Leyenda 105

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO CV

NO HAY QUE PERDER LA FE

Armagedón

         Sombrío entró caminando a la habitación del trono y pasó junto a los guardias que custodiaban las puertas de acceso del ascensor. Se detuvo delante de las escaleras que conducían hasta el trono donde N´astarith aguardaba y bajó una rodilla al suelo para inclinarse. Tiamat, que permanecía a un costado del oscuro señor de Abbadón, contempló a su compañero de armas con un aire de desprecio.

         —Sombrío, ¿en dónde estabas? —le preguntó N´astarith.

         El Khan del Lobo levantó la cabeza y tragó saliva.

         —Mi señor, me encontraba en el laboratorio principal. Lamento no haber llegado a la reunión que convocó, pero estaba vigilando a los soldados del Ejército del Mal como usted quería.

         N´astarith miró fijamente a Sombrío y se puso de pie.

         —Eso no tiene importancia —repuso con voz suave—. Nauj-vir me informó que sólo son hechiceros de bajo nivel y un montón de demonios sin valor. Comparados con el poder de los guerreros de Abbadón, los miembros del Ejército del Mal son unos gusanos. No será difícil controlar a Ban y a su sequito de sirvientes.

         —En lo absoluto, mi señor.

         El emperador de Abbadón bajó la escalera y estudió el rostro de Sombrío. De repente abrió la mano a unos centímetros de la cara del guerrero. Cuando vio el resplandor en la palma de N´astarith, el Khan del Lobo sólo tuvo una fracción de segundo para comprender que estaba a punto de sufrir. La energía en la mano del emperador se expandió y lanzó de espaldas a Sombrío contra la pared.

         —La próxima vez asegúrate de estar presente cuando te llame.

         —Sí-Sí, mi-mi señor, lo-lo que usted diga.

         Con Sombrío temblando de miedo en el suelo, el emperador de Abbadón cerró la mano y suspiró. Más calmado ya, N´astarith dio la media vuelta y dirigió su mirada hacia el Khan del Dragón.

         —Tengo entendido que Asura enviará una gran flota de naves de guerra y robots para ayudarnos. Creo que podríamos aprovechar toda esa fuerza para atacar el planeta donde se ubica la última gema estelar, ¿no lo crees?

         Tiamat inclinó la cabeza.

         —Sí me permite, mi señor, yo podría hacerme cargo de comandar dicha fuerza.

         Con un gesto relajado, N´astarith negó con la cabeza y regresó a su trono.

         —No, yo mismo dirigiré personalmente el ataque. En esta ocasión no puede haber errores. Los científicos de la Alianza Estelar están trabajando en un arma para atravesar los campos de fuerza de nuestras naves. Tenemos que demostrarles que enfrentar el poder de Abbadón significa encarar la destrucción.

         El Khan del Dragón esperó ordenes con la cabeza inclinada.

         —Prepara las naves para partir —ordenó N´astarith mientras se dirigía a su trono—. Y avísales a Etzal, Sarah y Odrare que se preparen para la misión. Está vez no pienso dejar piedra sobre piedra.

Bosques de Zefilia.

         Ten-Shin-Han y Yamcha fueron los primeros en atacar. Los Guerreros Zeta volaron alrededor de Liton para mejorar sus posiciones y luego dispararon varias ráfagas de energía desde distintas direcciones. El meganiano primero atrapó todos los ataques usando sus manos para absorber la energía y después se lanzó por los aires para perseguir a Yamcha y a Ten-Shin-Han.

         Actuando a gran velocidad, Liton apareció en el camino de Yamcha y le dio un brutal puñetazo en pleno rostro usando la técnica del Hoono-Ken. El Guerrero Zeta perdió el sentido como consecuencia del golpe y se precipitó por los suelos. Viendo lo ocurrido, Ten-Shin-Han llamó a su amigo varias veces en un intento por hacerlo reaccionar, pero fue inútil. Ahora tendría que enfrentarse solo a Liton.

         —¡Maldición! —murmuró Ten-Shin-Han—. Yamcha.

         El meganiano no tardó en atacar a Ten-Shin-Han, pero éste ya lo estaba esperando. El Guerrero Zeta llevó sus manos a ambos costados de la cabeza para realizar la técnica delTaiyouken y emitir un fuerte resplandor con el que cegó momentáneamente a Liton. Tomando ventaja de la situación, Ten-Shin-Han le propinó una patada en la quijada que lo mandó algunos metros hacia atrás. No obstante, aunque Ten-Shin-Han había logrado un golpe de suerte con aquella maniobra, sabía que eso no sería suficiente para derrotar a su oponente.

