Leyenda 024

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO XXIV

¡MI NOMBRE ES KARMATRÓN!

       Una pequeña nave de enlace quedó reducida a la insignificancia apenas entró en la zona de sombra proyectada por el gigantesco Devastador Estelar Dagon, pero siguió avanzando impertérrito hacia él. En su interior iba la última guerrera asignada a la tercera expedición. Se trataba de Kali, la Khan de la Destrucción.

       —¿Falta mucho para que el Portal Estelar entre en operación?

       El piloto de la nave se giró en su asiento para contemplar a la figura oculta en las sombras, detrás de él.

       —Aproximadamente treinta y cinco ciclos.

       —Bien, en ese caso, infórmenle a Tiamat que nos preparamos a abordar.

       La voz era suave y melodiosa, pero firme, ciertamente era algo raro en un Khan.

       —Si, señor —repuso el piloto, lanzando una disimulada mirada de soslayo a su copiloto, que se la devolvió. El piloto endoriano se encaró con la temida imagen del líder de los Khans que le estaba mostrando la pantalla—. Mi señor, con vuestro permiso nos preparamos para abordar la nave.

       Impaciente como casi siempre, Tiamat se apresuró a asentir.

       —De acuerdo, pueden desembarcar por el hangar 572-A.

       La pantalla se oscureció. El piloto titubeó y después volvió la cabeza hacia la silenciosa presencia que aguardaba a su espalda.

       —Proceda, capitán —dijo Kali.

       La Khan guerrera de la Destrucción contempló en silencio como el gigantesco Devastador imperial se iba elevando ante ellos hasta llenar todo el visor de su masa reluciente. Kali era una joven alta, de tez morena y cabello negro recortado al ras de su cara. Vestía una armadura de combate como era habitual entre los Khans. Los penetrantes ojos negros de la guerrera de la Destrucción se clavaron en la nave imperial como si quisiera ver lo que le aguardaba dentro de ella.

       En el puente del gigantesco Devastador Estelar, Tiamat, Sepultura y el capitán de la nave, contemplaban a través de la pantalla principal, como unas enormes compuertas situadas en la superficie deArmagedón comenzaban a abrirse lentamente.

       —Las compuertas se están abriendo —comentó el Khan de la Muerte—. En cualquier momento un rayo de luz saldrá del Portal Estelar, creando así una nueva puerta dimensional hacia otro universo.

       Tiamat sostuvo la mirada con frialdad.

       —Es verdad, el emperador se sentirá muy satisfecho cuando hayamos obtenido para él, otra de las gemas.

       La puerta de acceso al puente se abrió para dar entrada a la Khan de la Destrucción.

       —¿En cuanto tiempo la puerta estará lista? —preguntó Kali.

       Tiamat y Sepultura se volvieron hacia ella al unísono.

       —Vaya, Kali. Ya era hora —dijo Sepultura, esbozando una sonrisa—. Tardaste demasiado.

       La guerrera miró fijamente a su compañero de armas.

       —No me interesa tu opinión, Sepultura..

       Tiamat alzó su mano para indicarles con una seña que dejarán la conversación para otro momento. Un rayo blanco acababa de salir del interior de Armagedón. El suave rayo de luz era tan perfecto, tan sutil y tan mágico que parecía algo casi divino.

       —Guarden silencio —susurró volviendo la mirada hacia la ventana frontal—. La hora ha llegado

Armagedón.

       En la sala del trono, N´astarith, Mantar, José Zeiva y Francisco Ferrer se alzaban sobre un holograma de Zocrag, el científico Abbadonita.

       —Veo que las reparaciones fueron efectivas, Zocrag —siseó N´astarith, mirando la imagen fijamente—. El Portal Estelar está funcionando mejor que antes.

       —Sí, mi señor. Esto pudo ser logrado gracias a los nuevos obreros que trajimos de la Tierra. Debo admitir que los terrestres trabajan muy bien, es una lástima que mueran tan rápidamente por el agotamiento.

       Sentado en su trono, el señor de Abbadón volvió su rostro hacia una enorme pantalla visora que le mostraba como el rayo de luz blanca formaba una enorme abertura dimensional.

