Leyenda 025

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO XXV

LA EXISTENCIA EN PELIGRO

       Ciudad de Monterrey, México

       Tiamat miró a Karmatrón fijamente y dejó escapar una leve sonrisa. En el visor de su escáner visual podían verse distintos caracteres, los cuales le indicaban el elevado nivel de combate de su nuevo adversario. No obstante, lo cierto era que el Khan del Dragón confiaba más en su propia percepción que en aquel aparato para evaluar el poder de sus rivales.

       —Con qué tú eres Karmatrón, ¿eh? —hizo una pausa y dio un paso al frente—. Ya había oído hablar de ti hace mucho tiempo y la verdad tenía ganas de conocerte. Tus proezas como guerrero son legendarias.

       Karmatrón adoptó una posición de guardia y dio un paso hacia atrás.

       —¿Eh? ¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí? ¿Acaso son aliados de Asura?

       Tiamat bajó la cabeza, luego cerró los ojos y dejó escapar una risita.

       —No, nosotros somos los Khans y servimos al emperador N´astarith.

       —¿N´astarith? —repitió Lis-ek como si fuera eco.

       El Khan del Dragón abrió sus ojos y ladeó la cabeza ligeramente para mirar a Lis.

       —Exactamente. Él pronto dominará la Existencia por completo, que de eso no les quepa la menor duda. Dentro de muy poco tiempo, N´astarith también controlará este pequeño planeta y a todos sus habitantes.

       Un joven de larga cabellera pelirroja que vestía los mismos atuendos de los guerreros Kundalini, dio un paso al frente apretando fuertemente los puños.

       —Pero que tonterías están diciendo.

       —Zaboot, tranquilízate —le calmó Lis—. No dejes que la ira nuble tu mente.

       Tiamat sonrió malévolamente y se cruzó de brazos.

       —A simple vista puedo darme cuenta de que la mayoría de ustedes no representan un peligro para nosotros. Sus niveles de ataque son muy bajos para guerreros como nosotros.

       Kali, por su parte, clavó su mirada en los guerreros Kundalini que tenía enfrente —El príncipe gnomulón Cord y su eterno guardián Gorok; el hombre pez Tritón; el brujo Shilbalam y finalmente Zaboot; cada uno distinto y poseedor de un objeto de poder que los ayudaba a luchar en contra del Mal y en protección de los débiles—, y los estudió detenidamente.

       Sepultura descendió lentamente para unirse a sus camaradas. Una vez que sus pies tocaron el suelo, se colocó junto a la Khan de la Destrucción y se preparó para el combate.

       —Guerreros Kundalini, prepárense. Los mataremos a todos y yo me quedaré con sus cráneos como trofeos.

       A unos cuantos metros de ahí, Uller finalmente pudo abrirse paso entre los escombros para unirse a sus compañeros.

       —Uller, ¿te encuentras bien? —le inquirió Karmatrón apenas lo vio.

       El hombre de hielo asintió.

       —Si, no te preocupes, pero tengan cuidado. Aparentemente ellos tienen más poder del que nos muestran.

       Karmatrón volvió la vista hacia Tiamat y los otros para escudriñarlos.

       —Sí, puedo darme cuenta de eso.

       Un viento recorrió el lugar y removió los cabellos de todos los ahí congregados. A corta distancia se podía escuchar los disparos láser cayendo todavía sobre la ciudad de Monterrey. Tiamat y Karmatrón se miraron el uno al otro, pero ninguno dijo nada, Finalmente, el Khan de Dragón avanzó hacia los guerreros Kundalini.

       —Yo me haré cargo de él —anunció Karmatrón sin mirar a sus compañeros—, los demás encárguense de los otros dos. Tengan cuidado, percibo un gran poder oculto en ellos.

       A bordo del Águila Real 77, el príncipe Saulo y su tripulación se preparaban para iniciar el viaje dimensional. Para evitar llamar la atención y proteger a la flota aliada, Saulo había ordenado llevar la nave lejos del sistema Adur.

       —Las coordenadas están listas, señor —anunció el capitán de la nave con importancia.

       Saulo respiró hondo y volvió la mirada hacia un par de jóvenes vestidos con los mismos atuendos de los Celestiales que aguardaban en un extremo.

       —Espero que se encuentren preparados, este será quizás su primera batalla.

       —Puede contar con nosotros, maestro —dijo Areth.

