Leyenda 113

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO CXIII

EL ALMA DE LOS SENTIMIENTOS

       Tokio-3, Japón

       El sol abrasador de la mañana aclaraba las sombras y reverberaba en las ruinas de la enorme y devastada metrópoli. En los cielos, la encarnizada batalla entre las naves de la Alianza Estelar y las fuerzas imperiales seguía su curso. Tiamat examinó fríamente al guerrero saiya-jin que tenía delante sin dejar de preguntarse de dónde demonios había salido. Estaba claro que Son Gokuh era un peleador realmente poderoso y eso lo podía saber sin la necesidad de usar un escáner visual. N´astarith y Son Gokuh se miraron a los ojos a sólo unos pocos metros de distancia.

       —Escúchame, N´astarith —dijo Son Gokuh con voz firme—. No hay necesidad de que sigas matando personas inocentes. Si lo que te interesa son esas gemas estelares de las tanto que me han contado, entonces reúnelas para que podamos tener una pelea frente a frente.

       —¿Qué fue lo que dijo Gokuh? —Saulo abrió los ojos con incredulidad—. ¿Es qué acaso perdió la razón o algo así? ¿Cómo es qué puede tomar las cosas con tanta ligereza? Es absurdo.

       —Es un maldito demente —murmuró Cadmio—. ¿Qué es lo que pretende?

       Son Gokuh llevó su mirada hacia Tiamat, quien lo observaba con creciente hostilidad en espera de poder comenzar la pelea. El Khan del Dragón estaba a punto de decir algo cuando N´astarith decidió tomar la palabra de nueva cuenta para dirigirse a Son Gokuh.

       —Nadie en este planeta era inocente, Son Gokuh —siseó el oscuro señor de Abbadón tranquilamente—. Dime una cosa, ¿por qué te preocupan tanto los humanos malvados de este lugar? Mira, las vidas van y vienen como las hojas de los árboles durante las estaciones. Los humanos de este lugar igualmente hubieran acabado matándose entre sí después de cierto tiempo. Lo único que hice fue terminar con algo que ya había iniciado antes de que llegáramos.

       Aioria montó en cólera.

       —¿Cómo puedes decir eso? ¡Eres un miserable!

       —El emperador habla con la verdad, Santo de Oro de Leo —afirmó Sarah—. Este lugar estaba poblado por humanos ambiciosos que devastaron su planeta con guerras y contaminación. No entiendo qué rayos pueden importarle eso a ustedes.

       —Eso a ti no te importa —le espetó Sailor Uranus.

       —Este mundo contiene en abundancia el espíritu del caos, niña —murmuró Odrare, elevando su voz por encima de la de Sailor Uranus—. Era algo que debía ser erradicado a cualquier costo. Si no tienen el valor para reconocer la verdad de los hechos, entonces son parte del problema.

       —¿Es qué acaso ustedes están locos? —exclamó Cadmio, iracundo—. ¿Cómo pueden hablar de erradicar el mal? Ustedes mismos se han entregado a hacer el mal. En nuestro universo han masacrado a millones de inocentes, a jóvenes, mujeres y a niños. Vidas cortadas sin piedad.

       —Los Celestiales y la Alianza Estelar nunca hicieron lo necesario para salvar la galaxia y alguien debía ejercer el liderazgo, aunque fuera por la fuerza —dijo Sarah—. Es por eso que el emperador fue elegido para dirigir el destino de todos los mundos. Sólo a través de Abbadón podrá llegar la salvación y pasaremos por encima de quien sea que trate de detenernos.

       Son Gokuh comprendió que no habría piedad, que ese concepto era extraño para los Khans, de la misma forma que un ser humano aplasta una cucaracha sin pensárselo mucho. Para N´astarith todos aquellos que se interpusieran en su camino eran como ratas, unos seres sucios que podían ser exterminados si era necesario.

       —Entonces debo suponer que seguirán causando problemas.

       —Ahora comprendo todo —Tiamat soltó una risita maliciosa—. Un guerrero realmente poderoso no tiene porque sentir misericordia. Luchar es algo innato en la naturaleza de los seres vivos y saca a relucir lo mejor de cada uno, ¿por qué reprimirse entonces? Pensé que eras un gran peleador, Son Gokuh, pero me doy cuenta que en realidad no lo eres.

       —¿De qué estás hablando? —inquirió Son Gokuh, extrañado.

       Tiamat frunció el entrecejo.

       —Aquellos miserables que no son capaces de alcanzar la gloria creen en cosas tan absurdas como la piedad y la misericordia. Esas ideas son propias de los débiles, los fracasados y los cobardes. Nosotros, por el contrario, nos encontramos más allá del bien y del mal y por eso es que somos poderosos.

       —¿Dices que ustedes están más allá del bien y del mal? —murmuró Seiya con indignación—. No presumas tanto. ¿Cómo puedes afirmar que la misericordia es cosa de los débiles? ¡Acabaré con todos ustedes, así que prepárense!

       —Ahora recuerdo lo que nos dijo Liria —comentó Areth en voz baja—. Esa Khan con la que luchamos en el planeta Génesis decía la misma clase de cosas que Tiamat y sus amigos.

