Leyenda 110

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO CX

LLUVIA DE FUEGO

         Tokio-3, Japón

         Ya había luz diurna. En el aire sonaba el canto de los pájaros dando la bienvenida a otro amanecer. Algunos guardias de Nerv custodiaban la entrada a las instalaciones, en pie, contemplando cómo el sol iba dando color, lentamente al paisaje. De las dos principales carreteras en las montañas de uno a otro lado, les llegaba el pesado rumor de las columnas de tanques y vehículos blindados dirigiéndose hacia el oeste. Un guardia consultó su reloj. A lo lejos, el estruendo más y más fuerte de las naves alienígenas, acercándose.

         En las calles de la ciudad, varios tanques y unidades de artillería se habían apostado estratégicamente alrededor de las instalaciones de NERV. En la estela de polvo removido y humo que dejaba aquella impresionante fuerza blindada, marchaban los soldados japoneses. Las tropas llevaban uniformes oscuros bajo un chaleco antibalas de kevlar que ofrecía una excelente protección contra disparos de armas individuales y esquirlas de granada. Otro elemento de protección era el casco fabricado con láminas de un kevlar más ligero y resistente.

         En los cielos, los enormes bombarderos y aviones de ataque que se dirigían hacia la ciudad tenían la misión de dar apoyo a las tropas en tierra. Todo parecía estar listo para la operación. Sin embargo, la inesperada presencia de la ardiente bola de fuego que avanzaba por los aires, aún inquietaba a los soldados nipones. Los militares que cercaban NERV aún seguían tratando de contactar al Alto Mando, pero todas las comunicaciones seguían experimentando interferencia.

         Central Dogma.

         Fuyutsuki observaba las luces del panel, analizando los datos que aparecerían en el monitor central. Afortunadamente para ellos, los esfuerzos de SEELE por apoderarse del sistema MAGI habían fracasado gracias a la hábil pericia de la doctora Ritsuko Akagi. Había costado bastante trabajo y se habían perdido enormes cantidades de información, pero la integridad del sistema estaba a salvo y difícilmente SEELE podría volver a infiltrarse.

         —La restauración del circuito de Goura es de apenas un cero punto dos por ciento —anunció una voz femenina por los altavoces del Centro de Mando—. Los sistemas están operando con el mínimo requerido.

         Misato Katsuragi estaba tan absorta mirando las pantallas que no prestó atención a la pantalla de radar que mostraba tres enormes objetos que se dirigían hacia Tokio-3 a unas siete veces la velocidad del sonido. Uno de los técnicos observó la pantalla de radar, pero imaginó que quizá se trataba de una descompostura más a consecuencia de la intrusión del MAGI y decidió verificar todo el sistema antes de alertar a sus superiores.

         —¿Cuánto tiempo va a llevar esto? —inquirió Misato.

         —Parece que lo conseguiremos —contestó Makoto—. Esa es realmente la doctora Akagi. Vamos por la segunda mitad de la pagina ciento veinte. Parece que nos llevará unos dos minutos y medio desplegar la barrera temporal de protección.

         Misato meditó un momento. A la luz de lo que estaba pasando era seguro que Seele no se detendría tan fácilmente. Tal vez habían podido evitar que se apoderaran del MAGI, pero las cosas no terminaban ahí. Era cuestión de ver cuál sería el siguiente movimiento.

         —¿La intrusión es sólo en MAGI? No son tan tontos como parecían, probablemente… .

         En la parte superior del Centro de Mando, los altos jerarcas de NERV compartían las mismas preocupaciones que Misato. La única vía de acción lógica para SEELE luego de aquel fracaso era recurrir a la fuerza para tomar el control de Central Dogma. De algún modo, por su experiencia con el presidente Keel, Gendou sabía que sólo era cuestión de tiempo para que diera inicio el asalto final.

         —MAGI es sólo el primer paso —señaló Fuyutsuki—. El verdadero objetivo es la toma directa de las instalaciones del Cuartel General y de los dos Evas que quedan.

         Gendou asintió.

         —Si, Lilith e incluso Adán están aquí.

         —Así que la vieja guardia de SEELE está impaciente.

         —La intrusión de MAGI ha cesado —anunció Maya—. La barrera de protección Danan tipo B ha sido desplegada. Cualquier intrusión desde el exterior será imposible en las próximas sesenta y dos horas.

         —Si tenemos suerte —se dijo Gendou—. Podré comenzar con el Tercer Impacto antes de que SEELE intervenga.

