Crisis 08

CRISIS UNIVERSAL

por Acuario Káiser

CAPÍTULO VIII

MÁQUINAS Y MISTERIOS

       Tierra-877,666
       Ciudad Magna

       Cuando Kayani advirtió que el corpulento hombre de aspecto cadavérico estaba a punto de ponerle las manos encima, decidió imprimirle más fuerza a su ataque telequinesico para forzarlo a retroceder. Solomon Grundy resintió el empuje de la onda psíquica, pero logró detenerse a unos metros y luego empezó a caminar nuevamente. El gigante de piel pálida se movía con más dificultad que antes, pero cada paso que daba lo acercaba más a la “chica de rojo” que seguía tratando de inmovilizarlo. “Esto no está funcionando”, pensó Kayani, reparando en que sus habilidades mentales no le servirían de mucho para derrotar a Solomon Grundy. Tenía que recurrir al poder del aura o a la magia, pero también se daba cuenta que sí bajaba la guardia aunque fuera por un momento, el gigante la atraparía. La situación llegó a un punto crítico cuando Grundy se acercó peligrosamente y alargó sus musculosos brazos hacia Kayani, quien cayó con una rodilla al suelo con la frente empapada de sudor mientras sentía que la cabeza le iba a explotar.

       Afortunadamente para ella, una ráfaga de luz dorada embistió con fuerza a Grundy por el pecho, y lo envió volando de espaldas contra una pared de ladrillos que se derrumbó sobre él. La Guardián de Bronce aprovechó el momento para dar un respiro y recuperar el aliento.

       —¿Charles? —murmuró Kayani volviendo la mirada hacia el Templario.

       —No pensarás que iba a dejar que una dama luchara sola —declaró Charles haciendo que Kayani se ruborizada levemente—. Ten cuidado con ese sujeto, parece que no es lo que aparenta.

       —Gracias por lo de dama —dijo ella con una sonrisa coqueta—. Pero ahora tenemos que encargarnos de esto. ¡A la carga!

       Pero antes de que alguno de los dos pudiera dar un paso, los escombros saltaron por los aires cuando Solomon Grundy emergió de los restos que lo habían sepultado momentos antes. El gigante se veía más enfadado que antes y lo peor era que los ataques de Charles y Kayani no parecían haberlo afectado en lo más mínimo. La policía y la Unidad de Crímenes Mayores habían decidido alejarse del lugar de la pelea hasta encontrar un momento más oportuno para actuar y dejar que los recién llegados se ocuparan del problema.

       Grundy observó primero a Charles y luego a Kayani mientras avanzaba dando grandes pasos que hacían estremecerse el suelo bajo sus pies. No tenía idea de quienes eran sus nuevos antagonistas o sí formaban parte de la Justice Army, pero para Grundy ese tipo de detalles no tenían la menor importancia. De lo único que estaba seguro era que los dos se interponían en su camino hacia la libertad y que tendría que hacerlos pedazos si quería huir.

       —No comprendo —murmuró Charles entornando los ojos—. No percibo ningún Cosmos poderoso dentro de este sujeto. ¿Cómo es posible que haya resistido mi Puño Brillante de San Jorge?

       —Hombrecito golpeó a Grundy, ahora Grundy lo aplastará.

       —Ten mucho cuidado, Charles —le advirtió Kayani—. Aunque su aura parezca la de una persona ordinaria, su fuerza física está muy por encima de la de un terrícola promedio. Pareciera que sus poderes son de una naturaleza distinta a la nuestra.

       —Ustedes hablan demasiado —gruñó Grundy sin dejar de caminar.

       —¿Y qué estás esperando entonces? —lo desafió Charles.

       El hombre de rostro cadavérico arrancó hacia Charles y Kayani. La Guardián de Bronce se alejó con un rápido salto que la llevó ocho metros por el aire antes de aterrizar a espaldas de Grundy. Charles, por el contrario, en vez de alejarse o atacar, esperó al gigante de piel pálida con la clara intención de enfrentarlo. El Templario sabía que estaba arriesgándose demasiado con un enemigo que no conocía, pero quería saber qué clase de habilidades tenía.

       Grundy lanzó un veloz puñetazo contra la cara de Charles, pero éste lo evadió dando un paso hacia su derecha sin mayor problema. Acto seguido, el Templario alteró ligeramente la posición de sus pies para eludir un segundo golpe que pasó volando a escasos centímetros de su cabeza. Ahora estaba convencido de que Grundy tenía una fuerza sobrehumana capaz de destrozar incluso rocas únicamente con los puños. Sin embargo, la velocidad con la que atacaba no era demasiado elevada y podía usar eso a su favor para tomar ventaja de la situación.

       Tan pronto como evitó un tercer ataque, Charles alzó su puño izquierdo para usar su escudo y golpear el rostro de Grundy. Desgraciadamente, el ataque no sólo no tuvo ningún efecto en el gigante, sino que le permitió a éste atrapar el brazo de Charles. Con un rápido movimiento, Solomon Grundy levantó el cuerpo del Caballero Templario y entonces le soltó un brutal puñetazo en el estómago que lo hizo expulsar todo el aire que tenía en el interior. Mientras apretaba los dientes en un intento por acallar el dolor, Charles entendió que había cometido un terrible error. No podía creer que hubiera sido tan descuidado como para dejarse capturar tan fácilmente. Era evidente que si Grundy había recibido el Puño Brillante de San Jorge sin recibir mucho daño, entonces un golpe común como el que le había dado con el escudo tampoco le habría de causar demasiadas molestias.

