Crisis 25

CRISIS UNIVERSAL

por Acuario Káiser

CAPÍTULO XXV

CONCILIO DE DIOSES
1º PARTE

       Shetani hizo la introducción de espaldas a una enorme pantalla holográfica suspendida en el aire.

       —Visión de Calor —En el monitor apareció una imagen que mostraba un par de Súper Drones clase Omega llenos de armas y listos para combatir. De repente, los drones estallaron en pedazos al ser traspasados por dos rayos calóricos de color carmesí—. Para destruir blancos múltiples, simplemente abre sus ojos tanto como puede —explicaba Shetani—. El escáner biológico indica que el sujeto siente un ligero ardor detrás de sus ojos. Ese ardor es la Visión de Calor tratando de salir.

       La escena cambió y el grupo de espectadores observó a otro par de drones siendo congelados en apenas segundos por una ventisca de aire gélido.

       —Aliento ártico. Él sólo respira y espera un segundo. Según me dijo cuando conversamos, Superboy-Prime se imagina sus pulmones volviéndose hielo. Lo siente de esa manera y luego simplemente lo suelta. Para crear una ráfaga de huracán, toma aliento lo más profundo que puede y siente una tormenta que crece en su interior. Las computadoras indican que mientras más tiempo toma en exhalar, más poderosa será la ventisca al exhalarla.

       —Es algo impresionante —comentó Valter sin dejar de contemplar las escenas de acción que mostraba la enorme pantalla—. Los Guardianes de la Liga Planetaria y los Shadow Warrior del Imperio de Caronia usan su Chi para manipular los átomos de su entorno o ganar algunas habilidades extrasensoriales como la telepatía o la telequinesia, pero este Superboy-Prime metaboliza la radiación del Sol Amarillo para desarrollar una amplia gama de habilidades increíbles y lo hace de forma natural.

       —Y que lo digas, Valter —convino Arna, revisando una serie de datos que aparecían en la tableta digital que sostenía entre sus manos. La asistente de Eron se acomodó los anteojos y agregó—: Hyoga, el Santo del Cisne, ocupa elevar su Cosmos al Séptimo Sentido y usa una técnica llamada Aurora Execution para bajar la temperatura hasta el Cero Absoluto, pero Superboy-Prime puede hacerlo con su Aliento Ártico y sin recurrir a ningún tipo de bioenergía etérea o técnica elaborada. La Nebula Storm de Shun de Andrómeda es nada comparada con una sola ráfaga huracanada de este kryptoniano.

       —¿Qué tan resistente es? —quiso saber Ultragirl.

       —Posee invulnerabilidad a una escala indeterminada —repuso Galaxy con indiferencia—. Su cuerpo es casi indestructible. La información que tenemos es que sobrevivió a una explosión masiva de poder cuántico en otro universo paralelo, lo cual infiere que podría recibir ataques como el Kame-Hame-Ha de Son Gokuh o la Galaxian Explosion de Saga de Géminis a la máxima potencia sin recibir daño letal.

       —Es muy, muy apuesto de verdad —murmuró Mary Nightmare con una ligera sonrisa traviesa—. ¿Qué hay de su velocidad?

       —Puede volar y correr tan rápido como la luz —contestó Shetani—. No necesita percibir Chi para saber si hay personas a su alrededor. Superboy-Prime tiene a su disposición Visión Telescópica, Microscópica y de Rayos X y un Súper Oído capaz de captar los sonidos más pequeños.

       Valter consultó los datos que mostraban unas pantallas holográficas.

       —Y todo eso gracias a la luz solar. Los saiya-jins son guerreros por naturaleza y si se recuperan luego de una batalla que los deja al borde de la muerte, son capaces de incrementar su poder de pelea, pero esto no se compara en nada con la genética de un kryptoniano.

       Arna volvió a mirar su tableta digital antes de hablar y pasó los dedos por los íconos en busca del archivo deseado. Aunque no lo demostrara, estaba realmente fascinada con los resultados de las pruebas que se le habían practicado a Superboy-Prime. En el pasado, Eron había intentado conseguir muestras de material genético de ciertos miembros de la Justice Army para hacer investigaciones, pero el presidente Smith siempre se había negado bajo el pretexto de no hacer nada que pudiera romper el frágil control que tenía sobre aquellos héroes. Tiempo después, Smith permitió que Eron estudiara los poderes de Superman con el objetivo de conocer el verdadero alcance de sus habilidades. Para evitar todo tipo de sospechas, Smith se las había arreglado para encubrir sus intenciones detrás de la fachada del Proyecto Camus.

       Las investigaciones sobre el Hombre de Acero habían sido sorprendentes, tanto para Smith como para el propio Eron, quien incluso se dio el lujo de escribir un libro donde comparaba detalladamente a la raza kryptoniana con los saiya-jins. No obstante, los poderes de Superman no eran tan grandes como los de Superboy-Prime y Arna deseaba reunirse lo antes posible con Eron para informarle de eso.

       —De hecho no necesita comer o dormir —dijo Arna—. De acuerdo a investigaciones previas, los saiya-jins requieren de grandes porciones de carbohidratos y nutrientes e incluso necesitan descansar por algún tiempo para recuperar sus fuerzas. La forma en que este Superboy-Prime procesa la energía solar es mucho más eficiente que la del Superman que controla Smith en la Tierra-877,666.

       —Eso significa que debe ser más poderoso —dedujo Mary Nightmare—. O sea, hello, tiene súper sentidos y puede alcanzar y superar la velocidad de la luz. El Superman de la Tierra-877,666 apenas tiene la fuerza suficiente para levantar una montaña y un Santo de Atena jamás podría lograr una proeza similar.

       —Afirmativo —asintió Galaxy, manipulando los controles y pantallas de un panel de control para mostrar imágenes donde Superboy-Prime, volando en medio del espacio exterior sin ningún tipo de mascarilla o casco, empujaba una luna hasta sacarla de su órbita. La escena dejó sorprendidos a todos—. El sujeto denominado Superboy-Prime es mucho más poderoso que cualquier otro guerrero conocido del Multiverso. La fuerza física que puede generar es capaz de mover incluso planetas enteros. Ni siquiera el guerrero Son Gokuh o ese bruto saiya-jin llamado Broly serían capaces de alcanzar un grado de fuerza física similar al que registran todos los escáneres.

