Crisis 05

CRISIS UNIVERSAL

por Acuario Káiser

CAPÍTULO V

JAGUAR NEGRO

       Tierra-574,322

       Bael y los otros continuaron caminando hasta llegar a las inmediaciones de la montaña que contenía el Santuario de Atena, luego tomaron el sendero que conducía hasta las Doce Casas y finalmente se detuvieron a cincuenta metros de un imponente templo sin más aberturas que la propia entrada. El Duque del Infierno esperaba encontrar la versión alterna de un Caballero de Atena en cualquier momento, pero no había nadie a la vista y eso lo desconcertaba un poco. Sí bien su percepción le indicaba la existencia de varios seres poderosos en la montaña, eso no impedía que sintiera curiosidad por averiguar qué clase de guerreros encontraría en aquel mundo alternativo tan parecido al suyo propio.

       —Esta debe ser la Casa de Aries —dedujo Dash, alzando la vista. En vez del diseño único con torres coronadas por minaretes que él recordaba, la fachada de aquel templo poseía seis columnas en el pórtico y un techo triangular adornado con una moldura de tipo cimacio—. Se ve un tanto diferente a la Casa de Aries que existe en mi mundo.

       Shoryuki dio unos cuantos pasos sin dejar de admirar la arquitectura.

       —El diseño parece haber sido inspirado en el Partenón de la Antigua Grecia, pero desde aquí no puedo distinguir si posee algún friso tallado en la fachada.

       —¿Por qué le llamas la “Casa de Aries”, Dashi-boy? —le preguntó Dina al Caballero Dragón—. Pensé que habías dicho que este era un santuario donde vivía una diosa llamada Atena.

       Dash llevó su mirada hacia la Kaioh-shin antes de responder

       —El Santuario está protegido por doce Caballeros Dorados y cada uno se encarga de proteger una de las Doce Casas del Zodiaco. Sí queremos llegar hasta donde se encuentra Atena, antes debemos recorrer las Doce Casas. Al menos así ocurre en mi mundo, de modo que debe ser parecido en este lugar.

       —¿Qué estamos esperando? —exclamó Bael, ansioso por seguir adelante. Pero antes de que pudiera dar un paso, Dash extendió su mano derecha para bloquearle el paso—. ¿Qué te sucede, humano? ¿Acaso estás asustado?

       El Caballero Dragón se volvió por encima del hombro.

       —No hemos venido a luchar contra la Atena de este mundo o sus Caballeros, ¿lo olvidaste? La hermana de Calíope mencionó que habían detectado una extraña fuente de energía en este mundo y que sólo encontrándola podríamos evitar la destrucción de nuestros universos.

       —Es cierto, Baelcito —intervino Dina—. No te pases.

       Bael frunció el entrecejo, pero no tuvo tiempo de decir algo más. El grupo escuchó un ruido procedente de la montaña e inmediatamente todos se pusieron en guardia. Era el inconfundible sonido de rocas chocando con rocas. Al momento todo el equipo comenzó a mirar en distintas direcciones.

       —¡Lo que nos faltaba! —exclamó Nadia Zeta—. ¡Un derrumbe!

       —¡No es eso! ¡Alguien nos ataca! —respondió Shoryuki. En su mente pudo sentir un despliegue de poder mental que venía del templo, traspasaba el aire y llegaba hasta las rocas para desgajarlas como si fuesen hojas secas—. ¡Cuidado!

       Una enorme roca se despeñó desde lo alto de la montaña y estuvo a punto de aplastarlos de no ser por la rápida intervención de Shoryuki. Usando sus habilidades de telequinesia, la Guerrera Dragón logró detener la enorme roca en el aire y luego arrojarla hacia sus espaldas causando un fuerte estruendo al estrellarse con el suelo. Dash sacó las garras de sus dos guanteletes y miró de un lado a otro, inquieto.

       —Definitivamente no fue un simple derrumbe —señaló Bael, cogiendo su báculo con ambas manos y preparándose para luchar—. Alguien nos arrojó esa roca y les aseguro que pagará por eso con su vida.

       Shoryuki alzó el rostro para examinar la montaña. Las presencias que había percibido al llegar a ese mundo habían desaparecido sin dejar rastro. En vez de la energía cálida y reconfortante que había sentido en Celestia, ahora sentía un malestar, una especie de vértigo que no la dejaba en paz.

       —Hace un instante pude sentir una ola de poder psíquico —anunció la Guerrera Dragón con algo de temor en su voz—. Era una fuerza que jamás había sentido antes en mi vida, ¿quién pudo hacer algo como eso?

       De repente, una voz femenina surgió del interior de la Casa de Aries.

       —¿Quiénes son todos ustedes que osan perturbar la tranquilidad de este lugar sagrado? —Una delicada silueta salió caminando tranquilamente y se detuvo a unos pasos de los escalones que subían hasta el pórtico de la primera de las Doce Casas. Estaba rodeada por una poderosa energía color dorado que perturbó a Dash y a los otros debido a la fuerza de voluntad y fortaleza que emitía con cada vibración—. Soy Musiel y no pienso permitir que ningún invasor transite libremente por esta Casa de Aries.

