Leyenda 086

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO LXXXVI

UNA SITUACIÓN DE EMERGENCIA

Fortaleza del Mal (La Luna)

         Desde que los zuyua habían recuperado el control de la base lunar de la GAU, los ejércitos de la Alianza del Mal permanecían atrincherados en el lado oscuro de la luna, muy cerca del sitio donde se había levantado una enorme fortaleza para su líder: el emperador Asura del planeta Metnal.

         Asura era el peor enemigo de la GAU y de hecho muchos habitantes del universo lo consideraban un verdadero demonio. Su mayor anhelo era aniquilar a todos los Guerreros Kundalini y conquistar el universo para luego cubrirlo de oscuridad usando el poder que el Amo de las Tinieblas le había otorgado. Para alcanzar sus objetivos, había formado un gran ejército que agrupaba varias razas de diferentes planetas bajo el título de La Alianza del Mal, la cual dirigía personalmente desde su fortaleza en el lado oscuro de la luna. La Fortaleza del Mal era un sitio reservado únicamente para Asura, que solía pasar la mayor parte del tiempo maquinando nuevos y malévolos planes con el objetivo de destruir a la GAU y al mismo tiempo eliminar a su mayor enemigo, su eterno Némesis y quien había frustrado la mayor parte de sus planes a lo largo de los siglos: Karmatrón.

         El señor de Metnal se encontraba contemplando una imagen del planeta Tierra que se observaba dentro de las oscuras llamas que ardían en un enorme recipiente de color blanco. Había pasado todo el día intentando averiguar en dónde estaba la flota de naves de la G.A.U. que había visto partir hace poco en las llamas oscuras. También trataba de saber algo más sobre el origen y las intenciones de aquellos misteriosos enemigos a los cuales se había enfrentado Zacek y los demás Guerreros Kundalini en la ciudad de Monterrey.

         —Es muy extraño que Zacek haya abandonado la Tierra deliberadamente —se dijo a sí mismo, tomándose la barbilla—. Él sabe muy bien que mientras mis ejércitos se encuentren en este sistema solar, los terrícolas estarán en constante peligro. También estoy intrigado por averiguar la identidad de esos individuos que derrotaron a los Kundalini y obligaron a Zacek a dejar la Tierra junto con los odiosos Transformables.

         De pronto, Asura percibió una presencia desconocida de gran poder dentro de su santuario. Extrañado, el emperador metnalita se volvió hacia uno de sus costados y entornó la mirada. Frente a sus ojos unas llamas rojas brotaron del suelo rápidamente, dejando entrever la tenebrosa figura de N´astarith en medio de ellas.

         —¿Quién eres tú? —preguntó Asura—. Siento el poder negro dentro de ti.

         —Mi nombre es N´astarith y provengo de otra dimensión. Así como tú, yo también soy un representante del Amo de las Tinieblas que lucha para dominar y conquistar. He venido a pedirte ayuda ya que tu mayor adversario, es decir Karmatrón, se ha aliado con mis enemigos para luchar en mi contra.

         —De manera que Zacek y sus amigos se hallan ahora luchando en otra dimensión —murmuró Asura en tono pensativo—. Ahora entiendo porque no había podido encontrarlos a pesar de mis esfuerzos —hizo una pausa y agregó—: Entonces, debo suponer que los guerreros que estuvieron en la Tierra hace poco son emisarios tuyos, ¿verdad?

         N´astarith asintió con la cabeza.

         —Supones bien, Asura, ellos vinieron hasta este universo buscando algo que me pertenecía, pero ese miserable de Karmatrón y sus amigos trataron de impedirlo. Más tarde mis enemigos llegaron a esta dimensión y pidieron la ayuda de los Kundalini y la GAU

         Una chispa de interés se encendió en los ojos de Asura.

         —¿Y se puede saber qué objeto estaban buscando tus súbditos? Presumo que debe ser algo muy valioso como para que se tomaran la molestia de venir desde tan lejos a buscarlo.

         —Se trata de una joya mágica que me ayudará a destruir a mis enemigos —respondió N´astarith apresuradamente—. Llegó hasta este universo por accidente y me tomó mucho tiempo descubrir en dónde estaba.

         El emperador metnalita entornó la mirada y guardó silencio un momento. Algo en su interior le decía que aquel individuo de nombre N´astarith no le estaba contando toda la verdad y eso lo hacía recelar. Conocía a Zacek desde hace mucho tiempo y sabía perfectamente que éste no se arriesgaría a dejar la Tierra sin protección, a menos, claro, que hubiera una amenaza mayor que la que representaba la Alianza del Mal.

