Leyenda 017

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO XVII

“¿AÚN TIENES FE?”

       Planeta Noat.

       Eclipse abrió los ojos lentamente. Lo primero que vio fueron los amigables rostros de Leona, Marine y Poppu. Era extraño, pero no sentía ningún malestar, ni dolor en todo su cuerpo. Se sentía bien, como sí nunca hubiera luchado contra Sigma.

       —¿Dónde está ese canalla? —preguntó en voz baja sin dirigirse a nadie en concreto—. ¿Está muerto?

       —Sí, no te preocupes —le respondió Poppu—. Entre tú y Hyunkel acabaron con él.

       El Espía Estelar se sentó y esperó unos segundos a que su sentido del oído se restableciera. Sin duda Leona o Marine le habían aplicado un hechizo de recuperación y ésa era la razón por la que se sentía totalmente recuperado.

       —¿Dónde están Hyunkel, Lance y Dai? —preguntó.

       —Dai y Lance continúan peleando cerca de aquí —explicó Marine—. Hyunkel está algo herido.

       Eclipse se puso de pie para acudir en ayuda de sus amigos. De pronto, la imponente voz del Khan de la Muerte resonó en el aire paralizándolo por completo.

       —¿Así que también derrotaron a Sigma? —inquirió Sepultura mientras caminaba hacía ellos tranquilamente—. Bien, bien, entonces es mi turno de acabarlos.

       Todos se volvieron desconcertados, por no decir aterrados, hacia el guerrero imperial.

       —No te será tan fácil —afirmó Poppu a la vez que agitaba su báculo mágico en el aire—. Nosotros seremos quienes acabaremos contigo.

       Sepultura se cruzó de brazos y sonrió confiadamente.

       —No me digas, basura. Yo no soy como esa inútil de Lilith que murió luego de matar a esa chica llamada Astrea.

       Eclipse abrió los ojos enormemente y tardo unos segundos en digerir la noticia.

       —¿Astrea murió? —preguntó lentamente—. No puede ser.

       El imperial giró la cabeza hacia él y asintió.

       —Así es, inútil, pero no se apuren que ahora voy a reunirlos con ella —guardó silencio y dejó caer los brazos a sus costados—. Será algo muy sencillo.

       —Eso lo veremos —sentenció Poppu con renovada determinación. Una esfera de luz apareció en la punta del báculo—. Toma esto… ¡Pecta!

       Sepultura no se movió de su lugar. Recibió el ataque directamente desapareciendo en un estallido de luz resplandeciente. Unos fuertes vientos golpearon a Poppu y a Eclipse mientras que Marine y Leona hacían todo lo posible por evitar que sus faldas se levantaran.

       José Zeiva alzó la espada por encima de su cabeza y al instante ésta se cubrió de llamas.

       —Esta es mi mejor técnica, mocoso insolente  —vociferó mientras el poder de su aura se elevaba más y más—. Morirás a menos que la esquives.

       Dai no respondió nada, llevó la espada a su costado y se preparó para atacar. En su mente no había nada más que un deseo, el deseo de vengar a aquella joven que había entregado su vida para derrotar a Lilith.

       —¡Muere! —gritó José trazando con su espada un trazo horizontal y liberando un arco de llamas—. ¡Vastio Caedo!

       El pequeño Caballero del Dragón espero hasta el último momento antes de contraatacar. Su símbolo brilló más fuerte que nunca.

       —¡Aban Slash! (Corte de Aban)

       Los ataques se dirigieron el uno contra el otro y produjeron un intenso resplandor cegador al momento del impacto. José apretó los dientes con fuerza mientras se esforzaba por resistir las intensas ráfagas de aire levantadas por la explosión.

       Distrito Nerima, Japón
       Residencia Tendo

       Soun, Genma y Kasumi se encontraban sentados alrededor de lo que había quedado del comedor. Mientras colocaba una bolsa de hielo en la cabeza de su padre, la mayor de las hermanas Tendo no pudo disimular una expresión de preocupación.

       —No lo entiendo, Satome. ¿Quiénes eran esos tipos? —murmuró Soun antes de romper en llanto—. ¡No puede ser! ¡Mis hijas raptadas por una bola de locos!

