Leyenda 021

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO XXI

“HOLA, DAI, YO SOY RANMA”

       El Águila Real 16 voló rápidamente hacia el espacio exterior. Para cuando Mariana y su pequeño grupo de acompañantes llegaron al puente de mando, la nave ya había dejado atrás la atmósfera terrestre y los pilotos ya se encontraban haciendo los últimos ajustes para iniciar el viaje de regreso.

       —Esto parece una película de ficción —declaró Ranma apenas entró al puente. A través de la ventana frontal se podía ver como el vacío negro del espacio iba remplazando el azul del cielo.

       —¡Que romántico! ¿No lo crees, Ranma? —preguntó Shampoo, prendiéndose del cuello de Saotome por quinta vez en lo que iba del viaje—. Jamás imagine algo tan maravilloso como esto.

       Mariana sonrió divertida con la escena. “Esa chica si que está enamorada”, pensó. “Aunque me parece que ese joven llamado Ranma no comparte el mismo sentir. Me pregunto sí de verdad habrá venido para limpiar su honor o solamente lo hace para salvar a esa tal Akane. Que romántico, ojala un hombre arriesgara así su vida por mí”.

       Hyunkel, en tanto, lanzó una última mirada de soslayo a Ranma y su grupo. Después de mirarlos se fue a reunir con Cadmio frente al enorme ventanal. Aunque el Caballero Celestial no le simpatizaba del todo se sentía más tranquilo con él que con Ranma y sus amigos. 

       —¿Cuál es el plan ahora, Cadmio? —preguntó sin emoción en su voz.

       Cadmio se encogió de hombros despreocupadamente.

       —Por ahora regresaremos con los demás —murmuró—. Después debemos esperar a que el enemigo haga su siguiente jugada.

       —Ya veo —susurró Hyunkel con resignación.

       Moose se cruzó de brazos molesto. En silencio, contemplaba como su amada Shampoo insistía una y otra vez en abrazar a Ranma. Finalmente, llegó un momento en que no pudo soportarlo más. Lleno de furia, bajó los brazos y se dirigió hacia el joven Saotome.

       —¡Ranma Saotome, prepárate para morir! —gritó, llamando la atención de todos.

       Lleno de confusión, Ranma volvió la mirada hacia Moose y enarcó una ceja.

       —Moose, déjalo en paz —le reprendió Shampoo sin conseguir que su eterno enamorado desistiera de su idea.

       —¿Dé qué estás hablando? —le preguntó Ranma, ligeramente molesto.

       Como respuesta, Moose lanzó una cadena en su contra. Sin embargo antes de que ésta tocara a Ranma, una mano la atrapó con fuerza en el aire.

       —¿Pero qué? —inquirió Moose contrariado—. ¿Qué sucedió?

       Se trataba de Cadmio, quien caminó hasta el chico, apretó la cadena hasta que ésta quedó reducida a polvo y finalmente lo cogió por la ropa. Parecía que iba a golpearlo.

       —¡Ah! —gritó Moose mientras su rostro adquiría un color pálido.

       —Escúchame, gusano —le espetó Cadmio—. Nada de peleas aquí… ¿está claro?

       —Clarisimo —alcanzó a balbucear Moose—. Disculpe, señor.

       Mariana se volvió sonriendo hacia Ranma.

       —Ahora ya nadie te molestara.

       Ranma enarcó una ceja.

       —Oye, espera un momento… Shampoo y yo no nos amamos ni nada por el estilo.

       —¡No puedo creerlo! —exclamó Mariana consternada—. Ahora la niegas, eres un cobarde.

       Desesperado, Ranma agitó las manos y movió la cabeza en forma negativa.

       —No es lo que ustedes creen —declaró nerviosamente—. En realidad todo es un malentendido y… .

       No pudo terminar la frase.

       —¿Cómo de que no? —le interrumpió Mariana—. Sí se han estado abrazando desde que llegaron.

       —La verdad es que nos vamos a casar muy pronto —intervino Shampoo colgándose del cuello de Ranma nuevamente—. Lo que sucede es que Ranma es muy tímido.

