Leyenda 042

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO XLII

ADIÓS, PRÍNCIPE JESÚS”

Tokio, Japón
Distrito Juuban (Museo de Historia)

       Asiont observó detenidamente a la testaruda chica que tenía enfrente y respiró profundamente mientras meditaba. A diferencia de Sailor Moon y las otras Senshi que había conocido durante la batalla en el museo de historia, Sailor Uranus se comportaba en extremo agresiva y por lo que podía verse a simple vista, era bastante desconfiada.

       Andrea se volvió contra ella, sacando toda la indignación que sentía al verse tratada de esa manera tan hostil y poco amigable.

       —Oye, ¿qué diablos te pasa?

       Sailor Uranus dirigió una mirada llena de hostilidad contra Andrea.

       —Ya les dije que ustedes no deben meterse en esto.

       —¡Cállate, estúpida! —le espetó la reina, furiosa—. Nosotros hemos venido a ayudar a tu mundo pasando por mil dificultades. No toleraré que nos trates de esa manera ¡Así que mejor cierra el pico!

       —¡¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera?! —estalló Sailor Uranus, exhibiendo su puño amenazadoramente—. ¡Ustedes son unos entrometidos!

       Viendo lo ocurrido, Sailor Saturn decidió intervenir en la discusión. Quizás imaginaba que sí no le ponían un alto a aquella acalorada discusión alguien desataría una batalla de un momento a otro.

       —Espera, Sailor Uranus.

       Pero antes de que los ánimos se calmaran, Sailor Neptune entró en la discusión.

       —Uranus tiene razón —declaró con un tono imperioso—. No necesitamos de su ayuda. Deben dejar que nosotras nos encarguemos de esto.

       Asiont no podía creer lo que estaba escuchando. Probablemente sí hubiese él fuera como Cadmio se habría reído en la cara de aquella Sailor. Era obvio no tenían ni la menor idea de lo que los Khans eran capaces de hacer o del poderío de Abbadón.

       —Lo lamento, pero me temo que ustedes nos se han dado cuenta del peligro que corre su planeta —dijo, tratando de mostrarse amigable—. Solas jamás podrán derrotar a los guerreros de N´astarith.

       —No importa lo que pienses o lo que suceda —replicó Sailor Uranus sin tomar en cuenta lo dicho por el Celestial—. Nosotras cumpliremos con nuestra misión.

       —Aunque sacrifiquemos la vida —la secundó Sailor Neptune—. Nuestra misión es proteger a alguien muy importante en este planeta.

       El Celestial desvió la mirada hacia Sailor Moon, quien observaba todo desde un apartado rincón aparentemente acongojada por la discusión. De alguna forma, imaginó que aquella persona especial a la que se refería Sailor Neptune era nada más y nada menos que Sailor Moon. En ese momento, el recuerdo de Sailor Mars, Jupiter y las demás lo hizo volver a la realidad.

       —Dejaremos la plática para después —declaró, aproximándose aún más a Sailor Uranus—. Lo más importante es ayudar a esas chicas que se encuentran heridas.

       Antes de que Uranus dijera algo, Sailor Mercury intervino para apoyar a Asiont.

       —Es verdad, Sailor Uranus, sí no ayudamos a las chicas, ellas podrían morir.

       Sailor Neptune y Sailor Uranus se miraron entre sí y luego de verse a los ojos por un breve instante, asintieron con la cabeza. Quizás lo mejor por el momento era dejar las diferencias a un lado y concentrarse en ayudar a las demás Sailor Senshi.

       —Debemos llevarlas a un hospital cuanto antes —sugirió Sailor Uranus.

       —En nuestra nave tenemos algo parecido —le informó Asiont—. Sí las llevamos hasta allá podremos curarlas, ellas están allá atrás.

       —¿Una nave? —repitió Sailor Saturn con curiosidad—. ¿Ustedes tienen una nave cerca de aquí?

       Andrea asintió levemente con la cabeza, respondiendo por Asiont.

       —Sí, la verdad tenemos mucho que decirles, pero por ahora no tenemos tiempo.

       Sailor Uranus cerró los ojos, se cruzó de brazos y asintió de mala gana.

       —Ya veo, al parecer no tenemos otra opción —murmuró sin ocultar su frustración.

       Se dio la media vuelta y se dirigió hacia donde estaban las demás Inner seguida de cerca por Neptune, quien antes de retirarse le lanzó una mirada asesina a Andrea.

       —Que chicas —musitó la reina.

       En ese momento, Sailor Uranus se dio cuenta de que las Sailor Star Ligth yacían a un lado de Sailor Mars y Jupiter, y se encaminó rápidamente hacia ellas. Sailor Pluto y Sailor Saturn, en tanto, dirigieron sus miradas hacía todas sus compañeras caídas.

       —Son ellas —musitó Uranus incrédula, deteniéndose frente a Sailor Star Healer—. No puedo creerlo.

       —¡¡Las Sailors Star Ligth!! —exclamó Sailor Pluto.

       —No puede ser —murmuró Saturn por su lado.

       Uranus colocó una rodilla en el suelo y examinó a cada una de ellas con sumo cuidado hasta que sus ojos finalmente se posaron en la figura inerte de Sailor Star Figther. Luego de comprobar que ésta no respiraba, alzó la mirada y se volvió hacia Sailor Moon apresuradamente.

       —¿Acaso ella…? —preguntó temerosa.

