Crisis 23

CRISIS UNIVERSAL

por Acuario Káiser

CAPÍTULO XXIII

CONTIENDA MORTAL

       Tierra-63,478,922
       Tokio, Japón (Hospital de Juuban)

       Saga de Géminis se arrodilló frente a su esposa Rin Tosaka y apoyó una oreja contra el vientre de la joven hechicera. Cuando lo hizo, una gentil sonrisa se insinuó en los labios del Guerrero Sagrado de Oro. Había más de un motivo para sentir alegría, felicidad y regocijo.

       —Puedo oírte, hijo —murmuró Saga—. Palas Atenea nos ha bendecido.

       —Está muy inquieto hoy —respondió Rin, acariciando tiernamente los cabellos de su esposo. Durante los últimos meses las cosas parecían ir mejor para los dos. El hijo que crecía dentro de sus entrañas pronto nacería y finalmente serían una familia.

       La última Guerra Sagrada entre Palas Atenea y Artemisa por fin había concluido con la victoria de los Guerreros Sagrados y la derrota final de todas los Satélites al servicio de la diosa de la Luna. Cuando la noticia se corrió, Rin decidió confesarle a Saga que esperaba un hijo de él y que estaba en el octavo mes de gestación. El futuro brillaba para todos.

       De pronto, una pared de la habitación explotó con tal fuerza que decenas de fragmentos de acero y vidrios volaron por todas partes. Saga se apresuró a colocarse frente a Rin para protegerla con su cuerpo, mientras especulaba sobre lo que había causado aquella violenta explosión y agudizaba sus sentidos. ¿Se trataba de un accidente o de algo mucho peor?

       —Siento un Cosmos maligno —murmuró Saga con recelo.

       Una presencia llena de poder fluía por el ambiente, luego algo se abrió camino a través de la neblina de polvo y vibró el suelo con los pasos inconfundibles del guerrero que había derrotado a millares de oponentes en todo el Multiverso. Por último, Zuskaiden apareció por el boquete, llevando en su mano derecha el cuerpo maltrecho y sin vida de Shirou Emiya.

       —No me costó mucho trabajo encontrarte —declaró Zuskaiden y luego arrojó el cadáver a los pies del Guerrero Sagrado y su esposa—. Este miserable mundo es un error y cualquiera puede darse cuenta con solo verlo. Shirou Emiya no debería existir en la misma realidad que los Guerreros Sagrados de Atena y Arturia Pendragon jamás fue la hermana perdida de Sailor Moon. ¿Qué clase de estupideces son esas?

       —¿Quién eres tú? —le increpó Saga, elevando su Cosmos interno hasta el Séptimo Sentido—. Habla o juro por Palas Atenea que conocerás toda la fuerza destructiva de mi poderosoEstallido Galáctico.

       —Soy un emisario del vacío y la nada —respondió Zuskaiden al tiempo que arrojaba una puntiaguda viga de acero por el aire—. Estoy empezando a aburrirme de todos ustedes, patéticos imitadores de tercera.

       La estaca metálica atravesó la Cloth dorada y el pecho de Saga de Géminis, matándolo en el acto y salpicando de sangre el rostro horrorizado de Rin. El cuerpo del Guerrero Sagrado cayó al suelo, desmadejado y rígido, en un charco de sangre que manaba de su herida.

       —¡¡Saga!!

       Acto seguido, Zuskaiden alzó una mano con la palma vuelta hacia delante y una brillante ráfaga de Chi súper concentrado aniquiló a Rin Tosaka.

       —Me molestan tus gritos.

       El guerrero levantó la mirada al techo, desplegando su energía interior para hacer estallar todo el edificio y los alrededores. Un bólido de luz salió disparado hacia las alturas mientras el hospital colapsaba y cientos de personas ahogaban sus gritos de horror bajo toneladas de concreto. En los cielos, Zuskaiden alcanzó un avión de pasajeros que había despegado unos antes instantes llevando en su interior a todos los Guerreros Sagrados de Bronce y a sus familias. La aeronave explotó en mil pedazos cuando Zuskaiden lo atravesó volando a súper velocidad.

       —Este pobre universo también debe desaparecer —sentenció mientras contemplaba cómo llovían restos de metal ardiente, cuerpos chamuscados y fuego sobre el mar—. ¡Y la antimateria se encargará de borrarlo para siempre!

       La nube blanca de la muerte surgió de los cielos y comenzó a extenderse por todas partes desatando el pánico de millones de personas. Todo mundo se giró y comenzó a correr tan rápido como podían, pero no había donde pudiesen esconderse. Los pocos que se refugiaron en sótanos o bodegas murieron desintegrados cuando la antimateria los alcanzó. Mientras la gente huía, Zuskaiden observaba cómo los edificios iban desapareciendo uno por uno, consumidos por aquella ola blanca que avanzaba y soltó una fuerte carcajada.

       —¡Nadie puede detenernos!

       Un portal de luz apareció a un costado de Zuskaiden y éste giró la cabeza para recibir a un androide delgado y con forma femenina.

       —Zuskaiden —dijo Galaxy apenas salió flotando del portal—. El amo ordena que regreses de inmediato. Han surgido complicaciones inesperadas y será necesario que te ocupes personalmente de los guerreros que reunió esa mujer de Celestia. Las probabilidades de que interfieran con nuestros planes han aumentado significativamente.

