Leyenda 103

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO CIII

COMBATE EN ZEFILIA

Bosques de Zefilia.

         Los pájaros abandonaron sus refugios en las ramas de los árboles y emprendieron el vuelo. Los ciervos huyeron rápidamente y los conejos se ocultaron en sus madrigueras. Era como si todo ser viviente en aquel bosque de Zefilia presintiera que algo terrible estuviera por suceder y prefiriera escapar para salvarse. En tan sólo unos instantes, todo se sumió en un tétrico silencio, un silencio que fue abruptamente interrumpido por las diabólicas carcajadas de Liton.

         —¿Por qué ponen esas caras? —les preguntó a Rina y a los otros Slayers—. No se preocupen, les aseguro que tendrán una muerte rápida. Cuando haga explotar este mundo, se convertirán en polvo del universo.

         —¡Estás loco! —exclamó Ameria—. ¿Quién te crees que eres?

         Liton endureció el gesto. Era bastante notorio que no le había agradado para nada el tono empleado por Ameria. El meganiano levantó un brazo para señalar a la princesa del reino de Seyruun y sonrió maliciosamente. Ameria retrocedió unos pasos y su rostro reflejó un semblante de temor.

         —Eres una chiquilla impertinente, ¿es qué acaso quieres ser la primera en morir?

         Aquello fue más que suficiente para que Zerugadisu se decidiera a desafiar al guerrero meganiano. No sabía a ciencia cierta lo que estaba ocurriendo, pero por ningún motivo iba a permitir que un imbécil amenazara de esa manera a una de sus amigas. Pasó por un costado de Ameria y se detuvo delante de Liton y Bórax, lanzándoles una mirada de desprecio.

         —Será mejor que controles tu boca o te pesará.

         El meganiano soltó una risita malévola.

         —Tal estupidez sólo puede venir de alguien que jamás ha visto a los poderosos guerreros meganianos en acción. Enfrentarme es encontrar la muerte, muchacho, te lo aseguro.

         —¿No te cansas de estar lanzando amenazas? —le preguntó Rina con insolencia—. No eres más que un fanfarrón. Dices que vas a destruirnos a todos, pero yo creo que vas a salir con el rabo entre las patas como un vil perro callejero.

         Gaury se acercó un poco a Rina para susurrarle.

         —Eso fue muy valiente de tu parte.

         —Cállate —le ordenó la hechicera—. No sé por qué me está pasando esto.

         —Creo que cambié de opinión —murmuró Liton en tono amenazante—. Primero los mataré a todos antes de hacer volar este estúpido planeta. Sin embargo, antes de enviarlos al más allá, quiero que me entregues ahora mismo la gema de los Titanes.

         —¿La gema de los qué? —repitió Rina, confundida—. ¿De qué me estás hablando?

         —La gema sagrada de los Titanes —musitó Firia y enseguida giró la cabeza hacia Hyoga y los otros—. ¿Acaso se refiere a la misma gema que esos forasteros estaban buscando?

         —Aguarda un momento, Liton —dijo David Ferrer de repente—. Antes de que intentes de matar a alguna persona de este mundo, primero tendrás que luchar contra mí. Ni pienses que permitiré que te lleves la gema sagrada.

         Liton lanzó una nueva carcajada.

         —Príncipe, no crea que me he olvidado de usted. La verdad no tenía idea de que iba a encontrarlo en este lugar, pero debo decir que es un golpe de suerte. David, cuando tu padre me encerró en las entrañas de Megazoar soñaba con matar a toda tu familia y eso lo que pienso hacer.

         —¿Me estás diciendo que te vendiste a N´astarith nada más para vengarte de nosotros? ¿No te das cuenta de que si él logra apoderarse de todas las gemas controlará el destino de todo ser viviente?

         —Es increíble que a estas alturas me salgas con esa clase de tonterías —Liton esbozó una sonrisa—. Con tal de matarlos sería capaz de aliarme con el mismo diablo. Lo único que lamento es que tu padre esté muerto porque tenía pensado hacerlo sufrir como el perro que era.

         David apretó los puños y separó ambas piernas. Estaba a punto de atacar a Liton cuando notó que una decena de gnomulones inorgánicos comenzaba a salir de entre los árboles y arbustos que había alrededor del claro. No tardó mucho para que Rina y sus amigos se dieran cuenta de que estaban completamente rodeados.

         —¿Qué son esas cosas? —inquirió Shirufiru sin dirigirse a nadie en concreto.

         —Es una pena, príncipe, pero en esta ocasión papá no vendrá a salvarlo —se burló Liton en medio de una risita—. Morirás al lado de los inútiles que te acompañan y luego le llevaré tu cabeza a N´astarith como regalo.

