Crisis 04

CRISIS UNIVERSAL

por Acuario Káiser

CAPÍTULO IV

REALIDADES ALTERNAS

       Lo primero que llamó la atención de Sobek fue la luz del día. No se parecía a ninguna otra que hubiese visto antes en su propio mundo. No era como la luz artificial de las lámparas eléctricas o la luz cálida y reconfortante del sol. Era una luz roja, apagada y fría. Sobek se encontraba de pie en medio de un páramo rocoso, desolador y en apariencia carente de toda vida. Se sentía un tanto desorientado y confuso debido al extraño viaje que había experimentado. Comenzó a recorrer el lugar con la mirada y lo que vio no le agradó mucho. Había un árbol muerto, torcido y sin follaje a orillas de un río tan fangoso y oscuro como el alquitrán. Al norte, justo del otro lado del cauce de agua, divisó lo que parecía ser alguna clase de ciudad, pero no tenía manera de saber si estaba habitada o no.

       —¿Dónde demonios nos encontramos ahora? —preguntó alguien tras él.

       Sobek se dio la media vuelta y levantó el puño derecho con las garras extendidas, listo para descargar un golpe. Todavía estaba un poco aturdido, pero no lo suficiente como para no reaccionar con la rapidez necesaria y defenderse de algún peligro inesperado. Cuando descubrió que únicamente se trataba del enmascarado que se hacía llamar Eclipse, se permitió relajarse un poco y exhaló un suspiro de alivio.

       —Creo que se trata de esos mundos de los que nos habló Calíope —le respondió Sobek y luego miró en derredor para averiguar quiénes más estaban con ellos—. ¿Se encuentran todos bien?

       Los demás, un tanto desorientados y helados, comenzaron a responder que sí y fueron acercándose para reunirse cerca del árbol muerto. Lentamente, Sobek fue reconociendo a sus cuatro acompañantes uno por uno. Estaban Shiryu el Dragón del Mar, Sailor Golden Star, Génesis y Eclipse.

       —Vaya, eso sí que fue rápido —exclamó Shiryu con sarcasmo—. Debemos hacerlo de nuevo alguna vez, ¿no lo creen?

       —Pero que lugar tan desagradable —comentó Sailor Golden Star, mientras palpaba con una mano la superficie del árbol torcido—. ¿Por qué nos habrán enviado a este lugar tan… lleno de nada? Por cierto, ¿en qué lugar nos encontramos?

       —¿Ya vieron el sol? —dijo Génesis con una mano sobre los ojos a modo de visera. Aquella gigante roja que brillaba en el firmamento emitía una luz tan débil que parecía que fuese el crepúsculo, pero en realidad apenas era mediodía—. No tengo que ser una experta en astronomía para darme cuenta que ésta no es la Tierra, al menos no la que yo conozco. Ese sol se ve enorme, pero su luz es demasiada escasa y el ambiente se siente bastante helado como si fuera invierno.

       —Parece que se trata de un sol rojo gigantesco —murmuró Shiryu. El cielo oriente era rojizo, pero el norte estaba casi ennegrecido en su totalidad—. Se supone que eso le pasará al sol de la Tierra, pero dentro de muchos miles de años. ¿Acaso Calíope nos habrá enviado al futuro?

       —Tenemos una misión —les recordó Sobek—. No vinimos a admirar el paisaje y lo mejor será que… .

       —¡Oiga, miren eso! —exclamó Eclipse, corriendo hacia el río oscuro. La orilla estaba compuesta de rocas ásperas y tierra negra—. ¡Parece un río de chocolate!

       Génesis se cubrió la nariz con una mano apenas percibió el fétido aroma que despedía el susodicho “río de chocolate”. Era un hedor tan nauseabundo que la cazadora recordó el sistema de cloacas de las grandes ciudades de su mundo. En una ocasión había tenido la oportunidad de conocer a unos cazadores que utilizaban una hedionda alcantarilla como refugio, pero sólo permaneció con ellos una noche debido al pestilente ambiente del escondite.

       —Querrás decir un canal de aguas negras. Es de lo más apestoso.

       —Huele peor que un basurero —opinó Sailor Golden Star.

       —Se nota que en este mundo la gente no ha escuchado hablar sobre la ecología y la contaminación ambiental —murmuró Shiryu con una sonrisa—. Calíope debió hablarnos un poco más sobre lo que debíamos hacer en este lugar. ¿Y ahora hacia donde nos dirigimos? ¿Qué vamos a buscar exactamente? ¿Alguien lo sabe?

       —Me parece que hay que ir en esa dirección —les indicó Sobek, alzando un brazo para señalar hacia la ciudad que había identificado momentos antes—. Parece que tal vez haya gente viviendo del otro lado del río, así que tendremos que cruzar nadando a menos que alguno de ustedes lleve una lancha escondida o sepa cómo volar.

       —¿Por qué hacia ese lugar en especial? —quiso saber Sailor Golden Star.