         Liton se frotó los ojos con insistencia y al cabo de unos segundos, ya había recobrado totalmente la vista. Enfurecido por el ardid del que había sido víctima, se abalanzó sobre el Guerrero Zeta y le dio un fuerte rodillazo en el estómago que le sacó todo el aire. Ten-Shin-Han se dobló hacia delante mientras su mirada se nublaba, quedando completamente a merced de su adversario. El meganiano extendió la mano derecha frente al rostro del terrícola y, en el momento en que Ten-Shin-Han alzaba la vista, le disparó una descarga que lo derribó.

         —¡Ten-Shin-Han! —exclamó Shaina.

         —Es hora de acabar con esos insolentes —murmuró Liton al tiempo que extendía sus manos sobre los Guerreros Zeta—. ¡Se arrepentirán de haber desafiado al guerrero más poderoso de Megoazar!

         —¡No lo permitiré! —dijo Ameria en voz alta.

         —¡Ameria! ¿Estás loca? —le gritó Rina—. ¡No hagas estupideces!

         Sin detenerse a pensar en su propia seguridad, Ameria corrió hasta donde se encontraban los Guerreros Zeta con la intención de protegerlos. No le importó ni las advertencias de sus amigos, ni el hecho de que Liton estaba dejando caer un diluvio de esferas de fuego sobre los terrícolas. Se colocó entre Ten-Shin-Han y Yamcha y levantó las palmas al cielo para crear una barrera mágica.

         —¡¡Fire Comet´s!!

         —¡¡Barisu Wooru!! (El Muro de Valis)

         —¡¡Eso no servirá!! ¡¡Ese escudo no detendrá todos mis ataques!!

         La desesperación se apoderó de Ameria cuando los veloces cometas de fuego comenzaron a impactar sobre el Barisu Wooru. Uno tras otro, los ataques de Liton golpearon la barrera defensiva con una fuerza terrible. La hechicera sintió que sus fuerzas empezaban a flaquear debido a la presión, pero aún así pudo mantener la defensa. Cuando la lluvia de bolas de fuego terminó, Ameria dejó caer una rodilla al suelo mientras respiraba agitadamente.

         Liton frunció una sonrisa malévola. Tal vez esa joven había logrado salvar a Yamcha y a Ten-Shin-Han, pero había agotado gran parte de sus energías haciendo ese escudo mágico. Probablemente le sería muy difícil levantar otra barrera de defensa. Se dejó caer y aterrizó en el suelo a unos metros de donde se encontraban Ameria y los Guerreros Zeta.

         —Eso fue algo muy tonto de tu parte, niña —le dijo Liton con desdén—. Arriesgas tu vida por salvar a unos miserables que no valen nada. Pero que estupidez tan grande.

         —No… es ninguna estupidez —repuso Ameria, alzando la mirada—. Ayudar a las personas que están en problemas jamás es estúpido. Admito que eres un guerrero con unos poderes asombrosos, pero aun así, no podrás ganarnos nunca porque eres un sujeto maligno.

         —¡Ameria! —exclamó Rina.

         —Sería más sencillo tratar de escapar y dejar que mataras a estas personas, pero he preferido quedarme y hacer lo que es correcto. Muchas personas piensan que ayudar a los demás es una tontería, pero se encuentran equivocados.

         —Pero que palabras tan conmovedoras —Liton extendió una mano con la palma vuelta hacia delante y derribó a Ameria con una onda de choque—. Sólo los tontos pueden afirmar cosas tan absurdas como esas. ¿Acaso no comprenden que ayudar a los miserables es algo inútil? Me dan lástima, insectos.

         —¿Qué dices? —inquirió Firia, retrocediendo un paso hacia atrás.

         —Es algo lógico, mi amiga —Liton volvió la vista hacia Firia—. El universo está regido por la voluntad del poder, cuyo impulso es lo que hace verdaderamente grande a los hombres. Con esas patéticas creencias que predican, ustedes limitan la voluntad del poder y lo único que demuestran es su cobardía. Mediante ideas falsas como la amistad, la justicia, los sueños y el bien, las personas débiles huyen de la realidad y eso ocurre porque le temen a la voluntad del poder. Es algo tan penoso, pero así es.

         Uller cerró sus párpados y bajó levemente la cabeza.

         —Dices todas esas cosas porque te encuentras vacío por dentro —hizo una pausa y abrió de nuevo los ojos—. Quién está en paz consigo mismo no necesita buscar el poder para sentirse completo. Sólo el hombre que sabe vivir es capaz de entender que dando a los demás, es como se recibe. Aquel que sabe vivir plenamente no tiene miedo a la muerte.

         Las palabras del Kundalini eran como aguijones para Liton, y la fuerza que había detrás de ellas no podía ser más clara. El meganiano sintió un enorme desprecio por la filosofía del hombre de hielo y por las palabras de Ameria. Ahora menos que nunca iba a permitir que sus enemigos escaparan con vida. Todos debían morir en sus manos de una forma o de otra.

         —Son sólo una partida de cobardes que se esconden detrás de toda esa basura filosófica —murmuró con arrogancia—. El hombre que sabe vivir ¡Bah! Allá ustedes y sus tontas creencias. Ahora usaré mi gran poder para demostrarles que ustedes están equivocados y que yo tengo la razón.

