Leyenda 036

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO XXXVI

ENTRE LA ESPADA Y LA PARED

Espacio cercano a Armagedón.

       Desde el puente de mando del Nisroc, Tiamat contemplaba impasible como una colosal puerta dimensional se formaba frente a la flota de Devastadores Estelares que comandaba. Aquella iba a ser la primera vez que un grupo de naves con semejante tamaño iban a atravesar una puerta dimensional. Está vez la misión sería un éxito, de eso no había la menor duda.

       —Con tantas naves parece que fuéramos a conquistar un sistema estelar —observó Shield, atrayendo la atención del líder de los Khans con su comentario—. ¿No lo crees, Tiamat?

       El Khan del Dragón se volvió un instante hacia el guerrero Meganiano y asintió con la cabeza.

       —El emperador ha dado la orden de evitar a cualquier costo que la Alianza Estelar reciba más apoyo de cualquier mundo ajeno a este universo, aunque eso será lamentable por otra parte. Tenía la esperanza de aniquilar a algunos guerreros poderosos como ese maldito Superman.

       —Al fin tendremos algo de acción —masculló Sombrío mientras se abría paso por el puente hasta sus camaradas—. Realmente ya estaba aburrido de estar en Armagedón sin hacer nada —hizo una pausa y se detuvo a un costado del Khan del Dragón—. Es bueno volver a la batalla.

       Tiamat giró la cabeza hacia el Khan del Lobo y se cruzó de brazos.

       —Ocho de las doce gemas ya han sido encontradas. Nuestra misión consiste en encontrar la novena, “Lamed”, y destruir cualquier fuerza que pudiera representar una amenaza para nuestros planes.

       Sombrío asintió con la cabeza y dejó escapar una leve sonrisa de placer.

       —Me parece bien, espero que esta vez la batalla no vaya a ser una decepción. La última vez me topé con un mocoso de nombre Ranma y pelear con él fue de los más aburrido. Confío que esta misión valga la pena.

       De pronto, la puerta de acceso se abrió de golpe y una mujer de tez morena y cabello corto color castaño, entró en el puente. Caminado tranquilamente, la mujer de armadura negra se detuvo frente a los guerreros imperiales.

       —¿Falta mucho para partir? —preguntó Aicila.

       Sombrío asintió de buena gana.

       —En cualquier momento, preciosa.

       Aicila ignoró por completo las palabras melosas de su compañero y se dirigió hacia el ventanal del puente para observar cómo el gigantesco remolino de luz terminaba de formarse. Aicila, la Khan de la Arpía, era una de las mujeres más ambiciosa y egoísta que existían dentro de las filas de guerreros al servicio de Abbadón, y Tiamat lo sabía mejor que nadie

       —Linda la compañera —comentó Shield discretamente, contemplando a Aicila alejarse—. Bastante linda de hecho… .

       Tiamat le dirigió una sonrisita burlona y repuso:

       —No te dejes llevar por las hormonas. Aicila es una mujer mezquina. Sí puede te chupará hasta la sangre.

       —¿Es verdad? —preguntó Shield escéptico—. Con ella correría el riesgo, je.

       —Puedes confiar en mis palabras —afirmó Tiamat—. En una ocasión intento seducirme para conseguir… ciertos privilegios, pero no le resultó como esperaba.

       Sombrío soltó una carcajada.

       —Lo que sucede es que no sabes como controlar a una mujer, Tiamat —murmuró mientras se colocaba su escáner visual—. Déjenmela un instante y verán como acaba haciendo lo que yo le diga.

       Tiamat aparentó no oírlo y llevó la vista hacia el capitán del Nisroc.

       —Capitán, ¿cuánto falta para iniciar el traslado? —preguntó con un tono que exigía una respuesta inmediata.

       El militar abbadonita miró al Khan con temor en los ojos y se apresuró a asentir.

       —Ya nos encontramos listos, señor. La puerta es estable

       El Khan del Dragón suspiró con satisfacción y volvió la mirada hacia el enorme ventanal del puente una vez más.

       —Inicien el traslado —ordenó de inmediato mientras el capitán de la nave lo observaba nerviosamente deseando desaparecer en el aire.

Tokio, Japón
Distrito Juuban (Museo de Historia)

       Jesús Ferrer apretó fuertemente los puños, aumentando todavía más el poder de su aura. Aquel inmenso despliegue de poder llamó la atención de todos en el campo de batalla, incluso Asiont y Eneri suspendieron su combate para volver la mirada hacia el príncipe meganiano. Las Sailor Senshi estaban asombradas sin entender lo que sucedía.

