Leyenda 126

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO CXXVI

KÁISER VS. KÁISER; UNA BATALLA INCONCEBIBLE

         Astronave Churubusco (Sala de esparcimiento)

         —¿Ya vas a mover? —preguntó Rina con un bostezo.

         Asiont tomó uno de los peones y lo adelantó dos espacios. Sailor Mercury respondió moviendo un caballo para proteger a uno de sus alfiles y enseguida levantó la mirada del tablero. Rina observaba la partida sintiéndose profundamente aburrida mientras que Shirufiru y Ameria seguían los movimientos de las diferentes piezas con sumo interés. Asiont había empezado a comprender que el ajedrez era un juego que exigía una total concentración. Cada movimiento debía pensarlo con sumo cuidado antes de ejecutarlo. Con absoluta tranquilidad, Ami se inclinó hacia delante para comer un alfil usando un peón, movimiento que ponía la partida a su merced.

         —Me parece que tienes la mente en otro lugar —observó la Sailor Senshi.

         —De hecho es así —reconoció Asiont—. He tratado de distraerme con este juego, pero no logró dejar de pensar en ciertos problemas que no me dejan tranquilo. 

         —¿Qué tipo de problemas? —preguntó Rina, ansiosa de hablar de cualquier otra cosa que no fuera el tedioso juego del ajedrez—. Shirufiru es experta en dar consejos, eso lo sé por experiencia propia.

         —No exageres —musitó Shirufiru entre molesta y halagada.

         Asiont tomó entre sus dedos un caballo y empezó a juguetear con él.

         —Bueno, lo que ocurre es que me enteré de algo importante, pero no sé cómo decírselo a mis amigos.

         —¿Por qué no sabes? —Ami lo observó con preocupación—. ¿Es que no se tienen confianza entre ustedes? Los amigos saben que pueden hablar entre ellos con sinceridad sin que haya ningún problema. ¿No confías en tus amigos o ellos no confían en ti?

         Asiont sonrió.

         —No es tan simple como parece.

         —Tu amiga tiene razón —dijo Ameria con entusiasmo—. Los amigos están para apoyarse.

         —Ojalá Saulo y los otros pensaran de la misma forma —murmuró Asiont—. Pero supongo que no tiene caso retardar algo que sabrán de todas formas. Sólo quisiera que dejaran de lado sus rivalidades.

         Ameria esbozó una sonrisa y le tomó del brazo.

         —Ten más confianza, estoy segura que todo saldrá bien.

         El Celestial alargó una mano para tomar otra pieza. Ami y Ameria tenían toda la razón. Debía aprender a confiar más en Saulo y los otros y contarles todo lo que Jesús Ferrer le había dicho antes de irse. Estaba por decir algo cuando percibió una poderosa energía de aureus en un lugar distante. Era una fuerza increíble que no había sentido ni siquiera en presencia de Aristeo. Ante la sorpresa de todos, Asiont levantó la cabeza, mirando hacia el vacío.

         —¿Qué ocurre, Asiont? —le preguntó Gaury, pero el Celestial no respondió.

         Planeta Niros.

         Del feroz infierno en el que se había convertido la aldea salían decenas de personas chillando y tratando de librarse desesperadamente de la muerte que los acechaba en todas partes. Los guerreros meganianos no mostraban piedad para con nadie. El viento expandía el incendio con rapidez. May-ra alzó sus manos al frente y lanzó una tormenta de bolas de fuego contra una pequeña choza que se quemó rápidamente. Entretanto, Dead-Eye utilizó su mortal técnica Fury of the Earth para provocar enormes grietas que destruían todo a medida que se extendían rápidamente por el suelo.

         —¡Mueran, malditas alimañas! —gritó el Guerrero de la Tierra.

         —¡Quémenlo todo! —vociferó May-ra.

         Darkman descubrió a un jovenzuelo que trataba de esconderse detrás de unas rocas y frunció una sonrisa siniestra. El meganiano alzó su puño recubierto de escarcha hacia atrás y luego lo llevó hacia delante, descargando una ventisca de aire congelado contra el chico que suplicaba inútilmente por su vida. El muchacho quedó congelado en vida, mirando con un horror ciego y confuso, como sí se preguntara por qué tenía que morir de aquella forma.

         Axe y Arrow, que se encontraban en el centro de la aldea, observaron como Alyath ayudaba a escapar a una mujer que llevaba de la mano a un niño pequeño y a un par de viejecitos. El Guerrero del Hacha frunció el entrecejo y blandió una de sus hachas de guerra al tiempo que soltaba un potente grito de furia. Alyath se volvió hacia los meganianos y se dispuso a enfrentarlos.

         —¡Chiquilla tonta! —bramó el imponente meganiano—. ¿Crees que puedes oponerte a los poderosos guerreros de la Casa Real de Megazoar? Nadie podrá salvarte de la furia del invencible Axe.

         —No me interesa quién seas, grandote —repuso Alyath—. No permitiré que mates a nadie más. Sí deseas lastimar a esta gente primero deberás pasar por encima de mi cadáver.

         —Eso es algo sumamente sencillo —dijo Axe malévolamente. El meganiano levantó sus poderosos brazos y arrojó las enormes hachas de guerra con la intención de decapitar a Alyath. Las hachas estuvieron a escasos centímetros de cumplir con su cometido, pero una figura apareció de un salto, aterrizó en el suelo y rechazó el ataque usando la espada del rayo.

         —¿Qué? —murmuró Axe, confundido—. ¿Quién es?

