Crisis 24

CRISIS UNIVERSAL

por Acuario Káiser

CAPÍTULO XXIV

EL CHICO DE ACERO

       Tierra-574,322
       Santuario de Atenea

       —Comenzó como un relámpago en los cielos y un destello en medio de las nubes. El hambre de fuerza vital fue lo que lo condujo a nuestro mundo. ¿Tan poderoso era él? ¿Tan decidido estaba por hallar una nueva fuente de alimento? En ese momento habría dicho que algo así no era posible, pero luego de atestiguar lo que he visto, me temo que me he visto en la necesidad de corregirme. Creí que todo iría bien como en ocasiones anteriores en las que había enfrentado a otros dioses, como Eris, Poseidón, Artemisa o Perséfone. Pero estaba equivocada porque lo que esta fuerza buscaba era precisamente a los dioses de este mundo, como antes lo había hecho en millares de realidades alternas. Así era como esa entidad se alimentaba, consumiendo dioses como yo para luego hacer lo mismo con el resto. Antes de veinticuatro horas, las deidades de este mundo fueron consumidas, incluido mi padre, el todopoderoso dios Zeus.

       —¿Qué sucedió con Seika y las demás? —preguntó Nicole de Acuario.

       Atenea bajó la cabeza y su rostro denotó una especie de dolor y pesar que la diosa buscaba reprimir.

       —Seika y las otras Guerreras de Bronce intentaron protegerme, como siempre habían hecho hasta entonces, pero fueron devoradas por aquel ser venido de otra realidad. Después de que despojó a las Guerreras de Bronce de su energía vital y las asesinó, quiso hacer lo mismo conmigo, pero en el último instante, justo cuando todo parecía perdido, logré separar una parte de mi consciencia usando los que restaba de mi Cosmos y así apenas sobreviví. Desafortunadamente, los demás dioses de este mundo no corrieron la misma suerte y todos fueron consumidos hasta el final.

       —¿Cuánto tiempo hace que todo esto sucedió? —inquirió Bael.

       —Fue hace un par de años —contestó Atenea—. Arlakk y las Hermanas Nigthmare llegaron al Santuario junto con sus drones luego de que el último dios fuese devorado por aquel ser hambriento de poder divino. Después de eso, como ya saben, los hechiceros usaron su magia negra para someter a las Guerreras Sagradas y al mismo tiempo acabaron con la vida de la Gran Matriarca.

       —Esas hermanitas Nightmare son unas… unas… —Dina Kaioh-shin reconoció que no sabía una palabra que no fuera un insulto vulgar para referirse a ese par de hechiceras—. Supongo que todas las Guerreras Sagradas que descubrieron la verdad también fueron eliminadas.

       El Duque del Infierno volvió su rostro hacia Dina.

       —Eso resulta evidente, Kaioh-shin —concluyó Bael—. No obstante, debemos agradecerle a Atenea por su oportuna intervención. Si ella no se hubiera presentado ante las Guerreras de Oro para convencerlas de que nos ayudaran, no sé qué habría sucedido, pero no hubiera sido una victoria.

       —Hay algo que no lo comprendo —murmuró Shoryuki, contrariada—. ¿Por qué no hiciste algo antes, Atenea? Sí dices que mantuviste parte de tu consciencia intacta, quizá debiste haber liberado antes a las Guerreras Sagradas.

       Saori volvió a bajar la cabeza con tristeza.

       —Estaba demasiado débil luego de ser derrotada por Kyristan y necesitaba tiempo para reponer mis fuerzas. En este momento únicamente conservó una ínfima porción de mi Cosmos y tenía que aguardar el instante preciso para intervenir.

       —¿Kyristan? —repitió Dash, intrigado—. ¿Ese es el nombre del devorador de dioses que vino a este mundo, Atenea?

       La diosa asintió con la cabeza.

       —Sí, nunca podría olvidar su nombre —Una expresión indescifrable recorrió el rostro de Atenea—. Ahora todos los dioses y sus guerreros en este mundo, con excepción de las Guerreras Sagradas de Oro, han desaparecido y pronto yo también me habré ido.

       —¡No puedes hablar de esa manera, Atenea! —Nicole de Acuario negó con la cabeza y se acercó caminando apresuradamente a la diosa—. ¡No te dejaremos morir! Las Guerreras Sagradas siempre salvan a Atenea pase lo que pase.

       Saori la miró dulcemente.

       —Mis amadas Guerreras Sagradas, les agradezco mucho haberme permitido contribuir a purificar el Santuario —replicó la diosa mientras se iba desvaneciendo—. Ahora debo partir y les conmino a no dejarse llevar por la venganza contra Kyristan. Si han de luchar nuevamente, deberán hacerlo sólo por el Amor y la Justicia porque ése es el deseo de su diosa —hizo una pausa y se volvió hacia Dash, Dina y los otros—. Y a ustedes, misteriosos aliados, les doy las gracias por haber venido a liberar este mundo.

       —Atenea —murmuró Bael con solemnidad.

       La diosa de la Sabiduría sonrió por última vez. Su Cosmos Divino fluyó como si fuera una brisa fresca y se diluyó en pequeños crepúsculos de luz dorada, que se alzaron en el aire y se fueron extinguiendo hasta desaparecer.

       —¡Debemos vengar a Atenea, a la Gran Maestra, a Seika y a todos los demás que han muerto! —exclamó Europa de Tauro a puntar de romper en llanto—. ¡Los pecados de ese demonio Kyristan no deben quedar sin castigo!

       Nashira de Capricornio, con las lágrimas corriendo por sus mejillas, le puso una mano en el hombro con firmeza y seguridad.

       —¡No! ¿Acaso no escuchaste lo que dijo Atenea? Detendremos a Kyristan y a sus aliados, pero no será por venganza. Lo haremos en memoria de todas las Guerreras Sagradas que siempre hemos sido leales a Atenea.

       —Pero, ¿cómo encontraremos a Kyristan y a esos hechiceros? —preguntó Nicole de Acuario, dirigiendo la vista hacia el Templo de Atenea—. No sabemos de dónde vinieron o a dónde huyeron.

