Crisis 19

CRISIS UNIVERSAL

por Acuario Káiser

CAPÍTULO XIX

“PUNTO CERO”
2º PARTE

       Tierra-2,100,100 
       Ciudad Japa.

       Hacía poco más de seis meses que el famoso jefe de la mafia conocido como el Señor Allen había sido encarcelado y su organización desmantelada. Desde entonces, Ciudad Japa había entrado en un período de relativa calma y tranquilidad, interrumpida sólo por algunos disturbios causados por algunos de los seres con habilidades sobrehumanas que habitaban en aquella metrópoli costera. Las autoridades de la ciudad habían realizado algunas investigaciones para conocer la identidad de todos aquellos jóvenes que habían salvado Japa en varias ocasiones, pero aunque todo ese asunto todavía seguía siendo un misterio, la gente se mostraba satisfecha con los héroes y dormían tranquilos sabiendo que los Wees estarían ahí para defenderlos.

       Betzy Wayne estaba sentada sobre su cama, observando la pantalla de su ordenador portátil al tiempo que reflexionaba y escribía.

       —Si me pongo a pensarlo con detenidamente, me parece que mi participación en la defensa de la justicia en esta ciudad es casi innecesaria —murmuró ella en voz baja, observando la edición digital del principal diario de Japa—. Hoy en día ya nadie recuerda a la fabulosa Deniale. Mi otra vida ha sido casi reprimida y ya no veo la necesidad de que participe más. ¿Qué podría hacer una simple hechicera contra los devastadores poderes de esos Wees? —Hizo doble click sobre el ícono de una carpeta que contenía los muchos artículos periodísticos que se habían hecho cuando ella era la única heroína de la ciudad. Betzy suspiró con nostalgia—. Si tan sólo mis poderes se hubieran incrementado como los de ellos, pero… .

       La adolescente apagó su computadora y fue a cambiarse de ropa. Abrió el armario y sacó su disfraz. Mientras se lo colocaba empezó a pensar que tal vez había llegado la hora de retirarse y olvidarse de todo aquel asunto de la heroína. Capas, disfraces, aventuras. Tal vez sólo eran niñeras.

       Sólo eso.

       Una hora después estaba recorriendo las azoteas dando saltos. De pronto se detuvo un instante para mirar frente a ella. Todo estaba en calma. La idea abandonar el oficio de justiciera nocturna le asaltó la mente de nuevo. ¿Acaso había llegado la hora de ponerle fin a sus aventuras? Estaba pensando en volver a su hogar cuando un poder inmenso y desconocido la tomó por sorpresa y la hizo desaparecer en medio de la nada.

       Universo-19,812,002
       Planeta Lambda.

       Warrior Australis y un par de soldados condujeron a Casiopea, Ankiseth, Maurus y los otros por un largo corredor que terminaba en un jardín exterior con vista hacia la ciudad capital en las afueras del castillo real. Luego de dar la orden para que le dieran las armas de sus cautivos, Australis despidió a los guardias y esperó a que estos se fueran antes de hablar. Una vez que el último soldado desapareció por el corredor, Australis volvió la mirada hacia Ankiseth.

       —Muy bien, quiero saber sus nombres y cual es la famosa amenaza.

       —Soy Ankiseth, Caballero Dorado de Escorpión del Santuario de la diosa Atena, y mis compañeros son Casiopea, Cort, Ryu, Zafet, Alfa y Maurus. ¿Qué fue lo que sucedió en la Sala del Trono? ¿Por qué ese Visir insistía en tratarnos como criminales o algo peor? ¿Y por qué interviniste para ayudarnos?

       —El Visir no suele confiar en los extraños —repuso Australis—. Y a decir verdad, yo tampoco. Cuando su amigo trató de manipular mentalmente al Visir, imaginé que eran espías o saboteadores que intentaban engañarnos. Tratar de controlar al Visir fue una estupidez, pero logré darme cuenta que decían la verdad cuando vislumbre los pensamientos de su amigo.

       —¿Te refieres a mí? —inquirió Cort, sorprendido.

       Warrios Australis asintió.

       —Sí, los habitantes de Lambda poseen el don de la telepatía. Cuando el Visir revisó la mente de Cort, yo también aproveche para dar un pequeño vistazo, aunque sólo fue por un breve instante ya que sí hubiese continuado mirando, el Visir hubiera descubierto que lo estaba espiando. Tal vez dicen la verdad o quizá simplemente fueron entrenados para engañarnos. No sé lo que sucede o por qué el Visir actuó de ese modo, pero descubriré lo que está sucediendo y les advierto que si en realidad vinieron a Lambda con malas intenciones, se arrepentirán de haber nacido.

       —No tenemos nada que temer entonces —dijo Ryu, mirándola—. Confiaremos en ti, Warrior Australis, y eres libre de revisar mi mente sí eso te convence, pero debes creernos cuando te decimos que venimos a ayudarlos.

       —Esperen un segundo —intervino el hechicero Maurus—. Tal vez ustedes están dispuestos a confiar en esta mujer, pero yo no. Tengo la sospecha de que nos está mintiendo, tal y como lo hizo ese Visir hace unos instantes.

       —Maurus —lo llamó Alfa en un intento por calmarlo, pero el Señor de la Muerte no le prestó atención y en cambio se volvió para encarar a Australis.

       —No, dinos, ¿por qué tanta mentira?

       —Sólo he mentido en una cosa —replicó Australis, imperturbable como si estuviera hecha de roca—. Le dije a la reina que no sentía maldad en sus auras, pero no es verdad porque la tuya está manchada por la oscuridad.

       Para Maurus, aquellas palabras eran más que una observación. Se clavaban en lo más profundo de su alma, recordándole dolores, haciéndolo revivir angustias, todas las cosas que había perdido desde que el demonio Ayakashi lo había tomado como su huésped para cometer toda clase de fechorías.

