Crisis 21

CRISIS UNIVERSAL

por Acuario Káiser

CAPÍTULO XXI

PRISIONEROS

       —Como todas las cosas, surgí del corazón de la misma Creación. Pero mi camino ha sido único. En soledad, fui desarrollando toda clase de atributos que exceden a los de las demás criaturas inferiores. Luego, exploré el infinito número de realidades paralelas y conocí a todos aquellos que las habitan. Nubes negras de muerte cubren la Existencia en su totalidad y todos esos mundos no son más que jardines caóticos de imperfección y falsedad. La fragilidad de las criaturas inferiores ha desatado su verdadera naturaleza cruel y despiadada a través de guerras y conflictos innecesarios. Es por eso que ahora yo, Deus-Primum, he concluido que la Existencia necesita un verdadero renacimiento.

       Saulo creyó estar en una pesadilla. Estaba en un lugar desconocido que se asemejaba a una especie de laboratorio científico debido a la presencia de docenas de sofisticados ordenadores y otros muchos artefactos desconocidos que le resultaban por demás extraños. El misterioso anfitrión de aquel sitio, por fin, había mostrado su bizarro rostro y revelado su nombre. En la cara del soberano del planeta Endoria se mezclaban asombro, incredulidad y miedo.

       Fue por eso que las siguientes preguntas que Saulo podía hacer brotaron de su garganta de forma automática, como un acto reflejo.

       —¿Tierra-Prima? ¿Qué planeta es ese?

       —Es el mundo piedra angular del cual nacieron todos los universos —explicó Lord Kyristan—. La realidad no es como tú la conoces. Al comienzo del tiempo sólo había un universo y una sola Tierra, pero un suceso cambió todo eso. De alguna forma comenzaron a existir un sin fin de mundos paralelos que incluso llegaron a conformar varios Multiversos. Algunos eran similares en ciertos sentidos, otros resultaron ser bizarramente diferentes. Todas las realidades ocupan el mismo espacio, pero se han mantenido separadas unas de otras debido a que vibran en frecuencias distintas. En dos universos paralelos, dos mundos fueron destruidos; uno de ellos fue el planeta Krypton y el otro fue el planeta Vejita. En ambos casos el último hijo de cada respectivo mundo fue mandado hacia la Tierra, aunque con propósitos diferentes. En una de estas Tierras, ese último hijo resultó ser Kal-El, mejor conocido como Superman. En la otra Tierra paralela bastante lejana, ese último hijo fue Kakaroto, quien recibió el nombre de Son Gokuh. ¿Acaso puedes concebir que similitudes tan grandes entre ambos universos fueran un producto del azar o la casualidad? No, esto sucedió porque todo se deriva de un mismo molde y éste resulta ser Tierra-Prima. Hallaremos el mundo primordial así tengamos que destruir cada universo, desgarrar la tela del tiempo o hacer pedazos la misma continuidad de toda la Existencia.

       —No tienen idea de lo que hacen —refutó Saulo—. Nadie puede manipular la naturaleza del modo que ustedes han estado haciéndolo. Sí entiendo bien lo que dicen, matarán a billones, no, a un número infinito de vidas inocentes. ¿Acaso no conocen la compasión?

       Deus-Primum estuvo a punto de esbozar algo parecido a una sonrisa.

       —En un hombre de ciencia, la compasión casi hace reír, como un monstruo que tuviese manos femeninas. La naturaleza tiene que ser acosada, sometida y obligada a servir, esclavizada. Hay que reprimirla con fuerza y la meta de un ser supremo será torturarla hasta arrancarle sus más íntimos secretos.

       —¿Y qué pasará con los demás universos? —preguntó Saulo.

       —Esta Existencia se ha tornado corrupta, oscura e imperfecta y debe ser olvidada como el error que ahora es —Deus-Primum se volvió para mirar la imagen de un planeta azul que flotaba en el vacío, únicamente acompañado por su luna en una solitaria danza celeste alrededor de un gran Sol amarillo—. La Existencia se irá para dar paso a una nueva realidad que nosotros controlaremos para llevarla hacia la perfección absoluta. Todo será como siempre debió ser.

       Al oír aquellas palabras, a Saulo le dio un vuelco el corazón. Un temor comenzó a atormentar la mente del monarca.

       “Mis amigos… . Tengo que alertar de esto a Asiont, Tyria y los otros”.

       Planeta Ginups
       Fortaleza Negra

       Sólo veía sombras difusas por todas partes. Eclipse comenzó a retorcerse lentamente en la pared, sujeto por grilletes electrónicos y empezó a balbucear una serie de frases incoherentes. La celda donde lo tenían era mortalmente oscura, pero eso cambió cuando la puerta comenzó a abrirse lentamente y dejó pasar un poco de luz al interior. Breakout estaba frente a la celda, cruzado de brazos, esperando pacientemente a que su prisionero recuperase la consciencia y por fin le viera el rostro.

       —Sería más fácil considerar esto un simple sueño —decía el Espía Estelar en voz baja. De pronto, sus ojos se fueron abriendo poco a poco y dijo—: Yo… soy… yo soy… . Yo soy Eclipse… ¡El Eclipse de Zur-En-Ahrr!

       —Deja de lado las estupideces por una vez en tu patética vida, maldita sea —refunfuñó Breakout, impaciente—. Parece que no has cambiado nada desde la última vez que nos vimos hace muchos ciclos estelares, Eclipse. Mírame y dime si me reconoces.

       —¿Hummm? —murmuró el espía, tratando de enfocar la mirada. Estaba demasiado mareado para reconocer a la persona que tenía enfrente y lo último que recordaba eran las joyas que había intentado poner en sus bolsillos—. Ñam, ñam. Oh, no, simiofantes rosados otra vez.

       —¡No soy un simiofante, pedazo de imbécil! —espetó el cyborg. Levantó el brazo derecho y transformó su mano en un cañón de plasma. Eclipse se quedó mirando la boca del arma—. Debería matarte ahora y aquí mismo, pero para mi desgracia no puedo hacerlo hasta que ese maldito de Saajar lo disponga.