       —¿Puede mover… planetas? —preguntó Valter, anonadado—. Eso es… demasiado. Si tiene tanta fuerza y esa velocidad, podría desgarrar fácilmente la armadura de un Daemon y hacerlo trizas con las manos. ¿Tiene alguna debilidad?

       Galaxy dirigió su rostro sin emociones a Valter. Hacía tiempo que esperaba esa pregunta por parte de alguno de sus aliados orgánicos. A pesar de ser un androide, le sorprendía que hubieran tardado tanto tiempo en formularla.

       —En teoría, un kryptoniano sólo posee tres debilidades conocidas: La primera es la radiación de un Sol Rojo, que puede despojarlo de sus poderes y habilidades. La segunda es un mineral radioactivo nativo de su planeta de origen. Se trata de un compuesto de Silicato de Sodio e Hidróxido de Litio con fluor que reduce sus poderes y puede matarlo por envenenamiento.

       Valter hizo una mueca de perplejidad.

       —Kryptonita —dijo Ultragirl con un suspiro—. La radiación de la Kryptonita reduce los poderes de un kryptoniano y podría matarlo en poco tiempo. De hecho todas las formas de vida son susceptibles de ser envenenadas por la Kryptonita. Pero sucede que un kryptoniano sólo es afectado por la Kryptonita de su propio universo y no sabemos de qué universo ha venido este Superboy-Prime. El amo quizá sepa de dónde proviene, pero tendríamos que preguntarle. Lo curioso del asunto es que la Kryptonita guarda una cierta semejanza con el Arkonium de mi universo.

       —Entonces toda la Kryptonita del universo 877,666 es inútil —razonó Sue Nigthmare—. Mencionaron que los kryptonianos tienen tres debilidades, así que que la tercera debe ser mi especialidad, o sea, la magia.

       —Eso es lo que vamos a investigar justo ahora —sonrió Arna y luego volvió a levantar la vista de su tableta digital—. ¿Algún voluntario?

       El palacio donde se llevaba a cabo aquella reunión se ubicaba en un planetoide inhabitado y sin órbita fija que flotaba a la mitad de una dimensión. En el centro de la sala había una gran mesa oval alrededor de la cual se encontraban sentados numerosos dioses y seres con poderes extraordinarios capaces de grandes hazañas, algunos solos y otros acompañados por ayudantes y guerreros.

       La voz de Odín, Patriarca de los dioses venidos de la mítica tierra de Asgard, resonó con ímpetu por la habitación mientras se hacia el silencio y todos los presentes lo escuchaban con suma atención. Se trataba de los Monarcas de las Tierras Mitológicas que habían concurrido al llamado de Odín: Ra de la Enéada, Zeus del legendario Olimpo, la Deidad Rusa Svarog, la Deidad Azteca Tezcatlipoca, la Deidad Maya Hunab Ku, la Deidad Celta conocida como Nuada, el Sabio Espíritu Indio Americano llamado Manitu, la Deidad Inca de nombre Viracocha, Vichnú del Nirvana, la Deidad Persa Ahuramazda, Inazagi de Onokoro, la Deidad Finlandesa Ukko y finalmente Yüti de la Corte de Jade. También se hallaban presentes un Shinigami llamado Ryuk; la personificación del Espíritu de la Venganza: la Jigoku Shoujo de nombre Enma Ai; Metron del planeta New Genesis en representación del soberano Highfather; Ganthet, uno de los Guardianes del Universo del planeta Oa junto con algunos miembros del Green Lantern Corp; el Lord del Caos T´Charr y una Lady del Orden llamada Terataya, algunos Kaioh-samas, el Gran Kaioh-sama, Enma-Daioh-sama, Ro Kaioh-shin y el Kaioh-shin Kibito.

       Además de los Patriarcas Celestiales y aquellos otros seres, había dioses de otros mundos y seres poderosos alrededor de la gran mesa, pero todos ellos permanecían de pie. Estaban el dios Apolo y la diosa Artemisa provenientes del universo de donde eran originarios los Caballeros Astrales. Otras de las deidades ahí reunidas eran Reiko y Kareonte, las divinidades del planeta Kairons. Luego estaba el cruel Ferladh, Emperador del Imperio del planeta Caronia, junto con seis de sus Shadow Warriors, y los archienemigos de todos ellos: los catorce Guardianes de Oro de la Liga Planetaria. Pero la figura que más impresionaba en aquella reunión era la del colosal y legendario Devorador de Mundos: ¡El temible Galactus!

       —Yo, el gran Odín, os doy la bienvenida. Cada uno de los que estamos en esta mesa es líder supremo de un pueblo de dioses y dueño de un gran poder por derecho propio. He observado como varios mundos han sido destruidos por una fuerza misteriosa que consume todo lo que toca. Vi a mí alrededor y me percaté de que se trataba de una catástrofe universal que amenaza también otras realidades y dimensiones. Por eso es que nosotros, los Patriarcas Celestiales, hemos aceptado asistir a este concilio para combinar nuestras fuerzas místicas y enfrentar el peligro que nos amenaza por igual.

       Ro Kaioh-shin, cruzado de brazos, exhaló un suspiro de cansancio. Sabía que lograr un acuerdo que dejara satisfechos a todos resultaría muy complicado de concretar y así se los había hecho notar a los Centinelas cuando lo llamaron a él y al Kaioh-shin Kibito para asistir al Concilio que estaba por iniciar. En teoría sería una reunión pacífica, en la práctica… Ro Kaioh-shin albergaba pocas esperanzas de que las cosas terminaran bien.

       —He percibido lo mismo —asintió Vichnú—. Te apoyamos, hermano.

       —¡Los Patriarcas Celestiales pelearán unidos! —convino Odín con fuerza, levantándose de su asiento y alzando su cetro Thrudstock hacia lo alto—. ¡Y que nuestros enemigos estén en guarda!