         Los gnomulones miraron a sus presas y echaron a reír escandalosamente. Para Rina y sus amigos aquellas criaturas eran alguna clase de demonio desconocido, pero Yamcha les encontró mayor parecido con los Saibamans, unos alienígenas a los que había enfrentado años atrás en su Tierra. Hyoga, por su parte, estudió a los gnomulones con la mirada  mientras se preguntaba interiormente qué clase de habilidades tendrían.

         —Que criaturas tan grotescas —observó Ameria con repulsión.

         Gaury desenfundó su espada de luz con un rápido movimiento.

         —No me importa sin son gnomos o quién sabe qué cosas. Sí se acercan aunque sea unos pasos, los acabaré a todos con mi espada.

         —Los mataremos a todos —sentenció Bórax—. Así que mejor digan sus oraciones.

         —No creas que voy a permitirlo, enano —La voz de Asiont llegó desde las alturas.

         Liton levantó la cabeza a tiempo para observar cómo un Caballero Celestial y un Espía Estelar llegaban volando. El meganiano reconoció de inmediato las vestimentas de Asiont y esbozó una sonrisa de maldad. N´astarith y los Khans le habían advertido sobre un puñado de Caballeros Celestiales que aún peleaban para la Alianza Estelar, pero no tenía pensado encontrarse a uno en aquella misión.

“De manera que ese muchacho es uno de los Caballeros Celestiales que tanto inquietan a N´astarith”, pensó Liton. “Su aura no parece muy poderosa, pero siento cierta energía que no alcanzó a identificar”.

         Rina respiró hondo para apaciguar su nerviosismo. Ingenuamente había creído que podría deshacerse de los forasteros con sólo mandarlos a volar con su magia, pero evidentemente había equivocado sus cálculos. La hechicera se encogió de hombros. No tenía la menor idea del por qué todos esos desconocidos estaban en busca del triángulo de Zanatar, pero por el momento eso carecía de importancia. Primero debían encontrar una forma de vencer a Liton y a los gnomulones inorgánicos antes que cualquier otra cosa.

         —Mira, Rina, esos dos pudieron volver —señaló Shirufiru.

         —Claro, ya sabía que lo lograrían —repuso Rina, tratando de fingir normalidad—. No esperaba poder deshacerme de ellos con el Diru Burandu, pero que bueno que regresaron porque necesitamos vencer a ese tipo.

         —¡Asiont! —exclamó Yamcha—. ¡Que bueno que pudiste regresar!

         El Celestial dedicó una mirada de frialdad a Rina antes de hablar.

         —Sí, la verdad es que nunca me habían mandado a volar de esa manera —murmuró Asiont mientras Rina trataba de fruncir sin éxito una especie de sonrisa—. Como sea, ¿quiénes son esos tipos? ¿Acaso amigos de esa hechicera?

         — Oye, te agradecería que no me insultes —se apresuró a responder Rina—. ¿Quieres que te mandé a volar de nuevo? 

         —El es un guerrero meganiano llamado Liton —le informó David, haciendo caso omiso de las protestas de Rina—. Hace eones sirvió bajo las ordenes de mi padre hasta que lo traicionó, aliándose con aquellos que deseaban derrocarlo y tomar el poder. Él entrenó a todos los guerreros de la Casa Real de Megazoar y por lo mismo sus poderes rivalizan con los de mi padre. Como castigo a su rebeldía, fue encerrado en el interior del planeta Megazoar para privarlo de la energía solar que lo fortalece y le da poder.

         —¿Energía solar? —repitió Uller.

         David afirmó con la cabeza.

         —Así es, Liton es un guerrero que puede absorber la energía estelar de las estrellas para fortalecerse. Creí que había muerto cuando Megazoar fue destruido por las fuerzas de Abbadón, pero ahora veo que se ha aliado a N´astarith.

         —Ya decía yo que ese tipo era uno más de los lacayos de N´astarith —murmuró Eclipse en tono reflexivo—. ¿Y el chaparro con cara de duende es su mascota o algo por el estilo?

         —¡Maldito! —rugió Bórax—. ¿Te atreves a burlarte de mí? ¡¡Morirás!!

         —No, él es Bórax —dijo Uller—. Es un gnomulón inorgánico y proviene de mi dimensión. Bórax es uno de los muchos aliados de Asura, nuestro peor enemigo, y parece que él y N´astarith se han unido para destruirnos.

         —Eso explicaría su presencia en este universo —razonó Ten-Shin-Han—. Ese Asura que mencionas debió haberlo enviado para hacer el trabajo sucio de N´astarith.

         Bórax rompió en carcajadas.

         —Muy perceptivo de tu parte, escoria, lo malo es que después de que acabemos con ustedes no quedará nadie con vida para avisarles a sus amigos. Está vez la flama de los Guerreros Kundalini se extinguirá para siempre.

