Leyenda 020

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO XX

UNA DECISIÓN IMPORTANTE

       En el interior de la astronave Churubusco existía un recinto con una extensión de cinco kilómetros cuadrados que albergaba un enorme jardín. Aquella especie de santuario de la naturaleza servía para que los tripulantes pudieran olvidar ocasionalmente que se encontraban en medio del espacio. Algunas aves de diferentes mundos habían sido llevadas al jardín con el paso del tiempo a fin de poder darle un toque de mayor naturalidad al lugar.

       Los grandes árboles ofrecían un ambiente de verdor maravillosamente creado y una enorme fuente dominaba la parte central del jardín. Sin duda, era el lugar perfecto para reflexionar sin temor a ser molestado, el lugar perfecto para estar solo.

       Sentado al borde de la colosal fuente de agua, Asiont meditaba sobre el inesperado giró que había tomado su vida. Se sentía abatido, solo y con el corazón destrozado.

       Bajó el rostro. Una lágrima de ira se le escapó, pero a pesar de ello sintió alivio. Todavía no podía creer que el amor de su vida, su adorada y dulce Astrea ya no estaría más a su lado. ¿Qué le quedaba ahora? ¿Acaso la venganza?

       No, en el fondo sabía que eso no le devolvería a su amor perdido. La venganza únicamente haría que el odio entrara en su corazón y al final terminaría volviéndose un agente del mal.

       Desde que tenía memoria, Asiont había entrenado con los Caballeros Celestiales y siempre había creído en los ideales y enseñanzas de la orden. Aun así, podía sentir como un sentimiento de odio crecía en su corazón y se rehusaba a dejarlo.

       —No lo entiendo —murmuró para sí—. ¿Por qué?

       Volvió la mirada hacia la fuente y vio su reflejo en el agua cristalina. ¿Quién era él verdaderamente? No tenía recuerdos de sus padres o de algún otro familiar. Su pasado era un completo misterio para él. Todo lo que podía recordar sobre su vida antes de ingresar a la orden de los Celestiales eran imágenes borrosas de un mundo que no reconocía, de lugares que nunca había visto jamás.

       A menudo soñaba con esos lugares y escuchaba voces suaves y distintas, pero siempre despertaba sin saber nada nuevo. Bajó la tutela del padre de Cadmio y Lance, él había encontrado el cariño de un padre y el calor de una familia, sin embargo, nunca había obtenido de los labios de Karus la respuesta al misterio que entrañaba su origen.

       Antes de morir, Astrea había tratado de decirle algo sobre su pasado, pero ahora que había muerto todo aquello había vuelto a quedar en misterio.

       Suspiró con nostalgia y volvió la vista hacia los árboles. Ya nada le importaba, ni siquiera la guerra entre la Alianza Estelar y la Unión imperial. Lo mejor que podía hacer era dejar que Cadmio y Saulo se encargaran, después de todo, ellos eran más fuertes que él.

       Un ave de color blanco se posó sobre unas rocas a escasos centímetros de él, atrayendo su atención. La miró y no pudo evitar pensar en Astrea.

       Ella siempre había creído en él y no le hubiera gustado verlo así. Seguramente, de haberse enterado que pensaba hacerse renunciar, lo hubiera insultado y amenazado con lanzarlo a la fuente.

       Sonrió.

       “Sí”, pensó. “Eso es lo que ella hubiera hecho exactamente”.

       Antes de ir a la batalla, ella le había hecho prometerle que se convertiría en un verdadero Caballero Celestial. Sí huía únicamente estaría traicionando su recuerdo y violando aquella promesa.

       ¿Acaso debía volver al Santuario de los Celestiales? Luego de haberlo abandonado para volver a Endoria, sabía perfectamente que tenía escasas posibilidades de que Aristeo lo admitiera, y eso suponiendo que el antiguo maestro de la orden aún continuara con vida. ¿Qué debía hacer? Su cabeza era una maraña de ideas y necesitaba tiempo para ponerlas en orden. De pronto el ave blanca se elevó en el aire como asustada por la presencia de otra persona.

       —¿Con qué aquí estás? —le preguntó Andrea colocando una mano en su hombro.