       —Es probable que hayan escapado a otro universo —sugirió el Duque del Infierno con estudiada indiferencia—. La acción más lógica de acción sería perseguirlos hasta su base de operaciones y aniquilarlos ahí mismo. Sólo de esa forma podremos garantizar la supervivencia de nuestros respectivos mundos.

       —Estoy totalmente de acuerdo —convino Dash—. El problema sería viajar a través del Multiverso sin la ayuda de Calíope, a menos que alguno de ustedes tenga la habilidad para hacerlo.

       —Mi técnica de telatransportación no sirve para viajar entre universos  —murmuró Dina.

       —Yo tengo la habilidad para crear portales a otras dimensiones —dijo Bael, mientras paseaba su mirada por los distintos rostros de todos los presentes—. En mi mundo, los usaba para trasladarme de un lugar a otro, como hice aquí para llegar al Salón de la Gran Maestra sin recorrer las Doce Casas. Claro, cuando aprendí a dominar los portales no tenía idea de la existencia de que hubiera universos paralelos y por eso jamás intenté ir más allá de mi propio mundo.

       —Nosotras tampoco sabíamos que hubieran otros universos —comentó Alrisha de Piscis—. ¿Cómo es el mundo del que han venido?

       Bael se quedó un momento pensando antes de girarse hacia la Guerrera Dorada.

       —Es casi idéntico a este, pero con la diferencia de que allá los guerreros que protegen a Atena son llamados Caballeros y además son hombres, aunque también sé de la existencia de unos cuantos Caballeros femeninos de Plata y Bronce.

       —Que curioso —murmuró Musiel—. En nuestro Santuario jamás se admitieron hombres.

       Dina se acercó unos pasos al Duque del Infierno.

       —¿Y crees que tus portales puedan llevarnos a otros universos?

       —En teoría debería ser posible —le contestó Bael—. Quizá necesite usar más poder del que normalmente utilizo, pero sí logro enfocar mi energía de forma adecuada, creo que sería factible abrir un portal que nos permita viajar a otro universo. El único problema sería hallar el mundo a dónde fueron Arlakk y sus cómplices.

       —Pero, ¿cómo podremos detener a un ser como ese Kyristan? —preguntó Nadia Zeta, mirando con incertidumbre a todos sus compañeros—. Atenea dijo que consumió a todos los dioses de este mundo, así que debe poseer una fuerza enorme y fuera de nuestro alcance.

       —Tendremos que buscar su debilidad —dijo Dash—. Sí algo he aprendido en todas mis anteriores batallas, es que incluso los enemigos más poderosos y fuertes tienen un punto débil que puede ser aprovechado con algo de habilidad y voluntad.

       Shoryuki también estaba pensando en eso. Por su experiencia en la reciente batalla con los drones, sabía que detener a los responsables de la crisis no sería nada sencillo. No sólo poseían una tecnología infinitamente superior, sino que además estaban muy por encima de los poderes y habilidades relacionados con el Chi. La Guerrera Dragón bajó la cabeza y se quedó mirando sus manos. Todavía no lograba recuperar sus poderes y eso la tenía un tanto mortificada. ¿Cuanto tiempo le tomaría sanar por completo?

       En tanto, Bael se colocó en la posición de loto. El brillo del poderoso Cosmos que comenzó a irradiar su cuerpo confería a su piel un aspecto de cobre pulido.

        —¿Crees que podrás lograrlo? —le preguntó Nadia Zeta.

       Como única respuesta, el Duque del Infierno cerró los ojos y se mantuvo callado. El Cosmos que ardía en su interior estaba más allá del Séptimo Sentido. Cuando la energía interna de Bael alcanzó un nivel semejante al de los dioses y se combinó con las energías mágicas, una erupción violenta de luz apareció a sus espaldas. Se trataba de un portal dimensional.

        “Este Cosmos es realmente intenso”, pensó Europa. “El Cosmos de Bael arde más fuerte que el de Shakira de Virgo, aquella de entre todas las Guerreras Sagradas de Oro que era la más cercana a un dios”.

        —He logrado separar las barreras del Tiempo y el Espacio —Bael estaba totalmente inmóvil, y hasta parecía haber dejado de respirar—. Puedo… verlo, si. Nuestro Multiverso es… apenas una pequeña fracción de la Existencia, la cual se asemeja en forma a… un cristal de hielo que… rota. Si, cada rotación corresponde a un universo totalmente nuevo, cada rotación crea una nueva Tierra y la Existencia entera… parece flotar sobre… .

        —¿Sobre qué? —preguntó Dash.

        —Hay demasiada luz para ver claramente —artículo Bael lentamente—. También hay un sonido. Es… como una melodía con… lentas variaciones y poder creciente. Es… como una rapsodia, como… poesía pura hecha música… .

        —¿Una rapsodia? —inquirió Shoryuki.

        —Siento también una presencia cuando miro hacia la luz —murmuró Bael. Los labios del Duque del Infierno volvieron a abrirse lentamente, y está vez sus palabras estaban cargadas de cierto temor—. ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?

       Bael sintió que la luz le respondía, pero no utilizó la forma de comunicarse del habla. Le “habló” en un lenguaje natural, exento de sonidos y gestos, más no de emociones. Era un lenguaje de sensaciones físicas que combinado con el sonido que oía, desconcertó por completo al Duque del Infierno y lo llenó de miedo, causando que rompiera el contacto de pronto y abriera los ojos jadeando para mirar hacia el firmamento. Todavía sentía en su mente aquella presencia que lo llamaba.

        —¿Estás bien, Baelcito? —preguntó Dina, acercándose al Duque del Infierno—. ¿Qué viste?

        —Algo me… contactó, pero no sé lo qué era —El Duque del Infierno se cubrió la cara con una mano y sacudió levemente la cabeza como si quisiera aclarar sus ideas—. Esa luz estaba viva y… sabía mi nombre. No tengo idea de lo qué era, pero… . Estoy convencido de que Calíope y esa gente de Celestia no nos ha dicho toda la verdad.

