Leyenda 093

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO XCIII

LA TRANSFORMACIÓN DE BARAN

         Planeta Adur.

         Un aire frío impregnaba el ambiente. El cielo continuaba cubierto con un manto lúgubres de nubes grises mientras el viento sacudía las copas de los árboles. De vez en cuando algún relámpago iluminaba vagamente el paisaje acompañado por el estridente sonido de un trueno. Escondida entre el follaje de los árboles, una pequeña nave robot imperial captaba las imágenes de la batalla y las retransmitía a Armagedón usando una frecuencia secreta. Su misión consistía en mantener informado a N´astarith y sus aliados de la batalla que ocurría en Adur.

         Rafaruto sujetó su lanza con ambas manos. Ahora que sus compañeros y los dragones habían sido derrotados, recaía en él la tarea de aniquilar a los amigos de Dai, y eso es precisamente lo que tenía pensado hacer. No importaba que lo superaran en número. Su determinación y su coraje le ayudarían a hacerse con la victoria.

         —No piensen que porque pudieron acabar con los dragones podrán vencerme a mí también —les dijo con suma tranquilidad y a continuación señaló a Leona—. Sí me lo propongo puedo acabar con ustedes en unos cuantos segundos.

         —Eso es lo que tú crees —replicó Sailor Pluto, desafiante—. No dejaremos que lastimes a ninguno de nuestros amigos, que te quede claro.

         El Guerrero Dragón esbozó una sonrisa burlona.

         —Jum. Ustedes los humanos hablan mucho sobre la amistad y la lealtad, pero en realidad son seres egoístas que únicamente se preocupan por sí mismos. A mí no me pueden engañar con esas mentiras.

         —¿Qué cosa? —se apresuró Leona a preguntar—. ¿De qué estás hablando?

         —Digo la verdad, chiquilla —insistió Rafaruto—. Conozco muy bien a los humanos y sé que tan malvados pueden llegar a ser. Incluso Baran cometió el error de confiar en ellos y pagó muy caro por eso.

         —¿Qué cosa? —murmuró Hyunkel—. ¿Baran fue traicionado por los humanos?

         Rafaruto volvió el rostro hacia el Caballero Inmortal y asintió.

         —Cuando Hadora trataba de conquistar el mundo con su ejército de monstruos, Baran se enfrentó a una amenaza mucho mayor venida del inframundo: Veruza, el último dragón inteligente. Baran pudo detenerlo, y después de una sangrienta batalla trató de conseguir agua de una fuente especial que sana a los Caballeros Dragón, pero estaba demasiado agotado por la batalla. —Rafaruto guardó un momento de silencio y luego continuó—. En ese momento, apareció una joven que le dio el agua y salvó su vida. La mujer, Soara, era la princesa del país de Arukido, y Baran fue invitado a la corte. Sin embargo, los concejales del reino no querían que ese forastero tomara el trono y uno de ellos aconsejó al rey no permitir que su hija se casara con él, porque podría ser un espía de Hadora logrando así que el rey rechazara a Baran.

         —Entonces, la madre de Dai era la princesa del reino perdido de Arukido —musitó Leona para sí—. Pero no entiendo, ¿qué fue lo que ocurrió con ella y cómo es que Dai llegó hasta la isla Duremín?

         —Baran sabía que Soara estaba embarazada y ambos decidieron vivir en el bosque de Teran para poder criar a su hijo —prosiguió Rafaruto—. El rey pronto los encontró y obligó a su hija a regresar. Baran decidió rendirse, pues no quería matar a los humanos y Dino fue desterrado a otro país en una balsa. Baran iba a ser ejecutado por ordenes del rey. Pero antes de que los encantamientos llameantes de los verdugos lo alcanzaran, Soara se interpuso y recibió el ataque completo. Antes de morir, Soara le pidió a Baran que perdonase a los humanos, pues sólo estaban asustados. Pero Baran se enfureció tanto que destruyó completamente el país de Arukido. Decepcionado de los seres humanos, Baran decidió unirse al poderoso Ban para ayudarle a exterminarlos.

         —¡¿Qué fue lo que dijiste?! —exclamó Poppu notoriamente sorprendido—. ¿Entonces Baran fue quien en realidad destruyó el reino perdido de Arukido? ¡No puedo creerlo! ¡Eso es imposible!

         Mientras Poppu miraba a sus amigos, el Guerrero Dragón asintió con la cabeza.

         —Baran fue traicionado por los humanos a quienes había salvado de Veruza arriesgando la vida y por eso, cuando hayamos borrado por completo la memoria de Dino, los humanos serán exterminados de la faz de la Tierra.