         Siguiendo la línea de la costa del mar, los tres Executors volaban a veinte kilómetros de altura. La ciudad de Tokio-3 se veía claramente en el horizonte. Los robots eran impresionantes, rápidos como un rayo e increíblemente fáciles de maniobrar. Parecían disponer de un avanzado mecanismo que les permitía llevar a cabo cualquier tipo de maniobra con una estabilidad impecable, sin importar el grado de imprudencia que conllevara. Tanto Musashi como Mana y Keita estaban sorprendidos con la capacidad de los Executors.

         —¡Esto es realmente increíble! —Musashi escuchó la voz de Keita por el auricular que llevaba bajo el casco—. A pesar de la velocidad a la que volamos no siento ninguna molestia. Es genial.

         —Será mejor que te relajes, Keita —le indicó Musashi—. Tenemos que concentrarnos en destruir a todos los Evas y tengo entendido que Seele fabricó ocho más de esas aberraciones. Nos espera un trabajo difícil.

         —¿Ocho más? —murmuró Mana—. Son demasiados para nosotros.

         —Déjenmelos todos a mí —exclamó Keita—. Ya verán que yo solo puedo acabar con esas chatarras en unos minutos.

         —No presumas tanto —repuso Musashi mientras acercaba sus manos a la pantalla del ordenador para revisar los sensores externos—. Humm, acabo de detectar un grupo de aviones de combate que vienen hacia nosotros.

         —¿Qué hacemos ahora? —inquirió Mana. La pantalla visora se dividió en cuatro partes y en una de ellas apareció una imagen donde se veían treinta y cinco aviones caza—. Quizá quieran atacarnos. Debemos evadirlos cuando antes o de lo contrario… .

         Musashi llamó al general Kymura.

         —General, Executor-01 al habla. Nos topamos con un grupo de aviones de combate de la JSSDF. Solicitamos instrucciones.

         —Derríbenlos inmediatamente —le respondió Kymura—. Las fuerzas del JSSDF están bajo ordenes de Seele. Son enemigos que se interponen en nuestro camino y deben ser neutralizados. Por cierto, chicos, las fuerzas de gran Gengis Khan están llegando por el aire, así que no se preocupen por lo que vean.

         —Enterado.

         —No estarán hablando en serio —dijo Mana, claramente horrorizada—. No tenemos que derribar a esos pilotos. Nuestros robots son lo suficientemente rápidos para perderlos.

         —Nada de eso, Mana —difirió Keita al tiempo que aumentaba la velocidad de su Executor—. El general Kymura nos dijo que acabáramos con quien se interpusiera en nuestro camino y eso es lo que voy a hacer.

         —¡No, Keita, no debes hacer eso!

         Sin prestar ninguna atención a los llamados de su compañera, Keita se lanzó directamente contra los aviones de combate que tenía enfrente. Los pilotos japoneses se quedaron atónitos cuando descubrieron al enorme robot Executor que se abalanzaba sobre ellos. Sin perder tiempo descargaron una mortífera lluvia de proyectiles que impactaron en el cuerpo del Executor-02; sin embargo sus detonaciones no sirvieron de nada.

         —Ahora es mi turno —musitó Keita.

         El Executor-03 levantó su brazo derecho y extendió su puño hacia delante. Una andanada de disparos láser salió desde la mano del robot y golpeó a varios aviones, que estallaron en llamas. La escuadra se dispersó rápidamente e intentó contraatacar, pero todos sus esfuerzos resultaron inútiles.

         En tanto, la nave insignia de la flota abaddonita se posicionó sobre Tokio-3 junto con otras tres naves licantropas y dos nosferatus de menor tamaño. Los terrícolas aún estaban intentando averiguar lo qué estaba ocurriendo cuando un diluvio de impulsos de energía súper concentrados comenzó a caer sobre ellos. Las naves alienígenas descargaron todos sus cañones contra Tokio-3 y las tropas de JSSDF, dejando una estela de destrucción y muerte. Los tanques y vehículos blindados explotaban y saltaban por los aires. Los soldados japoneses corrían a toda velocidad al tiempo que los turboláser acababan con todo.

         En el puente de mando del Devastador Estelar, N´astarith y sus guerreros observaban la pantalla visora y veían como el bombardeo láser sembraba el caos y el terror entre los desperados terrícolas que trataban de escapar. Tiamat examinaba las imágenes con la altiva expresión de un conquistador.

         —Estos seres son sólo un montón de basuras —murmuró.

         N´astarith asintió.

         —Realmente será muy sencillo deshacernos de esos estorbos. Para estos momentos las fuerzas de Fobos ya deben estar cerca del sitio donde los terrícolas mantienen prisionera a Lilim.

