceremos.

       Asiont enarcó una ceja con extrañeza.

       —No esperen —les dijo—. Yo me haré cargo de él, tengo una cuenta con… .

       —¿Qué dices? —le inquirió Mars—. No podemos dejar que pelees solo, ese tipo mató a Sailor Star Figther.

       —Es verdad —añadió Healer, mirando a Asiont por encima del hombro—. Ese maldito fue quien mató a nuestra compañera —hizo una pausa y volvió la mirada hacia el Khan—. Tenemos que vengar su muerte.

       De repente, Sailor Moon se levantó del suelo y se dirigió a sus amigas apresuradamente.

       —No, esperen, por favor no peleen más —les suplicó—. No quiero que las lastimen

       Asiont desvió la mirada hacia aquella jovencita de extraño y peculiar traje. Los ojos de Sailor Moon estaban cargados de una bondad infinita. “Percibo un corazón puro en esa chica”, pensó. “¿Acaso ella… ?”.

       —No, debemos vengar la muerte de Seiya —la voz de Sailor Healer lo volvió a la realidad—. Ese canalla tiene que pagar por lo que ha hecho.

       Sailor Moon se colocó frente a las Sailors y de espaldas a Sepultura. El Khan de la Muerte alzó ambas cejas.

       —Sailor Star Healer, Sailor Star Meaker, se los suplico, no peleen —dijo Sailor Moon mientras las lágrimas escurrían por sus mejillas—. No quiero que les pase lo mismo que a Seiya, por favor.

       —Seiya —murmuró Healer lentamente, mirando fijamente a Sailor Moon.

       Completamente harto de aquellas palabras, Sepultura frunció el entrecejo con irritación y una llama de odio ardió en sus ojos. Lleno de ansia asesina, el Khan desplegó una poderosa aura, atrayendo la atención de todos y lanzando ráfagas de aire en tornó a él.

       —¡Mocosa cobarde y patética! —gritó furioso, dirigiéndose a Sailor Moon. Un destello de odio ardió en sus ojos—. ¡No interrumpas! —alzó el brazo y se dispuso a golpear a Usagi con el puño…

       Antes de que pudiera hacerlo, Sailor Star Meaker empujó a la Inner Senshi y recibió el golpe del Khan en el vientre. La Sailor Star se dobló por la mitad y escupió algo de sangre.

       Sepultura retiró su puño y rió a carcajadas.

       —¡Estúpida! ¡Eso te pasa por interferir!

       —¡Sailor Star Meaker! —gritó Healer con desesperación.

       La Sailor Star se desplomó en el suelo visiblemente lastimada mientras Sailor Mars y Sailor Moon se acercaban para socorrerla.

       Asiont apretó los puños hirviendo en rabia. Su cuerpo desplegó instantáneamente una poderosa aura de energía que adquirió un color esmeralda.

       —Chicas, háganse a un lado, por favor —murmuró sin apartar la vista de su enemigo—. Yo me encargaré de Sepultura, lo haré pagar por todo el daño que ha hecho.

       Sailor Healer alzó la vista y negó con la cabeza apresuradamente.

       —¡Claro que no!

       —Por favor, confía en mi —le suplicó Asiont, mirándola fijamente a los ojos—. Comprendo tu enojo, pero no es necesario que haya más muertes, por favor.

       Las lágrimas escurrieron por las mejillas de Sailor Healer. La mirada cargada de sinceridad de Asiont le fue suficiente a la Senshi para acceder a su petición.

       —Está bien —aceptó Healer finalmente, bajando la cabeza.

       El Celestial se volvió hacia Sepultura y le lanzó la más feroz de sus miradas.

       —Eres como una bestia. Matas por placer y eso… —hizo una pausa y adoptó una guardia—, no quedará impune, te lo aseguro.

       —¡Ay! —exclamó Suzú desde su posición—. Eso si calienta, Sepultura, te dijo bestia.

       La sonrisa burlona de Sepultura desapareció de su rostro. Lleno de furia, el Khan de la Muerte frunció el entrecejo y apretó los puños, listo para atacar y despedazar a su enemigo.

       —¿Como te atreves a llamarme así? —preguntó a punto de perder los estribos—. Voy a sacarte el corazón para llevárselo al gran N´astarith como regalo.

       Asiont le sostuvo la mirada y le sonrió con fingida arrogancia.

       —No lo creo.