         —¿Una joya mágica, eh? —murmuró con una sonrisa—. Está bien, te ayudaré, N´astarith, ya que no hay nada que anhele más que aniquilar a esos malditos Guerreros Kundalini y en especial a Zacek. Una vez que todos ellos estén muertos, nada me impedirá dominar este universo para siempre.

         —Así será, Asura, muy pronto dominarás este universo —le aseguró N´astarith con una expresión febril—. El poder negativo que hay en mi dimensión es tan poderoso como el que existe en ésta. Ahora entiendo el porqué el Amo de las Tinieblas me ha hablado tanto de ti.

         Asura dejó escapar una sonrisa de placer.

         —Sí dices que el poder negativo de tu universo es tan fuerte como el de esta dimensión, entonces no tendremos problema en deshacernos de los Kundalini. Ellos se debilitan cuando la energía negativa predomina en el ambiente.

         —Algo sabía de eso, pero no estaba muy seguro —repuso N´astarith, acariciándose la barbilla lentamente—. También estoy enterado de que posees una armadura energética similar a la que usa Karmatrón y que te fue obsequiada por el Amo de las Tinieblas en persona.

         Asura lo observó detenidamente.

         —Veo que sabes bastante de mí, N´astarith.

         —El Amo de las Tinieblas me contó mucho sobre ti y sobre Karmatrón —explicó el señor de Abbadón—. Es necesario que entiendas que mis enemigos han formado una coalición con varios planetas a la que ellos llaman Alianza Estelar y que están dispuestos a ayudar a Zacek a luchar en tu contra una vez que me hayan derrotado. Si los zuyua consiguen el apoyo de la Alianza Estelar, tú y tus ejércitos se verían en graves aprietos.

         El emperador metnalita, pensativo, bajó la mirada un instante.

         —Ahora mismo me comunicaré con uno de mis ayudantes llamado Bórax para enviarlo cuanto antes a tu dimensión. Más tarde yo mismo me reuniré con ustedes —hizo una pausa y alzó un puño con vehemencia—. Quiero matar a Zacek con mis propias manos.

         N´astarith soltó una risita malévola.

         —Me parece bien, entonces te estaré esperando en mi dimensión al lado de mis aliados. Con nuestras fuerzas combinadas  nuestros enemigos serán destruidos en poco tiempo —murmuró el emperador de Abbadón, y a continuación desapareció en una llamarada.

         Una vez que el señor de Abbadón se hubo ido, Asura volvió a dirigir su mirada hacia las oscuras llamas en las que aún se veía la Tierra. Cuando lo hizo, una sonrisa maléfica se asomó por sus labios.

         —Pronto averiguaré el secreto que se esconde tras esa joya mágica que te es tan valiosa, N´astarith —se dijo a sí mismo—. Mientras tanto me aseguraré que Zacek y los Guerreros Kundalini sean destruidos de una vez por todas”.

Astronave Churubusco.

         El rey Lazar contempló en silencio cómo la astronave que seguía a la nave Tao se iba acercando lentamente hasta ellos. La Megaroad-01 era una nave de gran tamaño, pero de ninguna manera se comparaba con la Churubusco, que era mucho más grande que cualquier otra nave de toda la flota aliada. Mientras la Megaroad-01 terminaba de hacer su aproximación final, Andrea tomó un momento para dictarle algo a su diario personal.

         Fecha Estelar 345-775.

“Apenas me avisaron que Asiont y los otros pudieron regresar con bien, no pude contener mi alegría, aunque lamentablemente la misión no fue un éxito. Hubiera querido ir a recibirlos personalmente en lugar de estar aquí, pero los problemas por los que atraviesa una de las naves que Saulo y Zacek trajeron a este universo me hizo imposible hacerlo, así que decidí enviar a mi hija Mariana para que les explicara todo y me disculpara. Según se nos informó, la Megaroad-01 es una astronave de exploración que proviene de un planeta Tierra ubicado en una dimensión alterna que transporta a miles de personas que podrían morir en los siguientes megaciclos sí no les bríndanos ayuda.

Mientras la Megaroad-01 se acerca a nuestra posición, conversé un momento con el almirante Cariolano y le sugerí que presentáramos una propuesta ante el Consejo Aliado para enviar algunas de nuestras naves hacia otros sistemas estelares; no quiero alarmar a nadie, pero me parece algo riesgoso mantener a todas nuestras fuerzas en un mismo sitio. El almirante ha acogido mi idea con agrado y me dijo que la presentará una vez que el Consejo emita su fallo respecto a la decisión de enjuiciar o no a Jesús Ferrer.

