Leyenda 037

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO XXXVII

LOS KHANS ATACAN AL SANTUARIO

       Como una maldición que se cernía sobre los habitantes de la Tierra, los Devastadores Estelares de Abbadón se abrieron en abanico sobre las ciudades más pobladas y poderosas del planeta sembrando el pánico por todas partes.

       Siguiendo las señales arrojadas por el sistema de escáner energético, el capitán del Nisroc había llevado su nave a las afueras de la ciudad de Atenas, Grecia. Todos los detectores de la astronave coincidían en que era cerca de esa área donde la señal de la gema sagrada era más intensa. La morada de la diosa Atenea no distaba mucho de ese lugar, pero los instrumentos de las naves del Imperio de Abbadón estaban experimentando cierta interferencia que no lograban eliminar.

       La imagen de una elevada montaña más allá de la capital griega apareció en la pantalla visora del puente de mando en medio de mucha estática. El Khan del Dragón, sentado en su puesto, estudiaba la imagen minuciosamente mientras sus oficiales terminaban de darle los informes referentes a la invasión. Lo que los técnicos de la nave ignoraban era que aquella montaña estaba cubierta por la Voluntad Superior de los dioses y protegida por barreras divinas que repelen cualquier tipo de interferencia externa.

       —Mi señor, nuestros instrumentos han localizado la presencia de la novena gema sagrada en un área cercana a esa montaña, pero también detectamos fluctuaciones de energía muy extrañas —informó el capitán, dirigiéndose a Tiamat respetuosamente—. Todas las naves se encuentran en posición y sólo esperamos vuestras ordenes.

       El Khan del Dragón mantenía una expresión de completa indiferencia, era como sí nada le importara. Estaba distante.

       —Señor… —titubeó el capitán, temiendo no ser escuchado.

       Tiamat reflexionó unos segundos antes de hablar.

       —Estacione la nave sobre la ciudad, capitán —ordenó sin dirigir la mirada a sus subordinados—. Nosotros nos encargaremos de recuperar la gema “Lamed”. De la orden de atacar a todas las naves. Quiero que destruyan las ciudades sin misericordia y hagan una buena demostración de nuestro poder —hizo una pausa y se levantó de su puesto para encaminarse hacia la puerta—. Reúnan tres escuadrones de soldados en el hangar 345-k inmediatamente.

       —Si, mi señor, lo que usted ordene —respondió el capitán, siguiendo con la mirada al Khan del Dragón hasta que éste abandonó el puente.

Tokio, Japón
Distrito Juuban (Museo de Historia)

       Una nueva explosión sacudió lo que quedaba del Museo de Historia en Juuban. Afuera, cientos de curiosos se habían reunido en los alrededores atraídos por el sonido de explosiones y destellos brillantes que provenían de dentro del edificio. Pero aunque la policía había acordonado el área desde hacía un buen rato, nadie se había atrevido a acercarse lo suficiente para averiguar lo que sucedía dentro del edificio.

       De pronto, un estruendo en la parte superior del edificio llamó la atención de todos los ciudadanos. Un joven acababa de salir despedido por los aires mientras una mujer en armadura lo seguía de cerca flotando por  el aire. Al ver la escena, algunos curiosos salieron huyendo mientras que otros se quedaron observando todo atentamente y unos más comenzaron a tomar fotografías usando sus teléfonos móviles.

       Haciendo un enorme esfuerzo, Asiont pudo detener su inesperado vuelo y se mantuvo suspendido en los cielos tratando de pensar en un plan antes de lanzarse nuevamente al ataque. Eneri era fuerte, muy fuerte, de hecho su poder estaba por encima del de Sepultura. Era tal y como se lo había advertido la Khan antes de iniciar la batalla.

       —No puede ser verdad —murmuró para sí—. Eneri es muy poderosa. Su poder y velocidad están en unos límites incomparables.

       La Khan del Cancerbero le sonrió amenazadoramente mientras sus ojos ardían con expectación.

       —Como me lo imaginaba, únicamente sabes usar el aureus para incrementar tu poder aúrico. Es justo como lo que hacen los Khans, una proeza admirable, sin duda, pero que no te bastara para derrotarme.

       Asiont apretó los puños con furia y atacó sorpresivamente con una ráfaga de aire congelado.

       —¡Ya cállate!

