Leyenda 028

LA LEYENDA

por Asiant Uriel

CAPITULO XXVIII

PREMONICIONES DEL FUTURO

       Planeta Caelum (Santuario Celestial)

       Aunque en realidad sólo habían transcurrido unos días desde la llegada de Asiont a Caelum, en el interior del interior del templo habían pasado casi seis meses. Al principio había sido un tanto difícil acostumbrarse a la gravedad aumentada y al calor del desierto, pero al cabo de una semana —tiempo dentro del Santuario— finalmente había conseguido hacerlo y ahora se desenvolvía normalmente.

       Ocasionalmente, Asiont solía salir del templo por las noches para descansar un poco su mente y cuerpo del pesado entrenamiento al que se sometía. No obstante, el recuerdo de la muerte de Astrea no dejaba de atormentarlo continuamente, aún cuando intentaba olvidarse de todo lo que ello implicaba.

       Una de esas noches en que salió del templo, Asiont descubrió una estrella que brillaba más que las demás. Extrañado, frunció la mirada para tratar de mejorar su visión.

       —¿Qué es eso? —preguntó en voz baja.

       —Un cometa que se aproxima al planeta —repuso la voz de Aristeo en completa calma.

       Asiont se volvió hacia su maestro, sintiéndose desconcertado. Nuevamente, Aristeo se había acercado a él sin que pudiera sentir su presencia. A pesar de que habían estado viviendo en el mismo lugar aún no podía descubrir la manera en que Aristeo lograba pasar desapercibido para sus sentidos.

       —Maestro, no pude sentir su aura otra vez —Por un momento temió no ser oído por Aristeo, pero cuando éste volvió la mirada hacia él, continuó—. Quisiera saber por qué no puedo hacerlo a pesar de todo. ¿Es acaso alguna técnica especial?

       Aristeo desvió la mirada hacia el cielo nuevamente y avanzó.

       —Usa tu poder para desviar ese cometa, Asiont. No lo destruyas, simplemente cambia su camino.

       Asiont frunció el entrecejo. ¿Había dicho no lo destruyas?

       —Maestro, con el debido respeto, no entiendo por que me dice eso. Usando el Sha-Ma-Sha o el Aurora Ventus que me enseñó podría destruirlo por completo y…. .

       Repentinamente, Aristeo se volvió hacia Asiont para mirarlo fijamente. Su rostro había adquirido una expresión de severidad que su discípulo no conocía.

       —Haz lo que te digo, Asiont —le dijo—. Destruir es fácil, cualquiera puede hacerlo, pero dominar el poder es la clave. Los Caballeros Celestiales no peleamos para destruir, sino para conservar. Usa elSha-Ma-Sha para cambiar el rumbo de ese cometa.

       Asiont suspiró y juntó sus muñecas girando sus brazos hacia un costado del cuerpo.

       —Una cosa es salvar a la gente, pero este es totalmente diferente —murmuró esperando no ser oído.

       —¡No! —le reprendió Aristeo—. La diferencia sólo está en tu mente. Tu reflejo no se ve en el agua agitada sino en la quieta. Olvida lo que has aprendido por un momento y concentra tus sentidos y mente en el aquí y ahora.

       Asiont asintió. Por alguna extraña razón las palabras de su Maestro lo hacían sentir tranquilo y sereno. Aristeo tenía esa especie de don. Usando el poder de su aura, Asiont formó una esfera de luz entre sus manos y la dirigió contra el cometa. Haciendo un gran esfuerzo, comenzó a hacerlo cambiar su trayectoria en las alturas. Aristeo miró a su discípulo y asintió con la cabeza. “Bien hecho, Asiont”, pensó.

       Pero cuando todo parecía marchar bien, Asiont aumentó el poder imprudentemente y una gran explosión destruyó parte del cometa. Ahora en vez de uno solo, había cuatro meteoros más pequeños que se dirigían hacia el planeta.

       Asiont bajó la mirada con resignación.

       —No puedo —jadeó mientras se volvía hacia su Maestro—. Es muy difícil mantener el control.

       Aristeo lo miró fijamente.

       —No es el poder lo que cuenta —hizo una pausa y esperó a que Asiont lo observara—. Sí me juzgarás por mi apariencia cometerías un gran error. La razón por la que no sientes mi presencia es porque me encuentro unido a la fuerza del aureus.

       —¿El aureus? —repitió Asiont como si fuera eco.

       Aristeo asintió y volvió la mirada hacia el cielo.

