Leyenda 095

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO XCV

VELOCIDAD VS. FUERZA

         Planeta Adur.

         Luego de atestiguar la derrota del líder del Batallón de los Dragones, Poppu esbozó una sonrisa de satisfacción. No había podido vencer a Baran usando el Megante, pero su oportuna intervención en el último momento le había ayudado a Dai a ganar la batalla. Ahora sentía que podía morir en paz.

         —Bien… hecho, Dai —murmuró con dificultad y luego cayó sobre una rodilla en el suelo—. Al fin logramos vencer a ese miserable. Cuando llegué… al otro mundo le diré al maestro Aban que… que al fin pude hacer… hacer algo… bien.

         Leona, que había visto todo lo sucedido, corrió hacia donde estaba el mago al tiempo en que éste se desplomaba sin sentido. Mientras las lágrimas escapaban por sus ojos, la princesa de Papunika se sentó de cuclillas en el piso, tomó la cabeza de Poppu entre sus manos y lo llamó varias veces. En ese instante, Leona supo que su amigo estaba muriendo y que, quizá, no había nada que hacer. No obstante, le puso una mano sobre el pecho e invocó un hechizo de resucitación.

         —Zaoraru.

         —¡Poppu, responde! —exclamó Umi.

         —¡Oh, Dios! —dijo Hikaru.

         Atraído por los gritos de las Guerrera Mágicas, Dai bajó la mirada al suelo y descendió. Cuando vio que la princesa estaba juntó a Poppu corrió lo más rápido que pudo hacia donde estaban sus amigos. En el calor de la batalla, no había tenido tiempo para averiguar quién había lanzando la ráfaga que le había dado la victoria, pero ahora estaba seguro de que el autor de aquel ataque había sido su amigo Poppu.

         —¿Cómo está? —le preguntó a Hotaru.

         —No responde —repuso la chica con los ojos rojos del llanto—. Todos creíamos que había muerto luego de aquella explosión, pero de repente se levantó y atacó a Baran. ¿Crees que Leona pueda ayudarlo?

         Dai no supo que contestar. Interiormente deseaba decir que sí, pero en su mente sabía que era casi imposible. El Megante era un hechizo en el que una persona usaba toda su energía vital para hacerse explotar junto con el enemigo, así que Poppu debía haber agotado toda sus fuerzas en el primer ataque. No obstante, sí acaso se había levantado de nuevo para ejecutar unInonasun, entonces no había ninguna oportunidad de revivirlo.

         —Es inútil —murmuró Leona con resignación—. No puedo hacerlo.

         —¿Qué es lo que dices? —le preguntó Mariana bruscamente—. Tú puedes curar a las personas con tu magia, ¿no? Me dijeron que lo hiciste en varias ocasiones, ¿por qué no puedes curar a Poppu?

         —No todo es lo que parece —Leona bajó la cabeza—. Los hechizos de curación y resucitación sólo funcionan cuando la persona conserva aunque sea la mínima parte de sus fuerzas.

         —La princesa habla con la verdad —asintió Marina—. Poppu utilizó todas sus energías y ya no le queda nada. Incluso los hechizos tienen sus limitaciones, no podemos ayudarlo con nuestra magia.

         Pero Mariana no estaba dispuesta a darse por vencida tan fácilmente. Se giró hacia donde estaba Fuu y la miró como sí ésta fuera su última esperanza. Mariana había visto cómo Fuu había curado a Hikaru con ayuda de la magia y pensó que sí Leona no podía hacerlo, quizá la Guerrera Mágica sí podría lograrlo.

         —Fuu, tú curaste a Hikaru hace unos momentos, ¿puedes hacer algo?

         La Guerrera Mágica titubeó. El Iyashi No Kaze servía para curar heridas, pero en ese caso no se necesitaba un hechizo de curación sino uno que pudiera ayudar a Poppu a regresar al mundo de los vivos.

         —Yo-yo, no lo sé, Mariana, nunca he intentado revivir a una persona.

         Dominado por la tensión de la situación, Dai sujetó a Poppu por la ropa y comenzó a llamarlo insistentemente. No podía resignarse a ver morir a su mejor amigo y no hacer nada para evitarlo. Tenía que intentar algo, pero el problema es que a nadie se le ocurría nada. Mientras Dai continuaba agitando el cuerpo del mago, Sailor Pluto agachó la cabeza y experimentó una sensación de culpa. “Sí hubiera hecho algo más, tal vez Poppu estaría vivo”, pensó.

         Hyunkel bajó la mirada sin saber que decir. Estaba pensando en lo valiente que había sido Poppou cuando escuchó que algo se movía entre los árboles. Se volvió hacia sus espaldas y se quedó paralizado cuando descubrió la figura de Baran, que, aunque ya no estaba convertido en un ser híbrido Humano-Dragón-Monstruo, aún se mostraba amenazante.

