Leyenda 066

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO LXVI

AQUELLA MIRADA

       Armagedón (Sala del trono)

       Cuando Tiamat vio el rostro del Khan del Cíclope frente a él, se quedó de piedra. No podía creer que N´astarith hubiera elegido a Nauj-vir de entre todos los Khans del imperio para que dirigiera una misión encaminada a recuperar una gema estelar. Pero por desgracia, tanto para él como para Aicila, así era. Para Nauj-vir esa era la ocasión perfecta para humillar como nunca a Tiamat.

       —Vaya, Tiamat, veo que has quedado impresionado —comentó Nauj-vir, sonriendo—. Es una verdadera pena que hayan fracasado en su misión, pero descuida que eso no me sucederá a mí.

        El Khan del Dragón le lanzó una mirada asesina y frunció los labios dejando los dientes al descubierto.

       —Para tener éxito se necesita algo más que valor, también hay que tener ingenio.

       —Ingenio. Sí, me imagino que eso fue lo que te falló está vez —repuso Nauj-vir en un tono cargado de la mayor ironía—. Descuida, sé que lo harás mejor en la siguiente vez.

        La rabia ensombreció el rostro de Tiamat, y un destello de odio apareció en sus ojos.

       —Sí, ya lo creo —siseó amenazadoramente.

        Consciente de la enorme aversión que Tiamat sentía por su persona, Nauj-vir se volvió hacia el emperador N´astarith y no dudo en recurrir a un golpe bajo.

       —Mi señor, tal vez Tiamat tiene razón y se topó con unos sujetos extremadamente poderosos. Sólo hay que ver que su armadura del averno está dañada —añadió—. Le aseguro que yo tendré más cuidado y tomaré todas las precauciones que sean necesarias.

        Tiamat estaba que ardía en rabia asesina, probablemente de no estar en presencia de N´astarith bajo aquellas circunstancias se hubiera arrojado sobre Nauj-vir para hacerle pagar con su vida todas sus insolencias. Sin embargo su disciplina mental lo hizo serenarse; ya encontraría la mejor forma de cobrársela, tan solo era cuestión de esperar la ocasión oportuna.

        Aicila también estaba furiosa. No temía la muerte en sí, pero le aterrorizaba la idea de una muerte política. Más que Lilith o cualquier otro Khan, había dedicado su vida a trabajar duro para acceder al poder y mantenerse en él, sin dejar pistas, siempre cubriéndose las espaldas, haciéndose indispensable para su emperador. Sombrío, por otra parte, detestaba que el emperador lo reprendiera y lo tildara de perdedor debido a los errores de sus compañeros; había invertido gran parte de su vida sirviendo como un guerrero Khan y sentía que al menos se merecía un poco de consideración.

        Talión compartía la misma indignación que sus compañeros. Más que el hecho de haber perdido la gema estelar y de no vencer a los Santos dorados, le molestaba que el insufrible de Nauj-vir estuviera tomando ventaja de la situación. Para nadie era un secreto que el Khan del Cíclope era un guerrero capaz y bastante experimentado, pero lo que lo hacía despreciable a los ojos de sus compañeros era el estricto sentido del honor que profesaba. Nauj-vir era un combatiente para el cual el honor en batalla lo era todo y, por lo mismo, siempre se jactaba de que Tiamat y los demás Khans no tenían ningún honor debido a que los consideraba cobardes y traicioneros.

       —Bien, Nauj-vir —siseó N´astarith, sintiéndose muy complacido con las promesas del Khan del Cíclope—. Sé que harás un buen papel y por eso he designado a Sorlak, Leinad y Belcer para que estén bajo tu mando. No me falles.

        El Khan del Cíclope inclinó la cabeza e hizo una genuflexión.

       —Os aseguro que le serviré con el mayor honor posible, mi señor.

        Las expresiones de rabia en los rostros de Aicila y Tiamat no pasaron desapercibidas en lo absoluto para el amo de Abbadón. Aunque no lo confesara nunca ante nadie, le fascinaba que sus guerreros tuvieran ese férreo sentido de la competencia entre ellos; al menos así estaba seguro de que harían todo lo que estuviera a su alcance para conseguir el éxito.

        Palacio de Céfiro.

        Después de descongelar a Ascot y de dar a conocer su nombre, Uriel se dedicó a explicarles a Gurú Clef, Ferio y las Guerreras Mágicas la razón de la llegada de su grupo al mundo de Céfiro; también les contó acerca de las intenciones de los Khans y los verdaderos planes de N´astarith para hacerse dueño de la existencia. Marina, por otro lado, se dedicó a curar todas las heridas de Lafarga y Lantis con su magia ante la mirada escrutadora de Caldina, quien, ciertamente, no le agradaba mucho que otra mujer se acercara demasiado a su amado. Sailor Uranus y Sailor Neptune se mantenían alejadas de los demás, como era su costumbre, hablando entre ellas solas acerca de la siguiente acción a seguir una vez que abandonaran Céfiro.