       —Espera, Seiya. Tú no pelearás solo —intervino Saulo sin dejar de mirar al señor de Abbadòn—. Esos miserables me deben algo a mí también. He soñado con este momento por mucho tiempo. Nadie me arrebatará la oportunidad de matarlos con mis propias manos.

       —Ah, el príncipe Saulo —dijo N´astarith con serenidad—. Es un honor conocer en persona al antiguo heredero del trono real de Endoria. He escuchado mucho sobre ti, muchacho. Quizá te agrade saber que José Zeiva ya no es más emperador y que ahora Endoria pertenece a Abbadón.

       —¿Qué es lo que has dicho? —Saulo le lanzó una mirada de furia—. ¿Acaso te estás burlando de mí, maldito infeliz? Te confieso que tenía muchos deseos de encontrarte porque voy a hacerte pagar por todo lo que le has hecho a mi pueblo.

       N´astarith se rió con satisfacción.

       —Es increíble la cantidad de ira que llevas en tu corazón, Saulo. Casi podría decirse que tienes las cualidades suficientes para ser uno de mis guerreros. Pensé que a los Caballeros Celestiales se les tenía prohibido sentir ese tipo de emociones.

       —Tranquilízate, Saulo —Karmatrón se acercó al endoriano para calmarlo—. Tu furia sólo lo vuelve más poderoso, date cuenta que él se alimenta de la energía negativa del medio ambiente. Mientras más lo odien más fuerte se hará.

       Armando Ferrer alzó una ceja, desconcertado.

       —¿De qué están hablando?

       —¡Basta de tonterías! —exclamó Vejita con furia—. Les dije bien claro que se abstengan de intervenir, insectos estúpidos. Prefiero luchar y morir solo antes que permitir que alguno de ustedes me ayude.

       Sarah soltó una risotada.

       —Observen a esos sujetos, se nota que se llevan muy bien entre ellos.

       —Nada de eso —replicó Vejita violentamente—. A mí no me comparen con esos imbéciles de los Celestiales, los gusanos incompetentes como Seiya o el inútil de Kakaroto. Yo soy diferente de todos ellos y no tengo problemas en demostrarlo durante los combates. Ahora, ¿quién de todos ustedes será el primero en morir?

       Tiamat concentró su mirada sin decir nada. Vejita, Saulo y Seiya sintieron un fuerte golpe en el abdomen y se doblaron, gritando de dolor. El Khan del Dragón esbozó una sonrisa burlona mientras sus enemigos caían al suelo. Asiont estaba desconcertado; en tan sólo un instante, Tiamat había logrado atacar a tres adversarios al mismo tiempo.

       —Para ser unos sujetos tan patéticos ustedes hablan demasiado —sentenció el Khan del Dragón con desdén—. No hay nada que puedan hacer para vencernos a pesar de sus poderes. Son sólo unos pobres idiotas que no saben cuál es su lugar.

       —Maldito —musitó Vejita con dificultad—. No creas que será tan sencillo.

       —Vejita, Saulo, Seiya —dijo Son Gokuh con preocupación.

       —Es increíble —murmuró Shiryu—. ¿Cómo logró Tiamat hacer eso?

       De repente, Odrare pasó junto a Tiamat y se detuvo frente a Aioria. El corpulento Khan del Minotauro posó sus ojos en el santo dorado de Leo y soltó una risita burlona. Aioria levantó sus puños y frunció el entrecejo, preparándose para la inminente batalla. Hyoga, Shun, Shiryu se acercaron para enfrentar al guerrero de Abbadón.

       —Aguarda un momento, Tiamat —dijo Odrare—. Me encargaré de estos sujetos. No olvides que uno de ellos mató a mi hermano Belcer. He de matar a estos gusanos insignificantes para vengarlo como se merece.

       N´astarith hizo una leve inclinación con la cabeza.

       —Es cierto, uno de estos Santos aniquiló al hermano de Odrare. Es justo que él se haga cargo de ellos. Tiamat, Etzal, no intervengan en esta pelea por el momento, deja que Odrare y Sarah se diviertan un poco con ellos.

       —Como desee, mi señor —asintió Etzal.

       Armando Ferrer abrió los ojos con incredulidad.

       —¿Etzal? ¡No puede ser!

       —Que bueno que aún recuerdes mi nombre, querido Armando. He pasado mucho tiempo pensando en ti y en tu padre y en la forma en que cobraría mi venganza. De seguro ya estarás enterada que Liton y yo quedamos en libertad cuando el planeta Megazoar fue destruido.

       —Era el castigo que merecían por rebelarse contra mi padre —replicó Armando con frialdad—. Aún no olvido la forma tan canalla en la que nos traicionaron. No me extraña que hayas corrido a aliarte con N´astarith, pero eso no te servirá de nada.

       Eztal dejó escapar una risita malévola.

       —Me parece que no te has dado cuenta que ustedes son los van perdiendo la guerra. Es tan triste, Armando, hubo un tiempo en que pensé que tu padre era el más indicado para dirigir la galaxia, que era la encarnación misma de la voluntad del poder, pero ese lugar lo ocupa N´astarith.

