Leyenda 035

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO XXXV

LA MALDAD DE LAS KHA KHANS

       Todo era confuso y oscuro, llano y escarpado a la vez. La pesadilla se repetía nuevamente en su mente. Asiont se veía a sí mismo herido en el suelo y sin poder moverse. A unos cuantos metros de donde estaba, Lilith luchaba con Astrea. Sabiendo lo que iba a suceder, abrió la boca para prevenir a su amiga, pero por más que lo intentaba, ningún sonido emergía. Finalmente, ambas jóvenes desaparecían en un fuerte resplandor de luz y todo volvía a quedar en tinieblas.

       —No puedo hacerlo —murmuró Asiont en tono apesadumbrado—. Sepultura es un guerrero mucho más poderoso y fuerte que yo… . —guardó silencio y bajó la mirada como sí no supiera qué hacer.

       —¿Qué ocurre contigo, Asiont? —le voz de Aristeo se hizo presente en aquella visión—. No puedes darte por vencido, no has viajado hasta este mundo para dejarte morir.

       Él alzó la vista para encarar a la figura de su mentor.

       —Maestro, lo siento, pero no puedo ganarle… —hizo una pausa y bajó la cabeza—. Mi enemigo conoce el aureus mejor que yo.

       —¿Acaso no le entendiste? —le preguntó Aristeo—. Para alcanzar el aureus debes aprender a escuchar la voz de tu corazón, no sólo la de la mente.

       Asiont negó con la cabeza.

       —No entiendo de lo que habla.

       —Si, deja que esa voz guíe tus pasos —repuso Aristeo tranquilamente—. Abre tu corazón, Asiont no tu mente. Abre los ojos de tu corazón. Deshazte de todos esos pensamientos derrotistas. Deja fluir la voz de tu espíritu través del aura. Sepultura es un guerrero que ha recibido el don del aureus, pero que no ha sabido cómo usarlo. Sólo lo utiliza para incrementar sus poderes.

       Tras decir aquellas palabras, la imagen de Aristeo desapareció dejándolo solo nuevamente.

       —Tiene razón —murmuró—. La verdadera respuesta está en mi corazón.

       En ese momento, un pequeño, pero a la vez cálido resplandor llamó su atención. Era una sensación muy agradable.

       —Astrea, ¿eres tú?

       Andrea miró fijamente la figura Sepultura sin dejarse amedrentar. No sabía lo que sucedería cuando aquellos vientos negros tocarán su cuerpo, pero ya estaba preparada para morir.

       —Ni creas que me asustas, cara de troll —le espetó Andrea con furia—. Lo único que lamento es no ver cuando te ajusten las cuentas —guardó silencio y volvió la mirada un momento hacia donde estaba Asiont. Éste aún estaba inconsciente.

       El Khan le sonrió burlonamente.

       —¿Cara de troll? —repitió indignado—. Pero no para tu cueva, bruja… .

       —Espera, Sepultura —Jesús Ferrer sorprendió a todo el mundo interviniendo en la batalla—. Ya los derrotamos a todos. No ganamos nada con matarlos —hizo una pausa, miró a Sailor Venus por un instante y luego se apresuró a desviar la mirada hacia Eneri y las otras Khans—. Tomemos la gema estelar y vayámonos de aquí.

       Sepultura miró por encima del hombro al príncipe de Megazoar, y sus ojos destellaron con rabia.

       —¡Cierra tu boca, gusano! —le ordenó furioso—. ¡Ya estoy harto de que todos me digan lo que tengo que hacer! ¡Necesito más poder! —Se volvió hacia Andrea listo para acabarla—. Y para obtenerlo… debo absorber más almas.

       Jesús frunció el entrecejo con inquietud. Sepultura estaba más agresivo que de costumbre. Al parecer se encontraba poseído por una especie de frenesí asesino.

       —Será mejor que lo dejes, Jesús —le aconsejó Liria—. Ahora se encuentra poseído por una furia incontrolable gracias a las energías negativas que está absorbiendo

       Josh apareció por un extremo.

       —¿Energía negativa? —repitió el chico contrariado—. ¿Cómo es eso?

       Eneri sonrió y lo explicó con mayor precisión.

       —Sepultura usa una técnica especial que le permite usar las energías negativas de este universo para así aumentar su poder. Es por ello que su apariencia ha cambiado. Lilith hizo lo mismo cuando combatió en el planeta Noat.

       Jesús volvió la vista hacia el Khan de la Muerte para examinarlo con cuidado.

       —¿Significa que está usando el poder del mal presente en este universo para incrementar sus fuerzas? Entonces mientras más maldad exista en los seres de este universo, más poder tendrá.