       —¿Y es necesario interrumpir mi labor de purificación para eso? —replicó Zuskaiden, cruzándose de brazos con malestar—. ¿Por qué no mejor envían al súper chico mientras yo continuo limpiando el Multiverso de toda la degeneración y la podredumbre? Me han contado que tiene poderes que rivalizan con los míos y tengo mucha curiosidad de verlo en acción para ver que tan fuerte es.

       La robot le miró directo a los ojos.

       —El amo te ha dado las órdenes a ti —puntualizó Galaxy—. El “súper chico”, como tú lo llamas, permanecerá como reserva por el momento. Nuestro amo tiene planes distintos para él y necesita observarlo con detenimiento.

       —Las palabras de Deus-Primum son ley —asintió Zuskaiden, echando una última mirada por encima del hombro y sonriendo con evidente malevolencia. La nube de antimateria ahogaba los chillidos de la gente y consumía todo lo que tocaba—. Después de todo, ya eliminé a todos los guerreros poderosos de este universo.

       Universo-19,812,002
       Planeta Lambda (complejo Torre Punto Cero)

       En el otro extremo de la habitación, de frente a las Sailor Senshi, tres drones avanzaban hacia ellas abriendo fuego con sus cañones. La más pequeña del grupo era Sailor Saturn, pero su frágil apariencia resultaba por demás engañosa. Debajo de su rostro angelical y su corta edad, se hallaba una de las guerreras más fuertes que el universo conocía, con el poder y la entereza suficiente para destruir un planeta de ser necesario. Con su lanza, Sailor Saturn formó una barrera protectora de energía que neutralizó todos los disparos enemigos.

       —Silent Wall!! (Campo de Energía)

       —Bien hecho, Saturn —la felicitó Sailor Mars con entusiasmo—. ¡Ahora es nuestra oportunidad de vencerlos! —hizo una pausa y extendió los brazos para crear en sus manos un arco de fuego—. Mars Flame Sniper!! (Saeta llameante de Marte)

       El dron DHL-8003 movió su electrolanza entre sus manos acorazadas en un intento por defenderse, pero fue demasiado tarde. La flecha de fuego que Sailor Mars había disparado le golpeó la cabeza y despidió fragmentos de coraza, circuitos, hueso y carne en todas direcciones. Pero todos reaccionaron con asombro al ver que DHL-8003 se mantenía en pie como si nada estuviera pasando.

       —¡Es mi turno! —exclamó Ankiseth, atacando—. ¡Aguja Escarlata!

       Al instante siguiente, la placa pectoral de DHL-8003 recibió el impacto directo de una de las Agujas Escarlata disparada por el Caballero de Escorpión. El ataque dejó un cráter redondo y superficial rodeado por pequeñas fisuras. No obstante, el dron continuó luchando sin perder ímpetu en aquel torbellino de caos y disparos.

       —¿De qué rayos están hechos estos sujetos? —exclamó Ankiseth cuando notó que sus ataques tampoco tenían efecto—. Mi Aguja Escarlata no consigue detenerlos. El veneno debería paralizar sus nervios con un agudísimo dolor, pero siguen moviéndose.

       Al otro lado de la habitación, mientras peleaba, el Visir sonreía satisfecho. Los drones que servían a Deus-Primum eran vacíos cascarones metálicos sin identidad e invulnerables al dolor. Estaban desprovistos de emociones y habían sido programados para combatir hasta que fueran completamente destruidos. Para el Visir eran los guerreros perfectos.

       —No percibo ningún Chi en todos ellos —anunció Casiopea, usando su control sobre el viento para formar un remolino que arrojó a varios drones contra los muros de la sala—. Sean lo que sean, parece que no se trata de seres vivos. Quizá sean algún tipo de androides muy avanzado.

       La espada Phi de Warrior Eagle hizo que un par de drones estallaran en un mar de chispas y fluidos orgánicos que se esparcieron por todas partes. El arma que Eagle esgrimía giraba y relucía en deslumbrantes estallidos de color, y los drones quedaban hechos pedazos.

       —He tratado de leer sus pensamientos, pero igualmente no capto nada —dijo Ryu, que usaba su katana para detener una electrolanza—. Está sucediendo lo mismo que la última vez —recordó el Guerrero Dragón del Cielo—. Mis habilidades telepáticas están siendo bloqueadas por algún tipo de fuerza.

       —No se preocupen, amigos —los animó Sailor Saturn—. Quizá no podamos destruirlos fácilmente, pero ellos tampoco pueden dañarnos mientras use el Silent Wall para neutralizar sus disparos.

       —¡Eres grandiosa, Saturn! —exclamó Sailor Moon con alegría.

       —Las Sailor Scouts —murmuró Ryu mientras retrocedía para cubrirse de los múltiples disparos. Usando su katana desvió uno de los disparos y lo redirigió contra otro dron, que se desplomó para luego incorporarse de nuevo. A continuación, Ryu hizo una pirueta en el aire y derribó a otro enemigo con un fuerte golpe—. Nunca imaginé que me toparía con ustedes en este planeta. ¿Cómo llegaron a este lugar?

       —¡No somos unas Sailor Scouts! —le reclamó Sailor Venus, furibunda, desde un panel de control donde había ido a refugiarse de los disparos—. ¡Somos Sailor Senshi! ¡Sailor guerreras! ¡No vuelvas a llamarnos “Sailors Scouts” o te pesará!