       —Así es, el aureus es parte de la chispa divina. Es una energía que hace crecer la vida y algún día llegará a todos los seres —hizo una pausa y miró a su discípulo nuevamente—. Somos seres divinos, no simple materia. Debes sentir que esa energía te rodea en todas partes. Aquí, entre nosotros, las montañas, el cielo, por doquier. Sí, siéntela también entre tus manos y el aire.

       Asiont bajó la mirada y repuso sombríamente.

       —Maestro, lo que dice no tiene sentido. Admito que el aura existe en todas las cosas vivas, pero ésta no es creadora de la vida. Me parece que es imposible que exista una fuerza más poderosa que el aura de los seres vivos.

       Aristeo negó con la cabeza sin decir nada. Cerró sus ojos y levantó la cabeza hacia el cielo. Con un simple ademán de su mano, los comenzaron a retroceder en las alturas. Asiont abrió los ojos con sorpresa. Sin necesidad de usar energía, su maestro estaba controlando la trayectoria de los cuerpos celestes con asombrosa facilidad.

       —No, no puedo creerlo —murmuró Asiont.

       —Es verdad —repuso Aristeo llamando su atención—. Tu falta de fe es la causa de tu fracaso.

       Asiont bajó la cabeza herido por la crítica. Su Maestro hablaba con la verdad. Controlar el poder en lugar de dejarlo fluir libremente parecía difícil, algo realmente imposible. Sin embargo, Aristeo lo había logrado con éxito. El poder de Aristeo parecía no tener nada que ver con el aura o cualquier otra energía presente en el universo.

       —Maestro, yo… .

       —No trates de entender y entenderás, Asiont —repuso Aristeo colocando su mano en el hombro de su joven discípulo—. El viento sopla donde quiere y tu oyes su sonido —hizo una pausa y volvió la mirada hacia el cielo—. Más no sabes de dónde viene ni a donde va.

       Asiont levantó la cabeza y miró a su Maestro. Sus palabras lo tranquilizaban como nadie lo había hecho antes. Aristeo, por su parte, volvió la mirada hacia su pupilo y le sonrió. “Pronto lo harás bien discípulo mío”, pensó.

       Ciudad de Monterrey, México

       Karmatrón se sujetó el brazo izquierdo y volvió la mirada hacia Saulo. Aún sentía adormecida su mano y no había tenido tiempo para restablecer sus energías. Sepultura, por su parte, formó una enorme esfera de energía negra en sus manos y la sostuvo por encima de su cabeza mientras sonreía malévolamente.

       —Pronto los destruiré a todos, insectos —amenazó mientras una especie de relámpagos rojos brotaban de la esfera negra—. Voy a disfrutar mucho de esto… .

       Areth frunció el ceño y desvió la mirada hacia Karmatrón y Saulo en espera de que estos hiciera algo.

       Saulo dio un paso hacia atrás y se preparó para lanzar nuevamente el Falcon Fire con su puño. El Khan de la Muerte ladeó ligeramente la cabeza para mirar al príncipe endoriano y le dedicó una sonrisa burlona.

       —¿En realidad crees que podrás vencerme, Saulo? —le inquirió con desdén—. ¿Qué sucede contigo? Se supone que eres un Caballero Celestial completo, con conocimiento sobre el aureus.

       Saulo se volvió un momento hacia Karmatrón y Areth.

       —¡Escuchen, ataquémoslo al mismo tiempo! ¡Es la única manera!

       Karmatrón asintió con la cabeza y apretó el puño. Un destello de luz amarilla apareció en el centro de su cintura.

       —De acuerdo, usaré todo mi poder.

       El príncipe de Endoria desplegó toda la energía de su aura y lanzó su más poderosa técnica. Karmatrón, por su parte, descargó un rayo de luz de su región umbilical y Areth extendió sus manos con las palmas orientadas hacia delante para disparar una ráfaga. Sin embargo, antes de que los disparos le tocaran, el Khan de la Muerte dio un brinco hacia arriba para eludir todos los ataques hábilmente.

       Con la esfera de energía negra todavía en sus manos, Sepultura bajó la cabeza y clavó la mirada en Saulo.

       —¡Maldito, endoriano! —vociferó irritado—. Tú serás el primero en morir.

       Sin querer brindarle la ocasión para que retomara la ofensiva o que tuviera algo de tiempo para hacerse a un lado, el Khan de la Muerte le arrojó la esfera de energía en contra de Saulo. El príncipe endoriano cerró los ojos, cruzó sus brazos frente al rostro y se preparó para el impacto.