       —Oiga, Tendo, no pierda la calma —dijo Genma tratando de tranquilizarlo—. Estoy seguro de que ellas están bien.

       Soun continuó gimoteando

       —Es que el sólo pensar en los sufrimientos que deben estar pasando mis pobres hijas, me parte el alma.

       Genma sacó a relucir la diminuta estatua en que se había convertido Happosai.

       —Y no sólo se llevaron a las chicas —añadió—. También convirtieron al maestro Happosai en piedra.

       —¡¡Oh, Saotome!! —sollozó Soun—. ¿Qué haremos?

       —Si ya lo sé, Tendo, ¿cómo lo volveremos a la normalidad? —murmuró Genma mientras examinaba de cerca a Happosai y se rascaba la cabeza—. No tengo idea de cómo quitarle el hechizo.

       —¿El maestro? —repitió Soun molesto—. ¿Quién está hablando de él?, yo sigo preocupado por Akane y Nabiki.

       Kasumi volvió la vista hacia el jardín en busca de Ranma. No lo había visto desde que todos se habían recuperado de la batalla. Extrañada, se giró hacia su padre y Genma para ver sí ellos no sabían algo.

       —Estoy preocupada por Ranma —murmuró—. Desde que esos sujetos se llevaron a Akane no lo he visto.

       En ese instante, Soun se volvió hacia Genma para cogerlo por la ropa.

       —¡Es verdad, Saotome! —gritó desesperado—. Ranma es el prometido de Akane, ¿no debería estar buscándola?

       —Eh, estoy seguro de que Ranma está consciente de eso —respondió Genma a manera de disculpa—. Probablemente ya esté preparando un buen plan para rescatarla.

       Pero lo que Soun y Genma no sabían era que Ranma se encontraba sobre el tejado de la casa mirando fijamente el cielo, justo en la dirección por donde Sombrío había desaparecido llevándose a Akane.

       —No puede ser —musitó para sí—. No pude hacerle nada a ese sujeto —guardó silencio y alzó la vista—. Además se llevó a Akane y no tengo idea de donde empezar a buscarla.

       De pronto Ryoga aterrizó en el tejado para unírsele en sus preocupaciones.

       —¿Estás pensando en Akane, no es así, Ranma? —le inquirió mientras caminaba hacia él—. Yo también estoy preocupado por ella.

       Saotome se volvió para mirarlo, pero no dijo nada.

       —Yo también estoy preocupado por ella —repitió Ryoga mirando el cielo fijamente.

       —¡No digas tonterías, Ryoga! —vociferó Ranma—. Únicamente estoy molesto porque ese sujeto me venció muy fácilmente.

       —¡Basta, Ranma! —le interrumpió Ryoga ásperamente, apuntándole con el dedo índice—. ¿Hasta cuando vas a seguir con esa actitud? ¿Acaso crees que no me he dado cuenta? Tú en realidad amas a Akane.

       Ranma apretó los puños con furia e hizo un violento ademán.

       —¿Y si así fuera, a ti que te importa? Sólo estás malinterpretando las cosas. Por mí puedes casarte con ella cuando quieras, a mí me da lo mismo.

       Esta vez fue Ryoga quien lo miró con aburrimiento.

       —Ya decidiremos eso en otra ocasión —replicó—. Por ahora lo más importante es tratar de saber a donde se la llevaron.

       —Es verdad —convino Ranma—. No tengo ni la menor idea de quienes eran esos tipos. Me preguntó ¿cuáles eran sus verdaderas intenciones al atacarnos?

       Ryoga bajó la cabeza intentando recordar algo que valiera la pena. Al cabo de un instante repuso:

       —Bueno, ellos dijeron que venían buscando una gema —murmuró para luego volverse hacia Ranma—. ¿Crees que el maestro se las haya robado?

       Ranma reflexionó un momento antes de contestar.

       —Es probable, pero no hay manera de saberlo porque lo convirtieron en piedra.

       Ryoga asintió con la cabeza.

       —Ya veo, ¿qué hay de Shampoo y Moose? —preguntó.

       —Fueron a buscar a la abuela —respondió Ranma—. Quizás ella sepa algo que nos pueda ayudar a encontrar a Akane.

       El trío de guerreros Khan descendió en el muelle del Devastador Belcebú donde el capitán de la nave y algunos oficiales ya estaba ahí esperándolos para recibirlos.