       “Desde luego”, pensó Ryu. “Estas no son las mismas Sailors que conozco, aunque la Mina de esta realidad no actúa diferente a la de mi universo”.

       Un cuarteto de drones se puso de rodillas para disparar contra el Guerrero Dragón y la Sailor Senshi. Minako sacó la cabeza y pudo hacer un par de disparos desde la seguridad que le proporcionaba su escondite, pero los drones mantenían su ataque.

       —¡Alerta! —ladró DHL-8003, alzando su cabeza dañada—. ¡Contacto aéreo ingresando a velocidad hipersónica! El escáner de poder indica que se trata de un sujeto con un extraordinario poder de pelea.

       —¿Qué cosa? —inquirió el Visir.

       Una luz y un estruendo llenaron una zona de la habitación y, al desaparecer, lo único que quedaba del cuarteto de drones era cuatro puntos humeantes en el suelo. Cort bajó la palma extendida, mientras recibía las miradas asombradas de Ryu, Sailor Venus, Zafet, Sailor Pluto, Alfa y Warrior Australis.

       —Es hora de terminar con esta pelea de una vez —anunció el saiya-jin.

       —¡Cort! ¡Lograste vencer a esa chica! —exclamó Ryu—. Ahora es casi seguro que podremos vencer a los drones y al Visir.

       —¿Cort venció a Carla? —musitó Casiopea para sí misma.

       —Todavía tenemos la protección de Sailor Saturn —dijo Warrior Australis.

       —Esa barrera no las protegerá por mucho tiempo —amenazó el Visir a la vez que se movía levemente y evadía una serie de ataques combinados lanzados conjuntamente por Australis, Zafet y Casiopea—. Parece que olvidan mi habilidad para ver el futuro inmediato, chicos.

       —Usted caerá, Visir —advirtió Zafet—. No importa cómo, pero lo hará.

       —No mientras pueda anticipar cada una tus acciones, tonto Guardián de Plata —hizo una pausa y se volvió hacia los drones—. ¡Neutralicen esa barrera ahora mismo!

       Antes de que alguien pudiera hacer o decir algo, los cañones de los drones guardaron silencio por un instante. DHL-8005 apuntó sus armas contra Sailor Mars y esperó unos segundos.

       —Sujeto identificado como Sailor Mars. Recalibrando armas para penetrar el escudo denominado Silent Wall. Calibración lista.

       Los cañones duales en ambos brazos de DHL-8005 eructaron rayos de partículas galvanizadas que penetraron el escudo proyectado de Sailor Saturn como si fuera una hoja de papel. Sailor Mars y otras dos Senshi consiguieron saltar a tiempo para hacerse a un lado en tanto que Sailor Moon resbalaba torpemente sin dejar de chillar. Maurus alzó sus manos para formar un campo de energía mágica con la intención de cubrirse, pero una de las descargas le dio en el brazo y lo hizo chocar de espaldas contra una consola de control.

       Con una rodilla en el suelo, Sailor Mercury se cubrió los ojos con un visor cristalino de color azul y empezó a escrutar a los drones que les atacaban. Tenía que hallar una debilidad que pudieran explotar, pero el fragor de la batalla le impedía hacer un análisis exhaustivo.

       —¡Lograron traspasar la barrera de Sailor Saturn! —exclamó Mercury.

       —¡Imposible! —dijo Nakago con un grito.

       —Esto comienza a fastidiarme —comentó Ankiseth con desgano—. Estos tipos están siempre uno o dos pasos adelante. Parece cómo si conocieran todos nuestros poderes y la forma de neutralizarlos.

       —¡Es correcto! —festejó el Visir mientras eludía a Zafet y luego le daba un fuerte codazo en la nariz a Alfa—. Conocemos todos sus poderes. Ahora van a enfrentar enemigos como nunca han conocido. Los drones están equipados para adaptarse automáticamente a cualquier defensa que encuentren. Combatirán fuego con agua, velocidad con resistencia, y el hielo con una espuma cálida. ¡Venceremos!

       —¡Eso lo veremos Visir! —replicó Nakago.

       Warrior Eagle decidió recurrir al poder de la espada Phi, concentrando toda su aura y agitándola en el aire para invocar la mítica fuerza de aquella arma. La hoja se iluminó y comenzó a chisporrotear energía, activando las alarmas en los radares de poder en cada uno de los drones presente en el área.

       El Visir reaccionó de mala gana cuando observó cómo Nakago destruía a siete drones con un solo movimiento de su hoja, que se movió con la misma velocidad que un relámpago. Cuando el ataque terminó, el Visir contempló el suelo cubierto de humeantes partes de drones dispersadas por el recinto. La espada Phi y la súbita llegada de Cort habían equilibrado las cosas. Esos detestables payasos podían, como una posibilidad, hasta ser capaces de vencerlo. Si los drones fallaban, entonces tendría que recurrir a algo más.

       Sin decir palabras, Ryu, Zafet y Warrior Eagle fueron por el Visir.

       —Me encantaría quedarme a combatirlos y derrotarlos —dijo el Visir, sonriendo con desdén y retrocediendo un par de pasos—. Pero tengo una cita muy importante con Deus-Primum, y ustedes tienen una cita con la muerte.

       Warrior Australis saltó para atacar, y el Visir levantó su báculo, pero no contra sus enemigos.

       Lo usó para generar un umbral de luz del que salió una criatura de energía.

