Leyenda 029

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO XXIX

EL AUREUS ES UN PODER SUPERIOR

       Planeta Caelum (Santuario Celestial)

       Asiont caminó hacia la entrada del templo de los Caballeros Celestial y se detuvo un momento antes de salir al exterior. Todavía abrigaba muchas dudas respecto a aquella extraña visión que había tenido mientras meditaba en la soledad del desierto. ¿Realmente Andrea moriría sí no iba a buscarla o sólo era una posibilidad, tal y como se lo había dicho Aristeo? Aquella duda lo atormentaba constantemente y, por primera vez en mucho tiempo, no sabía qué hacer.

       Finalmente decidió irse. Justo cuando ya estaba por poner un pie fuera del Santuario, la voz de Tyria lo detuvo.

       —¿Tanto significa esa mujer para ti, Asiont? —le preguntó la joven—. ¿Es eso?

       Él se volvió por encima del hombro para mirarla antes de responder.

       —Es mi amiga, tengo que ayudarla, Tyria.

       —¿Es tu amiga? —preguntó con suspicacia.

       Asiont se volvió hacia ella y asintió levemente con la cabeza .

       —Si, la reina Andrea me ha ayudado en varios momentos de mi vida y no puedo abandonarla  —respondió él tranquilamente—. Gracia a ella decidí venir a Caelum para convertirme en Caballero Celestial. Yo ya había perdido los deseos de luchar después de la muerte de Astrea, pero Andrea me convenció de que no podía renunciar. Es una gran mujer.

       Tyria ladeó la cabeza y dejó escapar una sonrisa afable.

       —Me doy cuenta de eso, tú mirada lo dice todo. Pero sí de verdad planeas irte, antes deberías pensar en cómo puedes ayudar mejor a tu amiga. Siendo un Caballero Celestial bien entrenado tus posibilidades de triunfar podrían ser mayores, piénsalo bien.

       Él lo pensó.

       —Supongo que tienes razón —murmuró en tono pensativo—. Pero mi nivel de combate ha aumentado bastante desde que comencé a entrenar y… .

       —Aún no es suficiente —le interrumpió Tyria—. Tu nivel ha aumentado bastante, es cierto. Casi podría afirmar que te has vuelto tan fuerte como el príncipe Saulo, pero aun así el poder que posees no es el suficiente para derrotar a un Khan.

       Asiont dejó escapar un suspiro sin poder creer en lo que escuchaba. Había entrenado durante meses en un desierto sufriendo de temperaturas extremosas y de la incomodidad de una gravedad aumentada, y ahora ella le decía que todavía no era capaz de vencer a los guerreros Khans. Sacudió la cabeza. Eso era frustrante. ¿Cómo es que aún no era suficiente?

       —No puedo ser, Tyria —replicó indignado—. Saulo y Cadmio son dos de los Caballeros Celestiales más fuertes que conozco y ahora me dices que su nivel como guerreros no es suficiente para vencer a los Khans.

       Tyria asintió con la cabeza.

       —Dime, Asiont, ¿alguna vez te has preguntado por qué la mayoría de los Caballeros Celestiales fueron vencidos tan fácilmente por los Khans de N´astarith?

       Asiont negó con la cabeza.

       —No, Tyria, lo ignoro, eso es algo que hasta la fecha no he podido entender claramente.

       —Fue porque los guerreros de Abbadón lograron el control del aureus. Gracias a ese poder los Khans pueden aumentar su aura a niveles impensables y es por eso que no hay nadie que pueda derrotarlos. El aureus es un poder superior que se encuentra por encima del aura y aquel que llegue a dominarlo se convertirá en un guerrero con poderes asombrosos.

       —Entiendo lo que dices, Tyria —murmuró Asiont—. Su control sobre el poder del aureus les da su fuerza, pero no puedo entenderlo. Se supone que los Caballeros Celestiales también saben manejar ese tipo de poder. De hecho toda la filosofía de la Orden se basa en el conocimiento del aureus, ¿no es así? Pero ahora que lo mencionas jamás he visto que Saulo, Cadmio o Casiopea usen el poder del aureus.

       Tyria suspiró hondo y continuó.

