Leyenda 056

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO LVI

SALVEMOS A CÉFIRO UNA VEZ MÁS

       Astronave Churubusco.

        El príncipe Saulo observó el rostro de Asiont con cuidado y tras unos segundos de silencio, finalmente sonrió. Todo parecía indicar que su buen amigo había decidido incorporarse a la lucha nuevamente, aunque no pudo pasar por alto que había algo diferente en él; su aura era mucho más fuerte que antes y una parte de ella estaba invadida por un fuerte sentimiento de ira. No obstante, el príncipe prefirió pasar por alto ese detalle.

       —¿Qué es lo que haces con Andrea? —preguntó Saulo—. Pensé que aún estabas en el planeta Caelum entrenando.

       —Estuve en Caelum por un tiempo, pero cuando tuve una serie de visiones que me advirtieron que Andrea estaba en peligro decidí dejarlo —explicó Asiont—. Una Celestial de nombre Tyria me llevó hasta una cascada que tiene el poder de transportarte a cualquier lugar de la existencia y así fue como llegué hasta el universo donde se encontraban Andrea y los demás.

       —Ya veo, amigo, sabía que te unirías a la batalla nuevamente —murmuró el príncipe, colocando una mano en el hombro de Asiont—. Cuéntame, ¿Aristeo sigue con vida todavía? ¿Cómo les fue en el universo donde estuvieron?

       —Aristeo se encuentra vivo todavía gracias al Creador y en cuanto a la misión, pues tuvimos algunos dificultades, pero gracias al esfuerzo de todos, pudimos salir adelante —hizo una pausa y extrajo la gema estelar que guardaba bajo sus ropas—. De hecho, pudimos vencer a cuatro Khans y obtener una de las gemas sagradas de los Titanes.

       Saulo tomó entre sus manos la gema que Asiont le ofrecía y comenzó a examinarla con sumo cuidado. Era idéntica a la que Llaga había guardado durante tantos años por mandato de Aristeo y el Consejo de los Celestiales.

       —Insólito —murmuró.

       Al ver la gema, los demás se arremolinaron en torno a él para poder verla de cerca.

       —Y pensar que N´astarith ha armado todo un escándalo por ese pedrusco —señaló Areth sin poder ocultar su indignación—. Que absurdo es todo esto.

       —Areth, tenía mucho tiempo que no sabía nada de ti —murmuró Asiont—. Me dijeron que Ezequieth murió y yo quería decirte que lo lamento mucho en verdad. Espero que podamos charlar como lo hacíamos antes.

       La chica lo miró con una mueca de reproche por lo que Asiont no pudo evitar sentirse algo extrañado con aquel comportamiento. Normalmente, él y Areth se hablaban con mucha confianza y ahora ella se estaba comportando muy fríamente. Tal vez, pensó, aún no se recupera de la muerte de Ezequieth.

       —Ahora que recuerdo —comentó Marina—, cuando esos guerreros atacaron el castillo de Papunika, uno de ellos entró a la cámara del tesoro real y robó una joya que tenía la misma forma. La única diferencia era que su color era distinto, me parece que era azul.

       —Esto nos proporcionara la ventaja que necesitamos —afirmó Saulo levantando la mirada de la gema—. Andrea nos dijo que lograron capturar a Jesús Ferrer, ¿es eso verdad?

       —Saulo, no lo capturamos —le aclaró la reina por segunda vez—. Él nos ayudó a vencer a las Khans y quedó muy mal herido durante la batalla. Lo trajimos con nosotros porque no tiene a donde ir y necesita ayuda.

       La mirada del príncipe de Endoria cambió para hacerse severa.

       —Ordenaré que trasladen a una celda de inmediato y… .

       —Espera, Saulo —le interrumpió Asiont—. De no ser por la ayuda de Jesús Ferrer, quizás nosotros no estaríamos aquí. Debemos darle un trato justo.

       —¿Un trato justo, Asiont? —intervino Areth.

       —Sí, se lo prometí cuando veníamos hacia aquí.

       —¡No pueden estar hablando en serio, madre! —exclamó Mariana, dirigiéndose a Andrea—. Jesús Ferrer es uno de los principales aliados de N´astarith. Quizás se puso de acuerdo con los Khans para planear todo esto y así poder llegar a nuestra base de operaciones.

       Aquel comentario pilló por sorpresa a Andrea, quien volvió la mirada hacia Uriel y le pidió su opinión.

       —¿Uriel?

       —Usualmente no suelo concordar con ustedes, pero creo que por esta vez Saulo y los demás tienen razón. No podemos darnos el lujo de cometer un error a estas alturas.

