Leyenda 083

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO LXXXIII

ENCUENTROS Y DESENCUENTROS

         Astronave Churubusco (Sala de entrenamiento)

         La gravedad dentro de la habitación era de cuatrocientos ges y la temperatura ambiental alcanzaba los sesenta grados centígrados. Cadmio sabía perfectamente que se estaba arriesgando demasiado bajo aquellas condiciones extremas, pero creía que sí no superaba sus propios límites, jamás podría llegar a derrotar a los Khans y mucho menos a N´astarith. Después de la batalla librada en el santuario de Atena, había estado repasando una y otra vez la manera en que Tiamat lo había vencido y eso lo hacía sentirse molesto consigo mismo. Ciertamente, sí había algo que él detestaba era admitir que aún le faltaba mucho camino por recorrer para convertirse en un verdadero Caballero Celestial. Gracias al entrenamiento que había recibido años atrás, sabía que para ser un mejor guerrero, no sólo debía incrementar su fuerza y velocidad, sino también sus habilidades mentales e instintos.

         Varios androides voladores habían sido desplegados por toda la habitación y en ese instante sobrevolaban el suelo alrededor de Cadmio, que en todo momento permanecía con los ojos cerrados e inmóvil. La función de aquellos pequeños robots consistía en atacarlo una vez que hiciera el menor movimiento; para eludir la increíble fuerza de gravedad de la habitación, los androides habían sido dotados de un dispositivo antigravedad, el cual les permitía moverse como sí estuvieran en un ambiente de ingravidez. Cadmio, por su parte, trataba de percibir el movimiento de sus adversarios mecánicos usando únicamente su intuición; en su mano derecha sujetaba una espada.

         De pronto, Cadmio dio un salto en el aire y los androides voladores se lanzaron a la carga. El arma del Celestial hizo que un par de androides estallaran en una erupción de chispas y componentes metálicos que se esparcieron por todas partes. Posteriormente interceptó los haces láser disparados en su contra, desviándolos hacia los androides más cercanos. Al instante siguiente, alzó una mano con la palma vuelta hacia el frente y otro robot voló por los aires hasta estrellarse con una pared.

         Una vez que todos los androides estuvieron fuera de combate, Cadmio se dejó caer en el suelo. La gravedad aumentada y la elevada temperatura le estaban causando un enorme desgaste físico, pero también le ayudaban a volverse más fuerte y ésa era principal la razón por la que soportaba el entrenamiento. Estaba listo para seguir practicando cuando de repente escuchó que alguien aplaudía a sus espaldas.

         —¿Eh? —musitó el Celestial, volviendo el rostro por encima del hombro.

         —Eso estuvo muy bien, debo admitirlo, pero aún tienes mucho que aprender sí de verdad pretendes derrotar a los Khans —declaró Jesús Ferrer con suavidad, provocando que Cadmio se levantara de golpe y se girara sobre sus talones con la velocidad del rayo.

         —¡¿Cómo entraste aquí?! Se supone que tú deberías estar encerrado en alguna parte.

         —Es cierto, debería permanecer encerrado en mis habitaciones, pero quise dar un pequeño recorrido para conocer toda la nave —hizo una pausa y recorrió el sitio con la mirada—. Debo reconocer que esta sala de entrenamiento está muy bien equipada.

         —¡Maldito cobarde! —exclamó Cadmio, deslizando un pie hacia delante—. Pretendes escapar de la Churubusco, ¿no es así? Pues bien, yo te detendré aquí mismo y ahora. Tu absurdo desplante de arrogancia te va a costar muy caro.

         Jesús se cruzó de brazos y luego lo miró de arriba abajo.

         —No tengo intenciones de huir sí es eso lo que crees. Como ya dije hace un momento, salí de mis aposentos para recorrer la nave, pero cuando percibí tu energía decidí venir a ver cómo peleabas.

         Cadmio frunció una sonrisa maliciosa. No tenía la menor intención de averiguar sí Jesús Ferrer decía la verdad o le estaba mintiendo; lo único que deseaba en ese momento era enfrentar a alguien que pudiera darle pelea. A su juicio, el entrenamiento con los androides no era lo más apropiado sí es que pretendía volverse más fuerte. De hecho, un combate con un oponente real era lo más indicado para sus necesidades; el que pudiera luchar con Jesús Ferrer y derrotarlo era un premio extra.

         —¿Así que querías ver cómo entrenaba? Bueno, pues prepárate porque he decidido darte tu merecido aquí mismo, infeliz. No me interesa sí alguien en el Consejo de la Alianza se molesta por esto. Nadie te salvará de que te dé una paliza.

         —Interesantes palabras —repuso Jesús sin perder la compostura—. Pero aunque tengamos casi el mismo nivel de pelea, es obvio que no estás en condiciones de derrotarme y eso lo puedo saber con solo verte.