       Solomon Grundy golpeó dos veces más a Charles antes de azotarlo en la calle con tal fuerza que el asfalto bajo las espaldas del Templario se quebró formando un cráter irregular. Grundy observó diabólicamente que Charles estaba haciendo esfuerzos por levantarse, de modo que decidió aplastarle la cabeza con el pie. Sin embargo, antes de que lograra dar el pisotón, una veloz elipse de luz le estalló en el hombro derecho y lo hizo soltar un alarido de dolor. Apenas se recuperó de la sorpresa, Grundy volvió su mirada por encima del hombro lastimado y descubrió a la “chica de rojo”, que exhibía una sonrisa pícara en el rostro y sostenía una espada luminosa en la mano izquierda.

       —¿No me digas que te olvidaste de mí? —se burló Kayani—. Debí adivinar que eres de los que abandonan a sus parejas de baile antes de que termine la fiesta. ¿No quieres continuar? Todavía te puedo enseñar algunos pasos más interesantes.

       Grundy se volvió bruscamente hacia la Guardián de Bronce y se olvidó por un momento del Templario que aún estaba en el piso. Mientras se dirigía hacia la joven caminando aceleradamente, pateó un buzón de correos que estaba tirado por ahí y lo proyectó directamente hacia la insolente “chica de rojo” que tanto le causaba irritación.

       —Lunas y estrellas de todo el cosmos —comenzó a recitar Kayani, con su mano derecha levantada hacia el buzón de correos que surcaba el aire hacia ella—, yo las convoco para brindar un poco de su brillo… para acabar con aquello que atenta contra su orden.

       La energía que brotó de la palma de Kayani atravesó el contenedor metálico con una explosión que esparció cartas y restos metálicos por doquier. El rayo de luz continuó su avance hasta golpear a Solomon Grundy en el pecho, haciéndolo retroceder mientras daba traspiés y luchaba por resistirse. La Guardián elevó más su energía interna para hacer más fuerte el ataque hasta que la ráfaga luminosa consiguió lanzar a Grundy hacia un edificio cercano. El gigante de piel pálido chocó de espaldas contra una enorme pared donde quedó empotrado en medio de un potente estruendo.

       Desde el interior de la vieja refinería, Copperhead contemplaba la sorprendente batalla que los recién llegados libraban contra su socio Solomon Grundy. Todavía no entendía si Charles y Kayani eran parte de la Justice Army o pertenecían a algún otro grupo de súper héroes del que no tenía noticia, pero al final pensó que eso era lo de menos. Al fin y al cabo eran dos payasos bienhechores que le echarían el guante apenas lograran deshacerse de Grundy. Tras realizar un encogimiento de hombros, Copperhead concluyó que lo mejor que podía hacer era escapar mientras eso fuera posible. Cuando estaba por darse la vuelta se detuvo. Seguramente su socio le reprocharía por dejarlo solo la próxima vez que se encontraran y hasta Copperhead sabía que no convenía ganarse el rencor de alguien como Solomon Grundy.

       Mientras tanto, Charles de Sheringam había vuelto a ponerse de pie. Todavía sentía que le dolía el cuerpo, pero eso le importaba poco mientras su espíritu se mantuviera indemne. Anteriormente, se había contenido en su primer ataque debido al temor que le causaba lastimar a un ser que no tenía un cosmos poderoso. No obstante, ahora comprendía que no podía dudar si quería vencer a Solomon Grundy. Tal vez Grundy no albergaba en su interior un cosmos ardiente como un Caballero Templario, pero la monstruosa fuerza física y la resistencia que poseía lo convertían en una verdadera amenaza para cualquiera que se le pusiera enfrente. El Templario apretó la lanza de San Jorge que llevaba en la mano derecha y pensó que tal vez lo mejor sería acabar con la vida de Grundy. Pero Charles desechó esos pensamientos casi inmediatamente. Él no era de los que peleaba para destruir, sino para mantener a raya a los que hacían el mal. Ciertamente, Grundy no era Bael o Belcebú y no podía tratarlo de la misma manera en que hubiera hecho con aquellos dos demonios a los que tanto despreciaba. La situación requería de una buena dosis de ingenio y fuerza para derrotar al hercúleo gigante.

       Cuando Kayani advirtió que Charles estaba de nuevo en pie, se dirigió hacia él dando un salto con rapidez y entonces le ofreció una pequeña botella que contenía un líquido transparente en su interior. El Templario alzó una ceja.

       —Toma, bebe un poco de esta poción —le indicó Kayani.

       —¿Qué es esto?

       —Se trata de una poción especial que puede ayudarte con tus heridas —explicó la Guardián mientras Charles examinaba la botella con interés—. Tengo que avisarte que su sabor es extremadamente amargo, pero te recuperarás por completo.