       —Bienvenidos —los saludó el capitán—. Veo que habéis tenido éxito.

       Belcer asintió enseguida.

       —Sí, nos topamos con unos estúpidos, pero nos deshicimos de ellos rápidamente —hizo una pausa y se volvió hacia Sombrío—. Y nuestro amigo aquí presente se dio tiempo para conseguirse más esposas.

       El Khan del Lobo depositó a Akane y Nabiki en el suelo. Todavía no despertaban.

       —Teniente —dijo Sombrío dirigiéndose a uno de oficiales presentes—. Llévelas a uno de los calabozos y asegúrese de que se pongan cómodas cuando despierten.

       El imperial asintió levemente con la cabeza y le mandó a dos de sus hombres que hicieran lo que Sombrío había ordenando. Tan pronto las chicas fueron retiradas, el Khan del Lobo se volvió hacia el capitán de la nave.

       —Es hora de regresar finalmente. Partamos enseguida.

       Belcer apareció por su costado.

       —¿Qué hay sobre este miserable planeta?

       Sombrió sonrió malévolamente y miró a su compañero de reojo.

       —Luego de que el emperador haya obtenido el poder de las 12 gemas volveremos y lo conquistaremos. Calculo que no nos tomara más de un día.

       El Khan del Golem le rió lo dicho y asintió.

       —Tienes razón.

       La gigantesca nave Abbadonita comenzó a ascender hasta desaparecer tras una formación de nubes.

       Planeta Noat

       El resplandor de la explosión desapareció rápidamente. Aterrados, todos atestiguaron como la figura del Khan de la Muerte permanecía impasible. Había un cráter bajo sus pies, pero ni siquiera se había movido un centímetro hacia atrás.

       —¡No puedo creerlo! —exclamó Poppu alarmado—. Ni siquiera le moví el copete.

       El Khan de la Muerte sonrió levemente.

       —Tonto, ¿acaso Lilith no te lo dijo? Nuestras armaduras son a prueba de hechizos mágicos. No me derrotarás con esos poderes. Aunque incrementes tus hechizos mágicos y me atacarás cientos de veces no tienes ni una sola oportunidad.

       El joven mago lo maldijo en silencio. Ahora sabía que tenía nulas posibilidades de ganar aquella batalla, de manera que dio un paso atrás sin saber que hacer.

       Decidido a no darse por vencido, Marine se colocó a un costado de Poppu para atacar.

       —Veremos sí resistes esto —alzó sus manos—. ¡Merami!

       La llamarada se estrelló contra Sepultura provocando una nueva explosión. Cuando el humo finalmente desapareció, Eclipse quedó boquiabierto. No le habían hecho absolutamente nada. La risa de Sepultura envolvió el ambiente.

       —¡Ni siquiera me hacen cosquillas!

       Poppu apretó los dientes con desesperación.

       —¡Rayos! ¡No podemos hacerle nada!

       Entretanto, José Zeiva se mantuvo atónito por unos momentos. No podía creerlo ni entenderlo, pero Dai había logrado bloquear su mejor ataque sin ningún problema. Aquello era incomprensible ¿Cómo un simple niño podía tener el poder para realizar semejante hazaña? José se consideraba a sí mismo un guerrero con un nivel aceptable y el verse igualado por un niño era un verdadero insulto. Poseído por la furia se lanzó directamente sobre Dai para atacarlo.

       —¡Maldito niño!

       Pero con su mente nublada por la ira, José atacó torpemente. Dai sólo se movió a un lado para esquivar su puñetazo y enseguida contraatacó, golpeándolo en el estómago. El orgulloso emperador de Endoria sintió como todo el aire se le escapaba. Soltó su espada, se cogió el abdomen con ambas manos y retrocedió lentamente dominado por el dolor.

       —No, no puede ser —se quejó en voz baja—. Este niño es muy fuerte… .

       Dai lo miró ferozmente.

       —Es lo menos que te mereces.

       José lo aniquiló con la mirada mientras se esforzaba por respirar.

       De pronto, un pitido en el comunicador de su casco de batalla lo hizo olvidarse por un momento de aquel pequeño enemigo. A duras penas, se llevó una de sus manos al casco para responder.

