Leyenda 092

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO XCII

LOS GUERREROS DRAGÓN

Armagedón.

         Excalibur, la espada sagrada, era uno de los tesoros más preciados en todo el imperio meganiano. De acuerdo con las tradiciones de la Casa Real, la espada se entregaba al guerrero que se distinguiera por poseer un alto sentido de la justicia y del honor durante las batallas. Nadie sabía a ciencia cierta de dónde provenía aquella legendaria arma, pero algunos eruditos sostenían que ésta había bajado de los cielos en manos de un ángel. Por más de quinientas generaciones, Excalibur había sido empuñada para defender la causa de la justicia y de la libertad. Debido a ello, muchos meganianos la consideraban un símbolo de la esperanza, pero para Bal, el Khan de la Gárgola, Excalibur tenía otro significado.

         Bal se consideraba diferente a la mayoría de sus compañeros que despreciaban a los enemigos con los que peleaban e incluso se jactaban de eliminarlos con facilidad. Él sostenía que cada combate era una oportunidad para poner en práctica sus propias capacidades y por ello procuraba estudiar a sus enemigos antes de lanzarse a la batalla. Consideraba que el conocimiento era la llave del éxito en cada pelea y por eso dedicaba largas horas a la reflexión y la estrategia.

         Para él, las cosas eran bastantes simples: la victoria sobre el enemigo era producto de la capacidad analítica para detectar errores y debilidades en sus oponentes y no por el mero uso de la fuerza bruta o la intriga. Después de una pelea siempre procuraba conservar algún objeto propiedad de sus enemigos vencidos, de preferencia un arma. Esos objetos se convertían en sus trofeos, la prueba irrefutable de que era un gran estratega. Pero de todos ellos, la espada Excalibur ocupaba el puesto central de su colección.

         No entendía por qué Galford había preferido permanecer fiel a Francisco Ferrer cuando la mayoría de los guerreros de la Casa Real habían jurado fidelidad a N´astarith y traicionado al imperio meganiano. De joven, Bal había llegado a la conclusión de que el concepto de la justicia era tan relativo que prácticamente era imposible hablar de una justicia verdadera. A su juicio, era absurdo que Galford se hiciera llamar a sí mismo “Guerrero de la Justicia”. Todo esas ideas sobre la justicia y el bien no eran más que tonterías en las que sólo creían los ingenuos.

         El Khan sonrió mientras admiraba el arma. El hecho de tener a Excalibur en su poder era la mejor evidencia de que él siempre había tenía la razón y que la justicia en la cual Galford creía no era más que una simple ilusión. ¿De qué otra forma podía interpretarse su victoria entonces? Ahora solamente él empuñaría a Excalibur y todos lo conocerían como el Khan que demostró que la justicia era una ilusión. Sin embargo…. .

         Excalibur empezó a emitir un extraño brillo que fue volviéndose más intenso, lo cual atrajo la atención del Khan de la Gárgola. Bal alzó una ceja y se aproximó a la pared de donde colgaba la espada, pero el intenso resplandor que ésta emitía le impidió tocarla y lo obligó a cubrirse los ojos. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué Excalibur emitía esa luz? No era la energía de alguien que se dispusiera a atacarlo. De pronto, aquel poderoso resplandor desapareció llevándose a Excalibur junto con él.

         —¿Qué demonios fue lo que ocurrió? —exclamó Bal, mirando hacia el sitio donde Excalibur había desaparecido—. La espada ya no está ¿Qué fue todo ese resplandor? ¡No puede ser! —Se giró hacia la ventana de su habitación a tiempo para ver como un rayo de luz surcaba el espacio a gran velocidad—. ¿Acaso el espíritu de Galford fue quien hizo esto?

         Planeta Adur.

         Durante sus aventuras en Céfiro, Hikaru había visto toda clase de criaturas extrañas y exóticas. Había tenido la oportunidad de admirar la belleza de algunos de los seres de Céfiro y de horrorizarse ante la fealdad de las criaturas infernales de Debonair. Pero definitivamente aquellos enormes dragones era algo que no había visto nunca. No sólo se veían amenazantes sino que también parecían ser muy fuertes, lo mismo que los guerreros que los montaban.

         —¡Insolentes! —exclamó Garudandei, jalando la correa de su dragón—. ¡No se atrevan a desafiar la voluntad del gran Baran o les pesará!

         Garudandei tenía un pico alargado en vez de boca. Sobre su cabeza llevaba un enorme penacho que le recorría la nuca y parte del cuello. Era alto, fornido y poseía una mirada ciertamente intimidante. Llevaba puesta una armadura ligera que le brindaba protección sobre las partes más vitales de su cuerpo. En su mano derecha empuñaba una enorme espada que agitaba.