         —Baran —murmuró Hyunkel.

         Al escuchar el nombre del líder del batallón de los dragones, todos se volvieron hacia donde estaba Baran dispuestos a continuar con la pelea hasta matarlo. Enardecidos por la aparente muerte de Poppu, tanto Dai como las Guerreras Mágicas y las Outer Senshi estaban decididos a utilizar todos sus ataques hasta conseguir la victoria.

         —¡Miserable! —exclamó Hikaru—. ¡Pagarás por la muerte de Poppu!

         —Será mejor que te prepares —advirtió Sailor Pluto.

         —No deseo pelear más con ustedes —dijo Baran para sorpresa de todos y luego siguió caminando con tranquilidad hacia donde estaba Poppu. “Es increíble”, pensó. “Él estaba muerto, pero su espíritu resultó ser más poderoso que su propio cuerpo y por eso pudo regresar de la muerte para lanzar un último ataque. ¿Cómo pudo ocurrir semejante milagro? Que irónico, de los tres poderes que poseo como Caballero Dragón, rechacé el del corazón humano y es precisamente ese corazón el que me ha vencido”. El líder de los dragones se detuvo ante Poppu y luego, para asombro de todos, se cortó las venas de la muñeca derecha usando su mano izquierda.

         —¿Qué está haciendo? —inquirió Mariana.

         —¡Se cortó las venas! —exclamó Umi con horror.

         Baran dejó caer las gotas de su sangre sobre la boca de Poppu y después se volvió hacia sus enemigos que lo miraban con evidente desconfianza. Dai observó a Baran con el entrecejo fruncido sin entender qué era lo que trataba de hacer al darle de beber sangre a Poppu. ¿Es qué había perdido la razón luego de recibir el Rayden Slash?

         —Escucha, Dino, no tengo nada más que decirte. Haz lo que creas es lo correcto, pero recuerda que sólo puede haber un Caballero Dragón. Un día volveré y lucharé de nuevo contigo. Sí me derrotas, podrás enfrentarte al rey Ban y salvar a los humanos, pero sí yo resulto el ganador, los humanos morirán.

         —¿De qué estás hablando? —preguntó Hikaru, pero Baran no le prestó atención.

         Dai miró al hombre que se suponía era su padre, pero no tuvo tiempo para preguntarle ya que el líder del batallón de los dragones empezó a volar hasta que se perdió en las alturas. Entonces, de repente, Marina hizo notar a los demás que Poppu se estaba moviendo. La sorpresa pronto se convirtió en euforia cuando vieron que el mago abría los ojos y trataba de hablar.

         —Dai… .

         —¡Poppu! —exclamó el pequeño guerrero.

         —¿Ganamos?

         —Por supuesto, amigo, claro que ganamos.

         Leona comenzó a llorar nuevamente, lo mismo que Hikaru, Umi y Hotaru. Incluso el impasible Hyunkel se sintió conmovido de ver que Poppu estaba vivo. Mientras la princesa de Papunika le aplicaba un Bejoma al atolondrado mago, Dai miró hacia los cielos sin saber que pensar sobre la última acción de Baran. ¿Acaso se había tratado de una demostración del cariño que su padre le guardaba?

         Armagedón (Sala del trono)

         —Ay, pero que tierno —se burló Leinad.

         El Khan de Leviatán se volvió hacia Tiamat y ambos comenzaron a reír a carcajadas. Pero si los guerreros de Abbadón encontraban divertido lo sucedido en Adur, no pasaba lo mismo con Ban y los miembros del Ejército del Mal. El autoproclamado rey del mal estaba tan furioso que estuvo a punto de romper el monitor con sus propias manos. No sólo no había eliminado a Dai, sino que uno de sus generales acababa de traicionarlo frente a los ojos de N´astarith y Bórax.

         —¡¡Baran nos ha traicionado!! —rugió Hadora con fuerza—. ¡¡Maldición!!

         —Aún no puedo creer que Baran haya decidido retirarse de la batalla —murmuró Saboera sin salir de su estupor—. Además, ese condenado chiquillo parece que se volvió más fuerte. Cuando lo enfrentamos en la isla Torbellino no tenía tanto poder.

         —No hay porque sorprenderse —dijo N´astarith de repente—. Desde que Dai y sus amigos se unieron a los Caballeros Celestiales, han tenido algunas batallas contra mis guerreros y por eso sus habilidades han aumentado bastante.

         —No pareces muy molesto por lo sucedido —observó Killban con suspicacia.

         El amo de Abbadón sonrió con absoluta tranquilidad.

         —Calma, mi amigo, debemos esperar el momento oportuno. Muy pronto los que nos desafían morirán, que no te quepa la menor duda de eso. Por otra parte, esta derrota nos ha servido para evidenciar la falta de lealtad de Baran y la necesidad de actuar con mayor precaución, ¿o no les parece?

