Leyenda 098

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO XCVIII

NEGOCIANDO UN ACUERDO

         Armagedón (Laboratorio principal)

         Astarte sostenía su corona en una mano y una rosa roja en la otra. Siguiendo las instrucciones recibidas, Zocrag hizo girar el anillo interior del Portal Estelar, poniendo en la parte superior el lugar vacío donde se suponía iba la gema ámbar, la joya hallada en el universo de Sailor Moon, según la orden de la Khan de la Sirena. En cuanto todo quedó listo, la extraña máquina comenzó a funcionar sola. La luz empezó a fluir desde las ocho gemas como cuerdas de agua que se lanzaran hacia arriba, llenando poco a poco el centro del anillo hasta convertirlo en la deslumbrante superficie blanca de un estanque.

         —Todo se encuentra listo, mi lady —anunció Zocrag luego de revisar las lecturas que aparecían en una pantalla—. El Portal Estelar os conducirá hasta el universo donde estuvieron Jesús Ferrer, Eneri, Liria y Suzú, pero no entiendo. ¿Por qué razón desea ir a ese lugar? La gema sagrada que se encontraba en ese universo está en poder de la Alianza Estelar.

         Sonriendo discretamente, la Khan de la Sirena se colocó su corona en la cabeza y luego ajustó su escáner visual. Caminó por la rampa que conducía hacia Portal Estelar, pero se detuvo antes de tocar la turbulenta luz. Astarte fingió no escuchar a Zocrag y se dedicó a contemplar la pared de energía que brillaba en el interior del Portal Estelar.

         —¿Lady Astarte?

         —El emperador tiene sus motivos para mandarme de nuevo, Zocrag —repuso la Khan con voz suave mientras inhalaba el dulce aroma de la rosa—. Los Caballeros Celestiales han reunido una gran cantidad de aliados con la firme intención de luchar contra nosotros, pero todos resultan tan patéticos que no vale la pena mancharnos las manos con ellos. Es por eso que el gran N´astarith desea que encuentre a quiénes se encarguen de ese trabajo.

         —Ya entiendo, mi lady.

         —¿Cuándo partirá la siguiente misión? —inquirió Astarte, volviendo la mirada por encima del hombro—. Imagino que el gran N´astarith querrá apoderarse de las dos últimas gemas cuanto antes.

         Zocrag se apresuró a bajar la cabeza en cuanto vislumbró la mirada displicente de la Khan de la Sirena. De entre todos las guerreras del imperio, Astarte era quizá la que más le provocaba temor debido a su actitud. Nunca sabía si sólo trataba intimidarlo con aquella actitud o de verdad quería liquidarlo nada más por el placer de hacerlo.

         —Según tengo entendido, un Devastador Estelar está siendo alistado justo ahora.

         Astarte volvió la mirada hacia el frente nuevamente.

         —Eso significa que todo está a punto de terminar. Muy pronto los planes del emperador se cumplirán y entonces la Existencia entera será nuestra. Los Caballeros Celestiales serán exterminados y la Alianza Estelar destruida.

         La Khan avanzó hacia el interior de la destellante superficie de energía, dejó caer la rosa roja al suelo y desapareció. Una vez que la guerrera se hubo ido, Zocrag se pasó una mano por la frente para limpiarse el sudor y exhaló un suspiro. Al fin podía respirar con mayor tranquilidad.

         Sistema Adur.

         Una transporte meganiano abandonó el hiperespacio y se aproximó hasta una órbita cercana al planeta Adur. Siguiendo las instrucciones transmitidas en clave por los técnicos de laChurubusco, la nave penetró en la zona de sombra del planeta y tomó rumbo hacia la flota de la Alianza Estelar. En el interior viajaban los príncipes David y Armando Ferrer además de un buen número de militares de alto rango del imperio meganiano. Algunos de los generales que iban a bordo creían que sus príncipes habían perdido la razón luego de aceptar ir hasta los cuarteles generales de la Alianza, pero no deseaban provocar mayores divisiones en su imperio y por lo mismo se habían visto obligados a tragarse su disgusto.

         Cuando el crucero pasó cerca de las naves terrestres del general MacDaguett, David pudo contemplar el enorme súper acorazado USS Constellation y un grupo de cazas FS-14 Tomcatsobrevolando las áreas cercanas. La flota de la Alianza Estelar era un extraño collage de astronaves de muchos mundos, aunque casi la mitad de ellas no eran propiamente naves de combate. Después de la rendición de Adur, el rey Lazar había sido obligado a renunciar a su derecho de poseer una armada de guerra por lo que los adurianos tan sólo contaban con una flotilla de destructores ligeros y unos cuantos transportes, pero ello no impidió que tomaran parte activa en la creación de las Águilas Reales.

