Crisis 10

CRISIS UNIVERSAL

por Acuario Káiser

CAPÍTULO X

VACÍO Y NADA
1º PARTE

       Tierra-574,322
       Santuario de Atenea

       —¿En dónde nos encontramos ahora? —murmuró Shoryuki, observando todo a su alrededor con incertidumbre. Todavía no podía creer que la técnica de Dina hubiese funcionado—. ¿La teletransportación funcionó?

       —Pues claro que lo hizo, mi escéptica amiga —murmuró Dina con un rostro de mujer engreída y orgullosa—. Usando mi asombrosa percepción mental pude superar la magia que cubre todo el santuario, pero tendrá que pasar algo de tiempo para que logré usar nuevamente el Kai-Kai. Este es el sitio de donde se origina el hechizo que rodea el santuario.

       —Hemos llegado al salón de la Gran Maestra del Santuario —anunció Nicole y a continuación empujó las puertas usando ambas manos—. Vengan conmigo, por favor y no hablen hasta que yo se los indique. El templo de Atena se localiza justo después de las habitaciones de la Matriarca y ahí podrán ver la torre de la que les hablé.

       Cuando penetraron a través de la entrada, Dina y Shoryuki observaron una magnifica habitación embellecida por sus columnas blancas y hermosos cortinajes blancos y alfombra roja, pero sumida en la penumbra. Al fondo había una figura que las aguardaba inmóvil sobre un elegante trono. La sobrecogedora falta de expresión del rostro hizo que Shoryuki se diera cuenta de que en realidad se trataba de una mascarilla roja con ojos azules como zafiros. La Kaiohshin comprendió entonces que se trataba de la misma mujer que había visualizado dentro de su mente segundos antes de teletransportarse.

       La figura se alzó de su trono y caminó algunos pasos con austera gracia.

       —¿Qué sucede ahora, Nicole? —preguntó una voz tosca, pero evidentemente femenina—. Les he dicho a todas ustedes que sólo pueden venir aquí por alguna razón importante. Tal es el deseo de nuestra diosa Atenea.

       La Guerrera de Acuario se apresuró a ponerse de rodillas ante figura de la Matriarca del santuario. El hecho de que el cosmos de Atenea hubiese desaparecido de las Doce Casas no era una razón para tratar a la Maestra como enemiga. Tal vez ella también estaba siendo manipulada como el resto de las Guerreras de Oro y no tenía idea de lo que sucedía en realidad.

       —Gran Maestra, es necesario que hablemos con Atenea inmediatamente.

       La Matriarca rió en un murmullo apagado.

       —No puedes, nadie ve a Atenea. Sí tienes algo que comunicarle, yo lo haré.

       El tono prepotente de la Maestra fue la gota que derramó el vaso. Dina decidió intervenir en la conversación.

       —Ejem, discúlpeme —dijo la Kaiohshin—. Hemos venido de muy lejos y queremos hablar con la mandamás en este lugar. Tal vez no lo parezca, pero soy una diosa y exijo ver a la dichosa Atena.

       —¿Cómo te atreves, insolente? —rabió la Maestra en voz alta—. Nicole, ¿por qué has traído a estas personas contigo? ¿Acaso pretendes traicionar a la diosa Atenea?

       —Gran Maestra, por favor, escuche… .

       —Silencio, Nicole —ordenó la Matriarca del santuario—. No sé qué intenciones tienes trayendo a estas dos a mi presencia, pero no merecen ninguna consideración de mi parte. Sácalas de aquí ahora mismo.

       —Ahora si se puso feo la cosa —musitó Dina.

       Al escuchar aquello, Shoryuki modificó su actitud y se colocó en guardia. No estaba segura de lo qué haría Nicole después de recibir aquel mandato, pero debía estar lista para luchar si es que decidía obedecer. Dina, por su parte, permaneció en completa calma, mirando a la Guerrera de Acuario en espera de ver qué ocurría. Gracias a su habilidad para leer el corazón de las personas, Dina lograba darse cuenta de las enormes dudas e inseguridades que atormentaban el alma de Nicole. La Guerrera de Acuario estaba obligada a obedecer la voluntad de la Gran Matriarca, pero en realidad no deseaba hacerlo.

       No iba a hacerlo.

       —Lo lamento, Maestra, pero no haré lo que me pide.

       —¿Te has vuelto loca, Nicole? —reviró la Maestra—. ¡Eres una traidora! Sí de verdad fueras leal a Atenea no habrías dejado entrar a estas dos.

       La Guerrera de Acuario se irguió de inmediato y contempló a la Maestra con un rostro carente de emoción y una mirada tan fría como el hielo.

       —¡Silencio! Tú eres la traidora. La verdad es que Atenea no se encuentra en el Santuario desde hace dos años, ¿verdad? Es por eso que su cosmos ya no está presente en las Doce Casas y lo has reemplazado con alguna clase de sortilegio.

       —¿Qué estás haciendo, Nicole? —le preguntó Shoryuki.

       —Lo que debí haber hecho antes —respondió la Guerrera de oro sin dejar de observar fijamente a la Gran Maestra—. Sí nos impides pasar, te derrotaremos y veremos qué es lo que ocultas en el templo de Atenea.

       La Maestra estalló en carcajadas. Los ojos de su máscara ceremonial destellaron.

       —Ya entiendo, tú sabes la verdad, Nicole —dijo la Matriarca, cortando su risa y avanzando hacia delante a la vez que levantaba la mano derecha; dos mujeres con armaduras doradas y rostros inexpresivos emergieron desde las sombras—. Ahora no me queda más remedio que matarlas como hice con todas aquellas que osaron retar mi autoridad.

       —Atacar a la Maestra del Santuario es lo mismo que traicionar a Atenea —declaró una las dos mujeres que se aproximaban—. Deberías saberlo, ¿no? Tú eres una de las doce Guerreras Sagradas de Oro.

