Leyenda 115

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO CXV

ESTE ES EL FIN DEL MUNDO QUE CONOCIMOS

       Planeta Niros

       Con Idanae a la cabeza, portando su bastón de mando e indicándoles el camino, Ultimecia y Alyath se calaron las capuchas de sus túnicas. Mientras caminaban por la ladera que conducía a las afueras del valle, Ultimecia se había dado cuenta que se dirigían hacia el Manantial del Porvenir. Aquél era el sitio donde los más sabios de la aldea iban a meditar con la intención de adivinar el futuro, pero ella sabía que ahí también se guardaba uno de los mayores secretos de su pueblo: la leyenda sobre Dilmun y el guerrero Káiser.

       Idanae se detuvo frente a una gruta y volvió la mirada hacia su hija y Alyath para indicarle que lo siguiera al interior. La boca de cámara subterránea tenía la amplitud para que sólo una persona pudiera pasar a la vez. En las paredes podían verse esculpidos jeroglíficos que contenían oraciones y alabanzas dirigidas a Hunab Ku, el Eterno Creador. Conduciéndolas por la caverna, el patriarca alumbró el interior de la cueva usando la punta de su bastón. Alyath contuvo el aliento cuando se adentraron a la enorme estancia abovedada en la gruta. Una fuente de agua brotaba abundantemente de una pequeña roca y alimentaba un diminuto lago.

       —El Manantial del Porvenir —murmuró Alyath en un tono casi reverencial.

       Ultimecia recordó que de niña había escogido la caverna como el escenario ideal para sus juegos infantiles, pero su padre siempre le prohibió ir a ese lugar hasta no alcanzar la mayoría de edad. No obstante, ella siempre había encontrado la manera de escabullirse dentro de aquella galería rocosa y descubrir lo que los mayores hacían en el interior. La cueva servía como sitio de reflexión para los ancianos, quienes solían descubrir las visiones del futuro en las aguas de aquel manantial que nacía en lo más profundo de la caverna.

       Cuando Idanae llegó hasta el borde del pequeño lago, sumergió la punta de su centro dentro del agua para agitarla levemente y luego aguardó. En ese momento, una esbelta figura se movió rápidamente dentro de las aguas con la gracia de una criatura marina y emergió a la superficie, dejando ver su rostro y sus hombros. Se trataba de una alienígena del planeta Amnis: tenía piel azul, cabello blanco y ojos color amatista.

       —Saludos, Agia, tiempo sin verte —le dijo Idanae.

“Bienvenido, patriarca Idanae —repuso Agia mediante un mensaje telepático que Idanae, Ultimecia y Alyath pudieron escuchar perfectamente en sus respectivas mentes—. Veo con agrado que finalmente ha decido traer a su hija Ultimecia”.

       Los habitantes de Amnis eran una especie acuática que carecía de cuerdas vocales y por ello utilizaban la telepatía para comunicarse entre sí y con otros seres vivos incluidos los animales. Agia era una amnitia que había llegado hasta Niros en busca de refugio. Los seres de Amnis eran famosos por sus habilidades sobre los elementos y la naturaleza, lo cual ocasionó que el planeta fuera asolado por piratas espaciales. Aunque los amnitias consiguieron huir de su mundo hacia planetas más seguros, la mayoría no logró escapar de la masacre.

       Idanae respetaba la vida y le ofreció a Agia un lugar para refugiarse cuando el planeta Amnis fue devastado. A sabiendas del peligro que la amnitia corría si era descubierta, los videntes de Nisroc acordaron permitirle vivir en la cámara secreta del Manantial del Porvenir. A cambio, ella se encargaría de proteger el manantial y alejar a los intrusos. Ultimecia había tenido la oportunidad de ver a Agia un par de ocasiones veces, pero era la primera vez que contemplaba de cerca el Manantial del Porvenir.

       —Han ocurrido una serie de eventos que me han obligado a cambiar mi punto de vista respecto a la leyenda —El tono de Idanae reflejaba una cierta preocupación que incluso Alyath pudo advertir—. El quinto sello se ha roto recientemente. El despertar del guerrero legendario se encuentra cerca.

“¿Está seguro de eso, patriarca? —inquirió Agia.

       —Es por eso que he traído a mi hija —repuso Idanae, volviéndose hacia Ultimecia y Alyath—. A pesar de que aún es muy joven, creo que es posible que pueda ver lo que está ocurriendo en este momento. Lo haría yo mismo, pero, como bien sabes, mis habilidades ya no son las de antes y tengo dificultades para ver el futuro.

       Agia asintió silenciosamente con la cabeza y salió del lago. Estaba vestida con una holgada toga de color blanco que dejaba al descubierto su sedosa espalda y sus hombros. Idanae extendió una mano para indicarle a su hija que fuera hacia el manantial. Ultimecia miró a su padre con el ceño ligeramente fruncido. Durante todo el camino hacía la caverna, la joven había imaginado la clase de cosas que su padre iba a decirle sobre los deberes de una sacerdotisa, pero ahora todo parecía indicar que eso había pasado a un segundo plano.

       —Ha llegado la hora, hija.

       —Padre, ¿qué es lo que quieres que vea en el lago? Sabes perfectamente que aún no termino mi preparación como sacerdotisa. No entiendo qué es lo que sucede, ni porqué razón me has traído aquí.

       Agia estudió a Ultimecia en silencio y finalmente se acercó con una sonrisa.