       Sailor Moon no contestó nada, sólo se limitó a bajar la mirada y a sollozar amargamente. Sailor Neptune no podía creerlo, deseaba con toda el alma que alguien le dijera que habían entendido mal el gesto de Sailor Moon así que desvío la mirada hacia Mercury y Venus en espera de que alguna de ellas le aclarará el asunto, pero el silencio de las Inner Senshi restantes fue más que suficiente para confirmar sus temores.

       Llena de rabia, Uranus bajó la cabeza y lanzó un puñetazo al suelo mientras temblaba de coraje.

       —No puede ser —musitó—. Estúpida… .

       Neptune, Saturn y Pluto no dijeron nada, sólo bajaron sus cabezas y cerraron los ojos.

       Con la mente casi nublada por la ira, Sailor Uranus se levantó rápidamente y se dirigió hacia donde estaba Asiont.

       —¿Quién demonios hizo esto? —le inquirió furiosa—. ¡Respóndeme!

       Asiont la observó en silencio por unos momentos y luego se apresuró a desviar la mirada. Aunque no se atrevía a confesarlo abiertamente, se sentía culpable, culpable de que aquella valiente joven hubiera muerto durante la pelea, culpable de no haberla podido salvar a tiempo.

       —Fueron los Khans —musitó el Celestial—. Yo, lo siento… fue mi culpa… .

       Antes de que pudiera decir algo más, la Sailor lo sujetó de las ropas violentamente.

       —¿Y cómo demonios fue que no hiciste nada? —lo sacudió—. ¿Por qué diablos dejaste que muriera?

       —¡Él no tuvo la culpa! —exclamó Mercury, atrayendo la atención de Uranus—. Ocurrió antes de que llegara. Uno de esos guerreros atacó a Sailor Moon y Seiya la salvó sacrificando su propia vida.

       Uranus estaba hirviendo en odio, sí hubiera tenido la oportunidad de toparse con uno de eso tales Khans probablemente lo habría atacado a lo kamikaze sin importarle las consecuencias. Hizo una breve inspiración en el aire, soltó al Celestial y se volvió hacia su eterna amiga y compañera Neptune.

       —No podemos permitir que esto suceda de nuevo —le dijo con severidad—. No podemos.

       Neptune cerró los ojos y asintió con la cabeza.

       —¿Quiénes son los otros? —preguntó Uranus, refiriéndose a Jesús, Josh, Azrael y Azmoudez.

       —Son amigos —intervino Sailor Venus—. Ellos también nos ayudaron durante la lucha.

       Asiont suspiró amargamente mientras un profundo sentimiento de culpa se apoderaba de él. Llevó su mirada hacia uno de sus costados y observó disimuladamente a Sailor Pluto y a Sailor Saturn.

       Sailor Pluto era la más alta de todas las Sailor Senshi y al parecer también la más serena. Su larga cabellera de color oscuro casi tocaba el piso y su porte era quizás más elegante y refinado que el de la tal Sailor Neptune.

       Sailor Saturn, por el contrario, era la más pequeña del grupo. Su apariencia era la de una niña de doce años aproximadamente y su actitud también era tranquila. A simple vista se veía extremadamente frágil como sí fuera una muñeca de porcelana.

       A diferencia de sus compañeras cada una llevaba un largo cetro, aunque el de la pequeña Saturn más bien parecía una especie de lanza dado que terminaba en una afilada hoja curva. “El aura de esa niña es muy intensa”, pensó Asiont refiriéndose a Sailor Saturn. “De hecho podría acabar con un planeta entero”.

Armagedón.

       Allus sobrevoló nuevamente por encima del agujero en donde había desaparecido Francisco Ferrer. Aún podía percibir su presencia y sabía que el emperador meganiano no tardaría en volver al ataque. Sin embargo, muy interiormente, el Khan estaba impresionado por la resistencia mostrada por su enemigo. Normalmente ningún enemigo común podía resistir más de cinco minutos peleando con él.

       —Vamos, Francisco, no intentes esconderte de mí —murmuró burlonamente—. Sabes tan bien como yo que aún cuando desaparezcas tu presencia, mi escáner visual cuenta con distintos detectores que me permitirán encontrarte fácilmente.

       No hubo respuesta.

       El Khan se cruzó de brazos y continuó hablando.

       —Sé que aún estás vivo, el golpe que te di no fue tan fuerte como para matarte.

       De pronto, una poderosa llamarada brotó del agujero y se dirigió velozmente contra Allus. El imperial abrió sus ojos enormemente al ver aquella enorme columna de fuego abalanzarse hacia él.

       Usando su increíble velocidad, el Khan de Caribdis desapareció inmediatamente, eludiendo así el mortal ataque. El rayo de fuego paso de largo y se estrelló en el techo, provocando una violenta explosión que arrojó cientos de escombros en distintas direcciones.

       Tras una fracción de segundo, Allus reapareció en otro extremo de la cámara y miró la destrucción causada por el ataque del emperador de los meganianos.

       —Vaya, vaya, vaya —murmuró, observando el sitio del impacto—. Todavía te quedan ganas de pelear ferozmente —lanzó una mirada maliciosa hacia el agujero—. ¿No, Francisco?

       Lentamente, la figura del emperador de Megazoar emergió de la oscuridad levitando en el aire y rodeado por una brillante aura de luz. A pesar de todo el daño recibido, Francisco lucía como si no le hubiera pasado absolutamente nada. Era como sí el golpe y el impacto no hubieran significado nada para él.

