Leyenda 049

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO XLIX

EL AMO DE LAS TINIEBLAS

Ciudad de Tokio (Distrito Juuban)

       El Águila Real 5 se detuvo a escasos metros sobre la azotea del edificio donde Asiont, Andrea y los demás esperaban. Todas las Sailors Senshi quedaron visiblemente impresionadas al contemplar de cerca aquella enorme nave de procedencia extraterrestre, especialmente Ami.

       —Es increíble —alcanzó a mascullar Sailor Mars

       De pronto, una larga rampa se desplegó desde la parte inferior de la nave para permitir el abordaje. Sailor Mercury observó fascinada la nave. Sin duda ésta formaba parte de una tecnología superior a toda la conocida en el planeta Tierra. Aunque no lo había confesado todavía, Andrea estaba algo preocupada de que alguien descubriera la presencia de la nave aliada, ya fueran los imperiales o los terrícolas de ese mundo. Sin embargo cuando recordó que los sistemas y el sistema de camuflaje del Águila Real 5 habían sido activados, la reina de Lerasi recuperó la calma.

       —Bien —dijo Asiont, dirigiéndose a Inners, Outers y Star por igual—. Esta es nuestra nave y nos llevará de regreso hasta el universo de dónde hemos venido. Aún están a tiempo de cambiar de opinión y de quedarse.

       Las Sailors Senshi, con excepción de Galaxia, se miraron entre sí, preocupadas. Finalmente, Sailor Pluto se volvió hacia Sailor Moon y las otras Inner Senshi con una mirada de firmeza.

       —Sí lo desean, pueden quedarse —les dijo. Su voz sonaba tranquila—. Nosotras podemos encargarnos de esto.

       —Es verdad —murmuró Uranus, apoyando a su compañera—. Ustedes no tienen que arriesgarse. Nosotras podemos hacernos cargo de esto.

       Sailor Mars dio un paso al frente inmediatamente.

       —¡Claro que no! —exclamó enérgica—. Nosotras no podemos permitir que se vayan solas, éste es nuestro planeta también y queremos defenderlo a toda costa. ¿Acaso no recuerdan que ya hemos peleado antes?

       Uranus y Neptune buscaron con sus ojos la mirada de la Inner Senshi.

       —Si, pero si de verdad este enemigo es tan poderoso como dicen, entonces tal vez ninguna de nosotras regresemos —le dijo Neptune en un tono sombrío—. ¿Acaso es necesario que todas tengamos que morir?

       —Neptune tiene razón —convino Sailor Uranus—. Sí de verdad este enemigo es tan poderoso, es muy probable que algunas no regresemos. Es preferible que sólo algunas de nosotras se sacrifiquen en esta batalla.

       Sailor Mars no supo ni que contestar ante aquel argumento. Las palabras de Sailor Uranus hicieron eco en su mente y apaciguaron su coraje. Tras un momento, respiró hondo y bajó la cabeza sin saber qué decir.

       Se produjo un breve silencio de perplejidad. Jupiter, Venus y Mercury se miraron entre sí, dubitativas. Sailor Uranus y Sailor Neptune estaban sugiriendo lo que ninguna de ellas había llegado a imaginar todavía; que quizás aquellas que se sumaran a esa temeraria aventura tal vez jamás volverían. Fue Sailor Moon quien finalmente rompió con aquel silencio.

       —No —musitó, atrayendo la atención de todas sus compañeras—. Ninguna de nosotras tiene porqué morir. Anteriormente, hemos peleado para defender nuestro planeta como Sailors Senshi y a pesar de las dificultades que hemos enfrentado, siempre hemos salido adelante.

       Una tenue sonrisa iluminó el rostro de Sailor Jupiter.

       —Sailor Moon tiene razón —murmuró—. Debemos pelear por el futuro de este planeta. Tal y como lo hemos estado haciendo todo este tiempo. Ese es nuestro destino.

       —Tienes razón —convino Sailor Venus—. Hay que tener confianza en nosotras mismas.

       Asiont no pudo dejar de sentir admiración al escucharlas hablar así. Esas chicas sabían a la perfección que aquello a lo que iban a enfrentarse estaba fuera de todas sus posibilidades, pero no por eso no rehuían el reto. Al contrario, lo iban a enfrentar valientemente con todos los riesgos que ello implicaba.

       —Por favor, no sean ilusas —se quejó Jesús Ferrer desde su posición—. Ustedes no tienen la menor idea de lo que sucede realmente. N´astarith es un ser ultra poderoso, ni siquiera yo sé el verdadero alcance de sus poderes.

       Sailor Galaxia llevó su mirada hacia el príncipe meganiano, enarcando una ceja con incertidumbre.

       —¿De qué estás hablando? —le preguntó.

       El meganiano se cruzó de brazos antes de hablar.

       —Yo me consideraba el guerrero más poderoso de mi universo —declaró en tono pensativo—. Pero al verme tratado de esa manera por las Khans, me doy cuenta de que mis poderes no se comparan con los de los guerreros de Abbadón. Jamás imagine que pudieran existir seres más fuertes que yo. Eso sólo significa que el poder de N´astarith debe de ser prácticamente inalcanzable.