         —¿Desea que vayamos a apoyarlo, mi señor? —preguntó Odrare.

         —No será necesario por el momento —repuso N´astarith tranquilamente—. Pero si lo desean pueden ayudar a nuestras fuerzas a exterminar a los terrícolas. Estoy seguro que nuestros amigos de la Alianza Estelar aparecerán muy pronto y quiero tener todo listo para recibirlos.

         Una sonrisa malévola iluminó el rostro de Tiamat.

         —Puede estar seguro de eso, mi señor, le aseguró que mataré a esos malditos santos y a los Caballeros Celestiales. Voy a hacer que lloren sangre por haberse interpuesto en nuestro camino.

         Desde todas direcciones, un entrecortado pandemónium de explosiones iluminaron los cielos de Tokio-3 cuando los cazas de la JSSDF se lanzaron como flechas contra las naves alienígenas. No obstante, cuando los aviones comenzaron a estallar contra el campo de fuerza protector del Devastador Estelar, la misión de ataque fue interrumpida. De repente, las puertas de la brillante torre negra de la nave se abrieron y un enjambre de naves atacantes salió para perseguir a los terrícolas. De las naves nosferatus y licantropas también emergieron cientos de cazas de combate para apoyar a las fuerzas de N´astarith.

         Mientras tanto, en la entrada del Geofrente de NERV, las fuerzas de Kymura ya habían eliminado a los guardias y violado la seguridad de las puertas. Antes de que alguien en NERV pudiera comprender lo que ocurría, el grueso de las tropas de Kymura penetraron en las instalaciones, iniciándose un tiroteo que resonaba en los corredores que conducían hacia los niveles inferiores. Los guardias de NERV poco o nada podían hacer frente a sus adversarios, que iban mejor equipados y contaban con un armamento más moderno. Muchos sólo pudieron ver antes de morir las espaldas de sus compañeros mientras los haces láser impactaban en sus cuerpos.

         Las luces se apagaron lentamente y volvieron a encenderse cuando la energía de una nueva explosión recorrió los circuitos eléctricos y dio una sacudida al Centro de Mando del Goefrente, como un fuerte terremoto de unos instantes de duración. El ruido casi inaudible de más explosiones a lo lejos recorría las instalaciones que sembraba el temor entre el personal.

         —¡La séptima puerta en el túnel Taigaoka ha quedado inutilizada!

         —¡Hay un incendio en la entrada de carga de mercancías número cinco!

         —¿Qué demonios está sucediendo allá afuera? —exclamó Misato sin dirigirse a nadie en particular—. Quiero un informe de la situación. Averigüen qué es lo que está ocurriendo en la superficie.

         —El enemigo ha penetrado el primer nivel —anunció Makoto—. No parecen ser soldados del JSSDF como imaginábamos. De hecho tenemos informes de que las tropas japonesas también están siendo atacadas por los objetos que llegaron del espacio. No está claro si se trata de un ataque de los shitos o algún país ha iniciado una guerra.

         —Olvídense de los shitos, son malditos platillos voladores y están invadiendo la Tierra —murmuró Shigeru.

         Misato dudó un instante, sin saber si reírse o reprender a Shigeru. Echó un vistazo a los monitores de seguridad que mostraba imágenes de la batalla que se estaba librando en el segundo nivel. Cuando observó el aspecto de los invasores supo que algo extraño estaba pasando. Si no las fuerzas del JSSDF no eran el agresor, entonces debía ser algo mucho peor.

         —¡Rápido! ¡¡Pongan a Shinji en el Eva-01!!

         —Sí —repuso Makoto.

         —¿Que hay de Asuka? —inquirió Misato.

         —En el cuarto número 303.

         —Póngala en el Eva-02, de todos modos no le dolerá.

         —Pero aún no ha recuperado la sincronización con el Eva —le recordó Maya.

         —Seguramente la matarán si se queda en donde está —repuso Misato apresuradamente—. Como refugio, el Eva es el sitio más seguro.

         —Enterada —respondió Maya sin darse cuenta de que gritaba—. Detengan la medicación de la piloto. Prepárenla para el lanzamiento.

         Misato tuvo que vociferar para hacerse oír por encima de las alarmas y los gritos de sus camaradas que hablaban frenéticamente entre sí. Colocada detrás de Makoto, vio cómo una de las pantallas ofrecía una imagen del gran Devastador Estelar que bombardeaba Tokio-3. Cuando se interrumpió la recepción global de radar y la configuración cartografía, Misato supo que la recepción satelital había sido interrumpida.