         —¿Qué estás diciendo? —exclamó Cadmio con el entrecejo fruncido. Iba a lanzarse al ataque cuando, de pronto, cayó en cuenta de que la gravedad aumentada y la temperatura no parecían afectar en nada al príncipe meganiano—. ¿Qué demonios pasa aquí? —murmuró con desconcierto—. Se supone que la gravedad de este lugar está incrementada unas cuatrocientas veces y sin embargo te mueves con absoluta normalidad.

         —Es cierto, pero no es la primera vez que experimento una gravedad como esta. Es probable que no lo sepas, pero hace mucho tiempo estuve entrenando en un planeta con una fuerza de gravedad similar a la que hay en esta habitación —hizo una pausa y se tomó la barbilla mientras reflexionaba—. Ahora que recuerdo la temperatura en ese planeta era de ciento setenta grados en el día, ¿o era de doscientos setenta?

         Cadmio ya había tenido suficiente con aquella conversación. Ansioso por dar rienda suelta a su creciente ira, arremetió contra el meganiano intentando atacarlo con la espada. Sin embargo Jesús desenfundó rápidamente su espada, cuya hoja se revistió con una energía azul electrizante, se defendió hábilmente y luego derribó a su adversario. Cadmio se puso de pie con furia y le acometió de nuevo, pero su oponente repelió la embestida, le arrancó el arma de las manos y la cogió al vuelo. Incapaz de detenerse, Cadmio pasó junto a su contrincante, que le golpeó con el mango en la espalda, se estrelló con una pared y volvió a desplomarse en el suelo.

         —¿Te atreves a intentarlo de nuevo? —le preguntó Jesús.

         El Celestial meneó la cabeza y volvió a ponerse de pie, decidido a continuar la pelea.

         —Tal vez no sea muy diestro usando la espada, pero no creas que te saldrás con la tuya, principito idiota —A continuación desplegó su aura con fuerza y se lanzó a toda velocidad contra Jesús Ferrer, que para ese momento ya había dejado caer ambas espadas al suelo.

         Cadmio echó su brazo derecho hacia atrás dispuesto a asestarle a su enemigo un fuerte puñetazo en la cara. El príncipe de Megazoar, por su parte, esperó el ataque y luego, simplemente, atrapó el puño de su rival con la mano. Al ver lo sucedido, Cadmio abrió totalmente los ojos por la sorpresa y luego, tras apretar los dientes con furia y escupir una maldición, reaccionó atacando con una lluvia de puñetazos. Moviendo las manos de un lado a otro con rapidez, Jesús consiguió bloquear o desviar todos los golpes que el Celestial le estaba mandando. Pasados algunos segundos, Cadmio se apartó de su rival con un rápido salto hacia atrás.

         “Es más rápido de lo que pensé —reflexionó—. Hace unos momentos dijo que teníamos más o menos el mismo nivel y aún así no puedo ni tocarlo ¿Acaso la gravedad me estará afectando?”.

         —Peleas bastante bien, amigo —reconoció Jesús—. Pero te recuerdo que hace poco tuviste una batalla muy dura con los Khans, ¿o ya lo olvidaste? Me imagino que desde que volviste has estado entrenando arduamente y no has tomado ni un ciclo para descansar y reponer tus fuerzas, ese es un grave error.

         —¡¡Lo que yo haga es asunto que a ti no te importa!! —replicó Cadmio con furia. Llevó las manos abiertas a un costado del cuerpo y juntó sus muñecas, dejando un pequeño espacio entre las palmas—. ¡¡Sha… —A continuación, una diminuta esfera de luz amarilla se formó entre sus manos y comenzó a aumentar de tamaño paulatinamente—… Ma… —De golpe, Cadmio movió sus manos al frente, descargando un violento rayo de luz contra Jesús Ferrer—… Sha!!

         El príncipe meganiano vio venir aquella enorme bola de energía y frunció el entrecejo debajo del oscuro visor de su casco. Aquella técnica, aunque simple en apariencia, era en realidad un ataque muy poderosa y cualquier guerrero experimentado podía darse cuenta de ello. No obstante, lo cierto era que ese Sha-Ma-Sha en particular no tenía mucha fuerza y eso se debía a que Cadmio estaba muy debilitado a consecuencia de su batalla en el santuario. En un sorprendente alarde de fuerza, Jesús contuvo el Sha-Ma-Sha con sus manos y luego lo empujó hacia atrás, contra Cadmio.

         El Celestial apenas tuvo unos segundos para hacerse a un lado y esquivar su propio ataque, el cual le pasó por un costado del rostro y finalmente se estrelló en uno de los muros blindados donde explotó con fuerza. Cadmio se llevó un puño a la mejilla y al retirarlo descubrió que había un poco de sangre en el dorso de su mano; de seguro el Sha-Ma-Sha le había rasguñado el rostro al momento de esquivarlo.

         —Pudo regresar mi Sha-Ma-Sha sin ningún problema. Aparentemente es más poderoso de lo que imagine. Creí que tendría más o menos la misma fuerza que su hermano David, pero veo que no es así.