       —¡Eso no es verdad! —le gritó Saotome a punto de estallar.

       Los ojos de Cadmio fueron del rostro de Mariana y luego al de Shampoo para acabar alzándose hacia el techo como si pidiera ayuda.

       —Todo listo —anunció el piloto por encima del hombro, y permaneció a la espera de nuevas instrucciones.

       —Procedan de inmediato —ordenó Mariana.

       Se produjo un breve y estridente zumbido y las estrellas que llenaban el ventanal desaparecieron. Una especie de agujero apareció frente al Águila Real 16. En cuestión de segundos la nave entró en él desapareciendo de ese universo.

       En Armagedón, los miles de técnicos, científicos y obreros de la estación trabajaban afanosamente en la reparación de los enormes generadores que suministraban de energía al Portal Estelar.

       En tanto, en su opulenta sala del trono, el emperador N´astarith contemplaba la Tierra en medio del espacio en completo silencio. No prestaba la menor atención a sus guerreros Tiamat, Sarah y Sepultura, que esperaban a su lado.

       N´astarith pensaba en las doce gemas y sobre la posibilidad de que aquellos guerreros de los que hablaba la antigua leyenda existieran realmente. Sepultura se removió con impaciencia. El joven Khan aun no había aprendido a tener la paciencia de su señor, pero eso llegaría con tiempo y el adiestramiento.

       —Los generadores volverán a funcionar muy pronto —la áspera voz de Sepultura interrumpió sus pensamientos y N´astarith volvió la mirada hacia sus Khans—. Nuestro dominio sobre la galaxia es casi total. Muy pronto los imperios de Endoria y Megazoar también caerán en nuestras manos. José, Jesús y Francisco son unos estúpidos.

       El señor de Abbadón se sintió muy complacido.

       —Empezaremos por ocuparnos primero de los Celestiales que aún quedan con vida —les aconsejo en voz baja—. Después de eso no tendremos problemas en ocuparnos de la Alianza, pronto la galaxia y el mismo poder del universo serán nuestros.

       Tiamat dejó escapar el aliento que había estado conteniendo, y en tono de satisfacción, dijo:

       —Al fin podremos lograr el orden por el que siempre hemos luchado. Los Celestiales verán lo equivocados que estaban al rechazar nuestras enseñanzas.

       —Se les ha adiestrado bien, mis Khans —les calmó N´astarith—. Ni los Celestiales, ni ningún otro guerrero de cualquier otro universo podrán hacer algo contra ustedes. Ya es demasiado tarde para que puedan detenernos. Todo se desarrolla como lo planeamos, y no tardaré en controlar también los imperios de Endoria y Megazoar.

       Sistema Adur

       El Águila Real 16 reapareció frente a la flota de naves aliadas dejando tras de sí una estela de luz brillante que desapreció rápidamente. Luego de haberse identificado ante las naves patrulla, la nave plateada de forma alargada redujo la velocidad y tomó su sitio dentro de la flota.

       Una pequeña nave de enlace abandonó el Churubusco y se acopló en la parte posterior del Águila Real para llevar de regreso a sus tripulantes hasta la gigantesca astronave.

       En el puente de mando del Águila Real, Cadmio se removió con impaciencia de un lado a otro. Estaba fastidiado y lo único que deseaba era ponerse a entrenar para volverse más fuerte.

       —Ya quiero bajar de esta chatarra —se le oyó murmurar.

       Ranma, Shampoo, Moose y Ryoga estaban totalmente cautivados por la inmensidad del espacio, el planeta Kibou y el incontable número de naves ahí congregadas. Reunidos ante el ventanal del puente, escudriñaban con atención todo lo que había fuera de la nave.

       —¿Aquí es donde viven? —preguntó Ranma sin dejar de mirar al frente—. No puedo creerlo.

       Mariana asintió.

       —Sí, aquí es donde vivimos —se dio la media vuelta y comenzó a caminar hacia la salida del puente. Se detuvo y se volvió para hablarles por encima del hombro—. Vengan, una nave de enlace nos llevará hasta el Churubusco.