       Asiont se volvió hacia ella.

       —Andrea.

       La reina de Lerasi se sentó junto a él.

       —Veo que no sólo yo vengo a este lugar cuando estoy deprimida —dijo mirando los árboles—. Siento lo de Astrea

       Asiont bajó la mirada.

       —Ahora no sé que debo hacer. Quizás debería hacerme a un lado… .

       Andrea volvió el rostro y lo miró.

       —¿Qué estás diciendo? No puedes renunciar, te necesitamos.

       —Necesitan a un guerrero poderoso, no a mí.

       —Uno no gana nada demostrando muchos poderes —afirmó la reina—. La verdadera fuerza esta en el corazón… tú me dijiste eso una vez.

       Asiont se levantó y empezó a andar dándole la espalda.

       —Eso fue antes… .

       —Astrea no se merece eso —le interrumpió Andrea—. ¿Qué paso con el valor que te caracterizaba? Cuando abandonaste la orden de los Celestiales porque no podías soportar vivir entrenándote mientras miles morían, te enfrentaste a tu maestro con valentía y regresaste a Endoria.

       Él se detuvo, aquellas palabras habían logrado llegarle al alma. Se volvió hacia ella, pero fue incapaz de replicar. En su corazón sabía que la reina de Lerasi tenía toda la razón.

       —Sé que te duele su muerte como a ningún otro —continuó Andrea con un tono de severidad—. Mariana me contó todo.

       —Mariana habla demasiado —masculló Asiont cabizbajo.

       —Muchos hemos perdido a nuestros seres queridos en esta guerra, pero continuamos juntos y seguimos adelante. Mírame —hizo una pausa y espero a que el joven alzara el rostro—. ¿Acaso crees que es fácil quedarme aquí a sabiendas de que el planeta donde yo nací es convertido en una colonia de esclavos? Todo el tiempo pienso en mi hermoso planeta en llamas.

       Asiont la miró fijamente a Andrea y descubrió como las lágrimas escurrían por sus mejillas. Se sintió mal, ¿cómo podía ser tan egoísta? Toda su vida se la había pasado animando a los demás para que lucharan por lo que creían era justo y ahora él hacía exactamente lo contrario.

       No tenía excusa para hacer eso, sí abandonaba la lucha entonces no valía nada como persona.

       —Tienes razón, soy un cobarde.

       Andrea se levantó y fue a su encuentro.

       —No fue mi intención insultarte, pero Astrea no sólo entregó su vida porque creía en ti, sino porqué también creía que nuestra lucha es justa y bien merece la pena morir por ella.

       —Es verdad, tienes razón. Ahora sé lo que tengo que hacer.

       Andrea frunció el entrecejo.

       —¿Qué cosa?

       —Voy a volver al planeta Caelum. Le pediré a Aristeo que me entrene una vez más y regresaré convertido en un auténtico Celestial.

       Andrea le respondió con una sonrisa de aprobación.

       —A ella le hubiera gustado oír eso, pero ¿cómo harás para que Aristeo vuelva a admitirte en la orden?

       —Bueno —refunfuñó—. Ya pensaré en algo bueno que inventar.

       Ella le pegó un puñetazo en el brazo.

       —Ya estamos otra vez, eres un engreído.

       —Sí que lo soy —sonrió.

       Tokio, Japón
       Distrito Nerima (Residencia Tendo)

       Ranma salió del estaque con toda su ropa escurriendo y los ojos inyectados de furia.

       —Miserable, ¿acaso eres amigo de los bribones que raptaron a Akane?

       Cadmio lo miró de arriba abajo.

       —¿De qué rayos hablas, niña? —le preguntó.

       —Ya te dije que soy hombre —insistió Saotome, visiblemente molesto—. Sufro de una maldición, pero en realidad soy un hombre. No me llames niña.

       Mariana se volvió hacia Genma y Soun con la intención de presentarse amigablemente.

       —Eh, bueno, disculpen a Cadmio. A veces puede ser muy agresivo.

       Genma no pudo pasar por alto la hermosura de la joven princesa de Lerasi. Alejó a Soun con un rápido empujón y se aproximó a la chica.