         —Después de colocar a Asuka en el 02, escóndala en el lago subterráneo. Es mejor que la caja en la que puede encontrarse pronto. ¿Que hay de Rei?

         Shigeru consultó su ordenador antes de responder.

         —Paradero desconocido. Su localización no ha podido ser determinada.

         —¡La matarán! —exclamó Misato aterrada—. ¡Encuéntrenla! ¡Deprisa!

         Una de las lanzaderas de mísiles de NERV envió una tanda de proyectiles contra el Devastador Estelar. Casi a la vez, explotaron al unísono cuando chocaron contra el escudo de defensa. Antes de que lanzara una segunda tanda de mísiles, un disparo láser de Sephiroth impactó contra la lanzadera, convirtiéndola en una bola de fuego.

         Al ver la flota de naves alienígenas sobre la ciudad, Mana reaccionó con desconcierto y temor. Si bien el general Kymura les había dicho que Gengis Khan atacaría Tokio-3 por aire, lo cierto es que aquellas enormes naves habían superado todas sus expectativas. Era algo increíble.

         —En el nombre de Dios—murmuró Mana—. ¿Qué es eso?

         —Es enorme —musitó Keita con la voz entrecortada—. ¿De dónde salieron?

         —Tranquilícense —les dijo Musashi a los dos—. El general nos advirtió que las fuerzas de Gengis Khan se encargarían del JSSDF. Nuestra misión consiste en derrotar a los Evas y eso es lo que haremos.

         Mana introdujo una serie de ordenes en su ordenador de batalla. En poco segundos, la pantalla mostró una imagen amplificada de la gigantesca nave abbadonita de batalla. La monumental arquitectura de la torre negra le recordó algún tipo de colmena o nido.

         —No se parece a nada que haya visto en ninguna otra parte.

         —Quizá les parezca loco, pero parecen naves espaciales —meditó Keita sin apartar su mirada del Devastador Estelar—. ¿Qué acaso Gengis Khan es un extraterrestre o algo así?

         —Debemos confiar en el general suceda lo que suceda —afirmó Musashi con vehemencia—. Él desea salvar a la Tierra de los planes de SEELE y NERV. Estoy seguro de que él nos explicarán todo en su momento, pero ahora tenemos mucho trabajo que hacer.

         Sephiroth se lanzó en picada contra las lanzaderas restantes y disparó una ráfaga de rayos láser. Una de las lanzaderas explotó mientras la última era destruida en el otro extremo por los ataques de los cazas abbadonitas. Sephiroth inició un rápido ascenso y se dirigió hacia el Geofrente.

         En NERV, los soldados de Kymura eliminaban implacablemente a todos aquellos que contenían su avance. Masamaru disparó su fúsil láser con movimientos veloces y precisos y abatió a un enemigo tras otro, lazando ráfagas que siempre localizaban a sus objetivos. Los invasores continuaban avanzando sin que las balas les ocasionaran el menor daño, a pesar de que recibían impactos directos. El general Kymura iba con Masamaru liderando el ataque y mantenía una comunicación constante con los soldados que permanecían en las afueras; cuando le informaron que las fuerzas del JSSDF estaban huyendo en desbandada, Kymura no pudo disimular una enorme sonrisa de satisfacción.

         Masamaru, por su parte, sabía que era sólo cuestión de tiempo para que las instalaciones de Nerv estuvieran bajo su control. A lo largo de la batalla apenas habían tenido algunas bajas y nadie parecía capaz de detenerlos. Decenas de oficiales de NERV arrojaron sus armas y prefirieron rendirse sin siquiera disparar un tiro. Masamaru dio instrucciones para que algunos de sus hombres escoltaran a los prisioneros a la superficie.

         —Nerv está acabado —murmuró con una sonrisa.

         —Efectivamente, Masamaru —dijo Kymura mientras se colocaba un escáner visual en la oreja—. Los hombres de Gendou ahora se rinden sin pelear. El miedo y el terror se esparcen en todos los rincones de este lugar. Ahora sólo nos falta localizar dónde tienen a Lilim.

         —¿Eso es otro regalo de Gengis Khan? —inquirió Masamaru con desconcierto..

         Kymura echó a caminar por el largo pasillo mientras presionaba varios botones en el diminuto brazo que sostenía el visor azul oscuro que ahora cubría su ojo izquierdo.

         —Este aparatito nos vas a servir para localizar a Lilim.