       Un poderoso estruendo llamó la atención de ambos. Solomon Grundy había hecho trizas la pared que lo mantenía quieto y ahora marchaba con ánimos asesinos contra ellos dos. Kayani estaba harta de todo eso y decidió que era hora de ponerle fin a la batalla de un modo u otro. La mirada de la Guardián de Bronce resplandeció con el poder de su propia aura. Había sondeado la mente del gigante durante la luche buscando de algo que los ayudara a vencerlo, pero sólo había encontrado caos, furia e imágenes confusas relacionadas con un hombre llamado Cyrus Gold.

       —Veremos que hace cuando lo convierta en piedra —murmuró ella. La energía de su fuerza interior recorría cada centímetro de su cuerpo y provocó que sus ojos empezaran a cambiar de verde a rojos—. Usaré mi técnica de Mirada de Gorgona para terminar con esto.

       Charles le sujetó el hombro izquierdo y después le devolvió la pequeña botella sin probar la poción curativa. Las heridas que tenía no eran demasiado severas y Charles presentía que tal vez necesitarían la medicina más adelante.

       —Espera, detente, no hagas eso —la dijo el Templario, haciendo que los ojos de Kayani retornaran a su color esmeralda original—. No sabemos nada sobre este universo y no creo que sea prudente tomar la vida de alguien que prácticamente no conocemos.

       Ella se guardó la botella de poción curativa en el cinturón y lo miró.

       —¿Y qué propones entonces?

       —Combinar nuestros poderes —repuso Charles antes de llamar a su cosmos y concentrarlo alrededor de su puño izquierdo—. Nosotros somos más rápidos, ¿no? Tú toma la derecha y yo la izquierda.

       “¿La izquierda, eh?”, pensó Kayani con una sonrisa. Hasta un cierto punto Charles empezaba a caerle bien.

       Moviéndose con la misma celeridad que la luz, Charles se situó frente a un confundido Solomon Grundy que no supo como reaccionar. El Templario lanzó un gancho contra la mandíbula del gigante de piel pálida y liberó todo el poder del Puño Brillante de San Jorge sin ningún miramiento. Al mismo tiempo, en el extremo contrario, Kayani utilizó el Resplandor Estelar por segunda vez para golpear al desorientado gigante. Inmediatamente después recibió un segundo puñetazo por parte de Charles de Sheringam que usó buena parte de su energía interna. La fuerza combinada de los tres ataques fue demasiada intensa incluso para Solomon Grundy, que cayó pesadamente en el piso de donde ya no se levantó.

       Los agentes de la Unidad de Crímenes Mayores se movilizaron con prontitud apenas vieron que Grundy estaba inconsciente, le colocaron unos enormes brazaletes unidos por un extremo y los aseguraron. Charles dudaba que hubiese algún tipo de grillete que pudiera contener a un monstruo como aquel, pero supuso que no era la primera vez que la gente de aquel mundo lidiaba con Solomon Grundy.

       Copperhead, en tanto, estaba observando a Kayani desde las sombras y brincó hacia las espaldas de ella con la intención de sujetarla por el cuerpo. La Guardián de bronce se volvió y le apuntó con la mano. Antes de que pudiera alcanzarla, Copperhead cayó al suelo boqueando, asfixiándose.

       —No es correcto saltar sobre una dama por la retaguardia, amigo —dijo ella.

       En el acto, tres oficiales de policía llegaron, esposaron a Copperhead y lo trasladaron a rastras hacia un enorme camión donde Grundy lo esperaba.

       —Tienes buenos reflejos —le dijo Charles.

       —Gracias —respondió ella y le guiñó un ojo.

       De pie, sobre la cima del edificio más alto de Ciudad Magna, con su capa negra aleteando en el aire a sus espaldas y sus brazos cruzados, estaba Fobos, Khan de Abbadón y Señor del Terror.

       Al frente podía ver toda la enorme metrópoli en detalle, con sus avenidas llenas de peatones y vehículos que circulaban a toda velocidad de un lado a otro. Fobos imaginó lo sencillo que podía ser para alguien como él tomar el control de aquel mundo y ponerlo bajo sus pies. ¡Cuanta gloria podría conseguir gracias a sus poderes! Ahí podía ser un dios con sólo desearlo. Pero aquella insignificante Tierra no era nada comparada con el poder que podría obtener de Celestia. Ni siquiera en sus fantasías más encumbradas podía imaginar lo que sería tomar el control del mundo al borde de la Eternidad y conocer todos los secretos, ya no del multiverso, sino del ominiverso. Así podría ser más grande que su maestro N´astarith y otros Señores Oscuros similares que abundaban en otras realidades alternas.

       Pero nunca podría concretar sus planes a menos que descubriera quién o qué había desatado la Crisis Universal. Las hermanas de Calíope habían revelado que las olas de antimateria estaban relacionadas de algún modo con el planeta donde estaba, pero esa era la única pista que tenía. Aún no encontraba el menor indicio que le permitiera encontrar la fuente de la destrucción que azotaba la Existencia. Fobos había estudiado el multiverso durante algún tiempo, aprendiendo sobre la infinidad de realidades alternas y cómo los pequeños cambios producían giros bastante impredecibles en el destino de las personas y sus historias. Gracias a sus investigaciones también llegó a conocer a los Centinelas y a los Primordiales, así como a otros personajes con habilidades excepcionales que incluso N´astarith respetaba. Sin embargo, nada de lo que conocía sobre los otros universos le servía para comprender por qué había iniciado la Crisis Universal. Esto lo hacía sentirse un tanto frustrado y molesto. Quienquiera que estuviera detrás de la destrucción sabía ocultarse bastante bien.

