Leyenda 108

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO CVIII

EL ÚLTIMO SHITO DE LA OSCURIDAD

         Astronave Churubusco (Sala de entrenamiento)

         Saori, sentada en un sillón, escuchaba a la princesa Mariana. Junto a ellas estaban los Santos Dorados, Seiya, Shun, Shiryu, Marin, Son Gokuh, Piccolo, Son Gohan, Kurinrin, Trunks, No.18, Cadmio, Lance, Casiopea, Azmoudez, las Sailor Senshi, Tuxedo Kamen, Astroboy, Ryoga, Moose, Shampoo, Zacek, Zaboot, Shilbalam, Lis-ek, Dai, Poppu, Leona, Marine, Hikaru, Umi y Fuu. Sólo Vejita continuaba dentro de la cámara de entrenamiento enfrentado una docena de androides de combate bajo una gravedad aumentada trescientas veces.

         La conversación fluía en torno a la batalla que habían sostenido Mariana y sus acompañantes contra Baran y los Guerreros Dragón en Adur; la princesa lerasina Mariana articulaba animadamente y Saori permanecía serena como siempre. Seiya observó a Dai disimuladamente, y la expresión de preocupación en el rostro del chico le indicó que la batalla había afectado a éste emocionalmente.

         Cuando Sailor Uranus y Sailor Neptune pasaron junto a Azmoudez, el general unixiano se les quedó mirando detenidamente con interés. Le resultaba curioso que esas dos Sailors se mantuvieran siempre tan distantes de las demás. Gracias a sus conversaciones con Sailor Jupiter ahora sabía que Uranus y Neptune solían desconfiar de los demás y que por lo tanto sería bastante difícil acercarse a ellas. También estaba el caso de Sailor Mars, que poseía habilidades perceptivas más elevadas que el resto de las Sailors.

         “Esa Sailor de rojo tiene el aura de una sacerdotisa”, meditó Azmoudez, escudriñando a Rei Hino con la mirada. “Es probable que tenga la habilidad de sentir las energías malignas mucho mejor que las demás. Será mejor observarla de cerca, aunque Jupiter me advirtió que desconfía de los hombres”.

         Cuando Mariana terminó su relato, guardó silencio y observó el rostro de los demás. Saori agachó la cabeza mientras reflexionaba. El simple hecho de que un enemigo proveniente del mundo de Dai hubiera aparecido en el planeta Adur suscitaba muchas dudas. ¿Había llegado por cuenta propia o había sido enviado por alguien más?

         —De modo que este tal Baran y sus guerreros provienen del mismo mundo que Dai, Poppu y la princesa Leona —comentó Cadmio—. ¿Qué me dicen de ese sujeto que capturaron en el planeta Adur? ¿Lograron hacer que les dijera algo?

         —¿Te refieres a Rafaruto? —inquirió Mariana a su vez—. Me temo que aún está inconsciente y pasaran cuando menos dos ciclos solares antes de que pueda decirnos lo que queremos saber. En estos momentos se encuentra en una de las cámaras de recuperación.

         —Será mejor que lo mantengan bien vigilado hasta que despierte —opinó Piccolo—. Rafaruto es el único que puede decirnos la manera en que esos guerreros aparecieron de la nada en esta dimensión.

         Seiya se volvió hacia el guerrero namek.

         —¿Sospechas algo, Piccolo?

         —No quiero hacer conclusiones apresuradas, pero sí me parece raro que Baran supiera el lugar exacto donde se encontraban Dai y los demás. Es como si deliberadamente alguien se hubiera tomado la molestia de ponerlo al tanto de la situación y de paso enviarlo a ese planeta.

         —Siento que Piccolo tiene razón en eso —convino Milo de Escorpión—. Todo esto suena muy extraño y hay demasiadas coincidencias como para creer que esto es producto de la causalidad ¿No creen que tal vez N´astarith los haya enviado?

         —Por favor, no tenemos ninguna razón para creer eso —intervino Azmoudez, paseándose por la habitación—. Según sabemos, las personas que viven en el mundo de Dai saben usar la magia. ¿No les parece posible que hubieran usado alguna clase de encantamiento para trasladarse hasta este universo?

         Dohko observó a Azmoudez con cierto recelo.

         —Debemos tener mucho cuidado y no tomar el asunto a la ligera —murmuró el santo de Libra—. Lo que Azmoudez sugiere bien podría ser verdad, pero presiento que tampoco debemos descartar las sospechas de Piccolo.

