Leyenda 011

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO XI

SECRETOS REVELADOS

       En el puente de mando del Artemisa, Cadmio estaba delante de la reina Andrea y las holopresencias de todos los capitanes de la flota exponiendo su plan para encontrar el paradero de las fuerzas aliadas. Mientras hablaba, su mente estaba absorta en la reciente discusión que había sostenido con Astrea momentos antes. Todavía no podía creer que le hubiera dicho que jamás lo había amado. Se sentía confuso, frustrado y enojado, no con Astrea a quien todavía amaba a pesar de no ser correspondido, sino con su suerte y con Asiont. Aunque muy en el fondo sabía que tal vez estaba equivocado en sus apreciaciones, insistía en culparlo de todos sus infortunios.

       —Sí mis suposiciones son correctas, creo que podré restablecer la comunicación con el comando aliado —dijo, y terminó su exposición.

       —¿Estás seguro? —inquirió el capitán Karanth del Juris-Arius no muy convencido—. Sí te acercas a las principales rutas de navegación corres el riesgo de toparte con una patrulla enemiga.

       Cadmio desvió la mirada hacia uno de los cuatro hologramas.

       —Estoy consciente del riesgo, capitán, pero es la única posibilidad de contactar al príncipe Saulo o a cualquier otro líder de la Alianza Estelar. No podemos quedarnos en Noat indefinidamente.

       —Yo opino lo mismo que el capitán —intervino Andrea—. Es demasiado arriesgado, además de que no podremos brindarte la protección necesaria.

       El Caballero Celestial dirigió su mirada hacia la reina.

       —Estoy consciente del peligro que todo esto implica, pero sigo creyendo que es nuestra única posibilidad, majestad. Después de la batalla en el planeta rojo, las fuerzas aliadas se dispersaron por toda la galaxia en un intento por evadir la persecución imperial. No llegaremos a ninguna parte sí no tenemos un lugar al cual dirigirnos.

       Se produjo un completo silencio mientras la reina y los capitanes de la flota se miraban los unos a los otros. Finalmente, Andrea suspiró y, alzando una mano, repuso:

       —De acuerdo. Te doy mi autorización, pero debes entender que sí no vuelves en menos de dos ciclos solares estandar tendremos que dejarte. No podemos permanecer por mucho tiempo en un solo lugar ya que corremos peligro de ser encontrados.

       Cadmio respondió con una ligera inclinación.

       —Gracias, majestad, le aseguro que volveré con ayuda.

       Andrea asintió levemente con la cabeza y luego se volvió hacia el capitán Wex del Artemisa.

       —Capitán, quiero que los cazas comiencen a patrullar el área en lo que permanecemos en este sistema. Quiero dos escuadrones por cada turno.

       Wex hizo un saludo militar y asintió.

       —Lo que usted ordene, majestad.

       La reina de Lerasi se giró hacia el grupo de capitanes que aguardaban.

       —Manténganse alerta, quizás todo pueda parecer tranquilo hasta ahora, pero no debemos subestimar los recursos del enemigos. Podrían encontrarnos en cualquier momento y no tengo ánimos de iniciar otra batalla.

       Los hologramas respondieron con una pequeña inclinación antes de desaparecer.

       El Caballero  Celestial miró como las imágenes de los capitanes desaparecían y después se volvió hacia Andrea.

       —Veo que desconfía bastante, alteza —observó.

       El rostro de Andrea se mostró indiferente.

       —Estamos tratando con N´astarith. No lo olvides.

       Cadmio dejó escapar una leve sonrisa.

       —No lo hago, majestad, es sólo que finalmente veo que está tomando las cosas como debe ser y eso me alegra.

       Girando sobre sus talones, el Celestial se dio la vuelta y abandonó el puente.

       Andrea se recostó en su asiento y meditó unos segundos acerca de la situación por la que atravesaban. No tenía la menor idea de cómo contactar al Consejo de Líderes o a alguna otra nave de la Alianza Estelar y eso era un verdadero problema.

       Aun así, tenía esperanzas de que Cadmio tuviera razón y pudiera volver con ayuda, pero mientras eso no ocurriera sabía que no podría descansar en paz hasta resolver aquel problema.

        Reino de Papunika. 