       Una expresión de contrariedad se apoderó del rostro de Suzú. Realmente no esperaba que el nivel de combate de Jesús Ferrer fuera tan alto como el que les estaba mostrando. En verdad era toda una sorpresa. Quitó su pie de la mano de Sailor Venus y dio un paso atrás, vacilante.

       —¿Qué fue lo que dijiste, estúpido? —le inquirió la Khan de la Banshee, ligeramente enfadada—. Por sí no lo recuerdas, ellos son el enemigo y por lo tanto deben morir. No me vengar con sentimentalismos tontos porque te partiré la cara.

       El casco de batalla de Jesús se partió por la mitad y un segundo después estalló en mil pedazos.

       —¡Ella es sólo una niña! —gritó furioso—. ¡No hay razón para tratarla así!

       Suzú frunció el entrecejo y le lanzó una mirada acusatoria.

       —¿Acaso te estás poniendo de su lado, Ferrer? No te atrevas… .

       Sailor Venus alzó la cabeza unos centímetros para mirar a Jesús. Sus ojos se abrieron enormemente cuando se encontraron con el rostro de aquel solitario joven con el había estado conversando apenas un par de horas antes. “No es posible”, pensó. “Es él”.

       El meganiano aumentó más su poder y miró ferozmente a la Khan de Banshee, ignorando por completo la pregunta que le había hecho. Tenía mucho tiempo en que no sentía una ira como aquella, era una ira que le nublaba el razonamiento. A pesar de que estaba aliado a los abbadonitas no iba a permitir aquel tipo de actos.

       —No hay razón para lastimarla de esa manera —murmuró amenazadoramente—. Ella no puede defenderse. ¡Asquerosa maldita!

       Suzú observó por un instante a Sailor Venus y luego volvió la mirada hacia Ferrer, esbozando una sonrisa burlona. Aparentemente, el meganiano tenía algún interés especial en aquella Senshi. Quizás le agradaba físicamente o había algo más de fondo.

       —¿Con qué esas tenemos? —preguntó sarcásticamente—. ¿Estás consciente de que sí te pones del lado del enemigo estarás traicionándonos, miserable gusano? —hizo una pausa y guardo silencio, pero Jesús no dijo nada—. Bien —añadió—. Te daré la ultima oportunidad para que decidas. Mata a esta niña y no le diremos al emperador que te atreviste a interferir.

       Sailor Venus alzó ambas cejas con terror.

       El príncipe meganiano titubeó por unos instantes. Era una situación difícil y requería un momento de reflexión. Sí atacaba a las guerreras de Abbadón, todo el trabajo de su padre se vendría abajo y ello conllevaría a una guerra entre su pueblo y N´astarith. Pero, por otro lado, estaban Sailor Venus y sus amigas. ¿Era justo hacerles eso?

       Finalmente, levantó su mano, apuntando con su palma el rostro de Minako.

       —Así debe ser —murmuró la Khan satisfecha—. Cumple con la orden. ¡Mátala!

       Una esfera de luz brilló en la mano de Jesús Ferrer. Al ver aquello, Liria desvió la mirada en otra dirección temiendo lo peor; a pesar de que era una Khan no le agradaba ver como asesinaban a la gente.

       Eneri, por el contrario, sonrió malévolamente y, aprovechando la guardia baja de Asiont, le asestó un potente puñetazo en pleno rostro que lo mandó de espaldas contra una pared donde desapareció en una nube de polvo. El Celestial no pudo dejar de maldecirse por aquel descuido.

       Josh estaba indeciso y muy nervioso. Ciertamente, aquello había llegado demasiado lejos y no podía permitir que matarán a las Sailor Senshi. Aunque sabía que quizás moriría ahí mismo por lo que iba a hacer, apretó los puños y se dispuso a lanzarse sobre su señor Jesús antes de que éste matara a la chica.

       Sailor Jupiter estaba con una rodilla en el suelo, pero aún estaba consciente. No podía moverse del todo debido a la rosa negra que tenía clavada en el pecho, de forma que alzó la mirada y contempló impotente cómo la esfera de luz en la mano de Jesús Ferrer crecía más y más.

       —Sailor Venus  —musitó débilmente antes de desmayarse.

       Sailor Moon, Mars, Mercury y Healer se quedaron paralizadas sin saber que hacer. ¿Debían atacar todas juntas o esperar a que Asiont hiciera algo? No obstante, era notorio que el Celestial tenía las manos ocupadas con aquella guerrera de nombre Eneri de manera que la única opción era tratar de atacar.

       Jesús, por su parte, contempló fijamente los ojos de Minako, los cuales le parecieron lo más bello que había visto hasta ese momento. Por un instante, pensó en su amada Kaila e imaginó la manera en que ésta habría muerto años atrás. Quizás habría estado en el suelo implorando con la mirada que no la mataran, tal y como lo hacía Sailor Venus en ese momento.