       —A diferencia del aura, que es algo universal entre los seres vivos, no cualquiera puede llegar a alcanzar el aureus ya que éste es una energía mística que se encuentra más allá de espíritu mismo y más allá de los nueve sentidos —le extendió una mano—. Sólo alguien que conozca el aureus puede transmitir a otros la capacidad para sentirlo. Se dice que en el pasado Horus pasó a través del Portal Estelar y trajo consigo el poder del aureus para enseñarlo a los Celestiales, pero también es sabido que este don no le es otorgado a todos… dame tu mano —hizo una pausa y esperó a que Asiont accediera a su petición—. Ahora te transmitiré la capacidad para sentir el aureus, Asiont, pero sí tienes éxito o fracaso en aprender a usarlo dependerá sólo de ti.

       Entonces, un resplandor iluminó la mano de Tyria y luego la de Asiont, quien estaba completamente desconcertado. Era una luz mística que brillaba con una intensidad increíble, pero que extrañamente no causaba ninguna molestia al mirarla directamente. Finalmente, el extraño resplandor desapareció por completo y la chica retiró su mano.

       —¿Qué fue todo eso? —preguntó Asiont mientras se examinaba la mano con detenimiento—. Pude sentir una sensación de paz increíble mientras esa luz brillaba.

       —Sólo relájate y aprende a aquietar tu mente y espíritu. No te pido que no ayudes a tu amiga, pero al menos déjame ayudarte a aprender y entender al aureus.

       Asiont miró a Tyria en silencio mientras reflexionaba en su posibles opciones. Sí aprendía a dominar el aureus, entonces podría tener un poder semejante al de los tan temidos Khans. Al parecer no había otro camino. Debía postergar su viaje un día más.

       Ciudad de Monterrey.

       Saulo se arrojó sobre Sepultura decidido a derrotarlo, pero por más esfuerzos que el príncipe endoriano hacía por golpearlo, el Khan lograba defenderse hábilmente. Era como sí pudiera anticiparse a todos sus movimientos.

       “No puede ser”, pensó Saulo. “No puedo hacerle nada”.

       —Vamos, príncipe endoriano ¿qué ocurre? —le azuzó Sepultura burlonamente—. ¿Qué no puedes pelear conmigo?

       Los ojos de Saulo destellaron de rabia.

       —¡Cállate!

       Cegado por la ira, el príncipe endoriano lanzó una rápida patada al rostro del Khan de la Muerte, pero éste desapareció justo a tiempo para eludirla. Antes de que Saulo pudiera hacer algo para salvarse, un rayo de energía lo golpeó por la espalda, desgarrándole la capa completamente y arrojándolo de cara contra una montaña de escombros.

       —Lo lamento mucho, príncipe de Endoria —declaró Sepultura con la palma orientada hacia delante todavía—. Pero es hora de terminar nuestro encuentro.

       Saulo estaba demasiado herido y débil para continuar el combate. El Khan de la Muerte formó una esfera de energía negra en su mano y una nube oscura comenzó a salir de ella en dirección hacia donde estaba su oponente. Sepultura sonrió triunfantemente y levantó su otra mano hacia arriba dejando salir más vapores negros formando una nube oscura que se esparció luego, por sí misma, en distintas direcciones.

       —Voy a absorber tu alma y la de todos los habitantes de esta ciudad. Me volveré más poderoso de lo que soy ahora. Lo haré de la misma forma como lo hice con ese Caballero llamado Llaga.

       Saulo abrió un ojo débilmente.

       —Ya veo, entonces lo que Asiont nos dijo es cierto. N´astarith quiere usar el Portal Estelar y está reuniendo las gemas estelares.

       La sonrisa burlona desapareció del rostro del Khan.

       —¿Cómo dices? ¿Ese gusano de Asiont sigue con vida todavía?

       El endoriano sonrió, desafiante.

       —Así es, maldito. Él vive gracias a Astrea.

       Sepultura no dijo nada y al cabo de un instante, sonrió malévolamente.

       —Eso no interesa, ya será su turno, pero antes tú morirás primero.

       Los vapores negros siguieron aproximándose, pero antes de que llegaran a tocar a Saulo, una figura apareció de la nada para protegerlo.

       —¡Ezequieth! —gritó Saulo, reconociendo a su joven discípulo—. ¡No lo hagas!

       El joven Celestial se retorció preso del dolor y emitió un grito terrible cuando los vapores oscuros de Sepultura lo envolvieron por completo.