       Areth iba a hacer otro comentario referente al tema cuando de pronto se percató del peculiar grupo de chicas de minifalda y especie de traje de marinero que aguardaban tras Asiont, Andrea y Rodrigo.

       —¿Y quiénes son todas ellas? —preguntó la Celestial, señalándolas.

       Asiont volvió la mirada hacía el grupo de Sailors por encima de su hombro.

       —Ellas son las Sailor Senshi —hizo una pausa e hizo un gesto con la mano para que éstas se acercaran—. Habitaban en el universo donde estuvimos y nos ayudaron a combatir a las Khans.

       Saulo se aclaró un poco la garganta antes de hablar.

       —Bienvenidas al Churubusco, señoritas, yo soy el príncipe Saulo del planeta Endoria y ella es Areth. Lamento que tengan que presenciar toda esta discusión, pero como podrán darse cuenta nos encontramos en graves problemas.

       Sailor Moon se acercó unos cuantos pasos e hizo una breve reverencia a manera de saludo.

       —Yo soy Sailor Moon —se presentó.

       “¿Sailor Moon?”, pensó Mariana. “¿Qué clase de título es ese?”.

       —Las Sailors tiene el nombre de uno de los nueve planetas que conforman el sistema Solar del gran Sol Amarillo —explicó Asiont—. Mercury, Venus, Mars, Jupiter, Saturn, Uranus, Neptune y Pluto.

       Cada una de las Senshi asintió con la cabeza a medida que Asiont las iba nombrando.

       —¿Y ella? ¿Acaso es Sailor Earth? —preguntó Areth, refiriéndose a la silenciosa Sailor Galaxia.

       Asiont sonrió y negó con la cabeza. Iba a aclarar la identidad de aquella Sailor Senshi cuando ésta se le adelantó, tomando la palabra de pronto.

       —Mi nombre es Sailor Galaxia —dijo sin emoción alguna en su voz—. Soy la Sailor Senshi más fuerte de toda la Vía Láctea y mi misión es protegerla contra cualquier enemigo que la amenace.

       —¿La qué? —preguntó Uriel confundido.

       Saulo se le acercó unos centímetros para susurrarle al oído.

       —Creo que se refiere a la galaxia de donde vienen.

       —¡Ah!

       Sailor Jupiter, por su parte, observó a Saulo detenidamente y tras unos momentos, juntó sus manos y luego suspiró.

       —Ese joven se parece mucho al muchacho que me rechazó.

       Mars miró a su amiga con los ojos ligeramente entornados.

       —¿Otra vez con eso? —musitó con enfado—. Makoto nunca cambiarás.

       Mientras todos seguían hablando, Saulo llevó la mirada hacia el joven que vestía de esmoquin y cubría su rostro con un pequeño antifaz. Lo había visto bajar de la nave en la que habían llegado Andrea y los demás, de manera que dedujo que se trataba de otro visitante del universo de donde venían las Sailor Senshi.

       —¿Y tú quién eres, amigo? ¿Eres amigo de las Sailor Senshi?

       —Pueden llamarme Tuxedo Kamen —contestó el joven serenamente—. Es un verdadero placer conocerlos y… .

       —Ah, él es mi novio —le interrumpió Sailor Moon rápidamente—. No es por presumir, pero muy pronto nos vamos a casar y tendremos una hija, ja, ja, ja, ay, pero qué cosas estoy diciendo.

       Saulo, Uriel y Tuxedo Kamen realizaron un intercambio de miradas y luego sonrieron entre sí.

       Sailor Pluto, mientras tanto, se separó de sus compañeras y se acercó a Uriel y Saulo.

       —Mis compañeras y yo estamos algo cansadas así que les agradeceríamos que nos proporcionaran un lugar donde poder descansar.

       —Oh, lo lamento —comenzó a decir Rodrigo—. Lo que sucede es que estamos algo escasos de espacio y… .

       —¡Pueden quedarse en el bloque C-7! —exclamó Saulo sin siquiera pensarlo—. No sería cortes de nuestra parte dejarlas sin un lugar apropiado para descansar.

       —¡Oigan esos son mis…! —protestó Rodrigo.

       —Creo que la persona que actualmente ocupa esos cuarteles no tendrá inconvenientes en dejar que ustedes se alojen ahí —le interrumpió Saulo alzando la voz—. No creo que sea correcto que un grupo de señoritas se quede sin un sitio para reposar

       —¿Están seguros? —preguntó la Sailor, enarcando una ceja con extrañeza.

       —En lo absoluto —convino Uriel.

