Leyenda 027

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO XXVII

“PELEA CON TODAS TUS FUERZAS, ASTROBOY”

       Sistema Estelar Adur

       Siguiendo la misma táctica que la nave de Saulo, el Águila Real 32 abandonó las fronteras del sistema estelar aduriano para ir tras el último Devastador Estelar que había atravesado las barreras del continuo espacio tiempo. Gracias al avanzado sistema de escaneo espacial del planeta Adur, las fuerzas aliadas sabían perfectamente cuáles eran las mejores rutas para evitar encontrarse con alguna patrulla imperial que estuviera cerca. Últimamente, la actividad militar imperial había aumentado considerablemente y todos sabían que tenían que actuar prudentemente. 

       —Iniciaremos el traslado en cinco ciclos, señor —anunció el capitán de la nave.

       —Proceda, capitán —ordenó Cadmio sin emoción en su voz—. Es hora de ir de pesca.

       El Celestial frunció el entrecejo y se cruzó de brazos. Todavía no podía creer que Mariana y Andrea lo hubieran obligado a llevar a Dai y los otros en aquella misión. Sentía que llegado el momento de encontrarse con los guerreros del imperio, sólo él podría luchar contra ellos y vencerlos; los demás únicamente estorbarían. 

       Con la vista fija en el enorme ventanal del puente de mando, Ranma, Ryoga, Moose, Dai y Poppu miraban con curiosidad el vasto cosmos que se mostraba ante ellos. Todavía no podían acostumbrarse a la noche eterna que imperaba en el espacio y más de uno ya empezaba a extrañar la tranquilidad de las nubes.

       —Bueno, al menos podremos descansar un poco de estar en ese lugar encerrado —masculló Ranma con desenfado—. Realmente me siento muy ligero luego de entrenar en esa habitación con la gravedad aumentada.

       —Es verdad, Ranma —convino Ryoga con su acostumbrado tono tranquilo—. Debo admitir que nuestras habilidades han mejorado considerablemente. Creo que ahora somos más fuertes que antes.

       Poppu y Dai se miraron entre sí y asintieron conjuntamente.

       —Tienes razón, Ryoga —declaró Dai—. Al entrenar en esa habitación nuestra fuerza y velocidad se han incrementado.

       Cadmio se acercó hasta ellos caminando.

       —Ya dejen de decir tonterías —murmuró con voz gruñona —. Este no es un viaje de placer —hizo una pausa y desvió la mirada hacia donde estaba Hyunkel—. Una vez que lleguemos a nuestro destino, ustedes se quedan en la nave mientras yo me encargo de los imperiales.

       Aquella noticia cayó como un balde de agua fría sobre todos. Nuevamente Cadmio estaba planeando dejarlos fuera de toda la acción.

       —Pero, Mariana nos dijo que pelaríamos todos juntos —musitó Dai recurriendo a lo anteriormente dicho por la princesa de Lerasi.

       El rostro de Ranma sufrió una furiosa transformación.

       —¡Oye, eso no es justo!

       —Ranma tiene razón —intervino Ryoga—. No sólo tú tienes derecho a pelear con esos sujetos.

       Cadmio los fulminó con la mirada. Frunció el entrecejo y les dijo:

       —Bueno, ¿es qué acaso son idiotas? Entiéndanlo de una maldita vez, ustedes no pueden pelear contra esos guerreros. Sí se inmiscuyen en la batalla lo más seguro es que tendré que estar cuidándoles el trasero a cada momento

       Ranma y Ryoga apretaron los puños con furia. Detestaban que Cadmio los tratará de esa manera tan despectiva, pero mientras él continuara al mando, no había mucho que pudieran hacer. Era una situación por demás irritante.

       Dai miró al obstinado Caballero Celestial por un momento. Iba a protestar nuevamente cuando una brillante idea cruzó por su mente.

       —Bueno, tal vez no podamos pelear contra ellos —dijo Dai para sorpresa de todos—. Pero necesitarás alguien que pueda ayudarte a buscar la gema, ¿no es así?

       Cadmio volvió la mirada hacia el chico mientras reflexionaba. Ciertamente lo que Dai le decía tenía algo de razón. Sí se entretenía peleando con algún Khan quizás otro le robaría la gema durante la batalla. ¡Rayos! Chasqueó la boca molesto. Al parecer no le queda otra alternativa más que aceptar la propuesta de aquel chico.

       —De acuerdo —asintió no muy convencido—. Pero te lo advierto, chico, no quieras pasarte de listo conmigo.

       Una vez que Cadmio se alejó para reunirse con el capitán de la nave, todos felicitaron a Dai por su excelente idea.