       Con los puños crispados y la mirada en el suelo, Lance maldecía una y otra vez su mala suerte. Con la partida del Devastador Estelar, sus posibilidades de regresar a su propio universo se habían desvanecido en el aire y nadie lo entendía mejor que él.

       —¡No puede ser! —exclamó con angustia—. ¿Qué demonios haremos ahora?

       Eclipse meneó la cabeza negativamente e ignorando las palabras de su compañero, se volvió hacia Poppu con una duda.

       —Hay algo que no entiendo —comenzó a decir con absoluta calma—. Cuando me acercaba al castillo puede darme cuenta desde lo lejos que tú, Lance y nuestro gigantesco amigo Krokodin estaban combatiendo a un meganiano. Ese fanfarrón se elevó por los aires y les arrojó un ataque de energía. ¿Cómo rayos fue que se salvaron?

       Lance levantó la cabeza y se giró para mirar al Espía Estelar. Éste quizás aún no había entendido la gravedad de la situación o tal vez no lo había escuchado bien.

       —¡Oye, Eclipse! —exclamó para llamar su atención—. ¿Estás sordo o que? ¿No escuchaste que no podremos volver?

       Poppu, que tampoco entendía las palabras de Lance, se llevó uno de sus dedos a la cara para rascarse debajo de la nariz y repuso:

       —¿Nos estabas observando? —le preguntó, desconcertado—. ¿Por qué rayos no nos ayudaste?

       Eclipse sonrió cínicamente e hizo un encogimiento de hombros.

       —Eh, pues, en realidad pensé que ese meganiano ya los había matado.

       Poppu se fue de bruces al suelo luego de oír semejante contestación. Apenas se puso de pie nuevamente, se volvió furioso contra el Espía Estelar.

       —¡Eres un cobarde! ¿Cómo rayos se te ocurre decir semejante tontería?

       Lance se acercó al Espía Estelar con una expresión sombría que revelaba claramente su sentir.

       —¿Eres idiota o qué?  Lee mis labios: No podremos volver.

       Eclipse ni siquiera se molestó en mirarlo.

       —Bueno, la verdad es que estaba seguro de que lograrían salir con vida de ese problema, ¿vas a decirme o no?

       Poppu exhaló y asintió.

       —Yo también pensé que moriríamos con ese ataque, pero en el último momento corrí hasta Krokodin y Lance. Antes de que el ataque nos alcanzara, usé un hechizo mágico conocido como Iura para teletransportarnos lejos del lugar de la explosión.

       Eclipse abrió los ojos de par en par.

       —¡Guau! —exclamó fascinado—. ¿En realidad te puedes teletrasnportar?

       Antes de que el joven mago pudiera responderle, Lance perdió la paciencia y sujetó a Eclipse por la ropa para jalarlo y quedar cara a cara con él.

       —¡Óyeme, pedazo de imbécil! ¿Entendiste lo que dije? ¡Nos quedaremos aquí para siempre!

       Eclipse le sostuvo la mirada sin inmutarse.

       —Ya lo escuche desde hace rato —contestó tranquilamente mientras se zafaba de su agarre—. Pero parece olvidar que aún tenemos mi nave.

       Dai, que como todos los demás no entendía lo que decía Lance, se rascó levemente la mejilla y dijo:

       —Oigan, sí tienen problemas, quizás podamos ayudarlos.

       Eclipse se volvió hacia el chico y se arrodilló delante de él.

       —Te lo agradezco, Dai —dijo, mirándole a los ojos—, pero afortunadamente no es algo que el zoquete mayor y yo no podamos solucionar.

       Lance se alzó unos centímetros dándose por aludido.

       —¡Hey! Cuidado con lo que dices —hizo una pausa y se cruzó de brazos—. Quizás no entendiste bien, pero para volver a nuestro universo debemos atravesar las barreras dimensionales. No sólo volar por el espacio.

       Eclipse se incorporó y se colocó junto a Dai.

       —Claro que lo sé. No crea que soy un estúpido. Usted no lo sabe, pero mi nave está equipada para los viajes entre universos.

       —¿De qué rayos hablas? —le preguntó Lance, frunciendo el entrecejo—. ¿Tú cuentas con esa tecnología?