         Poppu aún mantenía muchas dudas sobre el incidente con Baran. Hasta donde sabía, ningún hechicero por muy experimentado que fuera podría haber logrado la increíble hazaña de encontrar a una persona en un universo diferente con tanta exactitud. Atravesar las barreras del tiempo y el espacio era posible, pero era mucha casualidad que Baran y los Guerreros Dragón hubieran aparecido en el planeta Adur en el preciso momento que todos se encontraban ahí. Definitivamente Baran había recibido ayuda de alguien más.

         —Y díganos, amigos —dijo Cadmio, dirigiéndose a Leona y los otros—. Sí Baran y esos Guerreros Dragón llegaron hasta este universo, ¿es posible que otro de sus enemigos haya venido con él?

         Leona tardó un momento en responder.

         —Nosotros sólo vimos a Baran, pero no tenemos manera de saber sí alguien más vino junto con él y los Guerreros Dragón —hizo una pausa y meditó un instante—. Otra cosa que llamó mi atención fue que Baran parecía saber perfectamente que él y sus hombres estaban en otro mundo, o tal vez simplemente no le importaba saberlo.

         Con los brazos cruzados detrás de su cabeza, Son Gokuh lanzó un suspiro y arrugó la nariz.

         —Humm, pues la verdad que todo esto resulta muy confuso.

         —Más que confuso, yo diría que riesgoso —señaló Cadmio que empezaba a pensar lo peor—. Sí descubriéramos que Baran llegó hasta aquí con ayuda de N´astarith, entonces todos estaríamos en un serio peligro. La seguridad de la flota estaría comprometida.

         —Es por eso que decidí reportar el incidente al Consejo —dijo Mariana—. Hyunkel decidió quedarse en Adur para buscar a Baran. Quizás él averigüe algo.

         —No creo que sea para tanto, princesa —murmuró Azmoudez observando a Cadmio con el rabillo del ojo—. Sí N´astarith supiera que la flota de la Alianza Estelar se encuentra en este sistema, entonces ¿no cree que ya nos hubiera atacado de alguna forma? Él no es de los que dejan pasar una oportunidad.

         —¡Que venga! —exclamó Seiya con ímpetu—. Es mejor derrotarlo de una vez en lugar de quedarnos aquí.

         —Seiya —musitó Saori.

         —¿No crees que te estás precipitando? —le preguntó Tuxedo Kamen a Seiya.

         —Tal vez, pero mientras estemos en este lugar, ese malvado seguirá haciendo de las suyas. No veo porqué debemos esperar a que ellos sean los que vengan. Propongo que vayamos a atacarlos de inmediato.

         Casiopea meneó la cabeza.

         —Entiendo tu desesperación, Seiya, pero nuestros enemigos aún mantienen ciertas ventajas sobre nosotros. No debemos olvidar que N´astarith aún cuenta con muchos guerreros que le han jurado fidelidad.

         —Pero no podemos esperar para siempre —replicó Seiya con vehemencia—. Sé que los Khans son realmente poderosos, pero debemos derrotarlos cuanto antes. No sé si se han dado cuenta, pero N´astarith se ha estado saliendo con la suya.

         —Espera, Seiya, no te precipites —lo calmó Son Gokuh—. Primero debemos fortalecernos todo lo que podamos antes de luchar contra N´astarith. No ganaremos nada si los enfrentamos antes de estar listos.

         —No me lo tomes a mal, Gokuh, pero mientras seguimos practicando en esa habitación, las cosas continúan empeorando. En estos momentos, todos nuestros mundos están en un serio peligro y debemos hacer algo para protegerlos.

         —Seiya —murmuró Shun.

         Cadmio frunció el entrecejo y sonrió.

         —Tal vez me odie a mí mismo por lo que voy a decir, pero en esta ocasión estoy de acuerdo con el chico. Es hora de ir y derrotar a N´astarith. Los científicos de la Alianza están trabajando en un arma capaz de penetrar los escudos de las naves enemigas y por primera vez en mucho tiempo se habla de lanzar un ataque, ¿no crees que deberíamos hacer lo mismo?

         —Me parece una idea interesante —comentó Sailor Uranus.

         —Yo opino que tal vez no estamos precipitando un poco —dijo Zacek en tono reflexivo—. Hasta ahora la mayoría de nuestros enfrentamientos con los Khans han resultado desfavorables y no estoy seguro de que podamos vencerlos —hizo una pausa y volvió la mirada hacia Seiya—. Pero, por otra parte, no tenemos mucho tiempo y miles de inocentes dependen de que derrotemos a N´astarith.

         Seiya se volvió hacia los demás, quienes asintieron con la cabeza para demostrarle que estaban de acuerdo. La simple idea de luchar contra los poderosos guerreros de Abbadón aún suscitaba dudas en algunos, pero las palabras de Seiya reflejaban el sentir de la mayoría.