       —Bien hecho, Dai —murmuró Ranma—. Ni yo pude haber pensado en algo mejor

       El chico esbozó una sonrisa de triunfo e hizo la señal de la victoria.

       —Sí que sí.

       Ciudad de Monterrey, México

       Sepultura esbozó una sonrisa burlona cuando descubrió el temor que reflejaba el rostro de Ezequieth.

       —Vean lo que tenemos aquí, un Caballero Celestial —siseó malévolamente—. Creo que me divertiré un poco contigo, mocoso.

       Kali escudriñó con su escáner visual el nivel de combate del joven. Realmente no tenía más poder que su mentor y combatir con él sería algo innecesario.

       —No es necesario pelear con ellos, Sepultura. Su poder es muy inferior y… .

       —No me digas lo que debo hacer, Kali —la interrumpió el Khan de la Muerte en un tono repentinamente áspero—. Yo haré lo que se me dé la gana —hizo una pausa y le lanzó la gema estelar—. Llévate esto a la nave.

       Cuando Ezequieth se dio cuenta que la gema estelar ya se encontraba en manos de los Khans, clavó la mirada rápidamente en la guerrera de la Destrucción. No podía permitir que se la llevara, no lo haría.

       Sin detenerse a reflexionar un momento sobre las consecuencias de sus actos, el joven Celestial se arrojó sobre Kali al tiempo que formaba una esfera de luz resplandeciente en una de sus manos.

       —¡No lo permitiré!

       Sepultura ladeó la cabeza ligeramente para mirar de reojo a Ezequieth. Dejó escapar una leve sonrisa malévola y usó su asombrosa velocidad para desaparecer de la vista de todos e interponerse en el camino del joven. Antes de que Ezequieth pudiera darse cuenta de lo que había sucedido, Sepultura le propinó una potente patada que lo arrojó hacia uno montón de escombros ubicados a espaldas de Karmatrón.

       —Estúpido —murmuró el Khan de la Muerte triunfantemente—. Eres una molestia.

       Karmatrón miró el sitio donde se había estrellado Ezequieth por encima del hombro y luego volvió el rostro hacia los Khans. Esos guerreros eran demasiados poderosos.

       —¡¡Son unos miserables!! —dijo apretando el puño—. ¿Cómo es posible que hagan esto?

       Sepultura sonrió burlonamente y dio un paso hacia Karmatrón.

       —Veo que aún tienes ganas de seguir peleando.

       El Kundalini adoptó una postura de combate. Estaba listo para atacar nuevamente al Khan de la Muerte cuando un poderoso estruendo llamó la atención de todos. Usando todo el poder de su aura, Ezequieth se liberó de los escombros y se arrojó en una feroz acometida contra Sepultura.

       Con rápidos y potentes golpes, Ezequieth acosaba al Khan de la Muerte en un incesante combate cuerpo a cuerpo. Pero aunque el Celestial estaba haciendo sus mejores esfuerzos, Sepultura era más rápido que él. Anticipándose a cada golpe, el guerrero imperial logró eludir todos los ataques de su enemigo.

       En un momento determinado, Sepultura contraatacó con una velocidad que Ezequieth no pudo igualar. Aprovechando una falla en la defensa del Celestial, Sepultura lo golpeó una y otra vez con tal ferocidad y saña que Ezequieth perdió el equilibrio y fue víctima de todos los ataques del Khan. Con un potente codazo, el guerrero imperial derribó al Celestial por los suelos.

       —¡Ezequieth, no! —gritó Saulo preso de la furia—. ¡No pelees más, por favor!

       Aprovechando el descuido del príncipe endoriano, Tiamat lo arrojó al suelo con una poderosa patada que le dioen pleno rostro. Saulo ni siquiera tuvo tiempo para ver venir el ataque.

       Consciente de que sería la siguiente, Areth se alejó del Khan del Dragón con un asombroso salto que la colocó a varios metros de distancia. Durante el entrenamiento, Saulo le había enseñado que las batallas en contra de los Khans podían ganarse y perderse en cuestión de segundos. Ahora se daba cuenta. Tanto Saulo como Ezequieth habían caído rápidamente. Debía hacer algo antes de que sus enemigos optaran por matarlos. Sin pensarlo un solo instante, la joven Celestial junto sus muñecas con las palmas orientadas hacia delante e inmediatamente las llevó a un costado.

       —¡Ahora será mi turno! —gritó mientras elevaba su aura—. Tengo que vencerte.

       Tiamat esbozó una sonrisa burlona.

       “¡Tonta!”, pensó mientras entornaba la mirada. “Por más que lo intentes, no podrás ganarme”.