       —Porque es la única pista que tenemos —le respondió Sobek—. Una de las hermanas de Calíope dijo que habían percibido altas concentraciones de energía en este mundo y que ese fenómeno estaba relacionado con las nubes de antimateria. Es por eso que lo primero que debemos buscar es algún indicio de tecnología o civilización.

       —Me parece bien —convino Génesis—. Ojalá Calíope hubiera especificado si se trataba de alguna clase energía física o sobrenatural. No comprendo porque no nos dijo todo lo que sabía.

       —Entonces nos toca averiguarlo a nosotros —sentenció Sobek y, tras meditar un instante, añadió—: Presiento que pronto descubriremos toda la verdad sobre esta crisis universal que amenaza nuestros mundos por igual.

       —Percibo un número indeterminado de kis en esa dirección —anunció Shiryu con la vista puesta sobre el horizonte—. La mayoría no son muy poderosos, pero también percibo… una presencia esquiva. Es algo que… se esconde.

       Mientras que Sobek miraba el río, Eclipse se puso a revisar el interior de la mochila que cargaba en su espalda. Dentro de la bolsa había varias cosas como palillos, tabletas para depurar agua, una manta de sintoacrílico, un costurero de viaje, una brújula, unos electrobinoculares, cuerdas, cintas, material de primeros auxilios, algunas granadas de protón, gafas para el sol, dulces, galletas, unas latas de refresco, una bolsa de papabritas, calcetines, pero no hallaba lo que estaba buscando con tanto afán.

       —Yo debo tener alguna balsa que se infla por aquí —hizo una pausa y luego sacó un pequeño paquete que depositó en el suelo—. ¡Ajá! Les dije que tenía una entre mis cosas. Ahora sólo es cuestión de tirar de este pequeño cordón y… .

       —¡Que bien! ¡Eres un genio! —festejó Sailor Golden Star con alegría mientras Eclipse se llenaba de orgullo—. Nos salvamos de nadar en esa porquería.

       Pero lo que se infló no fue precisamente una balsa, sino un simple patito de plasticaucho de tamaño minúsculo y rostro sonriente. Sailor Golden Star, Shiryu y Génesis entornaron los ojos mientras miraban fijamente al enmascarado, quien sólo alcanzó a fingir una sonrisa.

       —Eh, ese es mi patito de hule, lo uso para bañarme y se llama Quaky.

       —Eres patético —espetó la sailor con desenfado.

       El enmascarado se volvió hacia Génesis y se encogió de hombros.

       —Creo que a esta sailor no le agradan los patos.

       Sobek sacudió la cabeza y caminó hacia el pestilente río mientras pensaba en sus posibles opciones. Cuando se detuvo en la orilla, sus ojos se movieron con rapidez buscando cualquier cosa que pudiera servirles para atravesar el río. Pero no había nada que se asemejara remotamente a un puente o a una barcaza y no había señales de que alguien pudiera ayudarlos. No tenían más opción que ir nadando, aunque tampoco le agradaba mucho la idea. No era que le importara el olor o la apariencia desagradable de aquellas aguas negras. Sobek era un militar y por lo mismo había soportado un entrenamiento exhaustivo y nada cómodo, de forma que estaba bastante acostumbrado a ensuciarse. Pero lo que le preocupaba era que las “aguas de chocolate”, como Eclipse las había bautizado, fueran tóxicas o que quizás hubiese algún animal hambriento esperando en las profundidades. Después de todo no tenían ni la menor idea sobre el planeta en el que estaban o qué clase de seres encontrarían más adelante.

       —Parece que no tenemos más remedio que ir nadando. Tendremos que quitarnos la ropa o apestaremos mucho cuando lleguemos a la otra orilla.

       —¿Quitarnos la ropa dices? ¿Estás hablando en serio? —Génesis no parecía muy cómoda con la idea—. Espero que no estés pensando en que también debamos quitarnos la ropa interior, ¿o sí?

       —Yo no usó ropa interior —confesó Eclipse.

       —¿No usas ropa interior? ¿Por qué? —le preguntó la cazadora, extrañada.

       —Me pica cuando duermo.

       Génesis arrugó la frente, miró a los demás, luego a Eclipse una vez más y finalmente a los demás.

       —¿Saben qué? Me quiero salir de este equipo.

       —Pongámonos en marcha de una buena vez —dijo Sobek, volviéndose hacia sus compañeros e ignorando todo lo que había oído—. Bien, esto es lo que haremos. Yo iré primero para ver qué tan profundo es y luego el resto me seguirá. Creo que si vamos nadando por ese lado llegaremos en poco tiempo.

       Sailor Golden Star hizo un gesto de repugnancia.

       —Yo no voy a meterme en ese… en ese… .

       —Río de chocolate —le recordó Eclipse.

       —¡Eso no es un río de chocolate! —le gritó la sailor con voz potente—. ¡Deja de decir eso! ¡Es asqueroso!