       Al volver su mirada hacia la entrada del templo, Dash y los demás descubrieron a una hermosa mujer de cabello largo, ojos vivaces y rostro sereno. Portaba una radiante y poderosa armadura dorada que no disimulaba en lo absoluto su figura femenina y al mismo tiempo le confería un aspecto majestuoso, casi divino. Sobre sus espaldas llevaba una hermosa capa blanca con interior azul cielo. El Caballero del Dragón quedó realmente sorprendido ante semejante visión de esplendor y poder.

       —¡No puede ser! —exclamó Dash, sorprendido—. Tú eres… .

       —¿Qué clase de broma es esta? —inquirió Bael con indignación.

       —Adiós a mi sueño de ver un santuario lleno de chicos guapos y fuertes —musitó Dina con ríos de lágrimas escurriéndole por los ojos.

       Sobek, Sailor Golden Star, Génesis y Shiryu estaban atónitos, aturdidos. Hasta ese momento habían creído, quizás un poco ingenuamente, que estaban preparados para hacer frente a cualquier situación por peligrosa que fuera. Sin perder tiempo, Génesis sacó una de sus 45 con la firme intención de volarle la cabeza al primer alienígena que osara amenazar al grupo.

       —Dejen que alguno se acerque y verán lo que es bueno.

       Volviéndose hacia la cazadora, Eclipse le bajó el cañón del arma con un dedo.

       —Tú todo lo quieres arreglar con esas armas, ¿cierto?

       —Eso lo dice el tipo que casi nos vuela en pedazos con una granada.

       Shiryu se interpuso entre ambos y extendió las manos para separarlos.

       —Silencio los dos, no tenemos tiempo para estas cosas —dijo el Guerrero Dragón y luego se volvió hacia donde estaban Sobek y Sailor Golden Star—. Creo que lo mejor sería regresar antes de que alguna de esas cosas se de cuenta de que estamos aquí.

       —¿Regresar a donde? —replicó Sobek saliendo de su estupor—. No sabemos cómo contactar a Calíope y estamos en un mundo lleno de fenómenos buscando algo que no sabemos cómo es.

       —Genial, esto es grandioso —exclamó Sailor Golden Star—. Y yo que pensé que el río de lodo era lo peor. ¿Qué hacemos ahora?

       —Conocer a nuestros vecinos —sugirió Eclipse sin pensarlo mucho—. ¿Cuál es el problema? ¿A qué le tienen miedo?

       —¿Cómo qué a qué le tenemos miedo? —exclamó Shiryu, enfurecido—. ¿Estás ciego o qué te pasa? ¿No ves que allá delante hay un montón de… cosas raras? Tal vez sean un montón de monstruos come-cerebros, mutantes posteriores al Apocalipsis o qué sé yo.

       Eclipse miró a sus compañeros con el ceño fruncido.

       —Eso es un insulto, no todos los alienígenas somos malvados, ¿saben? —A medida que seguía hablando, Eclipse parecía estar rodeado por una especie de vitalidad y fuerza que desconcertó a todos. Los ojos del Espía Estelar se iluminaron con un singular brillo—. Existen muchas culturas pacificas y amistosas que comparten las mismas virtudes a través de las infranqueables barreras del universo. En situaciones así lo que debemos hacer es aprender a comunicarnos usando el lenguaje universal.

       —¿El amor? —aventuró Sailor Golden Star.

       —El dinero —aclaró Eclipse, y se fue cantando hacia la ciudad—. “Vive cada historia con tu corazón, dale vuelo, libra tu imaginación… “.

       Shiryu se sintió como si acabara de entrar en combustión instantánea y se lanzó sobre Eclipse para intentar agarrarlo. No iba a permitir que el tipo pusiera en peligro al grupo y la misión comportándose como un idiota. Sobek y Naoko se apresuraron a sujetarlo de los hombros antes de que diera más de dos pasos.

       —Tranquilízate, por favor —le pidió Sailor Golden Star—. No debemos pelear entre nosotros. Tú mismo lo dijiste hace unos momentos, ¿lo recuerdas?

       —Sí, pero ese tipo está bien loco —exclamó Shiryu, apartándose de sus compañeros y recuperando la compostura—. ¿Acaso ustedes no ven películas? Las buenas intenciones nunca les ayudaron a los humanos en El Planeta de los Simios.

       —Yo también pienso que está loco —aceptó Sailor Golden Star mientras Génesis pasaba caminando por un constado—. Pero pelear no va a solucionar nada y… ¿Génesis? ¿A dónde vas ahora?

       Sin embargo, todos sabían exactamente lo que Génesis hacía. La cazadora se detuvo un momento para volverse por encima del hombro y luego guardó la 45 en su funda.

       —Alguien tiene que cuidar a ese tonto o lo matarán. No sé ustedes, pero de donde yo vengo nadie sobrevive sin la ayuda de los demás. Veremos si es cierto que puede hablar con todos esos seres, pero si no debemos estar listos para rescatarlo.

       —Ella tiene razón —Sobek bajó la mirada y exhaló un suspiro—. Vayamos todos antes de que le pase algo a Eclipse. Además, resulta obvio que esas criaturas son seres inteligentes o no vivirían en una ciudad, ¿no creen?

       —Qué diablos —se rió Shiryu—. Esto será un encuentro del Tercer Tipo.