       —¡Maestro! ¡Usted debe salvarse!

       —Eres un idiota —declaró el Khan de la Muerte—. Mira que sacrificarte por Saulo, ahora tu alma será mía.

       Ezequieth permaneció inmóvil por unos instantes mientras los vientos negros lo sacudían con fuerza. Después se le nublaron los ojos, bajó los brazos y su rostro palideció. Ezequieth cayó de rodillas con la cabeza agachada y finalmente se desplomó. La misma escena terrible se repitió una y otra vez en todos los rincones de la ciudad de Monterrey. En tan sólo un instante, miles de personas fueron asesinadas por Sepultura.

       El Khan de la Muerte sonrió triunfantemente mientras los vientos negros regresaban a sus manos. Ahora el alma de Ezequieth y la de miles de personas eran suyas. Como resultado de haber absorbido tantas almas, su poder se incrementó enormemente y una sonrisa de placer le iluminó el rostro.

       —¡Sí! —exclamó al momento de incrementar su aura—. Esto es genial, ahora mi poder ha aumentado.

       Saulo gritó con todas sus fuerzas desesperadamente el nombre de su discípulo. La rabia nubló su mente, pero estaba demasiado débil para hacer nada.

       El Khan de la Muerte clavó la vista en el príncipe de Endoria y nuevamente extendió su mano.

       —Que hermosa relación la de ustedes dos —hizo una pausa mientras la esfera de energía negra reaparecía en su palma—. Pero es inútil, ahora tú pasarás a formar parte de mi poder.

       Justo cuando Sepultura estaba a punto de lanzar nuevamente los vientos negros en contra de Saulo, la voz de Tiamat resonó en su escáner visual.

       —Sepultura, es hora de irnos.

       —¿Qué dices, Tiamat? —replicó el Khan—. Aún no consigo matar a Saulo y a Karmatrón.

       Devastador Estelar Dagon

       Dentro del puente de mando del navío de combate imperial, el Khan del Dragón caminaba impacientemente de un lado a otro mientras todos los oficiales de la nave lo miraban aterrados.

       —Haz lo que te digo. El gran N´astarith no tolera retrasos. La vida de esos miserables no me interesa.

       Kali examinó la gema que sostenía en su mano. Su belleza era algo excepcional.

       El primer oficial de la nave se acercó hasta la Khan de la Destrucción para hacer un importante anuncio.

       —Mi lady, los motores ya están listos para iniciar la partida.

       Kali desvió la mirada hacia el imperial y asintió.

       —Excelente, avisen a los cazas y a Landa para que regresen de inmediato.

        Ciudad de Monterrey, México

       Sepultura observó los ojos de Saulo. Si las miradas pudieran matar, el Khan de la Muerte hubiera caído fulminado en ese momento a los pies de príncipe de Endoria.

       —De acuerdo, Tiamat, voy enseguida —dijo y apagó el comunicador.

       Con una mirada de completa arrogancia, el Khan desplegó su aura y ladeó la cabeza para mirar a Saulo.

       —Ustedes sólo son basura, Saulo —hizo una pausa y le escupió el rostro—. No te atrevas a volver a enfrentarme o la próxima vez sí te mataré.

       Sin decir nada más, Sepultura se alejó volando hacia el Devastador Estelar. Saulo. por su parte, se arrastró por los suelos hasta el cuerpo sin vida de su discípulo para tomarlo entre sus brazos y se echó a llorar.

       —Ezequieth… .

       Los cazas Tao estallaban uno tras otro en el aire. A pesar de la gran valentía y preparación de los pilotos zuyua, ninguno de ellos había logrado dañar alguna de las naves enemigas. Aquella no había sido una batalla sino una carnicería. Faltos de organización y en clara desventaja se habían visto obligados a huir del campo de batalla. Titán y sus compañeros se disponían a imitar a las naves Tao cuando Landa abandonó el campo de batalla para regresar al Devastador Estelar.

       De la misma manera en que había llegado, la enorme fortaleza espacial comenzó a ascender en los cielos hasta desaparecer. Los destrozos que los invasores habían causado eran incalculables. Cientos de pilotos terrícolas y zuyua habían perdido la vida en tan sólo unos minutos de combate.