       —¿El qué? —preguntó Ryoga, volviéndose hacia ella—. ¿Qué rayos es eso?

       —La nave más grande de todas —le informó la joven princesa de Lerasi—. Una vez que estemos ahí les explicaremos todo.

       Ranma echó una última mirada a la imponente astronave que aguardaba frente a ellos y después se fue a reunir con sus camaradas en la puerta de acceso. Finalmente, el peculiar grupo abandonó el puente de mando del Águila Real 16.

       “Esto es cada vez más extraño”, pensó Ranma mientras seguía al grupo.

       El traslado de nave a nave no duró ni cinco minutos. Durante el corto viaje, Mariana dedicó un instante a observar a Cadmio, quien estaba en un rincón apartado cabizbajo y con los brazos cruzados. No prestaba la menor atención al grupo de jóvenes que viajaban con ellos. Viendo que no había esperanza de que abandonara aquella actitud arrogante, la princesa de Lerasi desvió la mirada hacia otro lado y exhaló un profundo suspiro.

       La nave se introdujo en la astronave Churubusco donde descendió rápidamente.

       Mariana condujo a sus invitados hasta llegar a la escotilla principal, esperaron a que luces pasaran al verde y desactivaron la barra de bloqueo para permitir el descenso de la rampa.

       Andrea Zeiva ya estaba esperándolos en compañía de algunos guardias.

       —Mariana, que bueno que has vuelto con bien —le dijo y a continuación abrazó a la chica con entusiasmo—. Me tenías bastante preocupada.

       Mariana sonrió y estrechó a su madre.

       —A mí también me da gusto volver a verte, mamá. Desgraciadamente la misión no tuvo el éxito deseado.

       —¿Sí? Yo no diría eso —se escuchó decir a alguien—. Sí volvieron con bien, la misión fue un éxito.

       Mariana volvió los ojos hacia el rincón y sonrió con agrado al reconocer al dueño de aquella voz.

       En una pared cercana, Asiont Ben-Al estaba recargado en ella con los brazos cruzados, sonriéndole en señal de bienvenida.

       —¡Asiont, es maravilloso volver a verte! —exclamó la chica con alegría.

       —¿Encontraste algo de importancia? —preguntó Asiont sin darle vueltas al asunto—. Me interesa saberlo ya que el Consejo pronto se reunirá.

       Mariana asintió y se volvió hacia Ranma y su grupo.

       —En realidad sí —respondió—. Quizás me haya equivocado, pero traje conmigo a estos jóvenes que se encontraban en el lugar donde estaba la gema.

       Cadmio bajó por la rampa de aterrizaje y se detuvo a unos pasos de los demás. Lanzó una mirada de desprecio hacia donde estaba Asiont, quien casualmente volteó hacia él en ese preciso momento.

       Por unos segundos que parecieron minutos, ambos se miraron mutuamente directo a los ojos. Ninguno de los dos se atrevió a decir nada, pero el brillo de rivalidad, que ardía en sus miradas, fue más que suficiente para dejar bien claras las cosas entre ellos.

       Mariana se dio cuenta de la presencia de Cadmio y se giró hacia él para hacerle un gesto con la mano, indicándole que se acercara. El Celestial ni siquiera la miró. Caminó por un costado de Ranma y sus amigos sin decir alguna palabra y desapareció por un largo corredor.

       La princesa de Lerasi no pudo evitar sentirse mal.

       Hyunkel fue el último en abandonar la nave de enlace. Descendió por la rampa y se mantuvo alejado de todos. A diferencia de Dai y sus amigos, parecía que él prefería mantenerse distante y ajeno a los demás. Andrea lo miró por un instante y tuvo la intención de llamarlo, pero lo pensó mejor y finalmente decidió no hacerlo.

       Asiont se plantó delante de Ranma y sus amigos y les extendió una mano.

       —Mi nombre es Asiont —se presentó—. ¿De modo que ustedes estaban en el sitio donde los imperiales atacaron?