         —Que historia tan triste —musitó Sailor Saturn bajando la mirada al piso—. No tenía idea de que el padre de Dai hubiese sufrido tanto. Ahora entiendo el rencor tan grande que lleva por dentro, pero eso no es motivo para que cometa un error.

         —¿Qué dijiste? —inquirió Rafaruto.

         Hotaru alzó la cabeza para mirar al Guerrero Dragón directo a los ojos.

         —En el mundo existen personas capaces de cometer las peores atrocidades, pero también hay gente buena con sentimientos nobles. No puedes juzgar a todos los humanos solamente por los actos de unos cuantos.

         —Ella tiene razón, Rafaruto —convino Hyunkel—. Ahora que sabemos la verdad quiero ayudar a Baran a deshacerse de ese odio. Yo entiendo mejor que nadie lo que Baran siente porque yo también odiaba a los seres humanos, pero todo cambió cuando conocí a Dai.

         —No digan tonterías —replicó Rafaruto haciendo una mueca—. Necesitarán más que un buen discurso para que Baran olvide su dolor. Los humanos son unos miserables que merecen ser destruidos.

         Sailor Saturn hizo girar su lanza un par de veces antes de blandirla frente al Guerrero Dragón. A pesar de ser tan sólo una niña, Hotaru podía manejar aquella arma con una destreza impresionante. Saturn separó ambas piernas y se preparó para el combate.

         —Sí insistes en luchar, no me queda más remedio que derrotarte.

         —Eso lo veremos, pequeña insolente —dijo Rafaruto al tiempo que preparaba su lanza para utilizar de nuevo su técnica especial—. Te brindaré el honor de ser vencida por mi poderoso ataque.

         Usando su poder, Hotaru formó un domo transparente de energía a su alrededor para protegerse. El Guerrero de la Tierra, por su parte, frunció el entrecejo levemente al ver aquella barrera, pero estaba seguro de que nada podría resistir el poder de su lanza.

—Silence Wall!! (Campo de Energía)

         —Haken Disutoru!!

         El ataque alcanzó la barrera creada por Hotaru y produjo una tremenda explosión que levantó una nube de humo. Rafaruto cerró los ojos y sonrió mientras las fuertes ráfagas de aire causadas por la explosión sacudían sus cabellos. Ese ataque había sido muy, muy fuerte y dudaba que el Silence Wall de Saturn fuera capaz de resistirlo.

         —Niña tonta.

         El Guerrero de la Tierra se estaba girando hacia Sailor Pluto cuando de pronto percibió cómo Saturn salía saltando desde el interior de la neblina de polvo causada por el último ataque. El rostro de Rafaruto esbozó un gesto de sorpresa cuando vio como la Outer Senshi se abalanzaba sobre él desde las alturas esgrimiendo aquella enorme lanza.

         Con una habilidad increíble, Saturn golpeó el abdomen de Rafaruto y luego se retiró con un rápido salto que la colocó a varios metros del Guerrero Dragón. Éste se palpó la cintura y cuando alzó los dedos para mirarlos, descubrió que estos estaban cubiertos de sangre.

         —¿Cómo es posible? —exclamó sin poder ocultar su asombro—. Esa niña consiguió herirme con su lanza, pero sí tan sólo se trata de una chiquilla.

         En ese instante, el cuerpo de Saturn expelió un resplandor púrpura que hizo que algunos pedazos de roca comenzaran a elevarse en torno a ella. El símbolo del planeta saturno iluminó la frente de Hotaru, haciendo desaparecer su diadema de Sailor por unos instantes.

         —Tal vez sea una niña, pero no olvides que soy la Sailor de la Destrucción.

         —¿La Sailor de la Destrucción? —repitió Rafaruto, contrariado—. Veo que te menosprecie demasiado, pequeña, y eso fue un grave error —hizo una pausa y sonrió confiadamente—. Pero tú tampoco debes subestimarme, esta herida que me causaste no significa nada para mí.

         —¡Espera, Rafaruto! —le advirtió Hyunkel mientras se alzaba del suelo con dificultad. Rafaruto volvió la mirada hacia el Caballero Inmortal sin acabar de comprender cómo era que éste aún podía juntar fuerzas para seguir luchando—. Te dije que yo te vencería y eso es lo que pienso hacer.

         —Hyu-Hyunkel —musitó Hotaru con la voz entrecortada.

         El Guerrero de la Tierra frunció la mirada.

         —¿Huh? ¿Qué me vencerás? ¿Es qué acaso perdiste la razón?