         —¡No digas tonterías, Bórax! —exclamó Uller—. Tal vez Asura y N´astarith se hayan unido, pero eso no les garantiza el éxito. Al final, ese exceso se confianza se transformará en la principal causa de su derrota.

         —Así se habla, Uller —dijo Asiont con determinación—. Tal parece que tendremos que vencerlos sí queremos volver con la gema. No importa que ellos sean más que nosotros, esos gnomulones no poseen grandes poderes.

         —Te arrepentirás de tus palabras, maldito gusano.

         De repente, Bórax levantó su puño para disparar un rayo contra Asiont. El Celestial ni siquiera pensó en esquivarlo. Del mismo modo que Ten-Shin-Han, él también había podido percibir el escaso poder de pelea de Bórax de manera que dedujo que los ataques de éste no serían de peligro para él.

         —¡No hay necesidad de evadir ese ataque!

         —¡No, Asiont! —le gritó Uller—. ¡Hazte a un lado!

         Pero Asiont desoyó completamente las advertencias del hombre de hielo. Alzó una mano y le dio un golpe al ataque de Bórax con la intención de devolverlo, pero ello no ocurrió. Cuando la mano del Caballero Celestial tocó el rayo, ocurrió lo impensable. Todo el cuerpo de Asiont comenzó a transformarse en piedra hasta que quedó convertido en una estatua de roca.

         —¡Nooo!

         Liton lanzó una sonora carcajada.

         —Que tonto, quiso desviar el ataque y sólo consiguió perder la vida.

         Después de ver lo sucedido, Rina y los Slayers quedaron tan sorprendidos como Yamcha, Eclipse, Hyoga, Shaina, David y Ten-Shin-Han. Los gnomulones imitaron a Liton y echaron a reír escandalosamente para burlarse. Una vez superado el estupor de lo ocurrido, Yamcha se acercó a la estatua de Asiont y la palpó con una mano.

         —No puede ser.

         —Los gnomulones inorgánicos tienen la habilidad de petrificar o metalizar a sus enemigos —les explicó Uller con resignación—. Sí los tocan las descargas de un gnomulón inorgánico también se convertirán en piedra.

         —Que bueno que lo recordaste, Uller —murmuró Bórax—. Es una lástima que tu amigo no lo sabía. Pero no te preocupes, muy pronto todos ustedes se reunirán con él en el otro mundo.

         Yamcha se volvió iracundo contra el líder de los gnomulones.

         —¡Acabaremos contigo!

         —Detente, no pierdas la cabeza —Shaina extendió una mano delante del Guerrero Zeta, impidiéndole avanzar—. Tal vez ese gnomulón haya convertido en piedra el cuerpo de Asiont, pero aún puedo percibir su cosmos.

         —¿Qué dices? ¿Hablas en serio?

         —Ella tiene razón, Yamcha —convino David, sintiendo el aura del Celestial—. Asiont aún sigue con vida a pesar de haber sido convertido en piedra. No entiendo cómo es esto posible, pero por algún motivo todavía puedo percibir el aura de Asiont.

         —Eso es porque él todavía puede volver a la normalidad —les informó Uller—. Lis-ek podría ayudarlo usando sus poderes de Molécula, pero no debemos permitir que Asiont se rompa en pedazos o de lo contrario morirá.

         —¿De verdad? —inquirió Yamcha—. En ese caso no debemos dejar que nada le pase.

         A todos se les cruzó por la cabeza la imagen de la estatua de Asiont quebrándose en decenas de pedazos. Incluso Rina Inbaasu sintió lástima por aquel joven que unos momentos antes había enviado a volar por los aires. Tal vez el sujeto era un mentiroso, pero no merecía ese final.

         —¿Así qué todavía está vivo? —murmuró Liton maliciosamente—. Bueno, eso no importa ya que lo destruiré en este momento. ¡¡Ese miserable morirá ahora mismo!!

         Al instante siguiente el guerrero meganiano levantó una mano con la palma orientada hacia el frente y disparó una veloz ráfaga de energía. El rayo de luz se dirigió directamente contra la figura de Asiont ante la vista de todos, que se habían quedado inmóviles por la sorpresa. Uller ni siquiera tuvo tiempo para formar un escudo aúrico….

         —¡¡Asiont!!

         El ataque de Liton golpeó contra una barrera de energía mágica que, misteriosamente, había aparecido frente a Asiont a tiempo para protegerlo. Bórax y Liton reaccionaron con una mezcla de sorpresa y disgusto cuando descubrieron que el ataque había fallado y que Asiont aún seguía con vida.

         —¿Qué demonios fue eso? —inquirió Bórax.