       En ese momento, Azmoudez y Azrael finalmente bajaron por la rampa de abordaje custodiando a Jesús Ferrer y al pequeño Josh.

       La sonrisa de cordialidad en el rostro de Saulo se esfumó inmediatamente. Se separó de Rodrigo, Uriel y Sailor Pluto y avanzó hacia Jesús Ferrer. Toda su vida había esperado el momento para estar cara a cara con los causantes de todas sus desgracias y por fin éste había llegado, al menos parcialmente.

       Jesús volvió la vista hacia Saulo y descubrió que éste lo observaba con los ojos llenos de odio. Suspiró con resignación. Finalmente, después de tanto tiempo, había llegado el momento de encarar al príncipe de Endoria.

       Santuario de Atena
       Salón del Gran Maestro

       Eclipse se quedó sin aliento. Ni por un momento dudó que Tiamat le volaría la cabeza con una ráfaga de energía, así que tragó saliva con dificultad y encomendó su alma al Creador.

       —Déjame adivinar, ¿quieres la gema sagrada?

       Tiamat dejó escapar una leve sonrisa malévola y le extendió la otra mano.

       —Así es, basura, y sí quieres seguir viviendo no tienes otra opción más que entregarla.

       Entretanto, Milo, Kanon, Seiya, Dohko, Cadmio y Shun ya se habían recuperado de los golpes recibidos. Estaban listos para atacar de nuevo a los guerreros de Abbadón cuando la voz de Casiopea los detuvo de súbito.

       —¡Esperen! ¡Tienen a Eclipse!

       Kanon se volvió por un segundo y miró a la Celestial.

       —¿Eclipse? ¿Te refieres a ese enmascarados?

       —Sí, a él. Sí ustedes los atacan, ellos matarán a Eclipse.

       Los Santos se miraron entre sí por un momento. Su principal misión era proteger a Atena y cuidar la paz sobre la Tierra. Comparado con eso la vida de una sola persona carecía de importancia.

       —Lo lamento por su amigo —declaró Kanon, dando un paso al frente y volviéndose hacia los invasores—. No podemos arriesgar la vida de Atena.

       Milo asintió con la cabeza. Aunque interiormente no estuviera del todo de acuerdo con aquella postura, su deber como Santo de Oro le exigía ignorar la vida de Eclipse y atacar a los Khans.

       —Kanon tiene razón, no importa lo que pase. No nos rendiremos.

       Tiamat y Aicila se miraron entre sí y sonrieron con complicidad. Finalmente, la Khan de la Arpía rió maliciosamente en un susurro apenas audible.

       —Vaya, vaya ¿así que no les importa sacrificar la vida de sus amigos, eh?

       —No es que no nos importe —declaró Seiya con ferocidad—. Pero no caeremos en ese tipo de chantajes.

       Talión, por su parte, formó una esfera de fuego en sus manos y apuntó a la cabeza de Kanon.

       —Atacamos, imbécil, vamos —le desafió—. Así podré volarte la cabeza con uno de mis ataques de fuego.

       Al escuchar la amenaza, Milo se volvió inmediatamente hacia el Khan de las Llamas y levantó su mano derecha. La uña de su dedo índice ya se había vuelto de color escarlata.

       Aprovechando las circunstancias, Sombrío se levantó del suelo con un salto y rápidamente fue a reunirse con sus compañeros de armas, alejándose de Shun.

       —Malditos Santos —murmuró—. No se las van a acabar, batos.

       —No los dejaremos con vida después de todo lo que han hecho —sentenció Mu desde otro extremo del templo—. No saldrán vivos de este Santuario.

       Aicila le lanzó una mirada asesina, pero no dijo nada.

       —¿Listos todos? —preguntó Seiya.

       Pero antes de que alguno de los Santos pudiera iniciar el ataque, la voz de Saori resonó en el aire.

       —¡Aguarden!

       —¿Saori? —musitó Shun volviendo el rostro hacia ella.

       —No permitiré que se sacrifiquen más vidas —declaró la joven Kido mientras iba acercándose—. Ustedes no son bienvenidos en este Santuario, así que les pido que se vayan.

       Sombrío y Talión se miraron entre sí. Tras un momento de silencio, ambos Khans soltaron la carcajada.

       —No digas estupideces, niña —le azuzó Talión—. Nosotros hacemos lo que nos plazca y no nos marcharemos de aquí sin la gema sagrada de los Titanes.

       —Eso es verdad —asintió Tiamat, estirando su mano frente al rostro de Eclipse—. ¡Dame esa gema, pedazo de imbécil!