         Los ojos del meganiano ardieron con ferocidad mientras la energía de su propia aura irradiaba por todo su cuerpo. Dio un salto en el aire y arrojó una andanada de esferas llameantes contra sus adversarios. Una de las bolas de fuego golpeó a Shaina en el pecho y la tumbó en el piso mientras que Rina saltaba de un lado a otro haciendo extrañas piruetas para eludir los ataques de fuego.

         Gaury pudo bloquear una de las esferas de fuego con ayuda de su espada de luz, pero el impacto fue tan fuerte que lo lanzó de espaldas al suelo. Solamente Hyoga pudo detener los mortíferos ataques de Liton cuando se arrojó contra las esferas de fuego y usó el puño derecho para lanzar una poderosa corriente de aire helado que disipó todas las llamas.

         El guerrero meganiano no cesó en sus ataques. Al mismo tiempo que acrecentaba la temperatura del ambiente usando el poder de su aura, volvió a bombardear a sus enemigos con una lluvia de meteoros ardientes más letal que la que había usado contra Ameria. Las bolas de fuego caían por todas partes, desatando un feroz incendio que se extendía rápidamente. Mientras sus ataques de fuego desataban la destrucción, Liton se dedicó a contemplar el macabro espectáculo desde las alturas.

         Una bola de fuego impactó a escasos metros de donde estaba Eclipse, pero la fuerza de la explosión lo hizo saltar por los aires junto con Yamcha, Ten-Shin-Han, Ameria además de una gran cantidad de rocas y escombros. Cuando finalmente cayó al piso, el enmascarado se acarició la parte inferior de la espalda y soltó un bufido.

         —Uff, esto está color de hormiga.

         Con las esferas llameantes estallando en todas direcciones, Hyoga y Uller decidieron usar sus poderes para neutralizar el fuego. Usando el Diamond Dust y las descargas gélidas, ambos guerreros lograron contener los fuertes ataques de Liton y otorgarles a los demás el tiempo necesario para que se colocaran junto a la estatua de Asiont. El Santo del Cisne observó que Liton estaba a punto de volver a atacar por lo que se volvió hacia Uller.

         —No puede ser, ese miserable es muy poderoso —murmuró el Kundalini y luego atrajo un aro de hielo hacia sus manos—. Tengo que hacer algo antes de que lastime a alguno de nuestros amigos.

         Hyoga sujetó al Guerrero Kundalini por la muñeca para detenerle.

         —Espera, Uller, yo me haré cargo de él.

         —Hyoga, ¿estás seguro?

         —Tú ocúpate de nuestros amigos —repuso el Santo del Cisne, pasando frente al hombre de hielo—. Tu anillo te protege de las altas temperaturas, pero presiento que Liton aún no nos ha mostrado todas sus habilidades.

         Rina miró a Hyoga y arqueó una ceja con escepticismo. ¿De verdad quería enfrentar solo a Liton? Sin duda se trataba de un demente o, en el mejor de los casos, un suicida. Aunque no conocía todas las habilidades de Hyoga, estaba segura que él solo no podría vencer al meganiano. Llevó la vista hacia donde estaban sus amigos y notó que Ameria era sostenida de un brazo por Shirufiru. Al poco tiempo llegó Zerugadisu, que cargaba a Ten-Shin-Han sobre sus hombros, Firia que llevaba a Shaina apoyada en un hombro, Eclipse que traía a Yamcha y Gaury que arrastraba al príncipe David.

         —¡Ameria! —exclamó Rina, acercándose a sus amigas—. ¿Se encuentra bien?

         —Está lastimada por la explosión —le contestó Shirufiru mientras depositaba a Ameria con cuidado en el suelo—. Parece que el calor y la barrera que formó la debilitaron más de lo que creíamos. No se preocupen, usaré mi magia curativa para ayudarla a volver a la normalidad.

         —¿Lo hice bien, señorita Rina? —preguntó Ameria en voz baja. Su rostro sucio y lleno de polvo se iluminó con una pequeña sonrisa que conmovió a sus amigos—. Creo que mi magia no es tan buena después de todo.

         —Claro que lo hiciste bien —repuso Rina al borde del llanto—. Pero la próxima vez déjame las locuras a mí, por favor.

         Zerugadisu dejó a Ten-Shin-Han a un lado y se volvió para contemplar el rostro de Ameria. El lamentable estado en el que se encontraba su amiga fue más que suficiente para hacerlo enfurecer. Apretó los puños con una rabia asesina y bajó la cabeza un instante como si luchara por contener su ira. Entonces, de repente, alzó el rostro enarbolando una mirada cargada de furia. Se giró hacia donde estaba Liton con la intención de ir a matarlo, pero Firia le salió al paso y lo detuvo.

         —Hazte a un lado, Firia.