         El fallo. Cada vez que pienso en lo que será la próxima sesión del Consejo Aliado me invade una terrible sensación de nerviosismo. Para nadie es un secreto que algunos de los miembros del Consejo quieren ver muerto a Jesús Ferrer, pero espero que al final entiendan que debemos obrar con justicia y no con venganza. Todo estos acontecimientos me ha hecho pensar en mi hermano como no lo he hecho en mucho tiempo; me pregunto sí aún habrá esperanzas de que comprenda que está equivocado y rectifique su camino como lo hizo Jesús.

         No quiero decirlo por temor a provocar la ira de alguien, pero en el fondo me gustaría que mi hermano regresara conmigo. No puedo aceptar la idea de que lo haya perdido para siempre. Aún debe quedar algo del joven idealista y bueno que alguna vez fue. Estoy segura de que todavía existe una posibilidad de salvarlo, sólo que no sé cómo hacerlo y eso me deja muy triste.

         Otro que me preocupa es mi primo Rodrigo Carrier. Últimamente se ha estado comportando de una manera extraña y sospecho que ha empezado a beber. Sé que no puedo culparlo ya que la muerta de Mandora lo afectó mucho. Me inquieta un poco que ahora esté repitiendo constantemente que debemos rendirnos ante N´astarith y el imperio. Pareciera que ha perdido toda esperanza y que no le importa nada. Trataré de hablar con él en lo futuro ya que lo he descuidado bastante.

         En estos momentos estamos esperando una transmisión de la Megaroad-01. Tengo entendido que algunos de los oficiales de la nave pretenden plantearnos la posibilidad de transportar algunas personas a la Churubusco, lo cual va a ser un problema ya que el espacio dentro de nuestra nave es escaso… “.

         La enorme pantalla visora del puente se iluminó de repente, y la imagen del comandante Hikaru Ichijo y la teniente Emily Zuno apareció en ella. Andrea apagó la mini grabadora de voz que estaba usando y se volvió hacia la pantalla junto con Cariolano y el rey Lazar.

         —Saludos, soy la reina Andrea del planeta Lerasi —les saludó Andrea con una leve inclinación de la cabeza—. A nombre de la Alianza Estelar quiero darles las gracias por la valiosa ayuda que le dieron a todos nuestros amigos mientras ellos estuvieron en su dimensión.

         —En realidad fueron sus amigos los que nos salvaron —precisó Hikaru—. De no haber sido por ellos quizás ahora no estaríamos aquí con ustedes. Somos nosotros quiénes les debemos agradecimiento, majestad.

         —No hay nada que agradecer, comandante —murmuró el rey Lazar mientras una sonrisa apenas esbozada iluminaba fugazmente su arrugado rostro—. Zacek, Saulo y los demás hicieron lo que era correcto. Le aseguro que cualquier otro miembro de esta alianza hubiera actuado igual.

         —Comandante Ichijo, le presento al almirante Cariolano —se apresuró a decir Andrea, extendiendo una mano hacia el almirante aliado. Enseguida volvió la mirada hacia el monarca de Adur y agregó—: Y él es el rey Lazar del sistema Adur.

         —Mucho gusto, señores, soy el comandante Hikaru Ichijo —repuso Hikaru haciendo un saludo militar característico de la Tierra—. Ella es la teniente Emily Zuno y es una de las oficiales del puente de mando de nuestra nave.

         —Encantada de conocerte, Emily —dijo Andrea con una sonrisa—. Tengo entendido que los sistemas de soporte vital en su nave se encuentran dañados debido a la batalla sostenida con las fuerzas imperiales de Abbadón.

         —Es correcto, majestad —asintió Emily sin poder ocultar su preocupación—. Es por ellos que queremos pedirles que nos dejen trasladar a algunas personas a su nave mientras efectuamos todas las reparaciones. Como es necesario aislar algunas secciones y racionar el consumo de oxígeno y energía, pensamos que llevar un poco de gente a su nave nos permitiría trabajar con un margen mayor de tiempo.

         Andrea y el almirante Cariolano intercambiaron miradas de preocupación. Desde que la Alianza Estelar estaba en guerra con los tres imperios de la galaxia, la astronave Churubusco se había convertido en la principal base de operaciones de los aliados y en un refugio para todos los desplazados y perseguidos que huían de los ejércitos imperiales. Con el paso de los años, la nave fue recibiendo más y más refugiados y poco a poco el espacio disponible se fue agotado. De vez en cuando lograban llevar algo de gente en algún mundo deshabitado y alejado de la influencia de los imperios galácticos, pero en general se trataba de mundos inhóspitos donde la vida era difícil y por ello muchos decidían volver nuevamente a la Churubusco.