       La tarde comenzó a oscurecer todavía más cuando los integrantes del grupo de Sobek por fin llegaron a su destino. Estaba helando y el aliento de Génesis se convertía en vapor, espeso y blanco como humo. El aspecto de la ciudad era bastante lúgubre y no auguraban nada bueno para los visitantes de donde quiera que vinieran. Había casuchas y algunos edificios con techos rematados en grandes cúpulas y las tiendas y puestos callejeros disponían de toldos y pequeños porches. Las calles estaban atiborradas de seres totalmente desconocidos para Sobek, Shiryu, Génesis y Sailor Golden Star, pero no para Eclipse, que se detuvo un instante y empezó a examinar los puestos cercanos. Los transeúntes miraban a los humanos de forma inquisitiva, pero sin mucho interés. Uno o dos se volvieron para mirar a Génesis y Sailor Golden Star, pero se apresuraron a olvidarse de ellas apenas les echaron un vistazo. Enormes mastodontugas domesticados, de cuello largo y piernas gruesas, tiraban de plataformas o carros que avanzaban sobre ruedas u orugas mecánicas, desplazando mercancías de un lugar a otro.

       —¿Qué sucede? —le preguntó Sailor Golden Star a Eclipse.

       —Me parece que… conozco este lugar —repuso el enmascarado mirando de derecha a izquierda como si tratara de orientarse—. Si, de alguna forma todo me resulta un poco familiar… .

       —¿De verdad? —inquirió Sobek, curioso.

       —No puede ser, pero estamos en el planeta Ginups —murmuró Eclipse con una sonrisa de emoción y alegría—. Se trata de un planeta localizado cerca del borde exterior de la galaxia. No puedo creer que no me haya dado cuenta antes, pero estamos en mi universo. Que cosas, y yo que juraba que estábamos en otro lado.

       —¿Estamos en otro planeta? —murmuró Shiryu

       —Debimos suponerlo cuando vimos a todos esos aliens —dijo Génesis.

       —¿Este es tu universo, Eclipse? —inquirió Sobek, contrariado—. ¿Estás seguro?

       —Gran Creador, no había estado aquí desde hace muchos ciclos estelares. Este mundo es usado por los contrabandistas de todas partes de la galaxia para traficar mercancías ilegales, esclavos y artículos robados. Aquí es donde yo hacía mis tratos para vender polvo blanco.

       —¿¿Polvo blanco?? —preguntó Génesis con el ceño fruncido.

       —¿¿¿Polvo blanco??? —repitió Shiryu.

       —Azúcar —precisó Eclipse—. Es una larga historia, pero se las contaré en otra ocasión. Sí no mal recuerdo debe haber una posada cerca de aquí donde se puede conseguir algo de información.

       —Eso estaría perfecto —murmuró Sobek—. Debemos averiguar si existe algún tipo de instalación científica o militar que permita albergar alguna  máquina capaz de producir mucha energía. Tal vez se trate incluso de algún tipo de arma. ¿No sabes si existe un lugar así en este lugar?

       Eclipse meditó antes de responder. Claro que conocía el planeta y la manera en que se conducían los traficantes y mercaderes, pero había pasado mucho desde entonces y apenas podía imaginar cómo habían cambiado las cosas. Ginups había sido considerado siempre un mundo olvidado por la mayoría de los habitantes de la galaxia e incluso las grandes potencias galácticas no le habían prestado mucha atención. En una ocasión las tropas del Imperio de Abbadón bajo el mando de un guerrero Khan habían realizado una incursión en Ginups con la intención de ocuparlo, pero se marcharon al poco tiempo y jamás volvieron. Las fuerzas militares del imperio endoriano llegaron algunos años después e instalaron un puesto de observación, pero decidieron retirarse luego de comenzada su guerra contra los meganianos.

       —Bueno, la verdad no recuerdo que hubiera nada así en este planeta, pero supongo que las cosas pueden haber cambiado con el tiempo. Yo dejé este lugar hace muchos ciclos estelares, pero sí existe una instalación como la que mencionas la encontraremos.

       La mole verde de un mastodontuga que parecía aletargado, caminaba lentamente por la avenida, abriendo paso a su carro de carga lleno de bloques de metal, paneles de control y aparatos electrónicos, con la cabeza en alto. Un comerciante atrajo la atención de Génesis para enseñarle una media luna hecha de algún material brillante y algunas otras joyas hermosas, pero ella sólo negó con la cabeza y siguió a sus compañeros. Eclipse guió al grupo hacia una calle donde estaba la posada que les había mencionado. Génesis levantó la mirada para observar un maltrecho letrero electrónico que colgaba de una de las paredes, pero no entendía lo que decía. El idioma le era totalmente desconocido.

       —Ah, el Chancho Azul, que recuerdos —comentó Eclipse mientras los invitaba a entrar en el interior del establecimiento—. Más de una vez me echaron de aquí por hacer trampa en los juegos de naipes y dados. Dejen que yo me encargue de todo y ustedes esperen en una mesa cercana, ¿de acuerdo?

       Génesis y los demás se miraron entre sí, pero ninguno dijo nada.

       El interior de la vieja posada no se veía nada amigable. Se trataba de un lugar sombrío y de apariencia desvencijado. En las mesas había unos pocos alienígenas que tomaban tragos mientras un viejo ginupsiano tocaba una flauta para amenizar el ambiente y ganarse la vida. El cantinero miró a Eclipse y los otros sin dejar de frotar un vaso grueso de aspecto sucio.

       —Bienvenidos al Chancho Azul, forasteros —los saludo el cantinero con una voz gutural. Se trataba de un puercano, una especie alienígena de piel verde, nariz achatada y rasgos porcinos—. ¿Qué puedo servirles?