       Ignorando por completo la expresión de desdén en el rostro del Khan del Dragón, Areth continuó elevando su aura. Aunque aun no había dominado perfectamente la mayoría de las técnicas propias de un Celestial, la chica había demostrado una gran habilidad y destreza en el combate.

       Karmatrón observó detenidamente a Sepultura. El Khan de la Muerte estaba contemplando el combate entre Areth y Tiamat y por ello había descuidado su defensa; luego lanzó una mirada de reojo hacia donde estaba Kali y descubrió que ésta también estaba absorta mirando la pelea. “Perfecto”, pensó. “Están distraídos”.

       Con un rápido salto, el Kundalini se arrojó sobre el Khan de la Muerte decidido a terminar la batalla. Cuando su puño estaba a punto de estrellarse en la cara de Sepultura, el guerrero imperial levantó una mano y detuvo el golpe sin siquiera mover el rostro.

       —¡No puede ser! —gritó Karmatrón, incrédulo. Sencillamente la velocidad del guerrero de la Muerte rayaba en lo impensable—. ¿Cómo es posible que seas tan veloz?

       Sepultura volvió el rostro hacia Karmatrón y dejó escapar una sonrisa burlona.

       —Tonto, puedo darme cuenta de todos tus movimientos. Eres como una tortuga para mí.

       Sepultura bajó la mano rápidamente, retorciéndole el brazo a Zacek y dejándolo a su merced.

       —Creo que aquí se acaba todo, ¿no es así, Karmatrón?

       Zacek no dijo nada. No había forma de que pudiera liberarse. La fuerza con la que Sepultura le apretaba estaba fuera de sus actuales posibilidades. Sí no estuviera cansado y fatigado por su reciente combate contra Tiamat; el Kundalini hubiera podido liberarse rápidamente de su captor, pero para su fortuna aún le quedaba una última jugada.

       El Khan de la Muerte sonrió y levantó el otro bazo en lo alto. Formó una esfera de luz brillante decidió a terminarlo.

       —Voy a gozar esto como no tienes una… .

       Antes de que Sepultura pudiera terminar la frase, Karmatrón utilizó el poder de la teletransportación para ponerse a salvo. El imperial no podía creer en la suerte de su enemigo.

       —Maldito, insecto —masculló con malestar—. Realmente eres hábil como dicen.

       Areth reunió todas las fuerzas que le quedaban y se preparó para atacar a Tiamat. A diferencia de la Celestial que se veía angustiada, el Khan sonreía tranquilamente como sí no le preocupara en lo absoluto el ataque del que iba a ser víctima. Una esfera de luz brillante apareció entre las palmas de la joven Celestial, resplandeciendo con gran intensidad y arrojando destellos luminosos en todas direcciones

       —¡Recibe esto, canalla! —le gritó mientras giraba sus brazos hacia delante.

       Tiamat sonrió burlonamente.

       —Haz lo que quieras, niña.

       —¡Sha-Ma-Sha!

       Un poderoso rayo de luz emanó de las manos de Areth y se dirigió a toda velocidad hacia Tiamat. El disparo había sido muy poderoso, pero aparentemente no era lo suficientemente fuerte para intimidar a los Khans.

       —Su nivel de ataque llegó a las veinte mil unidades de fuerza —murmuró Kali cotejando la información que arrojaba su escáner visual—. Esa chiquilla es realmente asombrosa. Saulo la entrenado bien.

       El Sha-Ma-Sha de Areth continuó su camino iluminando el cuerpo Tiamat. Casi antes de tocarlo, la joven Celestial se sorprendió de ver la sombra de una sonrisa casi imperceptible en el astuto rostro del poderoso Khan del Dragón. La ráfaga de luz embistió a Tiamat de frente, explotándole encima y produciendo una nube de humo y polvo.

       Areth respiraba agotadamente. Su rostro reflejaba claramente la fatiga y el cansancio del que era víctima.

       —¡No! —jadeó la joven Celestial—. ¡No le hice ningún daño!

       Como sí se tratara de un espectro del más allá, la imponente figura de Tiamat emergió de la nube de polvo caminado tranquilamente. No tenía ni el más mínimo rasguño en el cuerpo y ni que decir de su armadura.

       —Vaya, ese ataque sí que fue poderoso —murmuró suavemente mientras se limpiaba algo de polvo de una de sus hombreras—. Es una lástima que no haya surtido efecto en mi —hizo una pausa y esbozó una sonrisa burlona—. El Sha-Ma-Sha puede ser una técnica muy poderosa, pero todo depende de quien la use.

       Areth cayó de rodillas el suelo. Había hecho su mejor esfuerzo y desgraciadamente no había sido suficiente. Tiamat caminó lentamente hasta ella formando una esfera de luz en una de sus manos, sus ojos brillaron malévolamente.