       —Lamento disentir con vosotros, honorables hermanos —dijo Kareonte, una de las dos Divinidades del planeta Kairon presentes—. Pero de momento no tenemos la certeza de que tal amenaza haya sido fraguada deliberadamente por algún enemigo en concreto. Quizá se trate de un evento propio de la naturaleza.

       —Eso resulta imposible —objetó Odín de inmediato—. Nuestros sentidos místicos no estarían en alerta si tal destrucción fuese fortuita, honorable Kareonte de Kairon. El advenedizo que ha desatado esta crisis no puede ser un patán presuntuoso cualquiera, sino un enemigo digno de cualquier deidad aquí presente.

       —Entonces permanezcamos unidos, hermanos mío —propuso Zeus—. Todos aquí hemos presentido de manera atroz el grave peligro que ahora encaramos. Es por eso que debemos enfrentar al responsable como una fuerza unida porque solo nuestro poder combinado será capaz de superarlo.

       —Pero la información de la que disponemos sobre nuestro enemigo es peligrosamente limitada —comentó Ahuramazda con preocupación—. ¿Acaso esta crisis estará más allá de nuestro poder? ¿Qué podremos hacer?

       Vidarius de Águila, Gran Maestre de la Orden de los Guardianes de la Liga Planetaria, creyó que aquel era el momento indicado para intervenir y darse a conocer ante aquellos dioses. Se acercó a la mesa y comenzó a hablar, atrayendo la mirada de todos los que ahí estaban.

       —Me presento ante todos ustedes ya que seguramente no me conocen —declaró el líder de los Guardianes de Oro—. Soy Vidarius de Águila, Gran Maestre al servicio de la Liga Planetaria y estamos aquí para unirnos a ustedes. Pienso que con nuestro apoyo, podremos averiguar qué o quién está detrás de esta crisis que nos amenaza a todos por igual.

       —¿Y se puede saber por qué habéis concurrido a esta reunión? —quiso saber Apolo, contemplando a Vidarius de Águila de una forma que daba a entender a cualquiera que se sentía muy por encima de los Guardianes de Oro—. Tú y los que te acompañan son unos humanos nada más. Ninguno de vosotros sois un dios o un ser superior como los demás aquí congregados. En el nombre del Olimpo, ¿cómo fue que pudieron acceder a este lugar sagrado?

       —Estaba preguntándome lo mismo —dijo Ryuk con una sonrisa.

       Zeus parecía contrariado.

       —Este lugar es un territorio neutral, un punto de encuentro conocido solamente por dioses monarcas y seres superiores, ¿cómo lograron estos mortales entrar aquí?

       —Alguien debe haberlos invitado a esta reunión —conjeturó Yüti—. ¿Quiénes son todos vosotros? ¿Quién les permitió acceder a este lugar?

       —Se trata de simples humanos y nada más —dijo Artemisa con desdén.

       —Yo soy un humano que tiene la capacidad para destruir a cualquiera de los aquí presentes —anunció Ferladh con arrogancia—. Tal como los humanos que son los Guardianes de Oro, y que son quienes más se oponen a la gran utopía: Un sólo mando, un sólo ejército, una sola nación, y un sólo líder que sólo puedo ser yo.

       Viracocha, la Deidad Inca, le dirigió al caroniano una mirada iracunda.

       —¿Se puede saber quién es este humano irrespetuoso que tiene el atrevimiento de insultarnos como si fuese un vil perro sarnoso? No sois más que un sucio patán despreciable cualquiera.

       La Deidad Rusa Svarog se levantó de la mesa y desenvainó su espada.

       —¿Me amenazas? —preguntó Ferladh.

       —¡Te echaré de aquí, mortal ignorante! —gritó Svarog.

       En medio de la discusión que se suscitó a continuación, surgieron unas voces ajenas a todos los que habían estado hablando antes, llamando a la calma. Sólo el anciano Ro Kaioh-shin sonrió al ver entrar a los recién llegados

       —¿Más humanos aquí en este lugar sagrado? —preguntó Apolo con un gesto de desprecio, ante la vista de los nuevos asistentes—. ¿Quién ha dejado entrar a todos estos humanos? ¡Exijo saberlo!

       —Yo fui quien lo invito a esta reunión —afirmó Ro Kaioh-shin y acto seguido se dirigió a los visitantes con su paso cansino y su expresión bonachona, para estrechar las manos de Denonte, Zodiac y Saori Kido—. Me alegra sobremanera que hayan podido llegar. Supongo que no pudieron llegar antes.

       —Oh sí, mi amigo —le respondió Denonte—. ¿Quiénes crees que fuimos los que procuramos esta reunión?

       Una ola de murmullos se produjo y el líder de los Guardianes de Oro preguntó:

       —¿Acaso se conocen?

       —¿Quiénes son ellos? —inquirió Ganthet.

       —Mis amigos —respondió Ro Kaioh-shin—, les presento a los miembros de Consejo de Centinelas de Mystacor, Protectores del Espíritu, Guardianes del Pacto y de los Sellos de la Oscuridad.

       Planeta Ginups
       Fortaleza Negra (área de calabozos)

       Breakout volvió la mirada hacia el morral que descansaba sobre la mesa que se hallaba en el centro de la habitación y luego se giró nuevamente hacia Eclipse. No le atemorizaba la explosión que iba a producirse, pues era un cyborg con un cuerpo hecho en gran parte de trinium bastante resistente. En el pasado había sido detonado, quemado, volado en pedazos e incluso casi desintegrado al atravesar un Agujero Negro y todavía estaba vivo, pero lo que realmente le inquietaba era que la explosión matara a todos los prisioneros antes de que pudieran interrogarlos. Saajar y Deus-Primum iban a estar muy inconformes con eso y encima quedaría como un idiota a la vista de todos.

       —¡No quieras engañarme, gusano! —le espetó el cyborg a Eclipse—. Te dije que revise personalmente tus pertenencias con un escáner y no vi nada anormal. Las granadas que llevas ahí no están activadas.

       Eclipse suspiró.