       —Yo no diría eso —intervino Andrea—. Aunque te parezca absurdo, Asiont pudo derrotar a ese fanfarrón llamado Sepultura. Además, Saulo y los demás Caballeros Celestiales que todavía quedan se encuentran en diferentes universos reuniendo aliados. No debemos perder la esperanza.

       Azmoudez abrió la boca para decir algo, pero a último momento prefirió no hacerlo y se lo guardó para después. Discretamente, llevó la mirada hacia Asiont para observarlo en silencio. Era extraño, pero el aura que sentía en él no era tan poderosa. “No lo entiendo”, pensó. “¿Cómo es que este sujeto con tan poco poder pudo derrotar a ese Khan?”.

       De pronto, Sailor Uranus empezó a caminar hacia la rampa extendida con la clara intención de abordar la nave aliada. La Outer Senshi se detuvo un instante y miró a Ferrer por encima del hombro.

       —Sí haces tu mejor esfuerzo darás un paso para el mañana —se volvió hacia donde estaba Neptune—. No podemos permitir que esos sujetos hagan de las suyas.

       Sailor Neptune frunció el entrecejo con convicción y caminó hacia Uranus.

       —Defenderemos este planeta aun a costa de nuestras vidas.

       Uranus le rodeó el cuello con su brazo para atraerla hacia ella.

       —Eso no me importa porque sé que tú siempre estarás a mi lado —le dijo con ternura.

       Neptune apoyó su cabeza en el hombro de Uranus y luego ambas echaban a caminar hacia la nave.

       —Así es.

       Asiont miró la escena con los ojos ligeramente entornados. “Que buenas amigas son esas chicas”, pensó mientras un escalofrío recorría su cuerpo. “Aunque noto algo extraño en ellas”.

       En tanto, Sailor Healer levantó el cuerpo de Sailor Star Figther y se volvió hacia Sailor Moon y Tuxedo Kamen para anunciarles la decisión a la que había llegado luego de hablar con Meaker y la princesa Kakyuu.

       —Nosotras llevaremos el cuerpo de Seiya de regreso a nuestro planeta. Más tarde nos reuniremos con ustedes para ayudarlas a pelear en contra del nuevo enemigo.

       —¿Pero cómo van a encontrarnos, Sailor Healer? —les preguntó Sailor Mercury entre sorprendida e intrigada—. Supuestamente vamos a viajar a otra dimensión y… .

       Sailor Meaker le sonrió afablemente.

       —Descuida que nosotras sabremos qué hacer, Sailor Mercury.

       Sailor Moon se alejó de Tuxedo Kamen y se acercó a Healer, Meaker y la princesa Kakyuu con la intención de hacerlas cambiar de opinión. Se sentía preocupada por el inesperado giro que habían tomado su vida y deseaba con toda el alma que ya nada malo le ocurriera a las personas que amaba.

       —Esperen, por favor, quédense aquí —les suplicó—. Se los ruego.

       Sailor Star Healer la miró fijamente.

       —Nosotras ya hemos tomado nuestra decisión, Sailor Moon.

       Sailor Moon volvió el rostro hacia Kakyuu, pero la princesa bajó la mirada, dando a entender que aceptaba las intenciones de Healer y Meaker.

       —Princesa Kakyuu —la llamó Sailor Moon desesperada—. No deje que vayan, se lo suplico. No soportaría que algo malo les pasara ellas también.

       Kakyuu levantó la mirada levemente y sonrió. Su semblante rayaba entre la tristeza y la resignación.

       —Ellas ya han tomado una decisión, Sailor Moon. No creo que nada que pueda decirles las haga desistir.

       Asiont, por su parte, observaba a todas aquellas chicas sin entender todavía la relación existente entre ellas. Aunque todas parecían formar parte de un mismo equipo, había una gran independencia entre sus integrantes. Las llamadas Outer Senshi parecían querer mantenerse ajenas e incluso lejanas a las Inner Senshi y a las Sailors Star. Aquel era un detalle que llamaba su atención enormemente.

       —Bien —dijo Andrea, sacándolo de sus pensamientos—. Es hora de irnos —Se volvió un instante hacia donde estaba Jesús Ferrer para hacerle una advertencia—. Quiero que sepas que cuando lleguemos a la base de la Alianza te pondrán bajo arresto. Lo lamento, pero esa una decisión tomada por el Consejo.

       Jesús Ferrer respiró hondo. Aún podía pedirles que lo abandonaran en algún planeta que quedara camino al cuartel de la Alianza, pero sin todos sus poderes eso resultaría completamente inútil. No tenía opción. Sí de verdad quería ayudar a su padre y a Megazoar, entonces no tenía otro camino que aceptar las decisiones de los Aliados en lo que ganaba algo de tiempo para negociar un acuerdo de paz.

       —Está bien, está bien —asintió de mala gana—. Me someteré al juicio de genocidio, pero quiero que sepas que jamás aceptaré tus imputaciones. No soy el único culpable en todo esto y lo sabes mejor que nadie.