        Asiont, a su vez, experimentaba una mezcla de preocupación y malestar como consecuencia de la batalla. Le costaba trabajo asimilar que sus habilidades aún eran inferiores a las de los guerreros de Abbadón y que, por lo mismo, no había podido hacer nada para detenerlos. Aprovechando que la mayoría estaba escuchando a Uriel, decidió retirarse a la sombra de un árbol cercano para reflexionar un poco.

        “Ese Khan llamado Odrare era muy fuerte”, comenzó a divagar con la mirada puesta en las nubes. “Siento una inmensa rabia por no haber podido hacer nada para detenerlos. ¡Maldición!”, golpeó el tronco con su puño y bajó la cabeza. “¿De qué demonios ha servido todo el entrenamiento sí no puedo vencer a esos infelices?”.

       —Que aburrido eres, muchacho murmuró Odrare. No te das cuenta que no tenemos ganas de perder el tiempo contigo ni con tus amigos. Acto seguido alzó su brazo derecho y trazó un círculo en el aire liberando un remolino de energía. ¡Labyrinth of perdition!

       “¿Por qué, Gran Creador? Parece que todo lo que hago no sirve para nada, es como sí el destino estuviera en mi contra. Me siento atrapado, sin esperanza…”.

       —Asiont… .

       Cuando volvió a dirigir su mirada hacia el castillo, Asiont se topó con el rostro de Sailor Mercury, quien lo observaba con un ligero halo de preocupación. La Inner Senshi lo había visto alejarse en silencio y dedujo que tal vez algo le preocupaba, aunque, ciertamente, prefería esperar a que hubiera algo que confirmara sus sospechas antes de hacer algún comentario al respecto.

       —Ami, ¿qué sucede?

       —Es que vi como te alejabas —dijo ella con naturalidad—. ¿Te ocurre algo?

       Asiont alzó una ceja fingiendo extrañes.

       —¿Por qué piensas eso, eh? —preguntó a su vez, aparentemente tratando de minimizar el asunto—. Lo que pasa es que no soportaba el sol de este lugar y por eso preferí… .

       —¿Es mi imaginación o me estás diciendo una mentira? —le interrumpió la Sailor medio en serio, medio en broma. Aún cuando estaba consciente de que no conocía a fondo a su nuevo amigo, lo cierto era que éste era bastante malo para disimular.

       —Bueno, yo… —Asiont dejó escapar un suspiro—. Ah, bueno, a quién engaño. Sí, Ami, estoy molesto conmigo mismo por no haber podido derrotar al enemigo en esta ocasión. Siento que fallé nuevamente.

       —¿Lo dices por la vez en que luchaste con esa guerrera en mi mundo? —inquirió Mercury, haciendo referencia a la pelea con Eneri en Juuban—. No te culpes por eso, has hecho tu mejor esfuerzo y eso es lo importante.

       —¿Mi mejor esfuerzo? —repitió Asiont con enfado—. Eso de nada sirve, Ami, creo que quizás estoy errando el camino y que tal vez debería ser más agresivo con el enemigo. No por nada los Khans son más poderosos que los Caballeros Celestiales.

       —No digas eso, por favor. Todos estamos conscientes de lo grave de la situación por la que estamos atravesando, pero esa actitud que estás tomando no ayuda en nada —Sailor Mercury desvió la mirada por un momento y añadió—: Me da un poco de miedo oírte hablar así.

       —¿Miedo? ¿Por qué miedo?

       —Tengo la impresión de que hay mucho odio dentro de ti —le explicó Ami—. Lo sentí desde la vez en que nos conocimos y tuvimos la oportunidad de hablar; siempre te estás expresando de manera pesimista.

       Asiont alzó una ceja de manera inquisitiva.

       —¿Pesimista? Ahora resulta que solamente soy un pesimista.

       —No fue eso lo que quise decir —afirmó Ami con vehemencia—. Es solo que pienso que deberías buscar el lado bueno de las cosas. Tal vez el enemigo consiguió escapar con la gema estelar, pero al menos logramos salvar la vida de muchas personas aquí en Céfiro.

       —¡Eso no sirve de nada sí los Khans siguen vivos! —exclamó Asiont con ferocidad—. Tal vez ahora estemos a salvo, pero mientras la amenaza de N´astarith continué existiendo miles de personas siguen estando en peligro. Debemos exterminar a todos los guerreros del imperio sí queremos asegurar la paz.

