Crisis 09

CRISIS UNIVERSAL

por Acuario Káiser

CAPÍTULO IX

LAS HERMANAS NIGHTMARE

       Universo-19,812,002
Planeta Lambda

       Todos se pusieron en guardia al mismo tiempo, menos Casiopea. Ankiseth de Escorpión dejó que el poder de su cosmos emergiera; la uña del dedo índice de su mano derecha se alargó y pronto se coloreó de rojo carmesí. A su lado estaba Alfa, con un hacha guerrera entre sus manos y una expresión de preocupación en el rostro. Ryu deslizó sus manos hacia la empuñadura de su katana, pero la mantuvo guardada esperando el momento oportuno para desenvainar. Son Cort adoptó una pose de pelea que le permitía mantener un perfecto equilibrio físico en caso de que se desatara un enfrentamiento, mientras que Zafet activó su sable de luz y Maurus alzaba los puños cubiertos por energía mágica.

       Cuando los soldados comenzaban a rodearlos, uno de estos se acercó a Son Cort, casi tocándole el rostro con la punta de su lanza.

       —Será mejor que apuntes esa cosa para otro lado —le advirtió el saiya-jin, pero el soldado no le hizo caso.

       Warrior Australis miró a los forasteros con detenimiento, percibiendo el poder que cada uno de ellos ocultaba en su interior y midiendo la amenaza que representaban. No pasó demasiado antes de que se diera cuenta de la enorme fuerza que tenían los individuos frente a ella. Sencillamente, si todos ellos combinaban sus poderes podían destruir por completo el planeta Lambda sin que nadie ahí pudiera evitarlo. Por su mente pasaron varias posibilidades, pero había que pensar con la cabeza fría y aparentar que tenía la situación bajo control a pesar de las circunstancias.

       El miedo era una especie de nube capaz de convertir el frío en hielo y la penumbra en oscuridad, pero controlando esa nube podía utilizar el frío a su favor para levantar una neblina que engañase a sus extraños visitantes. Actuar de esa manera era arriesgado, pero algunas veces cuando tienes todo en contra es la única forma de ganar. Y Australis nunca jugaba a perder.

       —Y bien —dijo ella sin inmutarse—. No han respondido a mi pregunta.

       Cort enarcó una ceja. Sabía que el poder de pelea de aquella joven no era demasiado elevado como para representar una amenaza seria. Bien podían derrotar a todos esos guardias y luego someterla con facilidad… a menos claro que estuviese ocultando sus verdaderos poderes y fuera más fuerte de lo que aparentaba. El saiya-jin dudaba que ese fuera el caso, pero Australis se veía tan confiada y segura de sí misma que despertaba serias dudas en Cort. ¿Y si en verdad era realmente poderosa? No era la primera vez que se topaba con alguien que disimulara su fuerza real. Tal vez atacarla no sería tan buena idea después de todo. “Un guerrero que presume sus habilidades es un oponente de segunda categoría, le había dicho su maestro Sett, pero un guerrero que mantiene sus emociones bajo control es realmente peligroso”.

       Maurus pensó en usar algún conjuro mágico, pero la mirada de Warrior Australis lo detuvo. Del mismo modo que Cort, el hechicero oscuro también comenzó a temer que la joven de cabello rojizo estuviese ocultando sus verdaderas fuerzas. Después de todo no tenían idea de lo que ella podía hacer. Tal vez sabía usar la magia de mil maneras diferentes y acabar con todos ahí en un instante.

       —Aún sigo esperando su respuesta —murmuró Australis con el mismo tono de voz severo, pero controlado—. ¿Es que acaso son mudos? Tal vez deba indicarles a mis soldados que los arresten.

       —No creo que les convenga —dijo Zafet fríamente—. Sí de verdad quieres que respondamos, te exijo que dejes de amenazarnos.

       —No estás en posición de pedir o exigir algo —replicó Australis.

       —Disculpa la irrupción —intervino Casiopea, levantando las manos con las palmas al frente para llamar la atención de Warrior Australis—. No somos enemigos ni hemos venido a hacerles daño. Mi nombre es Casiopea y hemos venido de… digamos, una galaxia muy, muy lejana.

       Warrior Australis se cruzó de brazos y la miró con un gesto de escepticismo.

       —¿De verdad?

       —Bueno —Ankiseth se tomó la cabeza—. Técnicamente podría decirse que si.

       —No queremos pelear con ustedes —declaró Ryu con firmeza—. Entramos aquí pensando que no había nadie, pero no tenemos malas intenciones.

       —Pruébenlo —dijo Australis—. Entreguen sus armas.

       —Aunque te acompañaran miles de soldados nunca podrías contra todos nosotros —replicó Zafet—. Aleja a tus soldados y hablaremos.

       —Ustedes son los intrusos aquí, no hay trato —advirtió Australis en un tono que resultaba más tajante que un grito—. Sí de verdad no tienen malas intenciones, pondrán sus armas en el piso ahora mismo. De no hacerlo, les ordenaré a mis soldados que los ataquen.

       Casiopea, Alfa, Maurus, Cort, Zafet y Ankiseth se miraron entre si por un instante sin saber qué hacer. Ryu bajó la mirada un instante mientras meditaba en sus posibles opciones, así como las consecuencias de sus actos. Estaban en un mundo que no conocían y habían irrumpido en ese lugar como invasores. Una batalla en esos momentos era innecesaria y no los ayudaría. Tal vez estaba a punto de pecar de ingenuo, pero la mirada de Warrior Australis no revelaba maldad alguna y para el Guerrero Dragón de los Cielos los ojos eran verdaderamente el espejo del alma.

       —De acuerdo —Ryu se quitó la katana de la cintura y la depositó en el suelo ante la vigilante mirada de los soldados—. Sí esto ayuda a que nos creas, aquí tienes mi arma y prometo no usarla contra ustedes a menos que me defienda.