         —¡No me digas, cara de pato! —replicó Umi con insolencia—. No tengo idea de quiénes son todos ustedes, pero sí sé a donde se irán si no se largan ahora mismo y nos dejan en paz.

         —¿Cara de pato? —exclamó Garudandei, furioso—. Mocosa, te arrepentirás de eso.

         —Que chiquilla tan impertinente —murmuró Borahon mientras el dragón marino sobre el que montaba avanzaba por el suelo—. Es obvio que no sabe con quien está tratando o cuidaría más de sus palabras.

         De complexión más gruesa y robusta, Borahon, el guerrero que había salido de las profundidades del lago, dirigió una mirada de desprecio contra Umi. Tenía la cabeza aplanada, carecía de cabello y portaba una corona negra de tres picos sobre su frente. De su boca sobresalían dos enormes colmillos superiores altamente desarrollados. La armadura que portaba era idéntica a la de su compañero Garudandei.

         Dai deslizó el pie derecho por el suelo. ¿Cómo le había hecho Baran para lograr llegar hasta ese lugar? ¿Acaso había utilizado alguna clase de hechizo mágico? Tenía muchas preguntas al respecto, pero era obvio que ni Baran ni los guerreros que lo acompañaban iban a responderle, al menos no por las buenas.

         —¿Cómo fue que llegaron hasta aquí? ¡Respondan!

         —Eso no tiene importancia ahora, Dino —repuso Baran con indiferencia y luego extendió un brazo para señalar a Dai—. Es hora de que asumas tu verdadera responsabilidad como Caballero Dragón y te unas a mí y al rey Ban para destruir a todos los humanos de la faz de la Tierra.

         —Ya te dije que yo siempre estaré de parte de los seres humanos —replicó Dai al tiempo que desenfundaba la pequeña espada de Papunika que llevaba en la espalda—. No me importa nada de lo que puedas decirme.

         Baran cerró los ojos y bajó la cabeza.

         —Es una lástima, tenia esperanzas de que al final comprenderías mis razones, Dino, pero es obvio que no has entendido nada. —Abrió los ojos y su rostro adoptó una expresión amenazante—. ¡Sí no quieres venir conmigo por las buenas, entonces lo harás por las malas!

         Poppu extendió su báculo mágico y se dispuso a pelear.

         —¡Para llevarte a Dai primero debes pasar por encima de mi cadáver! Te aviso que no te será tan fácil como la última vez, Baran, ya no somos los mismos de antes.

         —¡Nosotras también lucharemos contra ellos! —exclamó Hikaru con fuerza—. No tengo la menor idea de cuáles son las intenciones de este hombre, pero no permitiremos que les hagan daño.

         —Será mejor que no intervengan —les advirtió Rafaruto, el tercer guerrero, extendiendo una mano hacia Poppu, Hikaru y Leona—. Ustedes nunca podrán derrotarnos. Nosotros somos los Guerreros Dragón, los soldados de elite de Baran y jamás hemos sido vencidos en ninguna batalla.

         —Siempre existe una primera vez —replicó Sailor Pluto mientras alzaba su báculo con ambas manos, mostrándose lista para la batalla—. No deberían menospreciar a sus oponentes o podrían llevarse una sorpresa desagradable.

         —¿Quién eres tú, mujer? —le preguntó Garudandei alzando una ceja.

         —Mi planeta protector es Plutón, el planeta del cambio —declaró Setsuna al mismo tiempo que el viento sacudía su larga cabellera—. Soy la Sailor Senshi del tiempo: Sailor Pluto.

         —Mi planeta protector es Saturno, el planeta del silencio —murmuró Hotaru luego de hacer girar su lanza ante ella—. Soy la Sailor Senshi del renacimiento y de la destrucción: Sailor Saturn.

         —Yo soy Borahon, el Guerrero Dragón de los Mares —anunció Borahon y luego volvió la cabeza hacia Rafaruto—, y él es Rafaruto, el Guerrero de la Tierra.

         Aprovechando que la batalla todavía no había iniciado, Mariana se volvió hacia donde estaban Marina y Leona. Estaba segura de que alguna de ellas podría aclararle ciertas dudas respecto a Baran y a los Guerreros Dragón. Por lo que acababa escuchado sabía que Baran era el padre de Dai, pero no entendía el porqué era su enemigo y mucho menos la forma en que éste y aquellos guerreros habían llegado al planeta Adur.

         —Leona, ¿quién es ese individuo?