         —Sí queremos vencer —dijo Cadmio—, debemos empezar por entender nuestra propia fortaleza. Los Khans utilizan la fuerza del aureus para elevar el poder de su aura y alcanzar un nivel de pelea superior. Nosotros debemos enfocarnos en aumentar nuestros poderes de alguna manera —guardó silencio un momento y giró la cabeza hacia donde estaba Zacek—. ¿Por qué no empiezas por averiguar el universo donde se encuentra la última gema sagrada?

         Zacek asintió con la cabeza.

         Águila Real 89.

         Asiont se sujetó el hombro y movió el brazo varias veces. Después de permanecer petrificado por tanto tiempo, sentía todo el cuerpo entumecido y le costaba trabajo moverse. Había vuelto a la normalidad gracias a la magia de Firia, pero no había hechizo alguno que le evitara sentirse asqueado consigo mismo. Aún cuando Bórax y sus gnomulones inorgánicos no habían resultado ser oponentes de cuidado para un guerrero de su nivel, aquellos seres con apariencia de duendes lo habían derrotado con suma facilidad.

         De hecho, de haberlos enfrentado él solo quizá habría perdido la vida al no contar con alguien que pudiera volverlo a la normalidad. Todavía no lograba controlar sus emociones y actuaba precipitadamente. “Si tan sólo hubiera escuchado a Uller”, pensaba.

         —¿Cómo te sientes? —le preguntó Shirufiru.

         —Mucho mejor —respondió Asiont mientras se acariciaba el hombro—. Debo reconocer que estar convertido en piedra no es una experiencia muy agradable que digamos.

         —Sí, tuvimos suerte de contar con la ayuda de Uller —murmuró Shaina—. De otra manera tal vez todos habríamos terminado como estatuas de roca. Esos gnomulones resultaron ser más peligrosos de lo que pensábamos.

         Yamcha dirigió su mirada hacia el hombre de hielo. El Guerrero Kundalini se encontraba recargado de espaldas contra la pared con los brazos cruzados y la cabeza agachada. Parecía que algo muy serio le preocupaba a Uller, pero Yamcha no tenía la menor idea de lo que podía ser.

         —¿Qué ocurre, Uller? ¿Sucede algo malo?

         —Estaba pensando en Bórax y sus gnomulones inorgánicos —musitó Uller sin volver la mirada—. Asura se ha aliado con N´astarith, eso pondrá las cosas mucho más difíciles para nosotros.

         —¿Por qué lo dices, Uller? —inquirió Ten-Shin-Han—. ¿Acaso Asura es tan poderoso?

         —Asura es un enemigo muy peligroso —dijo Uller con preocupación—. No quiero ni imaginar lo que esos dos podrían hacer ahora que se han unido. Es muy posible que en el futuro nos enfrentemos con otros de los sirvientes de Asura.

         —¡¡Eso a mí no me interesa!! —exclamó Rina Inbaasu a todo pulmón, causando que las miradas, aun la de Uller, se volcaran sobre ella—. No sé de donde han salido todos ustedes ni por qué rayos están buscando el triángulo de Zanatar. Todo lo que quiero es que me dejen salir de este lugar.

         —Señorita Rina —masculló Ameria—. Cálmese, por favor.

         —Oye, tranquilízate —le pidió Shirufiru a Rina—. Estás muy alterada.

         —¿Alterada yo? —murmuró Rina en forma sarcástica—. ¡¡No sabes lo que es estar alterada!! —Se arrancó del cinturón la bolsa de cuero que contenía el triángulo de Zanatar y lo agitó con fuerza en el aire—. ¡De haber sabido todo lo que iba a pasar, mejor hubiera vendido esta maldita piedra!

         —¿No qué no tenías la gema sagrada? —le preguntó Eclipse de pronto, haciendo sonrojar a la hechicera—. Vaya, tal parece que esta chica resultó ser más ladina de lo que pensaba.

         Rina montó en cólera.

         —¡¡Repite lo que acabas de decir y te dejó como ganso asado!!

         La hechicera agitó un dedo en la cara del enmascarado. Zerosu, dándose cuenta de lo inútil que era seguir con aquella conversación, golpeó el suelo con su báculo varias veces a fin de llamar la atención de todos. Firia arqueó una ceja cuando observó como Zerosu fruncía una sonrisa.

         —Creo que podemos dejar las recriminaciones para otro momento, ¿no les parece? —murmuró Zerosu girando el rostro hacia Asiont—. Ignoro la mayor parte de los detalles, pero sé que ustedes están buscando el triángulo de Zanatar.