         —De hecho mis poderes son ligeramente superiores a los de mis hermanos, lo que ocurre contigo es que no sabes usar tus habilidades. Sí continuas actuando impulsivamente jamás podrás derrotar a los guerreros de Abbadón.

         —Tal vez tengas razón después de todo. Sí no puedo ni siquiera tocarte, es imposible que derrote a un Khan. Necesito mejorar más mis técnicas y habilidades, aunque no por eso te sientas superior a mí.

         —Bien, pues de nada.

         —¿De nada? —repitió Cadmio—. ¿Acaso crees que debo darte las gracias?

         —Claro, por mostrarte tus errores.

         —¿Qué estupideces estás diciendo?

         —Los Khans son guerreros extremadamente poderosos y tienen los instintos de un asesino entrenado. Tú en cambio pareces un aficionado. Crees que atacando con furia podrás compensar tu falta de habilidad y ése es un grave error que acabo de mostrarte. Estoy seguro que sí te enfrentaras con un guerrero de Abbadón lucharías con valentía, pero él acabaría contigo enseguida.

         Cadmio se defendió.

         —Habría encontrado una manera de vencerlo, de eso puedes estar seguro.

         —¿Cómo lo hiciste conmigo? —Cadmio le dirigió una mirada de furia—. Sí de verdad deseas vencer a los Khans, puedo ayudarte a hacerlo ya que he estado cerca de ellos y conozco algo sobre su manera de pelear. El entrenamiento será largo y duro, tanto para ti como para mí, pero al final habrá valido la pena para ambos.

         Cadmio lo observó con recelo.

         —No recuerdo haberte pedido ayuda, escoria, además no entiendo por qué alguien como tú se interesa en que mejore mis habilidades. Eso no tiene sentido.

         El príncipe meganiano se acercó unos pasos.

         —Porque yo también necesito de tu ayuda.

         —¿De qué hablas?

         —Hace poco me enfrenté con tres guerreras de Abbadón y ellas me vencieron fácilmente a pesar de mis esfuerzos por derrotarlas. Sí entrenamos juntos te mostraré algunas de mis mejores ataques y con eso podrás mejorar los tuyos. Estoy seguro que te sentirás mejor entrenando con un oponente real y no con esos simples androides que puedes destruir fácilmente.

         Cadmio lo miró fijamente.

         —Está bien, pero no quiero que malentiendas las cosas. Aceptaré tu ofrecimiento sólo porque me interesa volverme más fuerte y necesito de alguien con poder para entrenar. No me interesan tus problemas ni deseo tu amistad, ¿te quedó claro?

         —Completamente —repuso Jesús.

          Aprovechando la oscuridad de la noche, Kanon había decidido ir a recorrer los pasillos de la gigantesca nave por su propia cuenta. No se sentía a gusto en compañía de los Santos dorados y eso era porque, a pesar de lo que dijeran, sabía que en el fondo estos aún desconfiaban de él. No podía culparlos debido a todo lo que había sucedido tiempo atrás, pero tampoco podía evitar sentirse incómodo. Le molestaba la manera en que Aioria lo miraba; siempre desafiante, hostil, como sí estuviera buscando cualquier motivo para iniciar una pelea con él. Pero eso no debía importarle ya que la única manera en que podía borrar sus pecados era protegiendo a Atena.

         Sin saber exactamente en donde estaba, Kanon llegó hasta un largo corredor que tenía muchas ventanas con vista hacia el espacio. En las afueras podían verse cientos de naves que flotaban cerca de la Churubusco. Kanon dedicó unos segundos a contemplar una nave Águila Real —la misma en la que viajaban Uriel, Asiont, Sailor Moon y los demás— que se acercaba a la astronave y luego decidió volver a los aposentos donde estaban los santos dorados. Justo cuando iba a dar la vuelta para regresar por donde había venido, vio que había alguien más en el corredor mirando el espacio a través de los enormes ventanales.

         Se trataba de una joven que vestía un traje de color oro que envolvía su delgado cuerpo. A juzgar por su semblante triste y mirada distante, Kanon imaginó que tal vez tenía alguna clase de preocupación. No tenía idea de quien era ni donde venía, pero le pareció una mujer hermosa. Estaba por acercarse a donde estaba cuando, de repente, vio que otra joven de cabello largo apareció por el corredor y se dirigió a ella para hablarle. Intrigado, Kanon decidió ocultarse tras una pared y escuchar la conversación.

         —¿Qué es lo que quieres de mí, Sailor Pluto? —preguntó la joven de traje dorado sin dirigirle la mirada a la recién llegada.

         —Deseo saber tus verdaderas intenciones, Galaxia —repuso la Outer Senshi.

         —¿Mis verdaderas intenciones?

         —Aunque nos ayudaste cuando estábamos en la Tierra, no puedes pedirnos que olvidemos que una vez intentaste matarnos. Debes entender que algunas de nosotras aún tengamos sospechas.

