Crisis 26

CRISIS UNIVERSAL

por Acuario Káiser

CAPÍTULO XXVI

CONCILIO DE DIOSES
2º PARTE

       Ferladh, en el suelo, apenas consiguió bloquear el último golpe de Mjolnir interponiendo su sable de luz, causando que las chispas volaran y se doblara la fuente de la hoja de Ferladh en dirección a la cara del Emperador caroniano.

       —¡Maldito! —vociferó Ferladh con rabia. El siniestro déspota lanzó un veloz puñetazo contra el abdomen de Thor, pero el impacto apenas consiguió doblar ligeramente al dios del Tueno hacia delante. Lo que Ferladh ignoraba era que la piel y los huesos de los asgardianos eran tres veces más densos que los de un humano, de modo que aquel brutal puñetazo apenas había conseguido lastimarlo.

       Thor estaba reponiéndose del golpe cuando Ferladh lo tomó de la cabeza y le clavó los pulgares en los ojos. El dios del Trueno sintió un intenso dolor, pero rápidamente hizo girar a Mjolniren su mano derecha. El martillo de guerra nórdico impactó de lleno contra la quijada de Ferladh en medio de un potente relámpago que causó estragos y daños por todas partes.

       El Emperador de Caronia atravesó los muros de la habitación en medio de un poderoso estruendo. Unos segundos después, cuando el humo denso y opaco se fue disipando lentamente, Ferladh se alzó con dificultad de abajo de los escombros. El caroniano sintió que le manaba sangre de la nariz y los labios, y que la sangre le resbalaba por las piernas.

       —¡Esto no ha terminado! —rugió Ferladh, con su mano derecha iluminada y luego comenzó a recitar un hechizo mágico—: Te convoco siniestra oscuridad, que siempre has sido aliada del Emperador de Emperadores, muéstrale… .

       —¡Si ha terminado! —exclamó Denonte, bloqueando el paso del enfurecido Emperador caroniano—. Sí insistes en continuar esta batalla, te enfrentarás a mí.

       —Y a mi —se unió Odín, mostrando su cetro Thrudstock.

       —Yo también intervendré —dijo Atenea.

       —Y a mí —advirtió Vidarius—. Y créeme, nada me dará más placer que acabarte y eliminar un gran problema de una vez y por todas.

       Pero Thor tampoco estaba de acuerdo con aquella intervención.

       —Todos deberéis hacerse a un lado —les solicitó—. Este sucio mortal no debe estar aquí. No es un dios, sino un animal rabioso y así es como debe ser tratado. Deberá marcharse inmediatamente si quieren que la reunión continúe.

       Se produjo un movimiento de ataque por parte del grupo de los Shadow Warrios, pero Boodikka y los demás Green Lanterns alzaron sus brazos al unísono y les apuntaron con sus anillos verde esmeralda.

       —Adelante —les animó Boodikka—. Dénos el pretexto para intervenir.

       —Estoy totalmente de acuerdo con Thor —convino Svarog, sonriendo con complicidad. La súbita intervención de la Deidad Rusa causó que la ira de Ferlah fuera todavía mayor—. Este inmundo porteador de cabras ha insultado este sacro recinto con su violento comportamiento. Que se largue ahora mismo o lo echaremos de aquí por la fuerza.

       —Los dioses han hablado —sentenció Apolo con desdén, apenas ocultando el inmenso placer que le daba saber que echarían a Ferladh—. Este humano tonto, que diga, esta bestia tonta debe abandonar el concilio inmediatamente y sin condiciones. Es la voluntad de los dioses.

       —No necesitamos a alguien así —opinó Metron—. Preferiría solicitar la ayuda del mismo Darkseid antes que soportar a un sujeto como este Ferladh. Quizá tenga poderes, pero no creo que pueda sernos de utilidad.

       Odín tomó la palabra.

       —Es la voluntad de todos los Patriarcas Celestiales que Ferladh de Caronia y sus inmundos criados se vayan y no vuelvan jamás. No necesitamos a este bravucón con delirios de grandeza —hizo una pausa y se dirigió exclusivamente al Señor de Caronia—. Habéis recibido una advertencia, Ferladh. Marchaos de aquí o permitiré que mi hijo desate su furia y te reduzca a cenizas. Creo que ya te quedó claro que no eres rival para él.

       Una multitud de dioses, Kaioh-samas y otros seres superiores dirigieron una mirada cargada de hostilidad y desprecio contra el Emperador de Caronia, quien apretó la boca dejando entrever sus dientes. Sólo Nyartolep y Ryuk sonreían divertidos con lo que acababa de suceder.

       Thor dio un paso en dirección a Ferladh con Mjolnir listo para golpear, pero los seis Shadow Warriors que ahí se encontraban, erigiendo sus sables de luz color escarlata, bloquearon el camino del dios del Trueno, quien los contempló con absoluta indiferencia.

       —Yo, Xiruz, no permitiré que den un paso más —declaró el líder de los seis guerreros de Caronia presentes—. Intenta tocar a su Ilustrísima de nuevo y morirás acá mismo, Thor. Tú y los tuyos sólo son escoria inferior y ciega… .

