Leyenda 055

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO LV

CAOS Y DESTRUCCIÓN

       Astronave Prometeo.

       El comandante Stuart volvió a mirar el monitor con preocupación. Los tres enormes aviones Lightning que había mandado a investigar parecían mosquitos junto a la inmensa masa gris de la nave extraterrestre. El diseño de aquellos extraños platillos tenía algo de inquietante, había algo incorporado, inconscientemente quizás, en su arquitectura. Era una sombra gris y siniestra que revelaba la personalidad lúgubre y rotundamente utilitaria de sus fabricantes.

       —¿Qué ha ocurrido con nuestros intentos de comunicarnos con ellos? —preguntó sin dirigirse a nadie en particular.

       —Las comunicaciones efectuadas en todas las frecuencias no han tenido éxito, señor —le informó Marlene—. En el Megaroad-01 están preparando una especie de comunicación en lenguaje matemático que esperan que funcione.

       —Señor, un grupo de doscientos Lightnings y otros cien Vampires procedentes del Megaroad-01 se aproxima rápidamente —informó uno de los técnicos desde un extremo diferente—. Calculo que llegarán a nuestra posición en aproximadamente cuatro minutos… .

       —¡Hay una reacción!

       Todo el movimiento y las conversaciones desaparecieron de golpe, y todos se giraron hacia la ventana frontal. Un fino rayo de luz verde de varios metros de longitud surgió de la base de la alta torre de la nave. Casi como sí fuera un largo dedo atravesando la oscuridad. Uno de los Lightning, que se mantenía en modalidad Battroid mientras se movía de un lado a otro para enfrente de la torre, reaccionó visiblemente, retrocediendo casi un metro cuando el chorro de luz lo alcanzó. El rayo, suficientemente brillante como para verse desde el Prometeo, era del color de un jade pálido. El comandante Stuart se dio cuenta de cómo el Lightning hacia esfuerzos por mantenerse frente a la gran nave amenazante.

       Un par de compuertas metálicas en la zona de donde partía el misterioso rayo verde se empezaban a abrir. Cuando estuvieron abiertas, la luz del interior de la nave iluminó completamente al Lightningque se seguía luchando por mantener su posición. El piloto conectó su comunicador nuevamente para hablar a sus superiores.

       —Prometeo, parece que hay algo de actividad, quizás sea un modo de comunicarse… .

       Pero no lo era. Un chorro de luz verde rasgó súbitamente la oscuridad del cosmos y chocó contra el Lightning, haciéndolo explotar. Un segundo después, los Lightnings restantes también fueron destruidos. Parecía como un grupo de diminutas moscas derribadas por tres balas de gran calibre. Después de que la repentina explosión iluminara los alrededores unos momentos, todo volvió a la normalidad. La luz de la nave había desaparecido. Lo único que quedaba era restos metálicos que flotaban en el espacio. Las puertas situadas en la base de la torre se volvieron a cerrar y el inmenso platillo continuó avanzando hacia el Prometeo.

       El comandante Stuart y los que lo rodeaban actuaron con rapidez. Ahora todo era más sencillo. Había llegado el momento de iniciar el ataque.

       —¿En donde rayos están esos aviones de combate que enviaron del Megaroad? —preguntó Stuart.

       Marlene preguntó rápidamente a un técnico antes de responder.

       —Estarán aquí en tres minutos aproximadamente, comandante.

       Astronave Megaroad-01.

       Las puertas de acceso al puente se abrieron rápidamente. La almirante Misa Ichijo, líder de la misión de exploración, acababa de declarar la alerta amarilla dando por terminado el pequeño descanso que, unas horas antes, había otorgado a sus oficiales con motivo del descubrimiento del planeta Génesis. En el puente de mando de la enorme fortaleza espacial, había más de diez personas especializadas en las tareas de más alta seguridad trabajando en consolas de alta tecnología.

       —¿Cómo va todo? —preguntó Misa acercándose a los monitores.

       —Almirante, hemos estimado que tres de las naves alienígenas tienen un diámetro de veinticinco kilómetros —informó la primera oficial Emily Zuno—. Hay otras dos de menor tamaño que se mantienen por atrás de los platillos, tal parece que tratan de escudarse en ellas.

       El Megaroad-01 tenía las imágenes que le llegaban en directo desde la Prometeo, donde mantenían a las naves extraterrestres en constante vigilancia.

       —¡Almirante! —exclamó una de las técnicas—. ¡Una de las naves alienígenas acaba de derribar a varios de nuestros Lightning!