       —No dices más que tonterías, Etzal —espetó Armando—. Liton también creía en la voluntad del poder, pero ni eso impidió que al final fuera derrotado por uno de los Santos de Atena.

       —¿Qué estás diciendo? —exclamó Etzal, desconcertada—. ¿Dices qué Liton ha encontrado la muerte? ¡No puede ser!

       Hyoga dio un paso al frente con un gesto que denotaba una expresión desafiante.

       —Así es y fui yo quien lo derrotó. Pero no sólo eso, sino que también logramos encontrar primero la gema sagrada que los guerreros de Abbadón estaban buscando. Tal parece que las cosas no salieron como ustedes esperaban.

       —Que decepción —murmuró N´astarith—. No imagine que Liton fuera vencido tan fácilmente por uno de los Santos de Bronce. Tal vez me equivoqué con él, pero eso no tiene la menor importancia. Deberían preocuparse más por ustedes ya que morirán muy pronto.

       —Pero, mi señor, yo podría acabarlos más rápido —objetó el Khan del Dragón.

       —¿Acaso vas a desobedecerme, Tiamat? —siseó N´astarith de tal forma que su mejor guerrero desistió de toda idea de insistir. El señor de Abbadón dirigió su mirada una vez más hacia los guerreros de la Alianza y dijo—: Estoy dispuesto a perdonarles la vida si se arrodillan y me adoran por toda la eternidad.

       Incapaz de contenerse por un segundo más, Aioria se despojó de su capa con un veloz movimiento y enseguida extendió su puño contra Odrare. Un sublime resplandor dorado envolvió la figura de Aioria, que arremetió ferozmente contra el Khan del Minotauro con una andanada de golpes a la velocidad de la luz.

       —¡¡A un lado, Asiont!! ¡¡Lightning Plasma!! (Relámpago de Voltaje)

       Una lluvia de mortales haces luminosos vapuleó violentamente al Khan del Minotauro. En tan sólo una fracción de segundo, Odrare recibió más de mil impactos por todo su cuerpo. El guerrero de Abbadón interpretó una grotesca especie de danza mientras era zarandeado por el poderoso Lightning Plasma de Aioria. El Khan soltó un prologando alarido de dolor antes de salir disparado hacia el bosque.

       Sarah volvió el rostro por encima del hombro para observar a su compañero, el cual había derribado varios árboles antes de caer al suelo. Aioria y los otros guerreros de la Alianza miraron a los Khans en forma desafiante. Se hizo un silencio incómodo entre los Khans en espera de que su señor finalmente hablara.

       —Supongo que eso quiere decir que no.

Cuarteles de NERV.

       Misato Katsuragi se dirigió a toda prisa al enorme hangar donde el Eva-01 reposaba. Tenía que lograr que Shinji subiera en el coloso para que pudiera ayudar a Asuka. En cuanto se acercaron lo suficiente al Evangelion color morado, Misato se volvió hacia Shinji y lo tomó por los hombros para sacudirlo. El chico no reaccionó.

       —Escucha, tenemos que hacer algo o Asuka morirá, ¿es que no me oyes?

       —¿Asuka? Pero es que ella está… .

       —¡Ella está peleando por nosotros! —exclamó Misato, dando a entender lo que sentía mediante un violento ademán—. Shinji, debes despertar de una maldita vez. Yo sé que la muerte de Kaworu te afectó mucho, pero debes dejar el pasado atrás. Tú no podías saber que él era uno de los shito.

       —Estoy cansado de sufrir, no tengo una razón para vivir.

       —¿Estás seguro de eso? —preguntó Misato.

       Shinji dudó por un instante. La muerte de Kaworu le había dejado un enorme vacío sólo comparable con la culpa que sentía. Todas las personas a las que apreciaba habían ido saliendo de su vida. Sus amigos se habían marchado de la ciudad debido a los shitos, Asuka había estado catatónica por varios días, Rei se mostraba por demás indiferentes y Kaworu estaba muerto. Era como si una sombra de desgracia se hubiera cernido sobre de él para destruirlo.

       Con el ruido de las explosiones oyéndose a lo lejos, Misato se alejó de Shinji y cerró los ojos tratando de controlar la angustia que la ahogaba. Era obvio que la batalla en NERV estaba pérdida y que no quedaba nada más por hacer salvo esperar a que todo terminara. Revisó su arma una vez sin saber qué hacer. Shinji no reaccionaba y estaban atrapados en el hangar. Los invasores no tardarían mucho en encontrarlos.

       —Misato, quiero pedirte que me perdones, por favor —Shinji se acercó unos pasos, pero sin alzar la mirada—. Perdóname, pero es que… .

       —Dime una cosa, ¿hasta cuando dejarás de comportarte como un niño? —le interrumpió Misato en un tono repentinamente áspero—. ¿No te cansas de estar siempre huyendo de los problemas? Tienes problemas, es cierto, pero todos también los tenemos y aprendemos a vivir con ellos. Eso es lo que distingue a un hombre de un niño, Shinji.

       —No me comprendes.

       —¡Claro que te comprendo, maldita sea! ¡Eres tú el que no entiende!