         La joven lo miró directamente a los ojos sin retroceder ni un centímetro.

         —Escúchame, Zerugadisu, sé que estás furioso por lo que ha pasado, pero necesitamos que nos protejas. Tú eres el único que puede formar el Barisu Wooru además de Ameria. Debes protegernos mientras ayudamos a los demás con nuestra magia. Deja que ese joven llamado Hyoga pelee con Liton.

         Zerugadisu sentía unos enormes deseos de apartar a Firia de su camino para ir por la cabeza del meganiano, pero lo pensó mejor y se abstuvo de hacerlo. Mientras Liton los amenazara con aquellos ataques de fuego, ninguno de sus amigos estaría completamente a salvo. El hechicero lanzó una mirada hacia donde estaba Hyoga y observó que éste seguía combatiendo las llamas con aire frío.

         —Está bien, pero apresúrate, por favor.

         Firia asintió con la cabeza y rápidamente fue a sanar a los Guerros Zeta y a Shiana. Mientras Shirufiru curaba a Ameria, Zerugadisu extendió ambas manos para formar el Barisu Woorualrededor de todos. Mientras realizaba el conjuro y el escudo se cerraba, el hechicero tomó un segundo para mirar a Ameria por encima del hombro una última vez. Luego usó toda sus energías para hacer la barrera mágica extremadamente fuerte.

         A pesar de que sus adversarios habían sobrevivido a uno de sus más devastadores ataques, Liton estaba seguro de que nadie podría vencerlo. En unos cuantos segundos ya había logrado derrotar a Ten-Shin-Han y a Yamcha y herir seriamente a Ameria y a Shaina. Los demás habían corrido a esconderse detrás de un escudo mágico creado por Zerugadisu y tan sólo Hyoga y Uller parecían ofrecer algo resistencia, pero eso sería totalmente inútil. Cuando el Santo del Cisne terminó de neutralizar los últimos meteoros de fuego, el meganiano se acercó unos pasos y empezó a reír.

         —Tal parece que te quedaste solo, Hyoga —se burló a carcajadas—. Tus amigos te han abandonado y se fueron a esconder dejándote pelear solo. ¿Adónde se fueron todas esas idioteces sobre la amistad?

         —No malentiendas las cosas —replicó el Santo en actitud desafiante—. Yo he decidido pelear contra ti. Mientras mis amigos estén seguros, podremos combatir sin que nadie nos moleste.

         El meganiano soltó una risita burlona.

         —¿Pelearás solo contra mí? Ahora veo que has perdido completamente la razón. ¿No comprendes que mis poderes no tienen comparación con los tuyos? ¿No ves cómo está tu armadura, estúpido? Tal vez no lo hayas entendido, pero soy invencible.

         —No estoy tan seguro de eso.

         —Te lo demostraré —amenazó el meganiano. Extendió su mano y lanzó una serie de ondas térmicas con forma de anillos concéntricos sobre Hyoga—. Veamos cómo te defiendes de esto.

         Las ondas térmicas pasaron a través del Santo del Cisne, que cerró sus ojos y se quedó completamente inmóvil recibiendo el ataque. Uller esbozó en su rostro un gesto de preocupación al ver lo que estaba ocurriendo. Las ondas térmicas harían que la temperatura alrededor de Hyoga aumentará todavía más, lo cual haría pedazos la armadura del Santo de bronce.

         —¡Hyoga, defiéndete!

         Pero Hyoga continuó sin efectuar el menor movimiento. Liton especuló que la temperatura, que en ese momento ya era demasiada intensa para ser tolerara por un ser humano ordinario, estaba haciendo imposible que el Santo del Cisne pudiera defenderse adecuadamente, de tal suerte que soltó una carcajada maléfica.

         —Liton, me parece que me estás subestimando —murmuró Hyoga tranquilamente.

         —¿Qué demonios? —inquirió Liton, retrocediendo.

         Hyoga abrió sus ojos azules y observó fijamente al meganiano, que tenía el ceño fruncido debido a la sorpresa. A pesar de las poderosas ondas térmicas, el Santo no parecía haber sido afectado por ellas.

         —Hace un momento dijiste que la amistad y los sueños son sólo ilusiones a las que se aferran los débiles, pero para nosotros, los Santos de Bronce, la amistad y los sueños son algo que no da el impulso necesario para seguir luchando.

         —No sé cómo es que mis ondas térmicas no te afectaron —repuso Liton con indiferencia—. Pero sólo fue un golpe de suerte, Hyoga, no olvides que una de mis habilidades consiste en leer la mente de mis oponentes. Puedo anticipar todos y cada uno de tus ataques.