       —Así es, mi joven amigo —respondió Eclipse alegremente—. No olvides que antes trabaje para José Zeiva y Jesús Ferrer. Durante ese tiempo supe bien cómo aprovechar mi contrato laboral con ese par de orates. En una ocasión tomé prestado un generador de impulso traswarp y les dejé una caja de fuegos artificiales en su lugar.

       —¿Les robaste tecnología?

       El espía alzó las cejas claramente inconforme.

       —Robar es una palabra es muy fea. Mejor digamos que cobre mi pensión por adelantado Como sea, he equipado mi pequeña nave para viajar por los universos. Es un sistema algo rústico, pero servirá para nuestros propósitos.

       Lance se mostró más tranquilo.

       —Eso está bien, pero ¿cómo rayos volveremos sí no tenemos las coordenadas precisas? Podríamos aparecer en cualquier otra dimensión o perdernos para siempre.

       Eclipse meneó la cabeza negativamente, esbozando una enorme sonrisa. Alzó su mano mostrando el cartucho de memoria que le había quitado a Sigma.

       —Aquí tengo la mejor manera de regresar —comenzó a decir, dándole énfasis a sus palabras—. Es seguro que Sigma haya copiado información clasificada del banco de datos imperial.

       Lance no se mostraba muy convencido todavía.

       —¿Y cómo puedes estar tan seguro de eso?

       —Es lo que yo haría en su lugar. No olvides que los Espías Estelares somos bastante desconfiados y siempre estamos un paso adelante.

       —Sí, ya me estoy dando cuenta.

       Leona avanzó unos cuantos pasos, deteniéndose a unos centímetros de Lance. La sola presencia de la joven soberana de Papunika basto para minar toda la seguridad del Celestial.

       —Disculpen, pero ¿serían tan amables de explicarnos?

       Lance tragó saliva con dificultad.

       —Eh, bueno —titubeó, tratando de hilar sus ideas—. Sólo estábamos planeando la mejor manera de regresar a nuestro mundo.

       Leona miró curiosa el rostro de Lance y sonrió gustosamente.

       —Me alegrará conocer su mundo.

       Lance suspiró con nerviosismo. Iba a hablar, pero la intervención de Eclipse no lo dejó hacerlo.

       —Bien, ahora sólo necesitamos una pequeña carga de energía de plasma y de regreso a casa.

       —Un momento —dijo Lance, apartándose de Leona—. ¿Cómo que una pequeña carga de plasma? ¿Acaso tu cacharro no tiene la potencia suficiente?

       —Me temo que no, pero ¿de qué nos preocupamos? Estoy seguro de que las celdas de poder de su traje nos proporcionaran la energía suficiente para… .

       —Eso será imposible —le interrumpió Lance—. Las células de poder de mi traje se dañaron durante mi lucha con Isótopo. Sí nos equivocamos al transferir la energía podríamos provocar una explosión que acabaría con todos.

       Un gesto de angustia se apoderó del rostro del Espía Estelar. Había parecido fugazmente que todo saldría bien, que estarían de regreso en su hogar en unos momentos, pero ahora todo se venía abajo.

       —No me digas eso —masculló con algo de temor en su voz—. Usted es el científico y como tal debe saber qué rayos hacer.

       Lance bajó la mirada y vaciló mientras meditaba en alguna posible solución. Aquel era un mundo atrasado tecnológicamente y seguramente las personas que poblaban el mundo de Dai a lo mucho conocían el fuego o el viento como fuentes de energía. No había electricidad, ni mucho menos energía nuclear.

       —¿Cuanta energía necesitas?

       Eclipse oprimió unas cuantas teclas en su R.E. y al cabo de unos segundos, alzó el antebrazo mostrando la pantalla de su computadora personal. Unos extraños símbolos que sólo Lance pudo identificar parpadeaban constantemente.

       —¡¿1.21 azus?! —exclamó descorazonado. Ahora estaba seguro de que se quedarían para siempre en aquel mundo—. Grandioso. Esa es justo la energía que provoca una reacción nuclear —hizo una pausa y se llevó la mano a la frente preocupado—. ¿Qué demonios vamos a hacer ahora?

       Eclipse bajó la mirada y reflexionó unos instantes antes de hablar.