         —¿Triángulo de Zanatar? —repitió Asiont algo confundido.

         —La gema sagrada que vino de otro mundo —se explicó Zerosu con mayor precisión—. Se dice que un mago muy poderoso llamado Zanatar la encontró hace muchísimo tiempo y que encierra grandes poderes.

         —Ahora comprendo todo —Asiont se acarició el hombro nuevamente—. Fue una suerte que ustedes la hayan encontrado antes que los guerreros de Abbadón. No tenemos mucho tiempo para explicarles todo, pero deben saber que nuestros enemigos están en busca de esa gema.

         —¿No me digas? ¿Es en serio? Que inteligentes eres —exclamó Rina en tono burlón, sujetándose las mejillas—. Si no me dices no me doy cuenta. De seguro ese enano llamado Bórax, el prepotente de Litón y los otros dos que aparecieron después nada más estaban pasando por el bosque y decidieron pelear con nosotros porque no tenían otra cosa que hacer.

         —Oye, aguarda un momento —replicó el Celestial—. Nosotros no teníamos idea de que la gema sagrada se encontraba en su mundo. No puedes culparnos por lo que sucedió y también… .

         —¿Sí? Pues no te vi hacer nada aparte de quedarte tieso como estatua.

         La actitud de Rina estaba empezando a incomodar a Asiont. Se sintió como si le acabaran de propinar una patada en el estómago. Enfadado, acercó su rostro al de Rina y la miró directo a los ojos. Estaba listo para soltarle un par de frescas a aquella voluble hechicera cuando fueron interrumpidos.

         —Ejem —carraspeó Zerosu—. Disculpen a Rina, pero la chica no tiene paciencia. Es algo… impulsiva…. posiblemente porque está entrado a su… ejem, período prohibido.

         El comentario provocó la hilaridad de los presentes con excepción de las mujeres. Incluso Uller pareció encontrarlo divertido. Eclipse soltó una risotada que hizo que Rina le lanzara una mirada llena de hostilidad que lo hizo callarse.

         —Óyeme, no te entrometas en mis asuntos. Zerosu —le reclamó la hechicera, volviéndose hacia Zerosu con la intención de golpearlo—. No me extrañaría para nada que tú tuvieras algo que ver en todo este embrollo. No sería la primera vez que nos metes en algún problema.

         —Además —intervino Shirufiru—. Ese fue un comentario bastante grosero.

         —Como si los hombres no fueran testosteronas andantes —dijo Areth.

         —¡Eso, eso, eso! —musitó Firia por su parte.

         —Tal vez fue grosero, pero divertido —opinó Eclipse. Casi inmediatamente, las furiosas miradas de todas las mujeres se clavaron sobre el enmascarado, que trató de fruncir una sonrisa sin mucho éxito—. Eh… quiero decir, que falta de respeto la del tipo.

        —Mejor cállate o te lanzo fuera de la nave —le dijo Shaina.

         Zerosu no pudo disimular una sonrisa divertida.

         —Pues aunque no me lo creas, la verdad no tengo nada que ver con estos forasteros. Simplemente tuve un presentimiento de que algo estaba grande por suceder y me dirigí a los bosques de Zefilia.

         —¿Tú también? —masculló Firia, extrañada.

         —¡Pues yo sólo quiero que me dejen ir! —exclamó Rina.

         —¿No te parece que eres algo injusta, Rina? —le preguntó Uller—. No olvides que uno de los nuestros sacrificó su vida para tratar de salvarnos. Creo que deberías ser más considerada por eso.

         Aquel comentario pilló a Rina por sorpresa. En su agitación había olvidado de momento la muerte de David Ferrer. Aunque en ocasiones solía actuar como una niña caprichuda y berrinchuda, Rina sabía reconocer cuando estaba actuando mal. Hizo una leve inspiración y asintió con la cabeza.

         —Disculpen.

         Asiont desvió la mirada hacia un costado y suspiró. El valiente sacrificio del príncipe meganiano le había sorprendido. Antes de abandonar la Churubusco, había reconocido en privado que no confiaba del todo en las intenciones de la familia real de Megazoar, pero ahora veía que quizá se había apresurado en juzgarlos. Se sentía confundido y tenía que poner sus pensamientos en orden. ¿Acaso cabía la posibilidad de que los meganianos se hubiesen aliado a N´astarith con la verdadera intención de hacer las cosas bien? ¿Es que habían pecado de ingenuos como otros tantos?

         —La verdad no esperaba que David fuera a sacrificarse por nosotros —dijo para sí—. Recuerdo que cuando estábamos en el universo de las Sailor Senshi, Jesús Ferrer también nos salvó la vida a todos. Pero no entiendo, sí no son malos, ¿por qué rayos estaban aliados con un demonio como N´astarith?