       Ranma estrechó la mano que el joven les ofrecía y dijo:

       —Yo soy Ranma Saotome y sí, nosotros estábamos en el lugar donde esos canallas llamados Khans atacaron. Nunca había visto sujetos como esos.

       De pronto Shampoo se colgó del cuello de Ranma efusivamente.

       —Y yo soy la prometida de Ranma. Mi nombre es Shampoo.

       Ranma se soltó del abrazo como pudo y se volvió contra la chica visiblemente enardecido.

       —¡Claro que no!

       Andrea frunció el entrecejo y se volvió hacia su hija como buscando una respuesta.

       —Ignóralos —le aconsejó Mariana, haciendo un encogimiento de hombros—. Todo el camino se la llevaron peleando por la misma cosa y la verdad ya no tengo ganas de entenderlos.

       Asiont estudió a Ranma y a sus amigos mientras todos ellos discutían. En sí, ninguno de ellos poseía una aura poderosa. Con trabajos superaban los niveles del humano común. ¿Por qué estaban en el sitio donde estaba la gema estelar?

       Sólo había una explicación posible. Según la leyenda, las gemas eran atraídas por los corazones puros de los seres vivos. Observó a Ranma una vez más tratando de ver más allá de él. Tenía un gran orgullo, pero en el fondo poseía un corazón puro.

       Agarthi

       En la sala de conferencias de la ciudad subterránea de Lemuria, los ahí congregados guardaban absoluto silencio. Fue Bantar quien expresó en su voz alta los pensamientos de todos los presentes en la reunión.

       —Disculpe, emperador, pero ¿dice que un nuevo peligro amenaza la Tierra?

       Zacek llevó la mirada hacia Bantar y asintió.

       —Así es, al principio pensé que se trataba de un nuevo ataque por parte Asura y la Alianza del Mal —comentó en tono pensativo—. Pero hace poco el profesor Dhatú me previno de un extraño suceso.

       —¿Un extraño suceso? —repitió Uller, gobernador de la ciudad de hielo de Icella.

       Uller era un hombre de hielo del planeta Plutón, guerrero Kundalini y uno de los mejores amigos con los que contaba Zacek.

       —¿A qué se refiere con eso, emperador? —le inquirió Elnar en un tono respetuoso.

       Zacek se reclinó en su asiento.

       —Hace poco el profesor Dhatú y otros científicos de Agarthi detectaron extraños disturbios en el flujo del continuo espacio-tiempo. Alguien o algo está alterando el campo cuántico y con ello se están creando severas alteraciones en el continuo espacio-tiempo. A la larga, este fenómeno podría destruir nuestro universo.

       Aquellas palabras cayeron como un balde de agua helada sobre todos los gobernadores.

       Tdashi ladeó la cabeza y lanzó una mirada interrogativa

       —¿Tiene alguna idea de quien puede estar detrás de todo esto, emperador?

       Zacek negó con la cabeza.

       —No y eso me preocupa —respondió—. La verdad ignoró sí Asura está detrás de todo esto, pero creo que por lo pronto debemos tomar precauciones. He decidido incrementar los patrullajes y reforzar las defensas de la base lunar.

       —¿Informará de esto a los gobiernos terrícolas en la superficie? —aventuró Rokova.

       —Todavía no, es algo que está muy lejos de sus conocimientos y no tiene caso provocar más pánico entre la población. Haremos un aviso en caso de que sea estrictamente necesario.

       Nuevamente se produjo un silencio, pero está vez de perplejidad.

       —Avisaré al oficial Rax y a sus ayudantes para que se mantengan en alerta —declaró Zacek—. No sé por que, pero tengo el presentimiento de que quien quiera que sea que este detrás de todo esto muy pronto hará su próximo movimiento.

       Astronave Churubusco.

       —¿De manera que uno de esos guerreros raptó a tu novia?

       El rostro de Ranma se iluminó de rojo.

       —¡No, Asiont! ¡Akane no es mi novia!

       Mariana se acercó unos centímetros a Andrea para susurrarle sin dejar de caminar.

       —Pues a mí me parece todo lo contrario.