         Astronave Churubusco (Hangar)

         Mientras la rampa de abordaje del Águila Real 89 terminaba de descender, Armando y Uriel conversaban con Saulo sobre la mejor manera de confrontar a las fuerzas de N´astarith que encontrarían en el lugar conocido como Tokio-3. Saulo había sugerido llevar una pequeña flota de Águilas Reales y algunos cazas, pero Uriel no estaba de acuerdo con la idea.

         —Mientras no podamos neutralizar sus escudos sería arriesgado llevar más de una nave —estaba diciendo Uriel—. Aunque nos moleste admitirlo, las naves de N´astarith no pueden ser destruidas con las armas que tenemos.

         —Tal vez tengas razón en eso —murmuró Saulo—. Pero N´astarith siempre acostumbra servirse de otros antes que usar a sus propias fuerzas. Recuerdo que cuando me enfrenté con José Zeiva, también había naves endorianas atacando al Megaroad-01.

         Armando enarcó una ceja.

         —¿Te refieres a la nave terrícola que volvió con ustedes de esa dimensión? Pero lo que dices es verdad. Ese miserable de N´astarith es muy dado a utilizar a sus aliados como carne de cañón durante las batallas.

         La rampa se extendió y Asiont, Yamcha, Shaina y Aioria salieron de la nave.

         —Díganme que tienen buenas noticias —les dijo Uriel apenas los vio.

         Asiont no pudo evitar desviar la mirada cuando vio el rostro de Armando. Había estado meditando sobre lo difícil que sería darles la mala noticia a los hermanos de David, pero jamás imaginó que vería a uno de ellos apenas pusiera un pie fuera de la nave. Se acarició la barbilla y tragó saliva mientras pensaba en cómo decirle sobre la muerte de David.

         —Encontramos la gema sagrada —anunció Aioria en tono serio y amable.

         —Eso es perfecto —exclamó Saulo con alegría—. Ahora tenemos tres gemas de los Titanes en nuestro poder. De esta forma le será más difícil a ese maldito de N´astarith llevar a cabo sus planes.

         —No —Aioria bajó la mirada—. David…

         —Él falleció —dijo Armando terminando la frase por Aioria—. Si, lo sabemos.

         Yamcha frunció el entrecejo con desconcierto.

         —¿Cómo es que supiste de eso si aún no te habíamos dicho nada?

         —Nosotros manteníamos un lazo psíquico con David —explicó Armando ante la mirada incrédula del Guerrero Zeta—. De hecho todos los integrantes de la familia real de Megazoar lo comparten. Por esa razón cuando David murió, nosotros nos dimos cuenta casi al instante.

         —Se sacrificó para salvarnos —dijo Asiont sin pensarlo mucho.

         —Seguro, todo un héroe —masculló Armando sin mucho ánimo—. Apuesto que eso es lo que me dirán, que murió valientemente para que ustedes pudieran seguir con vida, ¿no es así? Lo lamento mucho, pero no todos vemos el heroísmo de la misma forma.

         —No estoy de acuerdo con eso, príncipe —se escuchó decir a Areth, que acababa de descender de la nave en compañía de Hyoga, Eclipse, Ranma, Rina y los demás Slayers—. Sé que nada de lo que le digamos hará que su hermano vuelva, pero lo que él hizo fue algo muy noble.

         Armando miró fijamente a Areth. El rostro del príncipe meganiano mostraba una expresión de total indiferencia antes las palabras de la Celestial. Areth sabía perfectamente lo que era perder a un ser querido y trataba de hacérselo sentir a Armando, pero éste estaba tan harto de todo que lo menos quería escuchar era sermones… ¡y menos de una adolescente!

         —¿Noble dices? ¡Mi hermano está muerto y eso es lo único que sé!

         —Oye, no le grites —Asiont tomó a su amiga por los hombros para apartarla, pero la chica se negó—. Areth, ¿qué haces?

         —Lo sé y lo lamento, príncipe —repuso ella con vehemencia—. No eres el único que ha perdido a un ser querido en esta maldita guerra. Muchos hemos tenido que ver morir a las personas que queremos, pero no por eso nos amargamos.

         La furia de Armando se tornó en dolor.

         —Ustedes jamás llegarían a entender la carga que mis hermanos y yo debemos llevar sobre nuestros hombros. Lo cierto es que nadie de nosotros pidió morir como un héroe, pero parece que nadie puede escapar a su destino, ¿no?

         —¿De qué estás hablando? —le preguntó Hyoga.

         —De nada que deban saber —respondió Armando ásperamente—. No hay tiempo que perder, debemos ir hacia el universo donde se encuentra la última de las gemas sagradas. Zacek usó sus habilidades y descubrió que una gran fuerza de ataque se dirige hacia ese universo.