       —Al fin decidiste salir de tu madriguera —masculló el Khan, esbozando una leve sonrisa—. El poder del emperador de los meganianos es tal como me lo habían descrito. Es algo verdaderamente sorprendente.

       —Me doy cuenta de que no sólo eres fuerte, también eres muy rápido —observó Francisco, deteniéndose frente al Khan en las alturas—. Me niego a creer que existen guerreros cuyos poderes rivalizan con los de la familia real de Megazoar. ¿Qué clase de entrenamiento es el que han hecho?

       Allus sintió como lo invadía una oleada de satisfacción al escuchar aquellas palabras. Miró a su enemigo mostrándose muy sereno, parecía como sí supiera de antemano que ya tenía ganada la batalla. Alzó el rostro hacia atrás y soltó una sonora carcajada.

       —El emperador ya me había hablado de la fama que tiene la familia real de Megazoar. Tus poderes rivalizan con los de algunos Caballeros Celestiales que conocí en el pasado. Sin embargo, existe una razón más del por qué somos tan poderosos.

       Francisco frunció el entrecejo.

       —¿De qué demonios estás hablando? —preguntó—. No entiendo ni una maldita palabra de lo que dices.

       —Francisco, tú no lo sabes, pero la verdad es que nosotros los Khans nos hemos preparado para este momento desde hace muchos ciclos estelares. Gracias a las enseñanzas del emperador descubrimos la existencia del aureus y la manera de cómo dominarlo para así incrementar nuestros poderes de una manera sorprendente.

       El emperador de Megazozar alzó ligeramente las cejas.

       —Eso significa que ustedes los Khans saben cómo combinar ese poder con la energía de su aura, ¿no es así? Por eso es que no siento ninguna presencia en ti. Es imposible que pueda sentir tu aura ya que ésta se encuentra mezclada con el poder del aureus.

       —Entiendes bastante rápido por lo que veo —se burló Allus sin poder contener una sonrisa—. A pesar de que el aura puede crecer y crecer mediante la voluntad, su fuerza no se compara en nada con la ofrecida por el aureus. Este poder en sí es difícil de controlar en un principio. Incluso sí uno se atreve a usarlo sin la debida preparación física y mental, corre el riesgo de consumir su propia vida. Aunque todos los guerreros de Abbadón sabemos lo que es el aureus, no todos lo usamos de la misma forma. Algunos sólo lo usan para aumentar el poder de su aura llegando a niveles que difícilmente podrían alcanzar por sí mismos —sonrió maliciosamente—. Otros, por el contrario, aprendimos a utilizar este poder de una manera más perfecta gracias a ciclos estelares de entrenamiento y dedicación. Pero para lograr esto de una manera más efectiva, los guerreros de Abbadón hemos mejorado nuestros cuerpos por medio de la ingeniería genética.

       Francisco empezaba a entender todo poco a poco. Lentamente, el misterio que envolvía la sorprendente fuerza de los Khans se iba develando ante él.

       —Es por eso es que son tan fuertes —murmuró, arrastrando las palabras—. Han mejorado sus cuerpos para aumentar su rendimiento físico y sus habilidades. Sin embargo, hay algo que no encaja en todo esto.

       Allus enarcó una ceja.

       —¿Cómo tuvieron acceso al conocimiento aureus? —prosiguió Francisco—. La leyenda dice que sólo aquellos que hayan viajado al llamado Mundo de la Emanación podrán regresar con la sabiduría necesaria para hacer uso de este poder divino. De otra manera es imposible que los mortales puedan tener conocimiento del poder de aureus.

       —Todo fue gracias al emperador —respondió Allus—. Y a un guerrero llamado Azarus.

       —¿Azarus? —repitió el emperador—. ¿Hablas de ese Caballero Celestial que traicionó la orden e inició una rebelión en el planeta Adur hace varios ciclos estelares? Pensé que había sido sentenciado al exilio eterno.

       El Khan asintió.

       —Azarus fue quien le reveló al emperador todo sobre la leyenda —explicó—. Cuando usemos el Portal Estelar nuevamente, el emperador N´astarith obtendrá el poder suficiente para erigirse como el nuevo amo de la Existencia. No habrá mortal o dios que pueda desafiarnos.

       —Ahora entiendo todo perfectamente —Francisco desplegó todo su poder de golpe—. Por esa razón les preocupa tanto que los Celestiales continúen con vida. Ellos sabían de todo esto y por eso los mataron, ¿no es así? Con ayuda del Portal Estelar, el poder de N´astarith no tendrá limites. No permitiré que se salgan con la suya, te derrotaré y luego destruiré el Portal Estelar.

       El Khan lanzó una nueva carcajada.

       —Tu nivel de combate es muy elevado, pero aún así no lograrás vencerme.

       Haciendo caso miso de aquellas palabras, Francisco se lanzó directamente contra el Khan decidido a derrotarlo.

       Por unos instantes, el meganiano acosó al guerrero imperial con una mortal lluvia de potentes puñetazos, pero pronto descubrió que sus mejores ataques eran completamente inútiles. Aunque parecía imposible de creer, Allus era capaz de bloquear todos sus golpes moviendo los brazos rápidamente.