         —Te entiendo perfectamente —murmuró Galaxia bajando la mirada—. Después de todo lo que sucedió, es natural que todavía no confíes en mí. —Guardó silencio unos segundos al cabo de los cuales se dio la vuelta para mirar a Pluto a la cara—. Tal y como les dije antes en la Tierra, vine hasta aquí para proteger a la Vía Láctea.

         —Comprendo —asintió Sailor Pluto, mirándola directamente a los ojos—. ¿Estás completamente segura de que el Caos abandonó tu cuerpo?

         —El Caos regresó a donde pertenece, al corazón de todas las personas.

         —¿De qué estarán hablando? —se dijo Kanon a sí mismo—. ¿Qué es eso del caos?.

         —Para que hayas decidido involucrarte quiere decir que el peligro que se cierne sobre nuestro planeta es increíble —murmuró Sailor Pluto—. Cuando vi que el futuro de nuestro planeta había desparecido supe que algo grave estaba por suceder, aunque jamás imagine que incluso la Sailor Senshi más poderosa de todas se nos uniría en esta batalla.

         —No tengo idea de que tan fuerte sea este enemigo llamado N´astarith, pero puedes estar segura de que lucharé con todas mis fuerzas para evitar que lleve a cabo sus planes. Defenderé la Vía Láctea con todas mis fuerzas ya que Sailor Moon me demostró lo valiosa que es la vida.

         —Lo que me inquieta ahora es saber sí la princesa, es decir, Sailor Moon tiene el poder necesario para luchar con este nuevo enemigo —murmuró Sailor Pluto con una sombra de preocupación en su mirada—. Admito que el Cristal de Plata aún tiene poder, pero dudo que sea el suficiente para combatir a un enemigo de esta naturaleza.

         —El Cristal del Milenio de Plata es el más poderoso de toda la galaxia —declaró Sailor Galaxia, llevando la vista hacia el espacio por un momento—. Cuando mi cuerpo era dominado por la fuerza del Caos quedé impresionada de ver que Sailor Moon era capaz de pelear a mí mismo nivel. Fue entonces cuando comprendí que su semilla estelar, o mejor dicho, su Sailor Cristal contenía una fuerza excepcional.

         —¿A qué te refieres exactamente?

         —Todos me conocen como la Sailor Senshi más poderosa de la galaxia, pero la verdad es que Sailor Moon es quien merece llevar ese título. Ella tiene un enorme poder que aún no ha expulsado por completo y es probable que tú lo sepas mejor que nadie, Sailor Pluto.

         —Es verdad —dijo la Outer Senshi luego de un momento—. Su verdadero poder todavía se encuentra dentro de ella esperando salir, pero de todas formas no sé si éste será suficiente para afrontar a un enemigo como el que Asiont describe.

         —Debemos esperar y confiar en que Sailor Moon expulsará su verdadero poder llegado el momento. Sin embargo, antes de que vayamos a la batalla, sería conveniente saber un poco más sobre este nuevo enemigo.

         —Tienes razón en eso —concordó Pluto.

         Una vez que la rampa de abordaje descendió, Uriel, Sailor Moon, Mercury, Mars, Júpiter, Uranus, Neptune, Hikaru, Umi, Fuu, Tuxedo Kamen, Marina y Asiont salieron al encuentro de Mariana, que había ido a recibirlos junto con Rodrigo Carrier. Éste último no pudo ocultar su asombro cuando vio a las Guerreras Mágicas bajar del transbordador; a pesar de que no se había aprendido los nombres de todas las Sailor Senshi, sí sabía diferenciarlas por el color y la forma de sus trajes y gracias a esto pudo darse cuenta de que aquellas tres chicas no habían estado antes en la Churubusco.

         —Bienvenidos —los saludó Mariana—. Mi madre se disculpa por no haber podido venir a recibirlos personalmente, pero por el momento se encuentra en el puente de mando atendiendo un asunto urgente con el almirante Cariolano.

         —No se preocupe por eso, princesa —repuso Uriel con calma—. Permítame presentarles a Hikaru Shidou, Umi Ryuzaki y Fuu Huonouji. Ellas tres se enfrentaron a los guerreros del imperio en un planeta llamado Céfiro y ahora han venido para ayudarnos a luchar.

         —Espero que se sientan cómodas —les dijo Mariana con una sonrisa—. Ya he dado instrucciones para que se les asigne una habitación. Desafortunadamente tendrán que compartirla ya que, aunque ésta es una nave grande, estamos algo cortos de espacio.

         —Descuide, princesa —murmuró Fuu, inclinado levemente la cabeza—. Somos nosotras quienes nos apenamos de ocasionarles problemas. Mis amigas y yo estamos muy agradecidas por todas sus atenciones.

         —Esta nave es realmente enorme —murmuró Hikaru, contemplando todo a su alrededor—. Cuando la vi por primera vez se me figuró que era como una gigantesca ciudad en el espacio.

         —¿Verdad que sí? —dijo Sailor Moon—. Fue lo mismo que pensé cuando llegué.