         —Rafaruto, tú fuiste capaz de destruir mi armadura mágica, pero no es por medio de las armas como un guerrero alcanza la victoria. —A medida que Hyunkel iba hablando, su cuerpo se fue iluminando por un halo de pura energía—. Aunque mi cuerpo esté desecho, me levantaré porque mis deseos de pelear son muy grandes. Ahora te mostraré lo que es capaz de hacer el espíritu de pelea de un guerrero. —Cruzó los brazos frente a su rostro y luego los bajó violentamente, liberando la energía acumulada—. Grand Cross!! (Cruz Grande)

         —¡¿Qué demonios es eso?!

         Un pequeño destello de luz apareció en la frente de Hyunkel. El destello tomó la forma de una cruz y se abalanzó sobre Rafaruto girando sobre sí misma a medida que avanzaba por el aire aumentando de tamaño. Rafaruto sólo tuvo tiempo de lanzar un grito antes de que la Grand Cross lo hiciera desaparecer en medio de un estallido de luz resplandeciente.

         Armagedón (Sala del trono)

         Los líderes del Ejército del Mal, Bórax, Tiamat, Leinad, Mantar y N´astarith observaban en la pantalla gigante las imágenes cambiantes del enfrentamiento que libraba Rafaruto contra los amigos de Dai hasta su inevitable conclusión. Fue en ese instante, cuando Hyunkel decidió usar la Gran Cross, que Hadora dio rienda suelta a toda su ira contenida.

         —¡Ese Hyunkel! —exclamó el Comandante con expresión de furia.

         —Tengo que admitir que ese tipo no lo hizo nada mal —comentó Tiamat, dirigiendo una mirada de desdén hacia Hadora—. Como ya no podía luchar, decidió sacar fuerzas de su espíritu de pelea y utilizarlas para hacer esa técnica.

         —Y no hay que olvidar a esa chiquilla —siseó Bórax.

         —De acuerdo con la información de Nauj-vir y los demás, esa mocosa posee un poder superior al de las demás Sailors Senshi —murmuró Leinad en tono pensativo—. A pesar de esa apariencia frágil y débil fue capaz de tomar por sorpresa al tal Rafaruto.

         Aprovechando que los líderes del Ejército del Mal y Bórax estaban absortos mirando la pantalla, Mantar se acercó a N´astarith para hablarle en voz baja. Siguiendo escrupulosamente sus ordenes, el almirante abbadonita había tomado la providencia de no hablar sobre las gemas estelares en presencia de personas ajenas al imperio.

         —Mi señor, disculpe que no se lo haya dicho hace un momento, pero uno de nuestros agentes nos informó que los Guerreros Kundalini pueden adivinar los sitios en donde se encuentran las gemas estelares. Eso explicaría el porqué nuestros enemigos pudieron llegar hasta el mundo de Céfiro después de que nuestros científicos eliminaron los impulsos trans-warp.

         —Interesante —farfulló N´astarith con voz maligna—. Seguramente deben estar utilizando algún tipo de habilidad astral para lograrlo. Sí pueden hacer eso, entonces nada les impedirá llegar hasta las gemas faltantes.

         —¿Quiere que le ordene a nuestros agentes que los eliminen?

         —No te preocupes por eso, Mantar —lo calmó N´astarith—. Las cosas están saliendo según lo había previsto. Dejemos que crean que aún pueden detenernos y luego, cuando tengan la guardia baja, los aplastaremos de una vez por todas.

         —Sí, mi señor.

         N´astarith lanzó una rápida mirada de soslayo hacia Ban y los demás para verificar que aún estaban observando la batalla que se desarrollaba en Adur. Entonces supo que podía hablar sin que nadie más se enterara de sus planes

         —Por cierto, Mantar, tengo una nueva misión para Astarte —le susurró mientras el almirante se inclinaba un poco más—. Aún quedan algunos sujetos que podemos utilizar en nuestra batalla contra los aliados de los Caballeros Celestiales y quiero que ella se encargue reunirlos.

         —Entiendo, mi señor —repuso Mantar con una sonrisa—. Más carne de cañón.

         —Exactamente, Mantar, exactamente.

         Planeta Adur.

         Cuando la fuerza de la explosión se desvaneció y todo regresó a la calma, Rafaruto estaba tendido boca arriba en el suelo. Tenía múltiples heridas por todo el cuerpo y le salía sangre por la boca. No estaba muerto, sin embargo, pero era evidente que no podría continuar luchando. A unos cuantos pasos de donde se encontraba el Guerrero Dragón, había dos enorme hendiduras en la tierra, las cuales estaban unidas por la mitad formando una enorme cruz.