       Misa acudió enseguida y echó un vistazo por encima del hombro de la técnica a la imagen transmitida por el Prometeo donde se veía como el desafortunado Lightning era pulverizado con un disparo.

       —Tal parece que no se trata de extraterrestres pacíficos —apuntó la almirante Ichijo.

       —El Prometeo y sus escuadrones permanecen a la espera de instrucciones —señaló Emily—. ¿Qué debo decirles, Almirante?

       Después de observar las imágenes de las naves alienígenas durante unos minutos más, Misa llegó a la inevitable conclusión de lo que debía hacerse.

       —Aunque provoque pánico, debemos declarar la alerta roja e informar al resto de la flota que hay naves de guerra en el sistema solar.

       Nadie en el puente pudo mostrarse en desacuerdo.

       Sistema Adur.

       Mientras en el Águila Real 5 se preparaban para recibir la nave de enlace que se encargaría de transportar a sus ocupantes hasta el Churubusco, Sailor Venus aprovechó aquellos escasos minutos para visitar a Jesús Ferrer, el joven alienígena que había conocido en las calles de Juuban, justo antes de la batalla en el museo de historia.

       El príncipe de los meganiano había permanecido todo el camino confinado en un apartado camarote custodiado solamente por Azmoudez y Azrael. Durante el largo trayecto de regreso, los generales unixianos habían resguardado aquella puerta en absoluto silencio.

       —¿Qué se le ofrece, señorita? —preguntó Azmoudez apenas vio a la Sailor Senshi acercarse por el pasillo—. No debería estar aquí. La nave de enlace ya está por llegar.

       —Quiero hablar con Jesús —explicó Sailor Venus—. Yo… quería agradecerle por haberme salvado la vida.

       —El señor Jesús no desea hablar con nadie. Lo lamento.

       —Por favor, sólo será un momento —insistió.

       Azmoudez titubeó. Como estaba algo inseguro sobre que decisión tomar, volvió la mirada hacia su hermano Azrael para escuchar su parecer. El guerrero invidente giró su rostro hacia él y, tras un momento de silencio, asintió levemente con la cabeza en señal de aprobación.

       —De acuerdo, pero que sea sólo un momento —aceptó Azmoudez.—. Tenemos ordenes de trasladarlo hacia el Churubusco una vez que la nave de enlace llegue —se giró e introdujo una secuencia numérica en un teclado de seguridad. Acto seguido, la puerta se abrió—. Pasa.

       La Sailor Senshi entró en el camarote. Jesús Ferrer estaba de pie frente a una pequeña ventana con vista el exterior. Como los segundos transcurrieron y el meganiano no articuló palabra alguna, Venus decidió romper el silencio.

       —Jesús… .

       —No esperaba volver a verte tan pronto, Minako —murmuró sin siquiera mirarla—. Es una agradable sorpresa escucharte de nuevo.

       Por unos momentos, Sailor Venus no supo ni qué decir. Quería preguntarle acerca de las muchas acusaciones que la reina Andrea formulaba en su contra, pero al final prefirió iniciar la conversación con la razón de su visita.

       —Yo… —se miró la parte superior de sus zapatillas—. Quería darte las gracias por haberme salvado la vida en el museo. No había tenido oportunidad de hacerlo antes.

       Jesús exhaló un profundo suspiró.

       —No tienes que agradecérmelo, Minako. Simplemente no pude soportar el hecho de verte sufrir.

       —¿Cómo supiste mi verdadera identidad? Es decir, que yo soy Minako.

       El meganiano se volvió hacia ella y la miró por primera vez.

       —Fue gracias a tu aura —explicó—. Yo jamás olvido el aura de las personas a las que conozco. Con sólo verte por un momento fue más que suficiente para reconocerte en el museo. El aura de cada persona vibra de una manera especial.

       Sailor Venus levantó la mirada. Sus ojos temblaron.

       —Dicen que eres un criminal de guerra.

       Jesús sonrió de manera sombría.

       —Sí, Andrea me acusa de eso y de muchas otras cosas.

       —¿Es eso verdad? —le preguntó la Sailor con escepticismos—. No le creí todo lo que me dijo y… .

       El meganiano dio un profundo suspiro y se apresuró a desviar la mirada en otra dirección. Se sentía como sí le acabaran de propinar una patada en el estómago.

       —En cierta forma creo que sí lo soy.