       Shinji calló con la cabeza hundida en el tronco y la vista en el suelo. En su interior algo le decía que Misato tenía razón. Entonces recordó a Mana y la conversación que había sostenido con ella sobre lo que era el temor a la vida. La parte racional de su ser le decía a gritos que la existencia que llevaba eran tan miserable que no valía la pena vivirla; sin embargo su parte emotiva se aferraba a las palabras de Mana y de Misato.

       —¿Qué es lo que harás, Shinji? —le preguntó Misato.

       El chico tardó un poco en reaccionar. Finalmente levantó el rostro para contemplar al Eva-01. Sabía lo que debía hacer, pero sentía miedo de tomar la decisión correcta. Debía escoger entre quedarse ahí esperando la muerte o luchar para salvar a Asuka, Misato, Mana y lo poco que quedaba de NERV. Un pequeño brillo de determinación se encendió en su mirada y finalmente echó a caminar.

Central Dogma.

       El brazo de Fobos se introdujo hasta lo más profundo de las entrañas del gigantesco shito. El Khan del Terror miró impasible al gigantesco ser que permanecía crucificado y esperó hasta que la esfera luminosa que sostenía en su mano cambiara de color antes de volver a extraerla. Ritsuko y Masamaru permanecieron atónitos mientras Fobos descendía llevando aquella destellante bola de luz, la cual ahora brillaba con un tenue resplandor rojizo.

       —A diferencia de lo que piensan los humanos —comentó el Khan, mirando fijamente la esfera de luz—, el espíritu de un ser vivo está compuesto por tres almas. Thumos, el alma de los sentimientos. Menos, el alma del intelecto y finalmente, Psuché, el alma que trasciende la frontera entre el mundo de los vivos y el más allá.

       Masamaru y Ritsuko estaban como petrificados. A juzgar por sus expresiones era evidente que estaban bastante impresionados por lo que el Khan había dicho. Sus rostros llenos de temor parecían complacer a Fobos, que sonrió otra vez antes de volver a hablar.

       —Rei Ayanami es el resultado de un experimento de clonación donde se mezcló la sangre de una humana y de este shito. Es por esta razón que ambas compartían una de las tres almas, la llamada Thumos o alma de los sentimientos. Pero ahora esta pequeña esfera que tengo en la mano contiene esa alma en su totalidad y es la clave para controlar a las dos.

       Ritsuko frunció el ceño sin poder creerlo.

       —¿Cómo puede ser eso posible? Nosotros sólo extrajimos un poco de la sangre del shito para crear a Rei. No entiendo cómo es qué ambas pueden compartir una misma alma si son dos seres distintos.

       —Entiendo que todo le parezca confuso, doctora —repuso Fobos, echando un rápido vistazo hacia Rei—. Cuando crearon a esa chica, una parte del Thumos de este shito se separó y se alojó en el cuerpo de Rei Ayanami. Cada una de ellas, es decir, Rei y Lilith, posee un alma del intelecto y un alma que trasciende, pero ambas compartían la misma alma de los sentimientos. Seguramente, Gendou también lo sabía y pretendía usar esto para controlar el Tercer Impacto.

       A Masamaru se le heló la sangre. Durante años había cometido actos reprobables bajo la idea de que el general Kymura y Gengis Khan pretendían crear un mundo mejor y construir una utopía donde todos vivieran en paz. Sin embargo ahora todo estaba claro: había sido burdamente manipulado por un par de extraterrestres que deseaban destruir a los Evas y controlar al último shito. No obstante, aún mantenía la sospecha que había un motivo más por el que aquellos seres habían llegado hasta la Tierra, algo que todavía no le habían dicho.

       —Todavía hay algo que no comprendo —Masamaru tomó aire para continuar cuando Fobos dirigió su mirada hacia él—. ¿Por qué vinieron a este mundo? Es decir, la tecnología que tienen es mucho más avanzada que la nuestra y es claro que no están aquí por los recursos naturales de este planeta.

       El Khan sonrió divertido.

       —Ah, Masamaru, resulta curioso que me hagas esa pregunta. Durante años obedeciste todas las ordenes que te daba sin dudar, pero ahora empiezas a preguntarte muchas cosas, ¿no es así? Ni siquiera te atreviste a cuestionarme cuando te ordene que mataras a tu amigo Kaji.

       Al escuchar aquella revelación, Ritsuko sintió como si toda la sangre le hirviera por las venas y perdió completamente los estribos. Olvidándose por un momento en donde estaba, se acercó a Masamaru y entonces le dio una bofetada tan terrible que lo hizo volver el rostro.

       —¡Son unos malditos infelices! —espetó con toda sus fuerzas—. Cuando Gendou mencionó que ese tipo había mandado matar a Kaji, pensé que lo había hecho alguien más, pero ahora que sé la verdad no descansaré hasta que pagues por lo que hiciste, miserable.

       Fobos lanzó una sonora carcajada. Masamaru decidió aprovechar la situación para activar discretamente el comunicador que colgaba de su cinturón. Ritsuko estaba tan furiosa que no notó que Masamaru estaba tecleando un código. Éste trató de decirle algo, pero lo único que consiguió fue que la científica le escupiera el rostro.