         —¿Qué te ocurre, Asiont? —le preguntó Areth de repente.

         —Nada, sólo pensaba en lo que hizo David. Siempre tuve la idea de que la familia real de Megazoar era mezquina e indiferente a lo que ocurría en la galaxia, pero ahora no sé que pensar. Jesús Ferrer nos salvó de tres guerreras Khan y ahora su hermano se sacrificó por tratar de ayudarnos.

         —¿Te sientes culpable?

         Asiont se quedó pensando un instante. Como en la mayoría de las veces que conversaba con Areth, la chica solía ser muy acertada en sus conjeturas. A veces Asiont no sabía si era mera coincidencia o simplemente su amiga era más observadora de lo que muchos pensaban.

         —Creo que sí, es sólo que… no sé.

         —No te preocupes tanto —le aconsejó Areth dándole una palmada en la espalda—. No eres el único que pensaba que todos los meganianos eran malignos. La mayoría en la Alianza cree eso e incluso existen muchos que aún mantienen esa idea. Creo que generalizar siempre será algo equivocado.

         Asiont meditó profundamente en aquellas palabras.

         El Monte Fuji

         Masamaru colocó el cargador de su arma y luego cortó cartucho para que una bala entrara a la recamara del cañón. Faltaban un par de horas para iniciar el ataque sobre NERV, pero la espera lo hacía sentirse desesperado. Estaba a punto de colocarse un chaleco antibalas cuando el Kymura entró a la habitación seguido de cerca por dos sujetos que portaban armaduras oscuras.

         —Olvídate de eso, Masamaru —le dijo el general, refiriéndose al chaleco antibalas que Masamaru sostenía en las manos—. Aquí tengo algo mejor que proporciona una mayor protección.

         Masamaru dirigió una mirada escrutadora a los oscuros soldados que acompañaban al general Kymura. Cuando estuvieron más cerca, pudo observar que llevaban la armadura sobre una especie de malla corporal y que el casco les cubría no sólo la cabeza sino todo el rostro.

         —¿Qué clase de armadura es esa?

         —Es algo impresionante, ¿verdad? —Kymura le soltó una sonrisa de satisfacción—. Es una armadura blindada que protege contra las armas de proyectiles y metralla. El casco protege los ojos contra el exceso de luz y permite ver a través de muchas barreras como el humo, la oscuridad de la noche e incluso el fuego. El equipo óptico incluye desde lentes oculares sencillos hasta complejos procesadores de visión. La armadura está hecha con la mejor calidad y lleva un equipo de energía y un sistema de gas presurizado que te permitiría sobrevivir aún en el espacio.

         —¿En el espacio dice? —murmuró Masamaru, extrañado.

         —Y no has visto las nuevas armas —le dijo el general mientras le mostraba lo que parecía ser alguna clase de fúsil semiautomático—. Es un arma de mano modelo K-11 Láser Tech estándar. Se carga con una célula energética que proporciona cien disparos y el cartucho de gas de plasma contiene quinientos disparos. Es un juguete increíble.

         —¿Qué tipo de munición dispara esa cosa?

         —¿Munición? —dijo Kymura a punto de soltar una carcajada—. No has entendido todavía, mi amigo. Esta belleza dispara descargas de plasma, no proyectiles. Comparado con este poder de fuego, el kevlar es como un escudo de papel.

         —Jamás había visto esta clase de armas —murmuró Masamaru mientras examinaba con fascinación el arma de mano K-11 que Kymura le ofrecía—. ¿De dónde vienen? ¿De los Estados Unidos o de China acaso?

         —Son un regalo de Gengis Khan para premiar nuestra obediencia.

         —Con estas armas tomar el control de NERV será juego de niños.

         —Esa es la intención, mi amigo —dijo Kymura en tono impasible—. Sin embargo hay algo que aún no sabes. Esos inútiles de SEELE planean apoderarse de NERV y del Eva-01. Tal parece que tienen la intención de llevar a cabo el tercer impacto.

         —¿Qué dice, general? ¿El tercer impacto? Pero ¿cómo?

         —Es por eso que debemos acelerar nuestros planes —Kymura se dio la media vuelta y se dirigió hacia la puerta. Cuando estaba por dejar la habitación, se detuvo un momento y dijo—: Ponte la armadura y dirígete al auditorio. Ha llegado la hora de liberar a Lilim.

