Leyenda 076

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO LXXVI

¡ALERTEN AL MEGAROAD-01! EL TIEMPO SE AGOTA

        Espacio cercano a Céfiro.

       Una vez que el Águila Real 47 dejó atrás la atmósfera del planeta, Uriel les ordenó a los pilotos que condujeran la nave hasta el sitio en donde las otras nueve Águilas Reales se encontraban esperándolos. Para evitar ser detectadas por fuerzas enemigas, las naves aliadas se habían colocado en órbita alrededor de Céfiro usando sus sistemas de invisibilidad y con los sistemas de comunicación apagados. Los técnicos del Águila Real 47 empezaron a transmitir una serie de instrucciones a los capitanes de la escuadra a fin de que prepararan sus naves para traspasar las barreras dimensiónales una vez que se reunieran con ellos.

       —Mantengan la velocidad actual —ordenó Uriel a los pilotos—. Debemos volver lo antes posible a nuestro propio universo. Es muy probable que los guerreros de N´astarith que robaron la gema que encontraron en Céfiro ya se encuentren en Armagedón para estos momentos. ¿Qué hay sobre el reporte que pedí?

       Uno de los oficiales se giró hacia Uriel desde una de las consolas de los monitores.

       —Señor, el capitán Yadut informa que el Devastador Estelar abbadonita que estaba en el planeta Céfiro atravesó las barreras del continuo espacio tiempo hace aproximadamente un ciclo. No hay evidencias de que existan otras naves enemigas en el área.

       —Es como suponía. —Uriel se llevó una mano a la barbilla y pensó un par segundos antes de dar la siguiente instrucción—. En ese caso prepárense para iniciar la secuencia del salto dimensional.

       El oficial se volvió hacia su consola y tecleó el código que ponía en marcha automáticamente los hiper-impulsores dimensiónales. Al momento, la nave experimentó un incremento de velocidad.

       Uriel se recostó en el sillón de mando y miró el techo. Tenía serias dudas acerca de permitir que las Guerreras Mágicas fueran con ellos, pero por el momento estaba demasiado ocupado coordinando las Águilas Reales como para dejar el puente e ir a darles un sermón sobre lo peligroso que eran N´astarith y los Khans. Cuando supo que Asiont había permitido que Hikaru y las demás subieran a la nave no pudo evitar pensar que eso era un error, una locura, pero después de pensarlo un poco prefirió dejar el asunto ahí; después de todo, aún cuando no confiaba de todo en los Caballeros Celestiales podía entender el sentir de las Guerras Mágicas y sus deseos de luchar.

         “Quizás fue un error dejar que esas niñas subieran a la nave”, pensó. “Sin embargo, atravesamos por momentos tan desesperados que cualquier ayuda no nos caería mal”.

       Mientras el Águila Real 47 continuaba su camino a través del espacio para reunirse con las demás naves, Sailor Moon, Tuxedo Kamen, Marine, Sailor Mercury, Sailor Mars y Sailor Jupiter fueron a reunirse con Hikaru, Umi, Fuu y Asiont, los cuales se encontraban en una sala de conferencias. Realmente ni las Sailor Senshi, la Sabia de Papunika o Tuxedo Kamen esperaban que las Guerreras Mágicas de Céfiro decidieran acompañarlos en la lucha contra el imperio de Abbadón, de manera que la noticia de que Hikaru y sus amigas habían abordado la nave antes del despegue provocó una gran sorpresa entre todos, especialmente en las Inner Senshi.

       Marine había visto a Asiont charlando con Hikaru y las otras dos guerreras antes del despegue e incluso le había instado para que terminara de hablar con ellas y subiera. Imaginó que tal vez las chicas le estaban preguntando algo sobre N´astarith o sobre sí volverían a Céfiro más tarde. Jamás cruzó por su mente la idea de que lo que en realidad le estaban pidiendo al Caballero Celestial era subir a la nave. Por un lado sentía alegría de contar con más ayuda, pero por otro estaba preocupada por saber como se encontraba la princesa Leona, Dai, Poppu y Hyunkel.

       Asiont estaba conversando con Hikaru, Umi y Fuu cuando la puerta de acceso de la sala se abrió de repente para dar entrada a Sailor Moon y a los demás. El Celestial buscó con la mirada el rostro de Ami, quien le saludó con la mano luego de verle, y después frunció una leve sonrisa. Entonces, de pronto, decidió abandonar la sala de conferencias aprovechando la súbita llegada de las Sailors Senshi. Sentía que tenía muchas cosas en que pensar y que para ello era mejor estar solo por un tiempo.

       —¡¡Hola, Hikaru!! —exclamó Sailor Moon con entusiasmo—. Que gusto me da verlas de nuevo.

       —Sailor Moon —repuso Hikaru igual de alegre—. A mí también me da gusto encontrarlas otra vez.