         —Que lugar tan impresionante —murmuró Rina mientras caminaba por la rampa mirando todo a su alrededor. Lejos de interesarse por la conversación entre sus nuevos camaradas, la hechicera estaba abrumada con lo que veía—. ¿En dónde estamos exactamente?

         —Esta es la astronave Churubusco —les explicó Eclipse—. Aunque las fuerzas de la Alianza Estelar se encuentran dispersas por toda la galaxia, aquí es donde los principales líderes se reúnen para conversar.

         —¡Es como un santuario de la justicia! —exclamó Ameria con un brillo en su mirada—. ¿Y quién son ellos?

         —Ah, me gustaría presentarles al príncipe Saulo —dijo Eclipse, haciendo los honores—. Él es uno de los líderes de la Alianza y también está el príncipe Armando Ferrer del planeta Megazoar.

         Saulo dirigió una mirada escrutadora hacia Rina y los demás Slayers. No tenía que preguntar nada para saber que aquellos jóvenes venían desde la dimensión donde sus amigos habían encontrado la gema sagrada. Ameria fue la primera en acercarse a saludar; tomó la mano de Saulo y la estrechó con excesivo entusiasmo.

         —Es un honor conocerlo, príncipe Saulo, mi nombre es Ameria Uiru Tesura Seiruun y vengo del reino de Seyruun. ¡Ah! Y ellos son mis amigos, la hechicera Rina Inbaasu, la sacerdotisa Shirufiru Nerusu Raada, Gaury Gaburiefu, Zerugadisu Gureiwaazu, Zerosu y Firia.

         —¡Que bien! —susurró Gaury mientras Shirufiru estrechaba la mano de Saulo.

         —Les agradezco mucho la ayuda —les dijo Saulo con formalidad—. Me imagino que Asiont y los otros ya les explicaron nuestra situación y sobre la amenaza que representa N´astarith.

         —Si, ya nos dijeron todo sobre el tipo ése —dijo Rina luego de echar una última ojeada a su alrededor—. Y estamos aquí para poner fin a todas sus fechorías. No es por presumir, príncipe Saulo, pero mis amigos y yo tenemos una gran experiencia tratando malhechores.

         Saulo alzó ambas cejas para denotar su sorpresa.

         —¿En serio? Supongo que entonces nos serán de gran ayuda.

         —Las hazañas de Rina son realmente memorables —murmuró Zerosu sin molestarse en disfrazar su ironía—. A ella le encanta luchar contra el mal… sin recibir nada a cambio.

         Rina le lanzó a Zerosu una mirada llena de desprecio que trató de esconder tras una enorme sonrisa.

         —No le haga mucho caso a Zerosu, príncipe —murmuró la hechicera apretando los dientes—. En ocasiones tiende a exagerar las cosas, ¿o no Firia?

         —Bastante —convino Firia.

         —Me encantaría quedarme a charlar —les dijo Saulo—, pero debemos ya debemos irnos. Tenemos que impedir que N´astarith se apoderé de la doceava gema.

         Aioria dio un paso al frente.

         —En ese caso yo iré con ustedes.

         —No será necesario —repuso Armando rápidamente—. Algunos de sus amigos ya vienen para acá. Nosotros nos encargaremos de todo mientras ustedes descansan y llevan a Rina y a sus amigos con los demás.

         Asiont se esforzó por controlar sus emociones.

         —Yo aún puedo pelear, Saulo, créeme.

         —Estoy seguro de eso, Asiont, pero no debemos precipitarnos.

         —Pero acaban de mencionar que necesitarán toda la ayuda posible para enfrentar a las fuerzas de Abbadón —insistió Asiont—. Deja que al menos algunos de nosotros vayan con ustedes.

         Saulo guardó silencio. Gracias a las visiones de Zacek sabía que N´astarith probablemente habría enviado algo más que un simple grupo de ataque. Miró primero a Asiont y luego a Areth.

         —De acuerdo, que los que estén más cansados se queden y el resto decida si quiere quedarse o venir con nosotros. Deben saber que quizá se trate de una trampa y que N´astarith quiera llevarnos a ella.

         —Tal vez sea así —intervino Hyoga—. Pero le demostraremos a N´astarith que no es tan sencillo derrotarnos.

         En tanto, Uller se las arregló para abrirse paso hasta donde se encontraban Zacek y Lis-ek para hablar con ellos. Después de todo lo que había sucedido tenía que alertar a sus amigos de la aparición de Bórax y sus gnomulones inorgánicos.