       De pronto Francisco elevó su aura al límite y, aprovechando el exceso de confianza de su oponente, consiguió asestarle un fuerte puñetazo en el rostro que lo obligó a volver la cara hacia un costado. Allus hizo una mueca de dolor y maldijo al meganiano en silencio para luego devolver el ataque de la misma forma.

       En cuestión de segundos, ambos oponentes desaparecieron y reaparecieron por toda la enorme cámara usando su velocidad. En un momento determinado, Allus contraatacó con una serie de veloces golpes y patadas que el meganiano fue incapaz de igualar.

       Finalmente, el Khan lanzó un fuerte rodillazo a la quijada de Francisco mandándolo volando hacia atrás. El cuerpo del orgulloso emperador de Megazoar se estrelló con fuerza en una de las paredes donde quedo incrustado.

       El Khan de Caribdis se colocó frente a él con los brazos cruzados.

       —¿No me digas que ya te cansaste? —se burló—. La batalla aún no termina.

       Francisco alzó la mirada y levantó los brazos en alto concentrando una gran cantidad de energía. Aparentemente no había sufrido ningún daño como el imperial esperaba.

       —Acabaré contigo de un solo golpe —murmuró mientras una esfera de luz anaranjada empezaba a formarse en sus manos—. Esta es una de mis mejores técnica, Allus.

       Allus lo miró fijamente.

       —No entiendo cómo es que puedes pelear al mismo nivel que yo —hizo una pausa, dejó caer los brazos a ambos costados y empezó a abrir su boca lo más que podía.

       El emperador de Megazoar frunció el entrecejo, extrañado con la maniobra. Luego de acumular la energía necesaria, bajó los brazos y lanzó un poderoso rayo de fuego contra su oponente, quien curiosamente permaneció inmóvil, esperando el ataque.

       —¡Águila Real!

       La llamarada se dirigió directamente contra el guerrero imperial impidiéndole toda posibilidad de escape. De pronto algo extraño ocurrió. Por increíble que pareciera el rayo de fuego se introdujo dentro de la boca del Khan sin hacerle ningún daño.

       Francisco abrió sus ojos enormemente sin dar crédito a lo ocurrido. Era sencillamente imposible; su enemigo se estaba “tragando” literalmente el ataque. Finalmente el fuego desapareció dentro de la boca del Khan, quien cerró sus mandíbulas.

       —Ah, eso estuvo muy bien —murmuró el Khan, dándose leves palmadas en el estómago—. Es curioso, pero no esperaba que pudiera concentrar tanta energía.

       —¿Cómo diablos hiciste eso? —preguntó Francisco incrédulo—. Es sencillamente imposible. Nadie puede contener mis ataques de la manera en que tú lo hiciste. El único podría ser mi hijo Jesús, pero…

       —No lo es —le aseguró el Khan, sonriendo—. Como vez, una de mis habilidades consiste en absorber la energía de mis oponentes a través de mi boca para luego hacerla mía. Pero no sólo hago eso, también puedo hacer esto —abrió las mandíbulas nuevamente y disparó una mortal ráfaga de energía a la velocidad del rayo.

       Francisco abrió los ojos horrorizado. Apenas tuvo tiempo de poner los brazos frente a su rostro para protegerse. El rayo de luz lo golpeó con tal fuerza que lo sacó de la sala del generador, llevándolo varios metros por el aire y atravesando las paredes hasta que finalmente se detuvo en una habitación que parecía ser una especie de bodega.

       Cuando abrió los ojos nuevamente se dio cuenta que aquel ataque lo había debilitado bastante. Alzó sus manos para verlas y observó que la vista se le nublaba. ¿Cómo es que Allus había hecho eso?

       —Esa es mi técnica favorita, el Whirl End —se escuchó decir al Khan en alguna parte—. Según he oído, el poder de impacto es bastante devastador —Allus descendió ante Francisco con los brazos cruzados—. Como vez, puedo usar la energía que me lances en tu contra.

       El emperador de los meganianos se levantó con dificultad, pero era obvio que todavía no estaba vencido. Un hilo de sangre resbaló por su frente.

       —Veo que esta es la lucha más difícil que me ha tocado entablar —declaró jadeando—. Eres muy fuerte, Allus, pero eso es sólo porque manejas el aureus, si no fuera por eso ya te habría derrotado.

       El Khan empezó a caminar hasta él tranquilamente.

       —Es probable, Francisco.

       De pronto varios soldados imperiales aparecieron por una puerta, pero el Khan alzó un brazo, indicándoles que no intervinieran en su batalla con el emperador de Megazoar.

       —Yo me haré cargo de él —afirmó Allus—. Sólo es cuestión de darle el golpe de gracia —se detuvo a escasos centímetros del meganiano y alzó el brazo hacia atrás con el puño cerrado—. ¡He ganado!

       Francisco no dijo, ni hizo nada. Sus ojos estaban cargados de tanta determinación que no parecía que estuviera a punto de morir. Finalmente, el puño de Allus se incrustó con fuerza en su abdomen.

       El emperador de Megazoar escupió algo de sangre y se dobló ligeramente hacia delante dominado por el dolor. Tras un momento bajó la cabeza.

       —¿Te quedaste sin habla, meganiano? —preguntó el Khan.

       Hubo silencio.

       De pronto, Francisco alargó los brazos para sujetar fuertemente a su enemigo. Sus manos se entrelazaron por atrás del Khan como sí fueran los eslabones de una fuerte cadena.