       —No puedo creerlo —renegó dando un paso hacia atrás—. Entonces, lo que dicen de ti es verdad.

       Jesús se llevó las manos al rostro.

       —Esa fue la principal razón por la que me alié a N´astarith, Minako. Quería que las cosas fueran como eran antes. Él me prometió que una vez que obtuviéramos las gemas sagradas de los Titanes, obtendríamos el poder necesario para revivir a todos aquellos que hubieran muerto por mi culpa… —sintió un nudo en la garganta—… incluyendo a mi esposa y a mi hijo.

       Sailor Venus permaneció totalmente callada mientras Jesús hablaba. Al darse cuenta de esto, el príncipe meganiano bajó las manos y miró a la chica fijamente. ¿Por qué Minako no decía nada? ¿Acaso sentía lástima por él? o ¿era tanto su desprecio que no lo consideraba digno de prestarle atención? Como Jesús supuso lo segundo, se acercó hasta ella y la sujetó por los hombros con cuidado.

       —Sólo te pido que no me juzgues hasta que no hayas oído mi historia.

       Sailor Venus alzó la mirada, lo miró directo a los ojos y tras un momento de reflexión, asintió.

       —Está bien.

       Antes de que Jesús pudiera decir algo más, la puerta de acceso a la habitación se abrió nuevamente dando entrada a Azmoudez y Azrael.

       —Señor, Jesús, ya es hora —dijo Azmoudez.

       Ferrer asintió con la cabeza. Se alejó de Sailor Venus y caminó hasta la puerta. Antes de salir del camarote, se detuvo un momento para hablar por encima de su hombro.

       —He sufrido mucho, Minako —le dijo sin poder ocultar su dolor—. Sé que eso no justifica lo que haya hecho, pero deber creerme cuando te digo que no era mi intención dañar a alguien.

       Los generales unixianos lo condujeron al pasillo mientras la Sailor Senshi los observaba en silencio sin saber qué pensar sobre él.

       Astronave Juris-Alfa.

       En el puente de mando de la nave, el comandante José Zeiva se acercó a la ventana frontal en compañía de Kali y Liria para evaluar la situación. Al parecer, el Prometeo y su pequeño ejército de Lightning permanecían a la espera de que el primer Devastador Estelar se acercara lo suficiente para poder atacarlo.

       —Tal parece que quieren pelear —comentó José—. Pobres, no saben lo que les espera.

       Kali giró el rostro para observarlo de perfil.

       —¿Por qué estamos perdiendo el tiempo? —le inquirió—. Nuestros detectores nos indican claramente que la gema estelar se encuentra en un planeta no muy lejos de aquí. Debemos ir por ella cuanto antes y no detenernos a luchar. Los de la Alianza Estelar podrían aparecer en cualquier momento e interferir.

       El comandante imperial se volvió hacia ella y la tomó del brazo.

       —Claro, pero para llegar hasta ella tenemos que quitar a todos esos cacharros del camino.

       —Ignorémoslos, José —sugirió Liria por segunda vez—. Los campos de fuerza pueden repeler cualquier ataque sin problema. Me parece que estás exagerando las cosas. Ya percibí todas las auras de esos sujetos y no existe ninguna que sea poderosa.

       —¡Nada! —exclamó secamente—. Yo soy el comandante de la misión y decidiré lo que debe hacerse —hizo una pausa y se volvió hacia sus oficiales—. Que los Devastadores estelares se encarguen de esas insignificantes moscas. Nosotros iremos por la gema de los Titanes.

       En tanto, en el espacio, los Lightnings procedentes del Megaroad-01 vislumbraron al grupo de naves alienígenas y se dirigieron velozmente hacia ellas para unirse a sus camaradas del Prometeo.

       En su caza, Black acercó las manos a la pantalla de la computadora de instrumentos e introdujo una serie de ordenes.

       —Oye, Black, ¿no te parece extraño que no haya habido reacción a nuestra presencia? —la voz de Hiroshi le llegó a la cabina—. Sí fueran los zentraedis ya hubieran lanzado a sus combatientes contra nosotros.

       —Es verdad, Hiroshi.

       La línea de comunicación permaneció en silencio un largo rato hasta que Black y los demás lideres de escuadrón se dirigieron a sus escuadras para indicarles la estrategia a seguir.

       Los técnicos a bordo del Prometeo y el Megaroad-01 ocuparon los canales de comunicación.

       —Los escuadrones Executor, Wolf, Times, Skull, White, Red, Green, Orange y Blue están en la posición correcta.

