Leyenda 073

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO LXXIII

¡¡ARRIESGA TU VIDA, SHIRYU!! ¡¡LA ÚNICA OPCIÓN!!

       Shinden (Templo de Kami-sama)

       Leinad de Leviatán se recubrió de nuevo con aquella resplandeciente energía y se arrojó como bala de cañón en contra de Shun a fin de derrotarlo con una sola embestida. El Santo reaccionó a esto contraatacando con la cadena de Andrómeda, la cual comenzó a girar en el aire formando grandes círculos que se entrelazaron entre sí rápidamente. En unos cuantos segundos, la cadena formó una gigantesca red delante de la bola de luz  para tratar de contenerla.

       —Adelante, cadena… Casting Net!! (Red de Andrómeda)

       La estrategia pareció gozar del  éxito en un principio, más Leinad consiguió destruir todas las cadenas que lo rodeaban incrementando la energía de su aura. Una vez que estuvo libre de aquella red metálica que lo aprisionaba, el imperial retomó su carrera en un rumbo de colisión directa contra Andrómeda. Shun no tuvo el tiempo suficiente para recurrir a otra táctica y recibió un brutal golpe por parte del Khan de Leviatán. El cuerpo del Santo de Bronce salió volando hacia atrás luego de perder la tiara y una de las hombreras de su armadura.

       —¡¡Shun!! ¡¡Noooo!! —exclamó Shiryu fuertemente luego de volver el rostro hacia el sitio donde había caído su amigo. Hizo el intento de ir a ayudarlo, pero la criatura de Belcer le cerró el paso con rapidez.

       —¿Adónde crees que vas, Dragón Shiryu? —le preguntó el Khan del Golem en forma irónica. Era como si se estuviera mofando de la preocupación que sentía—. Tú ibas a derrotarme sí no mal recuerdo, ¿verdad?

       —¡Maldito! —masculló Piccolo a su vez.

       El Santo del Dragón se volvió furioso contra Belcer al tiempo que apretaba sus puños con verdadero enojo y desesperación. Ahora que Shun había caído ante Leinad, todo dependía de él y los pocos que aún podían luchar como Astroboy y Casiopea. La situación se mostraba extremadamente peligrosa y lo sabía mejor que nadie; por un instante pensó que tal vez sería buena idea tratar de pedir refuerzos, pero con Zaboot inconsciente esa posibilidad estaba totalmente descartada.

       —Bueno, pues parece que ese torpe de Andrómeda tampoco resultó ser un buen rival como esperábamos, amigos —murmuró Leinad, frotándose las manos mientras se reunía con Nauj-vir y Sorlak—. Ahora ya solamente queda encargarnos de la basura restante.

       —De esa basura me encargaré sólo yo —anunció Belcer. Enseguida alargó el brazo derecho para indicarle a su creación que atacara—. ¡¡Destrúyelos a todos!!

        El monstruo rugió con fuerza y luego se impulso hacia el cielo para iniciar un nuevo ataque. Piccolo y los demás alzaron la mirada al mismo tiempo para seguir sus movimientos, pero el sol les impidió ver al monstruo con claridad. Antes de que pudieran advertirlo, el golem atacó a cada uno de los guerreros con una serie de rápidas patadas y golpes. En cuestión de segundos, Piccolo, Astroboy, Casiopea y Shiryu cayeron al suelo.

        Al ver lo sucedido, Leona y Sailor Saturn sintieron como la angustia y el terror se apoderaban de todo su ser. Sus amigos habían caído ante los Khans y ahora únicamente ellas quedaban en pie para luchar. La princesa de Papunika se sentía, quizás, más desamparada que la Senshi; aún cuando hiciera intentara atacar a los imperiales sabía por experiencia que sus hechizos mágicos le serían totalmente inútiles en la batalla.

        Sailor Saturn, a su vez, desvió la atención hacia Dai y luego se puso de pie para hacer frente a los Khans. Dependía de ella y de Leona evitar que los mataran a todos. No sabía que tan fuertes eran los guerreros imperiales, pero de todas formas estaba dispuesta a usar su más poderoso ataque a sabiendas de que eso podría costarle la vida. Su mirada reflejaba una enorme determinación que Nauj-vir reconoció de inmediato.

       —Princesa, no se preocupe, no dejaré que la lastimen —murmuró Hotaru, atrayendo la mirada asustada de Leona—. Si es necesario arriesgaré mi propia vida con tal de derrotarlos. Confíe en mí, por favor.

        “No sé sí esa mocosa es valiente o imprudente”, observó el Khan del Cíclope. “¿Qué diablos es lo que pretende? ¿Es que quiere morir o qué?”.

        El gigante esmeralda dio un paso en dirección a la Outer Senshi, haciendo retumbar todo el suelo bajo sus pies. Aún así, Sailor Saturn no retrocedió ni un centímetro; sí lo que querían era asustarla con esas absurdas demostraciones de fuerza, realmente no lo lograrían. Sin embargo Hotaru sí sentía algo de temor, y era natural; jamás en su vida se había topado con unos guerreros tan poderosos como los Khans.

       —Ahora sólo tengo que acabar contigo, niña tonta —dijo Belcer con seguridad.

       —No estoy tan segura de eso —repuso Hotaru sin dejarse amedrentar.

       —Chiquilla, no tienes idea de lo poderosos que somos en realidad.