       —Tú también eres una Guerrera Sagrada de Oro, Yune de Géminis —repuso Nicole tras reconocer a su interlocutora. Yune tenía ojos alargados, facciones felinas y una cabellera negra que le cubría toda la espalda y casi llegaba al suelo—. No tengo tiempo para entrar en detalles —añadió Nicole—, pero debo pedirte que te apartes de nuestro camino.

       La segunda mujer de coraza dorada se detuvo frente a Nicole. Era tan joven como Yune, pero su cabello era púrpura y la uña del dedos índice de su mano derecho había incrementado su tamaño y se tornó de un escarlata oscuro. El diseño de su armadura estaba basado en la constelación del Escorpión y de la espalda le colgaba el mismo tipo de capa blanca que portaban Yune, Nicole y Musiel.

       —Nicole, debes rendirte ahora —sentenció Karin, elevando su cosmos interno hasta formar un aura que rodeó su figura—. Sí dos de las Guerreras Sagradas de Oro lucharan una contra la otra, entonces se desatará la Guerra de los Mil días. ¿Es acaso lo que deseas?

       —No puedo creer que sean tan necias —replicó Nicole en tono desafiante—. ¿No se dan cuenta que la Maestra nos ha mentido?

       —¿La Guerra de los Mil días? —musitó Shoryuki.       

       —Karin, Yune, maten a estas invasoras y a la traidora —ordenó la Matriarca—. Háganlas padecer un tormento mucho mayor que la agonía del Tártaro.

       Shoryuki retrocedió unos pasos hasta situarse a un costado de Dina, pero sin perder de vista a las Guerreras doradas. La kaiohshin, por su parte, sabía que estaban en dificultades, pero no había forma de escapar usando la teletransportación y ni siquiera consideró la opción de salir corriendo. Tampoco podían solicitar la ayuda de Bael y los demás porque algo estaba bloqueando su habilidad telepática más allá de los muros de aquella habitación. La única opción que les quedaba era pelear y tendrían que hacerlo con toda sus fuerzas.

       —Creo que fue una mala idea venir sin los otros —musitó Dina.

       Shoryuki, concentrada, percibió el poder de las Guerreras de Oro y abrió los ojos de par en par. El nivel de Ki que hervía dentro de Yune y Karin era terriblemente abrumador, y por supuesto fuera de toda comparación. ¿Cómo iban a luchar contra ellas dos al mismo tiempo? Por un instante pensó en aumentar la temperatura de su cuerpo como una medida precautoria, pero no podía hacerlo en tanto estuviese tan cerca de Dina y Nicole. La Guerrera Dragón comenzó a sudar de nervios y no sabía qué hacer o cómo actuar ¿Debían tomar la iniciativa y atacar primero o permanecer en su sitio esperando poder defenderse mutuamente?

       —No tengas miedo, Shoryuki —le dijo Dina sin siquiera mirarla.

       —¿Eh?

       —Confía en tus propias habilidades y encontrarás una ventaja.

       —¡Voy a acabar con todas ustedes! —exclamó Yune, levantando los brazos y llenando todo el ambiente con su cosmos. El aura de la Guerrera de oro se transformó en una serie de relámpagos que cubrieron a Dina, Nicole y Shoryuki—. Las enviaré a otra dimensión… ¡¡Twilight Zone!!

       El vacío cobró vida, atrayendo a la kaiohshin y sus aliadas hacia la oscuridad de una dimensión pérdida llena de lúgubres planetoides y formas abstractas. Shoryuki volvió la mirada por encima del hombro y vio una enorme extensión tan negra como la noche más tenebrosa. Los movimientos de Dina se convirtieron en frenéticos manoteos mientras intentaba hacer algo que le impidiera ser tragada por aquella horrenda oscuridad.

       —¡Oye, no! —exclamó Dina—. Todavía no termino lo que vine a hacer a este universo y ya me quieren mandar a otro.

       —Estarán flotando en otra dimensión por toda la eternidad —dijo Yune y a continuación soltó una risita malévola.

       Mientras flotaban en medio de ambas dimensiones, Nicole estiró el brazo hacia Dina y le gritó:

       —¡Dame tu mano!

       —¿Qué?

       —¡Usa la teletransportación!

       —No puedo, te dije que no tengo la energía necesaria.

       —¡Utilízala para llevarnos a otra parte de la habitación! —exclamó Nicole.

       Dina la miró con el ceño fruncido, pero finalmente tomó la mano de la Guerrera de Acuario y luego sujetó a Shoryuki del cabello.

       —¡Ay! —gritó la Guerrera Dragón—. ¿Qué haces?

       —Sólo preocúpate porque no les intercambie las cabezas —Dina cerró los ojos y recibió parte de la energía dorada de Nicole—. Kai-Kai.

       Todas desaparecieron en el interior de la otra dimensión. La Guerrera de Géminis bajó los brazos y soltó una demencial carcajada. La Gran Maestra asintió con la cabeza en señal de aprobación y Karin de Escorpión bajó la guardia. Ahora sólo había que encargarse de los demás forasteros que permanecían a las afueras de la Casa de Aries. Yune estaba riendo escandalosamente cuando alguien le dio una patada en el trasero y la hizo trastabillar hacia delante.

       —¿Quién fue? —exclamó Yune, volviéndose hacia sus espaldas.

       La Gran Matriarca se quedó pasmada.

       Karin de Escorpión no supo qué decir.

       Dina, Nicole y Shoryuki estaban sanas y salvas en el extremo opuesto de la sala, listas para dar la pelea hasta el final.

       —Eso fue por querer lanzarnos a esa dimensión —le dijo Dina a Yune—. ¿Y no lo sabes? Nunca confíes en las apariencias.

       Llena de furia, la Guerrera de Géminis levantó los puños y apretó los dientes.

       —Maldita, ¿cómo te atreviste a patearme por la espalda?

       —Ay, niña, patee tu trasero, no tu la espalda —repuso Dina y luego se volvió para mostrarle el suyo—. ¿Ves? Este es un trasero.