       Debilitado por la batalla, Karmatrón volvió a la normalidad. Zacek se arrastró por los suelos. Entonces, su espíritu abandonó su cuerpo mortal para dirigirse espiritualmente hacia el Santuario de Merú donde Katnatek lo esperaba.

       —Maestro —comenzó a decir el espíritu de Zacek—. ¿Quiénes eran esos guerreros tan poderosos?

       Katnatek era un hombre alto, de cabellos y bigote blancos que vestía una larga túnica.

       —Nuevos enemigos han llegado desde otra dimensión y han puesto en peligro toda la Existencia. Debes colaborar con el príncipe Saulo y sus aliados para detener a estos guerreros antes de que sea demasiado tarde. Sólo unidos podrán detener la amenaza de N´astarith.

       Zacek asintió con la cabeza, y a continuación reactivó las siete charkas para cargarse de energía nuevamente. El poder Kundalini inundó el espíritu del emperador zuyua.

       En las ruinas de la ciudad, Zacek se incorporó lentamente. Su cuerpo estaba totalmente restablecido y sus heridas habían desaparecido. Sin pensarlo un solo instante, se dirigió hacia Areth para colocar sus manos sobre su espalda.

       —Pronto estarás bien —murmuró mientras un resplandor amarillo cubría el cuerpo de la Celestial.

       Devastador Estelar Dagon

       Sepultura entró el puente de mando echó una furia.

       —Tiamat, ¿cómo rayos se te ocurre… .

       No terminó la frase. Justo cuando el Khan del Dragón se volvió hacia su compañero, un destello apareció en sus ojos y Sepultura sintió un potente golpe en el estómago que lo hizo doblarse hacia delante.

       —Saulo y el tal Karmatrón no son enemigos de cuidado, reunir todas las gemas estelares es lo que realmente importa —murmuró Tiamat mientras caminaba hacia su compañero—. ¿No lo crees?

       El Khan de la Muerte alzó el brazo e hizo una seña con la mano indicándole que estaba de acuerdo. De inmediato el resplandor de los ojos del Khan del Dragón desapareció.

       —Me alegro que lo comprendas, Sepultura.

       Kali miró la escena sin atreverse a intervenir. Tiamat podía llegar a ser tan terrible con sus propios camaradas como lo era con sus enemigos cuando alguien se atrevía a retarlo.

       El capitán de la nave, que estaba haciendo todo lo posible por no ser notado, se acercó hasta Tiamat para hacer un anunció importante.

       —Mi señor, ya estamos listos para iniciar el regreso.

       Tiamat se volvió hacia el capitán de la nave para mirarlo fijamente.

       —Excelente.

       Sin decir nada más, el Khan del Dragón se dirigió a la enorme ventana que daba al espacio.

       Instituto de Investigaciones Robóticas

       Cadmio y David continuaban intercambiando golpes y contragolpes a una increíble velocidad. Súbitamente, ambos combatientes se separaron uno del otro con un salto.

       El príncipe meganiano clavó los ojos en su enemigo y sonrió

       —Eres muy bueno —le dijo—. No esperaba encontrar a un enemigo con tu poder.

       El Celestial le devolvió la sonrisa.

       —Tú también eres muy fuerte. Es una lástima, pero voy a tener que acabar contigo.

       David llevó uno de sus brazos hacia atrás mientras un resplandor iluminaba su puño.

       —¿Qué es lo que dices? —le inquirió burlonamente—. La batalla acaba de comenzar.

       Sin dar tiempo a que el Celestial reaccionara, David lanzó un golpe con el puño iluminado, descargando una especie de rayo con forma de Dragón.

       —¡Dragón de los Cielos!

       El Celestial clavó la mirada en aquel enorme dragón de energía que se abalanzaba sobre él. Con una sonrisa en el rostro, llevó sus manos hacia su costado. Una esfera de luz apareció entre sus palmas.

       —¡Sha-Ma-Sha!

       Usando sus dos manos, Cadmio descargó un potente rayo para bloquear el Dragón de los Cielos de David. Un violento vendaval se dejó sentir cuando ambos ataques chocaron entre sí. El príncipe de Megazoar no podía creerlo. Cadmio había logrado detener su mejor técnica. Pero a diferencia del Celestial, David aún no había usado todo su poder. Apretando los dientes, el meganiano incrementó su poder y, al cabo de un instante, Cadmio salió disparado de espaldas contra una pared.