         El meganiano bajó sus párpados un instante y se sumió en sí mismo. Usando el poder de su mente trató de hurgar nuevamente en los pensamientos de Hyoga, pero por alguna razón inexplicable lo único que pudo visualizar fue un enorme vacío oscuro, un lecho de nada. Extrañado, Liton abrió sus ojos un momento y volvió a intentarlo. Tras unos segundos de espera, se dio cuenta que no podía penetrar en la mente del Santo de Bronce. Abrió los ojos de repente y dijo:

         —¿Qué ocurre? No puedo entrar en sus pensamientos —Levantó la vista y observó a Hyoga minuciosamente—. Pero si hace unos instantes podía leer todo lo que había en su mente. ¿Cómo rayos lograste impedir que leyera tu mente?

         —Seiya me contó en una ocasión que su maestra Marin tuvo una batalla muy difícil contra un Santo de Plata, ese Santo era Asterion de Lebreles. Él usaba una técnica muy parecida a la tuya para leer la mente y por esa razón resultaba casi imposible derrotarlo. Sin embargo, Marin descubrió que formando un vacío en su mente, podía bloquear la habilidad de Asterion y fue de esa manera que pudo ganar la pelea.

         —Ya entiendo todo —murmuró el meganiano, receloso—. Sin embargo, aunque no pueda leer tus pensamientos, eso no impedirá que te haga pedazos. Mientras combatimos el calor te irá debilitando poco a poco —Alzó la mano con la palma vuelta hacia Hyoga y soltó una risita malévola—. Esta vez mis ondas térmicas destruirán tu armadura de una vez por todas.

         Una nueva serie de anillos de energía calorífica envolvió al Santo, que de nueva cuenta permaneció inmóvil como la vez anterior. Mientras los aros concéntricos pasaban uno tras otro por el cuerpo de Hyoga, el meganiano advirtió algo que no había visto con anterioridad. Alrededor del cuerpo del Santo del Cisne flotaba una corriente de aire frío que contrarrestaba los efectos de las ondas térmicas.

         —Se siente frío —musitó Liton en tono pensativo—. El aire frío cubre a Hyoga y lo protege de mi poder. Ahora comprendo por qué las ondas térmicas no lo afectaron a pesar de que usa una armadura de bronce —Liton frunció una sonrisa y separó ambas piernas mientras el poder de su aura salía de su cuerpo—. Eso fue algo inteligente, Hyoga, pero el aire frío no te protegerá de mis ataques más poderosos. ¡Prepárate! ¡¡El poder de la Nova Burning te incinerará hasta los huesos!!

         En respuesta, el Santo del Cisne comenzó a realizar un conjunto de movimientos usando sus brazos y piernas para invocar el poder de su aura. A medida que Hyoga ejecutaba sus movimientos, el aire frío a su alrededor fue expandiéndose poco a poco, inundando el ambiente con diminutos cristales de hielo que flotaban por al aire.

         —Lamento contradecirte, pero mi aire frío acabará primero contigo.

         —¡Idiota! —exclamó Liton—. El poder de mi aura puede generar el mismo calor del sol. Será lo mismo que con los ataques de Uller.

         Cuando terminó con sus movimientos, Hyoga se arrojó directamente contra Liton y levantó su puño derecho para disparar una corriente de aire congelado a la velocidad de la luz.

         —¡¡Diamond Dust!! (Polvo de Diamante)

         El ataque golpeó completamente al meganiano, que esbozó una ligera sonrisa antes de quedar convertido en un gigantesco bloque de hielo. Hyoga pasó a través de Liton luego de usar elDiamond Dust y después se volvió para evaluar los resultados de su ataque. Parecía que había logrado atrapar a su enemigo dentro de aquel pequeño témpano, pero de repente el hielo comenzó a cuartearse.

         —Este aire frío es realmente fresco —se escuchó decir a Liton mientras su gélida prisión se desmoronaba rápidamente. Los enormes pedazos de hielo ni siquiera alcanzaron a tocar el piso, sino que se evaporaron casi al instante—. No importa que clase de aire congelante uses, Hyoga. Jamás podrás congelar el poder del sol.

         Hyoga quedó boquiabierto. Su aire frío parecía completamente inútil ante los asombrosos poderes de Liton. El hielo con el que lo había aprisionado había sido evaporado casi al instante. Una cosa le quedó clara, tenía que hacer más frío su aire congelante o de lo contrario jamás podría vencerlo.

         —No puede ser que mi aire congelado haya sido evaporado de esa forma.

         —Te lo dije antes y te lo repito ahora, el poder de mi aura puede generar el mismo calor del sol. Nadie puede congelar las llamas del sol sin importar que se trate de un Caballero Celestial, un Santo de Atena o un Guerrero Kundalini.

         El meganiano levantó sus brazos y formó una pequeña esfera de fuego entre las palmas de las manos, la cual empezó a aumentar de tamaño. Una vez que la esfera alcanzó un tamaño considerable, Liton extendió ambas manos al frente para arrojarla contra Hyoga. A medida que la bola de fuego iba avanzando también iba incrementando su tamaño, de forma que cuando estaba frente a Hyoga ésta ya se había vuelto descomunal.