         Alyath notó que todos los guerreros meganianos se mostraban bastante sorprendidos. Arrow, Dead-Eye, May-ra y Darkman intercambiaron miradas entre sí. Axe se quedó paralizado por el rostro que estaba contemplando. En medio del campo de batalla en que se había convertido aquella aldea estaba el último príncipe de Megazoar. Bajo la luz de las llamas, los guerreros meganianos detuvieron todos sus ataques y se volvieron hacia Jesús Ferrer. Un relámpago brilló en los cielos y un trueno resonó por todo el valle.

         —¿Príncipe Jesús? —gruñó Axe.

         —Tengo que reconocer que los rumores sobre tu estupidez no fueron exagerados, Axe —dijo Jesús con desdén—. Pero eso no era todo en lo que estaba errado con respecto a ustedes, ¿no es cierto? El juramento de lealtad que le hicieron a mi familia y al planeta Megazoar nunca fue genuino.

         Los guerreros meganianos formaron un círculo alrededor del príncipe y comenzaron a acercarse. Desde las colinas que rodeaban la aldea, Allus, Isótopo y Zura observaban todo con atención. El Khan de Caribidis se volvió de nuevo hacia sus acompañantes.

         —Les dije que tarde o temprano aparecería. Ahora es cuando comienza la verdadera diversión.

         —No recuerdo que tuviera el cabello de ese color —observó Isótopo.

         —Es una característica de los guerreros que usan el aureus —explicó Allus.

         Zura miró al Khan, sin entender a qué se refería.

         —Pronto lo entenderán —se limitó a decir el Khan.

         En la aldea, Jesús observaba a los guerreros meganianos. “¿Por qué no han venido Zura e Isótopo?”, pensó. “¿Qué estarán planeando? Ese Khan tampoco parece querer atacarme”. Se aseguró de mantener los ojos bien abiertos y mirar en todas direcciones mientras sus enemigos se acercaban y se detenían a un par de metros de él.

         —Así que al fin decidió mostrarse, alteza —dijo Dead-Eye con sorna—. Era lógico pensar que sí atacábamos la aldea, usted saldría de su escondite para defender a estos primitivos. Todo salió justo como lo habíamos planeado.

         Jesús observó fijamente a los guerreros que lo rodeaban y luego volvió la mirada por encima del hombro para hablar con Alyath.

         —Será mejor que te marches cuanto antes. Ultimecia se encuentra por aquí también ayudando a los aldeanos. Quiero que la busques y luego todos huyan lo más lejos posible. Las cosas se podrán bastante feas.

         La chica asintió con la cabeza y se fue corriendo.

         —Que benevolente se ha vuelto, príncipe —se burló Dead-Eye—. Recuerdo que cuando combatimos en la guerra contra los endorianos, usted siempre nos ordenó liquidar a todas las personas sin importar si se trataban de mujeres y niños. En ese entonces solía admirarlo por su determinación.

         —A diferencia de ti, Dead-Eye, yo no me enorgullezco de haber matado a tantas personas en el pasado o de destruir mundo enteros —le replicó Jesús con desprecio—. He cambiado desde entonces y ahora veo las cosas con mayor claridad. Lo malo es que no puedo esperar que sujetos que no conocen el significado de la lealtad me entiendan.

         —¡No te atrevas a hablar de lealtad! —exclamó May-ra—. Tu padre traicionó al emperador N´astarith y eso causó la destrucción de nuestro mundo. Gracias a su padre estuvimos a punto de morir, pero los Guerreros de la Casa Real escogimos vivir en lugar de aceptar el miserable destino al que tu padre quiso condenarnos.

         —Eso es verdad —intervino Darkman sin alzar la voz—. N´astarith deseaba compartir su poder con los meganianos, pero tu padre lo echó todo a perder. ¿Y por qué? Únicamente para proteger a su estúpido hijo, el cual creyó que podría traicionar a los abbadonitas sin que nada malo ocurriese. No le importaron las consecuencias que sus acciones producirían.

         —¿Mis acciones? —escupió Jesús—. ¡N´astarith es un maldito! ¡Ha destruido toda la galaxia buscando el poder! ¡Él asesinó a millones de inocentes sin sentir el menor remordimiento!

         —Entendemos eso perfectamente, príncipe —dijo Arrow con aires de lamentar la situación por la que estaba pasando—. Pero nada de eso le importaba a usted ni a su padre al principio. De hecho, ¿no fue usted el que ayudó a José Zeiva a destruir muchos sistemas pacíficos e incluso a atacar otros universo? ¿No fue por culpa de usted que luego Megazoar se involucró en una guerra sangrienta con Endoria? Esos conflictos también causaron muchas muertes innecesarias y destruyeron muchos mundos. ¡Usted nos llevó a esas guerras!

         Temblando de furia, Jesús tomó aire.

         —Yo traté de detener a José en su momento… .

         —¿Lo intentó? —preguntó May-ra, alzando una ceja.

         Dead-Eye, rígido como una estatua, observó con su único ojo a Jesús.

         —Usted tal vez lo intentó, pero nunca tuvo el valor para hacer lo correcto. Debió matar a ese maldito terrestre cuando pudo hacerlo, pero lo dejó continuar con sus crímenes. Nosotros estamos cansados de pagar el precio de sus acciones inmaduras, de librar guerras por culpa de su familia. Ahora somos libres de elegir a quién servir. Esa es la libertad que N´astarith nos mostró.

         —N´astarith sólo los está utilizando —les aseguró Jesús—. Él manipuló la situación desde un principio para que llegáramos a esto. Cometí muchos errores en el pasado, pero eso no justifica que… .