         Rodrigo estaba literalmente conmocionado. Había visto cosas extrañas en el universo, pero ésta era la primera vez que no sabía a ciencia cierta como reaccionar. Los guerreros de N´astarith eran capaces de matar a cualquiera que se les pusiera enfrente, así que la sola idea de que Hikaru, Umi y Fuu fueran capaces de luchar con ellos le parecía ridícula, algo absurdo.

         “¿Están locos o tienen el cerebro muerto?”, pensó para sus adentros. “Ahora sí estoy convencido de que me uní al bando perdedor. Para cuando los Khans decidan exterminarnos no quedará ni nuestro recuerdo”.

         Mientras Mariana hablaba, Asiont se le quedó viendo fijamente como hipnotizado. Había sido testigo de muchas cosas increíbles en sus viajes por toda la galaxia, pero nada se comparaba con el hecho de ver a Mariana vestida como una princesa real de Lerasi. Escéptico, se frotó los ojos varias veces para cerciorarse de que en realidad era la verdadera hija de la reina Andrea. Cuando se cercioró que era ella no pudo creerlo; siempre la había visto con su uniforme de piloto de un lado para otro como un muchacho y esa era la primera vez que se daba cuenta de su belleza innata.

         —Mariana, no sé sí te lo habían dicho antes, pero que bien te ves con ese vestido. Ahora sí pareces una verdadera princesa —dijo Asiont con una sonrisa maliciosa. Mariana le propinó un leve manazo en el hombro como respuesta—. ¿Qué noticias tienes de Casiopea y los demás?

         —Oh, es verdad, ustedes no saben nada de eso ya que se encontraban fuera —repuso la princesa recuperando la compostura—. Casiopea, Eclipse, Dai, Ryoga, Hyunkel, la princesa Leona, Zaboot, Astroboy, Poppu, Sailor Saturn y tres de los Santos de Atena partieron hace como dos ciclos… .

         —¿Quiénes son los Santos de Atena? —le interrumpió Uriel, alzando una ceja.

         —¿O sea que Casiopea, Cadmio y los demás ya habían vuelto? —inquirió Asiont.

         —¿Adónde fue Sailor Saturn? —preguntó Sailor Neptune.

         En ese momento, Mariana cayó en cuenta de que Uriel y los demás no habían estado presentes cuando Cadmio, Saori y los guerreros del santuario habían llegado, de manera que era natural que ninguno de ellos supiera quiénes eran Atena y los Santos. Una sutil sonrisa se asomó por los labios de la princesa de Lerasi, que se dio un leve golpecito en la frente antes de responder.

         —Que tonta soy, es cierto, todos ellos llegaron cuando ustedes y Saulo y Zacek partieron en diferentes misiones. Bueno, poco después de que ustedes se marcharon, Cadmio, Casiopea, Eclipse, Lance, Dai, Ranma y los demás regresaron de otra dimensión en compañía de una joven llamada Saori Kido y de un grupo de guerreros que se hacen llamar a sí mismo como Santos.

         —¿Santos? —repitió Mercury por su parte.

         —¿Saori Kido? —murmuró Tuxedo Kamen.

         —Según los Santos, Saori es la reencarnación de una diosa llamada Atena —continuó Mariana mientras todos la observaban—. Tengo entendido que los Khans atacaron a los Santos mientras buscaban una de las gemas estelares y esa fue la razón por la que ellos decidieron venir con Cadmio, Casiopea y los demás.

         —¿Qué pasó con la gema estelar que estaba en el universo de donde vinieron esos Santos que mencionaste? —preguntó Asiont—. ¿Lograron encontrarla?

         —Creo que les alegrará saber que nuestros amigos consiguieron evitar que esa gema cayera en manos de los guerreros de Abbadón. En estos momentos, Lance se encuentran estudiándola en el laboratorio junto con el doctor Dreyfus.

         Al oír aquello, Sailor Moon se volvió hacia sus amigas.

         —¿Escucharon eso? Las cosas no están tan mal como pensábamos.

         —Si lograron impedir que el enemigo consiguiera obtener otra de las gemas, quiere decir que ahora tenemos dos en nuestro poder —concluyó Sailor Júpiter—. Ahora sólo debemos impedir que los guerreros de Abbadón las encuentren.

         —Es cierto, Sailor Jupiter —concordó Hikaru con alegría—. Sí no reúnen todas las gemas, no podrán hacer funcionar el Portal Estelar del que nos hablaron. Debemos esconderlas en algún lugar para que nunca las hallen.

         “Cadmio, Casiopea, Lance y los demás también lograron apoderarse de una de las doce gemas de los Titanes”, reflexionó Asiont por su parte. “Eso es bueno, sin embargo N´astarith no permitirá que esto lo detenga. Hace poco percibí varias auras poderosas a bordo de la Churubusco, me pregunto sí todos éstas pertenecerán a esos Santos de los que habla Mariana”.

         —¿Qué sucedió con la princesa Leona? —intervino Marina, mostrándose algo preocupada—. Nos estabas diciendo que ella y Dai habían partido cuando Uriel te interrumpió.