       David bajó su puño mientras jadeaba. El esfuerzo lo había dejado momentáneamente sin aire. Aquel día, el meganiano se había topado con un rival digno de él.

       Kadena agitó su enorme cadena de oro en el aire. Con una mirada cargada de arrogancia sonrió burlonamente cuando Poppu y Moose se colocaron frente a él.

       —Fuera de mi camino. No tengo tiempo para jugar con ustedes.

       Poppu desplegó su báculo mágico.

       —¿Qué estás diciendo, engreído? Ahora si ya me enoje —alzó su báculo hacia el meganiano—. ¡Beyirama!

       Una ráfaga de llamas brotó del báculo y se dirigió hacia Kadena a toda velocidad. El guerrero meganiano hizo girar rápidamente su cadena frente a él. Las llamas de Poppu fueron disipadas hacia los lados antes de tocar la cadena.

       —¡No puedo creerlo! —grito Poppu aterrado.

       Sin darle tiempo para nada, Kadena lanzó su arma a los pies del joven mago. La cadena dorada se enredó en uno de los pies de Poppu y entonces el meganiano tiró de ella, derribándolo por los suelos.

       Moose apretó los dientes y dio un salto hacia arriba.

       —¡Esta vez será mi turno! —exclamó llamando la atención de Kadena.

       Moose lanzó varios shurikens y lanzas en contra del meganiano, pero Kadena levantó su otro mano y una segunda cadena salió de su brazo bloqueando todas las armas de Moose como si tuviera vida propia. El chico sencillamente no podía creerlo.

       —¡Ciego! —le espetó Kadena—. Ahora será mi turno para atacar y ten por seguro que no fallaré.

       Antes de que Moose pudiera hacer algo para salvarse, la segunda cadena del meganiano se dirigió a él para sujetarlo del pie. Con un rápido movimiento, Kadena jaló del pie de Moose y comenzó a hacerlo girar en el aire.

       —¡No otra vez! —gritó Moose mientras daba vueltas.

       Poppu se levantó del suelo. Viendo la difícil situación de Moose, alzó su báculo mágico con la intención de atacar a Kadena, pero éste ya había anticipado esa acción y con un rápido movimiento lanzó a Moose sobre Poppu. Ambos jóvenes salieron despedidos contra una pared donde se estrellaron con fuerza.

       Kadena sonrió. El camino había quedado despejado.

       Agitando sus cadenas, el meganiano destruyó la puerta que protegía el interior del reactor y avanzó hacia la gema de los Titanes. Justo cuando Kadena desprendió la gema de las abrazaderas que la sujetaban, un resplandor iluminó todo el lugar. La gema era como todas las demás, de forma triangular,  aunque emanaba una luz rosada.

       Al mirar la joya con más detenimiento, el meganiano pudo ver unos extraños símbolos grabados en ella. Era Endoriano antiguo. Siendo un guerrero de la casa real de Megazoar, Kadena poseía los suficientes conocimientos para traducir aquellos extraños jeroglíficos. Era una palabra antigua de la mitología Endoriana.

       —Tet —murmuró Kadena, deslumbrado por la luz que destellaba la gema sagrada.

       Durante unos instantes, el guerrero meganiano sonrió con satisfacción. Cinco de las doce gemas ya habían sido reunidas. Sin duda N´astarith estaría muy complacido.

       Ranma y Ryoga saltaron a la par esquivando el segundo escudo de su enemigo. Como el anterior, el enorme disco daba vueltas en el aire como sí fuera controlado mentalmente por Shield.

       —¡Malditos! —vociferó el meganiano furioso—. ¡Me las pagarán!

       Ranma se giró apresuradamente hacia Ryoga. El escudo estaba virando nuevamente hacia ellos.

       —¡Rápido, Ryoga! —le dijo a gritos—. ¡Usa nuevamente tu técnica!

       Ryoga palideció y volvió la mirada hacia su amigo.

       —¿Estás loco o que, Ranma? Ahora lo esta haciendo ir más rápido, sí llegó a fallar no quedará ni mi recuerdo.

       Ranma sintió como una enorme gota de sudor frío le recorría el cuerpo. Lleno de furia sujetó a Ryoga por las ropas y le dijo:

       —¡Déjate de cosas! ¡Es nuestra única salida!

       Ryoga negó con la cabeza y se liberó de Ranma.