       —Es verdad —convino la reina del mismo modo—. Se pone muy nervioso…

       El grupo continuó caminando por un largo pasillo hasta detenerse frente a unas compuertas. Andrea se adelantó, tocó unos controles que había en la pared y enseguida las puertas se abrieron.

       —Bienvenidos a nuestro Santuario —dijo la reina.

       Ranma observó atónito aquella especie de jardín que se mostraba ante ellos. Era lo último que esperaba encontrar en una nave espacial, aunque aquella tuviera esas gigantescas proporciones. Shampoo, Ryoga y Moose reaccionaron del mismo modo.

       —¿Cómo puede haber plantas sin sol? —preguntó Ryoga sin dirigirse a nadie en especifico.

       —Algunas plantas no necesitan de la luz del sol —le explicó Asiont—. Les basta sólo con el calor.

       Desde su apartada posición, Hyunkel compartió el asombro de Ranma y sus amigos en silencio. Después de no ver los paisajes naturales a los que estaba acostumbrado, el sólo ver árboles y prados verdes de nuevo fue como una especie de bendición para él.

       Andrea llevó a sus invitados hasta el centro del jardín donde casualmente se encontraban Eclipse, Lance, Dai, Poppu, Leona y Marin conversando a la sombra de la fuente.

       —¡Hyunkel! —gritó Dai saludando a su amigo apenas lo vio—. ¡Has vuelto!

       El Caballero Inmortal pasó por un costado de Ryoga y se acercó hasta Dai.

       —Sí, hace un momento volvimos. Desgraciadamente, los Khans ya se habían marchado con la gema sagrada.

       —Ya veo —hizo una pausa y miró por detrás de Hyunkel—. ¿Quiénes son ellos?

       Eclipse y Lance dejaron a la princesa Leona y se acercaron a Asiont. Mientras caminaba, Lance lanzó una breve mirada de curiosidad hacia los jóvenes que acompañaban a Mariana. Estaba seguro de no haberlos visto antes, pero como la Churubusco era una nave tan grande, imaginó que debían ser parte de los miles de seres que la habitaban.

       —Me alegra ver que ya estés repuesto del todo —observó Lance de buena gana.

       Asiont asintió.

       —Sí, la verdad es que esas cámaras de recuperación hacen un trabajo excelente —comentó, estirando un brazo hacia arriba—. ¿Dónde está Saulo?

       Eclipse volvió el rostro hacia Lance un momento y dijo:

       —Está preparando todo para la sesión del Consejo de líderes —hizo una pausa y observó a Ranma y a los otros—. ¿Y ellos quiénes son?

       Andrea se acercó hasta la princesa real de Papunika.

       —Leona, espero que te hayan tratado bien.

       La chica bajó la mirada algo apenada.

       —Sí, Saulo ha sido muy amable conmigo.

       Ansioso como siempre, Ranma se aproximó hasta donde estaban Dai y Poppu.

       —¿Y ustedes quienes son? —les preguntó.

       El Caballero del Dragón y el mago se miraron entre sí. Al cabo de un instante, Dai le extendió la mano.

       —Mi nombre es Dai —dijo esbozando una sonrisa—. Y él es mi amigo Poppu.

       —Yo soy Ranma Saotome —respondió el joven, que estrechó fuertemente la mano que Dai le ofrecía—. ¿Ustedes saben en que lugar estamos?

       —¿No lo sabes? —le inquirió Poppu, extrañado—. Nosotros tampoco lo sabemos bien, hace poco nos trajeron hasta ese lugar.

       Ranma frunció el entrecejo y se cruzó de brazos.

       —¿En serio? Nosotros también acabamos de llegar.

       Poppu llevó sus ojos del rostro de Ranma a la llamativa figura femenina de Shampoo.

       —¡Guau! —exclamó esbozando el rostro de un verdadero lobo hambriento—. ¿Y quién es ella?

       Ranma se volvió por encima del hombro.

       —¿Ella? Ah, es Shampoo.

       —Es muy hermosa —murmuró Poppu mientras la baba escurría de su boca—. ¿Y acaso es tu novia?