       —¡Laya querer comida! —gruñó el extraño ser, que se giró y arrancó hacia Sailor Mars, Maurus y Sailor Jupiter—. ¡Comida! ¡Laya querer comida!

       —¡Este mundo es tu alimento, Laya! —exclamó el Visir—. ¡Consúmelo!

       Warrior Eagle levantó la espada Phi en lo alto con ambas manos y Zafet y Ryu lo imitaron y se prepararon para luchar contra Laya. El Visir, por su parte, comenzó a retroceder dentro del umbral de luz para dejar el campo de batalla.

       —¡No permitiré que huya, Visir! —dijo Warrior Unicorn en tono de amenaza.

       El Visir se detuvo. Dirigió su mirada hacia el joven que se acercaba y advirtió que Unicorn tenías las manos y los brazos cubiertos de fuego. Realmente parecía decidido a impedirle irse. Por unos instantes, el Visor afrontó la mirada furiosa del Warrior.

       —Visir —insistió Unicorn—. Ríndase ahora mismo o lo destruiré.

       Pero el Visir sonrió con arrogancia, resopló con burla e hizo una seña a los drones para que los rodearan por ambos flancos. Los autómatas obedecieron de inmediato, colocando a Warrior Unicorn en una posición difícil.

       —Oh, mi querido Unicorn, me temo que tú y tus amigos morirán cundo Laya los consuma junto con Lambda. El Monstruo Absorbente se alimenta de todo tipo de energía y ustedes serán el aperitivo del banquete que se dará con los habitantes de este miserable planeta —Y tras pronunciar estas palabras, el Visir desapareció en el interior del portal de luz, el cual se desvaneció luego de unos segundos.

       Zafet se movió con gracia y agilidad, abriéndose paso a través de los drones que rodeaban a Unicorn usando el sable. Los enemigos dispararon sus armas, pero ni uno solo de los disparos fue más allá de la hoja de Zafet. Los rayos desviados atravesaron directamente las cabezas de dos de los drones, que se desplomaron. Con un veloz movimiento a velocidad luz, el Guardián de Plata se interpuso en el camino de Laya y consiguió golpearlo en el brazo. Pero el monstruo apenas reaccionó a la estocada, y Zafet observó que la criatura crecía unos centímetros y su cuerpo se hacía más fornido que antes.

       —Hombrecito intentó herir a Laya —dijo el monstruo, caminando hacia el Guardián de Plata y luego alargó el brazo derecho. Inmediatamente, su hombro, bíceps, mano y antebrazo empezaron a sufrir un cambio de forma. El cuerpo del monstruo estaba hecho de energía blanquecina en su totalidad, pero el brazo ahora estaba cambiando de textura y color hasta convertirse en una extremidad humana, protegida por un guantelete metálico, una hombrera y un brazal—. La energía de este hombrecito resulta insignificante para Laya, pero ahora Laya hacer esto.

       Ninguno de los presentes podía creer lo que estaba viendo. Laya ahora tenía el brazo de Zafet y hasta había conseguido duplicar las partes de la armadura de plata que le protegían todo el brazo derecho. El Monstruo Absorbente levantó un sable de luz idéntico al de Zafet hasta en el más mínimo detalle. El mango proyectó con un siseó una hoja de energía.

       Sí antes Zafet estaba sorprendido, ahora estaba superado.

       “¿Un sable de luz de Guardián?”, pensaba.

       Warrior Eagle, Unicorn, Australis, Lynx, Borealis, Alfa, Ryu, Maurus, Sailor Venus, Sailor Jupiter y Zafet retrocedieron, alzando sus armas y manos.

       —¿Qué clase de criatura es esta? —inquirió Ankiseth, disparando una Aguja Escarlata que atravesó directamente el pecho de Laya. Un segundo ataque alcanzó al monstruo en la pierna izquierda, pero esto apenas consiguió retrasarlo un poco—. ¡Mis ataques no tienen efecto! —exclamó el Caballero de Oro—. ¡No entiendo qué sucede!

       —¡Esperen! —gritó Sailor Mercury mientras consultaba rápidamente los datos que arrojaba su visor computarizado—. Ese monstruo está hecho de energía, aunque también detecto que los protones y electrones que forman su cuerpo han sido alterados por alguna especie de Radiación Cósmica. ¡Es una forma de vida de polaridad negativa!

       La criatura soltó una fuerte carcajada y su tamaño volvió a aumentar ligeramente hasta alcanzar la estatura de tres metros. Sailor Moon alertó de todos cuando advirtió con un gritó de terror que Laya ahora también poseía la mano izquierda de Ankiseth, protegida por un duplicado exacto del guantelete y la parte de la armadura dorada de Escorpión que protegía el antebrazo.

       —¡Aguja Escarlata! —exclamó Laya, lanzando un ataque contra Sailor Jupiter.

       Makoto fue alcanzada por el disparo en el abdomen, y cayó al suelo. Warrior Australis se abalanzó sobre ella para ayudarle.

       —¡Makoto!

       —¿Cómo demonios logró hacer eso? —preguntó Warrior Eagle sin dirigirse a nadie en particular—. Esa es la misma técnica con la que ese sujeto de armadura dorada lo atacó hace unos instantes.

       —Tal parece que el monstruo tiene la habilidad de absorber energía —teorizó Sailor Mercury luego de analizar más a fondo a la criatura—. Y con un solo toque puede duplicar las partes de un adversario y también sus poderes.