       —¡Olvídalo! ¡No lo voy a hacer!

       Los dos amigos guardaron silencio cuando escucharon el ruido del escudo giratorio acercarse hacia ellos.

       —¡Ah! —gritaron Ranma y Ryoga al unísono con los cabellos erizados—. ¡Vamos a morir!

       Shield sonrió. El triunfo era prácticamente suyo.

       El enorme disco avanzó directamente hacia Ranma y Ryoga…

       De pronto, un arco de energía atravesó los aires y cortó el escudo del meganiano en dos partes.

       —¡Daichizan! (Corte de Tierra)

       Tanto Shield como Ranma y Ryoga se quedaron anonadados. ¿Quién los había salvado?

       —¡Dai! —gritó Ranma al reconocer la figura del pequeño niño que sosteniendo su espada a un costado, miraba ferozmente al guerrero de Megazoar.

       Shield apretó los puños con ira y desplegó una poderosa aura de energía.

       —¡Chiquillo insolente! ¿Cómo te atreves a interrumpir mi batalla?

       Rápidamente, Ranma y Ryoga se colocaron al lado de Dai.

       —¡Déjate de tonterías! —le respondió Ranma—. Ahora será nuestro turno.

       —Así es, canalla —declaró Dai—. Será mejor que te prepares.

       Shield dejó escapar una leve sonrisa de confianza y a continuación llevó una mano a la espalda para sacar un nuevo escudo.

       —Yo no estaría tan seguro. Jamás he tenido necesidad de usarlo en la batalla, pero viendo las circunstancias…

       Dai clavó sus ojos en el nuevo escudo que su enemigo les mostraba. Al igual que los otros parecía estar hecho de oro, sólo que éste tenía dibujado un pequeño sol en el centro.

       —¿Un nuevo escudo? —preguntó Ranma, enarcando una ceja.

       Shield sonrió confiadamente y mirando a Dai desafiantemente le dijo:

       —Vamos, te reto a que me vuelvas a atacar.

       Como respuesta, el pequeño Dai extendió su mano para hacer aparecer una esfera de fuego.

       —Sí así lo quieres —sentenció al momento de lanzar la esfera de llamas—. ¡Mera!

       La esfera de fuego se estrelló sobre el escudo del guerrero meganiano, desatando una breve, pero intensa, tormenta de fuego. Sin embargo, para sorpresa de Dai y los otros, las llamas desaparecieron en tan sólo un instante. Nadie podía creerlo. Era como si las flamas hubieran sido absorbidas por el escudo.

       —¡¿Qué fue lo que sucedió?! —gritó Ryoga, fuera de sí.

       Shield les sonrió burlonamente.

       —Ahora comprobarán mi poder. ¡Tomen!

       Shield levantó el escudo dorado frente a su rostro y una bola de fuego surgió de él en dirección hacia Ranma, Ryoga y Dai. Sujetando su espada con ambas manos, Dai corrió directamente hacia la bola de fuego. Con un poderoso mandoble de su arma, el pequeño Caballero del Dragón dividió la esfera de flamas.

       —¡Kaihazan! (Corte de Ola de Mar)

       Ranma y Ryoga abrieron los ojos con sorpresa, Ciertamente la habilidad de Dai superaba por mucho la de ellos dos.

       —¡Bien hecho, Dai! —le felicitó Ryoga.

       Ranma dirigió su mirada hacia Shield . Lejos de mostrarse sorprendido, el guerrero meganiano sonreía malévolamente como sí aun no hubiera mostrado todos sus trucos.

       —Eso estuvo muy bien, chico —murmuró maliciosamente—. Sin embargo, necesitarás más que eso para derrotarme.

       Dai le sostuvo la mirada al meganiano. Ranma, por su parte, se volvió hacia Ryoga sin bajar la guardia.

       —Oye, Ryoga, ataquémoslo. Estoy seguro de que sí peleamos todos juntos, es seguro que le ganaremos.

       Ryoga asintió con la cabeza.

       —De acuerdo, Ranma.

       Dai alzó su espada y se preparó para atacar a Shield nuevamente. Casi simultáneamente, Ranma y Ryoga se colocaron a sus flancos.

       Shield sonrió malévolamente y levantó su escudo dorado. “Vamos atáquenme”, pensó, “Vamos”.