         —¡¡Nova Burning!!

         Hyoga comprendió que se encontraba en aprietos cuando descubrió que no tenía para donde hacerse. La esfera llameante era tan grande y veloz que lo aplastaría fácilmente aunque tratará de evadirla. Sólo había una oportunidad para salvarse, pero era arriesgada. Se quedó parado en su sitio y levantó ambos brazos, decidido a detenerla con sus propias manos.

         Haciendo acopió de todas sus fuerzas, el Santo del Cisne apenas logró contener la monumental bola de fuego que se cernía sobre él. Sintió como el calor le quemaba los dedos y pasaba a través de su armadura de bronce. La presión era enorme y Hyoga, preso de la desesperación, empezó a ser empujado hacia atrás. Aún cuando el poder de su aura le brindaba cierta protección contra el calor del ambiente, Hyoga estaba empezando a resentir los efectos de la terrible Nova Burning.

         —Date por vencido, Hyoga —le aconsejó Liton—. Pronto morirás con mi más poderosa técnica y seguirás a David. Descubrirás que nadie puede oponerse a la voluntad del poder.

         —¡Olvídalo! —vociferó Hyoga al tiempo que hacía un último esfuerzo por incrementar el poder de su cosmos y cambiar el balance de la pelea. En ese momento, la armadura del Cisne se volvió de oro y comenzó a emitir un poderoso brillo, sorprendiendo al meganiano—. ¡No dejaré de luchar hasta que muera!

         —Continuas diciendo esas tonterías, ¿no te das cuenta de que mientras más te aferres a esas ideas más sufrirás? —Liton levantó un brazo para señalar la Nova Burning y disparó un minúsculo meteoro de luz usando la punta de su dedo índice.

         El rayo golpeó sobre la superficie de la esfera y provocó una reacción en cadena que desembocó en una violenta explosión que engulló a Hyoga, desatando un infierno de llamas y arrasando con algunos árboles que aún seguían en pie. Las llamas comenzaron a extenderse nuevamente en todas direcciones.

         —¡¡Hyoga!! —gritó Uller con todas sus fuerzas.

         Detrás de la barrera defensiva del Barisu Wooru, Rina, Zerugadisu, Yamcha y los demás contemplaron inmóviles como la figura del Santo de bronce había desparecido tras el tremendo estallido causado por Liton. Eclipse, que imaginó que lo peor estaba por venir cuando observó como el meganiano se volvía hacia ellos, expresó en una simple frase el sentir de todos.

         —Ahora si nos chupó la bruja.

Tokio-3

         Eran las 7:30 de la noche. El general Kymura se dirigía a paso ligero hacia la sala de reuniones donde sus más cercanos colaboradores y hombres de confianza lo estaban esperando. Mientras avanzaba por el largo pasillo levantó el brazo izquierdo y consultó su reloj. Todavía faltaban algunas horas para que los efectivos del ejército japonés se movilizaran por completo a las inmediaciones de Tokio-3, pero Kymura sentía que debían estar listos por si los militares decidían iniciar un asalto sorpresivo sobre NERV.

         De acuerdo a sus informes, los dirigentes de SEELE primero retirarían la protección legal de NERV e inmediatamente después intervendrían los sistemas de computo para obligar a Gendou a ceder el mando al gobierno del Japón, pero sí por alguna razón el comandante Ikari llegaba a negarse, entonces sería autorizado el uso de la fuerza para ocupar todas las instalaciones. Por tal razón era indispensable que los miembros de la organización Apocalipsis estuvieran preparados.

         Kymura abrió las puertas de la sala de conferencias y entró. En el interior había una gran cantidad de hombres y mujeres que vestían uniformes militares de color negro con gris. La habitación era sencilla, aunque estaba decorada con buen gusto. La mayor parte del espacio se hallaba ocupada por una gran mesa circular de caoba, alrededor de la cual había veinticuatro sillas de respaldo recto. Todo era lujoso y elegante.

         —Tomen asiento, por favor —Kymura se dirigió a la cabecera de la sala y ocupó su lugar antes de empezar a hablar—. Hermanos y hermanas, el gran Genghis Khan, dueño de la verdad absoluta, me ha confirmado que nos brindará todo su apoyo para alcanzar la victoria sobre nuestros enemigos. El día del Juicio Final ha llegado y a excepción de los elegidos, todos morirán por sus horrendos pecados contra los cielos.

         Los hombres y mujeres de negro le dedicaron una buena salva de aplausos.

         —General Kymura —dijo uno de los presentes—. Nadie de aquí podría poner en tela de juicio las palabras del gran Genghis Khan, pero nos preocupa que la intervención de SEELE pudiera complicar la operación. De acuerdo con nuestros últimos reportes, SEELE podría poner en operación a los ocho Evas fabricados recientemente. Sí las nuevas unidades Evangelion se unen a la Fuerza Estratégica para la Auto-Defensa de Japón, me temo que estaríamos en desventaja a pesar de todo el apoyo del gran Genghis Khan.