       Alfa dudó, pero terminó haciendo lo mismo al igual que Zafet. El Guardián de Plata era reacio a imitar a Ryu, pero sabía que podría recuperar el sable de luz en el momento en que quisiera gracias a su habilidad psíquica. Ankiseth disminuyó la fuerza de sus cosmos y su uña regresó a la normalidad. Por su parte, Maurus bajó la guardia y Casiopea permaneció en total calma. Los soldados recogieron todas las armas del suelo y apresaron a los guerreros, sujetándoles las manos a la espalda mediante grilletes. Zafet trató de resistirse, pero Ryu le indicó que no ofreciera resistencia y el Guardián de Plata terminó aceptando de mala gana.

       —De acuerdo —asintió Warrior Australis—.  Ahora, ¿qué están haciendo aquí?

       Casiopea la miró a los ojos.

       —Estamos aquí porque nuestros mundos están siendo amenazados por la destrucción y creemos que la solución pudiera estar aquí. No sabemos bien lo que ocurre, pero… .

       —¿Acaso han venido buscando armas? —la increpó Australis.

       —No necesitamos armas —respondió Ankiseth—. Queremos encontrar el origen de las misteriosas oleadas de antimateria que están acabando con la vida de incontables inocentes y arrasando mundos enteros.

       —¿Antimateria? —repitió Australis, dubitativa—. En Lambda nadie usa la antimateria como fuente de energía y jamás he escuchado que algún planeta de este sistema haya sido destruido por esa causa. Les advierto que no traten de engañarme o les irá bastante mal.

       —Debes creernos —insistió Alfa—. Yo tampoco sé bien lo que sucede, pero la persona que nos reunió dijo que… .

       —¡Suficiente! —exclamó Australis alzando una mano—. ¿Me tomas por ingenua, niña? Creo que lo mejor será llevarlos al palacio, ya veremos lo que decide la reina que hagamos con ustedes.

       —¿Qué? —protestó Alfa—. A mi nadie me habla de ese modo. Vas oírme ya sea por las buenas o las malas.

       No pudo dar un paso porque diez lanzas amenazadoras le apuntaron a la cara.

       —Sólo estaba bromeando, no le hagan caso —sonrió Ryu afablemente.

       —Por supuesto que no bromeo —repeló Alfa, pero Maurus le dio un empujoncito con el hombro para llamar su atención y cuando ella lo miró, el hechicero meneó la cabeza en sentido negativo. Alfa no estaba conforme, pero decidió no hacer más comentarios para no complicar las cosas.

       —Nos llevarán con la reina, ¿eh? —murmuró Ankiseth, encogiéndose de hombro al tiempo que dirigía una sonrisa guasona hacia Casiopea—. No suena tan mal después de todo, ¿verdad? Digo, desde que inició este viaje, he conocido personajes de la realeza.

       —Ajá —suspiró Casiopea entornando la mirada.

       —Vamos, caminen —les ordenó Australis.

       Cort dirigió una fugaz mirada hacia Australis y esbozó algo parecido a una sonrisa, mientras los guardias los conminaban a caminar. No podía dejar de admirar el valor y la determinación con la que se conducía alguien como aquella joven de armadura dorada.

       La antimateria continuaba su implacable avance por los universos, destruyendo todo lo que tocaba y aniquilando a millones de seres. Calíope y sus hermanas contemplaban toda la catástrofe desde la Gran Biblioteca de Celestia, pero estaban imposibilitadas para intervenir directamente y sólo podían atestiguar en silencio como la antimateria despedazaba la Tierra-5,437,412. Y precisamente en aquel mundo, Usagi Tsukino y Seiya Kou miraban hacia el horizonte donde una colosal nube blanca consumía todo lo que tocaba y los cielos desaparecían.

       —¿Qué es eso? —exclamó Usagi.

       —¡Tú como siempre tan estúpida! —le reprendió Perla Jamenson con desprecio—. ¿No ves que puede ser obra de algún enemigo? ¡Es hora que la hermosa Sailor Earth, la defensora del planeta azul, haga presencia y salve a su querido mundo una vez más!

       Tras invocar los poderes del planeta Tierra, las ropas de Perla Jamenson fueron sustituidas por un pomposo traje lleno de listones y encajes, mientras en sus manos cobraba forma un báculo de oro cuya punta terminaba en un zafiro redondo que representaba la esfera terráquea. Perla Jamenson dejó de ser la chica que era y adquirió los sorprendentes poderes de… ¡Supreme Sailor Earth!

       Al mismo tiempo, Usagi se convirtió en Eternal Sailor Moon y Seiya pasó a ser Sailor Star Figther. Las dos siguieron a Supreme Sailor Earth a la azotea de un edificio cercano donde podrían observar mejor la situación. La ola de destrucción iba directo hacia ellas. Las personas estaban aterradas y corrían por todas partes.

       —Muy bien, llego la hora de actuar —anunció Supreme Sailor Earth, tocándose las sienes—. Utilizaré mis poderes psíquicos para detectar el origen de esta destrucción. ¡Y quien sea el causante lo pagará bien caro!

       Supreme Sailor Earth miró fijamente la nube de destrucción, intentando detectar alguna presencia en su interior o al menos cerca de ella. Las otras dos sailors aguardaban a un costado sin decir una palabra, pues desde hacía algún tiempo la guerrera de la Tierra era la única que siempre resolvía todos los problemas. Usagi no envidiaba a Perla por haberla eclipsado como heroína de Tokio, ni le guardaba rencor por eso, pero le irritaba su personalidad de chiquilla malcriada de cinco años y la forma tan despectiva en que siempre trataba a los demás. A veces no entendía cómo era que aquella chica había aparecido de la nada, proclamando ser la hermana de Mamoru y princesa de la Tierra. Era como si la existencia de Perla hubiese sido fraguada por alguna mente retorcida.