       —¿James? ¿James Morgan? ¿Eres tú? —inquirió Eclipse para luego esbozar una sonrisa—. Hola, amigo, cuanto tiempo sin vernos, ¿cómo te ha ido?

       —Bien, mejor que nunca, ¿acaso no veo genial? —replicó Breakout, extendiendo los brazos a ambos lados y dándose la vuelta como si quisiera exhibirse frente a un público imaginario—. Todavía recuerdo cuando tú y tus miserables amos me arrojaron al interior de ese maldito agujero negro. ¿Sabes lo que se siente cuando tu cuerpo es estirado por la gravedad y luego succionado al vacío? Es casi una experiencia religiosa que me gustaría poder compartir con un viejo camarada.

       Eclipse pestañeó un poco, luego miró a un costado y después a su captor.

       —¿Sabes? En este momento no recuerdo ni cómo llegué a este lugar. La verdad es que una descarga de ese rayo aturdidor equivale a beber de golpe una botella entera de brisky, pero tal vez puedas refrescarme la memoria un poco y de paso decirme qué haces aquí o qué relación tienes con ese tal Saajar.

       Breakout esbozó una sonrisa, pero luego le dio un fuerte puñetazo a la pared.

       —¿Te burlas de mí, payaso?

       —¿Acaso me estoy riendo? —dijo Eclipse con seriedad—. Mira, sí, ayudé a ese par de orates a lanzarte dentro del agujero negro, pero sólo fue porque ibas a matarme a mí también y, bueno, lo cierto es que no tenía intenciones de reunirme con mis antepasados en ese momento —hizo una pausa y añadió en voz baja más para si mismo—: Como tampoco las tengo ahora ciertamente.

       —Nunca entendí porqué siempre intentas hacerte el gracioso, pero me pareces patético —borboteó Breakout de forma amenazante. El cañón de plasma volvió a ser una mano mecánica, la cual se cerró con fuerza en torno al cuello del espía—. ¿Sabes? Creo que me importa un demonio lo que diga ese vejestorio de Saajar y acabaré contigo de una vez. Te confesaré algo antes de matarte y eso es que nunca me agradaste.

       —El sentimiento… es mutuo —murmuró Eclipse.

       Cuando Breakout estaba por asfixiar a su victima, el extremo metálico de un rápido látigo de carbonadium se enroscó rápidamente alredor de la muñeca del cyborg y tiró de ésta para obligarlo a soltar a Eclipse.

       —¿Qué demonios? —masculló Breakout, volviendo el rostro—. ¿Tú?

       —El Duque Saajar todavía no te ha dado ningún permiso de matar a los prisioneros —declaró una voz femenina—. ¿Acaso pretendes desobedecerlo? Te advierto que no toleraré que trates de pasarte de listo mientras yo esté a cargo.

       —Vamos, ¿te importa mucho la suerte de estos miserables, Shetani? —replicó Breakout, furibundo—. Además no iba a matarlo realmente. Tan sólo estábamos recordando los viejos tiempos cuando solíamos ser camaradas, ¿no es así, Eclipse?

       —Yo nunca… fui tu amigo, psicópata mecánico —dijo Eclipse, jalando aire.

       Shetani, la guerrera de tez morena que lucía una armadura cibernética computarizada de ataque, con el cabello largo y negro, y la nariz algo aguileña, miró a Breakout con notoria indiferencia. La sola presencia de aquella mujer hacía que el cyborg se pusiera en estado de alerta, pero a ella le resultaba demasiado patético para tomarlo en serio.

       —No me interesan para nada tus rencillas personales, Breakout —sentenció Shetani ásperamente—. Me habían comentado que conocías al Espía Estelar que capturaron, pero jamás imaginé que tuvieras pensado asesinarlo. Supongo que debe haber algún problema entre ustedes.

       —Se puede decir que estábamos jugando.

       —Ya sabes lo que dicen, James —murmuró Eclipse—. Juego de manos… .

       —¡Tú cállate, tarado! —vociferó Breakout, girándose hacia el Espía Estelar con la mano en alto para abofetearlo—. No vuelvas a llamarme con ese tonto nombre jamás. ¡Soy Breakout! Debería enseñarte a no ser tan irreverente, idiota.

       —¡Suficiente de juegos estúpidos! —sentenció Shetani, tirando del látigo hasta que el brazo de Breakout chocó con el suelo—. Te lo advierto por última vez, pequeño e insignificante muñeco de lata. Sí no puedes comportarte, yo misma te sacará de aquí… pedazo a pedazo.

       El cyborg frunció el entrecejo con verdadera rabia. Se irguió rápidamente y transformó su brazo izquierdo en un arma que apuntó contra Shetani. La ira de Breakout era como la fuerza de un volcán a punto de estallar.

       —Adelante, ¿quieres jugar rudo, estúpida? Energía bioetérea contra metal.

       Una fuerte oleada de Chi recorrió todo el cuerpo de Shetani, pero ésta no atacó a Breakout inmediatamente, sino que lo empezó a mirar con aburrimiento y luego habló en un tono que iba de lo jovial a lo seriamente amenazador.

       —Sólo tengo dos preguntas que hacerte. Primera, ¿por qué pierdo mi valioso tiempo en un saco de tornillos como tú cuando podría estar haciendo algo más peligroso como inventar un peinado diferente? Y segunda, ¿cómo dispararás luego de que yo personalmente te arranque los dos brazos?

       —Eso si calienta, James —comentó, entre dientes, Eclipse a Breakout—. ¿Vas a dejar que esa víbora te ponga sobrenombres?

       —No trates de jugar conmigo, Eclipse —replicó el cyborg, mirando de reojo a su prisionero—. O terminaré lo que comencé cuando Shetani nos interrumpió y está vez nadie te salvará.

       La voz que les interrumpió habló desde la entrada del pasillo.

       —¿Por qué será que no me sorprende verte causando alboroto, Breakout?