       Pero Sailor Golden Star no era la única que pensaba de esa forma. Shiryu tampoco tenía ningún deseo por sumergirse dentro de aquellas aguas apestosas, de modo que decidió usar sus poderes. Posó un pie sobre la superficie del agua con cuidado mientras se concentraba en su interior y, luego de un instante, empezó caminar por encima de las aguas oscuras gracias a sus poderes. El Dragón del Mar sonrió confiadamente y luego se puso a dar de saltos como si estuviera en terreno firme.

       —¡Oigan! ¡Miren! —exclamó Génesis con asombro.

       —¿Qué demonios? —murmuró Sobek, contrariado—. ¿Cómo hiciste eso?

       —Presumido —dijo Eclipse cruzado de brazos.

       —Vamos, no sean envidiosos —repuso Shiryu mientras se pavoneaba y sonreía alegremente—. Les aseguro que es mil veces mejor caminar sobre este charco de mugre que nadar en él. Dios, espero que eso que pasó por allá flotando en verdad sea chocolate.

       —¿Cómo lograste hacer eso? —inquirió Sailor Golden Star.

       Shiryu se detuvo un momento, extendió una mano al frente y frunció la mirada al tiempo que una columna de agua brotaba del río delante de él. El líquido fluía de lado a lado y de arriba hacia abajo, siempre siguiendo los movimientos de la mano del Guerrero Dragón del Mar.

       —Creer es poder, mi lady —sonrió Shiryu y decidió concluir la demostración dejando que la cuerda de agua se deshiciera y cayera al río—. Es broma, en realidad tengo el poder de manipular el agua a voluntad y por esa razón puedo caminar sobre este río como si fuese tierra firme. Sí gustan puedo congelar parte del agua y crear un camino por el que todos podamos pasar sin ningún problema.

       Sailor Golden Star sonrió animadamente.

       —¿De verdad puedes hacer eso? ¿En serio?

       —Claro que puedo —repuso Shiryu mirando a Sobek—. ¿Qué opinan de eso?

       —Interesante —contestó Sobek—. Pero no olviden que no conocemos este planeta y lo mejor sería pasar lo más desapercibido posible. No quiero correr ninguna clase de riesgo hasta no saber qué nos aguarda en este extraño mundo.

       —Oh, vamos, amigo, por favor —protestó Shiryu—. ¿De verdad quieres nadar en ese río de mugre? No sé ustedes, pero yo no quiero apestar durante meses y sí vamos caminando por encima podríamos… .

       —Llamar la atención de alguien. No tenemos idea de qué clase de personas o seres habiten en este lugar y sería un tanto arriesgado ir caminando por encima del río. Lo más recomendable es tratar de pasar desapercibidos. Y por cierto, mi nombre es Sobek.

       Todos sabían que Sobek tenía algo de razón. Todavía no sabían qué tipo de peligros había en ese planeta y no convenía mucho llamar la atención, pero tampoco les agradaba la idea de sumergirse en aquellas aguas pestilentes. Shiryu se cruzó de brazos y bajó la mirada mientras pensaba en otro plan.

       —Esperen un momento —dijo el Dragón del Mar—. Tengo una idea.

       —¿También sabes volar? —inquirió Eclipse con asombro.

       —Claro que no, ¿acaso crees que soy Superman? —replicó Shiryu y a continuación fue caminando hasta la orilla. Se dio la vuelta, cerró los ojos para concentrarse mejor y entonces levantó las manos para usar su poder. De pronto las aguas comenzaron a abrirse, formando una brecha que dejó al descubierto el fondo del río con dos paredes de agua a ambos lados y una al frente—. ¿Qué opinas de esto, Sobek? Puedo formar una burbuja de aire para que crucemos caminando debajo del agua.

       Sobek asintió mostrando su conformidad con la idea.

       —Vamos todos.

       El grupo siguió a Shiryu y todos se sumergieron.

       —Esto será como un paseo acuático —comentó Eclipse y comenzó a caminar rápidamente para ir a un costado del Guerrero Dragón del Mar—. Tu nombre es Shiryu, ¿eh?

       Sin bajar las manos, Shiryu volvió el rostro hacia el enmascarado. Por un momento pensó en revelar su verdadero nombre, pero lo pensó mejor y prefirió usar su nombre de batalla. Todavía era demasiado pronto para confiar en los demás. Tal vez Calíope los había reunido por alguna razón en especial, pero necesitaba más que eso para que se ganaran su confianza.

       —Sí, ese es mi nombre y tú eres Eclipse, ¿cierto?

       —Parece que escucharon mi nombre cuando estuvimos en Celestia —repuso el enmascarado con una sonrisa—. Que casualidad, hace tiempo conocí a un guerrero que también se llamaba Shiryu, y curiosamente usaba el dragón como su emblema, aunque él tenia el cabello bastante largo y su armadura era verde.

       —¿Otro Shiryu dices? —preguntó el Guerrero Dragón—. Me pregunto si se tratara de mi alter ego de otro universo o sólo es un sujeto que tiene el mismo nombre.