       Maurus entornó los ojos, pero no dijo nada más y se volvió para alejarse unos cuantos pasos.

       —Es suficiente, Maurus —dijo Alfa—. Estamos desperdiciando tiempo valioso y todavía no hemos explicado las razones de nuestra presencia en este mundo.

       —Aún estoy esperando —Australis se cruzó de brazos—. Pueden comenzar por decirme qué peligro es ese del que supuestamente han venido a prevenirnos. Ustedes mencionaron que algunos mundos habían sido destruidos por antimateria o algo así.

       —Básicamente se trata de eso que mencionaste —puntualizó Cort mientras se daba un ligero masaje en la sien derecha—. Una mujer llamada Calíope nos reunió a nosotros y a otros más en un sitio llamado Celestia y ahí nos explicó que nuestros universos están amenazados por una serie de nubes de antimateria que lo consumen todo. Ella también nos explicó que el fenómeno estaba ligado a cuatro universos y luego nos mandó a este planeta.

       —¿Y quién es esa mujer llamada Calíope? —inquirió Australis.

       —Ella es una habitante de Celestia —respondió Casiopea—. Un mundo de leyenda donde sólo algunos han podido visitar en contadas ocasiones. Sé que debe parecerte una locura, pero es verdad.

       Warrior Australis meditó unos segundos.

       —En Lambda nadie utiliza la antimateria debido a su peligrosidad, pero tal vez los aliados de Kohr podrían estar involucrados en alguna forma. Toda la energía que se usa en nuestro planeta proviene de la Torre Punto Cero y fue gracias a eso que pudimos reconstruir nuestros mundos tras la devastación que dejó la guerra en contra del conquistador Kohr.

       —¿Torre Punto Cero? —preguntó Cort.

       “¿Por qué ese hombre llamado Cort se parece tanto a Son Gokuh?”, pensaba Casiopea, mirando al saiya-jin disimuladamente mientras éste hablaba. “Físicamente es casi idéntico, a excepción del mechón blanco que tiene al frente. ¿Acaso se tratara de una versión alterna de Gokuh?”

       —¿Te refieres al sitio donde estuvimos?

       —Sí, fue donde los arreste cuando nos encontramos por primera vez —refirió Warrior Australis—. Esa enorme torre mecánica genera energía suficiente para abastecer nuestro mundo y los otros cuatro planetas de la Alianza. Por eso es que resulta de una importancia invaluable para nosotros.

       —Impresionante —dijo Zafet—. ¿Qué tipo de fuente de poder tiene la torre?

       —Lo lamento, pero eso es información que no puedo darles —contestó Warrior Australis—. Todavía no me he convencido de sus intenciones y me gustaría saber un poco más sobre esa mujer llamada Calíope.

       —Hummm —murmuró Ankiseth.

       —¿En qué piensas? —le preguntó Zafet al Caballero del Escorpión.

       —Recordaba lo que Calíope y sus hermanas nos dijeron antes de mandarnos a este lugar —Ankiseth levantó la mirada y se volvió hacia Casiopea—. Ellas mencionaron que las nubes de antimateria estaban relacionadas de algún modo con elevadas concentraciones de energía, pero Australis dice que la única fuente de poder en este planeta es la Torre Punto Cero. ¿Sería posible que… .

       —Espera un momento, Caballero Dorado —Warrior Australis se puso a la defensiva, con el ceño fruncido—. ¿Estas insinuando que nosotros tenemos algo que ver en todo esto? Será mejor que pienses bien lo que estás diciendo.

       —¿Qué otra explicación puede haber? —replicó Ankiseth—. Dijiste que es la torre es una  fuente de energía que abastece este planeta y al llegar a este mundo, aparecimos cerca de ella. Tienes que decirnos cómo funciona.

       Warrior Australis lo miró a la cara, tensa y al acecho, preparada para todo.

       —Por supuesto que no lo haré y no insistan.

       —Funciona con antimateria, ¿es eso? —quiso saber Zafet.

       —No, ya se los dije —respondió Australis irritada—. Hablaremos de la torre luego que me hayan dejado revisar sus mentes. Primero tengo que saber quién es esa mujer llamada Calíope y después… .

       —¡Lady Australis! —interrumpió un soldado del palacio, que se acercó acompañado por una joven malherida que Zafet reconoció al instante.

       —¡Kayani!

       —¿Kayani? —repitió Casiopea, dudosa.

       —Zafet, perdóname —murmuró la Guardián de Bronce antes de caer al piso. Zafet se apresuró a reunirse con su compañera. Se colocó en cuclillas y comenzó a revisar sus heridas mientras Kayani abría los ojos—. Eran demasiados, Zafet, nos atacaron en grupo y nos vencieron a Paul y a mí… .

       —Kayani, ¿estás bien? —inquirió el Guardián, tomándole el pulso—. Tranquila, saldrás de esto,  pero dime qué pasó.

       —¿Quién es ella? —preguntó Warrior Australis, acercándose—. ¿Soldado?

       —La hemos encontrado a las afueras del castillo, mi lady —explicó el joven guardia, un tanto agitado—. Estaba en pésimas condiciones como puede ver, pero insistió en que la llevara con usted ya que asegura conocer a uno de sus prisioneros.

       —Es cierto —aseguró Zafet, volviendo la mirada por encima del hombro un momento y luego continuó revisando a la joven—. El nombre de esta chica es Kayani y es una Guardián como yo.

       Ankiseth frunció el ceño.

       —Pero, ¿cómo llegó a este lugar? Creí que el resto de nosotros habían sido enviando a otras partes.

       —Tal vez ella pueda decírnoslo —sugirió Ryu.