       —Tú estuviste a lado de mi hermano —replicó Andrea—. Lo ayudaste a crear las armas que usó para devastar muchos mundos, pero descuida… tendrás un juicio justo como Asiont te lo prometió.

       Josh miró a su señor y no pudo evitar sentir pena por los recientes acontecimientos. Ahora sólo le restaba esperar que los de la Alianza fueran más magnánimos con ellos que sus antiguos aliados de Abbadón.

       Uranus y Nepune caminaron por la rampa y comenzaron a subir. Andrea volvió la mirada hacia Asiont y le hizo un gesto con la cabeza, indicándole que ya era hora de partir. El Celestial asintió con la cabeza y luego la siguió mientras pensaba en el incierto futuro que les aguardaba a todos.

       Tuxedo Kamen alargó su brazo para rodear a Sailor Moon por los hombros y conducirla hasta la rampa. Sailor Venus, por su parte, lanzó un breve vistazo hacia donde estaba Ferrer y Josh antes de seguir a Mars, Jupiter y Mercury, quienes ya estaban empezando a caminar. Jesús y Josh fueron los siguientes. Estos subieron a la rampa detrás de Sailor Saturn y Sailor Pluto en completo silencio.

       Los últimos en abordar fueron Azmoudez y Azrael, seguidos de cerca por Sailor Galaxia, quien se mostraba muy callada. Antes de que la rampa de la nave extraterrestre se cerrara, Galaxia se sujetó de una vigueta y se volvió hacia Healer, Meaker y la princesa Kakyuu, sus antiguas enemigas.

       —Tengan cuidado —les dijo.

       Healer la miró fijamente mientras la nave empezaba a elevarse lentamente.

       —Ustedes también.

       El Águila Real 5 se alejó de la azotea, dejando a Sailor Healer, Sailor Meaker y a la princesa Kakyuu en medio de la soledad. Finalmente la rampa se cerró, ocultando tras de sí a Sailor Galaxia. Instantes después, la nave espacial extraterrestre salió disparara hacia el horizonte.

       En la azotea del edificio, Sailor Healer, Sailor Meaker y la princesa Kakyuu vieron como la nave desaparecía en el cielo mientras sus pensamientos volaban hacia Sailor Moon y sus valerosas Sailor Senshi.

Santuario de Atena, Grecia
Casa de Virgo

       Aicila alcanzó a mover el brazo derecho algunos milímetros con bastante dificultad. No podía entenderlo, mucho menos creerlo. El último ataque de Shaka de Virgo los había inmovilizando y amenazaba con dejarlos completamente a su merced.

       —Esto no puede ser posible —murmuró la Khan, arrastrando las palabras—. ¿Cómo es posible que me hayas hecho esto, Santo de Virgo? Se supone que nosotros hemos sido entrenados para soportar los ataques mentales.

       Shaka los miró fijamente con sus relucientes ojos azules.

       —A pesar de sus poderes, he podido destruir su sentido del tacto —les dijo tranquilamente—. Ya no podrán pelear, ni usar sus poderes para atacarme.

       Kadena hizo un nuevo intento por mover las manos, pero fue inútil. Sus brazos estaban totalmente paralizados y ya no le respondían como deseaba. ¿Qué rayos era el Ten Bu HouRin?

       —¿Acaso esto es alguna especie de ataque mental? —preguntó Kadena en voz alta, mirando sus brazos con una fascinada mezcla de asombro y terror—. ¿Cómo es que puedes hacernos esto?

       Talión estaba irritado por no decir furioso. Sí el Santo de Virgo había estado planeando tenderles esa trampa desde que los había sentido entrar en su templo entonces había tenido éxito. Sus miembros estaban entumecidos y rígidos.

       —Esto no puede ser verdad —farfulló con odio—. Ese miserable nos dejó como sí fuéramos un conjunto de estatuas. Tenemos que derrotarlo de alguna manera para llegar hasta la cima.

       —¿Y cómo rayos lo haremos? —le preguntó Sombrío desde donde estaba—. Este miserable ya nos encantó con su maldito poder —Trató de dar un paso, pero fue inútil—. Maldición.

       Shaka les mostró una palma abierta con los dedos orientados hacia abajo.

       —Ahora les quitaré su sentido del olfato —amenazó—. Y continuaré hasta quitarles cada uno de sus cinco sentidos y convertirlos en cadáveres vivientes. Después, haré que sus corazones dejen de latir y así podrán transitar al otro mundo.

       Aicila apretó los dientes con un gran coraje. Debía actuar con rapidez o de lo contrario Shaka de Virgo les quitaría sus sentidos restantes y finalmente los liquidaría. Sólo tenía unos cuantos segundos para actuar, quizás menos.

       —No te lo permitiré, Santo de Oro —advirtió con dificultad, desplegando levemente un aura de luz que fue creciendo muy lentamente—. No dejaré que triunfes con este maldito truco.

       Shaka ni siquiera se inmutó.