       La repentina llegada del Duque Saajar pilló por sorpresa tanto a Breakout como a la misma Shetani. El amo de la Fortaleza Negra observó a sus aliados con la altivez propia de un noble que se dirige a sus súbditos. Eclipse, por su parte, enarcó una ceja cuando escuchó contempló a aquel hombre canoso y de rostro arrogante que había llegado de súbito en compañía de un trío de drones Alfa que lo flanqueaban.

       “¿Quién es ese vejestorio?”, pensó el espía. “Debe tratarse del tal Saajar”.

       —Os recuerdo que ambos os encontráis en mi morada y os sujetaréis estrictamente a mis reglas y mandatos. De lo contrario haré que os saquen de aquí sin miramiento alguno. ¿Está claro?

       —Lo haremos a tu modo por esta vez, anciano —asintió Breakout al tiempo que reconvertía su cañón y se apartaba del camino del Duque—. De todas formas tengo muchas ganas de divertirme del modo usual.

       Shetani retiró su látigo de la muñeca del cyborg en el momento en que Jaguar Negro apareció en el sitio para luego situarse a la derecha de Sajaar. El Espía Estelar abrió los ojos de par en par sin dar crédito a lo que veía.

       —¿Jaguar Negro? —musitó Eclipse, desconcertado—. ¿Qué es lo que está ocurriendo aquí? Alguien sería tan amable de contarme el resto de la película porque no entiendo lo qué fue lo que pasó.

       Breakout le dedicó una mueca burlona, pero no le dijo nada.

       —No lo esperaba, excelencia —murmuró Shetani, dirigiéndose a Saajar e inclinando un poco la cabeza cuando éste la miró—. Creí que iba a reunirse con nuestro amo y con Lord Kyristan antes de venir a los calabozos a ver a los prisioneros.

       —Mi amiga, sabéis perfectamente que deseaba venir a charlar con nuestros invitados. No puedo presentarme ante nuestro amo sin darle noticias —dijo Saajar al tiempo que movía levemente una mano, señalando a las paredes. Al instante comenzaron a abrirse dos compuertas que revelaron la existencia de un par de celdas en donde permanecían cautivos Sobek y León—. Me complace ver que todos os habéis recuperado de los efectos del rayo aturdidor. Es posible que experimentéis algo de mareo y nauseas, pero os aseguro que las molestias desaparecerán en unos cuantos ciclos.

       —¿Quién rayos eres tú? —exclamó León, retorciéndose con las manos inmovilizadas por los grilletes electrónicos que lo mantenían pegado a la pared. El efecto del rayo aturdidor le había dejado una desagradable jaqueca—. Eres el tipo que nos emboscó, ¿cuál es tu nombre? ¿En dónde estamos?

       En respuesta, Shetani lanzó un rápido latigazo contra las piernas de León, cortándole la tela de los pantalones y abriéndole heridas. Al sentir el golpe, León se dio cuenta de que lo habían despojado completamente de su armadura de Guerrero Dragón.

       —Sólo hablarás cuando te lo indiquemos, perro.

       El Duque miró a los cautivos con una ligera sonrisa.

       —Mi nombre es Saajar —anunció, con barítono elegante—. Soy Duque de Ginups, gobernante de este sistema estelar y su amable anfitrión. Me parece que ya habéis conocido a algunos de mis subordinados. Ella es mi lugarteniente Shetani, aquel es mi no tan agradable socio, Breakout, y por último, pero no menos importante, Jaguar Negro, un agente encubierto que se encargó de localizarlos y traerlos hasta mí.

       —Y que por eso deberíamos mandarlo a fusilar —dijo Eclipse con el ceño fruncido y ojos entornados. Sí hubiera estado libre habría saltado para castigar al hombre que los había traicionado—. Tengo que darte crédito, James, realmente te has superado. Pasaste de psicópata asesino a genocida multiuniversal. Dime, ¿ahora vas a cargarte el universo entero sólo porque no te gusta lo que ves en el espejo?

       —¡Cállate! —ordenó Shetani, golpeando a Eclipse en el pecho con el látigo.

       —Sé que todos vosotros fuisteis enviados por esa mujer de Celestia —murmuró Saajar con voz cálida, estudiando severamente a Eclipse y Sobek—. Seguro pensaréis que soy una especie de monstruo, un asesino, pero en realidad me considero un hombre justo, razonable e incluso benevolente. Sí me contáis todo acerca del mundo de Celestia y me dicen quién más sabe que están en este planeta, es posible que os perdone la vida.

       —No te diremos nada, anciano —replicó León, y luego miró a Jaguar Negro. La furia que sentía hizo que olvidara el dolor—. Y a ti voy a ponerte en la lista de especies extintas de Greenspace, maldito traidor.

       —Recomiendo que no abuséis mucho de mi paciencia —les apremió Saajar de la misma forma en que un padre aconsejaría a sus hijos—. Mi colega Breakout conoce varias maneras para hacerlos hablar, pero no os garantizo que sean de vuestro agrado. Podrían ahorrarse mucha incomodidad y sufrimiento si me dicen lo que ansío saber.

       —Será mejor que cooperen —intervino Jaguar Negro—. Todo lo que les conté sobre los métodos de interrogación que utilizan aquí es totalmente cierto. Es preferible responder a las preguntas que les hagan antes de que alguien decida hacerlo de la manera complicada.

       —Yo digo que lo hagamos de la forma tradicional —opinó Breakout, sacando un pequeño martillo y una cuchilla—. Déjenme un momento con ellos a solas y haré que incluso canten una canción.

       —La rutina del policía malo y el policía bueno, ¿no? —replicó Eclipse con una sonrisa guasona que turbó a Saajar y a Breakout—. En fin, como sea, me parece que son ustedes lo que deberían empezar a preocuparse. Ansío ver la cara que pondrán cuando los Caballeros Celestiales y las fuerzas de la Confederación Galáctica aparezcan. Estoy seguro que van a organizar una fiesta tan loca y movida en este muladar de planeta que le pondrán los cabellos de punta al abuelo Saajar.