       —Me inclino más por lo segundo —razonó Eclipse—. El Shiryu que yo conocí hace tiempo no podía controlar el agua como tú lo haces ahora y la verdad no te pareces a él físicamente. ¿Qué otro tipo de habilidades posees? ¿Acaso manipulas el agua usando magia o algo así?

       Shiryu sintió ganas de reírse.

       —¿Magia? No, claro que no. Mi poder se basa en el uso del ki o energía espiritual. En realidad no comprendo del todo la naturaleza de mis poderes, pero también poseo un cierto grado de telepatía.

       —¿Te refieres a qué puedes leer la mente de los demás? —preguntó Sobek, volviendo la mirada por encima del hombro un instante. La sola idea de que alguien que caminaba junto a él podía meterse en sus pensamientos lo hacía sentirse un tanto incómodo.

       —No tanto así la verdad —precisó Shiryu, echando una mirada hacia un costado para ver algunos pequeños peces nadando al otro lado del muro de agua—. Puedo comunicarme con mis compañeros usando la telepatía, pero no puedo hurgar en las mentes de otras personas. Admito que sería bastante divertido, pero no puedo hacerlo.

       —Me alegra escuchar eso —dijo Eclipse para sorpresa de los otros—. No me hubiera gustado ver que recibieras una descarga eléctrica directo en la cabeza.

       —¿De qué estás hablando? —inquirió Shiryu, frunciendo el entrecejo.

       Eclipse tocó su frente con un dedo y se explicó.

       —Justo aquí, debajo de mi máscara, llevo adherido un pequeño aparato conocido comúnmente como “corta-fuego mental”. Verán, en el universo del cual provengo la telepatía y la telequinesia son algo bastante común y resulta molesto que no puedas ir caminando tranquilamente por ahí sin encontrarte a un gracioso que decida leerte la mente nada más porque sí. Es por esta razón que un par de orates para los que trabajé hace mucho tiempo crearon un dispositivo que servía para evitar que los telépatas pudieran leerles la mente. Más adelante lo manufacturaron como equipo militar, pero luego se podían conseguir en el mercado negro.

       —¿Y cómo funciona ese aparato exactamente? —preguntó Sobek con interés.

       —Te lo pones en cualquier parte de la cabeza y entonces lo activas. Si alguien trata de entrar en tus pensamientos sin tu permiso recibirá una fuerte descarga eléctrica que lo atontara por unos instantes. La actividad cerebral funciona en base a la electricidad, de modo que no fue demasiado complicado idear un dispositivo que negara el acceso a la mente.

       —Sería divertido ver cómo se le queman los sesos a alguien por eso —rió Shiryu de buena gana—. ¿Y qué puedes decirnos sobre ti, Eclipse? Cuando estuvimos en Celestia note que estabas con una chica bastante hermosa, ¿acaso ella es tu compañera o algo así?

       —¡Mi compañera! —exclamó el enmascarado y luego soltó una risita—. Por supuesto que no. Es una larga historia, pero resumiéndola, puedo decirles que ambos terminamos en el mismo bando debido a las circunstancias, aunque es algo temporal nada más.

       —O sea que son aliados, ¿verdad? —aventuró Sobek.

       —Precisamente —concedió Eclipse—. En el universo del cual vengo existe una guerra que ha durado mucho tiempo y las cosas se han puesto complicadas. Al principio yo no estaba con ningún bando, pero luego tuve que aliarme con el grupo de Casiopea debido a… Oh, digamos, ciertas diferencias con mis antiguos jefes.

       —Así que la chica se llama Casiopea —señaló Shiryu y luego volvió el rostro hacia donde estaba Sailor Golden Star. Tenía curiosidad por saber quién era o si conocía a Sailor Moon y demás sailors, de modo que decidió hablarle—. Oye, disculpa, ¿qué tipo de sailor eres tú?

       —¿Perdón? —respondió Naoko, extrañada.

       —Eh, bueno —titubeó Shiryu, algo turbado por la mirada de la chica—. Lo que sucede es que en mi universo también hay sailors, pero ninguna de ellas se parece a ti, excepto Sailor Neptune. ¿Acaso eres pariente de ella o algo así?

       Sailor Golden Star lo miró con recelo.

       —Por supuesto que no. Mi nombre es Sailor Golden Star y no tengo relación con Sailor Neptune si es lo que quieres saber.

       —Oye, no te enfades, sólo era una pregunta —dijo Eclipse y luego murmuró para sí en voz baja—: Más bien te pareces a Sailor Mars.

       —¿Qué dijiste?

       El grupo continuó avanzando en línea recta mientras que Shiryu seguía usando sus poderes para mantener la burbuja de aire. Sin embargo, aunque las aguas no los tocaban, eso no impidió que empezaran a percibir un nauseabundo olor que parecía volverse más intenso a medida que caminaban hacia el centro del río. No pasó mucho tiempo antes de que Eclipse y Sailor Golden Star sintieran picazón en la nariz.

