Leyenda 094

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO XCIV

EL PODER SECRETO DEL CABALLERO DRAGÓN

Planeta Adur.

         La súbita aparición de Excalibur había sido impresionante. No sólo había conseguido bloquear el poderoso Giga Break de Baran, sino que la luz que irradiaba había hecho un agujero en medio de las nubes de tormenta que cubrían los cielos. El líder del Batallón de los Dragones incluso tuvo que cubrirse el rostro ante el brillo tan intenso que emitía la espada. Mientras trataban de protegerse los ojos de aquel resplandor, tanto Dai como Baran se estaban haciendo las mismas preguntas: ¿de dónde había salido la espada y por qué había aparecido así nada más en medio de la batalla?

         Pero a diferencia de Baran y los demás que no podía ver nada más que la luz que irradiaba Excalibur, Dai alcanzó a vislumbrar lo que parecía ser una imagen etérea de Galford, el mismo guerrero con el que había combatido en Papunika. En un principio creyó que su imaginación le estaba jugando una broma, pero pronto se dio cuenta de que no era así. Cuando la espada comenzó a acercarse hacia Dai, éste extendió sus manos para tomarla entre sus dedos y entonces, ocurrió algo impensable: Baran y el campo de batalla desparecieron y todo quedó sumido en tinieblas. De pronto, un pequeño destello de color azul alumbró la oscuridad y el espíritu de Galford reapareció frente al chico.

         —Hola, Dai, es un honor volver a encontrarte —le dijo el guerrero meganiano.

         El chico frunció el entrecejo, claramente contrariado.

         —Galford, ¿qué ocurre?¿En dónde estamos?

         —Antes que nada debes saber que yo ya estoy muerto.

         —¿Muerto? ¿Pero cómo? No entiendo lo que… .

         —Dai —le interrumpió Galford—. Cometí un error, un error muy grande, y éste fue utilizar a Excalibur con propósitos para los que no fue creada. Blandí mi espada en defensa de una causa equivocada creyendo que hacía lo correcto.

         —¿Una causa equivocada? —repitió Dai con el ceño fruncido—. Galford, no comprendo todo lo que dices, pero cuando pelee contigo en Papunika tuve la impresión de que no eras una mala persona.

         El meganiano frunció una triste sonrisa.

         —Te agradezco tus palabras, pero ahora debo cargar con el terrible peso del deshonor. Después de pelear contigo en Papunika, sucedieron muchas cosas y tuve que luchar contra el imperio de Abbadón. Sin embargo, fracasé en mi intento y fui derrotado por uno de los guerreros Khans. Ahora que ya no puedo pelear más, quiero darte mi espada.

         —¿Tu espada? ¿Pero por qué?

         —Dai, el espíritu de Excalibur te ha elegido como su nuevo portador debido a tus habilidades como guerrero y a tu enorme valor. Siendo el último portador de la espada, es mi deber entregarla a aquel que haya sido escogido como su nuevo dueño.

         —¿Dices que la espada me ha elegido? —murmuró el chico mientras recorría con sus ojos la magnifica hoja de Excalibur—. ¿Qué se supone que debo hacer?

         —Úsala para el bien, haz orgulloso a todos los que la hemos portado

         En ese momento, los espíritus de algunos guerreros meganianos empezaron a aparecer alrededor de Dai. Se trataba de los antiguos portadores de Excalibur, lo guerreros del pasado que, al igual que Galford, habían blandido la espada para defender la causa de la justicia en el imperio de Megazoar.

         Uno de ellos se acercó a Dai y le puso una mano en el hombro. El joven Caballero del Dragón volvió la mirada hacia atrás y contempló el rostro de un hombre barbado que llevaba una corona. El espíritu le sonrió afablemente.

         —Usa a Excalibur para luchar por la justicia y lavar el honor de Galford. El enemigo es poderoso, pero la espada siempre te protegerá. Con ella en tus manos, la justicia volverá a brillar como siempre.

         Dai bajó la mirada por un segundo. No sabía que pensar sobre lo que estaba sucediendo ni sí debía confiar en las palabras Galford. No obstante, algo en el fondo de su corazón le decía que el meganiano era sincero en sus intenciones. Galford había tenido la desgracia de fallecer antes de poder redimirse, pero sí utilizaba la espada para luchar contra N´astarith, entonces el otrora Guerrero de la Justicia lograría descansar en paz.

         Empuñando la espada con fuerza, Dai alzó el rostro mostrando una mirada cargada de valor al tiempo que una misteriosa fuerza recorría su cuerpo, brindándole nuevos bríos e incrementando su poder. El símbolo del dragón apareció sobre el dorso de su mano derecha, brillando con intensidad.

         —¡Lo haré!