       El sonido de un trueno retumbó en los cielos y una cortina de nubes negras comenzaron a cubrir el firmamento rápidamente. Una serie de abundantes relámpagos desgarraban las entrañas oscuras de aquellas nubes donde resonaban constantemente un abundante número de truenos. El viento comenzó a correr con más fuerza cada vez.

       —¿Qué sucede ahora? —inquirió Nashira de Capricornio sin dirigirse a nadie en particular—. ¿De dónde surgieron esas oscuras nubes?

       —¡Ahí!

       Dina Kaioshin miró hacia donde le indicaba Europa de Tauro, y ambas retrocedieron llenas de miedo. Un enorme objeto descendía lentamente a través de las amenazadoras nubes negras que relampagueaban. Era una nave de color gris metálico cuya estructura exhibía una serie de focos luminosos que prendían y apagaban constantemente. De la panza de la gigantesca nave surgió una tormenta de drones con forma de oscuros calamares robotizados que inundaron los cielos. Tenían unos diez metros de longitud, cuatro pares de ojos rojos y volaban velozmente, zigzagueando por el aire mientras se aproximaban. De sus cabezas brotaban diez formidables tentáculos erizados de ventosas luminosas que brillaban con un rojo carmesí. La boca, una especie de apéndice córneo y lleno de largas espinas viscosas similares a una planta carnívora Venus atrapamoscas, se abría y se cerraba verticalmente.

       —¿Qué demonios? —exclamó Dash sacando las garras—. ¿Se tratará de más drones? Pero se ven diferentes de los que combatimos aquí en el Santuario.

       Europa de Tauro cerró sus puños con fuerza.

       —Tal vez Arlakk se haya ido, pero nuestro mundo todavía está en peligro.

       —¡Nosotros los ayudaremos a luchar contra el enemigo! —dijo Dina Kaioh-shin arremangándose la ropa, pero Musiel extendió una mano a un costado para detenerla—. ¿Eh? ¿Qué estás haciendo, Musiel? —preguntó Dina, furibunda—. ¡Déjame pasar!

       —Ustedes tienen una misión más importante que luchar aquí —replicó la Guerrera Dorada de Aries, volviendo la mirada hacia la Kaioh-shin—. Deben hallar al verdadero responsable de lo que sucedió en este mundo y detenerlo cueste lo que cueste. Esta Crisis Universal ha provocado la muerte de muchos inocentes y alguien tiene que ponerle fin.

       —Pero… .

       —Ella tiene razón, Dina —dijo Shoryuki—. Tenemos que atacar este problema de raíz y para eso debemos encontrar a Arlakk y a los otros causantes de la crisis. También hay que reunirnos con los demás y avisarles lo que sabemos.

       La Guerrera Dorada de Tauro asintió con la cabeza.

       —Nashira de Capricornio y Nicole de Acuario, ustedes dos irán con ellos —les indicó la Guerrera Dorada de Piscis, alistándose para luchar—. El resto de nosotras nos quedaremos a combatir a los drones y luego limpiaremos la Tierra de su maligna presencia.

       —¡No vamos a dejarlas, hermanas! —se negó Nashira, pero Nicole la tomó del hombro.

       —Debemos hacerlo —dijo la Guerrera de Acuario—. Por Atenea y las demás victimas de Kyristan.

       En un instante, Musiel de Aries, Europa de Tauro y Alrischa de Piscis lanzaron con furia sus ataques contra los drones, que se arrojaron desde el aire como veloces bólidos, zigzagueando de un lado a otro. Vistos a distancia parecían revolotear como un enjambre de luciérnagas. En medio de miles de ráfagas a la velocidad de la luz y rosas negras que surcaron los cielos, las Sagradas Guerreras de Oro presenciaron la explosión de tres drones. El resto de ellos aumentaron su velocidad y se acercaron rápidamente.

       —¡No! —exclamó Dina—. Yo quiero quedarme a pelear y… .

       —¡No tenemos tiempo para eso, tontas! —Bael sujetó a Dina y a Nadia Zeta por los brazos y las arrojó hacia el interior del portal de luz. Las dos mujeres desaparecieron en una mancha borrosa—. No sé a qué universo iremos, pero encontraré la forma de seguir a Arlakk —dijo el Duque del Infierno mientras se daba la media vuelta y se introducía en el portal antes de desaparecer.

       —Aquí vamos de nuevo —dijo Shoryuki, entrando al portal que se cerraba seguida por Dash, Nicole de Acuario y Nashira de Capricornio.

       —Buena suerte, amigos —murmuró Musiel, y antes de que la emoción la embargara, usó su técnica para atacar a los drones—. ¡Por Atenea!

       La Guerrera Dorada de Aries estaba lanzando ráfagas de Cosmos en todas direcciones, pero entonces dos tentáculos metálicos se abatieron despiadadamente sobre ella, ciñéndose en torno a su cintura, para después levantarla en el aire con terrible violencia. Antes de que la Guerrera de Aries pudiera preparar un contraataque, el dron abrió su boca cubierta de espinas y engulló a Musiel rápidamente.

       Europa trató de ir en ayuda de su compañera de armas, pero un segundo dron le salió al paso y alzó un tentáculo para mostrarle una luz muy brillante y blanquecina que hizo que la Guerrera de Tauro se detuviera de golpe. Europa bajó sus manos, hizo desaparecer su propio Cosmos y luego se quedó mirando la luz como si nada más importara. A pesar de los desperados gritos de Alrisha de Piscis, pidiéndole que reaccionara, Europa se quedó inmóvil con la mirada fija en aquella luz que parecía llamarla y finalmente fue devorada por el dron.

       —Bien —musitó Alrisha, alzando una rosa negra en su mano derecha para mostrarla ante los drones que sobrevolaban el Santuario en busca de cualquier persona con vida—. Todavía queda una Guerrera Dorada en pie para luchar, ¿qué están esperando, demonios?

       Los drones se lanzaron al ataque.