       Eclipse se inclinó sobre la barra y lo miró amenazadoramente.

       Génesis, Shiryu, Sobek y Sailor Golden Star ocuparon una mesa de la esquina y acomodaron sus sillas para quedar de espaldas a la pared y de frente a la barra donde Eclipse permanecía. Un grupo de alienígenas de aspecto amenazador los miraron desde una mesa cercana y comenzaron a cuchichear entre ellos para luego comenzar a reír a carcajadas. En un rincón apartado donde la luz casi no alumbraba, un hombre cubierto con una capa y una capucha bebía en solitario.

       —Dame una botella de tu mejor licor y un vaso de leche —solicitó Eclipse.

       —Aquí sólo servimos brysky, amigo —respondió el cantinero. Lucía una camisa llena de manchas de licor sobre un abdomen abultado y sandalias confeccionadas con hojas de maleza—. Puedo ofrecerles una habitación si quiere, pero el pago es por adelantado. Si lo que desean es comida le puedo recomendar el estofado del día.

       —No, gracias, en realidad busco hacer negocios —respondió el enmascarado mientras el cantinero ponía un vaso sobre la barra y lo llenaba de brysky—. Tal vez podrías ayudarme a encontrar algunos clientes que deseen comprar artículos de alta tecnología.

       El cantinero lo miró con desconfianza.

       —¿Y por qué piensas que yo puedo ayudarte con eso?

       Eclipse probó el bryski y sonrió.

       —Porque puedes ganar una buena comisión —estiró una mano y tomó una de las mariposas endulzadas con miel que había sobre un plato pequeño. Puso el insecto en su boca y lo saboreó—. ¿Qué ha sido del viejo Dragg? Antes solía trabajar en este lugar hace ciclos estelares, ¿acaso dejó el negocio?

       —No lo conozco, ¿y exactamente qué negocios hace un tipo enmascarado que apesta a rayos? Espero que no seas un Espía Estelar porque esos sujetos ya no son bienvenidos en Ginups desde que salió la Proclama 669-A.

       —Tranquilízate, amigo, vivirás más —le aconsejó Eclipse dándole una palmada en el brazo—. No tengo intenciones de meterme en problemas. Ya me retiré del oficio de espía hace mucho y ahora me dedico a comerciar chatarra y partes usadas de naves. He hecho buenos tratos con los dorianos y ahora estoy buscando más clientes.

       El cantinero se relamió los labios, dubitativo.

       —¿Entonces si eres un Espía Estelar?

       —Bueno, sí, pero cálmate puercano… .

       —¡Entonces márchate enseguida! —exclamó el cantinero y luego retiró la botella de brysky de la barra—. No quiero saber nada que tenga que ver con los de tu clase. Puedo meterme en problemas si me ven que le ofrezco de beber a un Espía Estelar.

       Sobek se puso tenso, anticipando problemas y les hizo una seña a los demás para que estuvieran listos. Pero Eclipse no era tan tonto como para meterse en problemas innecesarios, de modo que se levantó de su asiento. Estaba por retirarse de la barra cuando alguien se acercó. Eclipse y el cantinero se volvieron hacia el hombre que había estado bebiendo solo. Se trataba de un individuo alto e imponente, con músculos que se adivinaban tensos bajo sus ropajes oscuros y una espada al cinto. Una máscara negra le cubría el rostro, pero dejaba al descubierto unos ojos que reflejaban una mirada decidida y vivaz.

       —¿Qué… se le ofrece? —preguntó el cantinero con voz trémula.

       —Pon esa botella donde estaba y déjanos solos.

       —Esta es mí posada ahora —replicó el cantinero pasándose la lengua por los labios—, y yo decido quien se queda y quien se larga.

       —Dije que dejarás la botella y te marcharás.

       Se hizo el silencio y el cantinero se mordió la lengua. Eclipse advirtió que algo en la mirada del hombre de máscara negra disuadió al cantinero de contradecirlo nuevamente. El puercano, con la cabeza agachada, dejó la botella en la barra y se dio la vuelta para continuar lavando los vasos como si nada más existiera.

       —Muchas gracias, quien quiera que seas —le dijo Eclipse.

       —Por nada, no le hagas caso a ese tonto puercano. Cuando está ebrio le importan un demonio las proclamas y le sirve tragos a todo mundo.

       Eclipse comenzó a reír.

       —Fue lo que imaginé cuando lo vi. ¿También eres un Espía Estelar?

       —No, sólo digamos que me gusta pasar un tanto desapercibido. Las personas que están allá son tus empleados, ¿no?

       —¿Mis-Mis empleados? —repitió Eclipse, confundido. “¿De qué rayos está hablando este loco?”, pensó.

       El hombre de máscara negra se sirvió un trago.

       —Creí que habías dicho que eras comerciante, tal vez escuché mal.

       —Ah, sí, mis empleados, claro, claro —repuso Eclipse con una risita—. Si, ellos cargan la chatarra y hacen reparaciones. Y también son buenos entreteniendo a la gente por si te interesa. La chica de la faldita es trapecista y la de la marca en la frente es contorsionista.

       —¿Así que también son artistas? Que interesante —El hombre de máscara negra miró al cantinero y habló con voz fuerte—: Oye, cantinero, ¿por qué no haces que les lleven una buena botella de brysky a los empleados de mi amigo?