       —Olvide que la doctora era amiga de Kaji —murmuró Fobos en forma sarcástica—. Bien, nuestra misión está cumplida, así que no tengo razones para ocultar la verdad. Puedo decirles la verdadera razón de nuestra presencia en su planeta.

       —Hace unos momentos dijiste que tu amo, es decir, Gengis Khan te envió a buscar algo a este planeta —Masamaru deslizó su mano al comunicador. Apretó el botón de conexión y exhaló un suspiro—. Mencionaste que era algo valioso y tengo la impresión de que eso fue lo que causó que los shitos vinieran a este mundo.

       Fobos pudo observar como una pequeña gota de sudor resbalaba por la sien derecha de Masamaru y percibió su creciente nerviosismo. Imaginó que el hecho de verse al borde de la muerte era lo que tenía en ese estado y pasó por alto que el comunicador de su antiguo hombre de confianza estaba encendido.

       —El verdadero motivo por el que vine a este planeta fue porque aquí se encontraba una gema sagrada, una de las doce gemas de los Titanes que harán de Genghis Khan el amo de toda la existencia.

       Fuera del Geofrente del NERV, los Executors y Asuka continuaban combatiendo contra los Evas de SEELE que todavía quedaban en pie. A pesar de que los Evas 09, 05 y 11 habían resultado seriamente dañados aún continuaban atacando. Musashi sabía perfectamente que el Eva-13 era el único que no sufría de alguna avería grave, así que decidió ir por él. Sephiroth se giró velozmente hacia el Evangelion blanco y levantó ambos brazos para dispararle una ráfaga de proyectiles.

       Los mísiles alcanzaron su objetivo. Le dieron de lleno en el pecho, los hombros y el abdomen. El Eva-13 se tambaleó hacia atrás mientras un líquido rojo saltaba a borbotones por el aire.

       —¡Buen tiro, Musashi! —exclamó Keita.

       Mana llevó las manos a la pantalla de su ordenador para dispararle al Eva-09, pero no fue necesario. El Eva-02 se abalanzó sobre el 09 y comenzó a acosarlo con la lanza de doble cara que portaba. Llevando a su Evangelion hasta los límites, Asuka hizo que éste descargara un potente golpe que el Eva-09 apenas pudo contener. Mana condujo al Executor-03 hasta donde estaba Asuka y levantó el brazo derecho para usar su lanzallamas contra el Eva-09.

       Mientras el fuego bañaba al Evangelion blanco, Mana notó que estaba entrando una señal y activó su comunicador. En el auricular que llevaba en su oído pudo escuchar claramente la voz del general Kymura. De igual forma, Keita, Musashi y Asuka captaron la misma comunicación.

       —Cuando supimos que la gema sagrada estaba en este mundo, Gengis Khan me ordenó que viniera a este universo por ella. Desgraciadamente, en ese tiempo sólo podía permanecer en esta dimensión por períodos muy breves. Es por eso que tardé mucho en localizarla, pues aunque sabíamos que la gema se encontraba aquí, no conocíamos el lugar exacto.

       —¿Qué es esto? —preguntó Mana para sí—. ¿General?

       —¿Alguien me puede explicar? —murmuró Keita, confundido.

       —¡No es cierto! —exclamó Musashi—. Es un engaño de NERV.

       —Durante una de mis estancias conocí al verdadero general Kymura —continuó Fobos y después soltó una risita diabólica—. Él era un militar muy ambicioso y corrupto. Fue relativamente fácil convencerlo para que me ayudara en mis planes. Kymura me contó sobre los shitos, los Evas, NERV y SEELE. De inmediato me di cuenta que los shitos podían ser un problema ya que si se apoderaban de la gema sagrada antes que yo, sería muy complicado arrebatárselas después. No fue coincidencia que una de esas criaturas apareciera en la Antártida.

       —¿Te refieres a Adam? —se escuchó decir a Ritsuko.

       —Le ordené a Kymura que creara una organización —repuso Fobos—. Le prometí que si me ayudaba le daría todo lo que quisiera. Lo malo fue que resultó ser un sujeto demasiado curioso —sonrió—. Tuve que eliminarlo y después adopté su identidad para coordinar personalmente la organización Apocalipsis. Me las arreglé para traer tecnología avanzada y recluté a muchos humanos inconformes con la situación del mundo. Fue muy sencillo manipularlos a todos para que hicieran lo que yo quería.

       —¡¡Es una mentira!! —gritó Musashi con todas sus fuerzas—. ¡No crean nada de eso! Esos malditos de NERV seguramente están simulando su voz. Quieren confundirnos con sus sucias tretas.

       —¿Estás loco o imbécil? —espetó Keita—. Es claro que se trata del general Kymura. No creo que los de NERV pudieran intervenir nuestras comunicaciones y lograr algo así. El maldito nos engañó para usarnos.

       —¡No es cierto! —rugió Musashi—. Entonces fueron los de SEELE.

       —¿Qué rayos es todo esto? —les dijo Asuka, que no entendía lo que estaba pasando—. ¿Quién es ese idiota que habla por el sistema de comunicaciones?