       —Bueno, creo que Papunika no es un lugar tan feo para vivir y… .

       La sola mirada de Lance le fue suficiente para guardarse aquellos comentarios.

       Leona, que no sabía que eran los azuz ni la energía nuclear, se acercó a Lance para ofrecerle su ayuda. Atrás de la princesa, Marina y Eimi avanzaron conjuntamente.

       —Disculpa, pero seguimos sin entender que sucede. Quizás sí nos contaras.

       Lance se rascó la nuca mientras en su cabeza le daba vueltas al asunto.

       —Lo que sucede es que necesitamos energía para hacer funcionar nuestra nave y poder volver a nuestro hogar.

       —¿Energía? —repitió Hyunkel contrariado—. ¿Qué clase de energía necesitan?

       —Olvídenlo, no hay manera en que puedan ayudarnos —dijo Lance desesperanzado.

       Dai se golpeó una palma con el puño.

       —Vamos, estoy seguro de que entre todos podremos encontrar una solución a su problema.

       Eclipse miró a Lance tratando de forzar una sonrisa sin éxito. En realidad estaba a punto de soltarse llorando.

       —¡Buuuaaa! —chilló Eclipse—. ¡Nos quedaremos aquí para siempre!

       Lance exhaló un suspiro con desesperación y se volvió hacia Dai aparentando normalidad, pero aunque se esforzaba en mostrarse tranquilo, el chico bien podía darse cuenta de su angustia.

       —Lo lamento, Dai, pero a menos que puedas conseguir producir 1.21 azus de energía no veo la manera en que puedas ayudarnos.

       Dai enarcó una ceja.

       —¿Qué es un azus?

       Lance se llevó las manos a la cabeza. Ahora estaba convencido de que todo estaba perdido. Jamás volvería a ver a su hermano Cadmio y lo peor de todo era que sus amigos contaban con él para obtener algo de información que pudiera ayudarlos a ganar la guerra con Abbadón. Aquella era una verdadera catástrofe.

       —Quizás podamos producir esa energía de la que hablan —declaró Dai, negándose a darse por vencido—. Sólo tienes que decirnos como hacerlo —guardó silencio y se giró hacia sus amigos—, ¿no es así?

       —Cuenta con ello, Dai —convino Krokodin todavía dominado por los efectos de la metamorfina—. No importa lo que me pidan. En estos momentos me siento tan poderoso que podría derrotar al mismo rey Ban.

       Lance negó con la cabeza lentamente y sonrió amargamente.

       —Amigos, déjense de cosas. La única fuente natural capaz de generar 1.21 azus de energía es un condenado rayo, ¿vale? Desafortunadamente, es imposible predecir extamente dónde y cuando va a caer uno a menos que tuviera las herramientas necesarias.

       Mientras Lance volvía a bajar la mirada completamente abatido, Dai y Poppu se miraron entre sí y sonrieron con complicidad.

       —¿Con qué un rayo? —murmuró Poppu mientras se acariciaba la barbilla.

       Tokio-3.

       El bar Kobayashi nunca estaba muy frecuentado los fines semana. Sólo concurrían algunos clientes fieles y el lugar era magnifico para quienes quisieran reunirse sin interferencias. Masamaru Kyo escudriñaba el bar con la mirada en busca de su viejo camarada Ryuoji Kaji. Como no había rastro de él, ordenó que le trajeran otra cerveza bien helada. Luego de que la camarera colocara el jarro sobre la mesa, Masamaru se dispuso a continuar bebiendo cuando de pronto un joven se acercó hasta la mesa.

       —¿Es una misión oficial de SEELE?

       —¡Kaji-kun!

       —Hola, Masamaru, cuanto tiempo —le saludo el joven al tiempo que ocupaba el asiento al otro lado de la mesa—. Me da gusto volver a verte, supe que te ascendieron dentro de SEELE.

       Masamaru hizo un gesto con la mano indicándole a la joven camarera que le llevara otra cerveza a su acompañante. Luego de que la mesera le trajeran el jarro a Kaji y se retirara, ambos hombre sabían que podían conversar tranquilamente.

       —Vaya, vaya —farfulló Masamaru—. El gran Kaji-kun. ¿Sabes? Escuché que tuvieron problemas en NERV con el último monstruo que los atacó. Me da gusto ver que no te pasó nada.