       —Eso es porque usas máquinas muy avanzadas para tus análisis, pero las granadas que llevo son modelos muy antiguos, aunque no por eso menos potentes a la hora de hacer explosión. Claro, si gustas, puedo apagarla si… .

       —¿Si qué?

       —Si me sueltas —dijo el espía como si fuera la cosa más natural, la más obvia en todo el universo—. Sólo las manos, ¿qué dices?

       —Vete al diablo —se negó Breakout—. Creo que mientes.

       —El tiempo corre.

       —Las sacaré de aquí entonces.

       —No vas a llegar muy lejos con sólo un par de ciclos de margen —dijo Eclipse—. Mejor quédate para ver como te explotan en la cara de idiota que pondrás cuando suceda.

       Un chasquido en el brazo de Breakout indicó que éste había transformado su mano en el temido cañón de plasma. Levantó el arma y apuntó al rostro enmascarado dentro de la celda.

       —¿Cómo se apagan? Dime o te mandaré al Más Allá ahora mismo.

       —¡Sí! —exclamó León desde su celda—. Dile como apagarlas, maldito lunático.

       —Tú guarda silencio, cómico ramplón y sin talento —le indicó Eclipse al Guerrero Dragón—. ¿No ves que los adultos estamos hablando?

       —¡Cállense, malditos idiotas! —vociferó Breakout—. No estoy para bromas en este momento —El cyborg se adelantó y le encajó a Eclipse la punta del cañón en su mejilla con mucha fuerza—. ¡Te ordeno que me digas cómo desactivarla o te volaré la cabeza, estúpido Eclipse!

       —Breaky, igual voy a morir cuando exploten todas las granadas al mismo tiempo, así que dispara cuando quieras. Lo malo es que no estaré aquí para cuando le tengas que explicar todo el abuelo Saajar. Tal vez tú no mueras, pero el resto de nosotros quedaremos embarrados en las paredes y estoy seguro que se acordarán de mí en el instante en que las fuerzas de la Confederación aparezcan en los cielos.

       Cuando Eclipse guardó silencio, Breakout se tocó de nuevo los sensores de comunicación instalados en su frente.

       —BEE-42177.

       —Señor.

       —Manda a un escuadrón de drones Beta especialistas en desactivas explosivos a la zona de celdas inmediatamente.

       —Si, señor.

       —Sólo quedan unos ciclos, Breaky, no lo lograrás —le aguijoneó Eclipse mientras sonreía bajo su máscara—. Pero yo puedo desactivarlas y así evitarme el trauma de pasar al otro mundo.

       —Eso nunca va a pasar —replicó Breakout testarudo—. Quieres que te suelte las manos para tomar las granadas, ¿verdad? Sucede que no nací ayer, estúpido.

       —Sólo quiero que me sueltes para rascarme el trasero, Breaky. La granada de la que hablo está configurada para desactivarse mediante un simple comando de voz que debo decir a cinco centímetros de distancia.

       —Oh, Dios, esto no puede ser verdad —se lamentaba León desde su celda, pero nadie le prestaba la más leve atención—. Vamos a volar en pedazos y ese maniático de Eclipse sólo quiere rascarse su trasero. ¡Qué razón más imbécil para morir! ¡Sáquenme de aquí! ¡Diré todo lo que quieran! ¡Haz algo, Sobek!

       —Dime qué frase decir —ordenó el cyborg de inmediato—. Yo la desactivaré.

       —Suéltame las manos entonces —insistió Eclipse—. Vamos, me tendrás a la vista todo el tiempo y no creo que tú quieras rascarme porque, bueno, la verdad es que no quiero tus manos mecánicas y frías cerca de mi trasero.

       Breakout estaba de acuerdo con eso último, pero seguía mostrándose desdeñoso con la idea de liberarle las manos. Finalmente, se aproximó a una consola de mando en donde presionó un botón. Un instante después los brazaletes que mantenían aprisionadas las manos de Eclipse se abrieron y Breakout fue por el morral.

       —¿Cual de todas es? —preguntó el cyborg—, y mantén las manos a la vista.

       —La de color verde que está destellando —le indicó Eclipse, frotándose las muñecas y luego alzó las dos manos para que Breakout pudiera verlas—. Ahora, para que la granada se desactive, debes pronunciar el comando de voz de una forma apropiada.

       El cyborg encontró con rapidez la pequeña esfera verde dentro del morral del Espía Estelar. Se podía oír una ominosa vibración. Parecía que no había engaño y que de verdad el pequeño artefacto estaba programado para estallar. No tenía idea de qué tan destructiva podía ser la granada, pero incluso una ligera explosión en una habitación tan cerrada como aquella podía ser capaz de generar una gran devastación. Por otra parte, no podía confiar del todo en la palabra de Eclipse.

       —No pienso darte ninguna ventaja —murmuró el cyborg, deslizando una mano por el panel de control de las celdas. Tras accionar unos cuantos interruptores, se activaron unos haces láser a la entrada de cada una de las celdas. Los mortíferos rayos láser se entrecruzaron ante León, Eclipse y Sobek formando una muralla energética impenetrable—. ¿Cual es el comando para desactivarla? —inquirió Breakout.

       Eclipse se aclaró la garganta unos segundos y luego, con voz chillona, dijo:

       —Yo me lavo el cabello todas las mañanas con timotei, timotei, timooooteiiiiii.

       Breakout puso cara de energúmeno.

       —No voy a decir semejante estupidez. ¡Es una sandez!

       —Dámela entonces —le propuso el enmascarado, alargando los brazos y abriendo las manos—. Si crees que decir eso pone en duda tu masculinidad, yo puedo hacerlo. Vamos, dame la granada.

       —Sí, dáselas —convino León—. La verdad no quiero morir, digo, tengo una novia muy bonita.

       Breakout frunció el entrecejo y luego sonrió.

       —Buen truco, pero no van a engañarme, gusanos —Breakout acercó el rostro a la granada, pero sin dejar de apuntar con su brazo a la cabeza de Eclipse. Muy interiormente deseaba que el enmascarado hiciera una estupidez que le permitiera liquidarlo ahí mismo—. Ese es tu problema, Eclipse. Siempre pensaste que era un idiota, pero te equivocaste —hizo una pausa y, sonriendo, habló a la granada que sostenía en lo alto—. Yo me lavo el cabello todas las mañanas con timotei, timotei, timooooteiiiiii.