       La Khan se alzó uno metros en el aire para esquivar el ataque y contraatacó blandiendo sus cadenas negras con fuerza. Usando ambos brazos, Asiont detuvo los golpes uno tras otro, pero ya comenzaba a cansarse de estar siempre a la defensiva. Por unos instantes la sensación de que no saldría vivo de aquel encuentro se apoderó del él.

       Sorpresivamente, una de las cadenas se enroscó en la mano derecha del Celestial. Aprovechándose de eso, Asiont sujetó la cadena con la otra mano y tiró de ella con fuerza. Su intención era atraer a Eneri hacia él para luego asestarle un buen golpe. Desgraciadamente, la Kha Khan había anticipado ese movimiento y aprovechando la jugada de su enemigo, se lanzó sobre éste para darle un certero codazo en pleno rostro.

       Antes de que Asiont pudiera recuperarse por completo, la guerrera hizo girar la otra cadena en el aire y logró enroscarla en el cuello del Celestial, aprisionándolo con la suficiente fuerza para asfixiarlo.

       Asiont se vio obligado a sujetar la cadena con la mano izquierda para aliviar un poco la presión que ésta ejercía sobre él. Ahora tenía ambas manos ocupadas y la situación se le complicaba seriamente.

       —¡Acabaré contigo, maldito! —farfulló Eneri.

       Repentinamente, el Celestial comenzó a sentirse débil y sumamente mareado. Algo andaba mal y lo sabía. Tirando fuertemente de las cadenas, el Celestial arrojó a Eneri contra el techo del museo, estrellándola fuertemente. Sin embargo apenas la Khan se recuperó del golpe, imitó la maniobra y está vez fue Asiont quien atravesó el techo, produciendo un violento estruendo. Justo en ese instante, el Celestial se dio cuenta de que ya no podía volar por lo que quedó colgando de las cadenas.

       —No puedo moverme —masculló débilmente—. Me siento… mal.

       Eneri aterrizó en el techo y soltando una sonora carcajada le dijo:

       —Voy a absorber todas tu energías.

       “Absorber tus energías”. Ahora todo cobraba sentido para Asiont. De alguna manera las cadenas de Eneri le estaban robando sus fuerza y ello era la razón del porqué no podía seguir peleando como antes. “¡Maldición!”, pensó. “¡No puede ser que haya caído tan fácil en su trampa!”.

       La Khan soltó otra carcajada provocando la frustración del Celestial. Sólo quedaba una cosa por hacer; reuniendo sus últimas energías, Asiont congeló los eslabones de las cadenas que mantenía sujetos y, tras un instante, estos se quebraron dejándolo libre.

       Ya sin fuerzas, Asiont fue a caer a unos metros del campo de batalla donde las Sailors Senshi todavía se encontraban. Al ver lo ocurrido, Sailor Mercury y Sailor Mars se llenaron de angustia.

       Una Eneri triunfante recogió sus armas y sonrió maliciosamente desde el techo.

       —Tienes suerte, gusano —murmuró malévolamente—. Pero necesitas más que eso para sobrevivir.

       Suzú descargó una nueva acometida de golpes sobre el cuerpo del príncipe meganiano. A consecuencia de los impactos de los que era víctima, la armadura de Jesús Ferrer presentaba severas rasgaduras. La sangre manaba de su nariz y boca constantemente.

       —Ya… ya no tengo fuerzas —masculló Jesús débilmente.

       Sailor Maker comprendió que sí no actuaba rápido aquella guerrera mataría a Ferrer así que decidió jugarse el todo por el todo. Juntando ambas manos, atacó a la Khan por la retaguardia con la intención de atraer su atención.

       —¡Star Gentle Uterus! (Estrella de Sailor Maker)

       Una esfera de luz golpeó la espalda de Suzú fuertemente, destrozándole la capa negra en un violento estallido luminoso.

       Suzú volvió la cabeza para encarar a la Sailor Star por encima del hombro y le lanzó una mirada asesina.

       —¡Maldita! ¿Cómo te atreves a atacarme por la espalda?

       Healer ni siquiera se inmutó ante los gritos de su enemiga y se preparó para atacar de nuevo. Su mirada estaba llena de renovada determinación.

       —No me daré por vencida… ¡Star Gentle Uterus! (Estrella de Sailor Maker)

       La Khan de la Banshee recibió el segundo impacto en la espalda, pero no sirvió de nada.

       Suzú dejó a Ferrer y se volvió iracunda contra la Sailor Star. Estaba cansada de que unas cuantas jovencitas sin mucho poder le estuvieran causando tantas molestias.