“Tu madre tenía grandes habilidades como vidente, Ultimecia. Estoy segura que has tenido sueños y visiones relacionadas con la guerra que se libra en la galaxia”.

       —Mi padre no confía en mi —repuso la joven con amargura—. Nunca le ha interesado mi parecer. Él sólo quiere que sea una sacerdotisa sin saber qué es lo que yo quiero.

       Ese comentario hizo que Idanae se enfadara. Él estaba preocupado por el surgimiento del guerrero legendario, y lo único que le faltaba era que su hija reviviera una vieja discusión en la que nunca se habían puesto de acuerdo.

       —¿Podemos dejar esa conversación para después? —preguntó, ya con los nervios de punta—. Nunca he puesto en duda tus habilidades, sino tu madurez. No tenemos tiempo para eso. Estoy seguro que has tenido visiones sobre una gran batalla que se libra en otro mundo, ¿no es cierto?

       Ultimecia se mordió el labio y desvió la mirada, recordando lo que había sucedido mientras practicaba esgrima. Finalmente, Agia le tendió una mano y la invitó a acompañarla. Ultimecia se encogió de hombros y luego asintió con la cabeza. Las dos fueron hasta la roca de donde brotaba el agua mientras Alyath e Idanae les seguían con la mirada. Agia le indicó a Ultimecia que introdujera sus manos en la fuente y esperara pacientemente. Si todo salía bien, pronto deberían poder vislumbrar alguna imagen dentro del pequeño lago.

       Ultimecia no pudo disimular su asombro cuando advirtió que una luz brillante empezaba a salir de las aguas del manantial. En el centro del lago se estaba formando la imagen borrosa de una batalla en la que participan los mismos colosos que había visto antes, aquellos gigantes con aspecto terrorífico que anteriormente luchaban entre sí. La luz continuó siendo muy intensa y, cuando Ultimecia parpadeó, el manantial mostró una imagen donde estaban Son Gokuh, Asiont y Shiryu.

       Alyath, Idanae y Agia se preguntaron si aquellos hombres tendrían que algo que ver con el surgimiento del Guerrero Káiser y la leyenda. Cuando el rostro del príncipe Armando Ferrer apareció con toda claridad en medio de las tranquilas aguas, las dudas que albergaban desaparecieron.

Geofrente de NERV.

       El Súper Executor alzó una extremidad. La guadaña del extremo desapareció en el alojamiento del antebrazo y surgió en su lugar un barreno. El ruido del taladro era espantoso. Sin piedad, el robot se inclinó hacia delante, hundiendo la perforadora en el pecho del Executor-03 del cual brotaron chispas. El panel de control ubicado delante de Mana explotó en llamas, causándole heridas en el abdomen. El Súper Executor esperó hasta que la punta del barreno salió por la espalda del robot de Mana para finalmente lanzarla hacia el suelo con fuerza.

       Mana, asustada, se apretaba el brazo cuando notó que su uniforme de piloto se teñía de rojo a la altura del estómago, mirando incrédula la hemorragia que le empapaba las enguatadas manos. La piloto sabía que estaba en peligro de muerte. El Executor-03 había recibido graves daños y ahora ella estaba perdiendo sangre. El robot enemigo comenzó a patear a su Executor con fuerza, dañándolo seriamente. Mana sollozaba como una niña, con la cara agachada y el cuerpo encorvado.

       El Súper Executor decidió perforar la cabina del Executor-03 para liquidar a Mana de una vez por todas, pero el Eva-01 y Sephiroth lo impidieron empujando al gigantesco robot para alejarlo. Musashi introdujo en su computadora las ordenes necesarias para que Sephiroth atacara al Súper Executor usando rayos antimateria, pero no tuvo el tiempo suficiente para cargar los cañones. Del enorme robot cayó una lluvia de puñetazos que Musashi apenas podía repeler.

       Tan pronto como Sephiroth perdió el equilibrio, el Súper Executor le dio una patada que lo llevó volando hacia atrás. El Eva-01 recogió una de las gigantescas lanzas de doble filo que había en el suelo a manera de garrote y arremetió contra el robot abbadonita. No obstante, el Súper Executor atrapó la lanza usando una de sus palmas y luego la despedazó cerrando la mano con fuerza. Antes de que Shinji pudiera reparar en lo que había pasado, el Súper Executor le asestó un veloz puñetazo al Eva-01 que lo proyectó de espaldas contra las ruinas del Geofrente.

       Asuka decidió tomar la iniciativa. El Eva-02 disponía de escasos treinta segundos de energía para actuar, así que tomó la lanza de doble filo con ambas manos y cargó directamente contra el enemigo. Estaba a punto de golpearlo cuando el Súper Executor se giró rápidamente hacia ella y le disparó una certera ráfaga láser que le atravesó los ojos derechos al Eva.

       Tras recibir el disparo, Asuka se llevó la mano derecha al rostro y gritó con todas sus fuerzas. Sentía un dolor tan desgarrador en su ojo derecho que comenzó a retorcerse violentamente en su asiento sin dejar de chillar. Era una sensación tan terrible que Asuka comprendió que su ojo iba a reventarse de ardor. Para colmo de males, la energía del Eva-02 se terminó en ese momento y el imponente Evangelion de color rojo dejó de moverse.