       —Sí me disculpan, amigos… —se excusó el Celestial, atrayendo las miradas de la mayoría de las chicas—, tengo algunos asuntos que debo atender y no creo que les pase nada sí las dejó solas en compañía de Tuxedo Kamen, ¿no?

       —¿Ocurre algo, Asiont? —le preguntó Mercury, extrañada.

       —Pues no que yo sepa —respondió él encogiendo los hombros—. Descuida, Mercury, volveré en unos cuantos ciclos. Mientras tanto cuento con ustedes para que les cuenten a Hikaru, Umi y Fuu todo sobre la astronave Churubusco.

       Sailor Mercury asintió con la cabeza. No quiso decir nada delante de sus amigas, pero no podía dejar de pensar en aquella conversación que habían tenido en los jardines del palacio de Céfiro con respecto a los Khans. ¿En verdad había olvidado aquel odio que sentía contra los guerreros de Abbadón?

       —Claro, no te preocupes por eso.

       Asiont se despidió con un pequeño gesto de la mano antes de dirigirse hacia la salida.

       Sailor Uranus y Sailor Neptune, por su parte, habían estado siguiendo a Sailor Moon y a los demás hasta la sala de conferencias, pero al final optaron por quedarse en la puerta, alejadas del resto y charlando únicamente entre ellas. Sin embargo, a pesar de su aparente lejanía, las dos siempre estaban pendientes de todo lo que hacían Sailor Moon y Tuxedo Kamen así como de quienes hablaban con ellos. Ambas Outer Senshi sabían que los enemigos con los que estaban luchando eran sumamente poderosos y temían que algo malo pudiera sucederle a su princesa o a Mamoru en cualquier momento. No podían darse el lujo de bajar la guardia por nada del mundo.

       —Míralas, Michiru, parece que después de todo esas tres chicas decidieron venir con nosotras a pelear también —observó Uranus, refiriéndose a las Guerreras Mágicas—. Será mejor que las vigilemos con mucha atención. No quiero llevarme ninguna sorpresa desagradable.

       Sailor Neptune asintió con la cabeza.

       —Descuida, Haruka, no les quitaré el ojo de encima. Pero la verdad no creo que traten de lastimar a nuestra princesa. Ellas provienen de otro mundo diferente y me parece que deben tener sus propios problemas. No parece que tengamos que preocuparnos mucho por ellas.

       —Tal vez tengas razón en eso —murmuró luego de observar a Hikaru por un breve instante—. Ahora sólo hay que esperar a que Setsuna se encargue de averiguar las verdaderas intenciones de Sailor Galaxia. No me extrañaría nada que estuviera fingiendo ser nuestra amiga para luego atacarnos por sorpresa.

       —¿Crees que el caos esté ocupando su cuerpo nuevamente?

       Haruka llevó sus ojos hacia el rostro de Neptune antes de contestar.

       —Eso lo ignoro por completo, pero no por eso pienso arriesgarme. El poder que tiene Sailor Galaxia es demasiado grande y aún no me acostumbro a verla como aliada sin… —hizo una pausa y esperó a que Asiont pasara junto a ellas. El Caballero Celestial ni siquiera les prestó atención y abandonó la sala en completo silencio—. Hay algo en ese sujeto que no me agrada.

       —La verdad es que lo noté desde hace tiempo —sonrió Michiru.

       Sailor Moon tomó las manos de Hikaru entre las suyas y luego le regaló la mejor de sus sonrisas. Se podía notar en su rostro y en su voz que estaba bastante contenta de volver a ver a las Guerreras Mágicas. Hikaru, a su vez, respondió al gesto sonriendo de igual forma.

       —Que bueno que decidieron venir con nosotras —exclamó Sailor Moon con verdadera alegría—. Bueno, ya nos habíamos presentado en Céfiro, pero volveré a hacerlo para que no se confundan. Ellas son Sailor Mercury, Sailor Mars y Sailor Jupiter. El de aquí es mi querido Tuxedo Kamen y quiero que sepan que es mi novio, así que nada de acercársele porque me pertenece, es de mi propiedad… .

       Tuxedo Kamen sintió como todo el peso de aquel bochorno comentario caía sobre su persona. Aunque ya estaba acostumbrado a tolerar los imprudentes comentarios de su prometida, no pudo de dejar de sentirse un tanto incómodo con aquellas palabras que lo calificaban casi como un objeto.

       —Sailor Moon, creo que estás exagerando.

       —Lo bueno es que nuestra amada princesa ya maduro —le susurró Rei a Makoto en voz baja antes de reírse a costillas del pobre Mamoru.

       —Vaya, pero que coincidencia —exclamó Fuu, tomándose la mejilla—. Todas ustedes poseen el nombre de varios de los planetas de nuestro sistema solar. Eso me parece un dato bastante curioso y llamativo.