         Galford sonrió levemente en señal de agradecimiento y empezó a elevarse en el aire junto con los demás guerreros meganianos hasta que, sorpresivamente, todos los espíritus desparecieron en un destello de luz que impidió que Dai pudiera ver con claridad. Cuando el chico logró abrir los ojos de nueva cuenta, todo había vuelto a la normalidad.

         —¿Qué fue lo que hiciste, Dino? —preguntó Baran, sorprendido de ver la marca del dragón brillando en la mano de Dai—. ¡No puede ser, ahora Dino puede usar el cien por ciento del poder del símbolo del dragón!

         —Baran, esta es Excalibur, la espada de la justicia —declaró Dai y luego sujetó la espada con la hoja orientada hacia abajo—. Con ella en mis manos podré terminar esta batalla y derrotarte de una vez por todas.

         —Así que de eso se trataba —murmuró Baran en tono pensativo, escrutando con su mirada el arma que sostenía su hijo—. No tengo idea de cómo lograste hacer llegar hasta aquí esa espada, Dino, pero la verdad no me importa. No subestimes mis fuerzas ahora que me he transformado.

         Todavía intrigado por lo que había sucedido, Poppu no dejaba de voltear en todas direcciones. Trataba de averiguar el origen del misterioso resplandor que había aparecido en medio de la batalla, pero no encontraba nada que pudiera aclarar sus dudas. Cuando volvió la mirada hacia el lugar de la pelea, abrió sus ojos enormemente al descubrir la espada que Dai empuñaba. Apenas había visto a Excalibur en una ocasión durante la batalla en Papunika con los guerreros de Abbadón, pero aún así pudo identificarla sin problema.

         —¡Esa es la espada del guerrero rubio!

         —¿De qué estás hablando? —le preguntó Leona, desconcertada—. ¿Qué guerrero?

         —Habla de Galford, uno de los guerreros con los que peleamos en Papunika —aclaró Hyunkel, que había llegado por detrás de la princesa en compañía de Marina, Umi, Sailor Saturn y Sailor Pluto—. Galford luchó contra Dai en aquella ocasión y logró herirlo con esa espada.

         —Es verdad, ya recordé lo sucedido —murmuró Leona luego de un instante—. Pero no entiendo ¿por qué ahora Dai está usando esa espada? ¿Acaso eso fue lo que causó aquel resplandor tan poderoso que vimos hace un momento, Hyunkel?

         —Eso no lo sé, pero lo que es seguro es que ahora la lucha se ha equilibrado.

         —Adelante, Dai —musitó Sailor Saturn—. Tú puedes vencerlo.

         La hoja de Excalibur se iluminó con un halo azul y arrojó algunas descargas de energía al aire. Dai estaba decidido a demostrarle a Baran que podía derrotarlo con un solo golpe, de manera que se preparó para atacar usando todas sus fuerzas.

         —Toma esto… ¡Aban Slash! (Corte de Aban)

         Un arco de energía se dirigió hacia el líder del Batallón de los Dragones a toda velocidad, pero éste ni siquiera hizo el menor intento por escapar o eludirlo. Simplemente, se quedó parado en su lugar y levantó su espada. El Aban Slash impactó sobre el arma de Baran y comenzó a empujar a éste hacia atrás lentamente. Parecía que de un momento a otro la espada del líder de los dragones se rompería.

         —¡Bien hecho, Dai! —exclamó Leona, alzando un puño—. ¡Le diste su merecido!

         —¡Ya lo derrotaste! —festejó Umi—. ¡Buen trabajo, Dai!

         —¡Así se hace!

         Poppu estaba igual emocionado que las chicas. Había atestiguado el incremento del poder de Dai desde su llegada a aquella dimensión y creía que su amigo al fin había igualado a Baran en poder. Estaba convencido de que el líder del Batallón de los Dragones sería derrotado con ese ataque y no dudaba en manifestarlo dando gritos de júbilo. Todavía sonriente, el mago se volvió hacia Hyunkel para festejar, pero su alegría se esfumó cuando vio que el Caballero Inmortal, lejos de mostrarse alegre ante la supuesta victoria, tenía una expresión de preocupación en el rostro.

         —¿Qué te sucede, Hyunkel? —le preguntó Poppu.

         —Puede resistirlo —murmuró el Caballero Inmortal con voz lúgubre—. Baran está conteniendo el ataque de Dai con su espada. No puedo entender cómo lo hace, pero… .

         —¿Qué estás diciendo? Eso es imposible, tú mismo viste el poder que tiene Dai.

         —Poppu tiene razón, el poder de Dai ha aumentado mucho —convino Leona, alarmada ante la declaración de Hyunkel—. No creo que Baran pueda resistir por mucho tiempo.