       Todavía viendo una infinidad de luces rojas, Musashi se tomó la frente y descubrió que le estaba saliendo sangre de la cabeza. A través de su monitor pudo ser testigo de cómo el Súper Executor le daba un fuerte puñetazo al Eva-02 en el abdomen. Éste se dobló hacia delante y recibió otro golpe en la cara que lo hizo desplomarse. Asuka no pudo defenderse, mucho menos atacar. Fue una lluvia de golpes cerrada y brutal.

       —¡Maldita sea! —farfulló Musashi—. Ese monstruo es más fuerte de lo que me imaginé, pero lo destruiré suceda lo que suceda. ¡Juro que lo haré mil pedazos! ¡Tiene que pagar por haber matado a Keita!

       Sephiroth se incorporó con lentitud. Musashi miró en derredor para evaluar la situación por la que atravesaban. Prácticamente, todos los Evas de SEELE habían quedado fuera de combate. Tan sólo el Eva-13 estaba en pie, pero saltaba a la vista que estaba demasiado dañado para seguir peleando y el robot enemigo no tardaría en hacerlo pedazos también. El Executor-03 estaba inmóvil en el suelo y le salía humo de los impactos que había recibido recientemente. 

       Mana no respondía a los continuos llamados que le hacía Musashi. Había entrado en shock. Tanto por sus heridas como por aquella pesadilla real que superaba su entendimiento. Pese a los desesperados intentos de Musashi, pidiéndole que reaccionara para ayudarlos a luchar, la joven no respondió.

       Con la sangre brotando a borbotones de su ojo derecho, y sin dejar de lanzar maldiciones contra el Súper Executor que la acosaba, Asuka agitó con fuerzas las palancas de mando en un intento por contraatacar, pero todos sus esfuerzos resultaron inútiles. Sin energía de reserva, el Eva-02 era incapaz de moverse. El robot abbadonita lo pateó una y otra vez. Asuka sintió como su mundo se volvía oscuro y confuso, dejándose ir por un profundo abismo negro que la llamaba.

       —¡¡Asuka!! ¡¡Nooooooooooooo!!

       Shinji creyó oír gritar a su amiga, y un instante después comprendió que estaba oyendo al Eva-01 mientras dejaba escapar un potente grito de cólera. El Evangelion echó a andar en cuatro patas como un animal salvaje y se arrojó inmediatamente sobre el robot enemigo como si ya nada significara para Shinji, perdiéndose en una neblina rojiza de rabia y locura, consumido por la ira de presenciar tanta destrucción. El Eva-01 abrió desmesuradamente sus enormes fauces, y mordió uno de los dos brazos izquierdos del Súper Executor.

       El gigante de metal sujetó al Eva-01 por el cuello y la espalda para tratar de quitárselo de encima, pero enseguida descubrió que eso no sería tan fácil. Cuando advirtió que las fuerzas del Evangelion habían aumentado sustancialmente, levantó una de las cuchillas con la intención de partirle la cabeza. El Eva-01 pareció adivinar el peligro porque detuvo la guadaña usando la mano derecha, pero no pudo impedir que el Súper Executor le clavara la perforadora en la espalda.

       Musashi estaba sorprendido. En la organización Apocalipsis le habían mostrado varios videos donde se veía al Eva-01 comportarse de manera parecida. Había sido durante un enfrentamiento contra uno de los shitos más fuertes. En el video, el Evangelion combatía a un horripilante monstruo, un ser deforme al que llamaban Zeruel. El Eva-01 había estado a punto de perder la batalla cuando, inexplicablemente, empezó a comportarse como una bestia despiadada y cruel, destrozando al poderoso shito usando ambas manos para después comérselo a mordidas ante la mirada horrorizada de todos los miembros de NERV.

       Más tarde, Musashi comprendió lo sucedido durante esa pelea. De alguna forma, Shinji había logrado sincronizarse con su Eva-01más allá de lo humanamente posible, transfiriéndole toda su rabia, frustración y odio hasta entrar en un estado conocido como bersek. Ahora todo estaba claro. El Eva-01 había entrado en bersek nuevamente y arremetía contra el Súper Executor de la forma más feroz que Musashi hubiera visto antes. Había parecido, al menos por un instante, que Shinji podría triunfar, que su feroz Evangelion lograría hacer añicos al robot enemigo, y derrotarlo. Pero la fuerza y el poder del Súper Executor eran mucho mayores, y eso quedó plenamente demostrado cuando el robot le cortó la mano derecha al Eva-01 para después lanzarlo al piso.

       —¡Maldición! —exclamó Musashi y golpeó los controles.

       Desde su cómoda posición, Fobos festejó con una carcajada triunfal los resultados de la contienda. Al igual que los Evas de SEELE, el Evangelion de Shinji no era rival para el temible Súper Executor. Cuando el Khan observó como el Eva-01 era vapuleado por aquella máquina asesina, estimó que la batalla estaba casi ganada. Se dio la vuelta y le ordenó a Masamaru que se acercara junto con la doctora Ritsuko y Rei.

       —¿Qué les parece el espectáculo? —exclamó Fobos alzando ambas con entusiasmo—. Quiero que sean testigo del supremo poder de Abbadón. Ese Súper Executor acabará con el Eva-01 en cuestión de unos pocos nano ciclos.

       —No estés tan seguro de eso —replicó Ritsuko en tono desafiante—. Shinji ha estado en peores situaciones y ha salido adelante siempre. Tal vez ese monstruo sea más grande, pero…

       Pero no alcanzó a terminar de hablar. Fobos se volvió hacia ella y estiró el brazo para sujetarla fuertemente por el cuello. Una furia incontrolable obnubilada los pensamientos del Khan. No fue sino hasta que sintió que la doctora Akagi dejaba de debatirse, con el rostro azulado por la asfixia, cuando por fin la soltó.