       Sepultura sonrió triunfantemente. Saulo moriría de eso no quedaba la menor duda.

       —¡Ya gané! —exclamó alegremente—. ¡Muere!

       Justo cuando la esfera de luz negra estaba a punto de golpear al príncipe endoriano, Karmatrón apareció de la nada para salvarlo. Envuelto en un campo de energía aúrica, el guerrero Kundalini se colocó frente al príncipe para protegerlo.

       Una poderosa explosión sacudió todo el campo de batalla cuando el ataque de Sepultura se estrelló sobre el campo de energía de Karmatrón. Areth se cubrió los ojos con el brazo mientras un viento caluroso caía sobre ella. Interiormente rezó para que Saulo y el Kundalini salieran bien librados de aquello.

       Cuando todo regresó a la calma, el Khan de la Muerte contempló con resignación y furia que Karmatrón y Saulo habían logrado sobrevivir.

       —¡No puede ser! —vociferó furioso desde su privilegiada posición—. ¡Logró bloquear mi ataque!

       Mientras los escombros continuaban cayendo a su alrededor, el campo aúrico que rodeaba al Kundalini desapareció por completo. Al sentir como las fuerzas lo abandonaban, Karmatrón se apoyó en una rodilla para no caer. El esfuerzo para bloquear el ataque de Sepultura había sido tremendo y prácticamente lo había dejado sin fuerzas para continuar el combate.

       Viendo la palpable debilidad de su nuevo aliado, Saulo se acercó al Kundalini para evitar que se desplomara en el suelo.

       —Te lo agradezco… —titubeó sin saber qué más decir.

       —Ten… cuidado… ese sujeto es muy fuerte —balbuceó Karmatrón mientras Saulo lo depositaba lentamente en el suelo.

       Areth desvió la mirada hacia el Khan de la Muerte que continuaba suspendido en el aire a varios metros del suelo y apretó los puños con preocupación. La situación era desesperante, por más que lo atacaban con todas sus fuerzas no conseguían ni siquiera herirlo. Al volver su mirada hacia sus alrededores, la joven descubrió los cuerpos de Ezequieth y los demás Kundalini esparcidos por las ruinas. Todos estaban inconscientes y no se avisaban posibilidades de que pudieran ayudarlos.

       Sepultura clavó la vista en Saulo mientras la rabia ensombrecía su rostro. El poder de Karmatrón había resultado ser más fuerte de lo que originalmente pensaba y esto le había permitido al príncipe endoriano salvar la vida. Sin decir nada, el Khan descendió frente a Saulo y le dedicó una mirada llena de rabia. El príncipe endoriano se irguió valientemente, miró a su enemigo y se dispuso a enfrentarlo una vez más.

       En los cielos sobre la ciudad de Monterrey, el desigual combate entre los Transformables y el gigantesco Landa estaba en su apogeo. Conscientes de que un campo de fuerza protegía completamente al robot abbadonita, Titán y sus compañeros se mantenían a distancia para estar a salvo del poderoso látigo. Pero esa táctica no les estaba sirviendo de mucho. El robot enemigo sabía moverse de un lado a otro con excelentes reflejos a pesar de su gigantesca estatura.

       Con un poderoso puñetazo, el robot imperial arrojó a Estelaris y a Invesbot contra unos edificios en ruinas. Los edificios se resquebrajaron de arriba hacia abajo y se derrumbaron sobre los dos Transformables.

       —¡Insectos estúpidos! —rugió Landa—. Voy a convertirlos en chatarra.

       Titán clavó sus sensores ópticos en el robot enemigo y le apuntó con su poderoso cañón de pulsos electromagnéticos de origen sincrónico. Antes de que Landa decidiera usar su látigo nuevamente para rematar a sus compañeros caídos, le disparó una poderosa descarga de pulsos, pero el escudo de energía del coloso detuvo el rayo electromagnético sin problema.

       “¡Que rabia!”, pensó Titán.

       Quetzlcoatl era una enorme serpiente robot con una longitud de cien kilómetros que decidió atacar al robot enemigo para ganar algo de tiempo. Utilizando su cola, el robot zuyua se dispuso a darle un poderoso golpe a Landa para alejarlo de Estelaris e Invesbot, pero antes de que la cola de la enorme serpiente mecánica tocara al gigante abbadonita, el campo de fuerza volvió a entrar en acción.