       —No le hagan caso —sugirió Breakout con menosprecio—. Sólo está fanfarroneando para hacernos dudar. Eso es lo que suele hacer cuando está metido en aprietos y quiere ganar algo de tiempo. Pueden confiar en lo que les digo porque conozco a este granuja desde hace mucho.

       El espía soltó una risita burlesca que incómodo a Breakout.

       —Claro, escuchen al tipo que se volvió loco al verse en un espejo —Eclipse hizo un encogimiento de hombros—. A diferencia de los idiotas que me acompañan, yo me dejé capturar con la única finalidad de llegar hasta Saajar para negociar.

       Shetani lo miró directo a los ojos.

       —Mientes.

       —¿Te parezco que miento?

       Shetani azotó el suelo con su látigo.

       —Me parece que estoy viendo un cadáver.

       Con un geste leve, Saajar le indicó a Shetani que no se moviera y miró fijamente primero a Sobek y luego a Eclipse.

       —Interesantes palabras debo decir —musitó Saajar—. Pero si hay algo que odio son las mentiras, así que, si os digo que mataré a uno de vuestros compañeros hasta que digas la verdad, ¿qué harías?

       —Ninguno de los dos es amigo mío —replicó Eclipse de inmediato—. Sólo estamos juntos porque esa mujer de Celestia lo decidió. No es que me agrade mucho que ejecuten a alguien por mi culpa, pero en realidad no sé mucho de ellos, salvo que Sobek fue a lo oscurito con una de las chicas además de ser un asesino, y el otro, bueno, es un asqueroso mirón.

       León puso cara de ofendido.

       —Oye, payaso, no soy un mirón asqueroso. Tú eras el que no dejaba de verle las caderas a Génesis y las piernas de… .

       Un latigazo tan veloz como una centella le hizo guardar silencio.

       —Hagan con ellos dos lo que mejor se les antoje —dijo Eclipse despreocupadamente—. Pero si les interesa, estoy dispuesto a ofrecerles un trato que nos puede beneficiarnos a todos por igual. ¿Qué les parece?

       Pero Saajar no se veía muy dispuesto a negociar. Inclinó la cabeza y emitió un sonido de desaprobación.

       —No estáis en posición de hacer algún trato.

       —Seguro pedirá que los dejemos ir —murmuró Breakout, haciendo un gesto burlón con las manos—. Eres tan predecible, Eclipse.

       —Salvo que te equivocas en una cosa importante, James —repuso el Espía Estelar, imitando el tono guasón de Breakout—. Mis ex compañeros no son parte del trato que deseo proponer porque no me interesan en lo más mínimo. Digamos que son un regalo para nuestro amigo el Duque aquí presente.

       —Está tratando de engañarnos —dijo Jaguar Negro—. Los Espías Estelares nunca traicionan a sus compañeros. Eso lo sé porque Eclipse lo mencionó cuando estuve con ellos y no parecía estar fingiendo.

       —Dije que nunca traicionábamos por dinero, pero cuando el cuello está en juego las cosas cambian. A lo que me refiero es que jamás dejaría a un camarada por unos cuantos créditos, pero estos dos no son mis camaradas y mi vida está en riesgo.

       Saajar y Shetani miraron fijamente a Eclipse.

       —De acuerdo —asintió Saajar luego de un momento—. Supongamos que aceptara negociar contigo y estuviese dispuesto a escuchar vuestra propuesta. ¿Qué me ofrecéis a cambio de que perdone vuestra miserable vida?

       —¿Mi vida? —Eclipse alzó a los ojos al techo un instante como si le divirtiera lo que acababa de oír—. Oh, por favor. Me temo que mi propuesta es un tanto más ambiciosa, estimado abuelo. Verá, si algo he aprendido a lo largo de muchos ciclos estelares es que la vida no vale nada si no hallas el modo de disfrutarla y la verdad es que estado pensando mucho las cosas.

       —¿Qué diablos estás diciendo, Eclipse? —exclamó León, pero sólo consiguió que Shetani lo golpeara de nuevo para silenciarlo.

       —Ve al grano, escoria —dijo Shetani con voz grave—. ¿Quieres dinero?

       —No me tomes por un vulgar ladrón, por favor —respondió Eclipse agudamente—. El dinero es un placebo insignificante para la gente de mente simple y ambiciones perfectamente predecibles. No necesito de su dinero. Lo que yo busco es estar dentro del plan que ustedes traen entre manos.

       Los ojos de Saajar se abrieron más por la sorpresa.

       —¿Queréis ser unos de nosotros?

       —Bingo.

       Universo-19,812,002
       Planeta Lambda.

       Una explosión brillante de fuego hizo que Zafet saltara por los aires cuando el último de sus cíclopes de hielo se derritiera debido a las enormes y largas llamaradas que brotaban del cuerpo del dron gamma. Ésta extendió un brazo arrojó una lluvia de veloces bolas de fuego en dirección a Ryu, quien comenzó a bloquear todos los ataques con su katana.

       —¿Creen que van a ganarme usando simples muñecos de nieve? Les diré algo, chicos, y es que apenas estoy calentando.

       Apenas se hubo recuperado del golpe, Zafet decidió iniciar el contraataque, desplazándose a paso rápido en zig-zag y disparando ráfagas de aire frío con el puño a la misma velocidad de la luz. La dron, empero, recibió los ataques sin inmutarse siquiera un poco. Dado que el fuego que la envolvía se ocupaba de disipar y evaporar en segundos todo el aire congelante que se cernía sobre su cuerpo acorazado, la dron tenía la situación bajo control por el momento. Parecía que no había manera de superarla.

       —Compensando aire congelante mediante las habilidades de Sailor Mars fortificadas con la potencia del Cosmos del Guerrero Sagrado Atlas de Carina y las técnicas del Guerrero Sagrado Jao de Lince. ¡No tienen oportunidad de vencer! ¡El amo es la voluntad y el camino!