         Ban miró de reojo a N´astarith y frunció la boca en una mueca de decepción. Aunque desconfiaba profundamente de su nuevo aliado, sabía que éste tenía razón en sus afirmaciones. Baran los había traicionado y eventualmente tendría que pagar por ello. Ahora que uno de sus mejores hombres le había fallado, debía actuar con mayor cuidado en el futuro. Sin embargo, en esos momentos, Ban no podía imaginar que aquella derrota era precisamente lo que N´astarith deseaba que sucediera.

         —N´astarith tiene razón, debemos aprender de este fracaso —musitó Ban, atrayendo la atención de Hadora y demás miembros de su ejército—. Baran debe ser eliminado por su traición junto con Dai.

         —Bien dicho, Ban, pero no es necesario precipitarse —siseó N´astarith—. Dejemos que el traidor piense que no le hemos descubierto y después lo aplastaremos cuando menos lo espere. Ahora, dejen que Leinad les muestres los aposentos que han preparado para ustedes. Estoy seguro de que todos pensaremos mucho mejor las cosas luego de descansar un poco.

         El Khan de Leviatán extendió un brazo hacia el ascensor y aguardó. Ban asintió levemente con la cabeza y se encaminó hacia donde le indicaban seguido por Bórax, Myst, Saboera y Kilban. Hadora, antes de retirarse, dirigió una mirada amenazante contra N´astarith, Mantar y Tiamat y luego se aprestó a seguir a su amo. Cuando todos se fueron, el emperador abbadonita volvió la mirada hacia el Khan del Dragón y soltó una risita malévola.

         —La traición de Baran me ayudará a esparcir la semilla de la duda por todo el Ejército del Espíritu del Mal. —Emocionado con aquella idea, se levantó de su trono y tomó la apariencia de Hadora—. Es casi seguro que el poderoso Ban haya planeado hacernos a un lado llegado el momento, pero ahora la balanza se ha inclinado a nuestro favor —hizo una pausa y adoptó la forma de Kilban—. Con esta derrota, el Rey Ban estará demasiado ocupado pensando en la destrucción de Dai y no interferirá mucho en nuestros planes. —Sonrió y nuevamente regresó a su apariencia original al tiempo que añadía—: No cabe duda que la intriga es la mejor parte del valor.

         Astronave Churubusco (Sala de entrenamiento)

         —¡Oigan, ya van a comenzar! —anunció Astroboy.

         —Perfecto, esto será genial —murmuró Ranma con emoción—. Ya quiero ver cómo le dan su merecido a ese fanfarrón. Que mal que Cadmio no esté aquí para ver la pelea entre esos dos.

         —¿Por qué a los hombres les entusiasman tanto las peleas? —se quejó Sailor Mars, cruzada de brazos y mirando a Ranma con una expresión de enfado—. Son tan inmaduros e infantiles.

         —Es cierto —convino Shampoo en la misma actitud.

         Vejita aguardó hasta que la gravedad y la temperatura de la habitación se normalizaran antes de entrar. Una vez en el interior, se volvió hacia la puerta de entrada para contemplar a su adversario. De acuerdo con las reglas acordadas previamente, Seiya se había quitado su ropaje sagrado de bronce para la pelea que sostendría con el saiya-jin.

         —Recuerda, Vejita —le dijo Gokuh desde afuera de la sala—. Este es sólo un combate de entrenamiento, no lo vayas a olvidar por nada del mundo. No queremos que ocurra un accidente.

         —No necesito que me lo recuerdes, Kakaroto —repuso Vejita sin volver la mirada.

         Muy lentamente, Seiya se encaminó hacia el centro de la habitación sin dejar de observar a su contrincante. Desde la batalla en el templo de Kami-sama había tenido la intención de ajustarle las cuentas a Vejita y al fin se le presentaba una oportunidad para hacerlo. Sin embargo, su agudo instinto de guerrero le decía una y otra vez que no debía permitir que el desprecio que sentía por el saiya-jin nublara su juicio. Tenía que actuar con sumo cuidado o de lo contrario perdería el combate.

         —Seiya —La voz de Hyoga llamó su atención a sus espaldas—. No te precipites, ese sujeto no me inspira nada de confianza. Estoy seguro de que si te descuidas aunque sea un poco, no dudara en hacer trampa.

         El santo de bronce asintió con la cabeza y sonrió.

         —Descuida, Hyoga, tendré cuidado con él.

         —¿Qué yo haré trampa? —se mofó el saiya-jin con una sonrisa burlona—. Ja, no necesito trucos para acabar con un insecto tan insignificante. Lástima que no tenga puesta su armadura porque así terminaré más rápido con él.