       El príncipe endoriano fijó la mirada en su joven discípula. Areth, de dieciséis años, tenía diez menos que Saulo y todavía estaba aprendiendo. Aunque más baja que Ezequieth, el otro discípulo de Saulo, era delgada y de rápidos reflejos. El rostro de muchacha sugería una inmadurez de la que en realidad ya se había librado hacía mucho tiempo. Tanto Areth como Ezequieth aún no eran Celestiales de pleno derecho, pero les faltaba poco para serlo.

       Cuando Saulo volvió a hablar, estaba escudriñando el espacio por la pantalla visora.

       —Todavía son muy jóvenes, pero se han desempañado con bastante éxito durante los entrenamientos.

       Ezequieth sonrió confiadamente.

       —Estamos listos para lo que sea —aseguró.

       Saulo meneó con la cabeza.

       —No te confíes, Ezequieth, recuerda que nuestros enemigos son los Khans y son extremadamente poderosos. Ellos han conseguido eliminar a la mayoría de los Caballeros Celestiales en toda la galaxia.

       Areth bajó la mirada y no dijo nada. Antes de partir, Saulo los había puesto al corriente acerca de todo lo que estaba en juego. La ansiedad y las dudas recorrían la mente y el corazón de los jóvenes aspirantes.

       —Todo listo —anunció el piloto por encima del hombro y permaneció a la espera de nuevas instrucciones.

       Saulo asintió.

       —De acuerdo, inicien el traslado.

       Inmóviles en el puente de mando, todos contemplaron en silencio como los pilotos de la nave extendían las manos sobre los controles y activaban el transportador dimensional. Una pequeña abertura de energía rasgó el continuo espacio-tiempo cuando la nave entró en ésta dejando atrás su propio universo.

       Ciudad de Monterrey, México

       Tiamat se detuvo frente Karmatrón y lo miró fijamente. El guerrero Kundalini, por su parte, le devolvió la mirada de igual modo. Se podía decir que ambos se estaban estudiando mutuamente en espera de poder encontrar sus puntos débiles. Permanecieron mirándose por un breve instante hasta que el Khan del Dragón alzó su mano derecha para disparar una descarga de energía.

       En la misma manera que Uller lo había hecho anteriormente, Karmatrón desapareció de la vista de Tiamat justo a tiempo. El rayo de luz pasó de largo y se impacto contra unos edificios viejos reduciéndolos a un amasijo de hierros y escombros. El Khan de Dragón sonrió, sin tener que volver la mirada, supo de inmediato que Karmatrón estaba detrás de él. Con la velocidad del rayo, el Kundalini alzó sus manos y generó varias ondas de choque que golpearon a Tiamat por la espalda.

       El guerrero de Abbadón salió disparado por los aires. Su capa negra se deshizo en un millón de pedazos, pero su armadura no sufrió el menor daño. Contrario a lo que Karmatrón esperaba; Tiamat recuperó el equilibrio y dando una espectacular pirueta en el aire, aterrizó el suelo sin mayor problema.

       —Vaya, me impresionas —reconoció Tiamat mientras se acomodaba los cabellos—. Déjame ver si entendí lo que sucede. Cuando repites esa oración tu cuerpo se recubre con esa especie de armadura que portas, ¿no es así, Zacek?

       Karmatrón asintió.

       —Así es, veo que realmente sabes mucho sobre mí y mi poder.

       Tiamat cerró sus ojos y dejó escapar una leve sonrisa.

       —Y no sólo es la armadura. Tu nivel de combate se eleva increíblemente, espero que esta batalla valga la pena.

       —Un verdadero guerrero sabe que lo más importante no es la conquista sobre otros, sino la conquista de uno mismo —declaró el Kundalini adoptando una postura de pelea.

       Tiamat abrió los ojos y volvió a sonreír mientras una aura de color negra recorría su cuerpo.

       —Eso lo veremos —murmuró confiadamente.

       Un extraño fenómeno comenzó suceder. Poderosos y rápidos vientos comenzaron a emanar del cuerpo del Khan del Dragón, era como si de pronto se hubiera desatado una terrible tormenta.

       —¿Qué es lo que sucede? —le inquirió Karmatrón algo confundido—, ¿qué es lo que estás haciendo?

       Como respuesta, Tiamat alzó sus brazos hacia el Kundalini con fuerza y grito:

       —¡Drako Ventus!