       —No me provoque, doctora o le juro que lo lamentará.

       Ritsuko se puso en tensión y cayó al suelo. Empezó a toser sin dejar de atragantarse e aspiró grandes bocanadas de aire mientras sus ojos enfocaron a Fobos, como si éste fuera un fantasma. Con la ira y la frustración nublando su mente, Masamaru sintió unos enormes deseos de caerle a golpes a Fobos, pero supo contenerse a tiempo y desistió de aquella idea.

       —Ustedes los humanos son criaturas tan predecibles —musitó Lilim en un tono carente de emoción—. Saben que están perdidos, pero aún insisten en aferrarse a eso que llaman esperanza, que no es más que la negación de la realidad.

       —En mi opinión, la esperanza no es más que una ilusión a la que se aferran los débiles —dijo Fobos con arrogancia—. Lo que en realidad cuenta es el poder y eso es algo que comprendí hace mucho tiempo —A continuación se dirigió a Masamaru—. Andando, es hora de ir donde está el emperador.

       Tokio-3, Japón

       N´astarith contempló a Son Gokuh con atención y dejó escapar una sonrisa de placer cuando comprobó que el Guerrero Zeta apenas podía mantenerse de pie. No temía a los saiya-jins, ni a ningún otro de los guerreros que lo desafiaban. Si bien Odrare de Minotauro estaba muerto, al menos la batalla había servido para observar de cerca las habilidades y los límites de Son Gokuh, Seiya, Saulo y los demás. N´astarith estaba convencido de que aún conservaba la superioridad de fuerzas y lo reflejaba en su actitud y manera de hablar.

       —Reconozco que esa estrategia fue brillante, Son Gokuh. Usando la teletransportación, tú derrotaste a Odrare con esa técnica llamada Kame-Hame-Ha, pero lo que me sorprende es que sigo sin sentir ira en tu corazón. Es una verdadera lástima que un sujeto con tales habilidades como tú desperdicie su vida luchando por causas que son las equivocadas.

       —¿Qué es lo que dices? —inquirió Gokuh, jadeando y con el rostro tenso por la fatiga propia de haber librado un combate en solitario—. ¿De qué demonios estás hablando ahora, N´astarith?

       —Es simple, sería ideal que alguien con tus poderes ocupara el lugar de Odrare a mi lado, pero sé perfectamente que no aceptarás mi ofrecimiento. No lo harás porque eres incapaz de entender mis intenciones. Mi objetivo es salvar a la Existencia del caos en que se encuentra inmersa. El destino me ha elegido como el único salvador capaz de liberar a todos los seres vivos y pienso realizar esa labor.

       —Deja de decir tonterías, maldito —replicó Son Gokuh, alzando las manos y adoptando una postura de artes marciales—. Si estás tan seguro de tus habilidades, ¿por qué no vienes y me lo demuestras?

“Son Gokuh realmente es un tipo increíble”, pensó Sailor Uranus, esbozando una leve sonrisa de optimismo. “Recuerdo que cuando nos enfrentamos a Odrare por primera vez en el mundo de Céfiro, no pudimos hacerle ni siquiera un rasguño”.

       —Pero que sujeto tan estúpido es este saiya-jin —se mofó Tiamat, lanzando una mirada de furia y desprecio contra Son Gokuh—. Agotaste la mayor parte de tus fuerzas luchando contra Odrare y ahora nos amenazas como sí pudieras vencernos. En estos momentos no eres capaz de derrotar a nadie y mucho menos a mí.

       —Me parece que estás olvidando algo muy importante, Khan del Dragón —Asiont entró en la discusión, iracundo—. Son Gokuh no es el único que ha derrotado a uno de ustedes, ¿no lo recuerdas? Antes de eso, Shiryu logró vencer a Belcer de Golem mientras que yo acabé con Sepultura de Muerte. Incluso Lilith de Selket fue abatida por una Celestial muy valiente.

       —No creas que he olvidado eso, Celestial impertinente —replicó Tiamat, entornando la mirada—. Han llegado demasiado lejos, lo sé, pero no te enorgullezcas tanto por tu victoria sobre Sepultura. Deberías recordar que los Khans acabamos fácilmente con todos los Caballeros Celestiales y tú no serás la excepción. Shiryu no es rival para mí, como tampoco lo es Son Gokuh o cualquiera de todos los idiotas que te acompañan. 

       —No nos vencerán, Tiamat —repuso Hyoga, extendiendo los brazos—. Para los Santos defender la paz sobre la tierra y la vida de la diosa Atena es lo más importante de todo. No nos interesa lo poderosos que sean o cuantas veces nos derriben.

       —Te mostraré lo inútiles que son todas esas cursilerías —amenazó Tiamat, esbozando una sonrisa amenazante y colocándose en guardia—. He visto que utilizas el puño de hielo para pelear, Hyoga, así que quiero que me muestres que tanto puedes bajar la temperatura con tu ridículo poder.

       El santo del cisne comenzó a mover los brazos de arriba hacia abajo, acumulando una enorme cantidad de energía cósmica en todo su cuerpo. La temperatura del ambiente empezó a descender bruscamente como consecuencia del poder que emanaba de Hyoga. El frío que rodeaba el cuerpo del santo de bronce siguió expandiéndose hasta rodear al Khan del Dragón, quien permanecía completamente sereno.