       Zafet se mantuvo en su posición mientras la criatura avanzaba hacia ellos. El Guardián de Plata mantuvo su hoja a la altura de su hombro y esperó.

       —No sé qué rayos seas, pero voy a detenerte aquí mismo.

       El Monstruo Absorbente inclinó su sable para que apuntase al suelo.

       —¡Laya querer comida! ¡Insectos!

       Las hojas chocaron en una explosión de luz.

       Planeta Ginups
       Fortaleza Negra (área de calabozos)

       —So lady, no puedo despegarte for my mind, me pongo crazy when I see you pariway. Es tu estilo, tu sonrisa, you deside, oh, oh… .

       En la zona de penumbra, Eclipse cantaba mientras veía a Breakout alistando una siniestra máquina de torturas. Se trataba de un horror tecnológico declarado ilegal en toda la galaxia por la legislación de la Confederación Galáctica. Y eso era porque había sido diseñada para explotar con exactitud médica, tanto física como mentales, los puntos débiles de cualquier ser vivo mediante despellajadores, rompearticulaciones, fragmentahuesos, sondas nerviosas de electroshocks y otros tantos dispositivos incalificables. Cuando hubo de darle los últimos ajustes, el cyborg puso a funcionar aquel diabólico artefacto y esbozó una sonrisa siniestra.

       —Sólo estoy esperando que Saajar se descuide un instante o que me dé luz verde para actuar —comentaba Breakout alegremente, volviendo la mirada hacia sus espaldas de vez en cuando—. Y entonces usaré mi máquina favorita contigo, Eclipse: El Interrogador-5009, ilegal en toda esta galaxia, salvo en el sistema estelar Sineloens-4.

       —Incluso esa máquina infernal causará menos molestias que tus absurdos y monótonos parloteos, James —le contestó Eclipse y luego siguió cantando despreocupadamente—. So lady, esta noche quiero ser tu parimay, me pongo crazy when I see you pariway… .

       —Veremos si te quedan ganas de cantar cuando termine contigo —amenazó el cyborg, pero Eclipse no le prestó la menor atención—. ¡Deja de cantar! —ordenó Breakout sin éxito—. ¡Odio esa maldita canción!

       —¿Por qué teníamos que enfrentar villanos con un mega presupuesto inflado para comprar todo tipo de artefactos? —se lamentaba León desde su celda. Cuando Breakout se giró para mirarlo, el Guerrero Dragón añadió—: ¿Qué se supone que te pasó para terminar así?

       Una chispa de interés se encendió en el ojo humano del cyborg.

       —¿Te interesa saberlo, chico? ¿De verdad quieres enterarte de por qué me divierte la sola idea de sacarle las tripas a Eclipse? No me molestaría contártelo porque no hay nada que me guste más que exhibir la maldad de los socios de Eclipse.

       —Bueno —León se encogió de hombros y lanzó un suspiro—. No hay nada esta noche en la televisión.

       —Oye, los chistes los hago yo —protestó Eclipse, pero sólo consiguió que Breakout le soltara una fuerte bofetada—. ¡Ouch! —exclamó el enmascarado—. Eso dolió, James.

       El cyborg se giró nuevamente hacia donde se hallaba León.

       —Y tú —le advirtió—. Búrlate de nuevo y lo siguiente que verás es cómo uso el Interrogador-5009 contigo. Quizá decida empezar con las sondas nerviosas de electroshocks o quizá prefieres que te corte la lengua.

       —No creo que puedas hacer eso por ahora —replicó León, envalentonado, aunque interiormente estaba sudando frío—. Tu jefe quiere sacarnos cualquier información útil referente a Celestia, ¿o ya lo olvidaste?

       Breakout se movió con tal rapidez que pareció teleportarse desde la celda de Eclipse hasta la de León.

       —No necesitas manos para hablar —dijo Breakout, flexionando la mano articulada de metal ante el rostro del joven—. ¿Sabes lo que podría hacerle a tus dedos con sólo presionarlos? Mi cuerpo está hecho de trinium, un material mucho más fuerte que el acero o el diamante.

       León tragó saliva con dificultad.

       —De acuerdo, nada de chistes.

       —Me alegro —opinó Eclipse—. Porque no eran graciosos.

       —Tú qué sabes —se defendió León—. Al menos no soy una rata de dos patas que trata de huir cuando el barco se hunde, ¿no, “socio”?

       —Córtale la lengua, James —dijo Eclipse.

       —No, córtasela a Eclipse. Recuerda que es al que odias.

       —¡Cállense los dos! —rugió Breakout, encolerizado—. ¡No me digan cómo hacer mi trabajo! ¡Maldición! ¿Por qué no son como su amigo Sobek? Él no ha dicho ni una sola palabra desde que lo trajimos.

       —No me extraña para nada —replicó Eclipse, echando una mirada a Sobek, que permanecía en silencio y cabizbajo—. Con todos los electrochoques que le metiste hace rato sería raro que hablara. Le quitaste su habilidad para socializar. Ahora ya nunca podrá hacer amigos, James, bien hecho.

       —¡Te dije que no me llamaras con ese nombre! —exclamó el cyborg, sujetando fuertemente a Eclipse por la garganta—. Insignificante Espía Estelar. Te mataría solamente por el mero placer de ver cómo tu miserable vida se extingue, pero eso sería misericordioso dada tu precaria situación.