       Kadena salió del cuarto del reactor llevando la gema estelar entre sus manos.

       —¡Príncipe, ya tengo la gema! —exclamó triunfantemente, llamando la atención de todos.

       David sonrió con agrado. Ahora sólo era cuestión de huir.

       Cadmio clavó la mirada en la gema que sostenía Kadena. No podía permitir que los guerreros al servicio de N´astarith se salieran con la suya. ¡Nunca!, se juró a sí mismo.

       Llevando sus fuerzas al límite, el Celestial desplegó su aura con todo su poder haciendo que todo el edificio comenzara a temblar. Sus cabellos se elevaron por encima de su cabeza y varios escombros de tamaño minúsculo comenzaron a levitar en el aire a su alrededor. David volvió la vista nerviosamente hacia Cadmio.

       —¡No voy a permitir que se salgan con la suya, malditos! —vociferó Cadmio, elevando más y más su aura en un intento por superar los poderes de su adversario—. ¡Usaré todo mi poder!

       Kadena titubeó. El poder que ese Celestial esta demostrando era muy similar al de los miembros de la familia real de Megazoar.

       El príncipe meganiano dio un paso hacia atrás. Un poderoso vendaval comenzó a emanar del cuerpo de Cadmio. El aire era tan fuerte que David y Kadena se miraron el uno al otro sin entender que sucedía.

       Ochanomizu llevó la mirada nerviosamente hacia el Celestial que le había salvado la vida. Aún no podía entender como es que siendo humanos, todos aquellos extraños personajes podían tener semejantes poderes. Debían ser alguna clase de extraterrestres o androides muy avanzados. Astroboy, por su parte, acababa de levantarse luego de que David lo había arrojado al suelo con una patada. Al igual que Ochanomizu, miraba desconcertado la poderosa aura de energía que rodeaba a Cadmio.

       Finalmente, el Celestial se arrojó por los aires contra David. Antes de que el príncipe de Megazoar pudiera hacer algo para salvarse, Cadmio le propinó un poderoso puñetazo en pleno rostro que lo lanzó por los aires. David perdió el control por unos instantes, pero antes de que Cadmio pudiera darle otro golpe certero el príncipe meganiano consiguió reaccionar.  Usando su velocidad, David se apartó del alcance de su rival.

       Sin embargo el Celestial no se iba a resignar tan fácilmente. Tan pronto ubicó nuevamente la figura de David, junto sus muñecas y extendió sus manos con las palmas orientadas hacia delante. Un rayo más poderoso que el Sha-Ma-Sha salió de las manos del Celestial iluminando todo a sus alrededor.

       —¡Dyaus! —gritó con fuerza mientras liberaba el rayo.

       Como todo a su alrededor, el rostro de David se iluminó cuando el ataque de Cadmio se dirigió hacia él. Esta vez el rayo iba tan rápido que no tenía tiempo para esquivarlo a tiempo. Sin detenerse a pensar en las consecuencias, el príncipe meganiano se paró frente a Cadmio, extendió una de sus mano y abrió las piernas. Iba a detener el rayo de luz.

       Kadena no estaba tan seguro de que David pudiera detener aquel ataque así que decidió salvarse. Con un ágil salto, el guerrero meganiano se alejó rápidamente.

       El rayo chocó contra la mano del príncipe de Megazoar. Haciendo un gran esfuerzo pudo contenerlo. Desde el otro extremo, Cadmio se dio cuenta de lo ocurrido y elevó más su aura decidido a causarle algún daño a su enemigo.

       David apretó los dientes, el rayo comenzaba a empujar su mano hacia atrás, no estaba consiguiendo resistirlo como había pensado. Cadmio sonrió y aumentó el poder seguro de su triunfo… .

       Finalmente, David hizo acopio de sus últimas fuerzas y empujó el rayo hacia adelante. Una poderosa explosión sacudió todo el laboratorio cuando el meganiano realizó tal hazaña. El destello fue tan intenso que tanto Dai, Ranma, Ryoga, Hyunkel y Astroboy como los guerreros de Megazoar tuvieron que cubrirse los ojos por unos instantes.

       Cadmio jadeó agotadamente con sus brazos todavía levantados. Cuando alzó la vista, descubrió que David aún estaba de pie frente a él. El príncipe de Megazoar respiraba violentamente, su mano presentaba ciertas quemaduras, pero fuera de algunos raspones en su cara y vestimenta parecía no tener ningún daño.