       Sephiroth se volvió hacia el Eva-02 para apuntarle con el puño. Musashi estaba a punto de gritarle que se callara cuando escuchó un ruido atronador. Una grieta fue abriendo el suelo rápidamente, pasó a un costado del Eva-13 y continuó su curso. De repente, grandes pedazos de tierra comenzaron a salir disparados, y de repente un Evangelion de color oscuro debajo de una erupción de cascotes, tuberías y acero y subió a la superficie. Musashi, Keita, Mana y Asuka contemplaron aquel enorme coloso emerger de las entrañas del geofrente.

       —¿Qué demonios? —alcanzó a murmurar Keita.

       —Es el Eva-01 —observó Mana—. Es Shinji.

       En el puente de mando del Devastador Estelar que permanecía en las alturas, la figura del Evangelion más poderoso apareció en la principal pantalla visora. El capitán de la nave consultó con sus oficiales sobre el desarrollo de la batalla entre los licántropos y las fuerzas de la Alianza. Cuando le informaron que varios Transformables habían salido de la nave Tao supo que había llegado la hora de iniciar la fase final de la operación.

       —Liberen al Súper Executor —ordenó—. El gran N´astarith quiere que no quede nadie con vida.

Tokio-3, Japón

       Odrare estaba realmente furioso. Más que los golpes de Aioria sentía lastimado su orgullo. No iba a permitir que lo humillaran de esa forma enfrente del emperador. Se levantó y recogió su hacha del suelo. Comenzó a caminar hacia sus enemigos con la firme intención de hacerlos pedazos. N´astarith, con los brazos cruzados, observó impasible cómo el Khan del Minotauro pasaba a su lado.

       —No se preocupe, mi señor —comenzó a decir el Khan—. Acabaré con todos estos sujetos en unos instantes. No volverán a tomarme desprevenido, eso se lo puedo asegurar.

       —Eso espero sinceramente, Odrare —repuso N´astarith, siguiendo al Khan con la mirada—. No quiero nada de juegos, simplemente mátalos y asegúrate que sea algo rápido. Quiero ver de lo que son capaces.

       El Khan del Minotauro asintió con la cabeza. En ese momento Vejita alzó la mirada y clavó sus ojos en Odrare. El saiya-jin expelió nuevamente aquella poderosa energía dorada por todo su cuerpo e hizo levitar algunas rocas en tornó a él. Fue tan espectacular aquel despliegue de poder que los escáners visuales de todos los guerreros de Abbadón se activaron de golpe para dar la alarma.

       —Insectos, no pensarán que me derrotaron con un simple golpe.

       —Aquí tienes más que un simple golpe, hombrecito —Odrare concentró su mirada y acto seguido, una onda de choque embistió a Vejita, que salió disparado contra un tanque en llamas donde se estrelló, volcando el vehículo por el impacto y haciéndolo estallar—. Ahora les toca a los demás.

       —¡Vejita! —exclamó Son Gokuh.

       Al deslumbrante sol de la mañana, Odrare se giró hacia Aioria e hizo girar su brazo. Una columna de energía envolvió al Santo Dorado de Leo y lo mandó a volar por los aires mientras era sacudido por el efecto secundario de la técnica. Después, antes de que Saulo lograra usar su ataque, desapareció de la vista de todos moviéndose a una velocidad extraordinaria. De pronto, el Khan apareció a un costado de Saulo y luego se desvaneció nuevamente para confundirlo. Odrare repitió la maniobra varias veces hasta que finalmente lanzó una patada contra el rostro de Saulo que lo derribó.

       Asiont cerró su puño y se lanzó sobre el Khan del Minotauro, pero éste paró fácilmente el golpe del Celestial usando una sola mano. Asiont no tuvo ni tiempo para preguntarse lo qué había pasado. Odrare, esbozando una sonrisa malévola, le dio un potente puñetazo que lo envió contra Cadmio. Los dos Celestiales cayeron al suelo. Karmatrón sacó su sable del poder y lanzó un mandoble contra el Khan, pero Odrare atrajo el hacha hacia su mano extendida y repelió el golpe.

       Areth evaluó la situación y la vulnerabilidad del enemigo. Estaba pensando en atacar cuando Piccolo decidió sumarse a la batalla. El guerrero nameku formó una esfera de luz en su mano derecha y profirió un fuerte grito, pero entonces la Khan del Basilisco apareció en su camino. Piccolo no pudo reaccionar a tiempo para esquivar el ataque de Sarah y terminó siendo alcanzado por miles de ráfagas a la velocidad de la luz.

       —¡¡Basilisc´s Clow Attack!! (Ataque de la Garra del Basilisco)

       N´astarith soltó una risita cuando Areth atacó con una rápida patada el rostro de Odrare, que ni siquiera se inmutó. El Khan sujetó la pierna de la chica y la usó para golpear a Sailor Neptune sin darle oportunidad para terminar de hacer su técnica. Armando Ferrer, por su parte, decidió ir en ayuda de Piccolo y lanzó un veloz puñetazo contra Sarah, aunque ésta logró protegerse usando su escudo del Basilisco y después pasó al contraataque.

       —Estúpidos gusanos —se burló Odrare mientras detenía todos los golpes que Cadmio le enviaba—. ¿A esto le llaman pelear? Son unos pobres imbéciles, ni siquiera me sirven como entretenimiento.