         Hyunkel iba a decir algo más, pero se quedó mudo cuando vio cómo Baran se deshacía del Aban Slash con un movimiento de su espada. El arco de energía salió volando hacia arriba  y luego se precipitó hacia el suelo describiendo una trayectoria errática hasta que finalmente se estrelló a varios kilómetros de distancia.

         —¡¡No puede ser!! —exclamó Dai—. El Aban Slash no funcionó.

         —Me doy cuenta de que tu poder ha aumentado más de lo que pensé en un principio, Dino —reconoció Baran y luego comenzó a caminar hacia Dai—. Tengo que admitir que sí no hubiera usado mi espada y el aura del dragón para protegerme, ese ataque me hubiera lastimado. Lamentablemente para ti, ahora que me he convertido en un ser híbrido Humano-Dragón-Monstruo, mis poderes han aumentado y eso incluye el aura del dragón.

         —¿El aura del dragón? —repitió Sailor Pluto con preocupación.

         —Es cierto —asintió Poppu—. Recuerdo que cuando peleamos con él la última vez, Baran mencionó que el aura del dragón protegía todo su cuerpo contra cualquier clase de ataque.

         Baran se detuvo a unos metros de Dai y luego guardó su espada. El viento hizo remolinos con algunas hojas secas y sacudió los cabellos de ambos adversarios. Dai estaba desconcertado ante lo sucedido. Había creído fugazmente que con ayuda de Excalibur iba a terminar la pelea en un momento, pero aparentemente aquello iba a ser más difícil de lo que parecía.

         —Es hora de que te muestre la verdadera fuerza de un Caballero del Dragón —sentenció Baran y luego llevó las manos hacia un costado de su cuerpo. Una esfera luminosa apareció entre sus dedos, arrojando destellos de luz en diferentes direcciones mientras iba aumentando de tamaño poco a poco. Entonces, con un veloz movimiento, Baran giró sus manos hacia el frente y descargó un poderoso rayo de energía contra Dai—. ¡¡Recibe esto… Doru Aura!!

         El ataque de Baran se dirigió a toda velocidad hacia Dai, arrancando rocas y tierra a su paso. Sujetando fuertemente el mango de su espada, Dai bloqueó aquella mortal bola de luz, pero ello provocó una violenta explosión que envió a Dai a volar por los aires. Hotaru había querido utilizar una vez más el Silent Wall, pero el ataque de Baran había sido tan rápido que no tuvo tiempo de actuar a tiempo. Hyunkel, Leona, Sailor Saturn, Poppu y las demás observaron como Dai salía volando.

         —¡¡Dai!! —exclamó Leona.

         —¿Qué demonios fue eso? —preguntó Umi, alarmada.

         Impasible, Baran contempló cómo el cuerpo de su hijo caía al suelo y luego aguardó. Los segundos transcurrieron sin que Dai se levantara o al menos abriera los ojos, lo cual hizo que Leona corriera a socorrerlo. Convencido de que Dino seguramente había muerto después de recibir aquel poderoso ataque, el líder del Batallón de los Dragones bajó sus brazos y se volvió hacia sus demás oponentes.

         —Ese fue el poder del Doru Aura y hasta la fecha no hay nadie que pueda resistirlo.

         —¡Eres un maldito! —vociferó Poppu—. ¡No te perdonaré por lo que has hecho!

         —Jum, no necesito de tu perdón, muchacho insolente —contestó Baran y después levantó una mano para señalarlos—. Ahora concluiré el trabajo acabando con todos ustedes con otroDoru Aura.

         —No te será tan fácil —le advirtió Umi—. Pelearemos todos juntos y te venceremos.

         Baran miró fijamente a la Guerrera Mágica. No comprendía el porqué insistían en desafiarlo cuando la diferencia de poder era notoriamente evidente. Antes de viajar por el Portal Estelar, N´astarith le había advertido sobre los aliados de Dai diciéndole que tuviera cuidado de no menospreciarlos, pero lo cierto es que ninguno de ellos parecía ser suficiente oponente para él.

         —Será inútil, ninguno de ustedes podrá derrotarme jamás. Hace unos momentos logré vencerlos fácilmente y puedo volver a hacerlo en el instante que quiera. No son ningún obstáculo para mí.

         Sailor Saturn blandió su lanza frente al líder de los dragones. Baran dirigió su mirada hacia Outer Senshi y luego frunció el entrecejo levemente. Se trataba de la misma guerrera que había logrado proteger a Dino de un Giga Break usando alguna clase de escudo de energía.

         —No nos menosprecies —murmuró la Sailor de la Destrucción—. Sí es necesario usaré mi poder de la destrucción para detenerte. No había querido hacer uso de él, pero después de verte atacar a tu propio hijo, no tendré ninguna consideración.