         Los lerasinos habían perdido sus mejores naves tras la caída de su mundo y sólo conservaban cinco acorazados, ocho cruceros pesados, cuatro destructores y varias naves de transporte, aunque todavía conservaban una buena fuerza de cazas. La flota endoriana había sido la más lastimosa de todas por mucho tiempo, pero eso estaba cambiando. Desde hacía algunos meses, varios oficiales endorianos habían empezado a desertar del ejército imperial y a unirse a la Alianza. Entre esos casos estaba el del capitán Zerteth, que había aceptado rendirse durante la batalla en Génesis y gracias a esto, la flota de aliada había incorporado a sus fuerzas el súper acorazado Juris-Alfa, la nave insignia de la flota imperial endoriana y orgullo del usurpador José Zeiva y ésta había sido rebautizado como Aurora.

         —Tengo que admitir que escogieron un buen lugar para esconderse —comentó Armando mientras el transporte se introducía dentro de las entrañas de la astronave Churubusco—. Adur, un sistema pacífico, alejado de los principales núcleos industriales del imperio y dónde aparentemente no existe resistencia a N´astarith.

         David se volvió hacia su hermano para mirarlo.

         —Imagina lo que sucedería sí N´astarith supiera lo que se esconde bajo sus narices.

         —No seas estúpido —le reprendió Armando, cruzándose de brazos—. Sí haces un comentario como ése en presencia del Consejo de Líderes, nos echarán a patadas. Sabes bien que Jesús quiere negociar la paz con ellos y que los ayudemos a derrotar a N´astarith.

         —Ciclos estelares de guerra y ahora todos pelearemos del mismo lado —meditó David en voz alta—. Hermano, he estado reflexionando sobre nuestras posibilidades y pienso que, aunque pudiéramos reunir una gran armada para enfrentar al ejército de Abbadón, todavía quedaría el problema de N´astarith y los Khans.

         —Ya había pensando en eso —repuso Armando malhumorado—. Sí nuestro padre no pudo derrotar a uno de esos malditos, entonces será imposible que cualquiera de nosotros lo logre. Incluso los Caballeros Celestiales serán incapaces de hacerlo a pesar de lo mucho que incrementen sus poderes.

         —Entonces, a como yo lo veo, sólo queda una opción y ésta es despertar al Guerrero Káiser.

         Armando giró la cabeza hacia David y lo miró fijamente. Tanto uno como el otro sabía que para despertar al Káiser, antes los debían estar dispuestos a pagar un precio muy elevado. No obstante, dadas las circunstancias, parecía que esa era la única oportunidad de derrotar a N´astarith.

         —Sabes bien lo que pasaría —le recordó—. ¿Estás dispuesto a ofrecer tu vida voluntariamente, hermano? Nuestro padre nos confió el secreto del Káiser, pero eso no significa que debamos despertarlo.

         David frunció ligeramente el entrecejo.

         —¿Qué propones entonces? Quedarnos cruzados de brazos mientras N´astarith termina de conquistar la galaxia y nos convierte a todos en esclavos. Sabes bien que él desea el poder del aureus para convertirse en… .

         —No tienes que recordármelo —le interrumpió Armando con dureza—. Bien, supongamos que hacemos lo que dices y lo despertamos. ¿De verdad crees que podrá soportar esa clase de poder? Recuerda que no está preparado para manejar esa energía y por lo mismo podría morir con lo que todo habría sido en vano.

         —¿Crees que N´astarith sepa de esto?

         —Eso no tiene importancia, derrotaremos a los Khans de alguna forma.

         David no dijo nada más. A pesar de lo que su hermano Armando dijera, él seguía pensando que sólo el Káiser lograría derrotar a N´astarith. Mientras el crucero descendía lentamente en el hangar principal, los dos príncipes estuvieron sumidos en sus pensamientos.

         Astronave Churubusco (Sala de entrenamientos)

         Ryoga se acercó a Ranma y le lanzó una mirada desafiante. Ambos rivales se observaron de hito en hito. Sus semblantes revelaban que ninguno de los dos iba a retractarse de lo dicho antes. Las Inner Senshi, Shampoo, Moose, Areth, Eclipse, Shaina, Marin, Piccolo, Saori, Seiya, Shun, Shiryu, Hyoga, Yamcha, Son Gokuh, Cadmio, Asiont, Lance, Zacek, Uller, Zaboot, Lis-ek, Shilbalam, Astroboy, Ten-Shin-Han, Tuxedo Kamen, Aioria, Milo, Dohko, Mu y Son Gohan miraban con atención a ambos jóvenes en espera de que alguno hiciera el primer movimiento.

         —¿Estás listo, Ranma? —preguntó Ryoga.