         —Ese hombre es el líder del ejército de los dragones —le respondió la princesa—. En nuestro mundo trató de convencer a Dai para que peleara al lado del Ejército del Espíritu del Mal y destruyera a los seres humanos. Sin embargo Dai pudo derrotarlo y lo obligó a huir.

         —Así es. La última vez que nos vimos Dino pudo eludirme gracias a su interferencia, pero ahora todo será diferente.

         —Espera, Baran —dijo Hyunkel, atrayendo la mirada del líder del ejército de los dragones—. Debes darte cuenta que no permitiremos que te lleves a Dai. Sí es necesario, yo mismo lucharé contra ti para detenerte.

         —Que decepción —musitó Baran con indignación—. Eres tan estúpido como el tonto de Krokodin. Ustedes dos eran los únicos a quienes yo respetaba dentro del Ejército del Espíritu del Mal, pero eso no impedirá que tenga que matarte de ser necesario.

         —¡Te equivocas, Baran! —exclamó Dai—. Te derrotaremos al igual que la última vez.

         De repente, Dai echó a correr a toda velocidad y se arrojó directamente contra el hombre que se suponía era su padre. Sabía que solamente él podría contener a Baran en el momento en que éste decidiera usar el poder del símbolo del dragón. Sujetando fuertemente su espada, Dai se dispuso a ejecutar una de sus técnicas.

         Garudandei, que vigilaba todo desde su privilegiada posición en las alturas, condujo su dragón hacia Dai en un intento por disuadirlo de atacar a Baran. La bestia voladora emitió un fuerte rugido y abrió sus gigantescas mandíbulas para tratar de atrapar a Dai. Al ver eso, Leona lanzó un grito de advertencia para prevenir a su amigo.

         —¡Cuidado, Dai!

         Pero Dai no amainó su acometida. Dio un salto en el aire y fue al encuentro del feroz dragón de Garudandei. El Guerrero de los Cielos dejó escapar una pequeña sonrisa de seguridad y levantó su espada en lo alto. Entonces, de improvisto, Dai alzó la espada por encima de su cabeza y descargó un rápido mandoble sobre la cabeza del dragón antes de que éste pudiera alcanzarlo con sus fauces.

         —¡¡Daichizan!! (Corte de Tierra)

         El dragón pasó volando de largo mientras Dai caía al suelo. Parecía como sí el ataque de Dai no hubiese tenido ningún efecto sobre el monstruo, e incluso Garudandei se dio el lujo de mofarse de los esfuerzos del chico. Pero cuando los pies de Dai tocaron el suelo ocurrió algo impresionante. El cuerpo del dragón volador se dividió en dos partes, las cuales cayeron al suelo provocando un fuerte estruendo. Garudandei apenas y pudo abandonar su montura con un brinco segundos antes de que ésta se desplomara en el vacío.

         —¡¡No puede ser!! —exclamó el Guerrero de los Cielos, volviendo la mirada por encima del hombro para ver los restos del dragón—. Se supone que las escamas de los dragones son tan duras como el acero, sin embargo ese chico pudo cortar a mi dragón volador fácilmente.

“Es increíble”, pensó Hyunkel, igual de sorprendido que Garudandei. “Sí Dai pudo cortar a ese dragón usando el Daichizan entonces bien podría hacer el Jairesen, que es la versión más poderosa del Daichizan”.

         —Me has impresionado, Dino —murmuró Baran sin perder la compostura—. Veo que has incrementado tus habilidades desde nuestro último enfrentamiento. Pudiste derrotar a ese dragón con un solo golpe de tu espada, lo cual jamás habría podido hacer un simple humano.

         Dai frunció el entrecejo y tomó la espada con la hoja orientada hacia abajo.

         —Y no es todo lo que puedo hacer.

         —Estoy seguro de eso —dijo Baran buscando con la mirada los ojos de su hijo—. Pero en esta ocasión sí borraré tu memoria con el poder de mi símbolo. —Un brillo azul apareció en la frente de Baran y, en un segundo, Dai dejó caer su arma y se apretó la cabeza con ambas manos mientras gritaba—. No te resistas, Dino, dentro de poco olvidarás tu vida para siempre.

         Poppu se dispuso a ir en auxilio de su amigo, pero Garudandei se interpuso en su camino antes de que pudiera avanzar más de dos pasos. El Guerrero de los Cielos vio la expresión de miedo en la cara de Poppu y estuvo a punto de soltar una carcajada de burla.

         —No te entrometas, gusano —le dijo.

         —¡Cállate!

         Furioso ante la situación, Poppu extendió su báculo mágico contra Garudandei y le arrojó un Merazoma. La llamarada golpeó al Guerrero Dragón en el pecho y lo hizo retroceder algunos pasos hacia atrás, aunque era evidente que se necesitaría de algo más poderoso para derrotarlo.