       Por supuesto que Zafet deseaba saber cómo era que Kayani había llegado a ese planeta cuando se suponía que tenía que estar en otro universo, pero de momento quería cerciorarse de que su compañera estuviera bien. ¿Qué es lo que estaba pasando? ¿Acaso los demás habían librado alguna clase de batalla y Kayani había logrado huir? Podía ser, pero los Guardianes no tenían la capacidad para viajar entre universos por sí solos. ¿Sería posible que Calíope la hubiera transportado a ese lugar para que la ayudaran? Zafet se tomó un segundo para escudriñar los pensamientos de su compañera y no halló nada raro.

       En verdad se trataba de Kayani.

       —Lo hará, pero no la presionen —replicó Zafet, mientras ayudaba a Kayani a ponerse de pie y el soldado se apartaba unos pasos—. Parece que se halla muy lastimada por alguna razón.

       —Zafet —dijo Kayani débilmente—. Tengo que… decirte algo… importante.

       —¿Qué es, Kayani?

       La joven Guardián lo miró con si estuviera hipnotizada y lo tomó del brazo.

       —Dios nos ama… .

       Ankiseth y Casiopea se miraron con la incertidumbre reflejada en sus rostros, pero… no hubo tiempo ni para decir una palabra.

       El rostro de Kayani comenzó a cambiar de forma, parte por parte, pero aún antes de que su transformación concluyera, la mano derecha de la Guardián ya se habían iluminado de rojo y disparó una poderosa llamarada que impactó a Zafet en el pecho, lanzándolo contra una columna de piedra donde se golpeó de espaldas y cayó al piso, quedando aturdido.

       —¿Qué está sucediendo? —inquirió Warrior Australis, desconcertada.

       —Es muy simple, lady Australis —repuso el joven guardia con una sonrisa maliciosa en los labios, mientras su aspecto cambiaba progresivamente e iba aumentando de tamaño—. Dios nos ama.

       Tierra-877,666
       El Círculo, prisión de máxima seguridad

       Aquella prisión secreta era una de las cárceles equipada con la más alta tecnología desarrollada en la Tierra, aunque también incorporaba elementos de otros mundos más avanzados como Thanagar, Krypton, Tamaran, Rann y Almerac para mejorar las medidas de seguridad y vigilancia. Había sido construida en una isla rocosa hecha de material volcánico a varios kilómetros de la costa este de los EE.UU. y estaba diseñada para ser prácticamente inexpugnable tanto desde el exterior como del interior. Todos los muros, los pisos y cada puerta dentro de la prisión habían sido reforzados con materiales altamente resistentes a los que incluso se les había hecho grabar conjuros y hechizos de contención para evitar que alguien se teletransportara. Escuadras de drones Alfa custodiaban las instalaciones armados con electropicas y vigilaban los alrededores por aire, mar y tierra todo el tiempo. Era una auténtica fortaleza sellada y cerrada donde se colocaba sólo a los más peligrosos criminales de todo el mundo.

       Cuando Kay Namura recuperó la consciencia, lo primero que advirtió era que tenía los brazos y las piernas aprisionados mediante fuertes grilletes electrónicos que lo mantenían sujeto a la pared. Yacía dentro de una celda tenuemente iluminada por una luz de color azul fosforescente que salía del techo. En su pecho llevaba diodos conectados a un medidor de frecuencia cardiaca y otros signos vitales. Al frente, tras unas puertas transparentes, una figura cubierta totalmente por la oscuridad lo miraba con detenimiento.

       —Bienvenido al Círculo, señor Namura —dijo una voz en tono cortés—. Espero que disculpe los inconvenientes de sus habitaciones, pero no podemos permitir que aquellos que amenazan la paz y la tranquilidad de nuestra sociedad queden sin castigo.

       —¿Qué? ¿Quién eres? —inquirió el Centinela, tratando de percibir un aura en las tinieblas que le impedían ver a su captor—. Escuche, todo lo que sucedió ha sido un terrible error. Nosotros no somos… .

       —Yo sé perfectamente quiénes son ustedes —le interrumpió la voz.

       —¡Sal y muéstrate, cobarde! —exigió Paul desde la celda contigua a la de Kay.

       Al igual que todos sus compañeros, el Guardián permanecía inmovilizado de pies y manos gracias a sofisticados grilletes electrónicos y en el pecho también llevaba adheridos los tres diodos que iban enlazados a un medidor que registraba sus signos vitales todo el tiempo. Le habían quitado cada una de las partes que formaban su armadura de plata, el sable de luz e inclusive su armor capsule. Charles y Kayani también se hallaban circunstancias parecidas e igualmente habían sido despojados de sus respectivas armaduras y aditamentos.

       —Todo a su tiempo, señor Tapia. Les recomiendo que se calme porque van a permanecer aquí durante un largo tiempo. Nos encontramos en el Círculo, una prisión de máxima seguridad que fue diseñada precisamente para contener a sujetos con poderes extraordinarios, así que no piensen que podrán salir de aquí con sólo recurrir a sus habilidades.

       —¿Qué es lo que quieres de nosotros? —pregunto Kay, mirando hacia las sombras con los ojos entrecerrados. Si lograba invocar el poder de su Cosmos o aumentar su Ki podría liberarse fácilmente, pero por alguna razón que no entendía era incapaz de sentir su propia aura e incluso la de los demás.

       —Solo deseo conocer a tan distinguidos huéspedes —Un hombre de impecable traje oscuro, camisa blanca y corbata negra surgió de la oscuridad caminando y se detuvo frente a Kay para mirarlo. Tenía las manos cogidas a su espalda mientras hablaba en un tono cortes—. Supongo que me reconocen por las fotografías y los diarios que vieron en las computadoras, ¿no es cierto? Después de todo, gozaron de algo de tiempo para leer sobre mí persona en la biblioteca de Ciudad Magna.

       —¿Cómo diablos sabes que estuvimos en ese lugar? —pregunto Paul casi de inmediato—. ¿Es qué acaso nos han estado espiando? ¿Es eso?