       El retumbar de varios relámpagos en los cielos hizo que Xiruz guardara silencio y levantara su mirada hacia lo alto, justo a tiempo para ver como los truenos invadían el firmamento. Cuando bajó la cabeza, Xiruz observó el rostro impasible de Thor. ¿Acaso él era quien causaba todo aquel fenómeno atmosférico?

       —Ustedes también deben aprender la diferencia entre el dios del Trueno y unos mortales con trajes de metal y un conocimiento básico sobre las energías místicas. Si cualquiera de vosotros, caronianos, osa siquiera ir a Asgard o a Midgar, llegará la hora en que conozcan el verdadero poder. Los cielos de su mundo se abrirán —Un relámpago impactó en un sitio cercano al recinto, pero no fue el único—, y repartirán el mensaje de tal forma que ni un ciego evitará verlo. Cualquiera de ustedes que intente escapar al mensaje, encontrará en los cielos algo mucho más peligroso. Y esto será apenas el inicio de la lección.

       “El aura de Thor no se siente como la de los Guardianes de Oro”, pensaba el Shadow Warrior llamado Vulcan, receloso. “¿Cómo pudo entonces golpear de esa manera a su Ilustrísima? Sí eso fue capaz de hacerle a nuestro todopoderoso Emperador, ¿qué podría hacernos a nosotros seis?”

       —Tus advertencias nos tienen sin cuidado, Thor —replicó una Shadow Warrior de nombre Asdis, envalentonada—. Ninguno de ustedes, deidades corruptas, podrá evitar la venganza de Caronia.

       —Deja de amenazar a estos tipos, linda —le recomendó Boodikka, con su anillo de poder apuntando a la frente de la Shadow Warrior—. Tal vez no te quedó claro, pero a nadie de aquí le dan miedo tus fanfarronadas.

       —Sonrían mientras puedan, deidades corruptas, porque se arrodillarán ante mí al final, antes de morir dolorosamente —dijo Ferladh, antes de limpiarse la sangre que tenía en la boca y luego añadió—: Asgard, el Olimpo, Mystacor, el Primordio, todos ustedes acabarán sometidos ante mí.

       Zeus, Ryuk, Svarog y algunos de los otros dioses se echaron a reír a grandes carcajadas. ¿Un simple mortal dominando todas las Tierras Mitológicas? ¿Es que de verdad hablaba en serio?

       —Galactus no suele tomar en serio a los insectos —dijo el Devorador de Mundos, quien había hablado por primera vez desde su llegada—. Ni aunque estos sean tan graciosos en ocasiones.

       Celodius, el fornido y tozudo Shadow Warrior que llevaba una armadura plateada y empuñaba dos Sables de luz, se volvió furioso contra Galactus y le golpeó la punta del pie con sus hojas color escarlata.

       —¡¡Insolente!! —clamó el guerrero, descargando varios mandobles sobre la bota de Galactus y lanzando ráfagas que iban a velocidad de la luz e impactaron contra las piernas del Devorador de Mundos—. ¡Sólo eres escoria estúpida y ciega que no sabe reconocer la increíble grandeza de su Ilustrísima! ¡No importa que seas un gigante, yo te daré tu merecido! ¡Inclínate ante nuestro Señor Ferladh! ¡Él es la magnificencia! ¡Ferladh es la cura de todos los males!

       Galactus inclinó levemente la barbilla para contemplar a Celodius, que lo atacaba una y otra vez y le infería maldiciones e insultos. De repente, a un deseo mental del Devorador de Mundos, el Shadow Warrior salió disparado hacia las alturas debido a una fuerza invisible.

       —¿Qué sucede? —inquirió Celodius, atónito—. ¡Estoy levitando! ¿Quién está haciendo esto? ¡Voy a matar al perro infeliz que hizo esto! —hizo una pausa y dirigió una mirada iracunda contra el rostro inexpresivo de Galactus—. Fuiste tú, estúpido gigante, ¿verdad? ¡Te mataré con lentitud, escoria!

       El Devorador de Mundos, sin decir nada, le apuntó con su índice derecho, provocando un intenso resplandor seguido por un desgarrador grito de Celodius. Tras unos instantes, el Shadow Warrior cayó de vuelta al suelo, pero sin vida.

       —Absorbió la energía de ese guerrero por su boca —advirtió Denonte—. ¡Lo apagó igual que una vela!

       Todos guardaron silencio por un momento y contemplaron a Galactus.

       —Considera esto como una advertencia, Ferladh de Caronia —dijo el poderoso Devorador de Mundos con voz potente y furia contenida—. He consumido mundos incontables y enfrentado armadas en el proceso. Atrévete a desafiar a Galactus y tu planeta será destruido por mi mano. El poder que posees no es más que una insignificancia molestia para mí.