       Suzú se alisó los cabellos, se giró hacia Jesús Ferrer y asintió.

       —Exactamente.

       A unos metros de donde estaba las Khans, Sailor Venus intentaba levantarse para ir en ayuda de Andrea, pero era inútil. Su cuerpo ya no le respondía como deseaba. Desesperada, la Sailor Senshi echó una rápida mirada a sus amigas en busca de ayuda.

       Sailor Moon también estaba seriamente lastimada, pero aún así, sentía la obligación de salvar aquella mujer que intentaba proteger a Asiont. No había podido ayudar a Sailor Star Fighter ni a Sailor Star Meaker y por lo tanto no podía permitir que otra tragedia sucediera de nuevo.

       Sin pensar un instante en su propia seguridad, la Sailor Senshi se levantó como pudo y avanzó lentamente hacia Andrea.

       —¡No, Sailor Moon! —le gritó Sailor Mars intentado detenerla—. ¡No vayas!

       De igual manera la llamaron Mercury y Jupiter, pero fue inútil. Nada que de lo que dijeran hubiera podido detener a la valiente Usagi.

       Andrea cerró los ojos y se preparó para lo peor. Los vientos negros estaban a punto de tocarla y podía sentir un frío en todo el pecho.

       Sepultura sonrió festejando su victoria anticipadamente.

       —Aquí se acaba todo —murmuró maliciosamente—. Muere, maldita

       —¡Detente!

       Gracias a su oportuna intervención, Sailor Moon había conseguido distraer la atención del Khan de la Muerte haciendo que éste se olvidara momentáneamente de Andrea. Casi inmediatamente los vientos negros desaparecieron.

       Haciendo acopio de sus últimas fuerzas, Sailor Moon sujetó su báculo con ambas manos y se preparó para ejecutar nuevamente el Silver Moon Crystal Power Kiss. La chica no parecía tener ningún miedo. En lugar de ello, tranquila e impasible, lanzó una mirada de advertencia al Khan que la observaba.

       —Pero si es otra vez la niña débil —se burló Sepultura—. Creo que te mataré a ti primero para que no me sigas molestando más. Eres una plaga. No entiendo cómo es que nadie te ha asesinado antes.

       Sailor Moon ni siquiera se inmutó.

       —No puedo darme por vencida. Mis amigas cuentan conmigo y mi deber proteger este mundo a cualquier costo.

       El Khan de la Muerte dejó escapar una leve sonrisa maliciosa y extendió su brazo hacia Sailor Moon. Ahora los vientos negros se dirigían hacia la Sailor Senshi.

       —Te mandaré directo a la puerta del infierno —sentenció—. Ve a darle tus sermones a tu amiga muerta.

       Como la vez anterior, Sailor Moon comenzó a girar varias veces sobre ella misma. Cuando al fin se detuvo, alzó el báculo sobre su cabeza y descargó el haz multicolor contra Sepultura.

       —¡Silver Moon Crystal Power Kiss! (Por el poder del Cristal de la luna plateada)

       —¡Tonta, no te servirá de nada! —exclamó Sepultura—. ¡Muere!

       Todos, sin excepción, siguieron con la mirada la trayectoria de los ataques de Sepultura y Sailor Moon hasta que estos chocaron el uno contra el otro, despidiendo un fuerte resplandor.

       Contrario a lo que algunos esperaban, el rayo multicolor del báculo de Sailor Moon apartó los vientos negros de su camino y baño el cuerpo del Khan de la Muerte totalmente. Sepultura sonrió confiadamente cuando el haz de luz desapareció. Como la vez anterior, no le había hecho nada.

       O al menos eso parecía.

       —Me impresionas, niña —reconoció el Khan—. Tu insignificante ataque aparto mis vientos negros de la Muerte. Pero no creas que importa mucho, sólo tuviste suerte.

       Sailor Moon cayó de rodillas al suelo. Esta vez había usado todas sus energías usando el Silver Moon Crystal Power Kiss y estaba agotada.

       —Sailor Moon… —murmuró Andrea preocupada.

       Sepultura alzó los brazos y junto sus manos. Sonrió con absoluta seguridad pensando que el triunfo era suyo.

       —Ahora te enseñaré lo que es un verdadero ataque, niña tonta.

       Jesús Ferrer apretó los puños con rabia. No podía soportar observar cómo aquellos guerreros disfrutaban torturando a la gente. Una cosa era recuperar la gema estelar y otra muy distinta lastimar a las personas de aquella manera tan cruel.