       —Emperador Zeiva… ¿Me escucha?

       —¿Qué demonios quieres, Jasanth? —le inquirió molesto—. Me acaban de sacar el aire… .

       —Tenemos problemas, señor —le interrumpió la voz de Jasanth en medio de interferencia—. Varias naves de la Alianza Estelar llegaron súbitamente para rescatar a sus compañeros. Nos superan en armamento y en naves. Tenemos que retirarnos.

       José frunció el entrecejo furioso. Aquello era como una maldición. Finalmente, sin pensarlo demasiado dijo:

       —De acuerdo, prepara todo para iniciar la retirada en cuanto volvamos —apagó el comunicador y dijo—: Te salvaste por esta vez, niño, pero ya nos veremos las caras de nuevo y esta vez no escaparás.

       Desplegó su aura y se elevó rápidamente desapareciendo en los cielos.

       Lance se puso de pie y se dirigió hacia Dai caminando lentamente. En cuanto lo vio acercarse, el chico se volvió hacia él y bajó la cabeza. Su símbolo ya había desaparecido.

       —Lo lamento, Lance —murmuró—. No pude ayudar a tu amiga.

       El Celestial no dijo nada, colocó una mano sobre la cabeza del chico y lo miró tristemente.

       Sepultura levantó una de sus manos con la palma orientada hacia delante y sonrió maliciosamente.

       —Voy a matarlo lenta y dolorosamente… —una esfera de luz apareció en su palma anunciando el final para Poppu y los demás—. Malditos insectos… .

       Antes de que pudiera disparar, sintió como la presencia de José Zeiva se acercaba rápidamente. Cuando el emperador de Endoria apareció en el firmamento, Sepultura levantó el rostro hacia él.

       —¿Ya acabaste con las basuras restantes? —le preguntó.

       —Déjate de cosas, tenemos que retíranos —respondió José apresuradamente—. La flota de la Alianza Estelar está aquí y nos superan por mucho.

       —Que vengan —Sepultura no parecía estar preocupado por ese detalle—. Yo puedo acabar con todos.

       José estaba cansado, lo único que deseaba era terminar con aquello y volver a la seguridad de Armagedón.

       —Pero yo no estoy dispuesto a arriesgar a mis naves —hizo una pausa y continuó—. Sí quieres quedarte, hazlo. Yo me largo de aquí.

       Sepultura reflexionó unos instantes. Al cabo de un momento, bajó la mano con que apuntaba a Poppu, Eclipse, Marine y Leona y volvió la mirada hacia ellos

       —Se han salvado por esta vez, gusanos, pero la próxima no tendrán tanta suerte —desplegó su aura y se unió a José en el aire para luego perderse con él detrás de las nubes.

       Eclipse cayó de rodillas al suelo y empezó a reír. Aquello era un verdadero milagro.

       Poppu, por su parte, se volvió hacia Leona y Marine y les sonrió con alivio.

       En ese instante, Lance, Hyunkel y Dai llegaron hasta donde se encontraron ellos. El Celestial y el Caballero Inmortal transportaba a Asiont sobre sus hombros.

       —¡Leona! —gritó el chico corriendo hacia su amiga—. ¿Estás bien?

       Eclipse se puso de pie y se dirigió a Lance, quien estaba depositando el cuerpo de Asiont en el suelo.

       —¿Cómo está? —le preguntó el espía—. No se ve bien.

       Lance movió la cabeza negativamente.

       —Mal, le di un medicamento, pero no estoy seguro de que sobreviva.

       Eclipse se mordió el labio superior y repuso:

       —Sepultura dijo que Astrea murió… .

       Lance levantó la cabeza, pero no fue necesario que confirmara el hecho. Su expresión hablaba por sí sola. Al mismo tiempo, en el horizonte podían verse a las naves de ataque imperial retirándose rápidamente del planeta. La batalla había sido ganada, pero había dejado graves heridas.

       Tan pronto como el emperador José Zeiva y Sepultura regresaron a la nave de mando, los destructores imperiales dieron media vuelta y se dirigieron hacia espacio abierto para iniciar la retirada. Aquella batalla había concluido en decepción para las fuerzas imperiales.