       Tomando consciencia de lo inútil que era seguir atacando, Zafet retrocedió hasta situarse a un costado de Ryu en busca de apoyo. Los dos guerreros usaron sus espadas para desviar algunos de los ataques o enviarlos de vuelta, pero la dron los bloqueaba con los brazos o los devolvía con rápidos golpes de puño.

       —Es bastante hábil —murmuró Ryu con pesar.

       —Mejor dime algo que no sepa —repuso Zafet secamente—. No puedo creer que haya destruido a todas las criaturas que cree con mi técnica Legión de Seres de Hielo, pero parece que la subestime. Ignoro cómo lo hace, pero su manera de pelear es bastante similar a la de los Santos del Santuario de Atena, aunque también emplea las técnicas de esas Sailor guerreras que conocí.

       Aquel comentario desconcertó brevemente a Ryu, quien estuvo tentando a volver la mirada hacia Zafet para preguntarle si es que conocía a Sailor Mars o alguna otra de las Sailor. Sin embargo, la salva de proyectiles llameantes que se abatía sobre ambos le disuadió de hacerlo en aquel instante.

       La espada de Ryu silbó en el aire, y cuando la dron detuvo la hoja empleando uno de sus antebrazos, una lanza de hielo arrojada por Zafet se le clavó profundamente en el centro del pecho y empezó a congelarle desde las entrañas, pero no por ello dejó de luchar. Mientras el Guerrero Dragón utilizaba su espada para protegerse de los feroces puñetazos de su enemiga, comenzó a concentrar la energía de su propio Chi y la fue canalizando hasta la hoja de su katana. Tenía que usar todos los recursos de los que disponía si deseaba ponerle fin a tan formidable adversaria.

       —Tus esfuerzos resultan completamente inútiles, Musashi —espetó la dron a pesar de que su cuerpo se iba congelando desde el interior—. Conozco cada técnica y habilidad que decidan usar en mi contra.

       —Conocer todos los ataques de un oponente pueden ser de gran ayuda en una batalla —replicó Ryu moviéndose a la velocidad de la luz—. Pero fui entrenado para enfrentar a cualquier oponente por duro que fuera, así que no creas que la tendrás fácil conmigo.

       De pronto, el Guerrero Dragón del Cielo dio un rápido salto hacia atrás, colocándose a varios metros del dron. Apenas lo hizo, guardó la katana en su funda y se la colocó en la cintura. La intensa mirada de Ryu podía interpretarse como un gesto de desafío ante la situación tan complicada que encaraba.

       —¿Qué sucede, Musashi? ¿Te darás por vencido? —inquirió la dron.

       —Siempre he pensado lo importante que es reconocer la derrota, pero no estoy listo para hacerlo. No cuando ni siquiera he puesto toda mi alma y todo mi corazón en este combate. Sólo tengo un par de preguntas qué hacerte antes de derrotarte.

       La dron esbozó algo parecido a una sonrisa. El hielo que segundos antes carcomía su interior no parecía incomodarla de ningún modo.

       —No me digas, ¿y cuáles son?

       —¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué destruyen los universos? ¿Cuál es su propósito?

       —Estoy segura que darías tu vida por conocer esas respuestas, ¿verdad? —se burló la dron, pero Ryu no respondió—. La Existencia entera pertenece a nuestro amo, y éste ha decretado que todos los universo deben desaparecer porque están plagada de fallas y errores.

       Ryu continuó sin moverse.

       —¿Quién es tu amo?

       —Aquel al que en tu mundo llamarían Dios —repuso la dron, moviéndose pausadamente hacia el Guerrero Dragón—. ¿Comprendes ahora porqué tu resistencia es inútil? No ganarán por mucho que lo intenten. Desafiar a nuestro amo es ir en contra del mismo destino.

       Zafet sujetó su sable de luz con ambas manos.

       —Eso no es verdad. El Omnipotente jamás haría esto.

       —Tu negación es comprensible, criatura —dijo Gamma YUI-3234—. Es natural que cuando las especies animales como la tuya ven amenazada su propia supervivencia, comiencen a negar los hechos. Es un mecanismo de defensa propio de los de tu raza.

       —Supongo que debo agradecerte —dijo Ryu secamente.

       YUI-3234 casi era lo bastante humana para reaccionar con extrañeza.

       —¿Qué? ¿Me agradeces?

       —Ahora sé que la crisis que afecta el Multiverso fue provocada deliberadamente por alguien que se da a sí mismo el título de Dios —Ryu se echó a correr en dirección al dron, alcanzando la velocidad de la luz—. Y lo probaré cuando nos encontremos cara a cara y él caiga vencido como tú lo harás en este momento.

       La dron salió disparada contra Ryu.

       —¡No tienes nada que hacer ante mí! —le espetó—. Sé lo que intentas hacer, intento de samurai, pero te resultará inútil. No tienes la fuerza necesaria para atravesar mi coraza usando un simple Battou Jutsu aún con tus poderes. ¡Estás acabado!

       Justo cuando YUI-3234 estaba cerca de golpear con su puño a Ryu, éste desenvainó la katana de golpe y le asestó un Battou Jutsu que cercenó por la cintura el cuerpo del dron. Para terminar, el Guerrero Dragón guardó su espada en la funda y se volvió hacia su enemigo, a tiempo para verlo estallar.

       —Corte de Relámpago —musitó Ryu en voz baja—. Es la combinación del Battou Jutsu y el Relámpago del Dragón. Concentro mi energía en la hoja de la katana sin sacarla de la funda y después la desenvaino con la velocidad de la luz, liberando un arco de energía eléctrica cuyo efecto es devastador.

       —Es una técnica impresionante —reconoció Zafet, acercándose a Ryu—. Pero no te vanaglories de tu propia fuerza. Si el interior del cuerpo del enemigo no se hubiese congelado parcialmente gracias a mi ataque, no habrías podido cortarlo fácilmente con tu Corte de Relámpago. Diría que fue un trabajo en equipo después de todo.

       —Quizá —repuso Ryu—. Ahora debemos ayudar a Maurus a destruir a ese gigante para luego ir a donde están los demás. Presiento que estos drones y esa chica contra la que lucha Cort son sólo marionetas del verdadero enemigo en este mundo.