       —Las escuadras del Prometeo se encuentran en la misma posición.

       Una imagen del general Hikaru Ichijo apareció en las pantallas de todas las computadoras de los Lightnings.

       —Atención, pilotos, les habla el comandante Ichijo a bordo del Megaroad-01. En nombre de la almirante Misa Ichijo, tienen autorización para disparar a discreción.

       El escuadrón Wolf aún se encontraba a veinte kilómetros de distancia, a unos quince segundos de la línea de fuego, pero la enorme envergadura de la nave hacia que se sintieran más cerca. El nudo en la garganta de los pilotos crecía cuanto más claramente veían el exterior de la nave. Las charlas que solían mantener entre ellos durante los patrullajes eran inexistentes.

       —Muy bien —les dijo a sus hombres Hiroshi—. Prepárense para atacar.

       Varios mísiles MRM salieron como rayo de los Lightnings. Pocos pilotos confiaban en derribar una nave de ese tamaño con el primer ataque. Los aviones iniciaron la inspección con la inclinación propia del viraje siguiendo atentamente el recorrido de los mísiles. De repente, todos los mísiles explotaron al mismo tiempo a un kilómetro del blanco.

       —¡Maldita sea! —exclamó Charles.

       —Ni siquiera los vi disparar —dijo Black, claramente impresionado. Cuando las explosiones se disiparon, se puso de manifiesto que la nave alienígena había quedado indemne.

       Hiroshi llamó al Megaroad-01.

       —Comandante, Times-1 al habla. El enemigo parece haber derribado todos nuestros mísiles. Cambiaremos de estrategia y lo intentaremos a menor distancia.

       —Buena idea, Times-1 —le respondió Hikaru Ichijo—. Despliegue formación.

       Las escuadras TimesWolfExecutor y Green rodearon aquel disco de veinticinco kilómetros de diámetro en distintas direcciones. Suponían que sí los alienígenas disponían de defensas, éstas estarían situadas en la torre del morro de la nave. Cuando todos estuvieron en sus posiciones, Black y lo demás capitanes dieron la orden de atacar.

       Hiroshi era consciente de que iban a acercarse peligrosamente, pero al igual que todos sus compañeros, deseaba con todas sus fuerzas dañar a la nave enemiga.

       —¡Fuego!

       Al oír la señal, los Lightnings dieron una vuelta al unísono y se acercaron vertiginosamente a la nave imperial, propulsados en distintas direcciones. Cada avión disparó seis mísiles SRM, que dejaron una larga estela de combustible en el espacio. Casi a la vez, alcanzaron el perímetro de un kilómetro y, al igual que los proyectiles anteriores, explotaron al unísono.

       —¡Aguarden! ¡Deténganse todos! —gritó Black—. ¡Tienen un campo de fuerza alrededor del casco!

       Desde su privilegiada posición, de repente descubrió la razón del por qué los mísiles no llegaban a su objetivo. Tirando de los mandos, Black cambió su Lightning a modalidad Gerwalk para frenar su carrera.

       La modalidad Gerwalk era un estado intermedio entre la modalidad Figther y la Battroid. En ella, dos largas piernas mecánicas surgían de la parte inferior del Lightning, permitiéndole al piloto maniobrar su caza de una manera que le era imposible hacer con un avión normal.

       Los demás Lightnings imitaron la maniobra, pero el piloto del Executor-4, Charles, el rival acérrimo de Black, no consiguió hacerlo a tiempo y su caza chocó contra el campo de fuerza invisible con lo que el avión estalló en mil pedazos.

       Al tiempo que las escuadras detenían su ataque, se abrían varias puertas gigantescas en el Devastador imperial. De aquellas aberturas salieron cientos de naves de color gris perla. El problema es que brotaban frente al espacio que los pilotos de los Lightnings habían escogido para avanzar en su fallido ataque.

       —¡Son demasiados! —gritó Hiroshi mientras las naves enemigas se abalanzaban sobre ellos.

       Black consiguió reaccionar a tiempo y alejarse varios kilómetros del peligro. Los cinco pilotos siguientes consiguieron escapar, pero el cuarto, un hombre llamado Taake falló. Su Lightning chocó frontalmente contra una de las naves imperiales y causó una explosión atronadora justo enfrente de la puerta delantera del Devastador Estelar. El avión de Taake se reventó por el golpe, a diferencia de la nave enemiga que quedó intacta.