         —¿Qué dijiste? —inquirió Seiya con ferocidad.

         —Ya me escuchaste, gusano, ¿o es qué acaso no te limpiaste las orejas?

         —De acuerdo, sí así lo quieres, te daré una paliza —Seiya comenzó a mover sus brazos de arriba hacia abajo y de lado a lado, trazando en el aire la posición de las trece estrellas de la constelación del Pegaso. Mientras efectuaba aquellos movimientos, su cuerpo comenzó a irradiar un brillo de color azul. Entonces, Seiya extendió su puño derecho al frente y atacó—: ¡¡Pegasus Ryuu Sei Ken!! (¡¡Meteoro Pegaso!!)

         Una mortal lluvia de rayos azules se precipitó sobre el saiya-jin a una velocidad asombrosa. Vejita ya había visto aquel ataque durante la pelea en el templo de Kami-sama, así que los meteoros no lo tomaron del todo por sorpresa. Usando los puños, Vejita comenzó a bloquear los ataques de Seiya con una habilidad fuera de serie.

         —¿Esto es todo lo que puedes hacer, sabandija?

         No obstante, el gusto le duró poco tiempo a Vejita. Los meteoros de Seiya se iban volviendo más y más veloces a cada segundo, y por lo mismo le estaba costando trabajo defenderse. Su asombro se transformó en frustración cuando uno de los meteoros por fin impactó en su abdomen, haciéndolo escupir algo de sangre.

“¿Qué está pasando?”, pensó. “Sus ataques son más veloces a cada momento”.

         Entonces, de repente, los meteoros comenzaron a golpear el cuerpo de Vejita por todas partes hasta que finalmente los golpes fueron tan fuertes que lo mandaron a volar por los aires. Seiya no pudo esconder su alegría al ver el resultado de su Pegasus Ryuu Sei Ken y sonrió con triunfalismo. Gracias a su habilidad para incrementar poco a poco la fuerza de su cosmos, el santo podía aumentar la velocidad de sus meteoros en una fracción de segundo.

         —¡De pie, Vejita! ¡La pelea acaba de comenzar!

         El saiya-jin se levantó y miró a Seiya con los ojos inyectados de furia.

         —¡Insecto miserable! ¡Voy a hacerte pedazos aquí mismo!

         Vejita decidió tomar la iniciativa. Se abalanzó sobre Seiya y trató de golpearlo en el rostro varias veces, pero el santo reaccionó con prontitud y esquivó los puñetazos hábilmente. La rapidez con la que Vejita se movía era buena, pero no se comparaba con la empleada por los Santos Dorados o los Dioses Guerreros. Seiya intuyó que el saiya-jin estaba empezando a desesperarse y eso podía ser una ventaja a su favor.

         —¡Gusano, eres veloz!

         —¿Qué sucede contigo? —se burló Seiya antes de alejarse de su contrincante con un rápido salto que lo llevó a varios metros de distancia—. Creí que ibas derrotarme en un dos por tres, aunque no debes sorprenderte, Vejita.

         —¿Qué dices?

         —La razón por la que me muevo tan rápido es porque he podido despertar mi séptimo sentido. Gracias a esto, mi cosmos me permite moverme con una velocidad que supera por mucha la del sonido.

         El guerrero saiya-jin dejó escapar una risita y recuperó la compostura.

         —Ya veo, no eres tan estúpido como creía —masculló Vejita y después soltó una risita maliciosa—. Usas tu poder de pelea al máximo en el momento preciso y por eso has podido eludir mis ataques, pero ahora te daré una sorpresa desagradable. Yo también puedo controlar mi poder de pelea y ahora voy demostrártelos.

“¿De qué está hablando?”, pensó Seiya. “Su cosmos está lleno de agresividad”.

         Cerrando sus puños, Vejita liberó de golpe toda su energía interna. En cuestión de segundos, el cabello negro del saiya-jin cambió a rubio y una majestuosa aura dorada envolvió su figura de pies a cabeza. Seiya no logró esconder su asombro al ver semejante transformación. Visto desde cierta perspectiva, Vejita parecía alguna clase de deidad.

         De repente, y sin previo aviso, el saiya-jin desapareció del campo de batalla moviéndose a una velocidad impresionante. Seiya apenas iba a preguntarse a dónde habría ido cuando sintió un fuerte puñetazo en el abdomen que lo hizo doblarse. Para cuando se dio cuenta de lo sucedido, vio que Vejita estaba delante de él sonriéndole.

         —¿Qué te parece esto, insecto? —inquirió el súper-saiya-jin y nuevamente incrustó su puño en el estómago de Seiya, sacándole el aire y haciéndolo escupir—. Es muy pronto para que creas que has ganado luego de darme unos cuantos golpes. Eso fue suerte, pero ahora nada te salvará de que te haga pedazos.