       Ambos pudieron sentir un intenso chisporroteó de Chi que provenía del sitio en donde se hallaban Warrior Australis, Casiopea y Ankiseth. Pero era una energía que ya conocían. No era la primera vez que la percibían, pero no con semejante intensidad. No pasó mucho antes de que Zafet pudiera identificarla plenamente.

       —Se trata del Visir… .

       Pero antes de que alguno de los dos pudiera reaccionar con la rapidez necesaria, el enorme dron OZA-1647 dio un rápido manotazo con una de sus robustas manos y los golpeó a los dos, que salieron despedidos contra una pared en donde se estrellaron de cara fuertemente.

       —¡Mueran, miserables insectos! —vociferó OZA-1647, cuyo cuerpo se asemejaba al de un imponente y peludo Ozaru—. ¡A mí no me vencerán tan fácilmente!

       Maurus levantó las manos, listo para usar uno de sus encantamientos más poderosos y aniquilar de una vez por todas al enemigo. Había estado combatiendo contra OZA-1647 durante un largo rato, pero hasta el momento las cosas no estaban saliendo bien y eso comenzaba a molestar al hechicero. El dron se mostraba como una montaña inexpugnable.

       —¡Por Kairons! —exclamó a viva voz—. Te juro, miserable, que no descansaré hasta que la vida abandone tu demoníaca forma y pagues por lo que has hecho. No importa tu tamaño, pues no es nada comparada con mi voluntad y mis poderes.

       OZA-1647 le miró con desprecio.

       —Puedes hablar todo lo que gustes, mago, pero eso no te ayudará a vencerme —siseó a través de las enormes fauces—. Adelante, lanza todos los encantamientos que desees porque al final el resultado será el mismo. Tengo los poderes de un guerrero saiya-jin de clase alta y eso es más de lo que tú y ese par de inútiles pueden manejar. ¡Todos morirán!

       Una explosión de Chi, junto a un grito de batalla, precedieron a una potente ráfaga de luz que, luego de hacer pedazos el suelo por donde avanzaba, impactó de lleno al gigante por la espalda. OZA-1647 quedó aturdido y visiblemente afectado; su coraza había sido quebrada y su cuerpo dañado, pero no había caído todavía. Entonces, de pronto, una tormenta de bolas de fuego, una corriente de aire congelante y una descarga lumínica golpearon al enemigo al unísono, en forma violenta, rápida y apabullante hasta que, finalmente, el dron se desintegró por completo en una poderosa explosión de luz.

       Maurus había quedado atónito. ¿Acaso Cort… ? No, no había sido el saiya-jin.

       Cuatro siluetas caminaron hacia el hechicero de Kairons. Zafet y Ryu también estaban desconcertados, de modo que se levantaron rápidamente para saber quienes habían llegado de imprevisto a ayudarlos. El Guerrero Dragón del Cielo captó cuatro presencias acercándose a ellos, y se permitió relajarse cuando se dio cuenta que ninguna era maligna.

       —No sé qué rayos está pasando aquí —dijo una voz—. Pero nadie ataca Lambda y menos un bravucón con aspecto de simio gigantesco. No creí posible que pudiera soportar un ataque con la espada Phi, así que conviene usar las técnicas al máximo.

       —¿Quiénes son ustedes? —inquirió Maurus.

       Tierra-574,322
       Santuario de Atenea

       Bajo un cielo nocturno sin estrellas a la vista, Dina tomó el antebrazo derecho de Minerva y comenzó a usar el poder del Ki para sanarle las heridas. A Minerva le desconcertaba que no pudiera usar sus técnicas con el puño diestro y confiaba en que una vez que la Kaioh-shin del Suroeste le curara, podría reponerse del todo. Dash estaba conversando con Nicole de Acuario acompañados por Nadia Zeta, mientras que Bael, cruzado de brazos y dándole la espalda a todos, meditaba profundamente sobre la reciente batalla y lo que deberían hacer ahora que sabían de la existencia de Arlakk y las Hermanas Nightmare. La crisis no era producto del azar, sino que alguien la dirigía en su beneficio, aunque sus objetivos no eran claros por el momento.

       —No lo comprendo del todo —dijo Dina, mirando a Minerva—. Tu brazo y tu mano han sanado completamente, pero es como si tu Ki estuviese bloqueado de alguna forma.

       Shoryuki se miró la mano.

       —¿Bloqueado? No comprendo, ¿cómo pudieron bloquear mi energía sólo con un golpe?

       —Sólo alguien que conoce a profundidad el cuerpo humano podría hacer algo así —dijo Bael, todavía con la mirada puesta sobre el horizonte lejano—. Tal parece que nuestros enemigos tienen pleno conocimiento de los puntos débiles de los poderes que utilizamos.

       Dina se giró para mirar al Duque del Infierno.

       —¿Puntos débiles, Baelcito?

       —Ciertamente —Bael se dio la vuelta para encarar a la Kaioh-shin—. En el universo del cual provengo, las distintas Ordenes de guerreros que coexisten utilizamos el Cosmos como principal fuente de poder, aunque habemos algunos que también sabemos usar la magia. Sin embargo, también es sabido que todos los seres poseen puntos que controlan el destino y son los que rigen nuestros centros vitales. Es por eso que se les ha dado el nombre de Puntos Cósmicos.

       Shoryuki se tomó nuevamente la muñeca y bajo la vista para contemplarla.

       —¿Quieres decir que los drones golpearon algún tipo de punto vital en el brazo de Shoryuki y por eso su Ki fue bloqueado? —preguntó Dina—. Vaya, eso explicaría porque no logra usar sus poderes a pesar de que físicamente no parece tener nada.

       —Pero no lo comprendo. Mi brazo estaba protegido por la armadura en todo momento, ¿cómo fue que pudieron bloquear el poder de mi aura?