       El caza imperial se tambaleó hacia delante, como sí sufriera de un aturdimiento momentáneo, antes de recuperar el equilibrio y continuar su trayectoria como sí nada hubiera ocurrido.

       Ajustando los mandos de su VF-4, Hiroshi observó como las naves enemigas inundaban el espacio. En vez de desplazarse en formación estable, el enorme grupo de naves imperiales se balanceaba arriba y abajo, zigzagueando de un lado a otro.

       —¡Muévanse rápido! —un rayo de luz pasó zumbando junto al Lightning de Black y no fue el único—. ¡Diablos! —estiró el cuello para ver mejor lo que lo rodeaba y vio que una de las naves enemigas se había colocado tras él.

       —Verifica tu seis —le advirtió Hiroshi—. Verifica tu seis, Black.

       —Ya lo veo.

       Black, Hiroshi y los demás líderes de escuadrón tenían que pensar con rapidez. Las naves enemigas más rápidas los estaban rodeando. ¿Debían hacer que las escuadras se reunieran en lo alto donde podrían defenderse mutuamente, o eso iba a convertirlos en impotentes figurillas en un campo de tiro?

       —¡Maniobras evasivas! —gritó Black, regresando a la modalidad Figther unos milisegundos antes de que un disparo láser estuviese a punto de alcanzarlo—. ¡Cuidado!

       Hiroshi se balanceó y zigzagueó para llegar a un extremo de la nave enemiga. Entre tanta agitación, presenció la súbita explosión de dos aviones de su escuadra.

       —¿Dónde estás, Black?

       —Justo donde me necesitas, amigo. Atrás de la nave que te está poniendo cola. Sí te lo puedes quitar de encima me lo friego.

       Hiroshi interrumpió la maniobra de evasión y voló en línea recta durante un segundo y medio todo lo que se atrevió. Afortunadamente, eso le fue suficiente a Black.

       Los mísiles SRM del Wolf-1 se adelantaron al atacante y explotaron a unos cuatro metros de alcanzar la superficie de la nave. Ésta dio un capirotazo en el aire, se tambaleó un momento y retomó su camino como sí nada.

       —¡También tienen escudos! —gritó Black, fuera de sí.

       Hiroshi dejó de bajar en picada e hizo un rizo hacia arriba, preparando para intentar atacar a la nave desorientada. En la distancia, vio como tres de los suyos eran destrozados por las naves enemigas. Cuando volvió a volar en la posición correcta, Black tenía un enemigo cerca.

       —Black, inclínate a la derecha. Yo te cubro.

       Hiroshi situó la mira sobre el caza enemigo y lanzó varios proyectiles. El piloto imperial se alejó con un rápido viraje, pero los sistemas de rastreo de los mísiles lo persiguieron y explotaron contra su blindaje trasero. El guiaje por radar era uno de los puntos fuertes de los humanos en esa batalla y, por ahora, no les estaba sirviendo de mucho.

       Astronave Megaroad-01.

       En el puente de mando, los múltiples monitores de rastreo indicaban  la posición de todas las naves en combate y daban cuenta de la caótica situación a la que se enfrentaban los Lightnings y losVampires. Uno a uno, aquellos valientes pilotos estaban dejando sus vidas en manos del enemigo. Aquello no era una batalla, sino una autentica masacre.

       —¡Les dieron a otros tres! —anunció una de las operadoras.

       —¡Están cayendo como moscas!

       —¡Los estamos perdiendo!

       Misa y Hikaru comprendieron que mientras aquellas naves estuvieran protegidas por impenetrables campos de fuerza, los Lightnings y los Vampires no podrían ganar ni presentar pelea. Sencillamente no había nada más que hacer. Lo mejor por el momento era retirar de ahí a sus fuerzas antes de que se perdieran más vidas inútilmente.

       —Sáquenlos de ahí —ordenó Hikaru asqueado con la situación.

       Los técnicos acataron la orden de inmediato.

       —Líderes de escuadrón, aquí Megaroad-01. Tomen posiciones de retirada. ¡Aborten la misión! ¿Me copian? ¡Aborten la misión ahora mismo!

       Santuario de Atena, Grecia
       Salón del Gran Maestro

       Casiopea sabía que sí no actuaba con rapidez Tiamat podría eliminarla fácilmente. En unos cuantos segundos, el Khan ya había dejado fuera de combate a Aioria, Dai, Shiryu, Milo y Cadmio sin ninguna dificultad, y sí se comparaba con ellos, realmente no tenía tanta fuerza.

