Crisis 11

CRISIS UNIVERSAL

por Acuario Káiser

CAPÍTULO XI

VACÍO Y NADA
2º PARTE

       Planeta Ginups

       La cena se desarrollaba con tranquilidad. Uno a uno, todos recibieron una buena porción del estofado de pescados y rana que Eclipse había cocinado. Génesis se sentó a un costado de Shiryu, pero sólo se dedicó a contemplar su plato. Era inusual que pudiese disfrutar una cena en compañía de otras personas y sus pensamientos comenzaron a desviarse hacia su Tierra, hacia las miserables noches que había pasado consumiendo alimentos rancios o las veces en que ella y otros cazadores lucharon contra los lilims mientras buscaban algo de comer para luego escapar de las bestias.

       —¿No vas a probar tu cena? —dijo Eclipse entre un enorme bocado y otro.

       —Sí —respondió ella lacónicamente—. Estaba pensando en algunas cosas.

       Jaguar Negro la contempló en silencio.

       —No te preocupes por la comida, Génesis —dijo Shiryu, devorando un pedazo. Masticó con satisfacción y se lo tragó—. Sabe como a pollo.

       —¿A pollo? —murmuró Jaguar Negro. Pero él jamás había visto un pollo, así que entendía a qué se refería Shiryu—. ¿Qué rayos es un pollo?

       —Es un ave de corral de tamaño pequeño —comentó Eclipse, pero Jaguar Negro seguía sin entender. El Espía Estelar decidió explicarlo mejor y se metió los pulgares en las axilas para comenzar a remedar al animal—. Co, co, co, co, cooo.

       La cazadora parpadeó un par de veces, pero no se animó a decir nada.

       —Deja de hacer esas tonterías —dijo Shiryu con la boca llena.

       Al ver que Génesis seguía sin comer, Eclipse alargó su brazo hacia el plato de la cazadora, tomó un pedazo de pescado y se llevó a la boca. Luego la miró como diciéndole “¿Lo ves?”. Y un instante después se atragantó y empezó a toser violentamente, llevándose las manos a la garganta como si estuviese muriendo.

       —¿Estás bien? —le preguntó Génesis, alarmada.

       —Claro que no —dijo Shiryu—. ¿No ves que tiene una chiripiorca?

       —¿Una qué? —preguntó ella con los ojos bien abiertos.

       —¡Que se está ahogando! —exclamó el Guerrero Dragón—. ¡Hagan algo!

       —Que palabra tan extraña —comentó Jaguar Negro con tranquilidad.

       Génesis se levantó con la intención de ayudar al enmascarado.

       —¡Eclipse, respira!

       Entonces las convulsiones cesaron y Eclipse comenzó a reír. Jaguar Negro frunció una leve sonrisa, pero Shiryu prorrumpió en carcajadas. Génesis frunció el ceño y les miró a todos con enfado, pero al final terminó riéndose de igual forma. Los cuatro continuaron cenando y tanto Shiryu como Eclipse aprovecharon la ocasión para hacer algunos chistes sobre el clima y causar algunas risas, aunque Génesis permaneció seria la mayor parte del tiempo.

       La cazadora reconocía que las ocurrencias de sus compañeros eran divertidas y tenían como fin romper el hielo entre todos. Sin embargo, por dentro experimentaba una profunda sensación de soledad y vacío que la hacía sentirse un tanto fuera de lugar y no era la primera vez que le ocurría. En su propio mundo, Génesis había convivido con otros cazadores en algunas ocasiones e incluso llegó a conocer bien a una familia con la que permaneció un par de días mientras huían juntos. Pero a pesar de vivir esas experiencias, jamás logró forjar con aquellas personas algo que se pareciera remotamente a una amistad. Con el paso del tiempo fingió que ese tipo de cosas no le afectaban y siempre aparentó ser una guerrera fría y sin emociones, pero por dentro experimentaba una tristeza vaga, profunda y sosegada.

       Tan solo había encontrado amistad y apoyo en alguien.

       Y ese alguien no era humano.

       En ese momento sintió que la observaban, que una mirada estaba posada sobre ella y no se apartaba. Cuando se volvió contempló el rostro enmascarado de Jaguar Negro y éste le sonrió afablemente. Génesis se sintió enrojecer levemente y continuó comiendo, haciendo caso omiso de él.

       La cazadora era una joven muy hermosa. Jaguar Negro se había fijado en ella nada más al verla entrar en aquella humilde posada y desde entonces no había dejado de observarla ocasionalmente. Había algo misterioso en Génesis, algo más allá de la belleza física, que le atraía poderosamente y no lograba entenderlo. Miró su cabello, negro y lacio, rozándole el cuello, sus manos, sus ojos azules como un lago de agua clara en un día de verano y su forma de sonreír, pero lo que más le intrigaba era la extraña marca que llevaba en la frente. Parecía una joven tan perfecta… .