         —Completamente, Ryoga —le contestó Ranma, frotándose los nudillos de su puño derecho al tiempo que exhibía una sonrisa maliciosa—. He estado esperado esto desde hace tiempo y créeme que voy a disfrutar humillarte.

         —¡Entonces adelante! —exclamó Ryoga, levantando la mano—. ¡Prepárate!

         —¡De acuerdo, Ryoga! —Ranma alzó su brazo—. ¡Primero piedra, papel o tijeras!

         —¡Piedra, papel o tijeras! ¡Piedra, papel o tijeras! ¡Piedra, papel o tijeras!

         Cadmio, que sentía unos enormes deseos de maldecir un poco, contempló la escena con los brazos cruzados y los ojos entornados. Cuando escuchó que Ryoga y Ranma querían decidir quién tomaría parte en la siguiente misión mediante un simple juego de piedra, papel o tijeras, lo mínimo que pudo hacer fue pensar que, en su opinión, aquellos dos eran unos pobres idiotas. Suspiró con cansancio y volvió la cabeza hacia Tuxedo Kamen, que a juzgar por la expresión de su cara también pensaba de la misma forma.

         —Hombres —murmuró Sailor Mars con fastidio—. Siempre tan ridículos.

         —No entiendo —comentó Minako—. ¿No creen que hay juegos mejores que ese?

         —¡Huy, sí! —exclamó Sailor Moon alegremente—. Podrían haber jugado tres en línea o tal vez jenga u ocho loco.

         Al escuchar aquello, Cadmio miró a Sailor Moon con una expresión de desprecio con lo que provocó que tanto Usagi como Minako se sintieran intimidadas. Sailor Mercury sólo pudo taparse los ojos, bajar la cabeza y fingir que sus amigas no habían dicho nada. Rei Hino, por su parte, sintió deseos de que se las tragara el suelo.

         —Esto no nos llevará a ninguna parte —se quejó Milo de Escorpión—. No podemos perder el tiempo con esos juegos tontos.

         —Vamos, amigos —les dijo Son Gokuh—. Denles una oportunidad.

         —Oportunidad y una basura —murmuró Cadmio con enfado—. Milo tiene razón, estamos perdiendo el tiempo con tonterías. No entiendo cómo es que puedes soportar tantas bobadas, Gokuh.

         —Vamos, Cadmio, no te enfades, mejor toma las cosas con calma —le aconsejó Son Gokuh—. Además, si miras con atención, descubrirás que no es un juego tan aburrido después de todo.

         Cadmio apretó los puños frunció la boja en una mueca de desesperación.

         —Creador, dame fuerza para no mandarlo al ajo —murmuró en voz baja. Estaba por ir a sentarse cuando percibió una energía negativa, una especie de entidad maligna muy poderosa—. ¿De quién es está aura?

         Sola. Así es como ella se sentía mejor. Sailor Galaxia miró a través de la ventana panorámica y contempló las estrellas en el vacío del espacio. Por mucho que lo intentaba no lograba apartar de su mente los recuerdos de la terrible batalla contra Sailor Moon ni los rostros de todas las Sailors Senhi a las que había asesinado para apoderarse de las semillas estelares.

         —Ellas nunca me aceptarán pase lo que pase —meditó en voz baja, mientras se acariciaba los codos y mantenía cerrados sus ojos—. Nunca podré perdonarme por todo el dolor que ayudé a causar cuando mi cuerpo era dominado por el caos.

         —Eso es cierto —dijo una voz—. Ellas nunca nos aceptarán.

         Al escuchar aquello, Sailor Galaxia abrió sus ojos de par en par y se volvió inmediatamente hacia sus espaldas esperando encontrar a alguien, pero no había nadie más en ese lugar. Miró de un lado a otro sin resultado y entonces comenzó a pensar que tal vez había imaginado todo.

         —¿Por qué te culpas tanto por lo que pasó? —preguntó la misma voz misteriosa y fue en ese instante en que Galaxia se dio cuenta de que aquella voz que estaba escuchando era la suya propia—. Vamos, ¿por quién estás llevando esa culpa?

         —¿Quién eres? —exclamó Galaxia—. ¿En dónde estás?

         Entonces, de pronto, llevó la mirada hacia el espacio nuevamente y descubrió con horror que su reflejo en la ventana había cobrado vida. La imagen de Sailor Galaxia sonrió macabramente y extendió ambas manos al frente, mostrando sus palmas.

         —¿Sorprendida? —preguntó.

         —¿Quién eres tú? —exclamó Galaxia con furia—. ¿Por qué te ves igual a mí?

         —Es porque yo soy tú, Galaxia, soy la parte dentro de ti que te resistes a aceptar.