         —Barisu Wooru (El Muro de Valis) —repuso Ameria tranquilamente—. Están muy equivocados sí creen que se saldrán con la suya, villanos de poca monta —La princesa del reino de de Seyruun apuntó con el dedo a Bórax y al guerrero meganiano y añadió con severidad—: El poder de la justicia es como una antorcha que ilumina incluso en los días más oscuros.

         —¿Qué cosa?

         Bórax parpadeó un par de veces sin dar crédito a lo que sus oídos habían escuchado de labios de Ameria. Pero no sólo el líder de los inorgánicos estaba desconcertado. Liton y el resto de los gnomulones empezaron a mirarse entre sí y a reírse. Rina, por su parte, se cubrió la cara y murmuró algo ininteligible entre dientes.

         —Ay, Ameria, nunca cambiarás —musitó Firia con una sonrisa.

         —Señorita Rina, debemos pelear todos juntos para vencer a esos enanos —dijo Ameria.

         —¿Unir fuerzas? —murmuró Rina, dudosa—. Pero el triángulo de Zanatar es mío.

         —¿El qué de quién? —le preguntó Eclipse. 

         Convencido de que los oponentes que tenía delante de sí no valían la pena, Liton se cruzó de brazos y volvió la cabeza hacia Bórax. Estaba convencido de que los gnomulones inorgánicos bien podrían hacerse cargo de aquella pandilla de tontos y luego él podría terminar con la vida de David Ferrer.

         —¿Por qué no te haces cargo de ellos, Bórax? ­—le murmuró Liton al líder de los inorgánicos—. Convierte en piedra a todos estos imbéciles con excepción del príncipe David. Quiero matarlos por mis propios medios.

         —¿Qué tantas tonterías están hablando? —les preguntó Rina con insolencia—. Les advierto que sí se están burlando de mí les costará muy caro. No tengo idea de dónde demonios han venido, pero voy a mandarlos de regreso de una patada.

         —¿Cómo te atreves a hablarnos de esa manera, mocosa? —repuso Bórax con un acento de desprecio y violencia—. Mis soldados los convertirán en piedra y luego los haremos pedazos para evitar que puedan regresar a la normalidad.

         —Eso está por verse, orejón —sonrió Rina—. No sabes que te enfrentas a la poderosa Rina Inbaasu. Cuando veas de lo que soy capaz desearás no haber nacido nunca, miserable duende.

         —Me importa un chícharo partido por la mitad quién seas, escuincla babosa —replicó Bórax con desdén.

         Mientras Rina estaba que echaba humo por las orejas del coraje, Shaina volvió el rostro hacia Uller para hablarle. La guerrera de Ofiuco no quería cometer el mismo error que Asiont y lanzarse al ataque sin saber de qué otras cosas eran capaces los soldados de Bórax.

         —Uller, ¿qué otras habilidades poseen esos enanos?

         —Los gnomulones inorgánicos pueden formar rocas y metales, pero para eliminarlos debes hacerlos pedazos completamente o pueden volver a regenerarse. La verdad no son muy fuertes que digamos, pero son muy traicioneros.

         —Entiendo —musitó Shaina y echó a caminar—. Bien, era todo lo que quería saber.

         —Espera —la llamó Yamcha—. No pensarás hacerles frente tú sola.

         —Aunque sean débiles son muy peligrosos —murmuró Ten-Shin-Han.

         —No necesito su ayuda —susurró Shaina—. Yo puedo hacerme cargo de ellos.

         —¿Qué dices?

         Entonces, de repente, la guerrera de Ofiuco se arrojó sobre los gnomulones a una velocidad increíble. Algunos de los inorgánicos fueron presa del pánico y se quedaron parados sin hacer nada.

         —¡Mátenla! —ordenó Bórax de un grito.

         Los inorgánicos atacaron de inmediato utilizando sus descargas petrificadoras, pero Shaina evadió todos los rayos haciendo gala de unos reflejos fantásticos y de una habilidad fuera de serie. La guerrera de plata saltó por encima de una nueva andanada de ataques y cayó sobre los sorprendidos gnomulones.

         —¡¡Thunder Claw!! (¡¡A mí, Cobra!!)

         De un sólo movimiento, Shaina decapitó a uno de los soldados de Bórax. Todavía la cabeza estaba en el aire cuando la guerrera de Ofiuco se giró hacia su derecha y descuartizó a otro gnomulón con un rápido golpe. Un tercer inorgánico fue abatido cuando el puño de Shaina le aplastó la cabeza.

         Algunos de los gnomulones se hundieron en la desesperación cuando sus compañeros de armas empezaron a ser aniquilados. Uno de ellos trató de petrificar a Shaina atacándola traicioneramente por la espalda, pero la Guerrera de Ofiuco esquivó el ataque con un salto. La descarga pasó de largo y accidentalmente convirtió en piedra a otro de los gnomulones.