         —Temo que estoy de acuerdo con Yamada —murmuró un segundo hombre—. Una cosa es apoderarnos de las instalaciones de NERV y otra muy distinta enfrentarnos a todo el poderío que representan ocho Evas. Creo que deberíamos posponer nuestros planes por unos días y pensar bien las cosas.

         Kymura los miró con desdén.

         —Esas unidades Evangelion no serán ningún problema. El presidente Keel y esos ciegos de SEELE han creado esas monstruosidades con la idea de que así lograrán sus propósitos. Pero lo que no saben es que los destruiremos a todos. ¡¡No existe poder sobre la Tierra que resista la voluntad del gran Genghis Khan!!

         Se hizo el silencio, mientras los presentes asimilaban esas palabras. Masamaru cambió una rápida mirada con Kymura. Ninguno de los miembros de la organización podía pensar si quiera en atreverse a contradecir al general, pero lo cierto es que algunos compartían las mismas preocupaciones que Yamada con respecto al poder de los Evas de SEELE.

         —General, nuestros robots aún no han sido probamos en combate y la estabilidad de los pilotos no es del todo confiable —insistió Yamada mostrándose algo nervioso—. No digo que no sigamos adelante con nuestros objetivos, pero me parece que debemos esperar un poco más.

         Kymura se puso de pie y cruzó la habitación hasta llegar frente a Yamada, que se quedó inmóvil ante la fría mirada del general. De repente las pupilas en los ojos del general se tornaron rojas y emitieron un brillo. Extendió una mano y comenzó a cerrarla lentamente como si estuviera apretando algo.

         Al instante, Yamada sintió una enorme presión sobre su cuello y empezó a experimentar asfixia. Era como si alguien lo estuviera ahorcando con una fuerza tremenda. Preso del pánico y de la angustia que sentía, se llevó la mano derecha a la garganta mientras trataba desesperadamente de jalar aire. Fue en ese momento que comprendió que era el general quien lo estaba matando.

         Kymura soltó nuevamente la risita malévola y dijo:

         —¿Sabe, Yamada? Su falta de fe me molesta.

         —Lo-Lo lamento, señor, yo no quise ofenderlo —se disculpó Yamada en un intento por salvar la vida. Su rostro se contrajo en una mueca de desesperación—. Por favor, te-tenga piedad, no, por favor… .

         Se escuchó un chasquido hueco y húmedo cuando el hueso del cuello se partió finalmente. Con la misma serenidad con que hubiera encendido un cigarro, Kymura bajó el brazo y dirigió su mirada hacia los demás. El hombre que hace unos instantes había apoyado la idea de Yamada se puso pálido como la tiza.

         —Quiten esta basura de mi vista —ordenó el general.

         Un par de hombres se apresuraron a retirar el cadáver de Yamada. El resto de los presentes se dedicó a contemplar al general mientras éste volvía a ocupar su lugar en la mesa. Después de lo sucedido, era obvio que nadie más se iba a atrever a decir algo que contrariada las ordenes de Kymura y él lo sabía mejor perfectamente.

         —La operación seguirá como ha sido planeada —puntualizó Kymura—. Todos tienen sus ordenes. Usen su fuerza de voluntad hasta las últimas consecuencias, aplasten a nuestros enemigos dormidos. Somos los elegidos, la victoria y el poder serán nuestros.

         Tras dar por terminada la reunión, se marcharon todos menos Kymura y Masamaru. Éste se acercó al general y le preguntó:

         —¿Fue eso realmente necesario?

         Kymura lo miró fijamente a los ojos.

         —Me sorprende que todavía no lo comprendas. El miedo es la mejor forma de controlar a las personas para que hagan lo que uno desea. Es una fuerza tan increíble que proporciona más poder que cualquier arma. El miedo es lo que hará que ellos sigan las ordenes y que peleen hasta el final.

         —¿El miedo dice? —murmuró Masamaru, extrañado.

         —Fue una de las primeras cosas que aprendí del gran Genghis Khan —rió en un murmullo apenas perceptible—. El terror y la angustia son los mejores aliados con los que alguien puede contar.

Bosque de Zefilia.

         Aunque le molestaba admitirlo, Rina empezó a hacerse a la idea de que Hyoga había fallecido en aquella violenta explosión. El Santo del Cisne había demostrado ser un guerrero valiente y poderoso, pero resultaba imposible que aún estuviera con vida luego de recibir ese tremendo ataque. La inmensa nube de polvo provocada por el estallido y el humo de las llamas hacían imposible que Rina, Firia, Uller o incluso Liton pudieran observar el sitio donde Hyoga había desaparecido.

         —Ese tonto recibió lo que se merecía —murmuró el meganiano mientras avanzaba hacia el Barisu Wooru creado por Zerugadisu—. Nada ni nadie puede negar la voluntad del poder. La amistad y los sueños son esperanzas vanas en las que los débiles tratan de encontrar consuelo, pero yo no necesito nada de esa basura.