       El hombre de traje oscuro se sonrió.

       —Digamos que tengo ojos y oídos en todas partes, señor Tapia. De hecho se me pueden considerar como el “Gran Hermano” de esta magnifica sociedad. Nada ocurre en la Tierra sin que yo lo sepa porque tomo muy en serio la seguridad de la gente.

       —Eres Friedman Smith —reveló Kay Namura por fin—. El hombre que se convirtió en presidente de los Estados Unidos hace cinco años y luego unificó a todos los países del mundo en una sola nación. Las personas de este planeta te consideran un salvador.

       —Y tú, Kay, eres uno de los hijos de Lisandro Namura y también un Centinela.

       Kay, Paul y los demás escucharon aquellas palabras con sorpresa. ¿Acaso el presidente Smith también conocía a los Centinelas? ¿Cómo es qué sabía sobre la existencia de Lisandro Namura? También estaba el hecho de que los había llamado por sus nombres, lo cual era un indicativo de que sabía quiénes eran. ¿Sería posible que también estuviese al corriente de que todos provenían de universos distintos?

       —Oh, entiendo que les asombre que conozca tanto sobre ustedes. Claro, no confundan mi interés con el respeto. Tómenlo como una simple muestra de curiosidad ya que me sorprende que alguien como el señor Namura sea un Centinela, tomando en cuenta su origen tan particular.

       —¿Qué quiere decir? —preguntó Charles, mirando al presidente.

       —¿Cómo? ¿No se lo ha dicho aún, señor Namura? —dijo Smith fingiendo sorpresa y desconcierto—. Lo que trato de decirles es que el señor Namura tiene como padre a alguien cuyo origen se remonta a los Primordiales, pero lo tenemos aquí como un Centinela que se dedica, justamente, a destruir a los propios Primordiales. En otras circunstancias podría considerársele un traidor a su raza, pero como ven, soy un hombre culto y comprensivo y quería entenderlo primero antes de juzgarlo.

       —¿Qué cosa es un Primordial? —preguntó Charles.

       —Ah, buena pregunta Charles de Sheringham —aprobó el presidente—. Según entiendo, tú perteneces a los Caballeros Templarios y tienes el rango de Segundo Senescal dentro de la Sagrada Orden del Temple, ¿no es verdad?

       Charles miró desconcertado al presidente.

       —¿Cómo… .

       —Los Primordiales —lo interrumpió Smith—, son una raza de seres inmundos que habitan en mundos cubiertos de oscuridad y caos. Ellos miran con odio y envidia los universos llenos de vida como este y por lo mismo buscan esparcir la destrucción por todas partes.

       Kay entendía perfectamente las intenciones de aquel hombre. Era evidente que era bastante hábil para manipular a las personas. No sólo los habían hecho prisioneros y los mantenía en una condición de total indefensión, sino que además ahora trataba de ponerlos unos contra los otros. Kay sabía que sí la unidad del grupo desaparecía, todos estaría en una situación más vulnerable todavía.

       —¿Es cierto eso Kay? —le preguntó Kayani—. ¿Acaso perteneces a esos nefastos seres sobre los que leí en un pergamino hace tiempo? Los mismos Primordiales que son hijos del caos primigenio que moraban en las tinieblas.

       —¡No juzgues antes de saber nada! —le reprochó Paul de inmediato.

       —No le hables así, Paul —intervino el Templario hostilmente—. Tenemos derecho a saber si Kay es uno de esos Primordiales o no.

       Paul quería contestar a eso, pero Kay se le adelantó y comenzó a hablar.

       —Confío en que mis compañeros tienen la suficiente claridad del pensamiento para poder diferenciar lo que es cierto y la verdad tergiversada que pretendes hacernos creer con tus palabras. Porque al final tu estratagema es hacernos cómplices de tu propia ignorancia.

       —¿Ignorancia dice? Por el contrario, señor Namura  —El presidente volvió a exhibir aquella sonrisa burlona que tanto molestaba a Paul—. Me considero una persona bien informada, pero no por méritos propios desde luego. Conozco cada detalle, y cada aspecto de la vida de todos ustedes como si lo hubiera visto con mis propios ojos.

       —Entonces también sabes por qué estamos aquí —concluyó Charles.

       El presidente se giró hacia la celda en la que estaba el Templario.

       —Para interferir con nuestros planes por supuesto —dijo Smith—. Ustedes fueron enviados por esa mujer de Celestia con el único fin de evitar la destrucción de los diferentes universos que son consumidos por las nubes de antimateria que mi amo ha liberado.

       La primera reacción de Charles fue de ira. ¿Cómo podía ese hombre hablar de lo que era un genocidio con la mayor tranquilidad del mundo? ¿Es que estaba loco o simplemente se trataba de un monstruo? Sentía deseos hirvientes de sujetarlo de su precioso traje y luego aplastarlo contra una de las paredes hasta que se retorciera como un gusano mientras supliciaba que no lo mataran.

       —¡Miserable! —exclamó Charles—. ¡Eres un asesino!

       —Tú eres el causante de lo que ocurre a través del Multiverso —declaró Kayani.

       El presidente esbozó una sonrisa siniestra.

       —Oh, no, yo sólo soy un simple delegado, un peón si así lo prefieren. El responsable de todo lo que sucede a través del Multiverso es mi amo —hizo una pausa y esperó a que todos lo miraran con atención—. Quien dirige todas mis acciones no es otro más que aquel que en este mundo llamarían Dios.

       Universo-19,812,002
       Planeta Lambda.

       La lucha había iniciado. Cuando la rápida esfera de luz golpeó el suelo, Ankiseth sujetó a Casiopea por la cintura y luego la saltó junto con ella para salvarla del fuerte estallido. El dron Gamma que unos segundos antes personificaba a Kayani había cambiado su aspecto completamente y ahora se lucía físicamente como una pelirroja que vestía de negro. Casiopea percibió que el Chi que emitía el enemigo estaba incrementándose rápidamente y atacaba de una forma rápida y metódica.