       —¿Qué rayos estás esperando, mladito idiota? —la pregunta de Suzú, interrumpió el curso de sus pensamientos—. ¡Mátala ya, imbécil!

       El meganiano no lo pensó un segundo más y frunció el entrecejo con determinación. Sabía lo que tenía que hacer. Era difícil, no había duda, pero era lo correcto. Se volvió hacia Suzú y luego de dedicarle una mirada acusatoria disparó una poderosa ráfaga de energía en su contra.

       La Khan se quedó totalmente desconcertada mientras el rayo de luz avanzaba hacia ella. No había la menor duda. Jesús Ferrer las había traicionada. Con un rápido golpe, Suzú desvió el disparo hacia el cielo donde estalló a cierta altura.

       —Maldito traidor. ¿Así que era verdad que pensabas volverte en nuestra contra?

       —Lo lamento, pero no puedo hacerlo —dijo Jesús tras un instante de silencio—. N´astarith me había ofrecido devolverme la vida de mi esposa y mi hijo a cambio de que le ayudara a buscar las gemas —hizo una pausa y bajó la cabeza—. Pero no puedo hacer esto. Sí Kaila y Kin regresan a la vida ¿cómo les explicaré que me he convertido en un asesino y que contribuí a provocar el dolor en mundos ajenos a nuestro propio universo? Lo lamento, pero no puedo hacerlo —llevó la mirada hacia Sailor Venus—. Minako, perdóname.

       Suzú aplaudió con las manos lentamente, burlándose de Jesús.

       —Bravo, bravo —murmuró, atrayendo la atención del meganiano—. Pero no te preocupes por tu esposa y tu hijo porque yo misma me encargaré de reunirte con ellos… —hizo una pausa y bajó las manos—, en el mismo infierno, maldito traidor.

       Ferrer frunció el entrecejo y adoptó una especie de pose de pelea.

       —Ni creas que te será tan fácil vencerme —declaró con seguridad—. Yo soy el meganiano más poderoso de todos y puedo darte algunas sorpresas. No seré tan fácil de derrotar como otros, de eso puedes estar segura.

       —Y no peleará solo —añadió Josh colocándose a su lado—. Señor Jesús, no se preocupe. Estoy seguro de que entre los dos le ganaremos.

       Liria había contemplado la escena en completo silencio lo mismo que las Sailors Senshi. Que Jesús y Josh hubieran traicionado a sus aliados había resultado una verdadera sorpresa para todos. Seguramente N´astarith tomaría ese pretexto para aumentar su dominio sobre los meganianos.

       Suzú, por su parte, miró a los meganianos de arriba abajo con desprecio y, unos instantes después, soltó una fuerte carcajada de burla. Por más poder que Jesús tuviera ni de broma se comparaba con un guerrero Khan.

       —¿Qué los dos van a ganarme? —se mofó con una sonrisa de oreja a oreja—. Yo soy una Kha Khan, estúpidos. Ustedes sólo son insectos para mí. Existe una enorme diferencia entre nuestros poderes y aunque seas el meganiano más poderoso de todos, no tienes posibilidad de ganarme.

       Josh cerró los puños e inesperadamente se lanzó ferozmente contra Suzú.

       —¡Eso lo veremos!

       La Khan sonrió maliciosamente y aguardó tranquilamente a que el chico la atacara.

       Cuando ya estaba a unos centímetros de su enemiga, Josh dio un improvisado giro en el aire para colocarse en posición horizontal. Haciendo gala de una asombrosa habilidad, el chico descargó una patada contra el cuello de Suzú con todas sus fuerzas. Lo había hecho sin ningún miramiento y con la firme intención de lastimarla.

       El rostro de Josh se iluminó con una sonrisa de satisfacción cuando descubrió que había acertado en el blanco. Sin embargo, el gusto no le duró mucho tiempo. Contrario a lo que esperaba, su patada no había causado el menor efecto en Suzú, quien permanecía sonriente sin muestras aparentes de estar herida.

       —¿No me digas que eso fue todo, niño? —preguntó la Khan mientras atrapaba la pierna del chico con una mano—. No me subestimes, mocoso, no me ganarás con ese débil golpecito.

       Moviéndose a una increíble velocidad, Suzú utilizó el codo de su otro brazo para fracturarle la rodilla haciéndolo gritar. El rostro de Josh se contrajo en una mueca de dolor.

       —¡¡Josh, no!! —gritó Jesús con todas sus fuerzas.