       —¡Oye! —la regañó Shoryuki—. ¡No hagas eso! Es de muy mal gusto.

       —¡¡Galaxian Destruction!! —ladró Yune, extendiendo las manos con las palmas vueltas hacia delante. Un bólido de luz asesina se abalanzó sobre Dina y sus aliadas con la misma velocidad de la luz—. ¡Van a morir!

       Nicole actuó con rapidez para empujar a Shoryuki y apartarla de la línea de fuego, pero no tuvo tiempo para ayudar a Dina. No obstante, la kaiohshin logró evadir el ataque con un simple paso a la derecha. La descarga de energía le pasó a menos de un centímetro de distancia y se perdió en las tinieblas de la habitación justo antes de estallar en alguna parte, pero Dina ni siquiera se inmutó.

       —¿Cómo lograste hacerte a un lado a tiempo? —preguntó una sorprendida Shoryuki con los ojos bien abiertos—. Ese ataque fue tan rápido que ni siquiera pude verlo bien.

       —Bueno, bueno —dijo Dina, sonriendo de orgullo y colocándose ambas manos en las caderas—. Tengo una cintura de diosa que mide… .

       —Ah, ya cállate —le soltó Shoryuki con una expresión de disgusto.

       La Gran Maestra habló con violencia. Estaba furiosa.

       —No duden, Yune y Karin, ataquen.

       Nadia Zeta volvió la cabeza a ambos costados una última vez y suspiró. Sus intentos por entablar algún tipo de plática con Dash y Bael habían resultado infructuosos, en especial con éste último. El Duque del Infierno ni siquiera se había tomado la molestia de responder cuando le hablaban y lo único que hacía era permanecer de brazos cruzados con la mirada puesta en la cima de la montaña. Dash tampoco había resultado ser un hombre de muchas palabras, pero al menos contestaba cuando Nadia le formulaba una pregunta o le hacía un comentario, aunque las respuestas eran cortas y escuetas y no daban pie a seguir conversando.

       La Golden Warrior estaba sentada sobre una roca, con la barbilla recargada sobre uno de sus puños y el codo apoyado en un muslo. Aún estaba intentando comprender lo que había escuchado en Celestia y comenzó a pensar en varias cosas. ¿Qué sucedería con Kairons si no lograban detener la crisis denunciada por Calíope? Ahora que Akari Ohime había muerto dependía únicamente de los Golden Warriors proteger su mundo, pero no estaba muy segura de que estuviesen a la altura de semejante reto Otra cosa en la que no podía dejar de pensar era el paradero de Alfa y del hechicero Maurus. ¿Estarían bien los dos? ¿Lograrían volver todos juntos a Kairons una vez que la crisis terminara? Nadia se llevó una mano a la empuñadura de su espada y decidió desenvainarla. Estaba contemplando el arma cuando le pareció ver una silueta oscura que se reflejaba en la hoja. Llevó la mirada hacía sus espaldas, pero no encontró nada.

       Sólo había rocas y un silencio sepulcral.

       —¿No vieron eso? —inquirió Nadia, pero no obtuvo respuesta.

       Ajeno a sus compañeros, Dash dirigió su atención hacia la Casa de Aries y alzó una ceja con desconcierto. El cosmos de Musiel de Aries había desaparecido tan de repente que apenas se había percatado de ello. ¿Acaso la Guerrera Dorada había dejado el templo o sólo prefería esconder su presencia? En aquel instante se dio cuenta de que ya no lograba sentir las presencias de Shoryuki, Nicole y Dina. “¿A dónde se habrán ido?”, pensaba. “Recuerdo que todavía alcancé a sentir su cosmos cuando se fueron hacia la Casa de Tauro, pero…” Un par de miras láser de color verde rasgaron la oscuridad de la noche y localizaron su pecho. Dash levantó la mirada con los puños listos, y de pronto sus garras surgieron.

       Bael no había logrado dejar de meditar en la cuestión del multiverso y en sus asuntos pendientes con Charles y Ankiseth. Aún tenía pensado derrotarlos apenas volviesen a su propia realidad, o quizás antes cuando la situación lo permitiera y no hubiera nadie que se interpusiera. El Duque del Infierno sabía que solucionar la crisis se presentaba complicado, pero su disciplina mental ya planificaba su vuelta a su Tierra, la nueva época que habría de comenzar una vez que la Guerra Sagrada terminara. Estaba tan sumidos en sus pensamientos que cada que Nadia le hablaba la ignoraba, aunque también lo hacía en parte porque había algo en la personalidad de la Golden Warrior que no le terminaba de convencer. De hecho, Dash y Shoryuki tampoco le simpatizaban en lo más mínimo y sólo sentía un poco de respeto hacia Dina Kaiohshin dada su calidad de deidad, pero nada más por eso.

       Cuando escuchó la voz de Nadia Zeta de nuevo, Bael sintió una enorme irritación que lo llevó a pensar en la posibilidad de estrangularla. Se volvió de mala gana hacia Dash cuando escuchó que éste también lo llamaba con un grito.

       —¿Qué es lo que quieren ahora? —exclamó el Duque del Infierno. Una mira láser buscaba en la noche y le apuntó al pecho—. ¿Qué demonios… .

       Al volverse, miró más allá de Dash y Nadia Zeta y vio batallones enteros de drones en todas partes. Brigadas enteras.

       Cientos de ellos.

       —Se les considera peligrosos —murmuró el dron 1024-KB, con el arma apuntando al frente—. Terminación autorizada.