       Sailor Mars alzó una ceja tras escuchar a la Guerrera Mágica. ¿Cómo es que esa chica conocía el sistema solar sí es que provenía del mundo Céfiro? ¿Es que acaso Céfiro era el planeta Tierra de aquel universo o es que las Guerreras Mágicas tenían la habilidad de viajar por las distintas dimensiones?

       —Disculpa, pero ¿qué los planetas de este universo no se llaman diferente?

       —Ah, lo que sucede es que me refería a los planetas del lugar de donde venimos —le explicó Fuu luego de encogerse de hombros—. Nosotras tampoco somos del mundo de Céfiro sino que venimos de la Tierra, la cual es llamada “Mundo Místico” por los habitantes de Céfiro… .

       —¿Vienen de la Tierra? —Mercury estaba desconcertada—. ¿Cómo es eso?

       —Bueno, es algo largo de contar —intervino Umi, rascándose la cabeza—. Existe una vieja leyenda que dice que las Guerreras Mágicas aparecerán en Céfiro cuando éste se encuentre en grave peligro. No sabemos la razón exactamente, pero Hikaru, Fuu y yo fuimos llamadas de Tokio hace tiempo para convertirnos en las… .

       —Espera un momento —le interrumpió Sailor Jupiter—. Dijiste Tokio, ¿verdad?

       Umi parpadeó un par de veces sin comprender el especial interés que aquella Sailor Senshi mostraba por la ciudad capital de Japón. Tal vez, imaginó, le costaba trabajo retener todos los nombres que pronunciaba debido a que eran de otra dimensión. Sailor Jupiter, a su vez, no acababa de asimilar el hecho de que Hikaru y sus dos amigas procedieran de Tokio también. ¿Sería la misma ciudad que ellas conocían o era otra totalmente diferente?

       —Si, dije Tokio. Así se llama la capital de nuestro país —asintió Umi, mirando a Sailor Jupiter con desconcierto—. ¿Por qué? ¿Han oído hablar de él?

       —De hecho venimos de ese lugar —afirmó Sailor Mars, provocando la sorpresa de las Guerreras Mágicas—. ¿Nunca han oído hablar sobre Sailor Moon o las Sailor Senshi que aparecen en el distrito Juuban?

       Hikaru, Fuu y Umi intercambiaron una serie de miradas dubitativas. ¿Sailor Moon? Jamás en sus vidas habían escuchado ese título u otro similar. Para ellas tres, Tokio era una ciudad perfectamente normal y las heroínas como las Sailor Senshi pertenecían exclusivamente al mundo de las historietas y la fantasía. Después de un breve instante de silencio, Hikaru decidió tomar la palabra.

       —No, nunca hemos oído hablar de ninguna Sailor Moon en Tokio. Conozco el distrito Juuban, pero jamás he sabido que algo raro ocurra en ese lugar. ¿Acaso ustedes también se convirtieron en Sailor Senshi en otro mundo como nosotras?

       —¿Pero qué es lo que dices, Hikaru? —murmuró Tuxedo Kamen.

       —¡¿Cómo que no me conocen?! —exclamó Sailor Moon. Era como sí hubiera acabara de darse cuenta de que estaba inmersa en una pesadilla. No podía dar crédito a que existiera una persona de Tokio que jamás hubiera escuchado hablar de Sailor Moon y sus maravillosas aventuras—. ¿Cómo puede ser que sean de Tokio y no me conozcan? Incluso hacían obras de teatro donde narraban mis hazañas. Humm, creo que ya no soy tan famosa como creía.

       Las Guerreras Mágicas arquearon las cejas y se miraron, lo que aumentó aún más la pena de Usagi. Era la primera vez en su vida que conocía a tres chicas que afirmaban ser de Tokio y que no sabían nada sobre las Sailor Senshi y Sailor Moon. Era algo verdaderamente extraño, de seguro tenía que haber algún motivo para que no las conocieran.

       —Calma, Sailor Moon, no te desanimes —le dijo Mercury, tomándola del hombro para darle apoyo—. Debe haber una explicación lógica para todo esto, te lo aseguro.

       —Tomando en cuenta todas las cosas lo que hemos hecho en esa ciudad, debe haberla, Mercury —comentó Sailor Mars con seriedad—. No me explicó cómo es que ninguna de ellas ha escuchado hablar de nosotras. Quizás nos olvidaron después de no hacer ninguna aparición por más de un año, ¿no creen?

       Fuu reflexionó un poco antes de hablar.

       —Hmmm, ya lo tengo, amigas. Seguramente todas procedemos de diferentes universos en donde existe la ciudad de Tokio. Por eso es que jamás hemos oído hablar sobre las Sailor Senshi. En mi opinión, creo que es la única explicación posible.

       —De manera que universos diferentes, ¿eh? —murmuró Umi, tomándose la barbilla en un gesto pensativo—. Podría ser, podría ser… .