         —¡Eso es imposible! Debe tratarse de un engaño ¡Es una ilusión!

         —No soy una ilusión —repuso la imagen con tranquilidad—. Dime, ¿cuál es la razón por la que te sientes afligida de esa manera? —inquirió y luego su traje dorado pasó a ser tan negro como la noche—. ¿Acaso no eres la Sailor Senshi más poderosa de todas? ¿Por qué te arrepientes de tu verdadera naturaleza?

         —¿Mi verdadera naturaleza? —repitió Galaxia, confundida.

         —Sí, es absurdo que insistas en negar tu destino. Siendo la Sailor Senshi más poderosa de todas, era natural que gobiernes la galaxia entera. Sé que el Caos trató de sacar provecho de la situación y nos usó para sus fines, pero aun así merecemos gobernarlo todo.

         —¿De qué estás hablando? —inquirió Galaxia con el entrecejo fruncido—. ¿Dices qué mi verdadera naturaleza es gobernarlo todo? ¡Eso no es cierto!

         —Sí nosotras gobernáramos, la galaxia estaría a salvo —repuso la imagen y luego soltó una risita maliciosa—. ¿De verdad piensas que Sailor Moon podrá defender la Vía Láctea de ese ser conocido como N´astarith? Vamos, tú y yo lo sabemos que ella sólo es una cobarde que lo primero que hará será correr a esconderse.

         —No es verdad, Sailor Moon es la Sailor Senshi más poderosa de todas —rebatió Galaxia con vehemencia—. Su verdadero poder aún permanece dormido dentro de ella esperando despertar.

         La imagen de Sailor Galaxia cerró los ojos un momento y frunció una malévola sonrisa.

         —Eso no tiene importancia, aunque ella posea ese poder no significa que sea la más calificada para tenerlo. Piensa un poco, Sailor Moon te está robando tu lugar como la Sailor Senshi más fuerte, ¿acaso eso no te importa?

         Galaxia no contestó. Sí alguien le hubiese dicho antes que existía alguien más fuerte que ella de la pelea en la Tierra, probablemente se hubiera rehusado a creer eso. Sin embargo, después de su encuentro con Sailor Moon, había descubierto que la auténtica fuerza de una Sailor Senshi no radicaba en el poder que poseyera, sino en la fuerza del corazón y eso era lo que hacía más fuerte a Sailor Moon.

         —Antes pensaba de esa manera —murmuró.

         —¿Qué?

         —Por eso el Caos pudo controlarme fácilmente. Nunca entendí que la verdadera fortaleza de una Sailor Senshi proviene de su corazón y no del poder. Esto lo comprendí hasta que luché en el planeta Tierra. Sí Sailor Moon es más poderosa que yo, eso se debe a que el amor que ella siente por su planeta y por sus seres queridos es mucho mayor que el mío.

         La imagen compuso una expresión de enojo.

         —Te has vuelto débil —replicó con desprecio—. Cuando se enfrenten a N´astarith sabrás que ese amor y esa fortaleza de las cuales hablas no les servirá para nada. Tu galaxia será subyugada y las Sailor Senshi desaparecerán para siempre.

         —¿Quién eres tú? —le cuestionó Galaxia con suspicacia—. Ni creas que podrás engañarme por más tiempo con tus mentiras. A pesar de tus intentos por confundirme he podido darme cuenta de la enorme presencia maligna presente en esta habitación.

         —Me impresionas, Galaxia —murmuró la imagen y luego frunció una sonrisa macabra—. Sin embargo, eso no cambia las cosas. Las Sailor Senshi no te aceptarán por lo que hiciste y al final todas morirán.

         Sailor Galaxia extendió un brazo para señalar a la imagen malvada.

         —Cobarde, quien quiera que seas te diré que no me importa lo que puedas decirme. Tal vez las demás Sailor Senshi no puedan perdonarme por lo que he hice en el pasado, pero eso no evitará que luche a su lado.

         Al terminar de decir esto, Galaxia contempló cómo su imagen volvía a la normalidad y la presencia malévola que segundos antes había inundado el ambiente acababa de desaparecer súbitamente. La Sailor Senshi bajó la cabeza y se tomó la frente con una mano. Sintió que las lágrimas escurrían de sus ojos y cayó de rodillas al suelo mientras sollozaba amargamente, abrumada por los remordimientos del pasado.

         Sala del Consejo de Líderes.