       —Creo que aquí se acaba todo —le dijo listo para darle el golpe mortal—. Lo lamento mucho, niña.

       Areth no levantó la cabeza, algunas lágrimas brotaron de sus ojos. Tiamat estaba a punto de eliminarla cuando un grito furioso resonó a lo lejos, llamando su atención.

       —¡Falcon Fire!

       Al volver la mirada hacia su costado derecho, el Khan del Dragón contempló sorprendido como una  enorme ave de fuego se abalanzaba sobre él. El imperial solamente extendió una mano con la palma abierta y detuvo el ataque.

       A unos metros de distancia, Saulo respiraba agotadamente. El Falcon Fire era sin lugar a dudas su mejor técnica, pero aun así le había resultado inútil en contra de Tiamat.

       “¡No puede ser!”, pensó. “¿Acaso será inmortal”.

       El Khan del Dragón dejó escapar una leve sonrisa y bajó su mano lentamente.

       —Me das lástima, Saulo. Tu poder es realmente insignificante, esperaba más del hijo del rey Lux.

       Kali miró la gema estelar que sostenía en su mano, luego observó Saulo por un momento y finalmente a Karmatrón. Todos estaban muy débiles por la batalla y no era necesario matarlos.

       —Tiamat, no tiene caso malgastar nuestro poder y tiempo con estas basuras. Será mejor regresar con el emperador cuanto antes.

       El Khan del Dragón miró a su compañera por encima del hombro y luego sonrió.

       —Tienes razón, esta pelea no tiene sentido —guardó silencio un momento y se volvió hacia Sepultura—: Encárgate de eliminarlos.

       Sepultura dejó escapar una leve sonrisa y asintió mientras el Khan del Dragón se daba la media vuelta.

       —¡No huyas! —le gritó Saulo—. La pelea aún no termina, Tiamat.

       El Khan del Dragón llegó hasta donde se encontraba Kali y se volvió un instante hacia Saulo.

       —No digas tonterías —hizo una pausa y se elevó unos metros—. Sí consigues sobrevivir al ataque de Sepultura, te estaré esperando.

       Kali miró a Karmatrón por última vez y luego siguió a Tiamat hacia la nave. Mientras sus compañeros se introducían en la nave espacial imperial, Sepultura miró a Saulo y los otros con desprecio.

       —Voy a usar la mejor técnica que tengo —alzó sus manos—. Será mejor que se preparen.

       Luego de haber destruido un buen número de naves patrulla que orbitaban aquel mundo e interferir las comunicaciones de los satélites, el Devastador imperial Devaki atravesó la atmósfera del planeta y tomó rumbo hacia una de las ciudades más importantes.

       —Es impresionante —declaró David mientras contemplaba los datos que continuamente desplegaba el monitor principal—. Este planeta también muestra un enorme parecido con la Tierra de nuestra propia dimensión.

       Una oscura figura se acercó lentamente hasta David.

       —Y como todas las Tierras, sus habitantes son sólo basura.

       David volvió la mirada hacia atrás y repuso:

       —Kadena, ¿siempre ere así de despectivo con los seres más débiles que tú?

       El guerrero meganiano asintió con una sonrisa.

       —Lo lamento, mi señor —hizo una pausa y bajó la cabeza—. Juzgo a mi enemigo dependiendo de su fuerza.

       En ese momento, el capitán de la nave se acercó hasta David para anunciarles que finalmente la computadora de la nave había encontrado señales de la gema estelar presente en aquel universo.

       —La hemos encontrado, señor.

       David dejó escapar un leve suspiro de satisfacción y se volvió hacia el capitán del Devaki.

       —Bien, estaciona la nave —ordenó—. Yo y mis guerreros iremos solos a partir de aquí.

       En el Centro de Investigaciones Robóticas se estaba llevando a cabo una importante reunión. Después de meses de incansables trabajos y desveladas continuas, el profesor Ochanomizu estaba listo para anunciar al mundo su último invento científico: el primer reactor No-Nuclear en la historia

       A unos veinte pisos por debajo de la tierra se encontraban los niveles subterráneos del Centro de Investigaciones Robóticas. Ahí, el profesor Ochanomizu les mostraba a un grupo de científicos renombrados los resultados de su elaborada investigación.

       —Bien, caballeros, por aquí tenemos el reactor experimental de energía —informó mientras se colocaba a lado de una enorme consola. Robots de mantenimiento iban de un lado a otro haciendo los últimos ajustes—. Como podrán observar a continuación, este reactor podrá suministrar de energía por mucho tiempo.