       —¡Es inútil! —exclamó Quetzlcoatl mientras se alejaba con un rápido viraje para esquivar un latigazo de Landa—.¡No podemos tocarlo!

       Toltec, líder de los defensores del Tollán, se volvió hacia Titán sin saber qué hacer.

       —¿Qué haremos, Titán? —le preguntó—. Por más que lo atacamos su campo de fuerza impide que le hagamos daño.

       El líder de todos los Transformables desvió la mirada brevemente hacia Landa para ver como éste golpeaba a Quetzlcoatl con su látigo. Lleno de rabia, Titán apretó los puños y asintió.

       —¡Demonios! ¡Tienes razón, Toltec! Debemos hacer que salga de la ciudad.

       —¿Y cómo haremos eso? —preguntó Acuarius, el segundo al mando en el grupo de los Transformables—. Ni siquiera podemos acercarnos lo suficiente.

       Titán bajó la cabeza. Aquella era una de las situaciones más difíciles a las que se había enfrentado. Gracias a sus campos de fuerza, tanto el Devastador Estelar como Landa  y las naves enemigas eran invencibles. No había manera de ganar esa batalla. Con resignación, el líder de los Transformables optó por la única solución viable.

       —Inicien la retirada Con suerte lograremos distraer el enemigo y alejarlos de la ciudad.

       Toltec y Acuarius se miraron entre sí, sorprendidos. Sin embargo, ninguno se atrevió a mostrarse en desacuerdo.

       Instituto de Investigaciones Robóticas.

       A sus dieciséis años, Ranma Saotome y su amigo Ryoga Hibiki jamás habían soñado con vivir aquella clase de aventuras. Luego de haber estado viviendo en una nave espacial durante una semana entera, ahora se encontraban en un mundo distante a punto de iniciar una batalla contra guerreros extraterrestres. Adoptando un patrón que les permitiera actuar en conjunto, los dos jóvenes se dispusieron a enfrentar al robusto guerrero meganiano conocido como Shield.

       —Ahora comprobaremos el resultado del entrenamiento, Ryoga —murmuró Ranma mientras se colocaba en guardia.

       Ryoga imitó a su compañero y sin apartar la mirada del adversario que se acercaba a ellos repuso:

       —De acuerdo, Ranma, muéstrame tus adelantos.

       Shield se cruzó de brazos y miró a los chicos y sonrió.

       —¿De verdad creen que pueden ganarme, tontos? —les azuzó sin ocultarles su desprecio—. Sólo son unos mocosos que deberían estar en la escuela.

       Ranma sonrió maliciosamente y dio un paso al frente.

       —Ya veremos quién es el tonto.

       Sin observar la menor precaución, Ranma Saotome se lanzó contra Shield en una feroz acometida.

       —¡Kachu Tenshin Amaguriken! (El Truco de las Castañas Calientes)

       Shield sonrió levemente y levantó uno de sus dos escudos para bloquear todos los puñetazos de Ranma. A pesar de que la velocidad y ferocidad con la que Saotome atacaba eran mayores a la humana, el guerrero meganiano logró bloquear todos los golpes gracias a su poder y destreza.

       Durante unos instantes, Ranma descargó todo la fuerza de sus puños sobre el escudo del meganiano en espera de poder atravesar su defensa, pero Shield era demasiado rápido para que Ranma pudiera lograr semejante hazaña.

       Con el rostro bañado en sudor y tenso por la fatiga, Ranma detuvo sus ataques y se alejó del meganiano con un rápido salto hacia atrás.

       —¡Rayos! —murmuró Ranma entre dientes—. No logré hacerle nada.

       Shield bajó el brazo y esbozó una sonrisa burlona.

       —¿No me digas que eso fue todo, sabandija? Sí ese es todo tu poder tendré que matarte.

       Como respuesta, Ranma extendió sus brazos hacia delante con las palmas de las manos orientadas hacia delante. Un aura color amarillo empezó a rodear su cuerpo.

       —De acuerdo, veamos qué te parece esto.

       Shield frunció el ceño, extrañado. ¿Qué es lo que pretende?, pensó.

       Una esfera de energía apareció entre las manos de Ranma.

       —¡Mouko Takabisha! (Huracán de Tigre)

       Un rayo de luz brotó de las palmas de Saotome y se dirigió hacia el meganiano a toda velocidad. Como respuesta, Shield levantó uno de sus escudos y se preparó para el impacto.