       Dhoko, por su parte, se colocó en guardia y espero a que Tiamat tocara suelo con los pies nuevamente antes de hacer un movimiento. Tal vez no tenía oportunidad de ganar, pero estaba seguro de que luego de haber recibir la Exclamación de Atena, el Khan del Dragón estaba bastante debilitado y podía aprovechar eso a su favor.

       En tanto, Tiamat descendió tranquilamente y luego se giró hacia los guerreros que aún quedaban de pie para mirarlos fijamente. Ciertamente, tenía deseos de aniquilarlos por las molestias que le habían causado durante la batalla, pero ir por la gema era aún más importante que las venganzas personales.

       —¿Qué harán ahora, eh? —se mofó—. Saben perfectamente que no poseen el poder suficiente para derrotarme.

       La princesa del planeta Francus se dio la media vuelta y depositó en el suelo el cuerpo de Dai con cuidado. En completo silencio, se volvió hacia Tiamat nuevamente, luego desplegó todo el poder de su aura que le quedaba y se preparó para la batalla.

       —No estés tan seguro, querido Tiamat —le dijo con firmeza mientras la fuerza de su aura lanzaba fuertes ráfagas de aire en torno a ella—. Sí no me equivoco, debes haber recibido bastante daño luego de ese último ataque. Eso significa que ya no eres tan poderoso.

       —No cuentes con ello, preciosa —Tiamat sonrió malévolamente—. A pesar de lo que pienses, todavía tengo bastante poder como para acabar con todos los que aquí se encuentran.

       Dohko dio un paso al frente inmediatamente.

       —No puedes asegurarlo hasta que peleemos.

       —¡Es verdad! —convino Casiopea valientemente—. ¡Vamos, Tiamat!

       La guerrera Celestial extendió sus manos hacia delante y expulsó una fuerte corriente de aire en forma de tornado que se dirigió velozmente hacia donde estaba Tiamat. El Khan abrió los ojos enormemente, impresionado.

       El viento era muy intenso, pero desafortunadamente parecían no hacer mella en el Khan del Dragón. Una sonrisa malévola iluminó el rostro del guerrero de Abbadón cuando los vientos lo engulleron completamente sin provocarle ninguna molestia.

       —¡¿Esto es todo lo que puedes ofrecerme, Casiopea?! —se burló a gritos—. Esperaba un poco más de la hija del rey Eolo del planeta Francus.

       Casiopea frunció la mirada mientras el coraje y la desesperación se apoderaban de ella. Su técnica más poderosa no estaba sirviendo de nada. Quizás debía usar más poder.

       —No me daré por vencida —musitó.

       Haciendo un enorme esfuerzo, la Celestial le imprimió mayor poder a sus vientos, aunque por más intentos que hacia todo parecía ser inútil. Sencillamente, el Khan del Dragón parecía inamovible.

       Tiamat cerró los ojos y bajó la cabeza levemente.

       —Es inútil.

       Al tiempo que Casiopea estaba incrementando la fuerza de su ataque, el Khan del Dragón comenzó a ser arrastrado hacía atrás. Tiamat apretó los dientes tratando de resistirse, pero al parecer le faltaba la fuerza necesaria.

       —¡Esto no puede ser! —dijo en voz alta—. Un ataque como este no debería ser capaz si quiera de empujarme —hizo una pausa y reflexionó un poco—. ¡Demonios! ¡Ese último ataque me debilitó más de lo que me imagine!

       Casiopea cerró los puños y se lanzó directamente sobre el imperial. Ya en el aire, alzó un brazo hacia atrás y se preparó para golpearlo en el rostro con todas sus fuerzas. Sin embargo, antes de que pudiera acercarse lo suficiente, el Khan extendió una mano con la palma vuelta hacía delante y le disparó una ráfaga de luz que la impacto de frente.

       La princesa de Francus cayó al suelo y quedó inconsciente. Tiamat sonrió deleitado con el resultado de su ataque. Con la Celestial fuera de combate, el único oponente que se interponía en su camino era Dohko de Libra.

       —Hazte a un lado, Dohko —advirtió volviéndose hacia él.

       Pero el Santo de Libra ni siquiera se movió. Se quedó parado en su lugar, mirándolo fijamente.

       —Olvídalo, Tiamat, sé lo que buscas y no te dejaré conseguirlo —Desplegó su aura dorada—. Quizás estoy algo lastimado, pero tú también lo estás, no lo olvides.