       Sailor Mercury retrocedió un paso y sus ojos temblaron. Había miedo en su mirada.

       —¿Por qué dices eso? ¿Qué no te das cuenta que el odio solo engendra más odio?

       “¿Mas odio? ¿Y qué con eso?”, meditó Asiont, sintiendo que en ese momento lo único que debía importarle era su venganza contra el imperio y no lo que una ingenua niña de 17 años terrestres pudiera pensar. Ah, sí, los Khans y N´astarith, ellos debían morir antes de que pudiera llegar a sentir paz; era algo lógico a su entender. Estaba por decir que no descansaría hasta ver muertos a los Khans cuando se dio cuenta de que Sailor Mercury estaba asustada.

       Era curioso, pero aquella mirada de temor y tristeza en el rostro de Ami hizo que Asiont pudiera darse cuenta de lo que estaba haciendo. La Inner Senshi lo observaba fijamente con miedo y ya no con la confianza con la que se mira a una persona amiga; eso fue algo que Asiont no pudo soportar. Tras observar detenidamente la profundidad de los ojos de Mercury, el Celestial descubrió que era incapaz de seguir hablando y agachó la cabeza, dubitativo.

       La ira contra el imperio de Abbadón era un sentimiento que se había alojado en su corazón desde de la muerte de Astrea y ahora reconocía que, lejos de controlarla como imaginaba, ésta se había vuelto más fuerte gracias a la frustración que sentía. Por un momento imaginó que estaba a unos cuantos metros del borde de un profundo abismo y que sólo tenía que dar unos pasos más para caer dentro de él.

       —No puedo creer que digas ese tipo de cosas —comentó Ami sin ocultar su decepción—. Si dejas que la frustración te domine por lo que sucedió, entonces la ira invadirá tu corazón y así lo único que conseguirás es vivir en un eterno sufrimiento.

       “Sufrimiento”, pensó Asiont mientras su mente viajaba hacia el pasado, hacia el planeta Caelum cuando era entrenado por Aristeo y Tyria en el Santuario de los Caballeros Celestiales.

       —Buen trabajo, Asiont, buen trabajo —le felicitó Aristeo luego de verlo utilizar el Sha-Ma-Sha. Sus ojos soñolientos, pero agudos y penetrantes, se clavaron en él—. Aunque me parece que hay algo que no te deja concentrarte como es debido.

       —Creo que no estoy aprendiendo lo suficiente —confesó Asiont, denotando impaciencia—. Los Khans son muy poderosos, quizás debería enseñarme una manera más fácil de derrotarlos.

       —¿Más fácil?

       Asiont movió la cabeza en sentido afirmativo.

       —Creo que sí.

       —¿Sientes odio por los guerreros de N´astarith? —preguntó el maestro de la orden, caminado un par de pasos hacia él—. ¿Es eso?

       —No, creo que no —repuso Asiont y después titubeo, sintiéndose vagamente insatisfecho con su respuesta.

       Aristeo parpadeó.

       —Puedo darme cuenta de que no has olvidado lo que le sucedió a Astrea.

       —Ten cuidado con tus emociones —dijo Tyria—. Podemos darnos cuenta de lo que piensas y sientes.

       —Astrea siempre está presente en tus pensamientos.

       Las palabras de Aristeo hizo que Asiont se sintiera un repentino vacío. Se mordió el labio inferior y repuso:

       —Puedo controlar mi ira, maestro, es sólo cuestión de tiempo.

       Aristeo miró a Tyria.

       —Sí es así, entonces ¿por qué tanta desesperación por enfrentar a los guerreros de N´astarith, muchacho? Cada evento tiene su momento en el ciclo de las cosas.

       —¿Qué tiene de malo que esté un poco desesperado, maestro? —preguntó, a la defensiva—. Esa desesperación me motiva a entrenar más.

       —A mí no me lo parece —contestó Aristeo—. Esa frustración que sientes alimenta la ira que hay dentro de ti y eso te conducirá al sufrimiento.

       Al sufrimiento, al sufrimiento. Las últimas palabras de su maestro se repitieron varias veces en la mente de Asiont. Dejó escapar un suspiro y cuando alzó la mirada nuevamente ya se había calmado. ¿Qué era lo que le estaba pasando? Tan solo unos días antes se juraba a sí mismo que podría controlar sus emociones en cualquier circunstancia y ahora descubría, muy a su pesar, que aún no era capaz de hacerlo. ¿Acaso era esa misma desesperación la que no le dejaba sacar todo su potencial y al mismo tiempo le envenenaba el alma? No se equivocaban… ni Aristero, ni Sailor Mercury.