       —Ya me tienen harta —sus cabellos se alzaron por encima de su cabeza mientras una poderosa aura de color púrpura rodeaba su cuerpo—. Te demostrare contra quien te estás poniendo —hizo una pausa, la miró malévolamente y sorpresivamente empezó a entonar una dulce canción.

       El canto era algo místico, casi celestial, parecía imposible que alguien como Suzú pudiera cantar de aquella manera tan hermosa. Sin embargo, aquel canto encerraba un terrible secreto.

       Sailor Healer frunció el entrecejo, extrañada, y sin entender qué es lo que hacía su enemiga. Confusa, pero a la vez preocupada, alzó ambas manos para atacar por tercera vez, pero de pronto sintió un hormigueo en todo el cuerpo que la paralizo parcialmente. En un acto de desesperación, se llevó las manos a los oídos intentando no escuchar más.

       —¿Qué es esto? —preguntó desconcertada—. Tu voz… .

       Suzú frunció la mirada malévolamente y continuó cantando.

       Liria caminó un paso al frente, intimidando a Sailor Moon, quien retrocedió asustada.

       —¡Dame la gema, niña! —le ordenó la Khan—. ¡Dámela ahora mismo!

       Sailor Moon palideció y volvió la vista hacia sus costados en busca de ayuda. Afortunadamente Sailor Mars acudió en su rescate.

       —Alto, yo seré tu oponente —declaró la Inner Senshi del fuego, colocándose entre Sailor Moon y la guerrera imperial.

       Liria la miró de arriba abajo con despreció y repuso:

       —Deja de decir esas tonterías. Aún no se han dado cuenta que no tienen ninguna posibilidad de ganarnos e insistes en desafiarnos —Alzó una rosa negra en señal de amenaza—. Pero sí así lo quieres… .

       Mars lanzó una mirada feroz a lo que Liria contestó arrojándole la rosa negra.

       La Inner Senshi del fuego extendió sus brazos mientras unos extraños símbolos llameantes aparecieron girando frente a ella, formando un círculo vertical alrededor de ella. Juntando ambos brazos, Mars atrajo todos aquellos símbolos a sus manos y lanzó un ataque sorprendente.

       —¡Burning Mandala! (Fuego de Marte… Enciéndete).

       Al grito de Sailor Mars, varios aros de fuego salieron despedidos desde sus manos hacia la Khan de la Naturaleza. La rosa negra de Liria se desintegró en el aire, convirtiéndose en cenizas.

       Los aros de fuego golpearon el cuerpo de la Khan uno tras otro, estallando y produciendo un pequeño infierno de llamas a sus alrededores.

       —¡Maldición! —chilló Liria en medio del fuego. El ataque de la Senshi la había tomado por sorpresa.

       Sailor Mars sabía perfectamente que aquellas flamas no la detendrían, pero al menos le darían a Usagi el tiempo necesario para escapar. Era el momento justo.

       —¡Vete ahora! —gritó dirigiéndose a Sailor Moon—. ¡Vamos, aléjate de una vez!

       —¿Qué dices? —preguntó la líder de las Sailor Senshi—. No puedo abandonarte, Rei.

       Mars miró a Sailor Moon por encima de su hombro y la fulminó con la mirada.

       —Esa gema que tienes en las manos es lo que ellos buscan —exclamó—. No debemos permitir que caiga en sus manos.

       —Pero yo… —Sailor Moon observó su reflejó en la gema estelar, había lágrimas en sus ojos—. Yo… no… .

       —¡Vete ya, estúpida! —le interrumpió Mars irritada—. ¡No compliques más las cosas!

       —¡No, no quiero! —exclamó Usagi, negando con la cabeza mientras una mar de lágrimas escurría por sus mejillas.

       Mars iba a darse la vuelta para abofetearla cuando la voz de Liria llamó su atención.

       —De nada le servirá escapar —dijo mientras salía del fuego sin ningún rasguño—. Me sorprendiste, Sailor Mars, pero eso no volverá a pasar —hizo una pausa y abrió una mano liberando una nube de polvo amarillento—. ¡Death Pollen!

       Mars no lo pensó dos veces, se dio la media vuelta y empujó a Sailor Moon para salvarla de la nube de polvo que se cernía sobre ambas. Pero al hacer eso, la Sailor Senshi había perdido la única oportunidad que tenía para escapar. Antes de que pudiera reaccionar, la nube de polen la envolvió por completo. En cuestión de segundos, Sailor Mars comenzó a sentirse muy débil y su cuerpo se fue paralizando lentamente. En los borrosos momentos previos al desmayo, Rei rezó para que Usagi pudiera escapar.