       Asiont inició un nuevo ataque, y mientras Odrare arremetía contra Cadmio usando su hacha, decidió reunir todas sus fuerzas para lanzar una poderosa ráfaga de aire frío que lo despojó del hacha y lo hizo retroceder unos pasos hacia atrás. El Celestial apretó los dientes y aumentó la presión del ataque, pero Odrare parecía poder resistirlo. Entonces el príncipe de los saiya-jins apareció volando por los aires.

       Vejita atacó. El saiya golpeó el rostro de Odrare con un rodillazo tan potente que el casco con cuernos del Khan salió volando por los aires. Odrare todavía estaba reponiéndose del impacto cuando Vejita lo sujetó del brazo para atraerlo hacia él. Sin dar tregua, el príncipe saiya lanzó una lluvia de fuertes puñetazos y patadas contra el cuerpo del poderoso Khan, haciéndolo retroceder mientras era atacado.

       —¡Eso es! ¡Golpéalo! —lo ánimo Ten-Shin-Han—. ¡Acaba con ese Khan!

       En un momento determinado, Odrare consiguió detener una de las patadas de Vejita y contraatacó con un violento puñetazo. El puño del Khan del Minotauro se incrustó con fuerza en el estómago del saiya, haciéndolo doblarse hacia delante mientras se asfixiaba. Odrare no perdió ni un segundo y decidió golpear a Vejita con su poderosa técnica Labyrinth of perdition.

       El cuerpo del príncipe de los saiya-jins quedó envuelto en el remolino de energía que lo llevó volando hacia arriba. Vejita gritó con todas sus fuerzas mientras era sacudido por la técnica de Odrare. Después de algunos segundos, Vejita cayó al suelo a varios metros de distancia, creando un pequeño cráter. El impacto había sido tan terrible que la armadura de Vejita se cuarteó. El Khan del Minotauro alzó el brazo para rematar a su adversario caído cuando la cadena de Andrómeda le sujetó fuertemente la muñeca para detenerlo.

       —¡¡Nebula Chain!! (Cadena de Andrómeda)

       —¿Qué demonios? Maldito seas, gusano entrometido —exclamó Odrare, volviendo la mirada por encima del hombro—. Te aplastaré por meterte donde nadie te ha llamado.

       Tomando ventaja de la situación, Hyoga, Shiryu y Sailor Uranus decidieron combinar sus técnicas para atacar a Odrare. El Santo del Cisne empezó a mover los brazos de arriba hacia abajo mientras concentraba toda la fuerza de su cosmos. Shiryu, mientras tanto, se alistó para lanzar su ataque mientras su cuerpo expelía un intenso resplandor esmeralda.

       —¡Ahora, Shiryu! ¡Ataquemos juntos! —exclamó Hyoga al tiempo que unía sus manos para lanzar una corriente de aire frío—. ¡¡Aurora Thunder Attack!! (Rayo de Aurora)

       —¡Ven, Dragón! —dijo Shiryu con un grito—. ¡¡Rozan Kou Ryuu Ha!! (Dragón Naciente)

       —¡¡World… —Sailor Uranus levantó su mano derecha llevando una esfera de luz—… Shaking!! (Tierra Tiembla)

       Odrare permaneció firme, deteniendo los ataques con las palmas de sus manos, pero debió emplear todas sus fuerzas sólo para mantenerse de pie y no ser empujado hacia atrás. Vio que Hyoga, Shiryu y Sailor Uranus frente a él, haciendo esfuerzos para imprimirle mayor poder a sus técnicas. El Khan apretó los dientes y dio un paso hacia delante. Parecía que efectivamente iba a rechazar todos los ataques cuando Seiya, Shun, Sailor Neptune, Areth y Astroboy se unieron súbitamente a la pelea.

       —¡¡Pegasus Ryuu Sei Ken!! (Meteoro Pegaso)

       —¡¡Nebula Stream!! (Corriente Nebular)

       —¡¡Deep Submerge!! (Maremoto de Neptuno)

       —¡¡Sha-Ma-Sha!!

       N´astarith observó como los distintos ataques impactaban contra su guerrero, el cual desapareció bajo un terrible estallido de luz. Odrare recibió varios golpes en el cuerpo y salió volando hacia atrás hasta caer en el suelo. Areth pensó que todo había terminado, que el guerrero de Abbadón estaría derrotado, pero no fue así. Los guerreros contuvieron el aliento cuando vieron que el Khan del Minotauro comenzaba a ponerse de pie tras unos momentos. Odrare notó que un hilo de sangre escurría por su frente. Su armadura estaba cubierta de escarcha y, por primera vez, presentaba algunas grietas.

       —No puedo creer que el poder de estos gusanos me haya lastimado —murmuró Odrare mientras sacudía la cabeza—. Ellos mataron a mi hermano Belcer y deben pagar por eso. No descansaré hasta que los haga polvo.

       —¡Es imposible! —exclamó Saulo visiblemente sorprendido—. Ese sujeto es muy resistente. A pesar de recibir todos esos ataques pudo levantarse de nuevo. Tengo que admitir que los guerreros de N´astarith son increíbles.