       —No tiene caso luchar, mujer. No hay forma de que escapen de mi Ten Bu Hou Rin, Aicila —le aseguró el Santo con absoluta tranquilidad—. Dense por vencidos y resígnense a su destino —hizo una pausa y llevó sus ojos hacia un apartado rincón del templo que se encontraba dominado por las sombras—. Alguien acaba de entrar la Casa de Virgo muy sigilosamente.

       —Así es, Santo de Oro de Virgo —dijo una voz de repente—. He venido a derrotarte y a liberar a mis compañeros de tu poder. —La figura del líder de los guerreros Khans emergió lentamente de la oscuridad—. Soy Tiamat de Dragón.

       Shaka estaba un tanto desconcertado con la aparición de Tiamat. A diferencia de Sombrío, Talión y Kadena, en aquel Khan no podía percibir un cosmos. Llevó sus ojos hacia la Khan de la Arpía y confirmó la misma situación.

       —¡Es Tiamat! —advirtió Sombrío con un grito mientras una sonrisa iluminaba su rostro.

       —Vaya, vaya —murmuró el líder de los Khans malévolamente—. Con sólo verte puedo darme cuenta que posees el Araya Shiki. Admito que es algo excepcional para alguien que es un simple ser humano. Tu nivel de evolución espiritual es mucho más alto que el de los otros guerreros que defienden este Santuario.

       Shaka le sostuvo la mirada sin inmutarse.

       —¿De manera qué tú también sabes acerca del Araya Shiki? —le preguntó sin esperar respuesta—. Mejor conocido como el octavo sentido.

       El Khan del Dragón inclinó ligeramente la cabeza y asintió.

       —Si, se dice que el aura humana está constituida por los siete principios del hombre. Estos principios son: el cuerpo físico, el cuerpo astral, el prana, la mente instintiva, el intelecto, la mente astral y el espíritu. El aura es realmente una emanación de uno o varios de esos principios. Estas radiaciones son visibles a los sentidos psíquicos de ciertos individuos, algunas de las manifestaciones más intrascendentes del aura son visibles para personas poseedoras de facultades psíquicas mediocres. Son pocos los seres que pueden ver el aura de la mente espiritual, el aura del espíritu sólo es visible para quienes se han superado interiormente y que son mucho más evolucionados a la generalidad de la raza humana. El aura de los cinco principios inferiores es visible para muchos psíquicos. Sin embargo, aquellos que han alcanzado la esencia de su espíritu son los que han despertado el séptimo sentido.

       —Eso es verdad —convino Shaka—. Pero también existe el octavo sentido, el cual duerme en un lugar más profundo del cosmos que el séptimo sentido. Así que, generalmente, uno termina su vida sin conocer este poder. Cuando uno muere, todos sus sentidos, del primero al séptimo, desaparecen, entonces aparece el octavo sentido.

       Sombrío entornó la mirada y suspiró agobiado. Realmente se sentía incómodo con aquella plática tan elevada.

       —Híjole, no les entendí nada —murmuró preocupado, lanzando una mirada de soslayo hacia Talión que podía ser interpretada como una llamada de auxilio—. Siempre he sido un bruto para todo eso del aura y la energía

       —No necesitamos que nos lo digas, inútil —le recriminó Aicila con desprecio—. Siempre lo hemos sabido.

       Tiamat se cruzó de brazos y miró a Shaka, desafiante.

       —Sin duda tú debes ser el Santo de Oro más poderoso que existe en este Santuario. Bien. Eres más fuerte que Mu, Dohko o Shiryu, pero no te confíes sólo por eso. Debo confesarte que mi poder se encuentra más allá del noveno sentido y esto es gracias al poder del aureus.

       —Un mortal por sí solo no puede tener acceso a esa clase de poder —repuso Shaka, negándose a creer en las palabras del guerrero imperial—. ¿Cómo obtuviste el conocimiento del cosmos espiritual? Creí que sólo los dioses podían hacer uso de ese poder.

       El Khan del Dragón dejó escapar una leve sonrisa antes de hablar.

       —¿Quieres saberlo, Shaka? Bien, sí estás interesado, te lo diré entonces —hizo una pausa y dejó caer sus brazos a ambos costados—. Nosotros no pertenecemos a este mundo, ni a esta dimensión. Venimos de un universo diferente con la única finalidad de encontrar una de las doce gemas sagradas que pertenecen al Portal Estelar.

       —¿El Portal Estelar? —repitió el Santo de Virgo, intrigado—. ¿Eso qué tiene que ver en todo esto?

       —El Portal Estelar es un artefacto muy poderosa con la cual es posible viajar a cualquier dimensión. No importa el lugar, no importa el tiempo —continuó Tiamat—. Hace mucho tiempo, un antiguo guerrero atravesó el Portal Estelar y consiguió llegar hasta un universo donde obtuvo el conocimiento del aureus, o cosmos espiritual como tú lo llamarías. Para un mortal es imposible hacerse de este tipo de poder por si solo, pero pronto se descubrió que era posible hacerlo a través de alguien que haya tenido contacto con él.

       —Ahora entiendo —asintió Shaka, mirándolo fijamente sin siquiera parpadear—. Usando esa máquina uno de ustedes pudo tener acceso al cosmos espiritual y gracias a él saben utilizar ese poder, pero ¿qué hace una de las gemas que sirven para accionar ese artefacto en el Santuario de la diosa Atena?