       —¡¿Qué?! —exclamó Supreme Sailor Earth luego de un instante—. ¡¡No es posible!! ¡No detecto ninguna presencia maligna tras esa manifestación de energía! ¿Acaso se trata una broma? ¿Qué está sucediendo?

       ¿En verdad era posible? ¿Los poderes de Supreme Sailor Earth estaban empezando a fallar? “Sería un milagro”, pensó Eternal Sailor Moon.

       De pronto, un grupo de cuatro adolescentes apareció en el lugar. Estaban vestidos con una variación de los uniformes de los cuatro generales del Dark Kingdom, sólo que estos eran totalmente negros y llevaban adornos hechos de oro. Ginji era el Caballero del Relámpago y a su derecha estaba Fye, el Caballero del Hielo. Eriol, Caballero de la Magia, era el siguiente y por último estaba Sasuke, Caballero Ninja del Fuego.

       —Eso no se ve nada bien —observó Ginji.

       —¡Por supuesto que no, tarado! —Era Sailor Star Healer que acababa de llegar junto con Sailor Star Maker—. Esa extraña nube de energía es como un animal hambriento. ¡Devora todo lo que halla a su paso! ¡Lo intentamos todo y no podemos hacerle frente!

       —Tranquilas, mis amigas, pues quien sea el causante de esto será eliminado inmediatamente —las calmó Supreme Sailor Earth—. ¡Mis Earth Knights han llegado! ¡Por la Tierra y la humanidad, el enemigo será castigado en el nombre de mi planeta madre!

       —¡Como digas preciosa! —Ginji extendió sus manos al cielo y atacó utilizando sus poderes eléctricos al máximo. Una docena de mortíferos relámpagos hendió el aire y se hundieron en la nube blanca de destrucción.

       —¡Estamos listo para ayudarte, Perla-Hime! —Fye convocó sus aves de hielo y las lanzó todas al ataque.

       Eriol arrojó varias descargas mágicas y Sasuke invocó la fuerza de su chakra para escupir varias bolas de fuego mediante su jutsu especial. Pero el resultado siempre era el mismo; todos los ataques acababan desapareciendo dentro del vacío blanco y silencioso que continuaba avanzando más y más.

       —¡¿Cómo es posible?! —gritó la guerrera de la Tierra, totalmente asustada y sin mirar a nadie en particular—. ¡Esos ataques hubieran bastando para destruir a cincuenta monstruos! ¡Esto requiere medidas drásticas! ¡Lo haré yo misma con mi poderoso Earth Majestic Beam!

       —¡Earth, deja de lanzar energía contra esa cosa! —le pidió Eternal Sailor Moon con un grito, observando la destrucción con terror—. ¿No te das cuenta que únicamente estás fortaleciéndola en vez de debilitarla?

       —¡Tú cállate! ¡Sé lo que estoy haciendo! No por nada soy la princesa protectora de MI planeta —le espetó Sailor Earth con arrogancia—. ¡Chicos, unamos nuestros poderes y destruyamos esta amenaza de una vez!

       Rápidamente, los cinco guerreros tomaron diferentes posiciones para formar un rombo, mientras que Supreme Sailor Earth se ubicaba en el centro. Eternal Sailor Moon y las Sailor Star Light se limitaron únicamente a observar, pero el tiempo se les estaba terminando. En todas partes podían oírse los gritos angustiosos y los estruendos de los edificios y coches al momento de ser engullidos por la nada. A medida que la nube de antimateria inundaba la ciudad, los cielos se iban oscureciendo y llenando de terribles descargas eléctricas. ¿Es qué el sol también había desaparecido?

       —Tengo un mal presentimiento de todo esto —murmuró Sailor Star Fighter.

       —No eres la única —le dijo Sailor Star Maker en tono confidencial.

       De inmediato, los guerreros acumularon toda su energía y la canalizaron hacia el báculo de Earth, que cambió de forma y aumentó de tamaño. Después de hacer varias piruetas y dar algunas volteretas por el aire, la autoproclamada sailor más poderosa de todo el universo atacó con su técnica más potente.

       —¡¡Earth Elements Majestic Consolidation!!

       Un halo luminoso de increíble fuerza salió disparado desde el báculo hacia la nube de antimateria, mientras la sailor se mostraba segura de su victoria y esbozaba una sonrisa de plena confianza. Desafortunadamente, el ataque fue totalmente consumido y lo peor de todo fue que aumentó más la fuerza de aquella ola destructiva. El vacío seguía tragándose todo lo que tocaba.

       —Nada sirve —murmuró Sailor Star Maker—. Todo es inútil.

       —¡No! —exclamó Earth—. ¡Imposible! ¡Tiene que ser una pesadilla!

       —¡No podemos rendirnos, princesa Perla! Está vez… ¡¡AAARGH!!

       Un rayo de energía maligna atravesó el pecho del Caballero del Relámpago, destrozando su corazón y matándolo instantáneamente. Dos figuras femeninas, recargadas de espaldas la una en la otra y con los brazos cruzados, aparecieron flotando en el aire.

       —Ay, ¿qué no pueden dejar de decir tantas ridiculeces? —inquirió una voz dulzona—. ¡Que fastidio!

       —Realmente nuestro amo tiene razón en destruirlos a todos —añadió una segunda voz, pero en un tono más rudo y seco—. ¡Son unas basuras!

       —¿Quiénes son ustedes? —indagó Sailor Moon, mientras que Supreme Sailor Earth intentaba auxiliar en vano a su guerrero caído.

       Las figuras femeninas soltaron una risita burlona. Una de ellas se acercó volando para que todas las Sailor Senshi y los Caballeros pudieran verle. Se trataba de una hermosa adolescente con el rostro empolvado de blanco, los labios pintados de escarlata, y un tocado dorado sobre su corta cabellera rosada. Llevaba puesta una blusa sin mangas que dejaba al descubierto sus hombros y su vientre plano, unos pantaloncillos cortos de color blanco y un par de botas rojas.