         —¡Maldito mocoso! —vociferó Garudandei.

         —Yo me haré cargo de él, Garudandei —declaró Borahon—. Ahora verá lo que le sucede a todo aquel que traté de enfrentar a los Guerreros Dragón.

         El Guerrero de los Mares jaló la cadena con la que manipulaba a su dragón para que éste atacara a Poppu. El dragón marino abrió el hocico para vomitar una violenta llamarada contra el mago, pero una corriente de aire envolvió rápidamente a Poppu y lo protegió del ataque, disipando el fuego.

         —¡¡Imashime No Kaze!! (Viento de Defensa)

         Al advertir que Poppu no había sido alcanzado por las llamas, Borahon reaccionó con rabia y dirigió su vista hacia el sitio de donde había venido aquel viento. De pie, a escasos metros de distancia, estaba Fuu con la mano levantada. El Guerrero Dragón bajó de su montura y se golpeó una palma con el puño.

         —¿Así que quieren jugar rudo, niñas?

         —Ni Fuu ni Poppu se encuentran solos —le advirtió Hikaru al tiempo que hacía aparecer su espada de Guerrera Mágica—. Pelearemos todas juntas de ser necesario.

         —Interesante —murmuró Garudandei—. No sabía que unas simples mocosas como ustedes sabían utilizar ese tipo de magia. Sin embargo eso no será suficiente para vencernos.

         Garudandei se dirigió hacia Hikaru y cuando estuvo a unos pasos de ella, levantó su arma y trató de golpearla con fuerza. La Guerrera Mágica apenas y tuvo tiempo de detener el mandoble de Garudandei usando la espada. Tomando ventaja de que Hikaru mantenía ocupado al Guerrero de los Cielo, Poppu decidió acumular todo su poder mágico para iniciar un ataque más poderoso. No pudo lograrlo, sin embargo, ya que un poderoso coletazo del dragón marino se encargó de derribarlo.

         —No te olvides que aún tenemos a nuestros dragones —le recordó Borahon mientras su dragón marino lanzaba un fuerte rugido—. Mientras yo me ocupo de estas mocosas, tú puedes comerte a ese mago de pacotilla.

         —¡¿Mago de pacotilla?! —repitió Poppu con indignación, pero antes de que pudiera seguir hablando el dragón Marino se abalanzó sobre él y lo obligó a correr a toda velocidad—. ¡¡Yiajajaja!!!

         Hyunkel desenfundó su espada con rapidez y se puso su armadura mágica. Sin embargo aún no se decidía a entrar en la pelea. El tercer Guerrero Dragón, Rafaruto, había mandado a su dragón a la batalla, pero no se había movido de su lugar ni tampoco daba muestras de querer participar en el combate.

         —¿No vas a ayudar a tus amigos? —le preguntó Rafaruto a Hyunkel sin siquiera mirarlo—. Deberías hacerlo ya que ninguno de ellos sobrevivirá. Es lamentable que tengamos que ensuciarnos las manos con oponentes tan débiles.

         —Te recomiendo que no menosprecies a nadie —comentó Hyunkel—. No puedes juzgar la capacidad de un guerrero sólo por su apariencia.

         Rafaruto miró a Hyunkel vagamente y sonrió de forma arrogante.

         —Eso ya lo veremos.

         Mientras Poppu corría lo más rápido que podía, Sailor Pluto, Sailor Saturn, Leona, Marina y Mariana trataban de ponerse a cubierto de las letales llamaradas que escupía el dragón de Rafaruto. Leona extendió su mano derecha contra la bestia y contraatacó usando el Jiado al tiempo que Marina hacia lo propio con un Jiadin. En cuestión de segundos, el enorme monstruo comenzó a congelarse a consecuencia del aire frío lanzado por Leona y Marina… sin embargo logró contrarrestar los encantamientos vomitando fuego de nueva cuenta.

         Sailor Pluto, por su parte, comenzó a acumular parte de su poder en la punta de su báculo mientras mantenía los ojos cerrados. De repente la Outer Senshi levantó los párpados al tiempo que la energía llegaba al punto máximo.

         —Deep… Scream (Grito… Mortal)

         Con un movimiento de su báculo, Sailor Pluto envió la esfera de luz contra el dragón. El ataque de la Outer Senshi se impactó en el estómago de aquella infernal bestia y produjo una violenta explosión que la hizo retorcerse de dolor. Leona y Marina unieron sus esfuerzos a los de Sailor Pluto y repitieron sus ataques mágicos para congelar las piernas del dragón.