       Un fuerte vendaval emanó de los brazos del Khan del Dragón golpeando fuertemente a Karmatrón. Tiamat sonrió maliciosamente y desplegando su aura presionó el ataque, el aire comenzó a cobrar mayor fuerza hasta que finalmente Karmatrón salió disparado hacia el cielo.

       El aire que rodeaba al Kundalini empezó a girar alrededor de él rápidamente, por unos instantes Karmatrón luchó por recuperar el control, pero era inútil, el viento ejercía una enorme fuerza que le impedía moverse. Un torbellino se formó alrededor del Kundalini y cuando éste pensó que las cosas no podrían empeorar más; poderosos relámpagos comenzaron a golpearlo por todos lados. Desde el suelo, Tiamat contemplaba divertido el cruento espectáculo.

       —¡¿Qué te parece, Zacek?! —exclamó triunfantemente—. Y eso que el verdadero dolor aun no ha empezado.

       Dentro del torbellino, Karmatrón sabía que debía actuar con rapidez; los relámpagos continuaban golpeándolo con increíble fuerza. Haciendo un gran esfuerza, el Kundalini apretó los puños y desplegando una poderosa aura disipó el torbellino liberándose finalmente del ataque de Tiamat.

       —Debo reconocer que tienes mucho poder —declaró Karmatrón—. Pero necesitarás más que eso para vencerme.

       El Kundalini alzó sus brazos y lanzó una poderosa descarga láser con sus puños. El Khan del Dragón se mantuvo firme esperando el ataque. Con absoluta calma, levantó sus brazos hacia el cielo y enseguida un poderoso escudo de energía lo envolvió para protegerlo.

       —¡Drako Scuama!

       El cuerpo de Tiamat se iluminó segundos antes de que la descarga láser lo golpeara, y Karmatrón alcanzó a distinguir la sombra casi imperceptible de una sonrisa en el astuto rostro del Khan. La descarga láser cruzó silbando el aire y se impacto en Tiamat, explotándole encima de su coraza de energía. El violento estallido provocado por el ataque del Kundalini levantó una gruesa nube de escombros y polvo que cubrió completamente al guerrero de Abbadón. Para evaluar mejor el resultado de su acción, Karmatrón descendió justo frente donde se suponía estaba Tiamat.

       “Es extraño que no haya intentado esquivar mi descarga”, pensó.

       Como si se tratará de un espectro del más allá, la sombría figura del Khan del Dragón emergió lentamente del humo que lo envolvía. Con su coraza de energía todavía alrededor de él, Tiamat dejó ver claramente que su cuerpo no había sufrido el menor rasguño

       —¡No puede ser! —gritó Karmatrón exaltado—. ¡No pude dañarlo!

       El guerrero Abbadonita dejó escapar una leve sonrisa mientras su coraza de energía se disipaba lentamente.

       —Estás asombrado, ¿no es así? La verdad es que estoy decepcionado, no eres lo que esperaba. Realmente tu nivel de ataque y habilidades dejan mucho que desear.

       —¡¿Qué estás diciendo?!

       Tiamat se alisó los cabellos.

       —Lo que oíste, Karmatonto. Sencillamente no eres rival para mí.

       —¡Ahora verás, canalla!

       Karmatrón apretó los puños con fuerza y comenzó a concentrar su energía aúrica. Tiamat volvió a sonreír y se colocó en guardia.

       —Si, así debe ser —musitó—. Pelea con todas tus fuerzas.

       A escasos metros del lugar donde Tiamat y Karmatrón combatían, , el príncipe Gnomulón Cord, su guardaespaldas Gork, el brujo Shilbalam, Uller y Zaboot se enfrentaban a Sepultura.

       El Khan de la Muerte, lejos de mostrarse preocupado ante la superioridad numérica de los Guerreros Kundalini, sonreía despreocupadamente. Parecía como sí supiera que ninguno de ellos era capaz de dañarlo.

       —¿De que te ríes, miserable? —le inquirió Zaboot al tiempo en que desenfundaba la espada de los Inmortales.

       Sepultura desvió la mirada hacia Zaboot.

       —Me rió de todos ustedes, gusanos. No tienen la suficiente fuerza para ganarme, ya registre sus niveles de ataque y entre todos sólo tienen 2,700 unidades de fuerza. Eso significa que, lógicamente, ustedes son infinitamente más débiles de lo que creía.