       Desde su nave de batalla, Saulo exhaló con alivio. Habían perdido un destructor y decenas de cazas estelares, pero afortunadamente con ello había salvado a muchas vidas.

       —Son unos cobardes —dijo Cadmio, deseoso de ir tras ellos—. Deberíamos perseguirlos y… .

       Saulo giró su rostro hacia él y dijo:

       —Según me dijo Andrea, algunos tripulantes estaban en el planeta durante el ataque, entre ellos Astrea y Asiont. Quiero que tomes una nave y desciendas en Noat de inmediato.

       La expresión de Cadmio cambió de inmediato con sólo escuchar el nombre de Astrea. Asintió con la cabeza y abandonó el puente de mando enseguida.

       Tokio-3, Japón

       Masamaru sacó su teléfono móvil y tecleó un número, apretó el aparato contra su oído y fijó la mirada en los transeúntes que circulaban por la calle. Un momento después oyó la voz de Kaji por el receptor.

       —Kaji.

       Masamaru respiró hondo.

       —Kaji-kun, sé que te has metido hasta el cuello en un asunto muy peligroso.

       —Es verdad, Masamaru, realmente necesito ayuda esta vez.

       —Venga, Kaji —susurró en el móvil—. Sabes que cuentas conmigo. En este momento los de SEELE tienen a una veintena de agentes buscándote. ¿Dónde te encuentro?

       La voz de él resonó en su oído.

       —¿Recuerdas la bodega abandonada? Te veré ahí en tres horas.

       El teléfono de Masamaru enmudeció. Lo guardó en su bolsillo y echó a caminar por la calle.

       Planeta Noat

       Las naves de rescate descendieron en las ruinas de la base aliada. Desprovistos de armas y siendo bombardeados desde el aire, mucho de los que ahí se encontraban habían muerto durante los primeros momentos del ataque. Los que tuvieron mejor suerte habían huido al bosque.

       El transporte en el que iba Cadmio fue el último en descender. En cuanto bajó de la nave y vio como se llevaban a Asiont en una camilla se dirigió hacia donde estaba los oficiales y androides médicos, casualmente encontró a Lance en ese lugar.

       —¡Hermano! —exclamó apenas lo vio—. ¿Cuándo fue que regresaste? ¿Estás bien?

       Lance sonrió con agradó, por unos instantes había parecido que jamás volvería a ver a Cadmio.

       —Volví hace unos momentos, justo cuando la batalla estaba en su apogeo. Estoy bien, algunos rasguños de menor importancia, pero bien.

       —¿Dónde rayos estuviste? —Cadmio aún guardaba muchas dudas—. Todos tenemos dudas acerca de eso.

       —En otra dimensión, pero ya te lo contaré después.

       —Bien, ¿en dónde está Astrea? Saulo me dijo que ella estaba aquí.

       La expresión de Lance cambió por completo, bajó la mirada y movió la cabeza negativamente.

       —Lo lamento mucho, hermano, pero ella… .

       —¿Ella qué? —lo sujetó fuertemente de los brazos—. ¿Dónde está?

       Lance alzó la cabeza violentamente.

       —Ella murió, ¿vale?

       Cadmio lo soltó lentamente y bajó el rostro para que no viera sus lágrimas. Con el corazón destrozado abrazó a su hermano dejando escapar un gemido de angustia, cerró los puños y dio rienda suelta a todo su dolor.

       Las puertas de acceso al puente de mando del Águila Real 1 se abrieron de par en par dando entrada a Eclipse, Hyunkel, Dai, Poppu, Marine y la princesa Leona. Al verlos llegar, Saulo dejó lo que estaba haciendo y se volvió hacia ellos para darles la bienvenida.

       —Saludos, yo soy el príncipe Saulo y a nombre de toda la Alianza Estelar, les doy las gracias por haber ayudado a Lance en su misión.

       Dai avanzó unos pasos mirando todo a su alrededor, todavía no se acostumbraba a contemplar esos extraños artilugios.

       —Hola, yo soy Dai —dijo extendiendo su mano para estrechar la de Saulo.

       En cuanto el príncipe de Endoria tomó la mano del pequeño, se dio cuenta de su gran poder. Este chico tiene una aura muy poderosa, pensó.