       Suzú desplegó su aura y dando un leve salto en el aire arrojó el cuerpo del chico contra uno de los muchos pilares que sostenía el techo del museo. Josh se estrelló con fuerza y después cayó al suelo, completamente aturdido.

       La Khan aterrizó sobre sus dos piernas y se volvió hacia el príncipe Meganiano.

       —Creo que ya está bueno de estar jugando, ¿no crees? No seas cobarde y pelea de una buena vez. He escuchado mucho de tus supuestos poderes. Se dice que incluso eres más fuerte que tu amigo José Zeiva, pero eso no es algo digno de presumir ya que ese emperador de segunda realmente no es muy fuerte que digamos.

       Jesús apretó los dientes con rabia y la maldijo en silencio.

       De pronto el escáner visual de Suzú emitió un pitido de alerta. El poder de Jesús Ferrer había vuelto a subir de manera abrumadora, sorprendiéndola de gran manera.

       —1,567,890 unidades de nivel de combate —observó la Khan, mientras los extraños símbolos en el visor del escáner cambiaban constantemente y se activaba la alarma—. No está mal, no está nada mal. Tienes tu fama bien ganada.

       —No voy a perdonarte lo que le hiciste a Josh —anunció Jesús a la vez que desplegaba una poderosa aura de energía a su alrededor—. Me las pagarás todas juntas… .

       El príncipe meganiano se arrojó sobre Suzú y la atacó con una violenta lluvia de patadas y puñetazos a una velocidad que las Sailors eran incapaces de seguir. Aun así, Suzú podía resistir eso y más. Moviendo los brazos de lado a lado, la Khan de Banshee consiguió bloquear todos los ataques del meganiano con una asombrosa facilidad. Parecía que era capaz de anticiparse a cada movimiento de su enemigo.

       Viendo que sus esfuerzos no servían de nada, Ferrer se apartó de la Khan con un rápido salto hacia atrás. “Esto no puede ser”, pensó. “Ni siquiera puedo tocarla”.

       —¿Cómo es posible que evites todos mis golpes? —le inquirió contrariado—. No puedo entender cómo es que existen seres más poderosos que yo.

       Suzú dejó caer los brazos a ambos costados.

       —¿No entendiste lo que dije hace un momento? —le preguntó con desdén—. Nosotros los Khans hemos alcanzado el aureus, y este poder es más grande que cualquier aura —sonrió burlonamente—. Incluso la tuya, insecto.

       Ferrer frunció el entrecejo con desesperación y retrocedió unos pasos.

       —¡No! —gritó con fuerza, negándose a aceptar aquellas palabras—. ¡Eso es mentira! ¡No puede existir un poder así!

       El príncipe meganiano juntó sus muñecas y levanto ambos brazos con las manos abiertas de manera horizontal. Su cuerpo desplegó una poderosa aura de la que emanaron pequeñas descargas eléctricas. Está vez, iba a usar su técnica más poderosa.

       —No importa lo que digas ¡Yo te venceré!

       Suzú no dijo nada y esperó pacientemente a que su adversario hiciera el siguiente movimiento. A pesar que conocía el increíble poder del príncipe guerrero de Megazoar, no estaba preocupada en lo más mínimo. Era como si supiera de antemano que la batalla estaba ganada.

       En ese momento, un rayo eléctrico hendió los cielos y se alojó en las manos del meganiano. Las Sailors Senshi contemplaron la escena llenas de asombro.

       —Recibe esto… —anunció Ferrer en voz alta—. ¡Thunder Bird!

       Llevando sus manos hacia delante unos centímetros, Jesús descargó una potente ráfaga de energía eléctrica con tal fuerza que los cabellos y capa de la Khan se levantaron hacia atrás violentamente. Suzú sólo levantó una mano con la palma orientada hacia delante para detener el ataque del príncipe meganiano. Un fuerte resplandor de luz se dejó ver al momento del impacto.

       Jesús no podía creerlo. Suzú había detenido su mejor ataque con facilidad. Sin embargo, su sorpresa fue mayor cuando descubrió que su ThunderBird se mantenía estático a escasos centímetros de la mano de la guerrera imperial; era como sí hubiera una clase de barrera invisible que estuviera conteniendo el ataque. 

       La Khan sonrió confiadamente y, dando un paso al frente, repuso:

       —Hablas mucho, inútil. ¿Esto es todo lo que puedes hacer? Un simple ataque como este no puede rasguñarme en lo absoluto. Tendrás que hacer algo mejor para vencernos.

       Jesús bajó los brazos lentamente, negándose a aceptar su impotencia. Aquel era su ataque más poderosos y ni siquiera había rasguñado a la Khan. Después de tantas decepciones aquella era quizás la peor. Su última esperanza no había servido para nada.