         En cuanto Vejita retiró su puño, Seiya aprovechó la ocasión para contraatacar. Su adversario estaba demasiado cerca para usar el Pegasus Ryuu Sei Ken, así que optó por utilizar una técnica diferente. Corrió a toda velocidad y se colocó tras Vejita antes de que éste pudiera advertirlo. Usando sus brazos, Seiya sujetó al súper-saiya-jin por la espalda.

         —¡Suéltame, maldito!

         —¡Ahora será mi turno! —le murmuró el Santo al oído mientras expandía la fuerza de su cosmos al límite—. ¡¡Pegasus Rolling Crush!! (¡Rayo de Pegaso!)

         —¡¡¿Qué es esto?!!

         Los dos guerreros salieron volando y empezaron a dar giros por los aires. Aunque la habitación de entrenamiento no tenía un techo demasiado alto, esto no impidió que Seiya pudiera ejecutar su ataque con éxito. Dominado por la técnica de su odiado oponente, Vejita no pudo hacer nada salvo mirar cómo la habitación daba vueltas. Finalmente, Seiya estrelló brutalmente al súper saiya-jin de cabeza contra el piso mientras él caía de pie a una corta distancia.

         —Eso debió dolerle —masculló Eclipse, arrugando el rostro como sí lo sucedido le provocara malestar físico—. Menos mal que tiene la cabeza dura porque sino… .

         —¡Papá! —exclamó Trunks.

         —Muy impresionante —masculló Azmoudez, que no perdía detalle.

         —Ese Vejita —Son Gokuh se tomó la frente—. Eso le pasa por confiado.

         A sabiendas de lo peligroso que era confiarse, Seiya se dio la vuelta para evaluar el resultado de su ataque. Para sorpresa de muchos de los que seguían el combate, Vejita consiguió ponerse de pie más furioso que antes y desplegó su aura de nuevo, aunque se veía ligeramente aturdido. Cuando Seiya observó la manera violenta en que Vejita expulsaba la energía de su aura, supo enseguida que la batalla aún no había finalizado.

         —Realmente me has causado más problemas de lo que imaginaba, insecto, pero aún no has visto nada. Yo soy el príncipe de la raza guerrera saiya-jin y me rehusó a perder con un gusano como tú.

         —Sí, puedo notar que eres un sujeto bastante resistente —repuso Seiya sin dejarse amedrentar por las amenazas de Vejita—. Pero a pesar de tus grandes poderes, no me vencerás.

         —¿Qué dices, sabandija?

         —La fuerza de tu cosmos es impresionante, pero yo he logrado despertar mi séptimo sentido y esto me permite moverme a una velocidad superior a la tuya. Hace unos momentos menospreciaste mi Pegasus Ryuu Sei Ken, pero pude golpearte con él a pesar de tus intentos por impedirlo. —Vejita le dirigió una mirada con rabia asesina—. En una batalla la velocidad es tan importante como la fuerza.

         —¡Insecto, voy a hacer que te comas todas tus palabras! —Extendió una mano con la palma orientada hacia delante. Una pequeña esfera de luz cobró forma frente a la mano del príncipe saiya-jin—. ¡¡Toma esto… .

         —¡¡Tú serás el que perderá!! —exclamó Seiya al momento de arrojarse sobre su adversario con el puño en lo alto—. ¡¡Pegasus… Ryuu Sei Ken!! (¡¡Dame tu fuerza, Pegaso!!)

         —¡¡Bing Bang Attack!! (¡¡El Ataque Bing Bang!!).

         Ambos ataques se encontraron en el aire, desencadenando una feroz lucha por la supremacía. Por un lado estaban los meteoros de Seiya y por otro la pequeña esfera de Vejita. Tras un momento en el que ambos oponentes hicieron todo lo posible por imponerse, se produjo una violenta explosión que arrojó a los dos hacia atrás.

         —Se están dando con todo —observó Ryoga.

         —Que fuerza tiene ese gruñón —comentó Sailor Mars.

         En interior de la habitación, Vejita fue el primero en levantarse. Estaba molesto por lo sucedido, aunque también sentía la emoción de participar en una buena pelea. Después de lo sucedido entendió que aquel muchacho con el que luchaba no era tan débil después de todo. Al contrario, la velocidad con la que atacaba el Santo de bronce parecía ser más mortífera que la de cualquier otro guerrero con el que se había enfrentado en el pasado.

         —No puedo creer que ese gusano haya bloqueado mi Bing Bang Attack —musitó Vejita mientras Seiya se incorporaba lentamente—. Tal parece que no eran simples fanfarronadas lo que me dijo hace un momento.

“Debo tener más cuidado”, pensó Seiya por su lado. “Es muy diferente a todos los oponentes a los que me he enfrentado anteriormente. Ten cuidado, Seiya, ese tipo podría acabar contigo”.