         Una vez que el general hubo dejado la sala, Masamaru miró el arma K-11 y luego la armadura negra que le habían dejado sobre la mesa. ¿De dónde habían salido todas esas maravillas tecnológicas? Ahora estaba más convencido que nunca que había una potencia extranjera detrás de todo eso, aunque no tenía modo de saber cuál podría ser. ¿China o Estados Unidos? Armas de plasma, armaduras a prueba de balas y metralla, robots gigantes y computadoras avanzadas. Todo eso era demasiado como para ser solventado por una organización de hombres adinerados. Meneó la cabeza como si quisiera alejar aquellos pensamientos de su mente y luego tomó el peto de la armadura para ponérselo.

         Tokio-3, Japón

         A pesar de que la ciudad había sido una de las metrópolis más modernas del mundo con elevadas torres de acero y amplias calles, también existían zonas que poseían una atmósfera desagradable y deprimente. Uno de estos lugares lo conformaba un conjunto de edificios habitacionales en pésimas condiciones. Por la apariencia deplorable de los condominios parecía que habían sido abandonados desde hacía mucho tiempo. Las tuberías estaban llenas de fugas y la instalación eléctrica apenas funcionaba.

         Cualquier otra persona hubiera encontrado insoportable vivir tiempo en uno de los departamentos de aquellos edificios por largo, pero no Rei Ayanami. A ella le bastaba con un lugar donde pudiera dormir y hacer sus necesidades diarias. No le importaba que las paredes estuvieran desgastadas o que el cesto de basura estuviera desparramándose de papeles. En cierta forma, aquel pequeño apartamento denotaba una personalidad apagada y triste.

         Como todas las noches, Rei se encontraba recostada en su cama. Era cerca de la medianoche cuando se levantó. Se volvió hacia la ventana y contempló la luna llena. Se puso de pie y luego se fue a vestir con su uniforme escolar. Cuando terminó de ponerse la ropa, se dirigió hacia un pequeño buró que había junto a la cama y abrió el cajón. Extrajo unos anteojos rotos del interior y los contempló por largo rato. Entonces, de repente, giró la mano y los dejó caer al suelo. Pasó su pie por encima de ellos hasta quebrar los lentes y hacer añicos el armazón. Llevó la vista hacia la ventana para escudriñar la luna una vez más y después abandonó el departamento.

         La Luna

         Una armada de naves de guerra abbadonitas se estaba posicionando rápidamente en una órbita cercana al satélite natural de la Tierra. Grandes naves de transporte de tropas iban y venían entre los gigantescos Devastadores Estelares que aguardaban mientras pequeñas naves caza patrullaban los alrededores. En el puente de mando de la nave insignia de la flota, N´astarith se encontraba realizando una conversación con varios de los capitanes a través del comunicador holográfico.

         —La flota se encuentra posicionada y lista para iniciar el ataque cuando usted lo ordene, mi señor —le informó el capitán Sun-Har—. Creemos que los terrícolas pudieran haber captado algunas de nuestras transmisiones cuando intervenimos sus sistemas de comunicación, pero hasta el momento no han desplegado sus fuerzas de defensa.

         —Es obvio, ignoran lo que está sucediendo, prosigan con el ataque como fue acordado —musitó N´astarith mientras los hologramas ante él se desvanecían. Cuando la última figura holográfica desapareció, el oscuro señor de Abbadón llevó su rostro hacia los guerreros Khan que aguardaban a su costado—. Luego de tener la última gema estelar, tan sólo nos queda ocuparnos de los Caballeros Celestiales y de los guerreros que se les han aliado.

         —Esos gusanos morirán en poco tiempo, gran señor —repuso Tiamat con vehemencia—. Hasta ahora sólo hemos estado jugando con ellos. Nosotros somos capaces de matarlos en una fracción de segundo y cualquiera lo sabe.

         —Tiamat habla con la verdad, mi señor —se apresuró a decir Sarah—. Tanto los Celestiales como sus aliados solamente han corrido con suerte, eso es todo. Ni los santos de Atena ni ningún otro de esos inútiles guerreros son oponentes reales para nosotros.

         Los ojos de Odrare de Minotauro fueron del rostro de Sarah al del oscuro emperador de Abbadón. El semblante de N´astarith revelaba que éste no compartía el mismo optimismo que mostraban Sarah y Tiamat.

         —Mi querida Sarah, cuando un enemigo goza de tan buena suerte por tanto tiempo, entonces comienzo a preocuparme —siseó N´astarith con seriedad—. La gema sagrada presente en esta dimensión nos espera y no deseo dejar ningún cabo suelto que puedan aprovechar los de la Alianza. También debemos capturar a la criatura Lilim antes que los Celestiales se percaten de nuestras verdaderas intenciones.

