Leyenda 104

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO CIV

EL CALOR DEL INFIERNO

         Escondido detrás de un banco de nubes, un imponente Devastador Estelar abbadonita avanzaba lentamente por los cielos. La gigantesca máquina de guerra mantenía activo su campo de fuerza y demás sistemas de camuflaje, lo cual hacía imposible que los radares del Águila Real 89 pudieran detectarla. Gracias a esto, ninguno de los que esperaban a bordo de la nave aliada o luchaban en los bosques de Zefilia podía imaginar que los guerreros Khans se acercaban.

         En el puente de mando, Allus, Nauj-vir y Eneri se habían reunido alrededor de una imagen holográfica de Bórax. El líder de los gnomulones inorgánicos se veía agitado, pero a los Khans eso los tenía sin cuidado; lo único que querían era saber los pormenores de la batalla que habían sostenido los gnomulones.

         —Esos malditos de la Alianza Estelar se han unido a un grupo de hechiceros muy poderosos —les informó Bórax—. Tratamos de aniquilarlos, y de hecho conseguimos convertir en piedra a uno de esos miserables Caballeros Celestiales, pero el enemigo nos superaba en número y tuvimos que retirarnos.

         —De manera que derrotaron a uno de los Celestiales —murmuró Nauj-vir maliciosamente—. Esa es una buena noticia, ¿no les parece?

         —Al diablo con los Celestiales —Eneri hizo un gesto despectivo—. ¿En dónde está la gema sagrada de los Titanes, enano? ¿Acaso la tienen los de la Alianza Estelar o esos hechiceros de los que hablaste? ¡Habla de una maldita vez!

         El líder de los gnomulones frunció los labios, dejando entrever sus afilados dientes. Asura le había ordenado ayudar a N´astarith y a las fuerzas de Abbadón, pero eso no implicaba que tuviera que soportar a aquellos prepotentes que lo trataban como basura. Sin embargo, dada la patética actuación de sus gnomulones en la batalla, decidió contenerse.

         —Me parece que la tienen esos malditos hechiceros.

         —Tranquila, Eneri, no pierdas la calma —le dijo Allus de Caribdis a su compañera—. Tenemos que reconocer que Bórax hizo un buen trabajo derrotando a uno de esos malditos Caballeros Celestiales —hizo una pausa y volvió la mirada de regreso al holograma—. Dinos, Bórax, ¿en dónde se encuentra Liton? No creo que esos ilusionistas hayan podido derrotarlo.

         —Él se quedó peleando con los hechiceros y con los guerreros de la Alianza Estelar. Me parece que quería ajustar cuentas con alguien, un sujeto de nombre David Ferrer.

         —Conque uno de esos príncipes meganianos se encuentra también en esta dimensión —murmuró Nauj-vir mientras su ojo cibernético se contraía—. Nuestros espías nos dijeron que se trataba de David Ferrer.

         —Es una excelente oportunidad para matar a ese traidor —dijo Eneri.

         —¿Cuántos de esos hechiceros había? —preguntó Allus con interés.

         Boráx tragó saliva.

         —Eh… no lo sé exactamente —titubeó con nerviosismo—. Todo era muy confuso, pero cálculo que eran alrededor de cien, o quizá más. Había enemigos a mi derecha y a mi izquierda, creo que por todas partes.

         —De acuerdo, no te muevas de ese lugar —le ordenó el Khan de Cíclope—. Nos reuniremos contigo en unos cuantos nanocliks. Si Liton es derrotado, nosotros nos haremos cargo de matar a todos esos hechiceros y a los guerreros de la Alianza Estelar.

         —Hay algo que todavía no me han dicho y que quiero saber —repuso el líder de los gnomulones—. ¿Por qué no querían que le dijera a Liton que ustedes estaban siguiéndonos? ¿N´astarith no confía en él?

         Nauj-vir lo miró fijamente antes de responder.

         —Es muy simple, el emperador no confía en nadie.

Bosque de Zefilia.

         David se lanzó contra su enemigo y alzó el puño hacia atrás. No obstante, Liton resultó ser más rápido y levantó la pierna para darle un fuerte rodillazo en el pecho que lo mandó volando contra un árbol. El tronco se partió por la mitad y cayó al suelo en medio de un estruendo. Todavía David no se recuperaba del impacto cuando Liton extendió ambas manos al frente para lanzarle un rayo de fuego.

         —¡¡Sun Storm!!