         —No tenía idea de que un simple humano pudiera hacer algo como eso —murmuró con debilidad—. El espíritu de pelea de Hyunkel es demasiado fuerte, digno de un verdadero guerrero.

         —¡¡Hyunkel!!

         Rafaruto vio como Leona y los demás acudían al auxilio de Hyunkel, quien apenas podía mantenerse de pie. El Caballero Inmortal había arriesgado el todo por el todo usando la fuerza de su espíritu de pelea y había ganado el combate. Sin embargo dicha acción lo había dejado sumamente débil.

         —Hyunkel, ¿estás bien, amigo? —le preguntó Poppu.

         Hyunkel miró a Poppu con desconcierto al oír la palabra “amigo”. Por un segundo supuso que había escuchado mal o que Poppu lo había dicho nada más por accidente. Como fuera, equivocación o no, Hyunkel respondió a las atenciones del mago frunciendo una sonrisa.

         —Te curaré con mi magia —le dijo Leona.

         —¿Qué pasó con Dai? —preguntó Sailor Saturn.

         —Te-Tenemos que ayudar a Dai —murmuró Hyunkel.

         Poppu dirigió su mirada hacia el sitio donde estaban Dai y Baran. El chico aún se sujetaba la cabeza mientras se retorcía de dolor en el suelo. Poppu apretó los puños y se dispuso a ir en ayuda de su amigo. Estaba corriendo a toda velocidad cuando de repente Borahon emergió de entre los árboles derribados, mostrándose más amenazador que nunca.

         Antes de que Poppu pudiera dar la media vuelta y alejarse, Borahon lo sujetó rápidamente por la cabeza y lo levantó del suelo como si fuera una marioneta. Al ver aquello, Umi, Marina, Mariana, Sailor Saturn y Sailor Pluto se dispusieron a rescatar a Poppu y se colocaron frente al Guerrero de los Mares.

         —¡Poppu! —gritó Hotaru.

         —¡Será mejor que lo sueltes! —le advirtió Umi, blandiendo su espada.

         —No estás en posición de amenazar, mocosa ridícula —replicó Borahon, y para demostrar que tenía razón presionó un poco la cabeza de Poppu, haciéndolo gritar fuertemente—. Más les vale que se calmen o este mago de pacotilla morirá.

         —¡Eres un maldito cobarde! —exclamó Mariana con furia.

         Borahon esbozó una sonrisa burlona.

         —Digan lo que quieran, pero sí se mueven aunque sea un centímetro aplastaré la cabeza de este tonto y regaré sus sesos por el suelo. ¿Qué les parece eso?

         —No lo escuchen —murmuró Poppu—. Denle su merecido… .

         —Pero que valiente, casi me haces llorar —se burló Borahon mientras se deleitaba con las miradas furiosas de sus adversarias—. Ahora acabaré con todos de una vez por todas y luego ayudaré al gran Baran.

         —¡Espera Borahon!

         Desconcertado, el Guerrero de los Mares giró su cabeza hacia donde se encontraba Rafaruto, que trataba de levantarse a duras penas a pesar de sus heridas. Borahon imaginó que su compañero deseaba tomar parte en la derrota de los amigos de Dai, así que sonrió maliciosamente.

         —Vaya, Rafaruto, me alegra ver que aún tienes deseos de pelear —murmuró Borahon con malicia—. Ven conmigo y juntos terminaremos con estos miserables.

         —¡Demonios! —musitó Sailor Pluto, angustiada por el inesperado giro de los acontecimientos. Con Hyunkel y Hikaru heridos y con Poppu como rehén, les iba a costar mucho trabajo derrotar a los Guerreros Dragón. Además, aún quedaba ese hombre llamado Baran.

         —¿Qué pensaron, estúpidas? —les preguntó Borahon con desprecio—. ¿Creyeron que podrían vencer a los Guerreros Dragón? Ahora les daremos su merecido, veamos, ¿con quién empezamos?

         El Guerrero de los Mares llevó sus ojos del rostro de Sailor Pluto al de Marina y luego al de Umi. Entonces, se abalanzó sobre la Guerrera Mágica con la intención de liquidarla.

         —¡¡La primera serás tu, maldita mocosa!! ¡¡Muere!!