         —Es cierto —repuso Mariana—. Aproximadamente hace dos ciclos, detectamos la existencia de una nueva puerta dimensional creada con el Portal Estelar. Cuando les informamos de esto a Casiopea y a los demás, Shilbalam creó una abertura dimensional para que algunos pudieran ir al universo a donde los Khans habían ido. El problema fue que el viejo brujo hizo aparecer la puerta en medio del comedor donde estábamos comiendo.

         —Pues sí que nos hemos perdido de muchas cosas —comentó Sailor Mars.

         —Sí me acompañan los llevaré al comedor donde estábamos —dijo Mariana extendiendo una mano para indicarles la ruta—. Ahí se encuentran Ranma, Shilbalam, Shampoo, Moose, Saori, Sailor Venus y algunos de los Santos esperando alguna noticia de nuestros amigos.

         —Yo tengo que arreglar algunos asuntos que no pueden esperar —anunció Uriel, separándose del grupo y tomando un camino diferente—. Me reuniré con ustedes después.

         Tuxedo Kamen volvió la mirada hacia él.

         —Te estaremos esperando —le dijo.

         Mientras el grupo seguía a la princesa, Asiont se detuvo un momento y llevó la vista hacia una de las paredes del gigantesco hangar como sí buscara algo. Fue entonces cuando percibió la presencia de Cadmio a bordo de la nave. Extrañado, también captó la presencia de Jesús Ferrer en el mismo lugar donde estaba su hermano mayor adoptivo.

         —Siento el aura de Jesús Ferrer en el mismo sitio donde se encuentra la de Cadmio —se dijo a sí mismo—. Sin embargo ellos no dos están peleando… esto es extraño.

         —¡Oye! —exclamó Umi, volviendo la mirada por encima del hombro—. ¿No vendrás con nosotros? ¿O acaso estás escuchando voces de nuevo?

         Asiont le dirigió una mirada acusatoria y frunció una tenue sonrisa.

         —¿Te han dicho que eres bastante graciosa?

         —¿Graciosa? —repitió la Guerrera Mágica con un marcado énfasis—. ¿No te estarás burlando de mí, eh? Por lo menos yo no veo sombras, hablo sola o escucho voces en el espacio.

         —Genial, sí no es Sailor Uranus la que me fastidia es esta niña —murmuró Asiont en voz baja.

         Armagedón (Sala del trono)

         Una vez que José Zeiva, Kali y Liria entraron a la habitación, las puertas del elevador se cerraron tras de ellos. Mientras el trío avanzaba hacia las escaleras, los otros Khans y los guerreros al servicio de Abbadón murmuraban entre ellos sobre diversos temas. José dedicó una vaga mirada hacia la enorme pantalla donde se veía una imagen del planeta Tierra y luego regresó la vista el frente; por unos momentos empezó a recordar aquellos tiempos en los que era él quien ocupaba esa habitación como emperador de Endoria y no pudo evitar sentir algo de rabia.

         Después de subir las escaleras, los tres se arrodillaron ante N´astarith, quien los recibió con una sonrisa en cuanto los vio. El oscuro señor de Abbadón se alzó de su trono y luego levantó una mano para indicarles que se levantaran. Una vez de pie, Kali extendió una mano para mostrarle a su emperador la gema sagrada que habían obtenido en el planeta Génesis.

         —Excelente labor, Kali —la felicitó N´astarith tomando la piedra—. Veo con agrado que me han traído una gema más. Ahora tengo en mi poder ocho de las doce gemas sagradas de los Titanes de Dilmun. Pronto tendré el poder necesario para regir todo el universo y convertirme en un dios.

         —Así será, mi señor —asintió Kali inclinando ligeramente la cabeza—. Y ese día todos los habitantes de todos universos nos lo agradecerán.

         —Me imagino que tuvieron alguna clase de problemas con los Celestiales, ¿o no?

         —Imagina bien, mi señor —murmuró Liria—. El hijo del rey Lux y los Guerreros Kundalini se interpusieron en nuestro camino, aunque los derrotamos fácilmente. Ellos no representan una amenaza para nosotros.

         —¿Así que los Kundalini? —murmuró Leinad con una sonrisa—. ¿Por qué no mejor abren sus mentes y nos dejan ver todo lo que ocurrió? De esta manera, Nauj-vir, Sorlak y yo les mostraremos lo que nos sucedió a nosotros.

         —Esperen un momento —intervino Bal, atrayendo la atención de todos—. Tiamat aún no ha llegado, quizá se retraso por algún motivo, pero debemos esperarlo.

         —¡Al diablo con Tiamat! —exclamó Odrare con insolencia—. No podemos estarlo esperando eternamente. Quiero ver la forma en que mi hermano fue asesinado por ese Santo llamado Shiryu. Desde que Nauj-vir y los demás volvieron he estado aguardando este momento con ansias.

         El Khan de la Gárgola miró a Odrare con furia y enseguida frunció el entrecejo con malestar. Estaba listo para decirle que se callara cuando, súbitamente, N´astarith hizo uso de la palabra para tranquilizar la situación.