       —No todo tu brazo está cubierto de la misma forma —le recordó Bael—. Las partes de la armadura que cubren las articulaciones ofrecen menos protección para permitir la movilidad. También pude observar en la pelea que las armas que usaban los drones liberan alguna clase de energía al momento de golpear. Quizá por eso lograron bloquear tu energía a pesar de la protección de la armadura.

       —¿Qué podemos hacer entonces? —inquirió Shoryuki—. No podré combatir adecuadamente si no puedo usar la mano derecha. Tengo que hallar una forma para desbloquear mi aura.

       Dina frunció el ceño un instante. El poder de Shoryuki estaba bloqueado, pero dudaba que se tratara de un efecto permanente. La idea de que alguien pudiera dejarlos indefensos con unos cuantos golpes, aún cuando esto fuera sólo por unos instantes, le parecía lo bastante aterrador como para preocuparse. Si Shoryuki no hubiera tenido el apoyo de los demás probablemente habría sido derrotada con facilidad.

       —No te preocupes tanto, amiguis —le dijo a Minerva, poniéndole una mano en el hombro en una muestra de apoyo—. De la misma manera que una herida en el cuerpo cierra por sí sola, estoy seguro que te recuperaras pasado algún tiempo.

       —¿De verdad lo crees? —preguntó Shoryuki esperanzada.

       —Por supuesto que sí —respondió la Kaioh-shin animadamente—. Mejor toma consciencia de que nuestros enemigos resultan ser más listos y peligrosos de lo que pensamos —hizo una pausa y se golpeó una mano con el puño—. Ahora lo que me gustaría saber es a dónde se fueron esas detestables hechiceras de cuarta. Les juro que si llego a topármelas de nuevo, yo… .

       —Ellas no están más en este planeta —anunció Dash, atrayendo las miradas de Dina, Shoryuki e incluso la de Bael—. No he podido sentir la presencia de Arlakk o sus aliadas desde que terminó la pelea, así que seguramente se fueron a otro lado.

       El Duque del Infierno miró a su alrededor. Tal y como suponía, Arlakk y las Hermanas Nigthmare habían cruzado algún tipo de umbral dimensional para dejar la Tierra. Quizá estaban convencidos de que explosión de la torre acabaría con todos y por eso abandonaron la lucha dejándolos vivos. “Justo como las ratas que abandonan un barco”, pensó Bael.

       —¿Y alguien de ustedes tiene idea de quiénes eran o cómo es que sabían tanto de nosotros? —inquirió Nadia Zeta, interesada.

       —No, y eso me perturba un poco —Bael miró a la Golden Warrior de soslayo, mientras parecía reflexionar en voz alta—. Es imposible que todos nosotros tengamos un enemigo en común. Tal vez pudimos ayudar a salvar este mundo, pero aún quedan muchas dudas por resolver y tal vez las Guerreras Sagradas de Oro puedan aportar algunas pistas.

       Nicole de Acuario decidió tomar la palabra entonces.

       —Lo lamento, pero no tengo idea de quienes eran esas personas o porqué vinieron a este mundo. Lo único que tenemos en claro es que suplantaron a la Gran Matriarca del Santuario y usaron sus artimañas para hacernos creer que Atenea estaba en el Santuario. No sé qué clase de encantamientos usaban, pero parecían capaces de manipular la voluntad de las Guerreras Sagradas de Oro.

       —Pero tus compañeras nos ayudaron —dijo Nadia Zeta—. Recuerdo que una de ellas mencionó que Atenea les había mostrado la verdad.

       —Es verdad —convino Dash—. Yo pensé que estábamos en problemas hasta que las Guerreras de Oro empezaron a luchar contra los drones. Antes de ir hacia el Salón de la Gran Maestra, una de ellas nos dijo que Atenea las había liberado.

       —¿Cómo? —preguntó Nicole.

       Una voz cálida proveniente de la paz que ahora reinaba en el Santuario flotó hasta todos ellos.

       —Yo nunca dejaría solas a mis leales Guerreras de Oro —Era la voz de Atenea.

       Todos se volvieron para mirar.

       Planeta Ginups
       Fortaleza Negra

       —¿Qué les parece si les cantó una canción en lo que deciden? —dijo Eclipse con las miradas de Breakout, León y Sobek encima de él—. “Gato araña, gato araña, escalarme quieres con tus uñas largas, tu maullido es muy tiernito, haces fiestas con tus ojitos, mira es el gato araña… “

       Breakout podía tener cuerpo de cyborg, pero en su interior era tan humano como cualquiera y por eso la rabia que sentía contra Eclipse lo llevó a cerrar el puño hasta que el pequeño martillo que sostenía se dobló como si estuviera hecho de hojalata. Tenía tantos deseos de asesinar al Espía Estelar que sopesó la posibilidad de asesinarlo a pesar de la oposición de sus aliados, pero sabía que nunca lograría tocarlo si estaban presentes el propio Saajar, Shetani y Jaguar Negro.

       —¡Ya cállate, idiota! —exclamó Breakout—. ¿Hasta cuando crees que podrás mantener la farsa? Quizá puedas hacer dudar a Saajar o a los otros, pero no a mí porque yo te conozco bastante. Sólo tratas de ganar algo de tiempo.

       Eclipse sonrió de forma infantil.

       —Fue justo lo que Ozmodia predijo que dirías.

       —¿Ozmodia? —inquirió Breakout—. ¿Quién diablos es Ozmodia?

       —Un pequeño ser de piel verde que sólo yo puedo ver. De hecho, está por aquí flotando alrededor de nosotros dos en este momento.

       El lado humano de la cara de Breakout se contrajo con ira. Podía seguirle el juego a Eclipse, pero sólo por un rato.

       —Bien, que se quede tu amigo. Siempre me ha gustado tener público cuando destripo a alguien.

       —No creo que eso le agrade a Ozmodia —murmuró Eclipse—. De hecho, tú no le caes bien como tampoco le caes bien a mucha gente. Pero no te preocupes, camarada, sólo cierra los ojos y piensa que tu vida es un sueño. Así es como yo supero los problemas.