         La llegada de los príncipes meganianos y su comitiva militar fue recibida con una mezcla de indiferencia y escepticismo. La mayoría de los líderes aliados miraban a los meganianos de arriba abajo con desconfianza y para muchos aquella escena rayaba en lo impensable. Por años la Alianza Estelar había luchado contra Megazoar en una dura guerra donde ambos bandos habían intercambiado golpes brutales y ahora se estaban preparando para hacer finalmente las paces. Cuando la noticia de que los hermanos de Jesús habían abordado la Churubusco, algunos de los miembros del Consejo aliado sintieron deseos de abandonar la habitación a modo de protesta. No obstante, Lazar logró, no sin algo de trabajo, convencer a la mayoría de darle una oportunidad a la paz.

         A pesar de lo tirante de la situación, David y Armando no pudieron contener su alegría cuando su hermano Jesús los recibió con los brazos abiertos. Los tres hermanos se fundieron un abrazo mientras que interiormente cada uno le daba las gracias al Creador por ese pequeño momento de alegría. Habían perdido a su padre y su planeta estaba destruido, pero debían mantenerse firmes hasta que N´astarith fuera derrotado.

         La sesión estaba lista para continuar. Poco a poco los murmullos fueron disminuyendo y los líderes aliados ocuparon sus respectivos lugares. Hikaru Ichijo había aprovechado el receso para darle una pequeña reprimenda al capitán Black y de paso sermonearlo con algunas buenas lecciones sobre lo qué era la diplomacia, pero tuvo que dejar el regaño inconcluso cuando vio que el rey Lazar se levantaba de su asiento.

         —Sean bienvenidos, príncipes de Megazoar —les dijo Lazar—. A nombre del Consejo Supremo de la Alianza Estelar quiero darles las gracias por haber venido hasta nuestros cuarteles. También quisiera expresarles nuestras condolencias por la destrucción de su planeta natal.

         Siendo David Ferrer el más diplomático de los tres hermanos y con mayor experiencia en la política, Jesús y Armando permitieron que fuera éste quien hablara ante el Consejo de la Alianza. Los generales meganianos se colocaron tras sus príncipes y guardaron completo silencio.

         —Gracias, majestad —repuso David—. Yo también deseo darle las gracias por cuidar de nuestro hermano Jesús Ferrer. Frente a este gesto veo que incluso el más fuerte rencor puede ser aplacado cuando existe la voluntad de hacer la paz.

         Mientras David hablaba, Saulo se cruzó de brazos y se recostó en su sillón mostrando en su rostro una expresión de pocos amigos. Desconfiaba plenamente de los meganianos y aborrecía a los Ferrer, pero comprendía que sólo fortaleciendo a la Alianza Estelar podrían derrotar a Abbadón. A la luz de los recientes acontecimientos era hora de replantear sus prioridades. Primero debía encargarse de hacer todo lo posible para vencer a N´astarith y derrotar a José Zeiva. Luego tendría su ajuste de cuentas con Jesús Ferrer.

         —Queremos ofrecer nuestro apoyo al pueblo meganiano —anunció Lazar—. Sólo uniéndonos lograremos poner fin a las ambiciones de N´astarith y sus aliados. Es por eso que queremos llegar a un acuerdo que ponga fin a las hostilidades entre el imperio de Megazoar y la Alianza Estelar.

         —Me parece bien, majestad —concordó David—. Durante ciclos estelares todos hemos peleado una guerra que sólo nos ha dejado heridas. Es por ello que he ordenado que todos los prisioneros de la Alianza en poder de Megazoar sean puestos en libertad.

         Andrea se puso de pie.

         —Gracias, príncipe David, nosotros haremos lo mismo con todos los prisioneros meganianos que tenemos en nuestro poder. Sin embargo también es necesario establecer el compromiso de que ni Megazoar ni la Alianza Estelar negociara la paz por separado con Abbadón.

         —Cuenta con ello, Andrea —aceptó Jesús—. A partir de este momento, los meganianos pelearemos hombro con hombro junto a la Alianza Estelar hasta que el imperio de Abbadón sea derrotado y después de esto, los ayudaremos en la reconstrucción.

         Andrea asintió con la cabeza y se volvió hacia el rey Lazar, quien sonrió con agrado al escuchar las palabras de Jesús Ferrer. El rey de Adur sentía que la alianza con los meganianos era un paso muy importante en la victoria sobre N´astarith y por eso no dudo en ir al encuentro de los hermanos Ferrer y ofrecerles la mano. Uno por uno, los príncipes meganianos estrecharon la mano de Lazar simbolizando así el fin del conflicto entre ambos bandos. La mayoría de los miembros del Consejo prorrumpieron con aplausos y expresiones de júbilo, lo cual dejó pasmado a MacDaguett y molestos a los Hombres de Oscuro.

         —Tenemos que hacer algo —le susurró MacDaguett a K.