       Incapaz de contenerse un segundo más, Sepultura se abalanzó sobre el Celestial decidido a matarlo. Usando una de sus piernas, el Khan intentó patearle el rostro, pero Celestial consiguió reaccionar a tiempo y esquivó la patada bajando la cabeza. Sepultura repitió la maniobra, pero falló nuevamente. Con un veloz salto, Asiont se colocó por sobre su oponente a varios metros de altura. Lleno de rabia, el Khan se lanzó por los aires para perseguirlo.

       Como todos los presentes, Sailor Mecury alzó la mirada para seguir el desarrollo de la batalla.

       —Es increíble —murmuró con asombro.

       Sailor Jupiter y Sailor Venus asintieron con la cabeza al unísono.

       Asiont extendió su mano abierta con la palma orientada hacia abajo y lanzó una veloz ráfaga de aire frío contra Sepultura. El Khan de la muerte sonrió confiadamente y a continuación desapareció usando su asombrosa velocidad. La ráfaga paso de largo y se estrelló en el suelo, congelando una extensa región del piso.

       El Celestial frunció el cejo y alzó la cabeza, sintiendo la presencia del Khan. De pronto Sepultura apareció por encima de él. Esta vez fue el Khan quien extendió el puño hacia abajo y disparó una descarga de energía contra la cabeza de Asiont. El haz de luz iluminó el rostro del Caballero.

       Asiont debía actuar rápido. Juntando sus muñecas, con las palmas abiertas a un costado de su hombro, formó una diminuta esfera de luz que llevó al frente para bloquear el ataque del Khan. Girando sus brazos rápidamente hacia un lado, Asiont desvió el rayo de Sepultura en otra dirección. La ráfaga de energía terminó su camino en una de las paredes, provocando una ligera explosión.

       Asiont desvió la mirada hacia la calle un segundo. Por unos instantes, el miedo de haber lastimado a algún inocente cruzó por su mente. Tomando ventaja del descuido de su enemigo, el Khan de la Muerte aprovechó para golpearlo en pleno rostro con el puño y hacerlo retroceder algunos metros hacia abajo. El Celestial apretó los dientes con fuerza y frunció el ceño con enfado.

       —¡Asiont ten cuidado! —le gritó Andrea desde el suelo.

       El Celestial volvió a bajar la guardia para mirar a Andrea. Sepultura no podía creer en su buena suerte y se acercó para repetir la maniobra…

       Pero ahora Asiont estaba listo para recibirlo. Haciéndose a un lado en el último segundo, el Celestial esquivó el puño de su enemigo y se elevó nuevamente.

       —¡Maldito, me engañaste! —rugió Sepultura al darse cuenta del plan de su oponente.

       Cuando el Khan alzó la vista se topó con el pie de Asiont. Con un certero golpe en la quijada de Sepultura, que lo despojó de su escáner visual, el Celestial lo mandó de regreso al suelo. Haciendo un esfuerzo, el Khan de la Muerte consiguió reaccionar a tiempo y haciendo un giro en el aire consiguió caer sobre sus dos piernas.

       Sepultura frunció el entrecejo irritado y apretó los dientes. Asiont no era tan débil como creía. Lentamente, el Celestial comenzó a descender frente a su enemigo. El Khan de la Muerte miró discretamente a sus compañeras, que lo observaban atentamente. Realmente no estaba luchando como alardeaba y corría el riesgo de quedar en ridículo frente a ellas.

       —Maldición, no puede ser —murmuró para sí—. Es ilógico que pierda ante un insecto como Asiont, y menos antes ese trío de presumidas.

       —¿Qué sucede, Sepultura? —la voz de Asiont lo volvió a la batalla—. Supuestamente ibas a acabar conmigo.

       El Khan dejó escapar una leve sonrisa y se acomodó los cabellos.

       —Vaya, resultaste ser más fuerte que ese gusano de Saulo y sus discípulos.

       —¿Saulo? —repitió Andrea contrariada, alzando la mirada.

       Asiont frunció el entrecejo con escepticismo al escuchar a Sepultura. Quizás sólo estaba fanfarroneando.

       —¿Saulo? ¿Acaso él… ? —preguntó con la voz entrecortada, temeroso de que su amigo hubiera muerto en un enfrentamiento con los Khans—. ¿Qué es lo que sabes de Saulo?

       Sepultura volvió a sonreír, cerró los ojos y negó con la cabeza lentamente.