       Eclipse no se lo pensó dos veces y colocó la gema que sostenía en la mano de Tiamat.

       —Bien —murmuró Aicila, mirando a sus compañeros de reojo—. Ya tenemos lo que hemos venido a buscar, así que no hay motivo para quedarnos a luchar con estas miserables basuras.

       Tiamat asintió con la cabeza y sonrió.

       —Es verdad, ya es hora de retirarnos.

       —Me parece bien —convino Talión con una sonrisa—. Hagámoslo.

       —¿De qué rayos están hablando? —les preguntó Eclipse, sin esperar ni recibir respuesta.

       El Khan del Dragón miró al espía  con desdén e inmediatamente después le dio un fuerte empujón para alejarlo de él.

       —A un lado, insecto.

       Eclipse rodó por el suelo frente a la mirada preocupada de Casiopea.

       —Eclipse —musitó la Celestial mientras el Espía Estelar chocaba de cabeza contra la base de una columna donde quedó inmóvil.

       Moviéndose al unísono, los cuatro Khan cruzaron sus brazos sobre sus pechos y empezaron a concentrar una gran cantidad de energía que hizo temblar todo el Santuario.

       —¿Qué es este cosmos? —exclamó Seiya alarmado por lo que estaba percibiendo.

       —¡No puede ser! —gritó Casiopea, atrayendo inmediatamente a atención de Seiya y sus camaradas—. Están acumulando su energía para soltarla de un solo golpe en una gran explosión y… .

       No alcanzó a terminar. Casi simultáneamente, los cuatro Khans alzaron sus brazos al aire y con su energía provocaron una poderosa explosión que destruyó completamente el Salón del Gran Maestro.

       Astronave Churubusco.

       —¿Con qué tú eres Jesús Ferrer? —preguntó Saulo casi a punto de golpear al hombre que tenía enfrente.

       —Sí, yo soy Jesús —respondió el príncipe meganiano—. Jesús Ferrer.

       Por unos momentos, Asiont, las Sailors Senshi y los demás que ahí se encontraban empezaron a temer que el príncipe de Endoria desplegara su aura y se arrojara sobre Jesús Ferrer para matarlo, así que todos permanecieron alerta.

       —No tienes idea de cuanto he soñado con este momento, miserable —comenzó a decir Saulo sin molestarse en ocultar su desprecio—Por tu culpa y la de tu colega José Zeiva, mi padre está muerto y Endoria es un desastre.

       —No todo es como parece, Saulo —replicó Jesús, mirando al Endoriano directo a los ojos—. Es verdad que he cometido muchos errores, pero también es cierto que he sido manipulado desde las sombras.

       Andrea frunció el ceño tras escuchar aquellas extrañas palabras. “¿De qué está hablando?”, pensó.

       Saulo no pudo contenerse un segundo más. Dio un paso al frente y le propinó un sonoro puñetazo en pleno rostro que lo derribó.

       Uriel se acercó rápidamente al príncipe de Endoria para intentar contenerlo antes de que éste cometiera alguna otra imprudencia. Aunque sentía que en el lugar de Saulo hubiera hecho exactamente lo mismo, él quería llevar las cosas por el camino correcto.

       —¡Tranquilízate, Saulo! —le dijo, sujetándolo de los brazos—. ¡Así no!

       Saulo se removió con impaciencia mientras Asiont, Josh y Azmoudez ayudaban a Jesús a ponerse de pie nuevamente.

       —¡Tú no entiendes, Uriel! ¡Ese maldito bastardo mató a mi padre!

       Sailor Venus estaba perpleja con lo sucedido. No conocía la razón por la cual Saulo había golpeado a Jesús, pero a juzgar por lo que estaba gritando era evidente que tenía un buen motivo para haberlo hecho.

       —¡Yo no maté a tu padre! —exclamó Jesús una vez que estuvo de pie—. Quizás te parezca una locura, pero existe toda una conspiración detrás de todo lo ocurrido. Las guerras estelares; la muerte del rey Lux de Endoria; el exterminio de los Caballeros Celestiales; etc. Todo ha sido provocado por alguien que se ha beneficiado con estos sucesos.

       Azmoudez y Asiont se miraron entre sí, perplejos. Rodrigo se acarició la barbilla en tono pensativo y Andrea volvió el rostro hacia su hija Mariana para observarla, incrédula.

       —¿Qué estás diciendo? —le preguntó Azrael mientras Saulo y Uriel continuaban forcejeando—. ¿Cómo es eso de que alguien ha manipulado todo esto? No puedo creerlo.

       El príncipe meganiano se volvió hacia el general invidente.