       —De acuerdo —respondió el cantinero en voz baja.

       Un androide volador llevó una charola con varios vasos a la mesa donde estaban Shiryu y los otros. Sobek, Shiryu y Génesis cogieron un vaso de brysky y bebieron un poco, pero Sailor Golden Star prefirió no hacerlo. El ambiente poco higiénico del lugar era suficiente razón para convencerla de no probar nada que viniera de esa inmunda posada.

       —¿Y exactamente qué te trajo a Ginups? —preguntó el hombre de máscara negra luego de tomar un trago—. ¿Compras o vendes?

       —Vengo a vender artículos de alta tecnología —mintió Eclipse—. Tengo un acumulador de arkonium entre mis curiosidades, y no es cualquiera acumulador. ¿Sabes? Es uno de fabricación francusiana y quizá no lo creas, pero está casi nuevo.

       —Interesante, es una pieza fina. Estoy seguro que los comerciantes dorianos pagarían bastante bien por algo así. ¿Cómo lo conseguiste? Espero que no hayan matado a nadie que yo conozca.

       —Eso es secreto profesional, eh… disculpa, ¿cuál es tu nombre?

       —Me conocen como… .

       De pronto, se abrieron las puertas de golpe y Eclipse se volvió con rapidez, listo para enfrentar cualquier peligro. Todos se giraron hacia la entrada. Y entonces los vieron. Entraron ruidosamente tres seres altos y descomunales, caminando el uno al lado del otro, con paso recto, casi fluidamente como si fuesen humanos. De hecho habían sido humanos alguna vez, pero ahora tenían muchas partes de su cuerpo hechas de metal. Caminaban con lo que parecía un arma desconocida con forma de bastón de dos metros de largo en sus manos. Caminaban como si estuvieran hechos para luchar, y saltaba a la vista que ya habían participado en alguna clase de combate. La placa pectoral de uno de ellos mostraba un cráter redondo y superficial rodeado por un círculo chamuscado causado por un impacto directo de energía que no había logrado penetrar.

       —¡Drones del Duque Saajar! —murmuró el hombre de máscara negra, deslizando una mano hasta la empuñadura de su espada.

       —No, señor, por favor no —le suplicó el cantinero—. No le conviene provocarlos. Escuché mi consejo, por favor.

       Uno de los drones caminó hasta el viejo ginupsiano que seguía tocando su flauta tranquilamente y le apuntó usando el largo bastón. El ginupsiano bajó su instrumentó al instante, levantó la mirada para ver el rostro inexpresivo de su interlocutor y tragó saliva con dificultad.

       —Ciudadano —ladró el dron 987-UL—. Debe pagar el impuesto correspondiente a su actividad. El comercio informal no será tolerado.

       —Pe-Pero… —balbuceó el artista callejero—… si cubrí la cuota correspondiente, señor… .

       —La cuota acaba de subir, ciudadano —Un relámpago destellante en el campo energético de la pica golpeó la flauta del ginupsiano y la destrozó—. De acuerdo a la proclama 00276-A, el comercio informal no será tolerado.

       —Mi-Mi flauta ¿Quién te crees que eres, maldita lata oxidada? —replicó el anciano luego de mirar su instrumento destruido—. No tienes derecho a tratarme de esa manera.

       —¿Cómo me llamaste? Dada su negativa para cumplir con la ley, ciudadano, es prioritario aplicar el protocolo de castigo 8912.

       El anciano comenzó a temblar y se derrumbó en el suelo suplicando piedad. Más de uno había sido enviado de por vida a las minas por el simple hecho de atreverse a insultar a un dron.

       —No, por-por fa-favor, se-señor, no-no quise faltarle al-al respeto.

       En la barra, Eclipse sintió el impulso de intervenir en defensa de aquel viejo. En otros tiempos, cuando era más joven, quizás hubiera permanecido indiferente ante la situación, pero ya no era el mismo Espía Estelar que actuaba egoístamente sólo por dinero o beneficios personales. Buscó con la mirada a sus compañeros de equipo como solicitándoles apoyo, pero Sobek lo miró fijamente y meneó la cabeza en sentido negativo para indicarle que no hiciera tonterías. “No es nuestro asunto”, decían sus ojos. “No te metas en eso”.

       En la mesa donde el equipo estaba sentado, Shiryu hizo el ademán de levantarse, pero Sobek lo asió de la muñeca inmediatamente para detenerlo. El Guerrero Dragón volvió el rostro hacia su compañero para dirigirle una mirada de reproche.

       —¿Qué estás haciendo, Sobek? ¿No ves que ese viejo necesita ayuda?

       —No es asunto nuestro, Shiryu —dijo Sobek en voz baja—. No estamos aquí para ayudar a ese anciano, sino para salvar nuestros mundos, ¿lo recuerdas? La misión es lo único que debe importarnos en este momento.

       —Pero ese anciano…

       —No cambias la vida de un maldito viejo por la de millones —replicó Sobek.

       El dron 987-UL alargó su brazo para tomar al flautista por la ropa y zarandearlo con tal fuerza que las monedas de bronce que llevaba en la ropa cayeron al suelo. Otro de los drones se apresuró a recogerlas, pero luego las arrojó al suelo al comprobar que se trataba de una miseria. El anciano tenía la mirada extraviada por el terror y temblaba por algo más que el frío del ambiente.