         —Has tenido suerte, miserable, pero aún no ganas —amenazó Vejita y luego desplegó su aura—. No me importa lo que diga ese tonto de Kakaroto o alguno de tus amigos, voy a hacerte pedazos.

         —Inténtalo y te haré ver tu suerte —replicó Seiya mientras la fuerza de su cosmos lo rodeaba.

         Pero antes de que alguno de los dos pudiera efectuar un movimiento, la puerta se abrió repentinamente y Son Gokuh entró por ella. El primer impulso de Vejita fue de arrojarle una descarga de energía o patearle el trasero para sacarlo fuera de la habitación, pero lo pensó mejor y se conformó con gritarle.

         —¡¡Kakaroto!! ¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?!

         —Espera, Vejita, sé que estás molesto, pero el tiempo se les termino —explicó Gokuh con una sonrisa en la cara—. Recuerda que dijimos que los combates solo durarían quince minutos.

         —¡Piérdete, Kakaroto! ¡No obedeceré esa regla estúpida!

         —Lo siento, amigo, pero reglas son reglas —intervino Eclipse. Sin embargo cuando miró la expresión llena de ira de Vejita, fingió una especie de sonrisa y comenzó a retroceder lentamente—. Eh, ¿dos minutos más te parecen bien?.. ¿tres?.. ¿cuatro?

         —¡¡Lárgate, imbécil o te partiré en dos!!

         —Vamos, Vejita, no enfades —lo calmó Son Gokuh—. Debemos respetar las reglas.

         —Es verdad, Vejita —concordó Ranma, que acababa de llegar en compañía de Hyoga, Trunks, Ryoga, Shiryu y Tuxedo Kamen—. Deja de monopolizar el cuarto de entrenamiento.

         Vejita montó en cólera.

         —¡La pelea se acabará cuando le dé su merecido a ese torpe!

         —Por mí no hay problema —se oyó decir a Seiya mientras éste abandonaba la habitación con las manos en los bolsillos. Antes de salir por la puerta, se detuvo un momento y agregó—: Sólo espero que me den otra oportunidad de terminar lo que dejamos pendiente.

         —¡¿A dónde crees que vas, sabandija?! —le gritó Vejita mientras Gokuh, Ranma, Ryoga, Trunks, Tuxedo Kamen y Eclipse se interponían en su camino—. ¡¡Háganse a un lado sí no quieren morir!!

         —Papá, por favor, ¿por qué no mejor entrenas en la otra habitación? —le preguntó Trunks en un intento por apaciguar la ira de Vejita. Él mejor que nadie sabía lo que estaba sintiendo Vejita y por ello temía que su padre fuera a cometer alguna locura—. Después podrás volver a luchar con Seiya, ¿qué te parece?

         —Ustedes son realmente exasperantes —murmuró Vejita con un dejo de desprecio, al tiempo que el resplandor dorado que lo rodeaba se desvanecía y su cabello volvía a ser oscuro—. Más les vale que no me estén engañando porque entonces volaré esta estúpida nave con ustedes adentro. —Empujó a Trunks con el brazo y se dirigió a la salida—. No quiero que nadie me interrumpa.

         Vejita estaba molesto por la interrupción, pero su humor varió y prefirió regresar a sus entrenamientos personales. Se había confiado creyendo que Seiya sería un oponente relativamente fácil y no había peleado en serio desde el comienzo. La próxima vez las cosas serían diferentes.

         —¡Uf! —Gokuh se limpió el sudor de la frente—. Por un momento pensé que ese loco de Vejita iba a empezar a destruirlo todo. Menos mal que logramos convencerlo de que dejara su pelea con Seiya para después.

         —Tu amigo es peor que Cadmio —comentó Ryoga en voz baja—. Creí que él era un energúmeno, pero Vejita se lleva el premio mayor.

         —Les ruego que perdonen a mi padre —dijo Trunks—. Lo que sucede es que tiene un gran orgullo y le cuesta reconocer cuando está equivocado, pero en el fondo no es tan mala persona.

         —¿Ese tipo es tu padre? —preguntó Eclipse con asombro—. Anda la osa, jamás lo hubiera imaginado, aunque admito que te pareces físicamente a él. De seguro no heredaste el carácter de tu padre.

         Son Gokuh echó una mirada hacia la puerta.

         —Bueno, es hora de continuar con los combates, ¿no es así, Shiryu?

         —Es verdad, es mí turno —repuso el Santo del Dragón—. Será mejor que pelees en serio desde el principio, Gokuh o te llevarás una desagradable sorpresa como ocurrió con Vejita.

         —Puedes contar con ello —asintió Gokuh con una sonrisa maliciosa.

         

         

         Cuarteles endorianos.