       —¿Qué crees que haces, estúpido? —Allus forcejeó tratando de zafarse, pero era inútil, Francisco lo tenía bien sujeto—. ¡Suéltame!

       El emperador de Megazoar alzó la mirada, esbozando una clara sonrisa maliciosa. Un aura bastante poderosa empezó a cubrir a ambos guerreros lentamente.

       —Te llevaré conmigo, Allus —murmuró Francisco—. Explotaremos junto con Armagedón y todo desaparecerá en un momento. Ya lo verás.

       El aura de luz que los cubría comenzó a crecer de tamaño rápidamente, provocando el sobresalto de los soldados que ahí se encontraban. En ese momento, Belcer y Sarah llegaron hasta la bodega para unirse a la batalla.

       —Maldito, traidor —vociferó Belcer, alzando una manos y revelando una esfera de energía—. Te escuchamos y no te permitiremos hacer eso.

       Francisco alzó el rostro hacia atrás y lanzo una carcajada.

       —Tonto, sí me disparas sólo adelantarás la explosión. Esta es la legendaria técnica del Sacrificio. No me detendrán.

       Belcer frunció el entrecejo irritado, iba a disparar cuando Sarah se interpuso en su camino.

       —Espera, Belcer —le dijo, volviendo la vista hacia Francisco y Allus por encima del hombro—. Sí lo atacas volarás la estación completamente.

       Al mismo tiempo, en la sala del trono imperial, N´astarith percibió el inmenso poder que estaba produciendo Francisco Ferrer y lo maldijo en silencio. Gracias a sus habilidades telepáticas, el señor de Abbadón podía observar en su mente la crucial batalla entre su guerrero y el emperador meganiano como sí estuviera personalmente en el campo de batalla.

       —Ese maldito quiere destruir Armagedón —farfulló con los ojos cerrado—. No le importa morir con tal de causarnos un daño. Sin embargo, pronto descubrirá que no le será tan fácil.

       —¿Desea que vayamos, maestro? —preguntó Kali, que aguardaba a su lado—. Yo podría… .

       N´astarith abrió sus ojos, alzó una mano y sonrió mientras meneaba la cabeza en sentido negativo.

       —No, Kali —le interrumpió—. Allus puede manejar este asunto solo.

       La Khan de la Destrucción asintió levemente con la cabeza.

       —Sí, amo.

       Francisco continuó reuniendo más y más poder seguro de que podría destruir Armagedón. El aura de energía que rodeaba a ambos adversarios tenía la forma de una intensa flama que crecía con cada momento que transcurría. Aquel poder era verdaderamente asombroso.

       De pronto, Allus alzó le rostro hacia atrás y soltó una risotada.

       —No te preocupes, Sarah —dijo en voz alta atrayendo la atención de sus compañeros—. Dejen que este cretino lo haga, al cabo que no sabe que puedo detenerlo.

       —Quisiera ver que lo hagas —se burló Francisco incrédulo—. No hay tiempo para nada.

       Belcer y Sarah se quedaron inmóviles. Durante los siguientes segundos sabrían sí Allus sólo estaba fanfarroneando o no.

       El Khan de Caribdis alzó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, concentrándose.

       Francisco tuvo la impresión de que se estaba preparando para morir, pero pronto descubrió que no era así. De repente Allus y Francisco desaparecieron de la vista de todos en sólo una fracción de segundo.

       Sarah y Belcer los buscaron ansiosamente con la mirada, pero en ese momento se dieron cuenta de que Allus se había teletransportado llevándose a su enemigo junto con él.

       —Se teletransportaron —declaró Sarah—. Ese Allus lo tenía todo planeado.

       Belcer sonrió.

       —Bien, ahora sólo falta encargarnos del resto de los meganianos a bordo.

Tierra.

       Cuando Francisco volvió a mirar por encima del hombro de Allus descubrió varias nubes a su alrededor y concluyó que ya no estaban en Armagedón sino en el planeta azul. De alguna manera aquel infeliz Khan había conseguido trasladarse hasta la Tiertra, evitando así que la estación imperial sufriera más daños debido a la batalla.

       Francisco desapareció el aura de energía que los rodeaba y soltó a su contrincante, quien le sonrió maliciosamente.

       —Pensé que habías dicho que explotarías junto conmigo —farfulló Allus desafiante—. Veo que a última hora no pudiste hacerlo. ¿Qué te pasa?

       Francisco le lanzó una mirada feroz.

       —Eres un maldito —le espetó—. Ahora sólo me queda derrotarte para luego volver a Armagedón y destruirla. Afortunadamente yo también sé hacer la telatransportación.

       —No sueñes, viejo —replicó el Khan—. Aún cuando te teletrasnportes yo puedo sentir tu presencia así que nada me impide seguirte y traerte de vuelta. Ahora que mis compañeros saben de tus planes, estarán a la espera de que regreses. Como podrás ver, no hay forma de que ganes estando tú solo.

       El emperador meganiano extendió sus brazos con las palmas orientadas hacia delante de manera horizontal.

       —Eso lo veremos… ¡Cascada!

       Una mortal lluvia de rayos de luz surgió de las manos de Francisco y se dirigió hacia Allus. Sin embargo, el Khan de Caribdis consiguió esquivar todos los ataques, moviéndose con una habilidad totalmente fuera de serie.