         El príncipe de los meganianos apenas contó con una milésima de segundo para ver la enorme llamarada que se cernía sobre él. Sin perder tiempo, formó un muro de energía frente a él para protegerse. Las flamas chocaron contra la barrera con una fuerza tremenda, pero no consiguieron atravesarla. Aquello impresionó en cierta forma a Liton, que no esperaba que David pudiera bloquear el ataque con tan poco tiempo de margen. Pero la batalla apenas estaba empezando.

         —Tengo que admitir que tus habilidades no son tan pobres, me impresionas, muchacho. Te felicito por detener mi ataque. No eres tan débil como hubiera esperado, aunque sí piensas que ese era todo mí poder, pronto descubrirás que estás muy equivocado al respecto.

         David se puso de pie nuevamente, listo para seguir peleando.

         —Tú también te darás cuenta de lo equivocado que estás, Liton —repuso con furia y luego se impulsó hacia arriba con un salto. Mientras ascendía por los aires, David concentró una enorme cantidad de energía entre sus manos para formar una bola de luz sobre su cabeza—. ¡¡Nuclear Force!!

         —¡¿Qué está haciendo?! —gritó Yamcha, asombrado.

         —Es una energía muy poderosa —observó Shaina.

         Todos aquellos que podían sentir la fuerza del aura reaccionaron con pavor. La energía que David estaba acumulando parecía ser lo suficientemente poderosa para destruir todo en kilómetros a la redonda. Sin embargo, a pesar de las fuertes vibraciones de energía que emitía aquella enorme esfera, Liton no parecía sorprendido, mucho menos asustado. Era como sí la técnica que estaba empleando David Ferrer no significara una amenaza para él.

         —Ese joven posee unos poderes realmente asombrosos —murmuró Firia con el rostro iluminado por la brillante luz de la Nuclear Force—. No sé de dónde llegaron estos forasteros, pero parece que son guerreros excepcionales.

         —¡Ahora es cuando debemos aprovechar para huir! —exclamó Rina, pero Firia la sujetó por la capa para impedir que corriera. La hechicera volvió la vista por encima del hombro—. ¿Qué estás haciendo, Firia? Debemos irnos mientras esos orates están luchando entre sí.

         —No, Rina, siento que todos ellos están relacionados con el triángulo de Zanatar.

         —¿Qué dices?

         —Oye, pero que cobarde eres, muchachita —le dijo Eclipse en una actitud acusatoria—. Estamos arriesgando el pellejo para vencer a ese fanfarrón y tú quieres abandonarnos.

         Rina montó en cólera.

         —¡¿A quién le llamas, cobarde?! ¡¡Por sí no lo sabes, yo no le tengo miedo a nadie!!

         —¿Y lo qué querías hacer cómo se llama? —Eclipse arqueó ambas cejas.

         —¡Guarden silencio! —les ordenó Shirufiru con un grito—. Este no es el momento.

         David no vaciló. Cuando acabó de reunir la energía que creyó necesaria, bajó ambas manos hacia abajo y dejó caer la Nuclear Force sobre Liton. Mientras la resplandeciente bola de energía se precipitaba lentamente hacia el guerrero enemigo, Uller formó un escudo aúrico alrededor de todos para protegerlos de la inminente explosión.

         —¿Qué es esto? —murmuró Gaury, extrañado.

         —Es una barrera de energía de la voluntad —le informó Uller—. Esto impedirá que resultemos afectados por el ataque de David además de proteger a Asiont. Recuerden que si llega a romperse jamás podrá volver a la normalidad.

         Liton se quedó mirando la esfera de luz y esperó hasta el último momento antes de levantar una mano. Entonces, justo cuando la bola luminosa tocó su palma, Liton empezó a succionar toda la energía como si su mano fuese una especie de agujero negro. David abrió los ojos de par en par sin dar crédito a lo que veía.

         —¡¿Qué está pasando?! ¡No puede ser!

         La Nuclear Force fue decreciendo en tamaño y poder hasta que finalmente desapareció por completo. Cuando Liton hubo terminado de absorber todo el poderoso ataque de David, sonrió malévolamente y cerró la mano.

         —Esto no puede estar pasando —murmuró David—. ¿Cómo es posible que mi ataque haya desaparecido completamente?

         Liton soltó una risita.

         —Te agradezco por entregarme tan poderosa energía, David —le dijo a manera de burla—. Parece que olvidaste que una de mis habilidades consiste en absorber la energía de los ataques como el tuyo.

         —¡¡No es posible!! —renegó Yamcha—. Ese miserable puede absorber la energía de los ataques. Quiere decir que sí usamos ataques de energía, Liton los absorberá como lo hizo con la técnica de David.