       Cord dio un paso al frente y sacó un shuriken dorado de entre sus ropas.

       —¡Eso lo veremos!

       El príncipe gnomulón lanzó su shuriken contra Sepultura, pero el Khan de la Muerte ni siquiera se movió. A un centímetro de que la estrella golpeara su rostro, ésta se elevó por los aires y comenzó a girar alrededor del imperial. Sepultura sonrió y ladeó la cabeza para observar a Cord, era obvio que controlaba el shuriken mentalmente.

       —¿Así que piensas que puedes ganarme con esa arma? —le inquirió el Khan burlonamente—. No eres nada para mí.

       Cord no prestó la más mínima atención a su enemigo y siguió concentrado. El shuriken continuó dando vueltas alrededor del Khan hasta que finalmente se detuvo encima de su cabeza y le descargó un rayo de energía que le explotó encima. El cuerpo de Sepultura desapareció en una densa nube de humo y polvo. Después de haber ejecutado el ataque, el shuriken dorado volvió a las manos de su dueño.

       —¡Bien hecho, Príncipe! —le felicitó Gorok—. Eso le pasa por confiado… .

       Gorok no pudo terminar la frase. Al disiparse el humo de la explosión, todos los Kundalini descubrieron con asombro que el Khan de la Muerte no había sufrido el menor daño.

       —¿Acaso creen que con tan poca energía van a poder derrotarme? —hizo una pausa y frunció el entrecejo—. Son una vergüenza… ¡Ahora verán!

       Todos los Kundalini adoptaron diferentes posturas de combate. Zaboot apuntó su espada contra el cuerpo del Khan, al menor movimiento no dudaría en atravesarlo.

       —¡Quieto! —le advirtió, mirándolo fijamente.

       Sepultura miró a Zaboot de reojo, luego sonrió malévolamente y a continuación desapareció de la vista de todos. Cord buscó al imperial por todos lados, pero fue demasiado tarde. Cuando al fin pudo encontrarlo frente a él, éste le propinó un potente puñetazo en el estómago que le sacó el aire. Cord sintió como su vista se nublaba poco a poco mientras se doblaba, aquel había sido un golpe muy poderoso. Viendo lo sucedido, Gorok empuño fuertemente una hacha y se lanzó contra Sepultura.

       El Khan de la Muerte retiró su puño lentamente del cuerpo del príncipe gnomulón mientras éste caí al suelo derrotado. Cuando el guerrero de Abbadón miró por encima del hombro, ya casi tenía a Gorok encima. Sepultura, sorprendido por la ferocidad con la que atacaba el otro Kundalini, atrapó la hoja del hacha con una sola mano justo antes de que ésta rozara su rostro.

       —¡¿Qué?! —gritó Gorok preso del terror—. ¡No puede ser!

       A pesar de ser un gnomulón extremadamente fuerte y de sus habilidades como guerrero Kundalini, el guardaespaldas del príncipe Cord descubrió que por más fuerza que le imprimiera a su hacha, no podría dañar a su adversario; simplemente su fuerza era muy inferior la del enemigo que tenía enfrente.

       Con toda la tranquilidad del mundo; Sepultura condujo su puño hacia el pecho de Gorok. Dejando escapar una maliciosa sonrisa, el Khan imperial extendió su mano a escasos centímetros de Kundalini y antes de que éste pudiera reaccionar a tiempo, una esfera de energía apareció en la mano del imperial.

       Con una fuerte disparo, Sepultura arrojó a Gorok contra un edificio a medio derrumbar. Provocando un fuerte estruendo al momento del impacto, el cuerpo del gonomulón desapareció en medio de una montaña de escombros y fierros retorcidos.

       —¡Gorok! —gritaron Zaboot y Uller al unísono.

       Sepultura se volvió hacia los tres Kundalini restantes y les dijo en tono burlón:

       —No se preocupen, en un instante los mandaré al otro mundo a reunirse con sus amigos.

       Sujetando fuertemente un báculo mágico, el brujo Shilbalam dio un paso al frente y se preparó para encarar al Khan guerrero. No estaba dispuesto a permitir que otro de sus amigos fuera herido.

       —¡Malvado! Sólo a los seres inconscientes y vacíos se les hace fácil matar.

       Sepultura lo miró.

       —No digas tonterías, viejo. Ustedes dicen esas clase de cosas porque son débiles. Pero yo, que soy invencible, no necesito de esa  filosofía barata. Aquellos que osan desafiar el destino de Abbadón merecen sufrir en el infierno.