       Sailor Moon había caído de espaldas, a unos pasos de donde se encontraba Asiont. El Caballero Celestial aun estaba consciente, pero demasiado débil como para intentar algo.

       Mercury, por su parte, estaba con Venus ayudándola a ponerse de pie cuando se dio cuenta que Mars había quedado fuera de combate. Desesperada, buscó con la mirada a Sailor Moon y descubrió que afortunadamente estaba bien. Sin embargo, Liria ya estaba caminado hacia ella y no le costaría mucho trabajo arrebatarle la gema. ¿Qué haría? Aún si la congelaba con su Shine Aqua Illusión no serviría de mucho. La situación exigía que actuara con inteligencia.

       Segura de sí, Mercury dejó a Venus en un rincón y se dirigió hacia la Khan de la Naturaleza.

       —Dame esa gema, niña —le exigió Liria a Sailor Moon mientras se le acercaba lentamente—. Dámela o te mataré, no quiero hacerlo, pero sí me obligas… .

       —¡Shabon Spray! (Burbujas de Mercuri ).

       Antes de que pudiera terminar la frase, una lluvia de pequeñas burbujas se abalanzó sobre la Khan de la Naturaleza, estallándole encima y provocando una densa neblina que impedía toda visibilidad.

       —¡Malditas mocosas! —estalló Liria—. Esperen a que salga de aquí.

       Mercury bajó los brazos, suspiró con alivio y se volvió ansiosa hacia Sailor Moon.

       —Es ahora, Sailor Moon, escapa.

       Usagi miró a Sailor Mercury con lágrimas en los ojos. A pesar de lo mucho que sus amigas le insistieran que debía escapar, ella jamás las abandonaría y menos en una batalla como aquella. Con el paso de los años y después de enfrentar a diversos enemigos, Sailor Moon y las demás Sailors habían forjado un lazo de amistad que hacía imposible que cualquiera de ellas pensara en abandonar al resto de sus compañeras

       —No, discúlpame, pero no puedo —musitó en voz baja aún en el suelo—. Jamás las abandonare… .

“Genial, ahora quiere jugar a la heroína”, pensó Asiont.

       En tanto las Sailors discutían, el Celestial llevó la mirada hacia la gema estelar que Sailor Moon sostenía entre sus manos. Sí las Khans se apoderaban de ésta, los sacrificios hechos durante la batalla no habrían valido de nada.

       Mientras los habitantes de la ciudad de Atenas huían despavoridos en busca de refugio, el gigantesco Devastador Nisroc se mantenía estático sobre la capital griega soltando miles de naves atacantes que ya sobrevolaban la ciudad en distintas direcciones disparando haces láser. En cuestión de minutos, la importante capital de Grecia se convirtió en un desastre.

       En uno de los hangares de la gigantesca nave, los Khans y sus aliados se estaban reuniendo para ir en búsqueda de la siguiente gema. Como de costumbre, Sombrío alardeaba que aquella sería una misión relativamente fácil y que se anotaría otro triunfo como lo había hecho al derrotar a Ranma Saotome. Todos guardaron silencio cuando la puerta de acceso se abrió de golpe, dando entrada al líder de los Khans.

       —¿A dónde vamos ahora, Tiamat? —preguntó Sombrío con impaciencia.

       El Khan del Dragón se colocó un escáner visual y repuso tranquilamente:

       —Hacia una montaña que queda al este. La señal de la gema sagrada es más fuerte en esa dirección.

       Sombrío lanzó una mirada de soslayo a los soldados que terminaban de alistar sus armas. Iba a abrir la boca para decir algo más, pero la intervención de uno de los guerreros meganianos lo obligó a esperar.

       —Hay algo que no entiendo todavía —masculló Shield a un costado de Kadena y de otro guerrero meganiano llamado Ogitál—. ¿Por qué no llevamos la nave hasta esa maldita montaña y la volamos en pedazos con nuestras armas?

       Tiamat se volvió hacia Shield para observarlo con aburrimiento.

       —La razón es muy simple —comenzó a explicarle—. Los oficiales de la nave detectado una poderosa emanación de energía proveniente de esa montaña y debemos actuar con cuidado. Sí nos acercamos con la nave sería como ponerlos sobreaviso.