         —¡Sólo dice puras tonterías! —exclamó May-ra, alzando ambos puños revestidos de llamas—. Está rehuyendo su responsabilidad y culpa a N´astarith de todos sus errores. Lo lamento, príncipe, pero estamos hartos de sus patéticas excusas.

         Jesús se despojó de su capa y la dejó caer al suelo lodoso. Entonces, de repente, un halo brillante surgió desde el interior del cuerpo del príncipe, que contempló a todos sus adversarios con una mirada feroz. Un sentimiento de incertidumbre se apoderó de los guerreros meganianos.

         —No soy el mismo de antes —declaró Jesús—. Ya no pueden hacerme frente.

         —Eso ya lo veremos, alteza —amenazó Dead-Eye mientras extendía ambas manos sobre el suelo para ejecutar su técnica—. Sabemos que usted es el guerrero legendario del que hablaron los antiguos, pero nos aseguraron que podríamos vencerlo sí luchamos todos juntos… ¡¡Fury of the Earth!! (Furia de la Tierra)

         La tierra comenzó a temblar con violencia. El suelo donde Jesús Ferrer estaba parado se abrió repentinamente. El príncipe se hundió en medio de una avalancha de rocas y tierra que lo cubrieron en cuestión de segundos. Dead-Eye dejó escapar una sonrisa maliciosa mientras pensaba que su ataque había conseguido herir a Jesús Ferrer. No le duró demasiado el gusto. El príncipe emergió de la destrucción, levitando en el aire con la cabeza agachada mientras las piedras que lo rodeaban se partían en pedazos debido al inmenso poder que despedía.

         Dead-Eye no podía dar crédito a lo que estaba viendo.

         —No puede ser…

         —Es… imposible —musitó Arrow.

         —Les dije que no podrían derrotarme —les recordó Jesús con frialdad—. Ahora será mi turno y no tendré piedad con ninguno de ustedes. Mi misión es terminar con las malignas ambiciones de N´astarith y sí para conseguirlo debo matarlos —hizo una pausa y levantó el rostro, mostrando una mirada fría e impasible—, entonces que así sea… ¡¡Holy Thunder!! (Trueno Sagrado)

         Con una poderosa expulsión de energía, Jesús fue capaz de lanzar hacia atrás a todos los guerreros meganianos que lo desafiaban. El Guerrero de la Tierra aún estaba tratando de averiguar a dónde se había ido el príncipe cuando escuchó un grito en las alturas que llamó su atención. Atacando con la velocidad de la luz, Jesús se dejó caer desde los cielos con su espada en lo alto. Dead-Eye lo vio venir, pero no tuvo tiempo para contraatacar o huir. El príncipe le asestó un poderoso mandoble con el que prácticamente lo partió en dos desde el cuello hasta la cintura. La sangre salpicó en todas direcciones.

         —¡Dead-Eye! —exclamó May-ra. La Guerrera del Fuego levantó las manos rápidamente y disparó decenas de bolas de fuego que surcaron el aire a una gran velocidad—. ¡Muere, príncipe! ¡¡Rocks of Fire!! (Rocas de Fuego)

         Los meteoros de fuego impactaron en Jesús Ferrer, arrancándole pedazos de su armadura y abriéndole heridas por todo el cuerpo. Darkman observó atónito que el príncipe se mantenía indemne a pesar de los ataques que recibía, como si el dolor no significara nada para él. De pronto, Jesús sujetó el cuerpo de Dead-Eye y lo usó a modo de escudo. La Guerrera del Fuego no cejó en sus ataques a pesar de que los letales meteoros llameantes estaban acribillando el cadáver de su compañero. Jesús extendió la mano derecha por encima del hombro de Dead-Eye y disparó una destellante esfera de luz contra la mujer. El disparo atravesó las entrañas de May-ra, matándola en el acto.

         —¡Maldita sea! —exclamó Arrow.

         Darkman no perdió el tiempo. Aprovechando su posición decidió usar su técnica especial Lances of Ice para poner fin a la pelea. Una mortal lluvia de estacas de hielo se abalanzó sobre Jesús Ferrer, pero ninguna de éstas pudo siquiera tocarlo. Todas las estacas se derretían a unos centímetros de tocar el cuerpo del príncipe, quien corrió directamente contra su atacante mientras despedía un aura resplandeciente que lo protegía de los ataques.

         —¡¡Ice Wall!! (Muro de Hielo) —exclamó Darkman, alzando ambos brazos.

         Un gigantesco témpano se interpuso en el camino del príncipe de Megazoar, pero éste lo destruyó con un solo golpe de su espada. Mientras la muralla gélida se desmoronaba sobre ambos contendientes, Jesús hundió la espada del rayo en el pecho de Darkman sin darle tiempo para defenderse y luego saltó hacia un costado para esquivar las letales hachas de guerra de Axe, que golpearon contra el suelo abriendo una enorme fisura. Antes de que el enorme guerrero pudiera realizar un nuevo y malicioso ataque, Jesús lo derribó con una andanada de golpes a la velocidad de la luz. Estaba listo para liquidarlo cuando una flecha de luz se clavó en su costado y lo obligó a caer al suelo. Cuando pudo levantar la mirada, el príncipe descubrió que Arrow caminaba hacia él mientras alistaba una nueva flecha luminosa.

         —No se preocupe en levantarse, alteza —dijo ella burlonamente—. Puedo golpearlo mientras esté en el suelo. Mis flechas son letales y muy precisas como puede darse cuenta, príncipe.

         Jesús se incorporó rápidamente, pero notó que algo raro le ocurría. Se sintió agotado por un instante y tuvo que hacer un esfuerzo para no desfallecer. Era como sí su cuerpo se negara a obedecerlo y tuviera problemas para respirar. La alarma de la computadora de la armadura de batalla meganiana se activó de súbito. “Alerta. Sistema cardiovascular en estado crítico”

         Arrow soltó una risilla malévola.