       Shilbalam apuntó su báculo contra el imperial y le disparó un rayo. La descarga mágica del Kundalini chocó contra el pecho del Khan sin causarle la menor molestia. Una expresión de horror se apoderó de Shilbalam

       —¿Qué es lo que sucede? —preguntó incrédulo.

       Sepultura miró al viejo Kundalini con absoluta arrogancia.

       —Tonto, las armaduras de nosotros los Khans son a prueba de cualquier hechizo mágico —extendió mano con la palma orientada hacia Shilbalam—. Es demasiado tarde para ti, anciano.

       Una esfera de energía salió de la mano del imperial y golpeó el suelo bajo Shilbalam. Una fuerte explosión hizo que el viejo brujo saliera volando por los aires ofreciendo un blanco perfecto para Sepultura.

       —¡Ahora morirás!

       El Khan de la Muerte formó otra esfera de energía en sus manos con la intención de rematar al Guerrero Kundalini, pero antes de que pudiera lanzarla, una descarga gélida lo golpeó por la espalda congelándolo de inmediato. El cuerpo de Shilbalam cayó pesadamente en el suelo aparentemente a salvo.

       —¡Bien hecho, Uller! —gritó Zaboot.

       El guerrero de hielo bajó sus brazos mientras meditaba que acción tomar a continuación. Había tenido éxito en congelar al Sepultura, pero interiormente Uller sabía que una simple capa de hielo no detendría al Khan de la Muerte por mucho tiempo. Aprovechando la situación, Zaboot corrió hasta donde se encontraba el cuerpo del viejo brujo para socorrerlo.

       —Shilbalam, ¿te encuentras bien? —le preguntó mientras lo ayudaba a levantarse.

       —Si, pero no te descuides, muchacho. Ese guerrero es extremadamente fuerte.

       Zaboot y Uller se volvieron hacia el sitio donde estaba Sepultura. Un ligero temblor comenzó a sentirse cuando el guerrero de Abbadón incrementó su aura para finalmente liberarse del hielo.

       —Ah, eso si que fue realmente refrescante —dijo mientras los pedazos de hielo se evaporaban antes de caer al suelo—. Son estos ataques los que me hacen sentir realmente un ser superior.

       Zaboot alzó ambas cejas. “No puede ser”, pensó. “No puede ser”.

       El Khan de la Muerte clavó sus ojos en los Kundalini restantes.

       —Sí eso es todo lo que pueden ofrecerme, entonces mi victoria es segura.

       Sin pensarlo dos veces, Zaboot depositó a Shilbalam en el suelo y a continuación sujeto su espada con fuerza. No iba a darse por vencido, no tan fácilmente.

       —Escúchame bien, quien quiera que seas —comenzó a decirle—. No sé por que razón haces esto, pero no estoy dispuesto a dejar que continúes.

       Sepultura bajó la cabeza, cerró los ojos y esbozó una sonrisa burlona.

       —Veo que aun no entiendes nada, estúpido. Nosotros los Khan servimos al emperador N´astarith y nuestra misión en este mundo es obtener una de las doce gemas estelares. Con ellas en nuestro poder, el emperador podrá dominar la Existencia. Se convertirá en un dios.

       Zaboot abrió los ojos desmesuradamente, ¿Qué es lo que había dicho?

       —Pues en ese caso no lo permitiremos.

       Con su espada en las manos, el Kundalini se arrojó sobre su adversario. Zaboot decidió iniciar el ataque con un diluvio de mandobles y estocadas que caían sobre el Khan desde todos los ángulos posibles. Pero a pesar de que Zaboot estaba haciendo su mejor esfuerzo, Sepultura lograba esquivar la espada del guerrero Kundalini con asombrosa facilidad, parecía ser capaz de anticiparse a cada movimiento antes de que se produjera.

       Agotado por el esfuerzo, Zaboot detuvo el ataque por un momento. A diferencia del Sepultura que lucía tranquilo y confiado, el rostro del Kundalini estaba bañado en sudor y tenso por la fatiga.

       —Veo que estás acabado —dijo Sepultura esbozando una sonrisa burlona—. Me das lástima.

       El Kundalini apretó los dientes y reinició el combate, pero enseguida descubrió que sus mejores esfuerzos no bastarían para obtener una rápida solución a la batalla. Zaboot comenzó a jadear, consciente de que debía pensar en algo cerró sus ojos y desapareció.