       El distinguido grupo de científicos y doctores en ciencia miraron con curiosidad la enorme máquina que Ochanomizu les mostraba y comenzaron a murmurar entre ellos.

       —Una pregunta, profesor —dijo uno de los invitados.

       Ochanomizu clavó la mirada en el científico y a continuación se limpió el sudor de la frente con su pañuelo.

       —Sí, adelante.

       El científico caminó hasta la máquina con las manos entrelazas detrás de sí y, tras un momento, se volvió hacia el profesor para hablarle.

       —¿Cómo funciona esta máquina? De acuerdo con lo que nos dijo, este reactor no opera con energía nuclear.

       Ochanomizu asintió con la cabeza.

       —Efectivamente, profesor, no opera con energía nuclear —hizo una pausa y se volvió hacia un pequeño niño que se encontraba a su costado—. Astroboy, por favor, acciona el control del muro protector.

       Los científicos desviaron la mirada hacia el pequeño niño. Tenía el aspecto de un infante de diez años y era idéntico a un humano a excepción de que en lugar de tener cabello poseía dos especies de aletas negras a ambos lados de la cabeza.

       El pequeño Astroboy era el resultado de la labor de un reconocido científico que, luego de haber perdido a su hijo en un trágico accidente, decidió crear un robot con la apariencia de su pequeño fallecido. Sin embargo, Astroboy era mejor conocido por ser un robot dotado de grandes poderes que lo colocaban entre los más poderosos de la Tierra.

       —Todo listo, profesor Ochanomizu —dijo Astroboy luego de presionar un pequeño botón.

       Uno de los científicos invitados se acercó hasta donde estaba Ochanomizu mientras un enorme muro protector comenzaba a abrirse lentamente mostrando el reactor.

       —Profesor, ¿ese es el famoso Astroboy? —le susurró.

       Ochanomizu asintió de buena gana.

       —Si, así es, profesor Uzuki.

       Uzuki arrugó la frente sin poder ocultar su malestar.

       —¿Cómo es que permite que un robot conozca de esta clase de proyectos tan secretos? —preguntó en tono de reproche—. Me parece que comete un error garrafal, profesor Ochanomizu.

       El profesor Ochanomizu tomó su pañuelo y nuevamente se limpió el sudor de su frente.

       —Usted juzga mal a Astroboy, profesor Uzuki —guardó silencio y se aseguró que nadie más lo escuchara—. Él es un chico estupendo, se lo puedo asegurar.

       Uziki esbozó una sonrisa burlona.

       —Desde ahí está mal, Ochanomizu, Astroboy es solamente un robot, no un chico.

       El muro protector finalmente desapareció dejando ver claramente el centro del reactor. La presencia de una pequeña gema de forma triangular en la parte central cautivó de inmediato la atención de todos los científicos invitados.

       —Pero, ¿qué rayos es eso? —inquirió Uzuki sin apartar la vista un instante—. ¿Acaso esa extraña piedra es la que genera la energía de este reactor?

       Ochanomizu se colocó al lado de su impresionado colega.

       —Un mineral desconocido —murmuró triunfantemente—. Lo encontraron hace algunos meses y creo que es único en su especie. Aparentemente, produce más energía que cualquier otro mineral descubierto o producido en la Tierra. También tiene grabados unos extraños símbolos que hasta le fecha nadie ha podido descifrar.

       La presencia de autos voladores y naves surcando los cielos sugería un mayor grado de avance tecnológico en comparación con las otras Tierras visitadas por las fuerzas imperiales. Sin embargo, el detalle que más saltaba a la vista era la inmensa cantidad de robots que circulaban por la ciudad. Parecía que por cada dos humano había un robot.

       —Vaya, al parecer lo humanos de esta Tierra han alcanzado un mayor grado de evolución tecnológica —declaró David mientras volaba por los aires seguido por sus guerreros y un destacamento de soldados meganianos.

       Kadena, el mayor y más poderoso de los guerreros reales de Megazoar, miró con hastío los edificios de la imponente ciudad que sobrevolaban.

       —Sin embargo, están más atrasados que nosotros —masculló, volviendo el rostro hacia su compañero de armas más cercano, Shield.

       Al igual que Kadena, los otros tres guerreros reales meganianos poseían una arma especial que los distinguía en las batallas. Shield era fornido y de complexión gruesa. En sus brazos llevaba sujetos dos enormes escudos que le servían para defenderse y atacar. Sword, por el contrario, era alto, delgado y de rápido reflejos. Se rumoraba que incluso era un mejor espadachín que Galford. Por último, Harpoon, un guerrero fuerte y fornido que se enorgullecía de jamás haber perdido un combate durante toda su vida. Por su gran poder y muchas otras razones aquellos cuatro guerreros eran muy respetados en todo el imperio meganiano.