         —En ese caso mejor nos ponemos a rezar —sugirió Eclipse—. ¿Quién iba a decir que ese tipo resultaría ser tan tramposo?

         David apretó los puños con desesperación. La batalla entre Liton y su padre había ocurrido cuando él apenas era un niño y por lo mismo no conocía la totalidad de las habilidades de su adversario. Siendo el mejor guerrero después del emperador meganiano, resultaba obvio que Liton conociera la técnica de absorción de energía. David no pudo menos que maldecir su torpeza.

         Sin dejar de sonreír con la seguridad de quien se sabe el mejor, Liton comenzó a levitar en el aire hasta quedar a la misma altura que David. No tenía que leerle la mente para saber que éste estaba desesperado. Durante años, Liton había estado planeando la forma en que llevaría a cabo su venganza cuando saliera de su encierro. No había tenido la oportunidad de eliminar a Francisco, sin embargo, pero David no escaparía de su venganza.

         Liton se aproximó a David y se detuvo a menos de un metro de éste. Lo miró directamente a los ojos y frunció una especie de sonrisa desafiante. David, por su parte, le devolvió la mirada e irguió la cabeza en actitud desafiante. Entonces la pelea continuó. Ambos rivales comenzaron a intercambiar golpes y contragolpes a una velocidad impresionante. Por momentos era David quien recibía la mortal lluvia de puñetazos, pero luego se invertían los papeles y entonces era Liton quien se ponía a la defensiva.

         Pero aunque en apariencia la batalla parecía pareja, David sabía que quién realmente dominaba el combate era Liton. Comparado con el enemigo que encaraba, el príncipe de los meganianos era un aficionado. Tras unos segundos de intenso combate, Liton consiguió bloquear un golpe de David para luego contraatacar con una rápida patada que le dio en el estómago, haciéndolo doblarse hacia delante.

         —¿Dices qué vas a derrotarme, eh? —le preguntó Liton a David antes de unir ambas manos para descargarle un potente golpe en la nuca que lo hizo caer—. ¡¡Quiero ver que lo hagas!!

         El príncipe de los meganianos se estrelló en el piso, creando un pequeño cráter en el lugar del impacto. Casi a punto de perder el conocimiento, David levantó la cabeza y trató de incorporarse. Le dolía todo el cuerpo y la sangre resbalaba por su frente. El combate apenas llevaba unos minutos y el enemigo ya había logrado lastimarlo seriamente.

         Liton, en tanto, descendió al suelo y caminó tranquilamente hasta su adversario sin dejar de observarlo. Cuando vio que David aún estaba tratando de levantarse, el guerrero meganiano soltó una sonora carcajada.

         —Pero que necio eres, David, ¿todavía no entiendes que no tienes posibilidades de ganarme? Deberías darte por vencido y esperar la muerte tranquilamente. Deja de pelear y acepta tu derrota.

         —Eso jamás lo haré y menos ante una persona como tú —respondió David y luego arrojó un escupitajo de sangre al suelo—. No me daré por vencido ante un miserable traidor. ¿Cómo pudiste hacerlo, maldito? Mi padre te consideraba como de la familia y tú quisiste matarlo.

         —¿De verdad quieres saberlo? —Liton dirigió una mirada hacia donde estaban Hyoga, Uller, Rina y soltó una risita—. Bien, sí tanto quieres conocer la razón te la diré para que también lo escuchen esos gusanos.

         Finalmente, David pudo ponerse en pie luego de hacer un gran esfuerzo, pero aún se tambaleaba. Por un segundo, creyó que Liton iba a atacarlo nuevamente, pero eso no sucedió.

         —Sí de verdad existe un traidor ese es tu padre, David —sentenció Liton, alzando un dedo para señalar a David—. Los meganianos somos una raza con grandes poderes y sin embargo Francisco nos condenó a una existencia miserable. Pudimos haber tomado el control y sometido a las demás razas en beneficio de nuestro mundo, pero tu padre prefirió no hacer nada.

         —¿Qué dices? —inquirió Uller—. ¿Controlar el universo?

         —Francisco Ferrer era un cobarde, un timorato que le negó a los meganianos la posibilidad de crear un imperio de verdad —Las palabras de Liton cobraron mayor fuerza—. ¡Sólo N´astarith ha demostrado ser capaz de alcanzar ese destino y de convertirse en el Señor de los Imperios!

         —Estás completamente loco —repuso David con desprecio—. Mi padre creía que cada raza en el universo es libre de conducirse como mejor le parezca, pero sin dañar a otros. N´astarith sólo es un tirano que busca controlar el destino de cada ser viviente en todo el universo.