         Uller se interpuso en el camino de Liton. Aún cuando el meganiano parecía un sujeto extremadamente poderoso, el Kundalino estaba dispuesto a jugarse el todo por el todo. Tal vez Liton podía generar el mismo calor que el sol, pero mientras el Anillo de los Inmortales le brindará protección tenía una oportunidad.

         —Miserable, no te dejaré que lastimes a nadie más. —Un halo de luz dorada envolvió la figura del hombre de hielo—. Aunque sea lo última que haga te derrotaré con todas mis fuerzas.

         —¿No entiendes que no pueden ganar, Uller? —se burló Liton—. Tus descargas gélidas nunca podrán congelar el calor del sol. Si insistes en luchar tendré que darte tu merecido por interferir.

         El cuerpo del guerrero meganiano comenzó a resplandecer gracias al poder de su poderosa aura. Los adversarios se miraron de hito en hito. Estaban a punto de atacarse mutuamente cuando, de súbito, ambos percibieron las frías vibraciones que emitía el cosmos del Santo del Cisne.

         —Espera un momento, Uller —dijo Hyoga que atravesó el campo de batalla hasta llegar a donde se encontraban el hombre de hielo y Liton—. Te dije que yo me encargaría de derrotar a Liton, y aún pienso hacerlo.

         —¡Hyoga!

         Ni Uller ni los que se ocultaban tras la barrera mágica pudieron contener su alegría al ver que Hyoga estaba sano y salvo. Incluso el impasible Zerugadisu reaccionó con agrado. El Santo tenía el rostro sucio y su armadura presentaba más rasgaduras que antes, pero fuera de eso se veía en perfectas condiciones. Liton, por otra parte, se quedó tan sorprendido como si estuviera presenciando una aparición del más allá.

         —¡Esto no puede ser cierto! —exclamó Liton—. ¿Cómo diablos sobreviviste a ese ataque? No me digas que tu armadura de bronce fue lo que te salvó porque no puede ser cierto.

         —¡Eso es! —Rina cerró el puño y golpeó el aire.

         —Tal vez no lo creas, pero así fue —repuso Hyoga tranquilamente—. Mi armadura es de bronce, pero ahora es tan poderosa como una armadura dorada gracias a la sangre de los Santos Dorados.

         Lleno de ira, Liton frunció el entrecejo y retrocedió un paso. Ahora estaba más furioso que antes. No podía permitirse perder en esa batalla y menos ante un rival que profesaba ideas tan absurdas. Había cometido un error al dar a Hyoga por muerto tan fácilmente, pero eso era algo que iba a remediar.

         —No te sientas tan orgulloso, Hyoga, pues esa armadura no te protegerá por mucho tiempo. Lograste sobrevivir a la Nova Burning, pero tu ropaje sagrado quedó más dañado que antes. —Levantó ambas manos y se colocó en guardia—. Estoy seguro de que si uso de nuevo mi poder destruiré tu armadura por completo.

         Hyoga arrugó el ceño y frunció los labios. Sabía que lo que Liton había dicho era verdad. Su armadura se encontraba muy dañada y difícilmente podría resistir un segundo ataque con la misma intensidad. Además, por si eso no fuera poco, el calor del ambiente lo había debilitado un poco y necesitaba de unos segundos para recobrar todas sus fuerzas.

“Maldición”, pensó el Cisne. “Es cierto, aunque mi armadura pudo resistir ese ataque no creo que pueda soportar otra explosión”.

         —Yo tenía razón —dijo Liton en medio de una carcajada—. No necesito leer tu mente, tu expresión habla por sí sola. Has corrido con suerte, Hyoga, pero ésta se te ha acabado.

         —¿Por qué no cierras la boca de una buena vez?

         Rina Inbaasu abandonó la protección que le brindaba el escudo mágico y salió al campo de batalla. La hechicera no parecía tenerle ningún miedo a Liton, y tampoco se dejó amedrentar por el intenso calor del ambiente. Segura de sí misma, miró al meganiano fijamente y esbozó una sonrisa retadora.

         —¿Qué te pasa, estúpida? —le reclamó Liton—. ¿Acaso quieres morir más rápido?

         —Tú lastimaste a mi amiga y voy a darte tu merecido por eso. Admito que tu poder es increíble, pero no ya no soporto tus fanfarronadas —Alzó una mano para señalar al meganiano—. Prepárate para enfrentar a la poderosa Rina Inbaasu. 

         Liton se sonrió con aquella declaración. Sí esa tonta pretendía medir sus fuerzas con él, entonces tendría que demostrarle lo insensato que era enfrentar al mejor guerrero de Megazoar. Se volvió hacia la hechicera y se acomodó los cabellos.

         Rina deslizó un pie por el suelo y aguardó.

Continuará… .

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