       Kaji dejó escapar una leve sonrisa y dio otro trago.

       —Hubo algunas dificultades —murmuró—, pero afortunadamente el EVA-01 pudo hacerse cargo.

       Masamaru se recostó en su asiento y sonrió burlonamente.

       —Te refieres al mocoso hijo de Gendou, ¿no es así? —preguntó con una expresión de desprecio—. La ONU gasta demasiado dinero en esos muñecos de lata.

       Kaji suspiró y le miró.

       —Quizás, pero no es de los Evas de lo que he venido a hablar contigo, Masamaru.

       —Entonces ¿de qué, oh gran Kaji-kun? —preguntó en son de broma—. ¿Qué puedo hacer por ti?

       —¿Qué sabes del grupo Apocalipsis? —preguntó Kaji.

       La expresión de Masamaru cambio por completo para hacerse rígida. Dejó el tarro que sostenía sobre la mesa y miró a su camarada fijamente.

       —¿El grupo Apocalipsis? —repitió—. Según tengo entendido es una agencia especial de inteligencia que trabaja para la ONU bajó las ordenes del general Kymura —murmuró con frialdad—. Tal como lo hace SEELE —sonrió—. Tal como lo hace NERV.

       —Masamaru, los de SEELE tienen sospechas de que el general Kymura ha estado desviando fondos y realizando maniobras a espaldas de la ONU. También sospechan que muchos de nuestros agentes han sido sobornados y trabajan en complicidad con el grupo Apocalipsis.

       —Miren quien habla de actuar a espaldas de la ONU —Masamaru echó la cabeza para atrás y clavó la vista en el techo—. Escucha, Kaji, no me vengas con esas idioteces. ¿Acaso crees que ese desgraciado de Gendou no hace cosas a espaldas de SEELE, la ONU y todo el maldito mundo?

       —Eso no tiene nada que ver —afirmó Kaji—. Algunos en Seele sospechan que tú estás trabajando en secreto para esa organización, ¿es eso verdad .

       Una chispa se encendió en los ojos de Masamaru.

       —Esos desgraciados de SEELE creen que lo saben todo, pero la verdad es que son unos malditos hijos de perra. Ellos y su mentado Proyecto de Complementación Humana van a provocar que el mundo se vaya al demonio.

       Kaji frunció el entrecejo.

       —¿Quién te habló del Proyecto de Complementación Humana? —le inquirió con desconfianza,—. Sí trabajas para el grupo Apocalipsis, ¿verdad?

       Masamura sonrió con cinismo.

       —Bueno, has descubierto mi secreto, pero antes de que me digas algo, te diré que todas esas acusaciones que ha hecho SEELE no son más que un montón de viles mentiras —tomó otro trago—. El general Kymura es un hombre de honor que lucha por el bienestar del mundo. Sí trabajo para ese grupo es porque me estoy convencido de que lo que hacemos está bien.

       Kaji meneó la cabeza impaciente.

       —¿Sabes bien en lo que estás metido? Los de SEELE ya los tienen bien identificados y conocen las maniobras del grupo Apocalipsis. Sólo necesitan un pretexto e irán por Kymura y todos ustedes. Sabes tan bien como yo que esa gente no tolera las traiciones.

       —¡Ja! ¿Lo dices por experiencia, agente Kaji? Estoy seguro de que a la gente de todo el mundo le gustaría saber todos los secretos de SEELE y NERV. El general Kymura es un hombre que está trabajando por la salvación real del mundo y no como esos hijos de perra de Gendou y el presidente Keel.

       Kaji lo miró con frialdad.

       —¿De qué rayos estás hablando, Ryo-kun?

       —Lo sabrás a su debido tiempo, Kaji, pero no te preocupes que mi intención no es perjudicarte —se levantó de la mesa y sacó unos billetes del pantalón—. Es obvio que estás algo preocupado por mí y te lo agradezco, pero te aseguró que no tienes porque hacerlo. Sabemos a la perfección lo que hacemos —dejó los billetes sobre la mesa y se aprestó a retirarse—. Te daré un consejo: aléjate de todo lo que tenga que ver con el grupo Apocalipsis. Sí crees que sólo SEELE es de cuidado es porque todavía no nos conoces.