         —Así que el famoso guerrero de la leyenda no es tan poderoso como dicen —exclamó con tono triunfal.

         —¡Cállate!

         Aunando todas sus fuerzas, Jesús se sobrepuso a la repentina debilidad que lo abrumaba y atacó con la celeridad del rayo. Arrow recibió un puñetazo en el rostro con tal fuerza que la tiara que llevaba en la cabeza salió volando. La guerrera dejó caer su arco al suelo y quedó momentáneamente atontada por el golpe, lo cual aprovechó Jesús para tomarla con ambas manos y arrojarla contra las rocas. El príncipe se volvió hacia Darkman y extrajo la espada del cadáver del Guerrero del Agua.

         —¿Qué es lo que me pasa? —murmuró para sí.

         En la cima de una de las colinas, Allus contemplaba con indiferencia como los meganianos iban cayendo uno por uno. Ahora estaba convencido que el príncipe Jesús era demasiado poderoso para ser contenido por los Guerreros de la Casa Real. El Khan dirigió su mirada hacia Zura e Isótopo preguntándose a quién de los dos sería más conveniente enviar a la pelea, pero luego lo pensó mejor y decidió hacerse cargo del asunto personalmente. Ninguno de ellos dos podía ser un rival para el Guerrero Káiser de la leyenda.

         —Su poder no tiene límites —murmuró Isótopo con la garganta seca—. La leyenda es verdad. No existe nadie que pueda vencer al Guerrero Káiser. Lo mejor que podemos hacer es huir antes de que nos maten.

         Por su parte, Zura comenzó a experimentar de nuevo la misma serie de sensaciones y recuerdos que lo perseguían desde que había recuperado la conciencia al salir de la cápsula de recuperación. Sentía como sí aquella batalla le estuviera despertando algún suceso de otro pasado, de una vida que le hubiera sido arrancada de su memoria. Zura bajó la vista al suelo y trató de ordenar sus ideas.

         —Esto parece muy familiar, pero ¿por qué?

         Orión tomó la mano de su pequeño hijo y comenzó a andar.

         —Papá ¿crees que soy el elegido? —le preguntó el niño.

         El Caballero Celestial se arrodilló delante del chico y lo miró a los ojos.

         —Zura, eso lo sabrás cuando llegue el momento, pero siempre recuerda esto: no importa quién seas, yo siempre te amaré.

         —Espero que esto sea interesante —murmuró Zura—. Supongo que debe serlo ya que los Centinelas son algo que Él y Ella tomaron en cuenta.

         El aura que envolvía a Kay Namura se tornó más poderosa todavía. El suelo en donde el Centinela y Zura estaban parados comenzó a resquebrajarse. Kay Namura se irguió y miró a Zura en actitud desafiante.

         —Porque Él era originalmente un Centinela.

         Una chispa de interés se encendió en los ojos de Zura.

         —¿Ah, sí? —exclamó con sarcasmo—. No me digas.

         —Te lo digo, pero supongo que tú lo sabias —afirmó Kay Namura—. Los únicos ignorantes aquí son el resto de tus compañeros.

         Aquella lluvia de imágenes y conversaciones continuaron torturando la confundida mente de Zura. Por unos segundos, pareció como si el guerrero estuviera mentalmente en otra dimensión y sólo volvió en sí cuando escuchó la voz burlona de Allus de Caribdis.

         —El Guerrero Káiser enfrenta solo lo imposible. Me siento realmente conmovido —hizo una pausa y se pasó un dedo por la mejilla como sí se limpiara una lágrima—. Por fortuna esos momentos desaparecen rápidamente.

         —¿Qué es lo que haremos? —inquirió Isótopo sudando de nervios—. Es demasiado fuerte y poderoso para vencerlo. Aún sí lucháramos lo tres juntos no creo que pudiéramos ganarle. ¿Qué haremos, Allus? 

         —Ustedes esperen aquí hasta que los llame —les indicó el Khan—. Dead-Eye y los otros cumplieron perfectamente con su misión. Ahora es nuestro turno de intervenir para terminar con la batalla. Jesús Ferrer es el Káiser, pero he visto que sus habilidades son inmaduras.

         —¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Isótopo.

         Pero Allus respondió con silencio. Sacó su espada y comenzó a bajar la ladera en dirección al campo de batalla. Una sonrisa siniestra se dejó insinuar en los labios del Khan de Caribdis, que saboreaba de antemano la pelea que estaba por librar. Mientras Allus se alejaba, Zura volvió a fijar la vista en el rostro de Jesús Ferrer sin entender por qué éste le resultaba tan familiar.

         Astronave Churubusco (Sala de Entrenamientos)

         El príncipe Saulo había llamado a todos a la sala de entrenamientos. Trunks llegó caminando rápidamente, lo cual obligó a Kurinrin y a Yamcha a correr para no quedarse atrás. Los pasos de los santos de oro, plata y bronce resonaron por el pasillo que conducía a la enorme habitación. Casiopea y Lance habían recorrido un largo camino desde los laboratorios, pero aún así fueron de los primeros en llegar. Dai, Poppu, Leona, Marina estaban sentados en un amplio sillón, donde también estaban la reina Andrea y su hija Mariana. No.18 y Sailor Galaxia permanecían de pie mientras que otros, entre ellos Hikaru, Sailor Moon, Shampoo, Moose, Ranma, Ryoga y Astroboy, tomaban asiento. Vejita apareció por la puerta de entrada y su mirada atravesó a varios de los presentes como sí estos no existieran. Zacek, Lis-ek, Shilbalam, Zaboot, Uller y Areth ocuparon los lugares a espaldas de la gigantesca habitación de entrenamientos.