         —N´astarith es el poder —afirmó Liton—. Nos ha liberado de las estúpidas creencias de tu padre, del tiránico Gran Creador de los Caballeros Celestiales y de todo los males del universo. Por eso fue que luché contra tu padre y por eso es que ahora me alié a Abbadón cuando el planeta Megazoar fue destruido.

         Hyoga esbozó un gesto que denotaba una enorme sorpresa.

         —¿Quieres decir qué no sientes nada de saber que N´astarith fue quién destruyó tu mundo? Él asesinó a tu gente y aún así lo ayudas a luchar contra nosotros ¿acaso nada de eso te importa? No entiendo tu actitud.

         —Ese planeta no significa nada para mí —repuso el meganiano—. Cuando N´astarith se convierta en el único amo de la existencia, crearemos otro planeta Megazoar más grande y más esplendoroso que el anterior.

         David dio un paso al frente y separó ambas piernas. Haciendo caso omiso del gran dolor que sentía y del daño recibido, hizo salir la luz de su aura. Su cuerpo quedó envuelto por un fino halo de color azul zafiro que cobraba mayor fuerza con cada paso que daba. Los cabellos de David empezaron a erizarse hacia arriba.

         —El único error de mi padre fue haber confiado en una víbora como tú. Dices que N´astarith merece ser el señor de los imperios, pero olvidas que los imperios de injusticia están condenados a la ruina… Liton, es hora de que recuerdes la verdadera fuerza de la familia real de Megazoar… ¡¡Dragón Volador!!

         David cerró su puño para descargar su mejor y más poderosa técnica. Cuando lanzó el golpe, un enorme dragón hecho de energía salió de su mano y se dirigió contra Liton a la velocidad del rayo. El poder del Dragón Volador era mayor que el de la Nuclear Force, pero ni siquiera esto basto para inmutar a Liton, que simplemente levantó una mano con la palma orientada hacia delante para detener el ataque de David.

         Hubo una explosión de luz cegadora. Múltiples rayos luminosos salieron despedidos en todas direcciones en el momento que el Dragón de Volador de David embistió contra la palma de Liton. El meganiano aguardó pacientemente hasta que el ataque del Dragón Volador empezó a perder fuerza y finalmente desapareció.

         —¡Esto no puede ser cierto! —exclamó David, que se resistía a creer lo que estaba ocurriendo—. Mi Dragón Volador tampoco funcionó con él. Hasta ahora nadie había logrado detener mi ataque con esa facilidad, ¿cómo pudiste hacerlo?

         —Te he dicho que ninguna de las técnicas que utilices te servirá para derrotarme —Liton dio un paso al frente y levantó una mano—. Era el maestro de maestros en Megazoar. Conozco todos y cada uno de los ataques que usaba tu padre o cualquier otro de los guerreros de la Casa Real. Yo ya dominaba el arte del Dragón Volador cuando tú apenas estabas en pañales.

         David se quedó petrificado. Ahora entendía el por qué su padre había tenido tantos problemas para vencer a ese sujeto. Liton dominaba todas las técnicas de los guerreros de Megazoar y eso lo convertía en un guerrero relativamente invencible para cualquier oponente meganiano

         —Parece que al fin lo entendiste, muchacho —murmuró Liton, dándose cuenta de la sorpresa de su enemigo—. Ha llegado la hora de terminar con esto de una vez por todas. Saluda a tu padre cuando llegues a la puerta del infierno… ¡¡Nova Burning!!

         En la mano derecha de Liton apareció una pequeña esfera de fuego, la cual se incrementó de tamaño rápidamente. De repente, el meganiano llevó la mano al frente y la bola de fuego que crecía en su palma salió disparada directamente contra David, que abrió los ojos totalmente antes de ser impactado por el llameante proyectil. El príncipe de los meganianos gritó con todas sus fuerzas y se estremeció violentamente.

         —¡¡David!! —exclamó Yamcha,

         El ataque de Liton fue tan poderoso que David salió volando por los aires mientras sus vestimentas y su armadura eran despedazadas por el intenso calor de las llamas. Todavía David no había empezado a caer cuando Liton, actuando con una rapidez más allá del ojo humano, lo interceptó en el aire y le propinó un tremendo golpe con el puño derecho envuelto en llamas.

         —¡¡Hoono-ken!!

         En ese instante, David perdió el conocimiento y se desplomó por los suelos como si fuera un muñeco de trapo. Ameria estaba horrorizada ante el grotesco espectáculo, lo mismo que Shirufiru y Firia. Con la victoria al alcance de sus manos, Liton aterrizó en el suelo y contempló el cuerpo de su enemigo con desdén.