       El escáner visual emitió unos pitidos. El visor escarlata que cubría su ojo izquierdo le mostró diferentes caracteres que le alertaban sobre la existencia de seres poderosos en distintos puntos del planeta. Fobos frunció el entrecejo y apretó los dientes mientras analizaba las lecturas que veía en el aparato. Tal vez no sería a ser tan sencillo dominar aquel mundo como había pensado en un principio. La mente de Fobos comenzó a explorar posibilidades con rapidez. ¿Esos individuos con poder tendrían algo que ver con la crisis? ¿Acaso se trataba de los héroes que tanto mencionaban los terrícolas de ese mundo? ¿Sabrían de su presencia en la Tierra? Las presencias eran poderosas, pero ninguna de ellas era maligna.

       Una sensación conocida atrajo su atención hacia un extremo de la ciudad y le hizo sonreír en forma maquiavélica. El Khan del Terror percibió las presencias de Kay Namura, Paul Tapia y Oriana. Todavía recordaba la sombra de oscuridad que había sentido en el alma de Oriana Narváez y pensó que lo mejor sería tratar de influirla. Así, mientras continuaban la búsqueda, al menos podría ganar una aliada. Expeliendo la fuerza del aura por todo su cuerpo, Fobos abandonó la cima del edificio y se lanzó por los cielos.

       Tierra-574,322
       Santuario de Atenea

       En cuanto la Casa de Aries desapareció tras las grandes rocas que rodeaban el camino por el que transitaban, Dina sintió que era el momento para hablar con Nicole de Acuario y averiguar por qué motivo las había ayudado. Desde que habían dejado la primera de las Doce Casas hervía en deseos de hablar con Nicole, pero debían esperar a que estuvieran solas. Una de las debilidades de la Kaioh-shin era la enorme curiosidad que le provocaban los misterios. Pocas veces lograba contenerse antes de intentar averiguar un secreto o enterarse de algún evento importante en la vida de alguien. Eso mismo le había causado muchos problemas en el pasado e incluso Ro Kaioh-shin le había hecho algunas críticas por lo mismo, pero Dina consideraba que en aquella situación su curiosidad estaba plenamente justificada y no tenía porque reprimirla.

       —Que lugar tan interesante es tu santuario, Nicole —murmuró Dina con una sonrisa de niña emocionada, pero la Guerrera Sagrada de Acuario no le prestó atención y siguió caminando en silencio. La Kaioh-shin pensó que tal vez no la habían escuchado, de modo que decidió volver a hablar un poco más alto—. Supongo que debemos agradecerte por sacarnos de un gran problema allá atrás.

       Shoryuki advirtió que Nicole se había detenido y dirigió su mirada hacia Dina como reprochándole su actitud tan impropia. La Guerrera de Acuario volvió la vista al frente y echó a caminar nuevamente.

       —No hable tan fuerte, por favor. Escúchenme mientras caminamos para que nadie las tome por conspiradoras, sino por invitadas.

       Las dos continuaron siguiéndola, pero ahora lanzaban miradas furtivas hacia los costados del camino en busca de la menor señal de peligro. Shoryuki parecía bastante tensa, pero Dina se mostraba relajada y se adelantó para caminar junto a Nicole.

       —¿Por qué nos ayudaste en la Casa de Aries? —inquirió Dina. Su caminar, con saltitos intercalados entre paso y paso, comenzó a impacientar a Shoryuki, que no comprendía la razón por la cual Dina parecía tomarlo todo a juego.

       —Porque ustedes pueden ayudarme a entender lo que está sucediendo —repuso Nicole en voz baja.

       —¿Ayudarlos? —repitió Shoryuki, confundida.

       —En efecto —dijo Nicole bajando un poco la cabeza—. Han estado sucediendo cosas extrañas en el Santuario desde hace algún tiempo y Atenea dejó de ser la persona noble y buena que una vez conocí. Algunas de las Guerreras Sagradas sospechamos que algo malo está pasando aquí, pero no tenemos manera de averiguarlo. Deben comprender que me cuesta trabajo contar lo que sucede aquí.

       Dina arqueó sus cejas al mismo tiempo.

       —¿Qué estás diciendo? ¿Por qué dices que Atenea no ha sido la misma?

       —Atenea es la encargada de velar por la paz sobre la Tierra, pero hace dos año ella nos ordenó salir del santuario con la misión de erradicar todo el mal por la fuerza si era necesario. Para eso la Gran Maestra nos dijo que había llegado la hora de sojuzgar a toda la humanidad e imponer la voluntad de Atenea en cada rincón del mundo. Esto nos llevó a una guerra santa contra el extremo norte de Europa, pero las diosas guerreras de Asgard que tenían a la Osa Mayor como sus estrellas guardianas fueron derrotadas y luego cada región de la Tierra fue cayendo en poder del Santuario.

       —Un momento —la interrumpió Dina, un tanto molesta—. ¿Dices que Atena, o Atenea, las mandó a conquistar todo el mundo?

       Nicole bajó la mirada y asintió con pesar.