         —Ya están casi todos —observó Piccolo.

         —Sólo faltan Asiont, Sailor Mercury, Rina y sus hechiceros —señaló Eclipse.

         —Tampoco veo a Mu y a Saori —comentó Cadmio—. Tal vez Seiya o los otros santos puedan decirnos porque no vinieron. Imagino que debe haber pasado algo importante.

         —Oye, Piccolo —Kurinrin se acercó al guerrero nameku—. ¿En dónde está Son Gokuh? Creí que él estaba con ustedes, pero no lo veo por ninguna parte. ¿Acaso no ha llegado todavía? No me sorprendería que se hubiera perdido.

         —Es cierto, señor Piccolo —dijo Son Gohan—. ¿Acaso se fue a comer?

         Piccolo volvió la mirada hacia el chico.

         —Gokuh logró derrotar a uno de los Khans, pero por desgracia recibió graves heridas durante la pelea que sostuvimos. En estos momentos se encuentra en una cámara de recuperación y tardará un poco en sanar sus heridas.

         —¿Qué? —exclamó Gohan parpadeando varias veces.

         —¿Gokuh logró vencer a uno de los Khans? —inquirió Kurinrin con asombro.

         —No cabe duda que Gokuh es genial —dijo Yamcha—. Sabía que sí él peleaba de nuestra parte lograríamos derrotar a esos miserable. Espero que pronto se recupere para que vuelva con nosotros lo antes posible.

         Un ruido de pasos anunció que se acercaba gente. Asiont, Sailor Mercury, Rina, Ameria, Shirufiru y el resto de los Slayers entraron en la estancia para unirse a los demás. Habían estado conversando en la sala de esparcimiento cuando el comunicador de Asiont le indicó, mediante un breve mensaje de texto, que sus amigos lo estaban buscando y que debía dirigirse a la sala de entrenamientos. Apenas pasaron el umbral de la puerta, Cadmio se dirigió hacia Asiont para reclamarle.

         —¿Se puede saber dónde estabas?

         —Oye, tranquilo —repuso Asiont—. Simplemente estaba descansando un poco.

         Cadmio posó sobre él una mirada hostil.

         —¿Y cuando pensabas contarnos que Jesús Ferrer es el Guerrero Káiser? No sé a qué diablos estás jugando, Asiont, pero antes de perderte por ahí con tu amiguita Mercury y Rina deberías recordar que estamos en guerra.

         —No metas a Sailor Mercury en esto —le advirtió Asiont en un tono seco y cortante—. Sí, estamos en guerra, pero no por eso voy a estar pensando en batallas todo el tiempo. Quizá no lo sepas, pero también tengo ganas de pasar un rato haciendo otras cosas.

         —Veo que sigues siendo el mismo de siempre —se burló Cadmio—. Sólo piensas en lo que a ti te interesa y te importa un comino el resto. ¿Por qué no nos dijiste de inmediato lo que Jesús Ferrer les contó a ti y a Areth?

         —Porque no sabía cómo iban a tomar la noticia —replicó Asiont—. Pero parece que Areth les dijo todo según veo. Supongo que Saulo debe haberse molestado bastante, ¿no es cierto?

         —Supones bastante bien —resopló Cadmio.

         Zacek seguía esperando a que Saulo comenzara a hablar; Uller se volvió hacia él y tras permanecer unos breves instantes en silencio, dijo:

         —Sí los ejércitos de la Alianza del Mal se unen a los de N´astarith, nos encontraremos en una situación verdaderamente crítica. Asura seguramente querrá aprovechar la ocasión para derrotarnos y no dejará pasar la oportunidad por nada del universo. 

         —Lo sé, Uller, eso me tiene pensando desde que regresaste del mundo de Rina Inbaasu —asintió Zacek—. Temía que algo así ocurriese mientras estuviéramos en este universo. No es la primera vez que Asura emplea este tipo de estrategia y me preocupa que decida atacar la Tierra de nuestra dimensión. Como la mayor parte de los Transformables y cazas Tao se encuentran aquí, nuestras fuerzas tendrían serias dificultades para repeler un ataque de los metnalitas.

         —Bórax insinuó que Asura pronto vendría a esta realidad —murmuró Uller—. Pero también me preocupa eso que dijiste sobre nuestra Tierra. ¿Crees que decidan hacerlo para obligarnos a dejar esta dimensión?

         —Es una posibilidad que no podemos descartar, aunque también podrían combinar sus fuerzas para derrotar a la Alianza Estelar y luego N´astarith le devolvería el favor a Asura atacando a la GAU. Sea cual sea su plan, todo parece indicar que se avecinan tiempos muy difíciles.

         Tras escuchar aquellas palabras, Uller guardó silencio. Desde el centro de la habitación, Saulo reclamó con un gesto la atención de los presentes, y cuando vio que todos lo escuchaban procedió a explicar el motivo de la reunión.

         —Amigo, los he mandado llamar porque tengo que darles un aviso de suma importancia —empezó Saulo—. Hace poco les contamos acerca del Portal Estelar y la leyenda de Dilmun en la cual se hace mención sobre un misterioso guerrero con el poder para destruir el mal. Este guerrero ha resultado ser el príncipe Jesús Ferrer de Megazoar. No voy a mentirles diciendo que me siento feliz con la noticia. Para mí Jesús Ferrer es el hombre que traicionó y asesinó a mi padre, pero… .