       —Oye, Jaguar Negro —lo llamó Eclipse—. Tengo una duda ¿Cómo es que supiste que hacen cambio de guardia antes del amanecer? No me digas que alguna vez tú también quisiste entrar en esa fortaleza, ¿o sí?

       Jaguar Negro depositó su plato en el suelo antes de responder. No tenía sentido guardar silencio ante la pregunta y lo mejor era hablar con algo de franqueza en vez de recurrir a alguna evasiva. Sabía de antemano que los Espías Estelares poseían una formidable capacidad para deducir las cosas y eran expertos en las artes de la infiltración, el espionaje, la diplomacia y el sabotaje.

       —No te equivocas, Eclipse. La verdad es que no les conté todo sobre los ladrones que se infiltraron en la Fortaleza Oscura. Yo estaba con ellos esa vez porque pensaba que sería fácil entrar, tomar algunas riquezas y armas y luego salir antes de que alguien lo notara. Parecía que íbamos a lograrlo, pero los drones nos descubrieron y tuvimos que salir huyendo dejando atrás nuestro botín. Sólo yo y otro de mis compañeros que resultó bastante malherido conseguimos escapar de la furia del Duque Saajar y sus drones.

       —¿Qué le ocurrió a tu amigo? —preguntó Shiryu bastante interesado.

       —Murió a consecuencias de sus heridas —contestó el enmascarado—. Entrar en ese lugar fue una estupidez y me arrepiento de haberlo hecho. ¿Por qué no mejor desisten de su idea de ir a la Fortaleza Oscura? Tal vez piensen que exagero, pero lo mejor que pueden hacer es tomar su nave y abandonar Ginups lo antes posible.

       —Te agradecemos tu preocupación, amigo —dijo Eclipse luego de atender las reacciones de Shiryu y Génesis—. Pero irnos no es una opción que esté dentro de nuestros planes por el momento. Debemos localizar lo que nos enviaron a buscar y sólo entonces nos marcharemos de este planeta.

       —Vaya —dijo Jaguar Negro, mirando unos instantes a Génesis—. La paga debe ser bastante generosa sí están dispuestos a arriesgarse de ese modo. Quienquiera que los haya enviado debió hacerles una buena oferta.

       —No lo hacemos por dinero —repuso la cazadora desviando la mirada—. Sino para salvar a millones de personas que de seguro morirán si fallamos.

       —Millones de personas, ¿eh? —repitió Jaguar Negro—. Es sabido que Saajar está metido en el tráfico de armas de varios sistemas estelares, pero no tenía idea de que hubiera incursionado en el mercado de la destrucción masiva. ¿Qué es lo que hace la máquina o el arma que están buscando?

       —Tú sólo llevamos al interior de la fortaleza de Saajar —señaló Shiryu en un tono firme, cortante y que no daba lugar a más preguntas. El viento helado comenzó a soplar con más fuerza que antes, haciendo que el frío se intensificara y el Guerrero Dragón del Mar extendió sus palmas encima de la fogata—. Una vez adentro nosotros nos ocuparemos de todo lo demás.

       —De acuerdo —Jaguar Negro tomó una rama seca y se puso a hacer algunos dibujos en la tierra para explicar su plan—. Cerca de la zona existe algunas fábricas y una enorme mina de arkonium donde podremos mezclarnos con algunos comerciantes que abastecen la morada de Saajar. Eso nos permitirá entrar en la ciudadela, luego nos colaremos a la Fortaleza Oscura y con suerte lograremos salir antes de que los drones o los guardias se den cuenta de nuestra presencia.

       Génesis bebió un poco de agua de la cantimplora que Eclipse le ofrecía mientras que éste, Shiryu y Jaguar Negro continuaban concretando el plan. Génesis dejó la cantimplora en el suelo y comenzó a carraspear para interrumpir la conversación.

       —Hummm… .

       Todo el mundo la miró, lo que la puso algo nerviosa.

       —El plan se oye bien, pero sería mejor que esperáramos a estar todos juntos antes de seguir, ¿no creen?

       —Tienes razón —asintió Shiryu—. ¿Qué pasó con Sobek y Sailor Golden Star?

       —Creo que siguen allá conversando —les indicó Eclipse con una sonrisa, señalando hacia un extremo oscurecido de las ruinas—. Seguro deben estar hablando de sus sentimientos internos o esas cosas.

       —O tal vez estén hablando de nosotros —teorizó Shiryu, pero Eclipse lo miró con el ceño fruncido como si lo que acabara de sugerir fuese algo malo—. ¿Qué? A lo mejor sí están hablando de nosotros. ¿Por qué me ves de esa forma?

       —Seguro que debe estar quejándose de ti —dijo Eclipse al tiempo que extraía un paquete amarillo de su bolsa de viaje—. Apuesto a que todavía sigue molesto por la forma en que casi se agarran a golpes en ese callejón. Deberías ir y arreglar las cosas con Sobek ahora que tenemos un poco de tiempo.