       —Si, puedo ver que los terrícolas han hecho una estupenda labor —murmuró fascinado—. Estoy seguro que Tiamat, Sepultura y Kali harán un buen trabajo —hizo una pausa y se volvió hacia Mantar—. Una vez que la nave haya partido, quiero que se aliste la siguiente expedición.

       Mantar asintió.

       —Sí, mi señor. El Devastador Estelar Devaki ya está siendo preparado.

       Francisco alzó una ceja. 

       —Disculpe, mi señor, pero ¿acaso no nos estamos precipitando? Todavía tenemos tiempo y… .

       N´astarith se inclinó ligeramente hacia delante, y Francisco pudo ver claramente el fuego que ardía en sus ojos rojos.

       —La decisión ya esta tomada, Francisco. Sí lo deseas puedes enviar a uno de tus guerreros.

       El emperador meganiano sintió abrirse un profundo agujero en su ya debilitada confianza.

       —Por supuesto, mi señor —dijo con resignación.

       N´astarith volvió el rostro hacia la pantalla visora para ver como el imponente Devastador Dagon atravesaba la gigantesca puerta dimensional. Una sonrisa le iluminó el rostro.

       —Bien, todo está saliendo conforme a mis designios —murmuró triunfantemente.

Astronave Churubusco.

       En el puente de mando de la gigantesca fortaleza espacial; los miembros del equipo de escaneo, comunicación y científico, que hasta unos momentos estaban descansando, se dirigieron a toda prisa hacia sus posiciones. El almirante en jefe de la flota aliada avanzó hacia los oficiales y técnicos pidiendo un informe.

       —¿Qué sucede?

       Un oficial de comunicaciones se levantó de su asiento se dirigió al almirante Cariolano con importancia.

       —Señor, hemos detectado severas perturbaciones cuánticas. Es probable que el enemigo este creando una nueva puerta dimensional nuevamente. En este preciso momento estamos haciendo los cálculos necesarios para cotejarlos con los datos archivados en la computadora central.

       —Teniente —dijo Cariolano, casi emocionado.

       —¿Si señor?

       —Será mejor llamar al príncipe Saulo cuanto antes.

       El Devastador Estelar Dagon atravesó el orificio dimensional sin mayor contratiempo. Desde el puente de mando del gigantesco navío de guerra Abbadonita, Tiamat, Sepultura y Kali se quedaron inmóviles sobrecogidos al ver como su nave penetraba en una especie de túnel de luz brillante. Al cabo de unos breves instantes, un pequeño planeta azul comenzó a divisarse a la salida del luminoso pasaje.

       —El traslado fue casi inmediato —observó Sepultura una vez que la nave terminó de salir de la abertura dimensional.

       —Increíble —murmuró Kali verdaderamente impresionada—. No existe duda de que el Portal Estelar es un aparato muy avanzado.

       Tiamat, lejos de mostrar asombro por la manera en que se habían transportado de un universo a otro con semejante rapidez, se volvió hacia los técnicos del puente con una expresión sombría.

       —¿Han podido ubicar la gema estelar? 

       —Si, señor —respondió uno de los técnicos apresuradamente—. Al parecer, nuestros instrumentos han detectado la firma energética de la gema en ese pequeño planeta azul que se localiza frente a nosotros.

       —¿Planeta azul? —inquirió Kali acercándose al ventanal frontal del puente para cerciorarse—, ¿qué datos pueden darme de ese planeta? —preguntó sin apartar la vista de la ventana.

       Los técnicos se sumergieron en sus ordenadores. Finalmente uno de ellos dijo:

       —No lo van a creer, pero ese planeta tiene una configuración geográfica muy similar a la de la Tierra. La exactitud es de un 98 %, incluso cuenta con un satélite natural.

       Sepultura y Kali se miraron el uno al otro. Probablemente ahora se encontraban en un universo muy parecido al suyo, tal y como les había sucedido anteriormente a Sombrío y su grupo .

       —Dejémonos de tonterías —declaró Tiamat con impaciencia—. ¿Existen indicios de vida inteligente en ese planeta ?

       El técnico echó un rápido vistazo a la consola y concluyó:

       —Hemos detectado indicios de civilización. De hecho existe toda una red artificial de satélites orbitando el planeta, quizás se trate de un sistema de comunicaciones.

       El Khan del Dragón dejó escapar una malévola sonrisa.