       Planeta Ginups (Fortaleza Negra)

       Valter era un apuesto veinteañero de largo cabello negro que le llegaba al hombro y una barba perfectamente recortada que adornaba su rostro aún juvenil. Estaba parado cómodamente a la entrada de un amplio corredor iluminado, vistiendo una armadura cibernética gris oscuro, llena de armas de las cuales la que más resaltaba era un poderoso cañón rotativo de seis tubos montado en su hombro derecho. Tenía el casco en las manos y sus ojos grises le brillaban repetidamente, como si fuesen fogonazos de una gran energía que salía al exterior.

       Ya había pasado casi una década estándar desde que había dejado la Orden de los Guardianes de la Liga Planetaria para unirse a Saajar en lo que sería la próxima cruzada para exterminar a los caronianos. Valter apenas tenía quince años y sólo era un simple Guardián de Bronce cuando escuchó hablar por primera vez de Saajar, pero cuando oyó que era el único militar de la Liga al que los caronianos e incluso Shadow Warriors realmente temían, supo que algún día sería el líder a quien seguiría.

       No le importaba que Saajar hubiera renunciado a su rango como Guardián de Plata y que fuera llamado traidor por la misma Orden que tanto le debía. No le importaba que él mismo se hubiera convertido en un desertor por seguir los pasos del hombre a quien admiraba y también decidiera abandonar la Liga Planetaria, a la que incluso consideraba corrupta e ineficiente. No le importaba haber dejado su propio universo de origen para trasladarse a otra realidad. Todo lo anterior palidecía de insignificante cuando lo comparaba con el brillante futuro que pronto construiría.

       Valter estaba seguro de que sólo había un hombre capaz de poner fin a la desesperante guerra de más cien años estándar entre la Liga Planetaria y el Imperio de Caronia y que ese hombre era nada menos que el Duque Saajar.

       Pasados unos instantes, la puerta del turboascensor se abrió por la mitad y Valter se puso en firme para recibir al Duque Saajar y a Shetani, quienes fueron a su encuentro para saludarlo e indicarle que los acompañara hacia el pasillo iluminado.

       —Me alegra verte de nuevo, mi joven amigo —comentó Saajar, mientras los tres echaban a andar por el corredor—. De seguro Shetani te ha puesto al tanto de las últimas complicaciones que han surgido. Contrario a lo que Deus-Primum había pronosticado hace tiempo, los habitantes de Celestia están moviendo sus piezas contra nosotros.

       —Sí, maestro, lo sé —asintió Valter—. También supe que entre los prisioneros que el presidente Smith tiene bajo su custodia en la Tierra-877,666 hay dos Guardianes de la Liga Planetaria.

       —Presiento que te intriga saber qué haremos con ellos —adivinó Saajar.

       —Sólo me preguntaba sí les daremos la oportunidad de unírsenos —dijo Valter serenamente—. Sí lográramos convencer a otros Guardianes y algunos militares de las bondades de nuestra causa, quizá sería más fácil alcanzar nuestros propósitos. Sólo imagine lo que muchos pensarían en la Liga Planetaria si vieran que varios Guardianes han dejado la Orden para unirse a nuestra causa.

       —No todos los Guardianes y Shadow Warriors tienen la mente tan abierta como nosotros, guapo —dijo Shetani—. Muchos de los guerreros de Caronia parecen estar enamorados del idiota de Ferladh y las cosas no son muy diferentes entre los Guardianes de la Liga Planetaria. Todos esos mequetrefes preferirían pelear quinientos años estándar antes que hacer lo necesario para ganar.

       —Shetani habla con la verdad, Valter —se manifestó de acuerdo Saajar.

       Valter meditó en esas palabras, asintiendo con la cabeza. Desde luego eran ciertas, y eso planteaba un verdadero problema para atraer más aliados a la causa. Pero, en cualquier caso, confiaba en que una vez iniciada la cruzada en el universo de los caronianos, las cosas podrían ser muy diferentes y se levantarían voces en la Liga Planetaria en favor de Saajar.

       —Por el momento tenemos otro tipo de preocupaciones —murmuró Saajar.

       —¿Acaso existe algún problema con los Daemons? —preguntó Shetani.

       Saajar negó con la cabeza.

       —Mi alianza con Deus-Primum y Lord Kyristan nunca ha sido gratuita y ustedes dos lo saben perfectamente, mis amigos —repuso Saajar—. Mi objetivo siempre ha sido formar un ejército poderoso para algún día retornar a nuestro universo de origen, exterminar a la escoria caroniana y luego disolver a la Orden de los Guardianes para instaurar un nuevo orden

       —Y lo conseguiremos, maestro —dijo Shetani—. La tecnología de los caronianos es ridícula. Sus soldados y Shadow Warriors son torpes, débiles, casi caricaturescos. Nosotros hemos creado tropas perfectas y eficientes. Se trata de una combinación poderosa que nos asegurará la victoria. Primero caerán los Guardianes de la Liga Planetaria y más tarde esos patéticos Centinelas de Mystacor.

       La siguiente sala a la que entraron albergaba a cientos de hombres y mujeres maduros que practicaban tácticas de combate cuerpo a cuerpo, tiro al blanco, duelos con sables de luz y manipulación de objetos a distancia mediante el uso de telepatía. Los soldados estaban tan enfrascados en sus tareas que apenas dedicaron a los visitantes algo más que un rápido vistazo.

       “Son realmente letales”, pensaba Valter. “El Maestro Saajar ha procurado un entrenamiento realmente duro”.

       Los tres continuaron caminando hasta detenerse en una balconada protegida del viento frío y que daba a un enorme patio dentro de la Fortaleza Negra. Bajo ellos desfilaban y volaban por los aires miles de Daemons, vestidos con armaduras metálicas rojas y llevando cascos que les tapaban el rostro. Se trataba de formaciones enteras compuestas por centenares de soldados, que se movían en tierra y por aire como si fueran un solo individuo.