         —Príncipe —interrumpió un soldado vretanio que acababa de aparecer por la puerta—. Hemos recibido un mensaje del príncipe Jesús Ferrer proveniente del planeta Niros.

         —¿El planeta Niros? —murmuró Cadmio.

         El soldado se explicó con mayor claridad.

         —En estos momentos el príncipe Jesús Ferrer se encuentra luchando solo en contra de varios guerreros enemigos entre los que se encuentra un Khan. Nos pidió que les avisáramos lo que estaba ocurriendo en Niros y que él estaría peleando hasta que llegara ayuda. El almirante Cariolano ya tiene lista una nave Águila Real para partir en cuanto estén listos. Los meganianos están alistando todo un grupo de combate para dirigirse al planeta Niros.

         —Tenemos que ayudar al príncipe Ferrer —dijo Azmoudez, mostrándose muy nervioso—. Aunque él sea muy poderoso no podemos dejarlo solo.

         Sailor Jupiter se levantó de su asiento.

         —Azmoudez tiene razón, debemos ir a ayudarlo.

         —Oigan, esperen un segundo —exclamó Rina Inbaasu—. ¿De qué están hablando? A mí nadie me dijo nada sobre ese tal Jesús o de un guerrero legendario. Exijo saber toda la verdad ahora mismo y más les vale que no omitan ningún detalle.

         —Que alguien le explique a la hechicera toda la historia —dijo Eclipse, volviéndose hacia donde estaban Dai, Poppu, Leona y Marina—. Y cuando lo hagan no omitan mis valientes contribuciones como cuando salve la situación.

         —¿De qué estás hablando? —inquirió Poppu con el ceño fruncido.

         Cadmio volvió la mirada hacia Saulo para escuchar su parecer. El príncipe de Endoria sufría una crisis de conciencia. Tenía ganas de ignorar el llamado de auxilio de Jesús Ferrer y abandonarlo a su suerte, pero eso no era lo correcto. Tal vez sentía antipatía por el meganiano, pero dejarlo a su suerte era algo totalmente contrario a lo que le habían enseñado. A pesar de que lo detestaba con todas sus fuerzas, ahora sabía que Jesús era el guerrero de la leyenda y que sólo con su ayuda podrían derrotar a N´astarith.

         —De acuerdo, tendremos que ir a ese planeta a salvarle el pellejo —Y como si adivinara el pensamiento de los otros Celestiales y los Guerreros Kundalini, añadió—: Pero lo hago nada más porque estoy harto de sus sermones acerca de las venganzas y todo esos cuentos.

         Una sonrisa iluminó el rostro de Areth.

         —Yo iré con ustedes —dijo la chica con entusiasmo.

         —Claro que no —le contestó Cadmio, haciendo que Areth se molestara—. Tú te quedas aquí hasta que volvamos y deja de poner esa cara de niña ofendida que me repugna. No tenemos tiempo para andar cuidado bebés.

         Trunks dio un paso al frente.

         —Por favor, déjenme acompañarlos. He estado entrenando y pienso que puedo serles de utilidad.

         —Nosotras también queremos ir —anunció Hikaru en compañía de Umi y Fuu.

         —De acuerdo, de acuerdo —Saulo alzó los brazos para tratar de poner un poco de orden—. Vamos a organizar un grupo y los demás se quedarán aquí. Algunos como Seiya y Zacek necesitan descansar después de la pelea tan difícil que tuvimos hace poco.

         La codicia brilló en los ojos de Azmoudez. En su mente empezó a maquinar lo que haría en el supuesto caso de que el príncipe Jesús Ferrer dejara de existir. Con toda la familia real muerta, el imperio meganiano sufriría un colapso en su estructura de gobierno. Se desataría el caos y probablemente una guerra civil por el poder. En medio de semejante anarquía le sería bastante sencillo apoderarse del trono con la oportuna ayuda de N´astarith.

“Príncipe Jesús, espero que tenga una muerte rápida”, pensó, esbozando una sonrisa ambiciosa. “Estoy seguro que pronto conocerá el verdadero poder que esconden los guerreros de Abbadón. Por fin comprenderá porque luchar contra la voluntad de N´astarith es una estupidez”.

         Planeta Niros.

         —¡Acabaré contigo, maldito! —Axe trató de agredir con sus hachas nuevamente al príncipe, pero éste lo rechazó otra vez usando el poder del Holy Thunder.

         La descarga eléctrica sacudió a Axe, obligándolo a apoyar una rodilla en el suelo para no desplomarse. Con cada enemigo que derrotaba, el príncipe sentía que la tristeza lo embargaba. Jamás había imaginado que los valerosos Guerreros de Megazoar, aquellos que le habían jurado lealtad a su padre y al imperio, debían a morir a manos de un miembro de la familia real. La ironía no podía ser más cruel. De pronto, se sintió mareado de nuevo y únicamente reaccionó cuando escuchó una voz estridente. “Advertencia. Sistema cardiovascular agotado y en estado critico”, le previno la computadora de su armadura de batalla. “Da comienzo el modo éxtasis”

         —¡Olvídalo! —rugió Jesús, negándose a colocarse en animación suspendida. Un momento de debilidad no era motivo para abandonar la batalla—. Computadora, canaliza la energía de reserva para mantener el sistema cardiovascular en funcionamiento.

         “Una falla del sistema cardiovascular traería como resultado un cese irremediable de todas las funciones vitales. Debe iniciarse el modo éxtasis ahora mismo”

         —¡Dije que no!