       El destello en la granada desapareció, acompañado de un chasquido y una voz informatizada que dijo:

       —Usuario no autorizado, acceso denegado.

       Un segundo después la granada explotó con fuerza, por lo que Breakout fue engullido por una deslumbrante cortina de llamas y humo que devastó toda la habitación y la llenó de una sustancia viscosa y pegajosa de color amarillo. Todos los drones sin excepción habían quedado convertidos en montones humeantes de chatarra. La mayoría de las consolas de control en la habitación habían quedado destruidas y eso provocó que los aspersores en el techo se activaran. Por fortuna para Eclipse, León y Sobek, los haces láser que Breakout acababa de activar unos instantes antes les habían protegido del estallido, pero el daño generado por la explosión los había deshabilitado y causado que León se golpeara la cabeza.

       —Ahora hazte agua y jala la cadena —dijo Eclipse, subiéndose la máscara a la altura de la nariz. Luego abrió la boca y se extrajo una muela usando los dedos de la mano derecha, pero en realidad no se trataba de un diente de verdad—. Y ahora a abrir liberar mis pies —murmuró al tiempo que introducía una especie de llave en la cerradura electrónica—. Vamos, ábrete, ábrete, que si Breaky se libera de esa sustancia plástica no voy vivir.

       La luz roja en los electrogrilletes cambió a verde y, tras un leve chasquido, estos se abrieron, permitiendo que Eclipse pudiera sacar las piernas. Cuando al fin salió de la celda de un brinco, se acercó al sitio donde Breakout estaba cubierto por una gran cantidad de sustancia plástica y luchaba violentamente por liberarse.

       —Olvidé mencionarte que la granada estaba configurada con mi voz, lo siento, Breaky, pero estaba bajo mucha tensión.

       Después de comprobar que Breakout tardaría unos minutos en liberarse de aquella gelatina plástica que lo cubría y que León y Sobek estaban inconscientes, Eclipse respiró profundamente y respondió a las llamadas incesantes de una consola de control.

       —Todo está bajo control —dijo Eclipse con una voz indiferente, tratando de imitar a un dron—. La situación es normal.

       —No lo parecía —dijo una voz con severidad—. ¿Qué sucedió? Los sensores indican que se accionaron los aspersores contra incendios.

       —Eh, bueno, uno de los drones sufrió un desperfecto —tartamudeó Eclipse y su tono indiferente se convirtió en un creciente nerviosismo—. Se puso todo loco, le pegó a Breakout y destruyó unos controles, pero ya estamos bien, ¿qué tal están ustedes por allá?

       —Mandaremos ahora mismo un destacamento de Daemons —anunció de súbito la voz.

       Eclipse casi podía oler la desconfianza del otro. ¿Qué podía hacer o decir?

       —Eh, no hace falta, no hace falta, tenemos un escape de energía, dénos unos ciclos para repararlo. ¡Es un escape grande y muy peligroso!

       —Un dron que sufrió un desperfecto y ahora un escape de energía. ¿Quién habla? ¿Cuál es tu número de clave y nivel de operación?

       Eclipse cogió una electrolanza del suelo y convirtió los controles en pedacitos silenciosos.

       —Demonios, que tipo tan preguntón —murmuró. Giró y destrozó los electrogrilletes que mantenían sujetas las piernas de León, quien continuaba inconsciente—. Vamos, niño, tenemos que salir de aquí.

       —¿Eh? ¿Ami? —susurró León—. No quiero ir a la escuela y… . ¿Por qué todo está cubierto de mocos?

       —Los Centinelas de Mystacor no tienen potestad aquí —intervino Artemisa—. No venimos a este lugar para hablar de los dioses Primordiales y ni de la susodicha “evolución espiritual” que tanto pregonan los Centinelas. Todos recordamos muy bien lo que representa el Pacto que se hizo hace mucho tiempo y las implicaciones que tiene.

       Denonte enfrentó a Artemisa con la mirada.

       —Una vez Kay Namura me dijo que era muy difícil que los dioses arquetípicos aprendieran algo ya que su propia arrogancia los pierde, pero yo creo que esa arrogancia es más bien temor al primer paso que ya dio Atena en su momento

       Odín negó con la cabeza.

       —No hables en general, Centinela. Los Patriarcas Celestiales vivimos en paz en nuestros hogares y no tenemos pretensiones sobre los demás mundos. Es verdad que no pocas veces hemos intervenido en Midgard, pero hemos aprendido a convivir tranquilamente con los mortales.

       Atena sonrió ante ese inesperado respaldo y Denonte caminó hacia ella para tomarla de una mano y conducirla al recinto.

       —A diferencia de ustedes —dijo Denonte—, Atena decidió empezar un camino como mortal y ella se dio cuenta de que la inmortalidad es mas una carga que un don. Mientras sus esencias no puedan iniciar el camino que han retrasado por milenios, jamás podrán descubrir la verdad, como lo hicieron los Kaioh-samas y los Kaioh-shin hace tanto tiempo

       Apolo cerró los puños, pero sabía que no podía hacer nada contra Denonte o contra la diosa Atena que iba con el Centinela. Todos los asistentes en aquella reunión habían acordado respetarse mutuamente y renunciar a la violencia. Además estaba el Pacto que garantizaba a los Centinelas un estatus especial que incluso los dioses respetaban, aunque muchos no estuvieran de acuerdo.

       El líder de los Guardianes de Oro aplaudió sarcástico y miró a Denonte.

       —Muy buen discurso, amigo Centinela. Supongo que fue de esa forma que se ganaron el respeto de Paul Tapia, pero nosotros no somos tan crédulos. Muy bien, estamos aquí en una reunión de seres llenos de defectos ¿Cuales son los suyos? ¿No será el no poder manejar esta crisis que es lo que nos ha traído aquí? ¿No son tan omnipresentes que ni siquiera saben de donde viene esta amenaza? ¿Conocían acaso la existencia de Celestia y sus habitantes?