       El rayo de luz continuó su camino y chocó contra el escudo de Shield, explotándole encima y produciendo una nube de humo y polvo a su alrededor. Ranma levantó el puño con júbilo en señal de victoria.

       —¡Si! ¡Lo alcance!

       Ryoga se acercó hasta donde estaba Ranma sin bajar la guardia. Hibiki aún no creía que Shield hubiera sido derrotado tan fácilmente.

       —Espera, Ranma —comenzó a decirle—. Creo que todavía sigue con vida.

       Ranma frunció el entrecejo, pero antes de que pudiera articular una sola palabra, Shield salió caminando de la nube de polvo completamente intacto. Sólo su capa se había hecho jirones y tenía el rostro sucio por el polvo, pero fuera de eso no presentaba la más mínima herida. La cara de Ranma se llenó de terror.

       —Debo felicitarte —murmuró Shield—. Has alcanzado el poder de un meganaino común y corriente. Desgraciadamente para ti, yo soy un guerrero de clase alta —hizo una pausa y desprendió uno de los escudos que llevaba sobre el brazal derecho de la armadura—. Ahora será mi turno, niño…. ¡Te cortaré la cabeza!

       Con la velocidad del rayo, Shield lanzó el enorme escudo hacía Ranma y su amigo. Sin embargo, ambos consiguieron hacerse a un lado justo a tiempo.

       —¡Cuidado, Ranma! —gritó Ryoga antes de saltar—. Ese escudo parece una sierra.

       El escudo golpeó el suelo y nuevamente se elevó por los aires. Como sí tuviera vida propia, el enorme disco se detuvo de golpe en las alturas y viró hacia Ranma nuevamente.

       —¿Qué? —exclamó Ranma que todavía no podía creerlo—. ¡No puede ser!

       De alguna manera, Shield lograba controlar telepáticamente su arma.

       —Ahora morirás —sentenció el meganiano seguro de su triunfo.

       El enorme escudo se dirigió hacia Ranma a toda velocidad, pero justo a unos tres metros de que el arma alcanzará a su víctima, Ryoga dio un salto en el aire para interceptarlo. Tonto, pensó Shield.

       —¡Ryoga! —gritó Ranma.

       Extendiendo sólo el dedo índice de la mano derecha, Ryoga Hbiki se dispuso a detener el enorme disco en lo que parecía un acto suicida.

       —¡Bakusai Tenketsu! (El Truco de la Explosión)

       En el momento en que el dedo índice de Ryoga tocó el escudo, éste se detuvo en el aire ante la sorpresa de su dueño. Se oyó un leve crujido y enseguida el enorme escudo se resquebrajó de arriba hacia abajo en mil pedazos como sí fuera de papel.

       —¡No es posible! —gritó Shield abriendo los ojos y la boca descomunalmente—. ¡Ese niño destruyó uno de los Escudos Sagrados de Megazoar!

       Ranma sonrió alegremente. Al fin habían logrado sorprender a su enemigo.

       —Bien hecho, Ryoga.

       Hibiki se volvió hacia Saotome.

       —Vaya, no esperaba que entrenar bajo una gravedad aumentada hubiera incrementado tanto mis habilidades —hizo una pausa y se miró las manos—. Es asombroso.

       Shield se arrodillo para recoger algunos de los fragmentos de su escudo destruido mientras sollozaba.

       —No puedo creerlo, esos gusanos… . —De pronto, el rostro de Shield quedó ensombrecido por la ira. Incrementó su aura y se volvió hacia Ranma y Ryoga para fulminarlos con una mirada cargada de pura hostilidad.

       —Malditos, voy a matarlos ahora mismo y luego usaré sus pieles para hacerme un cinturón.

       Los terrícolas se miraron entre sí y fruncieron el ceño con temor.

       —Ahora sí ya se enojo —murmuró Ryoga nerviosamente.

       Las hojas se estrellaron con fuerza y se separaron. Dai no tenía ninguna duda. Sword era un oponente igual de peligroso y mortífero que Galford. A diferencia de su antiguo adversario, el guerrero real de Megazoar atacaba con una ferocidad que hacía parecer al guerrero de la Justicia un tierno infante.

       Con rápidos y potentes mandobles de su arma, Sword acosaba a Dai en un incesante combate cuerpo a cuerpo que no le permitía al chico descuidarse un solo instante. Las espadas chirriaban al entrar en contacto, y el laboratorio resonaba con el estruendo que producían.