       —Sí me matas, nunca sabrás la… verdad —musitó Eclipse débilmente.

       La mano de Breakout se aflojó ligeramente para dejar que el enmascarado pudiera respirar.

       —Así que al final no eras tan valiente como presumías. ¿Qué verdad? Confiesa.

       Eclipse tragó saliva antes de contestar.

       —Hay una bomba en mi morral y está a punto de estallar.

       —¿Una bomba? —exclamó León aterrado—. No puedes hablar en serio.

       —¡No mientas o te mataré! —amenazó Breakout, ansiosamente, cerrando su mano alrededor del cuello de Eclipse con más fuerza que antes—. ¡Vas a morir aquí y ahora!

       —Negativo —dijo la voz del dron BEE-8763 a espaldas del cyborg—. El Duque Saajar ha dado la orden de no liquidar al prisionero denominado Eclipse hasta no haberlo interrogado. La fuerza letal no está autorizada.

       Luego de soltar a su victima y de alisarle la ropa con sumo cuidado, Breakout se volvió rápidamente y decapitó a BEE-8763 usando una cuchilla de energía que brotaba de su antebrazo. Estaba tan irritado que se sintió tentado a desobedecer a Saajar y matar al estúpido Eclipse ahí mismo, pero luego repensó las cosas y abandonó esa idea para sustituirla por otra.

       —Usaré mi escáner telepático para leer tus pensamientos —dijo Breakout con una sonrisa glacial, acercándose a la celda de Eclipse—. No me interesa lo que el estúpido de Jaguar Negro haya dicho al respecto. Veamos que escondes en tu pequeña mente y así sabré si mientes o no.

       “Comida, comida, comida”, pensó Eclipse insistentemente. “Comida, comida, comida. Las caderas de Génesis, eh, no, digo, comida, comida, caderas, comida… “.

       —¡Maldición! —vociferó Breakout, dando un fuerte manotazo a la pared que causó el sobresalto de León—. Los efectos del rayo aturdidor no me permiten leer más allá de lo que piensas. Pero no creas que podrás engañarme con todo ese asunto de la bomba. Hace rato examiné el morral que llevas con un escáner y vi todas las porquerías que llevas dentro.

       Eclipse se dio el lujo de esperar un instante más antes de hablar.

       —Bueno, Breaky, estoy seguro que viste todas la granadas que guardo ahí, pero lo que no sabes es que una de ellas está programada para explotar en, yo diría, unos cuantos ciclos a menos que introduzca un comando verbal que sólo yo sé. Y el tiempo corre.

       Breakout y León miraron el morral atónitos. Luego se miraron entre sí y se pusieron a hablar a la vez. Eclipse tenía que estar mintiendo. ¿O no lo hacía? ¿De verdad estaba tan loco para llevar una granada activada todo el tiempo?

       Tierra-574,322
       Santuario de Atenea

       El templo de Atenea se ubicaba en la parte más alta de la montaña sagrada donde se había erigido el Santuario. Lo habían edificado en una época tan remota que había terminado volviéndose mitológica. Se contaba que el templo levantado por los griegos cerca de la Acrópolis para conmemorar la victoria sobre los persas en la batalla de Salamina, era una réplica exacta, un homenaje construido a partir de las descripciones que las mismas Guerreras Sacras del Santuario contaron a los habitantes de Grecia en tiempos antiguos.

       A semejanza del duplicado hecho por los griegos, el templo de Atenea Victoriosa del Santuario poseía en su interior un xoanon, una imagen de la diosa, pero mientras la estatua del templo griego había sido tallada en piedra, la del Santuario era de oro sólido para resaltar la majestuosidad de Atenea. Otra diferencia importante respecto al monumento griego era la existencia de una segunda escultura de la diosa que se alzaba sobre el techo del templo. Era una imagen excelsa que servía de recordatorio a todos que Atenea era la soberana incuestionable de la Tierra, pero también era un símbolo de que ella mantendría la paz.

       Cuando la Gran Matriarca dio la orden de retirar aquella majestuosa escultura de la parte superior del templo, las Guerreras Sagradas del Santuario habían reaccionado con una mezcla de indignación y desconcierto, aunque más de una supuso que tarde o temprano la estatua sería devuelta en algún momento. Sólo cuando advirtieron la rápida construcción de la Torre Punto Cero supieron que la imagen de Atenea no iba a volver nunca y el desconcierto fue todavía mayor. Nadie en el Santuario podía entender porqué había sucedido aquello a pesar de las continuas explicaciones de la Gran Matriarca de que la torre era un monumento a la paz sobre la Tierra y en honor a Atenea.

       Ahora que la batalla había terminado y el enemigo había sido desenmascarado, todo cobraba sentido.  

       La sala de la diosa, también llamada cella, era casi cuadrada. Se trataba de un templo relativamente pequeño, pero había sido construido armoniosamente en honor a la diosa de la Sabiduría y las Guerras Justas. Era un lugar de meditación, un lugar en el cual Atenea rezaba por la paz del mundo. Quizá eso último era la principal razón por la que la diosa había escogido ese lugar para manifestarse.

       —Atenea —murmuró Nashira de Capricornio.