       —Sólo dos hermosas hechiceras que están repugnadas de ver los burlescos esfuerzos que hacen por salvar un mundo como este —hizo una pausa mientras su compañera se acercaba flotando—. Y que les harán un favor inmenso ayudándolos a desaparecer, tontitas.

       —Todas ustedes son el resultado de ilusiones frustradas que naufragan en la condenación del olvido —dijo la otra hechicera. Sailor Moon advirtió que la apariencia de la segunda bruja era bastante semejante a la de la primera, salvo en el color de cabello que era azul oscuro—. Como anomalías que son, han sido sentenciadas a su extinción absoluta.

       —¡Ustedes están realmente locas! —Eriol preparó en sus manos un poderoso conjuro mágico—. ¡Lo que dicen son falacias estúpidas y sin sentido!

       Una multitud de rayos de colores salió de las palmas del Caballero de la Magia y se dirigió velozmente hacia las hechiceras que levitaban en el aire. Las brujas extendieron sus manos al mismo tiempo, creando un escudo de energía que las protegió en todo momento del ataque. A continuación, Eriol sintió como sí una fuerza invisible lo levantara por el cuello mientras manoteaba en el aire y después salió despedido hacia la ola de antimateria, desintegrándose dentro de ella.

       —¡Eriol darling! ¡NO! —Sailor Earth ejecutó desesperadamente su Magic Nature en un intento por sorprender a sus enemigas, pero las brujas interceptaron la técnica empleando su magia y luego ambas desaparecieron en el aire—. ¿A dónde se fueron?

       Una de ellas apareció a unos metros de Sailor Star Maker y Sailor Star Healer, quienes fueron apresadas dentro de dos esferas que se elevaron el aire antes de estallar en mil pedazos junto con las dos sailor que había en su interior. Eternal Sailor Moon y Sailor Star Fighter contemplaron la escena sin dar crédito a sus ojos.

       —¡Sailor Star Maker! ¡Sailor Star Healer!

       —¡Asesinas! ¡Vengaré a Ginji-san y Eriol-kun! —gritó Fye, atacando con su hechizo de hielo al mismo tiempo que Sasuke hacía lo propio usando su jutsu de fuego.

       Las brujas consiguieron eludir ambos ataques y volvieron a desaparecer en el aire mientras reían burlonamente. La hechicera de cabello rosado y ojos azules apareció frente al aterrorizado Caballero del Hielo.

       —Ese ataque tiene la misma fuerza que la escarcha de una nevera vieja —le dijo la bruja, inclinándose hacia delante—. Yo te enseñaré el verdadero poder del hielo, cariño.

       A continuación tomó con las manos el rostro de Fye y lo besó tiernamente en los labios. El Caballero del Hielo estaba desconcertado, pero no tuvo tiempo para decir algo porque se fue congelando hasta quedar convertido en una reluciente estatua de hielo en apenas unos segundos. La bruja sonrió con dulzura y luego empujó a su victima con un dedo. Fye cayó al suelo en medio de un estridente sonido y quedó completamente despedazado.

       En tanto, la bruja de cabello oscuro esquivaba todos los ataques de Sasuke.

       —¿A eso le llamas fuego? —se burló la hechicera y sus ojos rosados se fijaron en el Caballero Ninja—. ¡Tonto mentecato! ¡Yo te demostraré quien es realmente la dama de las llamas!

       La hechicera avanzó velozmente y sin que Sasuke pudiera evitarlo, le colocó una mano extendida en su pecho. De inmediato, el Caballero del Fuego sintió un intenso calor en todo su cuerpo, un calor que se fue elevando más y más hasta hacerse realmente insoportable. Cuando menos se dio cuenta, estaba envuelto en un terrible infierno de llamas que lo consumió por completo hasta reducirlo a cenizas. Pero lo que Sasuke nunca supo fue que en realidad había sido victima de una ilusión diabólica muy poderosa. El trauma y el horror provocado por aquella ilusión fue de tal magnitud que Sasuke sufrió un colapso total. El Caballero del Fuego cayó de rodillas y falleció en un instante, aunque lo hizo creyendo que había sido destruido por el fuego.

       —¡Ya basta! —sollozó Eternal Sailor Moon—. ¿Por qué hacen esto? ¿Por qué son tan crueles? ¿Qué hemos hecho de malo? ¡Díganlo de una vez!

       Star Fighter aún no podía creer que sus compañeras estuvieran muertas. Y ni hablar de Sailor Earth; la otrora sailor más poderosa del universo había quedado en un estado total de autismo en el que sólo abrazaba el cuerpo inerte de Ginji.

       —Existir —dijo la bruja de cabello rosa con cinismo y luego extendió su mano, encerrando a Sailor Moon en una esfera de energía similar a la que habían usado para capturar a las otras sailor star. Al ver eso, Sailor Star Fighter intentó romper la esfera usando su Star Serious Laser, pero la otra hechicera actuó con rapidez y la encerró también en otra burbuja.

       —Ustedes estorban —murmuró la hechicera de pelo azul oscuro—. Y en todos los mundos que hemos aniquilado, nos hacen las mismas estúpidas preguntas sin saber que jamás serán respondidas. ¡Así que desaparezcan!

       Sailor Moon negó desesperadamente con la cabeza mientras golpeaba una y otra vez la pared de la burbuja que la aprisionaba. Estaba aterrada. No podía creer que las cosas iban a terminar así. ¿Qué pasaría con Mamoru? ¿Y con Ami, Rei y sus demás amigas o su propia familia? ¿Es que no había realmente esperanza? ¿Todos iban a morir? Eso no estaba pasando. Intentó gritar y suplicar, pero nadie la escuchó; no podían hacerlo porque el sonido nunca atravesó la esfera en donde estaba encerraba.