       La expresión de Sepultura sufrió una transformación. ¿A donde se había ido Zaboot? Miró hacia todos lados en su búsqueda, pero no lo encontró. No había desaparecido gracias a su velocidad ya que era más lento que él y en dado caso se hubiera dado cuenta inmediatamente del lugar donde se encontrara.

       Los ojos del imperial se movían de lado a lado tratando de ubicar a Zaboot cuando de pronto, su Escáner visual emitió un pitido de alarma. Esbozando una sonrisa burlona, Sepultura alzó su mano y se giró hacia un costado para disparar un rayo que golpeó el cuerpo invisible del Kundalini.

       —¡Ahí estás! —gritó.

       Zaboot se desplomó en el suelo visiblemente aturdido. Estaba claro que el rayo de Sepultura había tenido la suficiente fuerza para derrotar al guerrero Kundalini de forma definitiva sacándolo de la batalla.

       —¿Así que estabas invisible? —le inquirió con desdén—. Es una lástima para ti que mi Escáner visual te haya detectado —hizo una pausa y se volvió hacia Uller—. Y ahora, ¿qué harás, hombrecillo de hielo? ¿Me atacarás?

       El guerrero Kundalini de hielo apretó fuertemente sus puños y se arrojó sobre Sepultura decidido a derrotarlo, pero justo cuando estuvo al alcance de sus golpes, el Khan desapareció de su vista. Uller esbozó una cara de sorpresa, con sus ojos buscó a su oponente por todos lados sin llegar a encontrarlo, cuando su percepción le indicó que estaba en peligro, el Kundalini reaccionó demasiado tarde.

       El Khan de la Muerte apareció por su costado derecho y le descargó una lluvia de potentes golpes sobre todo su cuerpo. Los ataques del Khan de la muerte eran de una velocidad increíble; Uller no pudo defenderse, mucho menos atacar. Finalmente con una potente patada; Sepultura lo arrojó contra un edificio todavía en pie a cinco manzanas de distancia. Volando a una increíble velocidad, el cuerpo del Kundalini atravesó el edificio de lado a lado como si se tratara de un proyectil para luego estrellarse en un pequeño establecimiento demoliéndolo por completo.

       Seguro de su triunfo, el Khan de la Muerte sonrió con entera satisfacción.

       —Bien, ahora podré buscar la gema en completa calma sin insectos que me molesten —bajó la cabeza y miró a los guerreros por un momento—. Les quitaría los cráneos con gusto, pero no tengo tiempo.

       Cerca de lo que había sido un importante edificio de gobierno, se encontraban Lis-ek, Tritón y Kali. Luego de haberse alejado para permitir que Tiamat y Karmatrón pudieran pelear con todas sus fuerzas, las dos jóvenes y el hombre pez; habían llegado hasta ese lugar.

       La Khan de la Destrucción se llevó la mano a su escáner visual para mediar el nivel de ataque de la guerrera Kundalini que estaba ante ella.

       “Sólo setenta y dos unidades de fuerza”, pensó Kali.

       La Kundalini, por su parte, examinó a la Khan detenidamente.

       —Vete de aquí, niña —le dijo Kali tranquilamente—. No tienes el poder necesario para luchar contra mí. Únicamente desperdiciarás tu vida en vano.

       Lis enarcó una ceja, sí creía que iba a asustarla con aquellas declaraciones estaba completamente equivocada. Sin decir una sola palabra, la Kundalini alzó sus brazos por encima de su cabeza para frotar un par de brazaletes blancos que llevaba puestos y gritó en voz alta:

       —¡Shambhavi Shakti!

       De la misma forma que había sucedido con Zacek, un resplandor cubrió el cuerpo de Lis-ek por completo. Cuando todo volvió a la normalidad, Kali descubrió que los atuendos de la Kundalini habían cambiado por completo. En su rostro llevaba un pequeño antifaz que le cubría los ojos, su traje ahora era de una sola pieza y de color morado; una capa blanca hondeaba en su espalda.

       Al igual que su esposo, Lis-ek se había transformado en una guerrera diferente. Sin la necesidad de usar el Escáner, Kali se dio cuenta de que el nivel de combate de Lis había aumentado con aquella transformación.

       —¿Así que, al igual que Zacek también te has transformado? —le inquirió.