       —¡Aaaaaachis!

       Sobek se volvió un momento para mirar a Eclipse, que se estaba sonando la nariz con un pañuelo blanco tan escandalosamente como si estuviera accionando la bocina de un camión y luego meneó la cabeza. El enmascarado, por su parte, estornudó unas once veces seguidas causando que Sailor Golden Star lo mirara con malestar.

       —¿Y por qué te cae mal Bael? —le preguntó Eclipse a Génesis—. Digo, si es porque lleva un casco con forma de carnero, lo entiendo perfectamente. Yo también soy miembro activo de Greenspace y estoy en contra de la violencia hacia los animales.

       La cazadora lo miró y parpadeó un par de veces antes de hablar.

       —¿De qué estás hablando?

       —Hablo de Bael, el tipo con rostro de “Hey, perdóname la vida” —dijo Eclipse imitando la voz de Bael de tal forma que Shiryu soltó la carcajada—. Cuando estuvimos en Celestia parecía que ibas a rebanarle el pescuezo con tu espada luego de que confesó que era un demonio.

       —Lo que sucede es que soy una cazadora de demonios —repuso Génesis con seriedad—. En mi opinión, el único demonio bueno es un demonio muerto. No sé porqué Calíope tuvo que incluir a uno de esos malditos en todo esto, pero me alegra que al menos no esté con nosotros aquí.

       —Bueno, lo mismo puedo decirte de Fobos —dijo Eclipse.

       —¿Fobos? —murmuró Sailor Golden Star—. ¿Hablas del sujeto de armadura oscura que trató de atacar a Calíope? ¿Acaso es que también es un demonio?

       —No, solamente es un demente —repuso Eclipse—. Tengan cuidado con ese tipo porque es un asesino y un psicópata. Fobos es uno de los chicos malos contra los que luchamos en algunas ocasiones y ha cometido muchos actos malvados.

       —No entiendo por qué Calíope llamó a personas como esas —murmuró Shiryu.

       —Yo menos, pero tal vez sea por sus habilidades —conjeturó Eclipse en tono reflexivo—. Fobos es un tipo de lo más despreciable, pero tiene grandes poderes. Y hablando de eso, ¿de qué universos son todos ustedes?

       —Creo que para evitar confundirnos, todos deberíamos diferenciar nuestros universos de alguna forma, ¿no les parece? —sugirió Shiryu de buena gana—. ¿Qué les parece si llamamos al mío “Universo-1”?

       —Momento —protestó Eclipse—. ¿Por qué el tuyo debe ser el “Universo-1”?

       —Es cierto —convino Sailor Golden Star—. ¿Qué tiene de especial?

       Shiryu se rascó la mejilla derecha mientras pensaba en alguna buena razón que le permitiera convencer a sus compañeros.

       —Bueno, a mí se me ocurrió la idea, así que pensé que mi universo fuera el uno.

       —Quédate con tu apestoso “Universo-1” —replicó Eclipse, molesto—. El mío será el “Universo-A”.

       El grupo estaba atravesando una zona despejada entre dos enormes formaciones rocosas. Ni Eclipse ni Shiryu vieron la forma oscura que se apartó del más grande de los promontorios y comenzó a seguir al grupo.

       —Guarden silencio un momento —Sobek se detuvo de pronto y levantó una mano para indicarles que no avanzaran más—. ¿Qué demonios fue eso?

       —¿Qué te pasa ahora? —quiso saber Eclipse—. ¿Acaso quieres el nombre de “Universo-A”? Lo lamento, amigo, pero yo lo he elegido primero.

       Shiryu percibió de pronto una presencia en el agua. Entonces, de repente, se produjo un gran estrépito cuando algo chocó contra la burbuja de aire, haciendo que el agua salpicara a Sailor Golden Star. Aquello fue más que suficiente para que Sobek extendiera las garras de su guantelete y Génesis sacara sus dos 45.

       —¡Que asco! —exclamó la sailor mirándose la ropa.

       —¿Qué rayos fue eso? —inquirió Shiryu.

       —Lo que sea no parece amigable —musitó Génesis.

       El ataque fue tan rápido y brutal que Sobek apenas tuvo tiempo de respirar. Una boca salió de una de las paredes de agua y falto poco para que sus mandíbulas se cerraran sobre la cabeza de Eclipse, que logró tirarse a tiempo al suelo cenagoso para salvar la vida. Un enorme reptil de cuerpo alargado como anguila y grandes hileras de dientes los estaba rodeando con su cuerpo.

       —¡Es un maldito monstruo marino! —exclamó Eclipse—. ¡Mátenlo!

       —Creí que estabas en contra de la violencia hacia los animales —le recordó Sailor Golden Star, mirándolo por encima del hombro—. ¿Qué pasó con eso de Greenspace?