       La Khan de la Banshee mantuvo su mano en alto y dio otro paso al frente, obligando a Jesús a retroceder.

       —Ahora es mi turno —Una esfera de luz apareció en su palma y se abalanzó sobre el cuerpo del meganiano, mandándolo de espaldas contra una pared donde se incrustó con una fuerza devastadora.

       —¡No! —exclamó Venus desde el suelo—. Déjenlo en paz, por favor

       Antes de que Ferrer pudiera asimilar lo sucedido, la Khan apareció frente a él gracias a su velocidad y luego le descargó una potentes lluvia de puñetazos. El meganiano no pudo defenderse, mucho menos atacar.

       Las lágrimas escurrieron por las mejillas de Sailor Venus. 

“Ya basta”, pensó. “¡Deténganse, por favor!”.

       Aturdido y en el suelo, Asiont había observado todo sin poder creerlo. A su juicio, Jesús Ferrer era un miserable que merecía pagar por sus crímenes, pero verlo traicionar a sus aliadas en medio de una batalla era lo último esperaba ver. Se volvió hacia a la Khan del Cancerbero a tiempo para esquivar otro golpe de cadena, rodando por el suelo. Más tarde se ocuparía de averiguar lo que había sucedido entre ellos. Ahora lo importante era derrotar a Eneri.

China
Cinco Picos. 

       Los cinco picos antiguos formaban parte de una larga cadena montañosa que atravesaban el sudoeste de China. Sin lugar a dudas era uno de los lugares más tranquilos e inaccesibles para la mayoría de los hombres.  

       Sentado frente a la imponente cascada de Rozan a la luz de la luna llena, un diminuto anciano meditaba en silencio. Su rostro mantenía una expresión sombría que reflejaba cierta nostalgia y tristeza. Estaba pensando en el pasado y en el futuro.

       —Maestro, maestro, la cena ya está servida —la dulce voz de Shunrei interrumpió el curso de sus pensamientos—. ¿Maestro? ¿Me escuchó?

       El anciano siguió mirando el cielo nocturno sin prestar la menor atención a Shunrei.

       Extrañada, la joven dio un paso hacia adelante. Algo raro sucedía.

       —Debo dejar Rozan —dijo el anciano en voz baja mientras se levantaba—. Ya es tiempo.

       —¿Qué dice, maestro? —Shunrei abrió los enormemente ojos sin dar crédito a lo que oía.

       El diminuto anciano se volvió hacia la chica y por un instante la miró de la misma forma que un padre miraría a su hija antes de darle el último adiós. Era una mirada de despedida.

       —Es hora de mi partida, Shunrei.

       —Pero, maestro —replicó la joven sin entender la actitud del anciano—. ¿De qué está hablando? ¿Adónde irá?

       El antiguo maestro no respondió nada, se dio la media vuelta y comenzó a caminar rumbo al bosque cercano.

       —¡Maestro! —lo llamó la chica descorazonada—. ¿Qué es lo que ocurre?

       El anciano se detuvo un instante.

       —Los Santos de Bronce ya han peleado tres veces y con ello han ganado la posibilidad de llevar vidas normales como los demás —hizo una pausa y miró a Shunrei por encima del hombro—. Quiero que tú y Shiryu vivan felices por siempre. Adiós, Shunrei.

       Tras decir aquellas palabras, el anciano reanudó su camino hasta perderse en la oscuridad de la noche, dejando a Shunrei completamente desconcertada y en la soledad de la noche.

       Tiamat dirigió una mirada de aprobación al grupo de oficiales que dirigían el Devastador Nisroc. Cuando estos le informaron que el traslado se había llevado a cabo sin ningún problema, el Khan no pudo hacer menos que sonreír con satisfacción.

       —Lo habéis hecho bien —comenzó a decirles—. ¿Ya han encontrado rastros de la gema sagrada “Lamed”?

       —Si, mi señor —respondió el capitán de la nave y enseguida se giró hacia uno de sus subalternos para hacerle un gesto con la mano—. Muéstrenle.

       Uno de los técnicos presionó unas cuantas teclas y la imagen de un pequeño planeta azul apareció en la principal pantalla visora del puente.

       —Nuestros detectores han ubicado la firma energética de la novena gema en un pequeño planeta localizado a cuatrocientos mil kilómetros de nuestra posición. A velocidad estándar nos tomará veinte nanociclos llegar hasta ahí.

       —Bien. Muy bien —aprobó el Khan del Dragón con una voz suave y tranquila—. Desplegad la flota y una vez que lleguemos al planeta quiero un informe preciso de éste antes de iniciar el ataque.

       El capitán lanzó una rápida mirada al resto de los oficiales.