       El Khan del dragón le devolvió la mirada. Aunque le costaba trabajo admitirlo, su oponente tenía razón. Ciertamente los vientos de Casiopea apenas lo habían movido de lugar, pero también era verdad que sus fuerzas estaban disminuyendo a consecuencia de todas sus batallas.

       —De acuerdo, Dohko —dijo, liberando un aura de energía en torno a él—. Este será nuestro último duelo… prepárate.

       El Santo de oro asintió con la cabeza y se preparó para el combate. Debía poner todo su cosmos en ese golpe o de lo contrario sería inútil atacarlo nuevamente. Era la hora de jugarse el todo por el todo.

       —¡Rozan Hyaku Ryuu Ha! (Cien dragones de Rozan)

       Tiamat, por su parte, juntó sus manos y descargó su más potente ataque.

       —¡Hell Destruction!

       Los ataques se dirigieron el uno contra el otro hasta chocar en el aire, desatando un fuerte resplandor que iluminó todo a su alrededor.

       Dohko apretó fuertemente los dientes. Sentía como sí todas las venas de su cuerpo fueran a estallar de un momento a otro por el esfuerzo.

       Tiamat estaba agotado. Nunca había afrontado una situación como esa y aquella sensación de debilidad lo llenaba de frustración. A pesar del inmenso poder que tenía y de que su cuerpo había sido adaptado genéticamente para el combate, había luchado contra tantos enemigos poderosos que su fuerza y su resistencia estaban empezando a flaquear.

       La situación se volvió más desesperante cuando la balanza se inclinó contra él. Lentamente, el Rozan Hyaku Ryuu Ha de su enemigo estaba ganando terreno frente al Hell Destruction. Tiamat bajó la mirada al suelo preso del agotamiento.

       Pero justo cuando el ataque del Santo de Libra estaba a punto de golpear a Tiamat, un rayo de energía golpeó el suelo a los pies de Dohko, lanzándolo por los aires.

       Totalmente desconcertado, el Khan del Dragón volvió la mirada hacia el extremo de donde había venido aquella ráfaga y descubrió la figura de su compañera Aicila.

       —Lo siento, pero debía aprovechar la ocasión —declaró la Khan de la Arpía—. ¡Ahora vayamos por la gema sagrada!

       Tiamat asintió con la cabeza mientras jadeaba por el esfuerzo.

       —Sólo dame un segundo y estaré listo.

       Aicila asintió y llevó su mirada hacía el centro del templo donde todavía algunos soldados imperiales y los diferentes defensores combatían. Ranma, Moose, Hyunkel, Lance, Hyoga, Poppu, Leona, Eclipse, Astroboy y Ryoga iban despachando poco a poco a los imperiales que se atravesaban en su camino; Shun de Andrómeda mantenía a raya a Sombrío; Mu combatía a Talión; y Kanon, Milo, Aioria, Dohko, Seiya, Casiopea, Dai, Shiryu, Moose y Cadmio habían quedado fuera de combate.

       —Es hora de emparejar un poco las cosas —dijo como hablando consigo mismo. Levantó una mano con la palma vuelta hacía delante, frunció el entrecejo, dejó escapar una sonrisa y luego disparó una ráfaga de luz en contra de Hyunkel.

       El ataque golpeó al Caballero Inmortal por la espalda, derribándolo en el acto. Al ver lo ocurrido, Lance, Ranma, Ryoga y Poppu se volvieron hacía Aicila, aunque antes de que pudieran reaccionar acertadamente, la Khan los puso fuera de combate con una serie de disparos de energía.

       Tiamat, por su parte, desapareció usando su velocidad para llegar hasta donde se encontraban Hyoga y Astroboy. Usando una pequeña descarga de energía arrojó al pequeño robot contra una de las columnas al pie de la cual se desplomó.

       —¡Maldito! —exclamó Hyoga lanzando una mirada de ira contra el Khan.

       Expulsando la fuerza de su cosmos, el Santo del Cisne atacó a Tiamat usando el ataque del Diamond Dust, pero el Khan se protegió usando una coraza de energía. El aire congelado de Hyoga se disipó rápidamente.

       —¡No puede ser! —murmuró Hyoga al ver que su ataque no tenía efecto—. Bloqueó mi tiro con mucha facilidad.