         Tanto Andrea como Cariolano eran conscientes de que sí transportaban un número considerables de personas de la Megaroad-01 a la Churubusco iban a tener algunos problemas para alojarlos, aunque fuera por poco tiempo. Sin embargo tampoco podían pasar por alto la precaria situación por la que estaban atravesando los terrícolas de la otra dimensión. Sí los sistemas de soporte vital de la Megaroad-01 dejaban de funcionar inesperadamente, entonces muchos morirían.

         —¿De cuantas personas estaríamos hablando? —preguntó Cariolano.

         El comandante Ichijo tragó saliva antes de responder.

         —Ochenta y ocho mil almas al menos, almirante.

         —Son demasiados, comandante —murmuró Lazar en tono apesadumbrado; sin embargo, con renovado optimismo, agregó—: Pero se me ocurre que quizá podríamos alojar a la mayoría en el planeta Adur. De esta forma no tendríamos tantos problemas para acomodarlos dentro de esta nave.

         Andrea dejó escapar una pequeña sonrisa de alegría.

         —Excelente idea, majestad —dijo en un tono jovial—. Pero para ahorrarles problemas a su pueblo propongo que alojemos unos ocho mil dentro de la Churubusco. Así reduciríamos el número de personas en el planeta Adur a ochenta mil.

         —Me parece un buen plan, Andrea —repuso Lazar encogiéndose de hombros—. ¿Qué opina de eso, almirante?

         Cariolano reflexionó un momento antes de contestar.

         —Opino que es una buena idea, majestad, pero quisiera saber qué piensa en comandante Ichijo de todo esto. Después de todo, es su gente de la que estamos hablando.

         Andrea, Lazar, Cariolano y Emily clavaron sus ojos en el comandante Ichijo.

         —A mí también me parece bien —concordó Hikaru—. Así, una vez que hayamos arreglado nuestra nave podremos volver a subir a todos a bordo. También quisiera saber sí podrían proporcionarnos algunos víveres y ayudarnos a rellenar nuestros tanques de oxígeno.

         —¿Qué han pensado hacer una vez que su nave haya sido reparada? —le preguntó Andrea y se acercó un poco más a la pantalla—. ¿Planean regresar a su universo?

         —Esa es la idea, pero antes de volver quisiéramos saber algo más sobre el enemigo que nos atacó cuando estábamos en nuestro universo. Después de atravesar el vórtice dimensional que nos trajo a este universo, Zacek nos contó algo acerca de una guerra que se estaba librando en este universo contra un imperio, pero no entró en muchos detalles.

         —Desgraciadamente así es, comandante —asintió Andrea—. La galaxia en la que nos encontramos está envuelta en una guerra entre los planetas que pertenecen a la Alianza Estelar y el imperio de Abbadón.

         —Y supongo que las naves gigantes en forma de platillo pertenecen a ese imperio, ¿o no? —conjeturó Hikaru—. Sin embargo hay algo que aún no entiendo, ¿por qué las fuerzas de ese imperio nos atacaron? ¿Qué tenemos que ver nosotros con la guerra que se libra en este universo?

         —Esto es un poco difícil de entender, pero trataré de hacerlo lo más claro posible. El líder del imperio de Abbadón, llamado N´astarith, ha enviado a sus mejores guerreros a diferentes universos con la misión de reunir las gemas estelares, las cuales son una piedras que necesita para hacer funcionar una máquina que lo ayudará a controlar todas los universos en la Existencia.

         Hikaru y Emily se miraron entre sí sin acabar de entender.

         —¿Las gemas estelares? —repitió Emily por su parte—. O sea que el enemigo estaba buscando algo en nuestro universo. Eso podría explicar el porqué algunas de sus naves descendieron en el planeta Génesis.

         —¿Controlar toda la Existencia dice? —inquirió Hikaru, alzando ambas cejas con incredulidad—. ¿Me están diciendo que el imperio de Abbadón pretende dominar los planetas de todos los universos? No me lo tomen a mal, pero creo que eso es algo imposible.

         —En estos momentos, las fuerzas militares de N´astarith y su imperio controlan el ochenta por ciento de esta galaxia —anunció Lazar—. Usando el poder de las gemas estelares, N´astarith podría llevar a sus ejércitos a cualquier universo o dimensión en una fracción de segundo.