       —Son magníficos, ¿no lo cree, maestro? Yo misma he entrenado a muchos de ellos —declaró Shetani con orgullo—. Todas las armaduras cuentan con disruptores psíquicos muy poderosos para negar el uso de la telepatía o la telequinesia y poseen medidas defensivas similares a las que incorporaron en el prototipo de arnés de la llamada Ultragirl.

       —Eso significa que pueden ocultar su propio Chi de la percepción de cualquier enemigo —señaló Saajar.

       —También pueden camuflarse con el ambiente y volverse invisibles. La armadura estándar está compuesta por capas de trinium y duranio, pero las armaduras de los guerreros de élite poseen además de los elementos mencionados, una capa extra de carbonadium y duracero. Las armaduras son impulsadas por un generador de plasma que da energía al sistema de armas. Adicionalmente, los transmutadores de materia y de energía en las armaduras permiten tomar la energía cinética y calórica de todos los ataques que reciben en batalla y transformarlas en corriente eléctrica, y de ese modo las baterías también pueden ser recargadas mediante este proceso. Unos lentes finas protegen los ojos cuando lo necesita. En misiones submarinas o espaciales, el traje se sella completamente, logrando mayor protección.

       —Combinados con los drones de Deus-Primum, tendremos una armada invencible —añadió Valter con entusiasmo—. Nadie podría derrotar a este ejército de guerreros, ni siquiera los Primordiales, mucho menos los caronianos.

       Valter miró a Shetani para ver que los ojos le brillaban con orgullo por aquel ejército. Si, en verdad eran magníficos y Valter imaginaba que en condiciones de combate, los Daemons actuarían como brutal eficacia, que era justamente para lo que se les había entrenado.

       Shetani continuó hablando acerca de los Daemons.

       —El suero mutagénico que Eron suministró a nuestras tropas, les permitirá poseer una gama de habilidades extra, tales como reflejos felinos, sentidos agudos, resistencia mejorada, curación acelerada, tonificación muscular, concentración mental y fuerza mayor a la del humano promedio. Yo misma me inyecté una dosis del suero y mi velocidad, resistencia y capacidades mentales han aumentado bastante. Aunado a todas estas ventajas, Arlakk y las Hermanas Nightmare nos proporcionaron una serie de símbolos mágicos de protección que hicimos grabar en cada armadura para hacerlas inmunes a los hechizos y otro tipo de habilidades de carácter metafísico y místico.

       —Los Daemons no requieren usar el Chi para luchar —murmuró Valter—. Y los disruptores psíquicos impedirán que los manipulen telepáticamente o usen la telequinesia para dañarlos. Todo esto fue posible gracias a la avanzada tecnología que nos proporcionó Deus-Primum. 

       Pero Saajar se veía agobiado por una sola preocupación: la cuestión de si Eclipse había o no avisado de su ubicación a la Confederación Galáctica y a los Caballeros Celestiales. ¿De qué iba a servir las nuevas armas de las que hablaba Shetani, y que le mostraría a continuación, como el poderoso lanzallamas, las armas rail de tiro multidireccional y los dardos con veneno neurotóxico, si los ejércitos de la Confederación Galáctica aparecían en los cielos de Ginups y si todas las fábricas eran destruidas?

       No había estado formando ese ejército durante años para lidiar con los Caballeros Celestiales, los cuales morirían cuando Deus-Primum arrasara con ese universo. Pero hasta entonces debía mantener alejada a la Confederación de un modo a otro.

       —Lo noto distraído, maestro —le dijo Valter—. ¿Sucede algo?

       —Me molesta el hecho de que ese miserable Espía Estelar haya podido hacer contacto con la Confederación Galáctica —Saajar suspiró, se encogió de hombros y volvió a suspirar. Furioso, cerró sus puños—. Está vez Jaguar Negro ha cometido un error garrafal y no estoy dispuesto a pasarlo por alto.

       —Quizá ese Espía Estelar sólo miente —sugirió Valter con sentimientos entremezclados—. Jaguar Negro nunca nos ha fallado, maestro… .

       —Los conocimientos y habilidad sobre el Kyusho-jitsu de Jaguar Negro han resultado invaluables para nuestra causa —le interrumpió Saajar—. Pero no por eso puedo pasar por alto su descuido. Hemos arriesgado mucho y debe ser castigado en forma ejemplar si descubro que el Espía Estelar dijo la verdad.

       Shetani sonrió maliciosamente y tomó el mango del látigo de carbonadium que colgaba en su cinturón.

       —Yo puedo encargarme de eso, maestro.

       —No será necesario, mi amiga —repuso Saajar de inmediato—. Ustedes dos tienen una tarea más importante que hacer. Quiero que vayan cuanto antes a la base de operaciones del amo y hagan una evaluación profunda de todos los poderes y capacidades del último aliado que fue reclutado por Deus-Primum.

       —¿Se refiere al guerrero del que todo mundo habla, maestro? —preguntó Shetani.

       Saajar asintió con la cabeza.

       —Sí, mi amiga, y cuento con ustedes dos para conocer el alcance real de sus habilidades. Yo me ocuparé de Jaguar Negro en persona una vez que averigüe la verdad.

       Tierra-877,666
       El Círculo, prisión de máxima seguridad

       Charles de Sheringam intentaba cultivar la paciencia, apoyando la cabeza contra la pared a la cual permanecía sujeto debido a los fuertes grilletes electrónicos que aprisionaban sus manos y pies. Era obvio que había dejado que la ira dictara sus palabras y sus acciones desde que había recuperado la consciencia. De seguro su antiguo maestro en la Orden de los Templarios le hubiera reprendido de haberlo visto reaccionar de manera tan impulsiva. Ahora se daba cuenta de que la humillación de la derrota ante los héroes de la Justice Army, el encierro y las repetidas blasfemias del presidente Friedman Smith, le habían afectado de algún modo. Tenía que calmarse. Debía enfocarse únicamente en el aquí y el ahora.

       El único problema que tenía en ese momento era que la preocupación de fallar lo atormentaba y agregaba mayor presión sobre él. Estaba cautivo en una prisión de una Tierra que no era la suya, mientras que afuera la destrucción del Multiverso continuaba y miles de millones de vidas desaparecían.