       —¿Quiénes son esos sujetos? —preguntó Warrior Australis sin dirigirse a nadie en particular.

       —Sí tú no sabes, créeme que nosotros menos —le respondió Ryu—. Hubiera jurado que era la verdadera Kayani luego de que percibí su Ki. ¿Cómo fue que pudo engañarme?

       —¡Tengan cuidado! —advirtió Alfa.

       El otro Gamma todavía estaba transformándose en un gigante de cuatro metros de altura cuando Cort se decidió a actuar. En el momento en que el dron terminó de crecer, el saiya-jin saltó por los aires al tiempo que incrementaba su Ki y le dio al coloso un tremendo puñetazo que lo hizo recular hacia atrás. A pesar de que todavía no se recuperaba por completo, Cort no dio tregua y continuó atacando con rapidez, golpeando ferozmente una y otra vez al enorme guerrero hasta que finalmente lo hizo desplomarse sobre los hermosos jardines de flores que adornaban las afueras del palacio. Una nube de pétalos inundó el aire en tornó al cuerpo del enemigo abatido y delante del guerrero saiya-jin.

       Cort estaba decidido a concluir el trabajo. Tras desplegar su Ki con fuerza, se arrojó directamente sobre el Gamma con la intención de rematarlo con un rápido golpe en el pecho, pero de pronto alguien apareció a un costado del saiya-jin tan rápido que éste no tuvo tiempo de evadir el veloz puño que se impactó en su mejilla con tanta fuerza que lo proyectó contra el suelo a una velocidad sorprendente. El cuerpo de Cort impactó el piso como si se tratara de un proyectil de artillería, causando un estruendo y levantando una nube de polvo y rocas que salieron disparadas por los aires.

       —Toma un descanso, amigo —dijo una voz femenina—. No harás nada.

       —Esa voz pertenece a…  —murmuró Casiopea, abriendo sus ojos de par en par como si acabara de ver una aparición del Más Allá—. ¡No puede ser!

       —Pero lo es, Casiopea —replicó la joven rubia volviéndose—. Ustedes me dejaron para morir, pero mi hora no había llegado y ahora estoy aquí para evitar que tú y tus nuevos amigos interfieran con los planes de mi nuevo amo.

       Casiopea retrocedió un paso al contemplar el angelical rostro que había creído extinguido hacía mucho tiempo en el pasado.

       —Carla, creímos que habías muerto… .

       —Lo sé —asintió la rubia—. Cuando la flota de Abbadón destruyó a las fuerzas de la Alianza Estelar durante la Batalla de Marte, muchos perdieron la vida en aquella catástrofe y por eso comprendo que todos hayan pensado que también morí ahí. De hecho, te confieso que incluso yo llegué a creer que iba a ser mi final cuando mi cuerpo quedó flotando en el vacío del espacio luego de que la batalla terminó. No sé cuanto tiempo pasó, pero cuando sentí que la vida estaba a punto de abandonarme, fue que me salvaron.

       —Carla, yo, por favor —susurró Casiopea, sin saber qué decir.

       —¿Tú conoces a la chica que golpeó a Cort? —le preguntó Ankiseth a Casiopea, pero ésta no respondió.

       —No quiero que pienses que hago esto por venganza, Casiopea —le dijo Carla, cruzándose de brazos y bajando lentamente al piso—. Era natural que pensaras que fallecí y con gusto hubiera muerto por la causa que defendíamos, pero descubrí que mi vida tenía un propósito más que le de sólo ayudarlos a luchar contra el Imperio de Abbadón.

       —¿De qué demonios está hablando esa loca? —murmuró Zafet, tambaleándose y dando unos pasos al frente—. ¿Quién rayos eres tú y por qué nos atacas?

       —Sólo trató de impedir su interferencia —respondió Carla con serenidad—. Mi amo tiene planes para la Existencia entera, pero ustedes han viajado por los universos para evitarlo y eso no lo podemos permitir de ningún modo.

       —¿Tu amo dices? —murmuró Casiopea—. Eso significa que hay alguien detrás de toda esta crisis, ¿verdad? Carla, tenemos que parar todo esto. Tienes que ayudarnos a detener la destrucción antes de que se pierdan más vidas.

       —Lo siento, Casiopea, pero lo que sucede es inevitable —sentenció Carla—. El Multiverso estaba condenado desde el mismo instante en que se creó. Lo que sucede no es más que la consecuencia natural a tanto caos que carcome la realidad. Tienes que comprenderlo.

       Maurus miró al dron Gamma que era una mujer pelirroja y se alistó para entrar en la pelea. El hechicero tenía en claro que el Multiverso no estaba siendo destruido por alguna fuerza de la naturaleza, sino por alguien al que debían enfrentar y detener.

       —¿Tenemos que comprender? —Zafet extendió un puño hacia la rubia y luego invocó la fuerza del aura para hacer bajar la temperatura del entorno—. Tal parece que necesitas calmarte un poco, chica, así que recibe esto.

       —¡Zafet, no! —exclamó Casiopea.

       Una corriente de aire frío, similar a una estela de arena plateada, emanó desde el puño del Guardián de Plata con la misma velocidad de la luz y cubrió a Carla Star, dejándola prisionera dentro de un enorme bloque de hielo. No obstante, apenas un segundo luego de que Zafet bajara su puño, pequeñas grietas comenzaron a abrirse camino en la gélida superficie del reducido témpano y, cinco segundos después, el hielo se quebró y se fundió, transformándose en agua que corrió por el suelo.