       Cadmio frunció el ceño, irritado.

       —¡Eres un miserable maldito!

       Kadena miró a Cadmio detenidamente por unos minutos y luego se volvió hacia David.

       —Príncipe ¿se encuentra bien? —le preguntó.

       David jadeó, su rostro estaba bañado en sudor y tenso por la fatiga.

       —Estoy muy débil, creo que ese desgraciado me rompió el brazo —hizo una pausa y exhaló—. Creo que me confié demasiado.

       Aprovechando el descuido de los guerreros de Megazoar, Hyunkel se acercó hasta Kadena y David con su espada en alto.

       —Será mejor que me entreguen esa gema —advirtió llamando la atención de los imperiales.

       Kadena y David se miraron entre sí y sin que mediara palabra de por medio, levantaron sus manos y lanzaron dos disparos conjuntamente. Hyunkel recibió el primero justo en la mano y tiró su espada, el otro rayo lo golpeó en el pecho derribándolo.

       —Es hora de irnos —ordenó David.

       Kadena asintió con la cabeza y girándose hacia el cuarto del reactor alzó su mano con la palma orientada hacia delante. Un rayo de luz roja salió de la mano del meganiano y golpeó la sala del reactor. Una alarma comenzó a sonar escandalosamente.

       Cadmio alzó la mirada hacia el reactor cuando de pronto, una voz artificial dio la alerta.

       —¡Advertencia, el reactor ha sido dañado! ¡Dos minutos para explosión inminente! ¡Favor de evacuar el nivel cuanto antes!

       Cadmio titubeó.

       —¡Tú eliges, estúpido! —le espetó Kadena mostrándole la gema estelar—. La gema o la vida de todos los que aquí se encuentran.

       Antes de que Cadmio o alguno de los otros pudiera hacer algo para evitarlo, Kadena, David y Shield se miraron entre sí y a continuación desplegaron sus auras para darse a la fuga.

       —¡Malditos Cobardes! —gritó Cadmio hecho una furia. Estaba a punto de ir tras ellos cuando Hyunkel lo tomó del brazo para detenerlo.

       —Espera.

       —¡Suéltame, Hyunkel!

       El Caballero Inmortal le sostuvo la mirada sin siquiera inmutarse. Con un gesto de su cabeza, le indicó la presencia de Ochanomizu y sus colegas en el laboratorio.

       —Tú puedes volar, pero ¿qué hay de ellos?

       Antes de que el Celestial pudiera decir algo, Astroboy se le acercó.

       —Debemos hacer algo, todas estas personas morirán si no los ayudamos.

       Cadmio apretó los puños con fuerza. Estaba decidido a ir tras David y sus guerreros para ajustarles las cuentas, pero su deber como Celestial le impedía dejar de ayudar a los inocentes.

       —¡Diablos! —exclamó furioso y con ello se relajó—. Hyunkel, trae a Poppu y a Moose.

       El Caballero Inmortal asintió con la cabeza. En cuanto el Caballero Inmortal se alejó, Astroboy se volvió hacia Cadmio.

       —¿Y yo qué hago?

       Cadmio clavó la mirada en el pequeño robot.

       —Reúne a los científicos en el centro del laboratorio.

       Astroboy enarcó una ceja.

       —El laboratorio volará en mil pedazos en treinta segundos. No tenemos tiempo para… .

       —¡Haz lo que te digo! —le gritó Cadmio—. Por favor, confía en mí.

       Astroboy observó al Celestial fijamente. No estaba seguro de sus intenciones, pero hasta ahora aquellos extraños sujetos habían hecho todo lo posible por ayudarlos. Tenía que confiar.

       00.25, 00.24, 00.23…

       —Está bien, sólo espero que sepas lo que haces.

       Usando los propulsores de sus pies, Astroboy se elevó por los aires. Mientras se dirigía hacia Ochanomizu y los demás científicos terrícolas, Cadmio desvió la mirada hacia la puerta por donde David y los otros habían huido llevándose la gema estelar. Ahora N´astarith poseía cinco de las doce gemas.

       —Ya nos veremos, malditos —murmuró mientras la alarma continuaba sonando—. Ya nos veremos.

       00.20, 00.19, 00.18… .

       Continuará… .

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