         —¡Son unos estúpidos! —exclamó Bórax más furioso que antes—. ¡Sí no pueden convertirla en piedra entonces maten a los demás! ¡¡Acaben con todos!!

         Uno de los gnomulones asintió con la cabeza y se dispuso a atacar a Shirufiru. Una descarga petrificadora se abalanzó sobre la sacerdotisa del reino de Saairog, pero Gaury la protegió usando la espada de luz para rebotar el ataque. El gnomulón entonces lanzó más ráfagas contra Gaury, pero el espadachín las desvió de la misma forma y finalmente partió al inorgánico por la cintura.

         —Gracias, Gaury —le dijo Shirufiru.

         —Te cuidado, Shirufiru —le recomendó Gaury—. Estos enanos son traicioneros.

         Un trío de gnomulones inorgánicos se arrojaron sobre Hyoga, pero éste los congeló con el Diamond Dust antes de que tuvieran tiempo de atacar. El Santo del Cisne dio un salto en el aire y se dejó caer en una patada contra el rostro de un cuarto gnomulón, que recibió tres fuertes golpes antes de caer al suelo. La situación pronto degeneró en una batalla campal donde Rina y sus amigos tuvieron que unirse a Hyoga, Uller, Shaina y los otros para hacer frente a los guerreros de Bórax.

         —¡¡Maten a esa mocosa!! —gritó uno de los inorgánicos, apuntando con su mano a Rina Inbaasu—. ¡Ella fue la que insultó a nuestro líder! ¡Debemos darle su merecido!

         Al menos cinco gnomulones respondieron al llamado y rodearon a Rina con la intención de convertirla en piedra. La pelirroja, lejos de mostrarse asustada o intimidara por las intenciones de los inórganicos, les dedicó una sonrisa maliciosa y alzó un dedo para moverlo en sentido negativo.

         —Que mal, cinco malvados enanos contra una indefensa chica.

         —¡Miserable! ¡Acabaremos contigo!

         —Eso está por verse…. Vientos del este que vuelan, los necesito como mi fuente. En mis manos, enciendan toda su fuerza… ¡¡Furea Aro!! (Flecha de Fuego)

         Cinco saetas llameantes aparecieron alrededor de Rina y atacaron a los gnomulones a la velocidad del rayo. Pese a los intentos de los inorgánicos por ponerse a salvo, ninguno de ellos pudo escapar del ataque. Las flechas los fueron embistiendo de uno por uno, incendiándolos y reduciéndolos a cenizas.

         Un sexto inorgánico trató de sorprender a Rina, pero sólo consiguió que ésta le lanzara una pequeña bola de fuego que le prendió fuego en los pantalones. El gnomulón salió corriendo con las manos en el trasero mientras aullaba de dolor. Zerugadisu no puedo evitar burlarse, pero guardó silencio cuando vio que siete inorgánicos se le acercaban.

         —Te mataremos, insecto.

         —Insecto —repitió Zerugadisu con aburrimiento—. ¿Es que no saben decir otra cosa?

         —¡¡Muere!!

         —¿Para qué pregunte?

         Como si fueran uno solo, los siete gnomulones levantaron sus puños al mismo tiempo para atacar con sus descargas petrificadoras a Zerugadisu. El hechicero de piel grisáceo primero usó elBarisu Wooru para protegerse de los rayos y luego contraatacó con un hechizo mágico.

         — ¡¡Vureibu Hauru!!

         Los sirvientes de Bórax sintieron un pequeño estremecimiento bajo sus pies por lo que interrumpieron sus ataques y miraron el suelo. De repente, la tierra se abrió con un fuerte estruendo y un chorro de lava volcánica emergió con fuerza hacia arriba, dejando achicharrados a los gnomulones en un instante.

Fortaleza del Mal.

         El lado oscuro de la luna era un sitio inhóspito y peligroso para todo aquel que se atreviera a poner un pie en ese lugar, incluyendo a los miembros de la Gran Alianza Universal. Desde que Asura, el sanguinario emperador del planeta Metnal, había levantado su santuario en el satélite natural de la Tierra, el lado oscuro de la luna había sido transformado en un lugar maldito donde sólo la maldad reinaba.

         Dentro de la fortaleza, los miembros de la Alianza del Mal habían sido convocados por Asura para decirles acerca del pacto hecho con N´astarith y de las maniobras llevadas a cabo por la GAU y los Kundalini. Los líderes de las diferentes razas que formaban la Alianza del Mal eran un conjunto de tiranos y mezquinos gobernantes, una camarillas de seres capaces de las peores atrocidades jamás concebidas.

         Asura estaba sentado delante de una enorme tribuna que albergaba a más de una treintena de extraterrestres. Todos ellos habían puesto sus mundos y sus razas al servicio del líder metnalita a fin de alcanzar el dominio del universo y la total aniquilación de la raza zuyua.