       —Creo que tienes razón en lo que dices, Ami —admitió Asiont antes de volver su rostro hacia ella—. Debo dejar de ver sólo las cosas negativas y concentrarme en lo que es realmente importante, aún por encima de mis deseos de venganza. La verdad es que creo que necesitaba que alguien me hiciera reflexionar sobre mis actos.

       La Sailor se le quedó mirando por un momento y luego, finalmente, sonrió, aunque de manera tímida e insegura.

       —Me alegra que lo entiendas, Asiont. Cuando a mí me ocurrían cosas que me hicieron sentir mal, mis amigas siempre estuvieron a ahí para ayudarme con sus palabras y su compañía.

       Asiont dejó escapar una leve sonrisa y miró a Mercury directo a los ojos. Estaba por decirle lo bien que sentía luego de hablar con ella cuando, a lo lejos, escuchó los gritos histéricos de Sailor Moon; al parecer otra vez estaba metida en algún tipo de discusión con Sailor Mars, una discusión en la que Sailor Jupiter y Hikaru trataban de mediar sin mucho éxito.

       —Tus amigas —murmuró Asiont en tono pensativo—. Me imagino que la vida como defensoras de Juuban debe ser bastante divertida, sobretodo teniendo cerca a alguien como Sailor Moon.

       —Sí —dijo Ami riendo—. Usagi es especialista en subirle el ánimo a cualquiera.

       —¿Usagi?

       —Ese es su verdadero nombre y… ah —Mercury se ruborizó levemente y luego se tapó la boca con una mano, denotando que había cometido alguna clase de indiscreción—. Se supone que nadie debe conocer nuestras identidades secretas, ahora sólo espero que las chicas no se enfaden conmigo por esto.

       —Ah, descuida, no le diré nada de esto a Usagi, digo, a Sailor Moon.

       —¿En serio? Gracias, Asiont, te lo agradezco mucho.

       El Celestial se encogió de hombros.

       —Bueno, solamente lo haré sí me dices algo que quiero saber.

       —¿Qué cosa? —preguntó ella, alzando las cejas con desconfianza—. ¿El verdadero nombre de Sailor Mars?

       Asiont soltó una carcajada.

       —No, claro que no —contestó él—. La verdad es que quiero que me cuentes todo sobre esa persona especial que hubo en tu vida. Dime, ¿qué sucedió con él?

       Como respuesta, Ami se cruzó de brazos, frunció una leve sonrisa maliciosa y le lanzó una mirada de las que se podían traducir en cualquier idioma: “Olvídalo”.

       Astronave Churubusco.

       La escotilla se abrió, la rampa de abordaje descendió y los Caballeros Celestiales, Astroboy, Dai, Poppu, Leona, Ranma, Ryoga, Moose, el profesor Ochanomizu, Lance y Eclipse salieron. La princesa Mariana, vestida con los atuendos reales del planeta Lerasi, Cariolano, Shampoo, Sailor Pluto, Sailor Saturn y Zaboot aguardaban al final de la rampa, flanqueados por un contingente de guardias. Casiopea fue hacia Mariana y la saludo con una leve inclinación de la cabeza. Dai, Ranma, Eclipse, Cadmio y los otros que ya habían estado antes en la Churubusco se apresuraron a imitarla; no así Moose, quién no alcanzaba a distinguir a las personas que estaban delante de él.

       Astroboy dedicó los primeros minutos a concentrarse por no quedar abrumado por lo que veía, lo que fuera de la nave resultaba doblemente difícil. Saori Kido salió por la escotilla, portando un báculo que le confería un aspecto entre real y celestial. Los Santos de Oro la rodeaban, envueltos en sus capas blancas. Seiya y sus amigos escoltaban al grupo.

       Saori se detuvo delante de las personas que esperaban al final de la rampa y miró a la princesa del planeta Lerasi. Cariolano, por su lado, se inclinó ante Atena con las manos entrelazadas al frente.

       —Nos alegra recibirlos —dijo con una sonrisa mientras volvía a erguirse—. Permítame que les dé la bienvenida a la astronave Churubusco. La joven que se encuentra junto a mí es la princesa Mariana del planeta Lerasi y está aquí como representante del Consejo de Líderes.

       —Sean bienvenidos todos —dijo Mariana mientras una sonrisa apenas esbozada iluminaban fugazmente sus facciones—. Casiopea nos informó de todo lo ocurrido en su mundo y les aseguro que los ayudaremos en lo que podamos mientras permanezcan en este universo.

       Saori le sostuvo la mirada sin moverse ni un milímetro.

       —Les agradezco sus atenciones. Espero que podamos ayudarlos a luchar contra N´astarith y sus guerreros.