       —Pero es verdad. Yo tampoco podía creerlo al principio; existe una conspiración.

       —¡Miente! —gritó Saulo, fuera de sí,—. ¡Sólo dice eso porque quiere excusarse de algún modo!

       —¡El señor Jesús no miente! —terció Josh, pero nadie le prestó atención.

       Asiont se apartó de Azmoudez y se acercó a Ferrer, quedando cara a cara con él.

       —Explícate.

       —Sólo hablaré ante el Consejo de la Alianza —declaró firmemente—. Me prometiste un juicio justo, recuérdalo, Asiont.

       Él lo recordó. Hizo una rápida inspiración en el aire y se volvió hacia la reina Andrea y la princesa Mariana.

       —¿Puedes arreglarlo, Andrea? —le preguntó mientras las disntitas Sailors observaban todo sin perder detalle.

       Andrea reflexionó un poco antes de responder.

       —Le debo mi vida y creo que es lo menos que puedo hacer por él.

       Mariana miró a su madre sin dar crédito a lo que escuchaba. Iba a decir algo para reprobar su actitud, pero finalmente prefirió no hacerlo.

       Asiont, por su parte, llevó su rostro de regresó a Jesús Ferrer.

       —Bien, tendrás tu audiencia. Sólo te pido que seas sincero.

       Jesús asintió con la cabeza y lo miró fijamente.

       —No tengo porque mentir.

       —Espero que así sea —le advirtió Azmoudez severamente—. Algunos hemos peleado mucho por defender tu honra y sería muy desagradable llevarnos una sorpresa a la hora de la verdad.

       Saulo estaba completamente furioso. La sola idea de que le permitieran a Jesús hablar ante el Consejo le revolvía el estómago. Sí fuera por él, ya habría encerrado a todos y aniquilado al meganiano ahí mismo.

       —No pueden estar hablando en serio —dijo mientras se separaba de Uriel—. Todos aquí sabemos que él es culpable de numerosos crímenes.

       —Sin embargo merece un juicio justo —le recordó Asiont—. Sí nos dejamos llevar por nuestros deseos de venganza seremos iguales a N´astarith y los suyos. ¿Lo olvidas, Saulo? Es lo mismo que me dijeron cuando murió Astrea.

       El príncipe de Endoria cerró los puños mientras intentaba calmarse. Debía alejar aquellos sentimientos de venganza y confiar en la justicia. Sí de verdad Jesús Ferrer era culpable, entonces, pasara lo que pasara, pagaría las consecuencias de todos sus actos. Finalmente lanzó un bufido y contuvo su ira.

       —De acuerdo —asintió, bajando la mirada al suelo—. Llévenselo.

       Azmoudez y Azrael volvieron el rostro hacia Uriel, quien asintió con la cabeza.

       Los generales unixianos condujeron a Jesús y a Josh hacia la salida del hangar. Cuando el grupo pasó junto a Saulo y Uriel, el príncipe de los Meganianos se detuvo.

       —Sé que nada de lo que haga o diga te devolverá a tu padre, Saulo —dijo mientras el Endoriano lo observaba fijamente—. Pero debes creerme. Yo no maté al rey Lux.

       Saulo hizo como que no escuchó nada y fue a reunirse con Asiont y los otros, dejando a Jesús con Uriel.

       —Al fin nos conocemos, príncipe —dijo Uriel tras unos momentos—. He escuchado muy malos comentarios de ti desde que nos unimos a la Alianza Estelar.

       Jesús desvió la mirada en otra dirección.

       —Sé a lo que te refieres —masculló—. Parte es verdad, pero antes de condenarme deben escuchar lo que tengo que decir.

       —Así se hará —convino Azrael, asintiendo con la cabeza.

       —Un último favor, Uriel —declaró Jesús mostrándose algo preocupado—. Como sabe, al ayudar a sus amigos, he traicionado a N´astarith y ahora temo mucho por mi pueblo. ¿Me dejaría mandar algún tipo de mensaje a Megazoar? Quizás podría lograr que mi padre se uniera a la Alianza Estelar.

       Uriel se quedó como helado, y puso su mano sobre el hombro de Jesús.

       —Lo siento, príncipe. Supongo que todavía no se ha enterado. El planeta Megazoar fue destruido hace cinco megaclicos —hizo una pausa y desvió la mirada hacia Azmoudez y Azrael—. Llévenselo.

       Destrozado, Jesús se quedó inmóvil, e intentó recuperar la respiración mientras Uriel iba a unirse a los demás.