       Las dos brujas hicieron un gesto violento con sus manos, y las esferas fueron lanzadas a toda velocidad hacia la antimateria donde las vidas de Eternal Sailor Moon y Sailor Star Fighter se extinguieron para siempre en un parpadeo.

       Supreme Sailor Earth, la alguna vez orgullosa, valiente y hasta soberbia Perla Jameson, tenía la mirada perdida mientras todo su mundo iba extinguiéndose. Parecía que estuviera en medio de un trance, como si su espíritu hubiese abandonado su cuerpo y ahora fuese una triste marioneta a la que le han cortado los hilos. El amor de su vida y sus compañeros de lucha habían fallecido; probablemente Mamoru y las demás Sailor Senshi también estaban muertos. Se puso de pie y se acercó al borde de la azotea del edificio, contemplando a las miles de personas que huían desesperadas por encontrar refugio ante aquel fenómeno que lo estaba destruyendo todo. Lo que ninguno de ellos sabía era que no había escape del inevitable final.

       —No… no… puedo vivir con esto… .

       Las dos mujeres contemplaron con desprecio a la guerrera vencida.

       —¿Qué hacemos? —inquirió la bruja de cabello rosado—. ¿La matamos?

       —Nah. ¿Para qué aniquilar lo que ya es un guiñapo humano? Sería demasiado fácil; hemos destrozado su espíritu completamente. Morirá con los pobres insectos de este mundo que aún tratan de huir.

       La hechicera de cabello rosado y ojos azules se inclinó para recoger el báculo de oro con punta de zafiro que pertenecía a Supreme Sailor Earth.

       —¿Me puedo llevar su báculo? Es tan hermoso.

       —¡Claro que no, Mary!

       —¡Buu! ¡Eres muy mala, Sue!

       —¡Bah! Siempre es lo mismo contigo. En todos los mundos en donde hemos estado quieres llevarte alguna porquería de recuerdo.

       De pronto un umbral luminoso apareció en la azotea. Del interior emergió una mujer de rostro angelical, tez clara, cabello rubio y brillantes ojos verdes. Estaba vestida con un jubón blanco y escotado, pantalones entallados que resaltaban su figura curvilínea y botas amarillas hasta la rodilla.

       —Hermanas Nightmare, su presencia es requerida.

       —Ah —dijo Sue Nightmare, acercándosele a la recién llegada—. La niña consentida del amo al fin se digno a unirse a una de nuestras fiestas. Lástima que llegaste tarde porque ya no queda nadie con quien jugar, pero quizá la próxima vez tengas mejor suerte sí apareces un poco antes.

       —No me molesta tu sarcasmo, Sue —replicó la rubia con seriedad—. Deben regresar ahora mismo a proteger la máquina del amo. Algunos de los guerreros que cruzaron las barreras del multiverso están demasiado cerca de descubrirlo todo. Tienen que detenerlos antes de que interfieran con nuestros planes.

       —Tranquila, dulzura, no te preocupes —la calmó Mary Nightmare—. Lo tenemos todo bajo control y no tienes nada de que preocuparte. Les daremos a nuestros invitados una cordial fiesta de bienvenida.

       La joven de ojos azules permaneció inmóvil.

       —Ya veremos.

       Las tres atravesaron el umbral y entraron a un túnel de luz.

       Y mientras desaparecían, la sailor defensora de la Tierra se arrojó de la azotea para poner fin a su vida, aunque cuando lo hizo la ola de antimateria finalmente había llegado al edificio donde estaba. Perla Jamenson se desintegró al igual que el mundo que tanto se había esmerado en proteger.

       De aquel universo no quedó ni el recuerdo.

       Celestia (Gran Biblioteca)

       Calíope observó con tristeza el momento en que otra nueva Tierra era consumida por una ola de antimateria y otro universo moría en medio de un vacío silencioso. Nada escapaba de la destrucción. ¡Ni nadie! La musa agachó su cabeza y comenzó a pensar en la posibilidad de reclutar más campeones, pero no estaba segura de quiénes podrían ser los más indicados para enfrentar una amenaza como aquella. Un número importante de universos había sido destruido y las opciones se iban reduciendo a cada momento.

       —Hermana, ¿te encuentras bien?

       La musa dio media vuelta para mirar a Clío.

       —Sí, hermana, tan sólo pensaba —respondió Calíope—. ¿Cómo va todo?

       —Bastante mal por desgracia. La Tierra que me pediste buscar fue destruida hace poco y con ella todos los mortales que la habitaban. Lamento decirlo, pero perdimos a los tres héroes que necesitábamos.

       —El autor de la destrucción actúa con rapidez —murmuró Calíope.

       —¿Todavía crees que los campeones que reunimos podrán detener esto?

       —Debemos pensar que lo harán o todos los universos colapsarán.

       —Calíope, hay algo de lo que debemos hablar sobre los mortales que escogiste para lidiar con la crisis del multiverso —dijo Clío, cuando advirtió que su hermana se disponía a irse—. Urania y yo estamos algo preocupadas por tu decisión de incluir en esto a seres con marcadas inclinaciones al mal o susceptibles de ser corrompidos por la oscuridad.

       —Te refieres a ese hombre llamado Fobos, ¿verdad?

       —A él y a otros más que trajiste a la Gran Biblioteca. El Khan del Terror es un ser corrupto y malvado que tiene las manos machadas con la sangre de muchos inocentes. Bael es un Duque del Infierno cuyos objetivos no son precisamente loables, mientras que Sobek es un asesino frío y calculador. Por otra parte, Oriana y Génesis transitan por un camino que bordea peligrosamente la oscuridad. El Guardián llamado Paul Tapia es otro ejemplo de alguien que se deja llevar fácilmente por la ira y otras emociones negativas.