       —Oh, no se preocupe, señorita —comenzó a decir—. Realmente no es ninguna molestia. No todos los días recibimos a chicas tan lindas..

       Como si se tratara de un espectro del más allá, Soun Tendo emergió por un costado de Genma.

       —Oiga, Saotome, ¿qué diablos cree que está haciendo?

       Genma sonrió descaradamente y se encogió de hombros visiblemente apenado.

       —Lo siento, Tendo.

       Ignorando por completo la conversación entre Mariana y aquellos sujetos por demás extraños, Cadmio se inclinó hasta tocar el suelo con una mano. Tras un breve instante, cerró sus ojos y se hundió dentro de sí.

       —¿Qué rayos está haciendo? —preguntó Ranma dirigiéndose a Mariana.

       Utilizando la habilidad de la psicometría, el Caballero Celestial se enteró de todo lo sucedido un día antes, incluyendo el rapto de Akane y Nabiki.

       —Ya comprendo —dijo volviéndose hacia Soun—. Ayer tres guerreros llegaron del cielo y se llevaron a sus hijas, ¿no es así?

       Con sólo recordar el rapto de sus preciadas hijas, Soun no pudo soportarlo un segundo más y se arrodilló en el suelo envuelto en un mar de llanto.

       —¡Oh! Así es, señor —chilló, golpeando el suelo continuamente con el puño—. No sé a donde se la llevaron ni por qué motivo lo hicieron.

       Mariana y Genma se miraron entre sí sin saber como reaccionar. Al cabo de un momento, la princesa de Lerasi se acercó al Celestial.

       —¿Qué fue lo que sucedió, Cadmio? —le inquirió con curiosidad.

       Cadmio volvió el rostro hacia la joven capitana con una expresión llena de contrariedad.

       —Esos canallas de los Khans se llevaron la gema estelar —respondió—. Además de raptar a las hijas de este hombre y convertir en piedra a un enano.

       Mariana respiró profundo. Desilusionada con el curso que habían tomado los acontecimientos dijo:

       —Ya veo, en ese caso lo mejor será regresar cuanto antes.

       —Disculpen, ¿acaso usted sabe quienes se llevaron a mis hijas? —preguntó Soun esperanzado. Quizás la aparición de aquellos extraños personajes era el milagro que todos estaban esperando.

       Mariana asintió.

       —Así es, seré mejor que lo tomen con calma, señores —les dijo—. Nosotros no somos de este planeta, es más ni siquiera de esta dimensión. Sus hijas han sido raptadas por uno de nuestros enemigos y… .

       —¡¡Ah!! ¡¡No puede ser verdad!! —exclamó Soun, totalmente fuera de sí—. ¡Mis hijas han sido raptadas por extraterrestres!

        Sin decir nada más, Soun puso la mirada en blanco y se desplomó pesadamente en el suelo.

       —Vaya —murmuró Genma, acariciándose la nuca—. Parece que se lo tomó muy a pecho.

       Mariana se volvió apenada hacia Cadmio, quien la miraba severamente. Realmente había cometido un error garrafal al contarle de esa manera toda la verdad a aquel hombre

       Ranma se volvió hacia Cadmio dispuesto a saber la verdad acerca del paradero de su amada Akane.

       —¿Así que son extraterrestres? ¿Podrían decirnos en donde se encuentra Akane?

       El Celestial desvió la mirada hacia Saotome y rió en un susurró apenas audible.

       —Sí lo sabemos, pero mejor resígnate de una vez porque lo más seguro es que jamás vuelvas a verla.

       El joven Saotome apretó los puños y dio un paso hacia atrás. Aquella noticia había caído en su corazón como una daga helada. No podía ser cierto, ¿realmente jamás volvería a ver a Akane?

       —¡No pueden hablar en serio! —vociferó apretando fuertemente los puños—. No me resignaré.

       Cadmio continuó mirando al chico sin cambiar en nada aquella expresión de indiferencia.

       —Lo siento, medio Ranma, pero me temo que es verdad —comentó—. Ella se encuentra totalmente fuera de tu alcance o de cualquiera de ustedes y sí nos disculpan, debemos regresar a nuestro mundo.