       Torre de Tokio, Japón

       Hikaru, Umi y Fuu estaban delante de una de las ventanas que ofrecían una vista panorámica de la imponente capital japonesa. Las tres se hacían compañía en silencio mientras veían como el crepúsculo teñía el cielo con un intenso color dorado que se reflejaba sobre las superficies de metal y cristal de la ciudad produciendo repentinos estallidos de luz.

       —¿Por qué será que no puedo dejar de preocuparme? —murmuró Hikaru.

       —Hikaru —musitó Umi preocupada.

       Fuu ya no sabía ni que decir para consolar a su amiga. Quizás influía el hecho de que cada vez que Hikaru les contaba sus pesadillas, su preocupación por Ferio aumentaba.

       —Quisiera que algo me dijera que estoy equivocada —prosiguió Hikaru—. Sí al menos tuviera la seguridad de que Céfiro se encuentra a salvo al igual que todos nuestros amigos, me sentiría más tranquila.

       Umi depositó una mano en su hombro.

       —Entiendo lo que dices, Hikaru —le dijo, haciendo que ésta volviera el rostro hacía ella—. Yo también estoy preocupada por nuestros amigos de Céfiro.

       —Igual yo, amigas —declaró Fuu dando un paso al frente—. Al principio quise creer que todo esto no significaba nada, pero a cada momento siento que mis temores por Céfiro crecen.

       Hikaru llevó su mirada de regreso a la ventana y suspiró.

       —Discúlpenme —murmuró bajando la mirada—. No era mi intención mortificarlas con mis pesadillas.

       Umi y Fuu se miraron entre sí, preocupadas.

       —No te disculpes, Hikaru —le dijo Umi, colocándose a su costado—. Prefiero que nos digas la verdad a pesar de las consecuencias.

       —Es verdad —convino Fuu—. La confianza entre nosotras es lo más importante.

       Los ojos de Hikaru se iluminaron y tras un momento, sonrió.

       —Amigas.

       Umi sonrió también. Iba a decir algo más cuando un intenso resplandor en el cielo iluminó la torre de Tokio, atrayendo de inmediato la atención de todos los visitantes.

       Cuando finalmente aquella extraña luz desapareció, un fotógrafo que andaba por ahí se dio cuenta que Hikaru, Fuu y Umi ya no estaban por ninguna parte. Misteriosamente se habían ido junto con aquel resplandor.

       Astronave Prometeo.

       —Prometeo, las naves enemigas están en su trayectoria. Puede actuar según crea conveniente. Dispare cuando esté preparado —dijo Hikaru Ichijo por la radio, concediéndoles permiso para actuar.

       Los monitores de la nave mostraban el caos en el que se encontraban los Lightnings y Vampires que habían mandado a atacar a los Devastadores imperiales. Las luces del puente de mando se atenuaron en preparación de la batalla.

       —¿Están listos para disparar? —preguntó el capitán Stuart cuando los Lightnings empezaron a retirarse del campo de batalla.

       —Listos para disparar —informó Marlene.

       —Entonces enseñémosles a estos desgraciados alienígenas que no pueden venir y hacer destrozos a su antojo. ¡Fuego!

       —¡Fuego! —gritó Marlene apoyando un dedo en su auricular—. ¡Fuego!

       Una mortal lluvia de descargas láser salió a toda velocidad de los cañones de la nave y se dirigieron hacia el objetivo.

       A un kilómetro de la superficie de la inmensa nave enemiga, los disparos explotaron, sin causarle ningún daño, como sí lo hubiera hecho en medio de la nada.

       —Nada —dijo uno de los técnicos del puente, rompiendo el silencio—. No podemos hacerles ningún rasguño.

       Marlene observó lo ocurrido con calma profesional hasta que se produjo un peligroso cambio.

       —¡Oh, no! —exclamó al darse cuenta de lo que esta pasando—. Señor, el enemigo ha cambiado su trayectoria y se dirige directamente hacia nosotros.

       El capitán Stuart se acercó a una de las pantallas y tras unos segundos llegó a la misma conclusión que su primer oficial.

       —¡Demonios! ¡Disparen todos los cañones! —ordenó a gritos—. ¡Fuego!

       Pero la enorme nave de combate abbadonita ya se encontraba lista para iniciar el contraataque. Una serie de compuertas a lo largo de toda su estructura comenzaron a abrirse mostrando una gran cantidad de mortíferos cañones.

       Mientras disparaba con todo su arsenal, cuando algunos Lightnings estaban regresando a bordo, el Prometeo fue embestido violentamente por el fuego de las armas imperiales. La tripulación sufrió una fuerte sacudida mientras los disparos enemigos hacían blanco sobre la nave. Un segundo después, un poderoso disparo impactó en la mitad del Prometeo. Con una destructiva explosión, el crucero se partió por la mitad.