         Baran cerró sus ojos un instante.

         —Valientes palabras, niña, pero me temo que no lograrás hacerlo.

         —Te demostraré lo equivocado que estás —replicó Hotaru y luego hizo girar su lanza para finalmente preparar su ataque más poderoso—. Será mejor que te prepares para desaparecer.

         —No sé qué clase de técnica o hechizo utilices, pero acabaré contigo antes de que puedas realizarla —le amenazó Baran, abriendo los ojos nuevamente y deslizando un pie por el suelo—. Fácilmente podría destruir toda esta tierra con ayuda del Doru Aura.

         Hotaru sabía que se estaría arriesgando demasiado si es que se decidía a usar su mayor ataque, pero parecía que no había otro camino. Baran había demostrado ser extremadamente poderoso y nadie parecía ser capaz de vencerlo. Sí no hacían algo pronto para derrotarlo, todos, incluida ella, morirían en los siguientes minutos. Levantó la punta curva de su lanza hasta que quedó a la altura del cuello de Baran y expelió un aura color púrpura alrededor de ella. Su mirada, antes tranquila y gentil, se volvió dura e impasible.

         —¡¡Sailor Saturn, espera!! —exclamó Setsuna—. ¡No hagas eso!

         —Sailor Pluto, protejan a la princesa, por favor… Silence Glaive … . (Tumba del Silencio…)

         Sin perder de vista los movimientos de Sailor Saturn, el híbrido Humano-Dragón-Monstruo juntó sus manos por segunda vez e inmediatamente después las colocó a un costado. Entonces, la esfera de energía del Doru Aura nuevamente apareció entre sus palmas y comenzó a crecer de tamaño al tiempo que Baran se cubría por un resplandor azul. Parecía que iba a producirse un terrible enfrentamiento hasta que… .

         —Espera un segundo, Sailor Saturn.

         Hotaru volvió la mirada por encima del hombro y observó como Poppu pasaba junto a ella sin siquiera mirarla. La Outer Senshi frunció el entrecejo sin entender exactamente qué era lo que el mago pretendía interviniendo. ¿Acaso quería enfrentarse solo con Baran? Leona, que había corrido al auxilio de Dai, llevó la vista hacia Poppu y extendió una mano como sí quisiera alcanzarlo.

         —¡Aguarda, Poppu! ¡¿Qué vas a hacer?! —le gritó la princesa.

         —Leona, tú encárgate de ayudar a Dai, yo derrotaré a ese sujeto.

         —¿Qué dijiste? —exclamó Leona.

         Pero Poppu no respondió. Estaba decidido a derrotarlo costara lo que costara. Tal vez el Caballero Dragón podía ser poderoso, pero definitivamente no era inmortal. Se encaminó con paso firme hacia donde estaba Baran, que ya había desaparecido la esfera de luz y el aura que lo rodeaba. De repente, Poppu se detuvo frente al líder del Batallón de los Dragones y después levantó un puño.

         —¡Maldito, te dije que no te perdonaría!

         —Déjate de tonterías, insolente —replicó Baran con indiferencia—. Sólo eres un mago cobarde con pocos poderes. Lo sé desde que te vi por primera vez, eres patético.

         Para sorpresa de todos, Poppu bajó la mirada y soltó una risita.

         —¿De qué te estás riendo? ¿Acaso perdiste la razón?

         —Tienes razón en todas esas cosas —musitó Poppu y luego levantó la mirada—. Soy un mago cobarde y patético, pero parece que te has olvidado de algo muy importante, Baran.

         —¿Qué dices? ¿Qué me olvidé de algo? —preguntó Baran, extrañado.

         Antes de que Baran pudiera advertirlo, Poppu se arrojó sobre él y rápidamente le clavó los dedos en las sienes. El líder de los dragones abrió los ojos de par en par a causa de la sorpresa. Instintivamente, sujetó uno de los brazos de Poppu y trató de liberarse, pero le fue imposible.

         —¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?!

         —Te dije que te habías olvidado de algo, Baran, y ahora voy a demostrártelo.

         De pronto, un halo de energía dorada comenzó a salir del cuerpo de Poppu y a extenderse sobre su víctima. En cuestión de segundos, tanto Poppu como Baran fueron cubiertos por aquel resplandor que seguía creciendo en tamaño y poder. El mago dejó escapar una tenue sonrisa maliciosa mientras sentía como la energía se incrementaba.

         —¡¿Qué es lo piensa hacer?! —exclamó Sailor Pluto sin saber a quien dirigirse.

         —¡No puede ser! —repuso Leona—. Parece que Poppu va a… .