         —No se preocupe, general —repuso K en voz baja—. Antes de que puedan planificar un ataque, esta nave y todos sus ocupantes estarán muertos —Echó una rápida mirada hacia donde se encontraban sentados los militares de la Alianza y sonrió—. Todo es cuestión de tiempo.

         Cuando los aplausos terminaron, Jesús Ferrer volvió a tomar la palabra.

         —Lo más importante por el momento es encontrar una manera de neutralizar los escudos de las naves y robots enemigos e impedir que los Khans reúnan las gemas estelares restantes. El verdadero objetivo de N´astarith es apoderarse del poder que encierra el Portal Estelar para así controlar el universo.

         —¿Hablas del poder de la leyenda? —inquirió Uriel.

         —Así es, quisiera poder decirles que todo lo referente a esa leyenda no son más que patrañas, pero desafortunadamente no es así. Cuando N´astarith contactó a mi padre le dijo que sí lograba reunir todas las gemas sagradas, tendría el poder para controlar el universo y convertirlo en un paraíso.

         —¿Cómo demonios pudieron creerle a ese maldito? —le increpó Andrea con dureza.

         —Mi padre confiaba en que N´astarith cumpliría su palabra y terminaría con todas las guerras —repuso Jesús con tristeza—. Sí N´astarith coloca las doce gemas en el Portal Estelar podrá llegar hasta el universo desconocido donde se encuentra el poder que necesita para hacer realidad sus sueños.

         —El poder del aureus —murmuró Saulo, apesadumbrado. Lazar y algunos de los presentes volcaron sus miradas sobre el príncipe endoriano, de manera que éste levantó la cabeza y añadió—: Todos nuestros temores han resultado ciertos. Las gemas sagradas, el universo de la emanación y probablemente también el guerrero Káiser.

         —¿El guerrero Káiser? —repitió Andrea con el entrecejo fruncido.

         Al escuchar hablar del Káiser, David volvió su rostro hacia Armando, pero éste lo miró de una manera tan dura que David prefirió guardarse sus comentarios respecto al guerrero legendario. Jesús advirtió que algo raro ocurría entre sus hermanos, pero no quiso decir nada, al menos no mientras estuvieran en presencia de los líderes de la Alianza Estelar.

         —No creo que debamos preocuparnos de más —murmuro Rodrigo Carrier—. No olviden que tenemos dos gemas en nuestro poder y por eso N´astarith no podrá cumplir con su objetivo.

         —Eso es verdad —meditó Bantar—. Debemos aprovechar la situación para montar un contraataque y… .

         —Espere un momento, almirante —le interrumpió Rodrigo—. N´astarith desea las gemas estelares más que nada en el universo, así que ¿por qué no usarlas para llegar a un acuerdo con él? Estoy convencido de que esas rocas podrían ser lo que necesitamos para asegurar nuestra supervivencia.

         La propuesta no fue recibida con el entusiasmo que Rodrigo estaba esperando encontrar. Por el contrario, muchos se enfurecieron al escuchar semejante tontería. Después de todo lo que se había dicho sobre las intenciones de N´astarith, entregar las gemas equivalía a perder la guerra. Joseph Black rompió por la mitad el lápiz que sostenía.

         —Ese idiota —masculló—. Le voy a decir sus verdades.

         —Relájese, capitán —le ordenó Hikaru Ichijo—. No es asunto nuestro.

         —Estoy seguro de que N´astarith accederá a perdonarnos sí le entregamos las gemas que tenemos en nuestro poder —continuó el comandante Carrier—. Tal vez tengamos que aceptar que los abbadonitas gobiernen la galaxia, pero ése es un precio muy bajo comparado con el de nuestra supervivencia.

         —Debes estar completamente loco —le espetó Saulo, pero Rodrigo insistió.

         —¿Por qué no escuchan lo que les digo? Quizá ésta sea nuestra última oportunidad para negociar la paz con Abbadón. Sé que es algo arriesgado, pero es mejor que jugar al héroe y pelear contra un enemigo invencible.

         —No puedo creer que seas tan cobarde —murmuró Jesús con indignación.

         —N´astarith pretende convertirse en un dios —replicó Rodrigo, dirigiéndose a todos los presentes en la habitación—. ¿No sería más inteligente unírnosle en lugar de combatirlo?

         —¡Él no perdonará a nadie que se haya atrevido a desafiarlo! —exclamó Saulo.

         Rodrigo se volvió furioso contra Saulo y se acercó a él.

         —Sólo porque tú pienses eso no significa que sea verdad.

         El príncipe de Endoria se levantó de su asiento con los puños crispados ante lo cual Rodrigo retrocedió algunos pasos hacia atrás. Saulo estaba furioso. Tenía ganas de saltar sobre Rodrigo y molerlo a golpes, pero la oportuna intervención de Andrea impidió la confrontación.