       —Sí, nosotras… nosotras le juramos fidelidad a la diosa Atenea y estamos obligadas a cumplir con sus mandatos. Ella es nuestra diosa, pero a pesar de eso la anciana Maestra de Libra no estuvo de acuerdo con estos planes y decidió abandonar el santuario para siempre. Desgraciadamente, Atenea la consideró una traidora y le ordenó a dos de mis compañeras que la asesinaran.

       —No me lo tomes a mal, Nicole —dijo Dina—. Pero tu diosa Atenea está un poco fuera de lugar por no decir cu-cu.

       —¡Dina! —exclamó Shoryuki.

       —Descuiden, incluso yo misma he pensado que Atenea enloqueció —murmuró Nicole—. Por eso les dije que no era la misma persona de antes. Cuando finalmente regresamos luego de dominar toda la Tierra, descubrimos que la Gran Maestra había hecho construir una enorme torre en la parte más alta del santuario durante el tiempo que estuvimos luchando por todo el mundo. Atenea nos dijo que se trataba de un monumento en honor de su padre Zeus para agradecerle por la nueva era de paz y prosperidad que había llegado para toda la humanidad.

       —¿Qué clase de monumento era? —inquirió Shoryuki, deteniéndose.

       —Sólo lo vi una vez porque no nos está permitido acercarnos —respondió la Guerrera Sagrada de Acuario, un tanto insegura—. Pero más que monumento parece una especie de máquina muy avanzada que no había visto antes. Luego de eso, Atenea nos ordenó quedarnos en las Doce Casas e impedir que alguien se acercara y desde entonces nadie ha hablado con ella a excepción de la Gran Maestra.

       —Una máquina, ¿eh? —murmuró la Guerrera Dragón de la Tierra—. ¿Y por qué dijiste que podemos ayudarte? Sí lo que dices es cierto, tampoco nos dejarán examinar esa máquina de cerca.

       Nicole giró su rostro hacia Shoryuki para mirarle a los ojos.

       —Quizá a los humanos no, pero Dina es una diosa. Lo supe por su energía cósmica apenas estuvo cerca del santuario. Tal vez ella podría hablar con Atenea en condiciones de igualdad y descubrir que es lo que está pasando.

       Un chispazo iluminó la mirada de Dina.

       —Por eso fue que inventaste todo ese cuento de que tu diosa nos estaba esperando desde hace tiempo, ¿no es cierto? Querías que te ayudáramos a llegar hasta ella y averiguáramos qué mosca la picó.

       Nicole desvió la mirada un tanto apenada.

       —Lo lamento, pero la única manera en que puedo limpiar el honor de las Guerreras Sagradas de Oro es averiguando lo que le pasó a Atenea. Tengo que saber qué es lo que le ha sucedido y si existe alguna forma de revertir todo el mal que se ha hecho en su nombre.

       —¿Revertir todo el mal? —estalló Shoryuki con ira—. Tú y tus compañeras no hicieron nada para detenerla cuando debieron hacerlo y ahora esperas que nosotros limpiemos lo que ha ocurrido en este mundo.

       —Nosotras no podíamos ir contra las órdenes de Atenea —se defendió Nicole.

       —¿Y por qué lo haces ahora? —preguntó la Guerrera Dragón.

       —Tranquila, Shoryuki —la calmó Dina—. No es culpa de Nicole que su diosa se haya puesto cu-cu —hizo una pausa y miró a la Guerrera de Acuario—. Aunque creo si debieron atarla a la cama y darle tranquilizantes, pero ese no es el punto.

       —¿Me ayudarán?

       —Creo que no tenemos otra alternativa, Nicole —respondió Shoryuki, un poco más calmada—. ¿Dónde está Atenea y la torre de las que nos hablaste?

       —En la cima de la montaña —les indicó la Guerrera Dorada.

       —¿Y no hay una forma de llegar más rápido? —dijo Shoryuki.

       —Me temo que no —repuso Nicole con resignación—. El cosmos de Atenea protege este Santuario desde tiempos inmemoriales y resulta imposible atravesar las Doce Casas de otro modo que no sea caminando.

       —Humm, creo que yo tengo la solución —sonrió Dina.

       Desconcertadas, Shoryuki y Nicole observaron a la kaiohshin.

       —¿De qué estás hablando? —quiso saber Shoryuki.

       —Simple, tal vez esa restricción de la que habló Nicole funcioné con los humanos, pero yo soy una diosa. Seguro mis habilidades me permitirán usar una técnica especial que sirve para teletransportarnos hasta donde está la chiflada de Atena.

       —¿En serio puede hacerlo? —preguntó Nicole.

       —Pero por supuesto, sujétense de mí y lo verán —les indicó Dina.

       Un tanto dudosa, Shoryuki posó su mano sobre el hombro derecho de la kaiohshin, mientras que Nicole le sujetaba el izquierdo. Dina esperó hasta que sus acompañantes estuvieran quietas antes de llevarse la punta de los dedos índice y medio de su mano derecha a la frente.

       —Aquí vamos. Kai-Kai.

       Las tres desaparecieron en un parpadeó… sólo para aparecer de cabeza unos metros adelante, suspendidas en el aire y totalmente desorientadas. Antes de que alguna pudiera decir una palabra, el trío se precipitó al suelo quedando tiradas una encima de la otra con la mirada perdida.

       —¡Estás muy pesada!

       —¿Qué haces, Dina? —le reclamó Shoryuki apenas se hizo a un lado.