       Emily se inclinó sobre su tablero y apoyó la cabeza entre los brazos cuando uno de los pilotos de Lightning le informó:

       —Megaroad-01, hemos perdido al Prometeo.

       El comandante Ichijo estaba furioso, de pie a sus espaldas.

       —¡No puede ser!

       Black viró su Lightning y comenzó a buscar nuevos enemigos. Delante de él, Hiroshi conducía a los últimos pilotos de su escuadra en contra del Devastador que había destruido a la astronave Prometeo.

       —¡Ocúpate de la torre, Times-3!

       —Recibido, jefe Times —respondió el piloto.

       Cuatro aviones se lanzaron contra la nave imperial disparando una lluvia de veloces proyectiles, pero el campo de fuerza de la enorme nave bloqueó todos los ataques sin ninguna dificultad. Dos de los cazas fueron alcanzados por sus enormes baterías turbo láser y estallaron. Hiroshi y el otro piloto superviviente se dieron a la fuga.

       —¡Sus escudos son demasiado fuertes! —gritó Hiroshi—. ¡Nunca conseguiremos atravesarlos!

       Siguiendo las ordenes trasmitidas por el Megaroad-01, Hiroshi, Black y los demás pilotos supervivientes decidieron escapar. Por encima de ellos veían el revoloteo de las naves grises cazando en manada, destruyendo los Lightnings VF-4 y a sus colegas pilotos. El espacio estaba lleno de proyectiles láser y de los restos del naufragio de los mejores escuadrones del Megaroad-01. Más atacantes se aproximaron rápidamente a ellos desde encima de la nave, soltando una granizada de potencia de fuego.

       —De acuerdo, amigos, esta vez tendremos que escapar. Síganme.

       —Pues actuemos pronto. Esos bastardos están a las dos en punto, Blackye.

       Astronave Juris-Alfa.

       En el puente de mando del navío endoriano, José Zeiva, Kali y Liria contemplaban a través de la ventana frontal como los Lightnings y los Vampires, faltos de organización e intentando escapar, se dispersaban por el espacio a gran velocidad mientras los cazas imperiales los perseguían.

       —Eso les enseñará a esos ineptos a no meterse con nosotros —murmuró José despectivamente.

       —Todavía sigo pensando que todo esto no fue más que una pérdida de tiempo —comentó Liria en tono pensativo.

       —¿Sabrán que venimos por la gema sagrada de los Titanes? —aventuró Kali apresuradamente—. Bueno, como sea, ya no podemos perder el tiempo con ellos. Hay que seguir adelante y cumplir con nuestra misión.

       El comandante Zeiva concordó plenamente con aquella observación. Se dio la media vuelta y llevó su mirada hacia el capitán de la nave para darle instrucciones.

       —Capitán, conduzca la nave hacia el planeta donde se localiza la gema estelar.

       El capitán endoriano asintió con la cabeza y repitió la orden a sus subalternos.

       —¡Comandante Zeiva! —Uno de los oficiales se acercó a José, Kali y Liria—. Hemos detectado una enorme nave de procedencia desconocida que se mantiene en órbita sobre el planeta donde nuestros rastreadores han ubicado la presencia de la gema sagrada. Tal parece que es la nave nodriza de donde provinieron esas naves que nos atacaron —los condujo hasta un pequeño monitor para dejar que vieran una imagen del Megaroad-01.

       —Interesante —farfulló José examinando la imagen—. No parece tratarse de una nave militar.

       Kali y Liria estuvieron completamente de acuerdo. El Megaroad-01 no era una nave de guerra sino una nave de exploración. Tras escrutar la imagen con más detenimiento, la Khan de la Destrucción se volvió hacia José Zeiva.

       —Sí no les hacemos nada, quizás nos dejen tranquilos —sugirió Liria.

       José se acarició la barbilla, alzó los ojos y finalmente negó con la cabeza.

       —Olvídalo, quizás no se trate de una nave de combate, pero desde luego podrían darnos muchos problemas sí los de la Alianza se presentan —hizo una pausa y volvió la mirada hacia el oficial que aguardaba juntó a él—. Informen al almirante Jasanth que aborde al Osiris y que luego se una a los Devastadores para que nos proporcionen la protección necesaria en lo que vamos por la gema.

       El oficial endoriano asintió con la cabeza y se retiró en completo silencio mientras Liria movía la cabeza negativamente, mostrándose en desacuerdo con esa idea.