       Antes de que el joven Saotome pudiera decir algo, Ryoga, Moose y Shampoo llegaron hasta el patio.

       —Ranma, ¿quién es este sujeto? —preguntó Ryoga sin apartar la mirada del Celestial—. ¿Acaso es amigo de esos sujetos que raptaron a Akane?

       —No, pero parece que los conoce —le contestó Ranma por encima del hombro—. Quizás puedan llevarnos con ellos.

       El enojo ensombreció el rostro de Cadmio. El solo imaginar la idea de llevar consigo a aquellos chicos con él le revolvió el estómago. Se cruzó de brazos y dijo:

       —Eso es imposible, ustedes no ayudarían en nada. En este momento estamos en medio de una guerra y lo que menos necesitamos son estorbos.

       —¿Cómo que estorbos? —le azuzó Ranma atrayendo la atención nuevamente hacia él—. No me interesa lo que pienses, yo iré con ustedes aunque tenga que pelear contigo.

       El Celestial le sonrió mostrándose más arrogante que nunca.

       —No digas tonterías, chico —le reprendió—. Tu nivel de combate es mucho más inferior que el mío, puedo vencerte tan fácilmente como ese tal Sombrío lo hizo.

       Ranma avanzó un paso con renovada determinación. A pesar de las palabras de Cadmio, no estaba dispuesto a cambiar de opinión.

       Simultáneamente, Ryoga y Shampoo se unieron a su amigo con la intención de ayudarlo de llegar el momento.

       —No importa que peleen al mismo tiempo —les dijo Cadmio adivinando sus intenciones—. Será lo mismo, niños. Verdaderamente sus auras son las de personas honorables, pero desgraciadamente no están a mi altura.

       Mariana estudió el rostro de Ranma y compañía con detenimiento.

       En ese momento, Genma apareció con una tetera de agua hirviendo y vertió su contenido sobre la cabeza de su hijo. Ahora era Cadmio quien tenía la boca abierta.

       —¿Qué clase de magia es esa? —preguntó.

       Ranma se giró hacia su padre.

       —Gracias, voy a necesitar toda mi fuerza —alzó los puños—. Estoy listo.

       En ese momento, Mariana sujetó a Cadmio del brazo

       —Espera, no les hagas daño —murmuró la chica—. Creo que eres algo injusto al no permitirles que nos acompañen.

       Cadmio se giró hacia Mariana con una expresión de sorpresa. Era lo único que le faltaba.

       —¡¿Acaso estás loca?! —exclamó irritado—. Ellos no tienen la suficiente habilidad para enfrentar a los Khans. Sólo estorbarán, los otros jóvenes que Lance trajo consigo tienen un nivel de combate aún más aceptable.

       Una arruga de preocupación surcó la amplia frente de la chica.

       —Vamos, los discriminas sólo porque no tienen el mismo poder que tú —repuso ella con expresión de desafío—. Aunque no tengan poderes debemos darles una oportunidad.

       Cadmio la fulminó con la mirada.

       —Esto no es un paseo por el palacio, princesita. La fuerza de los Khans está fuera de tu imaginación —hizo una pausa para volverse a Ranma y sus amigos—. Lo lamento, pero ustedes no pueden ayudarnos.

       Ranma titubeó. Quizás lo que Cadmio decía era verdad y no tenía la más mínima oportunidad de enfrentar a esos adversarios. Pero por otro lado estaba Akane, sí no insistía era seguro que jamás la volvería a ver.

       —Escuchen —dijo llamando la atención de Cadmio y Mariana—. Quizás no tengamos la fuerza necesaria para enfrentar a esos enemigos, pero no todo se basa en la fuerza, también hay que ser inteligente.

       “Buen punto”, pensó Mariana.

       —Que inteligencia ni que ocho cuartos —renegó el Celestial irritado—. Lo mejor será irnos de aquí y… .

       —Él tiene razón, Cadmio —le interrumpió la chica dispuesta a no darse por vencida—. Además tu podrías entrenarlos.

       Cadmio se volvió hacia Mariana y la miró desconcertado. Ahora estaba claro para él, la chica se había vuelto loca.