       —¿Y qué esperamos entonces? —inquirió Sombrío ansioso—. Vayamos de una buena vez a enseñarles a esos malditos quienes somos los Khans.

       Ogitál y Kadena asintieron con la cabeza conjuntamente y le rieron la broma.

       —Vayamos pues —resonó una voz desde un rincón apartado—. Luego de matar a tantos Celestiales en nuestro universo no creo que sea tan difícil acabar con esos oponentes.

       Con los brazos cruzados y recargado en una pared, Talión observaba a sus camaradas con una expresión en el rostro cargada de absoluta indiferencia.

       Tiamat se volvió hacia el Khan del Fuego para mirarlo. Muchas cosas se decían sobre Talión y su origen, pero lo cierto era que anteriormente había sido un Caballero Celestial que luego de cometer muchos crímenes contra la Alianza Estelar había sido sentenciado al exilio. Al ser rescatado por N´astarith, Talión decidió convertirse en un fiel guerrero al servicio de Abbadón como lo harían muchos otros.

       —Que bueno que te nos unas, Talión —murmuró Sombrío en broma—. Estamos listos para patear traseros.

       El Khan del Dragón ignoró por completo la superflua conversación entre sus compañeros y volvió la mirada hacia la escotilla. Una luz verde en el techo indicaba que ésta estaba a punto de ser abierta.

       —Es el momento —murmuró Tiamat ansiosamente mientras las compuertas se abrían de par en par y un fuerte viento acariciaba su rostro—. ¡Vamos!

       Los Khans y los guerreros meganiano desplegaron sus auras para luego lanzarse por los aires. Un grupo de soldados imperiales fuertemente armados los seguían de cerca.

 Agarthi (Ciudad de Lemuria)

       En completo silencio, los gobernadores del mundo subterráneo escuchaban atentamente las palabras de Saulo, quien trataba de exponer con lujo de detalles el motivo de su visita en aquel universo. En una hora y quince minutos les contó acerca de la caída de su padre, el rey Lux de Endoria, de N´astarith, y de cómo éste pretendía reunir las doce gemas para así obtener el mayor poder del universo.

       —En estos momentos nos encontramos reagrupando nuestros ejércitos para lanzar un contraataque a escala galáctica contra Armagedón y así impedir que N´astarith pueda usar el Portal Estelar. Algunos de mis amigos se encuentran en otros universos buscando aliados.

       —Es increíble —masculló Tdashi lentamente tratando de asimilar el relato de Saulo—. ¿Y con qué tipo de fuerzas cuenta ese tal N´astarith?

       El príncipe de Endoria se volvió hacia el gobernador de Aztlán sin poder ocultar su preocupación.

       —N´astarith posee un ejército muy poderoso que mantiene un estricto control militar sobre los sistemas estelares más importantes. También cuenta con una elite de guerreros llamados Khans. Tiamat, Kali y Sepultura son un vivo ejemplo de ellos.

       —¿Khans? —repitió Zacek atrayendo la atención de Saulo—. ¿Quieres decir que existen más guerreros como Tiamat y Sepultura?

       El endoriano asintió sombríamente.

       —Me temo que si, anteriormente en mi galaxia existió una orden de Caballeros muy poderosos llamados Caballeros Celestiales. Yo, Areth, Ezequieth y cinco amigos más, somos los últimos de ellos. La mayoría de nuestros compañeros fueron exterminados por los guerreros de N´astarith a lo largo de varios ciclos estelares.

       —¿Exterminados? —preguntó Lis-ek, negándose a creer eso—. ¿Quiere decir que esos sujetos son extremadamente poderosos?

       El príncipe suspiró antes de contestar.

       —Así es, a pesar de nuestros continuos esfuerzos por volvernos más fuertes como guerreros, somos incapaces de derrotarlos —hizo una pausa y apretó los puños sin poder contener su furia—. Ni siquiera en los universos alternos donde esos canallas han atacado en su búsqueda por las gemas, ha habido alguien capaz de derrotarlos.

       Se produjo un breve silencio mientras todas las miradas se volvían hacia el emperador Zuyua. La situación se presentaba sumamente delicada para los lideres de Agarthi. Nunca habían enfrentado una situación como aquella y no tenían idea de como reaccionar.

       Zacek reflexionó unos instantes antes de tomar la palabra nuevamente.