       Denonte exhaló un suspiro.

       —No la conocíamos ya que la Existencia esconde aún muchos misterios que por alguna razón nos han sido vedados. Pero eso no significa que no podamos saberlo ahora y poder solucionar esta Crisis Universal, pero eso solo será si nos unimos en una causa común y podamos ayudar a aquellos que ahora combaten en distintos universos.

       —¿Creéis que podemos unir fuerzas tan antagónicas para salvar incluso a aquellos a quienes son nuestros enemigos jurados? —Apolo sacudió la cabeza. La idea de Denonte le resultaba completamente absurda—. Seas quien seas, Centinela, pero no eres mi igual digas lo que digas. Esa Atena que te acompaña podrá verse como mi hermana en apariencia, pero no pertenece al mismo Olimpo del que yo y Artemisa hemos venido.

       Atena asintió.

       —Es verdad, Apolo, yo soy Atena, aunque he venido desde otro universo a petición de los Centinelas de Mystacor. Debemos hacer a un lado las diferencias que podamos tener y trabajar todos juntos en salvar nuestras distintas realidades y proteger a los inocentes.

       —Me parece lo más apropiado —opinó Nuada, la Deidad Celta—. Más allá de los inútiles discursos de los Centinelas de Mystacor, los dioses no podemos permanecer indiferentes ante una destrucción que supera el mayor horror que cualquiera de nosotros pudiera concebir.

       —Apoyo la idea de Atena —acordó Hunab Ku, la Deidad Maya.

       Odin, en tanto, se acarició la barba mientras meditaba.

       —Ciertamente, eres la diosa de la Sabiduría, honorable hija de Zeus. Sí cada familia de dioses actúa por separado no logrará hacer mucho, pero si luchamos todos juntos, las posibilidades de triunfo pueden ser mayores.

       —Hablaré de todo esto con  los demás Guardianes del Universo en Oa —anunció Ganthet con tranquilidad—. Les explicaré la gravedad de la situación y luego movilizaremos a todo el Green Lantern Corp para localizar a los responsables de la crisis.

       Denonte iba a decir algo más para apoyar el plan, pero se detuvo cuando una energía repulsiva lo hizo estremecerse. Casi de inmediato, el mayor de los Centinelas elevó su nivel de conciencia con suma facilidad, alcanzando la Conciencia Universal y generando un aura protectora en el lugar. Todos reaccionaron con sorpresa, pero no pasó mucho antes de que comenzaran a percibir la oscura amenaza que se cernía sobre todos ellos, una amenaza que no tardaron mucho tiempo en identificar

       —Te felicito, mi queridísimo amigo Denonte —dijo una voz que resonó por toda la habitación—. Veo que tus habilidades siguen intactas pese al tiempo transcurrido. Es una lástima que no haya podido disfrutar de tu hija tanto como quise

       Todos descubrieron la figura del pequeño Li Syaoran que surgía de entre las sombras y avanzaba hacia ellos. Aún Ro Kaioh-shin frunció el ceño mientras los dioses y los Guardianes de Oro se ponían en alerta al sentir la velada amenaza que aquella figura representaba.

       Denonte no se movió y fue Zodiac quien le salió al frente.

       —Pese a todo, te atreviste a aparecer aquí.

       —Zodiac, también me complace verte —repuso el chicuelo.

       —¿Quién demonios es él? —quiso saber Artemisa.

       Svarog, la Deidad Rusa, deslizó una mano hasta la empuñadura de su espada. Sabía que no podía usar la violencia, pero se sintió tentado a mandar todo al demonio para terminar con aquel ser que le causaba tanta repulsión y desagrado.

       —Es uno de los hijos del Caos Primigenio —señaló Ryuk—. Y como siempre usa un disfraz.

       —¿El Caos Primigenio? —inquirió el Lord del Caos T´Charr con sumo interés—. He oído hablar de esos seres desde hace tiempo, pero no guardan relación alguna con los Lords del Caos y es la primera vez que conozco a uno en persona.

       —Un miembro del Primordio —gruñó Ra, la Deidad Egipcia—. Una de las alimañas al servicio de Cthulhu.

       —Oh, pero que bonita reunión —dijo Nyartolpe-Syaoran—. Casi me ofende no haber sido invitado a ella. Los dioses —soltó una risita—, que se consideran lo más grandioso en su miserable Existencia, ¿cuesta comprender que son lo mas bajo entre los inmortales? Los Guardianes de Oro, que consideran que no hay misterio que no conozcan y en realidad son los más ignorantes de aquí. Los Kaioh-shin, qué lindos ejemplos de inutilidad y buenas intenciones. Y ni que decir de los carceleros, aquellos que se creen señalados en dirigir su “evolución espiritual”: los Centinelas. Me sorprende que hayan abandonado su refugio en Mystacor para venir hasta aquí, pero lo que más me asombra es ver juntos a seres que en otras circunstancias estarían matándose entre sí para deleite del Primordio, ¿no es así Ferladh de Caronia?

       El Señor de Caronia frunció el entrecejo.

       —Lo que me sorprende en todo caso es que una gran sarta de mequetrefes e inútiles que creen dominarlo todo y no se rinden ante el verdadero poder —dijo Ferladh con una voz muy severa—. Demás está decir que entre esos mequetrefes e inútiles estás tú, Nyartolep. Si tú y tu raza fueran sabios se pondrían a mis órdenes. Y lo mismo va a todos los demás. Nadie en la Existencia es igual de poderoso que yo, estoy seguro.

       Nyartolep-Syaoran simplemente sonrió y siguió caminando como si nada. Algunos de los presentes volvieron los rostros para ver al Emperador de Caronia.

       —¿Tú? —exclamó Vidarius con indignación—. ¿Liderando la Existencia?

       —¡Saquen a esos humanos tan molestos de aquí! —exigió Apolo—. Vuestras estúpidas rencillas no nos interesan en lo más mínimo.

       —¡Échenlos junto con ese molesto Primordial! —convino Tezcatlipoca, la Deidad Azteca—. Ellos no tienen derecho a estar en este Concilio. Nosotros somos dioses y entidades con poderes que van más allá de la comprensión de estos patéticos mortales.