         Mariana no poseía poderes especiales ni habilidades sobrehumanas, pero de todas formas no estaba dispuesta a huir de la pelea. Desenfundó su pistola de rayos y abrió fuego contra el dragón, que se resistía a ser derrotado; aún a sabiendas de que era un esfuerzo fútil. La princesa lerasina apuntó a la cabeza del monstruo y jaló del jatillo varias veces. El dragón lanzó un desgarrador rugido cuando una de las ráfagas le atravesó el ojo derecho.

         Poppu, en tanto, no gozaba de tanta suerte como sus amigas. El dragón marino no paraba de lanzarle fuego y continuaba persiguiéndolo a pesar de sus esfuerzos. En su carrera, Poppu tropezó con una rama seca y cayó de bruces al suelo. El dragón marino se abalanzó sobre el mago con rapidez y antes de que éste pudiera hacer algo para evitarlo, le inmovilizó un brazo con el hocico.

         —¡¡Ah!! ¡¡Me va a comer!! —gritó Poppu mientras golpeaba la cabeza del dragón con su báculo en forma repetida—. ¡Suelta, suelta!

         —Este será tu fin, mago de pacotilla —se burló Borahon—. Nunca podrás atravesar la piel de mi dragón con tus patéticos hechizos.

         —¿Ah sí? —Poppu, aprovechando que su brazo estaba dentro de la boca del dragón marino, abrió la mano y generó una esfera de fuego en la palma—. ¡Merazoma!

         La llamarada atravesó la cabeza del dragón marino, reventándole el cráneo y matándolo en el acto. Borahon reflejó en su cara la sorpresa que le había causado lo ocurrido ante sus ojos. Ya con el dragón muerto, Poppu sacó su brazo y observó a Borahon con una sonrisa maliciosa en los labios.

         —Tenías razón —dijo mientras se sacudía las mangas—. Mis hechizos mágicos nunca hubieran podido atravesar la piel del dragón. Suerte para mí que pude atacarlo desde adentro.

         Borahon frunció los labios dejando entrever unos afilados dientes. En sus ojos ardía la expectación y la rabia. No podía tolerar que su dragón hubiese sido vencido por insignificante mago de una manera tan fácil. Estaba decidido a acabar con él cuando Umi se interpuso en su camino.

         —¿A dónde crees que vas, bola de cebo? —le preguntó la Guerrera Mágica.

         —Mocosa, hazte un lado o te destrozaré —amenazó Borahon.

         Una corriente de agua surgió del suelo donde Umi estaba parada y comenzó a elevarse formando una espiral en torno a ella. El cabello de la Guerrera Mágica se alzó por encima de su cabeza a la par del agua que ascendía.

         —Te mostraré lo que puede hacer una simple mocosa… —Levantó su mano derecha en lo alto y varios chorros de agua comenzaron a converger violentamente sobre su palma como sí estuvieran siendo atraídos. Extendió la mano hacia Borahon con la palma vuelta hacia delante y le arrojó una descarga de agua—. ¡Mizu No Ryu! (Dragón de Agua)

         El ataque de Umi cobró la forma de un feroz dragón marino, el cual avanzó por el aire a una velocidad vertiginosa emitiendo un rugido estremecedor. El Guerrero Dragón quedó entre perplejo y horrorizado cuando vio como aquel imponente dragón de agua lo devoraba con sus fauces.

         Borahon trató de contener el ataque de Umi con las manos, pero al final no pudo lograrlo. El Mizu No Ryu de la Guerrera Mágica lo lanzó varios metros hacia atrás hasta estrellarlo contra un árbol, que se quebró por la mitad antes de desplomarse sobre él.

         —Buen trabajo —la felicitó Poppu, mostrándole un pulgar hacia arriba.

         Hikaru tomó la ofensiva y empezó a atacar a Garudandei con una serie de veloces mandobles y rápidas estocadas. El Guerrero de los Cielos tuvo que reconocer que, muy a su pesar, había subestimado la habilidad de aquella chica pelirroja. La manera en que Hikaru luchaba estaba llena de una bravura digna del mejor de los guerreros. Sin embargo, aunque la Guerrera Mágica peleaba con tenacidad, estaba claro que no podría igualar la fuerza física de Garudandei. El Guerrero Dragón detuvo el último golpe de Hikaru y soltó una risita en un susurro apenas perceptible.

         —¿De qué te ríes? —le preguntó Hikaru mientras las espadas emitían un chirrido.

         —No creí que una simple mocosa como tú tuviera tal espíritu de pelea —repuso Garunadei y luego empujó fuertemente a Hikaru para arrojarla al suelo—. Lamentablemente tú no eres más que una bebita para mí y ahora mismo voy a demostrártelo.