       Eclipse luchaba contra algunos shadow troopers imperiales utilizando un rifle como garrote. A pesar de que no había dejado de pelear un solo instante, pudo darse cuenta de lo sucedido entre Tiamat y Dhoko. Cuando derrotó al último imperial, llevó su mirada hacía la gema sagrada “Lamed” y se lanzó sobre ella.

       Mientras tanto, Shun continuaba acosando a Sombrío con su cadena de Andrómeda en un incesante ataque. Usando su agilidad y su pericia, el Khan del Lobo trataba de ponerse a salvo de los ataques de su enemigo, pero estaba claro que eso no iba a ser sencillo.

       De pronto, justo cuando acababa de dar un salto en el aire para librarse de un ataque, la cadena de Andrómeda atrapó su tobillo y lo obligó a ir hacia abajo estrepitosamente.

       —¡Maldita sea! —farfulló, alzando la mirada del suelo.

       —Vamos, no continúes luchando —le sugirió Shun—. No podrás librarte de mi leal cadena.

       Sombrío frunció el entrecejo y sujetó la cadena de Andrómeda mientras reflexionaba. Quizás la solución no era esquivar la cadena, sino aprovecharla a su favor.

       —Sí… .

       Tirando fuertemente de la cadena que le sujetaba, Sombrío atrajo a Shun hacia él para luego asestarle un potente puñetazo en el pecho antes de que éste pudiera defenderse. La fuerza del golpe llevó volando al Santo de Andrómeda hacia atrás.

       —La gema sagrada —murmuró, volviéndose hacia donde ésta estaba—. Debo ir por ella.

       Talión, mientras tanto, lanzó varias bolas de fuego contra Mu sin obtener resultado alguno. Al parecer, la Crystal Wall del guerrero del Santuario era capaz de resistir todos sus ataques sin problema. El Santo de Aries iba a usar nuevamente su Stardust Revolution en contra de Talión, pero antes de que pudiera hacerlo, una ráfaga de aire huracanado de Aicila lo golpeó de súbito por su flanco derecho, y lo empujó al suelo.

       —¡Buen tiro, Aicila! —festejó Talión.

       Casi en el mismo instante, Eclipse recogió la gema del suelo y la observó detenidamente.

       —Es hora de demostrarles a todos de lo que están hecho los verdaderos Espías Estelares… . —pero lo siguiente que miró con el rabillo del ojo fue la palma extendida de Tiamat apuntándole a la cabeza—. ¡Churros!

       Astronave Churubusco.

       La nave de enlace descendió lentamente sobre uno de los muelles de la enorme nave ciudad. Una veintena de soldados fuertemente armados habían acudido al sitio para ayudar a custodiar a Jesús Ferrer.

       Cerca de ahí, Areth, Uriel, Mariana, Marina y el príncipe Saulo esperaban pacientemente a que la escotilla de la nave se abriera para recibir a sus ocupantes. Finalmente, la compuerta se abrió y la reina Andrea y el comandante Rodrigo salieron por la rampa de abordaje.

       —Bienvenidos —les dijo Uriel—. Nos alegra que ambos hayan vuelto con bien.

       —No se crea, regente —replicó Andrea—. Por poco y no lo logramos. Tuvimos muchos problemas.

       Rodrigo llevó la mirada hacia Saulo y notó que éste estaba algo impaciente por decir algo. Finalmente el príncipe endoriano dio un paso al frente.

       —Cuando nos informó que habían capturado a Jesús Ferrer casi no pude creerlo. ¿Cómo fue que lo hicieron?

       Andrea se aclaró un poco la garganta antes de responder.

       —Nosotros no lo capturamos, príncipe. Él traicionó a las guerreras de N´astarith y nos salvó la vida arriesgando la suya propia. Me temo que debemos concederle una especie de tregua.

       Saulo frunció el entrecejo con escepticismo. Lo que Andrea estaba diciendo era imposible. Durante ciclos estelares enteros había soñado con poder enjuiciar a los culpables de la muerte de su padre y ahora resultaba que debía mostrarse benevolente con uno de ellos. Era absurdo.

       —¡Eso no puede ser verdad! —exclamó irritado—. Jesús Ferrer nunca nos ayudaría y… .

       —Más vale que lo creas, Saulo —le interrumpió Asiont, que acababa de salir de la nave en compañía de las Sailor Senshi y Tuxedo Kamen—. Yo lo vi todo y es verdad.

       Uriel y Areth se miraron entre sí un instante y luego volvieron el rostro hacia Asiont.

       — ¿Asiont? —preguntó Saulo sin poder creer en lo que veía.

       Continuará… .

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