       —¿Arreglar las cosas? —renegó Shiryu—. Oye, pero sí él comenzó la discusión.

       —Pero tú lo continuaste —replicó Eclipse, mientras abría el paquete amarillo y metía la mano en su interior—. Si no hacen las paces, no les convidaré ni una de mis deliciosas papabritas. Y ya sabes lo que dicen —añadió, cerrando los ojos y acariciando el paquete con la mejilla—. No puedes comer sólo una.

       —No seas ridículo —le espetó Shiryu algo irritado—. Puedes quedarte con tus cochinas papabritas o lo que sean. No veo porqué tengo que disculparme con ese tipo cuando no hice nada malo salvo… .

       —Disculpen que me inmiscuya en sus asuntos —intervino Jaguar Negro con un tono de voz tranquilo y amigable—. Pero creo que Eclipse tiene algo de razón. Shiryu, ustedes son un equipo y es importante que superen las diferencias que podrían dividirlos. No olviden que para tener éxito en su misión deben confiar el uno en el otro como en nadie más. Sin confianza un equipo puede caer.

       El Guerrero Dragón del Mar volvió su mirada hacia Génesis, quien asintió con la cabeza en señal de apoyo a la idea de Jaguar Negro y Eclipse. Shiryu soltó un respingo y se puso de pie de mala gana.

       —De acuerdo —aceptó Shiryu—. Trataré de arreglar las cosas con Sobek.

       —Sólo asegúrate de no interrumpir un momento romántico —le dijo Eclipse cuando Shiryu se volvió para irse.

       Génesis le dio a Eclipse un leve golpe en el hombro.

       —No lo molestes.

       —Oye, uno nunca sabe —se defendió el Espía Estelar—. Me ha pasado.

       —Por cierto, Génesis —murmuró Jaguar Negro con la mirada puesta en la cintura de la chica—. ¿Podría ver esas armas que usas?

       La cazadora mostró una 45 de color negro y se la tendió por el mango.

       —Es un arma interesante —Jaguar Negro sopesó la 45, la examinó con sumo detenimiento y entonces leyó la inscripción tallada en el cañón—. “CAÍN”. No tenía idea de que te gustaba ponerle nombre a las cosas. ¿Qué significa “Caín”?

       —En mi mundo existe un relato que habla sobre la creación del primer hombre y la primera mujer. Se dice que ambos tuvieron dos hijos a los que pusieron por nombre Caín y Abel. El primero se dedicó a la agricultura y el segundo a la ganadería. Cuando Dios les pidió que le presentasen una ofrenda, Abel entregó sus mejores animales mientras que Caín presentó algunos frutos de la tierra… .

       —Vaya, ¿y qué hizo Dios con toda esa comida? —dijo Eclipse, pero sólo obtuvo una mirada asesina de parte de Génesis como respuesta. El Espía Estelar se encogió de hombros y sonrió.

       —Como decía —continuó la cazadora—. A Dios le agradó mucho la ofrenda que Abel le presentó, más no la de Caín. Esto hizo que Caín se molestara al grado de odiar a su propio hermano y poco después lo asesinó a traición mientras ambos paseaban por el campo. Debido a ese acto, Dios maldijo a Caín y éste se convirtió en el primer homicida y traidor de la humanidad.

       —Yo lo que no entiendo es qué haría Dios con toda esa comida —murmuró Eclipse rascándose la cabeza—. Las historias de los terrestres a menudo me confunden por sus detalles tan extraños.

       —El primer traidor —murmuró Jaguar Negro en tono pensativo.

       —Y esta otra es Abel —anunció Génesis enseñándoles la otra 45, que era de color plateado y tenía tallada la palabra “ABEL” también en el cañón—. No sé de qué están hechos esos drones, pero me sorprendió bastante que lograran resistir los impactos de mis armas.

       —Hummmmm —murmuró Jaguar Negro, revisando la 45 que tenía en las manos sin levantar la vista—. No veo la célula energética de esta arma por ninguna parte o el cartucho de gas. ¿Acaso es un tira-piedras?

       —¿Un qué? —A Génesis le llamó la atención esa expresión.

       —Un tira-piedras es un arma de proyectiles —explicó Jaguar Negro mientras devolvía la oscura 45 a las manos de la cazadora—. Y según entiendo los terrícolas dejaron de usarlas hace bastante tiempo, lo que me lleva a preguntarme por qué llevas esas cosas tan antiguas siendo que podrías usar algo un poco más moderno como un arma rail.

       Eclipse tragó con dificultad la última papabrita que se llevó a la boca.

       —Eh, bueno, es complicado —murmuró el Espía Estelar—. Lo que sucede es que-que-que ella está algo loca y le da por coleccionar armas antiguas.