       Cariolano se hizo a un lado para permitirle el paso a Saori y a sus Santos.

       —Hemos preparado algunas habitaciones para ustedes, aunque debo decirles que no son muy grandes —dijo mientras la conducía por el hangar hacia la salida, seguidos por los Santos dorados, Seiya y los Santos de bronce—. A pesar de que la Churubusco es una nave gigantesca, tenemos a miles de huéspedes provenientes de muchos mundos y… .

       —Esto es verdaderamente impresionante —comentó Seiya mientras contemplaba el gigantesco hangar de un lado a otro—. ¿No lo creen, amigos?

       —Es verdad, aún no puedo creer que estemos en el espacio —dijo Hyoga observando a unos guardias que los saludaban a lo lejos, probablemente los encargados de cuidar el hangar.

       Shun, por su parte, bajó la mirada y suspiró.

       —Ojalá mi hermano Ikki estuviera aquí —murmuró con voz entrecortada.

       —Todo esto es increíble, pero no debemos olvidar el porqué estamos aquí —dijo Shiryu de pronto—. A propósito, Seiya, percibo muchos cosmos en distintas direcciones, pero ninguno es maligno. Creo que esa es una buena señal.

       —Tienes razón, Shiryu —convino el Santo de Pegaso sin dejar de caminar—. Aunque hay uno en especial que es muy poderoso. Me gustaría saber a quién pertenece.

       Mientras Saori y su contingente de guerreros se alejaban en compañía de Cariolano y Marina, Cadmio fijó su mirada en ésta última y la observó por largo rato. El vestido de la princesa lerasina hacía juego con sus ojos y la hacía verse realmente encantadora. Por unos momentos, el guerrero Celestial se quedó completamente ido mientras una sonrisa apenas contenida iluminaba fugazmente sus facciones.

       —¡Ajá! —exclamó Casiopea, dándole un suave codazo en el hombro y sonriendo con malicia—. Te quedaste impresionado con la hija de la reina Andrea, ¿no?

       Aquel comentario pilló por completo a Cadmio y suscitó algunas risitas entre Ranma, Dai, Astro y los otros. Poppu, a su vez, dirigió su rostro hacia donde estaban Zaboot, Sailor Pluto, Sailor Saturn y Shampoo para mirarlos de arriba a abajo. El mago sencillamente se devoró a Sailor Pluto y a Shampoo con la mirada.

       Cadmio, en tanto, hizo como que no había escuchado nada y se giró hacia Zaboot.

       —¿Quiénes son todos ustedes? —les preguntó—. No recuerdo haberlos visto antes.

       —Mi nombre es Zaboot —declaró el Guerrero Kundalini en tono amistoso—. Vine en compañía del emperador Zacek de los zuyua y del príncipe Saulo de Endoria. Soy un Guerrero Kundalini y provengo del Planeta Azul.

        —¿Zacek? —repitió Cadmio alzando una ceja—. Me parece que he escuchado ese nombre antes.

        —Sí. Tres de esos guerreros llamados Khans atacaron el planeta en donde vivimos. Durante la lucha, Zacek y yo conocimos a Saulo y  a una chica llamada Areth; los dos nos contaron todo sobre N´astarith y los planes que tiene para dominar los distintos universos.

       “Este tipo tiene un aura bastante evolucionada”, pensó Cadmio mientras el Kundalini hablaba. “No es muy poderoso que digamos, pero me gustaría ver lo que puede hacer en una batalla”.

       El Caballero Celestial le lanzó una mirada escrutadora antes de volverse hacia las Outer Senshi. Ambas poseían auras elevadas, pero sin duda la de Sailor Saturn era la más poderosa de las dos.

       —¿Ustedes son amigas de Zaboot? —les inquirió.

       —No. Nosotras venimos de una dimensión diferente —contestó Sailor Pluto con tranquilidad—. Llegamos aquí con ayuda de un guerrero llamado Asiont luego de que sus enemigos atacaron la ciudad en donde vivimos. Mi nombre es Sailor Pluto y ella es Sailor Saturn.

       Cadmio puso una cara de sorpresa y Lance tras escuchar las palabras de la Outer Senshi más alta lo mismo que Casiopea. ¿Había dicho “Asiont”? ¿Acaso su viejo amigo había vuelto a laChurubusco mientras todos ellos estaban en el Santuario? Deseoso por averiguar más, Lance se acercó un par de pasos hacia la Sailor Senshi ante la mirada extrañada de Sailor Saturn.

       —¿Conociste a Asiont? —le preguntó ansiosamente—. Dime, ¿aún se encuentra aquí?

       La Sailor Senshi negó con la cabeza.