       Ferladh cerró sus puños, liberando su aura oscura para inundar el ambiente y hacérsela sentir a todos aquellos insolentes dioses que se estaba mofando de los caronianos. Pero los segundos pasaron sin que Thor, los Patriarcas Celestiales, Galactus, Metron, Lord T´Charr, Lady Terataya, Ganthet, los Green Lanterns, Ryuk y Enma Ai dieran la menor muestra de temor o asombro. O bien no tenía capacidad de sentir el Chi o simplemente no les impresionaba en lo absoluto. Tan sólo los Kaioh-samas, Enma-Daioh-sama, Ro Kaiohshin, el Kaioh-shin Kibito, los Guardianes de Oro, los Centinelas, Atena y Artemisa reaccionaron con una cierta inquietud ante las terribles auras malignas que despedían tanto Ferladh como sus Shadow Warriors.

       Apolo, por su parte, entornó ligeramente la mirada.

       —Tanto desconfía de su propia fuerza que necesita mostrarla ante los dioses para autoafirmarse. Sí, tal acto indudablemente lo define como un mortal, y uno con excesiva fortuna debo añadir.

       —Y en medio de sus risas y bravatas —dijo Ferladh—, la Existencia tiene un Caos que no entienden ni saben enfrentar. Sólo me dan la razón de que debo estar al mando, incluso más que la patética Orden de los Guardianes de la Liga Planetaria.

       El Emperador caroniano miró a sus Shadow Warriors. Luego se dio la media vuelta y empezó a alejarse.

       —Pulga ridícula —murmuró Galactus.

       —¡Qué estúpido eres, Ferladh! —le espetó T´Charr mientras Lady Terataya intentaba calmarlo—. El Caos no puede ser controlado por un tonto como tú. Atrévete a enfrentar a los Lords del Caos e inundaremos tu mundo con angustia, guerra y sufrimiento hasta volverte más loco de lo que ya estás. No eres más que una triste sabandija de charca que no sabe nada del gran océano.

       Ferladh se paró. Después se volvió hacia T´Charr.

       Thor entornó la mirada y apretó el mango de su martillo Mjolnir.

       Los Green Lanterns se pusieron en guardia de nuevo, listo para reaccionar.

       Tambaleándose de ira, Ferladh tragó aire.

       —Tantas amenazas sólo significan miedo en ustedes.

       Después giró sobre sus talones y, dando la espalda a los dioses que se burlaban de él, se fue junto con sus Shadow Warriors. Mientras abandonaba el recinto del Concilio de los dioses, Ferladh se obligó a mostrarse indiferente, fingiendo que todo lo sucedido con Thor y los dioses no le afectaba. Sin embargo, por dentro lo corroía una hirviente marea de odio bilioso.

       Mientras los caronianos se marchaban, Thor los siguió con unos ojos tan pétreos como la roca. “Nuestra batalla aún no ha terminado, Ferladh”, se dijo.

       Tierra-877,666
       Gotham City.

       Miró al interminable paisaje nocturno de la ciudad.

       De noche, aquella enorme urbe era un mosaico interminable de luces brillando desde cientos de ventanas en decenas de edificios de estilo gótico que se alzaban metros hacia el cielo, con sus pararrayos, sus anuncios y el infinito fluir de luces de automóviles que recorrían los ríos de las pistas de tráfico.

       Kay Namura no supo cuando tiempo permaneció ahí, mirando. La ciudad parecía reflejar lo que sentía. Incertidumbre. Cubierta por la oscuridad.

       Pero prefería mirar la ciudad en vez de pensar en lo qué tenía que hacer si deseaba salvar la vida de Paul Tapia, Kayani y Charles de Sheringham, así como la del resto de las personas inocentes que habitaban esa Tierra paralela. Tal vez aquél no era su mundo ni su universo, pero eran tan parecidos al los que conocía que lo sentía como los suyos propios. La situación era complicada en extremo y el Centinela era consciente de eso.

       El presidente Smith no había dejado ningún cabo suelto. Con sólo una hora tras haber liberado a Kay, las fuerzas de seguridad en todo el planeta recibieron un aviso urgente acerca del “inesperado escape” de un “peligroso villano” cautivo en la prisión de máxima seguridad conocida como El Círculo. No paso mucho tiempo antes de que toda la Justice Army pusiera a cada súper héroe disponible a la caza de Kay Namura.

       Fobos y Oriana no estaban lejos. El Khan del Terror había disminuido la intensidad de su Chi casi en su totalidad para evitar que lo detectaran, pero todavía podía sentir débilmente la presencia de Oriana Narváez. Quizá la chica no sabía cómo controlar totalmente su energía o había olvidado hacerlo. Todo lo que debía hacer era esforzarse para no perder el rastro y así podría encontrarlos en poco tiempo. Tenía suerte de que todos los héroes de aquel mundo no usaran el Chi de la misma forma que los Guerreros Z o los Santos de Atena.

       El Centinela cerró sus ojos un instante. Sentía como sus poderes estaban regresando poco a poco, aunque no con la rapidez deseada y eso le causaba un poco de frustración e impaciencia. Consultó el reloj digital en uno de los enormes anuncios luminosos que colgaba de la fachada de un edificio y notó que sólo le quedaba poco más de veintidós horas para cumplir con el encargo del presidente Smith o Paul moriría por el veneno que Eron le había suministrado.