         —No te preocupes por Tiamat, Bal. Él llegará en poco tiempo, pero mientras tanto es recomendable saber como les fue a Kali, Liria y a José.

         —Me parece bien —convino Kali. Al instante siguiente, ella y Liria cerraron sus ojos y bajaron un poco la cabeza. José frunció el entrecejo con desconfianza; ya había oído antes que los Khans compartían sus experiencias usando la telepatía, pero aquella era la primera vez que tenía oportunidad de presenciarlo.

         Paulatinamente, cada uno de los guerreros de Abbadón incluidos Malabock e Isótopo empezaron a bajar sus párpados y luego inclinaron las cabezas. José estaba mirando a Liria detenidamente cuando escuchó la voz de N´astarith.

         —Tú también hazlo, José —le dijo tranquilamente—. Comparte tus valiosas experiencias con nosotros y así entenderás porque mis guerreros son tan fuertes. Una vez que unas tu mente con las nuestras, podrás beneficiarte de la experiencia de los Khans, de modo que cuando luches con un enemigo que ellos hayan enfrentado antes, sabrás de antemano cuales son sus técnicas, su estilo de pelea y su manera de actuar.

         El otrora emperador de Endoria titubeó. Ciertamente, aún desconfiaba de N´astarith y de sus guerreros. Pero, por otra parte, aquel ofrecimiento era una verdadera tentación. Sí se beneficiaba de la experiencia de los Khans, tendría una ventaja a su favor cuando se encontrara nuevamente con alguno de los guerreros de la Alianza Estelar. Era algo demasiado bueno como para dejarlo pasar así nada más. Tras unos segundos de duda, finalmente obedeció a N´astarith y cerró los ojos.

         En cuestión de segundos, José visionó la batalla entre los Khans y los Guerreros Zeta en el Shinden, aprendió cómo es que Shiryu había derrotado a Belcer usando su Rozan Kou Ryuu Ha, la derrota de Trunks, Vejita, Yamcha, Kuririn, Piccolo, Ten-Shin-Han, Casiopea, Seiya, Shun, Dai y los demás, las distintas técnicas que se habían usado durante la lucha, la transformación de Gohan en Súper-Saiya-jin y la manera en que los Khans creyeron erróneamente que éste era el guerrero Káiser de la leyenda, las intervenciones de Sailor Saturn y No. 18. Más adelante vio a Hikaru, Fuu y Umi peleando a lado de Asiont, Uriel y las Inner Senshi en Céfiro. Así mismo, los demás guerreros vieron la pelea entre Liria, José y Kali contra Zacek, Lis-ek, Saulo, Uller y Areth, la existencia de la Megaroad-01 y la manera en que ésta había escapado con ayuda de Karmatrón.

         —De forma que esas Sailors Senshi no son tan débiles como creíamos —murmuró Eneri malévolamente mientras abría sus ojos—. Esa mocosa llamada Saturn no estaba con las otras Sailors que vimos en ese planeta Tierra donde las conocimos.

         —A mí no me preocupan tanto esas mocosas —difirió Bal mientras reflexionaba—. Ahora que esos guerreros que estaban en ese lugar llamado Shinden se han unido a nuestros enemigos, las cosas serán más difíciles para nosotros. Ese niño de nombre Gohan tiene un poder increíble.

         —¡¡JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA!! —se burló Sorlak con una risotada—. No digas tonterías, Bal, te aseguro que puedo vencer a ese chiquillo en cualquier momento. De no ser por las promesas de Nauj-vir, todos nuestros enemigos estarían muertos.

         —No tenía idea de que existieran guerreros que tuvieran habilidades como las mostradas por ese chiquillo llamado Gohan —se dijo N´astarith a sí mismo—. Tampoco esperaba que Belcer hubiera sido derrotado por uno de los Santos del santuario. Tal parece que he estado subestimado la peligrosidad de algunos de los guerreros que se han unido a los Caballeros Celestiales.

         Odrare, entre tanto, estaba hirviendo de rabia. No podía entender cómo es que su hermano Belcer había sido derrotado por Shiryu cuando prácticamente tenía la batalla ganada, y lo que era peor: ni Nauj-vir, Sorlak o Leinad habían rematado al Santo del Dragón teniendo una excelente oportunidad para hacerlo. Furioso, el Khan del Minotauro se volvió hacia Nauj-vir para desquitar toda su ira.

         —¿Cuestión de honor, eh? —murmuró en un tono cargado de desprecio—. A pesar de todo, sigues con esas estupideces. Eres un completo imbécil, Nauj-vir.

         El Khan del Cíclope entornó la mirada y frunció los labios dejando entrever sus dientes. A pesar de que Odrare era mucho más alto y fornido que él, Nauj-vir no se amilanó en lo absoluto. Por el contrario, dio un paso al frente y una luz de color rubí surgió de su ojo cibernético para apuntar la frente de Odrare.