       —Bien, pongan rumbo hacia el planeta. Alisten todos los cañones y que los pilotos aborden sus cazas de combate. No correremos ningún riesgo.

       —¿Qué es lo que tienes en mente, Tiamat? —le inquirió Kali contrariada.

       —Únicamente proceder como es debido. Esta vez, sí la Alianza decide seguirnos hasta este universo, quiero asegurarme que encuentren un mensaje cuando nos hayamos ido.

       Sepultura sonrió emocionado, muy pronto tendría la ocasión de combatir nuevamente.

Base Lunar de la G.A.U.

       La instalación había sido construida hacía miles de años y desde entonces la eterna labor del oficial Rax y sus ayudantes había sido la de prevenir a los zuyua de los atacantes procedentes del espacio exterior. Una labor que los selenitas ciertamente se esforzaban por cumplir con el mayor desempeño posible.

       —¿Ha sido confirmado? —preguntó un pequeño alienígena de piel azul, cabello blanco y grandes orejas.

       Uno de los técnicos se volvió hacía su superior y asintió con la cabeza.

       —Así es, oficial Rax, hemos detectado una gigantesca nave de procedencia desconocida que se dirige hacia el planeta azul. Estimamos que atravesará la atmósfera en los siguientes veinte minutos.

       Rax enarcó ambas cejas y abrió un poco más los ojos. “¿Acaso se tratará de alguna de las naves de la Alianza del Mal? —pensó—. Imposible, ellos no tienen naves tan grandes”.

       —¡Rápido! ¡Debemos alertar al emperador de esto cuanto antes!

       Justo a cincuenta y tres mil kilómetros de altura sobre la Tierra, un grupo de astronautas norteamericanos flotaba en el espacio a pocos metros del transbordador Columbia. Desde hacía más de una hora, los terrícolas habían estado tratando de poner en funcionamiento un nuevo satélite militar de comunicaciones.

       —Todo listo, coronel —anunció Meyer con entusiasmo—. El nuevo satélite espía está listo para iniciar sus funciones. Tuve que reiniciar la computadora varias veces, pero ahora todo está bien.

       El comandante de la misión, coronel Jackson asintió.

       —Perfecto, Meyer, perfecto. Me parece que ahora todo funcionará bien y… ¡Jesús! ¿Qué demonios es eso?

       Las palabras del coronel Jackson pusieron en alerta a todos los astronautas. Justo frente a ellos, una gigantesca nave alienígena de enormes proporciones se abatía sobre el pequeño transbordadorColumbia reduciéndolo a insignificancia.

       —¡Rápido! —exclamó Meyer, preso del terror—. Volvamos a la nave antes de que… .

       El astronauta nunca pudo terminar la frase. Un chorro de luz verde rasgó súbitamente el espacio y chocó contra el transbordador terrestre, haciéndolo explotar en mil pedazos. Después de que la repentina explosión iluminará el espacio sobre la Tierra, todo volvió a la oscuridad y la gigantesca nave continuó su camino rumbo a la atmósfera terrestre.

       En el puente de la astronave imperial, Sepultura contempló con lujo de detalles como los fragmentos del transbordador terrestre se dispersaban en el espacio. De cierta manera encontraba placentero matar a los seres que consideraba inferiores a él.

       —Buen tiro, comandante —festejó con una sonrisa maliciosa en los labios—. Sí esa es toda la tecnología con la que cuenta esta patética raza, no creo que tengamos nada de que preocuparnos.

       —Yo no estaría tan segura sí fuera tú —le aseguró Kali luego de observar la atmósfera terrestre por un breve instante—. Tengo el presentimiento de que a diferencia de las otras expediciones, en este mundo si encontraremos un verdadero oponente.

       Sepultura sonrió con suprema arrogancia.

       —Espero que así sea, Kali. Tengo mucho tiempo que no le arrancó el cráneo a alguien. Me hubiera gustado hacerlo con ese infeliz de Asiont.

       —¿Asiont? —repitió Kali con cierta emoción en su voz—. De modo que el emperador José Zeiva dijo la verdad, ¿no? Asiont está con vida todavía.

       Tiamat clavo la mirada en la Khan de la Destrucción.

       —¿Con que todavía lo recuerdas, eh? Sólo espero que tus emociones no interfieran con nuestra misión.