       —Ya estamos trabajando en ello, mi señor.

       Tiamat asintió con la cabeza y luego volvió la vista hacia la pantalla visora para observar con detenimiento el planeta azul al cual se dirigían. Sus ojos destellaron con ansiedad.

       Con la mirada perdida en el atardecer, Dai, Poppu, Astroboy, Ranma, Ryoga y Moose esperaban a que Cadmio y el profesor Ochanomizu regresaran. Luego del pequeño incidente con el televisor, Astroboy había decidido mantener a sus huéspedes alejados de cualquier aparato moderno, especialmente a Dai y a Poppu. Completamente aburrido, el grupo veía caer la noche desde un balcón en la residencia del profesor Ochanomizu.

       Ranma dio un largo bostezó sin preocuparse en esconder su fastidio. ¿Cuando volvería a ver a Akane? Aunque se empeñaba en mostrar lo contrario, por dentro el chico estaba completamente desesperado por volver a verla. Moose, por su parte, se hallaba alejado del grupo pensando en la manera de atraer a Shampoo.

       —¿Hasta que hora pensará volver ese pesado de Cadmio? —inquirió Poppu sin dirigir sus palabras a nadie en concreto—. Quizás ya se fue y nos abandonó aquí.

       —No lo creo —dijo Ryoga en voz baja—. No es tan ruin.

       Astroboy volvió la mirada hacia Ranma y reflexionó antes de hablar.

       —¿Por qué dicen que ese joven llamado Cadmio es un pesado? —preguntó.

       Saotome se llevó los brazos a la nuca y volvió la vista a un costado.

       —Bueno, lo que pasa es que le gusta presumir que es muy fuerte y tiene la obsesión de hacernos a un lado durante las batallas.

       —Es un engreído —murmuró Poppu sin ocultar su enfado—. Pero ya le daremos una lección.

       —Vamos, Poppu, él no es tan malo —terció Dai tratando calmar las cosas—, lo que pasa es que no quiere arriesgar más vidas. Bueno, eso creo.

       —Si, claro —masculló Ranma irónicamente—, no es malo… .

       Astroboy miró a Ranma con una expresión de desconcierto.

       —A propósito… —dijo Dai de repente—. Tu cabello es muy raro, Astroboy.

       El pequeño robot dejó escapar una leve sonrisa y se acarició la nuca.

       —Yo no tengo cabello porque soy un robot.

       Poppu enarcó una ceja y después se volvió hacia Dai como si éste pudiera aclararle el término “robot”.

       —¿Un robot? ¿Qué rayos es eso?

       Astroboy se llevó la mano al pecho y abrió una pequeña compuerta, mostrando su interior.

       —¡Ay! —exclamó Dai con sorpresa, dando un paso atrás—. No puedo creerlo, te puedes abrir… .

       Ranma y Ryoga clavaron sus miradas en Astroboy casi al mismo tiempo. A simple vista, era obvio que lo que estaban contemplando era parte de un complicado mecanismo. Dai y Poppu, por su parte, alzaron las cejas respectivamente sin dar crédito a lo que veían.

       —Nunca había visto algo tan avanzado —murmuró Ryoga—. Es algo muy avanzado según veo.

       Dai se rascó el rostro con escepticismo y luego se giró hacia Ranma.

       —No entiendo, ¿por qué Astroboy puede abrirse el pecho?

       Ranma se cruzó de brazos y cerró los ojos con fingida arrogancia.

       —No puede ser —suspiró con hastío—. Astroboy es un robot, una máquina.

       —¡Ah! —exclamó Dai, provocando la satisfacción de Ranma—. ¿Y qué es una máquina?

       Aquella pregunta le fue suficiente a Ryoga, Poppu y Ranma para irse de bruces al suelo.

       Astroboy sonrió y se cerró el pecho nuevamente.

       —Soy un robot, es decir, fui creado por una persona como tú —le explicó—. Verán, en mi mundo los robots forman una parte muy importante de nuestra sociedad.

       Ryoga se levantó.

       —¿Quieres decir que los robots conviven con los humanos como si fueran personas reales? —preguntó.

       Astroboy no pudo disimular su enfado al escuchar el término “personas reales”.

       —Los robots somos personas reales —afirmó con determinación—. Nosotros también tenemos sentimientos.

       Ranma enarcó una ceja.

       —No puedes hablar en serio —declaró incrédulo—, los robots no son personas, son máquinas.

       Astro iba a decir algo más, pero la intervención de Dai lo forzó a esperar.

       —Pues, yo pienso que Astroboy tiene razón en lo que dice. No importa que su cuerpo sea diferente al de nosotros —argumentó—. Cuando vivía en la isla Duremin, el abuelo Burasu me dijo que lo que cuenta es el interior de las personas, no importa sin son monstruos o humanos.