       —¿Qué ofrece para cubrir su infracción, ciudadano?

       —¿Por qué no le ofreces tú una disculpa? —le preguntó Génesis al dron, quien volvió la cabeza para mirarla.

       En la mesa donde permanecían los compañeros de la cazadora, Shiryu esbozó una sonrisa divertida, Sobek bajó la cabeza exhalando un suspiro y Sailor Golden Star se alzó de su asiento con los puños cerrados. Era evidente que de un momento a otro iba a estallar una trifulca entre ellos y los tres drones.

       —Les dije que no intervinieran —masculló Sobek un tanto molesto.

       En la barra, el hombre de máscara negra no pudo evitar sonreír al ver a Génesis increpar de una forma tan desafiante al dron. Pocas veces había visto semejante valor en una mujer tan joven y hermosa.

       —Vaya, tu amiga si que tiene coraje.

       —Querrás decir que es una imprudente —murmuró Eclipse—. Ese mastodonte mide como dos metros y pesa al menos unos cien kilos. Seguro que la va a dejar como estampilla de correo.

       987-UL dejó caer al asustado flautista como si fuese un saco de piedras y luego se giró hacia donde estaba Génesis, quedando frente a frente con ella. El dron se irguió de tal forma que por su complexión y tamaño, la cazadora se veía insignificante a su lado. Cuando 987-UL habló, el vocalizador que llevaba incorporado en su mandíbula reprodujo un tono de voz severo y sus fotorreceptores visuales se iluminaron.

       —Tienes la lengua muy suelta, ciudadana, pero no hablarás tanto cuando implemente el protocolo de castigo 8912 y te encadene a un carro minero de esclavos.

       987-UL se abalanzó sobre la cazadora con la pica por delante. Génesis aguardó a tenerlo casi encima y luego se movió a un costado para eludir la embestida. Acto seguido, Génesis sujetó la pica por el medio usando las dos manos y aprovechó el impulso de 987-UL para arrojarlo contra una mesa cercana, que se deshizo en pedazos bajo el pesado cuerpo del dron. Al ver aquella escena, Eclipse no pudo contenerse y soltó una escandalosa risotada mientras que el pobre cantinero sollozaba por los destrozos causados a su negocio.

       —Debiste haber pedido disculpas —se burló la cazadora.

       —¡Tú! —exclamó el dron 988-UL, alzando su pica junto con su compañero 989-UL para señalar a Génesis—. ¡Quedas arrestada!

       Pero antes de que pudieran someter a Génesis, dos shurikens brillantes cruzaron el aire como si fuesen estrellas fugaces y se clavaron directamente en las muñecas de ambos drones, haciéndoles soltar sus picas al suelo. Eclipse abrió los ojos de par en par y luego volvió la mirada hacia el asiento contiguo buscando al hombre de máscara negra, pero éste no estaba por ninguna parte.

       —Creo que la dama no querrá bailar con ustedes —dijo el hombre de máscara negra desde un extremo de la habitación. En su mano izquierda sostenía dos shurikens como los que habían desarmado a los drones—. Pero tal vez yo pueda enseñarles algunos pasos si lo prefieren.

       —Así que otro entrometido más —murmuró 988-UL, recogiendo su pica del suelo y alzándola en alto—. ¡Atrapémoslo!

       La facilidad con la que aquel sujeto de máscara negra se había hecho dueño de la situación impresionó en cierto grado a Sobek y a sus acompañantes. Shiryu no se la pensó mucho y decidió sumarse a la pelea antes de que el dron que Génesis había derribado terminara de incorporarse. 987-UL empuñó su pica nuevamente apenas se puso en pie y cargó contra Génesis de nuevo. Shiryu se interpuso en el camino de 987-UL, eludió un ataque e inmediatamente después contraatacó con un veloz puñetazo en el costado del dron. 987-UL retrocedió unos pasos hacia atrás, pero luego retomó su ataque como si nada, causando el total desconcierto de Shiryu.

       —¿Qué demonios? —masculló el Guerrero Dragón.

       987-UL levantó su puño metálico y derribó a Shiryu de forma tan sonora que el Guerrero Dragón resbaló por el suelo en su caída. El caos se apoderó de la posada cuando Sailor Golden Star y Sobek se lanzaron sobre los drones. Eclipse terminó de beberse el contenido de la botella de brysky y luego la tomó del cuello para finalmente destrozarla contra la barra y emplearla como arma.

       —¿Quién se la va a jugar conmigo? —clamó en medio de la pelea.

       Sobek se dio cuenta que los puños no eran su mejor opción de acabar con aquellos molestos monigotes de metal. Entonces cogió una silla y la desbarató contra la nuca de 988-UL, pero el dron ni siquiera se inmutó un poco. Al ver que su enemigo se giraba hacia él con la pica en alto, el joven militar supo exactamente lo que debía hacer: sacó su arma especial y disparó varias veces a quemarropa contra el pecho de 988-UL.

       Dos ráfagas de energía perforaron las entrañas del dron, estallando en su interior y causando que 988-UL retrocediera, pero un movimiento rápido de su pica desarmó a Sobek, que no podía creer que su enemigo siguiera vivo luego de recibir varios disparos. 988-UL estaba dañado, pero todavía era un peligro y eso quedó demostrado cuando cogió a Sobek por el cuello con una fuerza tan tremenda que comenzó a asfixiarse.