         Hikaru se quedó mudo mientras recordaba el fatídico enfrentamiento con las naves de Abbadón en el planeta Génesis. Frente a aquellas enormes naves, los Lightning y todos sus otros mechas no habían podido hacer absolutamente nada. De repente, comenzó a imaginarse como las fuerzas del imperio de Abbadón llegaban a su mundo y luego destruían todo a su paso, asesinando a todos los terrícolas sin piedad hasta convertir el planeta en un mundo estéril y sin vida.

         —Esto no puede ser verdad —dijo al fin, sacudiendo la cabeza en una lenta negativa.

         —Entiendo que todo esto les parezca un tanto inverosímil, comandante, pero debe creernos cuando le digo que N´astarith planea controlar todos los universos —afirmó Andrea nuevamente—. Nos gustaría poder conversar personalmente con la almirante Misa Ichijo para ponerla al tanto de la situación.

         —En estos momentos la almirante se encuentra inspeccionando personalmente algunas de las zonas dañadas, pero podríamos arreglar un encuentro —repuso Emily y luego volvió la mirada hacia Hikaru por un momento—. Discutiremos el asunto con ella y después nos comunicaremos con ustedes de nueva cuenta.

         —Me parece bien, teniente —aprobó el rey Lazar—. El Consejo Aliado está a punto de reunirse dentro de poco y creo que sería una buena oportunidad para presentarlos ante los demás líderes aliados.

         La pantalla visora se oscureció. Andrea se giró hacia Lazar y Cariolano para debatir con ellos sobre la manera en que transportarían a la gente de la Megaroad-01 al planeta Adur cuando uno de los oficiales del puente se acercó.

         —Disculpe, majestad, pero el general MacDaguett desea hablar con ustedes.

         —¿MacDaguett? —Andrea frunció el entrecejo, extrañada—. Espero que sea para aclararnos todo lo que está sucediendo en la Tierra.

         El oficial se volvió hacia una consola y accionó un comunicador holográfico.

         —Reina Andrea, rey Lazar, quería saber si el Consejo Aliado se reunirá nuevamente como se acordó en la última sesión —dijo el holograma del general—. No deseo llegar tarde a la reunión por ningún motivo ya que hay mucho de que hablar.

         —El Consejo de Líderes de la Alianza Estelar está por reunirse, general —confirmó Andrea entornando la mirada—. Esperamos que pueda explicarnos todo lo que está ocurriendo en la Tierra. Hace poco nos enteramos de que su mundo estaba negociando un armisticio con el imperio de Abbadón.

         —Estoy igualmente sorprendido que ustedes, majestad. No sé que está pasando en la Tierra, pero le puedo asegurar que no me agrada para nada. También deseo informales que dos agentes de MID fueron enviados en secreto para reunirse con nosotros. Ellos nos explicaran con lujo de detalles todo lo que está sucediendo en la Tierra.

         —¿Agentes de MID ? —inquirió Andrea sin ocultar su desagrado por la noticia—. ¿Cuándo llegarán, general?

         —Tengo entendido que llegaran  en cualquier momento, majestad —precisó MacDaguett—. Espero que puedan estar presentes para cuando el Consejo Aliado esté reunido.

         Andrea permaneció inmóvil, con los ojos fijos en el holograma, como si la expresión de MacDaguett revelerá una verdad que estaba intentando ocultarle.

         —Ya veremos —murmuró mientras el holograma desaparecía.

(Área de entrenamiento)

         —Vamos, atácame —animó Jesús.

         Cadmio se movió con rapidez, pero aun así, Jesús consiguió detener sus golpes y le asestó una fuerte patada en el estómago que lo hizo doblarse hacia delante mientras trataba de recuperar el aliento.

         —Aún no eres lo suficientemente veloz. Haces muchos movimientos inútiles.

         Cadmio deslizó el talón por el piso y lo intentó de nuevo. Jesús volvió a bloquear todos sus ataques y luego le propinó un golpe en la pierna.

         —Los puños deben moverse con velocidad ¡Con velocidad! Ahora, erguido. ¡Así nunca podrás vencer a nadie!

         Jesús caminó en torno a Cadmio para observar su postura. El joven era alto, fuerte y veloz, pero no había demostrado gran habilidad para la táctica y la concentración.

         —¿Qué diablos es lo que me estás viendo? Solamente estamos perdiendo el tiempo con esas tonterías del equilibro —protestó Cadmio—. ¿Cuándo me vas a enseñar alguna de tus técnicas?

         —Aunque te parezca una pérdida de tiempo no sabes cuan tan importante es el equilibrio. Una buena postura es tan importante como la rapidez o la precisión. El arte del combate se basa en el equilibrio y, si éste falla, todo falla.