       —Descuida que él sigue con vida todavía —hizo una pausa. De repente abrió los ojos—. Es una lástima que no pueda decir lo mismo de uno de sus estudiantes. Uno que tuvo el honor de morir en mis manos.

       —¿Qué dijiste? —le inquirió Asiont—. ¿Mataste a uno de sus discípulos?

       El Khan asintió de buena gana.

       —A un idiota llamado Ezequieth —continuó Sepultura—. De hecho, acabé con la vida de toda una ciudad y ahora sus almas forman parte de mi increíble poder.

       Una extraña aura cubrió totalmente el cuerpo de Sepultura. Algunos fantasmas se materializaron a su alrededor, gimiendo y aullando como si sufrieran.

       Sailor Mars inclinó la cabeza unos centímetros hacia delante para ver mejor. La visión era horrible: los fantasmas giraban en torno al aura del Khan como si estuvieran encadenados a éste.

       —¿Qué es eso? —inquirió temerosa—. Siento muchos espíritus que no pueden descansar en paz.

       Sepultura miró a la Inner Senshi del Fuego por encima del hombro y luego sonrió macabramente.

       —Es verdad, preciosa, este es el origen de mi poder. Me alimento de todas estas almas para incrementar mis fuerzas —hizo una pausa y se volvió hacia Asiont—. Y ahora se los voy a demostrar. Hace poco me confíe en la batalla, pero ahora… .

       Enerí alzó ambas cejas con incredulidad.

       —¿Acaso va a usar la…?

       Entonces, de repente, los fantasmas alrededor de Sepultura desaparecieron. El Khan de la Muerte apretó los puños con fuerza y levantó los brazos. Su capa salió volando por los aires y un fuerte vendaval emergió de su cuerpo. Apretó los dientes como si estuviera haciendo un tremendo esfuerzo y a continuación dio un fuerte grito que retumbó por todas partes. Sus cabellos comenzaron a flotar encima de su cabeza y algunos escombros diminutos levitaron por el aire en torno a él. Era un fenómeno muy extraño. De pronto, la mitad del distrito de Juuban comenzó a temblar fuertemente provocando el pánico.

       —No puedo creerlo —musitó Jesús, incrédulo—. Está incrementando su aura rápidamente. Nunca pensé que hubiera un ser que pudiera alcanzar esos niveles.

       Las Sailors Senshi mantenían la mirada sobre Sepultura como hipnotizadas. ¿Acaso este iba a ser el final de todas? Asiont retrocedió unos pasos instintivamente a su vez. “No es verdad”, pensó. “Su aura está creciendo enormemente, pero no sólo es eso… ya había sentido este poder antes”.

       Finalmente, la espera acabó y una poderosa aura oscura como la noche cubrió el cuerpo del Khan. Simultáneamente, la armadura de Sepultura se volvió negra. Sus ojos ahora eran completamente rojos y su piel había adquirido un tono grisáceo. Lo único que aparentemente no había cambiado era su cabello, que continuaba siendo del mismo color.

       —Si. Ahora estoy listo —declaró Sepultura con una voz cavernosa.

       —¿Qué fue lo que sucedió? —preguntó Sailor Venus sin dirigirse a nadie en especifico—. Su aspecto ha cambiado completamente.

       Sailor Mercury se recubrió los ojos con un fino visor color azul y observó al Khan minuciosamente.

       —Chicas, ese guerrero esta completamente cubierto de una energía maligna muy poderosa.

       El Khan de la Muerte dejó escapar una leve sonrisa y sus ojos destellaron.

       —Nunca podrás ganarme, Asiont, ahora soy mucho más fuerte que tú. He combinado la fuerza del aureus con la energía de los espíritus y el negativismo presente en este universo.

       El Celestial frunció el entrecejo sin dejarse amedrentar y luego levantó los puños para reanudar la batalla..

       —La batalla aún no ha terminado, Sepultura.

       Usando su puño, Asiont atacó al Khan de la Muerte con una rápida ráfaga de aire congelante. La corriente de aire avanzó directamente hacia el rostro sonriente de Sepultura.

       El guerrero imperial sólo levantó la mano y atrapó el ataque de Asiont sin ninguna dificultad.

       —¡No puede ser! —exclamó el Celestial, casi muerto por la sorpresa—. ¿Qué está sucediendo? Mi ataque no funcionó.

       Sepultura bajó la mano y le sonrió burlonamente.