       —Se te considera peligro. Terminación autorizada.

       Sailor Golden Star se colocó tras 988-UL para descargarle una tanda de pequeñas estrellas de energía que cosieron la espalda metálica del dron y lo hicieron soltar el cuello de Sobek. Actuando con rapidez, Sailor Golden Star concentró su energía interior y se preparó para usar la técnica Magnifecent Explosion, pero no fue necesario hacerlo. Sobek se levantó casi de inmediato y atacó con sus garras el rostro de 988-UL una y otra vez hasta que logró decapitarlo con el último golpe. Sin embargo, la pelea no había terminado. Tanto Sobek como Naoko se sorprendieron completamente cuando vieron que el dron todavía se movía aunque no tuviera cabeza.

       En tanto, el hombre de máscara negra logró eludir un ataque de 989-UL, le clavó un shuriken en el rostro y luego lo usó de escalón para subir a la barra. Una vez ahí llamó la atención del dron con algunas palabras.

       —Tendrás que mejorar un poco tus pasos, pero creo que puedes hacerlo con algo de práctica.

       —¡Ríndete, ciudadano! —le exigió el dron y luego le amenazó con su pica.

       —No soy ciudadano, pero puedes llamarme Jaguar Negro.

       —Se te considera peligro. Terminación autorizada.

       989-UL se abalanzó sobre Jaguar Negro al instante, y éste se defendió saltando por encima de la pica destellante al tiempo que arrojaba dos shuriken contra el pecho del dron. De un brincó se sujetó del techo y con un salto aterrizó justo a espaldas de Génesis en el momento en que ésta disparaba repetidamente contra 989-UL. La cazadora echó una mirada por encima del hombro y notó que su improvisado aliado se colocaba a su costado con un shuriken en cada mano.

       —Dispárale a los shuriken que le clavé en la cabeza y el cuerpo —le indicó el enmascarado y luego añadió—: Claro, si es que puedes atinarles con tus armas.

       Génesis frunció el entrecejo y respondió al desafío apuntando a una de las dos pequeñas estrellas de metal que 989-UL llevaba en el pecho. Una bala calibre 45 impactó directamente en el shuriken, provocando que éste detonara la carga explosiva que llevaba dentro y destruyera al dron por completo.

       —Puedo darle prácticamente a lo que sea —dijo ella, volviéndose hacia él.

       Jaguar Negro alzó una ceja detrás de su máscara negra y asintió. A pesar de la situación caótica y de la amenaza de los drones, la mirada de Génesis era clara y ella parecía centrada. Jaguar Negro entendió entonces que se trataba de una superviviente, una de esas personas capaces de recibir un golpe en la vida y recuperarse a pesar de todo, y sintió admiración por ella.

       —Supongo que esa puntería no es todo lo bueno que tienes, ¿verdad?

       Ello lo miró con cierta desconfianza, pero terminó por sonreír levemente.

       —¡Oigan, ustedes dos, dejen de coquetearse y ayúdenme! —les gritó Eclipse mientras el dron 987-UL lo levantaba del cuello y lo azotaba contra una pared. Cuando sintió que le faltaba el aire, el espía comenzó a patear el rostro de su enemigo, pero éste ni siquiera se movía—. Ayu… da… .

       —Se te considera peligro. Terminación autorizada.

       —¿Y tu nieve de qué la quieres? —musitó débilmente Eclipse.

       —¡¡Tempestad Marina!!

       De pronto, un potente chorro de agua golpeó por un costado a 987-UL y lo hizo soltar a Elipse, que cayó al suelo mientras intentaba jalar aire. Con las manos en alto, Shiryu decidió utilizar nuevamente su técnica Tempestad Marina para manipular un segundo chorro de agua con el que arrojó al dron, incrustándolo contra un muro y dejándolo relativamente inmovilizado. El Guerrero Dragón sabía que aquella técnica no le serviría para terminar con la pelea, de modo que concentró una gran cantidad de poder interno para luego hacerlo fluir hacia sus puños. Una estela de luz brillante cubrió el cuerpo de Shiryu a medida que éste hablaba.

       —Vamos a ver si con esto no te mueres… ¡¡Colmillos de Dragón!!

       Con una velocidad sobrehumana, Shiryu descargó una rapidísima y devastadora lluvia de mortales puñetazos sobre el cuerpo de 987-UL, destrozándole el pecho e incluso consiguió desprenderle un brazo. En medio del ataque, Shiryu se percató de que a pesar del daño recibido, el dron aún seguía funcionando y apretó los dientes. Aunando sus fuerzas, incrementó el nivel de poder hasta que 987-UL dejó de moverse y sus fotorreceptores visuales por fin se apagaron.

       —Te lo merecías, lata oxidada —festejó Shiryu, jadeando—. Eso te pasa por meterte conmigo cuando no estoy de humor… y, diablos, al menos esto no fue tan pesado como combatir a ese mutante con aspecto de león.

       En tanto, a unos metros de ahí, Sailor Golden Star utilizó su Magnifecent Explosion para arrojar a 988-UL por los aires. Esto, y algunos disparos más de Sobek combinados con unaTempestad Marina de Shiryu, terminaron por derrotar al dron, que se desplomó en el suelo donde estalló con fuerza. Eclipse respiró con tranquilidad un vez que todo volvió a la calma, pero cuando vio la cabeza de 988-UL todavía activa, le dio una furiosa patada que la arrojó contra una ventana que daba al exterior de la posada.