       La mirada de Ranma cambió por completo.

       —Claro que no, ella es… .

       Pero antes de que pudiera terminar la frase, la chica volvió a sujetarlo cariñosamente por el cuello.

       —Ranma, mi amor.

       Los sueños amorosos de Poppu se partieron en mil pedazos con sólo ver la escena.

       —No puede ser —murmuró—. ¿No que no era tu novia?

       Shampoo pegó su rostro al de Ranma efusivamente.

       —¡Que no es mi novia! —gritó Saotome a todo pulmón.

       Ryoga, por su parte, alzó la vista para contemplar la inmensidad del lugar. Sí sus cálculos no le fallaban, aquel sitio debía tener la extensión de un kilómetro hacia arriba.

       —Increíble —murmuró para sí.

       Asiont caminó hasta la fuente, se dio la media vuelta y los llamó a todos.

       —Oigan, vengan acá.

       Cuando el grupo finalmente se reunió en torno a él formando un semicírculo, el joven Ben-Al se volvió hacia Mariana, quien interiormente continuaba pensando en Cadmio.

       —Bueno, Mariana, nos gustaría saber que fue lo que descubriste.

       La princesa de Lerasi cabeceó como volviendo de un trance.

       —Eh, sí… —titubeó—. Cuando viajamos a la dimensión de este chico llamado Ranma, Cadmio me dijo que los imperiales acababan de estar ahí.

       Lance giró el rostro hacia Ryoga y compañía.

       —¿Quién de ustedes es el famoso Ranma?

       Saotome alzó la mano.

       —Soy yo.

       Lance asintió con la cabeza.

       —¿Así que tú estabas en el lugar que fue atacado por los guerreros de N´astarith?

       Ranma reflexionó antes de contestar.

       —Sí, así fue —hizo una pausa y continuó—. Decían que buscaban una de las doce gemas o algo así.

       Leona, con los dedos entrelazados frente a ella, se volvió hacia donde estaba Andrea.

       —Es como ustedes dijeron, esos monstruos continuaran atacando hasta recolectar todas las gemas.

       Una expresión de desconcierto de apoderó del rostro de Ryoga. Se volvió para mirar a Asiont y Lance decidido a aclarar sus dudas.

       —Disculpe, pero no entiendo nada de lo que dicen, ¿quiénes son esos sujetos tan poderosos y cuáles son sus intenciones?

       Lance se volvió un instante hacia Asiont para mirarlo a los ojos. Luego dirigió la mirada hacia el chico de la pañoleta amarilla y repuso:

       —Esos guerreros son los Khans, guerreros servidores de N´astarith. Ellos están recolectando doce gemas en doce universos diferentes para otorgarle a N´astarith el máximo poder del universo.

       Ranma enarcó una ceja.

       —¿El máximo poder del universo? —murmuró—. Esto me parece demasiado.

       —Pero lo es —dijo Marin, a un costado de su princesa—. A nosotros también nos costó trabajo entender todo eso.

       Ranma se golpeó una palma con el puño efusivamente.

       —Pues a mí no me interesa nada de eso, yo lo único que quiero es ajustarle las cuentas a ese tal Sombrío.

       —No ignores la magnitud del problema —siseó Hyunkel—. Sí N´astarith consigue las gemas, seguramente regresará a tu hogar a destruirlo.

       Ajeno a la conversación y con los pensamientos puestos en otras cosas, Poppu se acercó disimuladamente hasta donde estaba Shampoo.

       —Hola… je, je —la saludó llamando escasamente su atención—. Yo soy Poppu.

       Shampoo miró a aquel inepto con el mismo interés que cualquiera miraría una simple roca.

       —Hola —le respondió secamente, pero eso fue más suficiente para que todo el mecanismo hormonal de Poppu comenzara a funcionar.

       Aquella actitud de galantería no paso por alto para Moose, que sacó una larga cadena de entre sus ropas y se dirigió furioso hacia el mago.

       —¡Oye, tú! ¡deja a mi amada Shampoo!

       Extrañado, Poppu se volvió hacia el chico de anteojos.