       —¿Creíste que me ibas a derrotar con ese truco barato? No me hagas reír —hizo una pausa, junto sus muñecas horizontalmente y extendió sus manos con las palmas orientadas hacia delante—. Este es un verdadero ataque… ¡Skull Thunder!

       Varias esferas de fuego salieron disparadas una detrás de otra contra Asiont. El Celestial observó las esferas con detenimiento y descubrió que tenían la forma de oscuras calaveras llameantes. Antes de que Asiont pudiera hacer algo para evitarlo, una de las calaveras lo golpeó en el pecho y lo arrojó contra un enorme muro, que se derrumbó sobre él como una avalancha.

       —¡No puede ser! —gritó Sailor Star Healer desesperada.

       Sailor Mercury hizo el ademán de ir en ayuda de Asiont, pero Jupiter le cerró el paso interponiéndose en su camino.

       —Espera, Mercury, ¿A dónde vas? —le preguntó al tiempo que extendía los brazos.

       —Voy a ayudarlo, sí no hacemos algo lo matarán a él también.

       —Es demasiado peligroso —la preocupación de Sailor Jupiter era evidente—. Ellos son más poderosos que nosotras, recuerda lo que le sucedió a Seiya.

       —El poder no importa —declaró Mars—. No podemos permitir que lo maten a él también.

       Sailor Moon se les unió rápidamente.

       —Esperen, chicas… —murmuró, llamando la atención de todas sus compañeras—. Yo también iré.

       —Usagi —musitó Sailor Jupiter. Tras un instante de reflexión, la expresión de la Inner Senshi de Júpiter cambió por completo—. De acuerdo, vamos todas… .

       Ciudad de Lemuria.

       Saulo estaba parado frente a una de las enormes ventanas de la habitación. Enfrente tenía una vista magnífica del mundo subterráneo de Agarthi. A pesar de que estaban a 25 kilómetros de profundidad bajo la superficie de la tierra, el clima les era bastante agradable.

       —¿Cómo pueden sobrevivir al calor del núcleo planetario? —preguntó sin dirigirse a nadie—. No lo entiendo.

       —Es gracias al manto terrestre, príncipe —la voz del profesor Dhatú llamó la atención de Saulo a sus espaldas—. El manto actúa como un aislante del calor y nos protege de las elevadas temperaturas existentes en las entrañas del planeta.

       El profesor Dhatú era un hombre barbado entrado en años y ya un poco calvo. Su abultado abdomen, cabello canoso y mirada compasiva le confería un aspecto de hombre cándido. Desde que los zuyua habían abandonado su mundo natal en la galaxia Epsilon siglos atrás, el profesor Dhatú había jugado un papel importante en todos los proyectos científicos realizados por la Gran Alianza Universal.

       Saulo asintió.

       —Ah, ya veo, es extraño, pero desde que llegué a esta ciudad he podido percibir una energía presente en todo Agarthi. Es algo muy relajante y reconfortante.

       Dhatú asintió con la cabeza.

       —Se trata de la energía Vril, príncipe, es la energía pránica de este planeta.

       El príncipe reflexionó unos instantes y acabó frunciendo el entrecejo.

       —¿Pránica? —repitió sin entender a qué se refería—. ¿Habla del aura?

       El profesor Dhatú le hizo un gesto con la mano para que mirara el enorme océano subterráneo sobre el que posaba la imponente ciudad de Lemuria. Alrededor de ésta había todo un complejo sistemas de túneles subterráneos que recorría todo el planeta y comunicaba con las demás ciudades en Agarthi.

       —Si, el prana es la energía de todos los seres vivos.

       —Ya veo —murmuró Saulo—. Se refiere a la energía que nosotros conocemos como aura o Chi —hizo una pausa y desvió la mirada hacia Dhatú—. Nosotros los endorianos sabemos que el aura existe en todo lo que nos rodea, las plantas, los animales, incluso en el aire, pero jamás imagine que los planetas tuvieran su propia energía.

       —Veo que lo entiendes bien, Saulo —Zacek apareció por la entrada de la habitación acompañado por su esposa Lis-ek y Areth—. Los terrícolas de este planeta aún no se han dado cuenta de esta maravilla. Ellos no creen en el aura porque no pueden verla a simple vista.

       Saulo se volvió hacia el emperador zuyua y le sonrió de buena gana.

       —Zacek, que gusto verte de nuevo. Tenemos mucho de que hablar.