       —De hecho yo también había pensado en eso —declaró Mercury por su parte.

       —¿Qué? ¿Mercury? ¿Tú también pensaste en eso? —preguntó Sailor Moon, volviendo la vista por encima del hombro—. ¿Significa que ellas tres proceden de otro Tokio como en el caso de Ranma y sus amigos? Entonces sí hay más de un solo Tokio como habíamos imaginado.

       Ami asintió con la cabeza y sonrió.

       —Así es. Tal parece que la teoría de los universos paralelos o alternativos es una realidad como sospechaba. Mundos semejantes en apariencia, pero con ligeras variaciones que los hacen distintos unos de otros. Así, mientras en nuestra realidad toda la gente de Tokio conoce a Sailor Moon, en el mundo de Fuu las Sailor Senshi no existen.

       —Ah, pero que inteligente eres —le dijo Fuu con una sonrisa.

       —Tú también —repuso la Inner Senshi, encogiéndose de hombros.

       Tuxedo Kamen, Mamoru Chiba, meditó un poco sobre aquel concepto de los universos paralelos. En conversaciones previas con Asiont, había descubierto que en la dimensión donde estaba la Alianza Estelar también existía un planeta Tierra, pero que en ése sus habitantes vivían en el año 2315 d. C.. Hasta el momento tenía conocimiento de cuatro planetas Tierra: el del universo de la Alianza Estelar, el suyo propio, el de Ranma y el de Hikaru, Fuu y Umi. ¿Todo eso era simple coincidencia o implicaba algo más? Aquellos dilemas eran para volver loco a cualquiera.

       —Es una coincidencia que nos hayamos encontrado —dijo Umi sin mirar a nadie en concreto—. Me pregunto qué otra clase de similitudes habrá entre nuestros mundos. ¿Existirá otra Umi Ryuzaki en algún lejano rincón?

       Hikaru sonrió con la idea, pero había que admitir que tenía fundamento. Sí existían muchos planetas Tierra, ¿quién podía asegurarles que no hubiera también dobles de ellas en otros universos? Era divertido tratar de imaginar lo que sería conocer a sus contrapartes dimensionales y ver que tan diferentes eran con respecto a ella y a sus amigos. Quizás, incluso, podría existir otro tipo de realidad en donde ellas hubieran conocido el mundo de Céfiro y a sus habitantes bajo otro tipo de circunstancias.

       —Por cierto, amigas —dijo Fuu luego de soltar una risita—. Mi nombre completo es Fuu Huonouji, mi tipo de sangre es “A” y soy Sagitario. Díganme, ¿ustedes saben algo más del lugar a donde nos dirigimos? Asiont mencionó algo sobre una astronave llamada Churubusco.

       —Eh, bueno, la Churubusco es una nave enorme y en ella conviven muchos extraterrestres de diferentes razas —comentó Sailor Jupiter al tiempo que se acomodaba los cabellos—. Parece que ahí es donde se hospedan los principales líderes que luchan en contra del imperio de Abbadón y su líder N´astarith.

       —N´astarith —dijo Hikaru en tono reflexivo—. ¿Cómo es él? ¿Lo han visto?

       —La verdad es que aún no lo conocemos en persona —declaró Sailor Mars al momento—. Hemos enfrentado a algunos de sus guerreras Khans, pero a él todavía no lo hemos visto. Supongo que Asiont o Uriel deben saber algo más sobre él.

       De repente Umi volvió el rostro hacia Sailor Mercury para mirarla.

       —A propósito, mientras Uriel nos hablaba acerca de N´astarith y de las gemas estelares, vi que ese joven, el que se llama Asiont, se apartó de donde estábamos. ¿Qué fue lo que le sucedió? ¿Tiene alguna diferencia con Uriel?

       Sailor Moon, Sailor Mars y Sailor Jupiter volvieron la vista hacia Mercury casi al mismo tiempo; las tres sabían que sólo su amiga tenía las respuestas a esas preguntas. Ami apretó un puño contra su pecho y desvió la mirada un instante antes de decidirse a hablar.

       —No, él no tiene ningún problema con Uriel que yo sepa.

       Por alguna razón, Sailor Mars intuyó que algo le preocupaba bastante a su amiga Ami. Tenía mucho tiempo de tratarla y sabía reconocer perfectamente cuando tenía algún problema. Sailor Moon, Sailor Jupiter y Tuxedo Kamen también pudieron darse cuenta de que algo le ocurría, pero prefirieron esperar unos segundos más para ver sí se atrevía a contárselos. Umi, Marine, Hikaru y Fuu se miraron.

       —¿Qué te ocurre, Mercury? —inquirió la Senshi del fuego—. ¿Sucede algo?

       Mercury bajó el rostro como sí dudara.

       —No me pasa nada, Mars, te lo aseguro.