       Génesis puso cara de mujer ofendida.

       —Y antes también dijiste que era contorsionista —le recordó Jaguar Negro, causando que la expresión de Génesis se acentuara todavía más. Eclipse se volvió para mirarla y sólo atinó a sonreír forzadamente.

       Tierra-877,666
       Ciudad Magna

       Fobos y Oriana recorrieron la distancia que los separaba del último grupo de edificios y el sector industrial de la ciudad en apenas unos minutos. Una vez ahí, descendieron de los cielos y Fobos comenzó a escudriñar el área usando tanto su escáner visual como su percepción mental, pero no encontró señales de algún poder de pelea en los alrededores. Oriana, por su parte, extendió su brazo derecho hacia arriba y pronunció las palabras “¡Andúril, surge!”. De repente, la palma de su mano se abrió formando una herida de la cual brotó sangre y una larga espada.

       La hoja era totalmente oscura como el azabache, pues estaba cubierta por una capa de diamante negro. La empuñadura era de oricalco sólido y tenía un grabado de tres hojas unidas formando un triángulo. Tan pronto como Oriana blandió aquella espada, la herida que tenía en su mano derecha sanó en fracción de segundos.

       —Linda arma, chica —comentó Fobos, mientras seguía revisando todo. El escáner visual empezó a detectar extrañas fluctuaciones de energía y señales de algún tipo de tecnología desconocida—. ¿Dónde la obtuviste?

       Oriana iba a responder que no estaba segura del origen de su espada, pero entonces cayó en una especie de trance hipnótico y miró directamente hacia delante. La percepción de Fobos captó una singular corriente de energía que manaba desde la espada y envolvió a su portadora.

       —La verdad lo ignoro —murmuró Oriana con los ojos apagados—. Es como si se hubiera formado el mismo día en que yo nací. Una extensión de mi cuerpo que descubrí cuando me convertí en lo que soy ahora. Es parte de mí hoy y siempre.

       Por supuesto la respuesta no satisfació al Khan del Terror. ¿Acaso la espada estaba viva o algo así? ¿Por qué desprendía energía? ¿Era algún tipo de magia? Se volvió hacia lo que parecía ser una especie de gigantesca fábrica y dejó que el escáner visual acabara de hacer su diagnostico. Más tarde se ocuparía de investigar la misteriosa espada negra de Oriana y sabría la naturaleza exacta de aquella energía. Los símbolos que fueron apareciendo en el visor del aparato de Fobos confirmaron la presencia de una tecnología demasiado avanzada incluso para él.

       —Que cosa más interesante —murmuró el Khan, contemplando la inscripción en letras rojas pintada en un letrero blanco a la entrada de la fábrica: “HANDIBURTON”—. Parece que mi escáner encontró rastros de ciertas aleaciones incompatibles con el período histórico en el que viven los humanos de este mundo. Podría apostar mi cuello a que cerca de aquí hay algún artefacto relacionado con las nubes de antimateria que han devastado el multiverso. Tu idea de venir al sector industrial fue bastante acertada, chica.

       —¿Cómo puedes estar tan seguro de lo que dices? —preguntó Oriana.

       —Mi escáner visual puede detectar diferentes espectros de energía y determinar la composición molecular de todo lo que me rodea —explicó Fobos sin dejar de caminar hacia la fábrica—. Lo que sea que haya tras las paredes de ese complejo produce emanaciones bastante peculiares. ¿Recuerdas lo que dijo Calíope cuando estuvimos en Celestia? Ella mencionó algo sobre unas extrañas manifestaciones de energía en este y otros tres universos.

       Oriana dirigió su atención hacia el aparato que Fobos usaba en el rostro. No se parecía a ningún dispositivo electrónico que hubiera conocido antes y se preguntó para qué otras cosas podría servir. Cuando estuvieron más cerca de la fábrica, Oriana se detuvo un momento y volvió la mirada por encima del hombro. ¿Cómo les avisarían a los otros sí encontraban algo?

       —Espera, Fobos, tenemos que volver por Kay y… .

       —¿Disculpa? —El Khan se giró sobre sus talones para encarar a la chica y comenzó a reír—. Oriana, olvídate del Centinela y sus mascotas. No los necesitamos en este momento y perderíamos tiempo valioso si nos ponemos a buscarlos. Estamos demasiado cerca de saber qué destruye el multiverso como para retroceder.

       —Es sólo que deberíamos avisarles de esto y… .

       —Olvídalo.

       —¿Por qué te desagrada tanto Kay? Él me parece una buena persona.

       Fobos frunció el ceño.

       —No dudo que sea una buena persona. Lo que pasa es que Kay es alguien que actúa de manera equivocada y eso causa que cometa muchos errores. ¿Alguna vez has escuchado hablar de los Centinelas?

       —No, jamás —respondió Oriana.