         —Los he llamado a todos a esta reunión para informarles sobre algo muy importante relacionado con esos perros de la GAU —comenzó a decir Asura—. Todo parece indicar que gran parte de sus fuerzas dejaron el planeta azul.

         —¿Cómo es eso posible, gran señor? —inquirió Garkoz, el científico que había producido la mayor parte de las avanzadas armas con que contaban los metnalitas—. ¿Acaso tratan de huir de nosotros?

         —Me han informado que Zacek y varios de sus amigos se han trasladado a otra dimensión para luchar contra un individuo llamado N´astarith. Aparentemente este N´astarith tiene contra las cuerdas a una alianza de planetas que ha pedido la ayuda de la GAU.

         —Eso explicaría el por qué dejaron el planeta azul —murmuró Yzum, líder de los hechiceros del planeta Abakaum. El oscuro nigromante era un alienígena de piel morada y ojos rojos cuyo mentón era más grande que su cara. Su especialidad era la magia negra y las artes ocultas, pero sus poderes estaban lejos de compararse con los de Asura—. Para que se hayan arriesgado a marcharse de esa manera es porque ese hombre llamado N´astarith trama algo grande.

         —Exactamente, Yzum —asintió Asura—. Hace poco tuve una conversación con N´astarith y me contó que está en busca de un objeto mágico que le pertenece, pero que sus enemigos desean impedírselo. Sin duda N`astarith esconde algo más ya que sí se tratara de algo tan simple, Zacek no habría dejado el planeta azul llevando consigo gran parte de sus fuerzas de defensa

         Una mujer alzó la mano para intervenir. Se trataba de Rialda, gobernante de las guerreras amazonas del planeta Alcadie. La reina amazona era una mujer alta y de facciones bien definidas, pero su gesto adusto y mirada fría reflejaban una personalidad mezquina y despiadada. Sobre su cabeza llevaba una pequeña corona hecha de oro y decorada con gemas preciosas.

         —Zacek y sus amigos dejaron el planeta, ¿por qué no atacamos en este momento, gran señor? Nuestros ejércitos podrían aplastar fácilmente a los terrícolas y a los Kundalini que aún permanezcan en la Tierra. Es una gran oportunidad y debemos aprovecharla.

         —¿De qué serviría eso? —murmuró Zingl, gran regente del planeta Diamond y señor de los hombres diamante—. Aún cuando derrotáramos a los Guerreros Kundalini que quedan y acabáramos con los terrícolas, sabemos que no podemos atacar las ciudades de la GAU que están bajo tierra.

         —Eso es cierto, Zingl, no podemos hacerlo —convino Asura—. Así como están las cosas no nos sirve de nada atacar el Planeta Azul. Es por eso he decidido ir a la dimensión dónde se encuentran Zacek y sus amigos para matarlos. En estos momentos, Bórax y sus gnomulones inorgánicos ya se encuentra en ese lugar ayudando a N´astarith.

         —¿Qué hay de ese sujeto de nombre N´astarith? —preguntó Garkoz—. Usted mismo dijo que oculta algo, ¿podemos confiar en él, gran señor?

         —No te preocupes por eso, Garkoz —lo tranquilizó Asura—. Me ocuparé de averiguar sus verdaderas intenciones y si me entero que planea traicionarnos de alguna forma, ten la seguridad de que lo mataré yo mismo.

         Los ojos del emperador mentalita se iluminaron. Una sonrisa maligna aleteó sobre sus labios y una sensación de satisfacción lo invadió. Combinando las fuerzas de los imperios de Abbadón, Metnal y la Alianza del Mal, nada ni nadie podría detenerlos en todo el universo. El fin de los Guerreros Kundalini estaba asegurado.

         —La Alianza del Mal atacará nuevamente y está vez Karmatrón morirá.

         Reino de Zefilia.

         La batalla estaba resultando adversa para los gnomulones inorgánicos. No sólo no habían logrado petrificar a nadie más, sino que sus adversarios los estaban aniquilando con gran facilidad. Para cuando Ten-Shin-Han, Yamcha y David Ferrer decidieron sumarse a la pelea, Shaina, Uller, Hyoga, Rina, Gaury, Ameria, Zerugadisu y Shirufiru ya habían acabado con gran parte de los soldados de Bórax.

         Liton estaba decepcionado de los gnomulones y en especial de Bórax, quien no había hecho nada para salvar la situación. A menudo se encontraban detalles irrisorio durante la lucha como cuando Ameria usó un hechizo mágico llamado Bisufaranku para golpear a un grupo de gnomulones a distancia. Los inorgánicos trataron de llegar hasta Ameria, pero salieron huyendo cuando uno de ellos resultó muerto en la acometida.