         “Entendido”

         Una carcajada diabólica resonó en medio de la oscuridad y el fuego que devastaba la aldea. Jesús se volvió con la velocidad del rayo para atacar, pero se detuvo cuando advirtió que la punta de una espada curva de hoja dentada le apuntaba a la cara. La mirada de Jesús tembló al percibir la poderosa energía de aureus que despedía el misterioso guerrero.

         —¿Quién eres tú?

         Allus emergió de entre las llamas, hundiendo la punta de su espada en el cuello de Jesús Ferrer, que alcanzó a distinguir que el arma del Khan poseía una segunda hoja dentada que brotaba del otro extremo de la empuñadura.

         —Soy Allus de Caribdis, uno de los guerreros de Abbadón —declaró el Khan mientras Jesús retrocedía—. Es todo un honor conocerte en persona, príncipe de Megazoar. Digo esto porque fui yo quien tuvo el privilegio de acabar con tu miserable padre. 

         Jesús frunció la mirada. Cerró los puños para preparar el ataque.

         —Maldito infeliz… .

         —Ah, Ferrer, estoy realmente emocionado —anunció Allus con una sonrisa—. He esperado este momento desde que supe que habías despertado tus poderes. Finalmente veremos cuál Káiser es el más poderoso de todos.

         —Acabaré contigo en unos instantes —le advirtió Jesús—. Soy el guerrero legendario. El único al que ustedes temen y lo sabes. El poder del aureus me acompaña y no existe nadie que pueda detenerme.

         —No necesitas decírmelo, puedo sentir el enorme poder que posees.

         —Entonces sabes que morirás en mis manos.

         El Khan lo miró fijamente sin moverse. De pronto lanzó su espada hacia una enormes árbol calcinado donde quedó clavada. Luego, simplemente, se llevó una mano a la cara y se quitó el escáner visual para dejarlo caer en el suelo. Más tarde hizo lo mismo con su capa y después llevó la mirada hacia donde estaban Axe y Arrow.

         —Retírense, no intervengan más en esto.

         Los guerreros meganianos se apresuraron a cumplir las ordenes y se alejaron volando a pesar de la debilidad que les causaba hacerlo. Jesús frunció el entrecejo sin entender qué era lo que pretendía el Khan.

         —¿Qué es lo que haces? ¿Acaso has renunciado a la idea de pelear?

         Allus dejó escapar una nueva sonrisa. Después habló en voz baja y suave.

         —Tu padre chilló como una rata antes de morir. Debiste haberlo visto suplicar para que no lo matara. Fue algo realmente patético viniendo de un emperador tan orgulloso como lo era tu padre.

         Sin poder contenerse por un segundo más, Jesús dio un grito y se precipitó violentamente sobre el guerrero imperial. Atacando a la velocidad de la luz, descargó un violento puñetazo contra el rostro del Khan, que salió proyectado contra las rocas. Cuando faltaban unos centímetros para que la cabeza de Allus impactara contra un enorme peñasco, Jesús apareció de la nada y lo pateó en la quijada para arrojarlo esta vez hacia el cielo. Sin dar tiempo para que su enemigo se recuperara, el príncipe de los meganianos comenzó a golpearlo salvajemente en el aire. En un momento determinado, Allus trató de atacar a Jesús con un puñetazo, pero éste esquivó el golpe y lo cogió de la muñeca para retorcerle el brazo. El Guerrero Káiser apretó más fuerte y luego arrojó a Allus al suelo como quien se deshace de una bolsa de basura.

         —Espero que sepas rezar, mal nacido, porque ha llegado la hora de tu muerte.

         Allus comenzó a reír débilmente, pasándose un puño para limpiarse la sangre que le salía por la boca y se levantaba de nuevo. A pesar de que estaba perdiendo la pelea ante Jesús, el guerrero de Abbadón no parecía muy perturbado. Por el contrario, daba la impresión de que ya lo tenía todo planeado de esa forma y que estaba esperando el momento oportuno para revelar su estrategia. El Khan se irguió y dirigió una mirada cargada de odio hacia su adversario.

         —Crees que ya tienes asegurada la pelea, ¿no es verdad? —le dijo.

         Jesús no respondió.

         —Admito que eres bastante fuerte, pero no te enorgullezcas tanto de ese nivel de poder tan bajo. Apenas has empezado a comprender la fuerza del aureus y es natural que no conozcas todos sus secretos y, especialmente, sus limitaciones. Apuesto a que te sientes todopoderoso, pero la verdad es que tus habilidades como Guerrero Káiser son bastantes pobres.

         —No dices más que tonterías —repuso Jesús—. El temor a la muerte te hace desvariar. Será mejor que llames a Isótopo y a Zura para que te ayuden, pero ni eso impedirá que acabé con tu miserable vida, infeliz. Vas a pagar por haber asesinado a mi padre.

         —¿Cómo es que conoces a Zura?

         —No te hagas el gracioso conmigo. Ustedes deben haberlo rescatado luego de que vencimos la amenaza de Él y Ella en el planeta Adén. Creí que estaba muerto luego de la batalla que tuvimos, pero veo que le salvaron la vida de alguna forma y ahora los está ayudando.

         —Que interesante noticia —musitó Allus—. No tenía idea que hubieras conocido a Zura en el pasado. Resulta curioso descubrir que este es un universo muy pequeño.

         —Zura es fuerte, pero ni siquiera él podrá detener mi furia.

         El Khan de Caribdis hizo caso omiso de las palabras del príncipe.

         —Dime, ¿nunca te has preguntado cómo fue posible que lográramos acabar con todos los Caballeros Celestiales que defendían esta galaxia? Los Khan éramos solamente veinticuatro guerreros mientras que los Celestiales eran miles. ¿No te parece algo extraño?