       —Ataca, Cisne.

       —¡¡Diamond Dust!! (¡¡Polvo de Diamante!!)

       Con su cuerpo rodeado de luz, Hyoga echó un brazo hacia atrás —que terminaba en un puño cubierto de hielo— y lanzó un puñetazo, liberando una poderosa ventisca de aire frío que se dirigió velozmente contra Tiamat. Éste simplemente levantó una mano con la palma vuelta hacia delante y contuvo el ataque del santo de bronce sin ninguna dificultad.

       —Atrapó el tiro de Hyoga con la mano —observó Asiont, impresionado.

       —¡Es imposible! —exclamó Sailor Uranus.

       —¿Qué te parece esto, Hyoga? —inquirió Tiamat en forma sarcástica—. Tu famoso Diamond Dust o lo que sea no es tan bueno como pensabas, ¿no es cierto? Sí no me equivoco, usando tu aura has podido bajar la temperatura del aire hasta menos de doscientos setenta y tres grados centígrados, lo cual equivale al cero absoluto.

       Hyoga estaba perplejo.

       —Mi aire frío podría congelar incluso un ropaje dorado, ¿cómo pudo hacerlo?

       —Ah, creo que fue Odrare quien les dijo que cualquier técnica vista una vez, nunca funciona de nuevo para un Khan. Además, aunque puedas bajar la temperatura del aire tanto como el cero absoluto, sería inútil contra mí.

       —¿Qué es lo que quieres decir? —quiso saber Sailor Neptune.

       —Es algo realmente sencillo —les dijo Sarah—. Las armaduras del averno no se congelarán. En otras palabras, se requieren varios ceros absolutos para realizar tal hazaña.

       Atónito, Hyoga observó fijamente a Tiamat, pero sin bajar la guardia.

       —Eso no puede ser cierto, nadie sería capaz de propagar un aire tan frío.

       El Khan del Dragón sonrió malévolamente y atacó a Hyoga, disparando un chorro de aire frío desde el puño derecho. El violento huracán de viento congelante embistió a Hyoga, que salió disparado de espaldas directamente contra los árboles del bosque. El cuerpo del Santo de Bronce derribó varios pinos antes de estrellarse en el suelo a unos metros de distancia.

       —¡Hyoga! —gritó Son Gokuh.

       —Yo puedo bajar la temperatura del aire más allá del cero absoluto —declaró Tiamat con orgullo—. Hyoga, debes entender que tu patético Diamond Dust no se compara en lo absoluto con mi poderoso GreatInfernal Blizard. A diferencia de ti, yo soy capaz de hacer descender la temperatura varios ceros absolutos.

       Helado y totalmente desorientado, Hyoga fue incapaz de levantarse. Alzó una mano para tratar de sujetarse del tronco que yacía en el suelo, pero fue no tenía las fuerzas necesarias para hacerlo. A pesar de haber vivido en una región fría e inhóspita por años, Hyoga nunca había experimentado un aire tan helado como el que Tiamat había usado para atacarle. El Santo sentía que el frío le traspasaba la piel como si su armadura no existiera. Tenía la impresión de que le clavaban agujas por todas partes.

       —Nunca imaginé que existiera alguien que pudiera superar los poderes de mi maestro Kamyu —musitó Hyoga con dificultad—. Existe una enorme diferencia entre su poder y el nuestro.

       Asiont había visto lo suficiente para darse cuenta que Tiamat controlaba el poder del aureus de una manera por demás excepcional. No sólo era capaz de devolver los meteoros de Seiya y derrotar simultáneamente a Cadmio y a Vejita, sino que también podía generar un aire frío superior al cero absoluto. Durante su entrenamiento en el santuario de Caelum, Asiont había logrado dominar con destreza las técnicas de los Celestiales para manipular el aire congelado, pero aún no alcanzaba la proeza de hacer descender la temperatura tanto como el cero absoluto.

“El ataque de Hyoga no funcionó”, pensó mientras observaba detenidamente al Khan. “Eso quiere decir que mi Ventum Gelus también sería inútil contra Tiamat. No tenía idea de que existiera un Khan que hubiera aprendido a controlar la fuerza del aureus de esa manera. Ciertamente, Tiamat ha conseguido trasmutar la mayor parte de su aura en aureus y es por eso que no es posible sentir su presencia”.

       El Khan del Dragón llevó su mirada hacia Son Gokuh de nuevo. Al igual que N´astarith y la mayoría de los presentes, Tiamat sabía perfectamente que el saiya había agotado sus últimas energías durante la lucha contra Odrare. Para un guerrero con alto sentido del honor, derrotar a un enemigo débil y agotado hubiera resultado por demás decepcionante, pero ése no era el caso de Tiamat. Para él ganar era lo más importante sin importar cómo lo consiguieras.

       —Creo que llego tu hora, Son Gokuh, nada ni nadie podrá salvarte.

       —Espera, Tiamat, no te precipites —dijo calmosamente una voz.

       Tiamat se volvió. Fobos apareció por la carretera y se detuvo junto a Sarah y Etzal. El Khan del Terror era seguido de cerca por Lilim, Masamaru, Ritsuko y Rei, quienes al aproximarse, observaron con curiosidad los diferentes rostros de todos los allí congregados. Ritsuko examinó a Tiamat de arriba abajo y contuvo la respiración cuando éste le devolvió la mirada.

       —Por fin apareciste, Fobos —le dijo Sarah—. ¿O debo llamarte Kymura?