       —Eso fue algo tonto e innecesario —sonrió la rubia y a continuación atacó con velocidad, descargando un rápido recto. Zafet consiguió bloquear el ataque con ayuda de su antebrazo, aunque el puño de la joven consiguió destrozar el brazal del Guardián de Plata, quien no podía creer lo había sucedido—. Confío en que tu armadura tenga garantía porque vas a necesitarla —dijo Carla en tono burlesco.

       En respuesta, el Guardián lanzó un fuerte puñetazo contra el estómago de la chica y logró sacarle el aire. Apenas Carla cayó de rodillas al suelo, Zafet le puso una palma frente al rostro y formó una esfera de luz que le iluminó el rostro a ambos. El Guardián estaba por disparar cuando una corriente de aire lo embistió desde atrás y lo alejó de su enemiga. Cuando se volvió para mirar hacia atrás, Zafet se percató de que la persona que lo había atacado era Casiopea.

       —¿Qué rayos estás haciendo? —le recriminó el Guardián de Plata.

       —Evitando que las cosas lleguen más lejos —replicó la Celestial—. Carla fue amiga mía hace tiempo y aún tengo algunas preguntas que hacerle. Mantente apartado de ella.

       —¿Es que acaso careces de sentido común? —preguntó Cort ásperamente a espaldas de Casiopea, haciéndola volverse hacia el saiya-jin—. Tal vez esa chica haya sido tu amiga o compañera en el pasado, pero ahora es nuestra enemiga. No sé te ocurra hacerme lo mismo porque yo no seré tan amable contigo.

       Ankiseth apareció por un costado.

       —Si tocas a Casiopea, te las verás conmigo —advirtió el Caballero Dorado.

       —¿Qué estás diciendo? —exclamó Cort.

       —Los hombres y sus pequeños juegos —dijo Carla, atrayendo la atención de todos de nuevo—. ¿Por qué no simplemente cierran sus bocas y hacen lo que mejor saben hacer que es pelear?

       Cort frunció el entrecejo y atacó con su Ki elevándose. El poderoso puño del saiya-jin golpeó a Carla con tanta fiereza que la hizo salir volando. Sin dar tregua, lanzó un segundo golpe contra la nuca de su adversaria, aunque esta vez ella consiguió ladear su cabeza para eludir el golpe y después le sujetó el brazo con fuerza para luego aprovechar el impulso y finalmente arrojarlo por el aire, aunque el saiya-jin pudo controlar su cuerpo a tiempo para dar un giro y aterrizar sobre sus dos pies.

       —Muy interesante la verdad —observó Carla—. Pero sé que tienes más poder que ofrecerle a esta Ultragirl. No por nada eres el hijo del famoso Son Gokuh.

       Zafet intentó aprovechar la situación para apoyar a Cort, pero el Gamma con apariencia de mujer pelirroja se interpuso en su camino para detenerlo. El Guardián de Plata se colocó en guardia y escudriñó a su enemiga con la mirada.

       —Sólo voy a preguntarlo una vez —murmuró Zafet con indiferencia—. ¿En dónde está Kayani y por qué te hiciste pasar por ella? ¿Quién los envió a matarnos?

       La dron Gamma sonrió levemente. Su mano izquierda se abrió, formando una pequeña bola de fuego en la palma y el puño derecho emitió pequeñas descargas eléctricas que chisporroteaban constantemente.

       —Pelea —lo retó la Gamma, caminando en torno a su oponente—. Esta unidad posee los atributos necesarios para vencer a un Guardián.

       Mientras Zafet combatía en contra de la pelirroja, Ryu se giró sobre sus tobillos para mirar a Warrior Australis, quien no tenía ni la menor idea de lo que sucedía. El Guerrero Dragón de los Cielos miró su katana en manos de Australis y extendió una mano.

       —Necesito que me la devuelvas, por favor.

       Australis no se lo pensó mucho y le arrojó la katana, quien la recibió en el aire y se dirigió hacia el enorme dron Gamma que comenzaba a levantarse. Warrior Australis, por su parte, emitió una llamada de auxilio telepático para llamar a los soldados, pero notó que alguien o algo la bloqueaba.

       Tierra-877,666
       El Círculo, prisión de máxima seguridad

       —¡Eres un maldito demente! —dijo Charles con violencia—. No conforme con causar la muerte de millones de inocentes, ahora dices que Dios es cómplice de tus fechorías. Vas a pagar muy caro por tus crímenes y todas tus blasfemias, miserable asesino. ¡Eso te lo prometo!

       —Les aseguro que no miento —repuso el presidente—. Mi amo es omnisciente, así que él sabe todo de ustedes, del mismo modo que de sus imperfectos mundos. Mi amo ha estudiado sus miserables e insignificantes vidas y por eso es que sé sus nombres y la historia personal de cada uno.

       —Dios nos habla a todos los que puedan escucharlo —afirmó Kay—. ¿Has oído hablar de la “Consciencia Universal”? Supongo que no, según tú, ya no la necesitas porque tu dios tribal ya te habló directamente, pero déjame decirte algo porque ahora te hablo a ti y no a mis compañeros. Sabes tanto, pero no cuentas con lo más importante, comprender lo que dices porque veo en ti a alguien demasiado deslumbrado con lo que cree que es verdad, pero aún no ha alcanzado la capacidad de comprenderla.

       Smith sonrió.

       —¿Consciencia Universal? —hizo una pausa y soltó una risita—. Eso no existe en realidad, señor Namura. Lo que ustedes los Centinelas bautizaron como “Consciencia Universal” no es otra cosa más que una proyección de sus propios pensamientos y deseos egoístas. Usted y los suyos no tienen la menor idea de lo magnifico y todopoderoso que es mi amo.

       Paul comenzó a reírse a carcajadas.

       —Por eso es que todos sabemos que las drogas son malas, destruyen las neuronas.