         —Zacek, que bueno que estás aquí —dijo el hombre de hielo—. Debes saber algo muy grave. Asura se a unido a N´astarith para combatirnos. No sé cómo fue que se conocieron, pero ahora están trabajando juntos.

         —¿Qué dices? —Zacek se le quedó mirando—. No puede ser verdad. ¿Estás seguro?

         —Tienes que creerlo. En la dimensión donde estuvimos nos enfrentamos con Bórax y sus gnomulones inorgánicos. Ellos nos dijeron que Asura se ha aliado con N´astarith para destruirnos. La situación se ha complicado más de lo que esperábamos. 

         El emperador zuyua comprendió que estaban en serios problemas. Las palabras eran estacas tan frías como quien las pronunciaba. Sí la Alianza del Mal se combinaba con los ejércitos de N´astarith formarían una fuerza armada difícil de vencer. La derrota de la Alianza Estelar sería definitiva a pesar del respaldo de la GAU. Zecek tragó saliva. La guerra estaba a punto de entrar en una nueva fase donde alcanzar la victoria se veía cada vez más lejana.

         —Tenemos que avisar de esto al Consejo de Líderes —fue lo único que pudo decir.

         NERV (Centro de Mando)

         —Confirmada explosión en la tercera subestación. Muchas bajas. Los daños no han sido confirmados.

         Misato contemplaba a través de una pantalla cómo los soldados del grupo Apocalipsis continuaban su avance por los corredores del nivel ocho y ahora se dirigían hacia el nueve. Moviéndose rápidamente, los invasores siguieron las instrucciones del general Kymura y desactivaron todas las cámaras de seguridad en los niveles que iban capturando. Uno de los técnicos cayó en estado de pánico y Misato le gritó que se callara.

         —El Eva-02 ha sido lanzado a través de la ruta número ocho —anunció Makoto mientras una nueva explosión hacia que las luces se apagaran y luego volvieran a encenderse—. El Eva-02 ahora reposa en el agua a una profundidad de setenta metros.

         —El Eva-01 debe ser el próximo —ordenó Misato—. Hay que resguardarlo dentro del Geofrente.

         —¡No se puede! —exclamó Shigeru—. ¡El piloto aún no ha subido!

         Muchos de los receptores habían sido dañados, por lo que algunas pantallas mostraban una imagen incompleta que parpadeaba como un fantasma. Un escalofrío le recorrió el cuerpo a Misato, desde las piernas hasta la cabeza, cuando vio que Shinji estaba sentado con la cabeza hundida entre los brazos.

         —¡¿Qué es esto?!

         —Cerrando el muro de partición del décimo nivel en Central Dogma. Póngase a cubierto en el refugio ochenta y siete si es un no combatiente.

         —¡El tercer muro de partición ha sido destruido! —anunció Makoto mientras contemplaba la pantalla visora frente a él. En el monitor se podía ver como una compuerta de acero se iluminaba de rojo y finalmente explotaba—. ¡El décimo nivel ha sido invadido!

         En la Sala de Mando, Fuyutsuki y Gendou eran testigos del caos que envolvía no sólo a NERV sino también a Tokio-3. Los contraataques lanzados por la fuerza aérea del Japón contra las naves alienígenas no habían logrado resultado alguno. Los soldados oscuros que invadían el Geofrente habían tomado el décimo nivel, neutralizando todo intento de resistencia en cuestión de minutos. No obstante, a la entrada del onceavo nivel se estaba desarrollando una dura batalla.

         —Será cuestión de tiempo para que consigan la ocupación total —observó Fuyutsuki con el ceño fruncido—. ¿Alguna idea de quiénes están detrás de estos ataques? Tenemos informes de que las principales capitales del mundo han sido destruidas.

         —Fuyutsuki, lo siento mucho —Gendou se levantó de la mesa y se dirigió a la salida. Apenas había caminado unos pasos cuando agregó—: Tengo que dejarlos.

         —Lo entiendo —asintió Fuyutsuki—. Por favor, dale recuerdos a Yui de mi parte.

         Siguiendo las ordenes del general Kymura, Musashi condujo a Sephiroth y a los otros dos Executors hasta el sitio donde estaba la entrada al Geofrente. Como las instalaciones de NERV se encontraban protegidas bajo tierra, primero era necesario dejarlas al descubierto antes de ir a buscar a los Evangelions. Durante varios minutos los Executors y las naves extraterrestres estuvieron abriendo fuego. Al final, todo el complejo quedó al descubierto y los Executors invadieron el lugar.

         —Esto es más fácil de lo que pensaba —murmuró Keita desde el Executor-03.