       —¿Fobos? —murmuró Cadmio, frunciendo el entrecejo.

       —Veo que se han estado divirtiendo sin mí —repuso el Khan del Terror, lanzando una mirada de expectación hacia Son Gokuh—. Debo suponer que todos estos payasos de aspecto ridículo son de la Alianza Estelar, ¿no es así? Pude sentir su asquerosa presencia cuando estaba liberando a Lilim.

“¿Dijo Lilim?”, Asiont abrió los ojos de par en par. “Ese fue el nombre que pronunció esa misteriosa sombra cuando volvíamos de Céfiro. También recuerdo que mencionó algo referente al Guerrero Káiser, ¿acaso este Khan fue el autor de aquella ilusión? No, eso es imposible. Aunque sus poderes fueran muy grandes, nadie podría haber enviado su aura a través de las barreras dimensionales para hacer una cosa como esa”.

       —Lamento decirles que llegaron demasiado tarde, bola inútiles —se burló Fobos con una enorme sonrisa—. No me extraña que la mayoría de mis compañeros hayan trapeado el suelo con ustedes. Dan lástima por no decir asco.

       —Oye, ¿quién te crees que eres para hablar así? —le espetó Asiont—. Tú también eres uno de los guerreros de N´astarith, ¿no es verdad?

       Fobos sonrió ligeramente.

       —Oh, vaya, recuerdo que el último Caballero Celestial que se atrevió a amenazarme lo maté de forma lenta y dolorosa —Los ojos de Fobos buscaron ansiosamente la mirada de Asiont—. Será inútil que trates de esconder tus emociones ante mí, muchacho. Tengo la capacidad de leer los corazones de la gente y así puedo enterarme de todo.

       Mirando a Fobos con desdén, Asiont levantó los puños con ademán desafiante, un gesto con el que daba entender que estaba listo para luchar. Después, separó ambas piernas y fijó la mirada en aquel presuntuoso Khan. Probablemente lo habría atacado de no ser porque la voz de Son Gokuh atrajo la atención de ambos.

       —¿Quién rayos eres tú? —le preguntó Son Gokuh a Fobos.

       —¡¡Por favor, ayúdenos!! —gritó Ritsuko, llamando la atención de todos—. Si pueden detener a este lunático, háganlo, por favor. ¡Hay mucha gente en peligro! ¡Ayúdenos! 

       Asiont se giró hacia Ritsuko y Masamaru. A juzgar por la actitud y los continuos gritos de aquella mujer de cabello rubio sospechó que quizá no estaba de parte de N´astarith o de los Khans, pero de quien no estaba seguro era del otro sujeto. El hombre que estaba junto a la mujer de cabello rubio portaba una armadura de Shadow Trooper, aunque no se comportaba como un agente del imperio, sino que más bien parecía estar igual de asustado que su compañera. ¿Acaso serían rehenes? Desconcertado, Asiont centró su atención en Lilim y en Rei Ayanami sin entender por qué ambas estaban desnudas.

       —¿Quiénes son esas dos niñas? ¿Una de ellas será Lilim? —murmuró, cautivado por la mirada hermosa y serena de Lilim—. Las dos se parecen físicamente, pero lo que no entiendo es cómo pueden estar tan tranquilas a pesar de lo que sucede. ¿Será que ese maldito Khan les hizo algo o es qué serán sus aliadas?

       —Oye, Asiont, no te les quedes viendo de esa forma —le susurró Areth cuyas mejillas estaba levemente iluminadas—. Das una muy mala impresión para la gente que te está mirando.

       —¿Qué estás diciendo, niña? —repuso Asiont a punto de atragantarse con las palabras. La sola idea de que la gente pudiera imaginar que era una especie de mirón malicioso lo incomodaba bastante—. Oye, ¿cómo puedes pensar en esas cosas?

       Areth se encogió de hombros y alzó la mirada al cielo.

       —Humm, tendrías que ser mujer para entenderlo.

       El Khan del Terror se aproximó a Son Gokuh y lo observó detenidamente.

       —Supongo que tú eres el poseedor de aquella aura tan poderosa que sentí hace unos instantes, ¿no? El gran guerrero que fue capaz de derrotar por sí solo a Odrare de Minotauro.

       —Veo que estás bien informado —murmuró Son Gokuh.

       —En realidad me sorprende que tomes las cosas con tanta calma —dijo Fobos con seriedad—. A simple vista pareces un sujeto que no le teme a nada, ni a nadie, Son Gokuh, pero me pregunto si eso es del todo cierto. Para vencer a un oponente primero es preciso destruir su espíritu antes que su cuerpo.

       —¿De qué estás hablando? —Son Gokuh alzó una ceja—. No entiendo cuáles son tus intenciones, pero me di cuenta que también usas la fuerza del aureus como Tiamat. Eso lo sé porque no puedo sentir tu ki.

       —No tienes idea de todo lo que puedo hacer… Evil Illusion´s Nightmare (Maligna Ilusión de Pesadilla)

       Los ojos de Fobos se iluminaron mientras una sonrisa macabra se asomaba por entre sus labios. Son Gokuh comenzó a ver que todo a su alrededor se oscurecía. Y de pronto, más allá de aquellas sombras que lo rodeaban, vio a una mujer, su esposa Chichi, que lo esperaba a la entrada de una pequeña casa… El sonido de la risa de su hijo Son Gohan dejó estupefacto a Gokuh.

       —¿Gohan? ¿Qué es lo que pasa?