         Garudandei sujetó el mango de su espada con ambas manos y la levantó por encima de su cabeza. Su intención era destrozar el pecho de Hikaru con un solo mandoble para terminar con la batalla. Hikaru vio como su adversario se preparaba para darle el golpe final y cerró su puño izquierdo para concentrar todo su poder mágico. En una veloz acción, la Guerrera Mágica extendió su mano con la palma vuelta hacia delante y bañó el rostro de Garudandei con una violenta llamarada.

         —Hanou No Ya!! (¡¡Flecha de Fuego!!)

         El Guerrero de los Cielos se llevó una mano a la cara mientras aullaba. El último ataque de Hikaru lo había cogido totalmente por sorpresa, aunque todavía no estaba derrotado. Sobreponiéndose al intenso dolor de las quemaduras, Garudandei alargó el brazo y hundió la punta de su espada en el hombro de la chica. El rostro de Hikaru se contrajo en una mueca de dolor mientras la sangre empapaba su ropa y la espada del Guerrero Dragón.

         —¡Eres una maldita mocosa! —espetó Garudandei mientras extraía su arma y pisaba el brazo de Hikaru para inmovilizarla—. ¿Cómo te atreves a lastimarme? ¡Ahora morirás!

         Por segunda ocasión, Garudandei levantó su arma en lo alto para terminar con la vida de Hikaru. La Guerrera Mágica estaba asustada y sentía un intenso dolor que le impedía moverse. Con lágrimas en los ojos y sintiéndose completamente indefensa, contempló como el arma de Garudandei caía sobre ella… hasta chocar con la espada de Hyunkel, que había aparecido de la nada.

         —Hyunkel —musitó Hikaru débilmente.

         —¡¿Qué demonios?! —exclamó Garudandei, alzando la mirada hacia el rostro impasible del Caballero Inmortal—. Tú eres Hyunkel, el antiguo líder del Batallón de los Inmortales.

         Hyunkel le soltó una sonrisa maliciosa y luego le dio un fuerte golpe que lo envió a volar por los aires. El Guerrero Dragón cayó de espaldas y derrapó algunos metros por el suelo antes de detenerse.

         —Será mejor que te levantes porque aún no he terminado contigo —le dijo Hyunkel con severidad—. Ustedes afirman que son invencibles, pero a mí no me lo parecen.

         Totalmente furioso, Garudandei se puso de pie y agitó su espada con fuerza.

         —¡¡Cállate, traidor!! ¡Yo mismo me encargaré de enviarte al infierno!

         El Guerrero Dragón atacó a Hyunkel con fuerza, pero éste repelió cada uno de sus mandobles con una enorme facilidad. Al cabo de unos segundos se detuvieron. Hikaru estaba algo aturdida, pero había podido ver la pelea y estaba impresionada de la habilidad del Caballero Inmortal.

         —Creí que ibas a enviarme al infierno —comentó Hyunkel en forma sarcástica y luego blandió la espada ante su rival—. Había pensado matarte por lo que le hiciste a esa niña, pero sí te marchas ahora mismo no te quitaré la vida.

         —¡¿Cómo dices, maldito?! ¡¿Te estás burlando de mí?! —Garudandei dio un grito de rabia y se lanzó directamente contra Hyunkel con la clara intención de matarlo—. ¡¡Muere!!

         —Bloody Sukuraido!! (Corte Sangriento)

         Hyunkel frunció el entrecejo. Extendió la mano izquierda al frente e impulsó su espada contra el pecho de Garudandei mientras un velo de energía rodeaba la hoja. Un rayo de luz brotó de la espada del Caballero Inmortal y perforó el corazón de Garudandei, quien, ya sin vida, se desplomó en el suelo.

         Con el enemigo derrotado, Hyunkel bajó su espada y se volvió hacia Hikaru. La Guerrera Mágica estaba débil, pero aún así pudo fruncir una pequeña sonrisa en señal de agradecimiento. Hyunkel respondió al gesto asintiendo levemente con la cabeza.

         —¡¡Hikaru!! —se escuchó gritar a Umi, que venía corriendo en compañía de Fuu y Poppu—. ¡Hikaru! ¡¿Estás bien?!

         —Umi… Fuu.

         Fuu se arrodilló juntó a su amiga herida y le levantó la cabeza y los hombros.

         —No hables, Hikaru, te curaré con mi magia.

         Poppu observó el cadáver de Garudandei por un par de segundos y luego volvió el rostro hacia Hyunkel. Aunque sentía cierta antipatía hacia éste no podía dejar de reconocer que era un aliado poderoso. En cuestión de segundos había derrotado a uno de los Guerreros Dragón sin problema.