         —¿Qué tiene que ver eso ahora?

         —Todo —contestó Allus—. La razón por la que pudimos derrotar a todos los Celestiales fue porque nos atrevimos a utilizar la fuerza del aureus. Algunos de los Khans sólo usan este poder para aumentar su propio Chi de la misma forma que un estimulante aumenta la fuerza física. Pero los guerreros distinguidos con un alto nivel podemos alcanzar el verdadero dominio del aureus y con el tiempo hemos llegado a disfrutar de las ventajas que este poder ofrece. ¿Quiere ver de lo que estoy hablando, príncipe? Es hora de mostrarle mi verdadero poder.

         Jesús se quedó de piedra cuando advirtió que el cabello de Allus comenzaba a aclararse poco a poco. El aura del Khan empezó a disminuir y en su lugar la fuerza del aureus empezó a aumentar paulatinamente dentro de su ser.

         —¿Qué te parece esto, Ferrer? —Allus comenzó a caminar, mostrando unos ojos que parecían arder como carbones encendidos. El tono de su voz se elevó hasta convertirse en un trueno—. Cuándo maté a tu padre, yo lucía… ¡más o menos así!

         El Khan de Caribdis lanzó un intenso grito de furia que pareció retumbar por todas partes. Las nubes se abrieron dejando al descubierto la bóveda celeste. A partir de ese instante, Allus quedó envuelto por un potente halo de luz que lo cubrió de pies a cabeza. Sus cabellos oscuros se volvieron totalmente blancos y comenzaron a bailotear sobre su cabeza como sí fuesen serpientes. El Khan acababa de sufrir la transformación propia de un guerrero del aureus.

         Jesús había quedado mudo de la impresión. No podía creer lo que estaba ocurriendo frente a sus propios ojos, pero era verdad por mucho que se negara a aceptarlo. El Khan de Caribdis se había convertido en un guerrero Káiser idéntico a él y también despedía un poderoso halo blanco que brillaba intensamente. De un momento a otro, un millar de dudas asaltaron la perturbada mente del príncipe meganiano: ¿Cómo era posible que Allus pudiera transformarse? ¿Los otros Khans también podían hacerlo o sólo algunos? ¿Cuáles eran los verdaderos alcances del poder de N´astarith? Tenía tantas dudas, pero por desgracia no tenía tiempo para averiguar aclarar ninguna de ellas. Una terrible batalla estaba a punto de dar inicio.

Águila Real 74.

         En el puente de mando de la nave, aguardaban Sailor Venus, Sailor Jupiter, Umi, Fuu, Hikaru, Ryoga, Ranma, Azmoudez, Trunks, No.18, Kurinrin, Shirufiru, Ameria, Zerosu, Eclipse, Cadmio, Saulo, Asiont y Casiopea mientras se dirigían hacia el planeta Niros. A la velocidad que viajaban, la flota tardaría algo de tiempo en llegar hasta aquel distante sistema estelar, pero algunos presentían que para entonces quizá sería demasiado tarde. Sailor Venus preguntó a los pilotos por enésima ocasión cuándo llegarían y estos le respondieron exactamente lo mismo que en veces anteriores.

         —¡Maldita sea! —exclamó Cadmio, dándose un puñetazo en la palma—. No importa que lleguemos a tiempo. Aún cuando ese torpe de Jesús Ferrer sea el guerrero legendario no puede enfrentar a  tantos enemigos juntos. ¿En qué diablos estaba pensando ese inútil?

         —Tenemos que ser optimistas —le dijo Trunks—. No ganamos nada con desesperarnos. Estoy seguro que su amigo logrará resistir el tiempo necesario hasta que lleguemos, señor Cadmio.

         El Celestial se volvió hacia Trunks y se encogió de hombros.

         —No nos queda otra cosa, ¿o sí, chico?

         —El general Strenuss confirma que sus tropas meganianas de asalto están listas —anunció Azmoudez luego de hablar con los pilotos—. Parece que van a desplegar al menos tres escuadrones de centuriones y varios cazas de combate.

         Cadmio asintió.

         —Dile a Strenuss que nosotros también estamos preparados. Que sus naves tomen orbita alrededor del planeta y escudriñen todo el sistema usando los escáneres de espacio profundo y de anti-ocultación. Tal vez el enemigo tenga naves escondidas en alguna parte y debemos tomar precauciones.

         Con el alma en un hilo, Sailor Venus se acercó a una de las ventanas del puente y observó como las estrellas iban pasando. En su corazón sentía que Jesús estaba en un grave peligro, pero trataba de convencerse que debía tener fe y confiar en que su amigo lograría aguantar hasta que llegaran a ayudarlo.

         —Por favor, que nada malo le pase.

         Asiont se pasó una mano por la cara mientras se culpaba a sí mismo por no haberle dicho la verdad a sus camaradas. Pensaba que tal vez de haberlo hecho nada de aquello estuviera ocurriendo, pero ya no quedaba nada por hacer, salvo esperar que la nave llegara a Niros en el menor tiempo posible. Estaba reflexionando en todo eso y otras cosas cuando sintió una segunda manifestación del aureus mucho más intensa que la primera. El temor lo invadió.

         —¿Qué está ocurriendo? —musitó con los ojos clavados en la oscuridad del espacio, abrumado por el peso de aquella sensación—. ¿De quién es este poder? Es una fuerza increíblemente poderosa. La presencia del príncipe Ferrer sencillamente no tiene ninguna comparación.

         —¿Pasa algo malo, Asiont? —inquirió Casiopea.

         —No lo sé, pero es como si de repente existieran dos Guerreros Káiser

Continuará… .

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