         David tenía profundas quemaduras en su cuerpo y el rostro además de múltiples heridas. Sus ropas habían sido desgarradas por el poder del ataque de Liton y el peto de que hasta unos momentos antes había portado con orgullo estaba completamente destruido.

         —Que lástima que ese gusano haya soportado tan poco. Tenía muchas ganas de hacerlo sufrir un poco más, pero supongo que debo conformarme —Liton volvió un rostro sonriente hacia donde estaban Hyoga y los demás—. Creo que ahora es el momento de que me entreguen la sagrada gema de los Titanes.

         Uller dio un paso al frente.

         —¡Eso jamás! ¡Primero tendrás que matarnos!

         Como respuesta, Liton le arrojó una pequeña esfera de fuego que estalló sobre el pecho del valiente hombre de hielo. En segundos, Uller quedó envuelto por las llamas y comenzó a revolverse con violencia. El meganiano soltó una risita burlona.

         —Muerto entonces.

         —¡¡Uller!! —gritó Hyoga con todas sus fuerzas.

         Liton estaba convencido de que Uller moriría con ese ataque, de manera que se aprestó a terminar con la vida de los demás. Estaba por lanzar una segunda esfera de fuego cuando, súbitamente, una descarga gélida golpeó su antebrazo y se lo dejó congelado.

         —No puede ser, la mente que estoy captando es la de Uller.

         Desconcertado, el meganiano giró el rostro hacia el sitio de donde había venido el disparo y lo que vio lo dejó tan helado como el hielo que ahora cubría su mano. En medio de las ardientes flamas que aún se agitaban, estaba Uller, que salió caminando a través del fuego como si nada. Era imposible, el calor de las llamas no le había causado el más mínimo daño. Ni siquiera tenía las ropas ligeramente chamuscadas. No puede ser, pensó Liton. Es completamente imposible.

         —No te dejaré que dañes a nadie, Liton.

         —¿Cómo es que aún sigues vivo? —inquirió el meganiano, completamente desconcertado por la presencia de Uller—. Tú ya deberías estar muerto, ¿cómo es que no te derretiste si eres un hombre de hielo?

         Uller extendió el puño derecho al frente para mostrarle a Liton el anillo de poder que portaba en su dedo índice. Era de color anaranjado y ostentaba como emblema el legendario símbolo del Yin-Yang; el eterno equilibrio entre las fuerzas del bien y del mal.

         —Este es el anillo de los Inmortales Kundalinis y me da la capacidad de resistir altas temperaturas. Lamento decirte que no podrás derretirme tan fácilmente con tus ataques de fuego.

         —Maldito.

         —¡Eso es! —exclamó Yamcha con júbilo—. ¡Adelante, Uller!

         —No sabía que Uller tenía esa habilidad —reconoció Hyoga—. Liton estaba seguro de poder derrotarlo con un ataque de fuego, pero parece que las cosas no salieron como pensaba.

         —Liton, no tendré ninguna consideración contigo ¡Prepárate! —Uller concentró toda su energía cósmica a fin de hacer todavía más poderosos sus rayos de hielo—. ¡Por el Gran Espíritu y por la Gran Alianza Universal!

         El meganiano arrugó el ceño cuando el Kundalini volvió a atacarlo con un par de descargas gélidas. Liton hubiera podido esquivar fácilmente los ataques de Uller, pero prefirió neutralizarlos con el calor de su propia aura. Los rayos de hielo se evaporaron antes de tocar el cuerpo del meganiano.

         —¡Que tonto eres, Uller! No podrás congelarme con ataques tan simples.

         —Mis rayos de hielo no tienen efecto sobre de él —reconoció el Guerrero Kundalini—. Liton está utilizando su poder para elevar la temperatura de su cuerpo y así nulificar mis rayos de hielo.

         —Exactamente —confirmó Liton—. No olvides lo que mencionó David acerca de mis poderes. La energía del sol me fortalece, pero controlar la temperatura de mi cuerpo no es todo lo que puedo hacer y ahora lo verán.

         De repente el cuerpo del guerrero meganiano comenzó a despedir poderosas ondas caloríficas que elevaron la temperatura del aire. Los árboles y todas las plantas cercanas resintieron los efectos del calor y empezaron a marchitarse lentamente. En cuestión de segundos, el calor hizo casi insoportable.

         —¿Qué está ocurriendo? —inquirió Shirufiru sin dirigirse a nadie en especifico.

         —Es el aura de Liton —les dijo Hyoga—. De alguna forma está aumentando la temperatura del ambiente con la energía de su cosmos. David estaba en lo cierto cuando nos advirtió que sus poderes eran muy diferentes a los de los otros guerreros meganianos.