       —¡Cierren la boca! —les ordenó Vidarius con furia—. ¡¿Acaso ustedes pueden lograr algo?! ¡¿Supieron siquiera que esta crisis se daba como para afirmar ser superiores a nosotros?! ¡No vieron más allá de sus patéticas narices! ¡Lo quieran o no tendrán que dejar de lado su patética arrogancia y alinearse con nosotros! Por lo visto el título dios está sobrevalorado para permitir que dementes como Ferladh o patanes como ustedes crean que pueden mangonear todo a su antojo. Les digo que de donde venimos, ustedes sólo fueron un mito, son un mito y quedarán siempre como un mito, como algo irreal.

       Odín levantó su cetro y lo esgrimió ante el Guardián de Oro.

       —¡Silencio, perro sarnoso! ¿Cómo os atrevéis a hablarnos de esa forma, Vidarius? Sigue provocándome a mí o a mis venerables hermanos y olvidaré mi promesa de renunciar a la violencia para sacarte las entrañas y lanzarlas en mi camino de regreso a la sagrada tierra de Asgard.

       —Odio decir esto, pero por primera vez escucho a un Guardián de Oro decir algo cercano a lo coherente, excepto en negar mi divinidad, lo que impide la plena lógica —dijo Ferladh con arrogancia, emitiendo levemente un aura siniestra que por un segundo envolvió todo el ambiente e hizo que los Guardianes de Oro, los Kaioh-samas, Kaioh-shins y los Centinelas sintieran un escalofrío—. No son superiores a nosotros y de hecho podríamos acabar con varios de ustedes. ¿O quieren acaso un choque de auras para eso? ¿Con quién debo empezar para esto? ¿Serás tú, Odín el tuerto? ¿Qué tal tú, Apolo el engreído? ¿O quizá tú, Viracocha el ignorante? Vamos, cualquiera de ustedes puede servir para una demostración de fuerza. Incluso ese Primordial estúpido puede servir.

       Enma Ai volvió el rostro hacia Ferladh y le miró con absoluta indiferencia.

       —Él debe irse —murmuró ella—. Su presencia sólo un obstáculo para todos.

       —Denonte, ¿cómo fue posible que osaras invitar a este pobre lunático que sólo ladra como un perro salvaje? —preguntó Viracocha, indignado—. Decidnos, mortal insignificante, ¿de qué oscuro rincón saliste para mandarte de vuelta?

       —Je —rió Ferladh—. No importa de dónde sale uno, sino a dónde va a parar uno. Todos ustedes, seres ridículos, ni siquiera han podido prolongar sus cultos y han sido desaparecidos del mapa. A lo sumo son vistos como meros objetos de estudio y ya. Son reducidos a ser simples conceptos manipulables una y mil veces, y pueden caer con una facilidad pasmosa.

       —¿Cómo te atreves a insultarnos a mí o a Lady Terataya, escoria miserable?  —le cuestionó de inmediato el Lord del Caos T´Charr, desplegando parte de su gran poder y cubriéndose de una luz brillante que no era otra cosa sino Magia Caótica—. ¡Centinelas de Mystacor! ¡Esto es un ultraje! ¡Les exijo que me digan quién es esta despreciable criatura ahora mismo para causarle desesperación y angustia!

       Denonte decidió presentarlo ante todos los asistente.

       —Él es Ferladh, Emperador del Imperio de Caronia. En su universo es un ser poderoso y por eso lo invitamos a venir al igual que a los Guardianes de Oro. Ninguno de los Centinelas simpatiza con él, pero necesitamos toda la ayuda posible.

       El título complació a Ferladh, pero sobre todo, el hecho de que Denonte le reconociera como un sujeto con grandes poderes. Estaba seguro que con eso los dioses y demás asistentes se convencerían de tratarlo con más respeto, pero eso no sucedió.

       —Incluso un tirano como Darkseid resulta alguien más razonable al lado de este Ferladh —murmuró Metron en tono pensativo desde su Silla Mobius—. No ayuda en nada que se esté comportando como un estúpido e insultando a todos.

       —Ferladh debe venir de un mundo perdido en alguna realidad llena de locos —se burló el Shinigami Ryuk en medio de una risita—. Y seguro terminará como todos los de su clase, o sea, más loco todavía.

       —No podría estar más de acuerdo contigo, Metron —dijo Ganthet, mientras que la Green Lantern Boodikka dirigía una mirada retadora hacia los Shadow Warriors—. Ahora comprendo porque ninguno de los otros Guardianes del Universo quiso venir a esta reunión y prefirieron quedarse en Oa. Si esto sigue así, temo que tendré que retirarme a mi universo de origen.

       —¿Un ser poderoso? —cuestionó Odín—. No le veo nada de extraordinario para justificar su presencia en esta reunión tan importante. ¿Qué tipo de poder puede tener este debilucho? Por su apariencia y sus modales luce más como un simple porteador de cabras.

       —Y su aspecto es bastante desagradable —Artemisa hizo un gesto de repugnancia—. Creí que no podía haber nadie más horripilante que un Primordial, pero parece que este humano ha conseguido tal hazaña.

       —Ferladh de Caronia —lo llamó Manitu, el Sabio Espíritu Indio Americano—. Cualquiera de nosotros, los Patriarcas Celestiales, encuentra tus alardes huecos y tus bravatas desagradables.

       —No le presten atención —opinó Svarog, la Deidad Rusa—. Es un triste mortal que ha sido maldecido con el sufrimiento de la locura. Opino que lo echemos a patadas, al igual que a esa basura del Primordio que ha osado interrumpir en este Concilio de dioses y Entidades Cósmicas.

       Nyartolep soltó una risita maliciosa y se volvió hacia Svarog.

       —Paciencia, inmortales, paciencia. Todavía no han escuchado lo que he venido a decirles, y créanme cuando les digo que va a interesarles bastante la oferta que voy a presentarles. Los Primordiales me han enviado para hablar en nombre de todos nosotros.

       Horus, el dios con cabeza de halcón, se cruzó de brazos.