       —Bien, príncipe —dijo Eclipse sacándolo de sus pensamientos—. Como se lo prometí a la reina Andrea —mostró el pequeño cartucho que le había quitado a Sigma—. Aquí está la información referente a los planes de N´astarith.

       Saulo tomó el cartucho y lo miró por un rato, al cabo de unos segundos levantó los ojos y se topó con el bello rostro de la princesa de Papunika.

       —Jamás había visto una cara tan hermosa —comenzó a decir mientras se acercaba a Leona. Tomó su mano y la besó suavemente—. ¿Quién sois?

       Leona se ruborizó al instante.

       —¿Yo? —titubeó—. Soy Leona.

       —Leona… —repitió Saulo—. Es un bello nombre.

       Lo que Saulo no notó es que Dai estaba mirándolo fijamente. Nuevamente el chico podía sentir aquella extraña sensación de malestar en la boca de su estómago, ¿acaso era eso que Poppu llamaba celos? Un suave codazo interrumpió sus pensamientos.

       —Te la están bajando, niño —le susurró Eclipse en voz baja.

       Dai giró su rostro hacia el enmascarado completamente extrañado. No pudo evitar ponerse de color rojo.

       —No, no es lo que tu piensas —tartamudeó.

       Poppu apareció por el costado opuesto.

       —Vamos, Dai, no lo niegues. Eclipse ya se dio cuenta.

       —No sé de que me hablas, Poppu —masculló el chico, deseando que algo interrumpiera el acoso del que era víctima.

       Por una extraña casualidad, la puerta de acceso se abrió en ese momento y la reina Andrea, Rodrigo, el comandante Arenth y demás capitanes de la flota de naves que había huido de la Tierra entraron al puente.

       —Príncipe Saulo —lo llamó Andrea—. Queremos darles las gracias por habernos salvado —hizo una pausa y giró el rostro hacia el Espía Estelar, que aguardaba a lado de Hyunkel—. También veo que habéis tenido éxito, Eclipse, el príncipe nos aviso de tu llegada.

       Saulo tomó la mano de Leona para llevarla consigo.

       —No ha sido nada, alteza —comenzó a decir—. Pero a quien debe agradecerle es a Cadmio, sí él no hubiera ido a buscarnos no los habríamos hallado. Luego de la derrota en Marte nuestras líneas de comunicación fueron destruidas y no teníamos la menor idea de que habían quedado algunos sobrevivientes refugiándose en la Tierra.

       Andrea giró el rostro hacia el comandante Arenth.

       —Él es el comandante Arenth, desertó de las filas del imperio durante la batalla.

       Arenth se inclinó levemente la cabeza a manera de respeto.

       —Habemos muchos que no estábamos de acuerdo con las políticas del emperador José, pero que por miedo a dividir más nuestro mundo nos quedamos callados. Le ruego acepté a mi tripulación para unirnos a las fuerzas de la Alianza.

       —El placer es mío, comandante —dijo Saulo estrechando su mano—. Bienvenido.

       —¿Y quién es ella? —Andrea volvió la vista hacia Leona—. ¿Acaso su esposa?

       Leona se ruborizó inmediatamente.

       —¡¿Pero cómo se te ocurre pensar eso?! —le gritó la soberana de Papunika.

       Saulo rió levemente.

       —Ella es la princesa Leona —hizo un ademán para mostrar a Dai y sus amigos—. Ellos provienen de otro universo diferente al nuestro.

       —¿Otro universo? —preguntó Rodrigo Carrier—. ¿Cómo es eso?

       Eclipse lo explicó con mayor precisión.

       —Es sencillo, bodoque. Ellos nos ayudaron a Lance y a mí a volver de la realidad a donde fuimos enviados por esa enorme puerta. Lo que los Caballeros Celestiales afirman es verdad, esos locos del imperio están reuniendo unas gemas para según esto, darle a N´astarith el poder del universo.

       El príncipe de Endoria intervino.

       —Eclipse cumplió con su misión —afirmó al tiempo que extraía de sus ropas el cartucho de información que el espía le había entregado—. Aquí está la información que necesitamos.

       Rodrigo lo miró con incredulidad.

       —Un momento, ¿qué rayos es eso?