       Astronave Churubusco.

       Con los ojos cerrados y sentado en cuclillas, el emperador Zuyua se encontraba en estado de meditación tratando de averiguar en que nuevos universos se encontraban las fuerzas de N´astarith. Frente a él, Cariolano, Lis, Uller y Shilbalam esperaban pacientemente a que Zacek volviera en sí.

       —Aún no puedo entender como es que va a poder localizar a las fuerzas imperiales de Abbadón —murmuró Cariolano incrédulo.

       —Paciencia, mi amigo —lo tranquilizó Shilbalam—. Nosotros sabemos muy bien lo que hacemos, debe confiar en las habilidades de Zacek.

       —Es verdad —convino Uller——. Zacek lo logrará.

       Cariolano se cruzó de brazos no muy convencido con la idea.

       —Habrá que esperar.

       De pronto, Zacek abrió los ojos y pronunció algunas palabras.

       —Génesis… Céfiro… .

       Sin perder tiempo, la emperatriz Lis-ek se acercó a su esposo para interrogarlo. Tenía el presentimiento de que éste finalmente había logrado hallar una pista que los pudiera ayudar.

       —¿Lo lograste?

       Zacek se levantó y asintió con la cabeza.

       —Creo que sí, Lis —dijo—. A mi mente llegaron imágenes de dos lugares distintos que se encuentran amenazados por las fuerzas de Abbadón. Tal parece que ese tal N´astarith ha enviado sus fuerzas de ataque en dos dimensiones diferentes esta vez.

       Shilbalam arqueó una ceja a Cariolano, esbozando una sonrisa burlona.

       —¿No que no? Si mi muchacho es mucha pieza.

       —¿Dos fuerzas de ataque? —preguntó Cariolano mostrándose ansioso—. ¿Puede decirnos las coordenadas exactas para llegar a esos universos? Sí es así, tendré listas una escuadra de Águilas Realespara la misión.

       El emperador de los zuyua negó con la cabeza.

       —No, la cosa no funciona así, almirante. Me convertiré en Karmatrón y usando mi poder, crearé un par de puertas dimensionales para llegar hasta esos universos.

       Cariolano sintió como sí se le nublara la mente, como sí aquel súbito aflujo de extrañas informaciones estuviera a punto de provocarle un desequilibrio mental.

       —Esperen un momento, ¿de qué me están hablando? —preguntó—. ¿Karmatrón? No entiendo ni una pizca de lo que me acaban de decir.

       Céfiro.

       Hikaru, Umi y Fuu observaron las llanuras cubiertas de hierba y las montañas flotantes que había en los cielos con evidente fascinación. Todavía no podían creerlo, pero era verdad. Estaban en el mundo mágico de Céfiro una vez más.

       —Esto es increíble —farfulló Umi mientras una brisa fresca le acariciaba el rostro—. Estamos nuevamente en Céfiro, chicas.

       Hikaru asintió con la cabeza y su rostro se iluminó con una enorme sonrisa.

       —¡Es cierto! —exclamó con alegría—. Y lo mejor de todo es que se encuentra a salvo y completamente fuera de peligro.

       Fuu se acomodó los anteojos y sonrió.

       —Es justo como cuando la princesa Esmeralda vivía —murmuró.

       —En ese caso, creo que debemos ir a visitar a nuestros amigos —declaró Umi, guiñando un ojo—. Ya quiero ver sus rostros cuando nos vean nuevamente.

       Hikaru guardó silencio e inhaló el fresco aire. De pronto un ruido sordo llamó la atención de las tres chicas. Una nave de enorme tamaño se acercaba rápidamente al lugar como una nube de tormenta. En aquel día tan despejado, las montañas que flotaban en el cielo parecían diminutas, empequeñecidas ante el enorme objeto que se encontraba en el aire. La cuenca donde se encontraban se asemejaba a un enorme estadio con un techo mecánico que se cerraba lentamente.

       —Pero, ¿qué cosa es eso? —alcanzó a murmurar Umi.

       —Parece una especie de nave —teorizó Fuu.

       Hikaru abrió la boca, pero no pudo articular palabra. Empezó a evaluar la situación con cuidado. Ciertamente el hecho de que una nave apareciera en Céfiro no necesariamente quería decir que se trataba de una invasión. Aunque, por otro lado, la apariencia siniestra de aquel enorme platillo parecía indicar exactamente lo contrario. ¿Tendría algo que ver con sus sueños? Sí así era, como suponía, entonces había llegado la hora de salvar al mundo Céfiro una vez más.

       Continuará… .

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