         Rina se limpió el sudor de la frente y murmuró una maldición. La batalla no iba bien para ellos y lo peor de todo es que nadie había encontrado una manera de derrotar a Liton. Aún recelaba de las intenciones de los forasteros, pero al menos estaba convencida de que no eran ni hechiceros malignos ni una partida de demonios. Lo que aún no comprendía era el porqué Liton y Bórax habían llegado buscando el triángulo de Zanatar, pero todo indicaba que sólo los forasteros podrían aclarar sus dudas.

         —¡Sufran, malditos insectos! —exclamó Liton mientras la temperatura iba en aumento—. No tengo prisa por acabarlos, así que primero los cocinaré a fuego lento para después destruirlos con mis llamas. ¡Disfruten por adelantado del calor del infierno!

Astronave Churubusco.

         En el interior de la habitación, se encontraban Piccolo, Gohan y Gokuh. En un principio, el guerrero nameku había pedido que le permitieran entrenar solo. Pero cuando el pequeño Son Gohan le pidió que le dejara entrar para practicar con él, Piccolo sencillamente no pudo negarse. Más tarde, Son Gokuh decidió unírseles para elevar el nivel del entrenamiento y así los tres comenzaron a combatir entre sí usando todas sus energías.

         Detrás de la ventana contigua a la sala de entrenamiento, todos observaban con interés la práctica de los Guerreros Zeta. Para Ryoga y Moose era insólito ver cómo Gokuh podía moverse tan rápido por el aire. Incluso Astroboy, que había visto robots extremadamente poderosos en su mundo, se mostró sorprendido de lo que sus ojos contemplaban en ese momento.

         —¡Dale, dale, Gohan! —exclamó Sailor Moon—. ¡Tú puedes!

         —¿Qué crees qué haces, Sailor Moon? —le preguntó Rei a su amiga.

         —Ay, les estoy dando ánimo —sonrió Usagi—. ¿Por qué no me ayudas?

         Sailor Mars volvió la vista hacia donde se encontraban Azmoudez y Makoto.

         —Ni loca, estoy inquieta por Sailor Jupiter.

         —¿Por Makoto? —inquirió Sailor Moon—. ¿Qué le pasa?

         —Es ese tipo llamado Azmoudez. No confío en él.

         Sailor Moon esbozó una pícara sonrisa.

         —Ah, vamos, ¿no serás que estás celosa?

         Poco faltó para que Rei le soltara un coscorrón a su amiga. Ella estaba realmente preocupada por Makoto y Usagi le salía con una bobería sobre los celos. A veces no podía entender el porqué su amiga llegaba a ser tan infantil.

         —¡¡No tiene nada que ver los celos!! —vociferó Rei con tal fuerza que algunos de los demás volvieron la vista hacia las Sailors. Al ver esto, Mars les lanzó una mirada iracunda—. ¿Algún problema?

         Ryoga, Astroboy, Moose y Trunks se apresuraron a negar con la cabeza. Antes de que Rei pudiera decir algo más, uno por uno se fueron haciendo los desentendidos y volvieron a centrar su atención en la pelea que se desarrollaba dentro de la habitación de a lado.

         —Me gritaste —Sailor Moon hizo un puchero—. ¡¡Todos me gritan!! ¡¡Me odias!!

         Todos voltearon al unísono. Sailor Mars, que sentía que aquel era uno de los momentos más bochornoso de toda su existencia, dejó escapar un lamento y se cubrió el rostro con una mano.

“Un poco de música estaría bien”, pensó la Inner Senshi sonriendo. “Le Nozze di Figaro de Mozart”.

         Ajeno a lo que ocurría a sus espaldas, Vejita esperaba con impaciencia que desocuparan la sala de entrenamiento para volver a entrar. No podía permitir que Son Gokuh o cualquier otro guerrero lo aventajara. Por sobre todo, él debía convertirse en el guerrero más poderoso de todos los tiempos.

         —¡Demonios! ¿Hasta cuando tendré que estar soportando las tonterías de esos inútiles? —murmuró despectivamente, refiriéndose a la repentina discusión que se había suscitado entre las Sailor Senshi—. Más vale que Kakaroto o ese nameku bueno para nada se den prisa o yo mismo los sacaré de ahí.

         —Pareces muy desesperado —le dijo una voz femenina.

         Vejita volvió la mirada por encima del hombro y se topó con el rostro enmascarado de Marin, la guerrera del Águila. El saiya-jin la miró por un instante y luego llevó sus ojos de regreso a la pelea que se desarrollaba en el cuarto de entrenamiento.