       Kaji meneó la cabeza negativamente mientras veía a Masamura alejarse.

       —Quizás tengas razón, Kyo-kun —murmuró—. Quizás la tengas.

       Tokio, Japón
       Distrito Nerima

       En el patio de la residencia Tendo se estaba desarrollado un drama catalogado por todos los que ahí vivían como algo casi cotidiano: una acalorara discusión entre Ranma y su padre Genma.

       —¿Qué fue lo que hiciste ahora? —preguntó Ranma mientras sujetaba a su padre de la ropa—. ¡Vamos, responde!

       Genma sonrió nervioso. Era como sí en verdad tuviera algo que ver con la súbita aparición de aquellos extraños visitantes.

       —¿Y yo por qué?

       —¡No te hagas! —insistió Ranma—. Siempre que hay un malentendido, tú eres el principal responsable.

       Genma sonrió nuevamente y luego lanzó una mirada los recién llegados. Ciertamente sus vestimentas y aspecto eran muy extraños, pero eso era algo común de la gente que solía visitar el Dojo de los Tendo, así como otros singulares personajes que él y su hijo habían conocido a lo largo de toda sus viajes.

       —La verdad no los recuerdo —confesó Genma mientras los examinaba minuciosamente detrás de sus anteojos—. Realmente creo que nunca los había visto en mi vida. A menos que fueran esos actores chinos que se molestaron conmigo luego de que les pedí prestado un poco de dinero.

       Sombrío frunció el entrecejo con enfado y dio un rápido paso al frente para examinar todo el lugar con suprema arrogancia.

       —¡Ya estuvo bueno de tonterías! —gritó, llamando la atención de todos—. Será mejor que se larguen de aquí o de lo contrario prepárense para pelear con nosotros.

       Soun respondió avanzando unos cuantos pasos.

       —Oigan, un momento, ¿ustedes fueron quienes me causaron este daño? —preguntó, refiriéndose a su barda destruida—. Sí es así quiero que me la paguen ahora mismo.

       Belcer fulminó a Soun con la mirada y a continuación expelió el poder de su aura, lanzando algunas cuantas ráfagas de aire en torno a él.

       —¿Cómo te atreves a hablarnos así, insolente? Con un solo movimiento podríamos destruir este ridículo planeta.

       Soun parpadeó varias veces sin entender aquellas palabras. ¿Acaso estaban fanfarroneando? Iba a decir algo más cuando una ráfaga de aire emanada del cuerpo del Khan lo lanzó al suelo.

       —¡Papá! —exclamó Akane mientras corría al auxilio de su padre.

       Soun levantó la mirada y vio como Belcer alzaba su mano exhibiendo la palma amenazadoramente.

       Akane se arrodilló junto a Soun y luego lanzó una mirada rabiosa contra los misteriosos forasteros que habían irrumpido en su hogar.

       —No se moleste, señor —declaró Soun, riendo cobardemente—. En realidad ya estaba pensando en remodelar.

       Sarah, la Khan del Basilisco, examinó con la mirada todo a su alrededor sin tomar en cuenta a Ranma y los otros.

       —Que lugar tan conmovedor

       —¡Oye Sarah! —exclamó Belcer—. Este no es el momento para admirar el paisaje. Tenemos que encontrar la maldita gema estelar.

       —Es cierto, Sarah —añadió Sombrío con una leve sonrisa malévola—. Según mi escáner, la gema sagrada se encuentra dentro de la casa.

       Soun se levantó rápidamente con un pequeño salto para interponerse en el camino del Khan del Lobo.

       —Oiga, no puede entrar a mi casa así nada más.

       Sombrío lo miró de reojo con fastidió.

       —A un lado, viejo —amenazó el imperial—. No intervengas.

       Antes de que el jefe de la familia Tendo pudiera darse cuenta, el Khan del Lobo lo golpeó con un rápido manotazo que lo arrojó a los pies de Akane.

       —¡Papá! —gritó Akane aterrada—. ¿Te encuentras bien?

       —Ah —balbuceó Soun, frotándose el rostro con cuidado—. Claro, ¿no ves que sólo quería recostarme en el suelo?