       —¡No lo hagas! —gritó Andrea desesperadamente.

       El Khan le sonrió malévolamente y se dispuso a atacar. Pero justo cuando estaba a punto de ejecutar el Skull Thunder, sintió como un extraño escalofrío le recorría todo el cuerpo. De pronto, varios de los espíritus que mantenía cautivos comenzaron a emerger de su cuerpo y a desaparecer en el aire.

       —¿Qué es eso? —preguntó Sailor Jupiter sin dirigirse a nadie en concreto—. ¿Qué le esta pasando?

       Un rictus de desesperación se apoderó del rostro del Khan. Los espíritus estaban dejando su cuerpo y con ellos parte de su poder estaba empezando a desparecer.

       —No… ¡No! —gritó con todas sus fuerzas.

       Eneri y sus compañeras miraron la escena sin dar crédito a lo que veían. No podían entender que estaba sucediendo. ¿Acaso el ataque de Sailor Moon había provocado eso?

       Sailor Mars entornó sus ojos para mejorar su visión.

       —Ahora entiendo —murmuró, atrayendo la atención de sus amigas—. De alguna manera, Usagi les ha dado fuerzas a esos espíritus para que escapen del cuerpo de ese guerrero.

       Completamente desesperado, el Khan de la Muerte se sujetó la cabeza con ambas manos y se removió iracundo preso de la ira. Una tras otra, las almas de todas las víctimas que había aprisionado en su cuerpo durante años estaban siendo liberadas.

       —¡No puede ser! —exclamó Sepultura—. ¡¡¡Noooooo!!!.

       Apretó sus puños y lanzó un fuerte grito al aire, incrementando su aura de golpe. Finalmente, los espíritus dejaron de salir de su cuerpo.

       —¿Qué fue lo que paso? —preguntó Sailor Venus.

       —No puede ser. Ahora está absorbiendo energía maligna del entorno para compensar el poder de los espíritus —informó Sailor Mars—. Su poder ha disminuido, pero no totalmente.

       —No es posible —murmuró Mercury visiblemente preocupada—. ¿Qué va a pasar ahora?

       Sepultura se volvió inmediatamente hacia Ethernal Sailor Moon, hirviendo en rabia asesina. La Senshi lo había despojado de una parte de sus poderes y eso era algo que no podía soportar. Aparentemente habían subestimado el poder místico de Sailor Moon.

       —¡Maldita! —exclamó con los ojos desorbitados por la ira—. ¡No te lo perdonare jamás! —hizo una pausa y liberó todo el poder de su aura haciendo que sus cabellos se erizaran hacia arriba—. ¡Te voy a hacer pedazos aquí mismo!

       Sin perder un momento, Andrea se colocó entre Sailor Moon y el Khan extendiendo los brazos. Sabía que su sacrificio no iba a servir de mucho, pero no por ello iba a dejar de intentarlo.

       —¡Déjala en paz, monstruo!

       El Khan de la Muerte clavó unos ojos en Andrea que eran puro odio, y luego desplegó una aura tan poderosa que hizo temblar a la mitad de Tokio. Instintivamente, Andrea dio un paso atrás y tragó saliva con dificultad. Esta vez nada las salvaría.

       Sailor Moon alzó la mirada para contemplar como aquella mujer intentaba protegerla mientras algunas lágrimas escurrían de sus ojos.

       —Malditas —susurró Sepultura mientras levantaba sus manos para atacar con el Skull Thunder—. No importa que me hayan despojado de los espíritus. Con esta técnica es más que suficiente para mandarlas al mismo infierno.

       —No…

       Asiont recuperó el conocimiento justo a tiempo para escuchar las amenazas que infería el Khan de la Muerte. Sin perder tiempo, el Celestial se puso de pie y con un salto se colocó entre Andrea y el guerrero imperial. No podía permitir que nadie más muriera. ¡Nunca más!

       —¡¡Sepultura!! —gritó Asion, liberando todas sus energías de golpe—. No te permitiré que mates a nadie de nuevo… ¡A nadie!

       El Khan de la Muerte fijó la mirada en Asiont a tiempo para ver como una poderosa aura de color esmeralda envolvía la figura del Caballero Celestial. Ahora el poder de Asiont era más elevado que antes.

       —No, no puede ser —balbuceó Sepultura, desconcertado—. ¿Por qué rayos tiene ese poder? ¿Acaso él ha alcanzado el aureus?

       Aquel despliegue de fuerza por parte del Celestial no pasó desapercibido para Eneri y las otras Khans. Los escáneres visuales emitieron diferentes señales advirtiendo de un poder increíble.