       —De modo que Cthulhu y sus Primordiales están dispuestos a ayudarnos después de todo.

       —¡Todos ustedes deberían rendirme honores! —gritó el Emperador de Caronia de forma muy arrogante, acentuando sus gestos violentos con la intención de impresionar a todos los presentes—. ¡Soy el más adecuado para dirigirlos! ¡Perdonaré la ignorancia de todos si me rinden pleitesía por toda la Eternidad!

       —Creo que fanfarroneas demasiado, Ferladh —dijo una voz que provenía de la entrada del palacio.

       Todos se volvieron para ver llegar a Thor, dios del Trueno e hijo de Odín, el cual caminaba con paso firme y seguro hacia la mesa donde los dioses estaban. Thor levantó su martillo místico llamado Mjolnir con aire desafiante y lo apuntó directamente contra el rostro de Ferladh.

       —Thor —murmuró Zeus en un tono casi reverencial—. No creí que vendrías.

       —Os atreviste a insultar a mi venerable padre y no lo permitiré —advirtió el dios del Trueno—. ¿Lo escuchaste, sucio mortal?

       —De modo que tú eres el hijo de Odín —comentó Ferladh.

       Thor no respondió. Se limitó a mirar fijamente al caroniano. Tanto Vidarius como todos los demás comprendieron el desafío que infería el silencio de Thor. “Atrévete a insultarnos una vez más y sufrirás las consecuencias de tus palabras —estaba diciéndole la dura mirada del dios del Trueno—. Sólo sois un pobre diablo”.

       —Así que —continuó Ferladh en forma burlona—, el hijo de papi quiere meterse en asuntos de adultos. Está bien, yo puedo enseñarle lo qué es eso. O todavía mejor, puedo enseñarle a no tener que volverse un travesti sólo por haber perdido su arma.

       —Oh, oh —se lamentó Ryuk.

       Mjolnir se alzó hacia lo alto de la habitación. Un cegador relámpago penetró por el techo, golpeando a Ferladh por sorpresa y mandándolo a volar por los aires en medio de una poderosa explosión que impresionó a todos los presentes. Incluso Nyartolep-Syaoran se sintió malamente sorprendido ante la gran fuerza desplegada por el hijo de Odín.

       —Y yo puedo enseñarte a medir tus palabras, sucio mortal —amenazó Thor, avanzando hacia un caído Ferladh mientras que Denonte se apresuraba a intervenir—. Eres un villano muy pequeño para el tamaño de tu gran boca —dijo el dios del Trueno y añadió en forma retadora—: ¿Dónde está la gran fuerza de la que hablabas y presumías hace unos instantes?

       —¡Entonces valdrá la pena enseñarte de la forma dura! —replicó Ferladh, mientras que su sable de luz se alargaba enormemente y hería el hombro izquierdo de Thor, quien mostró una mueca de dolor cuando esto sucedió.

       El dios del Trueno frunció el entrecejo y alzó a Mjolnir nuevamente. Un segundo relámpago, más poderoso que el anterior, cayó desde los cielos e impactó directamente a Ferladh con mayor potencia que antes, electrocutándolo con violencia. Fue tal el poder del ataque que el casco del Señor de Caronia y su Sable de luz salieron disparados por la habitación en direcciones opuestas.

       —¡Mortal pretencioso e ignorante! —le espetó Thor, haciendo girar su martillo en el aire—. ¿Crees que una simple herida como esta me detendrá de darte lo que mereces? ¡Os juro por las barbas de mi padre que te veré pedir perdón de rodillas!

       —¡Basta! —exclamó Denonte, corriendo a colocarse frente a Thor y extendiendo los brazos a ambos costados—. ¡Todos acordaron renunciar a la violencia!

       —Te lo dije —intervino Vidarius, parándose junto a Denonte—. Debiste dejarme matarlo aquí mismo. Así nos hubiéramos evitado este desastre.

       Thor miró a Denonte y Vidarius con el entrecejo fruncido.

       —¿Vais a proteger a ese miserable cobarde? A un lado, Centinela.

       Entonces, de pronto, una ráfaga de Chi pasó volando por en medio de Vidarius y Denonte a velocidad casi imperceptible y se abatió sobre Thor, pero éste hizo girar su martillo rápidamente para rebotar el ataque.

       Usando su telequinesia, Ferladh recuperó su sable llamado Alctum y su casco mientras se levantaba, pero eso lo distrajo una fracción de segundo de lo que sucedió a continuación. Un tercer relámpago y un cuarto cayeron sobre Ferladh desde distintas direcciones, penetrando la armadura del Señor de Caronia y lastimando todo su cuerpo. Denonte se volvió apresuradamente hacia Thor con la intención de solicitarle calma, pero era demasiado tarde. El dios del Trueno saltó por el aire en dirección al Señor de Caronia y comenzó a castigarlo con Mjolnir.

       —¡Perro cobarde y despreciable! —gritó Thor mientras atacaba. El martillo asgardiano golpeó la cara de Ferladh y más tarde sus rodillas, causando explosiones de luz y relámpagos que chisporroteaban. El dios del Trueno todavía estrelló un potente izquierdazo en pleno rostro de su enemigo antes de volver a levantar a Mjolnir en lo alto para golpear a Ferladh de nuevo—. ¡Sufre la fuerza del mítico martillo capaz de mover mundos! ¿Creéis que puedes resistir el poder de un dios? ¡No sois más que un sucio patán pretencioso!

       Denonte alzó una mano en dirección a la pelea, mientras que los seis Shadow Warriors presentes activaron sus sables de luz y corrían a proteger a su Emperador, quien sufría los embates cada vez más violentos del poderoso dios del Trueno.

       La situación parecía estar a punto de convertirse en una verdadera batalla campal cuando Boodikka y los otros Green Lanterns, con sus anillos de poder destellando luz esmeralda, salieron al encuentro de los Shadow Warrior de Caronia y les cortaron el paso. Al ver aquella escena, Denonte comprendió que tenía que impedir que diera inicio un nuevo enfrentamiento.

       —¡Thor! ¡Te lo suplico! ¡Detén esto!

       Continuará… .

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