         —No negociaremos con N´astarith —sentenció la reina—. Los meganianos confiaron en las promesas de N´astarith y perdieron su planeta. ¿Cómo negociar con alguien que lo único que busca es someter a toda la galaxia?

         —La reina Andrea tiene razón —convino David Ferrer—. Tenemos que impedir que N´astarith encuentras las últimas gemas y luego montar un contraataque. Hemos dado ordenes para que nuestros científicos compartan con ustedes los resultados de nuestras investigaciones sobre campos de fuerza.

         Lazar miró a los meganianos e inclinó la cabeza.

         —Los Caballeros Celestiales se ocuparán de encontrar las gemas que faltan. Pienso que ellos tendrán una mejor oportunidad que sí enviáramos a nuestras tropas a hacer ese trabajo —hizo una pausa y volvió la vista hacia el doctor Dreyfus y los profesores Ochanomizu y Dhatú—. Ahora quisiera que escucharán algunos de los descubrimientos que se han hecho sobre las naves de Abbadón.

         Dreyfus se encaminó junto con Ochanomizu y Dhatú hacia centro de la habitación. Los científicos iban a comenzar a exponer su investigación justo cuando David Ferrer volvió a tomar la palabra para dirigirse a los principales líderes del Consejo.

         —Majestad, si me lo permite quisiera participar en la búsqueda de las gemas.

         Aquella petición pilló por completo a Jesús y a Armando, que no tenía ni la menor idea de las intenciones de su hermano. El rey Lazar contempló la mirada de David sin comprender por qué éste quería ir en busca de las gemas estelares. El monarca sabía, como todos, que los príncipes de Megazoar poseían grandes poderes, de manera que su intervención podría facilitar los esfuerzos de los Celestiales. Por otra parte, el permitir que alguno de Megazoar tomara parte activa en una misión de suma importancia para la Alianza serviría para limar asperezas.

         Desgraciadamente, Saulo no pensaba de la misma forma y lo que menos quería era que un meganiano metiera las narices en el asunto de las gemas. Tenía esperanzas de que Lazar disuadiera a David Ferrer de involucrarse aludiendo cuestiones políticas, así que decidió no intervenir.

         —¿Por qué desea eso, príncipe David? —inquirió Lazar.

         —Majestad, sé que mi petición le parecerá extraña, pero no deseo que N´astarith tenga éxito. Los Khans mataron a mi padre y deseo participar activamente en la derrota del imperio.

         —De acuerdo —asintió Lazar—. Daré instrucciones de que usted irá en la misión.

         David asintió con la cabeza en señal de agradecimiento. Saulo, por su parte, se irguió violentamente hacia delante sin poder creer lo que había pasado. Sin embargo, no iba a permitir que el meganiano se saliera con la suya. Se giró hacia Andrea en busca de apoyo, pero la reina simplemente se encogió de hombros.

         —No puede hacer eso —dijo Saulo.

         —Creo que ya lo hizo —repuso Andrea con una sonrisa burlona.

El Kremlin (Moscú)

         El presidente Vladimiro Lutin estaba revisando una serie de imágenes holográficas de la armada estadounidense proporcionada por sus servicios de inteligencia. De acuerdo con los informes oficiales, el grueso de las naves de guerra americanas habían recibido ordenes de dirigirse a Venus en vez de a Marte y por ello no habían participado en la defensa del planeta rojo. Los políticos de Washington explicarían más tarde que todo se debía a un terrible error de logística, pero sin duda aquel “terrible error” les había evitado la pérdida de sus astronaves de combate más poderosas.

         Cuando Lutin terminó de ver los hologramas se quitó los anteojos. Las imágenes mostraban que la armada estadounidense estaba siendo aprovisionada con una gran cantidad de material bélico, pero nadie sabía la razón exacta. Perplejo ante aquella situación, Lutin volvió la mirada hacia uno de sus hombres de más confianza y alzó ambas cejas.

         —¿Qué opina de esto, almirante?

         —No me da buena espina, señor presidente —respondió Iván.

         Iván Altamirov era el almirante en jefe de la armada y uno de los mejores hombres del ejército ruso. Con una carrera militar impecable y varias condecoraciones, Iván gozaba de una amplia popularidad en las fuerzas armadas de toda la Tierra. Lutin sabía de esto y por ello una de sus primeras acciones como presidente había sido ascender a Iván al puesto de almirante.

         —Sí, yo también pienso lo mismo —murmuró Lutin—. Siempre me pareció extraño que hubieran desplegado sus naves en Venus en vez de enviarlas a Marte, pero no imagino qué es lo que están tramando.