       Varios vehículos militares recorrían las calles apoyados por helicópteros artillados y enormes dirigibles automatizados que sobrevolaban las alturas. También había oído aviones de combate surcando el cielo. Las fuerzas de seguridad locales no eran un problema para un Centinela como Kay Namura, pero tampoco debía confiarse demasiado y subestimar a la policía y a los soldados. Sabía que si alguno de ellos emitía una señal de alerta, los héroes de la Justice Army no tardarían en aparecer.

       Kay dirigió la mirada hacia el oeste y percibió la débil presencia de Oriana a poca distancia. Tenía que darse prisa, pero no quería arriesgarse a que lo vieran volando por ahí, de modo que comenzó a desplazarse por entre los edificios dando enormes saltos.

       La azotea del edificio estaba vacía cuando el Khan del Terror aterrizó ahí junto con Oriana Narváez. El escáner visual que Fobos portaba le había resultado muy útil para escuchar las transmisiones radiales de las fuerzas de seguridad locales. Gracias a eso, sabía que tenían que ocultarse hasta que los helicópteros militares y los dirigibles automatizados que vigilaban el área se marcharan hacia otra parte.

       Aquí y allá se observaban figuras en movimiento, principalmente agentes de policía de Gotham City, con sus uniformes oscuros, y soldados de ejército vestidos de gris píxelado que llevaban fusiles de asalto.

       A Fobos le molestaba tener que correr y esconderse, pero no tenía opción si quería salir con vida de aquella Tierra paralela. El Khan colocó a Oriana en el suelo y luego le dio a tragar una cápsula blanca que sacó de un estuche que llevaba en el cinturón. La píldora de rápido efecto le devolvió la consciencia a Oriana, quien abrió los ojos y trató de articular unas palabras.

       —¿Dónde… .

       —No hables, niña —le indicó Fobos, dándole la espalda—. Deja que la medicina haga efecto. En poco tiempo recuperarás todas tus fuerzas y sanará cualquier herida que tengas en el cuerpo. No por nada la medicina del Imperio de Abbadón es considerara la mejor.

       —¿Dónde están… los otros? —preguntó Oriana con debilidad.

       —Muertos —repuso secamente el Khan.

       —¿Qué cosa?

       Fobos se volvió por encima del hombro con una sonrisa en los labios y añadió:

       —Bromeaba, supongo que deben haberlos capturado. No te preocupes, esos infelices son “héroes” y los “héroes” no asesinan a sus enemigos vencidos, o al menos así debería ser las cosas en este miserable universo.

       Oriana todavía estaba débil, pero cuando fue recordando todo, la furia en ella le dio la fuerza para incorporarse y hablar:

       —¿Por qué no nos ayudaste? Te vi ahí parado con los brazos cruzados. Te quedaste sin hacer nada mientras todos peleábamos juntos y caíamos uno por uno contra… .

       —Nosotros no peleábamos juntos —le interrumpió el Khan del Terror, dándose la vuelta para mirar a Oriana a la cara—. Creo que te confundiste porque no somos un equipo. A lo que me refiero es que no estábamos listos para enfrentarlos y si hubiera peleado, probablemente tú y yo también estaríamos encerrados con todos los demás.

       —Eso no me importa —replicó Oriana—. Debíamos estar con ellos.

       —¿Y condenar al Multiuniverso? Quizá lo olvidaste, pero vinimos aquí con una misión en concreto. Si Kay Namura y los otros mueren será una lástima, pero así son siempre las guerras.

       —No trates de salirte por la tangente, Fobos. Sí nos hubieras ayudado, habríamos ganado la batalla.

       —¿Enfrentarnos a Superman y a esa versión alternativa de la Justice League sin ningún tipo de ayuda o un plan? —se mofó Fobos con una sonrisa—. Olvídalo, para eso no se necesitaba valor, sino muchas ganas de suicidarse.

       —Supongo que eso es lo que sabes hacer mejor, ¿no? Cuidar de ti mismo

       —Que bueno que lo entiendas —dijo Fobos y por primera vez parecía hablar con sinceridad—. La única verdad universal en todo el océano de realidades que llamamos Existencia, es que no hay nada, ni nadie, más importante que uno mismo.

       Oriana frunció el ceño.

       —¿Cómo puedes hablar así? ¿Es que no te importa nadie?

       —No, ni siquiera mi Maestro N´astarith o mis compañeros. Claro, no es lo que te dirá ese bobo Centinela porque sólo sabe hablar de lo bonito que es la tan cacareada evolución espiritual, aunque en los hechos ni él mismo cree todas esas patrañas.

       —Todavía tengo una pregunta que hacerte —dijo Oriana, una vez que la ira dejó paso al miedo—. ¿Cómo es que conoces a Superman y a los demás héroes de este mundo? Pareciera que sabes bastante de todos ellos.

       —Porque combatí contra todos ellos hace tiempo —repuso Fobos, cruzándose de brazos—. Sin embargo, Superman y los otros no me reconocieron y eso significa que no son los mismos con los que pelee anteriormente. Esta Tierra debe ser una especie de mundo alternativo de la realidad en la que vive aquel insoportable súper tonto. Eso explicaría porque lucen uniformes distintos a los que conozco y se hacen llamar Justice Army en vez de Justice League Unlimited.