       Kali le devolvió la mirada Tiamat.

       —Ignoró a que te refieres.

       —Vamos, Kali —intervino Sepultura con un tono repentinamente áspero—. Todos sabemos que fuiste muy amiga de Asiont durante cierto tiempo y no queremos que mezcles emociones.

       Esta vez fue la Khan de la Destrucción la que sonrió con arrogancia.

       —Eso pertenece al pasado.

       Tiamat y Sepultura se miraron entre sí. Una sonrisa maliciosa cruzó el rostro de los Khans.

       —Espero que así sea —murmuró Tiamat amenazadoramente.

       El Devastador Dagón atravesó la atmósfera terrestre rápidamente. Una vez que la nave extraterrestre surcó los cielos del planeta tomó rumbo hacia Norteamérica.

Agarthi.

       En la sala de monitoreo de la ciudad subterránea de Lemuria, el emperador Zacek contempló a través de una enorme pantalla visora —la cual tenía la misma forma del ojo de Rha en la mitología egipcia— como la gigantesca nave desconocida atravesaba la atmósfera del planeta para finalmente dirigirse hacia Norteamérica.

       —¡Por el Gran Espíritu! —exclamó alarmado—. ¡Esa nave es gigantesca!

       —Emperador, estamos recibiendo un mensaje directo desde el Pentágono —le informó Guy, oficial en jefe de comunicaciones en Lemuria—. La pondré en el monitor.

       La pantalla visora cambió de imagen y el rostro de un hombre apareció en él.

       —General Paterson —susurró Zacek.

       —Emperador Zacek, acabamos de recibir un informe del centro espacial de Houston. El trasbordador Columbia acaba de ser destruido y ahora nuestros radares nos informan acerca de un inmenso objeto volador no identificado de veinticinco kilómetros de diámetro que ya ha atravesado la atmósfera.

       Zacek asintió.

       —Nosotros también estamos al tanto de la situación, general. Al parecer esa nave de la que habla se dirige hacia el norte de México. Nuestros oficiales de comunicaciones tratan de descubrir su trayectoria.

       El general Paterson bajó la mirada. Sí la gigantesca nave realmente se dirigía al sur de los Estados Unidos, entonces representaba una real amenaza para el país que había jurado defender.

       —Comprendo, en ese caso ordenaré a nuestras fuerzas que se preparen de inmediato.

       —No se lo recomiendo, general —dijo Zacek, mostrándose preocupado—. Esa nave no pertenece a la Alianza del Mal. No conocemos las intenciones de sus tripulantes y sólo arriesgaría a sus pilotos en caso de que se presentará algún inconveniente. Deje que nosotros nos encarguemos de esto.

       Paterson frunció el ceño y asintió.

       —De acuerdo, emperador Zacek. Dejaremos que ustedes se encarguen por ahora, pero de todas formas enviaré algunos escuadrones, sólo para estar seguros.

       La imagen del general terrícola se desvaneció. Zacek respiró hondo y se volvió hacia su amada Lis-ek.

       —¿Será este el peligro que hemos estado percibiendo durante los últimos días? 

       —Tranquilízate, Zacek —repuso la joven—. Aún no conocemos sus intenciones.

       El emperador zuyua sonrió con agrado. Justo cuando Zacek se disponía a comunicarse con sus fuerzas, las puertas de acceso a la sala de comunicaciones se abrieron de golpe y un anciano penetró en el lugar.

       —Maestro Shilbalam —murmuró Zacek.

       —Zacek, he percibido una fuerte vibración negativa. Jamás había sentido un poder semejante —informó Shilbalam

       Zacek alzó una ceja.

       —¿Crees que sea Asura? —preguntó, refiriéndose al peor enemigo de la G.A.U.

       El anciano negó con la cabeza.

       —No, la presencia de Asura es diferente.

       Zacek apretó los puños. Por una extraña corazonada supuso que quizás esas misteriosas presencias a las que se refería Shilbalam estaban relacionadas con la gigantesca nave que ahora sobrevolaba el planeta.

       —No perdamos tiempo —hizo una pausa y se volvió hacia Guy—. ¡De prisa, Guy! ¡Comunícate con los Defensores del Tollán y que partan hacia el norte de México! ¡También avisa a Uller!