        Sorlak lanzó una nueva risotada luego de escuchar a Sailor Saturn hablar como sí en realidad fuera una guerrera adulta. La lucha no tardaría mucho en decidirse y lo sabía perfectamente, de manera que decidió llevar su rostro hacia el Khan del Cíclope para proponerle que abandonara el Shinden y regresaran a su nave.

       —Balcer derrotará fácilmente a esa niña en unos cuantos nanocliks, jefe. Creo que ahora sí podremos irnos de este primitivo planeta. El emperador estará muy satisfecho con nuestra victoria. ¡¡JA, JA, JA, JA, JA, JA!! Quiero ver la cara que pondrá ese torpe de Tiamat cuando nos vea llegar.

        Nauj-vir asintió con una amplia sonrisa. Las cosas habían salido a la perfección y lo sabía mejor que nadie. No sólo había recuperado la gema estelar “Lain”, sino que acababan de derrotar a todos los enviados de la Alianza Estelar con suma facilidad. Seguramente N´astarith estaría muy complacido con eso y lo colmaría de honores por su triunfo.

       —Acaba con esa mocosa de una buena vez, Belcer, pero no quiero que la mates. No hay honor en acabar con una simple niña como esa —sentenció el Khan del Cíclope antes de darse la media vuelta como sí la batalla ya hubiera concluido—. Es hora de volver a la nave, pero antes de dejar este lugar, quiero que lo destruyan por completo. Piccolo despreció el ofrecimiento que le hice hace unos instantes, así que no me importa mucho que lo maten a él también. No obstante, traigan a ese chico llamado Gohan y a la niña. Tengo planes para ellos.

        No. 18 se quedó estupefacta después de escuchar aquellas palabras. Tenía que tomar una decisión cuanto antes o de lo contrario compartiría la misma suerte que el templo de Kami-Sama y todos los infelices que estuvieran ahí en el momento de la explosión. Sin pensarlo mucho, se encaminó rápidamente hacia donde estaba Kurinrin cuidando de no atraer la atención de los imperiales. Escapando salvaría su vida, pero… .

       —¡¡JA, JA, JA, JA, JA, JA!! Es perfecto, jefecito, yo quiero hacer explotar este maldito lugar.

       —Olvídalo, “risitas”, nada de eso —le refutó Leinad, dándole un golpe en el hombro—. Tú destruiste el planeta en la última misión que tuvimos. Ahora es mi turno de divertirme un poco haciendo pedazos este intento de templo. Realmente voy a disfrutar ver morir a todos estos infelices.

        Belcer empezó a reírse con los comentarios de sus compañeros de armas. Estaba por hablar cuando se percató de que Shiryu estaba tratando de levantarse una vez más. Parecía algo imposible, no podía ser cierto que aún tuviera fuerzas dentro de su agotado cuerpo. Se dio la media vuelta para encarar al Santo otra vez.

       —Esperen —dijo Shiryu mientras se ponía de pie—. La… batalla aún no ha terminado.

        No. 18 estaba lista para abandonar la plataforma celeste llevando a Kurinrin del hombro. Sin embargo, cuando se dio cuenta de que el Santo del Dragón se había levantado otra vez, la androide se quedó estupefacta y permaneció a la expectativa.

       Sailor Saturn también desvió su mirada hacia donde se encontraba Shiryu, mostrándose sumamente sorprendida con lo ocurrido. ¿Cómo era posible que aquel Santo todavía tuviera fuerzas para levantarse después de recibir semejante ataque? ¿Es que acaso era un milagro?

       —Shiryu… .

        Nauj-vir se dio la vuelta en redondo sin dar crédito a lo que sus oídos acababan de escuchar. ¿Shiryu todavía deseaba enfrentarlos? ¿Qué era lo que impulsaba a ese sujeto a seguir luchando? Fuera cual fuera el motivo, lo cierto era que ese Santo de Bronce era un guerrero valiente que se había ganado todo su respeto.

       —En verdad no sé de dónde sacas toda esa fortaleza para desafiarnos de nueva cuenta, Shiryu —confesó el Khan del Cíclope, sintiendo algo de admiración por aquel enemigo que se resistía a perder la batalla ante ellos—. ¿Sabes? Estoy dispuesto a perdonarte la vida sí te nos unes ahora mismo y le juras lealtad al emperador N´astarith. ¿Qué opinas de eso, eh?

        Shiryu respiraba de manera agitada. A pesar de que pretendía seguir peleando, era notorio que estaba muy cerca de sus límites. Sin embargo no se había puesto de pie para implorar misericordia ni para aliarse al enemigo, lo había hecho porque estaba decidido a salvar a sus amigos.

       —Olvídalo, Nauj-vir, yo jamás traicionaría a Atena y a mis amigos. Dije que los vencería y eso es lo que pienso hacer, aunque me cueste la vida. Es mejor que lo entiendas de una vez por todas.

       —Otra vez esas tonterías sobre la amistad —murmuró Belcer con enfado—. Vamos a ver que tanta lealtad le guardas a tus amigos una vez que mi golem te despedace en mil pedazos, idiota. Quiero que sepas que luego de matarte, yo mismo acabaré con esa maldita niña que nos está causando tantas molestias.

       —Espera un momento, Belcer —le calmó el Khan del Cíclope—. Deseo hacer un pequeño trato con este Santo de Atena. Quiero averiguar sí de verdad se preocupa por sus amigos como afirma o solamente está mintiendo.