       Tierra-877,666
       Ciudad Magna

       La tarde iba extendiéndose sobre el paisaje urbano de aquella moderna y seductora metrópoli. Mientras esperaba a que Paul volviese, Kay Namura continuó revisando algunas ediciones virtuales de los principales periódicos que aparecían en la pantalla de la computadora. Según la información que consultaba, los niveles de prosperidad y bienestar habían aumentado considerablemente desde que todo el planeta era controlado por un único presidente; los índices de criminalidad eran bajos y regiones que antes sufrían de hambruna o sequía eran ahora zonas autosuficientes. Incluso males como las enfermedades y la miseria parecían haber sido controlados. En pocas palabras, aquella Tierra era… .

       —Un mundo perfecto —murmuró Kay para sí mismo—. Y sin embargo intuyo que algo está mal aquí. ¿Qué puede ser? A simple vista esta Tierra pareciera ir en la dirección correcta, pero buscando un poco más veo que aquellos que cuestionan al gobierno desaparecen o son encarcelados.

       Movió las manos sobre el teclado de la computadora y leyó una nota que hablaba sobre el aniversario de una agencia gubernamental encargada de registrar a toda persona con poderes o habilidades sobrehumanas.

       —Así que los seres poderosos también están controlados —masculló el Centinela—. Y parece que el registro es obligatorio. Es curioso, pero desde que llegamos a este mundo no he percibido ninguna presencia poderosa.

       Kay alzó la mirada al techo y suspiró, dándole vueltas a sus ideas. Lo que estaba leyendo le resultaba interesante, pero no había encontrado nada que lo ayudase a comprender la razón por la cual estaba en ese mundo: ¿Quién o qué había originado la crisis que amenazaba el multiverso en su conjunto? Tenía motivos para sospechar que los eternos enemigos de los Centinela estaban involucrados de alguna forma en aquella destrucción. Tras un instante, Kay volvió a mirar la pantalla del ordenador y agachó la cabeza mientras desechaba la última idea. No tenía sentido porque no era el estilo de los Primigenios.

       Los Centinelas era un grupo que tenía como misión ayudar a que los mundos lograsen la evolución espiritual porque eso garantizaba una convivencia armónica entre todos los seres. Los Primigenios, en cambio, eran seres ambiciosos y oscuros que anhelaban ocupar los mundos de la luz y por esa razón habían sido condenados al encierro eterno mediante los Sellos de la Oscuridad. No obstante, en ciertas ocasiones, algunos de ellos lograban escapar de su prisión con la única intención de causar destrucción en algún mundo. ¿Acaso no era lo que Humsugot había hecho antes de ser detenido? Pero algo no encajaba con esa teoría. Si los Primordiales estaban detrás de la crisis, por qué Calíope no se los había dicho desde el inicio. ¿Acaso ella también desconocía el origen del fenómeno? O tal vez sabía la causa, pero no quería decírselos por alguna razón que no llegaba a comprender. Por otra parte, no tenía idea de qué clase de persona era la misma Calíope ni tampoco había oído hablar de Celestia o sus moradores. ¿Quiénes eran ellos y por qué conocían el multiverso con tanto detalle?

       ¿Podía ser que… la crisis hubiese sido desatada por alguno de los habitantes de Celestia y por esa razón Calíope se resistía a decirles toda la verdad? Era una teoría que tenía cierto sentido si se tomaba en cuenta el hermetismo con el que actuaban Calíope y sus hermanas.

       Quizá… .

       Tal vez… .

       Esos eran sus pensamientos cuando sus sentidos se pusieron en alerta. Todas las computadoras en la biblioteca empezaron a apagarse misteriosamente una por una y luego lo hicieron también las lámparas del techo. Aquel extraño apagón hizo que se recostara en el respaldo de la silla giratoria que ocupaba. El personal de la biblioteca y las demás personas comenzaron a ir de un lado a otro hablando entre sí o atendiendo sus propios asuntos y por eso nadie se fijó en lo que decía o hacía Kay.

       —De modo que eras tú quien trataba de comunicarse conmigo —murmuró el Centinela con tranquilidad—. Te confieso que no lo esperaba.

       Una pequeña figura comenzó a salir desde las sombras, acercándose a donde estaba sentado Kay Namura. Éste no mostró la más mínima sorpresa al reconocer la figura de Li Syaoran, pero en realidad no era él. No se trataba del verdadero Syaoran, descendiente del mago Clow y amigo de Sakura Kinomoto de Tomoeda que había conocido antes.

       Era un emisario de las tinieblas primigenias que había elegido aquella forma humana para manifestarse.

       —Gusto de verte de nuevo, Kay —lo saludó el niño.

       —¿Sigues usando ese disfraz? —inquirió el Centinela sin mirar al chico—. Pensé que ese rostro en particular no te traería gratos recuerdos.

       Syaoran emitió una risita burlona. Caminó infantilmente para acercarse a Kay, pero siempre cuidándose de no dejarse tocar por los rayos del sol de la tarde que aún se colaban por las ventanas abiertas.

       —¿No te sorprende verme de nuevo? —le preguntó el niño.

       —Hace unos días me hubiese sorprendido —repuso Kay, volviendo la mirada hacia el chico—. Ahora ya no, pero supongo que eres una consecuencia de lo que ha venido sucediendo en la Existencia.

       —¡Así es! —exclamó Syaoran con excitación—. ¿Quien iría a decir que finalmente las puertas se me abrirían de la manera más inesperada? Es una deliciosa ironía del destino, ¿no lo piensas?

       —Ni tan inesperado —dijo Kay observando al niño—. Dime, los Primordiales están relacionados con la destrucción que amenaza todos los universos, ¿verdad? Por eso es que has venido a mofarte.

       —¿Sabes, Kay? Es curioso, pero no he podido dejar de pensar en la forma en que lograste entrar y salir de mi reino y la manera en que me expulsaste de aquel mundo. Ni siquiera podrías imaginar como he soñado con destruirte, pero las cosas han cambiado debido a los últimos acontecimientos.

       —No juegues conmigo, ¿ustedes están detrás de esto o no?

       —Por supuesto que no —contestó Syaoran con cara de niño ofendido—. ¿Por qué íbamos a destruirlos tan rápidamente en vez de hacerlos sufrir una lenta e interminable agonía? Sí estoy aquí es porque he venido a ofrecerte ayuda.