         Nerviosa, Umi cerró los ojos. Sabía que sí trataba de defenderse, Borahon usaría el cuerpo de Poppu como escudo. Sailor Saturn se giró hacia la Guerrera Mágica con la intención de protegerla con el Silent Wall, pero antes de que pudiera reaccionar a tiempo, se escuchó el grito de Umi seguido por un salpicar de sangre. Desgraciadamente para Borahon, la Guerrera Mágica no había gritado porque hubiese sufrido alguna herida. La lanza de Rafaruto había atravesado la cabeza de Borahon por detrás, parándolo en seco y haciéndolo caer al piso.

         —¿Qué fue lo que ocurrió? —preguntó Poppu.

         Hyunkel no podía entender lo que había ocurrido. Rafaruto, en una acción totalmente impensable, había matado a su compañero de armas, salvando con ello las vidas de Umi y de Poppu. Desconcertado, se volvió hacia el Guerrero de la Tierra para interrogarlo.

         —¿Por qué hiciste eso, Rafaruto? No entiendo… .

         —En el momento en que Borahon decidió tomar un rehén traicionó el espíritu noble de los Guerreros Dragón —explicó Rafaruto—. Lo que él hizo es indigno de cualquier guerrero.

         —¿Por qué odias tanto a los humanos? —inquirió Hyunkel—. Nos explicaste los motivos de Baran para ayudar al rey Ban a combatir a los humanos, pero no sabemos tus razones.

         Rafaruto miró a Hyunkel y a los demás con desconfianza. Sentía que sus fuerzas se estaban agotando poco a poco y faltaba muy poco para que llegara a su límite. Pero sí iba a morir, al menos les contaría la verdad sobre su odio por los seres humanos.

         —Yo soy un ser mitad monstruo y mitad humano —confesó, luchando por mantener la conciencia—. Mi padre fue un monstruo y mi madre una humana. Cuando tenía siete años, comenzó la guerra entre Hadora y los humanos y como mi padre era un monstruo, lo acusaron de pertenecer al Ejército del Mal y lo asesinaron.

         —Que terrible —murmuró Fuu, conmovida—. ¿Qué le pasó a tu madre?

         —Ella enfermó gravemente y murió tiempo después —continuó Rafaruto, haciendo esfuerzos por no desfallecer—. Como yo era en parte monstruo, nadie nos brindó ayuda nunca. Sólo Baran comprendió mi dolor y me crió como sí fuera su hijo.

         —Tenemos que hacer entrar en razón a Baran —musitó Hyunkel mientras se apoyaba en su espada para sostenerse—. Rafaruto, necesito saber una cosa más: ¿cómo llegaron hasta aquí? ¿Quién los ayudó a encontrarnos?

         —Hyunkel… usa mi armadura para luchar… la persona que nos ayudó a llegar… .

         Antes de que pudiera decir lo más importante, el Guerrero Dragón se desplomó en el suelo. Hyunkel se acercó a él para hacerlo reaccionar, pero Rafaruto estaba demasiado débil y había perdido el conocimiento. Con sus últimas fuerzas, el Guerrero de la Tierra hizo que su armadura mágica abandonara su cuerpo malherido y revistiera el de Hyunkel.

         —¡¡Rafaruto!!

         Mariana se hincó de cuclillas en el suelo y le tomó el pulso al Guerrero Dragón para comprobar sí aún estaba vivo. Por unos momentos no percibió ninguna clase de pulsación sanguínea en el cuerpo de Rafaruto y supuso que éste había muerto. No obstante, luego de un momento de espera, sintió leves señales de vida.

         —Aún está vivo, pero entró en shock.

         —¡¡Tenemos que ayudar a Dai!! —exclamó Poppu.

         —¡Es cierto! —convino Leona—. ¡Vamos!

         —¿Y qué hay de Rafaruto? —preguntó Mariana—. Aún está vivo.

         —No lo sé, ¿a mí qué me preguntas? —replicó Poppu con impaciencia, pero cuando vio la expresión de malestar de Mariana, añadió—: Quédate con él.

         —¿Qué me quede con él? —Mariana pensó que era un chiste—. Oigan, no me dejen aquí sola con este tipo.

         —Descuida —le dijo Fuu a sus espaldas—. Yo me quedaré contigo, aún tengo que curar las heridas de Hikaru.

         Mariana asintió con la cabeza. Dirigió su mirada hacia el sitio donde Dai y Baran se encontraban y mientras veía a sus amigos dirigirse hacia allí, rezó para que nada malo les sucediera.

         —No te resistas, Dino —dijo Baran—. Dentro de poco todo habrá terminado.

         Pero Dai no estaba dispuesto a darse por vencido. El dolor que sentía era intenso, pero estaba haciendo hasta lo imposible por resistirse al influjo de Baran. El líder del batallón de los dragones presionó un poco más, pero antes de que pudiera doblegar la voluntad de su hijo, una esfera de energía se abalanzó sobre él y lo obligó a interrumpir el ataque.