       —Hace tiempo un grupo de cobardes determinó que el Portal Estelar sería muy peligroso sí llegaba a caer en las manos equivocadas —explicó el Khan del Dragón—. Por esta razón, uno de ellos retiró las gemas creyendo que así el Portal ya no funcionaría. Sin embargo su sorpresa fue mayor cuando descubrió que estaba equivocado. El Portal Estelar aún funcionaba, sólo que era imposible ir al mundo del cosmos espiritual. Decidido a evitar que algún ser nefasto llegará al mundo de la emanación y amenazará con apoderarse del universo entero, un sujeto de nombre Aristeo dispersó las gemas en doce dimensiones diferentes. Para vuestra desgracia, una de ella se llegó a este Santuario.

       Shaka juntó sus manos como sí se dispusiera a orar.

       —Ahora todo cobra sentido —murmuró en tono pensativo—. Una vez que obtengan esas gemas, se apodarán de su universo y las demás dimensiones existentes, ¿no es así, Tiamat? La forma del mal ha cambiado, pero la reconozco en ustedes. Deben rendirse ante mí ahora mismo, la violencia no será tolerada.

       —¿Rendirnos ante ti, Shaka?  —Tiamat rió maliciosamente en un susurro apenas audible—. Nosotros no somos el mal como tú lo afirmas. No somos malignos, tienes ante tus ojos a los futuros salvadores de todo el universo. Con nuestra guía, el imperio de Abbadón conquistará las galaxias y una nueva era de paz comenzará. Bajo nuestro dominio, las guerras y los conflictos terminarán para siempre.

       El Santo de Virgo lo miró fijamente y tras un instante, inclinó la cabeza en señal de deferencia.

       —Ustedes buscan el poder porque creen tener la verdad entre sus manos y en nombre de esa idea pretenden controlar el destino de todos los seres vivientes del universo. Tiamat, te doy una última oportunidad. Ríndete o serás exterminado.

       Tiamat dio un paso adelante inmediatamente, haciendo retumbar el suelo bajo sus pies y luego frunció la mirada.

       —Yo no te daré ninguna oportunidad, Shaka.

       De pronto, un aura dorada comenzó a rodear todo el cuerpo del Santo de Oro, la cual fue incrementándose más y más a cada momento. Al ver aquello, Tiamat liberó su poder y se preparó para combatir con todas sus fuerzas. El Khan sabía que los Celestiales y los otros Santos dorados que aún quedaban con vida no tardarían en alcanzarlos. Juntó sus muñecas, exhibiendo sus palmas abiertas de manera horizontal.

       —Se dice que en el pasado Tiamat fue un dragón muy poderoso —comenzó a decir mientras elevaba su aura a la misma velocidad que la de su rival—, y que para vencerlo se necesitó de la fuerza de tres dioses. ¿Crees que puedas reunir semejante poder, Shaka?

       Pero Shaka ignoró por completo las amenazas de su adversario y elevó su aura al nivel máximo. Usando la fuerza total de su cosmos, el Santo de Virgo se dispuso a ser el primero en atacar.

       —Destruiré tus sentidos, guerrero Khan… ¡Ten Bu Hou Rin! (El Tesoro del Cielo)

       Cuando Tiamat vio la intensa luz que el cuerpo del Santo de Virgo emanaba, supo que el momento de pelear había llegado. Dando un fuerte grito, el Khan liberó todo el poder oculto en su cuerpo; sus cabellos se izaron por encima de su cabeza y se tornaron blancos por una fracción de segundo. Sombrío alzó ambas cejas con sorpresa al contemplar aquel extraño fenómeno.

       —¡Usaré todo mi poder en este ataque! ¡Hell Destruction!

       Un meteorito de luz salió de las manos del guerrero imperial y atravesó el aire velozmente. Cuando los poderes de ambos guerreros chocaron entre sí, se produjo un potente estallido que cimbró por completo todo el Santuario de Atena provocando el sobresalto de todos los que ahí se encontraban.

Casa de Aries.

       Seiya se detuvo un momento y alzó la mirada hacia la cima del Santuario. Un cosmos muy poderoso había hecho explosión y la sensación venía directamente desde el templo de Virgo. ¿Acaso Shaka de Virgo había utilizado su máximo poder? Sí era así como parecía, entonces solamente podía significar una cosa: los Khans habían llegado al sexto templo.

       —Ese cosmos… —murmuró lentamente—. Estoy seguro de haberlo percibido antes.

       Dohko llevó su mirada hacia él.

       —Tienes razón, Seiya, este es el cosmos de Shaka de Virgo.

       Eclipse, Dai y Ranma pusieron cara de no entender nada.

       —¿De quién es esta aura tan intensa? —se preguntó Cadmio en voz baja—. Es un poder tremendo, de hecho es más intenso que el de muchos Celestiales que he conocido en el pasado.

       —¿Shaka de Virgo? —repitió Astroboy, volviendo la cara hacia Cadmio—. ¿Quién es él?