         Jesús lo empujó con el dedo índice y consiguió derribarlo sin ningún esfuerzo. Mientras Cadmio se ponía en pie escupiendo maldiciones, Jesús se quitó el casco y la capa.

         —Equilibrio —repitió—. Ahora… empecemos.

         Los movimientos de Cadmio se volvieron más decididos y precisos. De hecho, mostraba tanto talento y energía como Jesús en su juventud. Además, poseía la habilidad innata de liberar su mente de todo pensamiento. Si además lograra olvidar toda emoción, la gran enemiga de la perfección…, pensó Jesús.

         Cadmio lanzó una rápida mirada a sus pies y de inmediato recibió un manotazo en la cabeza por parte de Jesús.

         —Nunca dejes de mirar los ojos de tu enemigo.

         —No necesito que me recuerden lo que ya sé.

         —Me temo que no lo aprendiste muy bien por lo que veo —observó Jesús con un suspiro de frustración—. Los terrícolas tienen un dicho que reza: “los ojos son el espejo del alma”; a través de los ojos podrás percibir intenciones, sentimientos y pensamientos. Todo esto es importante sí pretendes anticiparte a las acciones de tus enemigos.

         Cadmio se quedó pensativo y observó a Jesús directo a los ojos. De pronto, Jesús lanzó una patada contra el rostro del Celestial, pero en esa ocasión Cadmio logró bloquearla a tiempo con su brazo.

         —Mucho mejor, es obvio que tienes algo de experiencia en ciertas cosas.

         —No tienes idea de lo que soy capaz de hacer cuando me lo propongo.

         —Ya me lo imagino. Es fácil dejarse llevar por la furia y atacar a lo ciego, pero no es eso lo que busco.

         —¿Qué es lo que deseas entonces?

         —Que aprendas a controlas tus emociones.

(Sala de comedores)

         Mariana, Asiont, Casiopea, Leona, Marine, Astroboy, las Guerreras Mágicas, Piccolo, las Sailor Senshi, Zaboot, Shilbalam, Son Gohan, Hyoga, Shun, Shiryu, No. 18, Shampoo, Tuxedo Kamen, los Santos Dorados, Sailor Jupiter y Trunks no dejaban de mirar la mesa. Observaban con una mezcla de asombro e incredulidad la manera en que Son Gokuh, Seiya, Eclipse, Ten-Shin-Han, Yamcha, Kunririn, Sailor Moon, Ranma, Ryoga, Poppu y Dai devoraban toda la comida que había a su alcance de una manera increíble. Tan solo Moose no se daba cuenta de aquel espectáculo; el joven de los enormes anteojos se encontraba hablándole a una pared acerca del amor y las estrellas.

         —Esto sabe muy bueno —murmuró Son Gokuh con la boca llena de jugosa carne.

         —¿Verdad que sí? —repuso Eclipse a punto de atragantarse—. Es una vieja receta de mi abuelita. Lo aprendí a hacer cuando era niño y nunca me ha fallado.

         —A mí me gustaría saber qué rayos es esto que sabe a carne de cerdo con soja a la japonesa —comentó Ranma mientras se colocaba un trozo en la boca—. No sé ustedes, pero yo voy a pedir doble ración.

         Sailor Moon, por su parte, alargó su brazo y tomó algo que parecía una fresa peluda. Iba a llevársela a la boca cuando de repente Eclipse la detuvo. El espía le enseñó que primero debía pelarla. Arrancó las raíces y la áspera cáscara, y dejó al descubierto la pulpa verde que se escondía debajo.

         —Ay, muchas gracias —dijo la chica, y enseguida devoró la pequeña fruta con ambas manos—. Tengo que llevarme varias de éstas cuando regrese a la Tierra.

         Atrás de ellos, sus amigos estaban anonadados de ver cómo toda la comida que cubría la mesa iba desapareciendo velozmente. Parecía como sí hubieran accionado un grupo de potentes aspiradoras para limpiar el lugar.

         —¡Cielos! —exclamó Casiopea—. Algunos comen como bestias.

         —No, las bestias mastican, yo diría que son como patos —corrigió Mariana.

         Casiopea soltó una risita y luego se volvió hacia donde estaba No. 18. La androide estaba recargada de espaldas en una pared con los brazos cruzados y la mirada distante, tratando de pasar lo más desapercibida posible. A juzgar por aquella actitud, Casiopea tuvo la impresión de que 18 no se llevaba bien con los Guerreros Zeta.

         —Disculpa, ¿por qué te quedas ahí?

         18 desvió su mirada hacia Casiopea y la observó detenidamente.