       El oficial en jefe de comunicaciones se apresuró a asentir.

       —De inmediato, emperador Zacek.

       Norte de México.

       Una sombra de veinticinco kilómetros de diámetro engulló la cuidad mexicana de Monterrey, oscureciendo el mismísimo cerro de la Silla. El clima de anticipación contenida se convirtió en una ola de chillidos humanos que se precipitaban hacia el su cuando apareció la nave oscura. Mucho antes de que el zumbido casi sordo de la nave se oyera por encima de la conmoción del tráfico, la ansiedad colectiva de toda una ciudad había llegado a su punto álgido. El contacto visual con la nave desencadenó una huida humana masiva.

       —Vaya, miren esto —siseó Tiamat, mirando el monitor principal—. Así que los habitantes de este insignificante planeta han creado una civilización muy parecida a la del planeta Tierra que nosotros conocemos

       Sepultura asintió.

       —Así parece, sólo que las construcciones son más primitivas aún.

       Kali se llevó la mano al escáner visual y, tras apretar las teclas del aparato, dijo:

       —La gema se encuentra muy cerca de aquí y… .

       —Disculpe que la interrumpa —intervino el capitán de la nave—. Pero estamos detectando al menos cincuenta aeronaves que se aproximan directamente a nuestra posición. Es posible que se trate de las fuerzas de defensa de este mundo.

       Sepultura se volvió hacia el capitán.

       —¿En qué lugar se encuentra la gema? —le inquirió, exigiendo con su tono de voz una respuesta inmediata.

       El capitán titubeó.

       —En alguna parte de esta área, señor. Parece ser que los edificios de la ciudad que se encuentra bajo nosotros están interfiriendo nuestras señales.

       Los ojos azules de Tiamat se clavaron en el capitán Abbadonita, atravesando sus defensas, desnudándolo y olvidándose desdeñosamente de él en cuanto vio lo insignificante y estúpido que era.

       —¿Y nos molestas por algo tan trivial, estúpido? —le espetó molesto—. Quiero que empiecen a abrir fuego de inmediato. Despedacen la maldita ciudad sí es necesario, pero limpien el área.

       Con una expresión de terror en el rostro, el capitán de la nave se apresuró a asentir.

       —Si, si, lo que usted ordene, mi señor.

       En cuestión de segundos, las baterías turbo láser de la inmensa nave comenzaron a abrir fuego contra la ciudad de Monterrey. Como si se tratará de una lluvia infernal, los impulsos de energía súper concentrados destruyeron rápidamente docenas de edificios y, en dos segundos, el centro de la ciudad había sido destruido. La gente, despavorida, echó a correr abandonando sus hogares y vehículos para ponerse al cubierto. De pronto, el zumbido de los motores de un grupo de aviones de combate llamó su atención en el cielo.

       Los aviones F-15 Eagle que se estaban acercando pertenecían a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de América. Habían cruzado la frontera de México por ordenes del general Paterson para iniciar una inspección del misterioso objeto volador que acechaba en el cielo. No obstante, cuando el líder del grupo divisó claramente el bombardeo del que era objeto la ciudad decidió dar la orden de atacar. A pesar de que aún se encontraban a dieciséis kilómetros del blanco, la colosal envergadura de la nave hacía que los pilotos se sintieran más cerca.

       —Los mísiles Sidewinder están listos —anunció el líder del grupo—. ¡Abran fuego!

       Los mísiles Sidewinder, de tamaño reducido, eran armas de corto alcance que iban a suponer una prueba muy dura para las defensas aire-aire de la nave espacial. Cada avión disparó dos mísiles a la velocidad del rayo; como estaban dirigidos por radar se ladearon ligeramente en dirección al blanco como un banco de pececillos abalanzándose sobre una ballena gris.

       De repente todos los mísiles explotaron al mismo tiempo a un kilómetro del blanco.

       En el puente de mando, Sepultura soltó una carcajada tras ver los débiles esfuerzos de los humanos por defenderse.

       —¡Estúpidos! Creen que con esas armas tan primitivas pueden derrotarnos —hizo una pausa y se volvió hacia los oficiales—. ¡Derriben a esas moscas ahora mismo!