         —¿Por qué tanto interés por esa criatura, mi señor? —inquirió Sarah con interés—. Supongo que desea capturarla para usarla como un arma en contra de nuestros adversarios, ¿es eso?

         N´astarith volvió a fijar sus ojos hacia la ventana frontal del puente para observar el planeta Tierra. Era una réplica exacta del planeta azul de la dimensión de donde venían, aunque la geografía de aquel mundo era un tanto diferente según le habían informado.

         —Los estúpidos humanos de ese planeta se proponen alcanzar un grado de evolución superior a través de unas criaturas que los han estado atacando. La mayoría de estas criaturas ya fueron aniquiladas por los terrícolas que habitan ese mundo, pero con la ayuda de Fobos podremos apoderarnos de la última de ellas, un ser mucho más poderoso que todos aquellos que lo precedieron.

         —¿Fobos? —Tiamat abrió los ojos de par en par—. ¿Significa que él…

         —Se encuentra en este universo desde hace tiempo. Si —confirmó N´astarith con una sonrisa—. Él vino a esta realidad con el objetivo de infiltrarse entre los humanos y conocer más sobre esas criaturas de las que les hablé.

         —Debemos suponer entonces que Fobos ya localizó la última de las gemas sagradas —concluyó Odrare—. Sí tiene tiempo en este universo, entonces debió encontrarla desde hace mucho, pero lo que no entiendo es por qué nunca nos dijo nada, mi señor.

         —Es algo muy simple, mi amigo —repuso N´astarith—. La verdad es que nunca confié en los meganianos y por eso guardé ciertos secretos incluso para ustedes. Un verdadero sabio nunca dice más de lo que es estrictamente necesario.

         Sarah y Odrare asintieron al escuchar las palabras de N´astarith, quien permaneció impertérrito. Tiamat, en tanto, sintió un vació en su inquebrantable confianza; él se consideraba a sí mismo el mejor guerrero del imperio y por lo mismo le resultaba incompresible que N´astarith prefiriera confiar en alguien como Fobos. El Khan del Dragón sintió como la ira lo invadía, pero fingió normalidad.

         N´astarith soltó una risita apenas audible.

         —Todo está saliendo como lo había planeado. Nuestros enemigos creen que podrán frustrar nuestros planes arrebatándonos algunas gemas, pero cuando los ataquemos en Adur, entonces entenderán lo equivocados que están. 

         Cuartel General de SEELE

         La habitación estaba cerrada, ya que sus discusiones debían permanecer ocultas a los ojos y oídos de todo el mundo. Los once monolitos oscuros que representaban a los líderes de SEELE formaban un círculo en cuyo centro se encontraban de pie el comandante Gendou Ikari y Kouzou Fuyutsuki. A excepción de la parte central, que servía de estrado a quienes se dirigían al comité de Seele, toda la habitación permanecía en una total oscuridad que reflejaba la creencia de la organización de que los amos del mundo siempre debían permanecer anónimos. Cada monolito llevaba un número que servía para diferenciarlo de los demás y estaba equipado con una cámara de video y un altavoz con lo que los miembros podían intervenir en las discusiones.

         El presidente Keel Lorentz, el único miembro de SEELE que mostraba su identidad, ocupaba un sillón de cara a los cabecillas de NERV, que escuchaban atentamente todo lo que comité decía. Al mismo tiempo que el presidente Keel hablaba, Gendou y Fuyutsuki observaban una enorme pantalla que mostraba una nítida imagen de la superficie lunar.

         —El tan esperado momento ha llegado. Como la Lanza de Longinus se ha perdido, no podemos empezar la complementación con Lilith. Sólo podemos confiar en poder empezarlo utilizando el Eva-01, el clon de Lilith.

         —Esto es diferente al escenario escogido por SEELE —objetó Gendou.

         —El hombre existe para producir al Eva —recordó Fuyutsuki.

         El presidente Keel frunció el entrecejo con malestar. El proyecto de Complementación Humana era la meta final de SEELE. De acuerdo con una serie de manuscritos encontrados cerca del Mar Muerto, muchos consideraban que la humanidad había llegado a un punto muerto en su evolución. Por tal razón era necesario reformar a todo la raza humana para evitar lo que, según SEELE, era el camino a la extinción.

         —Los hombres deberían avanzar hacia un nuevo mundo, y para ese fin fueron construidos los Evas de serie —declaró Gendou.

         —Hasta que no abandonemos nuestra forma humana no podemos subir al Arca llamada Eva —murmuró una voz que salió del altavoz instalado en el monolito número nueve.

         —Este es el ritual del embarque —sentenció una segunda voz desde el monolito número doce—. Para traer la resurrección a la humanidad que ha llegado a un callejón sin salida.