       —Eso fue antes de que esa cosa tratara de comerme, además me echaron del grupo hace mucho —replicó el enmascarado y luego sacó una granada de protones de su mochila. Las aguas se removieron, se oyó una especie de gorgoteo y el silencio invadió el ambiente—. ¿Adónde demonios se fue ahora?

       —Maldición. No puedo ver nada con esta oscuridad —dijo Sobek mirando en todas direcciones en busca de la menor señal de peligro—. ¿Alguien trajo una linterna o una lámpara de casualidad?

       —Yo tengo una —anunció Eclipse—. Veré si puedo encontrarla.

       —Date prisa, por favor —lo urgió Sailor Golden Star—. Esa cosa podría volver en cualquier momento y atacarnos.

       En medio de su desesperación, Eclipse dejó caer la linterna al suelo fangoso antes de poder encenderla. Sobek y los otros soltaron una serie de maldiciones e insultos mientras que Eclipse se colocaba a gatas en el suelo y comenzaba a buscar afanosamente su linterna. Cuando por fin la encontró, se puso de pie y la prendió para iluminar al frente.

       —Listo, lo tengo todo controlado.

       Y entonces Sailor Golden Star dio un grito de advertencia. El monstruo estaba justo delante de ellos mirándolos en forma por demás amenazante. Génesis miró por encima de su propia arma y jaló de ambos gatillos, soltando una salva de disparos sin perdida de tiempo.

       —Golden Shurikens!! —Sailor Golden Star también se sumó al ataque y disparó con las manos una pequeña estrella de luz blanca. Cuando ésta se aproximó al rostro de la bestia, se transformó en miles de pequeñas estrellas filosas y adquirieron una mayor velocidad.

       El monstruo rugió con fuerza cuando las balas y las estrellas de luz abrieron heridas en sus escamas obligándolo a huir en medio de las sucias aguas. La situación parecía estar controlada, pero entonces la bestia hizo su aparición nuevamente, atravesando la burbuja de aire con un rápido movimiento y derribó a Shiryu y a Génesis. La bestia volvió la mirada hacia Sailor Golden Star, abrió desmesuradamente sus enormes fauces y lanzó un rugido.

       El animal se abalanzó sobre la sailor dispuesto a devorarla, pero Sobek saltó sobre ella y logró apartarla a tiempo del enorme reptil. Génesis recogió una de sus 45 y disparó varias veces contra la cabeza del monstruo, que dio un tremendo aullido de dolor mientras su sangre oscura saltaba a borbotones dentro del pequeño domo de aire. Eclipse y Shiryu estaban animando a la cazadora hasta que fueron silenciados cuando una gran cantidad pestilente de sangre de monstruo les cayó encima.

       —Ya me tiene harto esta cosa —dijo Eclipse antes de activar la granada que traía en la mano—. Oye, monstruo idiota, aquí tengo una bomba con mucho picante para ti, ¿no la quieres?

       —¡Espera, aquí no, idiota! —le gritó Shiryu, pero fue demasiado tarde.

       —¡Al suelo! —exclamó Génesis.

       Sin detenerse a pensar en las consecuencias, el enmascarado lanzó su granada de protones hacia las fauces del animal que no dejaba de aullar a consecuencia de los continuos disparos de Génesis. Al ver aquello, Sobek se agachó lo más que pudo, quedando cara a cara con una ruborizada Sailor Golden Star.

       —¿Qué estás… haciendo? —preguntó la sailor con un hilo en la voz.

       —Cierra los ojos y contén la respiración —le indicó Sobek.

       Entonces la granada explotó en el interior del monstruo con tanta fuerza que bañó a todos con su sangre y restos de carne sanguinolenta, pero eso no fue lo peor. El estallido había sido tan potente que provocó que Shiryu perdiera el control sobre la burbuja de aire, la cual se reventó causando que las aguas negras arrastraran a todos.

       Tierra-574,322

       El sitio era en apariencia una copia casi exacta del Santuario de Atena, pero Dash podía advertir que ese no era su mundo. Las diferencias eran un tanto sutiles, pero cualquiera que conociera las Doce Casas habría podido notar rápidamente que el diseño de los templos y el de la torre del reloj eran diferentes. Con el viento acariciando sus cabellos y haciendo volar su capa, Dash se dedicó a contemplar la montaña que albergaba las Doce Casas del Zodiaco mientras que Shoryuki, Dina Kaioh-shin, Nadia Zeta y Bael revisaban los alrededores.

       —¿Qué lugar es este? —preguntó al fin Shoryuki—. Esos templos que se ven a lo lejos parecen griegos o romanos.

       —Se trata de las Doce Casas del Santuario de la diosa Atena —anunció Dash sin apartar su mirada de la montaña. Todo el lugar rebosaba con una energía excepcional, aunque curiosamente no era el mismo tipo de poder que había experimentado en el santuario de su mundo—. Este lugar debe ser un mundo paralelo donde también existen Atena y sus guerreros sagrados.