       Ryoga dio un paso al frente y se inclinó con respeto ante el obstinado Celestial.

       —Por favor se lo suplico, llévenos con usted —aunque no lo manifestaba él estaba tan preocupado por Akane como Ranma—. Lo ayudaremos en lo que podamos.

       Genma se acercó e imitó al chico.

       —Yo también se lo suplico, señor —dijo solemne—. Ranma ha sido muy bien entrenado, estoy seguro de que podrá ayudarlo en algo.

       Cadmio miró a Ranma y a los demás con detenimiento. A simple vista parecía una persona normal como cualquier otra, pero había un factor que debía tomar en cuenta. La gema estelar estaba en el hogar de los Tendo y de acuerdo con la leyenda, aquellos que estuvieran en el mismo lugar que la gema eran los seres que supuestamente ayudarían a vencer al mal.

       “Quizás la leyenda se equivocó”, pensó.

       —Olvídenlo, lo siento por la chica —sentenció finalmente—. Mejor háganse a un lado antes de que pierda la paciencia.

       Ranma se plantó frente a Cadmio en un gesto de pleno desafío.

       —¡No me interesa lo que digas! —vociferó furioso—. ¡Yo iré con ustedes!

       Shampoo lo miró angustiada.

       —Ranma…

       Cadmio se dio la media vuelta y caminó unos cuantos pasos ignorando el reto

       —Vámonos, Mariana —murmuró sin volver el rostro hacia la princesa de Lerasi—. No hay nada que hacer aquí.

       Ella volvió la mirada hacia Ranma, más allá de esa mirada de orgullo, había un corazón que sufría. Tras un breve instante, dijo:

       —Ranma y sus amigos irán con nosotros, Cadmio.

       Todos quedaron estupefactos al oír aquellas palabras.

       —¡¿Qué estás diciendo?! —le inquirió Cadmio volviéndose hacia ella—. ¿No escuchaste lo que… .

       —Ya te oí claramente —le interrumpió en tono áspero—. Pero se te olvida que yo estoy al mando de esta misión y he decidido llevarlos bajo mi responsabilidad.

       Cadmio apretó los puños con furia, pero a pesar de eso logró controlarse.

       —Cometes un terrible error al hacer eso. Ellos no podrán aportar nada a la lucha, no hay razón para involucrarlos.

       —Pero ya están involucrados —le corrigió Mariana segura de lo que decía—. Ellos están preocupados por sus amigas y tú simplemente les dices que se hagan a un lado. Piensa que te pasará a ti, aunque no tuvieras poder no dejarías de intentarlo.

       El Celestial suspiró con disgusto. Aunque no le gustara, Mariana realmente contaba con la autoridad para decidir sobre aquel asunto tan discutido y lo que el obstinado guerrero deseaba era regresar cuanto antes a su universo. Después de echar una breve mirada a aquel deplorable grupo de mocosos, asintió no muy convencido.

       —Está bien, pero ya verás que has cometido un error —declaró molesto con la decisión—. Te arrepentirás, ya lo verás.

       Ranma y sus amigos miraron a Mariana sin entender claramente por qué razón había decidido ayudarlo.

       —Será mejor que estén listos —le dijo la chica—. Esto no es un simple juego.

       —No te preocupes —respondió el joven Saotome—. Le prometo que los ayudaré en lo que pueda.

       Ryoga se acercó tranquilamente hasta donde se encontraban Ranma y Mariana y dijo:

       —Yo también iré contigo, Ranma.

       —Y yo —añadió Shampoo—. No puedo dejar que vayas sin mí.

       Ranma miró a sus amigos con lágrimas en los ojos.

       —Gracias, amigos yo… .

       —Cuenten conmigo también —dijo Moose al cabo de un momento.

       —No puedo creerlo —murmuró Ranma—. Gracias amigos.

       Debajo de sus gruesos anteojos, Moose esbozó una mirada maliciosa.

       “Sí esos guerreros son en verdad tan poderosos como dicen, entonces debo estar ahí para darle el golpe definitivo a Ranma”, pensó malévolamente. “Luego yo me quedaré con Shampoo”.