         Sí de algo estaba seguro Baran era de que aquel patético mago estaba planeando algo grande. La energía que se sentía a su alrededor era demasiada poderosa, lo cual indicaba que Poppu había echado mano de su propia fuerza vital para realizar aquella técnica.

         —¡¿Es que acaso estás pensando en autodestruirte?! —inquirió Baran, alarmado.

         —¡Veo que piensas rápido, mal nacido! —repuso Poppu con súbita pasión—. Hasta un mago cobarde y con poco poder puede hacer mucho daño sí se lo propone, ¿no lo crees? Ahora los dos volaremos en pedazos.

         —¡Espera, Poppu! —le gritó Leona—. ¡¡No lo hagas!!

         Desconcertada ante lo que ocurría ante sus ojos, Umi tuvo la impresión de que Poppu se estaba arriesgando demasiado al estar tan cerca de su enemigo. Había visto el tremendo poder de Baran y el hecho de verlo repentinamente inmovilizado ante la técnica de Poppu, la hizo suponer que éste iba a realizar alguna clase de ataque suicida.

         —¡¿Qué está haciendo?! ¡Que alguien me explique!

         —Es el hechizo de auto sacrificio —repuso Marin—. Megante.

         Sailor Pluto volvió la mirada hacia la Sabia.

         —¿El hechizo de auto sacrificio? ¿Dices qué Poppu va a explotar junto con Baran?

         Pero no fue necesaria ninguna explicación. La energía dorada que salía del cuerpo de Poppu, que iluminaba incluso los cielos, confirmó los temores de Sailor Pluto. Por un instante la Outer Senshi tuvo el impulso de realizar una técnica ancestral para detener el tiempo, pero sí hacía eso, no podría estar presente para defender a Sailor Moon durante el enfrentamiento con N´astarith.

“Discúlpame, Poppu”, pensó la Sailor. “Pero es mi deber proteger a la princesa”.

         —¡Estás loco! —exclamó Baran mientras trataba de liberarse—. ¿De qué sirve derrotar a tu enemigo sí mueres también? ¡No lo entiendo!

         Poppu sabía que iba a morir y sentía miedo de eso, pero lo consolaba el saber que su sacrificio serviría para derrotar a Baran y salvar a Dai. Tal vez el líder del Batallón de los Dragones podía sobrevivir a la explosión con el aura del dragón, pero confiaba en poder debilitarlo lo suficiente para que los demás lo vencieran. Antes de hacerse pronunciar las fatídicas palabras que provocarían el estallido, dedicó unos segundos a despedirse de sus amigos.

         —Adiós, Leona, Dai… —las lágrimas escaparon de sus ojos—… Maam… ¡Megante!

         —¡¡¡Nooooooo!!!

         Una potente explosión hizo cimbrar todo el campo de batalla y lanzó fuertes rachas de viento y escombros en todas direcciones. Con un sentimiento de dolor y tristeza, Hyunkel, Leona, Sailor Saturn, Sailor Pluto, Marina y Umi contemplaron cómo Poppu y Baran eran engullidos por aquel poderoso estallido hasta desaparecer.

         Montañas de Romosu.

         Concentración. Esa era la clave para poder utilizar el máximo poder. Sí lograba concentrar todo sus fuerzas en un solo golpe, podría romper el enorme bloque de oricalco que tenía frente a ella. Maam respiró tranquilamente y finalmente lanzó un rápido puñetazo contra la roca, pero sólo consiguió agrietarla levemente. Brokena asintió con la cabeza, pero Maam no estaba satisfecha con el resultado.

         —Bien hecho, Maam, pero aún no has aprendido a enfocar tu poder correctamente.

         —Lo sé, Brokena-sama —repuso Maam con resignación antes de volverse hacia el dios del combate, que la miraba atentamente—. Estaba concentrada, pero en el último momento me pareció escuchar la voz de uno de mis amigos.

         —¿Qué escuchaste, Maam-sama? —le preguntó Chu.

         Maam giró la cabeza hacia el pequeño ser con apariencia de ratón. Desde que había llegado al castillo del dios del combate, Chu se había convertido en su compañero de entrenamiento y poco después en su amigo. A los pocos días ya le había confesado los motivos que la habían llevado a buscar a Brokena, así como sus valerosas hazañas en contra del Ejército del Mal. Chu había quedado impresionado por el coraje de Maam y desde entonces le prometió convertirse en su guardaespaldas, detalle que Maam encontró por demás divertido, aunque para Chu aquello de ser su guardián era algo serio.

         —No lo sé, me temo que algo malo les haya pasado.

         —No te preocupes, Maam-sama —le calmó Chu—. Tus amigos están bien.

         Ella asintió y dejó escapar una sonrisa.

         —Eso espero, Chu, no sé la razón, pero tengo un presentimiento.