         —Deep… Scream (Grito… Mortal)

         Con un certero golpe, Baran desvió el ataque de Sailor Pluto hacia unas rocas lejanas donde estalló. Dai aprovechó esos valiosos instantes para ponerse de pie y recuperar su espada. Baran, por su parte, abrió los ojos de par en par al ver como Poppu, Hyunkel, Leona, Marina, Umi, Sailor Saturn y Sailor Pluto llegaban hasta el lugar de la pelea para ayudar a Dai.

         —¿Ustedes? ¿Qué están haciendo aquí? —les preguntó Baran sin poder ocultar su sorpresa—. ¿En dónde están los Guerreros Dragón?

         —Costó trabajo, pero nos hicimos cargo de ellos —repuso Poppu, desafiante—. Ahora aléjate de Dai inmediatamente y dinos, ¿cómo llegaste hasta este universo?

         El líder del Batallón de los Dragones les dirigió una mirada impasible.

         —Nunca creí que pudieran derrotar a los Guerreros Dragón, pero veo que los subestime. Ahora me doy cuenta que no tiene caso tratar de convencer a Dino de que se una al Rey Ban. Lo mejor será terminar con todos de una vez por todas.

         —¡Espere! —exclamó Sailor Saturn—. Rafaruto nos contó todo sobre la madre de Dai y la razón por la cual detesta a los seres humanos. Escuche, sé que lo que sucedió fue terrible, pero eso no es… .

         —Niña, será mejor no hables de lo que apenas entiendes —le interrumpió Baran en un tono bastante áspero—. Los hombres sólo han traído el sufrimiento y la guerra, pero eso cambiara cuando el rey Ban los destruya a todos.

         —No, Baran —intervino Hyunkel—. No rehúyas la verdad.

         —Hyunkel, veo que traes puesta la armadura de Rafaruto —observó Baran—. Eso sólo significa que él me ha traicionado, pero no importa que clase de armadura utilices, nunca podrás vencerme… .

         —¡Baran! —El grito de Hyunkel hizo que Baran guardara silencio—. No todos los humanos son malos y tú deberías saberlo mejor que nadie porque la mujer a la que amaste era humana. Entiende lo contradictoria que es tu manera de actuar, es absurdo que estés ayudando al Rey Ban a destruir a los humanos.

         —¿Mi madre? —murmuró Dai—. ¿Ustedes saben lo que le sucedió a mi madre?

         Baran bajó la mirada y cerró los ojos. Parecía como sí las palabras de Hyunkel hubieran hecho mella en el corazón del líder del batallón de los dragones. Baran recordó fugazmente el último deseo de Soara: “recupera a Dino y perdona a los humanos”. Por un momento, quizá una fracción de segundo, Baran vaciló, pero el recuerdo de su amada, asesinada a manos de los hechiceros que iban a matarlo a él, hizo que el fuego de su odio reviviera con mayor fuerza.

         De pronto, Baran se quitó el pedazo de metal que recubría la parte izquierda de su rostro y abrió los ojos. Intrigados, todos contemplaron al líder del Batallón de los Dragones sin entender qué era lo que estaba haciendo. Sailor Pluto incluso llegó a pensar que Baran se estaba preparando para rendirse, pero pronto se dio cuenta que eso no iba a ocurrir.

         Inesperadamente, un rayo salió de entre las nubes y golpeó a Baran. Entonces, ante el asombro de los presentes, el cuerpo del líder del batallón de los dragones comenzó a sufrir una asombrosa transformación. Sus músculos se tornaron más fuertes y su piel se volvió tan dura como el acero. Un par de enormes alas de dragón le brotaron de la espalda y el cabello se le erizó por encima de su cabeza mientras el símbolo del dragón brillaba con todo su esplendor.

         —¡¿Qué demonios le pasa?! —preguntó Poppu sin dirigirse a nadie en especial.

         —¡Su cuerpo está cambiando! —exclamó Leona.

         La ciudad estaba a unos pocos kilómetros, pero Casiopea ya estaba ansiosa por llegar. Durante todo el camino le había estado contando a Kurinrin y a No. 18 acerca de los magníficos edificios de la ciudad aduriana y sobre las costumbres del lugar. 18 apenas y había pronunciado algunas palabras mientras volaba; su mente estaba ocupada pensando en la actitud que debía adoptar con respecto a Kurinrin.

         —¿No te parece, 18? —le preguntó Casiopea.