       “Sé listo, Charles”, pensaba el Templario. “Tiene que haber una forma de salir de aquí. Enfrentar a Bael y Baphomet juntos es algo mucho peor que esto”.

       El Templario dirigió su atención hacia el exterior de su celda. Podía escuchar claramente la conversación que se sucedía entre el presidente Smith y Kay Namura. Tal vez, con algo de suerte, podría escuchar algo relevante que pudiera servirle más adelante.

       Cuando encontrara una forma de salir de aquella prisión

       —¿Qué es lo que quiere decirme? —preguntó Kay.

       —Espero que comprenda, señor Namura —dijo Smith—. Lo que quiero es darle la oportunidad de rendirse y al mismo tiempo evitar una confrontación innecesaria con los Centinelas de Mystacor. Este mundo alberga a un grupo interesante de seres poderosos que se enfrascan día y noche en problemas cotidianos, pero han dejado de lado los asuntos más importantes como las continuas alteraciones de la realidad. ¡Necesitamos un nuevo inicio, fresco y distinto!

       —¿Acaso me está proponiendo que me rinda ante usted?

       —¡No a mi, señor Namura! —exclamó Smith—. ¡A mi amo! A Deus-Primum, quien nos guiará a la verdadera Existencia, una Existencia en la que nadie deberá temerle a los Primordiales, dioses o demonios nunca más. Usted no volverá a luchar y podrá vivir feliz en un mundo donde podrá ver al amor de su vida y criar a su hija sin temor de ningún tipo. ¿No era eso lo que siempre le exigió al Consejo de Centinelas en Mystacor? ¿No fue esa su búsqueda en tantos mundos que sólo le llevó a luchas sin sentido? ¡Piense en su hija Mikina, por favor!

       —¿Eso es lo que me ofrece? —inquirió Kay—. ¿Un mundo idílico como me lo ofreció Galaxy en Adén? Supongo que si sabe tanto, sabrá de lo que estoy hablando y que rechacé todo eso como puedo rechazar su oferta ahora.

       —Sé a lo que se refiere —asintió el presidente—. Pero Galaxy trató de engañarlo creando una realidad de bolsillo que no era la verdadera. Mi amo está dispuesto a ofrecerle una realidad tangible y real porque lo cierto es que todos ustedes siempre han vivido en realidades falsas.

       Kay frunció el ceño.

       —¿Realidades falsas?

       Viendo la cara de asombro de su prisionero, Smith sonrió.

       —Usted vivió en la Tierra, es decir, en la Tierra de su universo y seguro ha oído hablar de una fábula usada por un filósofo humano llamado Platón. Me parece que lo llamaba “El Mito de la Caverna”.

       —Sí, lo conozco —asintió Kay—. Platón describía a los hombres en una morada subterránea cuya entrada deja pasar la luz de un fuego encendido a lo lejos, y situado en lo alto. Los prisioneros están encadenados y no pueden ver más que lo que está justo adelante de ellos. Si uno de ellos consigue desatarse, podrá subir un poco hacia la luz y mirar al fin, el sol de frente.

       La sonrisa del presidente se volvió mucho más amplia todavía.

       —Excelente, señor Namura, muy bien —aprobó Smith, sacando un puro al que le cortó la punta usando unas tijeras—. En la historia de Platón, la verdad es representada por la luz del sol que penetra en la caverna, pero los prisioneros, que no consiguen ver más que las sombras, piensan que éstas son cosas reales. De hecho, no son más que ilusiones. A lo que me refiero es que todos estos universos paralelos, estas Tierras alternativas y la gente que habita en ellas no son más que reflejos imperfectos de la verdadera realidad. Así como esos prisioneros, nosotros sólo hemos visto las sombras que proyecta el Universo Verdadero y con la ayuda de mi amo, finalmente podremos llegar a ese lugar.

       —¿A dónde pretende llegar con todo esto?

       —Exacto —dijo Smith complacido. El presidente sacó una cerilla, encendió el puro y dio una larga calada—. Esa es la pregunta correcta, señor Namura. ¿Dónde está el Universo Verdadero? Nuestros propios universos son parte de la triste sombra que proyecta otra realidad, una realidad escondida y que mi amo ha vislumbrado más allá del tiempo y el espacio. Se trata del universo donde existe Tierra-Prima, el primer planeta Tierra de todos las que hay en la Existencia.

       —Están completamente locos —murmuró Kay—. Ahora habla de un Universo Verdadero, pero usted se halla tan engañado como los prisioneros de la caverna y no se ha dado cuenta que su amo es quien le ha mentido con esas cosas.

       —Sí, es comprensible que piense de esa manera —aceptó el presidente mientras que un dron le entregaba una tableta digital a Eron—. Pero piense lo siguiente, señor Namura. Sí existe un Multiverso es porque fue creado a partir de un molde original, ¿no? Por eso es que las Tierras comparten elementos tan parecidos. ¿Cree que las coincidencias entre las Tierras paralelas obedecen a la casualidad? Sé que piensa que mi amo es maligno, pero le aseguro que no es así. La verdadera razón por la que la Crisis Universal comenzó obedece a un principio básico que ha regido la existencia desde principios del Tiempo: La evolución.

       —Yo no me atrevería a llamar evolución a la muerte de millones de inocentes.

       —La verdadera evolución siempre conlleva sacrificios —intervino Eron, alzando la mirada de la tableta digital que sostenía en una mano—. Así ha sucedido siempre y resulta paradójico que un Centinela lo ignore. Los dioses Primordiales fueron derrocados por los Titanes, quienes a su vez fueron derrotados por los Olímpicos. Cada raza nueva ha destruido a la anterior para crear un mundo mejor al anterior. Sin embargo, la evolución ha sido truncada por seres con poderes que escapan a nuestra comprensión, ¿o acaso no lo sabías, Centinela?

       —¿A qué te refieres con eso, Eron?

       El presidente Smith retomó la palabra.