       Un pitido de alerta en el escáner visual de Sword le indicó que la gema estaba ya muy cerca.

       —Ya la encontré, príncipe —dijo mientras escudriñaba los alrededores—. La gema se encuentra a cinco kilómetros de aquí.

       David dejó entrever una sonrisa y miró hacia delante.

       —Bien, es hora de actuar.

       Entretanto, al mismo tiempo, el Águila Real 32 atravesó la atmósfera terrestre siguiendo el rastro del Devastador Estelar Devaki. Una vez que la nave aliada penetró en el planeta activó los sistemas de camuflaje para evitar ser detectada. 

       —Ya encontramos la nave imperial, señor —anunció el segundo oficial de abordo dirigiéndose a Cadmio—. Se encuentra estacionado a veinte mil kilómetros sobre la superficie del planeta.

       El Celestial bajó la cabeza. Aquella era una maniobra muy rara. Sí se hubiera tratado de los Khans probablemente hubieran llevado la nave hasta donde se encontraba la gema destruyendo todo a su paso, tal como lo habían hecho en el mundo de Dai. Sin embargo eso no era completamente seguro, ya antes Sombrío había hecho algo como eso en el mundo de Ranma. Sólo había una forma de averiguar quien estaba tras esa misión; cerró los ojos hundiéndose en su interior.

       —Siento cinco presencias poderosas —murmuró en tono pensativo—. Se trata de guerreros de la casa real de Megazoar. Eso significa que N´astarith le confió la misión a uno de los integrantes de la familia real, de lo contrario esos guerreros no estarían aquí.

       Ranma y Dai se miraron entre sí sin entender una sola palabra.

       —¿Meganianos? —repitió el primero—. ¿Qué es eso?

       —Ellos no son Khans —respondió Cadmio tranquilamente—. Pero sí son enemigos de cuidado —hizo una pausa y se volvió hacia Dai y Hyunkel—. Ustedes me ayudarán distrayendo a los enemigos mas débiles mientras Ranma y los otros buscan la gema.

       Hyunkel y Dai asintieron con la cabeza.

       Ryoga, por su parte, dejó escapar una sonrisa y se volvió hacia Ranma.

       —Esta será una buena oportunidad para demostrarte cuanto he mejorado, Ranma —murmuró en voz baja para que Cadmio no fuera a oírlo.

       —Me muero por verlo, Ryoga —respondió Saotome de la misma forma.

       Los   escáneres visuales llevaron a David y a sus hombres hasta las puertas del Instituto de Investigaciones Robóticas. Al verlos llegar volando, los guardias reaccionaron con sorpresa y más de uno se llevó la mano a su arma.

       —Alto ahí —dijo un guardia humano seguido por dos policías robots—. No pueden entrar a menos que me muestren sus pases.

       David miró el enorme complejo ante él sin prestar la menor atención a los guardias que se acercaban.

       —Con que la gema se encuentra en este lugar —murmuró para sí.

       Harpoon miró a los guardias y esbozó una malévola sonrisa.

       —¡Apártense del camino, insectos! —les ordenó—. ¡No tenemos tiempo que perder con basura!

       Sin pensarlo dos veces, tanto humanos como robots desenfundaron sus armas y encañonaron a los intrusos.

       —Muy bien, cretino —dijo uno de los guardias robots con su vocecita estridente—. Quedan todos arrestados.

       Unos segundos después la enorme espada de Sword lo había convertido en chatarra. Más robots de seguridad llegaron para apoyar a sus compañeros. Harpoon se abrió paso entre los demás guardias con una feroz acometida de golpes. Los soldados meganianos se unieron al ataque y múltiples rayos láser hendieron el aire en todas direcciones mientras que las alarmas comenzaron a sonar.

       David miró la puerta de la entrada justo a tiempo para ver como un nuevo destacamento de guardias se colocaba frente a ella. Alzando su mano con la palma orientada hacia delante, disparó un rayo de energía que fulminó tanto a robots como humanos.

       —Dejémonos de juegos —musitó, desviando la mirada hacia Sword—. ¿Puedes abrirnos un camino hasta abajo?

       Sword sonrió e hizo una caravana.

       —Será un honor servios, príncipe.

       Ochanomizu se colocó a un costado de la enorme ventana que dejaba ver el interior del reactor de energía.

       —Como podrán ver —comenzó a decir—. Esa extraña piedra que se encuentra en el centro puede suministrar de energía a todo el país por cien mil años.

       Uzuki se colocó sus lentes para observa mejor la extraña gema triangular, parecía un enorme diamante.