       —Veo que ya se ha repuesto de todas sus heridas, maestro —le dijo Areth con respeto.

       El príncipe sonrió y asintió con la cabeza.

       —Si, la energía Vril que abunda en todo Agarthi me ha repuesto del todo, además de que me ha hecho sentirme bien y bastante relajado. Me pregunto sí esta energía también existirá en los mundos de propio nuestro universo. Sí es el caso podríamos aprovecharla del mismo modo que han hecho en este planeta.

       Lis intervino.

       —La energía Vril existe en todos los mundos con vida. Seguramente también hay en tu universo, aunque debes saber que la energía Vril es una energía positiva que causa la muerte de los seres negativos.

       —¿Es verdad eso? —preguntó Areth incrédula—. No puedo creer que exista una energía así.

       El emperador zuyua asintió con la cabeza antes de responder.

       —Si, pero también existen excepciones. Por ejemplo, hay unos seres llamados gnomulones inorgánicos que son inmunes a esta tipo de energía. Debido a esto tenemos campos de fuerza alrededor de las ciudades para protegerlas de un eventual ataque.

       —¿Gnomulones inorgánicos? —Saulo no entendía todo lo que Zacek le decía—. Me gustaría charlar sobre muchas cosas, pero me temo que no tenemos suficiente tiempo.

       Zacek sonrió.

       —Si, entiendo, los gobernadores de Agarthi ya se encuentran reunidos. Ahí podrás explicarnos todo —hizo un gesto de invitación con la mano—. ¿Vamos?

       Saulo y Areth se miraron entre sí, asintieron con la cabeza y después siguieron a Zacek, Lis y Dhatú.

       Cadmio se sentía frustrado. Las dos ultimas horas habían sido las más desesperantes de su vida. Luego de exponer las razones de su presencia frente a un auditorio conformado por más de doscientos delegados, no había conseguido el apoyo deseado. Enfrascados en una férrea discusión, ninguno de los representantes de los distintos gobiernos de ese planeta había llegado a un acuerdo. El Celestial desvió la mirada hacia Ochanomizu en busca de consuelo. El científico se mantenía en su asiento agachado. Meneaba la cabeza en forma negativa constantemente y, aunque no lo manifestaban, estaba tan harto como Cadmio. Finalmente, el presidente de la asamblea llamó al orden.

       —Caballeros, por favor, no ganamos nada si seguimos discutiendo.

       —No esperará que le creamos todo eso —expresó uno de los delegados en voz alta—. Ese cuento de extraterrestres que habitan otro universo son puras patrañas.

       —¡No son patrañas! —el fastidio de Cadmio era evidente—. Si no me quieren creer no me lo hagan —Se levantó de su asiento—. Pero eso sí, en menos de una semana su planeta será invadido por las fuerzas de imperiales de Abbadón y todos ustedes estarán muertos.

       Otro de los delegados se levantó de su asiento.

       —¡¿Han escuchado?! —exclamó mientras extendía su mano hacia el estrado donde se encontraban el presidente, Cadmio y el profesor Ochanomizu—. ¡Ahora nos amenaza! Yo digo que ese joven no es más que un mentiroso que ha venido a confundirnos. ¿Cómo sabemos que él no es aliado de esos extraterrestres que atacaron el Centro de Investigaciones Robóticas y destruyeron nuestras naves? Además de… .

       —Ya no diga tonterías, por favor —le interrumpió Ochanomizu drásticamente—. Este joven y sus amigos salvaron mi vida y la de mis colegas. Si ellos fueran aliados de los atacantes, no nos hubieran defendido —hizo una pausa y se limpió el sudor de la frente con su pañuelo—. Gracias a los videos proporcionados por nuestro sistema de satélites, pudimos constatar el inmenso poder de las armas de estos extraterrestres.

       —El profesor Ochanomizu tiene toda razón en ese punto —dijo el presidente en apoyo a las palabras del científico—. Nuestras fuerzas ni siquiera pudieron dañar a la nave alienígena. Como Cadmio nos ha dicho, su tecnología es mucho más avanzada que la nuestra. Necesitamos ayuda para combatirlos sí es que planean regresar a nuestro planeta.

       —¿Cómo sabemos que podemos confiar en ese joven? —preguntó el mismo delegado, puesto de pie—. Él nos pide que le brindemos fuerzas para apoyar un ataque que sus amigos planean contra esos extraterrestres. Podría ser una treta para dejar a la Tierra sin protección en caso de un ataque.