       —Es un cartucho de la R.E. de Sigma —informó Eclipse—. Verán, nosotros los Espías Estelares poseemos una computadora personal llamada Red Espía o R.E. para abreviar. Esta computadora, entre otras cosas, funciona como una bitácora donde se graba todo lo que hacemos y lo que decimos —se acercó y tomó el cartucho de la mano de Saulo—. Como Sigma estuvo al tanto de los planes de N´astarith es muy probable que aquí encontremos algo que valga la pena.

       —Ya comprendo —dijo Arenth—. Quizás haya algún dato importante.

       Eclipse se dio la media vuelta, paso por entre Poppu y Marine y se dirigió a la computadora principal. Colocó el cartucho en un pequeño panel de control y empezó a desplegar la información en la pantalla visora del puente.

       —Así es, pero debemos tener cuidado o podríamos borrar la información. Los Espías Estelares acostumbramos poner en clave todo lo que guardamos en nuestra R.E.

       Poppu cruzó los brazos por atrás de su cabeza y volvió el rostro hacia un costado.

       —Pues yo no entiendo nada de lo que dicen.

       La puerta de acceso se abrió de nuevo, está vez Mariana, Cadmio y Lance entraron.

       —Príncipe, ya hemos terminado de subir a todos los sobrevivientes y estamos listos para partir —anunció Mariana con importancia—. Los heridos ya han sido traslados a los hospitales de las naves.

       Cadmio caminó hasta la ventana frontal donde se detuvo dándoles la espalda a todos. Mariana lo miró y no pudo evitar sentir pena por él.

       —En ese caso iremos hacia el lugar donde se esconde el Consejo Supremo de la Alianza Estelar —prosiguió Saulo—. Debemos convocar a una junta de emergencia —hizo una pausa y se giró hacia Lance—. Ayuda a Eclipse a decodificar la información cuanto antes.

       Lance asintió y se dirigió hacia la computadora central para colocarse a un lado de Eclipse.

       —Hazte a un lado —le dijo al espía—. Deja a un verdadero genio hacer el trabajo.

       Eclipse lo miró con aburrimiento y se encogió de hombros.

       —Genio… será de pacotilla.

       Una vez que Lance se acomodó a un lado de Eclipse, la reina de Lerasi se volvió hacia Saulo para darle la mala noticia.

       —Saulo… siento informarte que… —titubeó, no sabía como terminar—. Durante la batalla… Astrea falleció.

       El príncipe de Endoria abrió los ojos de par en par tratando de digerir la noticia. No era cierto, no podía ser verdad. Desgraciadamente, los ojos de Andrea llenos de lágrimas decían todo lo contrario.

       —¿Cómo sucedió?

       —Al combatir contra una Khan llamada Lilith —dijo la reina tratando de guardar la compostura—. Se sacrificó a sí misma para derrotarla… ya han traído el cuerpo.

       Saulo ya no dijo nada, tenía la cara pálida y los ojos rojos. Sobrecogido por la angustia no se sentía capaz de actuar como un líder. Sin mediar una sola palabra se dirigió a su puesto y se sentó cabizbajo.

       —Denme un momento, por favor —musitó sin levantar el rostro—. Sólo un momento.

       Lance no volvió la mirada hacia atrás. Sentía como un nudo le invadía la garganta, pero se contuvo. De pronto la mano de Eclipse lo tomó del hombro.

       —Eh, amigo, yo también lo siento —le sostuvo la mirada—. Le jur que acabaremos con esos infelices.

       El Celestial asintió con la cabeza y continuó su trabajo. Detrás de ellos, Leona y sus amigos se limitaron a bajar la cabeza en señal de respeto.

       Una vez que todos los capitanes regresaron a sus respectivos naves, la flota de aliada comenzó a avanzar abandonando la órbita de Noat. Todo estaba listo para iniciar el viaje por el hiperespacio.

       Cadmio contempló la diminuta esfera azul de Noat en silencio. Suspiró apesadumbrado. Su amor se había ido y ahora sentía que ya nada le quedaba salvo un deseo vehemente de venganza contra los Khans. En ese momento, se juró a sí mismo que sería el Celestial más poderoso de todos, honraría la memoria de Astrea convirtiéndose en el mejor guerrero y al final acabaría con N´astarith.