         — Este lugar es muy aburrido sin mencionar que la compañía es un fastidio.

         —Ah, ya entiendo —exclamó Casiopea chasqueando los dedos—. Estás aburrida, bueno en ese caso quizás deberías acompañarnos al planeta Adur. Estoy segura de que allá encontrarás muchas cosas interesantes.

         —Tal vez —repuso la androide luego de un instante de silencio—. No pierdo nada con ir.

         —Me parece que mejor le decimos adiós al día de campo —murmuró Hikaru luego de ver que todos continuaban comiendo como un montón de fieras salvajes—. No creo que les interese mucho.

         —¡Ah, claro que no! —exclamó Leona, molesta. Sin detenerse a pensar en las consecuencias, fue a donde estaban Dai y Poppu y rápidamente los sujeto de la ropa por la espalda para sacarlos a rastras de la mesa—. ¡Ya dejen de comer!

         —¡Leona! —chilló Poppu con un pan en la boca—. ¡Aún no termino de comer!

         —Terminas de hacerlo después —sentenció la princesa con severidad.

         —Pe-pe-pero… —tartamudeó Dai, pero Leona ni siquiera le prestó atención.

         Mientras todos estallaban en carcajadas, la princesa de Papunika se acercó a donde estaban Mariana, Casiopea, Trunks, Hikaru, Sailor Saturn, Umi, Fuu y Gohan y luego, con un simple movimientos de sus brazos, arrojó a Dai y a Poppu al suelo.

         —Disculpa la tardanza, Mariana, ¿ahora sí podrías llevarnos? —le preguntó Leona mostrándose cándida en exceso.

         Antes de que Mariana pudiera decir que sí, Poppu se incorporó para manifestar su desacuerdo. Podía entender que Leona quisiera ver árboles y un cielo azul, pero eso no le parecía motivo suficiente para que lo sacaran de la mesa de esa manera.

         —Un momento, yo creo que… .

         Leona le lanzó una mirada asesina por encima del hombro.

         —¡¡Si tienes alguna queja será mejor que te la guardes!! —le gritó Leona con tal furia que Poppu creyó que estaba temblando.

         —Eh, tranquilízate, Leona —le dijo Mariana alzando las manos—. Tendré lista una nave Águila Real para irnos al planeta Adur cuando gustes. No tienes por que ponerte así.

         —Bien, pues en ese caso, vayámonos —sugirió Hikaru en tono jovial.

         Sailor Saturn asintió con la cabeza y desvió la mirada hacia donde estaban Sailor Uranus y Sailor Neptune con la intención de invitarlas, pero luego se la pensó mejor y prefirió no hacerlo. Luego, se le ocurrió que podría invitar a Sailor Jupiter o alguna de las otras Inner Senshi, pero Makoto se veía demasiada entretenida con aquel joven llamado Trunks como para querer abandonar la nave.

         —¿No quieres que te muestre la nave? —le preguntó Sailor Jupiter a Trunks—. No la conozco muy bien todavía, pero sé de un lugar desde el cual se puede ver las estrellas.

         —No me lo tomes a mal, pero no creo que sea una buena idea —respondió el joven semi-saiya-jin algo dudoso—. La verdad es que no quiero dejar solo a mi padre.

         Una sombra de frustración ensombreció la mirada de Makoto. Aunque sentía muchos deseos de conocer a fondo a Trunks, tampoco quería forzar la situación y causarle una mala impresión. Quizá lo mejor era no insistir por aquella ocasión y dejar las cosas como estaban. Ya habría una nueva oportunidad, tal vez.

         —Tal vez tengas razón —le dijo, disimulando su decepción—. Después de ver lo que ocurrió hace unos momentos creo que esa es una buena idea. Si gustas te presentaré a mis amigas para que las conozcas a todas.

         Trunks frunció una tenue sonrisa mientras Sailor Jupiter se retiraba hacia donde estaban las demás Sailor Senshi. Iba a dirigirse hacia donde estaba su padre cuando vio que Son Gohan y Kurinrin estaban caminando hacia la salida.

         —¿No quieres venir, Trunks? —le preguntó Kurinrin.

         —¿Eh? ¿Ustedes piensan ir?

         —Claro, Mariana convenció a No. 18 de ir y ahora Kurinrin quiere seguirla… .

         Antes de que Gohan terminara de hablar, Kurinrin le asestó un fuerte coscorrón en la cabeza para hacer que se callara. El hijo de Son Gokuh se llevó las manos a la cabeza mientras se quejaba.