       Mientras los pilotos terrestres intentaban averiguar el porqué sus mísiles habían estallado antes de tocar la nave; varias compuertas comenzaron a abrirse en el gigantesco Devastador Estelar y una tormenta de pequeñas naves enemigas surgieron de éstas. Planeando como peces metálicos, los cazas imperiales comenzaron a abatir a los aviones terrícolas con asombrosa facilidad.

       Tiamat miró el transcurso de la batalla por unos breves instantes. Ya había pasado bastante tiempo y no había señales de que algún poderoso guerrero fuera a hacerles frente, así que decidió salir de la nave para ir en busca de la gema estelar.

       —Bien, ahora será nuestro turno de actuar —declaró el Khan de Dragón. A continuación se volvió hacia Sepultura y Kali—. Vengan conmigo, es el momento de ir por la gema.

       Los tres Khans se dirigieron a la salida mientras eran seguidos por las miradas asustadas de todos sus subordinados.

Astronave Churubusco.

       En la sala de prácticas de la gigantesca nave insignia aliada, Saulo supervisaba hasta el más mínimo detalle el resultado del entrenamiento de Dai, Ranma, Poppu y los otros. Luego de haber sufrido un poco durante los primeros días para acostumbrarse todos lo habían hecho bien, aunque de diferente manera. Ranma y Ryoga habían logrado moverse normalmente en una gravedad aumentada dos veces mientras que Dai y Hyunkel lo habían conseguido en una gravedad aumentada siete veces.

       —Esto es genial —declaró Saulo, volviéndose hacia Shampoo y Leona—. Se han acostumbrado muy bien a la gravedad aumentada.

       Leona dejó escapar una leve sonrisa de satisfacción. El príncipe endoriano estaba realmente asombrado por la manera en que aquellos jóvenes avanzaban en sus entrenamientos. Sí hubieran nacido en Endoria habrían sido estupendos Celestiales, pensó.

       Muy por el contrario, Cadmio pensaba que la idea de entrenar a esos jóvenes era sólo una perdida de tiempo. Durante la última semana, él y Saulo había logrado acondicionar sus cuerpos a una atmósfera de trescientas gravedades, pero aun así sentía que aun no era suficiente.

       —Me gustaría que Asiont pudiera ver esto —murmuró Lance.

       Cadmio se volvió hacia su hermano aniquilándolo con la mirada.

       —Deja de decir eso, Lance —le reprendió con irritación—. Asiont es sólo un cobarde, lo único que hace bien es salir huyendo de los problemas.

       Andrea y Leona clavaron sus miradas en Cadmio. Interiormente aún no entendían porqué razón se comportaba de esa manera. Mariana lo miró de la misma manera y tras un instante de silencio se acercó hasta el obstinado guerrero llevando en su mano un vaso con agua.

       —Toma esto —le dijo ofreciéndole el vaso—. Creo que no estás pensando correctamente.

       Cadmio le devolvió la mirada y tomó el vaso que la chica le ofrecía. Casi no habían hablado desde que habían vuelto de la dimensión de Ranma y aunque le costaba trabajo admitirlo, aquella situación comenzaba a incomodarlo.

       —Gracias, Mariana.

       La princesa dejó escapar una tierna sonrisa y cuando se disponía a hablarle, Casiopea entró en la habitación de golpe seguido por Rodrigo.

       —Atención, al parecer N´astarith ha abierto otra puerta dimensional —anunció, atrayendo la mirada de todos los presentes.

       Poppu, Andrea, Leona y Shampoo se miraron entre sí. Finalmente, luego de casi una semana de espera, N´astarith habían empezado a actuar.

       —¡Perfecto! —declaró Cadmio casi dominado por la emoción—. Iré ahora mismo y… .

       —Olvídalo, Cadmio —le irrumpió Saulo levantándose de su asiento—. Esta vez, yo seré quien me haga cargo.

       —¿Que dices? —le azuzó el orgulloso Celestial—. Saulo, no puedes hacerme a un lado.

       El príncipe endoriano le sostuvo la mirada en completa tranquilidad.

       —No lo hago, pero he estado pensando y quizás N´astarith se decida a abrir otra puerta en poco tiempo. Sí esto sucede, entonces quiero que tú vayas junto con Lance o con Dai para detenerlos.

       —¿Qué te hace pensar que hará eso? —preguntó Cadmio.