       —¡Sepultura, cuidado! ¡Asiont ha recobrado por completo sus fuerzas!

       El Celestial alzó sus puños aumentando todavía más sus energías. El aura esmeralda que lo rodeaba era tan intensa que fácilmente podía iluminar todo el campo de batalla. Sailor Mercury parpadeó varias veces sin dar crédito a lo que veía. ¿Ese era el verdadero poder de Asiont o podía llegar a ser más alto todavía?

       Sepultura no aguardó ni un segundo más y se dispuso a atacar al Celestial usando el Thunder Skull. No quería aceptarlo, pero su cuerpo se estaba debilitando poco a poco debido a la técnica que usaba para incrementar sus poderes.

       —Ni creas que me ganaras —murmuró temerosamente—. Las energías negativas de este universo me han vuelto increíblemente poderoso. ¡Skull Thunder!

       En una salvaje acometida, el Celestial se lanzó directamente sobre Sepultura desviando las calaveras llameantes sólo con las manos como si su seguridad ya no significara nada para él.

       Sorprendido por la forma de atacar de su adversario, el Khan de la Muerte se preparó para combatir cuerpo a cuerpo. Ambos combatientes asestaron golpes y los bloquearon a gran velocidad, atacando y contraatacando en una feroz lucha que prometía un desenlace inesperado. A simple vista parecía que los dos tenían la misma fuerza, pero pronto la diferencia se hizo presente.

       En una fracción de segundo, Asiont golpeó el antebrazo de Sepultura con tal fuerza que destrozó el brazal de la armadura del guerrero imperial. El Khan de la Muerte abrió los ojos enormemente y retrocedió unos cuantos pasos, sujetándose el brazo y aullando de dolor.

       —¡Me rompió el brazo!

       —Sepultura, ¿qué diablos es lo que haces? Dale su merecido —le gritó Eneri como sí fuera ella la que estuviera en aprietos—. No puede ser que… .

       Pero antes de que el Khan de la Muerte pudiera hacer algo efectivo para retomar la ofensiva, Asiont juntó ambas muñecas con las manos abiertas, llevándolas a un costado de su cuerpo mientras desplegaba una poderosa aura de energía.

       —¡Sha…

       Una esfera de luz incandescente apareció entre sus manos, lanzando incontables rayos de luz en todas direcciones e iluminado todo a su alrededor.

       —… Ma…

       Cuando Sepultura percibió la energía que el Celestial estaba concentrando, el Khan sólo tuvo unas fracciones de segundo para entender que todo se había terminado. Con un rápido movimiento de sus brazos, Asiont colocó sus palmas a escasos centímetros del cuerpo de Sepultura y le descargó un potente rayo a quemarropa que provocó una violenta explosión.

       —… Sha!

       Como consecuencia del estallido de luz, el cuerpo del Khan de la Muerte salió disparado por los aires como sí fuera un androide desconectado. Con la armadura totalmente hecha añicos, Sepultura fue a caer a algunos metros del lugar de la batalla completamente derrotado.

       Asiont bajó los brazos lentamente mientras jadeaba por el esfuerzo. Había ganado la batalla, pero aún así, sentía una enorme ira que le nublaba la mente, una enorme ira que le instaba a rematar a Sepultura. Aquí no importaba nada. Sólo tenía que levantar la mano una vez más y destrozarlo… .

       —Bien hecho —la voz de Andrea lo tranquilizó—. Sabía que lo harías… sabía que le ganarías a ese rufián.

       Asiont exhaló un profundo suspiro. La oportuna intervención de la Reina había logrado hacerlo reaccionar. Se serenó y luego se giró hacia Sailor Moon.

       —El crédito no es sólo mío —aclaró mientras extendía la mano a la Sailor Senshi para ayudarla—. Te agradezco que hayas salvado a Andrea.

       Sailor Moon le respondió con leve sonrisa de dulzura y luego tomó su mano.

       Armagedón

       Hasta donde llegaba la vista, las estrellas dominaban la totalidad de las tinieblas del universo. Un universo que albergaba millones de mundos, un universo que alguien deseaba dominar.

       N´astarith contemplaba la eterna noche desde la habitación del trono en Armagedón. Vuelto hacia la enorme ventana, no prestaba atención a Tiamat y Mantar, que esperaban junto a su señor.