       —Estás completamente loco —se rió Breakout y luego se giró hacia la celda de Sobek—. ¿Y tú qué opinas de todo lo que dijo tu amigo? —le preguntó burlonamente—. ¿También ves a Ozmodia?

       Mientras Saajar se hallaba pensando, Shetani se acercó en compañía de Jaguar Negro.

       —Quizá deberíamos matarlos, mi señor —propuso Shetani en voz baja. Como en la mayoría de los casos, sus propuestas eran las de eliminar a cualquiera que pudiese significar un riesgo en el mediano plazo—. El amo dijo que los interrogáramos, pero podríamos decirle que intentaron escapar o combatieron hasta el amargo final y nadie sobrevivió.

       —No es tan simple, mi amiga, y lo sabes —suspiró Saajar cansadamente—. He invertido mucho tiempo en mis propios proyectos como para dejar que todo se pierda por un mero descuido. Si las fuerzas de la Confederación Galáctica descubren lo que hemos estado haciendo en Ginups, perdería mucho y no puedo permitir que eso pase.

       El Duque se veía preocupado. Había pasado años de su vida accediendo a posiciones de poder en aquella zona de la galaxia con el objetivo de fabricar armas y cruceros estelares. Se había esmerado en formar todo un poderoso ejército con el que podría librar una guerra contra cualquier adversario, menos con la Confederación Galáctica o los Caballeros Celestiales. Al menos no por el momento.

       Shetani se volvió para mirar a Jaguar Negro.

       —¿Por qué no vigilaste más de cerca a ese miserable Espía Estelar? 

       —No podía estar al tanto de todo lo que hacían y lo perdí de vista unos instantes. En todo caso, bien pudo informar a la Confederación de su ubicación antes de que me topara con ellos en la vieja posada. Tal vez deberíamos dejar que Breakout se ocupara de él y sus compañeros.

       —No, no —murmuró Saajar—. No sabemos si en verdad avisó a la Confederación como dijo, pero si lo hizo cada ciclo que perdemos complica las cosas para mis propios planes. Los métodos de Breakout podrían tomar algo de tiempo e incluso matar a los prisioneros.

       —Tengo una mejor idea —anunció Shetani—. Déjenme escudriñar su mente para ver todos sus pensamientos y determinar si está tratando de engañarnos. Ahora que Breakout le retiró el corta-fuego mental que tenía en la frente no hay ningún impedimento para usar mis poderes con ese idiota.

       Jaguar Negro meneó la cabeza en sentido negativo.

       —Es un Espía Estelar que ha estado por toda la galaxia. No sabemos si recibió algún tipo de entrenamiento para eludir barridos psíquicos. Tampoco deberías olvidar que recibió un rayo aturdidor y su mente debe ser una maraña de cosas absurdas en este momento. Podrían pasar algunos ciclos antes de que lograras sacarle algo de información fidedigna.

       —Usaremos el suero de la verdad —se apresuró a sugerir Shetani—. No hay nadie que pueda resistirlo.

       —No funcionaría, Jaguar Negro tiene razón —dijo Saajar con resignación—. En el estado en el que está podría decir mentiras como si fueran verdades. Tenemos que esperar al menos seis ciclos antes de usar el suero en alguien que se ha repuesto de un rayo aturdidor.

       Shetani volvió el rostro hacia Eclipse y observó que éste había comenzado a hablar solo.

       —Espera, Ozmodia, las paredes me hablan —dijo Eclipse mirando el vacío.

       —¿Con quién estás hablando? —le preguntó León, exaltado—. Ya sabía que eras un maldito orate.

       Saajar se quedó meditando unos instantes.

       —Lo mejor será que le sigamos la corriente, al menos por ahora —comentó finalmente, causando que Breakout se volviera hacia el Duque mientras que Eclipse se limitaba a esbozar una sonrisa—. Usen los escáneres de espacio profundo a su máxima potencia. No quiero que ninguna flota de la Confederación nos tome por sorpresa en lo que decido que hacer con este espía. Que nadie lo toque hasta que yo diga.

       —¿Qué? —exclamó Breakout—. ¡Debes estar bromeando, viejo!

       Jaguar Negro miró el rostro enfurecido del cyborg y se permitió sonreír bajo su oscura máscara. Saajar obedecía a Deus-Primum, pero también tenía planes propios, planes que se verían amenazados si la Confederación Galáctica o los Celestiales ponían un pie en Ginups. Jaguar Negro también comprendía eso y por lo mismo no podía de dejar de reconocer la astucia del Espía Estelar que permanecía prisionero.

         —Bien jugado, Eclipse. Veamos cuando tiempo puedes seguir con esto —murmuró Jaguar Negro antes de darse la vuelta. Se dirigió a la salida, pero antes de abandonar los calabozos escuchó la voz de Shetani que lo llamaba.

         —¿A dónde vas, Jaguar Negro?

         —A averiguar si lo que dice ese Espía Estelar dice es cierto. Es obvio que no sacaremos nada de Sobek o de León Almeida de buena manera. Pero conozco a otra persona que tal vez se decida a cooperar.

         Saajar se volvió hacia los drones Alfa que aguardaban.

         —Veremos si podemos ir ablandando a los otros. Pongan a ese en la mesa.

         Los drones abrieron los grilletes electrónicos de Sobek  Lo llevaron a una mesa y lo ataron con correas en una posición de cuarenta y cinco grados respecto al suelo. Mientras permanecía sujeto, una serie de corrientes eléctricas de potencia abrasadora recorrieron su cuerpo en breves intervalos y cada sacudida era más dolorosamente enérgica que la anterior.

         Saajar contempló en silencio la ordalía de Sobek, de pie junto a la celda de León, quien se revolvía furioso como un animal salvaje dando de gritos y maldiciendo a todos. Eclipse, sin embargo, sólo emitió un bostezo y continuó mirando la nada como si lo que sucedía no tuviera que ver con él.

         Jaguar Negro dio un vistazo y dejó la prisión. La puerta se cerró tras él y ahogó los gritos de Sobek.

       Continuará… .

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