         Asiont regresó la vista hacia sus amigos. Tras detectar que el aura de Poppu había vuelto a la normalidad y que la misteriosa presencia había desaparecido, los Celestiales habían quedado más confundidos. Saulo se había comunicado con Casiopea para averiguar lo sucedido en Adur, pero ella le explicó que volaba rumbo a la ciudad con No.18 y Kurinrin cuando percibió la misma presencia y que le contaría todo una vez que volviera a donde estaban los demás.

         —Aún tengo mis dudas —comentó Areth—. ¿Creen que se haya tratado de algún emisario del imperio de Abbadón?

         —No podemos descartarlo —opinó Cadmio, que se había sentado en un cómodo sillón—. La presencia que detectamos no era la de un Khan, pero podría haber sido un guerrero meganiano tal vez. Como sea, ya nos enteraremos en poco tiempo.

         Saulo asintió con la cabeza. Ansioso por averiguar más sobre las vivencias de Asiont en el planeta Caelum, el príncipe de Endoria se volvió hacia su amigo para hacerle varias preguntas.

         —¿Qué más te dijo Aristeo?

         —Bueno, hablamos de muchas cosas —repuso Asiont en tono pensativo—. Él me dijo que algunos de los Khans pertenecen a la legión de Celestiales rebeldes que trataron de apoderarse del planeta Adur hace varios ciclos estelares. Esto pude confirmarlo cuando enfrenté a Eneri, la Khan del Cancerbero.

         —Te entiendo —murmuró Saulo—. Igual me sucedió a mí cuando pelee con Kali.

         —¿Quién demonios es Kali? —preguntó Cadmio, alzando ambas cejas—. Jamás oí de ella.

         —Kali fue una aprendiz de Caballera Celestial que conocí algunos ciclos estelares antes de la revuelta en Adur —explicó Saulo—. Tuvimos una charla y no volví a saber de ella hasta que luché con José Zeiva hace poco en otra dimensión. Parece que se convirtió en la Khan de la Destrucción.

         Lance bajó la mirada mientras reflexionaba.

         —Aunque muchos de ellos hayan pertenecido a la orden, es natural que no conozcamos a la mayoría ya que había miles de Caballeros Celestiales y aprendices. Lo que no puedo entender todavía es porqué el maestro Aristeo no ha tratado de ayudarnos de alguna forma.

         Cadmio lanzó un bufido.

         —Aristeo es un anciano, él ya no puede luchar más —Mientras contemplaba el rostro de Asiont, inquirió—: ¿Y de casualidad Aristeo no sabe de otros Celestiales que puedan darnos una mano?

         —En el santuario de Caelum había una Celestial llamada Tyria, pero no… .

         —¡¿Y por qué rayos no vino contigo?! —le interrumpió Cadmio con un grito—. Esto es grandioso, ahora sí estamos muertos. No es por nada, Asiont, pero requerimos de toda la ayuda posible sí que queremos ganar esta guerra.

         Areth se volvió hacia Cadmio con una expresión de malestar. Aquel último comentario la había irritado bastante. La gravedad de la situación requería que todos estuvieran unidos y lo que menos necesitaban era las rencillas personales, de manera que en su cabeza se dedicó a repetirse que Cadmio era uno de sus amigos y que le debía respeto.

         —Oye, un momento, aún tenemos la ayuda de Zacek y los demás.

         —Sí, claro, niña, tenemos docenas de aliados, pero lo malo es que apenas unos pocos de ellos pueden luchar con los Khans. No debemos enfrentarnos a los guerreros de Abbadón con chicas en minifaldas, una loca que afirma ser una especie de diosa y peleadores aficionados.

         —Oye, hermano, no te olvides de la leyenda —le dijo Lance mientras Areth hacia muecas detrás de Cadmio—. La búsqueda de las gemas sagradas es la que nos ha llevado hasta ellos, eso debe querer decir algo forzosamente.

         Cadmio exhaló un suspiro.

         —Sí, significa que estamos hundidos hasta el cuello.

         —No estoy tan seguro de eso —difirió Asiont—. ¿No vieron el poder que tienen Seiya o Gokuh? Sus auras son poderosas, pero también encierran sentimientos de nobleza. ¿Qué tal sí el Káiser de la leyenda reencarnó en un guerrero de una dimensión diferente?

         Saulo meditó un poco sobre aquella idea. De acuerdo con la leyenda, el Káiser aparecería en el momento de mayor peligro para salvar al universo. La fuerza de Gokuh y algunos de los demás era excepcional, pero había un pequeño problema que no había que pasarse por alto: el Káiser debía poder manejar la fuerza del aureus y eso era algo que ninguno de sus aliados sabía hacer.

         —No lo creo —murmuró al fin—. Ninguno de ellos sabía lo que era el aureus hasta que se los explicamos. Sí alguno fuera el Káiser de la leyenda debería poder manipular ese poder fácilmente.