       N´astarith estaba pensando en la leyenda de Dilmun y en las promesas de poder que ésta ofrecía. Según contaba, aquel que fuera capaz de reunir las doce gemas estelares y pudiera ordenarlas correctamente podría tener acceso al mayor poder del universo. Sí la leyenda resultaba cierta, como pensaba, aquel pacto que mantenía con las fuerzas del mal quedaría sin efecto. En su opinión, el Amo de las Tinieblas había desaprovechado una excelente oportunidad de controlar el universo cuando éste falló en su rebelión contra el Creador, y por eso lo menospreciaba en secreto. Ahora, gracias a las gemas, él tendría la oportunidad de triunfar donde su señor había fallado. El momento que el emperador de Abbadón había aguardado por tanto tiempo estaba a punto de llegar.

       —Mi señor, el príncipe David Ferrer nos ha informado que ha conseguido la séptima gema “Tet” —la áspera voz de Tiamat interrumpió el curso de sus pensamientos, y N´astarith volvió la mirada hacia el mejor de sus guerreros—. Al igual que en las veces anteriores, los miembros de la Alianza Estelar han fallado. Estamos listos para mandar otra fuerza de ataque en cuanto ordene.

       Los ojos rojos de N´astarith relucieron con placer. Realmente se sentía muy complacido.

       —Pienso que quizás no estamos tomando las cosas como debiéramos —murmuró en tono pensativo—. Los miembros de la Alianza Estelar no escatimarán esfuerzos en tratar de detenernos.

       Mantar clavó la mirada en el vacío y después sacudió su cabeza.

       —¿Detenernos? —repitió contrariado—. Eso es imposible, mi señor. En estos momentos, nuestras fuerzas controlan el 70 % de los sistemas estelares más importantes en toda la galaxia.

       El oscuro señor de Abbadón alzó una mano.

       —Puede ser —susurró N´astarith—, pero por lo mismo nuestros enemigos deben estar más desesperados que nunca. No podemos darnos el lujo de cometer un error. —El emperador se inclinó hacia el Khan del Dragón—. Tiamat.

       El Khan dio un rápido paso hacia delante.

       —¿Si, mi señor?

       —Alista diez Devastadores Estelares —ordenó N´astarith—. Los quiero armados y listos para atravesar el Portal Estelar en veinte ciclos.

       Se hizo el silencio mientras Mantar y Tiamat se miraban el uno al otro.

       —Si, mi señor —se apresuró a asentir el Khan.

       —Los Celestiales y la Alianza no deben recibir más ayuda de los mundos ajenos a este universo —sentenció el oscuro emperador—. Quiero que nuestras fuerzas siembren la destrucción en todos los universos que ataquemos. Que todos sientan lo que es el verdadero terror.

       Tiamat inclinó la cabeza con sumo respeto.

       —Yo mismo me encargaré de traer la novena gema, mi señor.

       —Se te ha adiestrado bien, mi joven amigo —le calmó N´astarith—. Pronto las cinco gemas restantes estarán en nuestro poder… .

       N´astarith no terminó la frase. Era extraño, pero en el último momento percibió una extraña sensación que le avisaba de la repentina derrota del Khan de la Muerte.

       —¿Qué ocurre? —le preguntó Mantar.

       N´astarith titubeó; después cerró los ojos y se sumió en sí mismo. Abrió los ojos de repente y dijo:

       —Han derrotado a Sepultura.

       Tokio, Japón
       Distrito Juuban (Museo de Historia)

       El Khan de la Muerte yacía mortalmente herido en el suelo. Toda su armadura estaba resquebrajada de arriba a abajo, y la sangre le escurría constantemente por la nariz y la boca. Era obvio que ya no podría pelear más. Todavía no podía creer que lo hubieran vencido. Había matado a tantos guerreros en su vida que ya hasta había perdido la cuenta, y ahora, un insignificante Celestial lo había derrotado. Su situación no podía ser más humillante. Ciertamente, había cometido un error al usar aquella técnica por tanto tiempo.

       —Maldición… ese miserable gusano… me ha vencido, no debí… usar esa técnica… .

       A medida que se acercaba al cuerpo de su compañero moribundo, Eneri meneaba la cabeza negativamente.

       —Eres una vergüenza para todos los Khans del Imperio, Sepultura —sentenció con una mirada carente de emoción—. Debiste matar a Asiont y a esas niñas cuando pudiste.

       Un expresión de terror se apoderó del rostro del Khan de la Muerte. Era como sí comprendiera que su derrota no podría ser perdonada.

       —No irás a… .

       Antes de que Sepultura pudiera terminar la frase, una ráfaga proveniente del dedo índice de Eneri le atravesó el corazón, matándolo al instante.

       —No necesitamos a alguien como tú —murmuró la Khan de Cerbero despectivamente—. Sólo eres un estorbo y una vergüenza.