       Al ver lo ocurrido, Ranma y su padre se dirigieron apresuradamente hacia Soun y Akane.

       —Oiga, Tendo, ¿se encuentra bien? —le inquirió Genma—. A ver ¿cuántos dedos puede ver?

       Completamente furioso y con los puños crispados, Ranma Saotome se volvió hacia Sombrío y los demás guerreros imperiales para lanzarles mirada feroz. Atrás de él, Shampoo permanecía en su sitio.

       —No tengo la menor idea de quienes sean —dijo Ranma con determinación—. Pero no voy a permitirles que hagan lo que les plazca.

       —¡No, Ranma no lo hagas! —le suplicó Shampoo.

       —Oh, no me digas —dijo el Khan del Lobo con burla—. Muchacho tonto, no tienes posibilidades de ganarme. Para mí eres como una basura. Puedo vencerte con una mano atada a la espalda.

       —Eso lo veremos, fanfarrón —respondió Ranma, seguro de sus fuerzas—. Esta es mi técnica… ¡Kachu Tenshin Amaguriken! (El Truco de las Castañas Calientes)

       Con una asombrosa velocidad, Ranma arremetió contra Sombrío con una potente lluvia de puñetazos. Sin embargo, algo extraño ocurrió ya que a pesar de que los golpes de Ranma eran muy veloces, Sombrío conseguía esquivarlos, ladeando la cabeza de lado a lado o simplemente bloqueándolos con las manos sin hacer el menor esfuerzo. Ranma sencillamente no podía creerlo, pero su enemigo se movía con una rapidez que nunca había imaginado que existiera.

       “¡No puede ser!”, pensó mientras continuaba atacando. “¡Mis golpes no le hacen absolutamente nada! ¡No le puedo atinar!”.

       Sarah, Belcer y los soldados imperiales observaron la escena divertidos y, luego de un momento de calma, alguno que otro de la tropa rompió en carcajadas.

       —Qué patético muchacho —observó Sarah—. A pesar de que es infinitamente inferior a Sombrío insiste en atacarlo con esa técnica tan simple. 

       Belcer asintió con la cabeza.

       —Creo que esto va a ser demasiado sencillo.

       Sorpresivamente, Ranma detuvo su ataque y se alejó de su enemigo con un ágil salto hacia atrás. Aunque parecía imposible, no había conseguido ni siquiera tocar a su adversario.

       —¿Qué pasó, mocoso? —preguntó Sombrío con burla—. No me digas que esa fue tu mejor técnica porque para mí fue verdaderamente insignificante. Espero que tengas algo mejor en mente.

       —¡Cállate! —profirió Ranma enardecido—. ¡Apenas estoy empezando a calentar!

       Sombrío sonrió malévolamente y bajó la mirada.

       —Ahora sabrás lo que es una verdadera técnica, mocoso.

       Una especie de neblina oscura comenzó a emanar de los pies del Khan del Lobo, esparciendo en todas direcciones y cubriendo todo el ambiente en cuestión de segundos. Acto seguido, Sombrío desapareció en medio de la bruma.

       —¡Ranma, ten cuidado! —gritó Akane.

       —Ranma —murmuró Shampoo por su lado.

       El chico volvió la vista hacia todos lados con incertidumbre. La espesa niebla había comenzado a rodearlo rápidamente y le impedía ver más allá de su nariz.

       —¿Qué rayos es esto? —preguntó para sí.

       —Los lobos suelen atacar en las noches aprovechando la neblina —le respondió la voz de Sombrío—. Como podrás darte cuenta, es difícil saber de donde vendrá en ataque en medio de tal oscuridad.

       —¡Cállate, miserable! —gruñó Ranma irritado, volviendo la vista hacia el sitio de donde creía venía la voz del Khan—. ¡Sal y pelea, cobarde!

       Enseguida, se sobresaltó cuando escuchó la voz de Sombrío detrás de él.

       —Aquí estoy.

       Ranma se puso en tensión cuando la figura de su oponente emergió de la densa neblina.

       —Mira bien esto, chico… —comenzó a decir Sombrío mientras hacía una serie de movimientos con sus manos—. ¡Nebula Lupus!

       Con una velocidad sobrehumana que Ranma Saotome fue incapaz de seguir con la mirada, el Khan del Lobo comenzó a atacarlo con una serie de poderosos y rápidos golpes.