       Cuando la figura de la diosa se hizo visible, Musiel de Aries, Nicole de Acuario, Europa de Tauro, Nashira de Capricornio y Alrischa de Piscis se arrodillaron frente a ella con sumo respeto y bajaron sus cabezas. Los labios de Atenea nunca se movieron, pero todos podían escuchar su voz claramente.

       —Mis leales Guerreras Sagradas de Oro —dijo Atenea.

       Hija de Zeus y de Metis. Diosa de la Sabiduría. Era una diosa guerrera, pero no le gustaba la guerra y por ello antes de entrar en combate siempre intentaba arreglar los conflictos de una manera pacífica. Sin embargo, una vez que entraba en batalla nunca era derrotada. También presidía las artes, los oficios y el conocimiento en general, muchas veces era solicitada como juez.

       —Atenea es la diosa virgen por excelencia, como lo indica su epíteto Parthenos, que significa doncella —explicaba Bael—. Atenea es la hija favorita del todopoderoso Zeus. En un principio ni siquiera tenía armas propias, se las pedía prestadas a su padre cuando las necesitaba y éste se las daba.

       Dina aprovechó para acercarse a Dash, Nadia Zeta y Minerva y susurrarles:

       —Pues yo nunca he hecho de mi intimidad personal un título y me considero tan diosa como esa tal Atenea.

       —¿A qué viene ese comentario en este momento? —le inquirió Dash, extrañado.

       La Kaioh-shin hizo un encogimiento de hombros.

       —Es que si no lo decía ahora lo iba a olvidar.

       Ajenas a lo que se cuchicheaba a sus espaldas, las Guerreras de Oro levantaron la mirada para contemplar la figura de su diosa.

       —Atenea, ¿qué sucedió? ¿En dónde estás? —quiso saber Musiel—. Nosotras creíamos que estabas aquí en el Santuario, pero nos mantenían engañadas. Por favor, te suplicamos que nos perdones.

       La diosa la miró con bondad por un instante y luego bajó la cabeza, cerrando los ojos con pesar.

       —Soy yo quien debe pedirles disculpas por no haber cumplido con mi tarea de defender este mundo. Esto me descalifica como una buena diosa, pero todavía estamos a tiempo de impedir que la fuerza maligna que controlaba el Santuario tenga éxito.

       —¿Te refieres a esos hechiceros? —inquirió Minerva.

       Atenea volvió la vista hacia la Guerrera Dragón y negó con la cabeza.

       —Ellos únicamente son el rostro visible del enemigo. Antes de que Arlakk y las Hermanas Nightmare llegaran a este mundo, sentí la presencia de una fuerza poderosa que amenazaba la Tierra y decidí hacerle frente, aunque Seika y las demás Guerreras de Bronce siempre permanecieron a mi lado.

       —¿Guerreras de Bronce? —inquirió Dash con sorpresa.

       —Sí —asintió Nicole de Acuario, girando la cabeza hacia Dash—. Seika de Pegaso, Shun Rei de Dragón, June de Andrómeda, Eris del Cisne y Esmeralda del Fénix. Ellas cinco eran tan poderosas como nosotras las Guerreras de Oro, pero un día desparecieron misteriosamente y nunca hemos vuelto a saber de ellas.

       —Y sospecho que ahora sabremos la razón —murmuró Musiel.

       Tierra-20,017,660
       Santuario de Atena

       Krina, Velker, Pan, Bra y Rei Ayanami caminaban lentamente por un pasillo de escasa luz, en dirección a las afueras del Salón del Gran Maestro. Se detuvieron en la entrada principal y contemplaron los enormes daños que la reciente batalla contra los drones había causado por todo el Santuario.

       Algunas de las Doce Casas todavía estaban ardiendo.

       —¿Cómo ha sido posible que nos hayan tomado por sorpresa? —preguntaba Rei, negando con la cabeza—. Debí haberme dado cuenta que Goten y Trunks no eran quienes pretendían ser.

       —No tiene caso que te recrimines, Rei —le aconsejó Krina, colocando una mano en el hombro de la Caballero de Acuario—. Quien haya planeado esto supo cómo eludir la percepción de todos los Caballeros del Santuario, los Guerreros Z e incluso la de nosotros los Centinelas. No había forma de que supiéramos lo que iba a ocurrir.

       —Es evidente que el enemigo sabía bien cómo y dónde golpear —dijo Velker con resignación—. Estos ataques se han repetido en muchos universos y los Centinelas no nos damos abasto para estar en todas partes a la vez. Cientos de miles de inocentes han muerto y me temo que esto no sea más que la punta del iceberg de algo mayor que está por ocurrir.

       Krina bajó la mirada, deseando silenciosamente que las víctimas encontrasen la paz en la próxima vida.

       —¿Han sabido algo de Goten? —inquirió Rei.

       Esperó la respuesta. El corazón le latía con fuerza.

       —Todavía nada —dijo Velker con gravedad—. Con todo lo que ha sucedido, no hemos tenido mucho tiempo para buscarlo a él y a Trunks. Pero no sólo ellos dos están desaparecidos.

       —¿De qué estás hablando? —preguntó Pan.

       La expresión desmoralizada de Velker fue más reveladora que sus palabras.

       —Nos han informado desde Mystacor que muchos otros también fueron suplantados por drones como los que atacaron el templo de Kami-sama y el Santuario de Atena. Ustedes incluso fueron testigos de que varios soldados del Santuario eran en realidad agentes enemigos.