       Liana abrió los ojos desorbitados por la sorpresa. Realmente, la Khan de la Naturaleza no esperaba que su compañera se atreviera a matar a Sepultura de esa manera tan fría, aun a pesar de su fracaso.

       —Eneri… —murmuró Liria en voz baja con cierto temor—. Eso no era necesario. Sepultura era nuestro… .

       La Khan de Cerbero se giró hacia el Celestial y las Sailors Senshi para mirarlos a todos con desprecio. A juzgar por la expresión de su rostro, era obvio que no sentía temor alguno por lo que Asiont pudiera hacer.

       —Ni creas que porque venciste a este maldito infeliz podrás ganarnos a nosotras —comenzó a decir confiadamente—. Suzú, Liria y yo somos Kha Khans. Pertenecemos a una clase de guerreros mucho más poderosos de lo que era Sepultura.

       Asiont le respondió con una mirada feroz sin dejarse intimidar. Atrás de él, Andrea ayudaba a Sailor Mars a sostenerse; Sailor Moon permanecía cerca de Healer, Venus, Mercury y Jupiter. Todas estaban levemente lastimadas, pero aun conservaban sus ánimos intactos.

       —Sólo dices tonterías —murmuró Asiont luego de un instante de silencio—. Tratas de intimidarme con tus cuentos.

       Eneri desestimo las palabras del Celestial con una leve sonrisa.

       —¿Eso crees? —preguntó con arrogancia—. Quizás no lo hayas entendido, pero te lo explicaré —hizo una pausa y continuó—. Existen dos categorías dentro de los guerreros al servicio de Abbadón: los Khans y los Kha-Khans

       —¿Kha-Khans? —repitió Sailor Mars intrigada, atrayendo sin querer la atención de la guerrera de Abbadón.

       —Así es, niña —Eneri miró a la Sailor Senshi de reojo—. Todos los guerreros imperiales hemos sido bendecidos con el don del aureus. Los Khans como Sepultura utilizan este poder como un estimulante para incrementar la fuerza de su propia aura, pero nosotros, los Kha Khans, nos entrenamos duramente hasta alcanzar un estado de unión con el aureus. Por esta razón somos invencibles.

       Asiont frunció el entrecejo con desconfianza mientras su enemiga le sonreía malévolamente. Como Caballero Celestial, Asiont había aprendido a sentir el aureus y así usarlo para incrementar sus poderes. Pensaba que ese era el límite al que podía llegar cualquier guerrero, pero las palabras de Eneri lo habían puesto a dudar. Sí lo que la Khan del Cancerbero le decía era cierto y habían logrado hacer evolucionar su aura, entonces existían muy pocas posibilidades de ganarles la batalla.

       El conocimiento del aureus había sido desconocido en el universo hasta que Horus, a unos días de morir, reveló el secreto a los Caballeros Celestiales hacía miles de años. Su concepto era algo muy complejo y no todos los Caballeros habían podido llegar a entenderlo, mucho menos a dominarlo. Se decía que tal energía misteriosa era algo así como la chispa divina que daba origen a la misma aura, pero para dominar esa clase de poder el guerrero que lo intentara debía alcanzar un estado de completa perfección espiritual al grado de conocerse a sí mismo hasta el último detalle.

       Asiont dio otro paso hacia atrás mientras reflexionaba sobre las palabras de Tyria referente al poder del aureus. Supuestamente los seres con un corazón lleno de maldad estaban limitados en cierta forma para conocer esa clase de poder. Sin embargo, los guerreros de N´astarith habían descubierto la manera para usarlo. El cómo lo hacían era un verdadero misterio.

       Enerí dio un paso hacia delante y soltó una leve carcajada.

       —De pronto te quedaste muy callado, Asiont.

       El Celestial no dijo nada. Realmente la situación se le presentaba muy precaria. Había conseguido derrotar a Sepultura con bastantes dificultades, y no sabía sí podría vencer a las Khans restantes. Además estaba Jesús Ferrer, el príncipe meganiano y ese chico que lo acompañaba.

       Sin embargo debía ganar la batalla.

       Tenía que hacerlo.

       Contempló en silenció cómo Eneri avanzaba hacia él.

       —Sólo estás fanfarroneando —declaró con fingida arrogancia—. Lo que dices es imposible,  para tener semejante control sobre el aureus ustedes deberían poseer un corazón puro y es obvio que no lo tienen.

       —No es tan necesario —murmuró Eneri medio en serio, medio en broma—. Con la concentración adecuada uno puede llegar a dominarlo ya que el poder no es bueno ni malo, todo depende del enfoque.