        Leinad frunció el ceño con suspicacia. Aquello le sonaba a uno de los absurdos pactos de honor que Nauj-vir solía hacer en los momentos en que se topaba con algún rival que demostraba tener mucha tenacidad y perseverancia. Una costumbre que detestaban los demás Khans.

       —¿De qué demonios estás hablando ahora, Nauj-vir? Acabemos con ellos y luego marchémonos a nuestra dimensión. No tenemos tiempo que perder con tus absurdos juegos de honor y con promesas.

        Pero Nauj-vir estaba decidido a someter a prueba el supuesto sentido de amistad de Shiryu, de manera que ignoró por completo a Leinad y prosiguió con su plan. El Khan de Leviatán se tomó el rostro con una mano en señal de fastidio, pero no se atrevió a decir nada más.

       —De acuerdo, Dragón Shiryu —asintió Nauj-vir una vez que se cruzó de brazos—. Sí logras vencer a Belcer y a su golem, entonces te perdonaré la vida a ti y a tus inútiles amigos además de no llevarme a nadie, ¿qué te parece? Así no podrás decir que soy injusto. Incluso dejaré que esa niña te ayude a luchar con ellos.

       —¡¡JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA!! Esa fue buena, jefe, dejar que la niña lo ayude.

        Belcer se golpeó una palma con el puño, efusivamente. Sí acababa con uno de los Santos de Bronce del Santuario, se ganaría la admiración de los demás guerreros del imperio sin mencionar el reconocimiento de N´astarith. Aquella era una oportunidad única que debía aprovechar. 

       —Esto será lo más fácil que haya hecho en toda mi vida. Este tonto Santo de Bronce no es suficiente rival para mí o mi poderoso golem. Lo mataré rápidamente, ya lo verán.

        Shiryu alzó ambas manos y se preparó para la lucha. El golem de Belcer era un monstruo muy poderoso y no había garantías de que pudiera derrotarlo. Existía otro problema además; aún sí lograba vencerlo, también tendría que enfrentarse a Belcer más tarde, lo que representaba una grave desventaja para él. Instintivamente, echó una mirada hacia donde estaban sus amigos y murmuró una maldición cuando comprobó que todos estaban inconscientes.

       —Deja de estar diciendo fanfarronadas y prepárate para luchar —A continuación cerró su puño derecho y atacó al golem con una ráfaga de energía, la cual se separó en tres esferas de luz electrizante que impactaron al monstruo en diferentes partes del cuerpo, pero sin provocarle el menor daño—. No puedo creerlo.

        Belcer dejó escapar una sonrisa de satisfacción. 

       —Sí eso es lo mejor que tienes, entonces no tengo de que preocuparme.

        En ese instante, el golem dio un salto en el aire y con una velocidad asombrosa descargó una serie de fuertes patadas sobre la cara y el pecho de Shiryu. El Santo de Bronce se derrumbó en el suelo luego de perder la tiara de su armadura sagrada, que cayó totalmente resquebrajada después del último impacto.

       —¡¡Shiryu!! —gritaron Hotaru y Leona casi al unísono con una expresión de horror.

       Astronave Churubusco.

        Después de escoltar a Saori hasta los aposentos que le habían sido asignados por el almirante Cariolano, los Santos dorados habían optado por quedarse en una sala de espera contigua para discutir la mejor manera de proteger a su diosa. Aioria y Mu pensaban que lo mejor era organizar una serie de guardias en las que dos Santos dorados cuidarían de las puertas de la habitación donde estaba Saori. Milo, por otra parte, sostenía que debían ser tres los guardianes mientras Dohko únicamente los observaba discutir en silencio junto con Marin y Shaina. Kanon, por su parte, se mantenía de pie en un rincón alejado de todos; sabía que aún no confiaban plenamente en él y lo entendía, de manera que prefería aislarse.

       —Debemos ser bastante cuidadosos —estaba diciendo Milo—. Estamos en un universo que no es el nuestro y por eso no podemos confiar en nadie. Alguien podría tratar de dañar a Atena en el momento menos esperado.

       —Yo no pienso igual —dijo Airoria—. A N´astarith no le interesa la vida de Atena en lo absoluto. Sí así fuera sus guerreros hubieran tratado de eliminarla en el Santuario durante la lucha. El objetivo de ese imperio es reunir las doce gemas estelares y así dominar todos los universos. Como Santos, tenemos la obligación de luchar contra ellos y derrotarlos.

        Milo lo miró fijamente y luego desvió la mirada.

       —Pero ¿cómo podremos hacerlo? Ellos derrotaron a Shaka fácilmente, lo cual sugiere que su poder se encuentra más allá del séptimo sentido. Sí queremos derrotarlos debemos esforzarnos en aumentar nuestro cosmos.

       —Es verdad, Milo —reconoció Dohko—. Y para ello debemos alcanzar el octavo sentido, el Araya Shiki. Sí Shaka logró alcanzarlo no hay razón para pensar que nosotros no podamos hacerlo también. Solamente recuerden a los Santos de Bronce, ellos pudieron alcanzar el séptimo sentido durante la Batalla de las Doce Casas… .

        El Santo de Libra no pudo terminar de hablar. Justo en ese instante, sintió como un violento escalofrío le recorría todo el cuerpo acompañado de un inusual presentimiento. A continuación experimentó una sensación angustiante, una sensación de peligro, una sensación que le indicaba que Shiryu estaba en riesgo de muerte.