         —No dejaré que un idiota sin honor me hable de esa manera —le advirtió, tocándole el pecho con el dedo índice—. Vuelve a insultarme y te enviaré a reunirte con tu hermano ahora mismo.

         Odrare tragó saliva con dificultad, deseando que suelo se lo tragara ahí mismo. Aún cuando fuera un guerrero con grandes poderes, sabía perfectamente que no era rival para alguien como Nauj-vir. Quizás podría intimidar a otros como Sombrío o Isótopo, pero no al temible Khan del Cíclope. Odrare sonrió nerviosamente mientras pensaba en una manera honrosa de salir de aquel embrollo. Afortunadamente para él, la intervención de N´astarith lo salvo de verse aún más cobarde.

         —¡Basta! Guarden esas energías para nuestros enemigos.

         José Zeiva llevó la vista hacia donde estaba el emperador de Abbadón y advirtió algo en los ojos acerados de éste que disuadió tanto a Nauj-vir como a Odrare de continuar discutiendo. Finalmente ambos guerreros se separaron.

         —Yo, me disculpo —murmuró el Khan del Cíclope, inclinando levemente la cabeza.

         —Estas disputas no tienen sentido —N´astarith le dirigió una mirada furiosa a Odrare, quien se apresuró a bajar la cabeza—. Bien, Tiamat aún no ha llegado, pero él ya conoce parte de lo que voy a decirles.

         Al escuchar aquello, Aicila decidió acercarse un poco más. N´astarith, por su parte, esperó unos cuantos segundos antes de retomar la palabra. Cuando al fin lo hizo su voz sonaba lenta y silbante.

         —Como la mayoría de ustedes ya sabe, los Caballeros Celestiales han encontrado aliados en los distintos universos donde se encontraban las gemas estelares. Muchos de ellos son débiles, incluso podría decir que hasta patéticos, pero también hay algunos que han ayudado a los Celestiales a entorpecer nuestros planes. Las derrotas de Lilith, Sepultura y Belcer son un claro ejemplo de esto y por tal razón, es necesario darle una solución a este problema antes de que las cosas se compliquen aún más. No deseo que se involucren más individuos de otras realidades hasta no reunir las gemas. Sí la Alianza Estelar obtuvieran el apoyo de seres como Superman y sus amigos de la Justice League tendríamos graves problemas.

         —Yo puedo hacerlo, mi señor —se apresuró a decir Cyntial—. Deje todo en mis manos. Le aseguro que… .

         —Paciencia, mi amiga —le interrumpió N´astarith sin elevar el tono de su voz—. Todo a su debido tiempo. He estado en contacto con el Amo de las Tinieblas y a él me ha informado que algunos de estos nuevos aliados tienen enemigos en sus propios mundos, enemigos que quisieran verlos muertos. Después de pensar las cosas con cuidado, he llegado a la conclusión de que tal vez podríamos utilizar a esos enemigos en nuestro provecho.

         —Es una idea interesante, mi señor —dijo Isótopo con una sonrisa malévola.

         —Estoy enterado de que en la dimensión donde vive ese mocoso llamado Dai, existe un sujeto de nombre Ban cuyo propósito es dominar el mundo en donde habita. El único obstáculo que hay en sus planes es ese niño y su despreciable grupo de amigos. Así mismo, en el universo de donde proceden Zacek y los Kundalini, hay un individuo llamado Asura, quien también es un representante del Amo de las Tinieblas como yo.

         —¿Y cree que ellos acepten ayudarnos, mi señor? —preguntó Allus.

         N´astarith dejó escapar una sonrisa.

         —Lo harán —respondió con seguridad—. La enorme aversión que sienten por sus enemigos será el mejor aliado para convencerles de que se nos unan. Una vez que los Celestiales y sus amigos hayan muertos, no tendremos problemas en derrotar a la Alianza Estelar.

         Tokio-3.

          El general Kymura y su lugarteniente Sato estaban de pie delante de una pantalla donde se mostraba una imagen de las ruinas de Tokio-3. Después de la destrucción del dieciseisavo ángel y la subsiguiente evacuación de toda la población, la ciudad había quedado completamente desierta y el sitio parecía una tumba. Ahora que los ángeles finalmente habían sido derrotados y las fricciones entre Gendou y SEELE aumentaban, todo estaba listo para dar inicio a la fase final de su tan elaborado plan.

          —Nuestros informes señalan que SEELE prepara todo para llevar a cabo el plan de complementación humana y el tercer impacto —declaró Sato con las manos tensamente entrelazadas—. Para tal labor es obvio que necesitan al Eva-01.

          —Y por supuesto Gendou Ikari se negará a entregárselos —murmuró Kymura con una sonrisa—. Todas las piezas del rompecabezas están encajando perfectamente. Muy pronto liberaremos a Lilim y el gran Genghis Khan obtendrá lo que busca.

          —¿Está seguro de que podremos lograrlo? —inquirió Sato algo temeroso.

          —Tan seguro como que el miedo te domina —respondió Kymura,y luego soltó una risita.

          Continuará… .

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