       —Así habla una persona ignorante —El presidente volvió su rostro hacia la celda donde estaba cautivo Paul—. ¿Qué le ocurre, señor Tapia? ¿Trata de ocultar su miedo detrás de una ridícula máscara de sarcasmo? ¿Duda usted de que, aquel a quien los Guardianes llaman “El Omnipotente”, sea quien dirige mis acciones?

       —No lo dudo, ando seguro. El Omnipotente podría desaparecerlo todo de un simple pensamiento. No hay necesidad de hacer tantos malabares. Creo que el ignorante en este juego es otro.

       —¿Y acaso no está desapareciendo todo? —replicó Smith—. Los pensamientos de mi amo se transforman en realidad con sólo desearlo. A diferencia de ustedes, que tienen un concepto erróneo sobre cómo actúa mi amo, yo me he convertido en uno de sus mensajeros y he oído sus palabras.

       Paul ni se inmutó.

       —Por favor, más alejado de Él no podrías estar.

       —¿Alejado dice? —se sonrió el presidente—. ¿Por qué habría de alejarme de su presencia el Omnipotente? ¿Por qué, señor Tapia?

       —Porque eres tan rata como yo. Haces el “bien” ayudando a la de gente en este mundo, pero condenas a las personas y a muchos más a su muerte por alguien que de seguro te destruirá a la primera oportunidad. Quizá no sea la mejor persona para decir quien es una rata ya que me he acercado mucho a ese lado, pero gracias a eso sé bien cómo reconocerlas.

       —Al menos tiene razón en una cosa, señor Tapia —asintió Smith—. Usted es una rata y por tal motivo su destino no será otro más que el exterminio. Sin embargo, todo sucederá en su debido momento. Lamento que tenga un concepto equivocado del Omnipotente, pero eso es un producto de la ignorancia y el fanatismo absurdo en el que viven los Guardianes. ¿Por qué mi amo debería considerar a los Guardianes individuos más dignos que yo? Ustedes también matan a sus enemigos y algunos incluso lo han hecho con saña y crueldad.

       —Nosotros estamos en una guerra —replicó Paul.

       —Claro, una guerra. Supongo que su Omnipotente debería ver la guerra de los Guardianes como buena sólo porque así quieren creerlo —El presidente se paseó delante de Kay—. ¿Qué le parece, señor Namura? Usted también ha sentido la ira e incluso se ha permitido jugar con la vida de las personas, ¿no es verdad? Ahora que recuerdo, su padre Lisandro también solía tratar a la gente como objetos desechables para lograr sus retorcidos fines.

       —Usted no sabe nada sobre mi padre —replicó Kay—. Él era un hombre bueno que luchó contra el mal que llevaba consigo y peleó duró para mantener a raya a los Primordiales y salvar a sus seres queridos.

       —Bonitas palabras, señor Namura. Pero déjame decirte que su misión es absurda y sin sentido. El poder de mi amo ha logrado lo que a los Centinelas les ha tomado milenios y que aún no consiguen.

       —¿Que ha dicho? —preguntó Kay.

       —Lo que está pensando, señor Namura —Smith se acercó un poco—. Los Primordiales no son nada para mi amo. Muchos de esas repugnantes criaturas osaron cruzarse en nuestro camino y todas fueron destruidas, lo mismo que los Centinelas que han tenido la audacia de intervenir.

       Kay bajó la mirada.

       —De modo que mis compañeros, aquellos que no han vuelto a tomar contacto cono nosotros… .

       —Así es y lo siento por ellos, pero demostraron que ni los Centinelas, ni los Primordiales son invencibles. Como ve, los Centinelas, su Consejo y ni el propio Mystacor son necesarios para el universo perfecto. Mi amo está con nosotros y ustedes, los que se creían sus elegidos, ya no son necesarios.

       De pronto, Kay alzó la cara, pero no había furia en ella

       —No tienen idea de lo que han hecho.

       —Más bien, usted no posee la capacidad de comprender los hechos. Tenemos el poder para destruir a las abominaciones primordiales y encontrar el mundo perfecto que ustedes los Centinelas jamás pudieron lograr.

       —Usted realmente piensa que sus vastos conocimientos y todo el poder de su amo crearán un mundo perfecto, y que los Centinelas ya no seremos necesarios, pero no tiene ni idea de lo equivocado que está. ¿Cree acaso que los Centinelas buscamos únicamente la destrucción de los Primordiales? Nosotros luchamos contra ellos porque no hay más remedio, pero su destrucción nunca ha sido nuestro objetivo. Nuestra verdadera misión es proteger la evolución espiritual de los seres que habitan en la luz e incluso de los propios Primordiales ya que, al igual que ustedes, ellos viven en una oscuridad no sólo material, sino del pensamiento.

       —Ustedes no los destruyen porque les fascina jugar el papel de guías en el Multiverso —replicó el presidente con una expresión de enojo—. Oh, sí, señor Namura, mi amo me ha contado de toda la hipocresía y el doble juego de los Centinelas de Mystacor. Lo único cierto es que los Primordiales son un peligro constante y ustedes no hacen lo necesario para detenerlos como cualquier persona sensata haría. Tan solo van por ahí jugando a las escondidas con esos inútiles Seres Celestiales. Dígame, ¿de qué les sirve a las personas esa famosa evolución espiritual que tanto pregonan si cualquier monstruo horrendo puede hacer de sus vidas un infierno? ¿Cuántas batallas más contra los Primordiales deberán ocurrir para que el orgullo de los Centinelas haya sido saciado por completo?

       —Los Primordiales son indestructibles —aseguró Kay—. Nuestras esencias no pueden ser erradicadas ni tampoco la de ellos. Cuando nuestros cuerpos físicos mueren, nuestras esencias se traslada hacia otros niveles, pero no sucede lo mismo con los Primordiales. Es por eso que son como un virus, invaden otras formas físicas y otros cuerpos. Aquellos a quienes han contaminado seguirán actuando como siempre. Poco a poco, los mensajes de Chtulhu o de Nyartolep, Yug Sugoth o Azatot invadirán su mente y los obligarán a actuar según su voluntad. En este momento quizá no sepa quienes son, pero muy pronto lo sabrán

       El presidente Smith recitó unas palabras en un lenguaje arcano que nadie comprendió, a excepción de Kay.