         Firia, por su parte, desintegró a un par de gnomulones que cometieron la imprudencia de amenazarla, lo cual fue suficiente para que ni uno más volviera a acercársele, y Shirufiru derrotó con su magia a otros cuatro que trataron de convertirla en piedra mientras que Gaury protegía a Rina.

         Uno de los guerreros de Bórax trató de petrificar a Ten-Shin-Han, pero el Guerrero Zeta eludió el ataque moviéndose rápidamente y luego tomó al gnomulón por el brazo. Lo levantó para luego asestarle un puñetazo en el pecho que le sacó todo el aire. Finalmente, Ten-Shin-Han arrojó al inorgánico hacia el cielo y lo remató con una ráfaga de energía que lo hizo explotar.

         —Buen trabajo, Ten-Shin-Han —lo felicitó Yamcha.

         Con la pelea casi perdida, los pocos gnomulones que quedaban se agruparon cerca de su líder en busca de apoyo. Liton dirigió una mirada de severidad hacia Bórax como esperando que éste infundiera el coraje necesario a sus soldados para realizar un contraataque o hiciera algo más para salvar el honor de los gnomulones inorgánicos.

         —¿Qué harás ahora, Bórax? —le preguntó al gnomulón.

         —¡Ríndete, enano! —exclamó Rina—. Tus guerreros están vencidos.

         Bórax frunció los labios dejando entrever sus dientes. El suelo estaba repleto de gnomulones despedazados y los pocos que quedaban había perdido las ganas de seguir luchando. A juzgar por lo que había pasado, Bórax comprendió que había errado la estrategia y subestimado la fuerza de sus adversarios. La situación requería que actuara con sumo cuidado o de lo contrario acabaría igual que sus desafortunados congéneres.

“Maldición, estos gusanos resultaron ser muy poderosos”, pensó Bórax. “Si me descuido aunque sea un segundo me matarán”.

         —¿Acaso quieres pelear, enano? —lo desafió Rina.

         —Tengan cuidado —murmuró Ten-Shin-Han—. Presiento que va a hacer algo.

         El líder de los inorgánicos dio un paso hacia atrás mientras pensaba en sus posibilidades. A su juicio sólo había una cosa por hacer, la única opción que le quedaba dado el resultado del combate, la última estrategia….

         —¡¡Vieja el último!!

         Se dio la media vuelta y salió huyendo tan rápido que Rina y sus amigos abrieron los ojos de par en par sin dar crédito a lo que veían. El resto de los inorgánicos no se la pensó dos veces y todos salieron corriendo detrás de su líder dejando atónito a Liton. Mientras los gnomulones huían en desbandada, Eclipse comenzó a burlarse de ellos.

         —¡¡Cobardes, tienen suerte de que no haya usado mis poderes!!

         —Pero que tipos tan miedosos —murmuró Gaury.

         —Los gnomulones son traicioneros y cobardes —le dijo Uller.

         Pero si Eclipse sentía ganas de reír, no ocurría lo mismo con Liton. No era que sintiera que necesitaba la ayuda de Bórax, pero no podía tolerar que los gnomulones actuaran con semejante cobardía. Preso de la ira, se volvió hacia sus aliados que escapaban y agitó una mano.

         —¡¡Malditos traidores, regresen y peleen como hombres!!

         —¡¡Somos gnomulones, no hombres!! —le respondió uno de los soldados de Bórax.

         El meganiano disparó un rayo de luz que le dio a un inorgánico, haciéndolo estallar en mil pedazos. Liton se dispuso a lanzar un nuevo ataque para castigar a Bórax, pero la voz de David Ferrer lo hizo desistir de sus intenciones. Aprovechando el descuido de su enemigo, el príncipe de Megazoar se había acercado hasta quedar a unos cuantos pasos del emisario de Abbadón.

         —Liton, tus aliados te han abandonado —murmuró David—. Ahora es tu turno de ser derrotado. No puedo perdonarte por tu traición, pero si te marchas en este momento dejaré que te vayas sin pelear.

         —¿Qué dices, muchacho? —repuso Liton con burla—. Eres un mocoso insolente, ¿acaso has olvidado con quién hablas? Veo que eres tan tonto como tu padre, David, pero no puedo culparte por eso.

         Con una rapidez asombrosa, Liton derribó a David de una fuerte patada en el rostro. Hyoga acudió en el acto para tratar de ayudar del príncipe meganiano, pero se detuvo de golpe cuando vio que Liton volvía la mirada hacia él. El Santo del Cisne levantó las manos, alistándose para entrar en batalla.

         —Tú eres Hyoga, ¿no? —murmuró Liton.

         —Así es, supongo que los guerreros de N´astarith te habrán contado sobre mí.