       —Los escogí por sus habilidades más que por otra cosa —murmuró Calíope.

       —Podríamos haber elegido mejor —replicó Clío—. La salvación del multiverso está en riesgo.

       —No hubo mucho tiempo para considerar todos los pros y contras. Es preciso que tanto héroes como villanos unan sus fuerzas para detener la destrucción. Aun cuando las nubes de antimateria sean contenidas, nuestros campeones todavía deberán enfrentar al verdadero enemigo detrás de esta crisis y no les será nada sencillo.

       —¿Y no piensas que las cosas puedan salir mal?

       —Admito que hay muchos riesgos —dijo Calíope—. Pero hubiera sido peor quedarse sin hacer nada.

       —Tú sabes que estoy de tu parte, hermana —repuso Clío y luego levantó una mano para hacer un ademán. La imagen del ventanal que mostraba un planeta Tierra flotando en la soledad del espacio fue reemplazada por otra donde un furioso Paul Tapia ejecutaba a un soldado caroniano indefenso—. Es sólo que me preocupa que algunos de los campeones que hemos elegido hagan fracasar la misión debido a sus falencias.

       —Comprendo lo que tratas de decirme, hermana —dijo Calíope.

       Clío agitó su mano por segunda vez y la imagen de Paul Tapia comenzó a desdibujarse hasta desvanecerse. La ventana mostró entonces a Shoryuki, o mejor dicho a Minerva Ravencroft cuando ésta aún era niña y jugaba felizmente con su hermana mayor en unos impolutos jardines; un elegante caballero se encontraba de pie en la terraza de la mansión cercana, contemplando a sus hermosas hijas correr y dar brincos a la sombra de un bello atardecer. Era una escena por demás idílica.

       —Supongo que reconoces a estas personas.

       —Son los Ravencroft en el pasado —dijo Calíope con tristeza.

       —Un día antes de que Minerva manifestara los dones que le causaron tanto dolor y sufrimiento a su familia. Seguro recuerdas lo que sucedió un tiempo después, ¿verdad?

       —¡Eso fue un accidente! —exclamó Calíope—. Minerva sólo era una niña cuando su hermano murió.

       —Tal vez haya sido así —concedió Clío—. El hecho es que los mortales actúan de un modo imprevisible y eso conlleva un enorme riesgo que pareces no considerar. A lo que me refiero es que no se puede confiar en ellos ciegamente como parece que tú lo haces.

       —No es así, hermana. Estoy consciente de lo que me estás diciendo.

       —Quien quiera que sea el autor de esta devastación parece comprender nuestros movimientos y ya ha despachado a sus marionetas por los distintos universos. ¿Crees que nuestros campeones podrán salir adelante?

       —Por eso es que necesitaremos algunos reemplazos —murmuró Calíope en tono pensativo, explorando en su mente varias posibilidades y sopesando los riesgos que sus decisiones podrían tener en el futuro—. Tendré que sustituir a los héroes que íbamos a emplear para esto.

       —¿Reemplazos dijiste? —inquirió Clío—. ¿Hablas de involucrar más mortales?

       Calíope se volvió y le dio la espalda.

       —No tenemos tiempo para buscar más héroes y el enemigo dispone de aliados bastante peligrosos que han aniquilado a muchos guerreros. Necesitaremos campeones más poderosos sí queremos aumentar nuestras posibilidades de éxito.

       —¿Te refieres a… .?

       —Sí, primero tendré que dirigirme a los dioses de aquella Tierra que estuvimos estudiando hace tiempo. El Abel y el Apolo a los que iré a visitar son muy celosos de sus guerreros y será necesario contar con su aprobación antes que nada.

       —Se hacen llamar dioses, pero ni siquiera ellos comprenden la totalidad de la Creación y sus múltiples misterios —reflexionó Clío—. Pese a sus poderes, ese Apolo y ese Abel  de los que hablas siguen siendo tan conflictivos como los mortales y no menos complicados, ¿segura que deseas hablar con ellos?

       Calíope miró a su hermana por encima del hombro un instante antes de irse.

       —Despreocúpate, Clío, sé cómo manejarlos.

       La musa dejó una vez más Celestia y Clío pasó su mano por el ventanal para cambiar su contenido una vez más. Está vez apareció la imagen de Génesis caminando junto a Jaguar Negro y Eclipse por un desolado camino en el planeta Ginups. Mientras la Musa de la Historia contemplaba la escena, Crono salió de las sombras y se acercó.

       —La fe de tu hermana por sus campeones es admirable, hija mía —dijo el Káiser del Tiempo, mientras Clío se volvía para mirarlo—. Lamentablemente, a todos ellos les espera un futuro lleno de sufrimiento y dolor. Tendrán que afrontar muchos retos y penalidades para sobrevivir a este desafío.

       —¿Acaso tú sabes quién es el causante de la destrucción? —inquirió Clío.

       Cronos sólo miró hacia la ventana sin responder a la pregunta.

       Tierra-574,322
       Santuario de Atenea

       Dina Kaiohshin estaba sentada en posición de loto, flotando a pocos centímetros del suelo con los ojos cerrados y expandiendo su energía interna. Tenía que descubrir e motivo por el cual no lograba teletransportarse correctamente dentro del santuario y para eso necesitaba entrar en estado de meditación. Era claro que los humanos estaban imposibilitados para hacerlo debido al cosmos de Atena rodeando las Doce Casas, pero ella era una diosa y debía lograrlo sin ningún problema. ¿Acaso algo debilitaba sus poderes o estaba interfiriendo con ellos? Mientras Dina meditaba profundamente y ponía su mente en silencio, Nicole de Acuario y Shoryuki la observaban en absoluto silencio a la espera de que dijera o hiciese algo.

       De pronto la kaiohshin empezó a hablar como si estuviera en trance.