       Nicole se acarició la cadera mientras Dina se rascaba la mejilla intentando comprender que había salido mal. Tal vez tenía algo que ver el hecho de que el Kai-Kai requería cierto grado de concentración y a la hora de ejecutar la técnica había estado pensando en otra cosa.

       —Es una pequeña falla técnica —sonrió Dina—. Vamos a intentarlo de nuevo y está vez llegaremos más lejos, ya lo verán.

       Nicole y Shoryuki se miraron entre sí mostrando escepticismo en sus jóvenes rostros, pero terminaron por confiar en la palabra de Dina y tomaron sus lugares nuevamente tras la espalda de la kaiohshin. Ésta se llevó los dedos a la frente, respiró tranquilamente y pronunció las palabras Kai-Kai con solemnidad.

       El trío se desvaneció en el aire y efectivamente llegaron más lejos… pero en las alturas. Cuando se dieron cuenta de donde habían aparecido ahora, sólo pudieron gritar al instante de desplomarse sobre el camino donde segundos antes habían estado paradas.

       Tierra-877,666
       Ciudad Magna

       —¿Por qué estamos aquí? —preguntó Oriana.

       Kay Namura dejó la carpeta que estaba revisando sobre una mesa y giró la cabeza hacia la chica. Después del incidente con la policía, Kay, Paul y Oriana habían acordado hacerse pasar por civiles en un intento por no llamar la atención de la gente. Por eso es que Paul iba vestido como un muchacho ordinario, con pantalones azules de mezclilla y una camisa de vestir sencilla; Kay llevaba pantalones oscuros y una playera blanca de mangas cortas que dejaba al descubierto sus brazos. Oriana no necesitó cambiar su atuendo ya que, pese a ser una heroína, su vestimenta era bastante convencional como para que las personas que deambulaba por la biblioteca la notaran.

       —Para investigar la historia de la ciudad —le respondió Kay—. No sabemos nada sobre este mundo y necesitamos información si queremos encontrar alguna pista que nos lleve a lo que estamos buscando.

       —Bueno, eso lo entiendo —concedió Oriana—. Pero, ¿de verdad piensan encontrar algo en una biblioteca pública?

       —Ah, te sorprendería saber cuanto se puede aprender leyendo la prensa —sonrió Kay.

       Paul continuó revisando la pantalla del ordenador que estaba frente a él y leyendo las imágenes digitalizadas de los diarios que iban apareciendo. Gracias a esto descubrió que Ciudad Magna tenía apenas dos años de haber sido fundada y que la Tierra estaba bajo la autoridad de un gobierno unificado que regía a todas las naciones. También encontró algunas notas referentes a la existencia de seres con habilidades fuera de lo común que la gente identificaba como súper héroes o súper villanos, pero no les prestó mucha atención a esos temas y se concentró más en leer sobre la ciudad.

       —¿Qué más descubriste, socio? —le preguntó Kay.

       —Bueno, tal parece que la historia de esta Tierra es bastante peculiar —Paul se recostó en el respaldo del asiento—. El mundo es gobernado por un presidente con facultades sobrehumanas y hay muchas notas que hablan sobre la existencia de seres con poderes fantásticos que trabajan para el gobierno. ¿Es idea mía o quienes tienen poderes mandan totalmente aquí?

       —¿Un solo presidente gobierna todo el mundo? —preguntó Oriana mirando la pantalla por encima del hombro de Paul—. ¿Cómo pasó eso?

       —Según esto, el tipo unificó toda la Tierra hace cinco años y fundó esta ciudad como un homenaje a la paz y la prosperidad. La prensa describe a este líder como “el salvador que trajo la esperanza al mundo”.

       —Suena como alguna especie de mesías o algo así —murmuró Kay en tono pensativo—. Eso no me da buena espina por alguna razón. ¿Qué más hay sobre la fundación de la ciudad? ¿Encontraste algo raro?

       Paul presionó una tecla para hacer cambiar la imagen de la pantalla.

       —Humm, sólo algunos reportes que hablan sobre extrañas desapariciones de ingenieros y científicos que laboraban en la construcción de ciertas áreas. Incluso hubo un par de sujetos que afirmaron que algo raro sucedía en el sector industrial, pero la gente los tomó por charlatanes y la cosa no pasó a mayores.

       —El sector industrial, ¿eh? —dijo Oriana, con un susurro—. Creo que ahí es donde podríamos empezar a buscar. ¿En qué dirección se ubica?

       —No tan deprisa, mi amiga —repuso Kay, poniéndole una mano en el hombro—. Sería bueno investigar sobre la desaparición de esos científicos antes de hacer conclusiones. Tenemos que estar completamente seguros de que estamos tras la pista correcta.

       Pero para Oriana las cosas estaban lo suficientemente claras y no necesitaba seguir investigando. ¿Cómo perder el tiempo cuando millones de vidas estaban amenazadas con ser enviadas al olvido? Lo que ella no comprendía debido a su impaciencia, era que Kay simplemente quería recabar más datos para no cometer un error y emprender una búsqueda equivocada. Después de todo, unas cuantas personas desaparecidas podrían ser producto de otro tipo de causas ajenas a la misión.

       —Ustedes pueden leer todo lo que quieran —replicó Oriana a punto de perder la poca paciencia que aún le quedaba—. Yo iré al sector industrial y comenzaré a inspeccionar el área.