       —¡Puedo adelantarme a todos tus movimientos! —gritó triunfante.

       Y la batalla cuyo resultado era incierto continuó.

Tokio, Japón
Distrito Juuban (Museo de Historia)

       Sailor Pluto se apartó de su pequeña compañera Saturn y acercó hasta donde estaban Sailor Moon y Andrea. A diferencia de sus compañeras, Uranus y Neptune, ella aparentaba ser más cooperativa y mucho más controlada en sus emociones.

       —Debemos salvar a las demás Sailor Senshi —murmuró—. La única manera de trasladarnos hacia esa nave de la que hablan es haciendo la teletransportación.

       —Me parece bien —convino Andrea convencida—. Aunque no es necesario que nos teletransportemos hasta la nave —hizo una pausa y esperó a que Sailor Pluto la mirara—. Basta conque nos lleven a la azotea de un edificio lo suficientemente alto y ahí la nave pasará por nosotros.

       Sailor Moon asintió con la cabeza y se volvió hacia Mercury y Venus quienes le devolvieron el gesto.

       —Parece que no nos dejaron otra opción —comentó Sailor Uranus de mala gana lo suficientemente alto para que todos pudieran escucharla.

       Ignorando por completo los comentarios de aquella irritante chica, Asiont se aproximó a Andrea para susurrarle.

       —Aún tengo una duda, Andrea, cuando llegaste ¿no detectaste la presencia de alguna nave imperial?

       La reina de Lerasi reflexionó antes de responder.

       —Ahora que lo mencionas creo que sí. Cuando recién llegamos a este planeta, captamos la presencia de un Devastador Estelar estacionado sobre la atmósfera.

       Asiont se acarició la barbilla en un gesto pensativo.

       —Ya veo —murmuró lentamente—. Es muy extraño que la presencia que percibí hace unos momentos haya desaparecido tan de pronto. Sí ésta era de un guerrero imperial, ¿por qué no vino a averiguar lo que pasó?

       —¿Una presencia? —repitió Andrea desconcertada—. ¿De qué hablas?

       —Cuando apenas llegue al museo percibí una presencia no muy lejos de aquí —comentó—. Creo que se trataba de un guerrero meganiano, pero hace unos instantes que desapareció. Es extraño que no se haya unido a la batalla.

       —¿Otro guerrero? —aventuró la reina de Lerasi—. Sí es así ¿por qué no vino a ver que le paso a las Khan que Jesús envió fuera de este universo?

       —Eso es lo que quisiera saber —contestó Asiont—. Hay algo muy extraño en todo esto.

       —Oigan —los llamó Sailor Uranus a manera de reclamo—. ¿Hasta cuando vamos a tener que esperarlos?

       Asiont y Andrea se volvieron para mirarle.

       —Y yo que pensé que Cadmio era el único que actuaba así —masculló el Celestial, cruzando los brazos por atrás de la nuca—. Esa chica es una gruñona.

       La reina no se atrevió a hacer ningún comentario, pero no pudo evitar sonreír divertida por las palabras de su amigo.

       —Será mejor que te comuniques con la nave —le aconsejó Asiont—. Avísales de nuestros planes y diles que pasen por nosotros inmediatamente.

       Andrea asintió con la cabeza y extrajo un pequeño comunicador de su cinturón.

       Asiont, por su parte, se alejó de la reina y caminó hasta donde se encontraban Sailor Jupiter y Sailor Mars y recogió la gema estelar que Sailor Moon había dejado cerca de ellas. Nunca había visto una, pero sabía como reconocerla. Era justo como su padre adoptivo se las había descrito; la volteó y descubrió la palabra “Iod” inscrita en ella.

       De acuerdo con los antiguos relatos, ese era el nombre de una de las doce llaves que abría una puerta que conducía a la morada del Creador. Asiont lo sabía perfectamente y no pudo evitar tratar de imaginar lo que sucedería sí N´astarith conseguía todas las gemas.

       Al menos ya tenían una y sin ella el Portal Estelar no podría funcionar de la manera que el imperio esperaba. Levantó la mirada y descubrió como las Sailors había formado un circulo alrededor de él, Andrea, Sailor Meaker, Healer, Mars, Jupiter, Azmoudez, Azrael, Jesús y Josh. Parecía que iban a hacer una especie de conjuro mágico.

       Extrañado, el Celestial alzó una ceja.

       —¿Qué se supone que van a hacer? —preguntó temeroso—. ¿Acaso es un ritual?

       —¡Cierra la boca y déjanos concentrar! —le ordenó Uranus.

       Asiont bajó la mirada bruscamente y suspiró agobiado. “Con esa chica no doy una”, pensó.

       Sobre la órbita de la Tierra donde habitaban los zuyua se estaba realizando una impresionante reunión. Miles de naves procedentes de diferentes partes de la galaxia habían empezado a juntarse en torno a la flota de naves Tao que partirían hacia el universo del príncipe Saulo.

       En el puente de mando de la nave Tao de mando, el emperador Zacek y el príncipe Saulo observaban por medio de una enorme pantalla visora como las distintas naves continuaban llegando y tomaban su lugar dentro de la flota. Poco a poco diferentes naves alienígenas comenzaron a inundar el espacio y a rodear el planeta como colmenas.