       Ryoga puso su mano en el hombro de Ranma.

       “Ahora si podré probarle mi amor a Akane”, pensó. “Así ella se olvidará de Ranma para siempre”.

       Shampoo, por su parte, esbozó una cándida sonrisa.

       “Sí Akane nunca regresara”, pensó,  “yo me casaría con Ranma”.

       Cadmio miró la escena con evidente hastío.

       —Disculpen —les dijo con enfado—. Sí no les molesta, es hora de partir.

       Soun se incorporó lentamente del suelo. Una vez que estuvo completamente consiente, Genma le explicó todo con detalles. Soun se desmayó una vez luego de que Genma le contara que Ranma y los otros irían al espacio a buscar a Akane. Finalmente, cuando volvió en sí, Mariana le aseguró de que rescatarían a su hija.

       —Por favor, Ranma —le dijo el jefe de la familia Tendo sujetándolo de la ropa—Trae a Akane y Nabiki de regreso, te lo suplico.

       Ranma asintió.

       —No te preocupes, tío Soun.

       —Esto enaltecerá al Combate libre de la secta Saotome —declaró Genma con orgullo—. Pelear con extraterrestres será una experiencia única, Ranma. Recuerda lo que te he enseñado.

       Desde su posición, Cadmio contemplaba la escena con suma impaciencia.

       —Combate libre, y una… porquería.

       —Esto será muy romántico —declaró Shampoo—. Mi Ranma y yo viajando por el espacio.

       Moose contempló la escena sin mostrar ninguna emoción, pero la verdad es que ardía en celos por dentro.

       —Ranma, pagarás por esto —murmuró.

       Mariana se apartó del grupo y se acercó al Celestial.

       —Ya estamos listos —anunció mientras Ranma y los demás caminaban hasta ella—. Avisaré a la nave para que.. .

       —No es necesario —le interrumpió Cadmio ásperamente. Alzó una mano con la palma orientada hacía Ranma, Ryoga, Shampoo y Moose.

       —¿Qué es lo que pretende? —inquirió Ryoga preocupado.

       En cuestión de segundos, una esfera de energía transparente se formó alrededor de ellos.

       Ranma y sus amigos se quedaron perplejos, jamás habían visto nada similar.

       —¿Qué, qué es esto? —preguntó Ranma temeroso.

       Cadmio bajó su mano lentamente.

       —Yo los llevaré hasta nuestra nave, es un escudo aúrico. Simplemente no me den problema y llegarán con bien.

       Mariana examinó la burbuja con curiosidad, iba a tocarla cuando Cadmio se acercó hasta ella para extenderle la mano.

       —Ya es hora.

       Mariana titubeó, pero finalmente tomó la mano que el Celestial le ofrecía y en un momento ambos volvieron a surcar los cielos seguidos de cerca por la burbuja de energía que transportaba a Ranma y a sus amigos.

       —¡Buena suerte! —exclamó Genma desde el suelo—. Oh, casi lo olvide —murmuró para sí—. ¡No olviden traer un remedio para el maestro Happosai!

       Soun se llevó las manos a la boca para amplificar su voz.

       —¡Ranma regresa con Akane, por favor! —gritó con todas sus fuerzas mientras todos se perdían en el ocaso.

       Gracias a su increíble velocidad, Cadmio llegó hasta el Águila Real 16 en un instante. Durante todo el trayecto ni él ni Mariana se dirigieron la palabra, aún seguía molesto por la repentina decisión de la princesa de Lerasi de traer a aquellos chicos consigo.

       —Bienvenidos al Águila Real 16 —declaró Mariana una vez que todos estuvieron en el pequeño hangar de la nave—. Esta nave nos llevará hasta nuestro destino en otra dimensión.

       Ranma y sus amigos no podían creer lo que veían. Sencillamente todo era nuevo para ellos.

       —Vaya, esto es asombroso —exclamó Ryoga examinando todo a su alrededor.

       Las puertas de acceso al hangar se abrieron dando entrada al capitán de la nave y a Hyunkel.

       —¿Encontraron algo? —les inquirió el Caballero Inmortal.

       Mariana se volvió hacia él.