       —¿Qué le sucede, maestro? —le preguntó Mu.

       —Shiryu —dijo él, agachando la cabeza y tomándose la frente—. Shiryu… .

        En ese momento, la única puerta de acceso a la sala de espera se abrió por la mitad y Hyoga apareció por el umbral seguido de la princesa Mariana. Todas las miradas de los Santos dorados se volcaron sobre ellos.

       Shinden (Templo de Kami-sama)

        El golem formó una pequeña esfera de luz en su mano izquierda y la arrojó contra Shiryu con la intención de rematarlo. La bola de luz surcó el aire a gran velocidad mientras los imperiales sonreían maléficamente. Sin embargo, antes de que el ataque alcanzara su objetivo, un domo de energía cubrió perfectamente al Santo del Dragón y bloqueó el ataque.

       —Silent Wall!! (Campo de Energía)

        El proyectil explotó a cuatro metros ante de impactar a Shiryu, provocando el desconcierto total de los guerreros de Abbadón y de No. 18. La princesa Leona abrió los ojos enormemente sin saber qué era lo que había ocurrido exactamente. ¿Acaso Shiryu…

       ¡¡¿Qué demonios?!! —rugió Belcer, atónito.

       Inmediatamente, Leinad giró el rostro hacia donde estaba Sailor Saturn y confirmó sus sospechas. En el último segundo, aquella infernal chiquilla había formado un campo de fuerza alrededor de Shiryu para protegerlo. Instantes después de que la explosión hubo desaparecido, el campo de fuerza se desvaneció también.

       —Fue esa Sailor Senshi —señaló Nauj-vir, divertido—. Ciertamente, son admirables los esfuerzos que hacen por protegerse entre ellos. Me pregunto hasta cuando podrán seguir resistiendo los embates de Belcer y su golem.

       —¡Eres un miserable! —El gritó de Leona llamó su atención—. ¿Cómo puedes observar que tu amigo esté lastimado a alguien con esa crueldad y no sentir nada? ¿Es acaso qué no tienes sentimientos?

        El Khan del Cíclope desvió su atención hacia la princesa de Papunika para observarla. Su ojo cibernético de dilató ligeramente. Sentimientos, emociones, compasión. Todas ellas eran palabras cuyo significado había decidido olvidar desde que había optado por convertirse en un guerrero Khan. Para él, una batalla con honor era lo único importante en la vida; nada de lo demás tenía sentido.

       —Un guerrero no puede darse el lujo de tener sentimientos, princesa Leona —replicó Nauj-vir fríamente—. En los combates debo ser impasible sí es que deseo alcanzar la victoria. Las emociones son un estorbo para un guerrero poderoso; lo único que importa es destruir al enemigo.

       —Eso… eso no es cierto.. no  —masculló Casiopea, que trataba de levantarse para sorpresa de todos—. Antes que guerreros somos seres sensibles. Los sentimientos pueden volvernos mucho más fuertes de lo que imaginas. Estás equivocado, Nauj-vir.

       —Interesante palabras, princesa —murmuró Belcer al tiempo que el golem se volvía hacia Casiopea con la clara intención de acabarla—. Lástima que no te servirán de nada una vez que mi golem te haya enviado al infierno.

        Casiopea se estremeció. Luego de pelear con Tiamat en el Santuario de Atena y de recibir los ataques de Leinad y el golem de Belcer, ya no tenía más fuerzas para defenderse, mucho menos para contraatacar. Sí ese monstruo la atacaba de nuevo, esta vez acabaría con ella fácilmente.

        El monstruo de Belcer emitió un fuerte gruñido de forma amenazante y levantó una mano para eliminar a la Celestial con una de sus esferas de energía. Sailor Saturn se volvió en el acto hacia la princesa francusiana para tratar de ayudarla; sabía que sí recibía un nuevo ataque moriría sin equivocación.

       —¡¡Casiopea, huye!!

        Pero la Celestial estaba demasiado débil para hacerlo, inclusive ni siquiera podía moverse. Llena de pánico observó cómo el gigantesco monstruo se acercaba hasta ella mientras terminaba de formar una bola de luz en la mano derecha. Parecía el fin. Mientras se preparaba para recibir el golpe fatal, la Celestial pensó en Lance y se lamento de no haberle dicho nunca lo bien que le caía.

        El golem se dispuso a eliminar a Casiopea cuando de repente una violenta ráfaga de energía, procedente de las manos de No. 18, lo golpeó en el pecho, haciéndolo retroceder mientras se tambaleaba por el impacto del rayo. Nauj-vir, Belcer, Leinad, Sorlak, Sailor Saturn y Casiopea volvieron sus ojos hacia donde estaba la androide al mismo tiempo.

       —¡¿Qué demonios?! —exclamó Belcer, visiblemente sorprendido.

       —Fue esa muñeca —observó Sorlak—. Parece que desea tomar parte en la fiesta.

        “¿Quién es ella?”, se preguntó Hotaru. “¿Por qué nos está ayudando ahora?”.

       —Me había olvidado de ti, preciosa, pero eso no volverá a ocurrir —sentenció Belcer con una sonrisa en los labios—. Veo que quieres desperdiciar tu vida inútilmente haciéndote la heroína. De todas formas estoy dispuesto a perdonarte sí te portas bien conmigo.