       Los puños de Kay se crisparon.

       —¿Qué te hace pensar que necesito tu ayuda o la de los tuyos? —preguntó con indiferencia, pero el niño sólo ladeó la cabeza un poco—. Márchate y no vuelvas.

       —Vamos, Kay, estoy seguro de que sabes que los Centinelas no estaban preparados para una crisis como esta. También sabes que tarde o temprano la antimateria llegará a Mystacor y al más recóndito rincón de tus aborrecibles “mundos elevados”. Ni las esencias “evolucionadas” podrán hacer nada con sus cánticos —hizo una breve pausa para sonreír y luego siguió hablando—. La confianza que esgrimes ante tus compañeros sólo es una fachada para ocultar tus propios temores, ¿o no? Tus temores emergerán tarde o temprano. Tu grupo se romperá por la división, al igual que el de tus demás aliados.

       —No dejo de pensar que eres un ser extraño, Nyartolep. Tú estás aquí debido a la destrucción generada por la crisis y ahora me dices que deseas ayudarme ¿No estás aceptando de alguna forma que sientes temor también?

       —¿Temor? —Nyartolep contuvo su risa—. ¡Por supuesto que no! ¡Todo esto me resulta extremadamente divertido! Eso que llamas Existencia es sólo un punto de luz en medio de la oscuridad absoluta. Tu universo de luz tiene sus límites y después de ellos estamos nosotros. No sabes la cantidad de veces que ese punto de luz estuvo en la palma de mi mano. ¡Y las veces que quise cerrar esa mano y destruirla!

       —Sabes perfectamente que no puedes hacerlo —objetó Kay—. Como ahora también me doy cuenta de que podrías entrar a este mundo si destruyen tus formas materiales. Incluso ahora solo eres una proyección de tu verdadero ser, pero ni siquiera ustedes podrán resistirse a la destrucción.

       —¡Diste en el clavo de nuevo! —aprobó Nyartolep—. Me alegra ver que nunca me decepcionas. Dime, ¿que sería de nosotros si tu Existencia nos fuese vedada definitivamente? Nada tenemos que temer de la antimateria en la Oscuridad ya que ésta se disipa allí y se transforma en una parte de nuestro “alimento”, pero aquí es distinto ¿ahora te das cuenta que necesitamos ayudarnos mutuamente?

       Kay se volvió para darle la espalda, pero Nyartolep lo rodeó y ambos quedaron de nuevo frente a frente.

       —No te preocupes tanto por detalles insignificantes —dijo el niño, dándole unas palmadas en el hombro antes de alejarse unos pasos—. No necesitas que el Consejo de los Centinelas te autorice a recibir mi ayuda. Esos viejos jamás lo harían como tampoco los seres que te convocaron porque ellos son peores. Sabes que mi ayuda representa la única alternativa que tienes de comprender esta crisis y su origen.

       —Tú… —dijo Kay—. ¿Tú sabes quién es el causante de la destrucción?

       Nyartolep se quedó serio por un instante.

       —En realidad esperaba que tú me lo dijeras. ¿Sabes? Existen tantos universos que ni siquiera nosotros podemos ver y saber todo lo que sucede en ellos. No obstante, esa mujer que los convocó es quien tiene todas las respuestas, ¿no crees? Hace unos instantes estabas pensando lo mismo.

       —¿Tratas de manipularme? Recuerda que te conozco, Nyartolep.

       —No seas obcecado, Kay. Aquellos que desataron la crisis seguirán con sus planes, creyendo que incluso podrán invadir la Oscuridad y al final se producirá una gran colisión de poderes. ¿Quién crees que saldrá ganando en todo esto?

       El Centinela negó con la cabeza.

       —No tiene sentido que pretendas ayudarme. A ti y a los demás Primordiales le conviene que las cosas continúen como hasta ahora para que puedan salir de su prisión.

       —Y entonces se producirá una lucha sin fin. ¿Cuanto crees que tardarán en reconocer a los míos? La antimateria puede destruir a todos los seres vivos y también a nosotros cuando tomamos forma física siguiendo las leyes de este universo ¿En cuanto tiempo crees que podremos hacernos uno con la antimateria? ¿Cuanto tiempo pasará antes de que nuestros cuerpos sean de antimateria? Sólo mírame, Kay, ¿acaso reconoces en mí el poder del Primordio? Tengo la apariencia de Li Syaoran y eso es porque podemos mimetizarnos y ser como ustedes. Sé que tú también escuchas el llamado del Gran Cthulhu porque ahora es más fuerte que antes. También él sabe de la crisis y los servidores del Primordio se preparan para recuperar nuestro lugar en la Existencia.

       Kay sintió un escalofrío sólo de recordar el nombre de Cthulhu, pero no iba a dejar que Nyartolep se percatara de eso y siguió mirándolo con frialdad y hablando con extrema tranquilidad.

       —¿Por qué me ofreces ayuda entonces? Irías contra los deseos del Primordio

       —La razón es porque tú eres parte del Primordio de alguna manera. No puedes negar tu herencia como tampoco lo hizo tu padre.

       Kay se alarmó ante aquellas palabras. Movió la cabeza, tratando de asimilar lo que había escuchado y al final sólo alcanzó a preguntar:

       —¿Que propones entonces, Nyartolep?

       —Algo que te va a gustar mucho —respondió el Primordial—. Supongo que sabes lo que es la Restricción Cero.

       El Centinela levantó la cabeza. Claro que sabía exactamente lo que era aquello, aunque podía representar el fin de todo.

       —Parece que mis palabras te dejaron frío, amigo Kay.

       —No soy tu amigo, Nyartolep —repuso el Centinela. Un destello de impaciencia cruzó el rostro de Kay Namura—. Sí de verdad quieres ayudarme, entonces dime lo que sepas acerca de Celestia o la crisis y olvida la Restricción Cero.