         —Los estadounidenses planean un ataque, eso es evidente —declaró el mariscal Kurchenko en tono reflexivo—. Tenemos informes de que la armada británica se dirige hacia el planeta Venus a reunirse con las naves estadounidenses.

         Iván se acarició la barbilla mientras especulaba.

         —No creo que estén planeando atacar a los abbadonitas cuando apenas se acaba de negociar la paz, pero tampoco me parece que estén realizando maniobras de ejercicio. Sea lo que sea parece que se trata de algo grande.

         Lutin activó nuevamente el proyector holográfico de su escritorio para hacer aparecer un pequeño holograma del USS Enterprise. Aquella era la mejor y más poderosa astronave de los Estados Unidos. Por unos segundos Lutin estudió atentamente la imagen del súper acorazado.

         —El embajador estadounidense dice que no sabe nada —informó Kurchenko.

         —¿Cuál es el estado de nuestras fuerzas, almirante? —preguntó el presidente.

         No había que ser un brujo para adivinar los temores que circulaban por la mente de Lutin. Si los estadounidenses estaban aprovisionando su flota era obvio que iban a realizar alguna acción militar, pero hasta no saber cuál era su objetivo el presidente ruso estaba relativamente maniatado.

         —Perdimos algunos de nuestros destructores y varios cruceros pesados durante la invasión, pero aún conservamos nuestros súper acorazados —repuso Iván—. Señor presidente, ¿cree que existen razones para temer un ataque?

         Lutin tardó un momento en responder.

         —No lo sé, Iván, pero quiero que mantengan vigilada esa flota. Debemos averiguar cuáles son las verdaderas intenciones de los estadounidenses antes de hacer cualquier movimiento, pero no estaría de más alistar nuestras naves.

         Ni Kurchenko ni Iván pudieron estar más de acuerdo.

Astronave Churubusco (Sala de entrenamiento)

         El duelo de piedra, papel y tijeras entre Ranma y Ryoga continuaba y no se avizoraba que fuera a terminar pronto. Son Gokuh había estado mirando el juego por un largo rato hasta que, quizás aburrido de que no había ningún ganador, decidió ponerse a entrenar nuevamente junto con Gohan en una de las habitaciones. Los Santos de bronce estaban bebiendo unos refrescos mientras charlaban con Saori, Marin, Shaina y los Santos dorados.

         Asiont se sentía un tanto aburrido y pensó que quizá debía aprovechar el momento para conversar con Ami, así que se acercó a donde estaba ella. La Inner Senshi se encontraba hablando con Sailor Mars, Sailor Venus y Sailor Moon cuando notó la presencia de Asiont.

         —Asiont —murmuró la chica, volviendo la mirada hacia el Celestial.

         —Hola, Mercury —la saludó Asiont—. ¿Quién crees que gané el duelo?

         La chica se encogió de hombros y sonrió.

         —No tengo idea, pero le están poniendo mucho empeño.

         —¿Qué más da? —refunfuñó Sailor Mars—. Esos dos son un par de inmaduros.

         —No seas tan cruel, Mars —le dijo Minako—. Con ese carácter ningún hombre querrá acercarse a ti, ¿no lo crees así, Asiont?

         La pregunta de Minako sorprendió a Asiont, que no supo que demonios decir y empezó a sudar frío. Su situación empeoró cuando Sailor Mars dirigió su atención hacia él y lo miró con una expresión amenazante. Mientras trataba de imaginar cómo salir de aquella situación embarazosa, Asiont maldijo a Sailor Venus.

         —Eh, eh, yo creo que hay gustos para todo —repuso Asiont.

         Sailor Mars lo miró con los ojos semicerrados, y Asiont sólo pudo fingir una sonrisa bastante falsa. Sailor Venus y Sailor Moon se miraron entre sí y empezaron a reír con ganas por lo que Sailor Mercury decidió salir al rescate de su amigo.

         —Ya, chicas, no lo molesten.

         —Vamos, Mercury —Minako se acercó a Ami y le guiñó un ojo—. Sólo estamos bromeando, y eso me recuerda que debemos preguntarle algo. —La diosa del amor volvió cara hacia Asiont—. Oye, ¿qué tanto sabes de ese joven llamado Azmoudez?

         —¿Azmoudez? —repitió él—. ¿Por qué quieres saber sobre él?

         Sailor Venus sonrió pícaramente.

         —Porque está rondando a mi amiga Sailor Jupiter —repuso y luego se acercó un poco más al Celestial para susurrarle—. Además, yo podría contarte algunas cosas sobre, ejem, Sailor Mercury.

         —Tal vez podamos llegar a un acuerdo —repuso Asiont luego de sonreír maliciosamente.

         —¡¡Sailor Venus!! —exclamó Mercury con el rostro enrojecido.

Continuará… .

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