       —¿Qué opinas de mi técnica, chico? —le inquirió Sombrío mientras lo atacaba desde todos los ángulos posibles—. ¡Toma, gusano!

       Ranma ni siquiera tuvo el tiempo necesario para protegerse y luego de ser golpeada brutalmente durante unos instantes, salió de la niebla volando para caer dentro de un pequeño estanque ubicado en el centro del jardín.

       ¡SPLASH! Al ver lo ocurrido, Akane no se lo pensó dos veces y rápidamente se interpuso entre el estanque y Sombrío. No estaba dispuesta a permitir que continuarán lastimando a su prometido.

       —¡Alto ahí! —gritó mientras adoptaba una especie de guardia—. No dejaré que sigas lastimando a Ranma.

       Sombrío miró a Akane de arriba abajo con morboso detenimiento. Ciertamente, aquella era una chica bastante atractiva y hermosa. Luego de que acabó de comérsela con la mirada, el guerrero Khan sonrió pervertidamente.

       —No tenía la menor idea de que me iba a encontrar una cosa tan linda por estos lugares.

       Sarah no pudo disimular el enfado que le provocaba escuchar a Sombrío.

       —Tenía que salir con esas tonterías, ya se me hacía raro que no lo hiciera —susurró para sí.

       Akane le lanzó una mirada de ferocidad al Khan del Lobo. Estaba bastante claro que quería entrar en combate.

       —¡Eres un loco! Más vale que te defiendas.

       Sombrío sonrió divertido al escuchar las palabras de Akane. Le encantaban las mujeres con carácter.

       —Sí deseas atacarme, puedes hacerlo. Dame tu mejor golpe, nena.

       Akane avanzó un paso al frente. Iba a lanzarse sobre el Khan cuando una chica pelirroja emergió de las aguas del estanque para detenerla.

       —¡Akane! —gritó la pelirroja—. ¡No intervengas! ¡Yo me haré cargo de él!

       Tanto Sombrío como sus acompañantes se volvieron hacia la misteriosa pelirroja. Un detalle que realmente saltaba a la vista, y que llamaba la atención, era el hecho de que aquella jovencita de figura escultural portaba las mismas ropas que Ranma.

       —Vaya, Sombrío —exclamó Belcer, alisándose los cabellos—. Ya me di cuenta porque pudiste vencer tan fácilmente a ese niño. Estabas peleando con una chica.

       —¿Una chica? —repitió Sombrío con cara de idiota, parpadeando varias veces—. Pero miren nada más. Tampoco está nada mal —dejó a Akane de lado y se acercó a la pelirroja—, aunque la verdad lograste engañarme. Por un instante pensé que eras un muchacho.

       —¡Yo soy un hombre! —gritó la chica pelirroja, visiblemente furiosa—. ¡Miserable! Ahora continuaremos nuestra pelea

       —No digas tonterías —intervino Belcer—. Se te cayó el disfraz. ¿Crees que no sé la diferencia entre una chica y un mocoso?

       De pronto, las hermanas de Akane se asomaron por la puerta que daba al patio para tratar de averiguar lo que sucedía.

       —¿Pero qué le paso a la barda? —exclamó Kasumi alarmada.

       Nabiki observó a los recién llegados por un momento, luego a Shampoo y finalmente a la chica pelirroja.

       —Este va a ser uno de esos días —murmuró con absoluta indiferencia y comenzó a caminar rumbo a su cuarto, segura de que no se perdería nada que no hubiera visto antes.

       La pelirroja salió del estanque con paso firme, tras hacer a un lado a Akane encaró a Sombrío.

       —Yo soy a quien echaste al estanque —alzó los puños—, así que mejor prepárate.

       Sarah y Belcer se miraron entre sí, algo extrañados.

       —Creo que el golpe la afectó —murmuró Sarah—. Ahora se cree hombre.

       Molesta, la pelirroja lanzó una mirada de soslayo a los Khans.

       —Yo soy Ranma Sotome —declaró enérgicamente—. Esta vez comenzara la verdadera pelea.

       Sombrío sonrió malévolamente.

       —Oh, sí, me gustan las peleas con mujeres.

       Continuará… .

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