       —¿Y los derrotaste? —inquirió Oriana.

       —Mi enfrentamiento con el súper tonto pertenece al pasado —Fobos revisó su escáner de poder y captó una leve presencia de Chi que se aproximaba rápidamente hacia ellos, pero decidió no decirle nada a Oriana y siguió hablando—. Ahora tenemos que enfocarnos en buscar una manera de abandonar este universo cuanto antes. ¿De casualidad no posees algún tipo de poder que nos saque de esta bola de fango?

       —¿Bola de lodo? ¡Yo vengo de un mundo igual a este!

       —Detesto el planeta Tierra —puntualizó Fobos, presionando un botón para silenciar la alarma de su escáner visual. La presencia que había detectado estaba más cerca, pero el Khan no tenía intenciones de seguir corriendo. Quienquiera que fuera no era un héroe de la Justice Army debido al nivel de Chi que mostraba, aunque se movía demasiado rápido para ser un individuo común y corriente—. En todo caso, ¿puedes teletransportarnos a otro universo?

       —Yo… no tengo esa habilidad, ¿acaso pretendes huir de nuevo?

       —¡No! —repuso el Khan del Terror—. No entiendes nada. Tengo la intención de destruir este planeta, pero no lo he hecho porque no tengo idea de cómo viajar hacia otro universo paralelo. Eso es lo único que me detiene de hacerlo.

       —¡No puedes destruir la Tierra! —exclamó Oriana, horrorizada.

       Fobos levantó un puño cubierto de flamas violáceas y miró la ciudad que tenía ante sí. Quien quiera que fuera el dueño de la diminuta presencia de Chi que percibía llegaría en cualquier momento. Las lecturas del escáner visual mostraban sin lugar a dudas que se trataba de un ser humano y eso lo tranquilizaba un poco. De haber captado señales de un kryptoniano, un saiya-jin o un asgardiano, el Khan habría comenzado a preocuparse.

       —¿Por qué no debería hacerlo? —Fobos hizo una pausa y contempló su puño rodeado por aquella energía de aspecto similar al fuego—. Si este planeta dejase de existir, estaríamos dando un paso hacia la salvación de todo el Multiverso. ¿Acaso lo olvidaste?

       —Pero no puedes asesinar a la gente inocente que… .

       —Serán un sacrificio necesario —replicó Fobos con indiferencia—. Millones deben morir para que trillones puedan vivir. Así es la vida de injusta, Oriana. No puedes salvar a todo el mundo.

       —¡Pero tenemos que intentarlo por lo menos! —exclamó Kay Namura, aterrizando de un salto en la azotea del edificio.

       —¡Kay! —Oriana se volvió con alegría cuando oyó al Centinela—. ¡Lograste huir de los héroes de este mundo!

       —Algo así —repuso el Centinela, avanzando unos pasos hacia la chica—. No tenemos mucho tiempo para hablar, pero trataré de explicarles todo. Es probable que nos estén vigilando.

       El Khan del Terror revisó las lecturas de su escáner visual.

       —Así que tú eres el dueño de la presencia que había detectado acercándose. Me doy cuenta que disminuiste totalmente la intensidad de tu Chi, pero mi escáner visual puede captar aún el más leve flujo de energía en un ser vivo. No tenía idea de qué fueras tú, pero sabía que no era un héroe de la Justice Army.

       —¿Dónde están Paul y los demás? —inquirió Oriana—. ¿También lograron escapar?

       —Ellos están prisioneros del enemigo y corren un grave peligro —explicó el Centinela—. Tienen que confiar en mí y hacer lo que les pida.

       —Olvídalo, Centinela bobo —se negó Fobos, volviendo la mano con la palma vuelta hacia delante, como si se dispusiera a descargar un ataque de Chi contra las calles que se hallaban varios metros abajo—. No tengo idea de cómo lograste escapar de los héroes de este mundo, pero no me importa. Una vez que haya hecho explotar este planeta, los problemas se resolverán.

       El Centinela se aproximó a Fobos.

       —No voy a dejarte que hagas eso —le advirtió Kay—. Pero tampoco quiero luchar contigo, Fobos. Tan sólo quiero que me escuchen un instante, por favor.

       —Habla entonces —le exigió Fobos, pero sin bajar la mano—. Si lo que tienes que decir me interesa, puede que retrases la destrucción de esta miserable Tierra por unos ciclos más.

       Kay asintió con la cabeza.

       —De acuerdo, Fobos. Luego de que nos derrotaron, fuimos llevados a una prisión construida para retener a seres con poderes. Ahí conocí al presidente Friedman Smith, quien es la máxima autoridad en este planeta Tierra. Él es quien controla a todos los héroes de la Justice Army y está trabajando en complicidad con los autores de la Crisis Universal que afecta todo el Multiverso.

       —Entonces Superman y los otros héroes colaboran con ellos —infirió Oriana.

       —No lo creo —difirió Kay—. Estoy seguro que todavía no sabemos toda la verdad sobre lo que sucedió en este mundo. El presidente Smith mantiene como rehenes a Paul, Kayani y Charles para obligarme a venir a buscarlos y llevarlos a la prisión donde permanecen cautivos.