         —¿Y qué tal sí nuestro deber es enseñarle acerca de ese poder? —sugirió Asiont.

         Se hizo un silencio absoluto. Los Celestiales empezaron a mirarse los unos a los otros sin saber que responder. La propuesta de Asiont era algo impensable que incluso le habría causado una llamada de atención por parte de alguno de los maestros más respetados de la orden. Afortunadamente para Asiont ninguno de sus compañeros era aún un maestro, aunque no por eso se salvaría de ser criticado.

         —¿Enseñarles sobre el aureus? —repitió Cadmio con incredulidad—. Olvídalo, nada de eso. El aureus es la mayor enseñanza que Horus le legó a la orden y no estoy dispuesto a compartirla con personas como el tal Vejita.

         Asiont volvió la mirada hacia Saulo, que meneó la cabeza en sentido negativo.

         —Lo lamento, Asiont, pero Cadmio tiene razón en este caso. Acepté explicarles lo qué era, pero no podemos enseñárselos. La naturaleza del aureus lo hace demasiado peligroso para que alguien que no es un Maestro lo enseñe.

         Lance soltó un suspiró y se encogió de hombros cuando Asiont lo miró.

         —¿Qué puedo decir, Asiont? Ninguno de nosotros está calificado para tomar esa decisión y ya que Aristeo es el último maestro de la orden que continua con vida, me parece que él es  quien debe decidirlo.

         —Me parece que tienen razón en eso, tal vez me precipite —repuso Asiont, desviando la mirada—. Es sólo que no tengo idea de lo que vamos a hacer para derrotar a los guerreros de Abbadón. Hasta ahora hemos tenido suerte, pero ésta no durará para siempre. 

         Saulo consultó su reloj de mano y notó que el Consejo de la Alianza estaba por reunirse en cualquier momento. Se dirigió hacia la salida y volvió la mirada por encima del hombro antes de que la puerta se abriera. Areth se levantó para acompañarlo, pero Saulo le indicó que se quedara en su lugar.

         —Escuchen, iré a la sesión del Consejo, ¿por qué no mejor van con nuestros invitados y entrenan un poco con ellos? Quizá eso los ayude a sentirse mejor y a olvidar las preocupaciones.

         —Oye, un momento,¿y tú alumna? —preguntó Cadmio, pero Saulo no respondió y abandonó la habitación—. Ni hablar, que Asiont se encargué de Areth. No estoy para hacerla de niñera.

         —¡Hey! No soy una niña —replicó la adolescente—. No necesito que nadie me cuide y menos tú, viejo.

         —¡Pequeña miserable! —exclamó Cadmio mientras Asiont y Lance soltaban una carcajada.

         

         

         Hangar principal.

         Las puertas se abrieron al tiempo que las naves de la Megaroad-01 se iban acercando. Un pequeño contingente de soldados se acercaron a la nave de transporte en cuantos ésta aterrizó. Misa Ichijo, junto con su esposo y sus demás acompañantes, se agolpó en la puerta, esperando salir. Kageyama salió de la nave caminando tímidamente. Al salir, fueron recibidos por el almirante Cariolano y Rodrigo Carrier. Habían alineado unos cincuenta soldados adurianos para que protegieran a sus invitados.

         —Sean bienvenidos a la astronave Churubusco —les dijo Cariolano al tiempo que les dirigía un saludo militar aduriano—. Esperamos que no hayan tenido demasiados problemas.

         —En lo absoluto, almirante, fue un viaje tranquilo —repuso Misa luego de saludar al estilo de los militares de la Tierra—. Espero que comprenda que tenemos prisa.

         —Por supuesto, acompáñenme, por favor.

         El almirante de la Alianza Estelar condujo a Misa y a su grupo hasta que llegaron a un elevador al cual les invitó entrar. Mientras el ascensor empezaba a moverse, Cariolano miró a Rodrigo por un segundo y luego se giró hacia Misa

         —Espero que comprendan que sí deciden luchar con nosotros, necesitaremos un informe detallado sobre todo su armamento y sus fuerzas de defensa.

         Misa observó al almirante con suspicacia. Aunque había aceptado recibir ayuda de los alienígenos, su instinto de militar le decía que debía tener mucho cuidado. Confiaba en Zacek y en Saulo, pero aún no estaba dispuesta a compartir información que consideraba valiosa para la supervivencia de todos lo que viajaban en la Megaroad-01.

         —Eso es algo que aún no decidimos, almirante, espero que entienda.

         La forma en que Misa había contestado irritó de gran manera a Cariolano, que no dijo ni una palabra en el resto del camino. Al salir del ascensor, pasaron junto a dos figuras vestidas con trajes oscuros que los miraban detenidamente.

         —Junior, la fiesta está por comenzar —murmuró K

Continuará… .

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