       —No. Mis amigas y él fueron a otro universo. Creo que el enemigo estaba atacando otro mundo y por esta razón fueron a tratar de detenerlo.

       —¿Él peleó en su mundo? —Lance no cabía en sí de alegría—. ¿Eh?

        Sailor Pluto alzó ambas cejas.

       —La verdad es que no sé muy bien lo que pasó porqué yo llegué al campo de batalla cuando todo había terminado y el enemigo ya se había ido.

       Lance sonrió alegremente y se volvió hacia Casiopea y Eclipse.

       —¿Escucharon, amigos? ¡Asiont ha vuelto! No nos ha abandonado.

       —Ya lo sabía —masculló Eclipse con fingida arrogancia, mirando a Cadmio con el rabillo del ojo para tratar de hacerlo sentir mal. El guerrero puso cara de pocos amigos mientras el Espía Estelar seguía hablando—. A pesar de las malas intenciones de “algunos”, ese muchacho volvió para ayudarnos como lo prometió.

        —Entonces Asiont volvió y ustedes provienen de diferentes universos —dijo Casiopea, mirando primero a Zaboot y luego a Sailor Pluto—. Ustedes forman parte de los guerreros de los doce universos, es justo como dice la leyenda.

        —¿Los doce universos? —murmuró Sailor Saturn con extrañes. La pequeña Outer Senshi iba a preguntar qué querían decir exactamente con eso de doce universos, pero la repentina intervención del guerrero con rostro de pocos amigos la obligó a esperar. 

        —¡Oh, por favor, Casiopea! —exclamó Cadmio de pronto, volviéndose hacia su amiga—. No puedes estar hablando en serio. Ellos no pueden ser esos guerreros legendarios, sencillamente percibe la energía de sus auras y te darás cuenta de sus niveles de poder.

        —Aquí vamos de nuevo —murmuró Leona, tomándose el rostro con una mano—. Esto se hace monótono.

        —¿Qué me dices de los Santos del Santuario? —inquirió Casiopea—. Algunos de ellos son más fuertes que tú.

        —¿Más fuertes que yo? —repitió Cadmio con enojo—. No digas tonterías, lo siguiente que dirás es que ese perdedor de Asiont es… .

       Ranma se rascó la cabeza mientras trataba de recordar quién era Asiont. Mientras Saotome estaba distraído, Shampoo aprovechó para abrazarlo efusivamente por el cuello y recargar toda su feminidad sobre él. Poppu los miró con envidia.

       —¡Ranma, mi amor! ¡Que bueno que volviste!

       —¡Oye! ¡¿Qué crees que haces?! —Ranma abrió los ojos como platos mientras trataba de liberarse del efusivo abrazo de su amiga Shampoo—. ¡Suéltame que me ahogo!

       La chica soltó una risita coqueta con lo que, sin querer, llamó la atención de Moose; quizás el chico de las enormes gafas no podía ver muy bien, pero sus oídos estaban en perfectas condiciones.

       —¡¡Shampoo, mi gran amor!! —exclamó Moose alegremente, yendo de un lado para otro y palpando con la mano derecha todo lo que encontraba a su paso—. ¿Dónde estás, mi pedacito de cielo?

       Sailor Pluto se quedó mirando al chico con extrañes, pero no se atrevió a decir nada; le bastaba con que Moose no se le acercara a ella. De pronto, Astro alzó una ceja con perplejidad cuando Moose colocó una mano sobre su pecho metálico y comenzó a hablarle en un tono bastante meloso.

       —Shampoo, veo que tanto ejercicio no te sienta bien —dijo Moose mientras Poppu, Ryoga, Eclipse y Zaboot lo miraban con una expresión mezcla de terror e incomodidad—. Ahora estás más durita que antes, je, je, je.

       Cadmio suspiró profundamente y se tomó el rostro con una mano mientras meneaba la cabeza en sentido negativo. “Pero que chico tan imbécil”, pensó. “Quizás sería bueno que los doctores le arreglaran la vista de una buena vez por todas”.

       Finalmente, el chico de los anteojos abrazó a Astro por cuello y luego lo atrajo hacia él. Al ver la escena, Poppu, Eclipse y Ryoga soltaron una espectacular carcajada.

       —¡¡Shampoo!!

       —¡¡Aléjate de mí!! —exclamó Astroboy, visiblemente incómodo.

       Casiopea comenzó a reírse como no lo había hecho en bastante tiempo. No importaba que estuvieran en medio de una guerra; sencillamente, aquellos chicos eran capaces de hacerla olvidarse de todo con sus ocurrencias. Dai tampoco pudo evitar sonreír cuando Moose finalmente descubrió la verdadera identidad de la persona a la que estaba abrazando.