         —¿Eh? ¿Me hablabas?

         —Te pregunté sí querías bajar más adelante —murmuró Casiopea y luego volvió la mirada hacia Kurinrin—. ¿Tú qué opinas de eso?

         —¿Eh? Bueno, no sé que piense 18.

         —Ustedes sí que son indecisos —se burló Casiopea. Estaba por sugerirles que bajaran una vez que estuvieran dentro de la ciudad cuando percibió una poderosa energía que venía desde el sitio donde habían dejado a Mariana y los demás—. ¿Qué es esta energía?

         Casiopea no fue la única en sentir ese misterioso poder, también Kurinrin y 18 se percataron de éste. Como si fueran un solo individuo, los tres detuvieron el vuelo al mismo tiempo cuando ya faltaban unos metros para llegar a su destino. Aquella energía era poderosa, pero no pertenecía a un Khan o a un guerrero meganiano.

         —¿De quién es este Ki? —musitó Kurinrin—. Es una energía poderosa.

         —Viene del mismo lugar donde está Mariana y los otros —dijo Casiopea y luego se volvió por encima del hombro para mirar a 18—. ¿Tú también lo sientes, 18?

         —No de la misma manera que ustedes, pero sí, también lo siento.

         —Será mejor que regresemos —sugirió Kurinrin—. No sabemos a quién pertenece este ki, pero no es de nadie que conozcamos. Quizás estén en problemas y necesiten de nuestra ayuda.

         —Es cierto, debemos ir —Casiopea miró un instante hacia el lugar de donde venía aquella energía y luego se volvió nuevamente hacia 18, que asintió con la cabeza para manifestar su consentimiento—. ¡Vayamos pues!

         Desplegando sus auras, Kurinrin y Casiopea salieron despedidos a gran velocidad seguidos por 18. Mientras volaban, Casiopea se preguntó mentalmente quién sería el dueño de aquella presencia.

         Armagedón.

         La transformación de Baran había renovado el interés de N´astarith por la batalla que se desarrollaba en Adur. Después de la muerte de Borahon y la derrota de Rafaruto, el amo de Abbadón había creído fugazmente que la pelea iba a terminar pronto. Pensaba que Dai y los demás derrotarían fácilmente a Baran, pero la situación había dado un vuelco inesperado. Ban, por otra parte, se mostraba sumamente confiado en el triunfo de Baran y no dudaba en manifestarlo abiertamente.

         —Cuando un Caballero Dragón muere después de una batalla —estaba diciendo el Rey del Mal—, la Madre Dragón toma la señal del dragón con ella y da a luz a un nuevo Caballero Dragón en algún lugar sobre la Tierra. El Caballero es criado por la gente local y cuando llega a ser adulto, sabe y es conciente de su misión. Así que un Caballero Dragón no tiene padres, ni hijos.

         —¿Y por qué puede transformarse? —preguntó Tiamat.

         —Eso es porque posee el poder de combate de los dragones, el poder mágico de los espíritus y el corazón de los humanos. Ahora Baran se ha convertido en un ser híbrido, parte dragón, parte monstruo y parte humano.

         —Muy interesante —masculló N´astarith—. Pero me pregunto sí podrá ganar esa batalla. No olviden que Sailor Saturn, Hyunkel, Hikaru y Poppu nos han dado algunas sorpresas sin mencionar la inesperada traición de Rafaruto.

         —Baran triunfará —afirmó Killban tajantemente—. No podrán derrotarlo.

         —Veremos —replicó N´astarith.

         Un nuevo relámpago rasgó los cielos. Baran se veía impresionante después de su transformación. Umi y Leona intercambiaron una rápida mirada de asombro; el ver a Baran cambiar de forma las había dejado desconcertadas. Dai, a su vez, observó al hombre que se suponía era su padre de arriba abajo con cuidado sin acabar de entender la razón de ese cambio.

         —¿Qué fue lo que hiciste? —preguntó el chico al fin.

         —He cambiado —repuso Baran mientras un trueno resonaba en las alturas—. Me he convertido en un ser híbrido Humano-Dragón-Monstruo, o sea un Ryumajin. Esto sucede cuando el Caballero del Dragón utiliza sus poderes al máximo, Dino, desafortunadamente tú no has alcanzado el máximo desarrollo y por ello es natural que te parezca extraña mi transformación.

         —No pienses que porque cambiaste de forma nos vas a asustar —le dijo Umi al tiempo que extendía su puño contra el Caballero del Dragón—. ¡Toma esto… Mizu No Ryu! (Dragón de Agua)

         Baran simplemente extendió una mano al frente y contuvo el ataque de Umi sin problema. El imponente dragón de agua se rompió al chocar contra la palma del Ryumajin.