       —Esta es la reunión de naves más grandes que he visto desde la batalla que tuvimos contra la Flota del Mal en el quinto planeta Naacal —observó Zacek—. Naves de todos los mundos de la GAU han venido y para evitar alarmar a los terrícolas les hemos pedido a todos que activen sus sistemas nulificadores de radar

       —Es en verdad increíble —murmuró Saulo lentamente—. Jamás imagine que nos brindarían toda esta ayuda.

       —Ahora esta es nuestra lucha también —dijo Lis-ek apareciendo por un extremo—. Los Guerreros Kundalini ayudaremos en todo lo que podamos.

       Saulor respondió con una sonrisa de agradecimiento.

       —Sois muy generosos —respondió. Giró el rostro hacia Zacek—. ¿Han traído también a esos enormes robots llamados Transformables?

       El emperador zuyua asintió.

       —Sí, es peligroso, pero hemos traído a la mayoría —se acercó a la pantalla dejando atrás a Saulo—. Luego de ver lo que las naves de N´astarith pueden hacer no nos arriesgaremos —se giró sobre sus talones hacia el príncipe Endoriano—. Cuando lleguemos a su universo, el profesor Dhatú se reunirá con sus científicos para trabajar en un arma que pueda ayudarnos a atravesar sus escudos.

       De repente una imagen de Areth procedente del ÁguilaReal 77 apareció en la pantalla visora.

       —Príncipe Saulo, emperador Zacek, ya estamos listos —anunció la joven con un suave tono firme—. Ya hemos transferido todas las coordenadas a las computadoras de las naves Tao.

       —Excelente —dijo Zacek volviendo el rostro hacía la pantalla—. Es hora de iniciar el viaje dimensional.

       —Estoy impactado —murmuró Saulo impresionado—. No sabía que sus naves Tao pudieras viajar por las dimensiones.

       Elnar se sumó a la conversación.

       —Es verdad, estás naves son asombrosas.

       El emperador Zuyua volvió el rostro hacia donde estaba Saulo. Era hora de partir.

       —Bien, el Águila Real 77 creará un punto de salto trans-warp para que las naves de la GAU puedan atravesarlo y así llegar hasta nuestro universo —comenzó a explicar Saulo—. Al mismo tiempo, las naves Tao se trasladarán por sí mismas a nuestro universo. Una vez ahí, estableceremos un lazo de comunicación con el almirante Cariolano para informales de nuestra procedencia.

       Elnar y Zacek se miraron entre sí y tras un segundo asintieron con la cabeza.

       —Me parece bien —convino Zacek cruzándose de brazos—. Lo último que queremos es provocar una batalla por culpa de un malentendido.

       Saulo se giró hacia la imagen de Areth y dijo:

       —Es hora, Areth, inicia el traslado.

       La joven Celestial asintió levemente con la cabeza y enseguida la pantalla se oscureció.

       En el espacio, el Águila Real 77 se dio la media vuelta y empezó a alejarse, adquiriendo una mayor velocidad conforme avanzaba hacia espacio abierto. De repente un vórtice de luz resplandeciente apareció frente a ella, creando un túnel de luz por el que penetró rápidamente. Inmediatamente, las naves de la G.A.U. comenzaron a seguirla mientras que las naves Tao empezaban a desaparecer formando una estela de brillantes destellos.

Espacio cercano a Armagedón.

       Mientras tanto, en el puente de mando del Devastador Tammuz, el feroz combate entre Dark Spy y Galford continuaba. A pesar de que el guerrero de la Justicia había tenido excelentes oportunidades para terminar con la batalla, Dark Spy había sabido como escabullirse de las estocadas y mandobles de su enemigo prolongando así el combate.

       De pronto, ambos enemigos se separaron a extremos contrarios dejando un vasto espacio entre ellos.

       —Para ser un simple Espía Estelar combates muy bien —reconoció Galford—. Manejas la espada como un gran guerrero.

       —Y eso que apenas empiezo a calentar —le aseguró Dark Spy al tiempo que desplegaba su aura con fuerza—. Prepárate para morir, Galford. Morirás en mis manos y luego el gran N´astarith me recompensará por mi excelente labor

       Antes de que el meganiano pudiera decir algo, el Espía Estelar arremetió contra su rival con una violenta lluvia de mandobles y estocadas. Sin embargo, Galford pudo desviar todos los ataques denotando una gran pericia que el Espía Estelar estaba lejos de poseer. Finalmente el guerrero de la Justicia consiguió arrebatarle el arma a su enemigo con un rápido e impecable molinete. La espada cayó ruidosamente al suelo detrás de él.

       Tras desarmarle, Galford alzó su arma y apoyó la punta en la garganta de Dark Spy.

       —¿Decías? —inquirió con un tono burlón—. Tú vida ahora me pertenece.

       Dark Spy le sonrió maliciosamente.

       —Tonto, únicamente necesitaba distraerte para ganar algo de tiempo.

       —¿De qué hablas? —le preguntó Galford, extrañado.

       En ese instante, una de las puertas de acceso voló en mil pedazos y varios guardias imperiales entraron rápidamente. Detrás de ellos, un sujeto fornido apareció a través de la puerta. Galford nunca había visto su rostro, pero por la armadura negra que portaba y el escáner visual que tenía en su rostro supo enseguida lo que aquel sujeto era.

       —Un Khan —murmuró lentamente mientras bajaba la espada—. Tú eres… .

       —Mi nombre es Bal —se presentó el guerrero—. El Khan de la Gárgola.