       —¡Maldita sea! —exclamó Bra y golpeó una pared con el puño, abriendo un boquete en el muro—. Iré por la armadura dorada de Virgo. Tenemos que encontrar a Goten y a mi hermano como sea y al mismo tiempo detener esto.

       —Es verdad —convino Krina, volviendo la mirada hacia las alturas para ver la llegada de otros dos Centinelas que venían volando—. Es por ello que debemos ir en busca de Kay y para eso tendremos la ayuda de un par de amigos.

       —¿Quiénes son ellos? —preguntó Rei.

       —Dora y Solon —dijo Velker tras reconocer a los recién llegados—. ¿Qué noticias tienen de Mystacor?

       —El Consejo de los Centinelas está organizando una reunión —anunció Dora, tras posar sus pies en el suelo—. Se rumora que asistirán dioses, Kaioh-shins, Kami-samas, Entidades Cósmicas, Shinigamis, Seres Celestiales, demonios y sujetos con grandes poderes como los Guardianes de Oro y Ferladh de Caronia. Será algo verdaderamente insólito. Nunca había sucedido algo así desde la primera vez que los Centinelas y los dioses lucharon juntos en contra de los Primordiales.

       La Centinela Dora provenía del planeta Cydoran. Tenía un aspecto de chica inocente, frágil y delicada. No era menos bella que Rei, aunque si mucho más joven y resplandecía con una belleza interior tan intensa como la de Krina.

       —Tal parece que lo que ocurre es algo bastante grande —dijo Solon. Era más bajo que Velker, pero de constitución igual de poderosa, con músculos que llenaban las ropas que vestía, y un pecho sólido—. Anteriormente, los Primordiales han intentado apoderarse de un universo a la vez, pero ahora enfrentamos un ataque a todo el Multiverso en su conjunto. Estamos atravesando una verdadera crisis y necesitaremos toda la ayuda posible si queremos vencer al enemigo que ha planeado todo esto.

       Rei Ayanami miró a Solon.

       —Debemos reunirnos con Kay lo más rápido posible. Después buscaremos a los demás Seres Celestiales que como yo han enfrentado a los Primordiales anteriormente para defender sus respectivos universos. Me refiero a Tapion, Mana, Sailor Saturn y Sakura Kinomoto.

       —¿Kay Namura? —preguntó Dora con gran excitación—. ¡Wow! He oído cantidad de historias sobre él y sus aventuras con los Seres Celestiales que Rei acaba de mencionar. No puedo creer que vayamos a conocerlo en persona, Solon. Kay Namura es una leyenda entre los Centinelas más jóvenes. ¡Dicen que mide dos metros de altura!

       —Tranquilízate, novata —la calmó Solon—. Kay Namura es un Centinela como cualquier otro y esto no será un viaje de placer, sino quizá la misión más importante de nuestras vidas. Si el Consejo está planeando una reunión de tal naturaleza, es probable que tengamos que enfrentar a un enemigo como los Centinelas nunca hemos imaginado.

       —Puede que sea así —concedió Pan—. Pero si contamos con ayuda de Kay me sentiré más segura. ¿No es cierto, Rei?

       La Caballero de Acuario esbozó en sus labios una tenue sonrisa antes de responder.

       —Sí existe alguien que puede ayudarnos a encontrar a Goten y a los demás, y al mismo tiempo ponerle fin a esta crisis ese es Kay. En el pasado hemos afrontado situaciones que parecían perdidas como la pelea con Krin o la batalla contra Yugsugot, pero de una u otra forma, Kay siempre nos dio el ejemplo de que nunca debemos darnos por vencido y mantener la esperanza suceda lo que suceda

       —Tienes razón, Rei —convino Krina—. La esperanza es el mayor atributo de Kay y es lo que necesitamos para encarar la crisis por la que atravesamos. El enemigo puede ser peligroso, incluso más que los Primordiales que hemos conocido en el pasado, pero no dejaremos que nos arrebate la esperanza.

       —¡Si! ¡Esperanza! —exclamó Dora con júbilo, alzando un puño al cielo.

       —Ya, ya, no es necesario tanto grito, novata  —la reprendió Solon—. Necesitaremos más que esperanza para localizar a Kay Namura —hizo una pausa y volvió el rostro hacia Velker—. Tengo entendido que puedes usar la teletransportación e incluso se dice que dominas la Cuarta Dimensión.

       Velker asintió con la cabeza.

       —Y así es, pero no tenemos idea de dónde puede estar Kay. Sí saltamos de universo en universo, nunca terminaríamos ni siendo inmortales. Tenemos que discernir un método para saber a dónde debemos ir y rápido, pues más universos están siendo destruidos por nuevas olas de antimateria.

       —Debemos combinar nuestras habilidades entonces —propuso Bra—. Usando magia, Cosmos y Ki seguramente podremos lograrlo.

       Mientras el grupo seguía deliberando lo que harían a continuación, Rei Ayanmi se tomó un instante para dirigir su mirada hacia los cielos nocturnos, hacia la noche interminable que cubría al Santuario de Atena y pensó primero en Goten, luego en Trunks y finalmente en Kay Namura.

       La batalla había concluido en aquella Tierra, pero el Protocolo Seiscientos Sesenta y Seis todavía se estaba ejecutando a lo largo del Multiverso.

       “Kay, ahora más que nunca te necesitamos”, pensó la Caballero de Acuario. “¿En dónde estás?”

       Continuará… .

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