       —¿Está diciendo que esa pequeña gema guarda una enorme cantidad de energía?

       Ochanomizu asintió con la cabeza y volvió la mirada hacia Astroboy.

       —Así es, profesor —hizo una pausa—. Astro, enciende el generador, por favor

       Pero antes de que el pequeño robot pudiera tocar los controles una alarma comenzó a sonar en el laboratorio poniendo a Ochanomizu y lo demás en alerta.

       —¿Qué es lo que ocurre? —preguntó Astroboy sin dirigir su pregunta a nadie en concreto—. Es la alarma de seguridad.

       Ochanomizu caminó apresuradamente hacia los controles. Al principio pensó que se trataba de una falla en el reactor, pero luego de verificar los contadores se dio cuenta de que el peligro del que les avisaba la alarma provenía de alguna otra parte.

       —No lo entiendo —murmuró—. No puedo comunicarme con seguridad.

       Uno de los científicos, preso del pánico se dirigió hacia la puerta pidiendo ayuda. Iba a accionar el botón de la cerradura cuando una violenta explosión destruyó la puerta matándolo al instante.

       Astroboy se colocó frente a Ochanomizu para protegerlo. Accionando sus faros ópticos intentó divisar algo dentro de la gruesa nube de humo que había seguido a la explosión.

       Uzuki se arrastró por los suelos en dirección hacia un escritorio. Al volver la vista hacia la entrada, finalmente pudo divisar los rostros de los guerreros meganianos.

       David se abrió paso hasta el centro de la habitación. Al darse cuenta de que todos los científicos estaban muertos de miedo, el joven príncipe meganiano alzó la voz para dirigirse a todos.

       —Escuchen, no les haremos daño —hizo una pausa y clavó la mirada en Astroboy—. Sólo venimos por una cosa, no quieran hacerse los valientes y no les pasará nada.

       Uno de los científicos más jóvenes hizo el ademán de tratar de salir por la entrada, pero antes de que lograra ponerse de pie, Shield lo asesinó con una certera descarga de energía.

       —Ya oyeron al príncipe, nada de juegos.

       Astroboy apretó los puños y se enfrentó a los intrusos.

       —¿Quiénes son ustedes? —les inquirió valientemente—. ¿Acaso son robots?

       Kadena dio un paso al frente y se llevó la mano a su escáner.

       —Mi escáner visual me indica que ese chiquillo tiene un poder de combate de 100,000 unidades —abrió los ojos enormemente—. Sin embargo, no siento su aura.

       —Eso es porque se trata de un robot —declaró David sin dejar de mirar al extraño niño que se atrevía a enfrentárseles—. Escucha, robot, no nos interesas, hazte a un lado y no intervengas.

       Astroboy no retrocedió y alzando la voz dijo:

       —Nunca, lo que ustedes hacen está mal —hizo una pausa y miró los cadáveres—. ¿Por qué matan a la gente inocente?

       Tres de los soldados meganianos encañonaron a Astroboy y sonrieron.

       —Príncipe, déjenos destruirlo.

       David asintió con la cabeza y se cruzó de brazos.

       —Está bien, que sirva de ejemplo a quienes se opongan a los meganianos.

       Los soldados descargaron una serie de haces láser contra el pequeño Astro, pero antes de que los disparos lo alcanzaran, éste dio un brinco en el aire. Usando los cañones láser en la punta de sus dedos índices, el robot eliminó a dos de los meganianos con una gran rapidez.

       El último disparó en repetidas veces contra el chico intentando derribarlo sin éxito. Finalmente el pequeño robot aterrizó frente a él. Ya sin municiones, el meganiano quiso golpearlo con su arma, pero Astroboy detuvo la culata con la mano sin mayor problema. Con un poderoso puñetazo en el estómago, el pequeño robot dejó fuera de combate al último soldado enemigo.

       —Vaya, no puedo creerlo —murmuró Kadena—. Esa chatarra venció a nuestros soldados —hizo una pausa y se volvió hacia David—. Príncipe, por favor concédame el honor de acabar con este miserable.

       David, cuyo rostro había sufrido una furiosa transformación, asintió con la cabeza.

       —Mátalo enseguida.

       Kadena extendió una larga cadena de oro entre sus manos y dio un paso al frente.

       —Voy a acabar contigo en menos de cinco minutos, chatarra.

       Astroboy contempló al meganiano sin dejarse amedrentar. Iba a atacarlo cuando de pronto una ruidosa explosión en el otro lado del laboratorio, llamó la atención de todos.

       David se llevó la mano al rostro para protegerse del humo.