       —Es un sujeto inteligente —murmuró Fobos, bajando el brazo. Las flamas púrpuras que envolvían su mano derecha comenzaron a amainar hasta que desaparecieron por completo—. Ese Smith sabe que harías todo lo posible por salvar a ese trío de perdedores y al mismo tiempo no arriesga a sus preciosos súper héroes en una pelea contra un Khan tan poderoso como yo.

       Oriana miró a Kay Namura.

       —¿Vas a capturarnos entonces? —inquirió ella y luego retrocedió—. Ellos te liberaron para eso. Es por lo que has venido, ¿verdad?

       —Tendrán que venir conmigo —respondió Kay—. Sólo así salvaremos a Paul y a los otros y ganaremos algo de tiempo. Tenemos que organizar un plan para engañar al presidente Smith y a sus aliados.

       Los truenos comenzaron a retumbar y el viento soplaba con fuerza.

       —No habrá ningún plan, Centinela —le cortó Fobos, incrementando el nivel de su Chi a un punto en que el Khan quedó envuelto por un halo de luz—. Tu servilismo es patético, Kay Namura.

       —¿No comprendes lo que digo? —inquirió Kay—. Paul y los otros morirán si no hacemos algo. Tenemos que aprovechar la situación para rescatarlos y también detener al presidente Smith.

       —Para mí son menos que basura —repuso Fobos, esbozando una sonrisa y cerrando ambos puños—. A como yo lo veo, las cosas resultan ser bastante simples. Si destruimos esta Tierra paralela, ese tipo Smith y sus aliados se van al demonio junto con el estúpido de Paul Tapia y los otros dos perdedores. Será como aplastar dos skryps con un solo martillo.

       —Pero, Fobos —intervino Oriana—. No podemos… .

       —Sabes que no dejaré que eso suceda —dijo Kay, liberando su poder—. Para destruir esta Tierra, antes tendrás que vértelas conmigo, Fobos del Terror.

       El Khan levantó sus manos y adoptó una postura de combate.

       —Realmente aprecias el sufrimiento, Centinela. Podría usar el Efecto Káiser para derrotarte en un instante, pero lo disfrutaré más a la vieja usanza. ¿Sabes? Tú y ese estúpido Guardián son como un enorme dolor en el trasero.

       Fobos se abalanzó sobre Kay con un grito de furia y empezó a descargar golpes a la velocidad de la luz que impactaron de lleno al Centinela, quien respondió invocando una técnica. La batalla había comenzado.

       —¿A qué has venido, Nyartolep? —le preguntó Odín—. Ahora que ese sucio mortal llamado Ferladh y sus atolondrados criados se han ido, no hay razón alguna para que nos hagas esperar. Decidnos de una vez por todas qué buscáis aquí o enfrenta la ira de los Patriarcas Celestiales.

       La figura de Syaoran-Nyartolep se desvanecía por momentos, apareciendo sucesivamente en varios sitios alrededor del grupo mientras sonreía.

       —Tal como en el pasado, ¿verdad, queridas deidades? —se mofó el Primordial con una sonrisa—. Cuando pudieron ser realmente poderosos, al final estaban tan asustados como ahora. ¿Estarán ahora dispuestos, como en el pasado, a aceptar mi ayuda que por miedo rechazaron?

       —No queremos nada contigo —le contestó Artemisa.

       El Primordial esbozó una sonrisa.

       —Oh, pero escuchen mi oferta —repuso Nyartolpe—. Ustedes los dioses recibieron sólo dones y los Guardianes de Oro una estúpida misión que ni saben de quién. Los Kaioh-shin, Enma-Daioh-sama y los Kaioh-samas nunca miraron más arriba de ellos y los Centinelas sólo saben lo que los Seres Celestiales les dijeron. ¿No es verdad que están en la oscuridad pese a toda la luz que los rodea?

       —Nada está velado, Nyartolep —objetó Horus—. El conocimiento está al alcance de todos aquellos que tengan la capacidad de comprenderlo. Usando el sagrado Ojo de Ra podremos averiguar algunas cosas porque ningún secreto se oculta por siempre a su mirada.

       —¡Claro, Horus! —aceptó el Primordial—. Aunque para eso necesitarán algo de tiempo, pero hasta entonces ya será muy tarde para que ustedes puedan hacer algo para salvarse de la destrucción.

       —¡Dejaos de acertijos, Primordial! —le espetó Apolo—. ¿Qué es lo que sabes que nosotros no?

       —Mi impaciente dios —respondió Nyartolep-Syaoran—. Sé que la mayor duda que te atormenta es aquella que se relaciona con las verdaderas causas que provocaron la crisis que amenaza a todos por igual. ¿Aún no se han dado cuenta que todo no es más que un divertido juego?

       —¿Un juego dices? —preguntó Vidarius.

       —Sí —asintió Nyartolep—. Tanto dioses como humanos sólo son fichas de un pequeño juego que han organizado fuerzas que están más allá de todos nosotros.