       —Desgraciadamente no, las fuerzas imperiales ya han abandonado el planeta.

       —Ya veo, princesa —murmuró Hyunkel. Su mirada fue del rostro de Mariana al de Ranma y sus acompañantes—. ¿Quienes son ellos? —preguntó al cabo de un momento.

       Ranma dio un paso al frente; Ryoga y Shampoo flanquearon al chico.

       —Mi nombre es Ranma Saotome —declaró bajando levemente la cabeza.

       Mariana se acercó hasta ellos para presentarlos.

       —Hyunkel, ellos son Ryoga y Shampoo —declaró la joven capitana—. Han venido para ayudarnos y ese de… —hizo una pausa buscando a Moose con la mirada—. ¿En donde está el otro?

       Cadmio se recargo de espaldas en la única nave que había en el hangar. Mantenía ambos brazos cruzados y la cabeza agachada. Quería evitar mirar hacia donde estaba Mariana. De pronto comenzó a sentir que alguien lo abrazaba por la cintura.

       —Shampoo, has estado haciendo ejercicio —murmuró una voz melosamente.

       El rostro del Celestial palideció de asco. El cegatón de enormes anteojos y cabello largo lo tenía sujeto por la cintura y frotaba su rostro cariñosamente contra su cuerpo.

       —Shampoo, creo que deberías dejar de hacer tanto ejercicio —murmuró Moose nuevamente mientras el rostro de Cadmio se iluminaba de ira—. ¿Por qué no me das un beso?

       Cadmio se tronó los dedos.

       —Ahorita te voy a dar lo que te mereces, gusano.

       ¡PAM! Un golpe se oyó a lo lejos provocando el sobresalto de todos. Segundos después, el cuerpo de Moose atravesó el hangar de punta a punta volando y se estrelló con fuerza en una pared.

       —Vaya, ese Moose es un completo despistado —murmuró Ranma compareciéndose del pobre chico.

       El capitán de la nave, por su parte, se acercó hasta donde estaba Mariana.

       —Disculpe, princesa, ¿desea que iniciemos el regreso?

       La joven princesa de Lerasi asintió.

       —Si, hemos revisado el área y no hay rastros del enemigo.

       El oficial se dio la media vuelta y abandonó el lugar. Hyunkel echó una breve mirada a los recién llegados.

       “Ciertamente no tienen aspecto de guerreros”, pensó “¿Acaso tendrán poderes ocultos?”..

       Ranma ando unos cuantos pasos intentando acostumbrarse al lugar.

       —Así que esto es una nave espacial —murmuró para consigo.

       De pronto, Shampoo se le colgó del cuello por la espalda.

       —Esto será muy romántico, ¿no, Ranma? —comentó la chica—. Será como nuestra luna de miel.

       El joven Saotome parpadeó varias veces intentando concebir aquella idea.

       —¡Oye, pero qué cosas dices! —le gritó en un tono áspero mientras Hyunkel los miraba sin entender la presencia de aquellos chicos.

       Cadmio volvió la mirada hacia Mariana, pero no dijo nada. Ahora volverían a su universo, la futura pelea con los Khans estaba cada vez más cerca. Pronto, muy pronto, pensó.

       Astronave Churubusco

       Asiont miró a través de una enorme ventana que iba desde el suelo hasta el techo. Frente a él se haya el planeta Kibou, que era el mundo tras el cual la flota de la Alianza se ocultaba. Mientras observaba, sus pensamientos volaban hacia su amor perdido. El Consejo aún no estaba listo para sesionar y el joven Ben-Al aprovechaba el tiempo para poner en orden sus ideas.

       La leyenda, pensó Asiont. Había sido un niño la primera vez que la escuchó por labios de Aristeo, su antiguo maestro. En ella se decía que cuando las doce gemas del Portal fueran esparcidas a través de la existencia, éstas hallarían refugio cerca los seres con mayor corazón puro que existieran donde quiera que estuviesen. Ahora que la mayoría de los Caballeros Celestiales habían desaparecido y que las fuerzas imperiales parecían invencibles, quizás la última esperanza radicaba en ese antiguo relato. “12 gemas, 12 mundos”, pensó.