         —Oye, Hyunkel, pudiste haber intervenido desde hace rato, ¿no lo crees?

         Pero el Caballero Inmortal no respondió. Tenía la vista fija sobre Rafaruto, que había empezado a acercarse lentamente. El Guerrero Dragón de la Tierra tenía una expresión hosca y desafiante que denotaba que no estaba dispuesto a permitir que lo derrotaran.

         —Tengo que admitir que eres un excelente guerrero, Hyunkel. Ahora comprendo esa predilección que el rey Ban tenía por ti, sin embargo es una lástima que tengas que morir.

         A Poppu le había colmado el plato suficiente ese día como para aguantar los desplantes arrogantes de Rafaruto. Sin detenerse a pensar en las consecuencias, se adelantó a Hyunkel y encaró al Guerrero Dragón.

         —Oye, por sí no lo notaste ya acabamos con dos de tus amigos.

         —Es cierto —convino Umi—. No creas que vas a intimidarnos con esas fanfarronadas.

         —Ustedes no intervengan en esto —les dijo Hyunkel secamente, mirando a Rafaruto de hito en hito—. Yo me haré cargo de este sujeto. Mejor ayuden a Dai, parece que está en graves problemas.

         Poppu se volvió por encima del hombro. Aunque ya estaba acostumbrado al comportamiento frío e indiferente de Hyunkel le pareció detectar una cierta expresión de preocupación en su rostro que le produjo un estremecimiento. ¿Acaso ese guerrero llamado Rafaruto era más peligroso que los otros dos?

         —Está bien, Hyunkel, pero quiero que acabes con ese tipo —dijo Poppu, y luego se dispuso a ir en auxilio de Dai—. Te lo encargo.

         Rafaruto vio como Poppu y Umi se alejaban corriendo y antes de que Hyunkel pudiera advertirlo, dio una voltereta en el aire para cerrarles el paso. El Guerrero de la Tierra levantó su lanza en lo alto como ofreciéndola para que la inspeccionaran.

         —Lo lamento, pero no les permitiré que interfieran en los planes de Baran.

         De repente la coraza con la que estaba envuelta la lanza de Rafaruto comenzó a moverse como sí estuviera viva. Con una velocidad extraordinaria, la coraza se dividió en varias tiras de metal que recubrieron el cuerpo del Guerrero Dragón y formaron una armadura. Hyunkel, Poppu y Umi abrieron los ojos de par en par.

         —¡¡Esa armadura… .

         —Fue forjada por Ron Berku, el mismo herrero que hizo la tuya —confirmó Rafaruto y luego levantó la lanza para señalar a Hyunkel—. Y también puede rebotar los hechizos mágicos. A mí no me vencerán tan fácilmente como lo hicieron con mis compañeros.

         El Caballero Inmortal extendió la mano izquierda hacia el frente y empujó la espada para ejecutar su técnica especial. La hoja se recubrió nuevamente con aquella energía destellante.

         —¡¡Eso está por verse… Bloody Sukuraido!! (Corte Sangriento)

         Mostrando una gran serenidad, Rafaruto cerró los ojos y frunció una pequeña sonrisa. Entonces, con una velocidad fuera de serie, bloqueó el ataque de Hyunkel con un rápido movimiento de su lanza.

         —Esa es una buena técnica —murmuró Rafaruto de forma arrogante—. Sin embargo no significa nada para mí. Hace un momento vi la forma en que derrotaste a Garudandei y pude observar tu ataque, lo cual me facilitó pensar en una manera de derrotarte.

         Decidido a demostrarle que no iba a ser tan fácil vencerlo, Hyunkel se precipitó contra Rafaruto esgrimiendo su espada. El Guerrero Dragón, al ver esto, lanzó un grito de batalla e hizo exactamente lo mismo. Los dos adversarios levantaron sus armas casi al mismo tiempo y ejecutaron sus técnicas especiales.

         —Bloody Sukuraido!! (Corte Sangriento)

         —Haken Disutoru!!

         Un fuerte destello se dejó ver en el instante en que ambos se cruzaron entre sí seguido por la imagen de la espada de Hyunkel volando por los aires. Por un par de segundos Poppu, Fuu y Umi tuvieron la impresión de que ni Rafaruto ni Hyunkel habían recibido algún daño. Sin embargo, pronto quedó de manifiesto de que esto no era así. Cuando los dos rivales se detuvieron en extremos contrarios y la espada de Hyukel se clavó finalmente en el suelo, la armadura de éste último se resquebrajó por completo y el Caballero Inmortal se fue de bruces al piso.