       —Ellos andan por ahí, de universo en universo y predicando que desean ayudar a las personas, pero esa no es la realidad. Los Centinelas poseen poderes asombrosos y lo que buscan es controlar la vida de todas las personas. Ellos alegan que tratan de hacer el “bien” en todas partes, pero el “bien” es algo demasiado subjetivo y depende del punto de vista de quien lo diga. Por ejemplo, Kay te dirá que yo soy una mala persona, pero ¿crees que yo no sé lo que es la justicia o la libertad?

       —¿Y por qué Kay me diría ese tipo de cosas?

       —Porque los Centinelas le han enseñado a pensar de esa forma. Cualquiera que no comulgue con sus ideas es considerado una amenaza para ellos. En el fondo lo que los Centinelas buscan es controlar a las personas y decirles en qué dirección ir. Los Khans creemos en la justicia y la seguridad más que en cualquier otra cosa.

       —Quizás ellos no te conocen bien —murmuró Oriana.

       —Descuida, con el tiempo Kay Namura se irá mostrando tal cual es. Tal vez no lo sepas aún, pero ese que lo acompaña es su incondicional.

       Cuando Fobos y Oriana retomaron su camino, divisaron una caseta de vigilancia cerca de la entrada de la fábrica a donde se dirigían. Un rollizo guardia de seguridad los miró desde el interior de la caseta y salió llevando consigo una linterna y una carpeta con sujetapapeles. Tenía la camisa manchada de queso fundido y una larga servilleta de cuadritos le colgaba del cuello.

       —¿Quiénes son ustedes? —preguntó.

       —¿Qué le parece que somos? —dijo Fobos—. Venimos a hacer una inspección.

       El guardia meneó la cabeza y revisó la carpeta.

       —No me informaron nada de eso.

       Fobos lo miró con frialdad.

       —Puede confirmar lo que decimos mientras vamos haciendo nuestro trabajo.

       —Lo siento, pero no puedo dejar que pasen sin autorización.

       El Khan ni se inmutó.

       —Entonces llame a su superior y dígale que no podemos entrar porque algún imbécil olvidó hacer una maldita llamada. Maldita sea, nos sacaron de una misión importante para revisar las máquinas de esta instalación y dijeron que era urgente.

       Oriana sabía que si el guardia llamaba por teléfono se descubriría todo el engaño, aunque debía reconocer que Fobos actuaba con bastante naturalidad. El vigilante se puso a echarle un vistazo al sujetapapeles mientras murmuraba.

       —Ustedes los sujetos disfrazados creen que pueden hacer lo que les plazca.

       Fobos miró con impaciencia hacia la fábrica.

       —¿Por qué no va y llama a su superior?

       —No sé el número.

       —Llamé a información.

       El guardia se mordió el labio inferior y luego vio su reloj, nervioso, regresó a la caseta de vigilancia para descolgar un teléfono al tiempo que revisaba un grueso directorio. Fobos resopló, fingiendo una indignada incredulidad.

       —¿Ahora qué rayos está haciendo?

       —Buscando el número de la Atalaya para hablar con… .

       Fobos extendió la mano y colgó el auricular. Miró con furia al regordete guardia.

       —Mire, amigo, más te vale que llames a tu superior o te juro que voy a hacer un reporte tan largo sobre tu ineptitud que no conseguirás empleo en ninguna otra parte del mundo. Ahora vamos a iniciar nuestro trabajo mientras que confirmas la autorización, ¿queda claro?

       Fobos y Oriana avanzaron sin mirar atrás. El guardia descolgó el teléfono de nuevo mientras el Khan del Terror y su acompañante llegaron hasta la entrada de la fábrica donde descubrieron un sofisticado panel de control.

       —Demasiada seguridad para una simple fábrica, ¿no te parece?

       —¿Y ahora qué? —preguntó Oriana—. ¿Tu aparato puede descifrar la clave?

       —No, y aunque lo hiciera no sería suficiente porque también hay una especie de lector de retina incorporada a ese visor. Creo que tendremos que recurrir al viejo método de presionar al guardia y… —El escáner visual emitió una señal de alerta: dos presencias poderosas estaban llegando a gran velocidad—. Vaya, lo que nos hacía falta.

       Paul Tapia y Kay Namura descendieron rápidamente frente a la caseta de vigilancia donde el guardia comía nachos con queso y hablaba por teléfono. El Guardián de Plata caminó velozmente, obligando al vigilante a salir corriendo y cortarle el paso antes de que Paul pasara de la entrada.

       —Oiga, amigo, no se puede pasar.

       —¿Quién lo dice? —Paul alzó una mano hacia el guardia. Antes de que pudiera decir algo, el regordete cayó de rodillas al suelo, asfixiándose, sujetándose la garganta con las dos manos.

       —Paul, basta —le dijo Kay—. Libéralo antes de que lo mates.