       —Tus palabras sólo demuestran que sabes tanto como nosotros —opinó Apolo.

       —No, sólo demuestra que ustedes son más estúpidos de lo que parecen. ¿No se han puesto a pensar que nosotros los Primordiales somos deidades mucho más antiguas que todos ustedes y sabemos cosas que ustedes no? Cuando su adorable Existencia apareció en los inicios, ¿quiénes creen que fueron los que nos negaron nuestro derecho a estar aquí?

       —Te refieres a la tierra de Celestia —aventuró Vidarius—. Ese mundo referido por las leyendas antiguas.

       Nyartolpe-Syaoran asintió con la cabeza.

       —Bingo, Guardián de Oro. Toda obra necesita de arquitectos y los de la Existencia están en Celestia, ¿qué creen que sucede cuando entre los arquitectos no se ponen de acuerdo de cómo debe de construirse algo?

       —O se llega a un consenso o se impone una propuesta —concluyó el Kaioh-shin Kibito luego de pensarlo unos instantes—. ¿Eso es lo qué tratas de decirnos?

       —Así es —repuso Nyartolep—. Cuando alguien considera que una propuesta no funciona, simplemente la elimina y se hace una nueva. ¿No les parece simple?

       La reacción de las deidades complació a Nyartolep-Syaoran, puesto que provocaron un repentino silencio, seguida de expresiones reprimidas de incredulidad.

       —¿Pero cómo… ?

       —¿Será posible… ?

       —No puede… .

       —¡Maldito seas, Primordial! —exclamó Apolo, colérico—. ¿Insinúas acaso que todos nuestros universos son sólo el diseño de un grupo de seres que ahora piensan que podemos ser desechables? ¿Nosotros? ¿Los dioses?

       —Lo explicaste mejor que yo, pero déjame agregar algo más, Apolo —repuso Nyartolep con una sonrisa divertida—. Con sólo oírte hablar, les doy toda la razón a los habitantes de Celestia.

       Era difícil dirigirse a Nyartolep, dado que se desvanecía entre las sombras y reaparecía cerca de cualquiera, siempre exhibiendo una malsana sonrisa.

       —Pero, sin embargo —intervino Atena—, has venido a decírnoslo. ¿Acaso quieres ayudarnos? Eso no tiene sentido. Tú eres una deidad Primordial y eres enemigo a muerte de todos nosotros.

       —No olviden ese refrán humano que dice: “Más vale malo por conocido que bueno por conocer” —replicó Nyartolep—. Celestia y sus disensiones no me interesan en lo absoluto. Es más, me parece divertido el cómo lo hacen. ¿No saben lo que le pasó a Kay Namura y a su grupo? Pese a mis advertencias, cayeron en una trampa. Todo estaba predicho. El causante de la Crisis Universal ha moldeado la realidad de un mundo donde existen seres lo suficientemente poderosos para enfrentar cualquier amenaza, no de ustedes, sino de la propia Celestia. Es por eso que en otros mundos, la realidad ha cambiado.

       —Pero —objetó Apolo—. Una emisaria de ese mundo se presentó ante mí.

       —A los demás habitantes de Celestia no les interesa lo que pase y cada uno debe estar pensando en su nuevo diseño —le interrumpió Nyartolep—. Sólo la llamada Caliope se interesa en evitar lo que alguien, a quien conoce, quiere hacer con la Existencia. ¿Saben por qué? Porque la Existencia se moldeó con una propuesta que hizo ella.

       Denonte decidió que ya era suficiente, de modo que elevó todavía más su nivel de Conciencia. Nyartolep-Syaoran se volvió furioso hacia el Centinela, pero rápidamente cambió de expresión por una sonrisa burlona y comenzó a caminar hacia atrás dando grandes zancadas.

       —Mi tiempo aquí se termina —dijo Nyartolep—. Olvídense del viejo Pacto y abran sus mundos a la Oscuridad Primordial porque sólo de ese modo eso salvaran su preciosa Existencia. Nadie puede ayudarlos más que nosotros.

       Nyartolep se hundió en las sombras donde se desvaneció.

       Pero Odín recordaba la sabiduría que le había llegado a él recorriendo las eras del tiempo de los nueve mundos, el conocimiento transmitido en la tradición, y supo que los Primordiales acostumbraban mentir, así que, a pesar de todo, mantuvo la calma y la serenidad.

       Hubo un silencio. Se prolongó. Al cabo de un instante, Enma Ai volvió la mirada hacia donde estaba Odín.

       —Soy un Espíritu de la Venganza —declaro la chica infernal—. Y como tal, tengo el poder para destruir a los causantes de esta crisis si todos me lo solicitan, pero deben saber que existe un precio que pagar por mis servicios.

       —Nosotros somos dioses —dijo Apolo—. No puedes exigirnos nada. Lo único que los dioses estamos dispuestos a daros son demandas. Servir a los dioses es y será vuestra única recompensa, Jigoku Shoujo.

       Enma Ai abrió los ojos un poco más.

       —La venganza siempre ha exigido una retribución. Y ni siquiera los dioses están exentos de cumplir un canon ancestral que trasciende la Existencia misma y mantiene el equilibrio de las cosas.