       —¿Quién se atreve? —masculló entre dientes—. Malditos… .

       Varias figuras emergieron de la nube de polvo, abriéndose paso entre los escombros.

       —Sólo somos nosotros, remedo de príncipe —se escuchó decir a una voz.

       Astro desvió su atención para examinar a los recién llegados. “¿Más enemigos?”, pensó.

       Poco a poco la nube de humo se disipó descubriendo la identidad de los recién llegados.

       —Saludos, príncipe David Ferrer de Megazoar —dijo Cadmio, cruzado de brazos—. Le traemos un mensaje de la Alianza Estelar y este es… . —hizo una pausa y sonrió mientras Dai y Hyunkel se colocaban a sus costados—. Que puede darse por muerto.

       David frunció el entrecejo sorprendido.

       —Vaya, así que después de todo pudieron seguirnos —comentó burlonamente—. No me explico como lo hacen, pero de todas formas no importa ya que no conseguirán salir con vida de aquí.

       Cadmio volvió a sonreír con desdén.

       —Eso lo veremos.

       Al instante, Hyunkel y Dai empuñaron sus espadas y se alistaron para el combate.

       —¡No voy a dejar que hagan de las suyas! —exclamó Dai mirando a David fijamente—. No conforme con lo que hicieron en el castillo de Leona, ahora han venido a sembrar el caos en esta tierra.

       Sword alzó su espada y dio un paso al frente.

       —Con que tú eres el molesto chiquillo al que se enfrentó Galford y al que no pudo matar, ¿eh? —le preguntó maliciosamente—. Bien, mocoso, ahora pelearás con el mejor espadachín de Megazoar.

       Cadmio miró de reojo a Astroboy por un momento y a continuación desplegó su aura. Ahora tenía más poder que hace una semana.

       —Escuchen, yo me haré cargo de ese tal David —les dijo, incrementando su aura—. Ustedes háganse cargo de lo demás. No se preocupen por usar magia. Sus armaduras no son a prueba de los hechizos como las de los Khans.

       Detrás del Caballero Celestial, Ranma, Ryoga, Moose y Poppu asumieron diferentes poses de combate. Aunque Cadmio no lo consintiera, estaban decididos a participar en la pelea. De pronto, Astroboy se colocó entre ambos bandos extendiendo los brazos.

       —¡Un momento! —exclamó con voz potente—. ¿Quién son todos ustedes?

       Cadmio miró al pequeño Astroboy con perplejidad. “No puedo sentir su Chi”, pensó.

       Antes de que mediara palabra de por medio, Harpoon alzó su mano con la palma orientada hacia delante y disparó una descarga de energía contra Astroboy, golpeándolo en la espalda. La camisa que el pequeño robot llevaba puesta se desintegró por completo. Totalmente aturdido, el pequeño robot fue a caer a los pies de Cadmio.

       Hyunkel levantó su arma en lo alto y luego se arrojó directamente contra Harpoon . El guerrero meganiano, por su parte, detuvo el mandoble con su lanza y ambas armas se separaron con un áspero chirrido.

       —Eres bueno, muchacho —le dijo en un tono burlón—. Pero aun así, un humano común no puede vencer a un meganiano.

       Cadmio desvaneció su aura y se inclinó para ayudar a Astro a levantarse. No conocía la naturaleza de sus poderes, pero sí había logrado resistir una descarga probablemente podría ayudarlos a pelear.

       —¿Estás bien, muchacho? 

       Astroboy asintió con su cabeza. Sus enormes ojos le conferían el aspecto de un ser pacífico.

       —Sí, pero esa descarga fue muy poderosa —hizo una pausa y se volvió hacia David—. ¿Quiénes son ellos? ¿acaso robots?

       Cadmio clavó la vista en el príncipe meganiano quien le dedicó una sonrisa burlona.

       —No, son seres vivos —hizo una pausa y bajó la vista hacia Astroboy—. Ahora no puedo explicarlo, pero debes ayudarnos a vencerlos. De lo contrario el destino de tu planeta y quizás del nuestro estará perdido.

       Astroboy miró al Celestial sin comprender la totalidad de sus palabras. Con sus manos se quitó los restos chamuscados de su camisa que todavía colgaban de su cuerpo, se levantó y se colocó al lado de Dai.

       —De acuerdo, amigos —dijo, mirando a Cadmio y luego a Dai—. No sé qué rayos es lo que sucede, pero cuenten conmigo.

       Cadmio dejó escapar una pequeña sonrisa de satisfacción. Elevó su aura nuevamente y se lanzó directamente contra David y los guerreros meganianos seguido por Dai, Ranma, Astroboy, Poppu y todos los demás.

       Continuará… .

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