       —Como gustes —repuso el Guardián sin amainar su marcha. El guardia se volvió hacia la caseta de vigilancia y comenzó a arrastrarse. Una vez que logró llegar, alargó una mano, activó una alarma silenciosa y luego encendió su walkie-talkie para solicitar ayuda.

       —¡Pero sí son mis amigos favoritos! —dijo Fobos mientras caminaba hacia los recién llegados con la sonrisa más hipócrita del mundo—. Creí que estarían por ahí espiando jovencitas o husmeando en algún jardín lleno de mascotas perdidas. ¿Por qué no se van por otro lado y nos dejan investigar? Puedo sugerirles el fondo de un océano o el espacio exterior.

       —Cállate, Fobos —replicó el Guardián de Plata—. ¿Qué crees que estabas pensando cuando te llevaste a Oriana contigo? Maldito, pero me las vas a pagar todas juntas por eso.

       Oriana alzó los ojos al cielo.

       —Por favor, chicos, ¿podríamos dejar eso para otra ocasión?

       —¿Qué no te das cuenta que este tipo quiere lavarte el cerebro? —le espetó Paul con aprensión—. Por si no lo sabes, varios de nosotros podemos percibir la maldad cuando observamos el aura y la de este tipo está corrompida y podrida como no te imaginas. Tal vez no tengas esa habilidad para discernir eso, pero si tienes la capacidad de saber elegir. No creo que seas tan manipulable

       —¿De que estás hablando? —inquirió la chica—. ¿Lavarme el cerebro?

       —No pienso que Oriana sea tan tonta para dejarse manipular —repuso el Khan con una sonrisa divertida—. En fin, sí no les molesta, preferiría que nos ocupáramos de investigar lo que hay en este lugar.

       —¿A qué te refieres? —preguntó Kay Namura.

       —Mi escáner visual detectó indicios de algún tipo de maquinaría demasiado sofisticada para este mundo y esta época —explicó Fobos—. Oriana y yo estábamos a punto de entrar cuando ustedes llegaron volando. Es curioso, pero las emanaciones de energía son algo débiles y por eso mi escáner no las detectó hasta que estuve cerca de este lugar. Puede que las paredes de esta fábrica  hayan sido diseñadas especialmente para disminuir las emanaciones y hacer más difícil detectarlas.

       Pero Paul no estaba dispuesto a dejar las cosas de ese modo. Sin importarle nada, dio un paso adelante y tomó a Oriana por un brazo con la clara intención de alejarla del Khan del Terror.

       —Vámonos, Oriana —murmuró sin dejar de mirar a Fobos—. No es bueno que te juntes con esta clase de basura.

       —Oh, cuanta agresividad —se burló Fobos—. ¿Seguro que no eres paranoico?

       —Pero debemos estar unidos —objetó Oriana—. ¿No lo dijo Calíope? Pese a nuestras diferencias, hay que seguir juntos para luchar contra la amenaza que busca destruir los mundos… .

       —El trabajo en equipo siempre será valioso —le respondió el Guardián—. Pero no siempre se puede tener a los compañeros a un costado. Al final de cuentas uno debe pelear por sí mismo. Allí radica la verdadera fortaleza.

       —No te molestes en explicarle, Oriana —sonrió Fobos—. Así habla alguien que no confía en los demás.

       —¿Lo dices por experiencia, Fobos? —contraatacó Paul.

       Oriana miró a Paul soslayadamente y soltó un suspiro.

       —¡Basta todos! —exclamó Kay Namura—. ¿No pueden dejar sus diferencias para otra ocasión? No podemos continuar discutiendo entre nosotros.

       Todos se volvieron para ver al Centinela, pero nadie tuvo tiempo para decir algo más porque cuatro guardias armados con fusiles automáticos aparecieron por un extremo y les apuntaron a todos.

       —¡Alto ahí! —exclamó uno de los uniformados—. ¡No se muevan!

       Fobos dirigió una mirada acusatorio contra Paul y Kay.

       —Genial, espero que estén satisfechos, par de idiotas.

       —Cuidado con lo que dices, imbécil —advirtió Paul.

       —¡Huy! ¡Que miedo! —se mofó el Khan del Terror, alzando las manos en un gesto de burlona provocación—. Yo lo tenía todo controlado hasta que ustedes dos llegaron y ahora todo se arruinó. ¡Púdrete, Guardián!

       —¡Cállense de una maldita vez, fenómenos! —ordenó uno de los guardias, que seguía apuntándoles en todo momento—. De rodillas y manos a la cabeza. ¡Obedezcan ahora o los mataremos! ¡Es su última oportunidad!