         —No seas tan indiscreto —le susurró Kurinrin algo ruborizado.

         Trunks se encogió de hombros y sonrió.

         —Espero que no se metan en problemas.

Armagedón (Sala del trono)

         Mientras el emperador continuaba inmerso en aquel profundo estado de meditación, Tiamat se dedicó a explicarles a todos los pormenores del ataque que tendría lugar en el sistema Adur. Les explicó cómo es que los terrícolas les habían revelado la traición de Lazar y la manera en que el general MacDaguett estaba en coordinación con otros generales de la Tierra para atacar la flota de la Alianza.

         —Como esos los malditos de la Alianza no esperarán que las naves de la Tierra los ataque, los tomaremos por sorpresa y así los destruiremos —estaba explicándoles Tiamat usando el enorme monitor de la habitación—. Mientras el caos y la confusión reinan en toda la flota, nosotros aprovecharemos la ocasión para recuperar las gemas estelares y matar a los Caballeros Celestiales y a sus amigos.

         —La idea suena bien —comentó Bal, frotándose la frente con los dedos—. Pero ¿crees qué una flota de la Tierra podrá destruir la armada de la Alianza reunida en Adur? Me parece que estás subestimando al enemigo.

         Tiamat sonrió antes de responder.

         —No olvides que tenemos varios aliados en la Alianza Estelar. Ellos se va a encargar de dejar inútil los sistemas de defensa, permitiendo que los terrícolas ataquen a su antojo y destruyan todas las naves enemigas. Para cuando logren reactivar el control de sus armas será demasiado tarde para que puedan hacer algo. Además, antes de eso, nuestros aliados también van a dividir la flota enemiga para facilitarnos aún más las cosas.

         —Entiendo —Nauj-vir entrecerró los ojos—. Planean dejar indefensas a las naves enemigas para luego destruirlas —hizo una pausa y, algo molesto, añadió—: No se puede considerar eso una verdadera batalla, eso es un acto de cobardía.

         Los ojos de todos los presentes se volvieron hacia él por unos instantes.

         —¡¡JA, JA, JA, JA, JA!! Ay, Nauj-vir, tú siempre con eso del honor —dijo Sorlak.

         —Nosotros los terrícolas tenemos un viejo adagio que dice: “En la guerra y en el amor todo se vale”, mi amigo —le dijo José con maliciosa alegría—. No veo por qué razón te molesta tanto el plan, a mí forma de ver es perfecto.

         El Khan del Cíclope les dedicó una mirada de desprecio.

         —Lo perfecto sería enfrentar al enemigo en una batalla a muerte sin recurrir a tales bajezas —replicó Nauj-vir, desafiante—. ¿Cómo pueden sentirse orgullosos de saber que vamos a destruir a un enemigo indefenso? ¿Dónde está el honor de eso?

         —Aquí lo importante es ganar —sentenció Aicila con desdén—. El honor no es más que una fantasía romántica a la que sólo tú te empeñas en defender, Nauj-vir. Por culpa de ese honor los amigos de los Caballeros Celestiales que enfrentaste en esa dimensión aún están con vida.

         Nauj-vir soltó una risita.

         —No es de extrañarse que una cobarde como tú hable de esa forma —murmuró en forma despectiva, provocando la irritación de Aicila—. Agradece que el emperador no tolera las peleas ya que de otro modo te daría una paliza aquí mismo.

         —¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera? —replicó Aicila cerrando los puños.

         Malabock dejó escapar una sonrisa de diversión. Como todas las veces, Nauj-vir había vuelto a demostrar que le importaba muy poco lo que sus compañeros de armas pensaran de él. La Khan de la Arpía, por su parte, apretó los dientes con furia y se aprestó a devolver el insulto.

         No pudo hacerlo, sin embargo, ya que en ese momento N´astarith abrió los ojos y comenzó a hablar.

         —Lo he conseguido finalmente —anunció, atrayendo la atención de todos—. Ban y Asura han aceptado ayudarnos conforme lo preví. Ahora todo es cuestión de atar los últimos cabos y prepararnos para la destrucción de la Alianza Estelar.

         —¿Y se podrá confiar en ellos, mi señor? —preguntó Talión, que aún recelaba de la idea de involucrar a Ban y a Asura—. No conozco a esos tipos, pero asumo que tratarán de traicionarnos llegado el momento.

         N´astarith sonrió.

         —Obviamente tienen sus propios planes, pero no hay motivo para preocuparse por eso. Sí. Sus vehementes deseos por destruir a sus enemigos serán la causa final de su caída y entonces sus mundos, sus universos también serán míos.

Continuará… .

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