       Con un ágil salto hacia atrás, el meganiano se separó de su pequeño oponente.

       —Lo haces muy bien, niño. Realmente eres excepcional. Por lo regular me toma cinco nanocliks acabar con cualquier adversario.

       Dai le sostuvo la mirada a Sword sin inmutarse. Con su espada levantada a un costado de su rostro, el pequeño guerrero dio un paso al frente.

       —¿Por qué están haciendo todo esto? —le inquirió—. Ese tipo N´astarith nos destruirá a todos.

       Sword sonrió, cerró los ojos y bajó su cabeza.

       —Sólo eres un niño y no entiendes nada —hizo una pausa y abrió los ojos nuevamente—. El gran N´astarith está combatiendo a la Alianza Estelar porque desea traer la paz. Muy pronto él se convertirá en el dios de toda la Existencia.

       —¡Jamás! —replicó Dai con un grito—. ¿Cómo puedes hablar de traer paz? Ustedes traen la destrucción a todos los mundos donde llegan.

       Sword bajó su espada.

       —Dices eso porque eres débil —hizo una pausa y esperó la reacción de Dai.

       —¿Débil? —repitió el chicom frunciendo el ceño.

       El meganiano le sonrió burlonamente.

       —Así es, sólo los débiles dicen esa clase de tonterías. Seguramente quien te enseñó esas tonterías ha de ser un estúpido.

       Los ojos de Dai destellaron con rabia.

       —¿Qué dijiste? ¿Cómo te atreves a decir eso de mi maestro Aban? —hizo una pausa mientras una poderosa aura de luz azul comenzaba a cubrir todo su cuerpo—. No perdonaré a nadie que hable así de mi maestro, ¿entendiste?

       Una destello de luz intenso apareció en la frente del chico. Sword frunció el ceño sin entender lo que sucedía, pero por alguna razón sospecho que el chico estaba incrementando sus poderes. Sosteniendo su espada con ambas manos, el meganiano se dispuso a reanudar el combate.

       —Chiquillo tonto, mi técnica es mucho más poderosa que el Corte Excalibur de Galford —hizo una pausa, alzó su espada en forma diagonal con ambas manos y desplegó todo el poder de su aura—. Mi Vastio Caedo acabará contigo.

       Dai enarcó una ceja sin dejarse impresionar, se abrió de piernas y sujetó la espada con la hoja orientada hacia abajo. El símbolo de su frente brilló con una intensidad jamás vista y a continuación desapareció. De pronto, un segundo símbolo del Dragón apareció en su mano derecha brillando con igual intensidad.

       Sword enarcó una ceja cuando se dio cuenta de ello. De hecho, gracias a su percepción sentía cómo el poder del chico se incrementaba más y más.

       —¡No puede ser! —exclamó al mismo tiempo que se lanzaba por los aires hacia Dai—. ¡Muere, chico! ¡Vastio Caedo! (Corte Devastador)

       Haciendo un veloz mandoble en forma inclinada, Sword liberó un poderoso arco de energía que avanzó directamente hacia Dai.

       Lejos de hacer el intento por esquivar el ataque de su adversario, Dai se lanzó directamente contra Sword a toda velocidad. Antes de que el arco de energía lo golpeara, el pequeño guerrero descargó la mejor técnica con que contaba.

       —¡Aban Slash! (Corte de Aban)

       El arco de energía liberado por Dai avanzó directamente hacia el ataque liberado por Sword. En cuanto ambos ataques de energía chocaron entre sí, se produjo un fuerte de destello de luz que cegó a ambos combatientes por un momento.

       El meganiano no podía creerlo. El ataque del chico había conseguido partir por la mitad su Vastio Caedo y ahora avanzaba directamente hacia él. Lleno de pánico levantó su hoja para protegerse tras ella. En una milésima fracción de segundo, Dai desenfundó una segunda espada de menor tamaño que llevaba en la espalda y descargó otro Aban Slash en contra de su enemigo.

       Antes de que Sword pudiera darse cuenta de lo sucedido, ambos ataques lo golpearon formando una cruz que le atravesó el pecho.

       La espada del meganiano se partió en tres pedazos. El pequeño Dai aterrizó en el suelo con ambos pies mientras el cuerpo de su enemigo caía completamente fulminado. Con toda la tranquilidad del mundo, Dai guardó la pequeña espada en su funda y se volvió para mirar el cuerpo de Sword mientras el símbolo del Dragón en su mano desaparecía.