         —La creencia en la exterminación es también el gozo de la resurrección.

         Fuyutsuki bajó la mirada mientras escuchaba como las voces de los distintos miembros de SEELE salían de los oscuros monolitos. Con el rabillo del ojo, notó que Gendou meneaba la cabeza en sentido negativo ante las palabras del comité.

         —Es convertir en uno solo a Dios, la humanidad, y cualquier otra forma de vida después haber muerto.

         —La muerte engendra la nada —difirió Gendou con desprecio.

         —Nosotros daremos la muerte —sentenció el presidente Keel, poniendo fin a la sesión. Toda la habitación quedó sumida en un silencio sepulcral. Las cámaras de video de los monolitos aún estaban activas, pero los altavoces habían dejado de funcionar.

         Gendou respiró hondo. Ahora tenía claro que al presidente Keel le importaba muy poco lo que él o Fuyutsuki pudieran pensar sobre el Tercer Impacto. En opinión de Gendou, el Tercer Impacto debía llevarse a cabo, pero sin recurrir al exterminio masivo de los seres vivos.

         —La humanidad existe para intentar salvar la vida a los demás —dijo Fuyutsuki de repente—. Y ese fue el deseo de Yui, quien ella misma aguarda dentro del Eva.

         De caminó a la salida, el comandante Ikari estuvo sumido en sus pensamientos.

         Astronave Churubusco.

         Jesús Ferrer se sentía inquieto. Había estado revisando varios reportes que le mostraban el movimiento de las naves meganianas a lo largo de la galaxia cuando percibió que algo malo le había ocurrido a David. El fuerte lazo psíquico que le unía con sus hermanos le estaba haciendo experimentar una terrible sensación de angustia que no lo dejaba tranquilo. Miró hacia sus espaldas y se topó con Armando.

         —¿También lo sentiste? —le preguntó Armando.

         —Sí —Jesús titubeó—. Algo le ha sucedido a nuestro hermano.

         Armando apretó los puños y levantó la mirada.

         —Temo que David quizás haya fallecido, esta sensación es diferente…. .

         Jesús sacudió la cabeza. Era demasiado pronto para concluir que David estuviera muerto. Debían tratar de serenarse y pensar las cosas objetivamente. Ambos príncipes se miraron de hito a hito y después cerraron los ojos, sumiéndose en sí mismos. Aunque David estuviera luchando en otra dimensión, podían hacer contacto telepático con él gracias a su lazo psíquico. Los segundos pasaron sin que ninguno de los dos pudiera hacer contacto.

         —Es inútil —Armando abrió los ojos—. No puedo localizarlo.

         —¡Es muy pronto para rendirse! —exclamó Jesús—. Debemos hacer un esfuerzo. Aunque su aura haya desaparecido por completo, no me resignaré tan fácilmente.

         Armando lanzó una mirada desafiante contra su hermano. Estaban a punto de empezar a discutir cuando una pequeña partícula luminosa apareció entre ambos. Tanto Jesús como Armando reaccionaron con sorpresa y se hicieron para atrás. Al principio temieron que alguien estuviera tratando de atacarlos, pero la energía que percibían era demasiado tranquila para pertenecer a algún enemigo.

         —Está energía me es muy familiar —reconoció Jesús.

         Armando, que sentía algo de desconfianza a pesar de todo, extendió la mano y dejó que la pequeña partícula de luz se posara lentamente sobre su palma. Entonces comprendió que se trataba del último vestigio del aura de David.

         —Esto… es… el aura de nuestro hermano —musitó con profunda tristeza—. No puede ser, parece que murió mientras luchaba con los guerreros de Abbadón. —Una sensación de desconcierto lo invadió cuando se percató que su propia aura empezaba a fortalecerse. Armando cerró sus puños y miró a Jesús—. Él estaba buscando su propia muerte y por ello se sacrificó. ¡Maldita sea!

         Jesús no pronunció ni una palabra. Su última esperanza se había esfumado, y esa sensación le destrozó el corazón. Había perdido a su esposa e hijo, a su padre Francisco y ahora acababa de perder a David. Se volvió hacia la ventana de la habitación para contemplar las estrellas y bajó la cabeza, abrumado por el peso de lo sucedido. Un cúmulo de emociones abarrotaba su corazón. Miedo. Ira. Venganza. Dolor. N´astarith tendría que pagar por todo lo que les había hecho. Cuando abrió los párpados, sus ojos, bañados en lágrimas, se tornaron blancos. Un nuevo poder estaba surgiendo desde el interior de su propia alma.

         Continuará… .

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