       —¿La diosa Atena? —inquirió Dina Kaioh-shin—. ¿Te refieres a la misma diosa de la que hablaban algunos en la Gran Biblioteca de Celestia? No creo conocerla y eso que yo conozco muchas deidades.

       —Atena es una diosa que mantiene la paz sobre la Tierra con ayuda de sus Guerreros Sagrados que luchan por el amor y la justicia —explicó Dash—. En el mundo de donde provengo, ella representa todo lo bueno que existe y los Santos viven para protegerla con su vida.

       —Humm —murmuró Dina—. Eso de tener guerreros que la protejan a uno suena interesante, pero lo de luchar por el amor y la justicia suena increíblemente cursi la verdad.

       “Una diosa que defiende ideales”, pensó Nadia Zeta. “Atena me recuerda a Akari Ohime, la deidad que protegía mi mundo hace tiempo”.

       Shoryuki miró de reojo a Dina. Todavía no comprendía bien quién era ella, pero su forma de vestir le resultaba bastante extraña. ¿Sería posible que se tratara de alguna clase de heroína? Es cierto que las ropas de las Sailor no eran lo más apropiado para ser trajes de batalla, pero la vestimenta de Dina era por mucho la más estrafalaria que jamás hubiera visto en su vida. ¿Acaso sería una hechicera?

       —El amor y la justicia, que gran mentira —murmuró Bael, atrayendo la mirada de todos los presentes—. Déjenme decirles algo sobre esa diosa y sus guerreros. Atena es una tonta que desperdicia su tiempo sirviendo a una raza de seres ingratos que a la menor oportunidad la traicionarían con gusto.

       —¿Te refieres a los humanos? —le preguntó Dash entornando los ojos.

       —¿Y a quiénes más? —respondió Bael en forma desafiante—. Para los humanos, los dioses sólo sirven para que les concedan favores o los protejan del peligro cuando las cosas se tornan difíciles, pero apenas consiguen lo que quieren, se olvidan de sus buenos propósitos y hacen lo que les place.

       Dina levantó una mano y acarició uno de los cascabeles que colgaban de su gorro.

       —Ay, Baelcito, no te amargues la vida. Los humanos si son ingratos, atolondrados, lujuriosos, tontos… .

       —¡Oye! —exclamó Nadia Zeta visiblemente molesta—. No te pases.

       —Bueno, bueno —carraspeó Dina—. Creo que el concepto ya quedó suficientemente claro, pero el punto es que muchos de ellos son buenos y agradecidos también. No todos los humanos son ingratos, estúpidos, engreídos, borrachos… .

       —Ejem —carraspeó Nadia Zeta con los ojos ligeramente entornados—. Creo que se entendió ya.

       El Duque del Infierno parecía estar totalmente inmóvil, casi como si hubiera dejado de respirar, antes de girarse hacia el santuario sin decir una palabra. Podía haberle dicho a Dina muchas cosas más sobre los humanos, pero sabía que ese no era el lugar, ni el momento.

       —Ya hablaremos de los humanos en otra ocasión —murmuró Bael hoscamente, con la mirada puesta en las Doce Casas—. Tenemos que buscar lo que sea que esté destruyendo nuestros universos y debemos hacerlo pronto.

       —Es cierto, casi lo había olvidado —Dina tronó los dedos en el aire y luego se giró hacia Dash—. Oye, Dashi-boy, tú dijiste hace un momento que en tu mundo existe un santuario como ése. ¿Crees que podrías servirnos de guía, por favor?

       Dash alzó una ceja.

       —Hummm, síganme por aquí.

       A un gesto de Dash, todos comenzaron a andar, o, en el caso de Dina, a flotar en el aire. Mientras el grupo se movía, Shoryuki se detuvo un momento para observar de lejos a Dash. Al igual que había sucedido en Celestia, la energía que aquel joven despedía le resultaba demasiado familiar como para ignorarla. Tenía que averiguar el verdadero motivo por el cual percibía la Esencia del Dragón en Dash.

       —Oye, no te quedes atrás —La voz alegre de Dina la volvió a la realidad y la hizo olvidarse de sus dudas sobre el poder de Dash—. ¿Te pasa algo, amiga?

       —No, nada, simplemente… pensaba, eso es todo.

       —¿Cómo te llamas? Yo soy Dina —la Kaioh-shin le tendió la mano.

       Shoryuki la miró con desconfianza, pero respondió al saludo con amabilidad.

       —Mi nombre es Mine… quiero decir, Shoryuki.

       —Bueno, amiga, no te quedes aquí sola. Dashi-boy nos está guiando.

       La Guerrera Dragón asintió con la cabeza y después siguió a los demás en completo silencio. Dina comenzó a flotar cerca de la chica sin dejar de hablarle en un intento por entablar plática con Shoryuki, quien no podía entender todo lo que la Kaioh-shin le decía y sólo asentía con la cabeza fingiendo que le interesaba la charla.