       —Y dime, Saulo, ¿todas sus naves poseen esos campos de fuerza tan resistentes?

       —Si, ni siquiera nuestras armas más poderosas pueden atravesarlos —explicó Saulo—. Hemos usado todos nuestros recursos, pero jamás pudimos alcanzar una victoria de consideración.

       Tdashi alzó ambas cejas alarmado. Aquello era demasiado.

       —¡Por el Gran Espíritu! ¡No podemos permitir eso!

       Zacek miró de reojo al gobernador de Aztlán y asintió con la cabeza.

       —Debemos actuar con inteligencia, yo mismo combatí contra uno de esos guerreros y pude darme cuenta de su gran poder.

       Rokova, gobernador de Mu, se inclinó unos centímetros hacia delante para intervenir.

       —Lo primero será buscar una forma efectiva de atravesar esos campos de fuerza. Intentar un ataque sin conocer sus puntos débiles sería descabellado y hasta cierto punto un suicidio.

       Elnar llevó su mirada hacia Zacek y dijo:

       —Quizás el profesor Dhatú podría ayudarnos en esa tarea. Pero sí ese N´astarith cuenta con semejantes recursos, la situación se nos presenta sumamente difícil.

       —Las cosas son más complicadas de lo que parecen —informó el profesor Dhatú atrayendo la atención de todos.

       —¿A qué se refiere, profesor? —preguntó Zacek interesado en lo que el científico tenía que decir—. ¿Hay algo que aún no sabemos?

       El profesor Dhatú sacó a relucir una pequeña computadora de mano.

       —De acuerdo con los últimos datos que he recogido de mis experimentos, una anomalía se está formando en el continuo espacio-tiempo. No quiero hacer conjeturas apresuradas, pero creo que las puertas con las que ese N´astarith está enviando a sus fuerzas a buscar las gemas de las que hablan, están provocando una ruptura en la continuidad de nuestros universos.

       Elnar abrió los ojos de par en par.

       —¿Qué significa eso exactamente? —preguntó, presintiendo que la respuesta no le iba a ser nada grata.

       El profesor Dhatú respiró hondo antes de contestar. Evidentemente se trataba de malas noticias.

       —Bueno, no podría asegurarlo sin hacer más estudios, pero creo que las barreras del espacio-tiempo que separan los distintos universos están desapareciendo y esto podría provocar a un corto plazo una entropía de proporciones cósmicas.

       Todos guardaron absoluto silencio mientras sentían como se les ponían los pelos de punta. Incluso Bantar, que tenía fama de conservar la calma ante las peores situaciones, no pudo disimular una expresión de preocupación.

       —Eso significaría el fin de la Existencia misma —murmuró Zacek lentamente intentando imaginar el desastre. Todo por lo que había luchado durante toda su vida estaba en riesgo—. Es imposible… .

       —¿Qué haremos entonces? —preguntó Uller preocupado—. Nuestro universo también corre un grave peligro.

       El emperador de los zuyua volvió la mirada hacia Lis-ek en busca de apoyo. Luego de observar a su esposa directamente a los ojos por unos instantes, se volvió hacia los presentes con renovada determinación.

       —Es una situación bastante crítica y la falta de tiempo no nos deja muchas opciones  —comenzó a decir, su voz era firme—. Me comunicaré con todos los mundos que forman parte de la GAU para informarles acerca de esta amenaza y pedirles su colaboración. Vamos a reunir una flota de ataque para luego partir hacia el universo de Saulo y ayudarlos a atacar esa estación espacial conocida comoArmagedón.

       Elnar se recargó sobre su asiento.

       —Me parece bien y aprovechando la ocasión quiero ofrecerme como voluntario en esta misión. Mis años de experiencia como capitán de la astronave Atlantis podrían ser de gran utilidad.

       Desde su rincón, Areth sonrió agradeciendo interiormente a todos por su ayuda.

       —Me parece bien —convino Bantar—. Yo también iré, antes fui el almirante de las fuerzas zuyua y tengo bastante experiencia.

       —Creo que se olvidan de algo —intervino Rokova sin ánimos de estropear el plan—. No podemos dejar a la Tierra sin protección. Recuerden que Asura y la Alianza del Mal podría aprovechar la ocasión para atacar.

       El emperador zuyua asintió sombríamente. Rokova tenía razón. Por un momento se habían olvidado por completo del peor enemigo de la GAU y que aún los amenazaba desde su fortaleza en el lado oscuro de la luna.