       —Tú no eres Shampoo —murmuró Moose mientras se acomodaba las gafas de cara al rostro de Astroboy—. ¡¡Tú no eres Shampoo!!

       —¡¡No!! —exclamó Eclipse—. ¡Es acondicionador!

       Ryoga, Ranma y Poppu se llevó las manos al estómago y estallaron en carcajadas. Quizás lo más gracioso del asunto era la expresión que tenía Astroboy en su rostro cuando Eclipse gritó la palabra “acondicionador”. Hasta Sailor Saturn y Sailor Pluto comenzaron a reír de tal forma que provocaron que Cadmio se les quedara viendo como a un par de bichos raros, y los Santos de bronce se detuvieran para ver lo que ocurría a sus espaldas.

       —¿De qué se estarán riendo? —preguntó Hyoga, alzando una ceja.

       —Buena pregunta —apuntó a decir Shiryu.

       Planeta Génesis.

       Con una expresión de serenidad, Saulo miró y esperó. El humo y el polvo habían creado una pérfida niebla que la figura de José Zeiva rasgó de repente, como fantasma que acabara de materializarse, aún de pie y con la espada sostenida en sus dos manos.

       —¡No puede ser! —exclamó el príncipe de Endoria—. Ese maldito logró resistirlo.

       —Te felicito, Saulo —dijo José, dando un paso al frente para no caer—. Tu ataque fue magnífico y creo que sí no fuera por mi espada mágica quizás ahora estaría muerto. Tienes tu fama bien ganada, pero… necesitarás hacer tu mejor esfuerzo sí quieres vencerme.

       De pronto el comandante imperial comenzó a cabecear, y pudo observar que su armadura de batalla estaba seriamente dañada, mientras su sangre brotaba levemente de algunas de las rasgaduras. José intento reunir fuerzas para contraatacar, pero sus heridas era más serias de lo que había pensado y, tras unos segundos de incertidumbre, cayó con una rodilla al suelo mientras trataba de sostenerse con ayuda de su espada.

       —Más bien parece que estás seriamente herido —Saulo se cruzó de brazos—. Ese ataque fue demasiado para ti. Lo mejor que puedes hacer es rendirte ante mí y ante la Alianza Estelar.

       José levantó la vista con dificultad. El visor de su máscara estaba levemente rasgado y los sistemas computarizados de combate habían dejado de funcionar, no así los que le indicaban sus funciones vitales, lo cuales aún continuaban trabajando.

       “Advertencia: Reservas de energía vital agotadas en un 75%”, leyó en su visor. “Falla en sistema cardiovascular inminente. Debe iniciarse el modo éxtasis”.

       La modalidad éxtasis era una función básica en las armaduras de batalla creadas por José Zeiva y Jesús Ferrer y que más tarde fue adoptada en otros mundos durante las guerras estelares. En esta modalidad la computadora modificaba las funciones de soporte vital de la armadura a fin de que el usuario quedara sumido en una especie de estado hibernación y, de esta manera, evitar un mayor deterioro físico. Esto se realizaba únicamente cuando el portador de la armadura sufría de heridas graves que amenazaran su vida. Sin embargo el modo éxtasis presentaba un grave inconveniente: el dejar al usuario a merced de cualquier peligro.

       —No —masculló José con dificultad—. Computadora, envía una señal de auxilio a Kali y a Liria. Espera cinco ciclos antes de iniciar el modo éxtasis.

       Aún cuando no contaba con ningún aparato que le mostrara la precaria situación por la que estaba atravesando su rival, Saulo, observador y analítico por naturaleza, podía darse cuenta de lo que estaba sucediendo gracias a su habilidad de percepción; poco a poco, segundo a segundo, el aura de José Zeiva se iba desvaneciendo.

       —Te ofrezco una última oportunidad para que te rindas —dijo Saulo sin dejar de observar a José con desprecio—. Puedo darme cuenta de que estás a punto de morir, no tienes opción.

       —Olvídalo, príncipe de Endoria —jadeó José, tan terco como siempre—. Sí me rindo ante ti, lo único que conseguiré será alargar mi vida unos días más y luego me condenarán a muerte en tu estúpida Alianza.

       Saulo cerró los ojos y dejó escapar una leve sonrisa.

       —Sí así lo quieres —El príncipe abrió los ojos de repente y una llama de hostilidad ardió en sus ojos—. Tu espada mágica te salvó de mi Falcon Fire, pero no soportarás el impacto de otro.

       José ya no dijo nada más, la intensa debilidad que sentía le impedía pensar con claridad. Por un instante imaginó que todo se había terminado al fin, la guerra y los combates estaban llegando a su fin para él. Sólo era cuestión de esperar el golpe definitivo y rezar para sufrir lo menos posible.