       —¡Ya cállate! —replicó 18, totalmente iracunda—. No puedo soportar ver que un idiota como tú esté molestando a niñas indefensas. No eres más que un cobarde que te gusta abusar de los débiles y eso no lo perdonaré.

        Belcer frunció los labios dejando entrever sus dientes.

       —¡¿Cómo te atreves a hablarme así, estúpida?! Esta vez has conseguido enfurecerme de verdad y lo pagarás con tu asquerosa vida. Pudiste haberte salvado sí me hubieras escuchado, pero ahora compartirás el mismo destino que Piccolo y esos malditos enviados de la Alianza Estelar.

        El golem se volvió hacia donde estaba No. 18 y emitió un gruñido amenazante. La androide, a su vez, se preparó para entrar en batalla. Sí esos guerreros habían podido derrotar a Gohan, Trunks y Vejita con facilidad entonces ella no podría hacer mucho; pero de todas formas estaba dispuesta a jugarse el todo por el todo.

        “He conseguido llamar su atención. ¡Rayos! A veces yo mismo me doy asco”, pensó 18. “¿Por qué diablos tuve que intervenir? Sí me hubiera largado como quería ya estaría a salvo en este momento”.

        Belcer rió en un murmullo apenas audible a la vez que su golem alzaba una mano para atacar. Luego de acabar con 18, le ordenaría al monstruo que derrotara a Sailor Saturn y finalmente que matara a Shiryu. Esta vez nada podría salir mal.

       —¡¡Un momento!!

        El Khan del golem, extrañado, dirigió lentamente su rostro hacia el lugar de donde había venido aquel grito y no pudo reprimir su sobresalto cuando descubrió que Shiryu se estaba poniendo de pie lentamente. ¿Acaso el Santo del Dragón gozaba que lo torturaran? Leinad y Sorlak tampoco podían dar crédito a lo que estaban presenciando. 

       —Shiryu —murmuró Nauj-vir, desconcertado—. Es imposible, no puede ser… .

        “Shiryu”, pensó Sailor Saturn y su mirada tembló.

       —¿Cómo es que puedes levantarte otra vez? —inquirió Belcer bastante contrariado—. Después de pelear con Tiamat y de recibir los continuos ataques de mi golem no deberías poder hacer eso. ¿De dónde sacas esas energías para pararte de nuevo?

       —Antes de que puedas hacerle daño a alguien más, yo te venceré —afirmó Shiryu.

        El Khan del Golem frunció el entrecejo y apretó los dientes con algo de ira. En el pasado había conocido Caballeros Celestiales capaces de resistir los embates de su golem durante cierto tiempo, pero ninguno de ellos había demostrado tanta tenacidad como la que poseía ese Santo. Realmente era un encuentro diferente a todos los que había sostenido antes. Finalmente soltó una carcajada de burla.

       —Estás completamente loco. ¿Cómo puedes decir que me vencerás sí apenas puedes mantenerte de pie? Me parece que ya no puedes pensar correctamente, no podrás ganarme ni aun cuando uses tu técnica especial, el Rozan Kou Ryuu Ha. No tienes nada con que vencer, perdedor. Recuerda que conozco tus técnicas de pelea.

       —No estoy loco —repuso el Santo de Atena de inmediato—. Pero si no arriesgo mi vida jamás podré vencerte ni a ti o a tu monstruo. Estoy dispuesto a morir sí con ello consigo salvar la vida de los demás.

       —¡Ya lo veremos, maldito!

        El golem rugió ferozmente y se abalanzó sobre Shiryu para derrotarlo a fuerza de golpes. El Santo de Bronce usó el escudo de su ropaje sagrado en un intento por protegerse, pero realmente no le sirvió de mucho. El golem destrozó el escudo del dragón con un fuerte puñetazo que le rompió el brazo y luego procedió a hacer lo mismo con el peto y las hombreras. Al ver que Shiryu era golpeado salvajemente, Sailor Saturn desvió la mirada en otra dirección mientras derramaba algunas lágrimas. No podía soportar contemplar aquella escena.

        —Shiryu… no… .

        Belcer se sentía sumamente confiado; no sólo había conseguido derrotar a Piccolo y a los demás guerreros, sino que su engendro estaba dándole una verdadera paliza a uno de los famosos Santo de Bronce que Tiamat no había podido eliminar. Sí lograba matarlo quizás N´astarith lo recompensaría como nunca.

        No. 18 y Leona se dispusieron a ir en ayuda de Shiryu, pero éste, adivinando sus intenciones, le pidió a gritos que no se acercaran y que mejor lo dejaran luchar solo. Luego de golpear el estómago del Santo de Bronce varias veces, el Golem retrocedió algunos pasos para preparar el ataque final.

       —Está vez destruiré todo tu cuerpo, Shiryu —anunció Belcer con prepotencia—. Luego de recibir este ataque, te aseguro que no podrás volver a levantarte jamás. Pero no te preocupes por tus amigos que pronto los enviaré a reunirse contigo en la puerta del mismo infierno.

       Cinco Picos (China)

       Después de que el antiguo maestro de Libra había decidido abandonar Rozan y de que Shiryu hubiera partido hacia el Santuario, Shunrei había tomado la decisión de orar todos los días para que ambos estuvieran bien. No tenía noticias de ellos, pero presentía que tal vez estaban corriendo grandes riesgos por defender a Atena.