       —Azarath Metrion Zinthos… .

       —¿Qué estás diciendo?

       Dina abrió un ojo y miró a Nicole.

       —Eh, disculpen, creo que se me cruzaron los cables. Fue algo de interferencia proveniente de algún otro universo, creo.

       —¿Qué no puedes tomar las cosas en serio? —le recriminó Shoryuki.

       —Relax, amiga, vivirás más —respondió Dina y luego cerró el ojo—. OM.

       —Esto es desesperante —masculló la Guerrera Dragón—. ¿No puedes darte un poco de prisa? Toma en cuenta que estamos perdiendo tiempo valioso y no haces nada más que estar ahí flotando.

       —Percibo una vibra muy negativa viniendo de ti, amiga —murmuró Dina, alzando un párpado para mirar a Shoryuki—. Esto es más complicado de lo que parece, pero me he percatado de un detalle intrigante.

       —¿Un detalle? —inquirió Nicole de Acuario con interés—. ¿De qué hablas?

       Dina volvió a cerrar su ojo.

       —La energía que envuelve este santuario no pertenece a un ki, sino a la magia.

       —¿A la magia dijiste? —Nicole no podía creer en lo que la kaiohshin acababa de revelar—. Imposible, este santuario ha sido protegido por el sagrado cosmos de la diosa Atena desde tiempos ancestrales. ¿Estás completamente segura de lo que estás diciendo?

       —Yep, yep —repuso Dina y abrió sus ojos escarlata—. Parece que se trata de algún tipo de hechizo mágico que puede turbar el sentido de la percepción en forma sutil y hacerte creer que se trata de un ki. Funciona del mismo modo que una ilusión.

       Shoryuki dirigió su atención hacia la cercana Casa de Tauro. El poder que envolvía el Santuario se arremolinó en ella… junto con la verdad. Se sintió desconcertada en un principio, pero no impresionada. Dejó que la fuerza de su aura fluyera a través de ella, recorriendo cada centímetro del lugar y empezando a sentir una sombra de poder oscuro alrededor de las Doce Casas.

       —Es verdad, lo que sea que cubre al Santuario no es energía de Ki.

       Nicole meditó unos instantes. ¿Cómo es que el cosmos de Atena hubiese sido reemplazado por alguna clase de brujería? La magia y la nigromancia ya eran conocidas en la era mitológica, pero a diferencia de los humanos que usaban aquellas artes para torcer el destino, los dioses rara vez llegaban a considerar la hechicería como una opción. ¿Por qué usar encantamientos cuando poseían el poder de un cosmos inmortal e infinito? Sacudió la cabeza y dirigió su mirada hacia las estrellas intentando descifrar lo que pasaba. ¿Es que Atenea usaba la magia en vez de su cosmos para proteger el santuario? Imposible. ¿Acaso esa era la razón por la cual, luego de volver después de una larga ausencia, la calidez y la paz que siempre sintió en el santuario habían desaparecido?

       —¿Quién está haciendo esto? —fue lo único que pudo decir Nicole.

       —Dínoslo tú —murmuró Shoryuki con frialdad—. ¿Acaso hay algo más que te haya faltado contarnos?

       —Les he dicho todo lo necesario —replicó Nicole.

       —Quizá no sea cierto.

       —Tómenlo con calma, amigas —les interrumpió Dina, colocando la  mano sobre el hombro de la Guerrera Dragón—. Las cosas están color de hormiga y necesitamos ser positivas para que las cosas resulten bien.

       Shoryuki desvió la mirada un instante. Se sentía un tanto apenada por su actitud, pero el estrés causado por los últimos acontecimientos y la inseguridad innata en ella le estaban provocando una gran ansiedad. Cuanto más ansiosa estuviera, menos paciente se volvía.

       —Yo… no entiendo cómo es que tomas las cosas con tanta calma —hizo una pausa y luego miró nuevamente el rostro de la kaiohshin—. ¿No te das cuenta que sí fallamos nuestros mundos y todo lo que nos importa desaparecerá? Tenemos que averiguar de dónde procede toda esa destrucción.

       —No me malinterpretes, amiga —replicó Dina—. El hecho de que tome las cosas con humor no quiere decir que ignore lo que sucede. Soy la Kaiohshin del Suroeste, y tal vez no sepas lo que eso significa, pero cuidar de mi universo es una responsabilidad con la que he cargado desde antes de que tú nacieras.

       —¿Eres la guardiana de tu universo? —inquirió Shoryuki, sorprendida por semejante revelación—. No tenía idea.

       —Sipirili, lo que pasa es que… bueno, siempre he pensado que aún en las peores situaciones uno puede darse el lujo de reír un poco.

       —Disculpen que las interrumpa —intervino Nicole, un poco más confundida de lo que había estado antes—. ¿Me podrían explicar a qué se refieren con eso de otro universo? Recuerdo que mencionaron algo parecido cuando estuvieron en la Casa de Aries, pero creí que eras una deidad como Atenea o los demás dioses. ¿Quieres decir que no son de este mundo? ¿De dónde han venido realmente? ¿Del Reino de los Muertos o del Santuario del Mar?

       —Trataré de explicarlo de la manera más sencilla —repuso Dina mientras se rascaba la nariz—. Mis compañeros y yo provenimos de Tierras paralelas  para solucionar una crisis que nos amenaza por igual. Soy una diosa en efecto, pero no pertenezco a este universo. Caramba, si fuera de este mundo y conociera a tu Atenea, créeme que le hubiera dado unas buenas cachetadas para hacerla entrar en razón.

       Shoryuki estudió la expresión de Nicole y comprobó que no se veía demasiado sorprendida por las palabras de Dina. Lo cierto era que la Guerrera de Acuario nunca se había puesto a pensar que existiesen mundos parecidos al suyo u otros universos, pero tampoco le asombraba mucho descubrir ese hecho. En un lugar en donde existían dioses y guerreras que podían despedazar rocas con el poder de su cosmos, pocas cosas podían sorprenderla verdaderamente.