       Saulo, a su vez, extendió su puño derecho al frente y se preparó a atacar nuevamente con su técnica especial, sólo que estaba vez iba a usar menos poder. Estaba elevando el poder de su aura cuando una esfera de energía golpeó de súbito el suelo entre él y José Zeiva, lo cual provocó una pequeña explosión que duchó a ambos rivales con tierra.

       —¡Alto!

       El príncipe del planeta Endoria, después de alzar ambos brazos para cubrirse el rostro, se volvió iracundo hacia el sitio de donde había venido aquella bola de luz para encarar a su agresor. ¿Habría sido Liria? No. En los cielos, a algunos kilómetros, Kali y una legión de shadow troopers fuertemente armados volaban a toda velocidad hacia la zona.

       —¡Detente, Saulo! —le gritó Kali—. No te permitiré que te salgas con la tuya.

       El endoriano apretó los dientes con coraje y luego lanzó una rápida mirada de soslayo hacia José Zeiva, quien aún estaba cabeceando. Por alguna razón, Saulo estaba convencido de que de haber podido ver el rostro de su rival bajo la máscara de batalla lo habría visto sonriéndole de manera desafiante.

       —El aura de Kali es más poderosa que la mía —murmuró Saulo para sí luego de volver la mirada hacia la Khan de la Destrucción y los soldados imperiales—. Sin embargo no puedo darme por vencido ahora.

       Kali y sus soldados descendieron frente a Saulo unos tras otros. Después de medir el poder de su enemigo con el escáner visual, la guerrera imperial ladeó la cabeza un poco para observar a José Zeiva. Realmente no había necesidad de ser muy observador para darse cuenta de que estaba seriamente lastimado.

       —Vayan por el comandante Zeiva enseguida —ordenó con severidad, volviendo la vista hacia Saulo para mirarlo a los ojos como sí quisiera ver a través de ellos—. Yo me haré cargo de él, los demás ayuden a Liria a derrotar a las basuras Kundalini.

       —Nos volvemos a ver, Kali, aunque te advierto que esta vez no te será tan fácil vencerme —anunció Saulo mientras los Shadow Troopers se alejaban de ellos en distintas direcciones—. He entrenado mucho desde mi batalla con Sepultura y ahora soy más fuerte.

       —No importa lo mucho que hayas entrenado tu cuerpo, Saulo —La Khan sonrió fugazmente—. Tu aura aún está dentro de los parámetros convencionales de los Caballeros Celestiales. Veo con tristeza que Aristeo todavía no comparte con ustedes los secretos de los legendarios guerreros de Dilmun, me refiero a los Caelestis.

       Saulo cerró ambos puños y empezó a elevar su aura.

       —Puedo vencerte de todas formas —replicó con furia. A continuación extendió el puño derecho hacia delante y, tras reunir fuerzas, lanzó su técnica especial contra la guerrera de Abbadón—. Falcon Fire!!!

       Kali permaneció inmóvil por unos instantes hasta que, de repente, levantó su brazo derecho al cielo y, con un rápido golpe de su mano, partió en dos el halcón de llamas que se abalanzaba sobre ella a unos milímetros de su cuerpo. Las dos mitades del Falcon Fire estallaron en el aire fuertemente, provocando una violenta tormenta de fuego justo enfrente de la Khan de la Destrucción.

       Saulo se quedó quieto con los ojos bien abiertos tras ver lo sucedido. Aún cuando ya había visto a Tiamat bloquear su técnica especial con anterioridad, esperaba que al menos esta vez su ataque podría herir, o al menos lastimar, a la guerrera imperial. Muy a su pesar tuvo que reconocer que sus poderes aún no eran lo suficientemente fuertes.

       —¿Ves a lo que me refiero? —dijo Kali de pronto—. Tus habilidades nunca podrán alcanzar a las de los guerreros Khans. Es una lástima que todo lo que hagas sea inútil, los únicos que sobrevivirán a esta guerra serán los más fuertes.

       ¿Los más fuertes? En ese preciso momento, Saulo pareció recordar una conversación muy similar la cual había sostenido, mucho años atrás, con una joven que se entrenaba como guerrera Celestial en el planeta Endoria a su lado.

       —Espera un momento, yo te conozco —murmuró al tanteo. Quería saber sí en realidad ella era la persona que creía conocer hace tiempo—. Tú eres la jovencita con la que converse a las afueras del Santuario de los Caballeros Celestiales en el planeta Endoria. La misma chica que hablaba sobre la superioridad de los más fuertes.

       —Es curioso, Saulo —dijo Kali, sonriendo levemente—. Creí que me habías olvidado.

       Continuará… .

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s