       —¿Qué? ¿quién eres tú?

       —Mi nombre es Moose y yo me casaré con Shampoo.

       El mago se giró un instante hacia la chica.

       —¿Es verdad eso? Yo pensé que te ibas a casar con el otro.

       —Claro que no —declaró Shampoo sin siquiera pensarlo—. Moose dice muchas tonterías.

       Unas lágrimas escurrieron por las mejillas del pobre Moose. Aquellas palabras habían caído como una daga en su corazón.

       —No, Shampoo, no digas eso —chilló amargamente.

       Eclipse no pudo evitar mirar a aquel pobre idiota con absoluto desprecio.

       —Mira nada más —le susurró a Dai—. Ese tipo no tiene dignidad.

       El chico giró el rostro para mirarlo mientras se rascaba la mejilla como sí no acabara de entender algo.

       —¿Qué es la dignidad? —preguntó, provocando que el Espía Estelar se fuera de bruces al suelo.

       Moose tensó la cadena con sus manos.

       —¡Tú! —dijo dirigiéndose a Poppu—. ¡Tú tienes la culpa de todo!

       El mago frunció el entrecejo con desconcierto.

       —¿Qué dices? Creo que estás loco.

       El chico de anteojos apretó los dientes y se arrojó sobre Poppu, quien se fue de espaldas hacia atrás cayendo en la fuente con todo y atacante. Todos volvieron la mirada de inmediato hacia la fuente.

       —¡Poppu! —gritó Dai.

       El mago sacó la cabeza del agua y la sacudió violentamente empapando a Leona y Marin.

       —Estoy bien… esperen a que le ponga las manos encima a ese torpe.

       Pero por más que lo busco con la mirada no lo encontró, sencillamente había desaparecido.

       —¿A donde se fue? —preguntó sin dirigir sus palabras a alguien en especifico.

       Leona se acercó a la orilla y buscó a Moose con la mirada, un especie de pato muy extraño pasó de largo.

       —No lo entiendo, él cayó junto con Poppu.

       Ranma cruzó los brazos detrás de su cabeza, respiró profundamente y repuso:

       —Ah, no se preocupen… —Señaló al pato con un dedo—. Ahí está.

       Lance se volvió todo confundido hacia el joven Saotome. ¿Acaso les estaban gastando una broma?

       —¿Te refieres al pato, Ranma?

       —Sí. —Caminó hasta la fuente y sujetó el ave blanca, que empezó a agitarse violentamente mientras graznaba continuamente—. Este es Moose y al igual que yo, sufre de una maldición. Cada vez que le cae agua fría se convierte en pato.

       Asiont frunció el entrecejo. Que chicos más extraños, pensó.

       Leona adoptó una mirada lastimosa.

       —¿Una maldición? —repitió consternada—. Quizás podamos ayudarlos.

       Poppu salió de la fuente y se frotó las manos maliciosamente.

       —Sí, déjenme probar uno de mis hechizos con él.

       —¡Cuak! —graznó el pato agitándose violentamente.

       Marin se acarició la barbilla en tono pensativo tratando de recordar alguna magia que pudiera ayudar a Moose.

       —No recuerdo ningún hechizo de transformación, pero supongo que debe haber uno.

       Ranma depositó al pato en el suelo y dijo:

       —No se apuren, con usar algo de agua caliente obre él será más que suficiente.

       Poppu colocó las manos en su cintura e irguió la cabeza.

       —Eso será muy sencillo —dijo, hinchado de orgullo. Extendió una mano con la palma orientada hacia delante y lanzó una llamarada—. ¡Merasoma!

       Todos contemplaron la escena conteniendo el aliento.

       Faltaron unos centímetros para que Moose se convirtiera en pato a las brasas. Saltó hacia arriba esquivando el fuego y salió huyendo hacia los árboles.

       Eclipse se volvió furioso contra el mago.

       —¡Eres un idiota! —le espetó acercándose hasta casi rozar con él—. Ranma dijo agua caliente, no fuego ¡Animal!

       Poppu no se dejó amedrentar y respondió del mismo modo.