       —Tal vez me apresuré al pensar que podrían ayudarme —murmuró Nicole con algo de recelo—. Es obvio que ustedes están aquí por sus propios intereses y no les importa lo que sucede en esta Tierra.

       —No es verdad, Nicole —se apresuró a decir Shoryuki, atrayendo nuevamente la atención de la Sagrada Guerrera de Acuario—. Estoy segura de que lo que le sucedió a tu diosa Atenea está relacionado de algún modo con nuestra misión en este lugar.

       —Yo también pienso lo mismo —afirmó Dina—. Sí nos ayudamos, podremos saber qué sucede en este santuario. Creo que estoy lista para usar la teletransportación, pero deberán guardar silencio para que pueda concentrarme.

       Nicole la miró con cierto escepticismo.

       —¿De verdad podrás hacerlo?

       —Sí, pero no hablen —repuso Dina y luego cerró sus ojos, mientras Nicole y Shoryuki se colocaban a ambos lados de la kaiohshin—. Tengo que concentrar mis poderes para superar la magia que cubre al santuario.

       —¿Seguro que no vamos a aparecer de cabeza en el aire de nuevo? —inquirió Shoryuki dirigiendo la mirada hacia Nicole, quien vio cierto temor en sus ojos. La Guerrera de Acuario también abrigaba ciertas dudas sobre la habilidad de Dina para llevarlas hasta el salón de la Gran Matriarca.

       —Hmmm —respondió Dina frunciendo el entrecejo—. Gracias por el voto de confianza, queridas amigas. Deberían agradecerme que no les intercambiara las cabezas por accidente o algo peor. Ahora no hablen que necesito hacer bien esto.

       La kaiohshin permitió que su energía interna la guiara. En su mente visualizó una por una las Doce Casas y llegó hasta el salón de la Gran Matriarca del santuario, buscando el origen de la oscuridad reinante, hacia un lugar desconocido en donde una mujer ataviada con una túnica oscura y una máscara por rostro, sentada en un trono dorado, reposaba pacientemente rodeada por tinieblas. Dina se llevó el dedo índice y medio a la frente, apretando los párpados y pronunciando las palabras clave.

       —Kai-Kai.

       Nicole y Shoryuki observaron que todo a su alrededor se volvía borroso y entonces desaparecieron del camino. Cuando se dieron cuenta de lo que había sucedido, las tres estaban paradas de frente a unas enormes puertas blancas adornadas con delicadas molduras doradas. Nicole reconoció de inmediato el sitio donde habían aparecido.

       Estaban en la antesala de la habitación principal de la Gran Matriarca.

       Planeta Ginups

       Luego de abandonar la ciudad, Jaguar Negro condujo a Shiryu, Génesis y los otros hasta un solitario edificio en ruinas ubicado cerca de una montaña. Eclipse recogió algunas ramas y las fue apilando en el suelo con la intención de encender un fuego antes de que el frío amainara. Shiryu se deshizo de unas enredaderas que le sujetaban el brazo y comenzó a inspeccionar el lugar con interés.

       —Humm, este sitio parece el escenario para una de esas película de terror —murmuró el Guerrero Dragón irónicamente—. Aunque también podría usarse en, digamos, uno de los episodios de Tales from the Crypt.

       —¿De qué rayos estás hablando? —le preguntó Sailor Golden Star.

       —Tales from the Crypt, ¿no lo conoces? —dijo Shiryu. Por supuesto, Naoko no lo conocía—. Sí, ya sabes, el programa de televisión donde… nah, olvídalo.

       Génesis caminó hacia una derruida pared cubierta de imágenes pintadas con sumo detalle y comenzó a mirarlas con atención. En el cielo estaba suspendido un triángulo, de cuya base salían rayos brillantes como los del sol. Debajo la imagen de un hombre ataviado con armadura y una capa, extendiendo los brazos para bañarse en la luz. A sus pies, varios dioses se arrodillaban ante él. Y en una pared contigua, una mano gigantesca que sostenía sobre su palma una espiral infinita de estrellas.

       —¿Te gustan? A mí también me impresionaron la primera vez que las vi.

       La cazadora volvió el rostro y vio a Jaguar Negro acercarse.

       —Es… interesante —murmuró Génesis—. ¿Qué simbolizan todos estos dibujos?

       —Pues, anuncios de un centro comercial te aseguro que no son —murmuró Shiryu—. Aunque admito que esos grafitis no los pudo pintar cualquier aficionado.

       —Estamos son las ruinas de un antiguo templo —dijo Jaguar Negro pasando su mano por los murales—. En realidad no conozco bien toda la historia de este lugar, pero un nativo de Ginups me trajo aquí hace tiempo y me contó varias cosas acerca de una vieja religión que aquí se practicaba.

       —Una vieja religión, ¿eh? —murmuró Eclipse, mientras sacaba una cacerola de su bolsa—. Supongo que tú debes saber mucho sobre religiones, Génesis, ¿verdad? Digo, después de todo te dedicas a cazar demonios, fantasmas, duendes y demás bichos raros.

       Génesis se encogió de hombros

       —Las religiones son sólo instrumentos para controlar mentes, a los demonios no se les ahuyenta con rezos, sino con plomo y el filo de una espada.

       —Hummm, tú siempre tienes esa actitud tan pasiva-agresiva —murmuró Eclipse, mientras encendía fuego.

       —Una cazadora de demonios, ¿eh? —Jaguar Negro esbozó una sonrisa bajo su máscara—. Ahora que lo mencionan, ¿por qué no me cuenta de donde han venido todos ustedes?

       Génesis miró a su alrededor para compartir sus dudas con los demás.

       Continuará… .

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