       La voz de Syaoran se elevó un poco, sabedor de que había encandilado a su público.

       —Sólo he escuchado leyendas y relatos sobre una época incluso más antigua que la de la primera guerra entre dioses, Centinelas y Primordios. En dichas historias se habla sobre un mundo que bordea la Eternidad y donde nadie puede ir a menos que sea llamado. No confíes en la gente de ese lugar, Kay, no son como los Centinelas a los que perteneces. Para ellos los demás seres de la Existencia no somos importantes, sino únicamente piezas en sus extraños juegos.

       Kay lo miró con frialdad.

       —¿Crees que ellos sepan quien es el causante de esto?

       —Comienzas a entender. Son ellos quienes tienen todas las respuestas, amigo Kay. He oído los quejidos de otros que son como yo. ¿Puedes creerlo? La oscuridad gime, pero no transmite caos o temor como solía hacerlo. Sólo… vacío y nada.

       —¿A qué te refieres con eso? —inquirió Kay.

       —Sólo vacío y nada —repitió Nyartolep mientras retrocedía lentamente hacia las sombras—. Sólo vacío y nada.

       —Pero… .

       —Sólo vacío y nada… .

       Las luces se encendieron de nuevo y Kay tuvo que protegerse los ojos. Había permanecido en penumbra el tiempo necesario para que la luz de las lámparas le impidiera ver. Cuando trató de localizar nuevamente a Nyartolep reparó en que éste había desaparecido. La vida regresó a la normalidad en la biblioteca, pero Kay no podía sacarse de la cabeza las extrañas palabras de aquel Primordial. Estaba pensando en eso precisamente cuando percibió la presencia de Paul a sus espaldas y se volvió sobre su silla giratoria.

       —¿Todo bien, Kay? —le preguntó el Guardián.

       Paul dirigió su mirada hacia el sitio en donde Nyartolep había desaparecido y alzó el entrecejo con algo de recelo. Aún se podían sentir las energías siniestras dejadas por aquel emisario de las tinieblas primigenias y esto hizo que Paul se pusiera tenso.

       —Si, eso creo, Paul —contestó Kay Namura—. ¿Dónde está Oriana? ¿Lograste encontrarla?

       —Ella… —Paul no sabía cómo decirlo—. Ella se fue con Fobos.

       El Centinela se puso de pie casi al instante.

       —¿Qué dices? ¿Cómo sucedió? Creí que ese tipo estaba con Charles y Kayani.

       —Parece que los dejó en otra parte y decidió seguirnos —repuso el Guardián mientras Kay se pasaba una mano por los cabellos—. Traté de convencerla de que no fuera con él, pero… Oriana es una persona complicada.

       —¿Sabes a donde se marcharon?

       —Dijeron algo sobre ir al sector industrial —repuso Paul—. Creo que Oriana piensa que podrán encontrar una pista en ese lugar o algo así

       —Tenemos que encontrarlos —anunció Kay con apremio—. Oriana corre peligro estando junto a ese canalla, pero no es sólo por eso. Acabo de leer que todos los individuos con habilidades especiales deben estar registrados en el gobierno.

       —Eso explica el porqué esos policías nos pidieron identificaciones —concluyó Paul en tono ausente—. Espera un momento, ¿significa que ella y Fobos pueden ser tratados como criminales sí la policía los encuentra?

       —Exactamente.

       Kay avanzó hacia la salida sin mirar atrás, seguido por Paul.

       Recorrieron la calle buscando el rastro del aura de Fobos y Oriana, y cuando las ubicaron fueron hacia la plaza que estaba frente a la biblioteca.

       —¿Qué hacemos ahora? —inquirió Paul.

       —Primero localiza a Kayani y a Charles —le pidió Kay.

       El Guardián de Plata sacó el armor capsule de entre sus ropas y pulsó unas teclas, apretó el aparato contra su oído y fijó la mirada hacia el cielo. Unos momentos después, escuchó la dulce voz de Kayani.

       —Habla Kayani, ¿qué sucede?

       Paul respiró hondo.

       —Kayani, ¿qué ocurrió con Fobos? ¿Por qué no está con ustedes?

       —Ese miserable no quiso acompañarnos cuando acudimos a detener a unos malhechores y estaba en un plan realmente insoportable. Mejor deja que te cuenta de cómo Charles y yo nos enfrentamos a… .

       —Guarda silencio y escúchame, por favor —la interrumpió Paul—. No tenemos tiempo para tonterías. Fobos nos encontró y se marchó junto con Oriana.

       —¡Paul! ¡No puedo creerlo! —exclamó Kayani—. ¿Cómo pudieron dejar que Oriana se fuera con ese odioso tipejo? ¿Qué es lo que estaban haciendo tú y tu amigo?

       —¡Suficiente! ¿Quieres ponerme atención por una vez? —replicó Paul, alzando un poco la voz—. ¡Maldita sea! Sabes que odio que no me dejen terminar. Como te decía, en esta Tierra las personas con poderes están registradas en el gobierno por mandato de ley.

       —¿Y eso qué tiene que ver ahora? —se extrañó Kayani.

       Irritado, Paul lanzó un suspiro.

       —Pues que podrían tomarnos por criminales ¡Caramba! No se acerquen a las fuerzas de seguridad locales y traten de no llamar la atención.

       —Eh, eso será un poco difícil de hacer —murmuró Kayani mordiéndose el labio inferior, apenada por lo que iba a decir—. Charles y yo ayudamos a capturar a un par de criminales y el lugar estaba lleno de miembros de los cuerpos del orden público. Eran personas muy amables y nos agradecieron mucho que… .

       —¡¿Qué hicieron qué cosa?! —exclamó Paul, sin darle oportunidad para continuar hablando—. Demonios, Kayani, pudiste haber comprometido la misión. ¿No les pidieron identificación? No, espera, olvida eso y reúnanse con Kay y conmigo en el sector industrial.