       Kay Namura se limitó a observar a los vigilantes, mientras que Oriana miraba indecisa a sus compañeros y Paul sacaba su armor capsule. Kay pensó que podría usar la telequinesia para desarmar a los guardias, pero Fobos se le adelantó liberando una violenta ráfaga de aura. Todos los vigilantes salieron volando por los aires a varios metros de distancia; tres azotaron en la calle y el cuarto cayó de cabeza dentro de un bote de basura. El Centinela se volvió hacia su aliado con los puños cerrados.

       —¿Qué? —inquirió Fobos sonriendo—. Fue en defensa propia.

       —Eso no era necesario —replicó Kay con el ceño fruncido—. Pudimos haberlos despojado de sus armas fácilmente usando nuestras habilidades. Ahora debemos huir antes de que alguien avise que estamos aquí.

       Pero era demasiado tarde para escapar. Un convoy de quince patrullas de policía, con sus sirenas sonando a todo volumen, y varios vehículos oscuros se detuvieron a unos metros de la caseta de vigilancia. Los oficiales bajaron de los vehículos con sus armas en las manos y encañonaron a Kay, Paul, Fobos y Oriana. A los pocos instantes también llegó un camión de la Unidad de Crímenes Mayores del cual salieron varios uniformados de negro que portaban fúsiles automáticos, ametralladoras e incluso lanzagranadas. En los cielos, dos helicópteros aparecieron iluminando la noche con sus cegadores faros fluorescentes que usaron para apuntar al Centinela y a sus aliados.

       Uno de los oficiales encendió un megáfono para usarlo.

       —Somos el Departamento de Policía de Ciudad Magna. Ustedes han invadido propiedad privada y están violando el acta metahumana de registro. Están todos arrestados y usaremos fuerza letal para someterlos de ser necesario… .

       —Que estupidez —gruñó Fobos elevando el poder de su aura—. Vamos a hacerlos pedazos.

       —… ¡Pongan sus manos en la cabeza y rodillas al suelo!

       Paul accionó su armor capsule para ponerse su armadura de plata color azul celeste y entonces activó su sable de luz. Kay Namura levantó una mano para indicarle a Paul que no hiciera ningún movimiento brusco. Lo que menos necesitaban era que alguien hiciese algo que pudiera ser interpretado por la policía como algún tipo de gesto amenazante. Los policías y miembros de la Unidad de Crímenes mayores tenían sus armas listas para disparar a la menor señal de peligro, pero recibieron la orden de mantener sus posiciones y esperaron.

       —¿Qué hacemos muchachos? —preguntó Oriana.

       —Pelearemos —dijo Paul dando un paso al frente.

       —No, Paul, no podemos —murmuró Kay Namura—. Tenemos que hablar con ellos y explicarles que no hemos venido a dañarlos. Quizá sí nos entregamos podríamos encontrar una persona que nos ayude a entrar en la fábrica. Sí los atacamos complicaremos más las cosas y nadie nos creerá.

       —¿Estás loco, Centinela? —exclamó Fobos. La sola idea de rendirse ante los terrícolas le causaba repulsión—. Sí nos rendimos nos meterán en una maldita prisión o quizás hasta nos maten. No entiendo porqué se preocupan cuando son sólo un montón de gusanos.

       —¿Por qué no usan ese truco mental para convencerlos? —inquirió Oriana cuando vio que un trío de helicópteros de televisión aparecieron en lo alto y comenzaron a filmar todo desde el cielo—. Ya saben, el que utilizaron para que los policías se marcharan con calma cuando aparecimos cerca del monumento.

       —No funcionará con tantas personas a la vez —repuso Paul con la mirada puesta sobre los policías que los amenazaban—. Charles y Kayani no deben estar lejos de aquí y podrían darnos apoyo en la pelea. Quizá podamos hacerlos huir sí demostramos de lo que somos capaces.

       —Espera, Paul, no lo hagas —Kay le puso una mano en el hombro a Paul y luego comenzó a avanzar hacia delante con las manos a los costados—. Trataré de hablar con ellos y ver qué puedo lograr por las buenas.

       —¡Pongan sus manos en la cabeza y rodillas al suelo! —gritó el oficial que sostenía el megáfono—. ¡Hagan lo que les digo, fenómenos!

       —Escuchen, por favor —comenzó a decir Kay—. Ha habido un error lamentable y deseamos hablar… .

       —¡Manos a la cabeza, madito fenómeno de circo!

       Kay miró calmadamente todas las armas que le apuntaban, se detuvo y puso las manos en su nuca. Estaba convencido de que sí lograba demostrarles que no eran una amenaza podría solucionar las cosas de alguna forma.

       —Bien, ya alcé las manos, ¿podemos hablar ahora?

       —¡De rodillas y date la vuelta! —le ordenaron—. ¡Obedece!

       —¡Las negociaciones fracasaron! —exclamó el Khan del Terror.

       —No —Kay se volvió por encima del hombro y su mirada tembló.