       Eclipse y Génesis fueron los primeros en salir del río, arrastrándose hacia la orilla. A pesar de lo desesperado de la situación, el enmascarado se permitió sonreír un poco.

       —¿De qué rayos te estás riendo?

       —Sólo me ha parecido gracioso, eso es todo —dijo Eclipse antes de tirarse de espaldas a la tierra y empezar a mover los brazos y piernas para hacer un ángel—. “Al mal tiempo, buena cara”.

       —Gracioso —murmuró Génesis indignada. Tras un momento, hizo una mueca al rostro sonriente de Eclipse y luego, matizando, dijo—: Bueno, tal vez un poco, cuando Sailor Golden Star gritó.

       —¡Y cuando arrojé la granada!

       Génesis puso la punta de su 45 en la frente de Eclipse, haciendo que se callara.

       —Eso no fue divertido, no lo hagas de nuevo.

       —S-Si… lo-lo que digas.

       Mientras tanto, otras figuras comenzaron a salir del agua. Sobek ayudó a Sailor Golden Star y se arrastraron fuera del agua. El último en emerger fue Shiryu con su casco entre las manos.

       —Maldita sea, ¿qué hace un monstruo de ese tamaño en esa charca? —se estaba quejando Shiryu. Se sentía enloquecido, aturdido e indignado—. Por mi madre que si vuelvo a ver un animal de esos lo convierto en… en… ¡en sushi!

       Sailor Golden Star se escurrió los guantes y se retiró el cabello mojado de la cara. Se veía bastante preocupada.

       —Bueno, parece que no nos salvamos de nadar en el río.

       —Olvídense del maldito río —dijo Sobek, todavía molesto por haberse tenido que zambullir en medio de aquella suciedad lodosa—. ¿Están todos bien?

       —Obviando que olemos como guachinangos recién pescados… —repuso Shiryu mientras se quitaba una bota para sacar el agua del interior—, creo que sí. Parece que la explosión no sólo acabó con el monstruo, sino que también alejó a los demás que habían comenzado a acercarse.

       —¿De modo que también te diste cuenta? —inquirió Génesis alisándose los cabellos mientras que Sailor Golden Star se ponía de pie—. Al principio pensé que sólo había uno, pero antes de que Eclipse lanzara la bomba me pareció ver a otra de esas serpientes nadando cerca.

       —¿Ya lo ves? —le recriminó Eclipse a la cazadora—. Gracias a mí es que seguimos con vida y tú casi me disparas hace un momento. Pudiste sacarme un ojo o volarme un pie. Creo que me debes una disculpa, ¿no?

       —Por favor, fue gracioso ver tu reacción cuando te puse mi arma en la cara.

       Cuando advirtió la burla de la cazadora, Eclipse entornó la mirada con cara de ofendido y se cruzó de brazos. Sobek, en tanto, miró hacia el horizonte y comprobó que estaba atardeciendo.

       —Creo que tendremos que caminar un poco más —les indicó Sobek—. Cuando lleguemos al pueblo nos mezclaremos con la población local, de modo que no hagan nada que llamé demasiado la atención, ¿de acuerdo? Sí alguien nos pregunta diremos que somos comerciantes y estamos de paso —hizo una pausa y fue directamente hasta donde estaba Eclipse para apuntarle al rostro con un dedo—. Nada de bombas, ¿de acuerdo?

       —Claro, claro —rezongó Eclipse.

       No tardaron mucho en divisar algunas casas luego de atravesar la última loma. Cuando todavía faltaba un poco para llegar, Eclipse sacó sus electrobinoculares y se puso a mirar las estrellas del cielo.

       —“Vamos a despegar —comenzó a cantar—, hacia nuevos mundos que esperando están. Abre bien tus ojos, toma tu lugar y tus cinturones debes ajustar. Vive cada historia con tu… “. Oigan, esa es la zorra mayor.

       Shiryu entornó los ojos con ganas de asesinar al enmascarado.

       —¡Oye! ¿Tuviste esas cosas todo este tiempo? Pudiste habernos dicho antes.

       Eclipse bajó los electrobinoculares y miró al Guerrero Dragón.

       —Humm, es cierto, puede haberlo hecho.

       —Trae acá, gracioso —le exigió Sobek, quitándole los electrobinoculares para examinar la ciudad que tenían delante—. Creo que puedo ver personas más adelante. Si, parece que… .

       —¿Parece que qué? —preguntó Shiryu—. ¿Qué fue lo que viste?

       Pero en vez de responder, Sobek apartó los electrobinoculares de su rostro y se detuvo. Eclipse, Génesis y Sailor Golden Star se le quedaron mirando sin entender qué estaba pasando. Al ver lo que sucedía, Shiryu tomó los electrobinoculares para mirar a través de ellos. Las luces de una ciudad eran claramente visibles en la incipiente oscuridad. Caminando a través de sus calles había decenas y decenas de extraños alienígenas de diferentes formas.

       Continuará… .

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