       La visión cambiaba tan deprisa como un espejismo. Todo era borroso y oscuro, escarpado y llano a la vez. Unas voces suaves y distantes llegaron hasta él. Son Gokuh se volvió hacia el lugar de donde procedían, alejándose de una oscura ola de movimiento que había aparecido ante él.

       —¿Por qué no dejaste morir? —le oyó decir a Chichi.

       Gokuh cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, su esposa lo estaba abrazando con fuerza. Desconcertado por la situación, Gokuh se quedó inmóvil sin saber cómo reaccionar. Chichi levantó la cabeza para mirarlo con lágrimas en los ojos y le acarició una mejilla suavemente.

       —Date por vencido —dijo ella—. Es una lucha en la que no puedes ganar. Es mejor que dejes de luchar —Le susurró al oído—: Ríndete.

       Son Gokuh se zafó del abrazo y vio que Chichi se desvanecía para dar paso a la impúdica sonrisa de Fobos. El saiya-jin trató de golpearlo en el rostro, pero su puño pasó a través del Khan y se perdió en la oscuridad.

       —Tus seres queridos morirán y no podrás evitarlo.

       Fobos no perdió el tiempo y derribó a Son Gokuh de una patada. El saiya-jin apenas pudo bloquear un malicioso golpe de su adversario mientras se ponía de pie con dificultad. Una tercera visión cruzó por los ojos del saiya-jin… Su esposa Chichi era asesinada por Tiamat… .

       —¿Qué fue todo eso? —inquirió Gokuh mientras forcejeaba con el Khan.

       —Fue mi Evil Illusion´s Nightmare. Ahora tendrás dificultades para diferenciar lo que es real y lo que no lo es. No sé cómo fue que lograste reaccionar a tiempo para evitar mi golpe, pero eso no te salvará.

       Fobos extendió un puño y disparó miles de ráfagas a la velocidad de la luz que se dirigieron hacia Son Gokuh. El saiya-jin estaba tratando de eludir los rayos cuando el mundo empezó a darle vueltas de nuevo. Los ataques de Fobos comenzaron a impactar en Son Gokuh, que cayó al suelo después de recibir heridas por todo su cuerpo. El Khan del Terror preparó el golpe final, alzando una mano iluminada por energía aúrica sobre el pecho de Gokuh.

       —¡¡Detente!! —gritó Asiont al tiempo que se catapultaba sobre el Khan.

       Fobos se volvió, molesto por aquella intrusión. Sin decir nada, frunció la mirada y su rostro mostró una expresión de furia. El Celestial arrojó su brazo derecho hacia atrás dispuesto a asestarle un fuerte puñetazo, pero algo se lo impidió. El puño de Asiont se estrelló contra una especie de muro de luz hecho por polígonos concéntricos que se extendían a partir del sitio de impacto.

       —¿Qué es lo que sucede? —exclamó el Celestial, desesperado—. Es cómo si hubiera golpeado una pared de roca.

       —Es un AT-Field —repuso Fobos con suavidad—. Una barrera impenetrable formada por la luz de la mente. Es una técnica usada por los shitos  y los Evas que me llevó tiempo comprender, pero que ahora domino plenamente como puedes ver. Una materialización del miedo mismo, la barrera más grande e infranqueable.

       Asiont ejerció mayor presión sobre el escudo que protegía a Fobos en un intento por romperlo y llegar hasta él, pero todos sus esfuerzos resultaban inútiles. El Khan rió de forma escandalosa y expandió la fuerza de su AT-Field para obligar a Asiont a retroceder algunos metros hacia atrás. El Celestial tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para mantener el equilibrio y no caer.

       —Ni siquiera pude tocarlo —musitó Asiont para sí mismo—. Dijo que era una barrera formada por la luz de la mente, pero jamás he escuchado de una técnica parecida. ¿Acaso no existe una forma de penetrar ese muro de energía?

       Con la mirada fija en el Caballero Celestial, Fobos alzó una mano con la palma vuelta hacia delante. Expulsando una destellante energía púrpura por todo su cuerpo, lanzó una lluvia de golpes a la velocidad de la luz que embistió violentamente a Asiont, empujándolo hacia atrás hasta derribarlo.

       —¡Asiont! ¡No! —exclamó Areth, estirando una mano de forma instintiva hacia su amigo, que ahora yacía en el suelo. La Celestial se volvió hacia Fobos, enfurecida, y reunió sus manos para formar un Sha-Ma-Sha—. Eres un canalla, pero me encargaré de darte tu merecido por haber lastimado a mis amigos.

       —Oh, cielos, no me digas, peque —se burló Fobos, mirando en derredor hacia todos los presentes como si solicitara ayuda—. Oigan todos, ayúdenme, una niña me está amenazando con una pelota de luz.

       En ese momento, Armando Ferrer consiguió a duras penas ponerse de pie, mareado. Su sangre manchaba el asfalto de la carretera donde luchaban. Los rostros de amigos y enemigos iban y venían, desenfocándose. Luchó por permanecer erguido y levantó ambas manos mientras se bamboleaba.

       —Aún no han ganado, malditos —dijo el príncipe meganiano—. Mientras quede vida en mi ser, tendré que derrotarlos. No importa si mi cuerpo es partido en pedazos, yo combatiré hasta el final.

       —¿Con qué objeto peleas, Armando? —le preguntó N´astarith—. Los meganianos son realmente extraños. Primero se aliaron conmigo con la idea de traer el orden a la galaxia y ahora luchan a lado de la Alianza Estelar en mi contra.