         —¡¿¿Qué pasó??!

         —Necesitarás aumentar más tu poder mágico sí deseas hacerme daño con ese tipo de ataques. —Acto seguido, Baran levantó su mano derecha y arrojó una corriente de aire helado contra Umi, quien voló por los aires antes de caer al suelo—. ¡¡Jiadain!!

         —¡¡Umi!! —exclamó Dai.

         La Guerrera Mágica trató de levantarse y cuando lo hizo, notó que su antebrazo derecho estaba congelado. El ataque de Baran no sólo la había aventado hacia atrás, sino que además le había inmovilizado el brazo.

         —¡Miserable! —vociferó Poppu, mostrándole un puño a Baran—. ¡No podrás derrotarnos a todos!

         —Eso está por verse —murmuró Baran y a continuación se lanzó a toda velocidad contra sus adversarios. Hyunkel trató de darle un golpe con su espada, pero el líder de los dragones fue más rápido y le dio un fuerte puñetazo en el estómago que lo derribó. Sailor Pluto agitó su báculo en el aire y Marina trató de convocar un Merami, pero Baran se deshizo de ambas con un poderoso Jiadain que las lanzó al piso.

         —Es demasiado rápido —observó Leona—. No podremos derrotarlo.

         —Yo aún no he comenzado a pelear —repuso Dai antes de arrojarse contra Baran esgrimiendo su espada. No obstante… Baran detuvo el mandoble del chico tras desenfundar su espada del dragón.

         —Admiro tu determinación y tu valor, Dino —le dijo Baran antes de arrojarlo hacia atrás con un empujón de su espada—. Pero difícilmente podrás hacer algo con esa espada tan pequeña. —Entonces, Baran sujetó su espada con ambas manos y atrajo un rayo del cielo, el cual cayó directamente sobre la hoja de su arma—. Espero que no hayas olvidado esto… ¡¡Giga Break!!

         Baran se lanzó por los aires y descargó un poderoso ataque sobre Dai, quien se quedó paralizado mirando como la espada de su adversario caía sobre él… sin embargo, Sailor Saturn formó su Silent Wall alrededor de Dai para contener el poderoso ataque de Baran.

         —¡¿Qué?! —exclamó Baran luego de golpear el muro invisible que cubría a Dino.

         —No dejaré que le hagas daño —le advirtió Sailor Saturn—. ¿Cómo puedes hacerle eso a tu propio hijo? Recapacita y date cuenta de que lo que estás haciendo está errado antes de que sea demasiado tarde.

         Baran frunció la mirada y levantó su espada de nuevo.

         —Eres una chiquilla entrometida. Esto es algo que no te concierne ni a ti ni a tus amigos. ¿A ti qué más te da lo que haga con mi hijo? Dino y sus amigos ni siquiera pertenecen a tu mundo.

         —¡Eso no tiene importancia! —replicó Hotaru y blandió su arma contra Baran.

         —Insolentes —murmuró Baran con desdén. Extendió una mano contra la Outer Senshi, Poppu, y Leona y les lanzó una onda de choque que los arrojó contra unos árboles cercanos—. No se entrometan.

         —¿Por qué hiciste eso? —exclamó Dai con furia.

         —Dino, ha llegado el momento de terminar con esto de una vez por todas.

         Alzando nuevamente su espada, Baran se dispuso a repetir su mortal técnica. Esta vez iba a usar más poder que la última vez. Nada podría salvar a su hijo y lo sabía. Una nueva descarga salió de las nubes y se alojó en la espada de Baran.

         —¡¡Giga Break!!

         Baran veía la victoria cerca. Dino estaba desprotegido y la espada del dragón iba directo hacia él. De repente el arma chocó contra algo. Una misteriosa espada de doble filo había aparecido de la nada y estaba deteniendo su Giga Break.

         —Esa espada… —murmuró Dai con los ojos bien abiertos—… es la misma que pertenecía a ese guerrero llamado Galford ¿Qué es lo que está haciendo aquí?

         Excalibur se acercó lentamente hasta donde estaba Dai. El chico alargó sus manos para tomarla y entonces un resplandor cubrió toda el área. ¿Por qué esa espada había aparecido de la nada para protegerlo del ataque de su padre? Dai estaba intrigado por lo sucedido, lo mismo que Baran y todos los demás. En los segundos que siguieron a aquel resplandor, Dai pudo observar la imagen de Galford

Continuará… .

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s