       Sailor Moon avanzó unos pasos, atrayendo la mirada de Mercury. Ya antes había intentado averiguar de qué estaba hablando con Asiont mientras ella y los demás conversaban con las Guerreras Mágicas y los defensores de Céfiro, pero no había tenido ninguna suerte. Sailor Mercury era muy reservada respecto a ciertos asuntos, ya fuera porque prefería no inquietar a sus amigas o porque simplemente creía que, en ocasiones, era mejor guardar silencio.

       —Mercury, somos tus amigas —dijo Usagi—, sabes que puedes contar en nosotras.

       Ami sonrió levemente. Con el paso del tiempo había aprendido a confiar plenamente en todas sus amigas, pero especialmente en Usagi y en Makoto. Estaba consciente de que Asiont tenía un serio problema y que tal vez sí se lo confiaba a sus amigas, podría encontrar una manera de ayudarlo mejor; quizás está vez lo mejor era hablar.

       —Chicas, lo que sucede es que estoy un poco preocupada por Asiont.

       Sailor Jupiter alzó una ceja. ¿Preocupada? Sí Ami estaba preocupada era porque en realidad se trataba de algo serio o por lo menos importante. Conocía a su amiga y sabía que no tenía la costumbre de preocuparse por cosas sin sentido o intrascendentes. Por un momento imagino que, probablemente, era la presencia de Hikaru, Marine, Umi y Fuu lo que impedía que Mercury hablara con libertad; después de todo, todavía no las conocían a fondo.

       —¿Le pasa algo? —le preguntó Umi, extrañada—. Quizás podríamos ayudar.

       —Me temo que sí —confesó Mercury—. A pesar de que se ve tan tranquilo y sereno, lo cierto es que tiene mucho odio en su corazón y no sé la razón. Me preocupa un poco que tenga esa clase de sentimientos.

       —¿Estás segura de eso?

       —Sí, Sailor Mars, estoy segura. Y es que cuando estuvimos hablando me dijo que se sentía desesperado por no poder vencer a los guerreros de N´astarith. Me parece que guarda mucho rencor en su corazón.

       —Pues la verdad nunca lo hubiera imaginado —comentó Sailor Jupiter—. Aunque no lo conocemos mucho, es difícil creer que una persona como él tenga sentimientos tan negativos.

       —Yo pienso igual —opinó Umi—. Sí de verdad siento eso, tal vez debemos ayudarlo.

       En ese momento, de repente, Sailor Moon alzó un puño con fuerza.

       —¡¡SI!! ¡¿Y quién mejor que la Sailor Senshi que lucha por el amor y la justicia?!

       Sailor Mars lanzó un suspiro y alzó los ojos.

       —Por favor, Sailor Moon, tú eres un fracaso cuando de levantar el ánimo se refiere.

       —¡¿Pero qué es lo que estás diciendo, Mars?! —contraatacó Usagi, mostrándole la lengua—. Sólo hablas por hablar. Claro que puedo levantarle el ánimo a cualquier persona. Lo que sucede es que estás celosa porque no soy como tú.

       Aquella declaración sólo sirvió para que Rei soltara una sonora carcajada. Sailor Jupiter, Marine, Hikaru, Tuxedo Kamen, Fuu, Sailor Mercury y Umi sólo se limitaron a observar la escena en completo silencio. Quien no conociera a aquellas chicas a fondo podría jurar que se odiaban a muerte, pero la realidad era muy distinta; en el fondo Usagi y Rei eran muy buenas amigas.

       —¡Creo que con ese sentido del humor podrías animar a cualquiera, Sailor Moon!

       —¡Claro que puedo, Mars! —replicó Sailor Moon.

       Ami sólo se cubrió el rostro y bajó la mirada.

       “Ay, creo que mejor debí haberme quedado callada”, pensó.

       Nave Tao (espacio cercano al planeta Génesis).

       Luego de ser teletransportados desde la superficie del planeta Génesis, Uller, Molécula, Saulo y Areth entraron al puente de mando de la nave zuyua para ponerse al tanto de lo sucedido. Por lo que los androides YZ-1 VL-2 les acababan de informar supieron que todas las naves enemigas estaban retirándose lentamente y que Karmatrón y los Transformables habían logrado comunicarse con los pilotos de los Lightnings durante la lucha. De acuerdo con los datos transmitidos por Titán, los pilotos afirmaban venir en una misión de exploración espacial y no como parte de una fuerza militar.

       YZ-1 también había logrado tener éxito con la progresión matemática; casi luego de estar transmitiendo por más de veinte minutos, finalmente había recibido respuesta de parte de los tripulantes del Megaroad-01. Usando el mismo tipo de lenguaje matemático, Shammy había respondido con un mensaje de paz y confirmaba lo dicho por Titán en el sentido de que eran parte de una misión de exploración. Pero lo que sin duda más impresionó a Saulo fue la noticia de que la Juris-Alfa, la nave insignia de la flota imperial de Endoria, deseaba rendirse ante ellos.