       —¡Ah! ¡Déjame en paz! ¡Yo hago lo mejor que puedo!

       Mariana miró como discutían Eclipse y Poppu y no pudo evitar sentirse algo consternada.

       —Empiezo a creer que Cadmio tenía razón —murmuró preocupada.

       Tokio-3, Japón

       Mana abrió la puerta que conducía al despachó. El general Kymura y Masamaru ya estaban adentro esperándola.

       —¿Cómo salió todo? —preguntó Kymura—. ¿Lograste acercarte al hijo de Ikari?

       La chica asintió.

       —Sí, aunque es demasiado tímido.

       Kymura sacó su mechero y prendió un cigarro.

       —Excelente, eso nos facilita el camino —murmuró—. Ahora que hemos roto todo contacto con la ONU no esperarán que ataquemos. El factor sorpresa será un gran aliado.

       —Hemos acabado con todos los aquellos que sabían algo de nosotros —declaró Masamaru—.Ya es demasiado tarde para que nos detengan.

       El general asintió e hizo una gesto con la mano para despedir a la chica.

       —Déjanos solos, Mana, ya hablaremos después.

       Ella asintió con la cabeza, se dio la media vuelta y abandonó el despacho cerrando la puerta tras de sí en silencio.

       En cuanto la joven Kirishima se hubo marchado, Kymura encendió el comunicador holográfico. La misteriosa figura de Genghis Khan apareció ante ellos en un rielar de sombras.

       —¿Cómo va todo? —preguntó el holograma, con el rostro oculto por sus ropajes.

       —Nos enteremos de que la piloto del Eva-02 ha bajado su nivel de sincronización —se apresuró a responder Kymura—. Es muy probable que pronto quede fuera de Nerv.

       —Ya veo, pero aún queda el asunto de Seele —murmuró Genghis Khan en tono pensativo—. Espero que hayan tomado las medidas necesarias.

       —Las hemos tomado —Masamaru asintió de mala gana.

       —¿Qué hay sobre los shintos? —preguntó la oscura silueta del holograma.

       —Hace poco el hijo de Ikari derrotó a uno de ellos que logró entrar en el Central Dogma, mi señor. —respondió Kymura, un poco más confiado al saber que ahora pisaba terreno firme—. De acuerdo con los rollos del mar muerto, ahora estamos en espera de un shinto llamado Arael.

       El holograma sin rostro asintió.

       —Excelente, dejen que esos ingenuos de Nerv se encarguen de combatir a los shintos. Muy pronto una nueva era amanecerá sobre esta tierra y vuestros servicios serán recompensados con la inmortalidad.

       —Sí, así debe ser.

       Una vez que la figura de Genghis Khan se hubo esfumado, Kymura apagó su cigarrillo y no pudo disimular una sonrisa de satisfacción.

       —Esto es perfecto —dijo emocionado—. Una vez que esas aberraciones de Gendou hayan acabado con los shintos, será nuestro turno para intervenir.

       Masamaru asintió levemente con la cabeza sin ocultar la emoción que le provocaba la idea.

       >—A pesar de las intenciones de Seele y Gendou de provocar el Tercer Impacto, nosotros tendremos éxito limpiando este mundo de seres como ellos. Muy pronto el gran Genghis Khan dominará la Tierra por completo.

       Ambos continuaron charlando acerca de sus planes por largo rato sin siquiera sospechar que detrás de la puerta, Mana los escuchaba atentamente en secreto.

       En Armagedón, delante de una ventana con vista al espacio, José Zeiva reflexionaba en silencio sobre la batalla de Noat y los enemigos que había enfrentado. Aun no había averiguado la relación existente entre el Portal Estelar, los Caballeros Celestiales y los barones que lo habían impuesto como emperador de Endoria.

       “¿Acaso Jesús tiene razón? ¿Realmente existe alguien más atrás de todo manipulando la situación?”. Suspiró. Por alguna razón presintió que, cuando se desentrañará aquel misterio, todo en su vida cambiaría de una manera que en ese momento no alcanzaba a imaginar.

       Continuará… .

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