       Luchando sin parar, Hyunkel y Harpoon atravesaron el laboratorio en dirección hacia el recinto donde se encontraba la gema sagrada. Harpoon se encontraba en su mejor momento como guerrero, el que lo hubieran escogido para esa batalla era una verdadera suerte para él ya que podría demostrar sus increíbles dotes. Consciente de que su enemigo era verdaderamente poderoso, el Caballero Inmortal le descargó una serie de golpes laterales fríamente calculados para obligarlo a colocar su arma de manera horizontal. Con un rápido y potente golpe, Hyunkel atravesó la lanza meganiana, partiéndola en dos por la mitad.

       Sorprendido por la manera de pelear de su enemigo, Harpoon retrocedió hacia atrás. Seguro de su victoria, Hyunkel lanzó un letal golpe contra la cabeza del meganiano… .

       Y falló.

       Harpoon, que esperaba la maniobra, se hizo a un lado justo a tiempo. Con las dos mitades de su arma contraatacó con la velocidad del rayo. Con una poderosa patada en el pecho de Hyunkel, el meganiano lo derribó por los suelos despojándolo de su espada.

       Harpoon sonrió burlonamente y aprovechando que su enemigo estaba desarmado, le clavó una de las mitades de la lanza directamente en el abdomen. Gracias a su poderosa armadura, el Caballero Inmortal no murió, pero debía actuar rápido ya que su coraza no tardaría en ceder ante el embate de Harpoon.

       Aturdido por el mareo y el intenso dolor que sentía, Hyunkel llevó una de sus manos hasta la empuñadura de su espada. Su enemigo estaba demasiado cerca para usar el Bloody Sokuraido por lo que decidió sujetar la espada con la hoja orientada hacia abajo y usar otra técnica.

       —¡Aban Slash! (Corte de Aban)

       Antes de que Harpoon pudiera hacer algo para salvarse, la espada de Hyunkel lo atravesó por el pecho. El guerrero meganiano soltó un alarido de dolor. A continuación el Caballero Inmortal observó como su enemigo se desplomaba frente a él completamente agonizante.

       Cadmio miró a David fijamente y desplegó su aura.

       —Me decepciona, príncipe David —le dijo con indiferencia—. El que su hermano y José Zeiva se hayan unido a N´astarith lo comprendo, pero que usted también lo haya hecho es inadmisible.

       David cerró los ojos, las palabras del Celestial hicieron eco en su mente.

       —Tú no sabes nada —titubeó y abrió los ojos para mirar a Cadmio—. Hazte a un lado o tendré que matarte.

       Cadmio dejó escapar una leve sonrisa.

       —Nunca.

       Como respuesta, el príncipe meganiano levantó su mano con la palma orientada hacia delante y a continuación disparó una ráfaga de energía. Con un rápido salto, tanto el Celestial como Astroboy se hicieron a un lado justo a tiempo. El rayo pasó de largo y se impacto contra una pared.

       Cadmio miró a David fijamente. Ahora será mi turno, pensó.

       Pero antes de que el Celestial pudiera ejecutar uno de sus ataques, su percepción le indicó que el profesor Ochanomizu estaba justo detrás de él. Su deber como Celestial le obligaba a no arriesgar vidas de inocentes durante los combates.

       David desvió la mirada hacia el Celestial y sonrió maliciosamente. Varios soldados meganianos sobrevolaron a Cadmio por la espalda con sus armas listar para disparar.

       —Esto será muy sencillo —murmuró el príncipe de Megazoar mientras dirigía su palma hacia Cadmio.

       El Celestial, por su parte, sujetó a Ochanomizu para intentar ponerlo a salvo.

       —¡No me hagas daño! —balbuceó el científico dominado por los nervios.

       Cadmio no dijo nada y volvió la mirada hacia David que ya estaba listo para disparar. Jamás lograría escapar a tiempo.

       David sonrió con confianza.

       Pero antes de que el príncipe meganiano pudiera efectuar su ataque, Astroboy apareció de la nada y volando a toda velocidad lo golpeó con su hombro haciendo que errara el disparo. Aprovechando la distracción, que la oportuna intervención de Astroboy había causado, Cadmio dio un salto para alejarse de los guardias enemigos.

       La descarga de David golpeó el techo encima de los meganianos y provocó un pequeño derrumbe que aplastó a sus soldados antes de que estos pudieran escapar.