       —Tienes razón —asintió Poppu—. No importa sí él es un robot o lo que sea, también tiene sentimientos.

       —Pero ¿cómo pueden ser tan bobos? —El fastidio de Ranma se hizo evidente—. Él es una máquina y las máquinas no tienen sentimientos. Solamente usen la lógica.

       Poppu se acercó a Ranma.

       —Oye, ¿qué te sucede? —le preguntó, apuntándole con el dedo—. ¿Acaso estás hecho de piedra o qué?

       —No pierdan el tiempo con él —la voz de Ryoga llamó la atención de todos—. Ranma tiene la cualidad de ser un insensible.

       Ranma se volvió inmediatamente contra él.

       —¿De qué estás hablando, P-chan?

       La mirada de Ryoga cambio por completo. El solo hecho de que su principal antagonista le recordara la terrible maldición de la que era víctima, le pareció algo imperdonable.

       —Ranma, ¿cómo te atreves? —inquirió en un tono amenazante mientras apretaba los puños y se alzaba sobre Saotome.

       Astroboy, Dai y Poppu no entendían el significado de la palabra “P-chan”, pero a juzgar por la reacción de Ryoga, estaban seguros de que se trataba de un insulto. Consciente de que estaba a punto de iniciarse una pelea, Astro se interpuso entre los chicos para detenerlos.

       —Eh, esperen, no peleen.

       Por un momento, las miradas de Hibiki y Saotome se cruzaron furiosamente.

       Al cabo de unos instantes, Ranma cruzó los brazos por atrás de la nuca y se dio la media vuelta. Ryoga, por su parte, lo fulminó con la peor y más terrible de todas sus miradas.

       —No vale la pena —masculló Ranma mientras se alejaba.

       Dai y Poppu se miraron entre sí. Al parecer aquellos chicos no se llevaban muy bien.

       —¿Qué significa “P-Chan”? —preguntó Astroboy intrigado.

       Ryoga miró al pequeño robot fijamente y luego volvió el rostro hacia un costado con los ojos cerrados.

       —Él sólo dice tonterías —respondió con desgano mientras se metía la mano en su ropa—. ¿No le interesa ver una fotografía? Es algo realmente excitante.

       Poppu frunció el ceño con contrariedad.

       —¿Una fotografía? —repitió contrariado—. Yo quiero mirar.

       —Si, mírenla —dijo Ryoga en voz alta para que Ranma pudiera escucharlo—. Es de una chica pelirroja muy atractiva.

       —¿De verdad? —inquirió el joven mago ansiosamente—. Yo quiero ver.

       Rnama se detuvo de golpe y se volvió lúgubremente hacia Ryoga.

       —Ryoga, ¿cómo pudiste?

       Poppu, mientras tanto, sujetó la foto que Ryoga la mostraba y no pudo ocultar su excitación.

       —¡Guuaaauu! ¿Quién es ella?

       Era una hermosa chica pelirroja que llevaba puesto un ajustado traje.

       —Es una chica muy femenina. —El énfasis malicioso que Hibiki había usado en la palabra “femenina” no pasó desapercibido para Ranma—. De donde vengo tiene muchos pretendientes.

       Ranma no pudo soportarlo más y de un violento manotazo le arrebató la fotografía a Poppu, quien ya había empezado a mojarla con su baba.

       —¡Ya deja de mirarme de esa forma!

       Poppu se volvió molesto hacia Ranma.

       —¡Oye! —protestó—. ¡Dame ese dibujo!

       —De ninguna manera —respondió Ranma tajantemente—. Esta foto me pertenece.

       —¿Acaso ella es tu novia? —le preguntó Poppu—. Porque sólo eso explica tu comportamiento.

       Saotome alzó la voz lo más fuerte que pudo.

       —¡Claro que no! ¡Deja de decir esas tonterías!

       —Oigan ¿qué les pasa? —terció Dai sin que nadie le prestara atención—. No entiendo nada.

       Poppu esbozó una pícara sonrisa.

       —Entonces, si es tu novia —canturreó maliciosamente.

       —Claro, por eso es que se sujetan el cabello igual —añadió Ryoga mofándose—. De hecho, hasta se ponen la misma ropa.

       —¿Qué cosa? —Poppu no pudo disimular su sorpresa—. ¿Se ponen la misma ropa?

       Ranma arrugó la fotografía con el puño y se acercó a Ryoga dispuesto a darle un certero puñetazo. Aquello había llegado demasiado lejos.

       —Eres un insolente.