         —¿Un presentimiento dices? —preguntó Brokena—. Maam, sin duda tú eres una de las mejores alumnas que haya tenido en mucho tiempo. Has conseguido dominar en poco tiempo la técnica del Senkarekouken y la verdad no tengo nada más que enseñarte. Sí crees que tus amigos peligran, debes ir con ellos.

         —Entiendo —dijo Maam y luego llevó su mirada hacia la roca de oricalco—. Pero antes de irme debo probarme que estoy lista. —Se acercó a la roca y preparó un nuevo golpe mientras Brokena y Chu la observaban. El puño de Maam se estrelló con fuerza, pero está vez hizo que el bloque de oricalco se partiera en varios pedazos. Al ver esto, la joven guerrera se volvió hacia su maestro y sonrió triunfante—. Estoy lista.

         Astronave Churubusco (Cuarteles endorianos)

         Saulo dirigió su mirada hacia la ventana de la habitación para contemplar el enorme planeta de Adur. A sus espaldas, los demás Caballeros Celestiales estaban conversando acerca de sus diferentes experiencias durante la búsqueda de las gemas estelares y los combates con los guerreros de Abbadón. Cuando Areth le contó al resto sobre la trágica muerte de Ezequieth, el príncipe de Endoria se dirigió hacia la ventana.

         —Gran Creador —musitó Lance—. No tenía idea de que algo así había pasado.

         —¿Por qué no nos dijeron nada? —preguntó Asiont.

         —¿Por qué nos dijiste tú que habías derrotado a ese infeliz? —le cuestionó Cadmio a su vez—. Tal parece que la comunicación entre nosotros es bastante deficiente, ¿no lo creen así?

         —Oye, se lo conté a Saulo —se defendió Asiont—. No le dije todo los detalles de lo sucedido, pero sí que había peleado con uno de los Khans en el universo donde estaban las Sailor Senshi.

         —Todos hemos estado bajo mucha presión —comentó Lance—. Además, también hemos estado participando en varias misiones y no habíamos tenido oportunidad de hablar entre nosotros.

         Cadmio ignoró las palabras de su hermano. Estaba demasiado interesado en saber cómo su hermano adoptivo había derrotado a uno de los Khan para dejar que alguien desviara la conversación por muy buenas intenciones que tuvieran.

         —Asiont, ¿cómo pudiste vencer a Sepultura?

         —Aunque el entrenamiento de Aristeo me ayudó a aumentar mis poderes, tuve muchos problemas para derrotarlo. De hecho, sí no hubiera sido por la intervención de Sailor Moon tal vez no hubiera logrado vencerlo.

         —¿Dijiste Sailor Moon? —exclamó Cadmio, que no podía creerlo—. ¿Hablas de esa mocosa tonta con faldita corta? No entiendo lo que tratas de decirnos.

         —Veo que notaste las falditas, hermano —le dijo Lance con un tono malicioso, pero Cadmio le dirigió una mirada de recriminación y luego le dio un empujón para hacerlo a un lado—. Oye, ten cuidado.

         —Sepultura era un guerrero que capturaba las almas de las personas a las que asesinaba para aumentar sus poderes —explicó Asiont—. Sin embargo, Sailor Moon utilizó sus poderes para liberar aquellas almas y eso fue lo que causó que el poder de Sepultura disminuyera.

         —Entiendo —dijo Saulo, volviéndose hacia los demás—. Eso significa que el alma de Ezequieth fue liberada al fin. Ahora podré estar más tranquilo sabiendo que su espíritu es libre de nuevo.

         Areth no pudo dejar de sonreír. Al igual que su mentor, ella también había estado preocupada de que el espíritu de Ezequieth no pudiera alcanzar el descanso eterno a causa de Sepultura. Sin embargo, ahora que sabía que el Khan de la Muerte había sido derrotado, podía sentirse mejor. Estaba segura de que el espíritu de Ezequieth siempre los acompañaría en los momentos difíciles.

         —¿Y qué opinan de nuestros nuevos aliados? —preguntó Lance—. Con todos ellos de nuestra parte será más fácil vencer a los guerreros del imperio. También hemos conseguido aumentar la fuerza de la armada.

         —Francamente me parecen un fastidio —repuso Cadmio, haciendo que todos lo miraran con los ojos entornados—. Oigan, no sé por qué me miran así. La mayoría de ellos son unos idiotas.

         —No comparto tu opinión —replicó Asiont con malestar—. Ellos nos han ayudado bastante a luchar contra los Khans, de hecho me parece que los Santos serán de mucha ayuda para vencer a N´astarith.

         —¡Ja! —exclamó Cadmio—. ¿Hablas de ese grupo de aficionados? Son unos mediocres, un conjunto de mandaderos de segunda mano que reciben ordenes de una mocosa inmadura.