       Estaba orando fervorosamente cuando inexplicablemente presintió que Shiryu estaba sufriendo y que quizás moriría. Alarmada, Shunrei abrió los ojos e interrumpió sus rezos un momento. No tenía idea de donde le venía ese presentimiento, pero rápidamente volvió a cerrar los ojos y siguió rezando con más fervor que antes.

       —Por favor, Dios, protege a Shiryu… .

       Shinden (Templo de Kami-sama)

       Nauj-vir cerró sus ojos e inclinó la cabeza mientras escuchaba los gritos y quejidos del Santo de Bronce. A pesar de que Shiryu era su enemigo sentía inmensos deseos de perdonarle la vida y de dar por terminada la batalla, pero sin embargo no podía hacerlo por más que él quisiera. Como guerrero Khan estaba obligado a eliminar a los enemigos de su emperador y sí aquel Santo rechazaba suplicar misericordia o unírseles voluntariamente, entonces tenía que morir.

       Shiryu estaba agotado y su vista comenzaba a nublarse. La sangre le brotaba de la nariz, frente y boca en forma abundante y su brazo izquierdo estaba fracturado a consecuencia del poderoso golpe con el que el golem había destruido su escudo. No obstante, a pesar del inmenso dolor y la debilidad que sentía, aún trataba de encontrar un punto débil que le permitiera vencer.

       Todos sus ataques habían resultado inútiles en contra de aquel maldito monstruo color esmeralda. Aparentemente era incapaz de sentir dolor o al menos cansancio. Tampoco tenía heridas y mucho menos parecía que le afectaran los golpes físicos. Enfrentarlo directamente sin una estrategia previa era lo mismo que suicidarse.

       “Parece que fuera invulnerable”, pensó Shiryu con mirada puesta sobre el gigante. “Es la primera vez que me encuentro en este tipo de situaciones y no sé qué hacer. Según cuenta la leyenda, un golem es un monstruo hecho de barro que obedece ciegamente las ordenes de su creador y no puede morir a menos que… ¡Eso es! ¡Sé cómo derrotarlo! Es arriesgado, pero no tengo otra posibilidad”.

       —¿Qué harás ahora, Shiryu? —inquirió Belcer, sonriendo—. ¿Suplicarás por tu vida?

       —¡Vamos, Belcer! —exclamó Shiryu, desafiante—. ¡Mi brazo derecho aún sirve!

       El Khan del Golem miró a su rival con furia. Sí lo que ese tonto deseaba era morir como un mártir entonces no se lo impediría por nada del mundo. Extendió un brazo para ordenarle a su creación que siguiera adelante.

       —Ya lo escuchaste, creación mía, mátalo.

       “¿Por qué no se rinde?”, pensó No. 18 furibunda. “¿Qué ganará sí lo eliminan?”.

       —¡Shiryu, deja de luchar, por favor! —le suplicó Casiopea.

       —No podrá derrotarlo —musitó Sailor Saturn con preocupación.

       Shiryu comenzó a concentrarse mentalmente. Sabía que una vez que el monstruo lo atacara únicamente tendría una oportunidad para derrotarlo. Consciente de que sí no lograba el éxito esperado moriría, el Santo de Bronce empezó a reunir toda la energía que le restaba. Debía acumular todo su poder como jamás antes lo había hecho. Ahora que se encontraba en una situación entre la vida y la muerte tenía que alcanzar el octavo sentido sí es que de verdad quería sobrevivir.

        “Debo elevar mi cosmos como nunca lo he hecho hasta ahora”, pensó el Santo. “Elevarlo más allá del séptimo sentido y expandirlo hasta el infinito. Solamente de esa manera tendré las fuerzas necesarias para derrotar a Belcer, aunque quizás este sacrificio podría costarme la vida. Todo ocurrirá en una fracción de segundo. Atena, por favor, ayúdame”

       —El aura de Shiryu está creciendo de tamaño —observó Nauj-vir, atónito—. A pesar de las heridas recibidas, aún puede concentrar semejante energía… es increíble… .

       —¡Acabaré contigo, insensato! —gritó Belcer, seguro de su victoria.

       Sorpresivamente el escáner de Belcer lanzó un pitido de advertencia. El aura de Shiryu estaba llegando a unos niveles increíbles. Incluso antes de que el escáner hiciera el anuncio, su percepción comenzó a indicarle que la energía generada por el Santo de Bronce estaba creciendo de una manera insólita.

       —¡¿Qué demonios es lo que sucede?! —se preguntó a sí mismo, consternado—. El nivel de ataque de Shiryu es de… ¡¡No puede ser!! ¡¿Cómo es que puede tener semejante poder?!

       Pero era verdad por imposible que pareciera. El aura del Santo del Dragón ahora era extremadamente poderosa y se encontraba en un nivel increíble, diferente al que había mostrado unos momentos antes. No podía perder más tiempo y lo sabía. Estiró su brazo para señalar el cuerpo del Santo y grito:

       —¡¡Mátalo!!

       El monstruoso golem de energía rugió de nuevo. Corriendo, se arrojó sobre Shiryu al mismo tiempo que terminaba de formar una esfera de luz en su mano derecha. Estaba vez iba a matarlo con su técnica especial.