       Seiya se volvió hacia él.

       —Shaka es conocido como el Santo de Oro más cercano a un dios. Su cosmos es realmente poderoso. Tal parece que esos sujetos han conseguido llegar hasta el sexto templo de Virgo.

       Cadmio se golpeó una palma con el puño. Realmente ya estaba harto de andarse con precauciones.

       —Suficiente, iré ahora mismo hacia donde se encuentran los Khans —declaró, desplegando su aura y lanzado ráfagas de aire a su alrededor—. No puedo esperar un segundo más.

       —Bien dicho —convino Ranma con el apoyo de Ryoga y Moose—. Vayamos todo de inmediato hacia donde se encuentran esos miserables. Estoy ansioso por ponerle las manos encima a ese maldito de Sombrío.

       —Oye, espera un segundo —Seiya se acercó a Cadmio—. ¿Cómo llegarás hasta donde ellos se encuentran? Ten en cuenta que aún tenemos mucho camino por recorrer.

       El Celestial lo miró con evidente malestar.

       —¿No me digas que no saben como volar? —les inquirió aún a sabiendas de cual iba a ser su respuesta—. No puedo creerlo, tienen tanto poder y no sabes como volar por los aires.

       Casiopea desplegó su aura.

       —No tenemos tiempo que perder —anunció volviendo el rostro hacia los Santos—. Seiya, Dohko, confíen en mi. Cadmio los llevará hasta la cima —hizo una pausa y se volvió hacia la princesa Leona que aguardaba junto a sus amigos Dai y Poppu—. Leona, quédate con ellos.

       La soberana de Papunika asintió con la cabeza.

       —Oigan, ¿de qué se trata todo esto? —preguntó Seiya desconcertado—. ¿Qué es lo que quieren hacer?

       Como respuesta, Cadmio extendió una mano con la palma orientada hacia él y Dohko. De pronto una esfera de luz roja empezó a envolverlos, sorprendiéndolos.

       —¿Qué es esto? —inquirió Seiya, recorriendo con sus palmas la tenue superficie de la esfera de luz que se cerraba sobre sus cabezas—. ¿Qué van a hacernos?

       El guerrero bajó su mano.

       —Los llevaré hasta la cima en esta esfera de luz. —Se volvió hacia Ranma, Ryoga, Moose, Dai, Poppu, Leona y Hyunkel, extendiendo su otra mano—. Ustedes también quédense quietos.

       Una vez que la segunda esfera de luz rojiza terminó de cerrarse en torno a ellos, Dai comprendió que la hora de luchar al fin había llegado. Se llevó la mano a la espada y la desenfundó de un solo movimiento.

       Astro encendió sus cohetes y se elevó en el aire para colocarse junto a Cadmio; Casiopea, a su vez, llevó su rostro hacia donde estaban Eclipse y Lance y luego se elevó en el aire. El Espía Estelar, por su parte, activó su mochila jet y se elevó de un salto seguido por Lance.

       —Esto es… fascinante —murmuró Dohko mientras la esfera empezaba a ascender por los aires—. Tiamat bloqueó el cosmos de Atena que evitaba trasladarse por las Doce Casas por otra forma que no fuera caminando y… .

       Dohko no alcanzó a terminar la frase. Algo malo había pasado en el templo de Virgo y lo sabía. Seiya frunció el entrecejo y alzó los ojos con desconfianza; al igual que el maestro de Libra, él también había percibido como el cosmos de Shaka se hacía más y más pequeño a cada momento, amenazando con desaparecer.

Casa de Virgo.

       Cuando Shaka era joven y aún vivía en la India, éste solía entablar largas charlas con Buda mientras oraba y meditaba por horas en completa soledad. En una de sus muchas conversaciones, Shaka recordó que Buda le dijo que la muerte no tenía porque ser un estado permanente ya que en el pasado las personas santas sobrepasaban la muerte y sí algún día él llegaba a entender eso, entonces se volvería casi un dios.

       Una vez que la explosión de luz desapareció por completo, Aicila y los demás descubrieron que nuevamente podían moverse. El efecto del ataque del Santo dorado había desaparecido.

       —¿Qué diablos fue lo que sucedió? —preguntó Talión mirando sus manos—. ¿Tiamat finalmente derrotó a ese condenado de Shaka?

       Sombrío estiró los brazos hacia arriba como sí se acabara de levantarse. Realmente era bueno volver a moverse.

       —Ahora sí —musitó amenazadoramente, buscando a Shaka con la mirada—. Déjenme a ese Santo de Oro unos segundos y yo me encargo de darle lo que se merece.

       —No será necesario —dijo Aicila, llamando su atención—. Miren allí enfrente.

       Cuando Sombrío y Kadena llevaron sus ojos hacia donde la Khan les indicaba, ambos descubrieron a Shaka de Virgo, herido mortalmente. Llevaba su armadura dorada rasgada levemente y un hilo de sangre corría por su rostro.

       —Las flores se abren y luego se marchitan —comenzó a decir el Santo de Virgo—. Las estrellas brillan y tarde o temprano se apagan. Todos, tanto esta tierra como el sol, la vía láctea… .