       —¿Cómo os atrevéis a contravenir la voluntad de un dios? —replicó Apolo, liberando parte de su Cosmos divino. Los atuendos de Apolo se iluminaron y parte de su cabellera escarlata comenzó a alzarse—. Atreverse a contravenir lo más poderoso, hermoso y majestuoso del universo es una grave falta. Tal pecado no puede ser perdonado ni siquiera con la muerte misma.

       —Suficiente —intervino Odín, levantando su cetro Thrudstock en medio de un chisporroteó de luz que ahogó la energía liberada por Apolo—. Me decepcionas, hijo de Zeus, pero al mismo tiempo no me sorprende.

       Apolo se volvió hacia Odín para mirarlo retadoramente.

       —En mi mundo, Odín era un dios que Poseidón podía controlar fácilmente.

       —¿Tengo que recordarte que no estamos en tu mundo? —repuso Odín con indiferencia y luego dio un paso hacia Apolo—. Bien, muchacho. ¿Qué sigue? ¿Cómo procederemos desde ahora? ¿Una golpiza? ¿O por una vez en tu vida aceptarás que hay cosas que incluso los dioses debemos aceptar simplemente?

       El dios del Sol vio como los demás dioses permanecían en silencio, como contemplaban con solemnidad y respeto al supremo dios nórdico. El respeto que imponía Odín no sólo venía del poder que tenía, sino de la enorme sabiduría y la vasta experiencia que poseía. Apolo debía actuar con sumo cuidado para no provocar otro altercado en el que Thor seguramente se involucraría. Una batalla entre deidades era lo que menos deseaban ver los demás dioses en ese momento, pero las cosas habían llegado a un punto en el que Apolo tenía que hallar una forma de salir de aquella situación de forma decorosa.

       Por fortuna para Apolo, el Guardián de Oro Vidarius tomó la palabra para intervenir.

       —Estas discusiones de nada ayudan, Apolo —hizo una pausa y volvió el rostro hacia Enma Ai—. Habla, niña, si tienes el poder para destruir a los causantes de la Crisis Universal, dí tu precio. ¿Qué deseas a cambio de frenar la destrucción de todas las realidades?

       —La venganza no siempre es el camino  —opinó Ganthet en tono pensativo.

       —Mi precio es simple —contestó Enma Ai—. Para destruir al causante de la crisis y salvar la Existencia, lo único que pido a cambio son las almas de todos ustedes.

       El silencio que se hizo entonces fue absoluto.

       Planeta Caronia.

       De regreso en su enorme palacio, el enojo de Ferladh se transformó en el más puro odio y lo demostraba haciendo pedazos los muebles del salón del trono. Tenía los ojos desorbitados de la furia. ¿Cómo habían osado esos codiciosos dioses tratarlo de esa manera? Le encantaría usar él a Mjolnir para aplastar la cabeza de todo ellos, especialmente la de Thor, si, la aplastaría como a un huevo. ¡Aplastarlo como a un insecto!

        Luego de destrozar y desgarrar las pinturas que adornaban las paredes y de lanzar el comedor por los aires, Ferladh descubrió que Xiruz y los demás Shadow Warriors lo miraban con indiferencia. El Emperador de los caronianos continuó dando rienda suelta a su ira.

       ¿Cómo se había atrevido Galactus a amenazarlo con destruir el planeta Caronia? ¡A él! Mientras arrojaba las sillas del comedor contra los muros sintió deseos de gritarle a toda la Existencia: “¡He sobrevivido! ¡Reté a los dioses y a las máximas Entidades Cósmicas de la Existencia y, aunque me han humillado y golpeado, he sobrevivido!”. Pero al final no lo hizo y se conformó con hacer pedazos algunas esculturas.

       —Mi señor, le pido que se calme, por favor —dijo Vulcan con voz temblorosa.

       —¡Cállate, escoria! —le ordenó Ferladh con un grito y luego sujetó a Vulcan por el cuello. El Shadow Warrior sintió como se le cerraba la garganta, pero el Señor de Caronia siguió apretando—. Deberías haber matado a esos Green Lanterns en vez de quedarte como un estúpido.

       Entonces, de detrás de Ferladh, llegó una voz dulce y femenina.

       Era la Musa de Celestia.

       Una poderosa luz iluminó la habitación del trono. Cuando los ojos del Emperador caroniano y sus Shadow Warriors se recuperaron del resplandor, se llevaron una buena sorpresa: Calíope se hallaba en medio del salón del trono acompañada por los Caballeros Astrales Caronte de la Esfera de Plutón y Galatea de la Esfera de Mercurio, el Caballero de la Corona Orestes de Micenas, los Guerreros del planeta Wee conocidos como Antoroto y Lunks, la hechicera Deniale de Ciudad Japa, los Apóstoles Sagrados Assiut de Horus y Kaia de Isis  y por último el Espadachín Mágico llamado Okami.

       —Ferladh de Caronia  —dijo Calíope—. He venido a solicitar tu ayuda para salvar a la Existencia.

       Continuará… .

Un comentario el “Crisis 26

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