       —¡¡Es mi cosmos que se ha elevado al máximo!! —gritó Shiryu mientras la energía de su propia aura envolvía su cuerpo. Su cabellera se alzó por encima de su cabeza. Dio un salto en el aire y se lanzó directamente contra el monstruo de Belcer a la vez que cerraba su puño derecho con fuerza—. ¡¡Asciende dragón tan alto como el cielo!! ¡¡Rozan Kou Ryuu Ha!! (Dragón Naciente)

       El golem lanzó la esfera de luz en contra de Shiryu casi al mismo tiempo que éste iniciaba su ataque con el Rozan Kou Ryuu Ha. El puño del Santo de Bronce pronto se vio envuelta en una estela de energía esmeralda, la cual, rápidamente, tomó la forma de un enorme y majestuoso dragón.

       La esfera de energía del golem fue embestida por el Rozan Kou Ryuu Ha de Shiryu y se desintegró ante la mirada horrorizada del propio Belcer. Sin perder su fuerza, el dragón esmeralda continuó su camino y se impactó contra el estómago del gigantesco golem, provocando un fuerte resplandor que arrojó rayos de luz en distintas direcciones.

       El monstruo emitió un terrible alarido y se inclinó hacia atrás como sí acabara de recibir una herida mortal. Parecía que todo había acabado ahí, pero no era así. El Rozan Kou Ryuu Hacontinuó su camino, atravesando el cuerpo del golem de lado a lado y finalmente golpeó el pecho de Belcer, quien abrió los ojos por completo debido a la impresión. Casi simultáneamente, el golem se desvaneció mientras se retorcía como sí estuviera siendo presa de un horrible sufrimiento.

       —¡¡No puede ser!! —exclamó el Khan

      Belcer no podía creerlo, el Rozan Kou Ryuu Ha de Shiryu acababa de atravesar su armadura del averno, su propio pecho y finalmente le destrozó el corazón. El Khan soltó un fuerte grito de sufrimiento mientras la sangre salía por su boca. Todavía no había asimilado todo el daño cuando Shiryu lo golpeó en la quijada con un segundo Rozan Kou Ryuu Ha que lo lanzó hacia arriba. La armadura del guerrero imperial se fracturó y se partió en decenas de pedazos, muchos de los cuales salieron volando por los aires.

       El cuerpo de Belcer se desplomó a los pies de Nauj-vir, muerto antes de caer.

       La derrota del Khan del Golem dejó prácticamente sin palabras a todos los que habían observado la batalla hasta el final, incluyendo a Vejita y a Mr. Popo. ¿Cómo es que Shiryu había logrado el milagro de vencer a Belcer sí ya casi se encontraba medio muerto? Leinad estaba furioso. Realmente no le importaba para nada la vida de Belcer, pero encontraba inaceptable que alguien como ese Santo hubiese logrado la hazaña de matar a un guerrero imperial.

       —Ese maldito logró vencer a esa sabandija —observó Vejita mientras temblaba de rabia—. Es una humillación que no puedo soportar, ahora no sólo tengo que superar a Gohan sino a ese sujeto también.

       El Khan de Leviatán alzó una mano para lanzar una ráfaga de energía contra Shiryu a fin de liquidarlo, pero no fue necesario que hiciera nada. El Santo del Dragón se fue de bruces al suelo tras unos segundos; el esfuerzo que había realizado para derrotar a Belcer quizás le había costado la vida también.

       —¿Cómo diablos logró vencer a Belcer y a su Golem? —preguntó Leinad sin dirigirse a nadie en particular—. Yo pensé que no habría nadie aparte de mí que pudiera encontrar la debilidad de su técnica. No puedo entenderlo.

       Sorlak se volvió hacia él para mirarlo con el entrecejo fruncido.

       —¿De qué demonios hablas, Leinad?

       —Es muy simple, Sorlak —repuso Nauj-vir con tranquilidad—. Existe una vieja leyenda que afirma que un golem sólo puede ser derrotado cuando matas a su creador. El gran error de todos fue atacar al golem sin tomar en cuenta que éste estaba formado por la energía aúrica de Belcer. Seguramente el Santo del Dragón conocía esa leyenda y decidió sacarle provecho. Debo admitir que es un genio.

       Una vez que disipó todas sus dudas, Sorlak se dispuso a atacar a No. 18 y a Sailor Saturn, quienes inmediatamente se colocaron en guardia. Sí Shiryu había decidido sacrificar su vida con tal de derrotar a Belcer, ellas también estaban dispuestas a luchar hasta el final.

       —Ay, yo acabaré con esas idiotas, jefe —anunció el Khan del Grifo mientras un aura de color rojo emergía de su cuerpo lentamente—. ¡¡JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA!!

       Leona se levantó de donde estaba, se colocó rápidamente entre la Outer Senshi y la androide y extendió ambos brazos delante de ellas para evitar que atacaran.

       —¡¡Esperen!!

       Sorlak frunció el ceño con desconcierto. ¿Qué era lo que intentaba hacer ahora la princesa de Papunika? ¿Acaso iba a anunciar que se rendían o iba a suplicar por sus vidas? Aún así, el Khan del Grifo no tenía intenciones de  perdonarles la vida de forma que decidió escuchar lo que tenía que decir antes de eliminarlas; unos segundos más no iba a cambiar la situación.

       —¿Qué es lo que deseas, niña? —le preguntó el Khan del Grifo con impaciencia.

       —Tu amigo dijo que sí Shiryu lograba ganar la batalla se irían sin hacernos daño.

       —Es verdad —señaló No. 18—. Yo también lo escuché decir eso.