       —La impaciencia de N´astarith. Ahora que sabe que le seguimos los pasos, querrá obtener las gemas lo antes posible.

       Cadmio se removió con impaciencia. El orgullosos hermano de Lance aún no había aprendido a tener la paciencia de Saulo y éste lo sabía. Una razón de más para no dejar que fuera.

       —De acuerdo, Saulo, haré lo que me pides.

       El príncipe Endoriano asintió con la cabeza y se volvió para marcharse, pero antes de que atravesara la puerta, la voz de Leona lo detuvo de golpe.

       —Saulo, espera.

       Saulo volvió el rostro hacia la princesa de Papunika.

       —¿No es peligroso que vayas solo? —le inquirió Leona mientras Andrea y Poppu se colocaban a sus lados.

       —La princesa tiene razón —añadió Poppu—. No sería mala idea que alguno de nosotros te acompañará.

       Saulo cerró los ojos y dejó escapar una leve sonrisa.

       —No os preocupéis, les aseguró que llevaré ayuda.

       Tras decir esto, el príncipe Endoriano abandonó la sala de entrenamiento seguido por la mirada de todos los ahí reunidos.

       Ciudad de Monterrey.

       Los tres Khans salieron volando de la nave espacial y descendieron en medio de las ruinas del centro de la ciudad. En el cielo podía verse los restos del naufragio de una de las mejores fuerzas aéreas de los Estados Unidos.

       —Esto es excelente —declaró Kali confiadamente—. Nuestras naves no tienen problemas para aplastar a esos insectos. La victoria es nuestra.

       —Es verdad, Tiamat —convino Sepultura, dejando escapar una sonrisa maliciosa—. Pero creo que algo de ayuda no les vendría nada mal. Tengo mucho tiempo que no práctico el tiro al blanco.

       El Khan de la Muerte alzó su brazo, extendió la mano con la palma vuelta hacia delante y disparó una descarga de energía destruyendo instantáneamente dos aviones. 

       —Me encanta que las cosas resulten bien —musitó mientras los fragmentos llameantes de los aviones caían por los cielos—. Esto será muy fácil.

       Tiamat se llevó la mano al escáner visual para inspeccionar el área en busca de la gema sagrada.

       —Capto unas lecturas muy cerca de aquí… .

       —¡Alto ahí! —se oyó decir a una voz.

       Al volverse hacia atrás, los Khans descubrieron a un hombre de hielo que flotaba en el aire sobre un deslizador en forma de anillo. A juzgar por los habitantes que habían visto en la ciudad durante el ataque estaba claro que aquel gélido sujeto no pertenecía a ese mundo.

       —¿Quién demonios eres tú? —le preguntó Sepultura con insolencia—. ¿Acaso un defensor de este mundo?

       —Mi nombre es Uller y no permitiré que sigan destruyendo la ciudad.

       El hombre de hielo contempló en silencio a los guerreros de Abbadón. Uller vestía unos ropajes blanco con negro, como era habitual entre los Kundalini, en su espalda llevaba dibujado claramente el símbolo del Yin-Yang que simbolizaba el perfecto equilibrio entre el bien y el mal.

       Los guerreros Kundalini mantenían la paz, su mayor anhelo era promover la evolución espiritual entre todos los seres del universo y el equilibrio, siendo ese el dictado de su credo. Dotados de habilidades excepcionales, los guerreros Kundalini recibían su poder de las siete chakras y de la energía positiva del medio ambiente, gracias a esto podía manejar la energía del aura de diferentes maneras.

       Tiamat y Sepultura se miraron entre sí y sonrieron malévolamente con complicidad.

       —¿Con qué Uller, eh?  —murmuró Tiamat al tiempo en que levantaba su mano con la palma orientada hacia delante—. Ahora sé que nombre llevará tu lápida, estúpido.

       Una descarga de energía brotó de la mano del Khan del Dragón y se abalanzó sobre el hombre de hielo, pero antes de que el rayo pudiera tocarlo, éste desapareció. Una gran explosión hizo que los restos de tres edificios se vinieran a bajo. Sepultura sonrió, gracias a su percepción pudo saber el lugar exacto donde Uller se encontraba.

       —Eso estuvo muy bien, hombrecito de hielo  —le dijo, alzando el rostro para descubrirlo en las alturas flotando sobre su deslizador—, ¿alguna especie de poder de teletransportación, no es así?