       Cadmio sacudió la cabeza.

       —Los abbadonitas no necesitan de esas tonterías —les dijo—. Sus naves están protegidas por campos de fuerza que las hacen invulnerables a cualquier clase de armas. Aunque superaran en número a la fuerza invasora no le ganarían. He visto planetas conquistados por sólo un Devastador Estelar.

       Ochanomizu alzó la mano para atraer la atención de todos.

       —Lo que Cadmio dice es cierto, los videos muestran claramente que la nave invasora estaba protegida por un campo de fuerza impenetrable y no había manera de dañarlas.

       —Si eso es cierto —intervino un nuevo delegado—. ¿Cómo vamos a derrotarlos? No importa cuantas naves mandemos. Sí no podemos ganarles, planear un ataque sería inútil.

       El Caballero Celestial dejó escapar un suspiro.

       —Nuestros científicos trabajan afanosamente en descubrir la manera de anular sus escudos. Esta es la razón por la que también solicite que una comisión de científicos de este planeta nos acompañe.

       Se produjo un silencio absoluto. Muchos todavía dudaban de las palabras de Cadmio, pero otros estaban considerando sinceramente apoyar su petición de formar una fuerza expedicionaria.

       Finalmente, el presidente decidió someter la moción a votación. El resultado no pudo ser más sorprendente. La moción había sido aprobada por las dos terceras partes de los delegados. Ochanomizu y Cadmio no pudieron evitar sonreír con satisfacción. De pronto, el presidente se levantó de su asiento y se dirigió a todos los presentes.

       —Por mayoría de votos, la moción para enviar una fuerza expedicionaria en apoyo al ejército de la Alianza Estelar ha sido aprobada. Hemos decidido, por unanimidad, otorgar el mando de esta fuerza expedicionaria al general Antilles, uno de los militares con mayor desempeño en la defensa del planeta. Dios nos bendiga.

       Un caluroso aplauso siguió a las palabras del presidente. Ochanomizu se volvió hacia Cadmio y estrecho su mano.

       —Lo hemos logrado —murmuró Ochanomizu.

       El Celestial asintió con la cabeza.

       —El gran Creador nos ha ayudado, profesor. Debemos sentirnos afortunados.

       Ochanomizu no pudo mostrarse en desacuerdo.

       Tokio, Japón
       Distrito Juuban (Museo de Historia)

       Asiont se levantó para encarar por segunda vez al Khan de la Muerte. Ese último ataque había sido muy poderoso, pero aún tenía suficientes fuerzas para pelear. Sin meditar en las consecuencias, se arrojó sobre Sepultura en una feroz acometida. El Khan de la Muerte sonrió y espero pacientemente a que el Celestial lo atacara.

       Con rápidos y veloces golpes, Asiont intentó romper la defensa de Sepultura, pero éste era demasiado ágil y veloz. Asiont advirtió enseguida que su enemigo era un combatiente muy capaz y que poseía una inquietante seguridad en sí mismo. Vencerlo no iba a ser fácil. Girando velozmente por lo que quedaba del auditorio, los combatientes asestaron golpes y los detuvieron, atacando y contraatacando en un duelo sin cuartel donde cada uno haría lo necesario para ganar.

       Sepultura poseía una fuerza muy diferente a la que había mostrado hace unos momentos, y Asiont podía darse cuenta de ello. Desde que su apariencia física había cambiado, su velocidad y poder ya no eran los mismos. Seguro de su victoria, el Khan era incapaz de sentir miedo y había apartado toda duda de su mente. El Celestial recordó lo dicho por su Maestro Aristeo, los Khans usaban el aureus y eso era lo que los convertía en enemigos peligrosos. Pero había algo raro, Sepultura no estaba usando el aureus para incrementar sus fuerzas. Era extraño, podía sentir aureus en el Khan, pero esa energía era tan débil que no dejaba lugar a dudas; su enemigo estaba recibiendo energías de otra fuente.

       A pesar de que Asiont estaba atacando con ferocidad y determinación pronto se dio cuenta de que sus mejores esfuerzos no bastarían para obtener la victoria. Incapaz de seguir sus movimientos, el Celestial lanzó una feroz acometida de golpes y patadas contra el guerrero imperial, pero fue inútil. Por increíble que pareciera, el Khan podía anticiparse a todos sus movimientos, era obvio que su velocidad era mayor.