         Liton soltó una risita malévola y entornó la mirada.

         —Tienes razón, pero lo que no sabía hasta este momento era que habías matado a tu maestro Kamyu de Acuario durante la batalla de las Doce Casa. Fue una batalla difícil, pero al final lo derrotaste usando las técnicas que te enseñó.

         Una expresión de total sorpresa apareció en el rostro de Hyoga. Las palabras de Liton causaron una enorme conmoción entre los Slayers y los demás, que se miraron los unos a los otros sin saber qué pensar. Únicamente Shaina sabía los detalles de lo que había ocurrido durante la batalla de las Doce Casas, pero ignoraba cómo es que Liton se había enterado de todo eso.

         —¿Qué cosa dices? —murmuró Hyoga, irritado—. ¿Cómo puedes saber lo que sucedió en la batalla de las Doce Casas? Eso es completamente imposible, ¿es qué acaso puedes leer la mente?

         —Veo que no eres tan tonto como pensé —repuso Liton y se tocó la frente con el dedo índice de la mano derecha—. Mi habilidad para leer la mente de mis oponentes me da una ventaja excepcional durante los combates. Gracias a ella puedo anticipar cualquier ataque.

         —Tengan cuidado con él, amigos —les advirtió David a todos mientras se incorporaba lentamente—. Liton no es como los otros guerreros meganianos que han enfrentado. Su poder es mucho mayor porque él los entrenó a todos.

         —Que bien que lo recuerdes, David —dijo Liton y luego llevó la vista hacia donde estaban Rina y los demás Slayers—. No crean que me he olvidado de ustedes, basuras, antes de matarlos quiero que me entreguen la gema sagrada de los Titanes.

         —¡Olvídalo, sucio patán! —replicó Rina con furia, cubriendo con sus manos el pequeño saco de cuero que le colgaba del cinturón—. Esta piedra es mía porque yo la encontré primero y la obtuve justamente.

         Zerugadisu y Shirufiru miraron a su amiga con los ojos entornados.

         —Me da lo mismo lo que piensas, bruja —Liton levantó sus puños, los cuales se cubrieron con fuego—. Los mataré y luego tomaré la gema estelar de lo que quedé de sus calcinados cadáveres.

         Sin que mediara advertencia de por medio, David Ferrer se arrojó directamente sobre Liton decidido a derrotarlo. El príncipe meganiano lanzó un golpe con todas sus fuerzas, pero Liton atrapó el puño de David con suma facilidad y soltó una risita.

         —David, de verdad crees poder derrotarme con un simple golpe —Liton incrementó el poder de sus llamas para quemar la mano del príncipe, que lanzó un grito de dolor—. Mira esto, primero te quemaré la piel y luego el fuego llegará hasta el hueso.

         Uller sólo podía hacer una cosa. Se abalanzó sobre Liton y le disparó una poderosa descarga gélida. Liton estaba tan deleitado con el sufrimiento de David que no se dio cuenta del ataque del hombre de hielo hasta que fue demasiado tarde. El rayo impactó a Liton en el hombro derecho y empezó a congelarlo rápidamente, obligándolo a soltar a David Ferrer.

         Cuando Liton quedó cubierto por el hielo, Ameria se acercó a David para darle alguna clase de auxilio.

         —¿Estás bien? —le preguntó la hechicera.

         —Sí, no te preocupes por esto —David miró su mano y comprobó que su herida no era grave—. Debo derrotar a Liton cuanto antes, ese hielo no lo detendrá por mucho tiempo.

         Aquellas palabras resultaron proféticas. No habían pasado ni diez segundos cuando el bloque de hielo en el que estaba atrapado Liton se resquebrajó por completo para luego desmoronarse. Mientras los trozos de hielo aún caían al suelo, el meganiano esbozó una sonrisa malévola mientras su cuerpo relucía de energía.

         —Tus débiles ataques jamás podrán derrotarme, Uller.

         —No pienses que será tan sencillo, Liton —repuso el hombre de hielo.

         —Aguarda, Uller, yo me encargaré de él.

         David Ferrer pasó por un costado del Kundalini y se detuvo ante Liton. Los dos meganianos se miraron fijamente por unos instantes sin decir una palabra. David conocía el alcance de los poderes de su rival y dudaba que alguno de sus acompañantes pudiera vencerlo.

         —Liton, por el honor de todos los meganianos, yo te venceré.

         —No creo que eso sea posible, David, pero te dejaré intentarlo de todas formas….. ¡¡Pelea!!

         Ambos contrincantes se lanzaron el uno contra el otro, desplegaron el poder de sus auras y se prepararon para luchar con todas sus fuerzas. Sin embargo, aquellos que podían percibir el enorme poder de Liton sabían que a David le esperaba una pelea difícil.

Continuará… .

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