       Gracias a una de sus habilidades como Guerrero Kundalini, Uller había conseguido teletransportarse a varios metros por encima de los Khans justo a tiempo para evitar el disparo.

       —Ya lo ves —repuso el guerrero de hielo—. Gajes del oficio de superhéroe —hizo una pausa y extendió su puño contra el Khan de la Muerte—. ¡¡Toma!!

       Un rayo blanco salió del puño de Uller en dirección a Sepultura. El Khan de la Muerte reaccionó rápidamente alzando su mano para detener el disparo. Pero para su sorpresa, todo su antebrazo se cubrió de hielo al momento del impacto.

       —Vaya, vaya, me congelaste el brazo —siseó Sepultura—. Muy impresionante.

       Uller frunció el entrecejo con desconfianza y clavó la mirada en Sepultura. Parecía como sí aquel guerrero no estuviera tomando en serio la batalla.

       —¿Quién son ustedes? —preguntó airosamente y sin bajar la guardia.

       El Khan de la Muerte sonrió malévolamente, una energía rodeo su brazo congelado y de repente, el hielo que cubría su brazo se rompió en pedazos.

       —De nada va a servir que te lo digamos, porque vas a morir aquí mismo, insecto.

       Sepultura volvió a sonreír y enseguida desapareció de la vista de Uller. Gracias a su habilidad de percepción, el guerrero de hielo supo que se encontraba en peligro, pero fue demasiado tarde. En una fracción de segundo, el Khan apareció por detrás de él y juntando ambos puños, lo golpeó en la nuca arrojándolo al suelo con fuerza. El cuerpo de Uller se estrelló en medio de los escombros de un edificio, provocando un estruendo.

       —¡Tonto! —rió Sepultura desde las alturas—. ¿Qué te pareció eso, hablador?

       La mano del guerrero de hielo brotó de entre los escombros. Pese a aquel increíble golpe, Uller aún seguía con vida.

       —Vaya, todavía no te mueres —murmuró Sepultura—. Pero eso es algo que tardará mucho —alzó su mano con la palma orientada hacia los escombros—. Ahora sí morirás.

       Pero antes de que el Khan de la Muerte pudiera disparar la ráfaga de energía, un Shuriken de energía aúrica atravesó los aires golpeando su muñeca y obligándolo a detener su ataque.

       —¡Ah! ¿quién fue? —inquirió Sepultura molesto.

       Tiamat y Kali se volvieron hacia un extremo para encarar a sus misteriosos atacantes. Ahí frente a ellos, Zacek y un grupo de jóvenes entre los que se encontraba Lis-ek, los miraban desafiantemente.

       —¡Canallas! —vociferó Zacek—. Ha matado a muchos terrícolas, pero estamos aquí para detenerlos.

       Tiamat sonrió con arrogancia y examinó al emperador zuyua de arriba abajo.

       —¿Quién rayos eres tú, insolente? —guardó silencio y lo miró directo a los ojos. Había una gran fuerza de voluntad en aquel joven de cabello blanco.

       Zacek miró a los Khans y a continuación cerró los ojos, hundiéndose en él.

       Desde su elevada posición, Sepultura sonrió. “Parece que se acobardo”, pensó. “Quizás ahora va a rogarnos”.

       —¿Qué te sucede? —preguntó Kali—. Ahora es tarde para que te arrepientas.

       Como respuesta, Zacek abrió los ojos, clavó su mirada en los Khans y repitió una oración en voz alta:

       —LA´ YUME NUM T´ OX MUK´ IL IN TIAL.

       A continuación el cuerpo del emperador zuyua se cubrió con una energía luminosa y una asombrosa transformación comenzó a llevarse a cabo. Una señal de alerta brotó de los escáneres de Tiamat y sus compañeros.

       Finalmente, se produjo un violento resplandor y una imponente figura apareció ante los guerreros de Abbadón. A simple vista, aquel sujeto parecía la mezcla perfecta entre un Samurai Japonés y un robot.

       Súbitamente, el misterioso guerrero habló a los Khans con una voz metálica, cavernosa y grave.

       —Mi nombre es Zacek, pero en las batallas soy mejor conocido como… ¡Karmatrón!

Continuará… .

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s