         —Lo que me gustaría es saber quién controla esas enormes naves —meditó Mana observando cómo los cazas oscuros lanzaban ráfagas de láser contra un lago cercano—. Mis instrumentos muestran la existencia de un enorme objeto en la parte más honda de esa laguna. No puedo decir con exactitud de qué se trata, pero los detectores de calor indican que se trata de algo gigantesco.

         —Sea lo que sea ya es historia —El Executor-03 levantó su brazo derecho y extendió el puño hacia el lago. Una compuerta se abrió en el antebrazo y de su interior salieron decenas de mísiles que surcaron el aire y se hundieron en el agua donde finalmente explotaron.

         Bajo las aguas del lago, a unos setenta metros de profundidad, en medio de las violentas explosiones que levantaban una nube de légamo y barro que se extendía por toda el agua, reposaba un imponente coloso rojo conocido como Eva-02. Los Evas eran la combinación de una estructura orgánica y una armadura que los recubría hecha de algún material plástico parecido al kevlar. Habían sido diseñados a partir de una criatura llamada Adán con el único propósito de enfrentar a los ángeles y así evitar un evento apocalíptico conocido como el Tercer Impacto.

         La piloto que se encontraba dentro del Eva-02 era Asuka Langley Sohryu. Desde joven siempre se destacó por sus estudios al grado de graduarse de la universidad apenas siendo una niña. Por tal razón había sido seleccionada para convertirse en piloto de Evangelion, lo cual siempre la llenó de orgullo y satisfacción. Desgraciadamente, su desempeño no fue el esperado y lo peor ocurrió cuando su mente quedó dañada tras enfrentarse con uno de los ángeles. A partir de esa ocasión Asuka jamás volvió a ser la misma y dejó de pilotar el Eva-02 al poco tiempo.

         —No quiero morir, no quiero morir, no quiero morir, no quiero morir…

         Una serie de nuevas explosiones sacudieron el Eva-02 y Asuka se sujetó la cabeza mientras chillaba de miedo. Aunque no tenía idea de lo que estaba ocurriendo, el ruido de los mísiles estallando a su alrededor le hicieron suponer que se estaba desarrollando alguna clase de batalla.

         —No quiero morir, no quiero morir, no quiero morir, no quiero morir…

         Antes de la batalla con el shito que había perturbado su mente, Asuka jamás se hubiese permitido aterrorizarse de esa manera. Toda su confianza y determinación se había esfumado y en su lugar sólo quedaba una niñita débil y asustada que deseaba estar con su madre. Su miedo pronto se convirtió en una suma de angustia y terror. Deseaba gritar con todas sus fuerzas. Escapar a algún lugar lejano donde no estuviera en peligro.

         —No quiero morir, no quiero morir, no quiero morir, no quiero morir…

         —No mueras entonces —escuchó decir entre el ruido de las explosiones.

         —¿Mamá? —Asuka abrió los ojos y alzó el brazo como queriendo alcanzar a alguien invisible—. ¡¡No quiero morir!!

         Entonces, de repente, el Eva-02 se elevó desde las oscuras profundidades del lago hasta la superficie. Cuando vieron al gigantesco leviatán salir de entre las aguas, Musashi y Keita se quedaron paralizados en sus cabinas. El gigantesco Evangelion de color rojo se giró hacia su derecha y levantó un enorme barco anclado a orillas del lago usando sus poderosos brazos. Las naves abbadonitas no perdieron ni un instante y lanzaron una lluvia de haces láser contra el Eva-02, pero Asuka utilizó el barco como escudo para protegerse y después procedió a arrojárselos encima.

         Los pilotos de Abbadón gozaban de las ventajas de un escudo protector, pero ni eso lograría salvarlos de chocar contra un cuerpo veinte veces mayorque sus naves. El barco golpeó al menos a siete cazas, que rebotaron en su casco y se precipitaron hacia los suelos, estallando una tras otra mientras el enorme navío se estrellaba a orillas del lago en medio de una violenta explosión de fuego y restos metálicos. El Eva-02 se volvió hacia los Executors y comenzó a avanzar hacia ellos.

         Con la frente llena de sudor, Musashi apretó las palancas de mando de Sephiroth. El general Kymura les había dicho que los Executors eran superiores a los Eva, pero ahora tenía serias dudas. ¿Realmente podría vencer a ese enorme monstruo rojo? Sintió que su confianza comenzaba a flaquear, pero era demasiado tarde para dar marcha atrás. Tiró de los mando y fue al encuentro del Eva-02 decidido a derrotarlo.

         Continuará… .

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