       Lis la miró fijamente y asintió.

       —Exactamente, ahora mi nombre es Molécula y tengo la habilidad de alterar las estructuras moleculares de cualquier objeto con mis poderes.

       Tritón dio un paso al frente y adoptó una postura de combate.

       —Ten cuidado, Lis —le advirtió sin apartar la mirada de Kali—. Algo me dice que es más fuerte de lo que parece.

       La Khan de la Destrucción esbozó una sonrisa burlona y clavó la mirada en Tritón.

       —Realmente no tienes idea, hombre pez.

       Tritón fue el primero en atacar, alzando sus puños dio un salto en el aire para intentar golpear el rostro de la imperial con una patada. Kali miró al Kundalini con desgano, pero no hizo nada, sin embargo una poderosa aura de energía comenzó a rodear su cuerpo. Justo a dos metros de que Tritón pudiera golpear a Kali, una fuerza invisible lo golpeó inesperadamente, parándolo en seco y arrojándolo por los aires.

       —¡Oh, no! ¡Tritón! —gritó Lis.

       El hombre pez sintió como toda su vida transcurría en unos minutos frente a sus ojos mientras volaba por los aires sin control. Haciendo un esfuerzo, el Kundalini usó su habilidad de teletransportación, para transportarse nuevamente frente a Kali.

       —Tu aura, es muy poderosa —reconoció el hombre pez mientras se limpiaba con el puño el fino hilo de sangre que escurría por su boca.

       —Y eso que aun no he usado ni la décima parte, insecto.

       Tritón dio un paso hacia atrás y se dispuso a reiniciar la pelea.

       —Esta vez no te será tan fácil.

       Kali miró al hombre pez fijamente. Antes de que Tritón pudiera hacer un solo movimiento, la guerrera de la Destrucción desapareció de sus ojos. El rostro del Kundalini sufrió una transformación cuando sintió un súbito impacto en el estómago, su visión se nubló rápidamente, pero aun así pudo darse cuenta de lo que había sucedido.

       De una manera increíblemente rápida, la Khan de la Destrucción había llegado hasta donde él se encontraba y con una velocidad invisible para cualquier ojo, le había propinado un fuerte golpe que lo obligó a doblarse por la mitad para finalmente desplomarse en el suelo sin sentido ante los pies de Kali.

       —¡Tritón! —gritó Lis aterrada.

       La Khan alzó la vista para mirar a la Molécula fijamente como escrutándola.

       —Bien, ahora ya no hay nadie que nos interrumpa, podremos pelear a gusto.

       A Lis no le agradaba la idea de pelear sola contra aquella desconocida, pero no tenía alternativa. Concentrándose para reunir la mayor cantidad de energía aúrica, la Molécula adoptó una postura de combate y se preparó para llevar a cabo una feroz ofensiva.

       Sobre los cielos de Monterrey, las naves alienígenas continuaban cazando en grupo a los aviones terrícolas. Uno por uno, los veloces F-15 Eagle iban desapareciendo del firmamento dejando la vida de sus pilotos en manos de los extraterrestres.

       En el puente de mando del Devastador imperial, los oficiales Abbadonitas seguían el transcurso de la batalla a través de sus instrumentos. El capitán de la nave estaba fascinado con el trabajo que estaban haciendo sus cazas.

       —Capitán, nuestros módems receptores están captando nuevas señales, tal parece que los terrícolas han enviado refuerzos —informó un técnico sin emoción alguna en su voz—. Pondre la imagen en el monitor.

       La pantalla visora del puente de mando mostraba al menos unos setenta platillos diminutos de color amarillo que se aproximaban rápidamente. A diferencia de los aviones F-15, estos nuevos platillos se movían zigzagueando de un lado a otro de la misma manera en que lo hacía los cazas imperiales de Abbadón.

       —¿Quiénes son esos? —preguntó el capitán cuando las naves desconocidas entraron en el espacio aéreo de la ciudad atacada—. Toda la energía al escudo protector.

       Aquellos platillos voladores eran nada menos que las fuerzas armadas de Agarthi: los cazas Tao. Respondiendo a las ordenes del emperador Zacek, las naves de la G.A.U. se prepararon para iniciar el ataque sobre la nave extraterrestre. Su misión consistía en atacar la nave en diferentes zonas para obligarla a abandonar el planeta, pero aquello no iba a ser tan fácil. Tan pronto los cazas Tao estuvieron a distancia de tiro, las baterías turboláser del Devastador Estelar comenzaron a abrir fuego sobre ellos.