       —Es porque tú nos engañaste, maldito —replicó Armando—. Desde el principio tu objetivo fue manipularnos en beneficio de tus intereses. Mi padre era demasiado confiado y no se dio cuenta de eso hasta que fue demasiado tarde.

       N´astarith soltó una risita maliciosa.

       —Por el contrario, meganiano, eres tú el que no entiende las cosas. Tu padre, Francisco Ferrer, sabía que Abbadón era mucho más poderoso que Megazoar y buscó la manera de evitar una guerra que sabía que perdería. Fue por esa razón que se alió conmigo en un intento por asegurar la supervivencia de su pueblo. Pero lo que tu padre jamás alcanzó a prever fue uno de sus hijos sería quién iba a arruinar todo por cuanto había luchado.

       —¿Qué es lo que dices? —preguntó Armando

       —Tu hermano Jesús nos traicionó, ¿no lo recuerdas? —N´astarith extendió una mano para señalar al meganiano—. Fue gracias a él que se rompió el pacto entre Megazoar y Abbadón. Es por eso que resulta gracioso que hables sobre manipulación y engaño cuando fueron ustedes los que me traicionaron —hizo una pausa y volvió el rostro hacia donde estaban Saulo y Cadmio para mirarlos con lástima—. No me extrañaría que al fin también traicionen a la Alianza Estelar.

       —¡Cállate! —exclamó Armando, irritado—. Te juro por el recuerdo de mi padre que no escaparás con vida. Si yo muero, mi hermano Jesús se volverá más poderoso de lo que puedas imaginar.

       —¿Crees que no lo sé, Armando? —dijo N´astarith con tranquilidad—. Tal vez te asombre saberlo, pero conozco el secreto que guarda tu familia. Lo que realmente me interesa saber es sí estás dispuesto a perder tu vida para que el guerrero legendario despierte.

       —¿Lo sabes? —Armando frunció el entrecejo—. Pero eso es imposible.

       —No me interesa lo que creas —El señor de Abbadón dirigió su mirada hacia donde estaba Son Gokuh—. La gema sagrada que llegó a este planeta se encuentra finalmente en mi poder. Es el momento de terminar con esta batalla sin sentido.

       —¿A qué te refieres con eso? —inquirió Sailor Uranus.

       —Mientras ustedes luchaban inútilmente, mis fuerzas se han ido replegando de este mundo rápidamente —El borde oscuro de una sombra enorme cubrió todo el lugar en unos segundos. Cuando la luz del sol comenzó a ser eclipsada, Areth, Astroboy, las Outer Senshi, Ritsuko y los otros pudieron ver al enorme Devastador Estelar que se aproximaba—. En unos veinte ciclos aproximadamente este planeta desaparecerá de la faz de esta dimensión junto con ustedes.

       —No pueden hablar en serio —murmuró Seiya débilmente mientras se incorporaba con ayuda de Hyoga y Shun—. Están pensando en destruir el planeta.

       Karmatrón desenvainó su sable del poder con un rápido movimiento.

       —No lo permitiremos.

       —Como si fuéramos a pedirles permiso, inútil —replicó Fobos exhibiendo en su mano derecha un pequeño detonador—. Ahora les contaré lo mejor de todo. Existe una base secreta dentro de ese volcán que se ve a lo lejos. En la parte más profunda de ese sitio, hay un succionador que extrae energía del núcleo planetario a través de una tubería que atraviesa las entrañas de la Tierra —hizo una pausa y soltó una risotada—. En cuando apriete este botón, comenzará una reacción en cadena que destruirá este mundo con todo lo que hay en él.

       —¡No! —gritó Ritsuko, presa de la histeria—. ¡Matarás a millones!

       —¡Estás loco! —le espetó Masamaru—. ¡No puedes hacerlo!

       El rostro de Molécula perdió toda su severidad. Si lo que ese Khan afirmaba resultaba ser cierto, entonces debían actuar con rapidez. Tratando de controlar su desesperación, Lis-ek intentó negociar.

       —Esperen, no tienen que hacer eso. Si ya tienen la gema sagrada, no necesitan destruir este planeta.

       —Es cierto, deténganse —suplicó Astroboy—. Por favor, no destruyan este planeta. Hay gente inocente que no tiene nada que ver con esto.

       Fobos dejó escapar una sonrisa malévola y deslizó su dedo sobre el detonador.

       —¿Y perderme del espectáculo que está a punto de comenzar? No lo creo.

       Una explosión sacudió las entrañas del monte Fuji, convirtiendo todo en un infierno. El volcán estalló desde dentro, deshaciéndose en millones de fragmentos de diferentes tamaños. En dos segundos, todo el planeta fue sacudido por un violento terremoto de magnitudes apocalípticas. Enormes columnas de lava hirviendo comenzaron a surgir violentamente desde el interior de la Tierra, causando conmoción entre los habitantes del ya de por si devastado planeta.

       Ritsuko sintió un violento escalofrío que le recorrió todo el cuerpo cuando los cielos comenzaron a cubrirse de oscuras nubes y funestos relámpagos. La misma escena se repitió por todo el mundo. Los terrícolas fueron presa de una histeria colectiva mientras los océanos hervían y las ciudades desaparecían en un mar de destrucción que se extendía por doquier. 

        —Este es el fin del mundo —musitó Ritsuko y luego rompió en llanto

Continuará… .

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