       Leinad volvió la mirada hacia Nauj-vir al mismo tiempo que Sorlak. El Khan del Cíclope frunció una especie de sonrisa y asintió con la cabeza; las chicas tenían razón en lo que afirmaban. Shiryu había demostrado su sentido de la amistad con la derrota de Belcer, así que debía mantener su palabra sí en verdad se consideraba un guerrero de honor.

       —Déjenlos, volvamos a la nave.

       Leinad casi se fue de espaldas. No podían hacerle eso, no en aquella ocasión.

       —Nauj-vir, no puedes hablar en serio. Tenemos que liquidarlos ahora que están débiles y no pueden defenderse. Por favor, dame cinco ciclos y te prometo que los mato a todos sin que sufran mucho.

       El Khan del Cíclope dirigió una mirada de furia hacia su compañero, pero no fue necesario que dijera nada. La sola expresión en el rostro de Nauj-vir fue más que suficiente para que el Khan de Leviatán desistiera de sus intenciones. “He tomado una decisión”, dijo la mirada. “Fin de la conversación”.

       Sorlak no podía soportar que las cosas terminaran de esa manera, de forma que se giró hacia Leona, No. 18 y Hotatu y les sacó la lengua para apaciguar su coraje. Era algo infantil, pero le proporcionaba cierto placer.

       —Ay, la próxima vez sí acabaremos con ustedes.

       Leona le respondió con la misma mueca.

       —¡Déjanos en paz, amanerado!

       —¡Ay! ¿Amanerado yo? ¡Te voy a… tu vestido es horrible!

       —¡¿Cómo que horrible?! —estalló Leona con una vena hinchada en su frente—. ¡¡Afeminado!!

       Nauj-vir se dio la vuelta y levantó el cuerpo de Belcer en sus brazos para llevarlo consigo de regreso a Armagedón a fin de darle un entierro honorable. Después, se volvió por encima del hombro para darle una orden a Leinad.

       —Usa tu poder de teletransportación para llevarnos a la nave.

       El Khan del Leviatán se llevó la mano derecha a la frente y se dispuso a acatar la orden en silencio. Antes de teletransportarse hacia la nave, Nauj-vir miró por última vez a Sailor Saturn, No. 18 y Leona para hacerles una advertencia.

       —He cumplido mi palabra, pero les prevengo que no traten de luchar contra nosotros nuevamente. Shiryu pudo vencer a Belcer porque descubrió que cuando éste formaba a su Golem de energía, su poder y fuerza se dividían en dos porciones. De haber peleado contra cualquiera de nosotros tres y no con Belcer el resultado hubiera sido totalmente diferente.

       Tras pronunciar aquellas palabras, Nauj-vir y sus acompañantes desaparecieron.

       La batalla había terminado por fin, pero desgraciadamente también había dejado muchos heridos en el transcurso de la misma. Algunos como Shiryu, Hyunkel, Piccolo y Casiopea estaban severamente lastimados y con el riesgo de morir sí no se les atendía a la brevedad posible. Leona se volvió hacia Sailor Saturn y se rascó la nunca mientras se preguntaba mentalmente sí su poder mágico bastaría para curarlos a todos.

       Armagedón (Sala de trono)

       Odrare, Adnalo y Malabock se detuvieron ante al trono de N´astarith y cada uno realizó una genuflexión respectivamente. El Khan del Minotauro extendió ambas manos al frente para mostrar ante a su emperador la gema que había recuperado del mundo de Céfiro.

        —Mi señor, como nos lo ordeno, le trajimos la gema “Samej”.

        —Excelente, Odrare, bien hecho —siseó N´astarith, levantándose del trono imperial para tomar la piedra preciosa que su guerrero le ofrecía—. Ahora sólo hay que esperar que José Zeiva, Liria y Kali hayan cumplido con su misión. Estoy seguro de que se toparon con los miembros de la Alianza Estelar en ese mundo llamado Céfiro, ¿no es así?

        —Ay, sí, mi señor, que molestos son en serio —asintió Adnalo haciendo una mueca de niña rebelde—. Aparecieron en el último momento para tratar de robarnos la gema, pero no pudieron hacer mucho. Por cierto, nos topamos con esas niñas que se hacen llamar Sailor Senshi. Ay, mi señor, sí las viera, se visten fenomenal.

       El señor de Abbadón sonrió discretamente. A pesar de que la Khan de los Hielos hablaba de una manera un tanto desesperante, todos sabían que ella era una de las guerreras favoritas del emperador por lo que no importaba que tan infantil se comportara; al final nadie la reprendería jamás .

        —Así que las famosas Sailor Senshi otra vez, ¿eh? —repitió N´astarith mientras se paseaba delante de sus guerreros y acariciaba la gema sagrada—. Por lo visto la Alianza Estelar trata de conseguir aliados de donde sea. ¿Qué hay de los Caballeros Celestiales? ¿Vieron alguno? 

        Odrare alzó el rostro y sonrió malévolamente.

        —Pues ya que lo pregunta, mi señor, vimos a ese sujeto que derrotó a Sepultura, un joven que tiene mucho odio y dolor en su corazón. 

        N´astarith dejó de caminar y se dirigió hacia su trono para sentarse nuevamente. Se acarició la barbilla un momento y luego sonrió levemente. Una persona con dolor y mucho odio en su corazón tal vez podría serle de utilidad sí sabía cómo manejarlo.

       —¿En serio? Cuéntame más sobre ese sujeto, Odrare.

       Continuará… .

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