       La clínica del destructor Artemisa estaba atiborrada de decenas de heridos. La mayoría de ellos provenían del grupo de civiles que habían decidido descender en el planeta. Otros tantos eran oficiales heridos durante la batalla. Cuerpos inconscientes flotaban en diferentes cámaras de recuperación mientras los médicos y enfermeras corrían de un extremo a otro.

       Entre ellos se encontraba Asiont Ben-Al. Sus heridas habían sido bastante graves y algunos médicos predecían que no sobreviviría. Quizás tenían razón porque su actividad cerebral estaba empezando a decaer.

       La claridad fulgurante del mar apacible y cálido que lo envolvía se atenuó poco a poco. Ahora sólo quedaba una pequeña luz en el fondo de su mente y la sensación dolorosa de su cuerpo debatiéndose en la cámara de recuperación.

       Vio su existencia desde otro plano, más etérea, más gozosa, más espiritual y tuvo la certidumbre de que la vida incorpórea era más grata.

       —¿Qué haces aquí? —escuchó a lo lejos, como si la voz proviniera de una neblina espesa—. Aún tienes algo porqué vivir.

       —¿Eh? ¿Quién es? —preguntó en su mente.

       —Asiont, ¿no recuerda lo que dijiste? “Es hora de que las personas se levanten y hagan algo” —continuó la voz—. No te rindas, no debes darte por vencido.

       —Tu voz me es conocida… es tan tranquila.

       —Este es el momento para que regreses, Asiont, ¿aún tienes fe?

       Su mente empezó a recordar algunas palabras que había oído. Recordó el juramento que le había hecho Astrea, el agradecimiento de la reina Andrea y el caos que vivía la galaxia por una guerra que ya había durado demasiado. La voz tenía razón. No podía darse por vencido.

       Abrió los ojos poco a poco y pudo distinguir a los androides y enfermeras fuera de la cámara de recuperación. Su cuerpo estaba sumergido en una solución de bacterias químicas sintéticas que curaban las heridas de su cuerpo. Una mascarilla conectada a una larga manguera le proporcionaba el oxígeno necesario para sobrevivir dentro de aquel medio líquido.

       —Está abriendo los ojos —observó una enfermera—. Avísenle al doctor.

       Un médico vestido con una larga bata se acercó a uno panel de control y al cabo de un instante concluyó:

       —Sus signos vitales se han restablecido por completo —hizo una pausa y continuó—. También sus ondas cerebrales están bien —se giró hacia uno de los androides—. Llévenlo a un camarote.

       El nivel del líquido dentro de la cámara comenzó a descender.

       Tokio-3, Japón

       El sonido de un enorme ventilador dominaba el lugar. Recargado en una de las paredes, Kaji esperaba la llegada de su amigo Masamaru. Después de rescatar a Fuyutsuki sabía que estaba metido en serios problemas. Necesitaba ayuda.

       Mientras aguardaba empezó a recordar la manera en que él y Masamaru se habían conocido años atrás cuando apenas habían comenzado a trabajar en el ministerio del gobierno japonés. Casi desde el principio se hicieron buenos amigos y prácticamente se cuidaban las espaldas en todo. Sin embargo, algo había pasado, algo que él no acaba de entender.

       Luego de convivir durante años, Masamaru empezó a volverse misterioso y sombrío; hablaba acerca de la ONU como sí ella fuera la principal responsable de lo sucedido a raíz de los desastres ocurridos después del Segundo impacto. Había algo más de fondo y por alguna razón sospechaba que todo estaba relacionado con el grupo Apocalipsis.

       Aunque en teoría aquella agrupación también trabajaba para la ONU, ésta siempre mantenía sus actividades en el más absoluto secreto y se rumoraba que en ocasiones sus dirigentes desobedecía las ordenes que se les daban. No hacían trabajos para SEELE, eso era obvio, pero entonces ¿a quién servían verdaderamente? Había algo muy turbio detrás de Kymura y su grupo.

       El sonido de pasos llamó su atención.

       —¡Hola! —exclamó Kaji—. Llegas tarde.

       Masamaru no respondió al saludo. Miró a su viejo amigo y recordó fugazmente la manera en que se habían conocido. Después, sacó la pistola nueve milímetros que escondía bajo el brazo, apuntó a la cabeza de Kaji y jaló del gatillo.

       Continuará… .

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