       Sombrío entornó la mirada y bajó la cabeza.

       —¿Qué rayos es lo que dice? ¿Acaso se le botó un tornillo y varias tuercas?

       —Aún este universo que está creciendo, tarde o temprano su tiempo de morir llegará y comparado con estas cosas, la vida humana es insignificante —continuó Shaka sin prestar la menor atención a sus enemigos—. En un pequeño instante, el hombre nace, ama a alguien, odia a alguien… .

       Sombrío se acercó unos centímetros a Kadena para susurrarle.

       —Yo lo odio a él por hablar de esa manera.

       —… se ríe, llora; lucha y es herido; siente alegría y siente tristeza; Y al final, es cubierto con el sueño eterno llamado muerte… .

       Tras decir esas palabras, el Santo de Oro Shaka de Virgo cayó de espaldas al suelo. Cerró los ojos, dejó escapar un último suspiró y murió. Después de presenciar el final del aquel guerrero, Tiamat avanzó unos pasos y examinó el cuerpo de Shaka para comprobar si en verdad estaba muerto.

       —Este sujeto realmente era fuerte, es una lástima que hay tenido que matarlo. Hubiera sido un excelente aliado.

       Talión frunció el entrecejo con enfado.

       —¿No me digas que te simpatizaba?

       El Khan del Dragón se volvió sobre su hombro.

       —Poseía un alto nivel espiritual —le informó —. Eso es algo que un pedazo de basura como tú jamás poseerá.

       Talión apretó los puños con rabia. Aunque Tiamat fuera su líder en el fondo lo detestaba con todas sus fuerzas. Quizás sí el Khan del Dragón no fuera tan fuerte, le hubiera atacado por la espalda en ese instante, pero para su desgracia hacer eso equivaldría a ser destruido.

       Mientras el Khan del Dragón examinaba el cadáver de Shaka con cuidado, Sombrío no dejaba de preguntarse sobre la extraña transformación que había sufrido Tiamat antes de usar su Hell Destruction. Todo había sucedido en una fracción de segundo, pero aún así había podido darse cuenta de lo ocurrido.

       —Por unos momentos el cabello de Tiamat se volvió blanco —musitó sin dejar de mirar con extrañes al líder de los Khans—. Fue una manifestación de energía bastante extraña. ¿Qué clase de técnica habrá usado para hacer eso? Sin embargo, lo más curioso del asunto es que su armadura de batalla también parecía haberse iluminado con esa extraña luz. No recuerdo que ningún otro Khan pueda hacer algo como eso.

       De pronto, la alarma en los escáneres visuales de Kadena y Sombrío se encendieron de golpe. Era un aviso de que Seiya, Dohko y los demás guerreros se estaban acercando rápidamente a su posición.

       —Capto dieciséis presencias que vienen acercándose —informó Kadena rápidamente—. Los niveles de combate son muy variables. Algunos son poderosos y otros no.

       —Y yo detecto ocho presencias más en camino hacia la cima —añadió Sombrío mientras diversos símbolos aparecían continuamente en el visor de su escáner—. Vaya, tal parece que estamos en desventaja numérica.

       —¿Acaso se trata de más Santos? —preguntó Talión sin dirigirse a nadie en especifico—. Hace poco cuando estábamos a punto de llegar al templo de Leo, comenzamos a percibir la existencia de muchas presencias que se dirigían hacia el Santuario.

       Tiamat llevó su rostro hacia Aicila y luego alzó un brazo para señalarla.

       —Comunícate con la nave y ordénales que manden tres escuadrones de shadow troopers de elite y a varios androides de combate —le dijo con voz firme—. Diles también que se reúnan con nosotros en la cima de la montaña. No impedirán que obtengamos la gema sagrada de “Lamed”.

       La Khan de la Arpía asintió y accionó su escáner, acatando la orden de Tiamat.

       —Los demás prepárense para combatir —les ordenó el Khan del Dragón—. No podemos permitir que esos Santos interfieran con nuestra misión. Debemos tomar la gema a cualquier costo.

       Talión, Sombrío y Kadena asintieron con la cabeza y a continuación desplegaron sus auras uno tras otro. Aicila, por su parte, apagó su escáner y tras un momento, desplegó su aura también.

       Tiamat hizo lo mismo. Con un salto en el aire, el líder de los guerreros de Abbadón alzó su puño hacia arriba, lanzando una ráfaga de energía para abrir un agujero en el techo del templo de Virgo. Instantes después, todos los guerreros imperiales abandonaron la sexta Casa de Virgo y se dirigieron volando hacia el Salón del Gran Maestro.

Armagedón (Cámara del trono)

       N´astarith se encontraba en la sala del trono imperial en estado de meditación. Luego de hablar con Bal sobre los recuerdos que éste había obtenido de la mente de Galford antes de liquidarlo, el emperador abbadonita estaba tratando de ubicar la presencia de sus guerreras perdidas.