       Asiont tragó saliva con dificultad y dio otro paso atrás. No tenía tiempo que perder así que se volvió hacia las Sailor Senshi para prevenirlas.

       —Será mejor que se vayan de aquí mientras puedan.

       Sailor Mars se apresuró a negar con la cabeza.

       —Olvídalo, no vamos a dejarte solo.

       —Por favor —insistió el Celestial—. Ni siquiera sé si yo podré ganarles.

       La Khan del Cancerbero agitó una larga cadena negra en el aire, atrayendo de nuevo la atención de Asiont.

       —Voy a disfrutar mucho de esto —declaró con seguridad—. Me das lástima… .

       Antes de que Asiont pudiera anticiparlo, Eneri lanzó la cadena negra en su contra haciendo que ésta se enroscara rápidamente alrededor de su brazo izquierdo.

       —¿Qué? —inquirió el Celestial sorprendido.

       Sin darle tiempo para que reaccionara, la Khan tiró de la cadena jalándolo hacia un costado para luego azotarlo en una pared cercana con fuerza. Cuando hubo recogido su cadena, Eneri sonrió triunfantemente.

       —¡Asiont! —gritó Mercury horrorizada.

       El Celestial se levantó como pudo de entre los escombros. Usando el puño se limpió el hilo de sangre que brotaba de su boca. Estaba aturdido y molesto por lo sorpresivo del ataque, pero aun no estaba vencido.

       —Veo que eres muy fuerte, Eneri —reconoció con fingida arrogancia—. Ahora será mi turno.

       La Khan le sonrió en un gesto de pleno desafío. “Quiero ver que tan fuerte eres”, pensó.

       El aura esmeralda rodeó el cuerpo de Asiont nuevamente. Apretando sus puños con fuerza, el Celestial desplegó todo su poder y se arrojó ferozmente sobre la guerra del Cancerbero dispuesta a vencerla.

       Eneri frunció el entrecejo y encendiendo su aura de igual modo. Espero pacientemente a su oponente. A pesar de que estaba en medio de una batalla, la guerrera miró por encima del hombro a sus compañeras y les dio instrucciones. O era muy poderosa o se estaba confiando demasiado.

       —Ya estuvo bueno de juegos, tomen la gema estelar.

       Aprovechando el supuesto descuido de su enemiga, Asiont alzó su brazo con la intención de asestarle un puñetazo en el rostro.

       —¡No lo harán!

       Pero la Khan ya había anticipado esa acción y dando un salto en el aire, con el que esquivo el golpe y se colocó por encima de Asiont, la guerrera imperial empuñó fuertemente su arma, que ya abatía sobre el Caballero Celestial antes de que sus pies hubieran tocado el suelo. Asiont, sorprendido de la rapidez y ferocidad con que atacaba su enemiga, apenas tuvo tiempo de bloquear el golpe de la cadena con sus brazos. La guerrera imperial giró sobre sus talones y después retomó la ofensiva blandiendo la cadena negra en el aire con el rostro iluminado por un frenesí asesino que prometía un combate a muerte.

       Sailor Mercury no había apartado la mirada del Celestial y su agresora, pero no sabía que hacer. Asiont vio a las Sailors con el rabillo del ojo mientras intentaba detener los ataques de su enemiga.

       —¡Váyanse de aquí! —les gritó.

       Sacando a relucir una segunda cadena negra, Eneri inició una nueva acometida, obligándolo a retroceder con un diluvio de golpes que caían sobre él desde todas las direcciones posibles. “Es más rápida que yo”, pensó Asiont.

       Suzú se volvió hacia la vitrina de exhibiciones, que milagrosamente seguía en pies, y se dirigió hacia ella. De pronto Sailor Venus y Sailor Jupiter le salieron al paso.

       —Apártense del camino, niñas tontas —les advirtió la Khan con una mirada feroz.

       Sailor Jupiter levantó un puño cerrado y dio un paso al frente.

       —¡Olvídalo! —gritó valientemente—. No sabemos que es lo que quieren, pero parece que esa gema es muy importante para ustedes —hizo una pausa mientras una pequeña antena emergía del centro de su tiara de Sailor Senshi—. Así que no vamos a dejar que se lo lleven.

       Suzú frunció el entrecejo.

       —Sí no se quitan de mi camino —hizo una pausa y levantó la mano con la palma orientada hacia delante para amenazarlas—, las mataré ahora mismo. Ustedes deciden, niñas.

       Sin dar tiempo para que las Sailors lo pensaran, Suzú disparó una rápida ráfaga en contra de ellas.

       —¡Cuidado! —advirtió Sailor Venus.