       —¿Por qué en el sector industrial? —preguntó Kayani desconcertada.

       —¡Carajo! No tengo tiempo para explicártelo todo ahora —Paul volvía a estar irritado—. Sigue la señal de mi armor capsule y no se dejen ver demasiado por la gente si es que es posible eso, ¿de acuerdo?

       Cortó la comunicación sin despedirse y se lo guardó en la camisa.

       Kay miró en derredor. Había docenas de personas en la plaza, calles aledañas y a la entrada de la biblioteca. Jamás podrían alcanzar a Fobos y a Oriana si iban a pie, pero tampoco disponían de un vehículo con el cual desplazarse por la ciudad. Pensó en la posibilidad de solicitar los servicios de un taxi, pero no tenían dinero y manipular telepáticamente al conductor podría ocasionarles más problemas. La única forma era salir volando a máxima velocidad para que los viera el menor número de personas.

       —Tendremos que volar lo más rápido que podamos —le dijo Kay—. Hay mucha gente a nuestro alrededor, pero si actuamos rápido podremos irnos sin llamar demasiado la atención ¿Crees que podrás mantener mi ritmo?

       Paul sonrió jactanciosamente.

       —Eso debería decirlo yo.

       Los dos asintieron con la cabeza al unísono y comenzaron a levitar en el aire rápidamente, cuidándose de que la mayoría de la gente no los viera. Algunos alzaron los brazos para apuntar hacia los dos hombres que flotaban y comenzaron a gritar, pero antes de que se armara demasiado alboroto, Paul y Kay ya habían desplegado sus auras para convertirse en veloces destellos que cruzaban el firmamento.

       Planeta Ginups

       Shiryu y Sobek volvieron la mirada al mismo tiempo. Por su parte, Eclipse continuó tratando de prender el fuego bajo la cacerola sin decir una palabra. Génesis no sabía qué responder ante la pregunta de Jaguar Negro y a juzgar por los rostros de Shiryu, Sobek y Sailor Golden Star, era evidente que ellos tampoco. La cazadora se mordió el labio inferior, indecisa, por no saber qué decir.

       —Y bien —dijo Jaguar Negro—. ¿No dirán nada?

       —¿Importa mucho? —inquirió Sobek con frialdad.

       Jaguar Negro lo miró.

       —Me gustaría saber con qué tipo de personas estoy tratando.

       —Creo que tendrás que conformarte con nuestros nombres —repuso Sobek.

       Génesis dirigió la mirada hacia Eclipse, que continuaba ocupado con encender una fogata y silbando despreocupadamente, como si la pregunta de Jaguar Negro no tuviera nada que ver con él.

       —Sólo deseo saber de dónde han venido —insistió Jaguar Negro—. Adelante, pueden decírmelo con confianza.

       —No es tan fácil de explicar —murmuró Shiryu, inseguro.

       —¿Qué pasa? ¿Acaso son fugitivos de la ley? No se preocupen por eso. Yo también he tenido problemas con la autoridad en algunas partes y por eso viajo constantemente. No soy precisamente una persona ejemplar.

       —No, no es eso —se apresuró a decir Génesis, dubitativa—. Mira, te agradecemos por tu ayuda, pero creo que lo más seguro es que no conozcas nuestro mundo.

       —Pruébame —dijo el enmascarado, clavándole una mirada en el rostro.

       Génesis y Sailor Golden Star notaron cómo Sobek contenía su impaciencia ante la insistencia de Jaguar Negro. Shiryu barajó la posibilidad de hablar con la verdad y contarle todo, pero no encontraba una forma de hacerlo. ¿Cómo iban a explicarle que todos ellos provenían de universos paralelos y que una mujer de poderes asombrosos los había enviado? Seguramente los creería un grupo de mentirosos o locos. El Guerrero Dragón movió la cabeza y desechó la idea.

       —Eh, ¿cómo te lo explico? —murmuró Shiryu—. Sucede que… .

       —Todos ellos provienen de la Tierra —dijo Eclipse de repente.

       Sobek y Génesis se volvieron y le lanzaron una mirada asesina, pero el Espía Estelar continuó con lo que estaba haciendo sin mirar a nadie. Cuando las ramas secas finamente comenzaron a arder, Eclipse colocó los pescados y la rana que habían comprado en el mercado dentro de la cacerola, luego extrajo unas cápsulas de su cinturón y vertió el contenido en la comida. El viento comenzó a soplar con mayor fuerza y la temperatura empezó a descender rápidamente.

       —Vaya, por fin todo en orden —sonrió Eclipse con satisfacción—. Y parece que encendí el fuego justo a tiempo porque hará mucho frío. No se preocupen, amigos, la comida estará lista en unos instantes.

       Jaguar Negro fue a sentarse cerca de la fogata y luego miró a Shiryu.

       —Así que terrícolas, ¿eh?

       El Guerrero Dragón asintió. No podían tachar a Eclipse de mentiroso porque había dicho la verdad en parte.

       —Sí, bueno, no pensé que supieras donde estaba la Tierra.

       —Es algo curioso —comentó Jaguar Negro—. Nunca creí que encontrarías terrícolas en una parte tan alejada del borde interior de la galaxia, menos en un mundo moribundo como este.

       —¿Conoces la Tierra? —preguntó Sailor Golden Star.

       —He oído algunas cosas sobre ese planeta, pero jamás he estado ahí —repuso Jaguar Negro—. Ahora comprendo por qué no querían decirme de que mundo habían venido y no los culpo. La mayoría de los visitantes de Ginups siente desprecio por los humanos, especialmente si estos provienen de la Tierra.

       —Exactamente, fue por eso —dijo Eclipse antes de que alguien dijera algo más. No podía dejar que Jaguar Negro se diera cuenta del engaño—. Es justo lo que les comentaba cuando nos dirigíamos a este planeta, pero no tienes nada de que preocuparte. Como ya te habrás dado cuenta, mis compañeros no son como la mayoría de los terrestres.