         —Ellos saldrán muy pronto —dijo Marin—. ¿Piensas volver a entrar?

         —Eso a ti no te interesa —repuso Vejita y empezó a alejarse.

         —Aguarda, hay algo que quiero preguntarte.

         El príncipe saiya-jin se detuvo, pero no volvió el rostro.

         —Pregunta.

         —Tú no pareces ser igual que Son Gokuh y sus amigos. He sentido tu cosmos y está lleno de una gran hostilidad, ¿por qué estás con ellos?

         —Es algo muy simple —Vejita volvió el rostro por encima del hombro y frunció una sonrisa—. No puedo permitir que Kakaroto muera a manos de otra persona que no sea yo. No me importa quién es N´astarith o sí posee el máximo poder del universo, primero mataré a ese sujeto para demostrar que soy el más fuerte y luego terminaré con Kakaroto.

         —¿Qué estás diciendo? ¿Planeas matar a Son Gokuh?

         Vejita soltó una risita y se alejó.

         —Tal vez me encargue también de eliminar a ese mocoso llamado Seiya, quién sabe.

         Marin cerró el puño derecho con fuerza. Sí aún le quedaba alguna duda respecto a las verdaderas intenciones de Vejita, éstas acababan de desaparecer justo en ese momento. Ahora estaba convencida de que el sujeto era un tipo sin escrúpulos. Tal vez Gokuh y los demás lo toleraban por ser un aliado poderoso, pero en su opinión lo más conveniente era tenerlo vigilado.

“Ese tipo es un malvado”, pensó Marin. “No sé por qué, pero presiento que podría traicionarnos en cualquier momento. Será mejor que tengamos cuidado con él o podría darnos una sorpresa desagradable”.

Tokio-3

         Era de noche en la capital del Japón. Las calles de la ciudad estaban desiertas y silenciosas salvo por el paso ocasional de las patrullas del ejército y el susurro del viento. En un búnker secreto, el general Kymura y Masamaru contemplaban con gran atención un holograma de Gengis Khan. El holograma llenaba todo el extremo de la habitación y se alzaba, amenazador, ante ellos.

         La figura vestida de negro que ocupaba el centro del holograma alzó una mano.

         —El momento de actuar finalmente ha llegado —susurró Gengis Khan—. Debemos apoderarnos de los cuarteles de NERV antes de que el presidente Keel y esos fastidiosos de SEELE decidan intervenir.

         Se hizo un silencio mientras Kymura y Msaamaru se miraban preocupadamente el uno al otro.

         —Sí, mi señor —asintió Kymura.

         —No quiero que quede nadie con vida —dijo la oscura figura del holograma.

         —Sí, mi señor —repuso Kymura—. Nuestros hombres ya han tomado posiciones y hemos activado los robots de combate que tenemos, pero necesitaremos más que eso si queremos apoderarnos de las instalaciones de NERV.

         —El general tiene razón, mi señor —convino Masamaru apresuradamente—. Tenemos informes de que el ejército de Japón ha movilizado sus tropas y existe una gran cantidad de tanques y aviones de combate listos para entrar en acción.

         La figura sin rostro asintió.

         —Eso no es motivo de preocupación. El ejército japonés será aplastado y los Evas destruidos. Cuando los cielos se iluminen con enormes bolas de fuego sabrán que ha llegado el momento de atacar. Esperen la señal.

         El holograma se esfumó. Kymura y Masamaru permanecieron donde estaban, con la mirada fija en el vacío.

         —¿Bola de fuego? —preguntó Masamaru, extrañado.

         —Nunca debes dudar de la palabra de Gengis Khan, mi amigo —respondió Kymura con una sonrisa diabólica—. Él traerá la pureza del olvido a esta decadente y devastada tierra y aquellos que lo servimos, recibiremos el don de la inmortalidad.

Armagedón.

         La habitación era enorme y estaba abarrotada de fantásticas obras de arte, bellísimos muebles y objetos de todos los tamaños. Sin embargo, a pesar del lujo y de los hermosos adornos que la rodeaban por todas partes, Akane no se sentía nada contenta.

         Desde su llegada a Armagedón, Akane había sido confinada en esos aposentos junto con su hermana Nabiki, y allí habían permanecían las dos sin saber a ciencia cierta en que lugar estaban o qué pensaban hacer con ellas. Todos sus intentos por escapar habían resultado infructuosos y las dos empezaron a hacerse a la idea de que permanecerían en ese sitio por un largo tiempo.