       Shiryu escudriñó a Odrare de arriba abajo con detenimiento. Así como Saulo, él también estaba sorprendido de la gran resistencia mostrada por el Khan del Minotauro, pero le preocupaba la actitud de N´astarith. Desde antes de que la pelea comenzara, el señor de Abbadón había ordenado a Tiamat que no interviniera siendo éste último el guerrero más poderoso con que contaba. También estaba la otra guerrera llamada Etzal que permanecía junto a N´astarith. Había algo más de fondo que todavía no lograba descifrar.

“¿Qué es lo que pretende?”, pensó el Santo del Dragón. “¿Por qué le ordenó a Tiamat que no peleara? ¿Es que acaso piensa que somos tan débiles? No, hay algo más en todo esto”.

       N´astarith soltó una risita malévola y dirigió su mirada hacia Shiryu.

       —Muy pronto lo comprenderás.

       —¿Cómo dices? —exclamó Shiryu, estupefacto.

       —Que no te sorprenda que pueda leer la mente —siseó N´astarith—. Es algo muy fácil de hacer, pero no deberían distraerse en una batalla como esta. Un combate así puede decidirse en una fracción de segundo.

       Shiryu esbozó una sonrisa desafiante.

       —Eres muy confiado, pero te advierto que no somos tan fáciles de derrotar.

       —Eso lo sé perfectamente, Shiryu —dijo N´astarith—. Para haber sobrevivido hasta este momento reconozco que son bastante tenaces, pero se necesita más que eso para vencerme. Aún no se dan cuenta de que no pueden ganar y eso es una verdadera tragedia.

       —No pierda el tiempo con ese gusano, mi señor.

       Odrare dio un paso en dirección a Shiryu y agitó su hacha en el aire. El Khan del Minotauro contempló al santo de bronce y frunció el entrecejo, deleitándose con la idea de aniquilar al asesino de su hermano. Saulo decidió tomar la iniciativa y realizó una nueva acometida, pero Odrare detuvo todos sus golpes y luego lo atacó con su técnica especial. El príncipe de Endoria salió disparado por los aires aullando de dolor.

       —¡¡Labyrinth of perdition!! (Laberinto de Perdición)

       —¡Saulo! ¡Nooo! —exclamó Seiya y luego lanzó una mirada de furia contra Odrare, que sonreía burlonamente—. ¡Eres un miserable! ¡Acabaremos contigo!

       —No nos vencerás, Odrare —amenazó Hyoga.

       —¿No me digan? —repuso el Khan—. Ninguno de ustedes es suficiente…

       Una esfera de energía impactó en el suelo entre Seiya y Odrare, causando una explosión. Cuando el Khan levantó la vista, pudo divisar el adusto rostro de Vejita. El saiya-jin estaba bastante lastimado, pero en su mirada aún reflejaba unos grandes deseos de luchar hasta el final. Incluso Seiya y Asiont pudieron reconocer el gran kenji, espíritu de pelea, del orgulloso príncipe saiya-jin.

       —No se metan, insectos, ya les dije que yo acabaría con esos malditos.

       —Vejita —musitó Areth en voz baja.

       Vejita desplegó nuevamente su poderosa aura de súper saiya-jin. El Khan del Minotauro no se dejó amedrentar y extendió su brazo para señalar a Vejita usando la aterradora hacha de guerra. Fue en ese momento que Asiont tuvo la oportunidad de apreciar lo terrible que lucía aquella arma.

       —Adelante, hombrecito, te daré lo que quieres —dijo Odrare haciendo un gesto con la mano para animarlo a atacar—. Serás el primero en morir.

       —Hum, admito que eres un sujeto muy resistente, pero a mí no me engañas.

       —¿De qué estás hablando? —inquirió Asiont, extrañado.

       —¿Así que lo notaste? —murmuró Odrare—. Me sorprendes en verdad. Gracias a la experiencia que mis compañeros Nauj-vir, Leinad y Sorlak me transmitieron, sé acerca de tus poderes y habilidades. No puedo entender cómo es que Nauj-vir no acabó con ustedes cuando tuvo la oportunidad, pero no me extraña. Él siempre ha sido un estúpido que cree en el honor y esas patrañas.

       —Pude darme cuenta que esa armadura que portas fue lo que te salvó de recibir un daño mayor. A pesar de tu gran fuerza esos ataques pudieron lastimarte un poco —dijo Vejita—. Lo que aún no puedo comprender es cómo poseyendo un Ki tan insignificantes puedes luchar de esa manera. Imagino que usas ese poder del cual Saulo nos habló, es decir, el aureus.

       Odrare esbozó una sonrisa siniestra.

       —Eres un enano muy observador. Sin embargo aún estás lejos de comprender la naturaleza del poder del aureus. ¿Te gustaría tratar de enfrentarme tú solo?

       —Por supuesto —replicó Vejita y luego se arrojó en una feroz acometida contra el corpulento Khan del Minotauro, quien lo esperaba ansiosamente. Asiont, Seiya, Cadmio y los otros sólo pudieron atestiguar cómo el saiya-jin atacaba ferozmente a Odrare.

Continuará… .

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