       —Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah-nagl fhtagn —hizo una pausa y volvió a decir la misma oración, pero traducida—. “En su morada de R’lyeh, Cthulhu muerto aguarda soñando”. Sí, señor Namura, también conocemos acerca de los Primordiales que acaba de mencionar y específicamente de esa miserable criatura llamada Cthulhu. De hecho estuve al tanto de su pequeño encuentro con esa sucia criatura llamada Nyartolep en la Biblioteca de Ciudad Magna.

       —Ya escuché suficiente —murmuró Kay—. Libérenos ahora o… .

       —Lo lamento mucho, señor Namura, pero sus poderes no estarán disponibles por algún tiempo —les explicó el presidente sin molestarse por ocultar el inmenso placer que le causaba decir eso—. Sé que hace mucho tuvieron una experiencia similar en un planeta llamado Adén, el cual se ubica en otro universo. Ahí enfrentaron a una nave con inteligencia propia que usó la radiación talarón para despojarlos de sus poderes y al mismo tiempo erradicar todo rastro de vida en ese mundo, pero al final usted logró impedir que la nave tuviera éxito y desbarataron sus planes.

       —¿Están empleando la radiación talarón para mantenernos aquí? —inquirió Kay con preocupación—. Sí es el caso, debe saber que está arriesgando la seguridad de este planeta y de todas las personas que lo habitan y eso lo incluye a usted.

       Smith esbozó una sonrisa y se alejó de él.

       —Nosotros no tenemos la necesidad de usar algo tan elaborado para negarles el uso de sus poderes. Le aseguro que nuestro método es mucho más sutil y preciso que la radiación talarón empleada por la nave Galaxy. Dígame, señor Namura, ¿alguna vez ha oído hablar sobre el legendario arte del Kyusho-jitsu, también conocido como Dim Mak o Qinna?

       Kay lo miró fijamente a los ojos.

       —Lo imaginaba —prosiguió Smith—. Dejaré que sea alguien más diestro en la materia quien les hable con detalles para que comprendan. Sorin, ¿te molestaría explicarles a nuestros invitados acerca del Kyusho-jitsu?

       Alguien llegó hasta la celda y se colocó al lado derecho del presidente. Era una mujer completamente calva y de ojos color esmeralda. Su piel era blanca como la nieve y tenía facciones muy finas, aunque su rostro estaba vacío de toda emoción. Llevaba puesto un ajustado traje de color turquesa que le cubría todo el cuerpo sobre el que portaba un chaleco negro que hacía juego con las botas por ser del mismo color oscuro.

       —El Kyusho-jitsu es un arte de combate que consiste en lograr golpes puntuales, rápidos y ligeros de absoluta precisión que bloquean el flujo natural de Chi y también pueden o no inhibir el movimiento muscular de la víctima en forma temporal. Esta técnica de pelea es una derivación bélica del arte medicinal conocida por los terrestres con el nombre de acupuntura y exige destreza extrema, así como un conocimiento profundo sobre el cuerpo humano.

       —De modo que así lo hicieron —concluyó Kay.

       —Si —confirmó Sorin—. Un cuerpo humano posee 361 puntos por los que transita el Chi o energía vital y de todos ellos existen 64 que pueden considerarse principales. Cuando se presiona o se golpea uno de estos puntos vitales es posible bloquear el libre flujo de energía, de tal manera que la victima se ve imposibilitada para realizar técnicas especiales o incluso moverse. En pocas palabras, lo que hicimos fue bloquearles los puntos por los cuales fluye el Chi para negarles el acceso a sus poderes.

       —¡Malditos! —vociferó Paul—. Si llego a soltarme les juro que… .

       —No levantes tanto la voz, niño —dijo un hombre que vestía ropas negras bajo una bata blanca de laboratorio. El misterioso sujeto abandonó el anonimato de las sombras para acercarse al Guardián de Plata y sonreírle de una forma por demás sarcástica. El presidente y Sorin hicieron un gesto de aprobación—. Para ser alguien que usa el Chi como una fuente de energía no pareces conocer mucho sobre su naturaleza y el cómo funciona. ¿Es que acaso tus maestros no te dijeron nada?

       Aquel hombre distaba mucho del clásico estereotipo del científico tímido, antisocial y de apariencia débil. Por el contrario. La presencia de aquel sujeto intimidaba. Se traba de un hombre musculoso, alto y bien parecido que llevaba las manos metidas hasta el fondo de su bata.

       —¿Quién eres tú? —inquirió Charles.

       —Mi nombre es Eron y soy uno de los Amos del Mañana. De modo que tú eres el famoso Kay Namura de Mystacor, ¿no? El Centinela cursi que lucha por la evolución, lo cual es una curiosa coincidencia porque yo también soy un estudioso de la evolución, aunque de las especies.

       —Y seguro dirás que “Dios” te dijo todo de nosotros, ¿eh? —dijo Paul.

       Eron sonrió con sorna.

       —No, la verdad es que fue otra persona quien me contó sobre ustedes —hizo una pausa y espero a que un holograma se materializada en un costado. Se trataba de una mujer cuyo cuerpo estaba formado por cadenas alfanuméricas que iban y venían a través de ella—. Haría las presentaciones apropiadas, pero creo son viejos conocidos, ¿no es así, Namura?

       Kay se quedó paralizado cuando escuchó aquella voz femenina, fría y… artificial.

       —Saludos, Centinela Kay Namura —dijo Galaxy—. Volvemos a vernos una vez más y ahora finalmente comprenderás que mi lógica es innegable.

       Continuará… .

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