       —¿Qué te ocurre ahora, Asiont? —se burló Sepultura, mientras detenía todos sus ataques con asombrosa facilidad y movimientos demasiado sencillos—. ¿Ese es todo tu poder? Peleas como un simple niño.

       En un momento determinado, Sepultura contraatacó con una rapidez que el Celestial no pudo igualar. Una lluvia de golpes certeros cayó sobre el rostro y cuerpo de Asiont.

       —Así no estabas peleando hace un momento —le dijo Sepultura en lo que le propinaba un potente puñetazo en el estómago que lo obligó a doblarse por la mitad—. ¿En donde quedó todo ese discurso?

       Asiont alzó la mirada sólo para encontrarse con las manos abiertas del Khan de la Muerte. Antes de que acabara de darse cuenta, su enemigo le descargó nuevamente el Skull Thunder en pleno rostro, arrojándolo por los aires. Seriamente herido, el Celestial fue a caer a un costado de donde se encontraba Andrea barriendo el suelo con la espalda.

       Sailor Mercury, al igual que todas su amigas, contempló horrorizada aquel siniestro espectáculo. Si iban a intervenir, debían hacerlo en ese momento o sería demasiado tarde.

       —Esto fue muy fácil —sonrió Sepultura mientras caminaba hacia su enemigo para rematarlo—. Ahora voy a absorber su alma.

       De pronto, las Inner Senshi se interpusieron en su camino.

       —Detente —advirtió Sailor Venus—. No permitiremos que lo mates.

       El Khan enarcó una ceja por un momento y luego sonrió burlonamente.

       —No me digan, chiquillas tontas, mejor no intervengan.

       Como respuesta, Sailor Jupiter extendió su mano a un costado y atacó.

       —¡Jupiter… Oak Evolution! (Ataque de hojas de Roble de Júpiter).

       Sailor Jupiter comenzó a girar sobre sí misma con las manos levantadas. Un millar de diminutas esferas de luz verde surgieron de sus manos y atacaron al Khan. Sepultura sólo se cruzó de brazos y formó una esfera de energía a su alrededor. Los ataques de Jupiter estallaron uno tras otros sobre el campo de fuerza del Khan; sin embargo no sirvieron de nada.

       —¡No puede ser! —viendo lo sucedido, Jupiter se giró hacia Sailor Moon como si ésta fuera su última esperanza de salvación—. ¡Hazlo ahora, Sailor Moon!

       Sailor Moon cogió su báculo con ambas manos y giró varias veces sobre sí misma despertando la curiosidad de sus enemigos. Finalmente, la Senshi alzó el báculo sobre su cabeza descargando un rayo de luz sobre el Khan de la Muerte.

       —¡Silver Moon Crystal Power Kiss! (Por el poder del cristal de la luna plateada)

       Un haz de luz multicolor iluminó el cuerpo de Sepultura sin ningún resultado. Finalmente, cansado de las Sailors, el Khan extendió una mano con la palma orientada hacia delante liberando una fuerza invisible. Todas las Sailor salieron despedidas por el aire y se estrellaron una tras otra en la pared.

       —Tu Silver Moon Crystal Power Kiss no es nada para mí, niña —declaró Sepultura en una expresión carente de emoción, hizo una pausa y dirigió su mirada hacia Asiont, que había quedado aturdido. Matarlo iba a ser una experiencia que disfrutaría mucho, sin embargo ¿por qué sólo matarlo cuando podía absorber su alma? Levantó la mano y formó una esfera de energía negra. Era la misma técnica con la que había matado a Ezequieth y a los habitantes de la ciudad de Monterrey en la Tierra de Karmatrón.

       —Tengo que admitir que tienes un gran poder, Asiont. Sí absorbo tu alma y las de estas niñas tan molestas quizás llegue a ser tan fuerte como un Kha Khan y sin necesidad de dominar por completo el poder del aureus.

       Antes de que Sepultura pudiera lanzar su ataque, la figura de Andrea se colocó entre él y su víctima. La mirada de la reina de Lerasi hablaba por sí sola.

       —No te dejaré hacerlo, maldito. Ya no matarás a nadie más.

       Sepultura dejó escapar una sonrisa de placer y a continuación liberó los vientos negros.

       —Ese será tu epitafio —murmuró el Khan mientras los vientos avanzaban lenta, pero inexorablemente hacia el pecho de la reina Andrea Zeiva de Lerasi.

       Continuará… .

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