       —Malditas cosas —murmuró Sobek, guardando su arma en la funda del cinturón y limpiándose el sudor de la frente—. ¿Qué demonios eran?

       —Los drones procesan rápido —les explico Jaguar Negro, acercándose—. Cada segundo que pasan luchando con ellos es un segundo que les enseñan a derrotarlos a ustedes. Nunca olviden eso cuando peleen con alguno de ellos.

       Sobek frunció el entrecejo con desconfianza.

       —Parece que conoces bastante de ellos, ¿quién eres tú?

       Jaguar Negro se guardó los shuriken en su cinturón y luego miró en derredor buscando a los demás clientes de la posada o al cobarde puercano que trabajaba de cantinero, pero todos habían escapado en medio de la pelea y eso sólo podía significar una cosa: los drones no tardarían en venir por todos ellos y está vez en mayor número.

       —Sólo digamos que alguien que odia a esas malditas hojalata —se volvió hacia la puerta con la intención de retirarse—. Lo mejor será que vengan conmigo porque el Duque Saajar mandará a sus drones tras nosotros.

       Sobek no comprendía del todo por qué aquel hombre enmascarado les estaba ayudando y su intuición no paraba de indicarle que tuviera cuidado. Tal vez se trataba de algún enemigo de las autoridades locales o de un simple ladrón, pero tenía razón en apurarlos a huir de ese lugar y terminó por aceptar seguirlo sin hacer nuevas preguntas por el momento.

       —Por acá —dijo Jaguar Negro—. Deprisa.

       Eclipse, Sobek, Shiryu, Génesis y Sailor Golden Star corrieron tras Jaguar Negro y se perdieron entre las calles de la ciudad. Desde su puesto en las sombras de un callejón aledaño a la vieja posada, Breakout sonrió bastante complacido y luego le ordenó a sus drones que fueran a recuperar los pedazos de sus compañeros destruidos dentro de la posada. La experiencia que guardaban dentro de sus redes artificiales de procesadores periféricos en sus cerebros computarizados sería muy útil.

       Tierra-574,322

       A las afueras de la Casa de Aries, Dash y los otros mantenían sus miradas puestas sobre la mujer de armadura dorada. Para el Caballero Dragón y para Bael constituía una verdadera sorpresa descubrir que una mujer defendiedon una de las Doce Casas del Santuario de Atena. ¿Acaso era la única o había más? ¿Por qué no portaba una máscara como Shaina de Ofiuco o Marin de Águila? O lo que también podía ser una posibilidad: ¿todos los guardianes de las Doce Casas eran mujeres? Nadia Zeta, Dina y Shoryuki tenían la guardia en alto ante la posibilidad de que los atacaran. Después de todo los habían recibido de una forma un tanto hostil. Dash les hizo una seña para que bajaran las manos y se acercó un poco a Musiel.

       —Mi nombre es Dash y no hemos venido con la intención de invadir el Santuario de la diosa Atena o hacerle daño a alguien.

       Musiel de Aries los miró fijamente.

       —Si no son invasores entonces podrán decirme de dónde han venido y qué los trae a este sagrado Santuario. Espero que hablen con la verdad o de otro modo deberé pedirles que se marchen.

       —Eh, bueno, verás… —Dina tomó la palabra—, nosotros… venimos de un lugar muy, muy lejano y… el universo tiene una puerta por donde… .

       —En realidad venimos de varios mundos distinto a este —intervino Bael para sorpresa de todos—. No sé cómo explicarlo correctamente porque incluso a mí me parece una locura, pero estamos aquí porque nos contaron que en este lugar está la clave para salvar la vida de millones de personas.

       —Es la verdad —dijo Nadia Zeta—. Por favor, necesitamos que nos lleves con tu diosa para contarle nuestra historia. Quizá ella pueda ayudarnos a encontrar lo que estamos buscando.

       Musiel entornó la mirada. Había una cierta sombra de odio y maldad en el cosmos de Bael y eso la hizo desconfiar de la sinceridad de sus palabras. ¿Cómo era posible que una persona como aquella dijera que buscaba la salvación de millones de personas? Era algo totalmente absurdo. A continuación llevó sus ojos hacia Shoryuki y percibió en ella un miedo y un sentimiento oculto de culpa que la convenció de que los visitantes no estaban diciendo toda la verdad. El Cosmos de Musiel se incendió, mostrando todo su esplendor a través de una llamarada dorada que brotaba de la misma guerrera de Aries.

       —Nunca había sentido un Ki así de fuerte —observó Shoryuki, azorada.

       —Lo lamento —dijo Musiel por fin—. Pero tengo órdenes estrictas de no dejar pasar a nadie por esta Casa de Aries. Sí tratan de entrar lo único que conseguirán será llegar al otro mundo.

       —Lucharemos entonces —exclamó el Duque del Infierno—. Hay demasiado en juego como para retirarnos ahora. No he venido con la intención de luchar, humana, pero si no nos permites pasar lucharé contigo y te derrotaré.

       De repente, Bael dio un paso al frente y su alrededor se tiñó con el poder de su aura rojiza. Musiel y Bael se miraron de hito en hito como lo harían dos carneros celestiales dispuestos a entrar en batalla.

       Continuará… .

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