       Cuatro cazas Tao se lanzaron directamente contra el Devastador imperial disparando ráfagas de antimateria continuamente, sin embargo el escudo de la nave bloqueó todos los ataques sin ninguna dificultad. Dos de los cazas fueron alcanzados por sus cañones y estallaron en el aire. Los demás se dieron a la fuga rápidamente.

       —¡Tienen un escudo alrededor del casco! —gritó furiosamente uno de los pilotos supervivientes—. No podemos dañarla.

       Las naves Tao que habían iniciado el ataque en contra de los cazas enemigas comenzaron a experimentar el mismo problema. Uno de los cazas Tao persiguió a una nave abbadonita disparando continuas ráfagas de rayos antimateria. Uno de los disparos chocó cuatro metros antes de alcanzar la superficie de la nave enemiga. Ésta dio un capirotazo en el aire y retomó su camino como si nada.

       —¡Maten a esos insectos! —gritó el capitán abbadonita dominado por la excitación.

       El jefe técnico de radar a bordo del Dagón siguió el desarrollo de la batalla en silencio hasta que recibió nuevas señales. Algo más se acercaba a la nave imperial.

       —¡Oh, oh! —exclamó al darse cuenta de lo que pasaba—. Señor, no lo va a creer, pero un grupo de robots de aspecto humanoide se aproximan rápidamente.

       El capitán del Dagón miró por encima del técnico para observar su pantalla hasta que se dio cuenta de lo sucedido.

       —Pero ¿qué demonios?

       Aquel numeroso grupo de enormes robots que volaban por los cielos eran conocidos en ese mundo como los Transformables. Construidos por Zacek y por un científico llamado Dhatú, aquellos sofisticados robots con sentimientos consistían la principal fuerza de defensa en Agarthi. Disgregándose en diferentes direcciones, los robots zuyua se dispusieron a atacar la nave imperial.

       El líder de los Transformables, un robot de nombre Titán, se dirigió a sus compañeros para anunciarles la estrategia a seguir.

       —Ataquen por diferentes zonas. Debemos forzarlos a abandonar el planeta.

       Otro de los Transformables, uno de color blanco con gris y armado con poderosas garras, asintió.

       —De acuerdo, jefe —asintió Estelaris.

       El capitán de la nave imperial casi estalló de ira cuando vio por medio de la ventana frontal como los robots zuyua se disponían a unirse al ataque en su contra.

       —¡Malditos muñecos de lámina! —hizo una pausa y se giró hacia sus oficiales—. ¡Rápido! ¡Dejen salir a Landa, ya verán como él los destruirá en unos instantes!

       Entretanto, siguiendo las ordenes de Titán, los Transformables se acercaron a la nave en medio de una violenta lluvia de disparos enemigos para iniciar el ataque. Uno de los robot zuyua más grandes, Invesbot, hizo el ademán de tratar de acercarse al casco del Devastador, pero fue inútil, los disparos enemigos lo obligaron a darse media vuelta y a retirarse.

       Un estruendo terrible irrumpió, llamando la atención de todos los combatientes. La parte central del inferior de la nave se estaba moviendo. Enormes puertas interconectadas comenzaron a desplegarse hacia abajo Todo el centro de la nave, en una superficie de un kilómetro de ancho, empezó a abrirse mostrando el interior ligeramente iluminado. En el mismo centro un enorme coloso mecánico de cien metros de altura empezó a bajar hacia la ciudad.

       —¿Qué es eso? —inquirió Titán sin dirigirse a nadie en concreto.

       A simple vista parecía que aquel gigante estaba dormido, pero sólo era eso, una apariencia. Titán retrocedió unos metros en el aire para evaluar la situación mientras los cazas Tao continuaban estallando aquí y allá. Aunque la mayoría de los Transformables que participaban en el ataque, medían más de diez metros aproximadamente, aquel enorme coloso era diez veces mayor que el más grande de ellos.

       Tras un ligero pitido casi imperceptibles, los ojos del monstruoso Landa se iluminaron y a continuación clavó su mirada computarizada en los robots zuyua.

       —Prepárense, insectos —les dijo con una voz cavernosa—. Voy a despedazarlos miembro por miembro.

       Continuará… .

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