       —Los Seres Celestiales, los Primordiales, los Kaio-shin y los Kaioh-samas, las Entidades Cósmicas, las Deidades Astrales, los dioses de todas las Tierras Mitológicas, los demonios de los Infiernos e incluso esos habitantes de Celestia. Todos ellos nos manipulan como burdas marionetas y luego nos enfrentan unos contra otros en distintos conflictos por una sola razón, señor Namura. Ellos temen que un día podamos superarlos y finalmente alcancemos el Universo Verdadero donde está Tierra-Prima, pero para desgracia de ellos, ha llegado el momento de dar ese gran salto y ocupar el lugar que nos corresponde con nuestro dios a la cabeza. ¿Recuerda el mito de la caja de Pandora? Prometeo robó el fuego de los dioses para dárselo a los humanos y así estos podrían progresar indefinidamente, pero luego Zeus, un ser “divino”, envió los males sobre la Tierra para retrasar el avance de la humanidad. Ese es el modo de los dioses que detentan el poder, pero por cada Zeus también ha habido un Prometeo. Mi amo es el nuevo Prometeo que nos llevará al sitio que nos corresponde y todos esos seres “divinos” irán a donde pertenecen: el olvido eterno.

       —No hable de lo que no conoce —refutó Kay.

       —Por supuesto que sé de lo que hablo —insistió el presidente—. La evolución dicta que acabemos con esos seres y el orden que mantiene para crear uno nuevo y auténtico. No necesitamos más a ningún ser que sólo se arropa en su poder para manipularnos en esos ridículos juegos de Caos contra Orden, Bien contra Mal o Luz contra Oscuridad. Incluso esos Seres Celestiales que ha conocido a través de sus viajes por el Multiverso lo manipulan, señor Namura. Debe liberarse de su influencia.

       —¿Por qué me cuenta estas cosas? —quiso saber Kay.

       —Creo que usted puede sernos de mucha utilidad para evitar una batalla con sus camaradas de Mystacor a todas luces innecesaria. No sólo es un Centinela, sino que también fue un discípulo del Son Gokuh de una realidad alternativa y domina muchas de las técnicas de varios Santos de Oro.

       —¿Cómo sabe eso?

       —Creo haberle dicho que nosotros conocemos cada detalle de su vida, señor Namura. El guerrero conocido como Son Gokuh es uno de los pocos que habría podido retar a Superman, más no estoy seguro de que hubiera podido vencerlo porque las habilidades de un kryptoniano superan con creces a las de un saiya-jin. No obstante, señor Namura, usted puede ejecutar cada una de las técnicas que Gokuh le enseñó a la perfección a pesar de ser un humano y eso lo vuelve un sujeto valioso como pocos. ¿Se imagina lo que representaría poner ese poder tan extraordinario al servicio de una mejor causa? Lo que deseo es que se convierta en nuestro embajador ante los Centinelas de Mystacor y les convenza de ayudarnos en llegar a Tierra-Prima y que también participen en la reorganización del Nuevo Orden. No sólo destruiremos a esas criaturas repugnantes que forman parte del Primordio como Nyartolep o el propio Cthulhu, sino que nos desharemos de todos los dioses y de cualquier otra entidad que trate de manipularnos bajo el pretexto de ser “divina”. La Existencia conocerá por fin la paz y usted podrá darle ese regalo a su hija Mikina y a las generaciones venideras.

       Kay permaneció en silencio unos segundos, pero luego alzó la cabeza hacia atrás y comenzó a reír.

       —¡Qué patético es usted! —exclamó finalmente—. ¿Cree que no me doy cuenta ahora de su manipulación? Su Existencia idílica no son más que palabras de la misma forma que lo que me ofreció Galaxy. Al menos allí podía desear la vida que quisiera, pero en la realidad que ustedes buscan crear, será su dios quien pondrá las reglas, lo mismo que sucede aquí ¿verdad? Que mejor ejemplo que este mundo paradisiaco y libre de criminales, pero con un ejército de súper héroes bien entrenado al servicio de la mentira y de su propia megalomanía.

       El presidente le miró fijamente a los ojos.

       —Nosotros representamos la evolución, señor Namura. Creí que usted mejor que los otros entendería nuestras razones, pero su devoción y fanatismo hacia esos Seres Celestiales le ha nublado el juicio y le ha restado inteligencia. Por desgracia, usted resultó ser tan estúpido como su padre.

       —Lo único que entiendo es que su mundo idílico tambalea aquí y sabe que ahora todo depende de mí. ¿Que mejor que un Centinela que los puede llevar a Mystacor y le ayude a convencer al Consejo? No, señor presidente, su mundo se está empezando a resquebrajar y su dios con pies de barro no tardará en caer.

       El rostro del presidente se desencajó debido a la áspera rabia que sentía.

       —De acuerdo, señor Namura. Las tonterías que predican los Centinelas son la basura más grande que he oído en mi vida. Es hora de que vea las cosas como nosotros. ¡Es hora de que salga de su estúpido paraíso hippie y vea el mundo como realmente es! —El rostro de Smith se volvió hacia el científico que permanecía en un costado—. ¡Eron!

       El Amo del Mañana bajó la tableta digital y levantó la vista.

       —¿Sí, Smith?

       —El señor Namura necesita que le digas cuál será su misión.

       Kay se mostró desconcertado.

       —¿Mi misión?

       —Te voy a pedir, Centinela bobo, que por favor dejes de repetir lo que decimos —dijo Eron de forma sarcástica, mientras le daba la tableta digital a Sorin—. ¿Acaso padeces de algún desorden nervioso? En fin, como mi amigo Smith dijo hace unos instantes, serás el encargado de capturar a tus compañeros Fobos y Oriana.

       —Debes estar completamente loco —replicó Kay sonriendo—. ¿De verdad piensan que voy a hacer lo que ustedes quieren?

       Eron, totalmente calmado y hasta divertido, ya tenía la respuesta preparada.