“No puedo creerlo”, pensó Poppu. “Ese sujeto es más veloz que Hyunkel”.

         —Tengo que admitir que peleas bien, Hyunkel —reconoció Rafaruto, volviéndose hacia su oponente—. Pero yo soy mucho más rápido que tú. Ahora, antes de acabar contigo, quisiera saber el motivo real por el que traicionaste al rey Ban.

         Hyunkel levantó la mirada del suelo.

         —Lo hice porque estaba equivocado. Creí que Aban había matado a mi padre, pero no fue así. El verdadero asesino de mi padre fue Hadora. A causa de esa equivocación, odié a los seres humanos y cometí muchas atrocidades. Por eso, para lavar mi honor y corregir mis faltas, escogí pelear al lado de Dai.

         —Que tontería —murmuró Rafaruto con una mezcla de enfado y desdén—. Pero no puedo culparte por pensar de esa manera tan ridícula. Después de todo tú también eres un ser humano. Ahora, es el momento de acabar contigo.

         —¡No te lo permitiremos! —exclamó una enardecida Umi a la vez que materializaba una larga espada—. Para tocar a Hyunkel, antes deberás pelear con nosotras y te advierto que no nos daremos por vencidas tan fácilmente.

         El Guerrero Dragón dirigió una mirada de indiferencia hacia Umi y luego esbozó una sonrisa. ¿Qué extraña fuerza era lo que impulsaba a esa chica a desafiarlo? ¿Acaso no se daba cuenta de que jamás lograrían derrotarlo? O era una guerrera muy valiente o era muy, pero muy estúpida.

         —No digas tonterías, mocosa, será mejor que se larguen de aquí.

         —¡¿Qué dices?!

         —Ustedes no tienen que ver en todo esto así que pueden irse sí lo desean.

         —¡¡Ya deja de decir esas tonterías!! —vociferó Poppu con furia.

         El discípulo de Aban se arrojó sobre Rafaruto con el puño levantado, pero éste lo esquivó con un sencillo movimiento y luego le propinó un puñetazo en la boca del estómago que lo hizo doblarse hacia delante. Poppu se llevó las manos al abdomen mientras caía de rodillas al suelo.

         —¡¡Poppu!! —gritó Umi.

         —Ustedes los humanos son unos necios —murmuró Rafaruto—. En fin, sí lo que quieren es morir entonces los complaceré. Primero será el traidor y luego me ocuparé de este otro mocoso cobarde que sólo causa problemas.

         El Guerrero de la Tierra extendió su lanza para liquidar a Hyunkel. Fuu y Umi intentaron un último ataque usando sus espadas, pero Rafaruto, haciendo gala de unos reflejos increíbles, primero bloqueó sus mandobles y luego las rechazó golpeándolas con su lanza. Hyunkel trató de levantarse para hacer algo, pero aún estaba aturdido y no tenía fuerzas. Fue en ese momento, cuando todo parecía perdido, que Sailor Saturn apareció.

         —Ho-Hotaru —musitó Hyunkel.

         —Veo que llegué justo a tiempo —le dijo la Outer Senshi con la mirada puesta sobre el Guerrero Dragón—. No te preocupes, yo me ocuparé de él.

         —Vaya, otra niña ha venido a molestar —murmuró Rafaruto observando a Sailor Saturn de arriba abajo con curiosidad—. ¿Es que acaso piensas interferir?

         —Si crees que mi fuerza es nula, olvídalo porque yo porto el poder de terminarlo todo —declaró Sailor Saturn con serenidad—. Por eso también me conocen como la Senshi del silencio.

         —Ella no peleará sola —se escuchó decir a Leona—. Nosotras la ayudaremos.

         —¿Huh?

         Rafaruto inclinó la cabeza levemente para ver como Sailor Pluto, Leona, Marina y Mariana caminaban hacia donde estaban. Las cuatro se veían decididas a presentar una dura batalla antes de darse por derrotadas. El rostro de Rafaruto mostró una mueca de perplejidad; las cuatro debían haber sido vencidas por el dragón, a menos que… .

         —¿Ustedes?

         —Sí, nosotras —le dijo Leona—. Nos costó algo de trabajo, pero pudimos acabar con ese dragón que enviaste. No dejaremos que lastimes a nuestros amigos, que eso te quede bien claro.

         Rafaruto asintió con la cabeza. Los recientes acontecimientos le había servido para ver que, lejos de lo que había pensado en un principio, aquella no iba a ser una batalla fácil. Por el contrario, se había convertido en un encuentro por demás interesante que prometía algunas sorpresas. Algo digno de un guerrero.

Continuará… .

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