       —Calma, Oriana, por favor —le dijo Kay—. Entiendo que estés ansiosa por entrar en acción, pero las cosas deben hacerse con cuidado. Lo que acabamos de leer bien podría no estar relacionado con lo que buscamos.

       —Oh, por favor, yo no necesito más.

       Y diciendo eso, la chica se dio la media vuelta y se dirigió hacia la salida.

       —Vaya, chica —comentó Paul, sarcástico—. Es demasiado impaciente.

       —Me recordó a cierto guardián que una vez conocí —murmuró Kay.

       Paul exhaló un suspiro. Kay seguía siendo capaz de hacerlo sentir como si fuera un simple novato. Hizo un gesto reticente con la cabeza, en dirección a la puerta por donde había desaparecido Oriana.

       —Déjate de vainas, creo que en vez de bromear deberíamos buscarla o se meterá en problemas.

       —¿Crees que puedes hacerte cargo? Me gustaría leer más sobre las la fundación de esta ciudad y especialmente sobre ese líder que unificó la Tierra. No sé bien, pero tengo un presentimiento sobre el sujeto.

       —¿Qué tipo de presentimiento? —preguntó Paul mientras le cedía el asiento.

       —Uno muy malo, pero mejor ve por Oriana. Ella es joven e inexperta y podría cometer un error que comprometiera la misión. Te la encargo.

       —¿Cuándo te he defraudado?

       Kay se permitió una tos ligeramente burlona.

       —¿De verdad quieres saberlo? Recuerdo cierta misión en Adén… .

       —Cierra la boca, presumido —se despidió Paul.

       El guardián se encaminó en dirección a la salida sin poder ocultar un asomo de sonrisa. A pesar de que ambos provenían de diferentes universos y se había encontrado en contadas ocasiones parecían funcionar como un equipo. El equipo.

       Y ambos parecían seguros de que era lo mejor.

       Oriana había dejado la biblioteca pública con la sola idea de llegar al sector industrial, y entonces reparó en una presencia que se acercaba a ella desde los cielos a gran velocidad. Oriana miró hacia atrás, y descubrió un hombre de capa oscura mientras algunos transeúntes extendían los brazos para señalar al cielo; unos pocos dirigieron una mirada fugaz hacia el hombre de capa oscura y después continuaron su camino como si ver a un sujeto volando fuera cosa de todos los días.

       Era Fobos, bajando de las alturas frente a Oriana.

       —Percibí tu presencia en este lugar y vine a buscarte —dijo el Khan apenas puso un pie en el suelo—. Creí que estabas con aquel par de orates.

       —¿Qué haces aquí? —le preguntó Oriana—. ¿Y Charles y Kayani?

       Fobos sonrió.

       —¿Dónde están tus acompañantes?

       —Ellos… están investigando una pista y yo… bueno, exploraba la ciudad por mi cuenta.

       —¿De verdad? —repuso Fobos casualmente—. Lástima, pensé que tal vez ustedes habrían averiguado algo. Yo revisé la ciudad desde el cielo hace unos instantes y no encontré nada que fuera sospechoso.

       —No tenía idea de que podías volar.

       —Estoy lleno de sorpresas, Oriana —murmuró Fobos sonriendo—. Ahora, dime, ¿qué tipo de pista revisan el Centinela y su mascota? Siento algo de curiosidad por eso.

       —Investigamos un poco sobre la fundación de la ciudad, y descubrimos que hay reportes sobre ciertos incidentes extraños que sucedieron en el sector industrial. Pienso que tal vez ahí podríamos encontrar algo relacionado con lo que buscamos.

       —Humm, suena interesante —opinó Fobos—. Ahora que lo dices, recuerdo que mi escáner visual detectó indicios de tecnologías avanzadas cerca de esa área. Supongo que no tiene nada de malo si echamos un vistazo más de cerca, ¿no crees?

       —Por supuesto —repuso Oriana con una sonrisa.

       Entonces Fobos rodeó la cintura de Oriana con un brazo para atraerla hacia él.

       —Si vamos volando llegaremos más rápido, ¿no lo crees?

       —Bueno… —musitó Oriana con el rostro enrojecido.

       —¡Aguarden un momento ustedes dos!

       Antes de que pudieran irse, Oriana y Fobos escucharon la voz de Paul Tapia, que comenzó a cruzar la calle desde el otro lado. Algunos automovilistas gritaron insultos o hicieron sonar las bocinas de sus autos cuando el guardián pasó a través de los vehículos en movimiento.

       —Paul, decidiste venir conmigo —dijo Oriana.

       El Guardián se detuvo ante Oriana y miró al Khan en forma desafiante.

       —¿En dónde están Charles y Kayani? Se suponía que estabas con ellos investigando el lado sur.

       —Muertos —respondió Fobos.

       —¿Qué? —exclamó Paul con fuerza.

       —¿De verdad están muertos? —Oriana volvió el rostro hacia Fobos, pero éste comenzó a reír y ella se dio cuenta de que mentía—. Eso no fue gracioso.

       —Lo lamento, supongo que ambos están bien.

       —¿Supones? —dijo Paul con ganas de borrarle la estúpida sonrisa de un puñetazo—. Deja de hacerte el gracioso y responde.

       —Estaban bien cuando los dejé.