       —Bajo el motivante adecuado lo harás —El científico sacó un pequeño control de uno de los bolsillos de su bata y presionó un botón. Acto seguido, se abrieron los electrogrilletes que mantenían prisionero a Kay Namura y Eron añadió—: Tienes exactamente veinticuatro horas para traernos a Fobos y a Oriana vivos o muertos. De lo contrario, tu amigo Paul Tapia morirá a consecuencia del veneno neurotóxico que le suministré hace unos instantes delante de tus ojos. Demás está decirte que sólo nosotros en este planeta poseemos el antídoto indicado para salvarle la vida y ni siquiera pienses en hablar con el Supertonto y los demás patéticos héroes de este mundo.

       —¡No puede hablar en serio! —exclamó Kayani desde su celda—. ¿Eso fue lo que le inyectaron entonces?

       Irritado, Eron se volvió hacia Kayani y la sujetó por el cabello.

       —¿Es qué acaso eres estúpida? —le preguntó el Amo del Mañana, mirándola con desprecio—. ¿No escuchaste lo que acabo de decir, niña tonta?

       Kay se fue retirando del pecho uno a uno los cuatro diodos que registraban su frecuencia cardíaca y otros signos vitales, pero sin desviar la mirada de Eron, Sorin y el presidente Smith.

       —No lastimes a mis amigos, Eron —le advirtió Kay.

       El científico soltó a Kayani y se volvió para encarar al Centinela.

       —Tú encárgate de hacer lo que te ordenamos, Centinela bobo. Tus poderes ya deben estar a punto de volver y creo que no tengo que recordarte que ese Khan del Terror ha pensado en la posibilidad de destruir este planeta como una opción para detenernos.

       —Eso causaría la muerte inmediata de siete mil millones de inocentes que habitan este mundo —convino el presidente Smith con sorna—. Y usted no estaría dispuesto a hacer un sacrificio de esa naturaleza para evitar que continuemos con nuestros planes, ¿o me equivoco, señor Namura?

       Kay miró al presidente fijamente a los ojos.

       —No me juzgue con tanta dureza, señor Namura —El presidente pasó caminando junto a Kay y le dio unas palmaditas en la espalda. Tras una breve pausa, añadió, sonriente—: Sólo hago lo mismo que los Seres Celestiales han hecho con usted a lo largo de todos estos años: manipularlo.

       En completo silencio, Shetani llegó hasta una puerta de acceso abierta y dirigió una discreta mirada hacia la habitación donde permanecía recluido el joven que había ido a conocer. Éste aún seguía parado de frente a un enorme ventanal con vista hacia el espacio exterior y se bañaba con los rayos del Sol como si eso le proporcionara una especie de gran satisfacción. Era un placer que le daba poder. Si, poder, como cuando un ser se llena totalmente de vida. El placer de recibir los rayos solares lo extasiaba por completo.

       Era bastante más joven de lo que Shetani había imaginado la primera vez que le hablaron sobre él y seguramente no sobrepasaría los veinte años. Desde que había escuchado de aquel misterioso joven sintió una extraña curiosidad que a veces parecía obsesionarle. ¿De verdad sería tan poderoso como se rumoraba? ¿De dónde había venido? ¿Por qué permanecía en esa habitación únicamente recibiendo la luz del sol?

       Saajar le había contado que ese joven podía a llegar a ser incluso el mejor de todos, y tenía muchos deseos de verlo en acción. Shetani echó un rápido vistazo a su escáner de poder sólo para comprobar con desilusión que aquel joven al que espiaba en secreto no poseía un Chi intenso o poderoso, sino todo lo contrario. ¿Acaso sus poderes serían de origen natural o tenía que transformarse?

       —¿Quién eres tú? —preguntó el joven sin volverse.

       Shetani frunció el entrecejo y entró a la habitación.

       —¿Cómo pudiste sentir mi presencia? —inquirió ella, desconcertada. El mecanismo Stealth que blindaba su energía interna estaba encendido en su armadura de batalla de Daemon y había sido bastante sigilosa en sus movimientos. En teoría, ni siquiera el mismo Zuskaiden habría podido detectarla.

       —No necesito sentir nada —respondió él, volviéndose hacia Shetani. Los rayos solares que inundaban la habitación proyectaban una sombra sobre el joven, impidiéndole a Shetani verle la cara—. Pude escucharte claramente desde que venías por el pasillo gracias a mi Súper Oído y no me gusta que me espíen —añadió el joven—. ¿Eres amiga de Saajar?

       Shetani asintió con la cabeza.

       —Su mano derecha por así decirlo, y si estaba espiando era porque he oído muchas cosas interesantes acerca de ti. Me han contado que eres realmente poderoso, así que deseaba conocerte en persona.

       —Bueno, si, soy fuerte.

       —¿Qué tanto? —inquirió ella, fascinada con aquellas palabras.

       —Mucho, y también puedo volar, pero lo que más me interesa es saber algo acerca de este universo y sobre los enemigos de Deus-Primum y Saajar. La verdad no me ha contado mucho al respecto. Me dijeron que si los ayudo a destruirlos, me llevarán a Tierra-Prima.

       Ella sonrió.

       —Yo puedo contarte lo que gustes, eh, me temo que no sé tu nombre.

       El joven avanzó un paso, y otro hasta que Shetani pudo verle completamente la cara y la enorme “S” de color rojo que ostentaba en el arnés metálico que cubría su pecho. Cuando lo hizo, la líder de los Daemon quedó boquiabierta. Lo que veía le resultaba totalmente impensable. Era algo imposible. ¿Cómo podía ser? Existía un enorme y razonable parecido entre aquel joven y el legendario Último Hijo del planeta Krypton.

       —Del lugar del que he venido yo era conocido como Superboy-Prime —dijo el joven kryptoniano con una sonrisa de orgullo—. Pero cuando todo termine y finalmente pueda volver a mi hogar, cuando todos los falsos héroes y las falsas Tierras se hayan ido, sólo tomaré el lugar que me corresponde. ¡Haré un regreso tan grande como ese Superman cobarde jamás hizo! ¡La gente mirará hacia los cielos! —Extendió ambos brazos a los costados y exclamó—: ¡Y todos me llamarán Superman!

       Continuará… .

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