       Cansado de la situación, Fobos salió al frente del grupo, levantó el brazo y comenzó a enviar ráfagas de aura desde la palma de su mano derecha. Una de las descargas impactó contra una patrulla de policía y la hizo estallar en mil pedazos, matando a un par de agentes e hiriendo a tres más. Otra alcanzó la calle, explotando con tanta fuerza que algunos oficiales y reporteros saltaron por los aires en medio de gritos de terror.

       Un instante después, todo el lugar ardió como un polvorín.

       —¡Abran fuego!

       Decenas de fúsiles automáticos y ametralladoras dispararon cientos de proyectiles, en dirección a Kay Namura, Fobos, Oriana y Paul Tapia. El Khan del Terror bloqueó algunas de las balas que iban en su contra generando un campo de aura y después volvió a disparar hacia los policías como un verdadero demente. Paul Tapia, por su parte, eludió las ráfagas de las ametralladoras con sus hábiles reflejos y enseguida pasó al contraataque lanzando una esfera de luz que destruyó uno de los vehículos policiales desde donde algunos agentes le disparaban.

       —¡Paul, modérate con tus ataques! —le instó Kay mientras que los helicópteros comenzaron a rociar el sitio con el fuego de sus ametralladoras. Una granada propulsada pasó silbando por encima de la cabeza de Kay, pero éste la congeló usando una ráfaga de aire frío—. Recuerda que no debemos lastimarlos.

       —Lo siento, amigo —replicó Paul al tiempo que usaba su telequinesia para levantar una patrulla en el aire. Con un simple movimiento de su mano, el Guardián hizo que el vehículo saliera despedido contra los policías y algunos resultaron arrollados—. Ellos no son civiles y estamos en medio de una pelea. ¡Demonios!

       —Beehive Cells —murmuró Oriana para generar un escudo defensivo. La barrera tenía forma hexagonal y parecía estar hecho de cristal amarillo, pero en realidad era energía aúrica—. Fobos, ¿qué estás haciendo? —le gritó al Khan del Terror, mientras que una granada autopropulsada estallaba sobre su escudo y las balas pasaban zumbando a los costados—. ¡Fobos! ¡Responde!

       Aprovechando el caos del zafarrancho, Fobos se aproximó al panel de control y trató de abrir las puertas de la fábrica. Cuando la computadora le solicitó amablemente la clave de acceso, el Khan del Terror le escupió una maldición y acto seguido hizo añicos los controles de un puñetazo, pero ni así las compuertas se movieron un centímetro. Fobos pensó en usar una descarga para volar la entrada, pero… .

       —¡Deja eso y ven a ayudarnos! —le reclamó Paul desde lo lejos.

       —Estoy trabajando, pequeño tonto —repuso el Khan mientras examinaba la entrada usando su escáner visual. Tenía que averiguar de qué estaban hechas las puertas antes de usar la fuerza. Sí aplicaba demasiado poder había la posibilidad de hacer volar parte de la fábrica—. Ahora haz algo de provecho y sigue manteniendo a raya a los insectos mientras me ocupo de esto.

       —Mira, inútil —dijo Paul en tono amenazante, blandiendo su sable de luz para cortar el cañón de un fúsil con el que le disparaban y luego noqueó al agente que lo sostenía—. Sólo ven acá y ayuda a detener a estos tipos. Más que abrir esas puertas debemos averiguar quien anda detrás de esto y por qué.

       El Khan soltó una risotada cuando una granada autopropulsada estalló cerca de donde estaba y lo duchó de polvo. Parecía como sí Fobos estuviese disfrutando de aquel ambiente lleno de disparos, explosiones y gritos de guerra que sucedía en torno suyo.

       —¿Necesitas ayuda para tratar con esos microbios y me dices inútil a mí? No molestes y déjame en paz. Ya estamos metidos en esto, así que debemos entrar a este lugar a como de lugar. ¿Acaso le temes a esos tira-piedras que usan?

       —Mueve tu trasero de una vez… —Algo rojo pasó corriendo a súper velocidad frente a Paul y éste apenas se dio cuenta—. ¿Qué demonios fue eso?

       Fobos volvió la cabeza hacia Paul, pero un puño rojo lo golpeó en la cara con tanta velocidad que lo alejó de la puerta y casi le tiró el escáner visual. El Khan del Terror se llevó una mano a la cara para reacomodarse el aparato y enseguida comenzó a hacer un rápido escaneo de la zona. Paul Tapia, ansioso por averiguar quién o qué había golpeado a Fobos, miró en derredor, buscando y entonces recibió tres rápidos puñetazos en la barbilla y dos bofetones que lo obligaron a dar unos pasos atrás.

       —Por acá, chicos lentos —murmuró una voz a espaldas de Paul, quien se giró sobre sus talones para encarar a un hombre que llevaba puesto un ajustado traje escarlata de pies a cabeza y sonreía presuntuosamente—. Oh, sí, Flash está aquí para castigarlos.

       Continuará… .

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