       Areth, a su vez, estaba desanimada y se sentía mal consigo misma por la discusión que había tenido con el príncipe de Endoria luego de lo sucedido con las guerreras imperiales. Sabía que Saulo tenía razón en reprenderla, pero le costaba trabajo admitir que se había equivocado; la vida de cualquiera de ellos era mucho más importante que una gema estelar. Después de todo, N´astarith debía tener todas en su poder antes de echar a andar sus planes y ellos tenía dos. La decisión de Uller y Lis-ek había sido la correcta. Desesperanzada y molesta se había relegado a un rincón del puente donde permanecía sentada.

       —¿En qué piensas, Areth? —le preguntó Lis-ek al tiempo que colocaba una mano en el hombro derecho de la chica—. ¿Sigues molesta por lo que ocurrió en ese planeta?

       La chica giró el rostro hacia la emperatriz zuyua para mirarla.

       —Bueno, yo, en realidad quería pedirte una disculpa.

       Lis-ek alzó una ceja y retiró su brazo.

       —¿Una disculpa?

       —Sí, una disculpa, Lis —Areth bajó la mirada y apretó los puños—. Siento haberme enfadado con ustedes cuando le entregaron la gema sagrada a las Khans. Yo estaba equivocada, jamás hubiéramos podido vencerlas en una batalla.

       —Oye —dijo Lis, y esperó a que la Celestial levantara el rostro—. Todos cometemos errores, Areth. No te culpes por lo que sucedió en ese planeta, a veces nos dejamos llevar por lo que sentimos sin detenernos a pensar en nuestros actos. Estoy segura de que Saulo también piensa de la misma forma.

       Areth sonrió afablemente. En ese instante comprendió que la emperatriz de los zuyua era una buena amiga con la que se podía hablar en confianza. A través de los años había perdido muchos buenos amigos como Ezequieth y eso le había hecho volverse mucho más agresiva e imprudente. Durante su adiestramiento como Celestial, Saulo le insistía una y otra vez en hacer a un lado sus emociones y en no tomar decisiones precipitadas durante los momentos cruciales. Ahora se daba cuenta de la falta que le hacía poner más atención a las enseñanzas de su mentor.

       —Gracias por tus palabras, Lis —dijo Areth con renovado optimismo—. De ahora en adelante te prometo pensar las cosas dos veces antes de actuar o hablar.

       —Eso me parece bien —repuso la emperatriz zuyua con una sonrisa—. Ahora debemos enfocarnos en comunicarnos con la gente a bordo de esas naves para saber que tipos de daños sufrieron durante el ataque imperial.

       La Celestial asintió y luego ambas se dirigieron hacia donde estaban Uller, Saulo y VL-2. En el monitor principal aparecía el mensaje transmitido por el Megaroad-01 junto a un recuadro de menor tamaño en donde se veía la cara de Karmatrón.

       —¿Qué has averiguado, Zacek? —le preguntó Uller.

       —Titán ha estado conversando con el teniente Joseph Black del escuadrón Wolf y con el teniente Hiroshi del escuadrón Time —respondió Karmatrón, echando un vistazo a los Lightningsen modalidad Battroid que flotaban cerca de él—. Les hemos pedido que avisen a sus superiores que deseamos ayudarlos a reparar los daños que hayan sufrido en la pelea. Tal parecen que sufrieron muchas bajas.

       —¿Te han dicho de donde proceden ellos? —inquirió Saulo.

       —Sí, y es algo que les sorprenderá mucho, amigos. Tal parece que vienen de un planeta Tierra que también existe en esta dimensión. Tecnológicamente hablando, están más adelantados que los terrícolas que nosotros conocemos, Uller. Voy a ver sí han podido contactar a sus superiores. Me comunicaré con ustedes en unos momentos más.

       Saulo y Uller se miraron un momento sin poder ocultar el asombro que les causaba escuchar la noticia. De nueva cuenta se topaban con una raza que aseguraba venir del planeta Tierra. Uller dirigió una mirada a los Lightnings en modalidad Fighter y comprobó que efectivamente se parecían a las aeronaves que había visto en el planeta azul de su dimensión y que eran usadas por los terrícolas para luchar.

       El príncipe de Endoria, por su parte, no sabía que decir a ciencia cierta. No era que la noticia lo hubiera impactado al grado de dejarlo sin habla, sino que le desagradaban enormemente los terrícolas y eso era debido al odio personal que le tenía a José Zeiva. Creía que sí no hubiera sido por el usurpador terrestre, quizás su padre no habría muertos en un oscuro calabozo y que tal vez su mundo no se hubiera sumido en los horrores de una guerra civil.

       —Terrícolas —murmuró al fin con un ligero dejo de desprecio.

       —¿Sucede algo, Saulo? —le preguntó el hombre de hielo, extrañado.