       Afortunadamente, ambas Sailors Senshi consiguieron esquivar el disparo saltando a tiempo en diferentes direcciones. La descarga paso de largo y golpeó la parte inferior de la vitrina de exhibiciones provocando una explosión que hizo que la gema estelar saliera volando por los aires.

       —¡La gema! —exclamó la Khan de la Banshee mientras alzaba la mirada.

       Aprovechando la distracción de la guerrera imperial, Sailor Venus se volvió hacia Jupiter.

       —¡Jupiter, es el momento… ataquemos!

       La otra Sailor Senshi asintió con la cabeza.

       —¡Crecent… Beam! (Rayo Creciente de Venus)

       Un fino rayo de luz brotó de la punta del dedo índice de Sailor Venus mientras que una descarga eléctrica salía disparada de la tiara de Sailor Jupiter.

       —¡Supreme… Thunder! (Trueno de Júpiter… Resuena)

       Suzú volvió la vista hacia delante para contemplar como el Crecent Beam de Sailor Venus y el Supreme Thunder de Sailor Jupiter se abalanzaba sobre ella. Mientras su rostro sonriente se iluminaba por los ataques, la Khan levantó ambas manos y los detuvo sin mayor problema.

       —¡Diablos! —masculló Jupiter en un arranque de rabia—. ¡No puede ser!

       Por meros azares del destino, la gema estelar fue aterrizar en las manos de Sailor Moon, quien la atrapó sin entender lo que sucedía.

       —¿Eh? ¿Qué es esto? —inquirió sin dirigirse a nadie en concreto.

       Suzú se volvió hacia Sailor Moon en busca de la gema.

       —¡La mocosa tiene la gema! —advirtió con un grito.

       Eneri se volvió un momento hacia Sailor Moon y lanzó su cadena contra ella para capturarla, pero la Senshi alcanzó a hacerse a un lado tirándose de bruces hacia delante de una manera bastante cómica. Aprovechando la distracción de su enemiga, Asiont le asestó un fuerte puñetazo en la cara. “Bien”, pensó el Celestial, sonriendo confiadamente.

       Pero contrario a lo que esperaba, el golpe únicamente hizo a la imperial volver el rostro hacia un costado sin causarle mayor efecto. Un rictus de desconcierto se apoderó del joven rostro del Celestial cuando Eneri lo miró fijamente.

       Dando un salto en el aire, Liria se colocó por delante de Sailor Moon para cerrarle el paso en caso de que ésta intentara huir.

       —¡¡Dame la gema, niña tonta!!

       Al darse cuenta del enorme peligro que corría Usagi, Sailor Venus echó a correr hacia donde estaba para ayudarla, pero antes de que llegara, Suzú se interpuso en su camino.

       —¡No interfieras! —le gritó la Khan.

       Sailor Venus se removió con impaciencia y levantó el brazo para ejecutar nuevamente el Crecent Beam, pero antes de que pudiera hacerlo, Suzú dio un salto por encima de ella liberando sus cabellos. En unos instantes, Sailor Venus quedó completamente atrapada por los finos cabellos de Suzú.

       —Date por vencida, mocosa —le susurró la Khan de la Banshee—. ¿Por qué sigues luchando?

       Sailor Jupiter se acercó por la espalda a Suzú lista para descargarle el Supreme Thunder con todas sus fuerzas, pero antes de que pudiera hacerlo una rosa negra voló por los aires y golpeó su pecho inmovilizándola al instante. Jupiter volvió la vista hacia el costado de donde había venido la flor.

       —No intervengas —advirtió Liria.

       Jesús apretó los puños con fuerza cuando se dio cuenta del peligro que corría Minako ¿Qué haría? ¿Debía ayudarla o fingir que no le importaba? Su dilema se complicó más cuando escuchó a Venus dar un fuerte grito de dolor.

       —Suzú, suéltala —suplicó ansiosamente—. Ella es sólo una niña.

       Extrañada, la Khan de la Banshee volvió la vista hacia el meganiano y le sonrió maliciosamente.

       —Una niña, ¿eh? —tiró de los cabellos, provocándole más dolor a Venus—. Me importa un demonio lo que opine, príncipe —Suzú arrojó a la Sailor Senshi contra el piso y le aplastó una mano con el pie haciendo que las lágrimas escurrieran de sus ojos en un llanto de miedo, dolor y desesperación. Sencillamente, aquella era una visión que el príncipe Ferrer no podía soportar un solo segundo más.

       —¡Ya basta! —gritó Jesús con todas sus fuerzas, liberando su aura violentamente—. ¡Déjala!

       Continuará… .

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