         A diferencia de su hermana menor, Nabiki había decidido olvidar sus preocupaciones y disfrutar de los lujos y comodidades con los que las trataban. No era que no le molestara ser una prisionera, pero pensaba que no ganaría nada con estar mordicándose con pensamientos negativos.

         —¡Estoy harta! —exclamó Akane.

         —Mejor tómalo con calma —le aconsejó Nabiki, que permanecía recostada en una cama y degustaba unas uvas—. Sí por gritar nos fueran a sacar de aquí, ya estaríamos libres desde hace mucho.

         Akane se volvió furiosa.

         —¿Cómo puedes estar tan tranquila, Nabiki? —le cuestionó a su hermana—. ¡Ese pervertido nos secuestró y nos trajo a este lugar! ¿Qué piensas que querrá hacer con nosotras?

         —No tengo ni la menor idea —repuso Nabiki calmadamente—. Pero en cuanto lo vea le preguntaré. ¿Por qué no disfrutas de las maravillas de este lugar? Lo que tenga que pasar, pasará.

         Akane estaba que echaba chispas. Iba a romper otro jarrón cuando las puertas de acceso se abrieron, dando entrada a Sombrío. El Khan del Lobo abrió los brazos y sonrió de oreja a oreja.

         —Heeellooo, honeys!!

         El jarrón que Akane tenía en las manos terminó estrellándose en la frente de Sombrío, quien hizo una mueca de desagrado mientras los pedazos caían al suelo.

         —Duh.

         —¡Miserable pervertido! —le espetó Akane, tomando un segundo jarrón aún más grande que el anterior—. ¡No te atrevas a acercarte o te juro que te rompo esto en la cabeza!

         Sombrío se acarició la cabeza y sonrió.

         —Puedes romperme todo lo que quieras, pedazo de cielo —La expresión de galán del Khan se esfumó una vez que el segundo jarrón se deshizo en pedazos sobre su cabeza—. Te estás pasando, pedacito.

         —Eso fue divertido, Akane —murmuró Nabiki.

         El Khan se quitó la diadema de su cabeza.

         —Entiendo que estén enojadas, pero una vez que me conozcan llegarán a apreciarme. ¿Saben? Soy una persona incomprendida que ha sufrido mucho porque no conoce las mieles del amor.

         —¡Aparte de pervertido eres un cursi! —le gritó Akane.

         —¿No me digas que prefieres al afeminado ese? —preguntó Sombrío—. Ese tonto no es más que un debilucho sin mencionar que es un afeminado. Yo, por otra parte, soy todo un lobo.

         —¿Qué diablos te importa lo que yo quiera, asqueroso? —replicó Akane furiosa.

         —Que chica más ruda, se nota que necesitas que te dé una lección. Es hora de que juguemos al “eso me gusta, eso me das”.

         Sombrío esbozó una sonrisa malévola. Se quitó la capa y se acercó a Akane lentamente. La chica se apresuró a tomar un busto del rostro de Sombrío que descansaba sobre un pedestal de mármol.

         —Sí te acercas un paso más, te juro que no respondo.

         —Oye, ese busto refleja mi varonil apariencia. ¡No te atrevas romperlo!

         De pronto el escáner visual de Sombrío emitió un pitido. El Khan hizo una mueca de enfado y presionó el botón para activar el comunicador. Akane y Nabiki se miraron.

         —¿Sí? —preguntó el Khan con aburrimiento—. ¿Por qué me interrumpen?

         —¿Dónde demonios estás? —se escuchó decir a una voz femenina—. El emperador está molesto porque no fuiste a la reunión.

         —Sí, Suzú, es que… tenía cosas que hacer y… ¿No puedes hablar luego? Estoy jugando al “eso me gusta, eso me das”.

         —Nada de juegos, ven inmediatamente al salón del trono.

         La transmisión se cortó de golpe, haciendo que Sombrío se enfureciera. Miró a Akane un instante y luego se puso su capa negra. De seguro le esperaba una reprimenda en el salón del trono, pero al menos tenía todo el camino para pensar en alguna buena excusa.

         —No se muevan de aquí, nenas —les dijo a Akane y Nabiki mientras se dirigía hacia la puerta—. Más tarde tendremos que ajustar cuentas y terminaremos con el “eso me gusta, eso me das”.

         Sombrío atravesó la entrada. Estaba por dirigirse al salón del trono cuando escuchó la voz de Akane que lo llamaba dulcemente. El Khan sonrió emocionado  y volvió la mirada por encima del hombro sólo para ver como el busto que tanto apreciaba se estrellaba en su rostro.

Continuará… .

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