       —Es cierto —cerró los ojos un momento—. Pero sí no vamos, el universo entero podría ser destruido.

       —Comprendo que ustedes también tengan problemas —dijo Saulo a sabiendas de que tampoco podía pedirles que dejaran su mundo sin protección—. Quizás sí sólo nos apoyarán con una pequeña expedición podríamos… .

       —No, Saulo —lo interrumpió Zacek abriendo los ojos y volviéndose hacia él—. Si no los ayudamos, de nada servirá defender este planeta azul. Reuniremos una armada con naves de los mundos miembros de la GAU y dejaremos la mitad de nuestras fuerzas aquí en la Tierra.

       —Es arriesgado —señaló Tdashi—, pero no tenemos otra opción.

       —A mí me parece una buena idea —añadió Rokova apoyando el plan—. Cuenten con mi plena aprobación.

       Zacek asintió con la cabeza.

       —Bien, ordenaré que se les informe de todo esto a los pilotos de los cazas Tao. También llevaremos con nosotros a la mitad de los Transformables.

       Dhatú se acercó a Zacek con la computadora todavía en las manos.

       —Yo también iré, quizás pueda ayudarlos a anular esos campos de fuerza.

       El príncipe de Endoria se giró hacia el científico zuyua y le miró agradecido.

       —Se lo agradezco, profesor Dhatú, pero de antemano le confieso que la tecnología abbadonita es muy avanzada.

       —Entonces, está decidido —anunció Zacek con importancia—. Ahora vuelvan a sus respectivas ciudades e informen a los habitantes de Agarthi de esto. Yo, por mi parte, me reuniré con todos los Guerreros Kundalini para decidir quienes iremos en la misión.

       Una tenue sonrisa se insinuó en los labios de Areth, quien se volvió hacia Lis para agradecerle con la mirada.

       Saulo se levantó de la mesa y se dirigió a los lideres de Agarthi. De inmediato todas las miradas se clavaron el príncipe endoriano.

       —Realmente no pensé que nos ayudarían de este modo. A nombre de todos los mundos miembros de la Alianza Estelar, les doy mi más profundo agradecimiento por toda su ayuda. Estoy seguro de que con su ayuda podremos derrotar a N´astarith.

       Algunos sonrieron para responder a las palabras del príncipe endoriano.

       Aquella iba a ser la primera vez que la GAU se involucraba en una aventura como esa y no había garantía de saber sí acabarían teniendo éxito. Pero a pesar de lo arriesgada que era la campaña, Zacek confiaba plenamente en que lograrían salir triunfantes. Desde hacia mucho tiempo los zuyua se habían enfrentado a situaciones peligrosas, claro que ninguna como esa, pero, a pesar de todo, siempre habían logrado salir adelante y eso le daba algo de confianza.

Santuario de Atena, Grecia.

       Tiamat y su grupo se detuvieron en el aire a algunos kilómetros de distancia de la enorme montaña que se alzaba frente a ellos. La noche empezaba a caer lentamente y las estrellas aparecieron en el firmamento como una estela de brillantes adheridos sobre un manto oscuro.

       —¿Por qué demonios nos detuvimos? —preguntó Shield desde su posición—. ¿Acaso la gema cambió de ubicación?

       Tiamat no respondió nada y continuó mirando como sí buscara algo.

       —Quizás vio algo —aventuró Kadena—. Algún enemigo… .

       Talión escudriñó la montaña con la mirada y descubrió unas extrañas construcciones repartidas en distintos puntos. Alguna clase de templos antiguos, pensó.

       Movido por la curiosidad, Aicila activó su escáner visual para buscar las presencias poderosas que Tiamat había mencionado. Varios símbolos empezaron a aparecer rápidamente en el visor.

       —Captó cinco presencias poderosas… no, esperen, son más… .

       Ogitál imitó a la Khan de la Arpía y se llevó la mano al escáner para hacer sus propias conjeturas.

       —Son varios niveles de ataque muy altos —masculló lentamente—. Son más altos que los de los Celestiales que he conocido.

       Sombrío se acercó a Tiamat levitando por un costado.

       —¿Por qué no avanzamos? —le preguntó sonriente—. ¿Acaso tienes miedo?

       El Khan del Dragón le lanzó una mirada de indiferencia.

       —Eres un estúpido —murmuró despectivamente para luego llevar la vista de regreso a la montaña—. Hay una especie de campo de energía muy poderoso que protege todo el lugar —hizo una pausa y alzó una mano abierta formando una esfera de luz brillante en la palma—. Sería tan fácil acabar con esa energía…

       Aicila miró a Tiamat.