       El endoriano negó con la cabeza apresuradamente.

       —No es nada, Uller, es sólo que me sorprendió la noticia.

       —¿Qué ha ocurrido, amigos? —se escuchó decir a Lis, que acaba de acercarse junto con Areth y el androide YZ-1—. ¿Alguna buena noticia para variar, Uller?

       —No lo vas a creer, Lis, pero los tripulantes de esas naves vienen de la Tierra.

       —¿De la Tierra? —repitió Areth.

       —Debe tratarse de otro universo parecido a los nuestros —especuló Lis, que intentaba encontrar una explicación lógica a la existencia de otro planeta Tierra—. Alguna especie de universo paralelo o algo así. ¿Qué es lo que haremos ahora que ya sabemos de donde vienen?

       —Lo mejor será volver a nuestra realidad —les propuso Saulo, causando algo de sorpresa entre los Kundalini y Areth—. La gema que se encontraba en este universo fue tomada por los guerreros imperiales y ahora N´astarith debe estar planeando su próximo movimiento.

       Areth estaba totalmente desconcertada. Lo más normal sería tratar de averiguar sí aquellas personas necesitaban ayuda antes de pensar si quiera en regresar a su universo. La prontitud con la que Saulo estaba actuando era señal de que algo raro le ocurría. Su mentor no era precisamente alguien que fuera indiferente ante los problemas ajenos.

       —¿Irnos así nada más? —le cuestionó Lis algo molesta—. Quizás haya heridos o tengan algún desperfecto en sus naves a consecuencia de la lucha. Primero debemos tratar de ayudarlos.

       —Comprendo tu preocupación, Lis —repuso el príncipe de Endoria—. Pero estoy seguro de que podrán arreglárselas solos. Por el momento estamos pasando por problemas más apremiantes y el enemigo podría aprovechar nuestra ausencia para seguir adelante con sus planes. No sabemos sí Uriel y Asiont ya hayan vuelto o sí se ha abierto una nueva puerta dimensional.

       Lis-ek no podía creer lo que estaba escuchando. Aún no conocían las consecuencias del ataque de las fuerzas imperiales, pero a juzgar por lo ocurrido en la ciudad terrícola de Monterrey sabía que los tripulantes del Megaroad-01 probablemente necesitarían ayuda. No tenía mucho tiempo de conocer a Saulo, pero estaba consciente de que era una persona buena que se preocupaba por los demás. ¿Qué era lo que le pasaba ahora?

       —Saulo, percibo que tu corazón se ha endurecido —dijo Areth de pronto, causando que su maestro volviera la vista hacia ella casi inmediatamente—. ¿Se puede saber qué te sucede?

       —Eso es cierto —concordó Uller, que empezaba a sospechar de la actitud del príncipe de Endoria—. Tú también estabas dispuesto a brindarles ayuda antes de volver, pero tu actitud cambió radicalmente hace unos minutos. ¿Pasa algo que no sepamos?

       Aquellos comentarios pillaron por completo a Saulo, que no supo como reaccionar. Tenía que actuar con rapidez o de lo contrario corría el riego de que sus amigos se dieran cuenta de lo que en verdad sucedía en su interior. Quizás lo que más le había sorprendido era la agudeza de Areth para darse cuenta del repentino cambio en sus sentimientos; como Celestial, la chica había aprendido a dejarse llevar por sus corazonadas y, al parecer, esa era una lección que había dominado perfectamente.

       —No me ocurre nada, amigos —dijo Saulo luego de mirar a los Kundalini por algunos segundos como sí se extrañara de que le hicieran esa clase de preguntas—. Lo que sucede es que sí nos detenemos a ayudarlos, perderemos algo de tiempo y el enemigo podría tomar ventaja de eso. Recuerden que aún quedan dos gemas estelares por buscar.

       Lis-ek no necesitaba escuchar ni una palabra más para ver que, en efecto, el comportamiento del príncipe endoriano había cambiado. Evidentemente, Areth tenía razón y por algún motivo había endurecido su corazón al grado de no querer prestarles ninguna ayuda a las naves terrestres. Una de las explicaciones posibles era que tuviera algo personal en contra de aquellas personas, pero ¿qué podía ser sí ni siquiera los conocían?

       —Es porque son terrícolas, ¿no es cierto? —murmuró Areth en un tono acusatorio.

       —Oh, por favor —exclamó Saulo con irritación—. Eso no tiene nada que ver. Areth, hace unos ciclos te enfadaste porque Uller y Lis-ek entregaron la gema al enemigo para salvarme la vida y ahora estás viendo cosas donde no las hay.

       Aquello era un golpe bajo y hasta Uller pudo darse cuenta de ello. Areth estaba verdaderamente furiosa y de hecho le falto muy poco para explotar, sin embargo, cuando recordó lo que había hablado con Lis-ek, se tranquilizó y evitó decir algo que hubiera desencadenado una violenta discusión sin sentido. No estaba dispuesta a cometer el mismo error que en el planeta Génesis; esta vez iba a pensar muy bien las cosas antes de decir algo.