       Una joven de largo cabello castaño y vestida igual que él, se le acercó por atrás.

       —¿En que piensas, Asiont? —preguntó finalmente.

       Él volvió la mirada hacia la chica con naturalidad, había percibido su presencia desde hacía rato.

       —Casiopea, que gusto volver a verte. ¿Ya estás enterada de todo lo que vamos a hablar frente al Consejo de la Alianza?

       —¿Sobre lo del Portal Estelar y las doce gemas? —preguntó mirándolo fijamente—. ¿O sobre la derrota de las fuerzas de la Alianza en la Tierra?

       Asiont asintió con un gesto pensativo. Al parecer las noticias se habían esparcido rápidamente

       —Veo que estás bien informada.

       —La profesión lo exige —replicó la chica con una amplia sonrisa—. Siento lo de Astrea, vi tu rostro en el funeral. Ahora sólo quedamos cinco Caballeros sin contar a Areth y Ezequieth, los discípulos de Saulo.

       “¡Demonios!”, pensó Asiont. Había tocado el tema que menos deseaba tratar y la verdad es que prefería hablar de cualquier cosa menos de eso.

       —Si. Aún no puedo acostumbrarme a la idea de que nunca más la veré —murmuró con tristeza mientras bajaba la cabeza—. Su perdida me afectó mucho, Casiopea.

       La chica colocó una mano en su hombro.

       —Hey, lo siento no fue mi intención —titubeo intentando disculparse.

       —No está bien, creo que me hace falta hablar de eso. No lo sabes, toda mi vida siempre mire a Astrea con ojos de amigo y cuando menos me di cuenta. Yo estaba enamorado de ella, pero nunca le dije nada, jamás pensé que ella sentiría lo mismo por mí.

       Casiopea reflexionó un momento.

       —Si lo sé, ella siempre se mantuvo una gran fe en ti. Confiaba en que te convertirías en un gran Caballero —hizo una pausa—. Ella querría que fueras feliz.

       —¿Feliz? —repitió Asiont con irritación—. Eso es imposible. Ahora mi única meta es convertirme en un Celestial poderoso para así… . —No pudo terminar la frase, pero a pesar de eso, Casiopea comprendió claramente sus intenciones.

       —Sabes que la venganza no conduce a nada bueno —declaró la chica, notando el sufrimiento en el corazón de su amigo. La mirada de Asiont era tan fía y distante que deseaba poder tranquilizarlo de alguna manera.

       —Sí, sé que la venganza conduce al sufrimiento y que una vez que el mal este en mi corazón, éste dominará mi destino para siempre —declaró Asiont no muy convencido de lo que decía—. Pero me es difícil luchar contra este sentimiento.

       La Celestial sonrió con tristeza.

       —Nuestra misión ahora consiste en ayudar a la Alianza Estelar en todo lo que podamos —comentó, intentando cambiar de tema—. Saulo cree que ese niño llamado Dai puede sernos de gran ayuda.

       Asiont volvió la mirada hacia el ventanal con expresión distante y absorta.

       —¿Cómo crees que tomará el Consejo las noticias?

       Casiopea se encogió de hombros despreocupadamente.

       —Mal, nos espera una discusión. Muchos no tomarán en cuenta nuestras palabras cuando les hablemos de la leyenda y de como N´astarith piensa usar el Portal Estelar como arma, especialmente un sujeto llamado Uriel.

       Asiont frunció el ceño.

       —¿Uriel? —preguntó—. ¿Quién es él?

       Esta vez fue Casiopea quien dirigió su mirada hacia el espacio.

       —Uno de los más recientes miembros de la Alianza. Tiene ideas muy extrañas. Culpa a la Alianza y a los Celestiales de haber iniciado las hostilidades y cree que el emperador Jesús Ferrer no es una mala persona. En lo personal creo que está confundido, la discusión será acalorada si él está presente.

       Asiont no dijo nada más. A pesar de las palabras de su amiga no podía apartar a Astrea, a los Khans y a N´astarith de sus pensamientos. Un fuerte deseo de venganza le estaba envenenando el alma poco a poco.

       Continuará… .

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