       —¿Y por qué no lo haces?

       Tiamat frunció el ceño maliciosamente. Una sonrisa macabra se insinuó en sus labios.

       —Eso le quitaría lo divertido al asunto, quien quiera que haya puesto esa barrera de energía lo hizo para impedir que alguien llegara a la cima de la montaña fácilmente —alzó la mirada mientras la esfera de energía desaparecía de su mano—. Según veo, la gema sagrada está en la punta de la montaña.

       Uno de los soldados imperiales se llevó unos prismáticos a los ojos.

       —Señor, hay una serie de construcciones a lo largo de toda la montaña —anunció con un tono de importancia—, no se ven señales de… .

       —Es como suponía —lo interrumpió Tiamat para luego volverse hacia sus camaradas—. Desaparezcan sus auras y vayamos al pie de la montaña.

       —¿Qué estás diciendo? —Sombrío parecía indispuesto a aceptar ese plan—. Vuela el maldito campo de energía y vayamos por la gema.

       El líder de los Khans le lanzó una mirada feroz.

       —Lo haremos a mi modo, imbécil.

       Sombrío iba a replicar, pero al ver la expresión llena de ferocidad de Tiamat se la pensó mejor e hizo lo que cualquier cobarde en su situación haría.

       —Me parece bien, propongo ir al pie de la montaña.

       La luz de una luna llena bañaba todos los templos que existían en el Santuario de Atena. Desde la antigüedad se decía que la diosa de la sabiduría y el combate justo venía a la Tierra cada doscientos años, y que reencarnaba bajó la figura de una simple joven mortal. A la cabeza de sus Santos, Atena luchaba para conservar la paz y la justicia sobre la Tierra.

       Nachi, el Santo del Lobo, e Ichi, el Santo de Hidra, se encontraban realizando su inspección nocturna cuando de pronto descubrieron a un par de guardias dormidos a brazo suelto. El Santo de Hidra no pudo ocultar su enfado al ver aquello.

       —Oigan, despierten —les reprendió—. Despierten les digo.

       Uno de los guardias cabeceó un momento antes de despabilarse.

       —¿Eh, eh? Lo lamentó, señor Ichi —se disculpó y de inmediato volvió a tomar su posición.

       Nachi, por su parte, se volvió hacia el segundo guardia para despertarlo de igual modo.

       Una vez que reprendieron a los vigilantes por su descuido y se aseguraron de que continuaran vigilando, los Santos de bronce reanudaron su inspección.

       —Que noche, ¿no? —inquirió Nachi sin apartar la mirada del camino—. Parece que va a ser una velada larga.

       —Me molesta que los guardias se duerman estando la señorita Saori aquí en el Santuario —expresó Ichi en voz alta—. Es irritante.

       Nachi asintió con la cabeza sin dejar de caminar.

       —Hay algo que me preocupa —comentó—. La señorita Saori ha estado muy extraña desde hace más de una semana.

       —¿Extraña? —repitió el Santo de Hidra contrariado—. ¿A que te refieres con eso?

       Nachi se detuvo al pie de un risco para luego alzar la vista al cielo. Las constelaciones brillaban más intensas que nunca.

       —Ha estado más callada de lo normal, es como sí temiera algo.

       Ichi bajó la cabeza en tono pensativo.

       —Me pregunto que será… .

Astronave Churubusco.

       —Se forma otra puerta —informó un técnico sin emoción alguna en su voz—. Es la segunda en menos de 2 ciclos.

       —¡Maldición! —exclamó Cariolano en voz alta sacando a relucir toda la frustración que sentía al escuchar eso—. El príncipe Saulo no ha regresado todavía, ni tampoco el señor Cadmio. Gran Creador, esos malditos se nos están adelantando.

       —Es hora de actuar —se oyó decir a una voz a sus espaldas—. No podemos permitir que los sirvientes de N´astarith obtengan las demás gemas.

       Cariolano se giró inmediatamente sobre sus talones para encontrarse frente a frente con Casiopea

       —Princesa Casiopea, no me di cuenta cuando entró al puente y… .

       —Preparen un Águila Real inmediatamente, almirante —ordenó la Celestial, ignorando por completo las disculpas de Cariolano—. Tendré que encargarme de esto yo sola.

Continuará… .

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s