       —Es por eso que no quieres ayudarlos. Como José Zeiva, Luis Carrier y algunos otros que participaron en el golpe de estado que derrocó a tu padre eran terrícolas, ahora quieres desquitarte con ellos.

       —¡¿Acaso te volviste loca, Areth?! —exclamó Saulo totalmente iracundo—. Oye lo que estás diciendo. El hecho de que sean terrícolas no tiene nada que ver en todo esto. Estás imaginando cosas.

       —No lo creo así —intervino Uller—. Desde que supimos que eran terrestres comenzaste a decir que lo mejor era marcharnos sin ofrecerles ayuda. No puedo creer que hagas esto, Saulo.

       —¡No sabes de lo que hablas, Uller! —replicó Saulo.

       —Creo que sí lo sé y… .

       —Disculpe, gobernador Uller —se escuchó la voz metálica de YZ-1—. Los rastreadores indican que las naves enemigas se han detenido a 500,000 kilómetros de nuestra posición y los sensores detectan que los Devastadores Estelares están concentrando una gran cantidad de energía.

       Casi al instante, Uller, Saulo, Lis-ek y Areth olvidaron que estaban metidos en una discusión para dirigir sus miradas hacia el monitor principal. En la enorme pantalla se veía una imagen amplificada del Devastador Estelar Hécate. Por alguna razón, tanto los Celestiales como los Kundalini presintieron que la nave enemiga no estaba reuniendo energía para volver a su dimensión.

       Megaroad-01 (Puente de mando)

       Claudia La Salle volvió a mirar su monitor antes de dar la voz de alarma. Al igual que los rastreadores de la nave Tao, los mecanismos de la Megaroad-01 habían detectado como la flota de naves imperiales acababa de detenerse a sólo 500,000 kilómetros y que estaban acumulando energía. Para alguien como Claudia, que había vivido la terrible guerra entre los habitantes de la Tierra y los gigantes zentraedi, aquello era más que suficiente para suponer que el enemigo se traía algo entre manos.

       —Almirante, captó una reacción energética que viene de las naves enemigas.

       Sin dudarlo, Misa salió disparada hacia la consola y apartó a Claudia.

       —¿Cuánto tiempo lleva? —preguntó, nada más echar un vistazo a la pantalla.

       —Aproximadamente unos tres minutos y contando.

       Kim y Emily se miraron entre sí. ¿Acaso el enemigo iba a atacarlos de nuevo? Parecía algo ilógico dada la enorme distancia que había entre ellos, pero… .

       Nave Tao.

       Saulo tecleó algunos botones de la consola para amplificar un poco más la imagen del Hécate. Unas enorme compuertas situadas en la parte inferior de la torre se estaban abriendo hacia abajo mostrando el interior ligeramente iluminado. En el mismo centro había una zona que no se movía. Era la punta de una enorme aguja. Cuando se encendió una luz verde, Saulo comprendió lo que estaba a punto de suceder.

       —Parece que esos malditos van a desaparecer el planeta —exclamó al tiempo que ampliaba el recuadro donde se veía el rostro de Karmatrón—. Zacek, escucha: tenemos que advertirles a los terrestres para que se alejen del planeta cuanto antes. 

       —¿Qué es lo que ocurre, Saulo? —preguntó Karmatrón.

       —Creo que tal vez los imperiales van a tratar de destruir el planeta para que no maté la explosión. Ordénales a los Transformables que regresen de inmediato a la nave Tao. Nosotros trataremos de avisar  de esto a los terrícolas.

        —¿Qué dices? ¿Destruir el planeta? ¡Por el Gran Espíritu! ¿No quieren que les advierta  de esto a los pilotos?

        —Hmm, no creo que sea prudente ya que podríamos causar pánico. Además, aún quiero confirmar mis sospechas —opinó Saulo—. Diles que el enemigo planea lanzar algún tipo de bombardeo y que lo mejor es que regresen a su nave. Me parece que debemos tratar este asunto directamente con sus líderes.

        —Enterado, yo me quedaré aquí por cualquier cosa.

        —De acuerdo, pero no quieras hacerte el héroe. Te tendremos informado de todo.

        —Descuida, en caso de ser necesario puedo teletransportarme a la nave Tao.

        En el espacio, Karmatrón dirigió su mirada hacia el Megaroad-01 y las demás naves terrestres que orbitaban el planeta Génesis. Sí aquel enorme cuerpo celeste explotaba, lo más seguro era que la fuerza de la explosión acabaría con todos los que estuvieran cerca y aun aquellos que lograran sobrevivir al estallido, seguramente encontrarían la muerte entre los restos.

       Continuará… .

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