       Dark Spy lanzó una nueva carcajada.

       —¿Qué te parece, hablador? —se burló mientras reía—. Ahora morirás, serás materia de deshecho cuando… .

       El espía no alcanzó a terminar la frase. Galford se volvió hacia él y le atravesó el corazón con su espada, dejando que el infeliz traidor muriera sonriendo. Bal, por su parte, no perdió el tiempo y decidió sacar provecho de lo ocurrido. Levantó una mano con la palma vuelta hacia el meganiano y frunció el entrecejo, sonriendo malévolamente.

       Galford se volvió con la espada en lo alto listo para pelear, pero una potente ráfaga de luz blanca salió disparada de la mano del guerrero imperial en ese momento, destrozando su armadura y arrancándole casi el hombro. La fuerza del impacto lo lanzó contra los controles donde se desplomó, sangrando y aturdido.

       Bal se acercó hasta el indefenso guerrero y le sujetó por el cuello mientras los guardias los rodeaban con las armas listas para disparar a la menor señal del Khan.

       —Podemos hacerlo de la manera fácil o de la difícil —apretó ligeramente, impidiéndole respirar—. Lo preguntaré una sola vez, Galford, ¿dónde están los demás que te acompañaban en la misión?

       El meganiano le escupió el rostro con fuerza.

       —¡Piérdete maldito!

       —Muy mal —El Khan negó con la cabeza y cerró los ojos—. De acuerdo, sondearé tu mente y te sacaré los recuerdos por la fuerza sí es necesario.

       —De nada te servirá —Galford sonrió—. Nosotros los meganianos poseemos habilidades telepáticas altamente desarrolladas y… .

       No pudo seguir hablando.

       Bal inició una comunicación telepática de alta velocidad con Galford. Era un lenguaje de imágenes y sensaciones físicas trasmitidas anteriormente por Jesús Ferrer durante su estancia en aquel universo donde habitaban las Sailor Senshi.

       El intercambio de información transcurría más rápido de lo que el cerebro de Galford podía asimilar, por lo que provocó que éste se apretara la parte izquierda mientras chillaba de dolor.

       En cuestión de segundos, Bal visionó la batalla librada entre Sepultura y Asiont; la traición de Jesús y Josh y la desaparición de Eneri y las demás guerreras imperiales.

       —Ya veo —dijo el Khan al cabo de un momento—. ¿De manera que tú príncipe nos ha traicionado también y la gema sagrada se encuentra ahora en poder de ese Celestial?

       Galford hizo un último intento por golpearlo con la espada, pero fue inútil. Bal bloqueó el ataque con su brazo y lo desarmó de un potente puñetazo. La espada del meganiano cayó al suelo ruidosamente. El Khan de Gárgola soltó el cuello de su víctima y se agachó para recoger el arma.

       —Ya veo, así que los de la Alianza han conseguido una de las gemas estelares —murmuró mientras contemplaba su reflejo en la hoja de la espada—. Sin embargo, eso no es motivo de preocupación ya que tenemos un agente encubierto que la recuperará.

       Galford oía, pero el mareo y el intenso dolor que sentía le impedían reaccionar. Sin embargo, aún le quedaba una última oportunidad. Sí concentraba su poder podría destruir la nave con todos sus ocupantes, sólo necesitaba unos pocos segundos para hacerlo, pero… .

       El Khan volvió la vista hacia él y le sonrió siniestramente. Alzó la espada y le atravesó el pecho con su propia arma antes de que pudiera reunir la energía necesaria para llevar a cabo sus planes.

       —Estúpido, ¿crees que te dejaría hacer eso? —le preguntó Bal—. Recuerda que leí tu mente y sé cómo piensas. Antes de que mueras te diré que como castigo a su traición, el emperador ha dado la orden de exterminar a tu raza, ¿qué te parece?

       El meganiano agarró la hoja justo en el lugar donde le atravesaba el cuerpo, bajo el corazón.

       —No estés tan seguro, maldito, hay muchos guerreros que están con la Alianza y que lucharán para derrotarlos… . Adiós, príncipe Jesús, estoy seguro de que usted… que usted ayudará a salvar la galaxia…  Lo lamento, Dai, pero creo que no podremos enfrentarnos de nuevo… cuento contigo para que defiendas la justicia… .

       Se le quebró la voz, dejó escapar un último suspiro y murió.

       Bal sólo se limitó a mirarlo en silencio. Al cabo de un momento, se volvió hacia sus soldados que aguardaban y les dijo:

       —Vayamos con el emperador, hay mucho que debe saber.

       En la Tierra, Francisco continuaba lanzando incontables rayos de luz con una velocidad increíble en contra de su enemigo. Sin embargo, para su desgracia, Allus estaba consiguiendo esquivarlos volando rápidamente de lado a lado.

       —Espero que tengas una mejor técnica que esa, viejo —vociferó el Khan despectivamente—. Como habrás visto soy muy veloz.

       El emperador de los meganianos esbozó una leve sonrisa.

       —Sí, veo que eres muy bueno esquivando —Cruzó ambos brazos sobre el pecho produciendo un intenso resplandor con todo su cuerpo—. Pero veamos que puedes hacer contra esto.

       La alarma del escáner visual se encendió repentinamente. El nivel del poder de Francisco estaba llegando a niveles increíbles.

       —Impresionante —masculló Allus—. No puede ser que tenga este poder.

Continuará… .

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