       —Sí, lo he notado —murmuró Jaguar Negro y luego llevó su vista hacia Génesis.

       Se produjo una breve pausa antes de que alguien volviera a hablar. Eclipse cogió una cantimplora y agregó agua al interior de la cacerola.

       —Oye, un momento —protestó Sailor Golden Star—. No será agua sucia lo que estás poniendo ahí, ¿cierto?

       Eclipse dejó escapar una sonrisa.

       —No te preocupes, la cantimplora estaba dentro de mi bolsa de viaje y está hecha con un material impermeable al agua. Además le he añadido una cápsula desinfectante a la comida para que no se preocupen.

       —Bueno, basta de charla y vayamos directo al grano —Shiryu volvió el rostro hacia Jaguar Negro—. ¿Qué tan lejos está la fortaleza que mencionaste? Tenemos que llegar ahí lo más rápido posible.

       —¿Están seguros de que continuar con eso? Yo no se los recomiendo.

       —No tenemos otro camino —susurró Génesis—. Sí el arma que estamos buscando está en ese lugar, entonces debemos ir ahí y encontrarla.

       —Comprendo eso, pero deben entender que lo que pretenden es peligroso —les explicó Jaguar Negro—. Sí los atrapan dentro de la Fortaleza Oscura de Saajar tendrán suerte si los matan inmediatamente.

       —¿Tendremos suerte si nos matan? —murmuró Shiryu contrariado—. Vaya.

       —No me malentiendas, Shiryu. Hace tiempo algunos ladrones entraron ahí con la intención de conseguir comida y otras cosas, pero los capturaron a todos. Saajar hizo que los torturaran durante algún tiempo sólo para su entretenimiento y después envió a los pocos que sobrevivieron a las minas de arkonium. Sólo muy pocos han escapado de las garras del Duque Saajar.

       —Eso no nos asusta, Jaguar Negro —repuso el Guerrero Dragón, exhibiendo una sonrisa de plena confianza—. Sí es necesario enfrentaremos a ese tal Saajar y le daremos su merecido por todas las que ha hecho en este mundo. No es por sonar presuntuoso, pero no somos personas ordinarias y seguro que ya te diste cuenta de eso.

       Jaguar Negro asintió.

       —Muy bien, acepto que tienen cierta habilidad fuera de lo común, pero la fortaleza está muy bien vigilada por muchos guardias y drones, ¿están seguros de que podrán con todos?

       —Descuida, que para todo hay maña —dijo Eclipse mientras agitaba un cucharón dentro de la cacerola—. Como Espía Estelar, me infiltré en muchas instalaciones militares para obtener información y sé que siempre hay formas de entrar.

       —Está bien, sí están decididos, los guiaré hacia la morada de ese maldito Saajar —Jaguar Negro tomó un rama seca y trazó un cuadrado en la tierra—. La Fortaleza Oscura se ubica rumbo al norte de estas ruinas, pero es preferible que esperemos hasta que se acerque el alba.

       —No tenemos tanto tiempo —señaló Génesis.

       —Lamento decirles que viajar de noche no es muy recomendable —repuso Jaguar Negro—. Hay salteadores de caminos esperando a que algún desesperado viajero cometa la tontería de arriesgarse. Les aseguro que será mejor aguardar el amanecer y mientras podemos descansar un poco.

       —Disculpa que insistamos tanto —dijo Sailor Golden Star—. Pero de verdad es urgente que lleguemos a ese lugar a la brevedad posible.

       —No te agradará caminar con este viento tan helado —repuso Jaguar Negro mientras Eclipse sacaba unos platos de su bolsa—. Y menos con una falda tan corta que expone tus piernas a la intemperie. Estamos en pleno invierno en Ginups y la temperatura desciende drásticamente por las noches.

       —Tranquilos y nos amanecemos —murmuró Shiryu, frotándose las manos.

       —Quizá debemos hacer lo que dice —declaró Génesis—. Entrar en esa fortaleza no debe ser nada fácil y lo mejor será espera aquí para idear un buen plan.

       —Exactamente —asintió Jaguar Negro—. En el alba se da el cambio de guardias a la entrada de la Fortaleza Oscura y podemos aprovechar el momento para infiltrarnos. Creo que podríamos hacer pasar por campesinos o comerciantes, pero debemos actuar con prudencia.

       Sobek decidió apartarse del grupo y fue a sentarse sobre una pared que se había convertido en una pendiente de piedra. El viento frío que soplaba lo incomodaba un poco, pero le gustaba estar solo para pensar con tranquilidad. Odiaba admitirlo, pero estaba de acuerdo con Jaguar Negro en aguardar a que fuera de día. No era que hubiera empezado a confiar en el enmascarado o algo parecido, sino que también era de la idea de que había que planear las cosas con cuidado antes de infiltrarse. Dirigió su mirada hacia una pared donde había otro mural que llamó su atención: un hombre con dos alas en la espalda, mirando hacia abajo en medio de un halo de luz de luna que se filtraba. Sobek no era un hombre religioso, pero por alguna razón aquella imagen le recordó los vitrales que se podían admirar en ciertas abadías.

       —¿No vas a comer? —Era Sailor Golden Star atrás de él.

       —Gracias, pero no tengo hambre —repuso Sobek sin volverse—. Será mejor que regreses con los demás.

       —Esperaba que volviéramos juntos, el estofado que preparó Eclipse no se ve nada mal y creo que podrías ayudarnos a planear cómo entrar a la fortaleza.

       Sobek se levantó de su asiento para encarar a Naoko.

       —Siento decirte que prefiero estar solo.

       —¿Puedo preguntar la razón?

       —Puedes —repuso Sobek antes de girar sobre sus talones y alejarse un poco. Pensó que Sailor Golden Star lo dejaría solo y se iría. En realidad estaba equivocado.

       

       

       Continuará… .

       

       

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