         —El burro hablando de orejas —musitó Areth en voz baja.

         —¡¿Qué dijiste, niña?! —le cuestionó Cadmio echando fuego por los ojos, pero Areth sólo se encogió de hombros y frunció una especie de sonrisa—. ¿Me dijiste burro? ¿Es eso?

         —No, yo no dije nada.

         Asiont se cubrió la boca para que Cadmio no viera la sonrisa que se asomaba por sus labios. Aunque estaban pasando por un sinfín de dificultades y Ezequieth había muerto, le reconfortaba ver que al menos la mayoría de sus amigos aún estaban vivos. Estaba por empezar a hablar sobre los Santos cuando percibió una inusual energía que venía del planeta Adur.

         —¿Sintieron eso?

         —Viene de Adur —observó Saulo—. No es una energía muy poderosa, pero… .

         Con la vista puesta sobre el enorme planeta, los Celestiales presintieron cada uno por su lado que algo raro estaba sucediendo ahí. La energía que percibían débilmente no era la de un Khan o un guerrero meganiano, sin embargo era demasiado intensa para pertenecer a un ser común y corriente. Entonces, de pronto, Cadmio identificó al dueño de aquella energía.

         —Esta es la energía de ese tonto de Poppu —anunció.

         —¿Poppu? —murmuró Areth—. ¿Hablas del amigo de Dai?

         Cadmio la miró antes de volver a hablar.

         —Sí, ese mago que nunca puede hacer algo bien, ¿qué diablos estará pasando?

         —Percibo la existencia de otra presencia poderosa en el mismo lugar —murmuró Saulo en tono pensativo—. ¿De quién es este enorme poder que siento?

         Planeta Adur.

         La imponente figura del líder del Batallón de los Dragones rasgó la oscura nube de humo y polvo de repente, como un espectro del más allá que acababa de materializarse. No tenía ni una sola herida a la vista. Después de todo lo sucedido, aquello era quizá lo peor que podía pasarles. El sacrificio de Poppu no había servido para nada.

         —Que cosa más tonta fue la que hizo ese mago —murmuró Baran mientras avanzaba.

         —¡No puede ser! —exclamó Leona—. Pero sí esa explosión fue realmente poderosa.

         —La muerte de Poppu ha sido en vano —señaló Umi.

         Baran se detuvo un instante para volver la mirada por encima del hombro y contemplar el cuerpo de Poppu. El mago yacía inmóvil en el suelo. El líder del Batallón de los Dragones frunció el entrecejo y luego llevó la vista hacia sus oponentes.

         —Espero que esto los haya convencido de que nunca podrán detenerme hagan lo que hagan. Ahora usaré mi máximo poder para enviarlos al otro mundo a reunirse con sus amigos.

         —¡Te equivocas, Baran! —exclamó Umi y luego levantó sus manos—. No sé cómo lo voy a hacer, pero yo me encargaré de derrotarte para vengar la muerte de Poppu.

         —No.

         Apoyándose en Excalibur, Dai logró ponerse de pie nuevamente ante las miradas sorprendidas de sus amigos. Caminando lentamente, el pequeño guerrero se dirigió hacia donde estaba Baran, que a también lucía desconcertado. Mientras avanzaba, el símbolo del dragón iluminó nuevamente el dorso de su mano derecha y su cuerpo se iluminó con un aura de color azul.

         —Dai —murmuró Leona.

         —¡Esto es imposible! —exclamó Baran dando un paso atrás—. Nadie puede resistir la fuerza del Doru Aura. Esto no puede estar pasando.

         Dai frunció una sonrisa maliciosa

         —Eso es porque nunca la usaste en contra de un Caballero Dragón y yo soy uno.

         —¿Qué?

         —Baran, será mejor que te prepares porque vengaré la muerte de mi amigo Poppu.

         —Eso ya lo veremos. Está vez usaré un Doru Aura mucho más poderoso que el anterior para eliminarte de una vez por todas. —Baran llevó sus manos a un costado de su cuerpo para crear una nueva esfera de luz, pero Dai ni siquiera se inmutó. El líder del Batallón de los Dragones apretó los dientes y, en un desplante de ira, arrojó el Doru Aura contra su hijo—. ¡¡Será tu fin, Dino!!

         La ráfaga luminosa iluminó el rostro de Dai a medida que se acercaba, pero éste no se movió de su lugar. De pronto, dio un fuerte grito y liberó todo su poder para fortalecer el aura del dragón. El Doru Aura golpeó el cuerpo de Dai con violencia y causó una atronadora explosión. Cuando la fuerza del estallido desapareció, Baran, sorprendido y desconcertado, pudo ver la figura de su hijo todavía ante él.