       —¿Qué es lo que ocurre aquí? —intervino Moose, despistado como casi siempre.

       —Ah, es por una fotografía que este egoísta no quiere mostrar —explicó Poppu mientras Ryoga y Ranma se miraban ferozmente, parecía que de un momento a otro se iban a lanzar rayos por los ojos.

       —¿Una fotografía? —inquirió Moose pensando lo peor—. Debe ser de mi amada Shampoo ¡Ranma prepárate a morir!

       —¿Shampoo? —repitió Poppu—. ¿Así se llama la chica?

       Ranma se volvió hacia el joven mago para mirarlo con el mismo interés que cualquiera miraría a un bloque de madera.

       —Eres un tonto —le dijo—. Deja de enredar más las cosas.

       —¿A quién le dices tonto? —preguntó Poppu, visiblemente enfadado.

       Cuando todos estaban a punto de iniciar una pelea, la puerta de vidrio del balcón se deslizó y Cadmio salió al balcón seguido por Hyunkel.

       —¿Así que aquí están escuincles? —preguntó con fingida arrogancia—, ¿qué rayos estaban haciendo?

       Fingiendo naturalidad, Ryoga y Moose se mostraron sonrientes.

       —Nada, nada —masculló Poppu nerviosamente—. Sólo discutíamos.

       —Vaya, ya era hora de que llegaras —murmuró Ranma lo suficientemente alto para que el Celestial pudiera escucharlo.

       Cadmio ni siquiera se dio por aludido y aparentó no oírlo.

       —Espero que hayan descansado cómodamente porque nos vamos en unas horas.

       Dai y Poppu se miraron entre sí, alzando las cejas. Finalmente, el pequeño Caballero Dragón se volvió hacia Cadmio.

       —¿De qué estás hablando? ¿Conseguiste el apoyo que buscabas?

       El Celestial asintió de buena gana.

       —Gracias al gordito Ochanomizu logramos el apoyo de la mayoría de las naciones de este planeta. Una fuerza expedicionaria se está alistando en estos momentos para acompañarnos en nuestra lucha contra el Imperio de Abbadón.

       Astroboy y Dai no pudieron disimular su alegría.

       —Bien, yo también los acompañaré —anunció Astroboy de pronto.

       Cadmio se volvió apresuradamente hacia el pequeño robot y asintió con la cabeza.

       —De acuerdo, creo que podrás servir de algo.

       —¿Quién comandará la fuerza expedicionaria? —preguntó Astroboy intrigado.

       El Celestial reflexionó antes de contestar.

       —Un tal Antilles, no lo conozco, pero me dicen que es un oficial muy capaz —hizo una pausa y se abrió paso hasta el barandal del balcón—. Las naves estarán listas en cuatro megaciclos aproximadamente.

       —¿Y el profesor Ochanomizu? —inquirió Astro.

       El Celestial se volvió hacia él.

       —Se quedó en el parlamento para reunirse con otros científicos. Él también nos acompañara. En estos momentos cualquier ayuda es buena.

       —Bien —murmuró Dai en voz alta—Una vez que regresemos continuaré con el entrenamiento para volverme más fuerte.

       Ranma y Ryoga se miraron un instante y asintieron conjuntamente con la cabeza.

       —Es verdad, ni creas que lograrás dejarnos atrás, Dai —dijo Ranma—. Esta vez practicaremos con una gravedad aumentada cuatro veces.

       Cadmio no pudo ocultar una sonrisa de satisfacción y llevó la vista al cielo en un intento por disimularla. La primera estrella de la tarde ya había aparecido en el firmamento. Ahora sólo podía esperar y confiar en que las cosas salieran bien a partir de ese momento.

       En el puente del Nisroc, Tiamat pidió los informes de la situación.

       —¿Ya tienen datos? —preguntó algo impaciente.

       —Si, mi señor —respondió uno de los oficiales. Haciendo una seña con la mano, el imperial le ordenó a uno de sus subalternos que desplegara la información obtenidos en la pantalla visora—. Tal como lo ordeno, hemos tomado órbita geoestacionaria alrededor del planeta. Hemos divisado un sistema de satélites artificiales,  los cuales hemos empezado a derribar siguiendo nuestro tradicional plan de batalla. Al parecer, los nativos de este mundo han desarrollado una civilización muy parecida a la del planeta Tierra y no sólo eso, la configuración geográfica es similar a la del planeta azul en un 84 %.

       —Otro planeta Tierra —murmuró Sombrío con desprecio—. Más terrestres, que fastidio. Deben ser como una plaga ya que los encontramos por todas partes.

       —Diríjanse hacia las principales capitales —ordenó Tiamat—. Es hora de atacar.

Continuará… .

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