       Según Bal, Jesús Ferrer las había lanzado a otra dimensión para librarse de ellas, obteniendo con esto una de las doce gemas sagradas. De una cosa podía estar seguro, le ajustaría las cuentas a los traidores llegado el momento, pero eso podía esperar un poco.

       Frunció el entrecejo. Localizar a sus guerreras desaparecidas no sería una labor fácil. Sin embargo, él era el representante del Amo de las Tinieblas en aquel universo y ese nombramiento le proporcionaba ciertas ventajas que no todos los seres negativos de su universo poseían.

       Se decía que el Amo de las Tinieblas era la fuerza maligna más poderosa de todas y que tenía un representante especial con él cual mantenía un contacto directo en cada universo. A cambio de obediencia y completa sumisión, el Amo de las Tinieblas otorgaba ciertos dones como el la inmortalidad, el poder y el mando sobre algunas legiones de demonios.

       N´astarith era uno de los representantes del mal más fieles y por varias razones el Amo de las Tinieblas lo tenía en alta estima. El pacto que el amo de Abbadon mantenía con las fuerzas del mal había aumentados sus capacidades astrales, psíquicas y espirituales a los más altos niveles, y esto le daba la habilidad de establecer un lazo astral con todos sus guerreros.

       Debido a esto, N´astarith podía saber el momento exacto en que cada uno de ellos dejaba de existir; gracias a esa habilidad había podido sentir las muertes de Lilith y Sepultura a pesar de que estos se encontraban en diferentes partes. Ahora ese lazo le ayudaría a encontrar a Eneri, Suzú y Liria. No importaba donde se encontrarán; no importaba el tiempo o la dimensión.

       De pronto, una enorme llamarada apareció frente al oscuro señor de Abbadón. Se trataba de una manifestación física del Amo de las Tinieblas.

       —N´astarith… N´astarith… —la voz se oía distante, como si viniera de algún lejano lugar. Lentamente, las flamas tomaron la forma de una abominable criatura sacada del mismo infierno—. Hijo mío… .

       —Amo de las Tinieblas, deseo encontrar a mis guerreras pérdidas —le dijo N´astarith respetuosamente—. Ellas fueron traicionadas por ese miserable de Jesús Ferrer y se encuentran perdidas.

       El Amo de las Tinieblas dejó escapar una leve sonrisa de satisfacción.

       —Lo habéis hecho muy bien, hijo mío —lo felicitó—. Muy pronto, no sólo este universos, sino todos  me pertenecerán y tú serás recompensado por tu labor, erigiéndote como amo y señor de la Existencia.

       —Sólo deseo servios, Amo de las Tinieblas.

       La demoníaca figura llameante abrió una de sus manos mostrando su palma vacía a N´astarith.

       —Traeré a tus guerreras perdidas de regresó a tu presencia —la mano del Amo de las Tinieblas emitió un oscuro resplandor y tras un instante, las Khans extraviadas aparecieron a un costado de N´astarith.

       —¿Qué fue lo que paso? —preguntó Eneri, mirando todo a su alrededor con incertidumbre—. Según recuerdo, ese miserable de Jesús Ferrer no mandó a otro universo con sus poderes. ¿Dónde estamos ahora?

       Liria iba a hacer un comentario referente a eso cuando se dio cuenta que se encontraba frente a su emperador y al todopoderoso Amo de las Tinieblas.

       —Gran señor —dijo la Khan de la Naturaleza, hincándose temerosamente y agachando la cabeza hasta casi tocar el piso con la frente—. Debí suponer que solo usted podría habernos traído de vuelta.

       Eneri y Suzú no tardaron ni un segundo en imitar a su compañera. El simple hecho de estar ante la presencia de N´astarith cuando éste hablaba con el Amo de las Tinieblas era considerado un gran honor al que no todos tenían derecho.

       El amo de Abbadón dejó escapar una sonrisa, sintiéndose muy complacido. Se volvió hacia la figura demoníaca para agradecerle por el favor recibido.

       —Te lo agradezco, mi señor.

       —Debes tener cuidado, N´astarith —le previno el Amo de las Tinieblas—. Tus enemigos están reuniendo aliados en los doce universo donde se encuentran las gemas sagradas. Algunos de ellos no son muy poderosos, pero poseen un corazón valeroso y mucha determinación. Podrían provocarte serios problemas.

       N´astarith lo miró fijamente.

       —Lo tendré en cuenta, mi señor.

       La demoníaca figura llameante sonrió con entera satisfacción y, tras un instante, desapareció. Una vez que el Amo de las Tinieblas se hubo ido, una llama maléfica iluminó los ojos rojos de N´astarith.

       —Los Caballeros Celestiales no significan nada para mí —murmuró en voz baja mientras las guerreras Khan lo escuchaban sin atreverse a levantar sus cabezas—. Eso no tiene la menor importancia. Extenderé mi dominio hacia todos los universos. Haré de mi persona el único dios. Y entonces… .

       —¿Y entonces, mi señor? —le preguntó Eneri, alzando la mirada levemente.

       Pero N´astarith sólo sonrió, mirando hacia el frente. Se notó que cuando hizo eso, la ambición era como una fría luz en su semblante.

Continuará… .

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