       —Oriana, debemos volver a la biblioteca con Kay —dijo Paul tomándola de la mano para alejarla de Fobos, quien retiró su brazo—. No creo que debas estar con este tipo.

       Ella se soltó inmediatamente.

       —Olvídalo, iré con Fobos al sector industrial para investigar.

       —Pero, ¿no comprendes que… ?

       —Creo que la dama ya eligió —intervino Fobos con una sonrisa burlesca—. ¿Por qué no mejor vuelves con tu amigo el Centinela y nos dejas en paz?

       —Tú no te metas, miserable —reviró Paul.

       —Oye, ¿qué te pasa? —exclamó Oriana interponiéndose entre ambos—. ¿Por qué te comportas así?

       —Relájate, chico —dijo el Khan—. Cualquiera diría que estás celoso, ¿es eso?

       —¿Qué? —Oriana se sonrojó nuevamente.

       —Sólo soy precavido, Fobos —replicó Paul sonriendo—. Precavido de lo que puedas hacerle a esta chica si intentas pasarte.

       —¡No necesito que me defiendan! —Oriana le dio un fuerte pisotón a Paul y se acercó a Fobos de nuevo. El Guardián de Plata trastabilló algunos pasos hacia atrás con ganas de maldecir, pero sólo alcanzó a musitar algo entre dientes—. ¡Puedo cuidarme yo sola! —añadió la chica—. ¡No quiero que me estés vigilando!

       Paul entornó la mirada y habló con Fobos, pero esta vez usó la telepatía.

       “Te lo advierto, Fobos. No intentes hacerle daño”

       “¿Y qué piensas hacer? ¿Vas a matarme?”, replicó el Khan del mismo modo.

       “La única suerte que tienes es que seas requerido para esto. De otro modo te juro por el Omnipotente que todos aquí estaríamos listos a matarte. Aunque siendo como eres, es seguro que tú no esperes tanto”

       Fobos sonrió y abrazó a la chica.

       “Bla, bla, bla, te juro por el Omnipotente. ¿No te cansas de repetir tantas tonterías?”.

       —Vámonos, Fobos —dijo Oriana secamente.

       El Khan asintió con la cabeza y buscó en su interior la energía necesaria para elevarse por los cielos junto a su acompañante. Paul los miró alejarse desde la acera mientras contenía su enojo. El Guardián de Plata apretó los puños con rabia y se juró a sí mismo que tarde o temprano se encargaría de darle su merecido a ese imbécil de Fobos.

       Universo-19,812,002
       Planeta Lambda.

       Lo que vieron los dejó sin aliento. Era algo que no habían conocido jamás en sus respectivos mundos y superaba cualquier ingenio parecido que hubieran visto antes. El diseño de aquella enorme torre era desconocido. Era una estructura metálica de color oscuro, tenía unos cuarenta metros de alto por diez de ancho y estaba compuesta por una serie de grandes placas conectadas entre sí mediante innumerables piezas mecánicas de gran complejidad, así como por artefactos metálicos colocados con la misma precisión que los órganos de un ser vivo. Sobre la cima de la torre sobresalía una esfera blanca con siete largas púas que giraba lentamente.

       El grupo compuesto por Casiopea, Ankiseth de Escorpión, Ryu, Alfa, Son Cort, Zafet Gardnas y Maurus observaron la fascinante y morbosa máquina, expuesta dentro del complejo al cual habían penetrado hace unos instantes. Frente a la máquina había un puesto de control ubicado sobre una plataforma de observación desde donde miraban.

       —Es realmente asombroso —murmuró Alfa fascinada—. Nunca he visto algo parecido.

       —¿Qué clase de ciencia construiría todo esto? —murmuró Ryu sin dirigirse a nadie en particular—. Y lo más importante, ¿para qué sirve?

       —Mi armor capsule está experimentando algunos problemas —anunció Zafet mientras consultaba su pequeño ordenador—. Algo en este lugar interfiere con su funcionamiento, pero no logro descubrir la razón.

       Casiopea se acercó hasta una consola de control y revisó algunos monitores. Los símbolos que aparecían en las pantallas le eran totalmente desconocidos y había al menos una decena de artefactos cuyo funcionamiento ignoraba por completo. Ankiseth alargó una mano con la intención de presionar un botón, pero Casiopea le sujetó la muñeca para impedirlo.

       —Ni siquiera lo pienses, guapo.

       —Vamos, no perdemos nada con probar —sonrió el caballero dorado.

       —Creo que Casiopea tiene razón —murmuró Alfa—. No es conveniente tocar los controles hasta no saber qué es lo que hace esta máquina.

       —Esa es una decisión inteligente —dijo una voz detrás de ellos.

       Se dieron la vuelta al mismo tiempo y vieron a una hermosa joven de larga cabellera rojiza, mirándoles amenazadoramente. Estaba vestida con ropas blancas y portaba una armadura dorada en los hombros, antebrazos, cintura y espinillas, y sus manos enfundadas en mitones metálicos. La joven, de veintitantos años cuya armadura destellaba con la luz del lugar, iba acompañada por al menos una docena de guardias armados con lanzas y parecían dispuestos a todo.

       —Yo soy Warrior Australis, ¿quiénes son todos ustedes y qué es lo que hacen aquí?       

       Continuará… .

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