       Con un rápido viraje, Astroboy se alejó de David para intentar ponerse a salvo, sin embargo, antes de que pudiera llegar lo suficientemente lejos, el príncipe meganiano apareció en su camino.

       —¡Miserable! No sé como no sentí tu presencia, pero ahora verás.

       Sin poder hacer algo para defenderse, Astroboy recibió una potente patada en pleno rostro que lo arrojó por los aires. David sonrió y levantó una mano con la intención de rematarlo antes de que cayera al suelo.

       Súbitamente, el príncipe meganiano recibió una potente patada en la cara que lo lanzó contra una de las paredes donde desapareció bajo los escombros.

       Cadmio descendió en el suelo tranquilamente y se frotó las manos.

       —Así está mejor —murmuró—. Hay que poner la basura en su lugar.

       Una potente explosión sacudió el sitio donde David había caído. Con las ropas rasgadas y el rostro manchado de polvo, el príncipe meganiano se incorporó nuevamente. Una poderosa aura rodeaba su cuerpo, pero Cadmio no se dejó impresionar por ello.

       —¡Insolente! ¡Yo te enseñaré quien es la basura!

       El Celestial le sonrió con fingida arrogancia y adoptó una pose de pelea.

       —Dices que yo soy basura —hizo una pausa y escupió a un costado—. Yo digo que tú eres peor que la basura porque eres una rata que pelea en nombre de N´astarith.

       Hecho una furia, David desplegó todo el poder de su aura y se lanzó contra Cadmio.

       —¡Haz hecho que me irrite, insecto!

       Con la misma velocidad del rayo, el príncipe de Megazoar lanzó un poderoso golpe contra el Celestial. Sin embargo, éste detuvo el ataque con una mano. El Celestial apretó los dientes y lanzó un puñetazo contra su enemigo, pero al igual que lo había hecho él, David consiguió detener el puño empleando una mano.

       Una poderosa aura de energía rodeó a ambos combatientes mientras estos hacían enormes esfuerzos por dominar la situación. Aunque el príncipe de Megazoar tenía un poder más elevado que el del Celestial que tenía enfrente, éste poseía algo que David no tenía: La convicción de que lo que hacía estaba bien, y frente a eso el príncipe de Megazoar estaba en plena desventaja.

       Planeta Caelum

       Asiont se encontraba meditando en el desierto dentro del Templo sagrado. Durante días enteros se había esforzado en calmar su aura y su espíritu para comprender el extraño don de Aristeo, pero todavía le falta mucho para lograrlo.

       —Lo haces muy bien, Asiont —repuso su anciano Maestro con su acostumbrado tono lleno de tranquilidad—. Calma, no se trata de ver quien es más fuerte, sino quien controla mejor su poder.

       Asiont respiró hondo.

       De pronto, un oscuro pensamiento atravesó su mente haciéndolo reaccionar violentamente.

       —¡No! 

       Aristeo meneó la cabeza negativamente.

       —Todavía te falta mucho, muchacho —murmuró insatisfecho—. Si no calmas tu aura jamás podrás aprender a usar el aureus.

       Asiont se limpió el sudor de la frente con la mano.

       —Vi una gran destrucción y a Andrea sufriendo.

       Aristeo lo miró fijamente y meditó unos instantes.

       —Tuviste una premonición —hizo una pausa y continuó—. Es normal que suceda cuando estás a punto de sentir el aureus.

       Asiont se volvió hacia su Maestro, algo preocupado. No podía dejar que aquella visión se convirtiera en realidad, no podía permitirlo.

       —Sí Andrea y mis amigos están en peligro, tengo que regresar para ayudarlos.

       Aristeo suspiró y con la vista puesta en el cielo dijo:

       —El futuro siempre está cambiado, Asiont, lo que viste puede no suceder.

       —No me interesa sí el futuro cambia o no —respondió Asiont—. No permitiré que ninguno de mis amigos sufra de nuevo.

       Antes de que Aristeo pudiera decir algo más, Asiont se dio la media vuelta y se dirigió hacia la salida sin decir una sola palabra. Escondida detrás de una duna, Tyria había contemplado lo ocurrido en completo silencio.

       En cuanto Asiont abandonó la habitación, la Celestial dejó su escondite y salió al encuentro de su maestro. Aristeo miró a la chica por un momento, luego bajó la mirada y finalmente meneó la cabeza en sentido negativo.

       —Creo que me equivoqué con Asiont.

       Continuará… .

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