         —Utilizaste el aura del dragón para protegerte —murmuró el Caballero Dragón con incredulidad—. Has podido controlar el poder del símbolo del dragón mejor de lo que pensaba.

         —Ahora estamos en igualdad de condiciones, Baran.

         Decidido a derrotar a su hijo, Baran desenfundó su espada nuevamente y dio un salto que lo colocó a varios metros por encima del suelo. Los relámpagos iluminaron repetidamente los cielos mientras Baran se preparaba para realizar un nuevo ataque.

         —Mi espada tiene la cualidad de atravesar el aura del dragón. —Baran alzó la mirada y atrajo una descarga eléctrica hacia la hoja de su arma—. Está vez no podrás protegerte de mi Giga Break.

         Al ver eso, Dai se impulsó velozmente por los aires hasta quedar más o menos a la misma altura que Baran. Colocó a Excalibur como sí fuera a utilizar nuevamente el Aban Slash, pero en vez de atacar usó el hechizo mágico conocido como Rayden para canalizar un rayo hacia su espada.

         —Va a utilizar el Rayden Slash —observó Leona mientras la espada de Dai centellaba—. Es increíble, pareciera que ambos estuvieran en igualdad de circunstancias.

         —En realidad cualquiera de los dos puede ganar —advirtió Hyunkel mientras Mariana, Hikaru y Fuu se aproximaban al lugar del combate—. Ambos han agotado gran parte de sus fuerzas durante la pelea.

         En las alturas, ambos oponentes se miraron de hito en hito a sabiendas de que el más mínimo error podría costarles la batalla. Tanto Dai como Baran tenían toda su concentración puesta el uno en el otro, cuidándose de no bajar la guardia por ningún motivo. La batalla había llegado a un punto en el que ambos tenían las mismas posibilidades de vencer.

         —Sí me descuido un momento, Dino podría derrotarme —musitó Baran.

         —Sólo tengo una oportunidad para vencerlo —murmuró Dai—. No puedo fallar.

         Poppu sabía que estaba muriendo. En su viaje hacia el mundo de la muerte nada era claro, sino confuso y oscuro. Tenía la impresión de estar caminando por un paraje desconocido y misterioso. Sin embargo, a pesar de que había perdido todo contacto con el mundo de los vivos, alcanzó a escuchar vagamente las voces de sus amigos y se detuvo para volver la mirada hacia atrás.

         —Dai está luchando todavía —murmuró para sí—. ¡Rayos! Ni siquiera pude hacer bien un Megante. Soy un mago patético y cobarde, tal y como Baran dijo. No tengo lo necesario para ser un héroe.

         Decepcionado consigo mismo, bajó la cabeza y reflexionó sobre lo que había dicho. Toda la vida había soñado con ser un héroe como su maestro Aban, pero jamás había sabido encontrar el valor necesario para lograrlo. Por culpa del miedo no había podido desarrollar sus habilidades y eso le molestaba. De repente, apretó los puños y levantó la mirada mientras un sentimiento de valor crecía en su corazón. Fue entonces que comprendió que los héroes se distinguen de las personas comunes por lograr lo inimaginable, por luchar contra el destino.

         —No, no puedo permitir que las cosas terminen así. Tengo que hacer algo más, tengo que apoyar a mi amigo… ¡Dai!

         A pesar de que ya no tenía fuerzas en su cuerpo, Poppu abrió los ojos y consiguió ponerse de pie nuevamente. Al darse cuenta de aquello, Leona, Marin y Sailor Pluto se volvieron hacia el mago para llamarlo, pero Poppu las ignoró por completo y fijó su mirada en Baran.

         —He llegado hasta el límite, pero al menos ayudaré a Dai… —Concentrando sus últimas energías, Poppu alzó sus manos para lanzar un poderoso rayo de energía mágica en contra de Baran—. ¡¡Inonasun!!

         El ataque logró golpear al líder del Batallón de los Dragones directamente por la espalda, haciéndolo gritar de dolor y distrayéndolo de la batalla. Baran volvió la mirada hacia el suelo y su rostro esbozó un gesto de sorpresa cuando descubrió la maltrecha figura de Poppu. Pero lo que el líder de los dragones no previó era que su hijo aprovecharía la ocasión para atacarlo.

         —No puedo creer que ese ataque me haya dolido. Eso sólo puede significar que Poppu… .

         —Es mi oportunidad —murmuró Dai—. ¡¡Rayden Slash!! (Corte de Rayden)

         Un arco de energía mucho más poderoso que el Aban Slash se abalanzó sobre Baran y lo embistió antes de que pudiera hacer algo para evitarlo. Lanzando un grito, el poderoso híbrido Ryumajin se precipitó a tierra mientras Dai lo miraba.

Continuará… .

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